Archivo de la etiqueta: Turquía

Assad, herido y acorralado (18 11 11)

Assad, herido y acorralado

por Nelson Gustavo Specchia

.

 

.

Uno de los lugares comunes de la literatura de caza mayor, sostiene que pocas cosas encarnan más peligro que una gran bestia herida, a la que se le han bloqueado las vías de escape. En ese momento, un tigre, por ejemplo, se convierte en una perfecta máquina asesina. Es muy difícil en estos días no apelar a ese símil al analizar el callejón sin salida en el que, en un retroceso y en un asilamiento creciente, el régimen sirio de Bachar al Assad se ha ido encerrando.

Y la violencia de la represión gubernamental ya acusa esos golpes a la desesperada. La Unión Europea ha inmovilizado los dineros del clan gobernante colocados en los bancos de sus países miembros, y ha incluido en listas negras a casi todos los personajes relevantes del régimen. Menos explícitamente, pero con el mismo resultado, los países árabes de la región han cerrado las puertas a una posible salida del grupo hacia un exilio dorado. A pesar de que siguen colocando trabas a nuevas sanciones globales o a iniciativas de fuerza con participación multilateral, ni Rusia ni China admitirían tampoco a las principales cabezas del clan de los Al Assad para brindarles guarida. Al callejón del aislamiento sólo le quedan dos débiles ventanucos: Irán y Líbano; pero sería muy difícil que los gobernantes sirios optaran por alguno de estos dos países para establecer una nueva residencia tras el abandono del poder, porque en ninguno de los dos tendrían garantías suficientes de un futuro sin persecuciones. En el vecino del Sur, los largos años de subsidios de Al Assad al Hezbollah le aseguran la fidelidad del partido-milicia, pero el resto del mosaico libanés los odia visceralmente; y su laicismo modernista tampoco cuaja demasiado con la teocracia de los chiítas iraníes. Por lo demás, tanto Mahmmoud Ahmadinejad como los líderes del Hezbollah quedaron atrapados en sus contradicciones respecto de las revoluciones de la “primavera árabe”: apoyaron todos los alzamientos contra las tiranías en el Magreb y en Oriente Medio, mientras éstos se dirigían contra regímenes afines a Occidente (Túnez, Egipto, Marruecos, Bahrein e inclusive Libia), pero decretaron el inmediato fin de su apoyo cuando la “primavera árabe” llegó a las costas del acorralado tigre sirio.

El extremo aislamiento de los Al Assad, y las heridas ya insalvables que los alzamientos populares y la resistencia de la oposición política siria les han asestado, sólo habilitan la consideración de dos escenarios de corto plazo: una negociación que les permite abandonar el poder con las garantías suficientes, o la guerra. Y mientras esta alternativa termina de tomar forma, las calles de Damasco se siguen cubriendo de sangre, cada día más brutalmente.

ENTRE DOS FUEGOS

Como en todos los procesos políticos con resolución violenta, la principal víctima es la población civil; tanto de Damasco, Deráa, Hama, Homs y otras ciudades, como de las áreas rurales consideradas por el régimen como “focos de oposición”. La metodología represiva ordenada por Bachar el Assad, sin prácticamente ningún atenuante ni discriminación, fue horadando inclusive la obediencia al interior de las fuerzas armadas, que desde hace semanas viven un continuo desgranamiento y huída de efectivos, que comenzó cuando los uniformados se negaron a disparar a sangre fría a campesinos que huían de la represión oficial cruzando la frontera con Turquía. Estos soldados y oficiales desertores han sido cooptados por el liderazgo de la oposición política clandestina, y junto con voluntarios civiles, se han organizado en el denominado Ejército Libre de Siria, al que se le calculan ya varios centenares de efectivos y que –como se vivió con los rebeldes de Bengazi en Libia- constituye el germen de la oposición armada al hasta ahora incuestionado monopolio estatal.

Pero esta situación vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca sobre la seguridad de la población civil, que ahora no sólo sufre los embates de las fuerzas regulares, sino que se ve aprisionada entre dos fuegos, entre las fuerzas de seguridad oficiales y un ejército rebelde que en las últimas horas se ha armado de valor como para –inclusive- atacar a un cuartel del ejército sirio. La osadía de los rebeldes se acrecentó a partir de esta semana, cuando el lunes ultimaron en una emboscada a 34 militares gubernamentales en Deráa, el mismo día que entre los opositores se contaron más de cincuenta muertes por la represión oficial.

La Liga Árabe, una organización fundada por Siria –y que ha recibido una parte sustancial de su financiamiento de las prebendas de los Al Assad- decidió esta semana también despegarse de uno de sus miembro más conspicuos, y lo hizo alegando la fragilidad de la protección a los civiles y las mentiras de Bachar. El presidente se había comprometido el 2 de noviembre, frente a los embajadores de la Liga Árabe, a retirar las tropas de las ciudades y aflojar la represión. Sin embargo, desde principios de mes la violencia de las fuerzas del Estado no ha hecho sino aumentar, y se calculan más de tres centenares de muertes desde entonces; si así fuese, los muertos desde el inicio de la revuelta siria, hace nueve meses, ya serían cerca de 4.000. La Liga pide ahora que Damasco permita la entrada de una fuerza civil de 500 observadores, miembros de ONG’s de derechos humanos, para proteger a la población civil de los embates entre las fuerzas regulares y el Ejército Libre de Siria.

Pero es difícil que la organización regional, que –además- nunca se ha destacado por su eficiencia, obtenga la autorización del gobierno. La expulsión de Siria de su seno ha enfurecido a Bachar al Assad, que ha mandado a sus acólitos a asaltar las sedes diplomáticas de Marruecos, Qatar, y de los Emiratos Árabes Unidos, y no deberían descartarse otros ataques a las embajadas de más países miembros de la Liga. El clan es consciente de que el apoyo de la Liga Árabe en las Naciones Unidas fue decisivo para la aprobación de la resolución multilateral que habilitó el cierre del espacio aéreo de Libia, y la entrada de la OTAN en apoyo a los rebeldes, que finalmente terminó inclinando la balanza de la guerra contra Muhammar el Khaddafi. Bachar y sus hermanos se deben estar preguntando cuánto tiempo falta para que la Liga Árabe haga lo mismo con ellos.

LA OPCIÓN TURCA

El asalto a las embajadas por parte de los partidarios del régimen, y el ataque al cuartel por parte de los insurgentes del Ejército Libre de Siria, ha llevado al canciller ruso, Seguei Lavrov, a calificar la situación interna como un escenario de “guerra civil”. Esta situación, sumada a las cada vez más sólidas posibilidades de una guerra con participación internacional, vuelve a colocar en el centro de atención la opción de una intervención de buenos oficios del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.

Turquía ha puesto de manifiesto reiteradamente sus anhelos de liderazgo regional, y desde el estallido de la “primavera árabe” las gestiones del líder del partido islamista moderado AKP han aumentado en su dinamismo. Erdogan ha roto con la ortodoxia inflexible de Benjamín Netanyahu en Israel, después de tantos años de alianza estratégica entre ambos; ha prestado especial atención a la situación de la Franja de Gaza (los barcos solidarios con los palestinos, interceptado por las tropas judías de élite, navegaron con bandera turca); ha estado presente en Túnez, en Egipto, y aterrizó en Trípoli para celebrar la victoria sobre Khaddafi, al mismo tiempo que Nicolas Sarkozy y David Cameron. Ante la posibilidad de que el caos de los acorralados tigres de Al Assad termine siendo aprovechado por el iraní Ahmadinejad –o el rey Abdullah de Arabia Saudita, la otra potencia regional- Erdogan vuelve a mostrar su predisposición de intervenir protagónicamente en una salida negociada a la crisis siria.

Mientras el régimen de Damasco fue una apuesta segura, el gobierno turco no tuvo problemas de hacer negocios con los Al Assad. Luego, cuando comenzaron a estallar las protestas, Erdogan intentó convencer al clan de introducir reformas urgentes. Pero ante su inflexibilidad, esta semana el turco escenificó su ruptura: dijo que ya no podía confiar en Bachar, porque es un mentiroso que pasará a la historia como uno de esos líderes que se alimentan de sangre, y anunció que aplicará sanciones unilaterales, especialmente un embargo de armas y de petróleo.

Si Erdogan lo logra, puede terminar forzando el cambio de postura de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentando la presión diplomática internacional, y abriendo, al mismo tiempo, una ventana de oportunidad –desde el interior del Islam- para que el tigre herido de los Al Assad pueda escapar. Esa es una alternativa, quizá la última. La otra, es la guerra.

