Archivo de la etiqueta: derechos humanos

Las palabras de los presidentes (Suplemento “Temas”)

Domingo 27 de setiembre de 2009

.

Las palabras de los presidentes

.
Los cordobeses Emilio Graglia y Nelson Specchia se propusieron analizar los discursos más representativos de los presidentes argentinos, desde 1983 hasta 2008. No pudieron hacerlo porque descubrieron que no existía ninguna publicación oficial que se pudiera tomar como base documental. Así, decidieron saldar la deuda y el resultado es un libro que no tiene antecedentes.
.

Por Rogelio Demarchi
Especial
.

Nelson G. Specchia - Camino al Bicentenario

.

Argentina se aproxima al Bicentenario. La fecha es propicia para realizar distintos tipos de balances políticos, por ejemplo porque además tan emblemático aniversario tendrá lugar en el marco del periodo democrático más extenso de nuestra historia.

En ese contexto, y habida cuenta de que nuestro régimen de gobierno es marcadamente presidencialista, dos investigadores y docentes cordobeses, Emilio Graglia y Nelson Gustavo Specchia, se propusieron poner bajo la lupa los discursos presidenciales.

El resultado esCamino al bicentenario. Los programas presidenciales en 25 años de democracia argentina(Editorial de la Universidad Católica de Córdoba), donde han reunido los discursos de asunción de los siete presidentes que hemos tenido desde 1983 y los que pronunciaron en cada apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, desde 1984 hasta 2008.

Según los autores, el camino elegido es uno de los “muchos modos de indagar el presente” entre los que podían optar. Para Graglia, la decisión final implicó privilegiar “las intenciones y las palabras de nuestros presidentes democráticos”. Para Specchia, eso se tradujo en la búsqueda de la palabra presidencial “en uno de los momentos más simbólicos que tiene la liturgia republicana: el momento en que el primer mandatario recibe el bastón de mando, frente a los representantes del pueblo reunidos en asamblea, y comunica qué va a hacer para gobernar el Estado”.

Sin antecedentes
Ahora bien, es curioso que casi la totalidad del libro consista en un “aporte documental concreto”. Dicho de otra manera, no se analiza la palabra presidencial sino que sólo se la presenta, como si no estuviese al alcance del lector interesado por otra vía, supongamos, Internet, la Biblioteca o el Boletín del Congreso de la Nación.

Según Graglia, “en un primer momento habíamos pensado en una investigación sobre los discursos presidenciales, pero fue una sorpresa la dificultad para dar con ellos, lo que dice mucho del valor que le terminamos asignando a la palabra política en estos tiempos. Encontrábamos trozos sueltos, aislados, frases reproducidas por medios de prensa. Tuvimos entonces que reorientar la investigación, y en primer lugar ubicar los discursos, indagar en los diarios de sesiones, recopilarlos, asegurarnos de que estuvieran completos, comprobar su autenticidad. Después de sortear múltiples obstáculos burocráticos, nos hicimos con todo este cuerpo documental: los siete mensajes de asunción más los 25 de apertura de las sesiones ordinarias. Resulta inadmisible, para un sistema que se enfrenta a retos de calidad y de profundización democrática, no disponer de estos documentos, que son básicos para cualquier investigación sobre la política argentina. Por eso nos decidimos a presentarlos aquí, por primera vez y al alcance de todos”.

“¿Qué tipo de actividades implicó esta recolección y qué tiempo demandó?

“Specchia:Iniciamos el trabajo en 2008. Una parte sustantiva del trabajo de relevamiento y ordenación documental estuvo coordinada por nuestra colaboradora, Silvia Nadalin, y armamos equipos de alumnos de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, donde enseñamos. Con estos equipos de trabajo recopilamos los documentos, analizamos y discutimos los contenidos, y fuimos armando líneas con los respectivos contextos, tanto nacionales como internacionales, que es el tiempo histórico con el que cada programa presidencial viene a dialogar.

“Imagino que a lo largo de esa búsqueda deben haberse generado varias situaciones anecdóticas dignas de recordar.

“Graglia:Hay una anécdota protagonizada por una empleada del Congreso Nacional, planta permanente. En uno de los encuentros, al pedirle las “versiones oficiales”, nos dijo: “¿Para qué quieren publicar los discursos de los presidentes? Si la gente no los leyó antes, menos ahora”. Una síntesis de una sociedad que desvaloriza la palabra, la palabra empeñada, el compromiso.

“¿Cómo se realizó el trabajo de edición de esos discursos? Hay textos introductorios, notas al pie para contextualizar alusiones…

“Graglia:Luego de estudiar y discutir cada discurso, decidimos agregar notas al pie para aclarar cuestiones específicas, como una guía para los lectores (referencias históricas o geográficas sobre doctrinas, tratados o hechos, indispensables para entenderlos). También elaboramos una introducción a cada mensaje de asunción; tratamos de ofrecer nuestro análisis sobre los contenidos y los contextos de cada discurso, destacando lo que decía cada presidente al asumir sus funciones, cómo analizaba la situación y qué proponía al respecto. Pero, también, lo que sucedía en el país y en el mundo en esos días.

Alarmantes recurrencias
El libro aprovecha las posibilidades que brinda la tecnología informática: en el papel, se pueden leer los discursos de asunción; y en un disco compacto, un CD para leer en la computadora, los discursos de apertura de las sesiones ordinarias. Acaso se pueda pensar de algún modo en la unión de estos materiales como una manera de diferenciar los documentos.

¿Hay continuidad o discontinuidad entre unos y otros discursos? ¿Los de asunción constituyen un relato más estructural y los anuales son más de coyuntura? En cualquier caso, ¿no deberían los discursos que inauguran las sesiones parlamentarias dar cuenta de qué parte del proyecto anunciado en la asunción se ha cumplido o se instrumentará en los meses subsiguientes?

Specchia señala la distancia entre la teoría y la práctica: “En teoría, al asumir las funciones, se supone que los presidentes han de proponer su plan de gobierno, que debería, a su vez, estar en relación con la plataforma programática que expuso en la campaña, que es el plan que votó la mayoría que lo convirtió en gobernante. Luego, anualmente, el presidente debe dirigirse a los diputados y senadores “que tienen la obligación de controlarlo” para rendir cuentas de la gestión en marcha, según aquel plan, y anticipar las acciones para el año político que se inicia en ese momento”.

Pero la realidad es otra. Según Specchia, el libro demuestra que “en la práctica, a veces los discursos de asunción sólo son usados para criticar a los antecesores en el cargo y los discursos anuales, para hacer anuncios y justificar decisiones o acciones que no necesariamente están en relación con el estado de la Nación”.

De hecho, una de las particularidades que los autores subrayan en los discursos de asunción representa una constante peligrosa: la alusión a que se recibe una Nación en crisis “terminal”, “quebrada”, “al borde del abismo”, y que por lo tanto se trata de sacar al país de la postración y forjar una alternativa, un futuro promisorio, etcétera, lo que no se habría cumplido jamás porque el siguiente presidente habla de una nueva crisis. Las dos únicas excepciones de este círculo vicioso son lógicas porque entran en el campo de la reelección real (el segundo mandato de Menem) o figurada (el traspaso de Néstor a Cristina Kirchner).

