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¿Hay riesgo de guerra nuclear en Medio Oriente? (11 11 11)

¿Hay riesgo de guerra nuclear en Medio Oriente?

por Nelson Gustavo Specchia

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La anécdota está en todos los diarios franceses: en la reciente cumbre del G-20 en Cannes, mientras esperaban el inicio de una conferencia conjunta, Nicolas Sarkozy conversaba con su colega Barack Obama sin saber que los micrófonos de los traductores ya se habían abierto. El objeto de la conversación privada entre los líderes era el premier israelí, Benjamín Netanyahu: “Estoy harto de él, no puedo ni verlo, es un mentiroso”, le dice Sarkozy; a lo que el americano contesta: “Si vos estas harto, imagínate yo, que debo tratar con él todos los días”. Los cambios de posición luego de haberse comprometido, los dobles raseros y la ambigüedad de sus promesas son, efectivamente, características que se mencionan hace tiempo del jefe del gobierno de Israel, y generalmente se han adjudicado a los equilibrios que debe hacer entre los sectores ortodoxos que integran su coalición, y las presiones –especialmente de su valedor, los Estados Unidos- para que atempere los impulsos de la derecha judía respecto del tema palestino y de los demás vecinos árabes. Pero, más allá de las censuras morales sobre la utilización de los dobles discursos en el juego político y del hastío y confusión que esas maniobras provocan entre sus pares, hay un conjunto de certezas en la postura del primer ministro israelí que no deja lugar a dudas. Entre éstas, su idea fija con Irán está en los primeros puestos. Desde que ocupara el Ejecutivo israelí por primera vez (entre 1996 y 1999), desde la conducción del Likud en la oposición luego, desde su cartera ministerial en el gabinete de Ariel Sharon, y desde su vuelta a la jefatura del gobierno en 2009, Bibi Netanyahu ha sostenido machaconamente que los planes nucleares de la República Islámica de Irán constituyen el principal riesgo externo del Estado de Israel, y que la única manera de conjurar ese peligro es atacando al régimen de los ayatollahs y destruyendo su camino hacia la bomba atómica.

Las acciones exteriores de la aviación judía contra supuestas plantas nucleares en la región registran antecedentes fuertes, como para no tomar a la ligera los planes de Netanyahu. En 1981, Israel bombardeó el reactor nuclear Osirak, diseñado por ingenieros franceses –quienes proveyeron también el uranio enriquecido que utilizaba- y construido en el centro nuclear Al Tuwaitha, cerca de Bagdad. Y el 6 de septiembre de 2007, Israel lanzó un ataque aéreo sobre Siria, para destruir lo que la inteligencia israelí consideró un reactor nuclear en construcción, que el régimen de los Al Assad habría estado construyendo con asistencia de Corea del Norte.

AMENAZAS NADA VELADAS

La retórica bélica constituye un dato cotidiano, tanto en Tel Aviv como en Teherán. Pero a esa manera ya regular de componer el discurso político, en las últimas semanas se han agregado algunos datos preocupantes, que hacen que aquellas veladas amenazas contra el vecino cobren corporeidad. Primero fue la denuncia de Washington, de que algunos sectores de los “halcones” del gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad –la rama de los Al Quds de los Guardianes de la Revolución- estaban detrás de un confuso y novelesco complot para eliminar en los Estados Unidos al embajador saudita, Adel al Jubeir. Y menos de un mes después del supuesto complot, aparece el nuevo informe del Organismo de las Naciones Unidas para la Energía Atómica (OIEA), hecho público en Viena esta semana, donde se afirma que Irán está a las puertas de conseguir el arma nuclear, con un diseño propio, armado a partir de la compra de información y documentación a una red clandestina de material atómico. Según los técnicos del OIEA, las dimensiones militares del programa nuclear iraní ya son inocultables, desde el momento que, por ejemplo, incluye experimentos con explosivos especiales o el desarrollo de detonadores.

En este contexto, el discurso de Bibi Netanyahu a los altos mandos del Ejército israelí adquiere otra dimensión a la habitual retórica guerrera. En Tel Aviv, el diario Haaretz aseguró que Bibi ya cuenta con el apoyo a sus planes de ataque del cauteloso ministro de Defensa, Ehud Barak, además del siempre dispuesto a la guerra canciller Avigdor Lieberman. Entre los tres intentan convencer a los jefes del Ejército y de los servicios de inteligencia, quienes, según el mismo diario, de momento se opondrían. La reticencia del alto mando de las Fuerzas Armadas judías pasaría por la oposición de los Estados Unidos a apoyar una acción en ese sentido, y la advertencia pública de la OTAN, que ha manifestado que no tiene intención de intervenir en el conflicto.

Pero ninguna de esas posiciones puede considerarse definitiva, y entonces la pregunta que se ha instalado es si Israel –de quien se calcula posee unas 200 cabezas nucleares capaces de instalar en misiles de largo alcance- estaría dispuesto a lanzar un ataque en solitario a la República Islámica de Irán. Si esa pregunta se resuelve afirmativamente, como parece ser el caso, si las anunciadas represalias del régimen teocrático iraní instalarían un escenario de guerra nuclear en Medio Oriente. En ese extremo, de ninguna manera los Estados Unidos podrían permanecer al margen. ¿Estaría dispuesto Barack Obama a liderar una guerra atómica en el corazón del mundo árabe?

