Archivo mensual: diciembre 2010

Brasil sin Lula (31 12 10)

Brasil sin Lula

por Nelson Gustavo Specchia

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Mañana, con el primer día del nuevo año, el presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva –ya para siempre conocido con la familiar designación de “Lula”- entregará el bastón de mando a la señora Dilma Rousseff, su discípula y amiga, a quién él eligió para sucederlo. Con el traspaso de la banda verde y amarilla comenzará a cerrarse uno de los períodos más interesantes de la contemporaneidad de América latina: estos ocho años de la presidencia de un obrero metalúrgico, apenas alfabetizado, procedente de una de las regiones históricamente más pauperizadas –la zona rural de Caetés, en el Nordeste- y de los estratos sociales más bajos de su país, acreditando experiencia laboral en un torno fabril y en las luchas gremiales de la izquierda clasista, que se formó a sí mismo como una figura política, se escolarizó en el aprendizaje de múltiples y sucesivas derrotas electorales, logró amoldar y atemperar el discurso ideológico radical hasta hacerlo atractivo no sólo a la militancia activa sino a los grandes colectivos, y puso sobre el escenario su encanto de orador llano que habla al pueblo en su mismo lenguaje.

Lula deja el Palacio del Planalto, se va el hombre que transformó esa biografía suya, tan alejada de las tradicionales figuras que han ocupado los primeros lugares del poder en nuestras tierras, en un carisma a prueba de balas, que le permitió conectar permanentemente con el electorado y afrontar las iniciativas políticas más osadas sabiendo que el respaldo popular lo sostenía.

MANEJAR EL CARISMA

En estos ocho años Lula utilizó todo el capital político acumulado durante esa transformación personal, en volcarlo en la transformación de Brasil. Y lo logró. Un sólo dato, entra la maraña de cifras que en estos días se utilizarán para evaluar su gestión: en el lapso de sus dos períodos presidenciales logró sacar de la pobreza a unos cuarenta millones de hombres y mujeres, que vivían por debajo de esa línea imaginaria que marca el borde de la vida digna en una sociedad. Cuarenta millones, una cantidad equivalente a toda la población argentina. Una tarea inmensa lograda merced a iniciativas arriesgadas, de las que el presidente ha salido, una y otra vez, fortalecido. Al punto tal que deja el poder con un índice de aprobación popular que supera el ochenta por ciento, una aceptación multitudinaria que, si hubiese estado en su ánimo, le hubiera permitido permanecer en el poder.

Pero aquí aflora otro rasgo personal del líder, producto de aquel aprendizaje hecho en la calle: Lula nunca ha utilizado su inmensa cuota de poder en provecho propio. Parece increíble, mirando alrededor los ejemplos en sentido contrario. Pero en la actual relación de fuerzas, al presidente le hubiera sido relativamente simple proponer una reforma constitucional que lo habilitara para un tercer mandato consecutivo, una re-reelección, como las que estuvieron (y están aún) de moda en Latinoamérica. Sin embargo, Da Silva cortó ese rumor desde el primer momento, y fue consecuente con su palabra. Terminados los dos períodos, se volvería a su casa, no forzaría la legalidad constitucional y permitiría la normal renovación de la conducción gubernamental.

En estos días de despedidas, saludando a los periodistas acreditados en Brasilia, inclusive reveló algunas intimidades que permiten comprobar la honestidad de su decisión de abandonar (aunque sea momentáneamente) el poder. Tampoco es que me interesen los beneficios personales del cargo, vino a decirles Lula a los periodistas, ni el avión presidencial ni la piscina del palacio: a la pileta casi no me metí nunca, y el avión me marea. Y otro detalle que completa esta postal: en todos estos años, reveló Lula, no me he reunido con mis amigos, ni los he invitado a comer a la residencia oficial, porque no quería alentar celos y envidias; volver al llano será también recuperar las cervezas y las cenas compartidas con los amigos de siempre, por las noches, hasta que nos den las tantas…

ORDENAR LA CASA

El éxito de Lula en la gestión gubernamental ha tenido dos grandes capítulos: la reubicación de la presencia y de la palabra brasilera en el plano exterior y las políticas públicas de justicia distributiva, equidad e inclusión social en el orden interno.

En el plano global, Da Silva logró capitalizar el peso específico de su país para encabezar las iniciativas regionales, especialmente la Unasur, y para proyectar el protagonismo de Brasilia en algunas zonas calientes –Irán, Turquía, Medio Oriente, Siria, África-; en los acuerdos de grupo con los otros emergentes (como el BRIC, con Rusia, India y China, y el IBSA, con India y Sudáfrica); y un rol creciente en las instancias multilaterales, como el Grupo de los Veinte (G-20) y la recurrente aspiración de ingreso permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero este crecimiento en el rol de jugador de las primeras ligas mundiales estuvo asentado, permanentemente, en la estrategia de alcanzar una ordenación en la política interna que justificara aquel mayor protagonismo global. Y la misma línea de pensamiento estuvo aplicada a los grandes temas de la defensa (como la adquisición de armamento nuclear con tecnología francesa); como a los más domésticos de afianzar la imagen de Brasil en el concierto de naciones (como esos grandes escaparates que son los juegos olímpicos, a celebrarse en Río de Janeiro en 2016, o los mundiales de fútbol, en 2014).

Por estas razones –que podríamos llamar “de Estado”- como por auténtica vocación popular, democrática y progresista, Luiz Inácio da Silva orientó las direcciones de su gobierno a la aplicación novedosa de políticas inclusivas y de ampliación agresiva del mercado interior, con el complemento de una permanente evaluación y monitoreo, que ha transformado la experiencia brasileña en una referencia mundial de estudio en las facultades de ciencias políticas y sociales.

No es caprichoso caracterizar de osadas las iniciativas de transformación implementadas durante los dos períodos presidenciales de Lula, si se tienen en cuenta las condiciones estructurales del país al momento de su acceso al poder, y el tamaño de la sociedad brasilera. Según el censo general de 2010, la población del país vecino alcanza a 190,7 millones de personas. Este gigante demográfico y geográfico fue fortalecido durante estos ocho años en su modelo federativo y descentralizado, con diferentes niveles de gestión autónoma en los estados federados (provincias) y municipios. Por ello deben ser osadas, necesariamente, las políticas que intenten lograr transformaciones sustanciales en un país con una de las mayores estructuras de gestión pública del mundo.

Lula se imaginó una estrategia centrada en la fuerte presencia del Estado Federal, y ordenó la planificación de la prestación de los servicios públicos, que tendrían la función de incluir en el sistema a los grandes colectivos pauperizados, desde la esfera pública nacional. Así, hoy todos los niveles gubernamentales (federal, estadual y municipal) están comprometidos en la prestación de servicios sociales, con un cercano monitoreo sobre su efectividad, alcance y calidad.