Puede haber datos objetivos que permitan hablar de una “pesada herencia”, pero a la hora de narrar esa crisis, ¿hasta qué punto no se dramatiza la cuestión para darle un marco épico a la presidencia que se inicia?

Para Graglia, “la lectura de los discursos demuestra que cada presidente se ha visto a sí mismo como un fundador. Cada uno ha criticado sin piedad a sus antecesores y ha prometido inaugurar una era de prosperidad. Muchas críticas se entienden en el momento que se vivía. Pensemos en las crisis de 1989 y de 2001-2002. Publicar los discursos, juntos y contextualizados, supone empeñarnos en la tarea de que se lean, se analicen y se obtengan conclusiones para no repetir errores y para tomar lo bueno de cada uno”.

A Specchia, por último, le resulta “alarmante la incapacidad de rescatar elementos positivos de otras presidencias. Esta incapacidad de reconocer que hay temas de Estado que traspasan el período de una gestión es muy grave, política e institucionalmente. El país no puede refundarse cada cuatro o seis años, y la palabra del primer mandatario debería, en algún momento, comenzar a trazar líneas de continuidad. Eso sería un signo de madurez democrática”.

.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

Anuncios

La noticia del día: Zelaya: “Patria, muerte o restitución” (22 09 09)

EL HERALDO – HONDURAS

http://www.elheraldo.hn

“Patria, muerte o restitución”, dice “Mel”

Su arribo fue intempestivo, supuestamente en horas de la madrugada. Sus simpatizantes se lanzaron a las calles en su apoyo. Zelaya se encuentra refugiado en la embajada de Brasil
.
21.09.09 . Tegucigalpa.
.
Nelson G. Specchia - Zelaya regresa a Honduras

.

El ex presidente Manuel Zelaya afirmó ayer que regresó al país para “buscar el diálogo” para que “regrese la paz a Honduras”. El ex mandatario manifestó a la cadena CNN que está listo para someterse “a cualquier juicio de la historia o juicio que quieran con supuestas acusaciones”, no sin antes sostener que regresó “con la frente en alto”. Consideró que solo con el diálogo que lo restituya en el poder podrá dejar atrás “el mal recuerdo, nada más, en nuestra historia del golpe de estado”.

Por las múltiples violaciones a la Constitución de la República, Zelaya fue depuesto de su cargo el pasado 28 de junio. Quería perpetuarse en el poder con la conformación de una Asamblea Constituyente. Su puesto lo ocupó el presidente del Congreso Nacional Roberto Micheletti, por la falta de un vicepresidente.

Zelaya ingresó, según sus informaciones, en horas de la madrugada de ayer.

“Tuve que viajar por más de 15 horas… por diferentes tipos de transportes, diferentes regiones, viajando con obstáculos porque habían retenes policiales”, amplió sin precisar qué medios usó.

Confesó que recibió ayuda para lograr su propósito de entrar a territorio hondureño. “Tuve colaboración, que no puedo mencionarla porque temo que le puedan hacer un daño… en Honduras hay mucha persecución, hay mucho temor en nuestro país”, apuntó. Destacó el apoyo que ha recibido de la comunidad internacional, que ha presionado al gobierno de Micheletti para que restituya a Zelaya. Se le preguntó qué papel había jugado Estados Unidos en su regreso a Honduras, pero prefirió no referirse sobre quiénes le ayudaron a entrar al territorio.

Luego reiteró que su regreso responde “a una estrategia pacífica para buscar un arreglo de frente”. El mandatario permanece en la embajada que Brasil tiene acreditada en el país, hasta donde llegaron cientos de manifestantes a expresarle su apoyo, lo que obligó a cerrar las calles cercanas a esa oficina. Zelaya agradeció al presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva, por ofrecerle protección en su embajada acreditada en Honduras, desde donde “vamos a iniciar nuestras actividades”. Pidió a las Fuerzas Armadas que no intervengan en la crisis.

Un desafiante Zelaya

“A partir de ahora nadie nos vuelve a sacar de aquí, por eso nuestra posición es patria, restitución o muerte”, dijo un desafiante Zelaya ante sus seguidores subido en la terraza de la embajada de Brasil. Aunque dice que viene en son de diálogo y de paz, el depuesto presidente pidió a sus simpatizantes que levantaran las manos “los que quieren que se vaya la dictadura de Casa Presidencial”. Y luego dijo: Quiero decirles que estoy comprometido con el pueblo hondureño y que no voy a descansar ni un día, ni un minuto, hasta bajar a la dictadura del poder, que no les corresponde”.

Además expresó: No nos vamos de aquí, del bulevar Morazán, en estas calles hasta que caiga la dictadura. Fuera los tiranos. Fuera los tiranos. Voy a visitar a cada uno de los dirigentes y de los líderes que han mantenido la resistencia 86 días. Si ustedes quieren irse a vivir a mi casa, a Olancho, se van todos conmigo. No hay problema. Por eso yo tengo muchas manzanas de tierra en Olancho, así es que los que quieran irse a Olancho conmigo, aceiten su máquina y nos vamos”.

Manifestó que “espero que en las próximas horas podamos comunicarnos también con los miembros del régimen golpista… espero que el diálogo sea de frente, en mi propia tierra y en mi propio pueblo”.

Cuando el mediador Óscar Arias, presidente de Costa Rica, convocó a Zelaya y a Micheletti para que se encontraran por primera vez en San José. El ex presidente Zelaya aceptó, pero por instrucciones de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, abandonó la capital tica porque alegó una trampa de Estados Unidos.

Zelaya amplió que también planea reunirse con “prominentes ciudadanos de Honduras”, que no identificó. Con estos diálogos espera que los planteamientos hechos por la comunidad internacional logren concretarse. Dijo que procederá a integrar comisiones de diálogo, con sus cercanos colaboradores. El presidente de Costa Rica, apoyado por Estados Unidos y otras naciones del mundo, propuso un plan denominado Acuerdo de San José que contiene 12 puntos, entre ellos la restitución de Zelaya y amnistía para sus funcionarios.

El ex canciller de la república y actual asesor de la Cancillería, Mario Fortín, es de la opinión que el Acuerdo de San José debe replantearse para darle de nuevo vigencia. Zelaya dijo que hoy llegaba al país el secretario de la OEA, José Insulza.

.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

Nuevo libro: CAMINO AL BICENTENARIO – Los programas presidenciales en 25 años de democracia argentina

Nelson Gustavo Specchia - Camino al bicentenario

.

La noticia del día: Brasil y Francia, nueva alianza (08 08 09)

LA NOTICIA DEL DÍA

martes, 8 de septiembre de 2009

Folha Online

.

Brasil e França querem formar

indústria aeronáutica conjunta

.

Lula y Sarkozy

.

.

Brasil e França divulgaram nesta segunda-feira um comunicado em conjunto para confirmar um acordo de cooperação militar entre os dois países que fornecerá tecnologia à indústria brasileira e tem como foco o mercado na América Latina.

