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El poder de Camila (13 12 11)

El poder de Camila

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por Pedro I. de Quesada

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Hace tiempo, cuando se mencionaba a Camila, la prensa rosa hacía referencia a Camilla Parker Bowles, la eterna rival de Lady Di que finalmente terminó quedándose con el feo príncipe. Pero desde hace siete meses ese nombre ha popularizado a una dirigente estudiantil latinoamericana, joven y marxista, voz cantante del renacido poder juvenil en Chile.

Camila Vallejo, militante del Partido Comunista, como presidenta de la Federación de Estudiantes de Chile (FECh), encabezó la serie de protestas y marchas de los universitarios trasandinos, que tras las peticiones por una educación pública, gratuita y de calidad para el país, han terminado por movilizar al grueso de la sociedad y han puesto en jaque al gobierno de derechas de Sebastián Piñera.

El miércoles pasado, la joven que le puso su nombre y su rostro al renacimiento del poder de los jóvenes en estas latitudes, perdió las elecciones de la Federación de Estudiantes, a las que se había presentado para renovar su mandato.

En la gubernamental casa de La Moneda se vieron algunas sonrisas pícaras y de revancha.

Y no es para menos: después de un triunfo claro de los conservadores, que lograron terminar con la sucesión de gobiernos de centro-izquierda de la alianza entre democristianos y socialistas en la Concertación, el ejecutivo de Piñera no ha dejado de caer en las encuestas por las protestas estudiantiles.

Amén de algunos éxitos iniciales, como el tan mediático rescate de los 33 mineros hundidos en el socavón de una montaña, la pulseada con los jóvenes (a los universitarios pronto se les unieron los estudiantes de ciclo secundario) ha desbarrancado su popularidad; hoy apenas cuenta con un 27 por ciento de imagen positiva, mientras que el índice que mide la desaprobación de su gestión al frente del Ejecutivo trepa hasta el 63 por ciento de la población.

Y una parte importante de ese desbarranco tiene una cara, muy hermosa por cierto: la de Camila.

Sin embargo, quienes en el gobierno se alegran de que la dirigente haya perdido el liderazgo universitario, sólo ven una versión muy blanco y negro de esta película.

Yo no creo que estas elecciones en la Federación de Estudiantes signifiquen una crisis en la dirección de las movilizaciones del colectivo, sino, por el contrario, una profundización en los alcances de las reivindicaciones y una diversificación en el protagonismo de los actores.

Camila perdió por menos de 200 votos, y ocupará a partir de ahora el segundo lugar en la ejecutiva de los estudiantes.

Y quien ganó, el alumno de abogacía Gabriel Boric, es el jefe de la lista Creando Izquierda. Y ese nombre no es casual.

Su agrupación es aún más radical que la de Vallejo, critica fuertemente a todos los partidos -incluyendo a los de izquierda, claro- y piensa que no hay que cambiar solo el sistema educativo: “el enemigo –dijo en su primera intervención como presidente de la FECh- es el gobierno”.

¿De qué se ríen en La Moneda?

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 13 de diciembre de 2011 ]

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Twitter:   @nspecchia

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La Bolsa de Lima vuelve a la normalidad (08 06 11)

Se recupera la Bolsa de Lima  y Ollanta aporta tranquilidad

Paulatina vuelta a la normalidad de los mercados tras la caída del lunes  

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El fuerte retroceso experimentado por el mercado bursátil peruano tras conocerse la victoria del candidato nacionalista de izquierda, Ollanta Humala, en el ballotage de las elecciones presidenciales, comenzó a revertirse ayer con la recuperación del precio de los principales papeles, y el anuncio del presidente electo de que no introducirá cambios significativos en el programa económico vigente.

La incertidumbre que atravesó toda la jornada electoral del domingo, con una polarización de los votantes en dos mitades prácticamente iguales, terminó de despejarse recién en horas de la noche, cuando se confirmaron los escasos dos puntos de diferencia de Humala sobre la candidata de la derecha, Keiko Fujimori.

En la apertura de operaciones del lunes, el Índice General de la Bolsa de Lima (IGBVL), el principal indicador bursátil, que mide el desempeño de las 36 empresas peruanas de mayor importancia, cayó en picada por la venta de acciones, especialmente títulos de empresas mineras y del sector agroindustrial.

Los responsables del mercado de acciones intentaron frenar la caída, con una suspensión momentánea de transacciones, pero no lo lograron y la bolsa terminó registrando una caída del 12,45 por ciento, la mayor de su historia.

Las primeras manifestaciones del presidente electo, durante la tarde del lunes, se dirigieron a aportar tranquilidad, al asegurar de que no está en sus planes imponer golpes abruptos de timón en el rumbo económico.

