Archivo mensual: diciembre 1990

Historia de José (notas de campo 24 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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24 de diciembre de 1990, viernes

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HISTORIA PERSONAL MÍA DE LA HIJA DE JOSÉ (según retazos de conversaciones off the record durante el último año): Don José tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. (En realidad cuatro, pero el primogénito –varón- murió a los pocos días de nacer, por negligencia médica, al menos según la versión del propio José). De sus hijos vivos, la hija mujer es, cronológicamente, la del medio. Su vida se asemeja a una tragicomedia de ficción, y ahora, mientras escribo estas líneas, la historieta parece continuar. La mujer es un personaje digno de un elemento destacado en una “corte de los milagros”. Odió su cuerpo y su figura desde niña: gorda en exceso y nada agraciada. Su vida en Charata transcurrió frecuentando los hogares y los lugares de la “mejor” sociedad en su tiempo, pero jamás logró anudar una relación de amistad que sobreviviera al tiempo. Permanentemente conflictuada y acomplejada por su físico, terminó el magisterio común en la ciudad chaqueña y se trasladó a Córdoba, donde ya vivía (estudiando diplomacia en una Universidad privada) el hermano mayor. Ignoro aún si comenzó alguna carrera universitaria, pero de seguro que si lo hizo no duró mucho en los claustros. Luego José y el resto de la familia (su esposa y el hijo menor) se trasladaron a Córdoba, abriendo un almacén en una esquina de un barrio de clase media-media baja (el mismo donde compraron una casa de dos plantas para su vivienda particular). La hija trabajaba entonces en el almacén, y probablemente para la misma época haya tenido la única relación íntima con un muchacho de más o menos su misma edad en forma “normal” (en el sentido de “convencional”. NB: los entrecomillados son palabras de José). La relación con sus padres, por lo que se, siempre fue mala, empeorándose a medida que avanzaban los años, sus años, sus conflictos y sus decepciones, sus frustraciones y fracasos, que parecen ser los únicos hechos y sucesos capaces de ser vividos por ella. No conozco un solo éxito, una temporada más o menos prolongada de bienestar mínimo; ni hablar de ningún concepto cercano al de “felicidad”: por ello –y no literalmente- la palabra “fracaso” es la que creo mejor se ajusta a la definición de su vida. El empeoramiento en la relación para con sus padres no se detuvo y hoy la situación es simplemente caótica. El almacén debió cerrarse debido a las presiones y a las amenazas recibidas por la familia en el tiempo en que fueron secuestrados el hijo mayor de José y su esposa. Desconozco qué cosa hizo la hija al memento de cerrarse el negocio, luego pareció encontrar un cauce a su vida: entró a trabajar de maestra en una escuela estatal y se convirtió en la “amante oficial” de un hombre mayor. La relación no era la mejor esperable, pero pareció funcionar para ella, al principio sus padres se resistieron (incluso lo ocultaron), pero terminaron aceptándolo. Este hombre jamás se separó de su esposa ni de su familia legítima, pero al tiempo alquiló un departamento barato y la hija de José se fue a vivir allí, sola.

Fueron esos pocos meses los únicos en su vida en los que no vivió junto a sus padres en la misma casa. El departamento, si bien modesto, tenía lo suficiente para una vida digna: comodidades, su cama “matrimonial” (aunque la convivencia con este hombre fuera esporádica y no permanente), televisión a color (la de la casa de José en aún en blanco y negro) y, por sobre todo, independencia (incluyendo la independencia económica).

Una mañana, mientras el hombre se bañaba en el departamento, falleció de un ataque cardíaco. La hija de José perdió la razón temporalmente y se encerró en el cuarto junto al cuerpo muerto durante un par de días. La policía –alertada por los vecinos, que ya percibían el hedor- debió derribar la puerta, la encontró en camisón, con los zapatos de él puestos, fumando tranquilamente.

Los padres debieron rescatarla, someterla a tratamiento psiquiátrico, y llevarla de vuelta a la casa (el departamento estaba a nombre del hombre, y fue reclamado por su esposa legítima). Lo que siguió a ello (abogados, policía, repartir las cosas del ambos, etc.) estuvo a cargo de José y de su esposa. El tratamiento psicológico fue largo y, en mi opinión y por lo que he logrado ver en la casa de José, la hija no se restableció totalmente jamás.

