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Un heredero bien alimentado (23 12 11)

Un heredero bien alimentado

por Nelson Gustavo Specchia

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La vida y la historia se encargan de recordárnoslo a cada paso: no hay dictadores eternos, y hasta el más férreo, aislado y cerrado sistema termina horadado por las mismas fuerzas centrípetas que intentaron hacerlo inmune al mundo exterior. Parecía eterno, pero, claro, Kim Jong-il no lo era. Y habrá que ver cuánto más puede resistir el régimen de Corea del Norte cerrado a cal y canto. Muerto el “amado líder” –como se hacía llamar con desparpajo oriental- presumiblemente de un ataque al corazón, tras los múltiples achaques y dolencias que la afición al cognac añejo le habían dejado, todos los símbolos de la dictadura se orientaron a minimizar el golpe y a intentar seguir creyendo que la burbuja norcoreana puede permanecer indeleble al tiempo y al espacio circundante.

Demoraron la noticia de la muerte del dictador durante horas, hasta que la camarilla en el vértice de la pirámide tuvo todas las seguridades; recién entonces vistieron al segundo Kim con el uniforme caqui que usó durante 17 años y lo cubrieron con una sábana roja dentro de un ataúd de cristal. Sin una distinción, una charretera, un bastón de mando ni ningún otro símbolo externo de poder: la fascinación de los autócratas de otras partes del mundo por los entorchados, como los coloridos uniformes de Khaddafi o del ugandés Idi Amín Dadá, o la colección maniática de ribetes, cintas y medallas que llegó a atesorar el dominicano Rafael Leonidas Trujillo, en Oriente mutan por el silencio indumentario. Mao impuso la tendencia: a mayor concentración de poder, la liturgia comunista impone un vestido escueto, amorfo, demodé.

Además del vestido, la élite norcoreana también cuidó el aposento final del “amado líder”. El catafalco transparente con su cadáver fue depositado en el palacio Kumsunsan, donde también reposa el otro féretro venerado: el que contiene la momia de su padre, Kim Il-sung, fundador de la nominalmente República Popular Democrática de Corea, y de la dinastía que la viene gobernando desde el fin de la segunda Guerra Mundial y la expulsión de los invasores japoneses.

Y el tercer símbolo de que el quiebre de la muerte del jefe no implicará ningún cambio en el sistema llegó con el heredero. Respaldado por la Comisión Militar Central; por los líderes del Partido del Trabajo; por su tío Jang Song-taek; por el mariscal jefe del Alto Estado Mayor de las fuerzas armadas, Ri Yong-ho; y por su tía Kim Kyong-hui (la hermana del difunto, y única mujer general del Ejército), el rollizo Kim Jong-un, de 29 años, llegó a los pies de la urna de cristal y rindió un tributo que fue, al mismo tiempo, la señal de la continuidad del régimen en su persona. Por cierto, el joven Kim no ha hecho ni el servicio militar, pero ante los achaques de su padre, también él este año ha sido rápidamente ascendido a general.

UN PAÍS, UNA PECERA

Mientras miraba por los canales internacionales los ceremoniosos símbolos con que la casta gobernante intenta fijar la perpetuación del régimen, pensaba que la urna de cristal en que pusieron a Kim Jong-il también podría funcionar como metáfora del país entero. Una metáfora de aislamiento enfermizo, que ha llevado a que todo un pueblo permanezca, generación a generación, encerrado en una pecera, como hoy el cadáver de su autócrata. En el terreno de las cuentas largas de la historia, la política coreana se ha desarrollado en una tradición inmovilista. El rey Silla unificó las diversas tribus de la península hacia el año 676, y le imprimió desde aquellos tiempos fundacionales una vocación de cierre, de claustro. Durante más de cinco siglos, la dinastía Joseon (1392-1910) mantuvo esa idea de pureza que vendría del aislamiento, que llevó a los viajeros europeos de los siglos XVIII y XIX hablar de Corea como el “reino ermitaño”. El Imperio del Japón invadió la península en su programa expansivo, y la dominación invasora mantuvo el aislamiento durante los 35 años que duró. Tras la derrota del Eje, en la división del nuevo mundo bipolar que aparecía y que dominaría toda la segunda mitad del siglo XX, Roosevelt acordó con Stalin la partición de la península en dos áreas de influencia, cortadas por el paralelo de 38º: en el norte los soviéticos y en el sur los estadounidenses.

En la mitad comunista, el primero de los Kim se fue haciendo fuerte desde 1945, generó un grupo de militares afines, y cinco años más tarde lanzó un ataque al sector sur, para terminar con la artificial partición en dos mitades y reunificar el país bajo su mando. La reacción norteamericana, con el apoyo de las Naciones Unidas, internacionalizó el conflicto. Y apareció China, como el gran valedor del régimen del norte, una posición que sigue manteniendo hasta hoy. La Guerra de Corea (aquella que popularizó la serie M.A.S.H., con Alan Alda) fue la primera gran experiencia de la tensión que generaba el mundo dividido en dos polos antagónicos: la Guerra Fría, que impedía el enfrentamiento directo entre soviéticos y norteamericanos, se calentaba en los bordes de la periferia. Más de dos millones de muertos y tres años después, se terminaban las hostilidades (aunque no la guerra, ya que nunca se ha firmado un armisticio), y todo volvía al paralelo de 38º. Y nuevamente los coreanos (sólo los del norte, esta vez) a aislarse más y más del mundo.