También se conoció una versión de que los equipos técnicos vinculados al ex presidente Alejandro Toledo se sumarían al gabinete económico de Humala. Keiko Fujimori, además, admitió la derrota de su coalición populista y el presidente Alan García recibió en el palacio presidencial a una delegación de técnicos de Gana Perú, la agrupación del presidente electo, para comenzar a preparar la transición. La comisión está integrada por referentes reconocidos por su seriedad y confiabilidad.

Todos estos gestos de normalidad institucional, junto a los pronunciamiento positivos de varios bancos de inversión extranjeros, que destacan los sólidos fundamentos de la economía peruana, revirtieron la caída del lunes.

La Bolsa de Lima registró ayer un avance de 1.259,15 puntos; trepando hasta los 19.844,96 enteros, con una recuperación superior al 6 por ciento.

El lento y complejo escrutinio oficial, además, permitió conocer ya que a pesar de lo ajustado de la victoria el candidato de la izquierda ganó en 19 regiones del Perú; sólo 4 regiones le dieron la espalda a Ollanta Humala, entre ellas las áreas metropolitanas de Lima y Callao.

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en Twitter:   @nspecchia

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“Todo por un beso”: poder y agresión sexual (19 05 11)

El mundo aisla a Strauss-Khan

En Francia la prisión del dirigente socialista es vista como un agresión “humillante”     

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NUEVA YORK, PARÍS.- El escándalo que envuelve desde el domingo la figura del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, impacta sobre las finanzas y amenaza inclusive las normas que rigen la organización multilateral.

El secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, sostuvo públicamente ayer que el FMI debería designar un reemplazante del máximo responsable de la institución monetaria.

Estados Unidos es su principal contribuyente, por lo que las palabras de Geithner, que vienen además a sumarse a las que impulsan el reemplazo del francés desde diversas partes del mundo, pueden llegar a ser determinantes para sellar su suerte.

A pesar de las presiones diplomáticas de los países miembros, el FMI emitió un comunicado oficial donde anuncia que el número dos del organismo, el economista estadounidense John Lipsky, asumirá la dirección interina, aunque luego de hacerse pública la postura del gobierno de Barack Obama se descuenta que el Consejo Directivo procederá a renovar al director gerente en breve.

Strauss-Khan se encuentra encarcelado y sin fianza, en una celda de tres metros por cinco, en una prisión junto a delincuentes comunes y peligrosos, tras haber sido denunciado por una empleada del hotel Sofitel por agresión sexual. La mujer, de 32 años y originaria de Guinea, desconocía el relevante cargo que ejerce Strauss-Kahn, y denunció que el sábado entró a la habitación creyendo que estaba vacía, cuando el director gerente del FMI salió desnudo del baño y, tras retenerla, abusó de ella sexualmente.

La policía procedió a detener al político cuando ya estaba embarcado en un avión con destino a Francia, y lo condujo esposado ante el juez, que le denegó la libertad bajo fianza.

Tanto la noticia de la detención con cargos por violación, como la imagen de Strauss-Kahn esposado, impactaron fuertemente en la opinión pública francesa, donde hasta la semana pasada los sondeos lo ubicaban como el político mejor posicionado para disputar la presidencia de la República al conservador Nicolás Sarkozy en las próximas elecciones.

Así, a la crisis en la cúpula del socialismo francés, que de golpe se encuentra con su candidato estrella hundido moral y socialmente, se suma la del propio organismo multilateral, donde se ha desatado la competencia por su sucesión. En esta puja, el debate impulsado por los países emergentes, especialmente Brasil y China, ha vuelto a poner en cuestión la norma no escrita que estipula que el director gerente del Fondo debe ser un europeo.

Una encuesta divulgada por la prensa parisina, sin embargo, muestra que más del 50 por ciento de los entrevistados no cree en la culpabilidad del dirigente socialista.

En el mismo sentido se expresaron relevantes personalidades de la política francesa. El sistema legal norteamericano es fuertemente criticado en Europa: el ex ministro francés de Justicia, Robert Badinter, tachó de “asesinato mediático” el trato dado a Strauss-Kahn.

Y aunque el presidente Sarkozy dijo que con este escándalo los socialistas “han perdido la batalla de la moral”, inclusive desde el gobierno conservador se teme por el daño a la imagen nacional que puede conllevar todo el asunto. La ministra de Ambiente, Nathalie Kosciusco-Morizet, afirmó que además de la “presunta” víctima de agresión sexual, “hay ya una víctima confirmada: Francia.”

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Berlusconi, primera caída (18 05 11)

Dura derrota de Berlusconi en las elecciones municipales en Italia

La victoria de la izquierda pone en riesgo la alianza de gobierno con la Liga Norte

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ROMA.- Los sectores más críticos con el ejecutivo conservador italiano del primer ministro Silvio Berlusconi han salido a las calles de Italia, a festejar la victoria de la oposición de centro izquierda en las primeras elecciones municipales, en las importantes ciudades del norte del país, que pueden señalar una tendencia hacia el fin de un ciclo político entero dominado por la derecha.