SEÑALES INSUFICIENTES

Sin embargo, y a pesar del escenario pesimista, yo considero que no hay elementos suficientes como para concluir que la coyuntura empujará a un nuevo conflicto armado a gran escala, al menos en el corto plazo. Esas señales que, a pesar de su presentación pública, dan espacio a la esperanza del mantenimiento de la paz, pasan por: (1) el peso de los informes multilaterales; (2) la relación de fuerzas entre las potencias; y (3) por la desestabilización global que una acción militar regional acarrearía.

En cuanto a los informes, aunque haya sido tan espectacular y mediático, el texto de la OIEA en realidad no aporta demasiados elementos nuevos, y vuelve a inscribirse en el largo tira y afloje que la agencia de la ONU tiene con Irán desde antes aún de la instalación del régimen de los ayatollahs, cuando el Shah de Persia, Mohammed Reza Pahlevi lanzó en los años ’70 un programa atómico para llegar a la bomba. La OIEA dice ahora, en el tan mentado informe, que Irán “tuvo” un programa de armas nucleares antes de 2003, lo que es obvio, y sólo agrega que “algunas actividades relevantes para la construcción de un dispositivo explosivo nuclear continuaron después de 2003, y alguna podría estar aún en marcha”. Una suposición demasiado vaga como para que constituya “casus belli”.

Respecto de las potencias, el tándem Nicolas Sarkozy-David Cameron ya ha salido a pedir una ampliación de las sanciones contra Irán por la vía del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El mismo paso que dieron –también a dúo- en relación a Libia, hace apenas unos meses. Pero ahora no será tan lineal: Rusia ya ha advertido que los resultados del informe de la OIEA no aporta datos concluyentes, y China –con el entramado comercial creciente que mantiene con Teherán- es un voto negativo seguro. Ambos gigantes, se recordará, tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad, esa vía está cerrada por el momento.

Y en lo que hace a la desestabilización regional, un ataque como el que Bibi clama contra las instalaciones iraníes no se compararía con las incursiones realizadas contra Irak y Siria en el pasado. Irán está mucho más preparado que Saddam Hussein y que Bachar el Assad, aquí no alcanzará un ataque puntual de la aviación israelí, sino que se requerirá un plan de ataque vasto y prolongado –más de un mes, seguramente- con consecuencias imprevisibles e inmanejables (entre ellas, que Irán saldría legitimado para armarse con la bomba atómica, después de haber sido atacado en su suelo). Y no hay, me parece, posibilidades de que Barack Obama, con la economía estadounidense en recesión y la carrera hacia la reelección presidencial ya comenzada, se implique en una aventura de ese tamaño, cuando a duras penas está logrando cerrar el capítulo de Irak y Afganistán, las dos guerras más largas y más caras de la historia americana.

De momento, considero que no habrá guerra; lo que no quiere decir que la tensión –especialmente la verbal- vaya a disminuir. Pero Bibi, en definitiva, es un mentiroso.

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[ Columna “Periscopio” –  Diario Hoy Día Córdoba – viernes 11 de septiembre de 2011]
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Berlusconi ahogado por una catarata de votos (13 06 11)

 Catarata de votos en contra

Contundente victoria de la oposición en el plebiscito italiano. Silvio Berlusconi admitió la derrota en la consulta nuclear aún antes de que cerrara la jornada electoral. El castigo de las urnas se suma a la debacle en las municipales, y anuncia un fin de ciclo de la derecha en el gobierno.     

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ROMA.- El primer ministro conservador italiano, Silvio Berlusconi, maniobró ante la justicia para tratar de impedir, hasta último momento, la celebración de la consulta plebiscitaria convocada por el partido opositor de Italia de los Valores, porque intuía que los resultados implicarían un nuevo voto de censura contra su Administración, que transita por una crisis en varios frentes.

Sin embargo, ni siquiera los analistas políticos cercanos al izquierdista Partido Democrático habían previsto una contundencia como la que teminaron registrando los resultados de la consulta, desarrollada en la península durante el domingo y lunes pasados, y por los italianos en el extranjero por vía postal la semana anterior.

El plebiscito planteó cuatro preguntas a la ciudadanía, acerca de la políca nuclear, la privatización de recursos hídricos, y la posibilidad extraordinaria de inmunidad penal para el presidente de Consejo de Ministros.

El padrón de votantes se integraba por más de 47 millones de italianos, y para que su resultado sea vinculante y obligue a la anulación de las leyes ya aprobadas por el Parlamento, requería un porcentaje de la mitad de ese padrón, más un voto. Por ello las asociaciones de ecologistas y ambientalistas, muy comprometidas con la cuestión nuclear, movilizaron porciones del electorado tradicionalmente reacias a asistir a las mesas de votación, y las dos jornadas plebiscitarias terminaron registrando un record de asistentes, un 57 por ciento, un número de votantes que no se alcanzaba desde 1995 y que, por cierto, supera el quorum requerido de la mitad de las listas de empadronados.

Y más del 95 por ciento de los electores se manifestaron a favor de derogar las cuatro leyes sobre las que versaba el plebiscito.

Después de su fracaso en el intento de frenar la consulta en los tribunales, el primer ministro intentó quitarle protagonismo; anunció que él no iría a votar, y lo mismo hizo su principal aliado, Umberto Bossi, líder de la secesionista Liga Norte padana. La presión de ambos dirigentes influyó en los sectores de derecha, pero el tema nuclear, uno de los puntos centrales del plebiscito, se ha mostrado como transversal a las posiciones ideológicas.

