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Proclaman a Libia “liberada” (24 10 11)

Los insurgentes dan por terminada la revuelta y el régimen de Khaddafi. Las Naciones Unidas reclaman una investigación sobre la muerte del ex mandatario. Saif al Islam, el hijo del dictador, permanece prófugo. Dudas sobre la institucionalización del nuevo Estado.  

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A pesar de las atroces imágenes de fotografías y videos capturados con teléfonos celulares, que registran los últimos momentos de vida del ex mandatario libio Muhammar el Khaddafi, su desaparición física ha provocado la instalación de un auténtico clima festivo en la capital del país, y la declaración de la “liberación” por parte de los sublevados del Consejo Nacional de Transición (CNT), que dieron por definitivamente concluido el régimen político instalado por el coronel Khaddafi y vigente durante 42 años en el país norafricano.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reclamó al gobierno provisional del CNT la apertura de una investigación para deslindar responsabilidades en la muerte del ex mandatario, ya que a partir de las imágenes suministradas por la cadena noticiosa qatarí Al Jazeera, se difundieron por el mundo entero los videos donde puede verse la captura de Muhammar el Khaddafi, luego de que un bombardeo de la Alianza Atlántica (OTAN) desarticulara el convoy militar con el que intentaba huir de Sirte, y fuera apresado por milicianos rebeldes.

En ellas el depuesto autócrata se ve confundido y tironeado por su captores, pero vivo y sin heridas. Pocos minutos después, otras imágenes muestran su cadáver, con agujeros de bala en la cabeza y en las piernas.

El primer ministro saliente del CNT, Mahmmoud Yibril, sostuvo ayer que tras la autopsia realizada al cuerpo del ex mandatario –que está depositado en un frigorífico comercial en Misrata- se constató el fallecimiento por un disparo a quemarropa en el cráneo, aunque aseguró desconocer la procedencia de la bala, y aventuró que “pudo haber sido disparada por sus propios simpatizantes” cuando era trasladado a un hospital.

Sin embargo, otros videos que circularon por Internet muestran al coronel agonizando, con la cabeza sangrante, arrastrado por milicianos rebeldes que le quitan la ropa y el calzado.

Uno de los hijos del ex mandatario, Mustassin, también fue apresado vivo, según puede verse en fotografías publicadas en la prensa internacional, y ejecutado posteriormente.

El otro hijo del coronel, Saif al Islam, que había sido escogido como heredero del régimen, puede estar herido pero sigue prófugo, escondido en algún lugar, desde donde llamó en la víspera a continuar resistiendo. “Váyanse al infierno, las ratas y la OTAN”, dijo en un mensaje de audio difundido por el canal Al Arabiya. Todos los demás miembros de la familia del ex mandatario han partido hacia el exilio.

El presidente norteamericano, Barack Obama, saludó la “proclama histórica de liberación”, e instó a una “transición política hacia elecciones libres y justas”.

Aunque las palabras de ministro saliente del CNT abrieron algunas dudas sobre el posible rumbo teocrático del nuevo Estado.

Yalil aseguró que el Islam será el pilar de Libia, “el derecho islámico será la base del orden legal, una ley que contradiga el derecho islámico será absolutamente nula”, ratificó.

El ocaso de los Khaddafa

El depuesto y ajusticiado ex mandatario libio, Muhammar el Khaddafi, siempre mantuvo a su familia implicada en el rumbo político del régimen que fundó y comandó durante más de 40 años.

En sentido amplio, la familia a la que pertenecía, los Khaddafa, era su respaldo en el sistema tribal beduino todavía preponderante en la región.

Y en su núcleo cercano, sus hijos compartieron el poder y también han compartido su suerte.

Algunos de los vástagos y nietos murieron en bombardeos, al inicio de la sublevación rebelde, y otros –como Mutassin- fueron acribillados junto con el ex mandatario.

Ahora, los Khaddafa han nombrado al primogénito, Saif al Islam, el último que permanece en Libia, como nuevo jefe de la tribu y sucesor de Muhammar, según informó ayer el sitio web del diario árabe Al Sharq al Awsat.

Por su parte, Interpol pidió al hijo de Khaddafi que se entregue, a fin de poder ser procesado por la Corte Penal Internacional de La Haya.

La OTAN se retira el 31

La reunión de embajadores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el conjunto de defensa de los ejércitos occidentales que ha sido clave en el derrocamiento del régimen libio, confirmó este fin de semana que la misión en el país norafricano concluirá el próximo 31 de octubre.

La cumbre de representantes de la Alianza, en la capital administrativa de la Unión Europea, evaluó el informe del mando militar y la situación de los civiles, tras la caída de Sirte y la muerte del ex dictador, y sostuvo que no existen más motivos para prolongar la operación “Protector Unificado”, que comenzó hace siete meses por mandato de la ONU.

El secretario de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, sostuvo al final de la cumbre que será “un cierre nítido de la operación, porque no tenemos intención de mantener fuerzas en la región”.

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Los rebeldes matan a Khaddafi (21 10 11)

El ex dictador es apresado al intentar huir de Sirte. Imágenes de celulares lo muestran vivo y luego con dos disparos en la cabeza. El joven de 18 años que lo ultimó es entronizado como héroe. Uno de los hijos del coronel también acribillado.  