Además, la importancia de estos comicios regionales aumenta al haber sido propuestos, desde el propio gobierno central, como un plebiscito de la gestión de Berlusconi, que se sentía confiado de los resultados en las urnas de Milán, la ciudad natal del mandatario que es, además, centro de todo el conglomerado de sus empresas de comunicación –radios, televisiones, diarios y revistas- que contribuyeron efectivamente en su acceso al poder durante la última década.

También Milán es la capital económica y financiera de la península, un sector que siempre ha respaldado a los gobiernos de Berlusconi, y a las alianzas de su partido Pueblo de la Libertad con los sectores filofascistas de la Liga Norte, de Umberto Bossi.

Sin embargo, los resultados parciales de las municipales milanesas han dado una vuelta de campana a estas tendencias, con la inesperada victoria del candidato del izquierdista Partido Democrático, Giuliano Pisapia, con el 48 por ciento.

De esta manera, la derrota de la derecha en uno de los circuitos electorales más importantes asume un carácter simbólico, al retroceder en más de diez puntos porcentuales, la mitad de su caudal de votos.

Los candidatos de izquierda, asimismo, se han impuesto en las municipales de Turín y Bolonia, centros industriales y académicos de importancia en el norte.

El mandatario, que se aprestaba a festejar una “victoria plebiscitaria” que balancearía los impactos negativos de su gestión (el escándalo en torno a las fiestas sexuales con menores de edad, las denuncias por abuso de autoridad en el caso de la prostituta marroquí “Rubi”, y los cuatro juicios que están abiertos en los tribunales y de los cuales sólo lo exculpa momentáneamente la inmunidad del cargo) no ha aparecido públicamente desde que se conocieran los resultados.

Al no haber alcanzado la mayoría absoluta, Milán tendrá segunda vuelta el próximo 29 de mayo, pero Pisapia se muestra confiado de refrendarlos. Mayor aún ha sido la diferencia obtenida por la izquierda en Turín, donde Piero Fassino se ha impuesto con casi 30 puntos de diferencia al candidato de Berlusconi.

Y en Bolonia, Virginio Merola ha sido elegido en primera vuelta con el 50,46 por ciento, a 20 puntos del candidato de la derecha.

Estos resultados pueden impactar en la alianza de gobierno, ya que la Liga Norte se siente lastrada por los escándalos que rodean al primer ministro. Umberto Bossi aseguró anoche que estaba “descontento, sorprendido e irritado”, lo que puede adelantar la pelea que viene con sus socios en el gobierno de Roma.

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Brasil sin Lula (31 12 10)

Brasil sin Lula

por Nelson Gustavo Specchia

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Mañana, con el primer día del nuevo año, el presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva –ya para siempre conocido con la familiar designación de “Lula”- entregará el bastón de mando a la señora Dilma Rousseff, su discípula y amiga, a quién él eligió para sucederlo. Con el traspaso de la banda verde y amarilla comenzará a cerrarse uno de los períodos más interesantes de la contemporaneidad de América latina: estos ocho años de la presidencia de un obrero metalúrgico, apenas alfabetizado, procedente de una de las regiones históricamente más pauperizadas –la zona rural de Caetés, en el Nordeste- y de los estratos sociales más bajos de su país, acreditando experiencia laboral en un torno fabril y en las luchas gremiales de la izquierda clasista, que se formó a sí mismo como una figura política, se escolarizó en el aprendizaje de múltiples y sucesivas derrotas electorales, logró amoldar y atemperar el discurso ideológico radical hasta hacerlo atractivo no sólo a la militancia activa sino a los grandes colectivos, y puso sobre el escenario su encanto de orador llano que habla al pueblo en su mismo lenguaje.

Lula deja el Palacio del Planalto, se va el hombre que transformó esa biografía suya, tan alejada de las tradicionales figuras que han ocupado los primeros lugares del poder en nuestras tierras, en un carisma a prueba de balas, que le permitió conectar permanentemente con el electorado y afrontar las iniciativas políticas más osadas sabiendo que el respaldo popular lo sostenía.

MANEJAR EL CARISMA

En estos ocho años Lula utilizó todo el capital político acumulado durante esa transformación personal, en volcarlo en la transformación de Brasil. Y lo logró. Un sólo dato, entra la maraña de cifras que en estos días se utilizarán para evaluar su gestión: en el lapso de sus dos períodos presidenciales logró sacar de la pobreza a unos cuarenta millones de hombres y mujeres, que vivían por debajo de esa línea imaginaria que marca el borde de la vida digna en una sociedad. Cuarenta millones, una cantidad equivalente a toda la población argentina. Una tarea inmensa lograda merced a iniciativas arriesgadas, de las que el presidente ha salido, una y otra vez, fortalecido. Al punto tal que deja el poder con un índice de aprobación popular que supera el ochenta por ciento, una aceptación multitudinaria que, si hubiese estado en su ánimo, le hubiera permitido permanecer en el poder.