Italia ya rechazó, en un referéndum similar a este, la instalación de centrales atómicas en 1987, tras el accidente de la central ucraniana de Chernobil; pero a principios de este año Berlusconi volvió a poner el tema en agenda, y anunció que su gobierno impulsaría la energía nuclear.

Con el desastre japonés de Fukushima, dañada por el tsunami de marzo pasado, el gobierno emitió un decreto suspendiendo el programa de reinstalación de centrales atómicas por dos años, pero no logró detener la masiva participación popular en la consulta finalizada ayer.

A media tarde, antes aún de que cerraran los colegios electorales, Berlusconi –que estaba acompañado por el premier israelí, Benjamín Netanyahu, de visita en Italia- admitió que el resultado seguramente sería adverso, y sostuvo que la voluntad ciudadana “no puede ser ignorada”, en lo que fue considerado como un adelanto de la decisión de abandonar el plan nuclear italiano.

El contexto europeo, además, acompaña esta decisión popular. Italia es el único país grande de Europa que no dispone de usinas atómicas, y Alemania, que posee 17 reactores, anunció la semana pasada que los apagará todos en forma definitiva antes de 2022.

Un paso hacia la normalidad

Más allá de las lecturas optimistas realizadas por la izquierda italiana al calor de los resultados del plebiscito, la contundencia de los resultados parecen mostrar el hastío de los italianos por un tiempo político que, a pesar de su larga extensión de más de una década, siempre se ha presentado como excepcional.

Las leyes sancionadas “a medida” del premier, los escándalos sexuales, los juicios por abuso de autoridad, el tráfico descarado de influencias, las posturas antieuropeas respecto del Espacio Schengen, el trato a las minorías –como los gitanos y los inmigrantes norafricanos-, las relaciones con la mafia de la basura en Nápoles, el maltrato misógino y sexista a las mujeres, y la corruptela generalizada en los negocios con el gobierno, han terminado por hartar a una ciudadanía ávida de mayores grados de normalidad institucional.

Eso explicaría una inédita participación del 55,8 por ciento, y la abrumadora mayoría de más del 95 por ciento de votos por el “sí”, que se convirtieron en un enorme “no” a la persona y al partido de Silvio Berlusconi.

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nelson.specchia@gmail.com

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Berlusconi a plebiscito: Golpe a golpe (10 06 11)

Italia acude a limitar al gobierno por vía plebiscitaria

Consulta vinculante sobre los temas más críticos para Silvio Berlusconi

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Durante el domingo y el lunes próximos la ciudadanía italiana, tanto en la península como en el extranjero, está convocada a un plebiscito, alentado por la oposición y resistido por el gobierno conservador del primer ministro Silvio Berlusconi.

El Ejecutivo de Berlusconi intentó hasta último momento detener la consulta popular sobre temas críticos de su Administración, pero ayer el Tribunal Supremo, máxima instancia jurisdiccional italiana, dio vía libre a la celebración de la consulta, al rechazar la moción presentada por el gobierno.

Las cuatro preguntas que serán sometidas al juicio ciudadano, si obtienen al menos el 50 por ciento del total del padrón, obligarán a anular leyes aprobadas por el Parlamento, y que tienen incidencia en la política nuclear italiana; la privatización de la gestión de los acueductos y de los recursos hídricos; y la denominada ley de “legítimo impedimento”, una de las normas diseñadas “a medida” para Berlusconi, que permite al presidente del Consejo de Ministros invocar tareas de gobierno para no asistir a los procesos penales que lo involucren.

El plebiscito fue impulsado por la oposición de izquierda del partido Italia de los Valores, al que se sumaron los ecologistas y ambientalistas. Así, el plebiscito que intentaba capitalizar la debacle electoral de la derecha en las recientes elecciones municipales de Milán y otras ciudades, ha terminado convirtiéndose en el más fuerte cuestionamiento a la política nuclear de la Administración Berlusconi.

Italia es uno de los pocos países grandes de Europa sin una estrategia nuclear, y el premier conservador se propuso iniciar la construcción de centrales atómicas para la producción de energía.

Después del desastre de la central de Fukushima, afectada por el tsunami de marzo pasado, el gobierno de Roma suspendió el plan nuclear durante un tiempo.

Pero el plebiscito del domingo y lunes intentará frenar la ley por completo, apenas una semana después que la Canciller Ángela Merkel anunciara que Alemania apagará definitivamente sus centrales nucleares antes de 2022.

Golpe a golpe

Berlusconi pasa un complicado momento, tras la contundente derrota en las elecciones municipales, y las críticas tras la debacle electoral de su principal aliado, la Liga Norte, de Umberto Bossi.

Ahora, además, la oposición del Partido Democrático, la gran vencedora en esos comicios, ha encontrado la oportunidad que le brinda la consulta plebiscitaria para dar un nuevo golpe a la alicaída popularidad del premier, rodeado también de escándalos y con cuatro juicios abiertos en contra.

Berlusconi intentó frenar la iniciativa en los tribunales, pero fracasó, y el tema nuclear es un gran motivador, por lo que se espera una concurrencia masiva a las urnas.

Italia ya rechazó por plebiscito la instalación de centrales atómicas tras el accidente de Chernobil, en 1986, y es muy probable que ese resultado se repita ahora. Para que el resultado sea vinculante se necesita al menos la mitad del padrón, unos 25 millones de votos.