La pecera de los Kim ha mantenido a ese pueblo (se calculan unos 25 millones de personas) ignorantes de lo que haya más allá de la frontera, con la única excepción de las novedades provenientes de China, el gigante vecino y amigo. La filosofía del trabajo y de la resignación son la moneda corriente, sólo hay un canal de televisión, apenas algunas radios (que deben conectarse a una única estación central para pasar los noticieros), y aún menos diarios y revistas. Obviamente, no hay acceso a Internet, y los teléfonos celulares –además de estar estrictamente prohibidos- no tienen cobertura.

Pero esa pecera, ese territorio casi de ficción, además pasa hambre. Porque los terrenos ricos para la agricultura quedaron al sur del paralelo de 38º.

HERENCIA DE HAMBRE

El cierre a cal y canto del régimen no sólo es una ignominia jurídica. Además del derecho internacional, la situación humanitaria de Corea del Norte es crítica. Y ya que empecé esta columna hablando de símbolos contradictorios, lo bien alimentado que aparece el heredero de la dinastía Kim, con sus cachetes llenos y sus kilos de sobrepeso, es una cruel afrenta para un pueblo que pasa hambre, literalmente. Organizaciones no gubernamentales, como Amnistía Internacional, llevan años denunciando que a las torturas y a las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el régimen de Pyongyang, se les suman las hambrunas crónicas como la principal causa de muerte en el país.

A principios de este mes de diciembre, Amnistía lanzó una campaña denunciando la existencia de seis campos de concentración en Corea del Norte, que alojan a más de 200.000 presos políticos, incluyendo niños, ya que la represión alcanza a toda la familia de los acusados. Los campos (oficialmente denominados “de reeducación”) son inmensas tumbas abiertas, donde han perecido más de 400.000 norcoreanos en los últimos 30 años, según un informe firmado en 2006 por el ex presidente checo Václav Havel. De una autoridad moral indiscutible, el dossier de Havel es una sucesión de narraciones de horror: de cómo el régimen mata a los presos de hambre, de cómo los torturan a golpes hasta que se le saltan los globos de los ojos, de cómo los utilizan para experimentos químicos en cámaras de gas, y otros detalles de tortura que serían poco creíbles inclusive en una novela de ficción.

La FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, calcula que desde mediados de los años noventa las hambrunas van matando a dos millones de norcoreanos, y entre este año y el que viene, otros cinco millones estarían en riesgo de grave escasez de comida.

Ese régimen es el que ha escenificado su continuidad contra cualquier alternativa de modificación, por mínima que fuera, en el libreto del aislamiento y la cerrazón. El presidente chino, Hu Jintao, siguiendo la tradicional línea estratégica de aseguramiento de fronteras del gigante asiático, se apresuró a saludar la llegada del gordo heredero Kim Jong-un, y de manifestar su respaldo a un gobierno presidido por él. Los norteamericanos no se atreverían a ir más allá de su apoyo al gobierno de Corea del Sur, con sus 28.000 “marines” estacionados en Seúl; se conforman con que Pyongyang acepte frenar su peligroso programa de enriquecimiento de uranio.

No hay dictadores eternos, pero por el momento, mientras los grandes juegan al TEG con los misiles y las fronteras, por debajo los coreanos seguirán muriendo de hambre, liderados por el gordo Kim.

 

[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 23 de diciembre de 2011]

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Presentación de “Tierra y Libertad”, fundación Hillel (02 11 11)

Fundación Hillel Córdoba
La Metro, miércoles 2 de noviembre de 2011

Presentación de “Tierra y Libertad”,

de Ken Loach

por Nelson G. Specchia

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Buenas tardes.

Es un placer estar con ustedes aquí esta noche, disfrutando de buen cine, y seguramente de un buen diálogo, en esta iniciativa de la Fundación Hillel de Córdoba, este ciclo de películas que, además del placer estético, nos despiertan interrogantes sobre las condiciones de convivencia con los demás; este ciclo que sus organizadores han denominado muy ajustadamente “El exterminio del otro”, y aprovecho para agradecer la deferencia de Luciano Griboff al invitarme a sumarme a esta actividad.

Muy ajustadamente, digo, porque precisamente de eso se trata, ese es el contexto del tema en general, y a través de un relato que es al mismo tiempo social y heroico, sentimental y moral, intimista y comunitario, también el tema de la película que acabamos de ver: anular al otro, y con él, al radical cuestionamiento que ese “otro” me impone a mí mismo, ante la negativa de la comprensión y del entendimiento. Una negativa, además, que ciertamente tiene elementos externos que la apoyan, pero que básicamente parte de una decisión subjetiva, interna: la decisión de no entender al otro, de no aceptar su diferencia y de no hacer el intento de convivir con ella es, precisamente, eso, una decisión.

Por eso al buscar, al indagar las causas de esos desencuentros extremos que terminan disparando el exterminio del otro, no hay que perder de vista este elemento, esta carga de subjetividad, de voluntad, de decisión personal, grupal, comunitaria –social, en definitiva- que está en el origen de la acumulación de condiciones que van a terminar desencadenando las tragedias del exterminio. No hay que perderlas de vista, digo, porque al ser subjetivas, productos de la voluntad, se puede trabajar sobre ellas, para cambiarlas, para modificar ese rumbo que, de ninguna manera, es inexorable.

La convivencia y la tolerancia son productos de la cultura, son conquistas de la cultura. Su sostenimiento y manutención, también. Por lo tanto, no podemos caer en el simplismo de achacarle su pérdida, cuando ocurre, solamente a condicionamientos externos, imposibles de controlar mediante la acción volitiva, tanto personal como del colectivo social. No: si se disminuyen, o inclusive se llegan a perder, esos niveles de convivencia y de tolerancia de las diferentes “otredades” que integran un agregado social en un tiempo y en un espacio determinado, la mayor responsabilidad no será de imposiciones forzadas desde fuera del colectivo social, sino a rigideces e incapacidades de la propia cultura, de la propia utilización de las herramientas, de los usos y costumbres de ese colectivo que todos integramos, para haber sostenido y defendido la legítima existencia del “otro”, con su radical carga de cuestionamientos a nuestra segura, cómoda y tranquila identidad.