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Finalmente, la guerra civil que se había instalado en Libia tras el alzamiento insurgente de Misrata, a principios de año, comenzó ayer a terminar, con el apresamiento y la muerte del coronel Muhammar el Khaddafi.

El ex gobernante, que instaló en el país norafricano un régimen político sui generis, originariamente con pretensiones de revolución socialista pero que terminó decantándose en una autocracia personalista asociada a su figura, se mantenía como prófugo en escondites secretos desde que las tropas rebeldes, con apoyo aéreo y táctico de la Alianza Atlántica (OTAN) se hizo con el control de la mayor parte del territorio.

En ese escenario, se especuló sobre las posibles salidas de Khaddafi hacia el exilio –como efectivamente lo hizo parte de su familia y de su Estado Mayor- o sobre las posibilidades de que hubiera encontrado refugio entre su propia tribu, los Khaddafa, que tiene presencia mayoritaria en la ciudad de Sirte.

La resistencia que mostraba este enclave ante la avanzada rebelde fue apoyando esta posibilidad durante las últimas semanas, y quedó demostrada en la víspera.

El coronel, como había manifestado en algunos comunicados que logró filtrar hacia emisoras árabes extranjeras, permanecía en territorio libio y alentaba una reacción contra la insurgencia rebelde.

En la mañana del jueves, ante el estrecho cerco que los rebeldes mantenían sobre Sirte, el núcleo más cercano al ex mandatario decidió abandonar la ciudad y preparó una caravana de automóviles fuertemente pertrechada, para intentar romper el cerco rebelde y, se presume, que con la intención de tomar la ruta del desierto hacia los oasis del sur del país, desde donde podrían haber pasado a Níger, como lo hiciera un convoy con el alto mando militar khaddafista hace poco.

Sin embargo, a escasos tres kilómetros del borde de la ciudad, la caravana fue atacada por el aire (la OTAN confirmó que un “drone” no tripulado atacó a un convoy que abandonaba Sirte), que la desarticuló.

Muhammar el Khaddafi y algunos de sus allegados más cercanos, como el ex ministro de Defensa, Abu Bakr Yunis, huyeron a pie y se ocultaron en unas cañerías de desagües cercanas. Las tropas rebeldes, que habían presenciado el ataque aéreo, comenzaron a perseguirlos, y lograron dar con el grupo cuando de las tuberías salió un combatiente khaddafista denunciando a los gritos que el coronel se encontraba oculto allí. Las imágenes difundidas por la cadena Al Jazeera muestra al ex mandatario vivo, apresado por los rebeldes, cubierto por unas ropas marrones.

Las imágenes siguientes ya mostraban el cadáver del coronel, con impactos de bala en la cabeza, el cuerpo y las piernas. Otras imágenes de la misma cadena mostraron el cadáver de su hijo Mutassim, que supuestamente integraba el mismo convoy y fue ultimado por los rebeldes en las afueras de Sirte.

Los líderes del Consejo Nacional de Transición (CNT) confirmaron la muerte del ex mandatario, de 69 años, y el definitivo derrocamiento de su régimen autocrático, que se extendió por 42 años en Libia.

Cuando la noticia de la muerte del ex dictador fue confirmada, diversos líderes salieron a expresar el deseo de la comunidad internacional de que este hecho aporte a la pacificación de Libia, y al inicio de un auténtico proceso de institucionalización y democratización del país.

Obama ofrece “cooperación”

A media tarde de ayer, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, convocó a una corta conferencia de prensa en los jardines de la Casa Blanca, para confirmar la muerte del coronel Khaddafi y para anunciar que la reconstrucción del país norafricano, tras el fin de lo que calificó como “un largo y doloroso capítulo”, contará con la cooperación de su gobierno.

Obama insistió en que los libios tienen ahora la oportunidad y la responsabilidad de construir un país “inclusivo, tolerante y democrático”, y pidió llevar adelante una “transición estable”.

El líder demócrata concluyó sosteniendo que los libios “ganaron su revolución, ahora nosotros seremos sus socios en la reconstrucción”, dijo.

Por su parte, la Alianza Atlántica (OTAN), que ha jugado un papel determinante en la caída del régimen de Khaddafi, ha convocado para hoy una reunión de embajadores, en la que tratará la nueva situación en el país tras la muerte del ex mandatario.

Algunas fuentes diplomáticas aseguran que el presidente Obama no quiere extender la operación “Protector Unificado”, que dio cobertura militar y logística a los rebeldes del CNT, más allá de la desaparición del régimen y de la persona del coronel.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, llamó ayer a la reconstrucción nacional libia y a la protección de la población civil, sin dar detalles sobre los plazos y fechas de culminación de la operación.

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Los palestinos llegan a la Asamblea General (16 09 11)

El pedido de reconocimiento del Estado Palestino llega a la ONU

Mayoritaria aceptación mundial. Estados Unidos adelantó que vetará la decisión

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La dirigencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) parece haber llegado a la conclusión de que las promesas de apoyo formuladas por el presidente estadounidense Barack Obama han sido postergadas en las listas de prioridades, y han decidido impulsar el reconocimiento de su Estado ante la Asamblea General de la Naciones Unidas.