Junto a la extensión en la prestación de servicios hasta las regiones y los colectivos más lejanos, el rol del Estado también ha sido muy fuente en el impulso a las políticas de soporte a la industria básica y a las manufacturas. Esta promoción industrial y productiva estuvo, además, cruzada con las diferentes herramientas para apuntalar el aliciente al consumo interno.

La conjunción de estrategias de asistencia primaria a las necesidades crónicas de los estratos más pauperizados, que progresivamente van dejando lugar a planes de incorporación al mercado productivo formal, y una participación activa del sector público en el crecimiento del producto interno, han sido acompañadas con el monitoreo permanente y transparente de resultados, de forma de contar en todo momento con indicadores fiables para ajustar esas mismas políticas y acciones públicas.

A PARTIR DE MAÑANA

Lo que acabo de reseñar, y que quizá se denomine “modelo brasilero” dentro de algún tiempo, constituye el legado político de Luiz Inácio da Silva: rol activo del sector público en la esfera económica (productiva y financiera); prioridad en la atención social; transparencia y honestidad gubernamental; apoyo oficial al crecimiento del mercado interno; búsqueda de la equidad y de la inclusión de los más pobres; liderazgo en la integración regional; protagonismo heterodoxo en el plano global.

En Foz do Iguazú, a mediados de este mes de diciembre, en la 40º cumbre del Mercosur, Luiz Inácio da Silva se despidió de sus colegas presidentes del Cono Sur de América, en lo que era también su despedida de los escenarios internacionales. En Foz traspasó la conducción pro témpore de la organización regional (cuyo resurgimiento tanto le debe a él y al ex presidente argentino Néstor Kirchner) al presidente paraguayo Fernando Lugo. Todos tuvieron palabras de elogio y agradecimiento para Lula, a quien el uruguayo Pepe Mujica consideró nuestro “embajador plenipotenciario en el concierto del mundo”.

Este tipo de adjetivos se repetirán en estos días. Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire es cómo tomará la sociedad política la ausencia de Lula en el palacio del Planalto a partir de mañana, una ausencia gigante, “o mais grande do mundo”, como casi todo en Brasil.

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Crecen los cachorros de la DEA (27 12 10)

VINCULAN A LA AGENCIA ANTIDROGRA CON LA INTELIGENCIA NORTEAMERICANA

La red de control de los agentes antinarcóticos invade las áreas políticas

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Un exhaustivo informe publicado por el influyente diario The New York Times pone de manifiesto que las actividades de espionaje exterior desarrolladas por la Administración estadounidense ya no se apoyan tanto en la tradicional CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés), sino que en los últimos años ésta ha ido cediendo espacios a la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas, por sus siglas en inglés).

Este corrimiento de funciones y estrategias puede haber obedecido a tres factores principales: la DEA dispone de tecnología de punta para la obtención secreta de datos, pero como su objetivo –la lucha contra el narcotráfico- es compartido por la mayoría de los gobiernos, su inserción en los sistemas legales y policiales de los diversos países puede realizarse públicamente y con el consentimiento de los gobiernos locales (a diferencia de la CIA, que debe mantener en secreto, y en la práctica ilegalidad, sus acciones de espionaje).

Además, la tecnología utilizada por la agencia antidrogas para perseguir a los carteles y al narcotráfico, también pueden resultar útiles para los objetivos políticos y sociales de los gobiernos con los que trabaja.

Pero estas características, además de haber alimentado el crecimiento interno de la DEA en el polifacético y expandido escenario de las reparticiones norteamericanas dedicadas a la seguridad y la defensa, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001 y la declaración de “guerra al terrorismo”, también han despertado la ambición de los políticos y gobernantes locales, que han visto en sus herramientas (de manera especial su sistema de escuchas telefónicas, “Matador”) la posibilidad de obtener información para otros fines, más allá del campo específico de la lucha contra el narcotráfico.

Esto es lo que desprenden los periodistas Ginger Thompson y Scott Shane, del The New York Times, de los cables enviados por las oficinas de la DEA a la central en Washington, y que se han revelado en los paquetes difundidos por la web WikiLeaks en las últimas semanas.

En esta documentación oficial puede verse cómo la red de escuchas telefónicas desarrollada por el “Matador” es tan extendida, que incluso recibe demandas de políticos extranjeros que quieren usarla en contra de sus adversarios, e inclusive objetivos personales.

Además, el volumen del narcotráfico ha crecido tan fuertemente en los últimos años, que muchas organizaciones de la droga son mini-Estados en sí mismos, cuya riqueza y violencia les permiten llevarse por delante a los gobiernos. La DEA, creada en 1973, tiene ya 87 oficinas en 63 países.

FAVORES GUBERNAMENTALES

El hecho de que la DEA, dada la ubicuidad del crimen del narcotráfico, trabaje en estrecha colaboración con gobiernos, tanto los aliados de EE.UU. como los menos cercanos, como Venezuela y Nicaragua, ha terminado por contaminar la índole de sus actividades.

Por ejemplo, en Asunción el gobierno de Fernando Lugo solicitó a la DEA que lo ayudara a espiar al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), una organización de izquierda sospechada de mantener vínculos con las FARC de Colombia.

En Panamá, por su parte, el presidente conservador Ricardo Martinelli les exigió que le permitieran el uso del “Matador” para espiar a sus enemigos políticos.

Que los documentos filtrados por WikiLeaks sólo correspondan a una parte –y de ninguna manera la más importante- de la información clasificada del Departamento de Estado, permite proyectar la creciente importancia de la oficina antidrogas estadounidense en la política interna de los Estados.

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El “fénix” Berlusconi (24 12 10)

El “fénix” Berlusconi

por Nelson Gustavo Specchia

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El griego Heródoto recogió una tradición oral –seguramente egipcia- que luego, por las crónicas latinas de Plinio el Viejo, Ovidio y Séneca, ha llegado hasta nosotros: la de ese ave, de plumaje rojizo o anaranjado, que cuando está a punto de cumplir su ciclo vital se consume entre las llamas, y después, desde esas mismas cenizas, resurge y alza vuelo. En las culturas orientales, el mito del ave Fénix simbolizaba el renacimiento, el Nilo que volvía a prodigar los sembradíos, la primavera. A Occidente pasaron algunas versiones menos bucólicas, que acentúan la obstinación y los intentos de permanecer más allá de la natural decadencia y finitud de las cosas, los plazos, y los períodos de cualquier tipo.