Por esos solapamientos de la historia, esa partida de dados que a veces se juega en el tablero en el que vivimos, hoy los diarios traen la noticia del fallecimiento –ayer- de Fanny Jabcovsky, a sus jóvenes cien años. Fanny era cordobesa, había nacido en nuestra ciudad en febrero de 1911. De joven, dicen, era una belleza de mujer, inclusive seguía siendo una belleza arrugada y chiquita cuando ya soportaba un siglo sobre sus hombros. Fanny adoptó el apellido de su marido, Edelman, y con apenas 20 años se fue a España, a luchar por la República, en las Brigadas Internacionales contra el golpe de Estado encabezado por el general Francisco Franco, que había conducido a la Guerra Civil. Así que podemos ponerle su cara a uno de esos personajes ficticios que acabamos de ver en la película “Tierra y liberad” hace algunos minutos. Fanny fue una de esas jóvenes, bellas y llenas de vida, que lo dejaron todo y se cruzaron medio mundo para ir a jugarse la vida (y, en muchísimos casos, a perderla) en los páramos españoles, por un ideal político, por un ideal social, y por un ideal personal.

Esos ideales, como lo atestigua el arte (la poesía, las canciones republicanas, las decenas y decenas de novelas sobre esos trágicos años, o el cine, como la cinta de Ken Loach que acabamos de ver) estaban llenos de conceptos como igualdad, justicia, verdad, legalidad, lucha contra la opresión, oposición al fascismo, oposición a la concentración económica en pocas manos, fraternidad entre los hombres, comunitarismo, integración, respeto, horizontalidad… una larga, generosa y profunda lista de intenciones que, en su conjunto, prácticamente parecen reflejar la cara más amable del género humano. Lo mejor de lo que somos, o de lo que podríamos llega a ser.

Pero, paradojas de paradojas, esa gentil proposición de justicia y de verdad, se expresaba con un fusil en la mano, se expresaba matando. O sea, se articulaba exterminando al otro, no integrándolo.

Y aquí, a mi criterio, se encuentra uno de los hallazgos de la cinta de Loach. Porque utiliza, para mostrar esta paradoja, no el lugar más habitual y recurrido del enfrentamiento entre la resistencia –popular y anárquica- de los simpatizantes republicanos con las fuerzas –ordenadas y disciplinadas- del golpismo franquista, sino que se interna en un terreno mucho más pedregoso y antipático. Pero que por eso mismo también es más provocador para invitarnos a reflexionar sobre la voluntad de entendimiento y de aceptación del “otro”, como radical cuestionamiento de nosotros mismos. Ken Loach se mete con las intolerancias al interior de uno de los bandos. Del bando “bueno”, por lo demás. Y eso provoca una picazón tremenda, porque era el bando que esgrimía –y que encontraba su justificación- en aquella generosa y profunda lista de hermosas intenciones.

La Guerra Civil española debe ser uno de los acontecimientos bélicos, políticos y sociales más relevados y novelados de la historia contemporánea. Prácticamente no hay escritor peninsular (o, inclusive, entre los descendientes de aquella generación fuera de España) que no se vea impelido, en algún momento de su carrera, a escribir una página donde la Guerra Civil no se roce, aunque sea tangencialmente. Yo mismo lo he hecho en alguno de mis libros. Y cuando estuve viviendo allá, y tomé conciencia de este fenómeno, hice una pequeña investigación personal (nada rigurosa metodológicamente, por cierto, pero ilustrativa): intenté encontrar a alguien que no se viera a sí mismo ligado, de alguna manera, con la Guerra Civil. Y no lo encontré. Todos, independiente de su generación, condición social, procedencia geográfica, etcétera, pueden hacer alguna ligazón (directa, o familiar, o de amigos, o de conocidos cercanos) con algún evento relacionado con la Guerra Civil y con su consecuencia más rotunda: los cuarenta años de dictadura franquista, que se extendió hasta la muerte del generalísimo, en 1975.

En otra película (“Solos en la madrugada”, de José Luis Garci, de 1978), el personaje de locutor radiofónico que encarna José Sacristán se propone, y le propone a su audiencia, superar los debates que empantanaban en ese momento la Transición, y embarcarse de lleno en un nuevo proyecto de sociedad, en la España del futuro, porque, decía “no podemos perdernos los próximos 40 años hablando de los últimos 40 años”. Sin embargo, se equivocaba, o al menos su personaje era demasiado optimista. Porque la Guerra Civil ha sido tan tremenda, y su continuación en la Dictadura ha marcado tan en profundidad la cultura, que los españoles siguen hasta el día de hoy discutiendo y hablando de aquellos cuarenta años en que el “exterminio del otro” se hizo realidad, a pesar de los 36 años que lleva muerto Franco.

Pero es que todos los días aparece una nueva fosa común, llena de huesos de hombres, mujeres, sacerdotes, niños; cadáveres arrojados en pozos; nuevas controversias sobre la ubicación de los restos del poeta Federico García Lorca; discusiones sobre qué hacer con el faraónico mausoleo que el dictador se construyó como tumba, el Valle de los Caídos, levantado con trabajo esclavo de republicanos represaliados por el régimen. Políticamente, ni siquiera han podido terminar de consensuar un proyecto unificado de Ley de Memoria Histórica. Temas y temas de una agenda que se niega a clausurar un dolor cultural y general, porque ni un sólo español puede desentender de una relación personal –directa o indirecta, más cercana o más lejana- con el relato de aquel proyecto de exterminio.

