Archivo mensual: enero 2011

Rusia y el emirato del Cáucaso (28 01 11)

Rusia y el emirato del Cáucaso

por Nelson Gustavo Specchia

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El lunes 24 de enero, el aeropuerto ruso de Domodédovo fue blanco del terrorismo separatista islámico del Cáucaso Norte, la inestable franja meridional que viene generando una espiral de violencia que impacta en todos los capítulos de la agenda política de la dupla Putin-Medvédev, especialmente la imagen exterior de Rusia, que la élite dirigente está empeñada en reconstruir.

El presidente Dmitri Medvédev tenía lista las maletas para salir hacia Suiza, al Foro Económico Mundial de Davos, donde se sentará en civilizadas mesas de café con unos cien empresarios, a los que intentará mostrar que la transformación de la economía rusa la ha convertido en un buen negocio para ellos. Mostrarles, en suma, que esta modernización –junto a los ingentes recursos naturales y a la mano de obra capacitada y barata- es una oportunidad de oro para el gran capital.

La estrategia de Medvédev es convertir a Moscú en un centro financiero mundial. Para ello, debe mostrar que la modernización que él representa debe ser más importante al momento de decidirse a traer el dinero a la capital rusa, que las críticas a la poca independencia de sus jueces, como acaba de confirmarlo la segunda condena al opositor Mikhail Jodorkovski, el ex presidente de la petrolera Yukos enfrentado a Putin. O más importante que el asesinato de disidentes, como el balazo en la cabeza a la periodista Anna Politkóvskaya, o el que acabó con la integrante de la ONG “Memorial”, Natalia Estemírova, entre tantos otros. O más importante que el medievalismo represivo de sus cárceles, donde los desafectos del régimen siguen encontrando misteriosamente la muerte, como la empresaria Vera Trifónova en abril del año pasado. Y, por supuesto, asegurarles a los grandes inversores que el terrorismo de los fundamentalistas islámicos está controlado por el puño de hierro del Kremlin.

La bomba en Domodédovo viene a mostrar, con la objetiva y brutal evidencia de sus 35 muertos y sus más de 130 heridos, que el discurso modernizante del presidente Medvédev tiene muy claros y precisos límites. Y que el separatismo islamista del borde sur, que persigue cortar con la dominación del centralismo ruso e instaurar un emirato en el Cáucaso, permanece operativo y fuerte. Y que cumple con aquella promesa de hielo que le hicieran a Vladimir Putin cuando éste mandó al ejército a reprimir a las guerrillas musulmanas a sangre y fuego: llevar la guerra al corazón de Rusia.

Sin compasión

La guerra prometida a Putin por los milicianos caucásicos es devastadora. Barata en recursos, impredecible, y enormemente letal. Los daños físicos son relevantes, pero el impacto en la sensación de inseguridad y la imagen externa de todo el sistema, crecen exponencialmente.

El lunes pasado, en Domodédovo, dos personas, un hombre de aspecto árabe (su cabeza, separada del cuerpo por la explosión, fue encontrada por los policías) y una mujer cubierta de negro fueron quienes llevaron las maletas con los cinco kilos de trilita, un potente explosivo, y pedazos de metal que volaron en todas las direcciones, matando a discreción.

Apenas un par de semanas atrás, el 31 de diciembre, una mujer murió al explotarle el paquete de explosivos que preparaba para hacerlo estallar en un club moscovita. La banda de chechenos que se descubrió a raíz de este fallido atentado, estaría también implicada en el ataque al aeropuerto.

También fueron mujeres musulmanas, esposas o madres o hijas de guerrilleros del Daguestán caucásico (las ya conocidas como “viudas negras”), las que el 29 de marzo de 2010 hicieron estallar sus cuerpos en el atestado metro de Moscú. Entonces las víctimas fueron 40, civiles que hacían el trayecto entre sus casas y el trabajo por el transporte público, un medio utilizado por unos cinco millones de rusos todos los días. Doku Umárov, “el emir del Cáucaso”, reivindicó el atentado y prometió más sangre. Esta semana volvió para cumplir con su palabra.

El sueño del Emirato

¿Podría, realmente, instalarse una teocracia islamista, regida por la “sharia”, en el borde meridional de Rusia, que Moscú siempre ha considerado una zona vital para su seguridad interna? La respuesta, por donde se la mire, ha sido rechazada contundentemente por la élite dirigente rusa. Y desde los tiempos de los zares.

La reacción a los alardes independentistas del Cáucaso desde el centralismo administrativo de la “Madre Rusia” ha sido, a lo largo de la historia, brutal. La última etapa se abrió con la colonización de Chechenia, Ingushetia y Daguestán, en sucesivas guerras de expansión durante el siglo XIX. La mano dura con el sur se mantuvo durante la crisis imperial, la Revolución, y la instauración de la Unión Soviética, pero comenzó a resquebrajarse con el fin del comunismo, en la última década del siglo pasado.

