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¿Hay riesgo de guerra nuclear en Medio Oriente? (11 11 11)

¿Hay riesgo de guerra nuclear en Medio Oriente?

por Nelson Gustavo Specchia

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La anécdota está en todos los diarios franceses: en la reciente cumbre del G-20 en Cannes, mientras esperaban el inicio de una conferencia conjunta, Nicolas Sarkozy conversaba con su colega Barack Obama sin saber que los micrófonos de los traductores ya se habían abierto. El objeto de la conversación privada entre los líderes era el premier israelí, Benjamín Netanyahu: “Estoy harto de él, no puedo ni verlo, es un mentiroso”, le dice Sarkozy; a lo que el americano contesta: “Si vos estas harto, imagínate yo, que debo tratar con él todos los días”. Los cambios de posición luego de haberse comprometido, los dobles raseros y la ambigüedad de sus promesas son, efectivamente, características que se mencionan hace tiempo del jefe del gobierno de Israel, y generalmente se han adjudicado a los equilibrios que debe hacer entre los sectores ortodoxos que integran su coalición, y las presiones –especialmente de su valedor, los Estados Unidos- para que atempere los impulsos de la derecha judía respecto del tema palestino y de los demás vecinos árabes. Pero, más allá de las censuras morales sobre la utilización de los dobles discursos en el juego político y del hastío y confusión que esas maniobras provocan entre sus pares, hay un conjunto de certezas en la postura del primer ministro israelí que no deja lugar a dudas. Entre éstas, su idea fija con Irán está en los primeros puestos. Desde que ocupara el Ejecutivo israelí por primera vez (entre 1996 y 1999), desde la conducción del Likud en la oposición luego, desde su cartera ministerial en el gabinete de Ariel Sharon, y desde su vuelta a la jefatura del gobierno en 2009, Bibi Netanyahu ha sostenido machaconamente que los planes nucleares de la República Islámica de Irán constituyen el principal riesgo externo del Estado de Israel, y que la única manera de conjurar ese peligro es atacando al régimen de los ayatollahs y destruyendo su camino hacia la bomba atómica.

Las acciones exteriores de la aviación judía contra supuestas plantas nucleares en la región registran antecedentes fuertes, como para no tomar a la ligera los planes de Netanyahu. En 1981, Israel bombardeó el reactor nuclear Osirak, diseñado por ingenieros franceses –quienes proveyeron también el uranio enriquecido que utilizaba- y construido en el centro nuclear Al Tuwaitha, cerca de Bagdad. Y el 6 de septiembre de 2007, Israel lanzó un ataque aéreo sobre Siria, para destruir lo que la inteligencia israelí consideró un reactor nuclear en construcción, que el régimen de los Al Assad habría estado construyendo con asistencia de Corea del Norte.

AMENAZAS NADA VELADAS

La retórica bélica constituye un dato cotidiano, tanto en Tel Aviv como en Teherán. Pero a esa manera ya regular de componer el discurso político, en las últimas semanas se han agregado algunos datos preocupantes, que hacen que aquellas veladas amenazas contra el vecino cobren corporeidad. Primero fue la denuncia de Washington, de que algunos sectores de los “halcones” del gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad –la rama de los Al Quds de los Guardianes de la Revolución- estaban detrás de un confuso y novelesco complot para eliminar en los Estados Unidos al embajador saudita, Adel al Jubeir. Y menos de un mes después del supuesto complot, aparece el nuevo informe del Organismo de las Naciones Unidas para la Energía Atómica (OIEA), hecho público en Viena esta semana, donde se afirma que Irán está a las puertas de conseguir el arma nuclear, con un diseño propio, armado a partir de la compra de información y documentación a una red clandestina de material atómico. Según los técnicos del OIEA, las dimensiones militares del programa nuclear iraní ya son inocultables, desde el momento que, por ejemplo, incluye experimentos con explosivos especiales o el desarrollo de detonadores.

En este contexto, el discurso de Bibi Netanyahu a los altos mandos del Ejército israelí adquiere otra dimensión a la habitual retórica guerrera. En Tel Aviv, el diario Haaretz aseguró que Bibi ya cuenta con el apoyo a sus planes de ataque del cauteloso ministro de Defensa, Ehud Barak, además del siempre dispuesto a la guerra canciller Avigdor Lieberman. Entre los tres intentan convencer a los jefes del Ejército y de los servicios de inteligencia, quienes, según el mismo diario, de momento se opondrían. La reticencia del alto mando de las Fuerzas Armadas judías pasaría por la oposición de los Estados Unidos a apoyar una acción en ese sentido, y la advertencia pública de la OTAN, que ha manifestado que no tiene intención de intervenir en el conflicto.

Pero ninguna de esas posiciones puede considerarse definitiva, y entonces la pregunta que se ha instalado es si Israel –de quien se calcula posee unas 200 cabezas nucleares capaces de instalar en misiles de largo alcance- estaría dispuesto a lanzar un ataque en solitario a la República Islámica de Irán. Si esa pregunta se resuelve afirmativamente, como parece ser el caso, si las anunciadas represalias del régimen teocrático iraní instalarían un escenario de guerra nuclear en Medio Oriente. En ese extremo, de ninguna manera los Estados Unidos podrían permanecer al margen. ¿Estaría dispuesto Barack Obama a liderar una guerra atómica en el corazón del mundo árabe?