Termino recuperando aquella idea inicial: el exterminio del otro, la negación de la radical “otredad” que su presencia simultánea a la nuestra nos impone, no es un fact, no es un designio histórico predestinado, sino un rumbo que es posible torcer. La cultura de la paz es una construcción inter-generacional, y trans-generacional. Una construcción de pasos cortos, de sumatoria de acciones pequeñas, acotadas pero permanentes, que faciliten y mantengan lubricados los canales de diálogo. De todos los diálogos.

Como esta ocasión, de reunirnos esta noche a hablar de una película.

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Muchas gracias.

“Mil años hace, y unas horas” (01 11 11)

Apenas unas horas

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por Pedro I. de Quesada

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Quien supuso que el intercambio de prisioneros entre Israel y los islamistas de Hamas presagiaba el inicio de un nuevo tiempo político, ha tenido al menos diez razones para comprobar su error durante el pasado fin de semana: una por cada muerte provocada por las escaramuzas entre árabes y judíos.

Apenas unas horas duró la fiesta del reencuentro entre los primeros 1.027 palestinos liberados por Israel a cambio del soldado Gilad Shalit, y la tregua de tiros.

Tel Aviv sostiene que “detectó actividad terrorista” en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, y ahí nomás envió a la aviación. Los bombardeos mataron a 10 palestinos, y otros 5 heridos siguen muy graves.

Todos eran militantes de las Brigadas de Al Quds, el brazo armado de la Yihad Islámica. Ideológicamente más cerrada que Hamas, la Yihad criticó las negociaciones de la milicia mayoritaria (y gobierno de Gaza) que llevaron al intercambio de prisioneros.

De inmediato, la lógica de represalias, a pesar de la atroz diferencia de fuerzas, se puso en funcionamiento, y los de Al Quds salieron en camionetas a lanzar proyectiles contra las poblaciones israelíes más cercanas (Ashdod, Gan Yavne, Eskhol y Ber Sheva), matando a uno de sus pobladores.

Apoyado en que Al Fatah intenta permanentemente desalentar cualquier actividad violenta contra los judíos, ya que –sostiene- sólo sirven para dar argumentos para endurecer la represión y levantar nuevos muros, Israel hace responsable a Hamas de “toda actividad terrorista”, en tanto autoridad de facto en la Franja.

Pero los palestinos liderados por Ismail Haniya también tienen las manos bastante sujetas: el éxito de la operación de intercambio de presos les ha dado ventaja frente al partido árabe rival de Al Fatah, gobierno en Cisjordania; pero esa posición negociadora (directa con Israel, sin pasar por las oficinas de la Autoridad Nacional Palestina de Mahmmoud Abbas) también los debilita frente a las agrupaciones islamistas más radicales, los milicianos de la Yihad.

La tregua de emergencia, pactada con la intervención del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias el sábado a la mañana, se quebró apenas unas horas más tarde con los cohetes caseros lanzados por gente de Al Quds, sin que Hamas pudiera hacer mucho: el velorio y entierro de diez milicianos abatidos por las bombas de la aviación israelí eran un argumento demasiado iracundo para frenar.

La sangrienta escaramuza del fin de semana, y la evidencia de las tensiones internas entre los partidos palestinos, vuelve a poner de relieve la importancia de sumar a Hamas como interlocutor en las negociaciones regionales.

El argumento de su exclusión sistemática de todas las mesas de diálogo por el “carácter terrorista” que los Estados Unidos y la Unión Europea le adjudican, sigue promoviendo el desarrollo de fuerzas internas más radicales.

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La larga sombra de Lula (16 10 11)

La larga sombra de Lula

El libro “Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula” analiza la influencia del ex presidente como transformador de la realidad política y social de su país.

Por Nelson Gustavo Specchia

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Brasil ha logrado una posición relativa de incidencia internacional que no deja de sorprender en el análisis global. La apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia del máximo órga­no multilateral a cargo de una mujer, 
con el discurso de la presidenta Dil­ma Rousseff, viene a expresar esa posi­ción de preeminencia en el concierto mundial.

Ese nuevo estatus del gigante suda­mericano tiene una marca de fábrica: las transformaciones diseñadas por Luiz Inácio Lula da Silva.

La experiencia política de Lula, y su impronta personal en la transformación brasilera, constituyen un evento sui generis para la historia y los modos políticos de América latina. Desde la revolucionaria llegada al poder de un obrero metalúrgico apenas alfabetizado; pasando por la reconversión del movimiento gremial del Partido de los Trabajadores en oficialismo de masas; hasta las reformas estructurales que consiguieron sacar de la miseria a 28 millones de personas, ampliar la clase media con 36 millones de nuevos miembros, y extender el mercado de trabajo con la creación de más de 15 millones de nuevos puestos laborales, fueron elementos constitutivos de una metodología novedosa, arriesgada y tremendamente eficaz.

Presencia global. En simultáneo, esa acción desarrollista y distributiva en el ámbito interno, se acompañaba con una presencia cada vez más importante en el ámbito internacional.

El protagonismo del Bric (con Rusia, India y China); el Ibsa (con India y Sudáfrica); el relanzamiento del Mercosur a partir de una nueva relación con Néstor Kirchner, con quien también ideó la Unasur; la incidencia en el G-20; el nuevo marco de las relaciones Sur-Sur; o las intenciones mediadoras junto al turco Recep Tayyip Erdogan ante al contencioso nuclear iraní de Mahmud Ahmadinejad, mostraron las intenciones de Lula de colocar a Brasil entre quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de intervenir activamente en las nuevas concepciones del regionalismo abierto y del derecho internacional humanitario de nuestra generación.