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nelson.specchia@gmail.com

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Merkel apaga las centrales nucleares (03 06 11)

Merkel apaga las centrales nucleares

Por Nelson Gustavo Specchia

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La canciller demócrata-cristiana alemana, Ángela Merkel, ha pegado una rotunda patada al tablero político internacional esta semana, al dar un giro a todo su gobierno y anunciar que su país, la locomotora económica y productiva de Europa, apagará todos los reactores y renunciará a la producción de energía nuclear antes de 2022.

La catástrofe provocada por el tsunami sobre la central nuclear japonesa de Fukushima, el pasado 11 de marzo, se cobra así la principal “victima” en Occidente, y vuelve a instalar, en el centro de análisis de las estrategias de crecimiento y desarrollo, el debate sobre la energía y sus relaciones con la seguridad, los costos económicos y los impactos medioambientales. Porque a la decisión de la señora Merkel le seguirán, en un seguro efecto de arrastre, las decisiones de muy diferentes gobiernos y administraciones, que estaban hasta esta semana pendientes de la decisión que finalmente adoptara Berlín en el tema nuclear. Este debate ya tradicional en los últimos años, además, volverá a instalarse con especial incidencia en los países periféricos, que fluctúan entre las consideraciones –generalmente opositoras- de sus sociedades civiles a la expansión de centrales atómicas, y la posibilidad de alimentar con energía barata y de simple producción los planes de desarrollo del país. Argentina no podrá escapar de la reinstalación del tema nuclear por parte de la Canciller alemana, y las voces –todavía débiles- que han comenzado a escucharse sobre las condiciones de seguridad de la central cordobesa de Embalse, tomarán seguramente fuerza en los próximos días.

La decisión de Merkel, anunciando ante el Parlamento Federal este lunes 30 de mayo, que Alemania se suma sin fisuras al apagón nuclear mundial, adquiere relevancia si se analiza el proceso que ha seguido esta decisión radical, y el clima de desconcierto que instala en sus principales socios. Porque Ángela Merkel llegó a la Cancillería de Berlín precisamente prometiendo lo contrario, esto es, que el gran país europeo no abandonaría la estrategia energética atómica. Quien había planteado originalmente la posibilidad de ir reemplazando los reactores nucleares, convertidos en el gran cuco tras el desastre humano de la explosión ucraniana de Chernobil en 1986, fue el gobierno de izquierdas presidido por Gerhard Schroder a principios de este nuevo siglo. Los socialdemócratas alemanes, muy condicionados en todas las políticas ambientales por sus socios de gobierno, Los Verdes, terminaron aprobando en 2002 una ley federal que trazaba una paulatina reconversión de las fuentes energéticas, hasta llegar a 2021, cuando se apagaría el último de los 17 reactores atómicos en actividad.

Merkel, en cambio, basó una parte importante de su campaña electoral en criticar este planteo de la izquierda, sosteniendo que encarecería la energía, pondría palos en la rueda a la tasa de crecimiento productivo, y llevaría a la aplicación de mayores impuestos para financiar la instalación de energías alternativas (ya que la baja productividad de éstas conllevaría la necesidad de promoción oficial para subvencionarlas).

El sector empresarial germano cerró filas detrás de Merkel, y ésta obtuvo el gobierno. Inclusive en su segundo mandato, cuando pudo desprenderse del lastre de los sectores más progresistas con los que había tenido que pactar en el primer período y se asoció con los Liberales del FDP, impuso una moratoria en septiembre del año pasado para todas las centrales nucleares. Por esta moratoria, tan resistida por los activistas ambientales, la Canciller amplió en doce años –en promedio- la vida útil de todos los reactores en actividad. Con ello, ninguna usina atómica cerraría sus puertas antes de 2036. Miles de manifestantes salieron a la calle a protestar en las principales ciudades, pero las cámaras empresarias aplaudieron nuevamente la arriesgada apuesta de la mandataria.

VIENTOS DE ORIENTE

Pero entonces llegó el tsunami a las costas japonesas. La ola golpeó contra los reactores atómicos de Fukushima, que comenzaron a filtrar radioactividad hacia el aire y hacia el agua. Y una de las potencias más desarrolladas, organizadas y tecnificadas del mundo demostró que la capacidad de hacer frente a un desastre nuclear excede cualquier posibilidad de gestión política y estratégica. Dos de los reactores de Fukushima han logrado controlarse, al parecer, después de ingentes tareas que han involucrado recursos internacionales, ocasionado desplazamientos de población, y que posiblemente terminen tirando abajo al gobierno japonés: el primer ministro, Naoto Kan, logró ayer sortear por poco la moción de censura presentada en su contra.

Pero la historia no termina, y seguramente Naoto Kan tenga que volver en breve a dar explicaciones al Parlamento. Los responsables de Seguridad Nuclear del Organismo Internacional de Energía Atómica  (OIEA), advirtieron ayer desde Viena que Japón no podrá controlar la central atómica dañada, en el plazo de nueve meses que se propuso desde el gobierno de Tokyo. Los expertos del OIEA reconocieron que la situación general en Fukushima sigue siendo grave: han descubierto que el combustible del reactor 1, y posiblemente también el del 2 y el 3, se fundió en los primeros momentos de la crisis y se encuentra ahora en el fondo de la vasija del reactor, donde se han detectado fugas radioactivas. Las filtraciones y las fugas han afectado especialmente al mar, pero también podrían llegar a contaminar el subsuelo y las aguas subterráneas. Y como si fuera poco, parece que también hay un cuarto reactor con problemas.