La política italiana, y su estrella protagónica, el primer ministro Silvio Berlusconi, han ofrecido en este año que termina una versión remozada del Fénix obstinado. Todos los elementos han confluido para señalar el ocaso de un tiempo y la necesidad de un cambio en el estado de las cosas. Sin embargo, a pesar de ello, una y otra vez el político al que propios y extraños denominan, significativamente, “Il Cavaliere”, vuelve desde sus cenizas y se mantiene en vuelo, planeando sobre las críticas, los escándalos, las movilizaciones multitudinarias, las recomposiciones partidarias, la huida de sus antiguos aliados, la censura de la jerarquía eclesiástica, el desbande moral de su entorno, los millonarios juicios de divorcio, las admoniciones del Presidente de la República, los estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, las revelaciones de WikiLeaks que ventilan negociados con Vladimir Putin, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales, las fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años. Y, en general, el estupor internacional frente a ese “César de carnaval” (como cuentan que decía Hitler del Duce), conservador y cortado a la moda neoliberal.

HILOS DE ALAMBRE

¿Qué sostiene a Silvio Berlusconi, tras una década y media en el ojo de tormenta, al frente de la política peninsular? Sería simplista quitarle méritos propios: el premier entendió la política como una extensión lógica de su larga trayectoria empresarial en los medios de comunicación, y construyó metódicamente su personaje, durante años, en ese sentido. Pero dos elementos externos a su persona vinieron a servirle como marco propicio para que se convierta en el hombre fuerte de la política italiana: el propio modelo italiano, caracterizado por una atomización en pequeñas y múltiples agrupaciones; y la extrema debilidad institucional. En un sistema con esas características, la capacidad de maniobra de un gerente hábil, sin anclas ideológicas de peso y con un imperio de medios de comunicación a su absoluto arbitrio, encuentra un terreno fértil para la formación de mayorías coyunturales capaces de alcanzar el Ejecutivo y mantenerse en él.

El otro elemento externo que ha contribuido enormemente a sostener a Berlusconi a pesar de todos los indicadores en contra, ha sido sin duda el rol de la oposición de izquierda, que ha perdido sistemáticamente una oportunidad tras otra para ofrecerse a la sociedad civil como una alternativa creíble a los manejos gerenciales de “Il Cavaliere”. Hasta los años ochenta del siglo XX, el Partido Comunista Italiano (PCI) era la formación marxista más grande del mundo fuera de la Unión Soviética, y los socialdemócratas del Partido Socialista (PSI) apenas le iban a la zaga. Esa izquierda estructural, fuerte y ordenada, tenía enfrente a una centroderecha de equivalente peso específico, la Democracia Cristiana (DC) fundada por Alcide de Gasperi en 1942, y que ejerció el gobierno durante casi toda la segunda mitad del siglo.

Pero este sistema, que a la manera moderna y occidental se orientaba hacia el afianzamiento de un bipartidismo estructural, con claras opciones democráticas a ambos lados del arco ideológico, se quebró hacia fines del siglo pasado, por cuestiones externas y por crisis internas. El largo ejercicio del poder de los demócrata cristianos los acercaron a la mafia y los invadió la corrupción, y el PCI y PSI no soportaron la desaparición soviética y la división bipolar del mundo. Todo el sistema entró en crisis, y de ese incendio, nuevamente, volvió a surgir el ave Fénix del magnate de las comunicaciones, con un discurso alejado de las seguridades ideológicas, cercano a las prácticas populistas, a las alianzas de coyuntura, y con una inmensa capacidad operística para poner en escena la política en clave teatral.

Ninguna de las otras fuerzas tradicionales, una vez hundido el proyecto bipartidista, tuvo una capacidad de reacción comparable. Los democristianos se redujeron a un partido menor tras sus escándalos internos, y los ex comunistas y ex socialistas andan intentando reaglutinar fuerzas en el nuevo Partido Democrático. Pero mientras unos y otros avanzan a tientas y dando bandazos, Berlusconi los mira por sobre el hombro con triunfal sonrisa sobradora.

LA DEBACLE DEL 2010

Sin embargo, y a pesar de esa capacidad de aferrarse obstinadamente al poder con cualquier excusa, objetivo o alianza, tras una década y media en el centro del escenario, con el 2010 llegó el “annus horribilis” del premier.

A mediados de noviembre, y tras escenificar un divorcio progresivo desde principios de año, los dos líderes de la derecha italiana terminaron por separarse. Los ministros afines a Gianfranco Fini se retiraron del Ejecutivo de Silvio Berlusconi. La ruptura de la alianza que había logrado formar gobierno en 2008 generó una crisis que, según todos presagiaban, terminaría por hundir al primer ministro al dejar a su partido, Pueblo de la Libertad (PdL), en minoría en el Parlamento. Además, los disidentes de Fini –que, por cierto, ejerce la titularidad de la Cámara Baja- se aglutinaron en un nuevo partido, Futuro y Libertad (FyL), con el que Gianfranco Fini se propone alcanzar la primera magistratura y desplazar a Berlusconi de la conducción de la centroderecha peninsular.

El rompimiento de mediados de noviembre se venía anunciando desde el inicio del año legislativo, tanto por las permanentes menciones críticas entre ambos líderes, como a través de muy ajustadas votaciones legislativas, donde los diputados rebeldes le pusieron permanentemente palos en la rueda a los proyectos enviados por el Ejecutivo. A partir de la crisis de gabinete, con aquellos rebeldes ya abiertamente opositores, empezaron las quinielas para calcular cuánto tiempo resistiría Berlusconi con un gobierno en minoría. Al punto que el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani. Tras el encuentro, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se sometería al voto de confianza de los diputados y senadores el 14 de diciembre.

Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, también creyó que los tiempos finales de Berlusconi habían llegado, y entre todas las opciones que le otorga la Constitución, decidió aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tenía pendientes en el Congreso: una antigua de censura en Diputados (promovida originalmente por la oposición de izquierda, a la que se sumaron los nuevos rebeldes de Fini), y la de apoyo en el Senado. Tras esa votación, Napolitano preveía llamar a elecciones anticipadas.

Viendo cómo se preparaba el escenario, y atendiendo a los sondeos (que no le otorgan a su popularidad más que un 27 por ciento, uno de los mínimos históricos de su carrera), “Il Cavaliere” entró a remover las cenizas de la hoguera: se aseguró el respaldo del partido filofascista de la Liga Norte (LN), de Umberto Bossi. El dirigente del separatismo norteño, la región más rica e industrializada de la península, salió a pescar en el río revuelto, y respaldó al premier. Además, Berlusconi ofreció un nuevo pacto inmediatamente antes de la votación por la censura. A los diputados díscolos les ofreció cambiar todo lo que fuera necesario, especialmente los cargos ejecutivos. Incorporándolos a ellos, claro.

Y el Fénix llamó también a formar una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que se reconocen afines al Partido Popular Europeo. Y lo logró, alzó nuevamente el vuelo, contra todo pronóstico. Superó el voto de censura, aunque Fini y los demás líderes de la oposición contaban los votos hasta último momento y afirmaban que tenían las curules suficientes para enterrar de una vez por todas a este gobierno de “opera buffa” napolitana.