El desmembramiento soviético, junto a la tradicional postergación económica y la corrupción endémica de los delegados de Moscú en el sur, terminó por reavivar la llama latente del radicalismo islamista, y volvió el sueño del Emirato. La chispa se prendió en Chechenia, y el Kremlin –a la sazón ocupado por Boris Yeltsin- apeló a la receta tradicional: envió a los soldados. Estalló así una guerra desigual y con final inesperado, el otrora imponente ejército ruso fue derrotado, en 1996, por los campesinos musulmanes de la remota y paupérrima Chechenia. Envalentonados, los islamistas comandados por Shamil Basáyev invadieron Daguestán, y Basáyev proclamó el califato, que abarcaba a Kabardino-Balkaria y Karachayevo-Cherkesia, prácticamente todo el Cáucaso.

Cuando Vladimir Putin reemplazó a Yeltsin y a sus vahos de vodka, volvió a desplegar la teoría del control de los bordes como garantía de la seguridad interna de Rusia, organizó el ejército y lo lanzó, en 1999, sin clemencia contra el califato proclamado por Basáyev. La  segunda guerra de Chechenia terminó –de momento- con el sueño del Emirato, e impuso en toda la zona una administración afín a Moscú, encabezada por Ramzán Kadírov.

Con Kadírov y su pandilla de ladrones la corrupción ha vuelto a hacer estragos en el Cáucaso Norte, con unos índices de desempleo alarmantes, y sin prácticamente ninguna salida aceptable en el mediano plazo.

El reemplazo de Putin por su delfín, Dmitri Medvédev, en la presidencia rusa, sólo ha profundizado el modelo. Moscú envía enormes sumas de dinero público para financiar al gobierno títere (casi no hay alternativas a un empleo oficial), pero estas remesas se distribuyen, en un porcentaje alto, al interior del clan de Kadírov.

En este marco, el renacimiento, una vez más, del sueño del Emirato toma más fuerza cada día que pasa. Los desempleados –especialmente los jóvenes, y quienes tuvieron la experiencia en carne propia de la represión rusa- se unen al movimiento independentista, que ya es indisoluble de la causa religiosa. Todos son guerrilleros islamistas, inflamados por la retórica salvífica de los imanes, y prestos a ofrecerse como voluntarios para los atentados suicidas que lleven la guerra “al corazón de Rusia”.

El heredero de Shamil Basáyev, Doku Umárov, ha asegurado que los atentados continuarán hasta que Moscú acepte el califato.

Dmitri Medvédev quiere ofrecer una imagen moderada, actual y occidentalizada del gigante ruso. Cada vez más integrado a Europa, y en diálogo vís-a-vís con Washington. Vladimir Putin, que instaló a Medvédev en el cargo, pero al que seguramente intentará volver en las elecciones de 2012, quiere que su poder se sienta, alto y claro, sin disputas internas. Y que Rusia vuelva a ser la potencia hegemónica que fue durante casi todo el siglo XX.

Habrá que ver si los sueños premodernos de una paupérrima guerrilla étnica y teocrática, no frustran los planes de ambos.

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Obama: recuperar la magia (27 01 11)

Barack Obama recupera la iniciativa política en un país decaído

Crecimiento, innovación y educación, las claves de salida en Estados Unidos

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“Es verdad, nosotros hacemos grandes cosas”, con frases como esta, que apelaron a los valores más profundos de la idiosincrasia estadounidense y –al mismo tiempo- a acciones concretas de un plan de gobierno, el presidente Barack Obama relanzó anoche, en su discurso anual del Estado de la Nación, su gestión al frente de la Casa Blanca.

Los analistas coincidían en que el discurso apuntó a capitalizar la imagen de liderazgo tras la matanza de Arizona, enviar un mensaje de esperanza de salida de la crisis, y preparar el camino a una reelección en 2012.

Con una vuelta a la oratoria que lo hizo famoso, Obama propuso un plan para “ganar el futuro”, que debería concentrarse en el crecimiento económico. Una expansión que se asentará en la innovación, la educación, el ahorro y la unidad.

Estos puntos estratégicos requieren de “políticas de Estado”, para lo cual el presidente llamó a que ambos partidos trabajen con “responsabilidad”. Los representantes interrumpieron el informe con cerrados aplausos, especialmente desde la bancada del oficialismo demócrata –que tras las elecciones de noviembre pasado perdió la mayoría en la Cámara Baja- y por algunos legisladores republicanos, especialmente cuando Obama hacía referencia a los cambios que deberá enfrentar la estructura burocrática, y a “congelar el gasto anual para los próximos cinco años a partir de este año” para contener el déficit público, que ya supera los 1,3 billones de dólares.