Pero aquí aflora otro rasgo personal del líder, producto de aquel aprendizaje hecho en la calle: Lula nunca ha utilizado su inmensa cuota de poder en provecho propio. Parece increíble, mirando alrededor los ejemplos en sentido contrario. Pero en la actual relación de fuerzas, al presidente le hubiera sido relativamente simple proponer una reforma constitucional que lo habilitara para un tercer mandato consecutivo, una re-reelección, como las que estuvieron (y están aún) de moda en Latinoamérica. Sin embargo, Da Silva cortó ese rumor desde el primer momento, y fue consecuente con su palabra. Terminados los dos períodos, se volvería a su casa, no forzaría la legalidad constitucional y permitiría la normal renovación de la conducción gubernamental.

En estos días de despedidas, saludando a los periodistas acreditados en Brasilia, inclusive reveló algunas intimidades que permiten comprobar la honestidad de su decisión de abandonar (aunque sea momentáneamente) el poder. Tampoco es que me interesen los beneficios personales del cargo, vino a decirles Lula a los periodistas, ni el avión presidencial ni la piscina del palacio: a la pileta casi no me metí nunca, y el avión me marea. Y otro detalle que completa esta postal: en todos estos años, reveló Lula, no me he reunido con mis amigos, ni los he invitado a comer a la residencia oficial, porque no quería alentar celos y envidias; volver al llano será también recuperar las cervezas y las cenas compartidas con los amigos de siempre, por las noches, hasta que nos den las tantas…

ORDENAR LA CASA

El éxito de Lula en la gestión gubernamental ha tenido dos grandes capítulos: la reubicación de la presencia y de la palabra brasilera en el plano exterior y las políticas públicas de justicia distributiva, equidad e inclusión social en el orden interno.

En el plano global, Da Silva logró capitalizar el peso específico de su país para encabezar las iniciativas regionales, especialmente la Unasur, y para proyectar el protagonismo de Brasilia en algunas zonas calientes –Irán, Turquía, Medio Oriente, Siria, África-; en los acuerdos de grupo con los otros emergentes (como el BRIC, con Rusia, India y China, y el IBSA, con India y Sudáfrica); y un rol creciente en las instancias multilaterales, como el Grupo de los Veinte (G-20) y la recurrente aspiración de ingreso permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero este crecimiento en el rol de jugador de las primeras ligas mundiales estuvo asentado, permanentemente, en la estrategia de alcanzar una ordenación en la política interna que justificara aquel mayor protagonismo global. Y la misma línea de pensamiento estuvo aplicada a los grandes temas de la defensa (como la adquisición de armamento nuclear con tecnología francesa); como a los más domésticos de afianzar la imagen de Brasil en el concierto de naciones (como esos grandes escaparates que son los juegos olímpicos, a celebrarse en Río de Janeiro en 2016, o los mundiales de fútbol, en 2014).

Por estas razones –que podríamos llamar “de Estado”- como por auténtica vocación popular, democrática y progresista, Luiz Inácio da Silva orientó las direcciones de su gobierno a la aplicación novedosa de políticas inclusivas y de ampliación agresiva del mercado interior, con el complemento de una permanente evaluación y monitoreo, que ha transformado la experiencia brasileña en una referencia mundial de estudio en las facultades de ciencias políticas y sociales.

No es caprichoso caracterizar de osadas las iniciativas de transformación implementadas durante los dos períodos presidenciales de Lula, si se tienen en cuenta las condiciones estructurales del país al momento de su acceso al poder, y el tamaño de la sociedad brasilera. Según el censo general de 2010, la población del país vecino alcanza a 190,7 millones de personas. Este gigante demográfico y geográfico fue fortalecido durante estos ocho años en su modelo federativo y descentralizado, con diferentes niveles de gestión autónoma en los estados federados (provincias) y municipios. Por ello deben ser osadas, necesariamente, las políticas que intenten lograr transformaciones sustanciales en un país con una de las mayores estructuras de gestión pública del mundo.

Lula se imaginó una estrategia centrada en la fuerte presencia del Estado Federal, y ordenó la planificación de la prestación de los servicios públicos, que tendrían la función de incluir en el sistema a los grandes colectivos pauperizados, desde la esfera pública nacional. Así, hoy todos los niveles gubernamentales (federal, estadual y municipal) están comprometidos en la prestación de servicios sociales, con un cercano monitoreo sobre su efectividad, alcance y calidad.

Junto a la extensión en la prestación de servicios hasta las regiones y los colectivos más lejanos, el rol del Estado también ha sido muy fuente en el impulso a las políticas de soporte a la industria básica y a las manufacturas. Esta promoción industrial y productiva estuvo, además, cruzada con las diferentes herramientas para apuntalar el aliciente al consumo interno.

La conjunción de estrategias de asistencia primaria a las necesidades crónicas de los estratos más pauperizados, que progresivamente van dejando lugar a planes de incorporación al mercado productivo formal, y una participación activa del sector público en el crecimiento del producto interno, han sido acompañadas con el monitoreo permanente y transparente de resultados, de forma de contar en todo momento con indicadores fiables para ajustar esas mismas políticas y acciones públicas.