APOSTAR ALTO

Superada –casi por milagro- la moción de censura, cualquiera podría haber afirmado que el primer ministro se llamaría a silencio, terminaría con perfil bajo el peor año de su carrera política. Sin embargo Berlusconi no descansa, y apuesta siempre más y más alto. Antes de que termine este diciembre, volvió a enviar al Senado el proyecto de reforma educativa que cambiará estructuralmente la añeja tradición académica italiana.

La polémica norma, que ha volcado a la calle a cientos de miles de estudiantes, no deja títere con cabeza: se mete con la educación elemental y llega hasta la universitaria; reduce la inversión pública en 8.000 millones de euros entre 2009 y 2013; expulsa más de 130.000 maestros; reduce la jornada escolar primaria sólo a las mañanas; recorta 1.500 millones de euros a la docencia e investigación; impone que de cada cinco jubilaciones sólo se renueve un profesor; y habilita a que agentes privados entren en los consejos de dirección de las universidades. El Senado, afín a Berlusconi, aprobó la ley esta semana.

Como Nerón, otro romano innovador, “Il Cavaliere” pretende no dejar nada en pie.

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Se enfría el Mar Amarillo: no habrá guerra, por ahora (21 12 10)

SE DESCOMPRIME LA TENSIÓN MILITAR ENTRE COREA DEL NORTE Y DEL SUR

La amenaza norcoreana de represalias por las maniobras del Sur no se concreta

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La espiral de tensión creciente entre las dos Coreas parece haber frenado, luego de que Rusia y China convocaran a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), ayer en Nueva York. Si bien la sesión del alto cuerpo no se saldó con un documento de consenso entre las potencias globales, tal como pretendían los convocantes, la iniciativa de Moscú y Pekín –que en el fondo evidenciaba un respaldo tácito al régimen comunista del sector Norte de la península coreana- sirvió para descomprimir la situación.

Luego de la reunión del Consejo de Seguridad, China pidió públicamente que las partes implicadas en la cuestión de la península coreana (esto es, no solamente las dos Coreas, sino también los países aliados) “mantengan la máxima contención para evitar una escalada”, ya que “la paz y la estabilidad corresponden a los intereses de todas las partes concernientes”, según sostuvo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Jiang Yu.

Así, el ejército norcoreano no cumplió con su amenaza de utilizar fuerza de artillería contra las maniobras militares de Corea del Sur, en las que participaban también naves de guerra estadounidenses.

Tal como había adelantado el gobierno de Seúl, una acción de ese tipo hubiera significado el reinicio de las hostilidades, frágilmente suspendidas por el armisticio de 1953, con el bombardeo aéreo de Pyongyang.

Desde esta capital, el régimen comandado por Kim Sung-il y su familia anunció que “no valía la pena reaccionar a las provocaciones” del Sur, en declaraciones a la agencia estatal de prensa. Detrás de esta decisión militar puede apreciarse claramente la influencia de la diplomacia china, principal aliado y sostenedor económico del régimen norcoreano.

Los norteamericanos, por su parte, pueden haber alentado la finalización de las maniobras, que se habían anunciado de largo alcance pero Corea del Sur decidió concluirlas ayer mismo, tras una hora y media de pruebas con fuego real en la isla de Yeonpyeong, bombardeada el 23 de noviembre por los norcoreanos que reivindican su soberanía.

Las maniobras militares en la imprecisa frontera marítima entre ambos países se desarrollan, además, en las inmediaciones de las costas chinas del Mar Amarillo, lo que supone un riego adicional para el gigante asiático.

El ejército de los Estados Unidos de América posee una dotación de 28.500 soldados, en forma permanente, estacionados en Corea del Sur en carácter de “fuerza disuasoria”.

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Adios, Morente (17 12 10)

Adios, Morente

por Nelson Gustavo Specchia

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Cada diciembre, cuando cruzamos la curva de la quincena y apuntamos hacia el fin del año, se me da por los balances, a tono con el tiempo. Además, bajo las estrellas de Sagitario, los 17 de diciembre cumplo años, y la oportunidad alienta el ánimo de las cuentas y los balances. Estaba esta semana en esos menesteres, pensando en que más allá del luctuoso cálculo de las vidas perdidas en los conflictos, las guerras, los desastres naturales y la desidia humana, tan habituales en la agenda de los que estudiamos y analizamos la política internacional que a veces las identificamos con la propia agenda; este año, digo, además de esa triste habitualidad, tengo la sensación de que ha sido un período en el que han desaparecido algunas figuras notables, tanto de la política como de la vida cultural.

Había sentido con especial significación la muerte reciente del ex presidente Néstor Kirchner, un hombre polémico y complejo, que ocupó la primera magistratura del país en unos momentos dificilísimos, y con apenas una quinta parte de los votos, y a fuerza de política –en su sentido más amplio- y de sagacidad fue afianzándose en el espacio público nacional, hasta lograr la continuidad de su gobierno en la presidencia de la señora Cristina Fernández. Y el luctuoso listado había comenzado temprano, con el individualísimo Sandro, entre un conjunto de personalidades del mundo de la cultura que nos dejaron, como Dennis Hopper, Jean Simmons, Tony Curtis, Manuel Alexandre, Leslie Nilsen o el gran director español Luís García Berlanga. También la literatura perdió algunos pesos grandes este año 2010, como el oculto J. D. Salinger, el castellano Miguel Delibes, y el más universal de los escritores portugueses, José Saramago.

Había terminado de recapitular la lista fúnebre, haciendo votos para que este año que se acerca, con esa prontitud de los comienzos de década, nos fuera más propicio, cuando llegó la noticia de la muerte de Enrique Morente, el “cantaor” granadino de flamenco, el último de los gitanos de la vieja escuela y, al mismo tiempo, el primero en revolucionar el cante, en universalizarlo, en convertirlo en la enseña heterodoxa y universal más preciada que Andalucía le regala al mundo. Qué largo que se hace este diciembre.

QUEBRADA VOZ DEL “CANTE JONDO”

El poeta –también granadino- Federico García Lorca, en sus recopilaciones de antiguos versos andaluces, compuso y rescató las voces del “cante jondo” (el canto hondo) de esa tierra de aluvión, donde quinientos años después de las expulsiones de moros y judíos, las pieles de los andaluces  siguen siendo de un cobrizo árabe y africano; la música enhebra tradiciones de los judíos sefardíes; y la sangre de los supuestos cristianos viejos se amalgama con las generaciones de esos músicos y cantores trashumantes que, una y otra vez a lo largo de los siglos, recuperan desde lo más hondo los temas de las alegrías, los dolores, el olor del aire y del agua y de las flores del sur, para volver a fundar su tiempo y su cultura: la ciudad de los gitanos. “¡Oh ciudad de los gitanos! / ¿Quién te vio y no te recuerda? / Ciudad de dolor y almizcle, / con las torres de canela”, escribía Federico.