Escoltado en la tribuna por el vice presidente, Joe Biden, y por el nuevo jefe de los diputados, el republicano John Boehner, el mandatario volvió a ratificar los rumbos de la política exterior, que no innovan el libreto de la primera mitad de su gobierno: retiro de Irak, próximo fin de la guerra en Afganistán, sanciones a Irán por su programa nuclear, presiones a Corea del Norte, apoyo a Israel, alianza estratégica con la Unión Europea; (América latina seguirá siendo un área marginal en la agenda del Departamento de Estado en los próximos dos años).

En definitiva, una presentación optimista que apeló a renovar el espíritu emprendedor de los padres fundadores del país, con inyección de esperanza pero al mismo tiempo con cautela. Barack Obama se presentó al mundo como un líder que ha aprendido de la gestión, más ubicado en el centro del espectro ideológico, sin grandes ni arriesgadas propuestas, por sobre las divisiones partidarias, pragmático y concentrado en recuperar el “sueño americano” y la posición de potencia hegemónica de su país.

Esta será la estrategia con que enfrentará en los próximos dos años la posibilidad de un segundo mandato.

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Líbano: gana el Hezbollah (26 01 11)

Tensión en Líbano por el acceso de un gobierno cercano a Irán

La milicia chiíta de Hezbollah impone su candidato al frente del Ejecutivo

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La complejísima vida institucional libanesa vuelve a tensarse con el acceso de Najib Mikati a la conducción del gobierno.

La elección de Mikati debería cerrar la crisis de gobernabilidad abierta el pasado 12 de enero, cuando renunciaron todos los ministros del bloque opositor, que responden al partido-milicia chiíta Hezbollah, de fuertes nexos con el gobierno iraní de Mahmmoud Ahmadinejad.

La retirada opositora obedeció, según las declaraciones del máximo jefe de la milicia, el jeque Hassan Nasrallah, al rechazo al Tribunal Especial de Naciones Unidas que investiga la muerte de Rafik Hariri, padre del hasta ahora cabeza del Ejecutivo.

Nasrallah y el Hezbollah aducen que el ya ex primer ministro sunnita Saad Hariri ha armado el proceso judicial en connivencia con los servicios secretos israelíes y la anuencia del gobierno norteamericano, para culpar a los chiítas del asesinato en 2005 de su padre, Rafik, un sunnita amigo de Estados Unidos, que empujó a las tropas sirias a que abandonen el suelo libanés.

Ante la crisis de gabinete forzada por el retiro de los ministros de la oposición, el presidente del Líbano, el cristiano maronita Michel Suleiman nombró a Najib Mikati y le encargó que forme gobierno.

Mikati también es sunnita –como los Hariri- pero llega al poder con el apoyo del Hezbollah, lo que implica un éxito para la facción más dura de la sociedad política libanesa, que enfrenta con mayor fuerza la vecindad con Israel (a quien ha vencido en la última contienda bélica) y acerca más al inestable país de Oriente Medio a las políticas regionales de Teherán.

Najib Mikati, un millonario dueño de empresas de telecomunicaciones que afirma querer “mediar entre los enemistados bandos políticos libaneses”, apenas recibió el nombramiento de parte del presidente Suleiman afirmó que su mano “está tendida a todo el mundo”, en una clara referencia a los sunnitas, que habían comenzado ayer con marchas de repudio al nuevo gobierno en Beirut y en Trípoli.

La reacción del gobierno estadounidense fue cauta, pero refleja el aumento de tensión; la secretaria de Estado, Hillary Clinton, admitió que el cambio afectará a las relaciones con Líbano. El gobierno de Obama mantiene al Hezbollah en la lista de organizaciones calificadas como “terroristas”.

La inestabilidad libanesa viene a sumarse a un estado conflictivo a nivel regional, donde la revuelta tunecina no amaina, y el contagio de las protestas hacia Egipto ya se hace sentir con fuerza.

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Moscú: los islamistas chechenos apuntan a Putin (25 01 11)

Alerta máxima en Rusia tras el ataque terrorista al aeropuerto

El islamismo separatista checheno vuelve a golpear en el centro de Moscú

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Domodédovo, el principal aeropuerto internacional de la capital rusa por tamaño físico y por cantidad de tráfico aéreo, fue objeto en la tarde de ayer (10:40 en Argentina) de una explosión provocada por un atacante suicida.

El presidente Dmitri Medvédev calificó el hecho de “ataque terrorista”, tras reunirse de urgencia con el fiscal general, el jefe del comité de investigación y el ministro de transportes rusos en el Kremlin. Medvédev declaró, asimismo, que los autores del atentado “serán perseguidos y castigados”; aunque el presidente no brindó precisiones sobre su identidad, los servicios de seguridad informaron posteriormente que el atacante suicida procedería del Cáucaso Norte, donde se asientan los milicianos musulmanes nacionalistas que luchan por la creación de un Estado islámico.