A PARTIR DE MAÑANA

Lo que acabo de reseñar, y que quizá se denomine “modelo brasilero” dentro de algún tiempo, constituye el legado político de Luiz Inácio da Silva: rol activo del sector público en la esfera económica (productiva y financiera); prioridad en la atención social; transparencia y honestidad gubernamental; apoyo oficial al crecimiento del mercado interno; búsqueda de la equidad y de la inclusión de los más pobres; liderazgo en la integración regional; protagonismo heterodoxo en el plano global.

En Foz do Iguazú, a mediados de este mes de diciembre, en la 40º cumbre del Mercosur, Luiz Inácio da Silva se despidió de sus colegas presidentes del Cono Sur de América, en lo que era también su despedida de los escenarios internacionales. En Foz traspasó la conducción pro témpore de la organización regional (cuyo resurgimiento tanto le debe a él y al ex presidente argentino Néstor Kirchner) al presidente paraguayo Fernando Lugo. Todos tuvieron palabras de elogio y agradecimiento para Lula, a quien el uruguayo Pepe Mujica consideró nuestro “embajador plenipotenciario en el concierto del mundo”.

Este tipo de adjetivos se repetirán en estos días. Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire es cómo tomará la sociedad política la ausencia de Lula en el palacio del Planalto a partir de mañana, una ausencia gigante, “o mais grande do mundo”, como casi todo en Brasil.

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El “fénix” Berlusconi (24 12 10)

El “fénix” Berlusconi

por Nelson Gustavo Specchia

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El griego Heródoto recogió una tradición oral –seguramente egipcia- que luego, por las crónicas latinas de Plinio el Viejo, Ovidio y Séneca, ha llegado hasta nosotros: la de ese ave, de plumaje rojizo o anaranjado, que cuando está a punto de cumplir su ciclo vital se consume entre las llamas, y después, desde esas mismas cenizas, resurge y alza vuelo. En las culturas orientales, el mito del ave Fénix simbolizaba el renacimiento, el Nilo que volvía a prodigar los sembradíos, la primavera. A Occidente pasaron algunas versiones menos bucólicas, que acentúan la obstinación y los intentos de permanecer más allá de la natural decadencia y finitud de las cosas, los plazos, y los períodos de cualquier tipo.

La política italiana, y su estrella protagónica, el primer ministro Silvio Berlusconi, han ofrecido en este año que termina una versión remozada del Fénix obstinado. Todos los elementos han confluido para señalar el ocaso de un tiempo y la necesidad de un cambio en el estado de las cosas. Sin embargo, a pesar de ello, una y otra vez el político al que propios y extraños denominan, significativamente, “Il Cavaliere”, vuelve desde sus cenizas y se mantiene en vuelo, planeando sobre las críticas, los escándalos, las movilizaciones multitudinarias, las recomposiciones partidarias, la huida de sus antiguos aliados, la censura de la jerarquía eclesiástica, el desbande moral de su entorno, los millonarios juicios de divorcio, las admoniciones del Presidente de la República, los estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, las revelaciones de WikiLeaks que ventilan negociados con Vladimir Putin, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales, las fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años. Y, en general, el estupor internacional frente a ese “César de carnaval” (como cuentan que decía Hitler del Duce), conservador y cortado a la moda neoliberal.

HILOS DE ALAMBRE

¿Qué sostiene a Silvio Berlusconi, tras una década y media en el ojo de tormenta, al frente de la política peninsular? Sería simplista quitarle méritos propios: el premier entendió la política como una extensión lógica de su larga trayectoria empresarial en los medios de comunicación, y construyó metódicamente su personaje, durante años, en ese sentido. Pero dos elementos externos a su persona vinieron a servirle como marco propicio para que se convierta en el hombre fuerte de la política italiana: el propio modelo italiano, caracterizado por una atomización en pequeñas y múltiples agrupaciones; y la extrema debilidad institucional. En un sistema con esas características, la capacidad de maniobra de un gerente hábil, sin anclas ideológicas de peso y con un imperio de medios de comunicación a su absoluto arbitrio, encuentra un terreno fértil para la formación de mayorías coyunturales capaces de alcanzar el Ejecutivo y mantenerse en él.

El otro elemento externo que ha contribuido enormemente a sostener a Berlusconi a pesar de todos los indicadores en contra, ha sido sin duda el rol de la oposición de izquierda, que ha perdido sistemáticamente una oportunidad tras otra para ofrecerse a la sociedad civil como una alternativa creíble a los manejos gerenciales de “Il Cavaliere”. Hasta los años ochenta del siglo XX, el Partido Comunista Italiano (PCI) era la formación marxista más grande del mundo fuera de la Unión Soviética, y los socialdemócratas del Partido Socialista (PSI) apenas le iban a la zaga. Esa izquierda estructural, fuerte y ordenada, tenía enfrente a una centroderecha de equivalente peso específico, la Democracia Cristiana (DC) fundada por Alcide de Gasperi en 1942, y que ejerció el gobierno durante casi toda la segunda mitad del siglo.