A esa ciudad de tránsito de generaciones y de culturas le dedicó su arte Enrique Morente, durante 46 años de carrera artística, desde que descubrió que su voz era un instrumento que lo distinguía de los demás gitanitos que, como él, se ganaban el pan como peones de zapatero o ayudantes de los talleres de los plateros de Granada. Fue, como digo, el último de una estirpe y también el primero: un continuador y un fundador. Durante sus primeros años se dedicó a estudiar concienzudamente a los flamencos históricos. Se formó con los guitarristas más clásicos y ortodoxos. Fue adquiriendo una a una todas las piezas grabadas, hasta que logró acumular la totalidad de la discografía producida y registrada del cante andaluz, desde los discos de pasta a 78 revoluciones por minuto, pasando por los vinilos, hasta los discos compactos de lectura laser.

Pero una vez que lo supo todo, que manejó todos los “palos” flamencos con la maestría de su voz, entonces dejó todo de lado y pegó el salto. Entendiendo que el cante andaluz es una herramienta también para dialogar entre culturas, incursionó en el rock, en el tango y en el blues, en el folclor y en ritmos étnicos, interpretó a Ástor Piazolla, grabó con Leonard Cohen, con bandas de rock, con Chick Corea, con Pat Metheny y con Sonic Youth. El viejo gitano se abría a la heterodoxia de los nuevos tiempos, y la audacia de su salto no tuvo más límites que seguir emocionando, con la hondura del cante, en cada “quejío”.

DE LA NADA A LA LEYENDA

Enrique Morente entró a un sanatorio por una dolencia menor, una molestia intestinal que se salvaría con una cirugía rápida. Pero la cirugía reveló un cáncer, y una segunda cirugía se complicó con hemorragias, y Enrique ya no salió de la clínica.

Había nacido en el barrio granadino del Albaicín, el de calles estrechitas y casas blancas, en una familia muy pobre y “paya” (no gitana). Después de los zapateros y los plateros, cuando la voz comenzó a destacarlo, lo llevaron al coro de la Catedral de Granada, donde pudo soltar la fuerza de su cante. A los 17 años se fue a Madrid, y comenzó su aprendizaje con los maestros flamencos. El gaditano Aurelio Sellés; luego Pepe el de la Matrona, de Triana; para finalmente recalar en la escuela del maestro Antonio Chacón. Desde allí bebió en las más fuertes tradiciones del flamenco ortodoxo, Valderrama, Pepe Marchena y el maestro Porrinas.

Pero cuando tuvo todos los instrumentos en la mano (y la impresionante colección de discos de todas las épocas), se volvió a Granada, a una casita blanca como la que había nacido. Instaló allí el estudio de grabación por el que han pasado algunos de los más grandes músicos de este tiempo. Una casa con  un patio, donde hay una fuente y una higuera viejísima; allí mezcló la vida familiar (que también estuvo siempre inundada de música: su hija mayor, Estrella Morente, es una de las artistas más destacadas de la canción española contemporánea), la experimentación con nuevas formas y melodías, y la preparación de los conciertos en colaboración. De la casa del Albaicín salieron veinte discos, auténticas joyas, que vuelven a fundar, una vez más, esa tradición centenaria del cante andaluz.

Como hombre de arte en un momento bisagra de la cultura, Enrique Morente dedicaba su tiempo a profundizar el surco grande de la música flamenca, y al día siguiente a traicionarla con la innovación y la experimentación más osada. Hoy volvía a las viejas melodías de la Niña de los Peines, a las hermanas Utrera, o a la copla; y mañana ponía “quejíos” andaluces a la música del canadiense Leonard Cohen, al bandoneón de Piazzola, o al rock de Lagartija Nick. Incorporó a los cantes la gran poesía española anterior a la Guerra Civil, especialmente a Miguel Hernández, Alberti, Luís Cernuda, los Machado y al propio Federico García Lorca; pero ya que estaba siguió con san Juan de la Cruz, Lope de Vega, fray Luis de León y llegó hasta el mismo Miguel de Cervantes.

Fui a escucharlo tantas veces como pude, en Barcelona, en Madrid, en Córdoba, en el Festival de Jazz de Vitoria; siempre sus conciertos me parecían cortos, y sólo me ilusionaba saber que también lo vería en el próximo. Hasta ahora. El 25 de diciembre Enrique Morente hubiera cumplido 68 años. Ha muerto un “cantaor”, nace una leyenda. Lo despido con los versos de Joaquín Sabina: “Ese compás que se juega la vida, / esa agujeta pinchando el vacío, / esas falsetas hurgando en la herida, / esa liturgia del escalofrío. / Esa arrogancia que pide disculpa, / ese sentarse para estar erguido, / ese balido ancestral de la pulpa / del corazón de un melón desnutrido. / Esa revolución de la amargura, / ese carámbano de pez espada, / ese tratado de la desmesura. / Esa estrellita malacostumbrada, / ese Morente sin dique ni hartura, / ese palique entre Enrique y Granada.”

Arde Europa (16 12 10)

LA MOVILIZACIÓN SOCIAL CRECE A UN RITMO SOSTENIDO EN EUROPA

La sociedad civil hace frente a la receta neoconservadora para la crisis

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El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, afirmó tras un largo mes de movilizaciones y huelgas que la protesta social no lo haría cambiar el rumbo de su gobierno, y tras la renuncia del pleno del gabinete volvió a ratificar en sus cargos a los mismos funcionarios y a las mismas políticas.

La seguridad del inquilino del Elíseo pareció trasladarse a sus colegas de los Ejecutivos europeos, alentados también por la canciller alemana, Ángela Merkel, y por los funcionarios superiores de la Unión Europea (UE), que sostienen la necesidad de mantener los ajustes restrictivos y los  recortes de derechos sociales, como las únicas vías para superar la crisis financiera que se ha estancado en las deudas, los bonos públicos y el “ataque de los mercados” a las economías del Viejo Continente.

Sin embargo, y más allá de este discurso dominante en los gobiernos, la protesta social no remite sino que, por el contrario, va adquiriendo un ritmo de crecimiento sostenido que dibuja un escenario preocupante para la gobernabilidad de mediano plazo.

A inicios de esta semana, y siguiendo al clima de guerrilla urbana que se generó en Italia tras la votación que frenó la caída del gobierno de Silvio Berlusconi, una concatenación de movilizaciones de protesta se sucedieron en Irlanda, Francia, Grecia y la República Checa, mientras que las centrales sindicales planifican nuevas acciones de masa para lo que resta del mes de diciembre.