Volvió a trabajar de maestra (siempre en el mismo puesto, de tercera categoría, en una escuela marginal en un turno intermedio, en total 2 o 3 horas por día, en tareas pasivas, eso es todo), y a salir a las noches sin ningún comentario.

Comenzó a ejercer algo demasiado parecido a la prostitución, aunque sin rédito económico, sino todo lo contrario. La relación para con sus padres se agravó aún más (si es que esto fuera posible). Económicamente, la hija de José no aporta un solo peso a la casa familiar, de las dos jubilaciones de sus padres sale la plata para pagar la comida de los tres, y la totalidad de los gastos de la casa. El sueldo de maestra, presumiblemente, fue gastado durante todo este tiempo en financiar sus salidas nocturnas. Las dos “amigas” (las comillas vienen a cuento porque, según he podido observar personalmente, la relación no era de amistad como comúnmente puede llegar a entenderse, sino simplemente una relación fría y distante con dos señoritas solteras y más o menos en condiciones similares a la vida de la hija de José) que tenía antes de la catástrofe de su relación de pareja, y de su caída psico-emocional, dejaron de frecuentarla.

Olvidé un detalle importante en la sucesión cronológica que intento mantener: antes de trasladarse a su departamento (probablemente antes de conocer a ese señor con el que convivió, de alguna manera, durante un tiempo), la hija ingresó a una secta budista, minoritaria absolutamente, y en extremo individualista: el ritual consistía en la lectura solitaria y en la meditación trascendental frente a un pequeño cajón de madera con dos puertas, que al abrirse mostraba un pergamino blanco con tres caracteres inscriptos en alfabeto japonés, ideogramas, y la recitación de una única plegaria no mayor a dos oraciones, con una letanía, durante largos períodos de tiempo. Considero (aunque José no me ha precisado la cantidad de tiempo en que su hija estuvo integrando la secta) que fue el mayor –quizá también el único- acercamiento a algún tipo de vivencia espiritual o religiosa en su vida.

Recordé este elemento porque fue una forma de escape, en su momento, al vacío vital que experimentaba,. En otro momento, luego de la muerte de su compañero, no se volcó el vacío hacia la experiencia mítico religiosa, sino al pasatismo sexual más intrascendente.

Posiblemente fue en una de estas escapadas nocturnas donde conoció a otro hombre, también mayor y casado, y también sin ninguna intención de separarse de su familia legítima. En la versión de la esposa de José, este hombre la impulsó –durante un prolongado lapso de tiempo- a entregarle la totalidad de su dinero disponible y, encima, a sacar cosas de la casa familiar para entregárselas a él. Así, cuando ocasionalmente los padres salían, la hija “robaba” cosas de su casa para entregarle a este señor: cubiertos, electrodomésticos, manteles y sábanas, y hasta una mesa con sus sillas. Los padres lo soportaron, acumularon todo lo de valor en su dormitorio y en una habitación contigua a la que se accede únicamente desde el dormitorio, y cada vez que salen de la casa (aunque solo sea por un par de horas) cierran el dormitorio con llave. La hija ocupa, en exclusividad, la segunda planta de la casa familiar, que consta de dos dormitorios (uno está abandonado) y un baño, pero –a raíz de esto sucesos- los padres le quitaron la llave de la puerta que comunica el living (al que se accede por la puerta de calle) con el resto del domicilio, por lo que, si la hija llegaba a la casa luego de la una de la mañana, hora en que los padres se acuestan, tenía que dormir en el sofá del living.