De aquella inestable zona, con fuertes guerrillas separatistas, la capital rusa ya ha sufrido en el pasado ataques terroristas; en 2004 dos milicianos chechenos provocaron el estallido en el aire de dos aviones que habían partido de este mismo aeropuerto de Domodédovo, en los que fallecieron 90 personas; y el año pasado dos mujeres suicidas, musulmanas del Daguestán, causaron 40 muertos en el metro de Moscú.

Ayer, al cierre de esta edición las autoridades sanitarias rusas iban informando de 35 muertos y unos 130 heridos, 20 de extrema gravedad.

Las víctimas podrían pertenecer a varias nacionalidades, ya que la explosión se produjo en el área de arribo de vuelos internacionales, en un horario en que habían aterrizado los vuelos regulares procedentes de Nueva York, Londres, El Cairo, Dubai, Munich, Hamburgo y Tokio.

Las autoridades informaron que desde la mañana de ayer rige el “nivel de alerta máxima”, y que se han reforzado las medidas de seguridad en los aeropuertos y estaciones de trenes y colectivos, en todos los nudos de comunicación del país.

Los Juegos Olímpicos de Invierno, que deberían llevarse a cabo en 2014 en Sochi, una región que los islamistas chechenos reclaman como parte de su “emirato”, y la cercanía de las elecciones presidenciales rusas de 2012, puede alentar la violenta campaña de los separatistas, que ya habían prometido al primer ministro, Vladimir Putin, que “llevarían la guerra al corazón de Rusia”.

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Berlusconi otra vez contra las cuerdas (24 01 11)

El abuso de poder y la corrupción sexual acorralan a Berlusconi

Las causas de la Fiscalía de Milán contra el primer ministro son contundentes

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La nueva embestida judicial contra el primer ministro conservador italiano, Silvio Berlusconi, parece ser la definitiva.

Después de los múltiples escándalos relacionados con orgías con prostitutas de lujo, desarrolladas en la mansión del premier en la isla de Cerdeña, que terminaron con la separación matrimonial y el millonario juicio de divorcio de Berlusconi, las nuevas pruebas acumuladas por la Fiscalía de Milán suman al escándalo los delitos de abuso de poder y de corrupción a menores, ambos graves.

Una de las protagonistas de las fiestas sexuales del primer ministro y su selecto círculo de invitados, que en los códigos privados de esa elite se designaban con el nombre de “bunga bunga”, habría sido la joven prostituta marroquí conocida como Ruby.

Ruby, hoy de 18 años, habría participado al menos en 17 oportunidades en orgías sexuales organizadas por el premier conservador italiano, según se desprenden de los casi 400 folios del sumario judicial impulsado por los fiscales milaneses; en esas fiestas, que tuvieron lugar durante el año 2010, Ruby era menor de edad.

El texto del legajo de la acusación judicial se filtró la semana pasada a la prensa, que volvió a ocuparse profusamente de todos los detalles escabrosos contenidos en las declaraciones de las prostitutas ante los agentes judiciales, y ha significado un nuevo frente de conflicto para el jefe del Ejecutivo italiano.

Y con pocos resquicios por donde salir en esta oportunidad, ya que la demanda de los tribunales es contundente: la acusación de “prostitución de menores agravada y abuso del cargo de primer ministro” no es un trámite que pueda resolverse en los arreglos políticos del Congreso, donde el último intento de voto de censura dejó claro que el jefe de la derecha italiana controla las mayorías.

Jaqueado por la justicia, y en esta oportunidad también por la opinión popular (el diario Il Corriere della Sera publicó una encuesta donde afirma que el 49 por ciento de los italianos opina que el premier debería renunciar), Berlusconi sin embargo ha decidido una vez más aferrarse al cargo.

Ante un simposio organizado por su formación política, el partido de derecha Pueblo de la Libertad (PdL), afirmó que “no huyo y no renuncio”, e intentó volver a ponerse en el papel de víctima, al asegurar que el auténtico delito es que él haya sido “sometido a un espionaje” en referencia a escuchas telefónicas que develaron sus encuentros sexuales con la menor Ruby.

De probarse la acusación de la Fiscalía, la pena que podría corresponderle a Silvio Berlusconi, el hombre más poderoso de Italia, asciende a quince años de cárcel.

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Sudán, desgarrado y dividido

Sudán, desgarrado y dividido

por Nelson Gustavo Specchia

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En el corazón del África oriental, una gigante extensión de tierra, feraz en gran parte, desértica por tramos, abrumadoramente pobre en cada rincón y víctima de esa violencia primigenia que se despierta cuando los viejos odios se encuentran con armas automáticas en la mano, se extiende a un lado y al otro de los brazos nacientes del río Nilo.