En París los sindicatos volvieron a tomar las calles, y hasta cerraron la emblemática Torre Eiffel. En la República de Irlanda, el Parlamento aprobó finalmente el pedido de salvataje al Fondo Monetario Internacional (FMI) para acceder a un préstamo calculado en 85.000 millones de euros, acordado a fines del mes pasado por el gobierno de Dublín y los técnicos del organismo multilateral. Las restricciones que figuran entre las condiciones del rescate aumentarán la protesta social en los próximos días.

En el sector norte de la isla, en el territorio perteneciente a Gran Bretaña, también la Asamblea de Irlanda del Norte aprobó ayer un paquete de medidas de austeridad para reducir el gasto en 4.000 millones de libras esterlinas (unos 6.300 millones de dólares). A tono con el discurso de la dirigencia europea, el ministro principal norirlandés, Peter Robinson, afirmó que el recorte era “la decisión que había que tomar, sin importar cuán difícil” fuera, ya que implicará la suba de impuestos, recortes de empleo público y una reforma del Servicio Nacional de Salud Nacional.

 

GRECIA NUEVAMENTE EN LLAMAS

Un ambiente de guerra civil se percibió ayer en la capital griega, cuando miles de manifestantes movilizados para oponerse al gran recorte planificado por el gobierno socialdemócrata de Georgio Papandreu chocaron con fuerzas policiales antimotines.

Una violenta jornada de huelga general, con lanzamiento de bombas incendiarias, volvió a paralizar la sociedad, sin actividad en escuelas y hospitales, ni tráfico aéreo, marítimo o ferroviario.

La huelga intenta frenar la entrada en vigor de un paquete de recortes laborales y salariales, según las condiciones fijadas por el FMI para conceder un préstamo de 146.000 millones de dólares destinados a financiar el endeudamiento público.

El líder de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), John Monks, afirmó que el objetivo final es exigir “a los gobiernos no desmantelar más la Europa social”. La de Atenas de ayer fue la séptima huelga general del año, en el marco de la peor crisis financiera del país desde la segunda Guerra Mundial.

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Berlusconi respira con el agua al cuello (15 12 10)

BERLUSCONI CONSIGUE PERMANECER EN EL GOBIERNO CON VOTOS TRÁNSFUGAS

La pérdida de la mayoría hará muy difícil la gobernabilidad italiana

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Finalmente, la repartija de cargos y prebendas dio resultado, y el gobierno populista de Silvio Berlusconi salvó en la tarde de ayer la votación de la moción de censura que lo hubiera obligado a disolverse.

Desde los principales dirigentes del arco opositor se había asegurado, hasta minutos antes de la votación en el recinto de la Cámara Baja, que las diversas fuerzas contaban con la mayoría de 316 escaños. Pero Berlusconi terminó sacando de la manga una carta, fiel a un estilo donde el espectáculo y las sorpresas han ocupado una buena parte del espacio de debate de ideas.

Así, en la votación, tres diputados de la oposición, Bruno Cesario, Domenico Scilipoti y Massimo Calearo, anunciaron su pase a las filas del premier, y la censura se saldó con 314 votos en contra, 311 a favor y 2 abstenciones.

Los tránsfugas recibirán cargos en el gobierno, pero es difícil que el ejecutivo pueda a partir de ahora gestionar una gobernabilidad estable en los dos años que le restan de período. Así, no se aleja la posibilidad de que, frente a una parálisis legislativa, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, se vea en la obligación de adelantar las elecciones.

En un plano simbólico, además, la de por sí muy desgastada administración del líder populista ha salido debilitada de este trámite legislativo. Si bien haber logrado sortear el voto de censura vuelve a ratificar una vez más las habilidades de “Il Cavaliere” para mantenerse en el centro político y mediático de la vida italiana, el clima de tensión que durante toda la jornada de ayer se vivió fuera del Parlamento, y las reacciones populares al conocerse los datos finales de las votaciones, enardecieron la protesta social.

La policía tuvo que actuar para reprimir manifestaciones espontáneas de estudiantes y trabajadores, que arrojaron petardos, huevos y bombas de pintura al Senado y el Ministerio de Economía.

Este clima de violencia y de protesta por las turbias herramientas puestas de manifiesto durante la votación también se vivieron dentro del reciento legislativo, donde los diputados forcejearon en varias oportunidades entre las bancadas, y se agredieron frente a las traiciones de los tránsfugas; los intentos de golpes de algunos de ellos obligaron al personal de seguridad a intervenir para separa a los contendientes, algo muy pocas veces visto en las salas legislativas europeas.

Gianfranco Fini, el otrora principal aliado de Berlusconi y hoy su primer adversario, que esperaba sucederlo en un nuevo gobierno de derecha tras la victoria de la moción de censura, asumió el golpe y dijo que la jornada de ayer manifestaba “una victoria numérica”, pero de ninguna manera “una victoria política”, con lo que se anuncia la continuidad de tiempos conflictivos en el panorama político italiano.

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Berlusconi contra las cuerdas (14 12 10)

BERLUSCONI OFRECE UN PACTO PARA SALVARSE DEL VOTO DE CENSURA

La fiscalía italiana investiga la compra de votos de diputados opositores

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Apelando a lo que aparece como una medida desesperada, el primer ministro conservador Silvio Berlusconi se dirigió ayer al Senado, ofreciendo un “nuevo pacto de gobierno” para superar la crisis política italiana.

En la tarde de hoy, los diputados votarán finalmente la moción de censura contra el premier, y desde el arco opositor afirman que cuentan con los votos suficientes para imponer la medida.

En el caso de que la moción de censura prospere, Berlusconi debería renunciar y el presidente de la República, Giorgio Napolitano, adelantar las elecciones.

Frente al Senado, el primer ministro mantuvo un tono moderado inusual en sus intervenciones, se dirigió “a todos los moderados” y les pidió su apoyo para superar la crisis que empantana al gobierno desde que perdiera la mayoría, hace cinco meses, cuando se rompió la alianza de centroderecha en el poder y un grupo de diputados, comandados por Gianfranco Fini, se pasó a la oposición dejando a “Il Cavaliere” en minoría.

En la comparecencia de la víspera, Berlusconi apeló a la responsabilidad de los legisladores, quienes, les recordó, fueron electos en sus cargos como candidatos del actual gobierno.

Asimismo, hizo referencia al especial momento de crisis económica y financiera por el que atraviesan los países europeos (la deuda italiana figura entre las más comprometidas), afirmando que la “estabilidad” es esencial en estos momentos y que ahondar en la disolución de su gobierno constituiría una “locura política”. Los principales destinatarios de sus palabras eran sus ex socios en el partido Pueblo de la Libertad (PdL), que ahora forman bancada propia tras la denominación Futuro y Libertad (FyL); a ellos les ofreció renovar el gabinete de la presidencia del Consejo de Ministros en un nuevo pacto, cambiar todo “lo que sea necesario”, tanto las políticas como los cargos ejecutivos designados para implementarlas.