En oportunidad de la última campaña electoral, el entonces candidato del Partido Demócrata aseguró que la paz en Medio Oriente se aseguraría permitiendo que el pueblo palestino estableciera su entidad soberana, en pie de igualdad con los países de la región, y que ese resultado sería consecuencia de las negociaciones de paz con Israel.

Luego, en los primeros tramos de su Administración, Barack Obama delineó los principales capítulos de su agenda exterior en el discurso en la Universidad Islámica de Al Azhar, el 4 de junio de 2009 en El Cairo. Allí remarcó que los Estados Unidos pretendían establecer un marco de cooperación con los países islámicos, donde se ubicó el apoyo a la soberanía de los palestinos, que se mantienen en un limbo jurídico desde la creación del Estado de Israel y la ocupación de su ejército de los territorios que las Naciones Unidas habían determinado para la comunidad árabe en las tierras entre el Mediterráneo y el río Jordán.

Pero, a pesar de estas posturas del jefe de la Casa Blanca, el fuerte lobby judío de Washington y la intransigencia del actual gobierno conservador israelí presidido por Benjamín Netanyahu fueron frustrando los sucesivos intentos de reanudación de las conversaciones entre ambas partes bajo el auspicio de los estadounidenses.

La coalición de partidos conservadores que ocupa el Poder Ejecutivo en Israel se permitió inclusive algún sonado desplante, como el de anunciar la construcción de nuevos asentamientos en los territorios ocupados el mismo día en que el vicepresidente norteamericano Joe Biden aterrizaba en Tel Aviv para respaldar el proceso de paz.

La compleja situación de la retirada de las guerras en Irak y en Afganistán también desplazó la cuestión palestina de la agenda del Departamento de Estado, y la “primavera árabe” iniciada en enero de este año en el Norte de África, junto a la participación de la OTAN en el derrocamiento del régimen libio de Muhammar el Khaddafi, terminaron dejando el contencioso fuera de trámite.

Ante este escenario, el jefe de la ANP, Mahmmoud Abbas, desde los cuarteles provisorios de Ramallah (la “Mukata”) lanzó una ofensiva diplomática, para presentar la solicitud directamente ante la Asamblea General del mayor organismo multilateral del mundo, que habilitará sus sesiones ordinarias la próxima semana.

La respuesta internacional al reclamo palestino encontró gran eco, y son muchos los países que comprometieron su voto positivo si la demanda de los árabes es presentada.

Esa reacción, a su vez, provocó la indignación del gobierno israelí, tanto en las declaraciones del primer ministro como del canciller Avigdor Lieberman. En un cambio de roles, Lieberman acusó a los palestinos de querer un Estado propio “limpio de judíos”, y advirtió sobre “consecuencias graves y difíciles” si los palestinos concretan su movimiento.

El importante lobby judío de Washington también reaccionó presionando a la Casa Blanca, y el presidente Obama declaró que la presentación ante la ONU, sin un acuerdo previo con el Estado de Israel, sería “extemporáneo”.

Estados Unidos no tiene capacidad para frenar una proposición de este tipo en el pleno de la Asamblea, pero Obama advirtió que, si llega a darse, Estados Unidos utilizará su poder de veto en el Consejo de Seguridad para frenar la aceptación del Estado Palestino como miembro pleno.

En todo caso, la diplomacia norteamericana estaba ayer realizando gestiones de última hora para intentar disuadir a los árabes: el emisario de Obama para Medio Oriente, David Hale, y el consejero especial del presidente, Dennis Ross, estaban en Ramallah para reunirse con Abbas.

Desde la Mukata, en todo caso, confirmaron que el pedido de membresía plena sigue adelante.

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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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Khaddafi: de rey de reyes a vecino incómodo (08 09 11)

El conflicto de Libia contamina a los países del oeste africano

Los Estados vecinos fluctúan entre el apoyo a Khaddafi y la legalidad internacional  

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La huida de la alta oficialidad khaddafista a través del desierto ha trasladado una parte de la atención global a los países del oeste de África.

La incógnita, ahora, pasa por si el coronel Muhammar el Khaddafi se unirá a los mandos de su depuesto régimen, que salieron por la frontera sudoeste del desierto libio, por pasos argelinos rumbo a Níger y a Burkina Faso.

Pero las versiones se suceden, generando trascendidos que sólo opacan más el conflictivo escenario. Lo extenso de la formación militar –entre 150 y 200 vehículos artillados- y la integración del convoy –oficiales superiores y miembros de la guardia personal del ex dictador- hacen suponer que podría haber sido el respaldo para proteger la salida de Muhammar el Khaddafi.

El ex mandatario ha repetido que permanecerá en territorio libio, pero el curso de la guerra y el avance rebelde le han dejado muy pocos sitios donde guarecerse.

Sin embargo, el Departamento de Estado norteamericano descartó la posibilidad de que el coronel haya integrado el convoy.

Aunque los vuelos de la Alianza Atlántica (OTAN), que patrullan constantemente las escasas e identificables carreteras que cruzan el desierto libio, no atacaron la caravana, tan numerosa que no podrían no haber detectado.