.

.

[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 18 de noviembre de 2011]

.

.

Twitter:   @nspecchia

.

Anuncios

Túnez, el suave aterrizaje del Islam

Túnez, el suave aterrizaje del Islam

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

La pequeña república magrebí de Túnez vuelve a ponerse al frente de los procesos de cambio que vienen moviendo las estructuras políticas del Norte de África y de Oriente Medio, en lo que ya conocemos todos como la “primavera árabe”. En las recientes elecciones, convocadas para conformar una asamblea constituyente que provea al Estado, por primera vez desde su independencia de Francia en 1956, de una Constitución democrática, han vencido claramente las corrientes islamistas. El interrogante que abre este resultado es si con él también Túnez viene a marcar una tendencia en el rumbo de la región.

Porque en Túnez comenzó todo, y no porque la acumulación de corruptelas y equívocos que las dictaduras árabes del Magreb –apoyadas sustantivamente por Occidente- hubieran tenido en este pequeño país de la costa sur del Mediterráneo unas condiciones diferenciales. Quizás solamente la gota que rebalsó el vaso de la paciencia cayó en Túnez, y una vez que el derrame se inició ya fue imparable. Esa gota, dolorosa, fue la radical protesta del joven ingeniero informático –y eventual vendedor callejero de frutas- Mohammed Bouazizi, que el 17 de diciembre del año pasado, ante la brutalidad policial que había destrozado el carrito con que intentaba ganarse la vida después de haberlo intentado todo, en un mercado laboral cerrado a cal y canto y en una sociedad sin horizontes de cambio ninguno, se prendió fuego. Su rebeldía desesperada rebalsó los diques que contenían tantas situaciones similares, en el entorno de un sistema político feudalizado, donde a la “dictadura blanda” de los treinta años de Habib Bourguiba, le había sucedido la dictadura más extrema, familiar y cleptocrática de Zine el Abidine ben Ali y su mujer, Leila Trabelsi.

Las masas tomando las calles, románticamente designaron “revolución de los jazmines” a sus protestas, pero la fuerza real que manifestaban empujó a Ben Ali a subirse a un avión (su esposa Leila lo llenó, previsoramente, de una tonelada y media de oro) y partir hacia el exilio en Arabia Saudita. Entonces comenzó el contagio: Egipto, Yemen, Bahrein, los rebeldes de Libia, los opositores monárquicos de Marruecos. Túnez había marcado el comienzo, y nadie está seguro de marcar todavía el final.

EL FANTASMA RELIGIOSO

En el discurso de auto justificación de los dictadores que la “primavera árabe” está barriendo, siempre ocupó un lugar importante el considerarse a sí mismos como la última barrera frente al fundamentalismo islámico. Había corrupción, apenas unos barnices de democracia y violaciones a los derechos humanos en sus regímenes, pero todo eso era un precio módico que había que pagar para impedir el mayor de todos los males: que los partidos religiosos llegasen al poder, y con ellos la imposición de la “sharia” (la regulación de las conductas sociales mediante los preceptos coránicos) hacia el interior de las sociedades, y la más que probable enemistad con los países occidentales (con la consecuente suspensión de las exportaciones de hidrocarburos hacia ellos) como principal consecuencia externa.

El argumento de “freno del islamismo radical” comenzó a debilitarse hace ya tiempo, a medida que se conocían detalles sobre el complejo entramado de agrupaciones en que se dividía el Islam político, que el simplismo intencionado de las dictaduras había intentado meter en la misma bolsa. Y también con el resultado de algunas experiencias de partidos islámicos no radicales en el poder, principalmente con el AKP de Recep Tayyip Erdogan y Abdullah Gull en Turquía.

Ahora, en ese universo aparece el islamismo moderado del tunecino En Nahda (El Renacimiento), y arrasa en las elecciones a la convención constituyente, en lo que puede ser una nueva señal del rumbo de los sistemas políticos saneados tras las revueltas de la “primavera árabe”.

CLAVES DE UN RENACIMIENTO

Bajo el régimen de Ben Ali, y como parte de aquel discurso de auto justificación al que acabo de aludir, todo lo que oliese a islamismo estaba proscripto y prohibido. Los principales dirigentes de esos sectores, por lo tanto, llevaban décadas en el exilio, y no había ninguna estructura –no sólo ningún partido político, tampoco ninguna organización no gubernamental- sobre la cual apoyarse para plantear una alternativa. O sea que el nombre del partido tunecino hace referencia concreta a un volver a nacer, a un surgimiento desde la nada, tras casi sesenta años de laicismo obligatorio. Sin embargo, en apenas nueve meses, el movimiento En Nahda ha conseguido estructurar un nuevo discurso, que combina dosis de tradicionalismo con otras de modernidad, y lo ha articulado en una clave de mesura –sin convocatorias a revanchismos ni venganzas- que ha dado en la tecla y empujado a un apoyo social mayoritario.

En las elecciones a la constituyente del pasado 23 de octubre, En Nahda se alzó con el 41,47 por ciento de los votos totales, prácticamente la mitad del padrón, y a casi un 30 por ciento de distancia de la segunda fuerza, el partido Congreso para la República, de centro izquierda. Así, en la futura Asamblea Constituyente, que tendrá 217 escaños, los islamistas de En Nahda ocuparán 90 lugares; el Congreso para la República tendrá 30 asientos; y Ettakatol, la tercera fuerza más votada, 21 escaños.

Y aquí parece haber otro elemento que da una pauta del nuevo comportamiento del electorado: además de la sorpresa de la clara mayoría de En Nahda, las principales fuerzas de oposición son partidos que no hicieron campaña contra el islamismo. En cambio, la oposición tradicional, que sigue repitiendo el viejo argumento de que no hay islamismo moderado posible, y que hay que parar a los religiosos de cualquier manera, porque detrás de ellos vendrán los barbudos a lo talibán y la imposición de la “sharia”, fueron censurados por el voto popular. Las dos principales agrupaciones del frentismo anti islamista, el Partido Democrático Progresista (17 escaños), y el Polo Democrático (5 escaños), han sufrido un castigo en las urnas.

Además de la contundente victoria en las opciones políticas generales –esto es, sobre el rumbo y las formas que debería adoptar el Estado a partir de ahora- los islamistas de En Nahda han demostrado su inserción en todos los estratos sociales, y su llegada a los diferentes agregados geográficos, lo que también termina con el preconcepto de que las ciudades –donde se concentran los sectores más educados de la población- eran laicistas, y que la adhesión a opciones políticas vinculadas a la religión estaba relegada a las zonas rurales, más pobres, tradicionalistas y conservadoras. En Nahda, por el contrario, fue el partido más votado en todas las circunscripciones electorales, incluyendo algunas de la ciudad de Túnez, la cosmopolita capital, que se consideraba el terreno político de la oposición socialdemócrata laica.

Que un partido que proclama claramente su adscripción islámica haya sido la opción elegida por los sectores progresistas, en detrimento de las fuerzas usuales de la centro izquierda, tiene mucho que ver con las maneras en que En Nahda articuló su discurso, en el espacio de poco más de medio año. El hecho de que haya aceptado sin restricciones la imposición de paridad de género en las listas electorales, las referencias permanentes al “modelo turco”; las posturas conciliadoras con los sectores que estuvieron más cerca del régimen de Ben Ali; la seguridad de que el modelo de desarrollo y de que la economía de mercado no serán cuestionados; y una manifiesta relación de cooperación con Occidente; han terminado por alejar el fantasma de los barbudos a lo talibán, y de convencer a la mayoría de tunecinos que la coexistencia entre régimen democrático y republicano moderno, con preceptos religiosos y usos y costumbres que hacen a su identidad, es factible.

Las elecciones de fines de octubre cierran la “revolución de los jazmines”, y abren una nueva etapa, la de transición hacia un sistema democrático en el marco de un Estado de derecho. Si los islamistas moderados tunecinos consiguen conducir ese tránsito, estaremos ante un fenómeno realmente novedoso de la política internacional, y ante todo un nuevo escenario de posibilidades para Medio Oriente y el Magreb.

.

.

[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 4 de noviembre de 2011]

.

Twitter:   @nspecchia

.

 

Khadafi propone que su hijo ocupe su lugar (05 04 11)

La insurrección rechaza un plan armado por los hijos de Khaddafi

El premier turco Erdogán aparece como el principal impulsor de un proceso que detenga la guerra en Libia

.

.

Con una guerra estancada, los dos bandos que se disputan el poder en Libia multiplican las gestiones para alcanzar un acuerdo por fuera del enfrentamiento armado.