El río no es aquí el inmenso caudal que baña los valles de Egipto, cuando se apresta a desembocar en el Mediterráneo, sino dos cursos más discretos –aunque este adjetivo es conjetural, siendo los tamaños en África tan excesivos- que toman el nombre de los colores del amanecer: el Nilo Azul, que los locales pronuncian Abbai Wenz, que viene desde las fuentes etíopes del Lago Tana; y el Nilo Blanco (en árabe: al-Nahr al-Abyad), que hunde sus raíces en las entrañas del continente y se une con el otro brazo en el centro de Sudán. Allí, en esa confluencia de aguas míticas, se levanta la capital de ese inmenso país, el más grande de todo el continente africano: Khartum, la “trompa de elefante”.

Esta ciudad dejará de ser desde esta semana la capital del país más grande de África, porque el país mismo habrá desaparecido, si todo sale como se espera que salga, y el plebiscito que se ha desarrollado termina imponiendo la partición.

La división del Estado en dos nuevas unidades políticas, dejando de lado las artificiales líneas coloniales que marcaron las fronteras durante la “rebatiña de África”, y reagrupándose según criterios raciales, de ascendencia tribal y de confesión religiosa. También, y este puede ser el elemento que venga a golpear el tablero a últimos momento, en dos zonas de desiguales reservas de recursos naturales.

CONDICIONES PARA LA PAZ

Las divisiones de unidades políticas mediante secesiones de regiones internas nunca son buenas noticias a priori. Cuando se arguyen motivos de raza o religión, la noticia no mejora, sino, al contrario, agrava las consideraciones sobre los motivos que llevaron al fracaso de la convivencia.

Y cuando existen fundadas sospechas de intereses extranjeros y apetitos por los recursos naturales, la mala noticia se convierte en pésima. Ver África saltando en pequeños trozos tribales sería una catástrofe.

Pero estas consideraciones generales, que hemos sostenido en el pasado en referencia a la secesión de Kosovo de Serbia fundada en razones étnicas; o de la soberanía española sobre las ciudades marroquíes de Ceuta o Melilla; o inclusive sobre las pretensiones de separación de sus países de los enclaves de Gibraltar o de las Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña, estas consideraciones generales, digo, deben prudentemente balancearse cuando la crisis interna de coexistencia atenta contra la vida y la integridad de sus habitantes. O sea, cuando la separación es la última condición para alcanzar y mantener la paz social.

HISTORIA DE SANGRE

Lograr y mantener la paz en una equilibrada vecindad parece ser el objetivo. Allí la diferenciación, rivalidad y enfrentamiento entre el Norte y el Sur encontrarían alivio después de una historia que nunca fue fácil, desde que las potencias coloniales europeas impusieron sus criterios.

El Sudán tuvo su independencia, impulsada por el proceso de descolonización de las Naciones Unidas, y se separó de la metrópoli colonial británica en 1956. Los administradores coloniales ingleses habían tenido tradicionalmente un trato diferenciado con ambas regiones, en un virtual reconocimiento de que el Norte y el Sur constituían entidades políticas y sociales distintas.

Sin embargo, hacia 1940 cambiaron caprichosamente de criterio y decidieron unirlos. El centro colonial había estado en “la trompa de elefante”, Khartum, por lo que el Norte terminó, en el nuevo país independiente, imponiéndose al Sur, e intentó generalizar la “sharia” (ley religiosa islámica). El Sur se rebeló.

Dos elementos destacaban en esa radical diferenciación. Las poblaciones del Norte –desértico y arenoso- estaban integradas por colectivos sociales de ascendencia egipcia y árabe, y habían sido culturizados en la religión islámica desde la gran expansión mahometana del siglo VII.

Por su parte, el Sur –tropical y boscoso- era mayoritariamente negro (unas 150 tribus diferentes), y conservaba la fe cristiana desde los antiquísimos tiempos del Reino de Nubia (mediados del siglo IV), o bien los rituales animistas de las tribus selváticas. O una desigual mezcla sincrética de ambos.

La forzada convivencia entre los dos pueblos decantó en una larga y sangrienta guerra civil, que estalló apenas los ingleses abandonaron Khartum y se alargó, con pocos años de pausa, hasta 2005.

Aunque es muy difícil calcular las bajas que tan extenso conflicto puede haber causado en una región tan vasta y tan lejana, se asume que la guerra entre el Norte musulmán y el Sur cristiano dejó un saldo de más de dos millones de muertos y cerca de tres millones de desplazados.