Por último, la dirigencia insurgente del Consejo Nacional de Transición (CNT) afirmó al comienzo de esta semana saber fehacientemente dónde se oculta el depuesto mandatario, pero no ha tomado ninguna iniciativa militar para apresarlo.

En el plano regional, a su vez, la situación se complica cada vez más para los vecinos, muchos de ellos acreedores de la “cooperación africana” con que Khaddafi financiaba a las castas dirigentes en el pasado.

Argelia recibió a la esposa del ex dictador y a algunos de sus hijos, aunque el presidente Abdelaziz Bouteflika aclaró que sólo lo permitió por “motivos humanitarios y por la tradición de hospedaje del desierto”, que no aplicaría a la persona de Muhammar el Khaddafi si la solicitara. Pero su Ejército no detuvo al convoy de oficiales huidos que habría cruzado por pasos fronterizos argelinos.

Los soldados de Níger fueron más allá, y escoltaron a la caravana cuando esta penetró en su territorio, hasta la ciudad de Agadez.

Y Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo, no rechazaría al convoy, donde se supone que también viajan varias toneladas de oro, aunque esa hospitalidad le traiga nuevos problemas a niveles multilaterales.

Vecino incómodo

A partir de la toma de Trípoli y del reconocimiento internacional, en la Cumbre de París, al gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), el coronel Muhammar el Khaddafi se ha convertido en un fugitivo con pedido de búsqueda y captura del Tribunal Penal Internacional (TPI).

Todos los países del Norte de África son miembros del TPI, o sea que las resoluciones de éste los obligan con fuerza de ley.

Argelia, el único de los vecinos que no ha reconocido al CNT aún, afirmó que capturará a Khaddafi y lo entregará al fiscal Moreno Ocampo, del TPI, en el caso que aparezca por su territorio. Pero recibió a una parte de su familia y la ha alojado en palacios a cargo del Estado.

En el paupérrimo Níger (ocupa el puesto 167 del índice de desarrollo humano, sobre 193), los petrodólares libios fueron la única fuente de financiamiento externo de las últimas dos décadas.

Y en Burkina Faso (casi igual de pobre, ocupa el puesto 161) la poca infraestructura que existe se construyó con “donaciones” de Libia.

Esas remesas de dádiva le aseguraron al coronel simpatías y seguidores en ambos países, quizás los últimos que le quedan.

N. G. S.

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Libia en la primavera árabe

Libia en la primavera árabe

por Nelson Gustavo Specchia

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Muhammar el Khaddafi ha sido destronado. Pero no ha caído. En alguna penumbra tribal, en algún túnel alfombrado, se oculta y espera, manteniendo el vilo que durante casi medio siglo convirtió en política. Pero la historia y las generaciones no pasan, indiferentes, sin dejar rastro en la memoria colectiva, y Khaddafi no podrá volver a usufructuar la satrapía petrolera en que convirtió a Libia. Afortunadamente.

Y escribo este “afortunadamente” después de la primera afirmación, con toda intencionalidad. Porque desde que comenzó el alzamiento popular, en febrero de este año, he venido defendiendo la posición de que la sociedad internacional debía involucrarse activamente en el apoyo a los insurgentes, y hacer cuanto estuviera al alcance de los medios de poder y de derecho que hemos llegado a darnos en nuestra generación, para colaborar en la caída del tirano. También lo dije –desde temprano, antes de que la guerra estuviera definida- desde esta columna; (ver “Un león en apuros”, del 18-02-11, donde anticipábamos: “La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.”) Esa postura me ha acarreado múltiples críticas, de colegas, de amigos, de lectores. Y ahora que el khaddafismo está terminado, creo que merece la pena remarcar algunos fundamentos de ese análisis que me llevó a apoyar la intervención en Libia, en contra de la opinión de un sector importante de intelectuales.

LECTURAS ANTI IMPERIALISTAS

Los argumentos de las posiciones que denuncian el rol de terceros Estados en apoyo de los insurgentes rebeldes y contra Muhammar el Khaddafi, reconocen un tronco común: el sentir anti imperialista. Es una lectura lineal y casi maniquea: si está la OTAN, es porque está el capitalismo occidental. Las Naciones Unidas serían sólo la justificación diplomática de la política exterior de la potencia hegemónica, y la OTAN el ropaje adecentado de los marines norteamericanos; en conjunto, serían la nueva expresión del viejo imperialismo. Y por otro lado: Khaddafi fue un joven militar que derribó a una monarquía colonial, que abrazó el panarabismo y el socialismo; su “Libro Verde” fue una de las biblias laicas del tercer mundo; fundó la Revolución Jamahiriya (de masas, informal y anti institucional); le plantó cara a Occidente y a las multinacionales; apoyó los movimientos de liberación; y ni siquiera los bombardeos de Ronald Reagan lograron moverle el pulso. Palabras más, palabras menos, y aunque aquí –por motivos didácticos- las presente en bruto y sin matices, esas son las consideraciones que llevan a buena parte de los pensadores, de aquí y de afuera, a censurar la participación internacional en el conflicto social libio. Un razonamiento, claro está, que termina empujándolos a tomar postura por el régimen recientemente desplazado y, en última instancia, por la persona del propio coronel.