Después que voceros del coronel Muhammar el Khaddafi negaran que el régimen fuera a aceptar las condiciones de un alto el fuego propuesto por los rebeldes, que incluía una virtual división del país, ayer el diario estadounidense The New York Times confirmó que una nueva propuesta había sido elaborada por el entorno del dictador libio.

El plan contemplaría la salida de Khaddafi, y su reemplazo por su hijo Saif el-Islam, la figura que antes del estallido de la revuelta popular se mencionaba como más probable para reemplazarlo.

Esta vez, fue el Consejo Nacional rebelde el que rechazó la propuesta que se habría preparado desde Trípoli, y que puede darse como cierta al no haber sido desmentida por ningún funcionario del gobierno. Uno de los portavoces de los alzados, Shamseddin Abdulmelah, dijo que hay consenso entre los diferentes grupos que componen el Consejo Nacional en rechazar cualquier hipótesis donde se mantenga al actual entorno del dictador, “Khaddafi y sus hijos deben irse antes de cualquier negociación diplomática”, dijo.

Sin embargo, son precisamente las gestiones a nivel de las cancillerías las que se han activado, especialmente después que las críticas internacionales por las bajas entre la población civil hicieran menguar los bombardeos coordinados por la Alianza Atlántica (OTAN) sobre posiciones militares gubernamentales; un cambio de táctica en el apoyo externo que redujo las posibilidades de los insurrectos de desplazar a Khaddafi por la fuerza.

Mientras los combates siguen en la ciudad de Brega, un enviado de Trípoli recorre varios gobiernos mediterráneos, explorando alternativas de negociación.

Como el canciller de Khaddafi, Musa Kusa, defeccionó y se asiló en Londres, Trípoli ha enviado al segundo del ministerio de Exteriores, Abdelati el Obeidi, a Grecia, Turquía y Malta.

Por lo que trascendió, de la entrevista con el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, el enviado libio no obtuvo un gran apoyo, al contrario, el mandatario socialdemócrata heleno le habría reclamado que el régimen de Khaddafi acate “plenamente las resoluciones de las Naciones Unidas (ONU), el alto el fuego inmediato, y el fin de la violencia, en especial contra la población”.

Mayores esperanzas de la gira se cifran en Turquía, el único miembro musulmán de la OTAN, cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogán, ha manifestado reiteradamente que los bombardeos deben ser reemplazados por un acuerdo que posibilite una transición pacífica.

.

en Twitter:   @nspecchia

.

 

El “renacimiento” árabe y el modelo turco (05 03 11)

El “renacimiento” árabe y el modelo turco

Por Nelson Gustavo Specchia

.

.

Con los primeros días de este año 2.011 comenzó un proceso político que –a estas alturas ya parece claro- viene a transformar todo el mapa geopolítico mundial en una nueva dirección. La caída de la autocracia tunecina de Zine el Abidine ben Ali, el pequeño gran disparador de toda la revuelta, y la velocísima desestructura del régimen egipcio de Hosni Mubarak, sentaron las bases de una ola que, con una fuerza expansiva inaudita y un alcance largo, ha comenzado a mover todas las fichas del tablero árabe, esa larga línea de 8.000 kilómetros de costas, desde Marruecos hasta Omán, cruzando todo el norte de África y englobando el Oriente Medio asiático.

La insurrección de Libia contra Muhammar el Khaddafi, una revuelta que asciende en espiral en estos días, es el último coletazo de este sismo regional, que a cada paso demuestra su buena salud y su ímpetu: lejos de agotarse en Trípoli, es capaz de extenderse, con la velocidad y la profundidad manifestada en los primeros días de enero, hacia las sociedades vecinas, diferentes todas en su especificidad, pero también emparentadas todas por la lengua y la obediencia al Profeta.

Pienso que, con propiedad, podemos hablar ya de un “renacimiento” árabe, asemejándolo con aquel proceso vivido por Europa hacia fines del siglo XV, después de los mil años largos en que el viejo continente transitó la calma medieval tutelada por la iglesia católica y la cercanía entre verdad religiosa y normas políticas.

Las distancias a salvar entre ambos procesos son tan grandes que, claro está, mi afirmación sólo intenta ser referencial. Pero remarco que uno de los elementos que habilitaban hasta ahora el apoyo estratégico de los países occidentales (concretamente, de la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica) a regímenes fuertes en el mundo árabe, haciendo caso omiso de los déficit democráticos vergonzantes y de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, era la argumentación que estos gobiernos pseudo dictatoriales eran la única garantía ante la posibilidad del avance del radicalismo islámico y el yihadismo. Con un tono menos enfático, también se admitía que los autócratas eran los mejores socios al momento de asegurar la provisión de petróleo.

Pero, sin embargo, en las plazas tunecinas como en los históricos 18 días de la plaza Tahrir de El Cairo, se coreaban consignas en pro de la libertad política, de la dignidad, de la participación y la democracia, de apertura y de transparencia. En definitiva, mutatis mutandis, de algo muy parecido a aquello que llevó a la modernidad renacentista en las ciudades europeas.

Y tanto en Túnez y Egipto ayer; como en la insurrección en Libia hoy; y quizá en Bahrein, Yemen, Marruecos, Algeria, Jordania, Líbano, Siria o Palestina mañana, la experiencia política que se mira con más atención es la de Turquía.

El fantasma de los ayatollahs

Acostumbrados al discurso de la contención del islamismo, dominante en la política internacional hacia la región durante el siglo XX, los primeros análisis sobre la revuelta en Túnez y Egipto miraron hacia Irán. La revolución de 1979 que derrocó a los Pahlevi también tuvo unos orígenes heterogéneos, donde los diferentes colectivos marchaban juntos, aunque los objetivos de unos tuvieran poco que ver con los de los otros. En esa efervescencia, los grupos laicos llegaron a tomar la conducción de Teherán. Pero entre las diferencias que separan el proceso persa del que hoy vive el mundo árabe, resalta que en aquel había una figura que concentraba el pulso revolucionario, el ayatollah Ruhollah Khomeini. Astuto y dueño de una fina inteligencia política, Khomeini se percató del espíritu laicista que predominaba en el alzamiento popular, y en lugar de ocupar él u otro clérigo el centro del proceso, promovió a un laico para encabezar el gobierno de transición. Pero sólo le permitió una corta estancia, a los siete meses el Comité Revolucionario, bajo su férula personal, establecía la República Islámica, teocrática y conservadora.

Hoy, no sólo que ninguna figura comparable a un Khomeini asoma entre los partidos islamistas que lentamente comienzan a asomar la cabeza a la superficie, luego de décadas de censura y proscripción. Sino que el énfasis no es teocrático, ni pasa por la defensa de la ley religiosa, la sharia, en la regulación de la vida social. El modelo es otro, el camino es el que siguieron los turcos.

La vía turca

Aunque sí es cierto que, en los tiempos de la descolonización, con los movimientos nacionalistas, socialistas y panarabistas campeando a sus anchas, el sentimiento religioso buscó sus propios causes. Los Hermanos Musulmanes, fundados por Hassan al Banna en Egipto, se convirtieron en un primer momento, junto al wahabismo saudí, en el útero desde el cual nacieron los movimientos yihadistas radicales. De hecho, el lugarteniente de Osama ben Laden, Aymman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, proviene del núcleo originario de los Hermanos Musulmanes egipcios.

Sin embargo, además de esta línea que optó por las reivindicaciones violentas, otra corriente, en vez de mirar hacia el wahabismo de Arabia Saudita, se siente mucho más cómoda con la Turquía actual. Allí, donde después de un proceso de desgarro con el califato imperial otomano (que, como en la edad media europea, acercaba peligrosamente la fe y la política) y de una secularización a rajatabla impuesta por Mustafá Kemal, Atatürk, hoy se está logrando un nuevo equilibrio. Una combinación original entre principios republicanos y democráticos, y práctica religiosa musulmana, de la mano del partido islamista moderado que conduce el premier Recep Tayyip Erdogan: la modernidad, las libertades políticas, y el respeto cultural a la especificidad religiosa musulmana, todo junto,

Además de la profundidad del cambio cultural que implicará en el futuro próximo el reordenamiento de todo el mapa geopolítico árabe, si llega a primar la vía turca en la salida de las revueltas de este nuevo “renacimiento” árabe, esa opción enviará un mensaje potentísimo: la democracia representativa, la libertad y la organización institucional republicana no es patrimonio exclusivo de las sociedades modernas, cristianas y secularizadas, de Occidente.