Pelo acordo, o Brasil comprará da França 36 aviões de combate Rafale e 50 helicópteros. Já a França, vai adquirir dez aviões de transporte militar KC-390, que serão fabricados pela Embraer.

O acordo firmado hoje abre caminho também para que os dois países desenvolvam uma indústria aeronáutica em parceria.

Apesar de demonstrar a preferência pelos caças Rafale, o governo brasileiro sinalizou que quer uma redução do preço cobrado pelos franceses.

“Queremos desenvolver uma grande indústria aeronáutica, construir aviões em conjunto, vender aviões em conjunto”, disse o presidente francês, Nicolas Sarkozy, a jornalistas em Brasília, após ter participado das comemorações do 7 de Setembro.

O presidente Luiz Inácio Lula da Silva comemorou o acordo, que permitirá ao Brasil fabricar e vender as aeronaves a outros países da América Latina.

“A visita do presidente Sarkozy é mais que uma visita, é a consolidação de uma parceria estratégica entre dois povos que têm muita coisa em comum”, disse Lula.

Lula justificou a decisão de renovar as aeronaves da FAB (Força Aérea Brasileira) citando a necessidade de o país proteger a Amazônia e as reservas de petróleo encontradas na camada pré-sal.

Helicópteros e submarinos

Os acordos assinados hoje também estipulam as bases para a construção de cinco submarinos, um deles de propulsão nuclear, e 50 helicópteros do modelo EC-725, da empresa Eurocopter, filial do grupo europeu EADS, que serão adquiridos em sua totalidade pelo Brasil.

Segundo os convênios, os navios e helicópteros serão construídos no Brasil —que obterá toda a tecnologia, exceto a nuclear– e as fábricas que serão erguidas com esse fim serão responsáveis pelas possíveis e futuras vendas a outros países latino-americanos.

Toda essa operação, que será cumprida em várias etapas até 2021, custará ao Brasil US$ 12,317 bilhões, dos quais cerca de US$ 9 bilhões serão destinados à compra dos equipamentos militares.

Caças

Em entrevista coletiva conjunta com Sarkozy, Lula anunciou o interesse em adquirir 36 aviões de combate Rafale, mas não informou se isso significa o anúncio final de uma licitação na qual também concorrem a sueca Saab, com os caças Gripen, e a americana Boeing, com o F-18 Super Hornet.

“É somente uma decisão de iniciar negociações”, disse Lula, que, no entanto, deu sinais mais claros depois ao apontar que Brasil e França não estão negociando uma simples associação comercial, mas pretendem ‘criar, construir e vender muito juntos’.

O ministro das Relações Exteriores Celso Amorim disse que as negociações com a Dassault não se referem a “uma mera compra”, porque a França ofereceu “a possibilidade de que os caças sejam fabricados no Brasil”, para vendê-los inclusive a outros países da América Latina.

Também indicou que “o principal atrativo da oferta francesa é a transferência real de tecnologia”, o que não representa somente “o acesso ao conhecimento, mas também o acesso livre a este tipo de operação comercial”.

Sarkozy afirmou que o Brasil ‘é um parceiro obrigatório’, e ressaltou que a França está convencida de que, em conjunto, os dois países podem ‘construir uma grande indústria aeronáutica comprometida com a segurança mundial’.

Essa convicção ficou evidente no comunicado no qual os dois governantes anunciaram sua “decisão” de transformar seus países em “parceiros estratégicos também no domínio aeronáutico”, área na qual “possuem vantagens importantes”.

Sarkozy, que chegou ao Brasil na noite de ontem, assistiu hoje junto com Lula ao desfile Dia da Independência, que pela primeira vez contou com a participação de soldados e aviões de acrobacia franceses.

.

.

.

.

nelson.specchia@gmail.com

Afganistán, las bajas civiles (05 09 09)

La noticia del día – 05 09 09

New York Times

NATO Strike Magnifies Divide on Afghan War

KUNDUZ, Afghanistan — A NATO airstrike on Friday exploded two fuel tankers that had been hijacked by the Taliban, setting off competing claims about how many among the scores of dead were civilians and raising questions about whether the strike violated tightened rules on the use of aerial bombardment.

Afghan officials said that up to 90 people were killed by the strike near Kunduz, a northern city where the trucks got stuck after militants tried to drive them across a river late Thursday night.

The strike came at a time of intense debate over the Afghan war in both the United States and Europe and after a heavily disputed election that has left Afghanistan tense and, at least temporarily, without credible leaders.

Though there seemed little doubt some of the dead were militants, it was unclear how many of the dead were civilians, and with anger at the foreign forces high here, NATO ordered an immediate investigation.

Recently, Gen. Stanley A. McChrystal, the top American and NATO commander here, severely restricted the use of airstrikes, arguing that America risked losing the war if it did not reduce civilian casualties.

Underscoring his concern, on Friday he recorded a video message, translated into Dari and Pashto, to be released to Afghan news organizations.

The general began by greeting “the great people of Afghanistan, salaam aleikum.”

“As commander of the International Security Assistance Force, nothing is more important than the safety and protection of the Afghan people,” General McChrystal said in the brief message. “I take this possible loss of life or injury to innocent Afghans very seriously.”

General McChrystal said he had ordered the investigation “into the reasons and results of this attack, which I will share with the Afghan people.”

Two 14-year-old boys and one 10-year-old boy were admitted to the regional hospital here in Kunduz, along with a 16-year-old who later died. Mahboubullah Sayedi, a spokesman for the Kunduz provincial governor, said most of the estimated 90 dead were militants, judging by the number of charred pieces of Kalashnikov rifles found. But he said civilians were also killed.

In explaining the civilian deaths, military officials speculated that local people were conscripted by the Taliban to unload the fuel from the tankers, which were stuck near a river several miles from the nearest villages.

But some people wounded by the strike said that they had gone to the scene with jerrycans after other people had run through their villages saying that free fuel was available.

“They were just telling us, ‘Come and get the fuel,’ ” Wazir Gul, a 23-year-old farmer, said at the hospital, where he was treated for serious burns on his back. He estimated that hundreds of people from surrounding villages went to siphon fuel from the trucks before the airstrike.

Mr. Gul said his older brother Amir was among the villagers incinerated in the blast. “When the tanker exploded and burned, I knew he was dead,” Mr. Gul said.

The wounded 10-year-old, Shafiullah, who like many Afghans goes by only one name, said he had defied his father’s orders by climbing on the family donkey to join the throng of villagers heading to pick up fuel.

“When I arrived there, I was on the donkey,” Shafiullah, wounded in his arms and legs, said from his hospital bed. “I was not very close. I had not gotten the fuel yet when the bomb landed and the shrapnel injured me.”

German forces in northern Afghanistan under the NATO command called in the attack, and German military officials initially insisted that no civilians had been killed. But a Defense Ministry spokesman in Berlin later said the ministry believed that more than 50 fighters had been killed but could give no details about civilian casualties.

The public health officer for Kunduz Province, Dr. Azizullah Safar, said a medical team sent to the village reported that 80 people had been killed, and he said that “most of them were civilians and villagers.”