Apenas un par de días después de la catástrofe japonesa, unas 60.000 personas salían a oponerse a Merkel y a su moratoria recientemente sancionada. La mayor concentración de protesta se registró en la región de Baden-Württemberg, un tradicional bastión de la derecha alemana, donde los demócrata-cristianos gobernaban sin interrupciones desde hace sesenta años. Merkel acusó el impacto, y al día siguiente de las movilizaciones decretó la paralización, durante al menos tres meses, de la prolongación de la vida útil de las 17 centrales nucleares. Pero la decisión no logró parar el descontento, que fue fogoneado a diario por las ONG y los activistas ambientales. En las elecciones regionales, el 27 de marzo, Merkel fue castigada por las urnas. Su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), perdió Baden-Württemberg después de medio siglo; mientras los ecologistas de Los Verdes y los socialdemócratas crecen en todas las circunscripciones electorales.

Contra todo pronóstico, y contra las promesas que ayudaron a instalarla en la Cancillería de Berlín, Ángela Merkel ha anunciado esta semana que apagará la energía nuclear en Alemania, y que comienza la transición hacia la era de las energías renovables en la economía que tracciona Europa, nada menos. El esfuerzo estructural de esta transición (principalmente hacia molinos eólicos, centrales de biomasa y solares) será inmenso; ya lo comparan con el esfuerzo desplegado por Alemania en 1990, cuando la reunificación. Las nucleares cubren hoy el 23 por ciento de las necesidades energéticas de las industrias y de los hogares; el costo de transformación del paradigma eléctrico (desde el tendido de cables hasta el aislamiento de las casas) será enorme.

Austria ya tiene vedado –y por disposición constitucional- la radicación de centrales atómicas en su suelo. Después de Fukushima, también Italia y Suiza han congelado cualquier proyecto de desarrollo energético en base al átomo. Los países subsidiarios de la tecnología alemana deberán, obligadamente, descartar los suyos. Las preguntas, ahora, se centran en qué rumbos tomarán Francia y Reino Unido, que disponen de tecnología propia, y los países en vías de desarrollo. China, especialmente. Pero también la Argentina.

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[publicado en HOY DÍA CÓRDOBA, viernes 3 de junio de 2011]

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El cambio de escenario de una crisis global (10 09 10)

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El cambio de escenario de una crisis global

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por Nelson Gustavo Specchia

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La última década de la política internacional ha sido testigo de un conjunto de modificaciones estructurales profundas, que conforman en su interacción y en sus implicancias una mutación del escenario global.

En una visión panorámica, tomada desde una distancia que habilite cierta perspectiva, podemos advertir que el mundo se ha “achicado” (al punto de que hoy es posible visualizarlo prácticamente en su totalidad, y en tiempo real) y se ha convertido en la última década en un lugar más impredecible.

Nuestra contemporaneidad parece ser un lugar de paso, una nueva transición desde el mundo ordenado por el “equilibrio del terror” que marcó la mayor parte del siglo XX, hacia una realidad internacional más interconectada y dispar, donde las relaciones ya no se explican por medio de un conjunto acotado de variables relativamente simples, sino que una serie de nuevas y complejas consideraciones de diverso cuño –étnicas, regionales, religiosas, subnacionales, culturales- impactan diariamente en la definición de los rumbos de la política.

La realidad internacional se muestra en un escenario cuyas principales características son la heterogeneidad y la inseguridad.

Mientras que la tradición política reciente había generado un análisis mundial asentado en columnas densas, en las sólidas definiciones ideológicas que otorgaban garantías y ofrecían una cierta previsibilidad a la acción política en las relaciones entre los Estados, este tiempo de transición ha desvanecido esas cosmovisiones; como el título de aquel libro donde Daniel Bell describía cómo los parámetros más tradicionalmente confiables de la modernidad desaparecían uno tras otro, “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

La imagen del Muro de Berlín, esa vena estriada de piedra y alambre de púa frente a la Puerta de Brandemburgo que no sólo seccionaba la gran ciudad alemana sino que durante más de medio siglo dividió simbólicamente a todo el globo, ilustra esta mutación de escenarios. Porque aquella división, en su brutal dicotomía, era la imagen de un mundo equilibrado, de un mundo previsible, asentado sobre las columnas sólidas de la disuasión nuclear y de la “destrucción mutua asegurada”. Se podía teorizar en base a esa previsibilidad de la “lógica del terror” y, en definitiva, la paz internacional –en el nivel macro- se mantuvo. El conflicto permaneció “localizado”, en los márgenes, no en la línea de los países centrales, que hubiera afectado el equilibrio. La “Tercera Guerra Mundial”, a pesar de tener todas las posibilidades y las herramientas a mano (y más de un militar entusiasta deseoso de comandarla, tanto a un lado como a otro del Muro), finalmente no estalló.

El fin de la guerra fría, la caída del Muro, el desvanecimiento de la bipolaridad internacional, y el cambio de tercio hacia el siglo XXI terminaron también con aquella previsibilidad en los relacionamientos.

Y lo que hemos vivido en estos últimos años, en esta huidiza e imprevisible cotidianidad, es un conjunto dispar y complejo de elementos que podríamos denominar la emergencia de las “otredades”.