SEÑALES INSUFICIENTES

Sin embargo, y a pesar del escenario pesimista, yo considero que no hay elementos suficientes como para concluir que la coyuntura empujará a un nuevo conflicto armado a gran escala, al menos en el corto plazo. Esas señales que, a pesar de su presentación pública, dan espacio a la esperanza del mantenimiento de la paz, pasan por: (1) el peso de los informes multilaterales; (2) la relación de fuerzas entre las potencias; y (3) por la desestabilización global que una acción militar regional acarrearía.

En cuanto a los informes, aunque haya sido tan espectacular y mediático, el texto de la OIEA en realidad no aporta demasiados elementos nuevos, y vuelve a inscribirse en el largo tira y afloje que la agencia de la ONU tiene con Irán desde antes aún de la instalación del régimen de los ayatollahs, cuando el Shah de Persia, Mohammed Reza Pahlevi lanzó en los años ’70 un programa atómico para llegar a la bomba. La OIEA dice ahora, en el tan mentado informe, que Irán “tuvo” un programa de armas nucleares antes de 2003, lo que es obvio, y sólo agrega que “algunas actividades relevantes para la construcción de un dispositivo explosivo nuclear continuaron después de 2003, y alguna podría estar aún en marcha”. Una suposición demasiado vaga como para que constituya “casus belli”.

Respecto de las potencias, el tándem Nicolas Sarkozy-David Cameron ya ha salido a pedir una ampliación de las sanciones contra Irán por la vía del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El mismo paso que dieron –también a dúo- en relación a Libia, hace apenas unos meses. Pero ahora no será tan lineal: Rusia ya ha advertido que los resultados del informe de la OIEA no aporta datos concluyentes, y China –con el entramado comercial creciente que mantiene con Teherán- es un voto negativo seguro. Ambos gigantes, se recordará, tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad, esa vía está cerrada por el momento.

Y en lo que hace a la desestabilización regional, un ataque como el que Bibi clama contra las instalaciones iraníes no se compararía con las incursiones realizadas contra Irak y Siria en el pasado. Irán está mucho más preparado que Saddam Hussein y que Bachar el Assad, aquí no alcanzará un ataque puntual de la aviación israelí, sino que se requerirá un plan de ataque vasto y prolongado –más de un mes, seguramente- con consecuencias imprevisibles e inmanejables (entre ellas, que Irán saldría legitimado para armarse con la bomba atómica, después de haber sido atacado en su suelo). Y no hay, me parece, posibilidades de que Barack Obama, con la economía estadounidense en recesión y la carrera hacia la reelección presidencial ya comenzada, se implique en una aventura de ese tamaño, cuando a duras penas está logrando cerrar el capítulo de Irak y Afganistán, las dos guerras más largas y más caras de la historia americana.

De momento, considero que no habrá guerra; lo que no quiere decir que la tensión –especialmente la verbal- vaya a disminuir. Pero Bibi, en definitiva, es un mentiroso.

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[ Columna “Periscopio” –  Diario Hoy Día Córdoba – viernes 11 de septiembre de 2011]
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en Twitter:   @nspecchia

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“Dicen que en el reino del revés” (08 11 11)

Del revés

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por Pedro I. de Quesada

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El primer ministro griego, Giorgios Papandreu, ha terminado por sucumbir bajo la montaña de basura de la crisis, y con él uno de los últimos gobiernos socialdemócratas europeos (el de España, otro de esa rara clase en extinción, será barrido por la derecha del Partido Popular en las elecciones del mes que viene).

Decíamos hace un par de semanas, en esta columna de los martes, que la clase dirigente europea estaba desorientada, y la caída de Papandreu viene a mostrar la profundidad de esa desorientación, que varios dirigentes del mundo –la Presidenta argentina entre ellos- volvieron a enrostrar a sus pares del Viejo Continente en la reciente cumbre del G-20.

Porque es una lógica del Reino del Revés, como aquella que cantaba –con una crítica mordaz que no abandonaba la ternura- María Elena Walsh: Un reino donde “un ladrón es vigilante y otro es juez, y donde dos y dos son tres”.

Aquí también: Papandreu se termina yendo porque tuvo la desfachatez de plantear una consulta popular, para preguntar a los griegos sobre el plan de “salvataje” económico diseñado por los tecnócratas de Bruselas y del FMI, que acarrea un sinfín de costos que esa misma ciudadanía debe pagar, tanto con sus impuestos como con la renuncia a los derechos sociales que disfrutaba.

Y más allá de que haya sido un “manotazo de ahogado” de Papandreu, es innegable el principio democrático que sostenía al referéndum.

Sin embargo, la señora Merkel, quién no toma una sola decisión importante sin consultar antes al Bundestag alemán, puso el grito en el cielo; y rápidamente le hizo coro el presidente Nicolas Sarkozy, líder de la República donde se fundó la democracia moderna.