But he said it was also clear that some of the dead were militants, noting that the site was scattered with remnants of ammunition vests and other gear carried by insurgents.

A statement issued by the office of the Afghan president, Hamid Karzai, said that he was “deeply saddened” and that he had sent a delegation to investigate. “Targeting civilian men and women is not acceptable,” the statement added.

Afghan officials said the attack struck a collection of hamlets known as Omar Kheil, near the border of the districts of Char Dara and Ali Abad. The district governor of Ali Abad, Hajji Habibullah, said the area was controlled by Taliban commanders.

The Kunduz area was once calm, but much of it has recently slipped under the control of insurgents at a time when the Obama administration has sent thousands of more troops to other parts of the country to combat an insurgency that continues to gain strength in many areas.

The region is patrolled mainly by NATO’s 4,000-member German force, which is barred by German leaders from operating in combat zones farther south. The United States has 68,000 troops in Afghanistan, more than any other nation; other countries fighting under the NATO command have a combined total of about 40,000 troops here.

If a high number of civilian casualties is confirmed, it is likely to not only deepen antipathy toward NATO forces in Afghanistan, but also further diminish support for the war in Germany, where it is already unpopular. It could also become an issue in the coming German election as Chancellor Angela Merkel tries to win a second term.

A senior NATO official who had watched aerial surveillance video of the attack site said the Germans who ordered the strike “had every reason to believe what they were looking at was groups of insurgents offloading tankers,” a process that went on for several hours.

The official said that the nearest villages were two miles away and that the authorities “don’t know yet” whether the attack violated the rules governing the use of airstrikes tightened this summer by General McChrystal.

According to the new rules, airstrikes are, in most cases, allowed only to prevent American and other coalition troops from being overrun by enemy fighters. Even in the case of active firefights with Taliban forces, airstrikes are to be limited if the combat is taking place in populated areas.

From initial accounts given by NATO and Afghan officials, it was not clear whether this strike met those conditions, regardless of whether the majority of the dead were insurgents or civilians.

On Friday, Foreign Secretary David Miliband of Britain called for a “prompt and urgent investigation.”

“It is a vital time for NATO and Afghanistan’s people to come together,” he told Sky News.

Stephen Farrell reported from Kunduz, Afghanistan and Richard A. Oppel, Jr., from Kabul, Afghanistan. Reporting was contributed by Abdul Waheed Wafa from Kabul; Sultan M. Munadi from Kunduz; Judy Dempsey from Berlin; and Sharon Otterman from New York.

Nelson Gustavo Specchia

.

Cuestiones duras y respuestas audaces (14 08 09)

uno de bastos

.

CUESTIONES DURAS Y RESPUESTAS AUDACES

Escenarios internacionales de una crisis global

.

Nelson Gustavo Specchia

.

Conferencia en el Colegio de Abogados de Córdoba

Viernes 14 de agosto de 2009

.

.

Muy buenas tardes.

Es un placer para mí estar esta tarde aquí, en esta tan importante institución para la vida profesional, pero también para el auténtico crecimiento social y cultural. Como queda demostrado esta tarde, un fértil punto de encuentro también para colegas y amigos de otras latitudes. Mi agradecimiento a las autoridades, recientemente “reestrenadas” autoridades de este Magno Colegio por ofrecerme este espacio esta tarde, para conversar con ustedes sobre algunos de los factores más importantes que cruzan en nuestros álgidos y movedizos días la escena internacional, y ensayar, con una metodología ojalá dialogal, algunas claves interpretativas de esta realidad de cambio acelerado: claves para mejor entenderla y, por ello, mejor poder interactuar con ella. También la oportunidad de encontrarme personalmente con algunos colegas con quienes hemos, en otros momentos, mantenido fructíferos intercambios de colaboración, como el doctor Daniel Andrade, de quien hemos publicado un interesante ensayo (“La solución de diferencias en comercio internacional en el ámbito de la OMC y del Mercosur”), allá por el 2005, en la revista que dirijo, la Studia Politicae, en la Universidad. Y de una manera personal, un agradecimiento especial a la doctora Mabel Solano, que ha sido mi interlocutora en este tiempo de preparación de esta reunión, por su gentileza de trato y por su paciencia y perseverancia de ir siguiendo durante meses mi disponibilidad de agenda, a veces tan difícil de encontrar, para que pudiéramos coincidir esta noche. Muchas gracias por todo ello.

He titulado mi exposición “Cuestiones duras y respuestas audaces” porque me parece que esta relación entre cosas muy nuevas, inéditas en su gran mayoría, y por ende poco teorizadas en la ciencia política, en la sociología de las organizaciones, en la psicología social, y en la política internacional, son las que han motivado, empujado, traccionado la búsqueda de respuestas novedosas para enfrentarlas –también inéditas algunas de ellas- por parte del liderazgo político; pienso que esta relación entre dureza y audacia, digo, puede dar una idea, funcionar como metáfora de la manera de mirar, del approach, que nos exige hoy una realidad internacional in-segura, donde una parte importante de las columnas densas, de las verdades sólidas que daban garantías y previsibilidad a la acción internacional (la política, la diplomática, y –fundamentalmente- la económica) se han ablandado, gelatinizado, o directamente desaparecido. Decía yo hace pocos días en Lima, Perú, en un encuentro muy similar al de esta noche, que el título de aquel libro de Daniel Bell donde se intentaba dar cuenta filosóficamente de un tiempo nuevo, donde los parámetros más tradicionalmente confiables de la modernidad desaparecían uno tras otro, era un título muy “profético”, ya que podría definir ajustadamente la sensación de los analistas internacionales de nuestros días: All that is solid melts into air tituló Bell a su libro sobre la “postmodernidad”. Y esa es, precisamente, la sensación que uno tiene cuando encara el estudio, el análisis, de esta coyuntura internacional tan poco aprehensible, tan cambiante sin respetar patrones de cambio, y, por eso, tan poco previsible en su direccionalidad. Fente a ella, sólo caben respuestas audaces, fórmulas imaginativas e inéditas, como los hechos a los que se intenta responder, y tan valientes, en definitiva, como lo exige la urgencia de la hora.

Entonces yo marcaría, desde el primer momento de mi disertación, desde el propio título, que esa es, para mí, la característica principal del estudio de la realidad internacional hoy: interrogantes “duros” porque cuestionan lo que sabemos y las maneras en que obtenemos ese conocimiento sobre la situación global; y la estructuración, frente a estos interrogantes, de respuestas nuevas, imaginativas, fuera del “guión” y de la teorización de las relaciones internacional, en definitiva: audaces.