Y este mensaje general, para la Unión Europea tendrá también una posdata particular: no fue una buena idea poner tantos palos en la rueda del ingreso de Turquía a la organización continental. Ahora quizá ya ni quiera entrar, ocupada como estará en gestionar su ascendencia en la marcha de un proceso regional extensísimo y multitudinario, que podría llegar a abarcar una superficie de trece millones de kilómetros cuadrados (más grande que los Estados Unidos, que Europa, y aún que la gigante China), asentada sobre un mar de petróleo, y habitada por unos doscientos millones de almas. Así de importante.

.

en Twitter:  @nspecchia

.

 

Revuelta árabe: entre la represión y las concesiones (17 02 11)

Revuelta en el mundo árabe

Prosiguen los alzamientos, entre la represión y las concesiones

Se multiplican las protestas en Yemen, Libia y Bahrein. Vuelven las manifestaciones contra el régimen en Irán.

En Túnez y Egipto los gobiernos provisionales enfrentan ahora reclamos sociales y económicos.

 

.

.

La caída del régimen egipcio de Hosni Mubarak está generando una ola de movimientos en todo el mundo árabe y sus principales vecinos, que ya parece difícil de detener.

La chispa encendida en Túnez, que forzó la huída de Zine el Abidine ben Ali, no presagiaba un contagio de esta naturaleza, debido al limitado poder regional del pequeño país del Magreb. El cambio de régimen en Egipto, en cambio, está implicando una alteración en el norte de África, Medio Oriente y Asia Central.

Además, también es evidente que el clamor popular no está dispuesto a agotarse con el nuevo tiempo político, sino, por el contrario, que se está alimentando de ese envión popular para reclamar viejas demandas sociales y económicas, en torno a situaciones muy postergadas en la distribución de la renta, nivel de compra de los salarios, precios de los productos de primera necesidad, los alarmantes índices de desocupación y la reconquista de derechos gremiales, entre las principales demandas que comienzan a tomar cuerpo en las calles tunecinas y egipcias.

El contagio de la metodología de alzamiento social contra los gobiernos fuertes que han caracterizado toda la región, sigue la línea del mar Mediterráneo hacia la dictadura libia del coronel Muhammar el Khaddafi; hacia el régimen autocrático de Abdelaziz Buteflika en Argelia; y alcanza la monarquía alauíta de Mohamed VI en Marruecos.

Hacia el este, por su parte, la onda de la movilización egipcia ya ha alcanzado a los territorios de la Autoridad Nacional Palestina; al emirato de Bahrein en el Golfo Pérsico; y a la larga permanencia del presidente Ali Abdallah Saleh en el poder de Yemen. Inclusive el clima de malestar generalizado ha vuelto a alimentar la protesta persa, donde el movimiento de la “ola verde”, opositor al gobierno populista chiíta de Mahmmoud Ahmadinejad, volvió a intentar manifestarse en forma masiva contra el régimen.

La revuelta ha llegado también al ya de por sí inestable escenario iraquí, donde el débil gobierno de Nuri al Maliki ha tenido que salir a reprimir manifestaciones de protesta por la nula prestación de servicios públicos en Bagdad, cuando el grueso de la seguridad nacional sigue ocupada en sofocar la insurgencia sunnita.

En este complejo escenario, los gobernantes intentan responder a los alzamientos con una mezcla de concesiones y un aumento de la represión policial. El primer ministro argelino, Ahmed Uyahia, intentó calmar a las masas anunciando el fin del estado de excepción, vigente en Argelia desde hace 19 años. Khaddafi aumentó los salarios y los subsidios a los alimentos; Saleh anunció que no se presentará a la reelección ni cambiará la Constitución para perpetuarse en el poder.

Y todos han aumentado la presencia de los antidisturbios y de sus fieles en las calles, queda por ver si esto será suficiente para apagar la revuelta.

Protesta kurda en Turquía

El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, que fue puesto como modelo a seguir por los movilizados en Túnez y Egipto, sufrió ayer el embate de cientos de manifestantes de la minoría kurda, tanto en la capital como en las ciudades de Estambul y Esmirna.

En un clima regional muy alterado, los kurdos de Turquía se movilizaron durante toda la noche del martes, incendiando autos y edificios, en marchas convocadas en el aniversario de la detención del histórico líder de esta minoría racial de unos 12 millones de habitantes, Abdullah Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ocalan intentó organizar una resistencia armada contra Ankara para separar el territorio de mayoría kurda del sur de Turquía, fronterizo con Irán e Irak, y permanece preso desde 1999 en la isla de Imrali. Los enfrentamientos con la policía dejaron heridos y unos 40 manifestantes detenidos.

La represión de las fuerzas de seguridad turcas ha causado la muerte de unos 45.000 kurdos desde el alzamiento de Ocaran.

Internet vuelve a convocar nuevas marchas en Libia

El coronel Muhammar el Khaddafi pondrá a prueba hoy la resistencia del régimen frente a las protestas convocadas por Facebook.

Los organizadores esperan reunir en Trípoli grupos numerosos, en recuerdo del 17 de febrero de 2006, cuando una manifestación en Bengazi –que el gobierno había permitido porque supuestamente era contra unas caricaturas de Mahoma- terminó siendo la primera protesta multitudinaria contra el propio Khaddafi y su dictadura de partido único.

En la víspera, además, unas columnas espontáneas de opositores se enfrentaron a los leales al gobierno, los temibles Comités de la Revolución, cuerpos paramilitares fieles al régimen de Trípoli.

Si bien los comunicados oficiales y la prensa gubernamental relativizaron el enfrentamiento, adjudicando la responsabilidad a “saboteadores” y delincuentes comunes, en videos colgados en la página de Internet de YouTube puede verse una importante movilización popular, de cientos de hombres y mujeres que marchan coreando consignas contra el régimen y el líder libio, mientras la policía utiliza camiones hidrantes para dispersarlos.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.

.

Egipto, la revolución del presente (04 02 11)

Egipto, la revolución del presente

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

Octavio Paz, el poeta y el pensador de México, solía clasificar los alzamientos sociales en revueltas y revoluciones. Firmemente parado en la modernidad, Paz sostenía que las revoluciones sólo eran aquellos cambios violentos de sistema político, inspirados en los acontecimientos de la Francia de 1789, que buscaban la implementación de un gobierno republicano –liberal o socialista- y que se inspiraban en el grueso tallo del árbol intelectual y filosófico de Occidente.

Así, decía el poeta, en América latina hemos vivido sucesiones de revueltas, pero muy pocas revoluciones. Pero los grandes ensayos de Octavio Paz, como El laberinto de la soledad, El ogro filantrópico ó Tiempo nublado, donde desarrolla estas ideas con mucha extensión, son textos de los años ochenta del siglo pasado, antes de que el muro de Berlín cayera y los particularismos culturales, que habían permanecido aplastados por las pesadas losas de un mundo bipolar, emergieran con una fuerza inusitada.

Entre los cambios de paradigmas que el mundo viene experimentando desde entonces, también los conceptos mediante los cuales intentamos aprehender la realidad social y política que nos circunda han tenido que flexibilizar sus bordes y sus límites, incorporar nuevos elementos y situaciones, y adecuarse a unos escenarios mucho más complejos y cambiantes, para mantener su capacidad analítica y explicativa. El concepto moderno de revolución ha sido, creo, uno de los más afectados por estas realidades emergentes. La revolución del presente ya tiene muy pocos elementos comunes con la Revolución Francesa, aquel modelo primigenio.

Egipto, también en este punto, ilumina las nuevas modalidades de transformación política. El alzamiento popular y espontáneo que vive el gigante país africano desde hace un par de semanas, si bien quedaría fuera del tradicional concepto de revolución moderna, no podría calificarse de otra manera sin descuidar aristas vitales en el análisis. A su manera, el alzamiento egipcio es una revolución con todas las letras. Y como toda revolución, su final, de momento, permanece abierto.

En ese frente incierto de tormenta, hay dos elementos que giran en torno al eje de salida de la crisis política. Algunos de estos elementos son de vieja data, que se arrastran desde el fondo más profundo de la cultura egipcia; otros elementos son novísimos, que han estado al mismo tiempo entre los pasillos que permitieron que la revolución llegara hasta donde ha llegado, y que también constituyen uno de sus productos.

Habrá, claro, muchos otros, pero yo identifico a estos dos como los factores más críticos en este momento de desarrollo de la revolución: me refiero al substrato árabomusulmano del Islam político que permea una porción importante de la sociedad egipcia; y al rol del entramado comunicacional por internet y el súbito acceso de miles de egipcios –sobre todo jóvenes- a las redes sociales.

