Archivo mensual: noviembre 2006

Los dos Méxicos (27 11 06)

Publicado hoy en Reporte 15. Córdoba, 27 de noviembre de 2006.

.

.

.

LOS DOS MEXICOS

.

.

por Nelson Gustavo Specchia

.

Catedrático “Jean Monnet” de la Universidad Católica de Córdoba

.

.

.

.

.

El desarrollo de la política mexicana viene dibujando una tendencia preocupante en los últimos años. Después del aliento de esperanza que significó la llegada de Vicente Fox a la presidencia en el 2000, el agravamiento permanente de la crisis social ha hecho jirones de aquellos vientos que prometían avances y estabilidad.

.

El PRI – Partido de la Revolución Institucional, se instaló en el gobierno desde las primeras horas del nuevo Estado surgido de la Revolución. Pero los largos años de ejercicio del poder fueron minando sus estructuras, que habían terminado finalmente por identificarse con las del propio Estado, y la corrupción se extendió como una mancha de aceite. Las disputas políticas por la conducción del partido (que aseguraba la conducción del país) fueron haciéndose cada vez más violentas, con asesinatos de candidatos a la presidencia incluidos. Por debajo de las luchas partidarias, por su parte, la distancia entre los sectores sociales privilegiados por el crecimiento económico –afines al partido, en todos los casos- y las grandes masas de desposeídos, no dejó de crecer.

.

Vicente Fox, un hacendado alto, guapo, de bigotes poblados y botas tejanas –el auténtico “charro” de las postales mexicanas-, logró quebrar ese monopolio de la cosa pública que había detentado el PRI durante 72 años, con su Partido de Acción Nacional – PAN, alineado en la centro-derecha, y que prometía revertir los usos de clientelismo y culto a la personalidad presidencial en que había devenido el PRI.

.

Sin embargo, tras seis años en la presidencia, Fox se despide dejando un país aún más dividido, con zonas donde la ingobernabilidad se ha instalado, donde la violencia asociada al narcotráfico reemplaza al poder del gobierno, y con un horizonte de expectativa para nada alentador.

.

A este panorama tan poco generoso con el gobierno saliente, viene a agregarse la incertidumbre sobre el futuro inmediato que plantea la virtual ruptura del orden establecido, con la separación del país entre los seguidores de un “gobierno electo”, que asumirá sus funciones el próximo viernes 1 de diciembre, y los que adhieren a un “gobierno legítimo”, que acaba de tomar posesión el pasado lunes 20 de noviembre, ante cientos de miles de partidarios, en la plaza del Zócalo de la ciudad capital.

.

Esta situación extrema, que hace imposible anticipar las consecuencias, tuvo origen en las recientes elecciones presidenciales del 2 de junio, donde la división entre los dos Méxicos quedó plasmada. Desde el norte californiano hasta el sur guatemalteco, el gigante mexicano agrupa cerca de unos 110 millones de habitantes; en esta inmensa masa de votantes, los dos principales candidatos a la presidencia apenas se diferenciaron por unos 230 mil votos, algo así como una quinta parte de nuestra ciudad de Córdoba. Dos mitades prácticamente idénticas. Pero, además, dos mitades antagónicas.

.

Felipe Calderón, con todo el apoyo del partido en el gobierno (PAN) y de la maquinaria estatal, consiguió –en un escrutinio largo y lento- obtener esa débil mayoría. Su principal oponente, Andrés Manuel López Obrador, candidato por el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), denunció inmediatamente el fraude (un hecho que en las largas décadas de la hegemonía del PRI era usual, y por lo tanto forma parte de ciertas mecánicas políticas mexicanas), se declaró “Presidente Legítimo”, y asumió el pasado lunes, con banda cruzada, juramento, y todos los símbolos del poder, y en su discurso de toma de posesión anunció ya las primeras 20 medidas de su gobierno. El Tribunal Electoral, sin embargo, certificó el 5 de septiembre –dos mes después de realizadas las elecciones- que el triunfo correspondía al conservador Felipe Calderón, que asumirá a su vez, con banda, juramento, y todos los símbolos del poder, este viernes.

.

Pero la división no es sólo numérica. Sino que estos porcentajes casi idénticos están expresando una división social equivalente, que además tienen una correspondiente división geográfica: todo el sur de México, donde la renta per cápita es la más baja de todo el país, donde se agrupan las mayorías indígenas y campesinas, donde sobrevive la insurgencia zapatista de Chiapas, ó donde la sociedad levanta barricadas en Oaxaca, votó mayoritaria y sólidamente por el PRD de López Obrador. En contrapartida, el norte rico y próspero, con una renta per cápita tres veces mayor que el sur, donde están instaladas los cordones industriales y las “maquilas” norteamericanas, votó por la continuidad del PAN con Calderón.

.

Esta situación política podría estar anticipando una radicalización de los conflictos sectorizados y localizados, que pueden extenderse desde la inestabilidad provocada por las bandas de narcotraficantes de las rutas de la droga hacia los EE.UU., desde los movimientos de protesta social y de insurgencia de las provincias sureñas del litoral pacífico, como desde la incapacidad pública para controlar la inseguridad en la megalópolis del Distrito Federal.

.

.

.

.

.

.

.

Anuncios

Una apuesta por el fin de la guerra en Medio Oriente (20 11 06)

Publicado en “Reporte 15” – Córdoba. (20 de noviembre, 2006)
.

.

.

.

.

UNA APUESTA POR EL FIN DE LA GUERRA

.

.

.

.

Europa promueve una nueva iniciativa para terminar con el eterno conflicto de Oriente Medio, clave para la paz mundial

.

.

Por Nelson Gustavo Specchia

.

.

.