“Otredades” porque, cuando en los años finales del siglo pasado la post guerra fría comenzó a quitar las losas pesadas de la doble hegemonía, tanto en la órbita capitalista como en el antiguo mundo comunista comenzaron a emerger realidades “otras”, diferentes sentimientos y vivencias sociales que habían permanecido subterráneas, invisibles, durante los años del equilibrio bipolar. Esta emergencia de realidades nuevas y “otras”, que aparecen con fuerza e intención de ocupar un lugar reivindicativo, viene acompañada de sentimientos negativos hacia quienes se considera responsables de sus años de sujeción, aislamiento, invisibilidad, sometimiento y vida subterránea.

Y esta emergencia de realidades “otras”, se imbrica con el salto que da el proceso de estatalización del planeta. Hasta mediados del siglo pasado, el número de Estados había permanecido estable y limitado. El proceso de descolonización primero, y el desmembramiento soviético después, provocaron que la cantidad de Estados soberanos prácticamente se quintuplicara: Cuando se reunió en Congreso de la Haya, en 1907, a la asamblea la integraron 42 países; en 1945, los Estados fundadores de las Naciones Unidas fueron 51. Y cuando el último Estado reconocido, Timor Oriental, en 2002 solicitó su ingreso a la ONU, le fue concedido el escaño número 192. De 42 a 192 Estados en menos de cien años, ese es el salto estatalizador que, aunado a la emergencia de realidades culturales históricamente sumergidas, perfila un mundo sustantivamente más complejo.

Toda transición es, necesariamente, un tiempo de definiciones. La gran apuesta de los años que vienen, de este futuro cercano que ya estamos viviendo, será la articulación entre paz, seguridad, y convivencia entre “otredades”.

Ya no hay más lugar para intentar imponer modelos hegemónicos y estilos de vida predominantes. La diversidad y la pluralidad también deberán teñir el nuevo tiempo político global.

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Hasta Fidel lo critica (08 09 10)

EL RÉGIMEN IRANÍ SUMA CRÍTICAS TRAS LA DECLARACIÓN DE LA ONU

El apoyo de Brasil comienza a quedar aislado en el panorama global

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El gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad sigue cosechando críticas desde diversas latitudes –ayer recibió la censura del líder cubano Fidel Castro- tras la declaración de la oficina técnica nuclear de las Naciones Unidas (ONU), de principios de esta semana, en el sentido de que Irán sigue acumulando uranio poco enriquecido.

El lunes pasado, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) emitió un comunicado afirmando que el régimen iraní ha almacenado desde mayo cerca de tres toneladas más de uranio enriquecido al 3,5 por ciento; con esta cantidad en stock, y tras un enriquecimiento posterior, Teherán podría disponer del material suficiente para fabricar entre dos y tres bombas nucleares, aseguran los analistas.

El informe de la ONU, en el que expresaba su “preocupación” por el avance en el desarrollo del programa, motivó declaraciones críticas con el gobierno de Ahmadinejad tanto de Rusia como de China, dos potencias que han tenido habitualmente una consideración benévola en el trato multilateral con el régimen de los ayatollahs iraníes, especialmente frente a los embates del departamento de Estado norteamericano en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Un vocero del presidente Madvédev hizo referencia a que Irán debería dejar de poner obstáculos al ingreso de técnicos del OIEA a la inspección de sus plantas nucleares, uno de los principales reclamos de la oficina encargada de velar por la utilización pacífica del material nuclear.

Las restricciones al ingreso de los expertos del OIEA violan las propias resoluciones internacionales que ha firmado la República Islámica. A estas condenas y advertencias se sumaron ayer las declaraciones de Fidel Castro, divulgadas por la revista estadounidense The Atlantic, donde el ex presidente cubano critica a Ahmadinejad por negarse a reconocer el Holocausto judío, y lo insta normalizar las relaciones diplomáticas con el Estado de Israel.

Las declaraciones de Castro se enmarcan en su actual cruzada por el desarme nuclear mundial, tema al que dedicó su primer discurso público, el 3 de septiembre pasado, tras una larga ausencia del escenario político desde su enfermedad en 2006.

Sin embargo, el presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, ha decidido hacer caso omiso de las advertencias de las organizaciones multilaterales, y obviar también los embargos aprobados en el seno del Consejo de Seguridad contra Teherán, y ayer anunció que seguirá adelante con su intención de ampliar el comercio bilateral.

Lula interpreta que la ONU sólo prohibió “transacciones sospechosas”, pero que éstas no pueden aplicarse a los alimentos, por ejemplo, así que seguirá adelante con los convenios de intercambio comercial con el gobierno de Ahmadinejad.

A estas alturas, el respaldo de Lula comienza a quedar en solitario en los apoyos con los que el presidente iraní puede contar.

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Vueltas con el tema nuclear iraní (07 09 10)

LA ONU EXPRESA SU PREOCUPACIÓN POR EL PROGRAMA NUCLEAR IRANÍ

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A pesar de las sanciones Irán aumenta el volumen de uranio enriquecido

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En un gesto que seguramente será interpretado como un espaldarazo a las posturas de las grandes potencias frente al desarrollo del programa nuclear del régimen iraní, las oficinas del departamento especializado en el tema nuclear de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sede en la capital austríaca, advirtieron ayer que el volumen de la producción de uranio enriquecido por parte de la República Islámica de Irán, y el hecho de que el gobierno del presidente Mahmmoud Ahmadinejad continúe poniendo reparos a la visita de los inspectores de Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) genera “preocupación” en el organismo multilateral.