Entre estos dos elementos se mueven, como las fichas de un juego de táctica y estrategia, los actores externos que tendrán un rol neurálgico en el rumbo que finalmente adopte la salida de la revolución. Desde los intereses norteamericanos a los de la Liga Árabe; desde la vigencia del tratado de paz entre Egipto e Israel a las posturas de la diplomacia comunitaria europea; desde el fino cristal de la frontera terrestre con la franja de Gaza que comunica con toda la cuestión palestina; desde el “contagio” del entorno en el Magreb africano al paso petrolero por el Canal de Suez; desde las líneas telefónicas privilegiadas con las plutocracias petroleras del Golfo hasta las relaciones especiales con Turquía; desde la tradicional amistad de El Cairo con la casa reinante en Jordania hasta la fluida comunicación con la Siria de los Asad. Demasiadas fichas, todas vitales, moviéndose juntas por los mismos casilleros.

La hipótesis de la islamización

En el medio de ese delicadísimo equilibrio de poderes e intereses, el primer elemento que surgió con fuerza al analizar la revolución egipcia fue el supuesto riesgo de una deriva teocrática e islámica del alzamiento popular. Durante los primeros días, una posible salida “a la iraní” era la línea recurrente en los análisis internacionales, especialmente en la prensa estadounidense y, con mucho más énfasis, en las columnas de opinión de diarios israelíes.

Los Hermanos Musulmanes, la cofradía religiosa fundada en Egipto por Hassan el Banna en 1928, y dedicada fundamentalmente a la asistencia social a las capas más humildes de la población, tiene, sin duda, un alto predicamento en todo el cuerpo social de este inmenso país de ochenta millones de habitantes. En cálculos muy aproximados, se estima que un tercio de esta población podría adherir a posturas o a dirigentes avalados por los Hermanos Musulmanes, especialmente en una situación de tensión social.

Pero las argumentaciones que intentaban asociar a esta organización con Al Qaeda (que fue, por cierto, el discurso sostenido por el gobierno de Hosni Mubarak para mantenerla proscripta), o aquellas que la comparan con los sectores teocráticos que terminaron cooptando la revolución iraní de 1979 tras el derrocamiento del shah Mohammed Raza Pahlevi, han ido perdiendo fuerza con el transcurso de los días, a medida que se conocían detalles y los verdaderos alcances de la organización. En esta línea, el artículo “La Hermandad”, firmado por Pepe Escobar y publicado en este diario ayer (HDC, 03/02/11) ofrece elementos esclarecedores.

Para Escobar, los sectores islamistas del substrato cultural egipcio, lejos de la experiencia iraní, están comprometidos con una salida laica y republicana de la revolución. Su ámbito de actuación principal son las mezquitas y los hospitales, y han llegado inclusive hasta las organizaciones sindicales y profesionales de los sectores más deprimidos. Los islamistas egipcios no ocultan su vocación política, y tanto por su peso demográfico como por el alcance de su organización, no podrían estar ausentes de ninguna hipótesis de salida del alzamiento contra Mubarak. Y aunque Escobar también anota que para los Hermanos Musulmanes “un Estado islámico no está en conflicto con la democracia”, este tipo de planteos quedarían postergados para un segundo momento, luego de que una transición laica haya reestructurado el gobierno y la constitución del Estado.

La hipótesis de una islamización “a la iraní”, entonces, parece no tener espacio en el futuro inmediato de Egipto. Aún así, también hay que tener presente que un futuro gobierno con los Hermanos Musulmanes como factor clave, seguramente dejaría sin efecto el acuerdo de paz con Israel. Y este acuerdo es el principal elemento para el equilibrio regional en Oriente Próximo.

El apoyo de la aldea global

El segundo elemento crítico en los escenarios de salida de la revolución es el que conforma el entramado comunicacional, con la confluencia de internet, los videos colgados en la red en tiempo real, las redes sociales, los teléfonos celulares y los canales de televisión.

La larga permanencia de las autocracias árabes se asentaron en varios pilares, uno de ellos fue, sin duda, la cerrazón frente al mundo, la baja o nula interacción (sólo limitada a una élite exclusiva y minoritaria) con otras realidades extra muros. La irrupción del mundo exterior le quita una de las columnas pétreas en que las tiranías del mundo árabe encontraban sustento desde los procesos de descolonización de mediados del siglo pasado.

Según explica el sociólogo Manuel Castells, este novísimo elemento irrumpe en las estructuras anquilosadas de las autocracias siguiendo una pauta común: un suceso extra-ordinario en la vida rutinaria (como fue el suicidio a lo bonzo del tunecino Mohammed Buazizi, cuando la policía le destruyó su carrito de venta de frutas) despierta la indignación social, que viene sostenida y acallada por la represión policial desde tiempo atrás. Ese estado individual encuentra su réplica en otros, y desencadena manifestaciones grupales, que siguiendo el guión represivo clásico de las dictaduras, son desarticuladas por los cuerpos policiales.

Pero la novedad es que ahora esa represión se sube inmediatamente a la página de videos de YouTube en internet, y esas imágenes de la represión y los mensajes de protesta que la acompañan duplican espontáneamente la protesta. Luego, las imágenes captadas por los teléfonos móviles de los propios movilizados llegan hasta medios de comunicación que están fuera del área de control oficial (como ha sido el caso de la agencia qatarí de televisión Al Jazeera en estos días), que retrasmite por los canales de la web a todo el mundo.

Cuando los usuarios de internet toman conocimiento de la movilización, los videos de la represión y los mensajes de protesta, se activan las redes sociales, los mensajes de texto, los “hashtags” de Twitter y los grupos de Facebook, entre otras redes menores, y ese sistema de comunicación interactiva y en tiempo real ya no puede ser controlado por nadie. Sin cabezas visibles y sin centro, funciona con eficacia y burla cualquier censura.

En Egipto, inclusive cuando el régimen de Mubarak decidió cortar la cobertura de la telefonía celular y los accesos a internet, los cyberactivistas de todo el mundo se organizaron para ofrecer vías de acceso alternativas a los movilizados de El Cairo. En las dos semanas que dura la revuelta egipcia, el crecimiento de usuarios de redes sociales ha crecido exponencialmente, día a día.

Las comunicaciones soñadas para el futuro ya son las herramientas de la revolución del presente.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.

.

Brasil sin Lula (31 12 10)

Brasil sin Lula

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

Mañana, con el primer día del nuevo año, el presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva –ya para siempre conocido con la familiar designación de “Lula”- entregará el bastón de mando a la señora Dilma Rousseff, su discípula y amiga, a quién él eligió para sucederlo. Con el traspaso de la banda verde y amarilla comenzará a cerrarse uno de los períodos más interesantes de la contemporaneidad de América latina: estos ocho años de la presidencia de un obrero metalúrgico, apenas alfabetizado, procedente de una de las regiones históricamente más pauperizadas –la zona rural de Caetés, en el Nordeste- y de los estratos sociales más bajos de su país, acreditando experiencia laboral en un torno fabril y en las luchas gremiales de la izquierda clasista, que se formó a sí mismo como una figura política, se escolarizó en el aprendizaje de múltiples y sucesivas derrotas electorales, logró amoldar y atemperar el discurso ideológico radical hasta hacerlo atractivo no sólo a la militancia activa sino a los grandes colectivos, y puso sobre el escenario su encanto de orador llano que habla al pueblo en su mismo lenguaje.

Lula deja el Palacio del Planalto, se va el hombre que transformó esa biografía suya, tan alejada de las tradicionales figuras que han ocupado los primeros lugares del poder en nuestras tierras, en un carisma a prueba de balas, que le permitió conectar permanentemente con el electorado y afrontar las iniciativas políticas más osadas sabiendo que el respaldo popular lo sostenía.

MANEJAR EL CARISMA

En estos ocho años Lula utilizó todo el capital político acumulado durante esa transformación personal, en volcarlo en la transformación de Brasil. Y lo logró. Un sólo dato, entra la maraña de cifras que en estos días se utilizarán para evaluar su gestión: en el lapso de sus dos períodos presidenciales logró sacar de la pobreza a unos cuarenta millones de hombres y mujeres, que vivían por debajo de esa línea imaginaria que marca el borde de la vida digna en una sociedad. Cuarenta millones, una cantidad equivalente a toda la población argentina. Una tarea inmensa lograda merced a iniciativas arriesgadas, de las que el presidente ha salido, una y otra vez, fortalecido. Al punto tal que deja el poder con un índice de aprobación popular que supera el ochenta por ciento, una aceptación multitudinaria que, si hubiese estado en su ánimo, le hubiera permitido permanecer en el poder.