Un mundo “seguro”

Erick Hobsbawm, el historiador marxista inglés, autor de una de las obras más sólidas de la historiografía económica actual, tiene un libro exquisito, de esos que están siempre al alcance de la mano en la mesilla de noche: The Short Twentieth Century, (que en castellano ha aparecido como Historia del siglo XX). En este libro, Hobsbawm funda la idea de que el siglo XX, el siglo que todos nosotros hemos vivido, no empezó en realidad en 1901, ni terminó en el año 2000, sino que, en rigor de verdad, comenzó en 1914, con la patada al tablero del antiguo orden mundial, y terminó en 1989, con el derrocamiento de un muro. Ese siglo XX “corto”, y la imagen de ese muro levantado como una vena estriada frente a la Puerta de Brandemburgo, seccionando Berlín y todo el globo, era, en su brutal división y dicotomía, la imagen de un mundo equilibrado, de un mundo previsible, asentado sobre columnas sólidas e infranqueables como los bloques de cemento de ese mismo muro. Un mundo sobre el que pendía de una manera infame (porque aquí la evaluación moral es otro capítulo, no vaya a entenderse que estoy realizando un panegírico de la irracionalidad de la guerra fría), que pendía, digo, la espada de Damocles de la disuasión nuclear y de la “destrucción mutua asegurada”, pero que precisamente por ese equilibrio, esa lógica (perversa, pero lógica al fin) del aniquilamiento balanceado, la realidad internacional era previsible. Se podía teorizar en base a esa previsibilidad (ahí está toda la Escuela Realista de la política internacional para probarlo, desde Hans Morgenthau, pasando por Raymond Aron, y llegando hasta Henry Kissinger).

En definitiva, la paz internacional –en el nivel macro- se mantuvo. La lógica del conflicto fue “localizado”, sólo de focos puntuales, y en los márgenes, no en la línea de los países centrales, que hubiera afectado el equilibrio. La “Tercera Guerra Mundial”, a pesar de tener todas las posibilidades y las herramientas ideológicas, tácticas, y tecnológicas a mano, y más de un general entusiasta deseoso de comandarla, tanto a un lado como a otro del Muro, finalmente no estalló.

El nacimiento de la in-seguridad

Cuando termina el siglo XX “corto”, termina también esta previsibilidad en los relacionamientos mundiales. Y se perciben aquí algunos fenómenos que es importante reseñar, aunque más no sea al pasar, porque a mi criterio constituyen las claves que han ido jalonando el camino que nos ha traído hasta aquí, hasta esta gelatinosa, huidiza y cambiante cotidianidad. Seleccionemos tres de ellos.

A estos tres fenómenos podríamos denominarlos: 1) “la emergencia de las otredades”, 2) “el exitismo de los vencedores”, y 3) “el errático idealismo europeo”. Dos palabras sobre el primero: luego de haberles quitado las losas pesadas de la doble hegemonía, tanto en la órbita capitalista como en el antiguo “mundo comunista” comenzaron a emerger, con mayor o menor fuerza, diferentes sentimientos y realidades que habían permanecido subterráneas: nacionales, subnacionales, étnicas, regionales, lingüísticas, tribales, religiosas… que durante los años del equilibrio bipolar habían permanecido ocultas, soterradas, tributarias en definitiva del gran conflicto táctico y callado que enfrentaba a las metrópolis titulares de ambas mitades del mundo. Esta emergencia de realidades “nuevas” y “otras”, que aparecen con fuerza y clara intención de ocupar un lugar reivindicativo en el concierto internacional, va acompañada, en muchos casos, con dosis considerables de sentimientos negativos hacia quienes se considera responsables de sus años de sujeción, aislamiento, invisibilidad, sometimiento y vida subterránea.

Esta emergencia de realidades “otras”, se imbrica con el salto que da el proceso de estatalización del planeta. Los Estados, y los Estados-Nación, son los sujetos tradicionalmente más antiguos de la atención política, pero hasta mediados del siglo XX habían permanecido en un número relativamente estable, limitado, y bajo. El proceso de descolonización impulsado por las Naciones Unidas, junto al status de soberanía de nuevas unidades antes subsumidas en formaciones supraestatales (como la Unión Soviética), provocaron que la cantidad de Estados soberanos prácticamente se quintuplicara en un siglo: Cuando se reunió en Congreso de la Haya, en 1907, a la asamblea la integraron 42 Estados; en 1926, cuando se conformó la Sociedad de las Naciones, los Estados eran 56 (por primera vez hubo presencia de Estados africanos: 3 en total); en la segunda posguerra, en 1945, los Estados fundadores de las Naciones Unidas fueron menos aún, 51, pero 30 años después, cuando el proceso de descolonización está terminando, ya son 145. Y cuando Timor Oriental, en 2002, solicitó su ingreso a la ONU, le fue concedido el escaño número 192.

De 42 a 192 Estados en menos de cien años, ese es el salto estatalizador del siglo XX. Es claro que esta nueva composición numérica, aunada a la emergencia de realidades culturales históricamente sumergidas, perfila un mundo sustantivamente más complejo.

En cuanto al segundo fenómeno, que hemos denominado “exitismo de los vencedores”, hace referencia a la actitud del Departamento de Estado norteamericano tras la caída del Muro, que fue absorbida por un sentimiento exagerado de victoria y de celebración en Washington. Y este ánimo político fue modelando, con cierto grado de superficialidad en la asunción de la nueva realidad internacional, una mirada distendida y con niveles cada vez menores de inserción efectiva y de control sobre las variables intervinientes que, como dijimos arriba, seguían precisamente en ese momento la dirección contraria, y se complejizaban cada vez más. Hace algunos días, en un programa de radio y a propósito del establecimiento de una mesa permanente de relaciones al máximo nivel ejecutivo entre China y los Estados Unidos de América, recordé una anécdota de aquellos victoriosos y festivos inicios de los años ’90, cuando una parte de la intelectualidad norteamericana percibía a su país como incontestable potencia hegemónica, y los entusiastas del antiguo “mundo libre” anunciaban con bombos y platillos el nacimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), y una nueva concentración no confrontativa de poder político, que venía a quedarse por muchos años. En ese ambiente exitista, recorriendo una librería Barnes & Noble de Manhattan, encontré un libro de divulgación política, y lo compré básicamente por la página con que su autor abría el volumen: “Este libro está dedicado a Ronald Wilson Reagan –escribía el politólogo-, 40º Presidente de los Estados Unidos de América, triunfador de la Guerra Fría y fundador del nuevo orden internacional”. Esa frase, creo, refleja un clima de época.

Y un tercer fenómeno que está en la base de la conformación de los actuales escenarios internacionales está dado, pienso, por cierta indefinición en la intencionalidad y en la direccionalidad del proceso de integración europeo. La Europa unida, después del largo período que insumió su institucionalización (digamos: desde la posguerra hasta la caída del Muro), estaba llamada a jugar un rol central en el realineamiento de las piezas de un mundo multipolar, donde el “poder blando” de su experiencia y de su proyecto de convivencia entre unidades no solo diferentes, sino que habían  sido tradicionalmente antagónicas y enemigas, era un producto de exportación que la realidad mundial que nacía de los escombros del Muro habría asimilado con mucho provecho.