Además de los ex socios, llamó también a integrarse a los pequeños partidos de derecha en una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que a nivel de la Unión Europea se reconocen afines al “seno del Partido Popular Europeo”.

Sin embargo, y más allá de este nuevo tono conciliador y moderado, los escándalos sexuales y económicos del premier, y los largos años de Berlusconi en el centro del poder en Italia, han desgastado fuertemente su figura.

Todos tejen apuestas sobre la votación de esta tarde, especialmente desde que se conocieron los ofrecimientos de cargos y prebendas que han recibido diputados de la oposición para que cambien su voto, y que investiga la Fiscalía.

Pero la sensación general, como la resumió Fini, es que Berlusconi no está tan interesado en seguir gobernando como en quedarse en la inmunidad que le otorga el cargo: “solo quiere quedarse en el palacio Chigi hasta que se apruebe la ley del legítimo impedimento, vital para impedir que se celebren” los juicios en su contra, concluyó su ex delfín.

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Oriente: el año más cruento (13 12 10)

LAS GUERRAS EN ORIENTE CIERRAN EL AÑO MÁS SANGRIENTO DESDE LA INVASIÓN

Bajas en la OTAN y más de 40 insurgentes talibán muertos el fin de semana

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A pesar de la promesa del presidente norteamericano, Barack Obama, de comenzar el retiro de sus tropas del territorio afgano en julio próximo, la violencia no remite en la zona.

Durante este fin de semana, un nuevo ataque rebelde en el sur de Afganistán causó la muerte a seis soldados de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), la denominación de los efectivos conjuntos de la OTAN, que invadió el país y derrocó el régimen islámico de los talibán en 2001.

La muerte de los soldados occidentales termina por dibujar un año especialmente cruento para la actuación militar de la OTAN; durante 2010 se han contabilizado las bajas de 686 soldados de los diferentes países que componen la ISAF, bajo el mando centralizado estadounidense, lo que termina arrojando un saldo de bajas totales de 2.260 militares desde la invasión.

Mucho más difícil es contabilizar las muertes entre la población civil que soporta la carga del conflicto, aunque podrían multiplicar por diez las bajas militares: un reciente informe de las Naciones Unidas (ONU) calcula que 2.412 civiles han perdido la vida en Afganistán solamente durante el año 2009.

El pasado mes de noviembre, la cumbre de la alianza atlántica, celebrada en Lisboa, acordó adoptar la decisión de retirada que había planteado oportunamente el presidente Obama.

En Lisboa, por ello, se anunció el fin de las operaciones de combate y la entrega de la responsabilidad en la pacificación del país y la seguridad interna a las fuerzas afganas para el año 2014.

La inestable situación interna, sin embargo, a la par del recrudecimiento de las acciones de ataque por parte de grupos afines a los talibán, ponen en duda el cumplimiento del calendario de retirada de las fuerzas occidentales.

En el intento de neutralización de los nuevos ataques, la ISAF lanzó diversas operaciones de “aclarado” (ataques selectivos a núcleos insurgentes), informando de más de 40 talibanes abatidos en el este y el sur de Afganistán durante el fin de semana.

Por otro lado, tampoco la posguerra en Irak termina por encausarse. Ayer, al menos 20 civiles resultaron muertos en tres atentados terroristas.

Los ataques apuntaron a grupos de chiítas, con dos atentados principales en la ciudad de Ramadi que han sido adjudicados a la insurgencia sunnita.

Los sunnitas, que ocuparon el poder durante la dictadura de Saddam Hussein, se han visto relegados por la mayoría chiíta, que con muchas dificultades intenta formar gobierno tras la retirada norteamericana del suelo iraquí.

INFORMACIÓN CARA

En medio del mayor escándalo por la filtración de documentos clasificados de la diplomacia estadounidense, el diario The New York Times publicó en su edición de ayer que el gobierno utilizó durante años los servicios de espionaje de un informante afgano, Hajii Juma Khan, que ha terminado revelándose como uno de los mayores narcotraficantes del país asiático, donde el comercio de flores de amapola –y sus derivados de opio, morfina y heroína- financia la insurgencia talibán.

La noticia de que uno de los barones de la droga afgana había logrado confundir tanto a la CIA como a la DEA estadounidense (las agencias dedicadas al espionaje y al control del narcotráfico, precisamente) ha caído como un nuevo balde de agua fría sobre el resentido gobierno de Barack Obama.

Además de que la información suministrada por Juma Khan fue costosísima, seguramente obstaculizó la estrategia militar de la OTAN sobre el territorio dominado por los talibán.

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Assange y WikiLeaks, ¿héroes o villanos? (10 12 10)

Assange y WikiLeaks, ¿héroes o villanos?

por Nelson Gustavo Specchia

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El discurso de WikiLeaks hasta hace un par de semanas afirmaba que el principal objetivo de su existencia era contribuir a la transparencia, utilizando para ello las formidables posibilidades que Internet ofrece –cada día con mayores prestaciones y herramientas- en la nueva sociedad global interconectada. Con esta filosofía, expresada por boca de Julian Assange, un matemático australiano de 39 años militante de los movimientos anti globalización, la ONG comenzó a distribuir información que había llegado procedente de “gargantas profundas” del propio aparato industrial-militar de la potencia hegemónica, los Estados Unidos de América.

Los norteamericanos, desde que en 1989 cayera el Muro de Berlín y el proceso de desintegración soviéticos los dejara solos, vencedores de la guerra fría, comenzaron un proceso inédito de reproducción de agencias dedicadas a la gestión de información clasificada. El ataque de 2001 disparó ese proceso hasta extremos insólitos, creando y subdividiendo oficinas civiles y militares de información.

LOS PAPELES DE LAS GUERRAS

En julio de este año, The Washington Post, tras una exhaustiva investigación de más de dos años, publicó que la multiplicación de los servicios de seguridad ha terminado escapando al control oficial. La conclusión del diario fue lapidaria: “nadie sabe bien cuántos son, para qué sirven, cuánto cuestan ni qué hacen”. La guerra contra el terrorismo, declarada por el presidente republicano George W. Bush, es la lábil justificación de este aumento cancerígeno de agentes secretos, que le va costando a los contribuyentes 1,15 billones de dólares, convirtiéndose en la intervención norteamericana más cara de su historia, sólo superada por los costos de la segunda Guerra Mundial.