Estas dimensiones, en un conjunto variado de temas, integran el libro Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula , que la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) acaba de sacar a las librerías de la ciudad esta semana.

En los ensayos que integran el volumen, producto de las investigaciones del Observatorio de la Sociedad Internacional (Ovasi) que dirigimos en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, intentamos dar cuenta de los condicionantes que hubieron de modificarse para permitir la llegada de Lula a la cúspide del poder en Brasilia; de las maneras en que fue armando –y ensayando– una estrategia de cambio que mantuviera los consensos, provocaran auténticas modificaciones en la arquitectura social, pero no desequilibrara el juego institucional y representativo.

Árbitro regional. Asimismo, intentamos alguna proyección de esa experiencia tanto en el ámbito regional latinoamericano como 
en el propio futuro del líder brasileño. Porque la relevancia de Brasil no estará limitada, en América latina, al papel de locomotora económica del Mercosur, como muchos suponen.

Como quedó evidenciado en la reu­nión cumbre de Bariloche, convocada por Cristina Fernández para poner paños fríos a la cuestionada iniciativa colombiana de facilitar el uso exclusivo de sus bases militares a Estados Unidos; o en la intervención ante las regiones separatistas del Beni boliviano, Brasil asume progresivamente el rol de árbitro regional.

Un árbitro pacífico, claro. Pero no por ello Lula dejó de adquirir el mayor poder de armamento provisto a sus fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial. Armas, helicópteros, aviones de última generación y hasta submarinos nucleares, porque una potencia política y económica está obligada a respaldar con capacidad disuasoria sus intenciones de liderazgo y de arbitraje regional.

Dedicamos también algunos capítulos de nuestro libro a la proyección de la persona del propio Lula, porque el ex presidente ha tenido demasiado cuidado al elegir la ubicación desde la que vive este nuevo período: ni en el primer plano, que obstaculizaría el normal desempeño del ejecutivo de “Dilminha”, su discípula y heredera; pero tampoco en el ostracismo.

Está ahí. Lula está ahí, rondando. No aparecen fotos suyas en las portadas de los diarios, pero es consultado tanto por los funcionarios superiores del gobierno como por los líderes del Partido de los Trabajadores.

A Dilma Rousseff no le tiembla el pulso para echar a “lulistas” importantes de su gobierno, como los ya ex ministros Antonio Palocci, por pre­sunto enriquecimiento ilícito; Alfredo Nascimento, por corrupción; y hasta al mismísimo Nelson Jobin, por contradecirla en público. Los tres, dirigentes del riñón de Lula.

Pero la independencia de criterio de la presidenta respecto de su mentor no parece ser un obstáculo para que la presencia de Lula siga allí, plenamente vigente, mostrando su capacidad y predisposición para volver al centro de la escena en cualquier momento.

No creo que falte mucho tiempo antes de que volvamos a escuchar análisis sobre una eventual nueva candidatura presidencial de Luiz Inácio da Silva, ese Midas que logró convertir en popularidad casi todo lo que tocaba.

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* Profesor Titular de Política Internacional, Universidad Católica de Córdoba.

El libro

Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después
de Lula.

Nelson Gustavo Specchia (Ed.), et. al.
278 páginas.
Editorial de la Universidad Católica de Córdoba – Educc
Córdoba
2011.

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Ahora Netanyahu dice “bué, negociemos” (03 10 11)

Natanyahu apoya al “cuarteto” para frenar al Estado Palestino

La vuelta a la mesa de negociaciones fue rechazada por la OLP la semana pasada

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Ante la presión de la diplomacia estadounidense en las comisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que se encuentran analizando la petición de ingreso de un Estado Palestino soberano a la organización multilateral, el gobierno israelí anunció ayer su apoyo formal a la iniciativa de volver a las negociaciones directas.

La postura de Washington fue el argumento utilizado por el presidente Obama para no apoyar el petitorio palestino ante la Asamblea General, aduciendo que una paz duradera sólo podrá asegurarse cuando ambas comunidades lleguen a un acuerdo.

Y este principio fue encomendado al “cuarteto”, el frente de buenos oficios integrado por EE.UU., Rusia, la Unión Europea, y la ONU, cuya titularidad ejerce el británico Tony Blair.

La presión estadounidense podría estancar “sine die” la tramitación iniciada por el comité de admisiones del Consejo de Seguridad.

Pero la Administración Nacional Palestina (ANP), que dirige Mahmmoud Abbas, y la principal fuerza política de los territorios ocupados, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dejaron claro que no volverán a sentarse en una mesa de negociaciones mientras Israel no detenga la construcción de nuevos asentamientos para judíos en los territorios ocupados.

Precisamente, apenas unas horas después de que Abbas presentara su carta de solicitud de ingreso al secretario general de la ONU, Ban ki Moon, el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu anunciaba un nuevo plan de expansión de la colonización sobre los territorios tomados tras la guerra de los Seis Días, de 1967, con 1.100 nuevas viviendas en el sector oriental de Jerusalén, la zona árabe que los palestinos reivindican como futura capital de su Estado.

Desde Tel Aviv, Netanyahu aprovechó el comunicado de la OLP negándose a negociar con las excavadoras israelíes demoliendo casas palestinas y levantando nuevos edificios en Jerusalén Este, para declarar que su gobierno sí está dispuesto a aceptar una nueva ronda de negociaciones con los buenos oficios del “cuarteto”.