Pero Europa no se termina de decidir sobre el modelo terminado, y sigue fluctuando entre el sólo mercado común –el viejo proyecto inglés- y la Europa política, federada o confederada, que fue alimentada principalmente por el pensamiento francés. Este transcurso un tanto errático se ha sumado a una seguidilla de ampliaciones extensa y veloz, más extensa y más veloz, quizás, de lo que la misma organización y las múltiples ciudadanías europeas estaban preparadas para aceptar. Esto ha llevado a que el “euroescepticismo” no deje de crecer en la Unión, y que la traslación del soft power asociado estrechamente a su modelo, pierda fuerza en el contexto global.

Teniendo presentes estos tres fenómenos (en realidad, en un análisis más exhaustivo, no podríamos limitarnos sólo a ellos: en una elaboración más compleja, que hemos desarrollado en la Cátedra Jean Monnet, que tengo a mi cargo en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, hemos construido una tabla de siete factores intervinientes globales, pero hoy y aquí, con las limitaciones que me impone una conversación de estas características, para marcar los bordes de los escenarios internacionales donde la crisis global termina manifestándose podemos limitarnos a utilizar estos tres); teniéndolos presentes, digo, podemos contextualizar, en un modelo analítico alimentado por ellas, la aparición en la escena internacional de los principales acontecimientos que antecedieron al descalabro que venimos soportando desde hace veinticuatro meses.

El camino hacia la crisis

1)      La administración norteamericana de George W. Bush implicó la vuelta de los neoconservadores al centro del poder norteamericano, que impulsaron la rebaja de controles a los movimientos de capitales como motor impulsor del crecimiento;

2)      la emergencia y revalorización de estratos culturales históricamente desplazados está en la base de los ataques del 11 de septiembre de 2001;

3)      los dos elementos anteriores impactan, a su vez, en la reubicación de nuevos objetivos estratégicos en la defensa norteamericana: la declaración de la “guerra al terrorismo”, la definición del “eje del mal”, el ataque y la nueva invasión a Irak;

4)      la percepción de aislamiento del Departamento de Estado desde la disolución soviética lleva al reflote de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y su utilización como estrategia “aliada”  para intervenir en Afganistán;

5)      las vinculaciones estratégicas entre George W. Bush, José María Aznar, y Tony Blair, y aquella emergencia de las realidades “otras”, están asociadas a los atentados de los subterráneos de Londres y de Madrid, que llevan por primera vez el terrorismo de base fundamentalista islámica a territorio europeo;

6)      la indefinición y el vaivén en las posiciones de la Unión Europea queda en evidencia al no lograr una postura común de sus Estados miembros en la resolución de adhesión a la aventura bélica norteamericana, con lo que resquebraja su Política Exterior y de Seguridad Común (PESC);

7)      poco tiempo después, el voto negativo en los referéndum de Francia y de Holanda (dos países fundadores de la original Comunidad Europea) al proyecto de una Constitución para Europa, implica un retroceso determinante en la dimensión política de la integración;

8)      sin herramientas de gobierno continental, la Unión Europea no puede consensuar estrategias comunes frente una manifestación más de las emergencias de realidades “otras”: la inmigración, especialmente la africana subsahariana. Los dos bordes del Mediterráneo representan una de las diferencias de PBI per capita más altas del mundo, y frente a ella y a las “pateras” colmadas de africanos que no dejan de llegar a sus costas, la Unión Europea vuelve a ensayar acciones erráticas, más policiales que de política exterior;

9)      luego de un largo invierno lamiéndose las heridas de un proyecto fracasado, Rusia, con el liderazgo de Vladimir Putin, manifiesta su voluntad de volver a ocupar un lugar de primacía en el concierto internacional;

10)  China, manteniendo un modelo sui generis de control político y expansión económica, se instala como la tercera economía mundial, y la principal financiadora del déficit norteamericano;

11)  la emergencia de realidades “otras” también alcanza al territorio latinoamericano, con planteos de reformulaciones políticas de contenido étnico, al mismo tiempo que una parte del subcontinente gira políticamente hacia la izquierda, luego de un período extremadamente corto de afianzamiento institucional democrático;

12)  introduciendo una cuña cultural y un quiebre sociológico generacional en la política occidental, Barack Obama, afroamericano, accede a la Presidencia de los Estados Unidos.

No podríamos aquí detenernos en cada una de estas dimensiones que, en su interrelación, conforman los actuales escenarios de la política internacional. Permítaseme, al menos, comentar algunas notas centrales de este último punto que he incluido en el modelo analítico de la situación mundial.

El “factor Obama”

Cuando comenzó la última campaña presidencial norteamericana, me decía en México el colega Erick Lobo que Barack Obama tendría muy pocas chances de llegar a las primeras líneas de la competencia electoral, y no solamente por ser negro, sino también porque su nombre tiene connotaciones negativas para el imaginario colectivo norteamericano de nuestros días: “Barack” suena demasiado parecido a “Irak”, el gran lastre de la política internacional de la administración Bush. Y “Obama”, me explicaba Erick, se escucha casi igual que “Osama”: ese nombre que se ha convertido en el primer enemigo de los Estados Unidos, desde que consiguiera atacar su suelo por sorpresa, y burlar durante años los rastreos de sus servicios de inteligencia. Sin embargo, y a pesar del estigma político que pudieron implicar sus nombres (por lo demás, tan africanos), a pesar de su juventud (46 años), y a pesar de ser un negro aspirante a la Presidencia de un país definido sociológica y culturalmente como “WASP” (white, anglo-saxon, and protestant), Obama comenzó dando sorpresas en la campana de largada de la carrera por la nominación de la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Una candidatura, además, que iba a tener que competir en una campaña electoral que se presentaba como la más apretada de la historia política reciente en los Estados Unidos. Las sorpresas siguieron cuando el entonces candidato comenzó a hablar: hasta esa simbólica primera victoria, en Iowa, el discurso de Obama era calificado de “bucólico”, la mayoría de las consultoras afirmaban que su énfasis en el relevo generacional y en el programa de cambio no tendría auditorio fértil. Frente al magnicidio de Benazir Bhutto, que obligó a ajustar las estrategias políticas en todas las latitudes, un estudio de The Wall Street Journal de enero de 2008 hacía constar que un 40 por ciento de los norteamericanos preferiría ver a una mujer como comandante en jefe de su ejército, mientras que sólo un 29 por ciento aceptaría a un afroamericano en esa responsabilidad que conlleva la Presidencia.