Aún agregándole todos los matices del caso, esta forma de razonar ya es hoy indefendible, tanto desde la teoría política, de la historia contemporánea, como desde los resultados objetivos de los programas de Khaddafi. Nadie discutiría que la OTAN, en el contexto de un escenario bipolar, fue el brazo armado con que uno de los polos enfrentó –en táctica y en estrategia- al Pacto de Varsovia. Pero el Muro de Berlín cayó hace más de dos décadas; los condicionantes de la guerra fría han desaparecido; y el mundo, en su conjunto, se ha complejizado sobremanera. Seguir aplicando las categorías de análisis que tuvieron vigencia desde la segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética, deja en la boca un regusto a cosa rancia, a no haber advertido que la creciente complejidad también hizo posible que los colectivos sociales tomaran contacto con esas “otredades”, esas realidades diferentes y lejanas, que antes quedaban enclaustradas dentro del dibujo artificial de las fronteras, y ahora se acercan –a la velocidad de los megabytes de la sociedad de la información- al comedor de cualquier casa. Y que decidan tomar partido por ellas.

Cambio de paradigmas interpretativos que también distorsionan la mirada de los afectos y de las lealtades. Porque muchos de los que reniegan de la intervención de las fuerzas occidentales en el conflicto libio, sienten que el viejo coronel –más allá de sus excentricidades en la ropa, los uniformes entorchados, los lentes de colores y las guardaespaldas vírgenes- es uno de los últimos luchadores que siguen resistiendo el ímpetu homogeneizante e invasor del capitalismo occidental. Incluso esta mirada de antigua progresía, si no fuera porque induce a errores garrafales, sería querible y tierna en su visión naïf de la política internacional.

Pero el león de Libia no tiene un pelo de su abundante cabellera de naïf, revolucionario romántico o ferviente anticapitalista. Khaddafi ha sido un sanguinario tirano que utilizó el poder para sojuzgar a siete millones de personas durante cuatro décadas, convirtió un Estado (Libia nunca fue una nación) en una satrapía personal y familiar, y con los dividendos de la exportación de hidrocarburos generó una pequeña élite, vinculada directamente a su persona, que abusó de esos recursos de una manera patrimonialista, sin ningún tipo de límites sobre vidas y haciendas de sus congéneres.

“ES EL PETRÓLEO, ESTÚPIDO”

Así, desde estas lecturas se ha intentado explicar toda la operación internacional en Libia con el argumento del petróleo. La OTAN sería la avanzada de los países occidentales, que van a quedarse con el petróleo del subsuelo de los desiertos de la Tripolitania y la Cirenaica. He argumentado, contra eso, que el petróleo –su búsqueda, extracción, almacenamiento, transporte y exportación- ya estaba en manos de compañías extranjeras antes del levantamiento insurgente. Compañías a las que Khaddafi les aseguraba, con contratos que sólo se aprobaban por su mano, previsibilidad y máxima seguridad. Como sólo una tiranía puede ofrecer a sus socios selectos, y como jamás podrá ofrecer ningún sistema político democrático, cualquiera sea, que surja de la actual revolución libia.

¿Por qué, en todo caso, obviar burdamente otros elementos y razones, que impactan con fuerza en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, y que las sociedades civiles toman para presionar a sus respectivos gobiernos? Khaddafi no terminó siendo el heredero de Gamal Abdel Nasser y su socialismo panarabista como pretendía, más que en sus discursos. En la práctica, fue el banquero de más de medio centenar de grupúsculos terroristas en todo el mundo; cuando se le dio por pagar atentados aeronáuticos, tiró un avión cargado de pasajeros sobre Lockerbie, y otro –el vuelo UTA 772- en el Sahara; jugó a la guerra invadiendo Chad, adquiriendo armas de destrucción masiva (ADM), fabricando gas mostaza y atentando contra Faisal en Arabia Saudita, Hassan en Marruecos, y hasta contra Anwar el Sadat en Egipto, “culpable” de la paz con los israelíes; violó cualquier soberanía nacional para asesinar disidentes en el extranjero; puso precio (llegó a pagar hasta un millón de dólares) a las cabezas de sus enemigos huidos de Libia, mientras recibía en sus palacios a los terroristas más renombrados, como Abu Nidal. Y un currículum político tan frondoso y tan impropio de un líder libertario, es aún más vergonzante cuando se intentan reseñar los atropellos contra su propio pueblo. Desde la limpieza étnica de los bereberes; al estado paranoico establecido cuando convirtió a uno de cada cinco libios en informantes del gobierno; al morbo de la sangre cuando dirigía personalmente las ejecuciones de opositores (retrasmitidas en directo por la televisión oficial), la amputación de extremidades, las mil y una forma de persecución y acoso a cualquier minoría o disidencia.

“RESPONSABILIDAD DE PROTEGER”

Y de pronto, cuando una porción de esa sociedad sojuzgada, jugándose la piel se alza contra el tirano, ¿qué debía hacer la comunidad internacional? ¿Quedarse de brazos cruzados mientras observaba cómo el régimen reprimía a los civiles, amparado en los principios de soberanía nacional y de no injerencia de terceros en los asuntos internos de un país? No. Debía intervenir. Y es deber de un demócrata apoyar esa intervención. El derecho internacional humanitario ha avanzado, junto con los tiempos y las nuevas formas que adopta la estructura política mundial, tanto a nivel institucional como en el plano de la sociedad civil. El principio “responsabilidad de proteger”, uno de los basamentos de la decisión multilateral que dio pie a los bombardeos de la OTAN contra Khaddafi, es un avance en los deberes hacia los más débiles, sin importar dónde vivan.