Los analistas sostenían ayer que sólo se trataría de un paso táctico, de mostrar una intención de diálogo, pero sin una consecución real, ya que la propuesta del “cuarteto” establece comenzar a negociar con los límites fijados por las Naciones Unidas en el original pacto de partición en dos Estados, o sea, las fronteras anteriores a la ocupación de 1967, un punto rechazado de plano por los israelíes.

La cuestión islamista

Mahmmoud Abbas, a quién los sectores populares palestinos llaman Abu Mazen, tiene que lidiar con varios frentes, y por ello el masivo respaldo de países en la ONU le dieron una bocanada de oxígeno a su política pacifista y legitimista.

Además de las posturas infranqueables del gobierno conservador israelí y del respaldo que éste tiene de Washington, Abbas debe integrar a los palestinos islamistas de Hamas, la otra rama política, que gobierna de facto en la Franja de Gaza.

Hamás ha anunciado que saluda la creación del Estado Palestino, pero sigue empeñado en no reconocer la existencia de Israel, a quien sólo consideran “potencia ocupante”.

Ismael Haniya, el líder de Hamas, volvió a reiterar este sábado que “no vamos a rogar por un Estado”, en cambio agregó que “la lucha nos mantendremos preparados” para seguir oponiendo resistencia al ejército israelí.

Esa posición es utilizada por Tel Aviv para desacreditar a Abbas como negociador.

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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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Los palestinos llegan a la Asamblea General (16 09 11)

El pedido de reconocimiento del Estado Palestino llega a la ONU

Mayoritaria aceptación mundial. Estados Unidos adelantó que vetará la decisión

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La dirigencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) parece haber llegado a la conclusión de que las promesas de apoyo formuladas por el presidente estadounidense Barack Obama han sido postergadas en las listas de prioridades, y han decidido impulsar el reconocimiento de su Estado ante la Asamblea General de la Naciones Unidas.

En oportunidad de la última campaña electoral, el entonces candidato del Partido Demócrata aseguró que la paz en Medio Oriente se aseguraría permitiendo que el pueblo palestino estableciera su entidad soberana, en pie de igualdad con los países de la región, y que ese resultado sería consecuencia de las negociaciones de paz con Israel.

Luego, en los primeros tramos de su Administración, Barack Obama delineó los principales capítulos de su agenda exterior en el discurso en la Universidad Islámica de Al Azhar, el 4 de junio de 2009 en El Cairo. Allí remarcó que los Estados Unidos pretendían establecer un marco de cooperación con los países islámicos, donde se ubicó el apoyo a la soberanía de los palestinos, que se mantienen en un limbo jurídico desde la creación del Estado de Israel y la ocupación de su ejército de los territorios que las Naciones Unidas habían determinado para la comunidad árabe en las tierras entre el Mediterráneo y el río Jordán.

Pero, a pesar de estas posturas del jefe de la Casa Blanca, el fuerte lobby judío de Washington y la intransigencia del actual gobierno conservador israelí presidido por Benjamín Netanyahu fueron frustrando los sucesivos intentos de reanudación de las conversaciones entre ambas partes bajo el auspicio de los estadounidenses.

La coalición de partidos conservadores que ocupa el Poder Ejecutivo en Israel se permitió inclusive algún sonado desplante, como el de anunciar la construcción de nuevos asentamientos en los territorios ocupados el mismo día en que el vicepresidente norteamericano Joe Biden aterrizaba en Tel Aviv para respaldar el proceso de paz.

La compleja situación de la retirada de las guerras en Irak y en Afganistán también desplazó la cuestión palestina de la agenda del Departamento de Estado, y la “primavera árabe” iniciada en enero de este año en el Norte de África, junto a la participación de la OTAN en el derrocamiento del régimen libio de Muhammar el Khaddafi, terminaron dejando el contencioso fuera de trámite.

Ante este escenario, el jefe de la ANP, Mahmmoud Abbas, desde los cuarteles provisorios de Ramallah (la “Mukata”) lanzó una ofensiva diplomática, para presentar la solicitud directamente ante la Asamblea General del mayor organismo multilateral del mundo, que habilitará sus sesiones ordinarias la próxima semana.

La respuesta internacional al reclamo palestino encontró gran eco, y son muchos los países que comprometieron su voto positivo si la demanda de los árabes es presentada.

Esa reacción, a su vez, provocó la indignación del gobierno israelí, tanto en las declaraciones del primer ministro como del canciller Avigdor Lieberman. En un cambio de roles, Lieberman acusó a los palestinos de querer un Estado propio “limpio de judíos”, y advirtió sobre “consecuencias graves y difíciles” si los palestinos concretan su movimiento.

El importante lobby judío de Washington también reaccionó presionando a la Casa Blanca, y el presidente Obama declaró que la presentación ante la ONU, sin un acuerdo previo con el Estado de Israel, sería “extemporáneo”.

Estados Unidos no tiene capacidad para frenar una proposición de este tipo en el pleno de la Asamblea, pero Obama advirtió que, si llega a darse, Estados Unidos utilizará su poder de veto en el Consejo de Seguridad para frenar la aceptación del Estado Palestino como miembro pleno.

En todo caso, la diplomacia norteamericana estaba ayer realizando gestiones de última hora para intentar disuadir a los árabes: el emisario de Obama para Medio Oriente, David Hale, y el consejero especial del presidente, Dennis Ross, estaban en Ramallah para reunirse con Abbas.

Desde la Mukata, en todo caso, confirmaron que el pedido de membresía plena sigue adelante.

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Esa vieja Agencia pirata… (06 09 11)

Los vuelos secretos de la CIA siguen pasando factura en Europa

Critican la permisividad de los gobiernos con la inteligencia norteamericana    

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Los vuelos secretos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) estadounidense siguen provocando roces políticos en Europa.