El reporte viene a agregar un elemento más en las sospechas que alimenta el departamento de Estado norteamericano, y con el que coinciden las cancillerías de Rusia, China y la responsable de la política exterior común de la Unión Europea (UE), en el sentido de que Teherán se encuentra en un proceso de enriquecimiento de uranio para construir bombas atómicas, y no para las aplicaciones en la investigación médica, tal como declara.

Los hipotéticos horizontes bélicos de las aplicaciones atómicas iraníes, que constituirían un replanteo integral del balance de la seguridad militar en toda la región de Oriente Medio, han llevado a los países centrales a imponer sanciones económicas a Teherán, para empujar al régimen de los ayatollahs a participar en negociaciones serias para controlar su programa nuclear.

Según la IAEA, la producción total iraní de uranio poco enriquecido aumentó casi un 15 por ciento desde mayo a la fecha, alcanzando las 2,8 toneladas, a pesar de las sanciones impuestas por las potencias, que afectan precisamente a diferentes pasos del proceso de enriquecimiento del material atómico.

Además, la Agencia también mostró su preocupación por los posibles avances en la construcción de una carga nuclear que pudiese ser instalada en el cabezal de un misil. En mayo pasado, en medio de una activa agenda diplomática liderada por el presidente brasilero Luiz Inácio da Silva, Lula, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogán, Irán se comprometió a enviar a Turquía uranio para su enriquecimiento, y permitir la inspección internacional de ese proceso.

Sin embargo, los científicos de la IAEA censuran en su informe la actitud del gobierno de Ahmadinejad, por lo que denominan “objeción reiterada” al ingreso de los inspectores del organismo a sus instalaciones nucleares.

El pasado mes de julio Teherán volvió a vetar la posibilidad que dos nuevos inspectores nucleares de la ONU revisaran las plantas de enriquecimiento de uranio.

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ISRAEL NO MUESTRA LAS CARTAS

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de las Naciones Unidas volvió a solicitar al gobierno de Benjamín Netanyahu la adhesión de Israel al Tratado de No Proliferación (TNP) de armas nucleares, y que, en virtud de esta adhesión, permitiera el acceso de los técnicos inspectores de la AIEA a las instalaciones de investigación y desarrollo atómico israelí.

En ámbitos de análisis internacional se sostiene que el arsenal atómico en manos del Estado hebreo es apabullante, y que puede superar las 200 cabezas nucleares montadas sobre misiles de diferente alcance, por lo que el reclamo de su ingreso al TNP es una constante en las negociaciones nucleares multilaterales y una demanda especialmente enfática por parte de los vecinos países árabes.

Sin embargo, Tel Aviv ha contestado con una negativa rotunda a las peticiones del organismo de la ONU, y ha reiterado que no se unirá a un pacto global para la no proliferación de armas atómicas.

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Amiri, ¿secuestrado o desertor? (15 07 10)

Irán

REGRESA EL CIENTÍFICO NUCLEAR IRANÍ PRESUNTAMENTE SECUESTRADO

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Intrigas y juegos de espías en las versiones sobre su permanencia en EE.UU.

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Cuando los temas de espionaje entre las grandes potencias parecían superados por la historia, de repente unos hechos relacionados con sus estrategias de inteligencia han vuelto a poner en circulación escenarios de guerra fría. A principios de julio, el intercambio de agentes secretos entre los Estados Unidos y Rusia sorprendió a la opinión pública, al revelar que este tipo de prácticas se encuentran en plena vigencia.

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En la víspera, la llegada del presunto científico nuclear iraní Shahram Amiri de regreso a Teherán ha focalizado la atención, especialmente teniendo en cuenta la frágil estabilidad de toda la zona por los planes atómicos del gobierno de Mahmmoud Admadinejad. Algunos analistas han sostenido que puede tratarse de un nuevo canje de espías, pero todas las versiones son meramente especulativas.

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Shahram Amiri es un joven científico de 32 años, cuyo paradero se desconoció durante más de un año. Durante todo ese tiempo, Teherán sostuvo que había sido secuestrado en Arabia Saudita en junio de 2009 y era retenido por los Estados Unidos. Amiri regresó ayer a Irán y fue recibido como un héroe, en un escenario muy difundido por los medios, donde lo esperaba su familia y el vicecanciller de la República.

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El gobierno de Ahmadinejad sigue sosteniendo la versión de que el científico fue secuestrado por la Central de Inteligencia norteamericana (CIA, por sus siglas en Inglés), retenido ilegalmente en algún lugar del mundo. Allí habría sido sometido a “la más dura tortura mental y física”, según declaró Amiri en la conferencia de prensa a su llegada, y a interrogatorios sobre el material nuclear iraní.

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La polémica se desató al difundirse la versión del Departamento de Estado, Hillary Clinton afirmó que Amiri nunca fue secuestrado ni retenido contra su voluntad, sino que desertó voluntariamente y ofreció sus servicios a la CIA, y en algún momento cambió de idea y decidió volver a Irán, creando para ello la pantalla del secuestro.

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El diario The Washington Post, que suele contar con información de fuentes de primera mano de la Administración estadounidense, publicó en su edición digital inclusive el monto que la CIA habría pagado a Amiri por sus confidencias: 5 millones de dólares.