Pero este sistema, que a la manera moderna y occidental se orientaba hacia el afianzamiento de un bipartidismo estructural, con claras opciones democráticas a ambos lados del arco ideológico, se quebró hacia fines del siglo pasado, por cuestiones externas y por crisis internas. El largo ejercicio del poder de los demócrata cristianos los acercaron a la mafia y los invadió la corrupción, y el PCI y PSI no soportaron la desaparición soviética y la división bipolar del mundo. Todo el sistema entró en crisis, y de ese incendio, nuevamente, volvió a surgir el ave Fénix del magnate de las comunicaciones, con un discurso alejado de las seguridades ideológicas, cercano a las prácticas populistas, a las alianzas de coyuntura, y con una inmensa capacidad operística para poner en escena la política en clave teatral.

Ninguna de las otras fuerzas tradicionales, una vez hundido el proyecto bipartidista, tuvo una capacidad de reacción comparable. Los democristianos se redujeron a un partido menor tras sus escándalos internos, y los ex comunistas y ex socialistas andan intentando reaglutinar fuerzas en el nuevo Partido Democrático. Pero mientras unos y otros avanzan a tientas y dando bandazos, Berlusconi los mira por sobre el hombro con triunfal sonrisa sobradora.

LA DEBACLE DEL 2010

Sin embargo, y a pesar de esa capacidad de aferrarse obstinadamente al poder con cualquier excusa, objetivo o alianza, tras una década y media en el centro del escenario, con el 2010 llegó el “annus horribilis” del premier.

A mediados de noviembre, y tras escenificar un divorcio progresivo desde principios de año, los dos líderes de la derecha italiana terminaron por separarse. Los ministros afines a Gianfranco Fini se retiraron del Ejecutivo de Silvio Berlusconi. La ruptura de la alianza que había logrado formar gobierno en 2008 generó una crisis que, según todos presagiaban, terminaría por hundir al primer ministro al dejar a su partido, Pueblo de la Libertad (PdL), en minoría en el Parlamento. Además, los disidentes de Fini –que, por cierto, ejerce la titularidad de la Cámara Baja- se aglutinaron en un nuevo partido, Futuro y Libertad (FyL), con el que Gianfranco Fini se propone alcanzar la primera magistratura y desplazar a Berlusconi de la conducción de la centroderecha peninsular.

El rompimiento de mediados de noviembre se venía anunciando desde el inicio del año legislativo, tanto por las permanentes menciones críticas entre ambos líderes, como a través de muy ajustadas votaciones legislativas, donde los diputados rebeldes le pusieron permanentemente palos en la rueda a los proyectos enviados por el Ejecutivo. A partir de la crisis de gabinete, con aquellos rebeldes ya abiertamente opositores, empezaron las quinielas para calcular cuánto tiempo resistiría Berlusconi con un gobierno en minoría. Al punto que el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani. Tras el encuentro, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se sometería al voto de confianza de los diputados y senadores el 14 de diciembre.

Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, también creyó que los tiempos finales de Berlusconi habían llegado, y entre todas las opciones que le otorga la Constitución, decidió aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tenía pendientes en el Congreso: una antigua de censura en Diputados (promovida originalmente por la oposición de izquierda, a la que se sumaron los nuevos rebeldes de Fini), y la de apoyo en el Senado. Tras esa votación, Napolitano preveía llamar a elecciones anticipadas.

Viendo cómo se preparaba el escenario, y atendiendo a los sondeos (que no le otorgan a su popularidad más que un 27 por ciento, uno de los mínimos históricos de su carrera), “Il Cavaliere” entró a remover las cenizas de la hoguera: se aseguró el respaldo del partido filofascista de la Liga Norte (LN), de Umberto Bossi. El dirigente del separatismo norteño, la región más rica e industrializada de la península, salió a pescar en el río revuelto, y respaldó al premier. Además, Berlusconi ofreció un nuevo pacto inmediatamente antes de la votación por la censura. A los diputados díscolos les ofreció cambiar todo lo que fuera necesario, especialmente los cargos ejecutivos. Incorporándolos a ellos, claro.

Y el Fénix llamó también a formar una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que se reconocen afines al Partido Popular Europeo. Y lo logró, alzó nuevamente el vuelo, contra todo pronóstico. Superó el voto de censura, aunque Fini y los demás líderes de la oposición contaban los votos hasta último momento y afirmaban que tenían las curules suficientes para enterrar de una vez por todas a este gobierno de “opera buffa” napolitana.