El anarco crecimiento de dependencias secretas ha venido a sumarse y solaparse con la tradicional Agencia Nacional de Inteligencia (CIA), sin que se sepa siquiera de quién dependen. Según el reporte de The Washington Post, de cada 400 ciudadanos estadounidenses, uno es un agente secreto. Esta población de espías desarrolla su actividad de inteligencia –es un decir- en 1.271 oficinas oficiales, a las que se suman otras 1.931 oficinas privadas con las cuales las primeras interactúan, comparten información y se pasan secretos. Esta maquinaria superpoblada y semi anárquica necesariamente ha de albergar de todo, también personal de formación dudosa, gente psicológicamente inestable, o un variopinto etcétera, de donde habrían salido las “gargantas profundas” que comenzaron a filtrar información clasificada a la ONG de Julian Assange.

Sólo en el año 2010 WikiLeaks publicó unos 400.000 documentos secretos sobre la guerra en Irán, y más de 76.000 sobre la invasión aliada comandada por el ejército norteamericano en Afganistán. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ya afirmó entonces que la publicación de esa información constituía un ataque contra los Estados Unidos, diversas violaciones a los marcos legales, y que las instituciones policiales se dedicarían a buscar a los responsables de las filtraciones. Cosa difícil si se asume que, además del caos organizativo que acabamos de reseñar, tales reparticiones se caracterizan por el secreto. Y lo peor, además, estaba por caer.

Con los papeles de la guerra (que habían sido tratados con respeto, evitando anuncios espectaculares y cruzando y contrastando datos) divulgados por Internet, la ONG ganó mucho prestigio social, y se convirtió en una referencia para las nuevas generaciones de “cybermilitantes”. Entonces Assange anunció el gran golpe: revelaría los cables confidenciales de la diplomacia estadounidense, en un volumen nunca visto antes. Unos documentos que, en conjunto, ofrecen una panorámica de la visión que tiene la gestión de la primera potencia de sus colegas del resto del mundo.

APUNTAR MÁS Y MÁS ALTO

Con los 250.000 cables de comunicaciones entre la Secretaría de Estado y sus delegaciones diplomáticas, comenzó un proceso mediático y político que lleva quince días y cuyos efectos finales siguen siendo inciertos. En todo caso, y a diferencia de la actitud y el discurso que la ONG había mantenido hasta ahora, su editor principal subió la apuesta, y la subió fuerte. Si hasta ahora WikiLeaks era una herramienta para conseguir mayor transparencia en los flujos de información, Julian Assange revela que su verdadero objetivo es aumentar la justicia global. Nada menos.

Desde la clandestinidad, donde estaba oculto como un viejo jefe guerrillero a la antigua usanza, Assange concedió una entrevista a la revista Time, allí afirmó: “No es nuestro objetivo lograr una sociedad más transparente, sino una sociedad más justa.” El cambio es sutil, pero al mismo tiempo constituye un salto enorme. El australiano dejó de ser un Robin Wood de la transparencia informativa, que confrontaba a un enemigo difuso, para pasar a ser un actor concreto de las relaciones internacionales, poniéndose en la vereda de en frente de los grandes poderes constituidos.

Inesperadamente, con el cambio de mira del jefe de la ONG, aparecieron sendas denuncias contra su persona, por presuntos delitos de índole privada. Dos mujeres lo acusan de haberlas agredido en su honor y en su seguridad. La denuncia no es por violación, en sentido estricto, ya que las relaciones sexuales objeto de la disputa fueron consentidas, sino que avanzaron aun cuando la denunciante solicitó que se detuviera. Assange negó todos los cargos, pero se entregó voluntariamente a la justicia inglesa. Luego de escuchar su descargo, el juez británico, en una decisión claramente desproporcionada, no le concedió una libertad bajo fianza, sino que lo mantuvo retenido en presión. Suecia, de donde provienen las denuncias, reclama su traslado. Suecia y los Estados Unidos mantienen un amplio convenio de extradición. Tal como lo reafirmó Hillary Clinton, Assange puede ser reclamado por Estados Unidos para ser juzgado allá por alta traición.

SE MUEVEN LOS CYBERMILITANTES

Uno de los temas conocidos a través de la filtración de los cables se centra, precisamente, en las diversas maneras de presionar a los jueces que tienen los diplomáticos bajo órdenes de Washington. La impropia presión de los embajadores –e inclusive de la anterior secretaria de Estado, Condoleezza Rice- sobre las máximas instancias judiciales españolas para defender intereses y empresas norteamericanas, por caso, dan buen ejemplo de ello. En este marco, la coincidencia entre las denuncian contra Assange, la decisión del juez británico de dejarlo encarcelado en la prisión de Wandsworth, la petición sueca, y la posible extradición final a los Estados Unidos, suena demasiado a un andamiaje montado por espías vengativos.

Al mismo tiempo, la presión del gobierno norteamericano sobre las empresas alojadoras de los sitios de internet, y las grandes firmas especializadas en transferencias económicas, comenzaron deliberadamente a ahogar a la ONG, con el declarado objetivo de silenciarla y asfixiarla económicamente.

Entonces reaccionó la sociedad civil, en esa nueva variante de los militantes del cyberespacio, desde los teclados individuales de las computadoras hogareñas. La red de microbloging Twitter fue el canal de convocatoria, y a través de ella una alianza de usuarios (“hackers”) de todo el mundo, agrupados en una instancia espontánea muy simbólicamente denominada Anónimo (“Anonymous”), contraatacaron con la fuerza de las multitudes, colapsando las operaciones electrónicas de empresas como Amazon, MasterCard, PayPal y Visa.

Amazon dio de baja la cuenta de la ONG y la retiró de sus servidores, con lo cual ya no fue posible consultar los cables diplomáticos filtrados. PayPal había dejado de aceptar remesas de dinero en concepto de donaciones para WikiLeaks, admitiendo que lo hacía por sugerencia del Departamento de Estado norteamericano; Visa y MasterCard la imitaron.

Los cybermilitantes de Anonymous primero rescataron la página de la ONG, generando docenas de sitios “espejos” de WikiLeaks como el que había desactivado Amazon. A los hackers individuales auto convocados se unieron inclusive algunas asociaciones inesperadas, como el Estado boliviano. El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (en ejercicio del Poder Ejecutivo por ausencia del presidente Evo Morales), anunció que el gobierno abría un sitio web temporal para facilitar el acceso a WikiLeaks, y burlar de esa manera el cerco informativo propiciado desde Washington.

Después de haber puesto a WikiLeaks nuevamente a disposición del cyberespacio, Anonymous comenzó con un ataque cibernético contra las grandes tarjetas de crédito, colapsando sus webs con solicitudes automatizadas en masa, hasta que los servidores dejaron de funcionar. Inclusive Anonymous amenazó a las redes sociales, las páginas de Facebook y Twitter, a quienes acusan de marginar toda la información relativa a WikiLeaks y a Assange.

Cualquiera sea el resultado final de la puja de poder abierta hace dos semanas, la presión política norteamericana y la respuesta –caótica pero efectiva- de los usuarios de una herramienta poderosa, abierta y descentralizada, vienen a introducir nuevas modalidades de actuación en el escenario internacional.

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