Los vuelos, con su pasaje de supuestos terroristas islámicos secuestrados, debían necesariamente repostar y para ello utilizaron aeropuertos y bases en países europeos.

Al tomar tierra –y la utilización del espacio aéreo- con personas detenidas en violación a las leyes y a los tratados internacionales, convierten en cómplices de facto de esa violación a las administraciones gubernamentales que, con conocimiento de la acción, la hubieran permitido.

En la víspera, además de este debate, vino a agregarse una intimación del máximo funcionario europeo de Derechos Humanos, que emplazó a Polonia, Rumania y Lituania a dar explicaciones sobre la supuesta existencia de centros de interrogatorios de la CIA en sus territorios.

El derecho comunitario europeo tiene rango de ley superior y es de cumplimiento obligatorio por parte de los Estados-Miembros de la Unión Europea (UE), y en el caso de que se comprueben las denuncias acerca de que estos países permitieron la instalación de oficinas de interrogatorios para los espías estadounidenses, en el marco de la “guerra contra el terrorismo” declarada por el ex presidente George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001, la violación del derecho comunitario sería flagrante.

Según el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, los agentes de inteligencia norteamericano habrían utilizado centros de detención de alta seguridad para proceder a “interrogatorios reforzados” contra presuntos terroristas.

En esos centros de detención no oficiales, denominados “sitios negros”, se habrían practicado interrogatorios con técnicas de tortura, como el “submarino” (ahogamiento del detenido en agua hasta el límite de su resistencia física), tal como ha podido comprobarse fehacientemente en otras instalaciones de interrogación y detención ilegales, como Abu Graib y Guantánamo.

Hammarberg sostuvo ayer en Estrasburgo que, según las investigaciones de su oficina, respaldadas por documentos oficiales desclasificados, hasta el momento ha logrado comprobar la existencia de “sitios negros” en siete lugares diferentes en el mundo, y “una parte de esas actividades, con graves consecuencias para los derechos humanos, se desarrollaron en países europeos”, concluyó.

El comisario sospecha que en Polonia se abrió un centro en 2002; en Bucarest otro en 2003; y un tercero en Lituania.

Ninguno de ellos podría haber funcionado sin el consentimiento de las respectivas autoridades gubernamentales.

 

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Negro petroleo, verdes billetes (30 08 11)

Comienzan las disputas por la reconstrucción Libia

El cerco sobre Sirte alarga la guerra y Khaddafi sigue en paradero desconocido   

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TRÍPOLI.- Algunos focos de entrentamientos entre insurgentes y leales al coronel Muhammar el Khaddafi se mantienen aún en la capital, y el cerco a la ciudad de Sirte –cuna de la tribu de los khaddafa y posible lugar de refugio del ex dictador- alarga la guerra en Libia.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reunida en Qatar, sostuvo ayer que la campaña aérea debe continuar en apoyo a los rebeldes, porque la guerra no habrá terminado hasta que Khaddafi no entregue el poder.

Sin embargo, las empresas occidentales, especialmente las grandes firmas europeas, ya han comenzado a pujar por los contratos para la reconstrucción, que con seguridad serán financiados por los fondos emergentes de la exportación petrolera.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que pugnó con más énfasis insertar a su país en el conflicto libio en apoyo del Consejo Nacional de Transición (CNT) establecido en la mitad oriental de Libia, ya anunció la semana pasada que promoverá una conferencia internacional en París para apoyar el inicio de la reconstrucción del país tras la guerra.

Un proceso que implicará la remodelación de grandes obras públicas y edilicias, así como de infraestructura para recomponer la prestación de servicios; en todos los casos serán negocios millonarios, y no solo los empresarios, sino también los gobiernos europeos han comenzado una carrera por obtener porcentajes sustantivos de ellos con el nuevo gobierno.

Italia, uno de los países que mantenía lazos económicos muy estrechos con el régimen de Khaddafi, intentará mantener la posición dominante de su empresa petrolera, ENI, que con el coronel Muhammar el Khaddafi manejaba el 15 por ciento de la producción de crudo libio.

Francia, que tras el empuje de Sarkozy por entrar en la guerra fue también el primer país en reconocer la representación gubernamental de los rebeldes del CNT, ya ha reabierto su embajada en Trípoli, y seguramente París ofrecerá su industria armamentista para rearmar al nuevo país una vez reestablecida la paz.

Pero también están los chinos, británicos, rusos y norteamericanos, que pugnarán por las empresas de sus respectivos paíoses.

El gobierno provisional está abocado, además de negociar para que Occidente desbloquée los fondos retenidos en los bancos, en restablecer la producción petrolera, el único ingreso en concepto de exportaciones de Libia, y que con el conflicto civil de los últimos meses prácticamente se ha detenido.

Denuncia africana

La Unión Africana protestó ayer por las matanzas de castigo que los rebeldes que desde la medianoche del sábado pasado ocupan la capital de Libia estrían realizando sobre los milicianos leales al depuesto régimen del coronel Khaddafi.

Muchos de los soldados incorporados al ejército regular, y que han estado en la defensa de Trípoli, son mercenarios contratados en los países subsaharianos, de raza negra, y la Unión Africana sostiene que los insurgentes que ahora dominan la ciudad están “matando indiscriminadamente” a negros, al confundir a los inmigrantes con mercenarios.

En el caos de la capital ocupada es muy difícil contrastar la denuncia de la organización, antes muy cercana al gobierno de Khaddafi, pero imágenes de prensa mostraron a decenas de cadáveres abandonados en las calles y las plazas de Trípoli, generalmente hombres de raza negra, y muchos de ellos con las manos atadas en la espalda.