En el reino del revés, los demócratas censuraron una medida democrática, e impulsaron un golpe que tiró abajo a un gobierno: El Banco Central Europeo anunció que si había referéndum no habría crédito, y congeló la partida de 8.000 millones de euros que estaba lista para salir hacia Atenas.

El voluminoso ministro de economía, Evangelos Venizelos, del Pasok como Papandreu, salió a pedir su cabeza. Entonces ahí apareció el ubicuo Antonis Samaras, líder de la derecha de Nueva Democracia, como salvador de la patria.

Y otra vez el reino del revés: porque la crisis griega estalla con las cuentas fraudulentas con que los gobiernos de Nea Dimokratía –por entonces al mando de Kostas Karamanlis- mintieron a Europa sobre el déficit real; cuentas que, precisamente, sincera Papandreu y se propone rectificar.

El que transparentó la mentira cae, y los que dilapidaron y armaron la farsa vuelven al gobierno de Atenas.

Y otro ladrón es juez: esos mismos líderes acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo (BCE) al italiano Mario Draghi. Este banquero era uno de los jefes en Europa de Goldman Sachs en 2002, ese banco norteamericano que le ayudó a Karamanlis a fraguar las cuentas públicas para ocultar el déficit real.

Ah, “nada el pájaro y vuela el pez.”

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 8 de noviembre de 2011 ]
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Twitter:  @nspecchia

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“Ni un puto duro”

“Ni un puto duro”

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por Pedro I. de Quesada

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El desconcierto de la clase política europea es insólito.

En las tres últimas reuniones del G-20 se va escuchando que si no cambian de libreto, el abismo está asegurado; que dejen de restringir el gasto y, keynesianamente, amplíen la base de consumo, como en Brasil o Argentina.

Pero la señora Merkel se ha encaprichado, y al tiempo que no deja de repetir que salvar al euro es condición para salvar a Europa, empuja a Europa cada día un pasito más cerca de aquel precipicio anunciado.

Esta semana han vuelto a reunirse, de emergencia. Ya han comenzado a elevar el tono de los reproches: “Estamos hartos de que vengas a decirnos qué hacer, siempre odiaron al euro, nunca quisieron dejar la libra, y ahora te metes en nuestras reuniones a darnos órdenes”, le gritó el francés Sarkozy al inglés Cameron, hasta ayer tan amigos y tan de acuerdo en bombardear a Khaddafi.

Los británicos, que no forman parte de la Eurozona, insisten en participar en las decisiones de los 17 países del euro, porque si se cae la moneda común también ellos se verán afectados.

Sarkozy dejó Bruselas y se volvió a París, a ver a su hija recién nacida.

Y Cameron se volvió a Londres, donde ayer enfrentaba a un Parlamento que, en su orden del día, trata un pedido de referéndum para decidir si Gran Bretaña permanece o se retira de la Unión Europa. La votación no es vinculante, y es difícil que sea aprobada, pero da una idea –como el enfrentamiento verbal con el francés- de la temperatura que han alcanzado los ánimos.

Von Rumpuy ha llamado a una nueva cumbre, otra vez de emergencia. Y Merkel asistirá, pero sin dar el brazo a torcer. Ni un “duro” más en aportes: restrinjan los gastos. Y el borde del precipicio, cada vez más cerca.

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[ columna En foco, diario HOY DÍA CÓRDOBA, 26 de octubre de 2011 ]

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Twitter:  @nspecchia

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La larga sombra de Lula (16 10 11)

La larga sombra de Lula

El libro “Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula” analiza la influencia del ex presidente como transformador de la realidad política y social de su país.

Por Nelson Gustavo Specchia

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Brasil ha logrado una posición relativa de incidencia internacional que no deja de sorprender en el análisis global. La apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia del máximo órga­no multilateral a cargo de una mujer, 
con el discurso de la presidenta Dil­ma Rousseff, viene a expresar esa posi­ción de preeminencia en el concierto mundial.

Ese nuevo estatus del gigante suda­mericano tiene una marca de fábrica: las transformaciones diseñadas por Luiz Inácio Lula da Silva.

La experiencia política de Lula, y su impronta personal en la transformación brasilera, constituyen un evento sui generis para la historia y los modos políticos de América latina. Desde la revolucionaria llegada al poder de un obrero metalúrgico apenas alfabetizado; pasando por la reconversión del movimiento gremial del Partido de los Trabajadores en oficialismo de masas; hasta las reformas estructurales que consiguieron sacar de la miseria a 28 millones de personas, ampliar la clase media con 36 millones de nuevos miembros, y extender el mercado de trabajo con la creación de más de 15 millones de nuevos puestos laborales, fueron elementos constitutivos de una metodología novedosa, arriesgada y tremendamente eficaz.

Presencia global. En simultáneo, esa acción desarrollista y distributiva en el ámbito interno, se acompañaba con una presencia cada vez más importante en el ámbito internacional.

El protagonismo del Bric (con Rusia, India y China); el Ibsa (con India y Sudáfrica); el relanzamiento del Mercosur a partir de una nueva relación con Néstor Kirchner, con quien también ideó la Unasur; la incidencia en el G-20; el nuevo marco de las relaciones Sur-Sur; o las intenciones mediadoras junto al turco Recep Tayyip Erdogan ante al contencioso nuclear iraní de Mahmud Ahmadinejad, mostraron las intenciones de Lula de colocar a Brasil entre quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de intervenir activamente en las nuevas concepciones del regionalismo abierto y del derecho internacional humanitario de nuestra generación.