Y contra estos condicionantes sociológicos estructurales, Obama transitó ese largo y apasionante año electoral, desde la primera victoria en Iowa hasta el martes 4 de noviembre de 2008, cuando entró en la recta final. La “cuña cultural” que mencionábamos arriba, uno de los elementos más novedosos en estos nuevos escenarios mundiales, fue el hecho prácticamente increíble de que, en una sociedad tan conservadora como la americana, tuviera posibilidades reales de acceder a la Presidencia, al lugar del poder por antonomasia, un miembro de la minoría más característica –pero también más problemática- de esa sociedad conservadora. Esa posibilidad se hizo real apenas unos días antes de las elecciones generales, cuando un cambio en el interior del sistema político hizo que el escenario girara, y se ubicara para la recta final con la posibilidad cierta de que Barack Hussein Obama terminara obteniendo el triunfo final de las urnas. El giro estuvo dado por el movimiento de una parte importante de los grupos de opinión del Partido Republicano hacia el apoyo explícito al candidato Demócrata. Una explicitación que eligió la vía de presentación en horario de máxima audiencia de una cadena nacional, del general Colin Powell, afirmando que Obama sería un “presidente excepcional”. Con ese giro, los sectores más centristas del Partido Republicano apostaron a la construcción de una nueva mayoría, para tomar una distancia clara de los elementos provenientes de la derecha extrema norteamericana, especialmente de los grupos afines al fundamentalismo cristiano, que habían impulsado que toda la Administración se moviese sensiblemente hacia la derecha del arco político en las dos legislaturas de George W. Bush. Y estos sectores, que se expresaron en ese penúltimo momento por boca del Powell, vieron el riesgo cierto de que el fundamentalismo religioso terminase cooptando al viejo partido nacional y laico de Lincoln y Roosevelt. Ese giro dejó a Obama en inmejorables condiciones en los instantes finales de la campaña, ya que estos grupos de poder del Partido Republicano asumieron que el riesgo de deriva hacia la derecha se mantenía con el candidato John McCain, y terminaron por decantarse hacia el demócrata.

Y pasó lo que, antes de que el mundo cambiara y se complejizara acelerada y profundamente en las cortas dos décadas desde la caída del Muro, hubiera sido imposible: luego de tan sólo 143 años de que la esclavitud negra fuera abolida, luego de tan sólo 43 años desde que los negros conquistaran el derecho a voto en los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, de color negro, como aquellos esclavos, hijo de un inmigrante keniano, se convirtió en el Presidente de los Estados Unidos.

Y con el entusiasmo por la “cuña cultural” que se introducía en el sistema político, también apareció el riesgo: que la enorme simpatía que aupó a Obama a la Presidencia de la primera potencia mundial terminara generando unas expectativas irreales sobre las posibilidades, los límites de acción del Presidente dentro del sistema político norteamericano, y sus propias limitaciones personales, partidarias, e institucionales, conjugadas con las de un entorno espacial y temporal muy complejo. Este conjunto de realidades y limitaciones son los que, puestas en perspectiva, terminarían por definir la agenda internacional del nuevo Presidente norteamericano. En otras palabras, el hecho de que Barack Obama haya llegado a la Presidencia es revolucionario, pero Obama no es un revolucionario.

La agenda que Barack Obama ha venido desarrollando desde su asunción está muy en línea con las características de los escenarios internacionales que hemos delineado más arriba, una agenda marcada, antes que nada, por la complejidad de “cuestionamientos duros”

En primer lugar, y frente a la gravedad de la crisis financiera, decidió afrontar de lleno y al mismo tiempo la economía doméstica y la economía internacional. En el frente interno, Barack Obama prometió bajar los impuestos en el orden del 95 por ciento de los asalariados estadounidenses, y gravar con mayores impuestos a los ingresos que sobrepasen los 250.000 dólares anuales. Propuso una reducción de 500 dólares por asalariado, y de 1.000 dólares por familia, al tiempo que quiere aumentar el impuesto sobre la renta de los capitales, llevándolo del 15 al 28 por ciento, y gravar los beneficios excepcionales de las compañías petroleras, para rebajar la factura energética de los contribuyentes. Meterá 50.000 millones de dólares en infraestructura, y reformará la sanidad pública. Algunas de estas metas permanecen en estado de proyecto, pero no han sido abandonadas. En el frente externo, en el que decidió permanecer muy activo y recuperar la iniciativa internacional, comenzó revalorizando el rol del G-20 ampliado.

Así, en el lapso de tres meses, de enero a marzo de este año, Obama lanzó cuatro planes de rescate financiero para empresas y bancos. A juzgar por los resultados que estamos conociendo estos días, puede que haya acertado, pero los grandes popes del análisis político y económico –incluyendo varios premios Nobel- siguen afirmando que sus planes no son más que refritos de los manotazos de los últimos días de Bush, y que, en definitiva, no terminarán resolviendo la crisis global en el largo plazo.

Para abril de este año, cuando se reunió el G-20, los organismos multilaterales seguían difundiendo unos diagnósticos de la crisis cada vez más duros. Inmediatamente antes de que comenzaran las sesiones del G-20 en Londres, el 2 de abril, una de las voceras del Banco Mundial, la nigeriana Ngozi Okonjo-Isweala, advirtió a los países ricos sobre una oleada de disturbios sociales y crisis políticas que podría desencadenarse en los países pobres del mundo, si los líderes del G-20 no acuden directa y prontamente en su ayuda. Según la señora Okonjo-Isweala, cientos de miles de trabajadores están perdiendo sus empleos en los países en desarrollo, y las redes de protección social no responden, por lo que es preciso aportar más recursos financieros al “fondo de vulnerabilidad” del Banco Mundial, habida cuenta de que la crisis podría causar 90 millones de muertes, y elevar a casi 1.000 millones las personas que pasan hambre en el mundo. Cuando este tipo de advertencias vienen de una directora gerente del Banco Mundial, encienden una alarma más que notoria.

Al parecer, la postura que están adoptando los organismos multilaterales pasa por advertir a los países grandes reunidos en la mesa del G-20 que la estrategia ya no puede ser –o al menos no puede ser exclusivamente- poner dinero en efectivo en los paquetes de medidas fiscales, y en planes dirigidos a la banca y a las grandes empresas, sino que debería haber una parte de esa masa de dinero orientada hacia la asistencia directa a los pobres, a ese enorme conjunto de países del globo que no tienen un escaño reservado en la mesa del G-20.

Y asumiendo su primer punto de agenda, el propio Barack Obama se dirigió esa primera semana de abril de 2009 a los líderes del G-20. De una manera bastante insólita para un presidente norteamericano, mediante una nota periodística publicada en el International Herald Tribune, urgió a los países más desarrollados a acordar una estrategia para reflotar la economía mundial. Y su columna periodística coincidió con las primeras reacciones a su cuarto programa para salir de la crisis, que se asienta en la persuasión a inversionistas privados para que compren hasta un billón de dólares en “activos tóxicos”, esos bonos que, en gran medida, han sido los responsables del colapso financiero que vivimos.