Cerco sobre Sirte

La fase final de la guerra libia se pelea en Sirte, hacia donde las tropas rebeldes siguen avanzando –desde Trípoli y desde Bengazi- mientras los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) continuó ayer con los bombardeos, por tercer día consecutivo.

Según las fuentes del CNT, siguen las negociaciones con los grupos leales al coronel Muhammar el Khaddafi –al que se supone oculto entre las familias de su tribu en la ciudad sitiada- para lograr una rendición pacífica del antiguo puerto pesquero, donde Khaddafi nació en 1942.

Otras versiones que circulaban en la víspera indicaban que el ex mandatario ya habría dejado Libia rumbo al exilio, en Argelia, donde ayer llegaron su esposa, junto a sus hijos Hannibal, Mohammed, y Aisha, según informó la Cancillería argelina.

Argelia es uno de los pocos países de la región que no ha reconocido al nuevo gobierno del CNT.

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Aún combaten en Trípoli (25 08 11)

Aún combaten en Trípoli

Khaddafi llama a resistir la “invasión”. Estados Unidos planea liberar los fondos retenidos en bancos occidentales. China se acerca a los rebeldes. Aumentan los focos puntuales de combate urbano en la capital

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Finalmente apareció el coronel Muhammar el Khaddafi, aunque no en persona, sino a través de un nuevo comunicado grabado, a través del cual volvió a convocar a las tropas leales al régimen, y a “todas las tribus libias” a resistir la avanzada insurgente y a “limpiar de demonios y traidores” la capital.

Si bien lentamente los rebeldes ocupan los núcleos estratégicos de Trípoli, ayer, en la cuarta jornada de la batalla por el control de la ciudad, pudieron verificarse nuevos focos de combate, apoyados por grupos aislados de soldados regulares y por francotiradores afines al depuesto régimen autocrático.

Junto al contraataque oficialista en diversos barrios de la periferia, el complejo presidencial de Bab al Aziziya, residencia del propio mandatario que fuera tomada por los rebeldes en la víspera, sufrió el bombardeo de piezas de mortero lanzadas por secciones del ejército regular.

En un combate discursivo que no mengua, el coronel Khaddafi había hecho circular que su salida del bunker, donde se sospecha que estuvo durante las primera horas del avance rebelde sobre la ciudad, había sido “una retirada táctica”, y que la ordenada estrategia militar insurgente, que copó la capital en el breve lapso de 48 horas, en realidad había respondido a una “emboscada” para terminar de una vez con el alzamiento opositor.

Sin embargo, en la víspera pudo constatarse que la fuerza del contraataque gubernamental, si bien puede prolongar durante un tiempo difícil de calcular el fin efectivo del régimen, no es suficiente para retrotraer la situación a cómo estaba antes de la noche del sábado, donde cada facción controlaba una porción del territorio libio.

Además, y a pesar de los mensajes grabados en los que manifiesta estar controlando el rumbo de las acciones militares, el coronel Khaddafi se encuentra cada hora que pasa más aislado regional e internacionalmente.

La participación de la Liga Árabe ha sido determinante en el control de Trípoli, y las cancillerías de los principales países occidentales ya han reconocido la “legítima representación” de Libia en el Consejo Nacional de Transición (CNT); ayer, además, se sumó la postura de China.

El vocero de la cancillería de la República Popular China, Ma Zhaoxu, expresó el apoyo de su país al CNT y al “nuevo gobierno”, asegurando que Pekín “respeta la elección del pueblo libio y confía en que se produzca una transición de poder estable. Siempre hemos dado relevancia al importante papel del Consejo Nacional de Transición, y esperamos que el nuevo gobierno restablezca el orden social tan pronto como sea posible”, concluyó.

China, que se abstuvo de votar la resolución que habilitó la intervención internacional en Libia, y que había criticado el rol de la OTAN en el apoyo a la insurgencia asentada en Bengazi, era la última potencia de importancia sin fijar una postura sobre la caída del régimen de Khaddafi. Ahora sólo resta Túnez –que por cercanía geográfica duda de tomar partido- y Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez volvió a ratificar ayer que su país “solo reconoce un gobierno libio, el del coronel Khaddafi”.

La OTAN, por su parte, comenzó a trabajar en Bruselas, sede de la Unión Europea (UE), en las hipótesis de reconstrucción nacional del país norafricano una vez agotada la guerra, tras la cual la organización de defensa “no tendrá ninguna presencia militar sostenida en el tiempo”, aseguraron voceros de la Alianza Atlántica en Europa.

El día después

Dando muestras de que el conflicto en Libia ha puesto a prueba una nueva manera de reaccionar de la comunidad internacional frente a conflictos internos con riesgo humanitario, las potencias, junto a los países centrales, las organizaciones regionales y las Naciones Unidas se involucran cada día más en sostener al país norafricano, para que la salida de la guerra civil no implique la caída en un “Estado fallido”.

El presidente Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que apoyó más resueltamente la inclusión de Francia en apoyo a los rebeldes (fue el primero en reconocer al CNT), confirmó que convocará en París a una conferencia mundial para apoyar la reconstrucción, bajo la coordinación de los líderes rebeldes.

El británico David Cameron está aunando posturas con el premier canadiense, Stephen Harper, y el presidente Barack Obama anunció que liberarán los fondos de Khaddafi retenidos en los bancos de Occidente, postura compartida también por Alemania e Italia.

El secretario de la ONU, Ban ki Moon, iniciará las consultas de la organización para legitimar en conjunto al nuevo gobierno libio.

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