Estas dimensiones, en un conjunto variado de temas, integran el libro Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula , que la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) acaba de sacar a las librerías de la ciudad esta semana.

En los ensayos que integran el volumen, producto de las investigaciones del Observatorio de la Sociedad Internacional (Ovasi) que dirigimos en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, intentamos dar cuenta de los condicionantes que hubieron de modificarse para permitir la llegada de Lula a la cúspide del poder en Brasilia; de las maneras en que fue armando –y ensayando– una estrategia de cambio que mantuviera los consensos, provocaran auténticas modificaciones en la arquitectura social, pero no desequilibrara el juego institucional y representativo.

Árbitro regional. Asimismo, intentamos alguna proyección de esa experiencia tanto en el ámbito regional latinoamericano como 
en el propio futuro del líder brasileño. Porque la relevancia de Brasil no estará limitada, en América latina, al papel de locomotora económica del Mercosur, como muchos suponen.

Como quedó evidenciado en la reu­nión cumbre de Bariloche, convocada por Cristina Fernández para poner paños fríos a la cuestionada iniciativa colombiana de facilitar el uso exclusivo de sus bases militares a Estados Unidos; o en la intervención ante las regiones separatistas del Beni boliviano, Brasil asume progresivamente el rol de árbitro regional.

Un árbitro pacífico, claro. Pero no por ello Lula dejó de adquirir el mayor poder de armamento provisto a sus fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial. Armas, helicópteros, aviones de última generación y hasta submarinos nucleares, porque una potencia política y económica está obligada a respaldar con capacidad disuasoria sus intenciones de liderazgo y de arbitraje regional.

Dedicamos también algunos capítulos de nuestro libro a la proyección de la persona del propio Lula, porque el ex presidente ha tenido demasiado cuidado al elegir la ubicación desde la que vive este nuevo período: ni en el primer plano, que obstaculizaría el normal desempeño del ejecutivo de “Dilminha”, su discípula y heredera; pero tampoco en el ostracismo.

Está ahí. Lula está ahí, rondando. No aparecen fotos suyas en las portadas de los diarios, pero es consultado tanto por los funcionarios superiores del gobierno como por los líderes del Partido de los Trabajadores.

A Dilma Rousseff no le tiembla el pulso para echar a “lulistas” importantes de su gobierno, como los ya ex ministros Antonio Palocci, por pre­sunto enriquecimiento ilícito; Alfredo Nascimento, por corrupción; y hasta al mismísimo Nelson Jobin, por contradecirla en público. Los tres, dirigentes del riñón de Lula.

Pero la independencia de criterio de la presidenta respecto de su mentor no parece ser un obstáculo para que la presencia de Lula siga allí, plenamente vigente, mostrando su capacidad y predisposición para volver al centro de la escena en cualquier momento.

No creo que falte mucho tiempo antes de que volvamos a escuchar análisis sobre una eventual nueva candidatura presidencial de Luiz Inácio da Silva, ese Midas que logró convertir en popularidad casi todo lo que tocaba.

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* Profesor Titular de Política Internacional, Universidad Católica de Córdoba.

El libro

Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después
de Lula.

Nelson Gustavo Specchia (Ed.), et. al.
278 páginas.
Editorial de la Universidad Católica de Córdoba – Educc
Córdoba
2011.

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en Twitter:   @nspecchia

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Brasil sin Lula (31 12 10)

Brasil sin Lula

por Nelson Gustavo Specchia

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Mañana, con el primer día del nuevo año, el presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva –ya para siempre conocido con la familiar designación de “Lula”- entregará el bastón de mando a la señora Dilma Rousseff, su discípula y amiga, a quién él eligió para sucederlo. Con el traspaso de la banda verde y amarilla comenzará a cerrarse uno de los períodos más interesantes de la contemporaneidad de América latina: estos ocho años de la presidencia de un obrero metalúrgico, apenas alfabetizado, procedente de una de las regiones históricamente más pauperizadas –la zona rural de Caetés, en el Nordeste- y de los estratos sociales más bajos de su país, acreditando experiencia laboral en un torno fabril y en las luchas gremiales de la izquierda clasista, que se formó a sí mismo como una figura política, se escolarizó en el aprendizaje de múltiples y sucesivas derrotas electorales, logró amoldar y atemperar el discurso ideológico radical hasta hacerlo atractivo no sólo a la militancia activa sino a los grandes colectivos, y puso sobre el escenario su encanto de orador llano que habla al pueblo en su mismo lenguaje.

Lula deja el Palacio del Planalto, se va el hombre que transformó esa biografía suya, tan alejada de las tradicionales figuras que han ocupado los primeros lugares del poder en nuestras tierras, en un carisma a prueba de balas, que le permitió conectar permanentemente con el electorado y afrontar las iniciativas políticas más osadas sabiendo que el respaldo popular lo sostenía.