Más allá de los muertos, la historia contemporánea ha dejado un territorio desolado: en el Sur, el 90 por ciento de los cerca de nueve millones de habitantes sobrevive con menos de un dólar al día, el 85 por ciento de la sociedad es analfabeta, y un tercio de ella sufre de hambre crónica, según las cifras de la ONU.

LOS NUEVOS AMOS

Tras esa desgarrada historia de un desencuentro fatal, la pregunta que flotó durante toda esta semana del referéndum independentista es cuán independientes podrán ser los sudaneses del Sur, con una de las mayores reservas petrolíferas en su subsuelo y sin prácticamente ningún recurso en ahorros o en infraestructura para extraerlo, refinarlo y comercializarlo.

En Khartum, el presidente Omar al Bachir, un paracaidista formado en Egipto, que combatió en la guerra del Yon Kippur contra Israel y que ocupa el poder tras el golpe de Estado islamista de 1989, acaba de ser acusado por el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, de desviar unos 9.000 millones de dólares procedentes de las regalías petroleras hacia sus cuentas en bancos británicos.

La Corte también lo busca por genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos en Darfur; y Al Bachir ha asegurado que respetará el referéndum, pero que si los del Sur se quieren quedar con el petróleo de la región de Abyei, la guerra podría volver.

Las instituciones multilaterales, la Unión Europea, la ONU, y –fundamentalmente- el presidente Barack Obama, respaldan la consulta plebiscitaria y, por elevación, la separación de Sudán del Sur en un nuevo Estado. Obama declaró, a mediados de diciembre pasado, que Sudán era una de las prioridades de su gobierno en materia de política exterior, y así se lo hizo saber a los mandatarios de Egipto, Libia, Nigeria y Sudáfrica, que pueden tener una voz determinante en la región.

Y entre tanto ruido y tantas declaraciones, Pekín guarda silencio. China tiene en África la meta de mayor calado de toda su estrategia exterior: de aquí pueden venir los ingentes recursos que necesita para seguir creciendo al ritmo vertiginoso que lo ha hecho en la última década.

Las inversiones chinas son múltiples y variadas, casi no dejan rubro sin incursionar, pero de todas ellas el petróleo es el más preciado.

Las exportaciones del crudo que sale de los pozos (es el tercer mayor productor de petróleo en el África subsahariana, y más del 80 por ciento de las reservas conocidas están en el Sur), cruza Sudán en los oleoductos hacia el Norte, y deja el país por los puertos del mar Rojo.

La mayor parte de esas exportaciones se dirigen a China y en barcos chinos.

Y además de ser el principal inversionista y socio comercial de Sudán, el régimen comunista de Pekín ha provisto de todas las armas que el gobierno de Omar al Bachir ha requerido en los últimos años.

Hillary Clinton ha dicho que Sudán es una bomba de tiempo. ¿Dónde estará guardado el detonador de esa bomba, que llevaría a una nueva guerra civil entre ambas comunidades? ¿En Khartum? ¿En Washington? ¿En Pekín?

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Irak, bajo la violencia sunnita (20 01 11)

La violencia arrecia contra los musulmanes chiítas en Irak

Las fiestas religiosas son el blanco privilegiado de los atacantes suicidas

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BAGDAD.- En el año en que el ejército de los Estados Unidos planea retirarse definitivamente de Irak tras la invasión que derrocó al régimen de Saddam Hussein y al gobierno de la minoría sunnita, los ataques adjudicados a esta confesión religiosa causan estragos entre la población civil iraquí.

La administración estadounidense afirma que la violencia entre ambas comunidades musulmanas ha disminuido significativamente desde los meses más álgidos de la guerra, hace tres años, pero los ataques esporádicos generan una sensación de incertidumbre e inseguridad que impacta directamente en la capacidad de las fuerzas de seguridad locales para mantener la paz.

Ayer, unos 50 peregrinos chiítas murieron, y más de 110 resultaron heridos, en una serie de atentados suicidas perpetrados en la ciudad sagrada de Kerbala, a unos 100 kilómetros al sur de Bagdad. Kerbala es una ciudad de 570.000 habitantes, que alberga el mausoleo del reverenciado imán Alí, un nieto de Mahoma que es una de las figuras centrales del chiísmo, lo que la convierte en uno de los lugares más sagrados de la tierra, junto con La Meca y Medina, en Arabia Saudita, y en un centro importante del peregrinaje de esta confesión.

En los últimos tres días, unas 116 personas han muerto en distintos atentados. El martes al menos 60 personas murieran y 150 resultaran heridas en un ataque contra un centro de reclutamiento de la policía iraquí en la ciudad de Tikrit, la ciudad de Saddam Hussein; y el miércoles otras 15 fallecieron en dos atentados con coche bomba.