APOSTAR ALTO

Superada –casi por milagro- la moción de censura, cualquiera podría haber afirmado que el primer ministro se llamaría a silencio, terminaría con perfil bajo el peor año de su carrera política. Sin embargo Berlusconi no descansa, y apuesta siempre más y más alto. Antes de que termine este diciembre, volvió a enviar al Senado el proyecto de reforma educativa que cambiará estructuralmente la añeja tradición académica italiana.

La polémica norma, que ha volcado a la calle a cientos de miles de estudiantes, no deja títere con cabeza: se mete con la educación elemental y llega hasta la universitaria; reduce la inversión pública en 8.000 millones de euros entre 2009 y 2013; expulsa más de 130.000 maestros; reduce la jornada escolar primaria sólo a las mañanas; recorta 1.500 millones de euros a la docencia e investigación; impone que de cada cinco jubilaciones sólo se renueve un profesor; y habilita a que agentes privados entren en los consejos de dirección de las universidades. El Senado, afín a Berlusconi, aprobó la ley esta semana.

Como Nerón, otro romano innovador, “Il Cavaliere” pretende no dejar nada en pie.

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Berlusconi: “O voto de confianza o elecciones” (18 11 10)

SI PIERDE EL VOTO DE CONFIANZA ITALIA ADELANTARÁ LAS ELECCIONES

Berlusconi se resiste a dejar el gobierno en plena crisis de su partido

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El primer ministro italiano, el conservador Silvio Berlusconi, manifestó en la víspera que dará batalla para conservar el poder en Italia tras la crisis de gobierno abierta por su ex socio en el partido derechista Pueblo de la Libertad, Gianfranco Fini.

Los ministros aliados a Fini en el gabinete dejaron sus carteras en el Ejectuvo, y pasaron a formar parte del nuevo partido con que Fini ha dividido a la derecha, Futuro y Libertad.

Con la nueva agrupación sumándose al arco opositor, Berlusconi se queda en minoría en el Congreso, lo que implicó que el presidente de la República, el comunista Giorgio Napolitano, interviniera para establecer los mecanismos que permitan sortear la crisis.

En la tarde de ayer, Napolitano se reunió con los dos dirigentes de las cámaras legislativas, Gianfranco Fini de Diputados, y el presidente del Senado, Renato Schifani.

Con ambos consensuó que el Parlamento no demoraría la tramitación de los presupuestos generales del país, una ley que tiene carácter urgente en el contexto de crisis económica internacional, dado el riesgoso endeudamiento italiano, y, al mismo tiempo, que se realizarían las votaciones para las sendas mociones que el gobierno de Berlusconi tiene pendiente en el Congreso: la moción de censura presentada por la izquierda de Italia de los Valores y del Partido Demócrata en Diputados, y el voto de confianza que promueven sus senadores leales en la Cámara Alta.

Ambas votaciones se llevarían adelante el próximo 14 de diciembre.

Tras conocer el acuerdo alcanzado por el presidente Napolitano con los líderes del recinto legislativo, Silvio Berlusconi aseguró ayer que convocará elecciones anticipadas si su administración no supera la moción de confianza en ambas votaciones.

Aunque la disolución del actual gobierno y la convocatoria a elecciones es una competencia del Jefe de Estado, Berlusconi declaró que “si hay confianza seguiremos adelante, si no hay confianza iremos al voto”, confiando en que unas elecciones anticipadas pueden volver a darle una nueva mayoría y formar un nuevo gobierno, sin la participación del grupo de Fini, pero con el seguro respaldo del partido filofascista de la Liga Norte de Umberto Bossi.

A pesar de que su popularidad registra uno de los mínimos históricos de su carrera política (ninguna consultora le otorga más de un 27 por ciento en los sondeos), Berlusconi juega con la carta de que la oposición no está mejor: el principal partido del arco opositor, el izquierdista Partido Democrático apenas suma un 26 por ciento de intenciones de voto.

RÍO REVUELTO

Que Silvio Berlusconi haya logrado mantenerse en el gobierno tras los escándalos en que se ha visto envuelto se explica por la extrema dispersión partidaria en que se divide el sistema político italiano, y la paridad en las cuotas de votos que cada agrupación logra convocar.

Por ello, los dos principales partidos de derecha italiana, el PDL del primer ministro y la independentista y xenófoba Liga Norte de Bossi, sumados, tienen posibilidades reales de conservar el poder en un escenario de elecciones anticipadas.

Los últimos sondeos revelan que el PDL encabeza las intenciones de voto, con un 28,5 por ciento. La izquierda del Partido Democrático sólo alcanza a un 26 por ciento, y en tercer lugar se ubica la Liga Norte, con el 12,5 por ciento.

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Vuelta de página en El Salvador (19 03 09)

VUELTA DE PÁGINA EN EL SALVADOR

Por Nelson Gustavo Specchia

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Mauricio Funes ha triunfado en las elecciones presidenciales de El Salvador, ya es el presidente electo, y ya está en la historia.