Al poco tiempo de esto la hija dejó de salir y su nuevo compañero desapareció. Un día común en su vida, cuando ya habíamos comenzado con su padre a hacer la “historia de vida”, a comienzos de este año de 1990, era: levantarse cerca del mediodía, bañarse y salir a la escuela donde trabajaba, antes de las 16:00 ya estaba de vuelta, comía lo que se le había guardado en la cocina, y se sentaba, el resto del día, a mirar televisión en el comedor familiar, sin dirigirle la palabra a nadie ni contestar ninguna pregunta. Luego cenaba parada (no en la mesa) en la mesada de la cocina y se retiraba al segundo piso, cuando finalizaba la programación televisiva. Aunque no lo pude comprobar, es altamente posible que utilizara dogas y tranquilizantes. Avanzado el año, debimos interrumpir por varios meses el trabajo con José debido a un nuevo accidente de su hija: un coche la arrolló cruzando una calle céntrica, algo sumamente confuso (y de lo cual José no estuvo, ni está, enteramente informado). Fue trasladada al Hospital de Urgencias, tenía quebrada una pierna –lo que la obligó a usar muletas- y un golpe fuerte en la cabeza. Luego de una corta internación volvió una vez más a la casa, le trasladaron al dormitorio al living (no podía usar las escaleras), la relación con sus padres no mejoró en absoluto. Su equilibrio psíquico se debilitó aún más (la propia madre me dijo en una oportunidad: “ahora sí que está pirada en serio…”)

Casi al final de año, cuando ya habíamos retomado nuestras entrevistas con José, tuvieron que volver a internarla para operarle el cráneo, debido a ciertos coágulos que se habían formado, fue mal operada y le dieron de alta antes de tiempo, se agravó en la casa y tuvieron que recurrir de urgencia a otro sanatorio (esta vez privado) donde fue sometida a una nueva cirugía. En los momentos en que escribo esto, la hija se recupera del postoperatorio, en su casa, en la cama del sofá del living.

La rápida descripción más o menos completa y más o menos cronológica que he intentado en las líneas precedentes tienen por único objetivo poner a consideración en este estudio la profunda gravitación negativa que la vida de la hija de José ha tenido (muy especialmente desde la llegada a Córdoba) en la vida del propio José. No he escrito todo, por supuesto, escuché personalmente insultar a la hija contra los padres de la manera más feroz, participé involuntariamente en discusiones familiares en las que pude comprobar la gravedad de esta influencia que aquí marco. No me he detenido en detalles de ese tipo porque mi interés es José, y no su hija. Sí me interesa en la medida en que su vida y comportamiento pueden ayudarme a comprender mejor algunas facetas y opiniones de quien narra su “historia de vida” frente a mí.

Si para José lo más terrible fue la desaparición, secuestro, tortura y muerte de su hijo mayor, la obligada convivencia de todos estos años junto a su hija mujer y los comportamientos de ésta, están en el segundo lugar de los hechos que más han influenciado sobre él.

Oportunamente, cuando lleguemos, José contará su personal visión de la relación con su hija, en ese momento esta descripción deberá ser la guía de la entrevista en profundidad.

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Historia de José (notas de campo 14 12 90)

HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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14 de diciembre de 1990, viernes

 

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Cambié a último momento la fecha de la reunión con don José. No avisé mi cambio, y José quedó esperando infructuosamente. Fue una larga grabación, pero no se corrigieron los errores notados en oportunidades anteriores. El resultado del cuestionario fue a medias: se centraron algunos temas (Anita, por ejemplo), pero la dispersión continúa. Importante: noté una pequeña sensación de atiborramiento en la conversación, producto de entrevistas demasiado frecuentes en el tiempo. Dejaremos, por lo tanto, la frecuencia corta y tomaremos otro parámetro, con espacios mayores entre una y otra, con continuidad temporal -pero no estricta- en la secuencia, sino más bien aleatoria. [CO: no creo que haya que avisar de la llegada, hay que decidir la grabación –o no- en el momento, según los estados de ánimo de José].

Llegados a esta fecha, suspendemos las entrevistas por este año, las retomaremos a partir de febrero, según lo que veamos del estudio de las partes ya registradas, durante el verano.

Registro: casetes # 9 – # 10 – # 11. (# 10 y # 11 inaudibles, repetir).

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Historia de José (notas de campo 11 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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11 de diciembre de 1990, martes

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Por primera vez desarrollamos un tramo largo de conversación con José totalmente solos y en su casa, ya que su esposa estaba con la hija, en el hospital, a quien van a operarle un coágulo de sangre en el cráneo, producto de su accidente de hace un par de meses.