Los más de cuarenta años de tiranía también vaciaron de instituciones y de instrumentos republicanos a Libia. Por eso la sociedad internacional, a través de las organizaciones multilaterales que ha logrado darse hasta nuestro tiempo, debe permanecer allí, ayudando a la reconstrucción del país. Los libios se merecen una oportunidad de construir una sociedad en libertad; asegurar esa oportunidad no está en sus manos, sino en las nuestras.

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Soldado de huye… (07 09 11)

El derrotado ejército libio cruza el desierto y huye hacia Níger

Burkina Faso ofrece asilo a la familia del coronel Muhammar el Khaddafi

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Después que se difundiera el arribo de la esposa del ex dictador libio Muhammar el Khaddafi a la capital de Argelia, junto a tres de sus hijos, ayer se conoció la salida de una parte de la alta oficialidad del vencido ejército regular del régimen por la frontera sudoeste, rumbo a Níger.

Más de doscientos tanques y vehículos artillados, que en la avanzada rebelde sobre Trípoli se habían replegado hacia el Sur, acantonándose en la ciudad de Sabha y en Bani Walid, cruzaron ayer la frontera con Níger y fueron escoltados por tropas nigerianas hasta Agadez, ubicada en el mismo desierto que comparte con Libia.

La presencia de las tropas nigerianas revela el acuerdo alcanzado con los desplazados dirigentes khaddafistas, y puede implicar un corrimiento del escenario del conflicto, ya que tanto por la cantidad de militares como por el alto grado de conducción (oficiales en su mayoría, incluyendo al jefe de la guardia pretoriana del coronel, Mansur Dhao) podría ser el germen de un reagrupamiento del régimen en el extranjero, para acosar en el futuro al nuevo gobierno libio del Consejo Nacional de Transición (CNT).

Inclusive la fuente que reveló la información sobre la huída concertada de la oficialidad libia –un militar francés cuyo nombre no fue dado a conocer, pero cuya versión fue confirmada por un portavoz nigeriano- aseguró que el mismo Muhammar el Khaddafi utilizará la misma vía para salir del territorio libio, y cruzará Níger rumbo a Burkina Faso, el Estado africano que explícitamente ha ofrecido asilo al ex dictador y a su entorno familiar.

El hijo del ex mandatario, y en su momento heredero del Poder Ejecutivo, Saif el Islam, se uniría al convoy militar, aunque en este caso no se sabe si para compartir el exilio con su padre o para ponerse a la cabeza de la reagrupación de leales en el extranjero.

Fuentes de los rebeldes del CNT agregaron que, junto a los vehículos militares, el convoy de los huidos también llevaba oro y dinero, aparentemente extraído de una sucursal del Banco Central de Libia en Sirte, la ciudad natal del derrocado líder que aún resiste el embate de las tropas insurgentes.

El puerto mediterráneo de Sirte, donde es mayoritaria la tribu de los khaddafa, junto a los oasis sureños de Sabha y Bani Walid, y las poblaciones de los alrededores de Jufra, son los últimos bastiones que resisten, y los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN) sostienen que el ex mandatario sigue teniendo capacidad de mando sobre estas poblaciones.

El portavoz de la OTAN en Libia, el coronel canadiense Roland Lavoie, sostuvo ayer que Khaddafi “sigue dando órdenes a los militares que le quedan”. Y aunque aclaró que es “imposible revertir” la victoria rebelde, sostuvo que la intervención de la Alianza es necesario mientras el ex dictador sea una amenaza para el nuevo régimen insurgente.

Sufrimiento civil

A las 50.000 muertes de civiles que las fuentes del caído régimen  adjudicaron a la toma de la capital por los rebeldes, se sumaron las ejecuciones de venganza contra los afines al coronel.

La Unión Africana denunció el asesinato en masa de inmigrantes africanos negros, confundidos con los mercenarios que el ejército regular contrataba en los países subsaharianos.

La presión internacional logró que el nuevo gobierno de transición del CNT impusiera un poco de orden y llamara a la concordia, pero las denuncias sobre asesinatos y desapariciones en Trípoli siguen a la orden del día.

Ahora, además, se suma el temor por las matanzas masivas de civiles en Bani Walid: su población es utilizada como “escudo humano” por parte de los khaddafistas atrincherados en el oasis sureño.

También en el otro reducto del Sur, en Sabha, la población civil es la primera carne de cañón. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) exhortó ayer a proteger a más de 1.200 inmigrantes atrapados en Sabha, en su mayoría de Chad, Níger y Nigeria, de piel negra, que pueden ser fusilados como presuntos mercenarios.