MANEJAR EL CARISMA

En estos ocho años Lula utilizó todo el capital político acumulado durante esa transformación personal, en volcarlo en la transformación de Brasil. Y lo logró. Un sólo dato, entra la maraña de cifras que en estos días se utilizarán para evaluar su gestión: en el lapso de sus dos períodos presidenciales logró sacar de la pobreza a unos cuarenta millones de hombres y mujeres, que vivían por debajo de esa línea imaginaria que marca el borde de la vida digna en una sociedad. Cuarenta millones, una cantidad equivalente a toda la población argentina. Una tarea inmensa lograda merced a iniciativas arriesgadas, de las que el presidente ha salido, una y otra vez, fortalecido. Al punto tal que deja el poder con un índice de aprobación popular que supera el ochenta por ciento, una aceptación multitudinaria que, si hubiese estado en su ánimo, le hubiera permitido permanecer en el poder.

Pero aquí aflora otro rasgo personal del líder, producto de aquel aprendizaje hecho en la calle: Lula nunca ha utilizado su inmensa cuota de poder en provecho propio. Parece increíble, mirando alrededor los ejemplos en sentido contrario. Pero en la actual relación de fuerzas, al presidente le hubiera sido relativamente simple proponer una reforma constitucional que lo habilitara para un tercer mandato consecutivo, una re-reelección, como las que estuvieron (y están aún) de moda en Latinoamérica. Sin embargo, Da Silva cortó ese rumor desde el primer momento, y fue consecuente con su palabra. Terminados los dos períodos, se volvería a su casa, no forzaría la legalidad constitucional y permitiría la normal renovación de la conducción gubernamental.

En estos días de despedidas, saludando a los periodistas acreditados en Brasilia, inclusive reveló algunas intimidades que permiten comprobar la honestidad de su decisión de abandonar (aunque sea momentáneamente) el poder. Tampoco es que me interesen los beneficios personales del cargo, vino a decirles Lula a los periodistas, ni el avión presidencial ni la piscina del palacio: a la pileta casi no me metí nunca, y el avión me marea. Y otro detalle que completa esta postal: en todos estos años, reveló Lula, no me he reunido con mis amigos, ni los he invitado a comer a la residencia oficial, porque no quería alentar celos y envidias; volver al llano será también recuperar las cervezas y las cenas compartidas con los amigos de siempre, por las noches, hasta que nos den las tantas…

ORDENAR LA CASA

El éxito de Lula en la gestión gubernamental ha tenido dos grandes capítulos: la reubicación de la presencia y de la palabra brasilera en el plano exterior y las políticas públicas de justicia distributiva, equidad e inclusión social en el orden interno.

En el plano global, Da Silva logró capitalizar el peso específico de su país para encabezar las iniciativas regionales, especialmente la Unasur, y para proyectar el protagonismo de Brasilia en algunas zonas calientes –Irán, Turquía, Medio Oriente, Siria, África-; en los acuerdos de grupo con los otros emergentes (como el BRIC, con Rusia, India y China, y el IBSA, con India y Sudáfrica); y un rol creciente en las instancias multilaterales, como el Grupo de los Veinte (G-20) y la recurrente aspiración de ingreso permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero este crecimiento en el rol de jugador de las primeras ligas mundiales estuvo asentado, permanentemente, en la estrategia de alcanzar una ordenación en la política interna que justificara aquel mayor protagonismo global. Y la misma línea de pensamiento estuvo aplicada a los grandes temas de la defensa (como la adquisición de armamento nuclear con tecnología francesa); como a los más domésticos de afianzar la imagen de Brasil en el concierto de naciones (como esos grandes escaparates que son los juegos olímpicos, a celebrarse en Río de Janeiro en 2016, o los mundiales de fútbol, en 2014).

Por estas razones –que podríamos llamar “de Estado”- como por auténtica vocación popular, democrática y progresista, Luiz Inácio da Silva orientó las direcciones de su gobierno a la aplicación novedosa de políticas inclusivas y de ampliación agresiva del mercado interior, con el complemento de una permanente evaluación y monitoreo, que ha transformado la experiencia brasileña en una referencia mundial de estudio en las facultades de ciencias políticas y sociales.

No es caprichoso caracterizar de osadas las iniciativas de transformación implementadas durante los dos períodos presidenciales de Lula, si se tienen en cuenta las condiciones estructurales del país al momento de su acceso al poder, y el tamaño de la sociedad brasilera. Según el censo general de 2010, la población del país vecino alcanza a 190,7 millones de personas. Este gigante demográfico y geográfico fue fortalecido durante estos ocho años en su modelo federativo y descentralizado, con diferentes niveles de gestión autónoma en los estados federados (provincias) y municipios. Por ello deben ser osadas, necesariamente, las políticas que intenten lograr transformaciones sustanciales en un país con una de las mayores estructuras de gestión pública del mundo.

Lula se imaginó una estrategia centrada en la fuerte presencia del Estado Federal, y ordenó la planificación de la prestación de los servicios públicos, que tendrían la función de incluir en el sistema a los grandes colectivos pauperizados, desde la esfera pública nacional. Así, hoy todos los niveles gubernamentales (federal, estadual y municipal) están comprometidos en la prestación de servicios sociales, con un cercano monitoreo sobre su efectividad, alcance y calidad.

