Archivo mensual: julio 2008

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Ingrid Betancourt después de la sorpresa y el festejo (17 07 08)

Publicado en La Voz del Interior, Opinión, pág. A-15, Córdoba, 17 de julio de 2008.

http://www2.lavoz.com.ar/08/07/17/secciones/opinion/nota.asp?nota_id=222668

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INGRID BETANCOURT

DESPUÉS DE LA SORPRESA Y EL FESTEJO

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Por Nelson Gustavo Specchia

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Tras siete años y cuatro meses enterrada en las inmensidades de la selva del Guaviare, el 2 de julio Ingrid Betancourt ha vuelto al mundo, y así como en los últimos años se había convertido en el símbolo de la sinrazón de unos métodos políticos de oprobio, en un par de semanas, en las que no ha abandonado la primera plana de los diarios de medio mundo, se ha erigido en un nuevo símbolo: el que anticipa, quizás, el inicio del fin de las Farc, el último de los movimientos armados que persisten en una América latina que afianza los regímenes democráticos formalizados.

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Pasados los primeros momentos, de una sorpresa genuina, de un muy razonable gozo social, y de la efusión mediática cercana al espectáculo de un ‘reality show’, creo que es necesario enfocar el análisis político internacional en –al menos- tres perspectivas que tendrán una incidencia profunda en el futuro de la región: en primer lugar, la evaluación crítica de los roles y posturas de los líderes latinoamericanos abiertamente enfrentados (hasta ahora, al menos, ya que estamos presenciando rápidos giros en algunos de ellos) a la gestión de Álvaro Uribe; en segundo lugar, la atención al papel de los actores extra regionales, especialmente del espacio que intentó ocupar el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y los alcances y continuidades de la alianza entre Colombia y los Estados Unidos. Por último, cómo incidirá la enorme aceptación del pueblo colombiano de la vía adoptada por la administración Uribe en la ‘Operación Jaque’, que coloca las mediciones positivas del presidente en torno al 90 por ciento, en la proyección de su continuidad en el poder, y en las estrategias que asumirán a partir de ahora las propias Farc.

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Ingrid Betancourt fue secuestrada el 23 de febrero de 2002, cuando se encontraba en campaña para competir por la presidencia de Colombia, y cuando decidió, bajo su propio riesgo, penetrar en una zona dominada por la guerrilla. Seis meses después, el 7 de agosto, Álvaro Uribe asumió la primera magistratura colombiana, y declaró que el firme objetivo de su gobierno sería combatir a la insurgencia armada de las Farc –que dominaban por entonces una porción sustantiva del territorio nacional- con las herramientas del Estado de derecho. La principal interpretación de esta estrategia del nuevo mandatario apuntó al reforzamiento de la alianza militar (especialmente en las áreas de tecnología e inteligencia) con el ejército norteamericano, al tiempo que tendió al desmantelamiento de las fuerzas paramilitares, desde las cuales se había combatido a la guerrilla por fuera de la legalidad institucional.

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La presión internacional para que Uribe negociara con las Farc (esto es, que renunciara a cualquier alternativa de vía militar en el rescate de rehenes) fue encabezada por el presidente francés. De alguna manera, Sarkozy se sumó, desde Europa, a la campaña constante de descalificación del mandatario colombiano, que en Sudamérica tuvo como principal vocero a Hugo Chávez en sus continuas andanadas verbales llenas de epítetos gruesos (llegando a la movilización de tropas hacia la frontera con Colombia, mediante una orden dictada al ejército desde su programa de televisión); a Evo Morales; y a Rafael Correa (en este caso, con la tensión agravada por la incursión militar colombiana en la frontera con Ecuador, que acabó con la muerte del comandante de las Farc Raúl Reyes, el 1 de marzo de este año). La Presidencia y la Cancillería argentina, por el contrario, mantuvieron una postura de atención responsable, involucrándose cuando le era requerido (Cristina Fernández envió al ex presidente Kirchner a la selva, en la fracasada operación de Chávez para rescatar al hijo pequeño de Clara Rojas), se censuró –junto al resto de América latina- la violación de la soberanía ecuatoriana, pero no se presionó indebidamente a la administración de Uribe, señalándole caminos posibles o indicándole vías prohibidas. Ese fue el papel que se adjudicó Sarkozy para sí mismo.

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Ya es innegable la predilección del presidente francés por las grandes puestas en escena que lo tengan a él como protagonista, y su insistencia ante Uribe para que no se contemplara ningún tipo de acción militar, sino que se tendiera a los ‘intercambios humanitarios’, llevaron a la postura francesa al borde de la injerencia impropia en los asuntos internos de otro Estado. Sarkozy estuvo detrás de la propuesta de Chávez para que las Farc fueran consideradas como parte beligerante –con status internacional- en lugar de grupo terrorista, y fue cediendo a la presión francesa que el gobierno colombiano liberó al comandante de las Farc Rodrigo Granda el 1 de junio de 2007. Al mismo tiempo, la senadora Piedad Córdoba daba señales a la guerrilla sobre la posibilidad de encontrar refugio en suelo francés, llegado el momento.

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Sarkozy comenzó su semestre como presidente de turno de la Unión Europea el 1 de julio, y planificaba utilizar este tiempo al frente de la organización continental para lograr un golpe de efecto en su estrategia de intercambios con la guerrilla, pero Uribe se le adelantó. Aún así, el presidente francés ha permanecido inmutable en el fracaso de su estrategia, y ante las cámaras se arroga el triunfo, nuevamente una puesta en escena: recibe a Ingrid en el Elíseo, besa su mano, le presta su médico.

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Frente a este aprovechamiento mediático del presidente Sarkozy, frente a los nuevos acomodamientos de Hugo Chávez (acaba de recomponer las relaciones con Colombia, llama ahora a Uribe su ‘hermano’, y convoca a la desmovilización de las Farc sin condiciones), o frente a las surrealistas conclusiones de Evo Morales (para quien el auténtico héroe de la liberación no es otro que Chávez), el presidente Álvaro Uribe se ha mostrado discreto, casi parco, respetuoso de la legalidad y de las formas democráticas. Por la buena salud republicana de América latina, esperemos que traslade esta actitud suya a las consideraciones sobre una nueva re-reelección presidencial, que violaría las disposiciones constitucionales aunque se intente legitimar en masivos índices de apoyo.

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El liderazgo de América latina requiere de buenos presidentes, no de supuestos buenos monarcas populares.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.