Esta nueva situación me llenó de expectativas, que luego no fueron satisfechas: tenía el a priori de que José asumiría una actitud más relajada, libre y elocuente por el hecho de no tener ningún tipo de “auditorio”, ni siquiera potencial para influenciarlo, Sin embargo no noté luego en el registro ninguna variación cualitativa como las que había esperado. [CO: aún así, sigo sin estar plenamente convencido de que ello se deba a una actitud permanente en José, y bien pueden haber influido ayer en nuestra conversación los hechos tangenciales como los que su hija –y el resto de la familia por ella- están viviendo, aún así, puedo esta misma semana sumar una verificación más, ya que José se queda solo en su casa mientras la operan y durante el postoperatoria de su hija].

Nuestro encuentro se extendió por algo más de tres horas, desde aproximadamente las 19:00 hasta algunos minutos después de las 22:00 (a esta hora llegó su esposa), de los cuales solo grabamos 45 minutos. (Fuimos interrumpidos en una oportunidad por el hijo varón de José, por unos 15 minutos aproximadamente).

La mayor parte del tiempo off the record la pasamos revisando documentos personales del archivo de José [CO: minucioso, prolijo, ordenado y memorizado en su totalidad], y hablando de temas generales. De sus documentos, y a mi requerimiento, me prestó los siguientes:

contrato del Territorio Nacional del Chaco, por la venta de un predio, para que yo viera que “tiene la firma de puño y letra del Presidente Agustín P. Justo”;

un contrato de Sociedad de Familia, en Las Breñas;

el Pasaporte familiar, expedido en Génova cuando decidieron retornar definitivamente de Italia;

Documento de Identidad de su madre;

Pasaporte de él, y sus hermanos, para salir de Italia con sus padres (ya que ellos eran argentinos, necesitaban otro documento diferente);

cedulón de habilitación para sufragar (no utilizado) perteneciente al “Tío Viejo”;

como documento adicional, me hizo leer en voz alta (“para que se grabe”) la renuncia de su socio en Charata, en la agencia Ford, redactada con cierto barroquismo que hace las delicias de José, por lo que considera un “lenguaje culto”.

Decididos a iniciar nuestra conversación con la grabadora andando, pedí a José referirse a su vida en Charata, desde el inicio mismo. La consideración de esos veinte años de su vida parecen estar limitados a los vaivenes burocrático-administrativos del funcionamiento de la agencia.

Insistí en varias oportunidades en temas específicos, por ejemplo el nacimiento de sus hijos, pero –aparte de la exactitud inmediata de las fechas, horarios y lugares- no logré mucho más, una pequeña mención (ya realizada con anterioridad) sobre la muerte de su primogénito por negligencia médica.

En cuanto a su vida social en Charata, sólo mencionó al pasar y sin darle importancia ninguna el hecho de haber sido Concejal Municipal durante un período democrático. Sí, en cambio, le resultó de mayor trascendencia la “confianza” que la gente le tenía, por ejemplo para prestarle dinero para la actividad comercial.

A esta altura, debo convencerme de que José ha entendido la dirección de mi interés, por lo tanto, del hecho que él le otorgue menos trascendencia a determinados aspectos de su personal historia vital y más a otros aspectos de mayor externalidad a él mismo, no puede seguirse considerando como productos de una falta de interpretación del informante sobre el sentido de la historia, sino que ya deben interpretarse como producto de una opción vital y volitiva del relator de la historia en lo que respecta a la gravitación de los acontecimientos que ha vivido.

Convencido del acierto de la afirmación que acabo de escribir, me propongo insistir por una oportunidad más el período de su vida en Charata, pero –sin avisarle a José de la variación metodológica- cambiaré la estrategia para nuestro próximo encuentro (dentro de dos días, el jueves) y voy a aplicar por primera vez en nuestras reuniones una entrevista semiestructurada. la pauta principal de organización de la semiestructura va a ser su entorno familiar: su hermana y cuñado, los viajes a la familia de su esposa a Santa Fe, la relación con su hermana en Rosario, con sus sobrinos reconocidos y con su hermano y sus sobrinos no reconocidos; su rol de padre y de esposo.

El no haber convenido de antemano esta variación con José la hace riesgosa, pero voy a aprovechar el hecho de que estaremos solos nuevamente, sin testigos ni presiones. Otro elemento: mi visita del jueves está anunciada y José me espera, para que esto gravite más aún voy a confirmarle telefónicamente mi llegada un par de horas antes.