Junto a la extensión en la prestación de servicios hasta las regiones y los colectivos más lejanos, el rol del Estado también ha sido muy fuente en el impulso a las políticas de soporte a la industria básica y a las manufacturas. Esta promoción industrial y productiva estuvo, además, cruzada con las diferentes herramientas para apuntalar el aliciente al consumo interno.

La conjunción de estrategias de asistencia primaria a las necesidades crónicas de los estratos más pauperizados, que progresivamente van dejando lugar a planes de incorporación al mercado productivo formal, y una participación activa del sector público en el crecimiento del producto interno, han sido acompañadas con el monitoreo permanente y transparente de resultados, de forma de contar en todo momento con indicadores fiables para ajustar esas mismas políticas y acciones públicas.

A PARTIR DE MAÑANA

Lo que acabo de reseñar, y que quizá se denomine “modelo brasilero” dentro de algún tiempo, constituye el legado político de Luiz Inácio da Silva: rol activo del sector público en la esfera económica (productiva y financiera); prioridad en la atención social; transparencia y honestidad gubernamental; apoyo oficial al crecimiento del mercado interno; búsqueda de la equidad y de la inclusión de los más pobres; liderazgo en la integración regional; protagonismo heterodoxo en el plano global.

En Foz do Iguazú, a mediados de este mes de diciembre, en la 40º cumbre del Mercosur, Luiz Inácio da Silva se despidió de sus colegas presidentes del Cono Sur de América, en lo que era también su despedida de los escenarios internacionales. En Foz traspasó la conducción pro témpore de la organización regional (cuyo resurgimiento tanto le debe a él y al ex presidente argentino Néstor Kirchner) al presidente paraguayo Fernando Lugo. Todos tuvieron palabras de elogio y agradecimiento para Lula, a quien el uruguayo Pepe Mujica consideró nuestro “embajador plenipotenciario en el concierto del mundo”.

Este tipo de adjetivos se repetirán en estos días. Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire es cómo tomará la sociedad política la ausencia de Lula en el palacio del Planalto a partir de mañana, una ausencia gigante, “o mais grande do mundo”, como casi todo en Brasil.

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G-20: monedas más, monedas menos… (12 11 10)

EL G-20 DE CIERRA SIN AVANCES EN LA ARMONIZACIÓN DE POLÍTICAS MONETARIAS

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Finalmente, las esperadas medidas para frenar la tan mentada “guerra de monedas”, que en la reunión del Grupo de los 20 (G-20) en Corea del Sur se indicaba como el principal objetivo a alcanzar, no formará parte del documento de clausura de la cumbre, que se prevé firmar hoy.

Las delegaciones gubernamentales no han logrado un acuerdo sobre la necesidad de evitar los desequilibrios en las balanzas comerciales. Ni siquiera una extensa reunión personal entre las dos principales figuras presentes en Seúl, el presidente estadounidense, Barack Obama, y el líder de la República Popular China, Hu Jintao, logró destrabar los obstáculos a un acuerdo; tras más de 80 minutos de reunión privada, los voceros de ambos gobiernos admitieron que de momento no se rubricarán acuerdos globales sobre cómo alentar el crecimiento económico y mejorar las balanzas comerciales entre grandes exportadores e importadores netos.

El jefe de la Casa Blanca venía anunciando en los últimos días que China, principal proveedor de productos manufacturados al mercado norteamericano, debía controlar su política monetaria mediante una aceleración de la apreciación cambiaria, ya que las sutiles pero persistentes devaluaciones del yuan, dado el inmenso volumen de los intercambios, provoca un desbalance comercial importante en perjuicio de la economía estadounidense.

Como prueba, el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, afirmó que la Administración Obama nunca buscará “debilitar nuestra moneda como herramienta para ganar ventaja competitiva”, aunque los funcionarios chinos critican la decisión de la Reserva Federal de salir a inundar el mercado monetario con más de 600.000 millones de dólares durante los próximos ocho meses a través de la compra de deuda.

Ambos extremos constituyen una abierta “guerra de monedas” que sólo puede amortizarse por la vía del entendimiento conjunto de las grandes potencias, y se esperaba que la cita del G-20 en la capital coreana pudiera ser el escenario de un acuerdo de esas características.

El dirigente chino ofreció, en cambio, otra perspectiva, Hu dijo que su gobierno considera que el G-20 debería centrar su atención en la solución de los desequilibrios entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo, al tiempo que volvía a ratificar la discrecionalidad interna de China para regular el valor de su moneda.

Según las principales bolsas del mundo, el yuan alcanzó ayer su máximo en 17 años frente al dólar, y acumula una suba de 3 por ciento desde junio pasado.

El presidente saliente de Brasil, por su parte, sostuvo que la “guerra de divisas” entre los grandes terminará afectando necesariamente a las economías emergentes, por lo que propuso abandonar el monopolio del dólar estadounidense como divisa de referencia de la economía mundial, como ya lo están haciendo los socios del BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Las posturas y las tendencias divulgadas en Seúl abren un serio debate en torno a cambios estructurales en el sistema financiero internacional.