Pero aquí aflora otro rasgo personal del líder, producto de aquel aprendizaje hecho en la calle: Lula nunca ha utilizado su inmensa cuota de poder en provecho propio. Parece increíble, mirando alrededor los ejemplos en sentido contrario. Pero en la actual relación de fuerzas, al presidente le hubiera sido relativamente simple proponer una reforma constitucional que lo habilitara para un tercer mandato consecutivo, una re-reelección, como las que estuvieron (y están aún) de moda en Latinoamérica. Sin embargo, Da Silva cortó ese rumor desde el primer momento, y fue consecuente con su palabra. Terminados los dos períodos, se volvería a su casa, no forzaría la legalidad constitucional y permitiría la normal renovación de la conducción gubernamental.

En estos días de despedidas, saludando a los periodistas acreditados en Brasilia, inclusive reveló algunas intimidades que permiten comprobar la honestidad de su decisión de abandonar (aunque sea momentáneamente) el poder. Tampoco es que me interesen los beneficios personales del cargo, vino a decirles Lula a los periodistas, ni el avión presidencial ni la piscina del palacio: a la pileta casi no me metí nunca, y el avión me marea. Y otro detalle que completa esta postal: en todos estos años, reveló Lula, no me he reunido con mis amigos, ni los he invitado a comer a la residencia oficial, porque no quería alentar celos y envidias; volver al llano será también recuperar las cervezas y las cenas compartidas con los amigos de siempre, por las noches, hasta que nos den las tantas…

ORDENAR LA CASA

El éxito de Lula en la gestión gubernamental ha tenido dos grandes capítulos: la reubicación de la presencia y de la palabra brasilera en el plano exterior y las políticas públicas de justicia distributiva, equidad e inclusión social en el orden interno.

En el plano global, Da Silva logró capitalizar el peso específico de su país para encabezar las iniciativas regionales, especialmente la Unasur, y para proyectar el protagonismo de Brasilia en algunas zonas calientes –Irán, Turquía, Medio Oriente, Siria, África-; en los acuerdos de grupo con los otros emergentes (como el BRIC, con Rusia, India y China, y el IBSA, con India y Sudáfrica); y un rol creciente en las instancias multilaterales, como el Grupo de los Veinte (G-20) y la recurrente aspiración de ingreso permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero este crecimiento en el rol de jugador de las primeras ligas mundiales estuvo asentado, permanentemente, en la estrategia de alcanzar una ordenación en la política interna que justificara aquel mayor protagonismo global. Y la misma línea de pensamiento estuvo aplicada a los grandes temas de la defensa (como la adquisición de armamento nuclear con tecnología francesa); como a los más domésticos de afianzar la imagen de Brasil en el concierto de naciones (como esos grandes escaparates que son los juegos olímpicos, a celebrarse en Río de Janeiro en 2016, o los mundiales de fútbol, en 2014).

Por estas razones –que podríamos llamar “de Estado”- como por auténtica vocación popular, democrática y progresista, Luiz Inácio da Silva orientó las direcciones de su gobierno a la aplicación novedosa de políticas inclusivas y de ampliación agresiva del mercado interior, con el complemento de una permanente evaluación y monitoreo, que ha transformado la experiencia brasileña en una referencia mundial de estudio en las facultades de ciencias políticas y sociales.

No es caprichoso caracterizar de osadas las iniciativas de transformación implementadas durante los dos períodos presidenciales de Lula, si se tienen en cuenta las condiciones estructurales del país al momento de su acceso al poder, y el tamaño de la sociedad brasilera. Según el censo general de 2010, la población del país vecino alcanza a 190,7 millones de personas. Este gigante demográfico y geográfico fue fortalecido durante estos ocho años en su modelo federativo y descentralizado, con diferentes niveles de gestión autónoma en los estados federados (provincias) y municipios. Por ello deben ser osadas, necesariamente, las políticas que intenten lograr transformaciones sustanciales en un país con una de las mayores estructuras de gestión pública del mundo.

Lula se imaginó una estrategia centrada en la fuerte presencia del Estado Federal, y ordenó la planificación de la prestación de los servicios públicos, que tendrían la función de incluir en el sistema a los grandes colectivos pauperizados, desde la esfera pública nacional. Así, hoy todos los niveles gubernamentales (federal, estadual y municipal) están comprometidos en la prestación de servicios sociales, con un cercano monitoreo sobre su efectividad, alcance y calidad.

Junto a la extensión en la prestación de servicios hasta las regiones y los colectivos más lejanos, el rol del Estado también ha sido muy fuente en el impulso a las políticas de soporte a la industria básica y a las manufacturas. Esta promoción industrial y productiva estuvo, además, cruzada con las diferentes herramientas para apuntalar el aliciente al consumo interno.

La conjunción de estrategias de asistencia primaria a las necesidades crónicas de los estratos más pauperizados, que progresivamente van dejando lugar a planes de incorporación al mercado productivo formal, y una participación activa del sector público en el crecimiento del producto interno, han sido acompañadas con el monitoreo permanente y transparente de resultados, de forma de contar en todo momento con indicadores fiables para ajustar esas mismas políticas y acciones públicas.

A PARTIR DE MAÑANA

Lo que acabo de reseñar, y que quizá se denomine “modelo brasilero” dentro de algún tiempo, constituye el legado político de Luiz Inácio da Silva: rol activo del sector público en la esfera económica (productiva y financiera); prioridad en la atención social; transparencia y honestidad gubernamental; apoyo oficial al crecimiento del mercado interno; búsqueda de la equidad y de la inclusión de los más pobres; liderazgo en la integración regional; protagonismo heterodoxo en el plano global.

En Foz do Iguazú, a mediados de este mes de diciembre, en la 40º cumbre del Mercosur, Luiz Inácio da Silva se despidió de sus colegas presidentes del Cono Sur de América, en lo que era también su despedida de los escenarios internacionales. En Foz traspasó la conducción pro témpore de la organización regional (cuyo resurgimiento tanto le debe a él y al ex presidente argentino Néstor Kirchner) al presidente paraguayo Fernando Lugo. Todos tuvieron palabras de elogio y agradecimiento para Lula, a quien el uruguayo Pepe Mujica consideró nuestro “embajador plenipotenciario en el concierto del mundo”.

Este tipo de adjetivos se repetirán en estos días. Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire es cómo tomará la sociedad política la ausencia de Lula en el palacio del Planalto a partir de mañana, una ausencia gigante, “o mais grande do mundo”, como casi todo en Brasil.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.

.

 

Turquía, con rumbo oeste (17 09 10)

Turquía, con rumbo oeste

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

Cuando llegué por primera vez a Estambul era de noche. Desde las ruinas de Pompeya habíamos embarcado en el puerto de Bríndisi –desde donde partió al exilio el poeta Virgilio- hacia Grecia, y un lento y largo tren, con campesinos con chivas y gallinas y bolsas de pan y verduras, nos había traído hasta la vieja Constantinopla desde Atenas. Las primeras horas en Estambul, esa primera imagen que siempre es tan importante para embeberse de los nuevos escenarios, despertaron en nosotros la idea de la “diferencia” turca. No identificábamos bien qué, o dónde estaba esa diferencia que se nos aparecía tan radical y al mismo tiempo tan confusa, y con el paso de los días esa sensación primera se fue asentando al confirmase a cada paso: los turcos eran iguales a todo ese mundo mediterráneo que veníamos recorriendo durante meses, pero al mismo tiempo eran radicalmente diferentes. ¡Pero si hasta para negar mueven la cabeza hacia arriba y hacia abajo, con el gesto que todo el mundo utiliza para asentir!

Estas impresiones intuitivas, de contacto vivencial con entidades culturales diferentes a los estándares de estudio en sociología política y en relaciones internacionales, pueden servir para ilustrar los problemas a los que nos enfrentamos al momento de analizar los enormes cambios actuales en la estructura del sistema de gobierno en la República de Turquía; en las implicancias que se derivan de estas alteraciones del rumbo ejecutadas por la conducción del gigante que cabalga entre Europa y Asia; en la crítica importancia que para todos reviste la experiencia turca, en una coyuntura global de resignificación de los factores religiosos en la política; y en los actores que encarnan esa transformación. Porque Turquía es tan diferente, que aquí los progresistas y democratizadores sociales son los conservadores religiosos, y los que se oponen al cambio y a la modernización de las estructuras son los socialdemócratas laicos. Como el gesto de negar o asentir, exactamente al revés que en el resto del mundo.