El sangriento ataque de la víspera se dio cuando un par de suicidas, que portaban cinturones repletos de explosivos, detonaron sus cargas en las entradas de la ciudad santa de Kerbala, que por estas fechas recibe cientos de peregrinos chiítas para una de las máximas festividades religiosas de este colectivo, la de Arbainiya.

Las autoridades regionales, como el presidente de la Legislatura provincial de Kerbala, Mohammed Hamid al-Mussawi, adjudicaron los atentados a grupos afines a la red de Al Qaeda, principal manifestación de las facciones rebeldes sunnitas en Irak. Al Qaeda ya ha utilizado las movilizaciones masivas que se dan en las festividades religiosas para atacar a chiítas en años anteriores.

La violencia sectaria en 2006 y 2007 estuvo al borde de hacer estallar una guerra civil en el país árabe, que fue detenida principalmente por la presencia de las tropas norteamericanas en suelo iraquí.

Esta seguidilla de ataques coinciden con las negociaciones políticas para la distribución de los ministerios de Defensa e Interior en el nuevo gobierno de coalición que preside el primer ministro, Nuri al Maliki.

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Túnez: cómo frenar la protesta…? (19 01 11)

Amnistía general en Túnez para frenar la escalada de protesta

La “revolución de los jazmines” pide ahora una ruptura completa con el pasado

 

TÚNEZ.- Ante el rechazo masivo de una transición tutelada por el mismo partido y los mismos dirigentes que acompañaron al ex presidente Zine el Abidine ben Ali durante 23 años, el gobierno provisional de Túnez ha anunciado medidas de fondo, que llevarían a un saneamiento democrático de todo el sistema político.

Las protestas y las movilizaciones en las calles de las principales ciudades tunecinas, si bien han comenzado a remitir un tanto, se mantienen.

El intento de continuidad ensayado por parte de la cúpula gobernante fue denunciado como una “mascarada” por parte de opositores desde el exilio.

El conocimiento de que la esposa del ex mandatario habría retirado una tonelada y media de oro del banco central antes de escapar, ha contribuido a recalentar los ánimos; Suiza anunció que congelará todas las cuentas de Ben Ali y del clan familiar de su esposa, los Trabelsi. Este clima revolucionario abre un horizonte de futuro incierto.

Ya no sólo los países vecinos temen un contagio de la alteración social (en Egipto, Algeria, Mauritania y Yemen comienzan a tomar cuerpo protestas similares), sino que en Europa y en Estados Unidos ciertos análisis plantean la posibilidad de que el enrarecido clima social y el vacío de poder pueda ser utilizado por los sectores del radicalismo islámico, para plantear una salida con deriva teocrática; el ejemplo de la revolución iraní, con la huída del sah Reza Pahlevi y el ascenso de los ayatolahs está muy presente.

Ayer, tras la caída del primer intento de gobierno de coalición, el primer ministro Mohammed Ghannuchi intentó negociar un nuevo gabinete, con menos presencia de ministros de la derrocada autocracia, y él mismo junto con el presidente Fued Mebaaza renunciaron al partido de Ben Ali, la Asamblea Constitucional Democrática (ACD), que los manifestantes reclaman que se disuelva.

En la misma línea, Ghannuchi anunció que está preparando una ley de amnistía general, que liberará cientos de presos políticos y permitirá el retorno del exilio (generalmente en Francia) de militantes políticos que debieron salir de Túnez en las últimas dos décadas.

En el mismo acto anunció que tres nuevos partidos que permanecían en la proscripción se legalizaban: los ambientalistas de Túnez Verde, de Abdelkader Zitouni; el Partido Socialista de Izquierda, de Mohamed Kilani; y el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, de Abderrazek Hammami.

Las facciones islamistas radicales, que también han estado prohibidas, continúan en la clandestinidad, precisamente por el riesgo de una deriva fundamentalista de la revuelta.

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Túnez, un gobierno de 24 horas (18 01 11)

El gobierno de transición se cae en Túnez empujado por la protesta

La movilización popular exige que los cambios políticos sean reales

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TÚNEZ.- La clase política tunecina ha intentado una cierta continuidad al interior de ella misma, después de que la semana pasada huyera el ex presidente Zine al Abidine ben Ali, pero estos cambios de maquillaje han sido rechazados.

El primer ministro del régimen de Ben Ali desde 1999, Mohammed Ghannuchi, se hizo cargo del Ejecutivo inmediatamente, pero no pudo jurar como nuevo jede de Estado, se impuso el presidente del Parlamento, Fued Mebaaza.

De esta manera, se preservaban las formas de la sucesión, pero en el fondo el partido político Ben Ali, que ha retenido el poder los últimos 23 años, seguía manejando las riendas del gobierno: a ese partido –la Asamblea Constitucional Democrática, ACD- pertenecen tanto Mebaaza como Ghannuchi.