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nelson.specchia@gmail.com

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Obama, el amigo hindú (08 11 10)

OBAMA RESPALDA EL INGRESO DE LA INDIA AL CONSEJO DE SEGURIDAD

El fortalecimiento de las relaciones con India provocará un nuevo equilibrio global

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El presidente estadounidense, Barack Obama, produjo el más importante giro en la esperada reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), al señalar ayer que su país –la principal potencia dominante en la organización multilateral- apoyará las aspiraciones de la India para integrarse como miembro permanente.

El Consejo de Seguridad es el auténtico centro neurálgico de los equilibrios internacionales, está compuesto por solo cinco asientos permanentes (EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), todos con poder de veto sobre las decisiones de la organización.

La aceptación por parte del líder norteamericano de las aspiraciones hindúes implica un reconocimiento al papel de creciente relevancia del país-continente como potencia emergente, y un nuevo equilibrio de poder frente al ascenso de China. Con 1.200 millones de habitantes, una economía en crecimiento permanente y una democracia de masas que funciona, India invoca su derecho a sentarse entre las naciones que gobiernan el mundo.

Obama, en su presentación, admitió que las nuevas realidades y equilibrios de fuerzas del mundo del siglo XXI debe tener un correlato en la reforma de las instituciones internacionales. Con esta misma argumentación, desde hace tiempo el presidente brasileño, Lula da Silva, viene bregando por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad para Brasil; Alemania y Japón, que quedaron fuera de la arquitectura multilateral de la organización tras su derrota en la segunda Guerra Mundial, tienen las mismas pretensiones; pero de los diversos aspirantes, el jefe de la Casa Blanca ha decidido priorizar a la India.

El anuncio se enmarca en una serie de nuevas modalidades de relacionamiento bilateral entre los Estados Unidos y la India, que Barack Obama no ha dudado en definir como una relación que marcará el nuevo tiempo político global.

También para India implica un cambio sustantivo en su postura frente a las iniciativas de la potencia norteamericana, ya que en el pasado reciente ha estado lejos de alinearse con las políticas de Washington: durante una buena parte del siglo XX Nueva Delhi tuvo un diálogo especial con la Unión Soviética, mientras la estrategia norteamericana apoyaba de forma prioritaria su alianza con Pakistán, el histórico rival hindú.

El presidente norteamericano hizo pública su iniciativa frente al Parlamento hindú, en un discurso que fue interrumpido varias veces por los aplausos; en él Obama calificó a India de un “socio irrenunciable”, además de “un actor clave en la escena mundial”.

La escala en Nueva Delhi es la primera de una gira de Barack Obama por Oriente, en la cual visitará también Indonesia, Corea del Sur y Japón, justo antes de la apertura de la reunión del G-20 en Seúl, en la que participará también la presidenta argentina Cristina Fernández, y que se centrará en acordar medidas conjuntas que equilibren el nuevo proteccionismo de los grandes productores por vía de la devaluación unilateral de la moneda, como está haciendo China en estos días.

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nelson.specchia@gmail.com

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El ajuste desata la protesta (30 06 10)

El ajuste desata la protesta

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MADRID, ATENAS.- El ritmo de la protesta social en Europa no deja de crecer, al mismo tiempo en que los gobiernos de los Estados miembros de la Unión Europea (UE) ratifican las medidas de ajuste neoliberal que apuntan a la restricción de los derechos sociales.

La última oportunidad de consensuar una vía alternativa a la rigidez del enfriamiento económico liderado por la canciller democristiana de Alemania, Ángela Merkel, se vivió en la Cumbre del Grupo de los 20, la reunión de los países desarrollados junto a los emergentes que se desarrolló durante el pasado fin de semana en Toronto, Canadá.

Sin embargo, frente a la alternativa entre austeridad y crecimiento -la postura sostenida por los Estados Unidos, junto con China, y emergentes como Brasil y Argentina- la declaración final del G20 cedió frente a la postura de la UE y terminó apostando más por las estrategias de reducción del déficit que por los estímulos para expandir el mercado de consumo interior.

Con ello, los países avanzados ratificaron el objetivo de reducir a la mitad el déficit de aquí a 2013, lo que actuó como acelerador de la protesta social, que ayer tuvo picos importantes en varios países europeos.

En Grecia, la quinta huelga general desde el comienzo de la crisis paralizó a las principales ciudades, donde se produjeron manifestaciones y enfrentamientos violentos. La medida de fuerza alcanzó casi la totalidad al transporte público y aéreo, hospitales, escuelas, bancos y oficinas; los trabajadores portuarios impidieron el acceso de buques turísticos a El Pireo en plenas vacaciones de verano, y la Acrópolis de Atenas permaneció cerrada. El gobierno de Giorgios Papandreu anunció medidas de ajuste para reducir el déficit fiscal, del 13 por ciento actual al 3 por ciento en 2013.

En España, por otra parte, donde el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero intenta salir de dos años de recesión -disparada por el colapso del sector de la construcción- que ha provocado un desempleo record del 20 por ciento, dos paros provocaron enfrentamientos con las policías autonómicas en Madrid y en el País Vasco.