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Realmente, junto a la remanida crisis de las bolsas que suben y que bajan, y a las que hay que cuidar -y hasta estimular- como si fueran unas ancianas señoritas llenas de caprichos, este tiempo político también nos ha deparado más de una novedad, de esas profundas, que marcan las estructuras de pensamiento y el devenir de los pueblos. Novedades que provienen, especialmente, de las conductas electorales, de cierta manera nueva y sorpresiva de expresar las opiniones populares en las urnas, como si fuera cada día más difícil prever el movimiento político de las mayorías, de la conformación de alianzas inéditas, de la reconversión de fuerzas en nuevas y ágiles combinaciones, que poco tienen que ver con las recetas políticas más tradicionales.

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Además del central y paradigmático “fenómeno Obama”, comentábamos también las recientes elecciones autonómicas en Galicia, por ejemplo, adonde volvieron los conservadores del Partido Popular, cuando ya nadie los esperaba; o las del País Vasco, donde las fuerzas nacionalistas –las de derecha y las de izquierda sumadas- perdieron la mayoría en la cámara, por primera vez en los treinta años que lleva la democracia española, y un socialista, Paxi López, muy seguramente logrará hacerse con el gobierno regional.

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Una de estas marcas novedosas en el juego político, novedosa y al mismo tiempo profunda, estructural, es la que el domingo anotó Mauricio Funes, al hacerse con la ajustadísima mayoría de apenas dos puntos (lo votó el 51 por ciento, y el 49 por ciento votó por la continuidad de la derecha). Una mayoría exigua, pero que le permitirá acceder legítimamente al gobierno de El Salvador, una de las tierras más fieramente castigadas y asoladas por la violencia política en toda la América latina. Que le permitirá acceder, decimos; otra cosa será que le permita gobernar, eso está aún por verse.

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Funes viene de la guerrilla, participó en su tiempo de la estrategia armada del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); y ahora, llega al poder desde una tribuna democrática, en unos comicios transparentes y –dentro de lo que cabe, para una realidad como la salvadoreña- ejemplarmente superadores de los violentos enfrentamientos que hasta ayer nomás han teñido de sangre la confrontación política. Un amigo nuestro, el jesuita Chema Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana, da cuenta desde la imparcialidad de la observación académica, de esa transparencia y limpieza en el recuperado juego democrático.

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También demostraron estar a tono con estos tiempos, al menos de momento, los derrotados de la derechista coalición Arena, que ha ocupado el poder en El Salvador en las últimas dos décadas, y el propio presidente en ejercicio, Elías Antonio Saca, que reconoció inmediatamente la victoria del ex guerrillero Funes. Gestos como estos han estado ausentes en las tres elecciones presidenciales celebradas desde la firma de los acuerdos de paz de 1992, que pusieron fin a la guerra civil que venía desangrando a El Salvador desde 1980.

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¿Qué dice Funes? Ha ganado las elecciones repitiendo un discurso simple: “A la vuelta de 20 años, tenemos uno de los países más atrasados de América latina, una de las economías con mayor debilidad estructural para enfrentar la crisis, una de las sociedades más pobres y, sobre todo, con los mayores niveles de exclusión y marginalidad social, agobiada por la delincuencia, secuestrada por la delincuencia. Somos el país con la tasa de homicidios más alta del continente. Ése es el desafío que tengo por delante. El cambio que hoy estamos iniciando cierra un ciclo histórico y abre la oportunidad para iniciar un Gobierno auténticamente democrático, que construya una sociedad justa y democrática.”

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Esas son sus palabras y su expresión de intenciones. Pero, más allá de su discurso y de esa paz que es necesariamente precaria, ya que El Salvador sigue siendo un país peligroso y violento, con la tasa de homicidios más alta de toda América, sumamente desigual, y con más de la mitad de su población bajo la línea de pobreza, hay otro elemento a considerar. Y es quién ha ganado, detrás de la figura de Mauricio Funes.

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Los observadores internacionales marcan una diferencia sutil, pero muy importante: el Farabundo está integrado por un sector socialdemócrata, que intenta incorporarse efectivamente al juego electoral y republicano, que pretende tender puentes hacia América latina y hacia el resto del mundo, con la figura del brasileño Lula da Silva como referente político regional. Pero también dentro del mismo frente Farabundo está la vieja guardia de la guerrilla, los halcones, el grupo más duro. Y desde este sector podría venir la iniciativa de estrechar los lazos con la Venezuela del comandante Chávez, y –quizá- también con otro proyecto de izquierda para América latina.

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Como vemos, en el tablero regional las piezas vuelven a acomodarse en un orden no del todo desconocido, en una relación de fuerzas –y de referentes- que parecen seguir un guión, una melodía, ya escuchada.

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En este sentido, los primeros pasos de Mauricio Funes, del ex guerrillero hoy presidente democráticamente electo en El Salvador, serán sumamente interesantes de seguir, y desde muy cerca.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.
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Publicado en HOY DIA CORDOBA, jueves 19 de marzo de 2009.

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