.

Hacer la crónica internacional en nuestros días implica, con amargura, resignarse a hacer el recuento de muertos, invasiones, atentados, y ultrajes a hombres y mujeres de todas las latitudes, especialmente aquellos con menos capacidades para defenderse: los más pobres, nuestros hermanos más débiles, los sectores más vulnerables y desvalidos. No nos ha tocado un tiempo generoso y solidario, sino un ambiente hostil, tanto más incomprensible cuanto que las herramientas y las capacidades que hemos alcanzado permitirían, de existir la voluntad política para ello, reducir la distancia entre los pocos que lo tienen todo, y las crecientes multitudes que no tienen nada de nada. Sabiendo, por añadidura, que en esta distancia está la base del desequilibrio mundial.

.

.

Por eso las noticias que –de tanto en tanto- arrojan una esperanza en el sentido opuesto al de la clásica crónica de dolor y espanto, son tan bienvenidas. Inclusive cuando sea firme la sospecha que ese optimismo inicial puede dar paso, luego, a una frustración más, de las tantas que acumulamos frente al peso real del poder.

.

.

La semana pasada nos dejó vislumbrar un par de apuestas esperanzadas en que las cosas pueden hacerse en otro sentido. Y ambas –al comienzo y al fin de la semana- llegaron desde la iniciativa del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

.

.

El lunes, reunido en Estabul con el premier turco, Recep Tayyip Erdogan, Zapatero volvió a insistir con su idea (lanzada hace ya un par de años), de constituir una Alianza de Civilizaciones, para cambiar el rumbo del enfrentamiento creciente entre Occidente y el Islam, que conlleva un aumento del peso cualitativo del fanatismo religioso y de las consecuentes acciones terroristas con sus secuelas de horror y muerte, hacia una cooperación armoniosa entre credos y culturas que –sin afectar la personal identidad de cada uno- ubique a ambos en veredas de diálogo, coexistencia y tolerancia. La historia ha demostrado, en repetidas oportunidades, que esa tríada es tierra fertil para generar prosperidad y paz.

.

.

Y tanto Zapatero como Erdogan coincidieron en que una alianza de este tipo supone, en primer lugar, abocarse a darle un corte de raíz al eterno problema entre palestinos e israelíes, donde se concentran todos los elementos del problema, que luego alcanzan diversas –y trágicas- expresiones en el resto del mundo.

.

.

Por eso Zapatero volvió a dar otra bocanada de esperanza el jueves, cuando anunció la iniciativa de España de impulsar un plan de paz en Oriente Medio. Esta vez estaba acompañado del presidente francés, Jacques Chirac, quien expresó el inmediato apoyo de su gobierno. Ambos, además, consultaron con el italiano Romano Prodi, y con Javier Solana, representante de la política exterior de la UE. La idea de Zapatero es presentar el plan ante el pleno de los jefes de gobierno, en diciembre, para que sea asumido por la Unión Europea en su conjunto.

.

.

El proyecto del presidente español contempla seis etapas: un alto el fuego inmediato por parte del ejército israelí y de los milicianos palestinos; la formación de un gobierno de unidad entre Hamas y Fatah; la liberación de los secuestrados (aquel soldado judío que retienen los palestinos, y la de los miembros del gobierno de Hamas y los diputados palestinos en poder de Israel); una cumbre entre el premier Ehud Olmer y el presidente Mahmud Abbas; un despliegue de observadores militares internacionales (como los que la UE ya tiene en Líbano) en la martirizada franja de Gaza; y, por último, la convocatoria a una Conferencia Internacional.

.

.

La “hoja de ruta”, que intentaba reconducir la coexistencia política en el Cercano Oriente, quedó sepultada entre los escombros del Líbano. Tampoco habían sido provechosos los intentos previos, como la Conferencia de Madrid de 1991, o el Plan de Beirut (con la participación de la Liga Arabe) de 2002, o la Iniciativa de Ginebra, de 2003. Pero, a pesar del fracaso de estos ensayos, la vía diplomática de una conferencia internacional es el único camino alternativo al de las armas de una guerra que se eterniza, sin que ningún bando pueda nunca llegar a una victoria sobre el otro, y que genera crecientes tensiones en toda la línea de contacto con el Oriente, no sólo entendido como una realidad geográfica, sino en el más amplio sentido cultural.

.

.

Pero a esta iniciativa española le queda un muy largo camino que recorrer. Primero deberá convencer de su bondad a los propios socios europeos, donde países como Gran Bretaña o Alemania son renuentes a interferir con la política exterior de los EE.UU. en la región, y –por ello- con su principal aliado: Israel. Luego habrá de convencer a los palestinos, que recelan de esa Europa un tanto diletante en su política internacional, y que acaba de adherir al bloqueo económico planteado por los EE.UU. contra el gobierno de Hamas, que terminó por derribarlo. Tercero, habrá de convencer al Departamento de Estado norteamericano, verdadero árbitro de Oriente Próximo, y ya se sabe que George W. Bush es reacio a sentarse en una reunión multilateral donde esté la Autoridad Nacional Palestina (ni hablar de que también esté Siria, o ese Irán al que está planeando invadir en una nueva guerra preventiva). Sin embargo, no serán los EE.UU. el actor más difícil de convencer: Israel ya ha dicho que ni siquiera piensa considerar el proyecto europeo; no le mereció ni una respuesta diplomática, sólo el desprecio irónico: “es de nivel de café”, fue el argumento para rechazarlo.

.

.

Y quizá termine, como tantos otros, en aguas de borraja. El camino hacia la paz está lleno de escollos y de barreras que levanta el poder, y sin embargo no nos queda ninguna alternativa a intentar transitarlo.

.