Anticipando la lucha que encabezarán los sindicatos, que  convocaron a una huelga general contra el ajuste para el 29 de septiembre próximo, los trabajadores del transporte dejaron ayer sin subtes y con serios problemas de movilidad a 2,5 millones de madrileños.

El paro de los subterráneos fue anunciado la semana pasada, para protestar contra el gobierno regional de Esperanza Aguirre, del conservador Partido Popular (PP), ante sus planes de recortes salariales como parte del programa de ahorro para hacer frente a la crisis. El paro del transporte continuará hoy, en una tercera jornada de huelga, según se anunció desde las centrales sindicales.

También en el País Vasco, la comunidad autónoma del norte de España, los trabajadores plantearon ayer una jornada de paro en protesta por el plan de austeridad de Rodríguez Zapatero y su reciente flexibilización laboral por decreto.
MERKEL, EN LAS URNAS

BERLÍN.- La jefa del gobierno de centroderecha alemán, Ángela Merkel, arriesgará la fortaleza de la coalición de democristianos y liberales que preside con la elección de hoy, donde se designa al presidente de la República Federal.

La Presidencia, un cargo honorífico y de representación del Estado, es altamente simbólico y la coalición de Merkel intentará colocar en el sitial a Christian Wullf, gobernador de Baja Sajonia, mientras que la oposición socialdemócrata propone al teólogo y ex disidente de la antigua Alemania Oriental (RDA), Joachim Gauck.

La elección del presidente es indirecta, por la Asamblea Federal conformada por diputados y senadores, y en plena crisis social desencadenada por la decisión de enfriar la economía europea para reducir los déficits públicos, implica un plebiscito de opinión para la gestión de la propia Merkel, quien ha asumido una de las voces dominantes en la defensa de esa estrategia neoliberal.

SEMESTRE BELGA

BRUSELAS.- Hoy concluye la presidencia rotatoria española de la Unión Europea (UE), y el tiesto pasa a Bélgica, que la ejercerá hasta fin de año. La rotación en la jefatura del Consejo Europeo no podía llegar en un momento más complicado a Bruselas, con un gobierno renunciante, dos comunidades enfrentadas, y las recientes elecciones ganadas por un partido que intenta partir el país en dos según las fronteras linguísticas entre flamencos y valones.

El primer ministro (en funciones hasta la formación del nuevo gobierno), Yves Leterme, tomará el relevo del español José Luis Rodríguez Zapatero, en medio de una crisis económica estructural que ya echó por tierra las expectativas que éste albergaba para su semestre al frente de la organización continental.

Como objetivo de mínima, los analistas esperan que los enfrentamientos entre los belgas no terminen -en un momento tan crítico- por arrastrar a la propia UE, cuyas instituciones comunitarias se encuentran, además, en Bruselas.
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G-20: Los grandes del mundo convocan a pensar la crisis (28 06 10)

G-20: LOS GRANDES DEL MUNDO CONVOCAN A PENSAR LA CRISIS

Los líderes del Grupo de los Veinte se reunirán a partir de mañana en la ciudad canadiense para avanzar en una definición común de las políticas a aplicar para combatir la crisis económica que parece haberse enquistado en la dinámica internacional contemporánea.

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En Toronto se discutirán las estrategias del G-20 (que en conjunto suma el 90% de la producción mundial, el 80% del comercio y el 75% de la población del planeta), especialmente las políticas impositivas y la necesidad -o no- de recortar el gasto para equilibrar las cuentas públicas y disminuir los déficits. Esta disyuntiva ocupará una parte sustancial de las deliberaciones, debido a la falta de acuerdo global sobre el tema.

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En las últimas semanas, diversas reformas emprendidas por los gobiernos europeos a instancias de la canciller alemana Ángela Merkel, insisten en el achicamiento del gasto, mientras que economistas de gran predicamento (entre los que se cuentan varios premios Nobel) insisten en que esta alternativa debilitará aún más el consumo interno, generará recesión, y por lo tanto ahondará la crisis.

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En esta tesitura se encuentra la Argentina y también, con diversos matices, es la vía que han adoptado grandes potencias como los Estados Unidos de América y China, y países emergentes como India y Brasil.

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Por el contrario, la mayor parte de los países miembros de la Unión Europea (UE) han optado por un fuerte achicamiento de la economía, con reducción de salarios, incentivos y jubilaciones, a la par de un aumento en la presión impositiva.

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Tras el alineamiento de la UE detrás de la estrategia conservadora de Merkel (inclusive gestiones socialdemócratas como la española de Rodríguez Zapatero), el presidente norteamericano, Barack Obama, envió una carta la semana pasada al G-20, advirtiendo que se pone en riesgo la recuperación mundial si los países recortan, en simultáneo, su gasto público.

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Frente a la presión de Obama, el reciente Consejo Europeo reunido esta semana en Madrid, y con el que acaba el semestre de la presidencia española (ver nota en Magazine), acordó que la UE debe presionar a los demás miembros del G-20 para lograr que todos acepten un achicamiento en sus respectivos gastos públicos. La UE tampoco acuerda con apoyar, en el marco del G-20, un impuesto internacional bancario y una tasa sobre transacciones financieras, que significaría un embrión de regulación financiera mundial.
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