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En el último mes se difundieron varios videos de Shahram Amiri, con declaraciones contradictorias; llegó a vérselo incluso moviéndose libremente en la embajada de Pakistán en Washington. Aunque no dio ninguna prueba, el científico afirmó que revelará más detalles de su secuestro y detención en breve, lo que hace prever una continuación de esta nueva saga de espías post guerra fría.

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Brasil y Turquía mantienen el pulso en el conflicto iraní (23 06 10)

Brasil y Turquía mantienen el pulso en el conflicto iraní

En una nueva vuelta de rosca en el contencioso planteado por el presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, para encauzar por vías de diálogo el conflicto abierto en el seno de las Naciones Unidas (ONU) en virtud del programa nuclear iraní, en la víspera se conocieron nuevas declaraciones simultáneas de las cancillerías de ambas potencias emergentes, en un escenario que ya se presenta como de abierta confrontación a las posturas que impulsa la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, a través de las herramientas de la ONU.

El ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, afirmó ayer que “mantiene la esperanza” de que el acuerdo con Irán y Turquía pueda servir como base para que haya más conversaciones con el gobierno del presidente Mahmmoud Ahmadinejad.

Su colega turco, Ahmet Davutoglu, ratificó al mismo tiempo que el acuerdo nuclear a tres bandas continúa vigente, desmintiendo de esta manera las versiones que circulaban en Washington sobre una eventual retirada brasileña de las negociaciones. Davutoglu indicó que Amorim le había manifestado la continuidad del compromiso del presidente Lula con la vía negociadora.

Estas conversaciones no son bien vistas desde la Casa Blanca, que promueve nuevas sanciones bilaterales hacia Irán a partir del documento aprobado en el Consejo de Seguridad.

Davotoglu, que junto al primer ministro Erdogan y al presidente turco, Abdullah Güll, conforma el núcleo duro del poder del partido islamista moderado AKP, que gobierna Turquía con un apoyo interno masivo y se plantea jugar un rol de liderazgo regional en los países musulmanes de Oriente próximo, dijo que “los canales diplomáticos siguen abiertos a una solución y creemos que es el único modo de resolver la disputa por el programa nuclear de Irán”, para lo que su gobierno se encuentra “decidido a presionar”, afirmó ayer en Estambul.

Apoyado en esta vía de escape a la opinión hegemónica en la ONU, el gobierno de Irán prohibió en la víspera la entrada al país de dos inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aunque manifestó que seguirá cooperando con la agencia de la ONU.

El ministerio de Relaciones Exteriores persa dijo que Teherán tiene derecho de impedir la entrada a ciertos inspectores nucleares que difunden “información no autorizada e incorrecta”.

Las potencias occidentales acusan al régimen iraní de perseguir fines bélicos con su programa atómico, mientras que éstos afirman que la ONU usa de los técnicos para dificultar su desarrollo energético atómico, sobre el que tiene derechos soberanos.

Irán ratifica el pacto nuclear con Turquía (16 06 10)

Irán ratifica el pacto nuclear alcanzado con Turquía y Brasil

El cuarto paquete de sanciones económicas a la República Islámica de Irán, impuesto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) a causa de los desarrollos atómicos persas, sigue encontrando algunos obstáculos de implementación que hubieran resultado impensables pocos años atrás.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no ha podido ocultar el desconcierto con que se recibieron en Washington las gestiones internacionales de Brasil y Turquía para habilitar una vía de enriquecimiento del uranio iraní en Ankara bajo supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), y cuando se formalizó el acuerdo a tres bandas, el pasado 17 de mayo, Clinton aceleró los trámites para que la organización multilateral aprobara las sanciones.

En estas gestiones, la diplomacia estadounidense debió rebajar las expectativas iniciales de dureza en las penalidades, ya que tanto Rusia como China no avalaron incluir el tema petrolero en el documento.

Tras la aprobación –con los votos en contra de Turquía y Brasil- la Casa Blanca anunció que cada país miembro de la ONU podría, basándose en la resolución del Consejo, endurecer en forma bilateral algunos términos de las sanciones hacia Irán; esta interpretación fue bien recibida en Gran Bretaña y en Francia, cuyos gobiernos se declararon dispuestos a aumentar el peso de las medidas contra el régimen de los ayatollahs.

En el mismo sentido se manifestó la reunión de Cancilleres de la Unión Europea, que en la víspera apoyó el estudio de sanciones “suplementarias” por parte de los Estados miembros de la organización continental. Sin embargo, el gobierno ruso, a través del presidente de la Cámara Alta del parlamento (la tercera autoridad del país tras Dimitri Medvédev y el primer ministro Vladimir Putin) salió ayer al cruce de esta interpretación, afirmando que Rusia “no está de acuerdo” en que ningún país vaya más allá de las sanciones ya aprobadas por el Consejo.

El legislador Sergei Mironov, de visita oficial en la Argentina, advirtió que Moscú no apoyará ningún endurecimiento de penalidades y subrayó que en la resolución votada “está bien claro que ninguno de los preceptos puede ser cambiado o alterado por algunos países.”

La declaración del gobierno ruso implica, indirectamente, una nueva relativización de la resolución de la ONU y un  espaldarazo hacia las vías diplomáticas alternativas a las dirigidas por el Departamento de Estado norteamericano.

Así lo entendió el gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad, que ayer se apresuró a asegurar, en declaraciones transmitidas por la televisión pública, que Teherán “mantendrá el acuerdo” firmado con el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y con el aval del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula.

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