Como última variación: voy a grabar todo, desde los primeros minutos que llegue hasta que me despida, no porque la presencia del grabador haga que José cambie de postura (ha superado esto desde nuestros primeros encuentros), sino que –ya ha pasado algunas veces- sus expresiones y opiniones ocasionales en las charlas previas a grabar son de una mayor profundidad al relato que le sigue, supuestamente de mayor centralidad.

Dependiendo del resultado de la entrevista semiestructurada seguiremos avanzando antes de fin de año (correspondería ahora el tiempo de su traslado a Córdoba) o dejaremos aquí. Aún así, ya estoy pensando en que uno de los primeros encuentros del próximo año vamos a tener que “recapitular” muchos de los temas abordados en estas entrevistas a fin de salvar los baches y los espacios en blanco que noté en la etapa analítica de diciembre–febrero.

Aunque no lo he decidido todavía, creo que lo mejor será avanzar (sin cuidar mucho los pasos) hasta donde sea, y luego volver atrás y repetir. [CO: hay que tener cuidado: José tiene trozos “estandarizados” en su memoria, y bien puede ser que “recapitular” sólo signifique (como el episodio del comisario y la calavera) una repetición absolutamente textual].

Registro: casetes # 7 – # 8.

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Historia de José (notas de campo 03 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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3 de diciembre de 1990, lunes

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Interrumpí voluntariamente nuestros encuentros con José durante algunos meses (cuatro en total) porque el accidente de su hija resultó de cierta gravedad (tuvo fracturas en una pierna, internación en el hospital, luego se trasladó de una habitación en el segundo piso de la casa familiar a una cama de emergencia dispuesta en el living de la planta baja), y consideré que todos estos trastornos en la rutina perjudicarían el relato de su vida. Durante este tiempo no nos vimos con José, ni lo visité, aunque esporádicamente lo llamé por teléfono en forma casual, para ver cómo estaba.

Considero que la situación ha variado en la familia en este tiempo, volviéndose a cierta normalidad, la hija de José ya ha vuelto a caminar, aunque todavía no trabaja y sigue durmiendo en el living.

Avisé telefónicamente mi llegada y la intención de continuar con la entrevista, también cambié el horario habitual: llegué a las 11:10 horas de la mañana, y me quedé en la casa de José hasta las 14:40. Almorcé con la familia (también estaba la nieta mayor de José, hija de su hijo desaparecido).

El registro se realizó en dos etapas: antes y después del almuerzo. Registramos una hora del diálogo. En cuanto al aspecto anímico de José, no era el mejor, aunque fue mejorando hacia el final de la entrevista. [CO: creo que el diálogo también tiene en él algo así como un efecto “terapéutico”, o sea, se encuentra bien al sentirse escuchado y atendido, cosa que –al parecer- no es nada frecuente entre los suyos…]

Temáticamente, José no recordaba mucho de lo que habíamos hablado cuatro meses atrás, ni el punto adonde habíamos dejado la historia, por lo que me dediqué a reubicarlo en el relato. Aún así, hubo mucho de repeticiones de hechos y situaciones ya narradas y registradas [CO: atender a ésto, porque si bien no aporta nada nuevo, es un elemento importante de corroboración y control de la historia]

Noté algo muy considerable: hay cierto desplazamiento de los “extraño” hacia lo “interior” de su propia vida en el relato, como cuando –con no poca reticencia inicial- logré que me contara pormenorizadamente su matrimonio y las circunstancias que lo rodearon.

En ningún momento frené el relato (ni siquiera cuando la repetición era prácticamente textual de lo ya registrado), y traté también de ir progresivamente disminuyendo mi participación, limitándome a afirmaciones a sus palabras, a reírme de sus anécdotas graciosas (como la de la calavera y el comisario), o a gestos de sorpresa cuando pretendía que José profundizara alguna situación en particular.

En prospectiva: planeo efectuar una estrategia intensiva en las dos semanas que siguen, tratando de reunirnos 2 o 3 veces en cada semana. El objetivo es reunir material para procesar durante las vacaciones y, lo más importe, evaluar la diferencia con la modalidad que hemos tenido hasta ahora de dejar pasar largos períodos de tiempo entre cada reunión; a futuro puedo elegir la aplicación de una y otra estrategia según los resultados de esta comparación.

Registro: casetes # 5 (15´) – # 6 – # 7 (15´)

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