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Libia: Sitiar y esperar, la nueva estrategia rebelde (05 09 11)

La guerra libia se concentra en Sirte y los reductos del Sur

Los rebeldes sitian al puerto mediterráneo y Bani Walid. Negocian la rendición

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El alto mando de los insurgentes libios ha conseguido disciplinar a las tropas irregulares, y frenar los desmanes contra los seguidores del coronel Muhammar el Khaddafi que se sucedieron tras las primeras horas de la toma de la capital.

La presión internacional sobre el gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), que obtuvo un fuerte respaldo internacional en París la semana pasada, parece haber sido determinante en detener un baño de sangre, con fusilamientos y matanzas a los simpatizantes del desplazado régimen autocrático.

La Unión Africana (UA) había denunciado que las acciones de revancha de los milicianos rebeldes se dirigían hacia cualquier africano negro, porque una parte del ejército khaddafista estuvo integrado por mercenarios contratados en los países subsaharianos.

Pero también de estas regiones provienen grupos enteros de emigrantes económicos, que en la confusión de la toma de Trípoli han sido objeto de violencia por parte de rebeldes.

En un evidente cambio de actitud, las tropas insurgentes se han trasladado hacia las periferias de la ciudad portuaria de Sirte, en la costa mediterránea, y a la sureña población de Bani Walid.

En Sirte domina la tribu de los khaddafa y se supone que una parte importante de su población sigue siendo afín al ex dictador. Y en Bani Walid, una ciudad de 50.000 habitantes a 150 kilómetros al sudeste de Trípoli, es mayoritaria la tribu warfala, y se supone que dos hijos de Khadaffi –Saif al Islam y Mutasin- con grupos de seguidores y guardaespaldas se han refugiado en la ciudad.

En ambos casos, los delegados del CNT están intentando agotar las negociaciones con los jefes tribales locales, para evitar una toma militar directa, que conllevarían altos costos en vidas humanas, no solamente entre los combatientes, sino en los rehenes que los khaddafistas pueden tomar en Bani Walid para utilizarlos como escudos humanos.

Que el desplazado mandatario siga sin aparecer, y que mantenga una postura de enfrentamiento llamando a resistir, a la guerra santa, y a limpiar de “ratas, invasores y traidores” los territorios ocupados por la insurgencia, no facilita precisamente las negociaciones con los líderes tribales de las ciudades.

Ayer, el jefe del Estado Mayor del CNT, Abdul Hakim Beldhaj, declaró a la cadena Al Jazeera que ya se conoce el paradero de Khaddafi, pero que no se lo ha buscado porque también eso forma parte de las negociaciones en curso.

Por su parte, el ex portavoz del régimen, Musa Ibrahim, había informado a primera hora del domingo de que el coronel seguía en el país, “rodeado de gente preparada para protegerle”.

Trapos sucios

La precipitada salida del ex dictador libio de sus palacios no ha dejado al descubierto solamente las pruebas de los lujos y derroches de la élite dirigente.

También comienzan a aparecer documentos comprometedores, que arrojan luz sobre los métodos y la trama de relaciones urdidas por Khaddafi para mantener la dictadura.

Voluntarios de Human Rights Watch (HRW), una ONG que colabora con los rebeldes, afirmaron haber encontrado en Bab al Aziziya, el complejo oficial desde donde el coronel gobernó Libia, documentos probatorios de la asistencia de las agencias de inteligencia estadounidense y británica –la CIA y el MI6- al régimen autocrático, para reprimir a disidentes y opositores internos.

La relación parece haber sido especialmente intensa en el período 2002-2004, pero los británicos también habrían ayudado al dictador a encontrar opositores exiliados en territorio inglés.

Los documentos se habrían hallado en la oficina del ex jefe de la Inteligencia libia, Musa Kusa, y podrían complicar la actual alianza entre el nuevo gobierno del CNT con norteamericanos y británicos.

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“Y que arda Libia (02 09 11)

Khaddafi amenaza con una larga guerra de guerrillas en Libia

La Cumbre de París formaliza el reconocimiento al gobierno de los insurgentes

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Cerca de los mismos salones donde el presidente francés, Nicolás Sarkozy, anunciaba hace medio año el comienzo de la intervención militar contra Muhammar el Khaddafi, ayer se reunió la Cumbre de jefes de Estado y de cancilleres, que formalizó el reconocimiento internacional al nuevo gobierno libio y terminó de enterrar al régimen que rigió en Trípoli durante 42 años.

Sin embargo, el ex dictador volvió a lanzar un mensaje de resistencia, mediante una alocución grabada y trasmitida por un canal de televisión sirio.

En el nuevo mensaje, el coronel anuncia que la guerra no ha terminado y que las tribus que le son leales están armadas. “No nos rendiremos, no somos mujeres”, se le escucha, antes de amenazar con que “la batalla será larga, y que arda Libia.”

Las palabras del ex mandatario pueden mover el escenario hacia una prolongada guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT), que necesita instalar la paz para restablecer los servicios mínimos –luz, agua, suministros, policía- que le darían legitimidad ante la sufrida población.

Por el contrario, de no encontrar estas condiciones en breve, el caos y los enfrentamientos sectarios pueden acabar con el nuevo gobierno del CNT aún antes de empezar.

En esa línea, los mandos rebeldes difundieron ayer que extenderán durante una semana más el ultimátum -que habían dado hasta el sábado- para la rendición de la ciudad de Sirte, población natal del ex dictador y donde se supone que pueden agruparse un porcentaje importante de sus seguidores.