Además, cuando se formó el gobierno “de unidad nacional” para la transición, los ministerios principales fueron ocupados por políticos pertenecientes a este mismo partido.

El presidente Mebaza, junto al primer ministro Ghannuchi anunciaron de inmediato que todos los partidos proscriptos serían legalizados, los presos políticos liberados, y se convocaría a elecciones en seis meses.

Pero la movilización popular no les cree, y considera que debe disolverse el “partido del régimen” para que los cambios no sean sólo cosméticos y alcancen transformaciones reales.

Ayer, apenas constituido el nuevo Ejecutivo, cayó por la presión de las protestas. Tres ministros relacionados con la central obrera UGTT renunciaron (Anuar Ben Geddur, de Transporte; Hussine Dimassi, de Trabajo; y Abdeljelil Bedoui) y también el ministro de Salud, Mustapha Ben Jaafar.

Para frenar la crisis, Mubaaza y Gannuchi anunciaron que abandonarán su afiliación al partido de Ben Ali, en medio de nuevas protestas contra la permanencia de hombres de confianza del presidente derrocado, “se ha ido Alí Babá, ahora deben irse los 40 ladrones”, coreaban ayer en las movilizaciones.

Por otra parte, la expansión regional de la crisis de Túnez se agrava, y sectores opositores están intentando introducir una movilización similar en Egipto, para terminar con los 30 años de autocracia de Hosni Mubarak, que con 82 años ha anunciado que se presentará nuevamente en las próximas “elecciones” de septiembre.

Los hombres que se prenden fuego, emulando el sacrificio de Mohammed Buazizi en Túnez, son la punta de lanza de la protesta social. Ayer un joven abogado desocupado, Ahmad Hashem, murió en Alejandría, tras rociarse de gasolina y prenderse fuego.

Otros dos bonzos se incendiaron en El Cairo y un cuarto en Ismailiya. Las cuatro inmolaciones, y los casos similares de Mauritania y Argelia, mantienen un estado de crispación popular que puede cambiar toda la estructura política de los países de África del Norte.

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Bonzos en el Magreb (17 01 11)

Los sacrificios individuales encienden las revueltas en el Magreb

El caso tunecino de transición a la democracia genera entusiasmo popular

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TÚNEZ.- El inaudito proceso político abierto el viernes de la semana pasada, con la huída del ex presidente de Túnez, Zine al Abidine ben Ali, continúa profundizándose e impactando cada vez más fuerte en la región.

La transición política parece avanzar hacia una democratización real del sistema, lo que la convertiría en la primera experiencia exitosa de un movimiento surgido de la sociedad civil en la colectividad de naciones árabes.

Los primeros pasos dados por el gobierno de transición apuntan a desbloquear la participación política de los sectores marginados por la autocracia impuesta durante 23 años por Ben Ali.

En la víspera se anunció que tres destacados líderes de la oposición, hasta ahora censurados, entrarán a formar parte del nuevo gabinete. Se trata de Mustafá Ben Jaafar, del Frente Democrático por el Trabajo y las Libertades, Ahmed Ibrahim, del partido Ettajdid, y de Najib Chebbi, del Partido Democrático Progresista.

En la misma línea, se anunció la desaparición del ministerio de Información, sede de la virtual policía ideológica del régimen. A pesar de las buenas perspectivas para la transición democrática que este tipo de políticas anuncian, la movilización popular no ha disminuido.

Observadores occidentales adjudicaban la responsabilidad de algunas acciones violentas, como el saqueo e incendio de supermercados, a cuerpos de policía afines al depuesto presidente.

Luego de un intento de continuidad del régimen en los primeros momentos tras la huída de Ben Ali, el Parlamento forzó la toma de posesión, de manera interina, del dirigente legislativo Fuad Mebaza.

Mebaza, junto al primer ministro, Mohammed Ghanuchi, aseguraron que todos los partidos políticos hasta hoy proscriptos serán legalizados y podrán concurrir libremente a las elecciones que se convocarán en seis meses, y antes de las elecciones todos los presos de conciencia serán liberados de las prisiones.

Mebaza y Ghanuchi aseguraron, además, que comenzará un proceso de investigación de las denuncias de corrupción. Por otra parte, la revuelta tunecina no deja de expandirse hacia los demás países del norte de África, que comparten muchas de las características que incendiaron la mecha en el pequeño país del Magreb.

En Egipto, a pesar de las consideraciones despectivas del presidente Hosni Mubarak acerca del nulo “peligro de contagio”, ayer un hombre se prendió fuego al estilo bonzo en las puertas del Parlamento, en protesta contra una medida del gobierno sobre el pan subsidiado.

Gestos que emulan el sacrificio del joven Mohammed Buazizi, con el que comenzó la revuelta en Túnez, también se registraron en Argelia y en Mauritania.

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