LIMPIAR LA CONSTITUCIÓN

El domingo de esta semana, 12 de septiembre, el gobierno turco sometió a plebiscito popular la reforma de la Constitución, y su propuesta ganó por porcentajes abrumadores. El ejecutivo de Ankara está encabezado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogán, y la figura de representación del Estado reposa en el presidente Abdullah Güll. Esta dupla de políticos encarna la nueva élite dirigente turca: intelectuales, cultivados, políglotas, republicanos, demócratas, occidentalizados, liberales y capitalistas; pero, al mismo tiempo, musulmanes convencidos y religiosamente practicantes, dispuestos a reinsertar una agenda de contenidos islámicos en la vida social y en la práctica política. Esa combinación de elementos es, desde cualquier punto de vista y de experiencia regional en los países árabes de Oriente Medio, una arriesgada apuesta original.

Cuando los militares nacionalistas dan un golpe de Estado contra el antiguo orden del Imperio Otomano, en 1923, y capitaneados por el general Mustafá Kemal –Atatürk- fundan la moderna República de Turquía, entienden que su principal enemigo es la identificación entre orden político y orden religioso. Por lo que imponen el laicismo obligatorio, desterrando las prácticas obligatorias del Islam de toda la vida pública, desde los elementos profundos, sistémicos, hasta los más superficiales, como la vestimenta: nada en la vía pública, en las escuelas, en las universidades, en las oficinas gubernamentales puede hacer referencia a la religión mahometana.

Y Atatürk, militar al fin y al cabo, encargó a sus colegas del ejército la tutela de este laicismo obligatorio, que ya se apresta a cumplir noventa años. Pero la cultura popular, especialmente desde la Turquía profunda, rural, la que viene desde los amplios llanos de Anatolia (y, por ello, adentrada en la geografía, los usos y los modos asiáticos) se ha resistido desde siempre a esta imposición forzada de los militares kemalistas. Éstos, a su vez, tomándose la “tutela” encargada por Atatürk muy en serio, han provocado varios golpes de Estado durante el siglo XX para preservar la pureza laicista del país. Aquí es donde aparecen Erdogán, Güll, y la nueva generación de políticos, con la novedad del intento de armonización entre republicanismo democrático y respeto religioso. Pero, ¿la democracia liberal –occidental y moderna- puede ser compatible con el Islam?

CABEZA DE TURCO

Los militares kemalistas siguen diciendo que es imposible, y los apoyan todos los partidos del arco que, en nuestros esquemas, consideraríamos la izquierda, encabezada por el laicista Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), vinculado a la socialdemocracia internacional.

Pero Erdogán y Güll tienen la cabeza dura y son persistentes, desde su juventud universitaria. En 2001 crearon el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, Adalet ve Kalkinma Partisi) y desde esa militancia avanzaron a pesar del veto militar y judicial permanente, y han logrado finalmente arrebatar a los laicistas la iniciativa política y el mayoritario apoyo popular. En las clasificaciones a las que estamos acostumbrados, el AKP sería un partido conservador, islamista moderado, de centroderecha; al que se podría comparar con la democracia cristiana o el Partido Popular europeo. Para el contexto turco, en cambio, la agrupación en el gobierno encarna las ideas más de avanzada, reformistas y progresistas.

Porque las reformas constitucionales sometidas a referéndum este domingo sólo pueden ser comprendidas en ese sentido. La actual Constitución data de 1982, redactada por una Junta Militar que se había hecho con el gobierno tras uno de esos múltiples golpes de Estado (el de 1980), con que los militares kemalistas ejercieron la “tutela”. La reforma propuesta por Erdogán contempla la modificación de 26 artículos de la Carta Magna, que en su conjunto suponen supeditar el poder militar al civil, terminar con la impunidad jurídica de los generales golpistas mediante la aplicación de la jurisdicción civil para los delitos cometidos por uniformados. Por otro lado, avanza con la reforma de la judicatura, el otro sector –además del ejército- donde se ha atrincherado el nacionalismo laicista. Y, por último, legisla sobre la protección de los derechos civiles y de las minorías: otorga el derecho de huelga a los empleados públicos y el acceso a los convenios colectivos; explicita el derecho a la privacidad; e incorpora artículos sobre la protección de los colectivos sociales más vulnerables. Un auténtico programa progresista y democratizador, llevado adelante por islamistas moderados.

EUROPA COMO BALANZA

Además de terminar con la “tutela” militar interna, la dupla Erdogán-Güll busca afanosamente adecuar los estándares legales y jurisprudenciales a los parámetros de Occidente, porque el ingreso de Turquía a la Unión Europea sigue siendo la principal baza de su política exterior. Con la reforma constitucional aprobada el domingo, tanto el francés Nicolás Sarkozy como la alemana Ángela Merkel, los dos principales oponentes al ingreso turco, se quedan sin una parte importante de sus argumentaciones.

Y el referéndum, además, y aunque no lo mencionara explícitamente en las papeletas, ha implicado un plebiscito sobre la propia gestión del ejecutivo, sobre la agenda del gobierno, y sobre la prioridad en la orientación de las relaciones internacionales hacia el Oeste. De los 72 millones de habitantes del gigante turco, casi 50 millones integran el padrón electoral (y dos tercios de esa población tienen menos de 30 años). Con una participación cercana al 80 por ciento del padrón, prácticamente el 60 por ciento apoyó la reforma constitucional planeada por el AKP. Una mayoría abrumadora que, al mismo tiempo, deja a Recep Tayyip Erdogán en inmejorables condiciones para volver a presentar su candidatura a un tercer mandato, en las elecciones generales del año que viene.

En todo caso, a pesar de estos apoyos mayoritarios, y si de verdad la élite del AKP no oculta una agenda de “reislamización” de Turquía, el primer ministro (al que los medios de prensa opositores en Estambul ya llaman el “sultán”) debería recordar que en Occidente la república y la democracia requieren de la pluralidad de opciones y de la alternancia en el poder. También debería recordárselo la Unión Europea, a la que con tanta ansia aspira ingresar.

.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.

.

Gitanos, europeos sin patria (03 09 10)

Gitanos, europeos sin patria

por Nelson Gustavo Specchia

.


.

La polémica decisión del presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy, de expulsar a los gitanos del suelo francés, ha actualizado el debate sobre el tratamiento político que reciben las minorías étnicas, y también la discusión sobre la real capacidad del proceso de integración europeo para asimilar a los diferentes, aquellos que cuestionan la perspectiva occidental, cristiana, liberal y moderna que Europa ha homogeneizado como su motus vivendi.

Los “romaníes” (nombre con que se conoce a las gentes gitanas en Europa; ellos se designan a sí mismos como “rom”, “manuches” o “sintis”) no son el único caso que pone a prueba los límites inclusivos de la Unión Europea (UE). Las permanentes idas y vueltas con la candidatura de Turquía a la Unión es otro de estos casos testigos, y no es casual que vuelva a ser Sarkozy –junto a la canciller alemana Ángela Merkel- el campeón de los opositores al ingreso turco: repiten que son muchos, son musulmanes, son dudosamente democráticos, más asiáticos que occidentales, más antiguos que modernos. Otras posibles candidaturas a la UE son receptoras de prejuicios similares: Croacia, la Antigua República Yugoeslava de Macedonia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Moldavia, Ucrania.

¿Y A TÍ QUIÉN TE QUIERE, GITANA?

Pero los romaníes tienen, además, algunas características que los dejan fuera de aquel concepto de Europa como el conjunto de principios basados en la filosofía griega, la religión de Israel y el derecho romano, según la definía Paul Valéry. Porque los gitanos nunca han reconocido más patria que la propia tribu. Ese ancestral carácter nómade, y los vientos de la historia, los terminaron agrupando hoy mayoritariamente entre Rumania, Bulgaria y la República Checa. El anciano parentesco con otras tribus europeas (como los gitanos españoles de Andalucía, o los italianos y franceses) se debilitó mucho durante el siglo XX; los campos de concentración nazis no alojaron sólo deportados judíos, sino también de otras minorías, y miles de gitanos terminaron con sus huesos en los hornos de exterminio.