Las tropas irregulares de los rebeldes han avanzado lentamente, desde Trípoli y desde Bengazi, y se encuentran apostadas a unos 100 kilómetros de la ciudad portuaria.

Uno de los portavoces del CNT, Mohammed Zawawi, sostuvo que la prórroga obedece a “dar tiempo para que progresen las negociaciones.” Los mandos insurgentes parecen querer evitar un baño de sangre, ya que un enfrentamiento directo provocaría una batalla mucho más cruenta que la propia toma de la capital.

A pesar de las declaraciones belicosas del ex dictador, el diario argelino El Watan difundió otra versión, al publicar en su edición de ayer que Muhammar el Khaddafi habría telefoneado al presidente Abdelaziz Buteflika, para negociar su exilio en Argelia. Buteflika, siempre en la versión del periódico, ni siquiera le habría atendido el teléfono.

En París, mientras tanto, los sesenta representantes de países acordaron que la OTAN no cerrará la operación en Libia hasta tanto Khaddafi no deje de ser una amenaza.

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Libia, modelo para armar (01 09 11)

Francia reúne la cumbre mundial para la reconstrucción de Libia

Los líderes rebeldes rechazan el despliegue de cascos azules de la ONU

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TRÍPOLI.- A pesar de que la batalla por la toma de Sirte –donde se concentra un porcentaje de población afín al depuesto dictador Muhammar el Khaddafi- se prevé complicada, y de que una porción del ejército regular que respondía al antiguo régimen ha huido a los desiertos del Sur del país y podría estarse reagrupando, el liderazgo insurgente rechazó ayer el posible despliegue de “cascos azules”, las fuerzas militares que dispone el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para intervenir en aseguramiento de la paz.

El Consejo Nacional de Transición (CNT), que ha asumido las funciones de gobierno tras el derrocamiento de la dictadura y la toma de la capital libia, rechazó la posibilidad del “despliegue de cualquier fuerza militar extranjera”, afirmó en la víspera el enviado especial de la ONU en el país norafricano, Ian Martin.

Mientras las alternativas bélicas sobre el terreno siguen mostrando un horizonte sin definición clara –en especial porque el coronel Khaddafi sigue en paradero desconocido-, las gestiones de la diplomacia avanzan a un ritmo acelerado, y hoy se reunirán en París los delegados de sesenta países, convocados por el presidente francés Nicolas Sarkozy y el premier británico David Cameron, para aportar estrategias y recursos en la reconstrucción de Libia.

Frente a las versiones que señalaban que las primeras reuniones internacionales se concentrarían en la distribución de contratos entre las empresas occidentales, para hacerse cargo de la reconstrucción de infraestructuras y de servicios libios una vez reinstalada la paz, el presidente francés salió a decir ayer que la prioridad es política: la Cumbre de París se abocará a una agenda de coordinación de políticas exteriores de los Estados convocados, para apoyar un camino viable al nuevo gobierno de los rebeldes insurgentes, y “evitar errores como en Irak”, según se lee en un comunicado difundido en el mediodía de ayer por el Palacio del Elíseo.

Sarkozy fue uno de los líderes más involucrados en la intervención internacional para apoyar la insurgencia civil en Libia contra la dictadura de Muhammar el Khaddafi, y puso muchas reservas frente a la solicitud del presidente Barack Obama de delegar el control de las operaciones en el mando militar de la Alianza Atlántica (OTAN); ahora que ha quedado claro que la OTAN no continuará con operaciones sobre el terreno en la posguerra, Francia intenta recuperar el protagonismo mediante su diplomacia. La embajada francesa en Trípoli es la primera legación consular extranjera que ha reabierto sus puertas.

De esta manera, la conferencia que se inaugura hoy en la capital gala intentará unir a la comunidad internacional detrás de las nuevas autoridades libias y determinar los aportes económicos para la reconstrucción; y favorecer la reconciliación nacional, para lo cual Sarkozy propugna la inclusión de responsables moderados del khaddafismo en el gobierno de transición.

Una tierra yerma

Políticamente, Libia es una tierra vacía. Las cuatro décadas de la dictadura de Khaddafi vaciaron las débiles instituciones que habían quedado del período poscolonial, y también los lazos tribales primigenios.

No hay cultura republicana ni democrática. No hay órganos públicos ni partidos políticos. Tampoco ninguna maquinaria electoral ni tribunales de justicia independientes.

No hay legislación, ni hay funcionando ninguna instancia colegiada para crearla en un plazo breve.

La prensa que existía hasta ahora era mero apéndice de la casa de gobierno, y la sociedad civil recién comienza a emerger como colectivo social medianamente estructurado.

Ante este escenario interno tan yermo, la responsabilidad global y el derecho internacional humanitario se presentan como imperiosas necesidades.

Hay que evitar que el vacío institucional repita un modelo totalitario. O, aún peor, que abra el caos de enfrentamientos entre facciones (regionales, tribales o religiosas) como el que ha llevado a Irak y a Afganistán a acercarse a “Estados fallidos” tras las guerras internas.

No queda otra que apostar por la ONU y la Cumbre de París.

N. G. S.

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