Nicolás Sarkozy preside un gobierno conservador, en cuya cosmovisión la deportación de cientos de romaníes y de destrucción de sus poblaciones con el argumento de asociarlos al delito y a la criminalidad, encuentra sentido aunque genere rechazos. Pero Sarkozy es un animal político con olfato muy fino, y si se atreve a seguir adelante a pesar del rechazo que su decisión provoca en todo el arco político, en las organizaciones civiles, en su propio gabinete y hasta en el papa de Roma, es porque su olfato le dice que cuenta con el apoyo de importantes bases populares (y electorales).

No nos engañemos: a los gitanos, a sus carpas y caravanas de casillas rodantes, a sus catervas interminables de críos por todas partes, a su vida rumbosa y poco considerada con las normas y las convenciones sociales, se los quiere poco. Desde la políticamente correcta visión burguesa, los gitanos incomodan como vecinos, no se molestan en integrarse a la sociedad a la que llegan, se comunican en un dialecto ancestral de raíz indostánica incomprensible para el común de los mortales, y les caben todos los tópicos con que la tradición los ha revestido: vagos, ladrones, sucios, desorganizados, mendigos y haraganes. Y Sarkozy lo sabe, y lo aprovecha.

EUROPEOS DE SEGUNDA

Al llevar una vida trashumante, es difícil censar a los romaníes (sumado a que en varios Estados-Miembros de la UE está prohibido realizar censos étnicos), pero se estima una población cercana a los diez millones, que se ha movido en olas de migración por el continente durante siglos, agrupándose tras las últimas olas en el borde oriental. Hoy se estaría viviendo un nuevo desplazamiento hacia los países centrales de Europa –Francia, Alemania, Italia- motivado por cuestiones socioeconómicas.

La diferencia con el pasado es que ahora deberían poder hacerlo legalmente, ya que el “espacio Schengen”, vigente desde 1995, establece un único ámbito europeo sin fronteras interiores, dentro del cual cualquier ciudadano de un Estado-Miembro tiene libre movilidad y permanencia. Rumania y Bulgaria, los últimos socios ingresados al club en la ampliación de 2007, aún no disfrutan completamente del acceso al “espacio Schengen”, pero apenas estos países ultimen las formalidades, sus ciudadanos podrán moverse libremente por Europa, migrar y establecerse. Inclusive sus gitanos.

Pero no lo tendrán tan fácil: aún dentro de una legislación tolerante y liberal hay resquicios por donde se aferran las viejas diferencias. Los romaníes se han enfrentado históricamente a una exclusión más aguda que la de cualquier otro colectivo minoritario, especialmente cuando tratan de acceder a esas seguridades que el “Estado de Bienestar” europeo intentó proteger para la totalidad de la población: el empleo, la educación, la sanidad, los servicios sociales.

Por esos resquicios y frente a la inminente entrada en vigor del “espacio Schengen” para los nuevos socios orientales, Francia ha declarado unilateralmente una moratoria hasta 2012 (que seguramente ampliará luego hasta 2014). En virtud de ella, el gobierno francés no les reconoce temporalmente a los rumanos y búlgaros los mismos derechos que al resto de los europeos, y –consecuentemente- si los encuentra en su territorio y sin papeles de inmigración, puede expulsados legalmente.

Así, la expulsión de romaníes por parte del gobierno de Nicolás Sarkozy se ha convertido en una rutina: según las cifras oficiales, sólo durante 2009 expulsó de Francia a 10.000 gitanos. En estos días, desde París se han planeado vuelos con cerca de 700 romaníes expatriados hacia Bucarest, y el gobierno va desmantelando más de 300 poblados, obligando a sus habitantes –muchos ya nacidos en suelo francés- a abandonarlos.

LIOS CON EUROPA

A pesar de que Sarkozy sigue apelando a su fino olfato, algunas cosas van tomando color castaño oscuro. Desde instancias internacionales, el Comité contra la Discriminación de las Naciones Unidas envió la semana pasada a París un documento formal advirtiendo a Francia que de persistir en esta política incurriría en un caso de discriminación internacional. La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia –organismo dependiente del Consejo de Europa- sumó su parte, y mostró su profunda preocupación por el trato que se está dando en Francia a la minoría romaní. Y hasta en el tradicional rezo del Ángelus, en la plaza de San Pedro de Roma, el papa Benedicto XVI cambio de idioma y en francés criticó –en el retorcido lenguaje eclesial- la dureza con que Sarkozy no acepta “las legítimas diversidades humanas” de las gentes de diferente procedencia.

El ministro de Exteriores rumano, Teodor Baconschi, manifestó la preocupación de su país ante las que no dudó en calificar como “reacciones xenófobas” de Francia, mientras la Comisión Europea (el órgano ejecutivo permanente de la UE) tuvo que salir a la palestra, y José Manuel Duráo Barroso, su presidente, reclamó a Nicolás Sarkozy que respete la libertad de circulación de los ciudadanos de la Unión.

Ante la presión externa, el propio gabinete de gobierno comenzó esta semana a mostrar fisuras. El canciller Bernard Kouchner –un político socialista integrado al gobierno de Sarkozy- hizo la punta, y a él su sumaron las críticas del propio primer ministro, Francois Fillon; del ministro de la Defensa, Hervé Morin; y de la secretaria de la Juventud, Fadela Amara. Y a los miembros del Poder Ejecutivo, además, se vienen ahora a agregar los jueces de provincia, que han comenzado a emitir fallos contra la política de expulsiones sistemáticas que mantiene el presidente.

La cuestión, en última instancia, apunta al corazón y al sentido de ser de la Unión Europea. Si Sarkozy se sale con la suya e insiste en la deriva populista al seguir expulsando hombres y mujeres en razón de su origen étnico y de su singularidad cultural, habrá marcado un retroceso cualitativamente determinante en la imagen con la que esta Europa quiere presentarse ante la sociedad internacional.

La capacidad de Europa para ocupar un lugar de predominio en un mundo multipolar no pasará ya jamás por la fuerza de sus ejércitos (que no cuentan, ya que de su seguridad se encarga la OTAN), sino por el éxito duradero de la coexistencia entre crecimiento económico y plena vigencia de los derechos políticos y sociales para toda la población. Incluida la población gitana, por supuesto.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.

.

Bookmark and Share

Turquía amenaza con romper relaciones con Israel (06 07 10)

Turquía amenaza con romper relaciones con Israel

.

.

.

.

.

.

.

Las estratégicas relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y la República de Turquía atraviesan un delicado momento, con versiones cruzadas sobre tratativas secretas y discursos amenazantes desde ambas partes. Más allá de cómo termine evolucionando la relación bilateral entre ambos Estados, la situación es observada atentamente desde Occidente, ya que la relación de Israel con Turquía es vital para sortear el aislamiento del pequeño país hebreo en un contexto regional hostil y de un equilibrio asaz precario.

En la historia moderna, las relaciones del gigante turco con Israel han sido muy buenas, y han permitido un progresivo mejoramiento en la convivencia con los gobiernos árabes, dado el rol de liderazgo regional al que aspira el régimen de Ankara.

Esta buena disposición se quebró con el ataque de una fuerza de élite del ejército israelí al navío Mavi Marmara, que junto a otros barcos civiles navegaban bajo bandera turca hacia la Franja de Gaza con materiales humanitarios para asistir a la población palestina bloqueada por el gobierno de Tel Aviv.

En la operación murieron acribillados nueve tripulantes, ciudadanos turcos, y el hecho ocasionó la reacción airada del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien ha manifestado que la única posibilidad de recuperar la senda del diálogo bilateral pasa por una disculpa pública del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, la investigación del ataque por parte de una comisión internacional, y el resarcimiento indemnizatorio a los familiares de las víctimas del ataque en aguas internacionales.

A pesar de este discurso tan contundente, se filtró a la prensa que las autoridades de los ejecutivos de ambos países continúan negociando en secreto. La prensa internacional informó que se habría reunido el canciller turco con un ministro de Netanyahu, para discutir la devolución de los barcos de la “Flotilla de la Libertad” que permanecen anclados en el puerto de Ashdod desde el ataque del 31 de mayo.

La reunión no se habría comunicado al propio canciller israelí, el ultraconservador Avigdor Lieberman, que protestó ruidosamente contra una acción del gobierno a sus espaldas. Lieberman dijo, respecto de la postura turca, que está fuera de lugar, “no tenemos ninguna intención de pedir disculpas, consideramos en cambio lo contrario”, dijo el ministro, máximo representante de la derecha religiosa en el gobierno de Israel.

Turquía contestó ayer que romperá relaciones diplomáticas, y decidió cerrar su espacio aéreo a los vuelos militares del país vecino, lo que –dado el exiguo espacio aéreo propio- deja muy poco margen de acción a los aviadores israelíes.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

.