Por lo demás, y para completar la presentación de la cuña que implica el “factor Obama” en la constitución del escenario internacional, los ítems que completan esa agenda externa serían:

1)      ONU. La Organización de las Naciones Unidas pasa por uno de sus momentos más bajos y críticos, con la figura de su Secretario General, Ban Ki-moon, muy desdibujada. Es posible que Obama amplíe el multilateralismo, respecto del unilateralismo de Bush, pero eso no necesariamente indica que se aboque a la refundación de la ONU, quizá adopte una ampliación de las relaciones país a país;

2)      La OTAN. Seguirá siendo la pieza clave de la estructura de seguridad a nivel global. Es posible que se revisen los criterios de ampliación, para no desmejorar las relaciones con Rusia;

3)      Rusia, efectivamente, permanecerá como tercer capítulo de esta “agenda externa”. Rusia vive un momento de plena recuperación de la personalidad internacional, y Obama deberá hacer equilibrios para mantener el canal de diálogo abierto con Dimitri Medvédev y Vladimir Putin, y no dejar huérfanos a los nuevos aliados del antiguo cinturón de soviético, como la Georgia de Saakashvili, la República Checa, Ucrania, y Polonia;

4)      La Unión Europea. Las relaciones Estados Unidos – Unión Europea, tal como las dejó la Administración Bush, eran pésimas. Obama las ha comenzado a mejorar, pero nuevamente aquí, pienso que la estrategia será más país a país, ya que la Unión Europea en tanto actor unificado a nivel internacional, como dijimos arriba, tiene severos déficit; y en el mejor de los casos –o sea, si éstos alguna vez logran ser superados por la organización- entonces su rol como competidora en la escena internacional quedará más claro. Por ambas razones, es esperable que se intensifiquen las relaciones, pero a nivel bilateral;

5)      Afganistán. Obama sigue manteniendo que esta es una de sus prioridades, y aquí sí la estrategia será claramente multilateral, o sea, habrá negociaciones concretas para tomar compromisos en la guerra contra los talibanes, que transitan por esporádicos períodos de recuperación;

6)      Islam. Obama ha dejado claro que la guerra contra los talibanes, o la disputa nuclear con Irán, no significan en ninguna medida un enfrentamiento con el “mundo árabe”, con el que se comprometió y solidarizó como nunca antes un líder occidental, tras su discurso de El Cairo;

7)      Irak. Ha reconocido los errores de la intervención militar, y ha puesto fecha de retirada de las tropas estadounidenses.

8)      China. Obama afirmó el mes pasado que las relaciones entre los Estados Unidos y China “determinarán” el siglo XXI. El gigante asiático se ha convertido en el primer financista de la deuda externa norteamericana. Más de 800 mil millones de dólares en títulos del Tesoro norteamericano se encuentran en manos del gobierno chino. Además, China exporta hacia Estados Unidos productos por un monto anual de 340 mil millones de dólares, es su principal cliente en el mundo. Y estas compras norteamericanas son las que financian, en buena medida, el sostenido crecimiento del producto bruto chino. Pero de este gran comprador, el viejo imperio celeste sólo recibe importaciones por unos 70 mil millones, una balanza muy desequilibrada. Hoy China es la tercera economía del planeta, pero de mantenerse los actuales índices de crecimiento y expansión, será la primera antes de mediar el siglo. Y su modelo político, con un capitalismo fuertemente exportador y férreamente controlado por el Estado y el partido único, el que habrá conducido al país al primer lugar, lo que no deja de poner en jaque el discurso democratizante del presidente Obama;

9)      Oriente Medio. Barack Obama volverá sobre el conflicto Israel-Palestina, completamente abandonado por las administraciones de Bush, y posiblemente el ex presidente Clinton, que estuvo a punto de conseguir una resolución definitiva de este diferendo entre ambos pueblos, pueda volver a la escena;

10)  América latina. Por último –aunque no fuera de la lista- nuestra región, con el papel fundamental de las relaciones de Colombia y Brasil, como interlocutores privilegiados. América latina no está, claramente, entre las prioridades de política exterior de la administración norteamericana, pero la estrategia del presidente colombiano Álvaro Uribe, el permitir que las tropas de “marines” norteamericanos puedan disponer de siete bases en territorio colombiano, y las reacciones de los países del grupo del ALBA frente a ello (inclusive con la advertencia del presidente venezolano Hugo Chávez de que las bases instalarían una hipótesis de conflicto militar en suelo sudamericano), seguramente modificarán el nivel de relevancia de la región en la agenda externa del presidente Obama.

Brotes verdes

Cuando escribí una versión anterior de esta conferencia, hace algún tiempo, los párrafos finales eran bastante lúgubres. Me alegra que la fecha de realización de esta reunión se haya desplazado, así puedo terminar mis palabras con unas líneas más esperanzadoras.

Ahora sí tengo la oportunidad, ya que algunos “brotes verdes” –como le gusta designar a los buenos síntomas de recuperación económica el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero- algunos “brotes verdes” parecen avizorarse en el horizonte, dos años después de la crisis de las “hipotecas subprimes”, luego de más de tres billones de dólares inyectados al sistema económico, y de quince meses consecutivos de destrucción de empleo en los países centrales, tanto para Barack Obama como para la OCDE, e inclusive para el Banco Central Europeo, lo peor de la crisis económica mundial puede haber pasado. El optimismo, en todo caso, es medido: lo que se ha frenado es la curva de aumento del desempleo, pero éste en Estados Unidos permanece –y seguramente permanecerá todavía un tiempo- en el orden del 10 por ciento. Otros indicadores, como la mejoría en las Bolsas, o la vuelta a los beneficios en la banca de inversión (una de las principales responsables del descalabro), son menos contundentes, y pueden llegar a ser más efímeros.

En todo caso, si ese fondo que no parecía llegar nunca se ha tocado, y los “brotes verdes” realmente están marcando una lenta recuperación, pera estas fechas del año próximo podremos, supuestamente, anunciar que hemos sorteado la amenaza de una nueva Gran Depresión.

Y entonces deberemos volver a revisar los escenarios internacionales, tal como hoy lo hemos hecho.

Muchas gracias.

.

.

(c) Colegio de Abogados de la Provincia de Córdoba, 2009.

.

Cumbres del norte, cumbres del sur (14 08 09)

Cumbres del Norte, cumbres del Sur

por Nelson Gustavo Specchia

unasur

.

.

El lunes de esta semana América estuvo inmersa en un “tiempo de cumbres”: mientras en Guadalajara el presidente mexicano, Felipe Calderón, oficiaba de anfitrión frente a sus dos colegas del Nafta, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Barack Obama y el canadiense Stephen Harper, algunos kilómetros al sur, en Quito, Rafael Correa recibía a los presidentes de los países integrantes de la Unasur, la Unión Sudamericana de Naciones. Y en la capital ecuatoriana eran tan importantes las presencias de los líderes latinoamericanos, como la ausencia de uno de ellos: Álvaro Uribe, presidente de Colombia.

.

Una ausencia no sólo significativa, sino que además determinante, y para ambas Cumbres. Porque explícitamente en la del Sur, pero también –implícitamente- en la del Norte, en el centro de las agendas planeaba el tema “estrella” de la política internacional a nivel continental: la instalación –o no- de unidades del ejército norteamericano en bases colombianas.

.

En Guadalajara, Calderón enfrentaba, como podía, la reunión con sus pares: su principal objetivo era que no lo sacaran del Nafta, aunque la diferencia de escalas entre la economía mexicana y las otras dos sea abismal, lo que convierte al acuerdo entre dos gigantes y un enano en uno de los tratados de libre comercio más desequilibrados de la historia. En segundo lugar, Calderón esperaba que los cien millones de dólares que Obama le ha prometido para luchar contra el narcotráfico ya estuvieran en la mesa, pero estas partidas siguen detenidas en las comisiones del Congreso norteamericano, que no ve muy claro los métodos mexicanos para llevar adelante esa guerra interna. Stephen Harper, por lo demás, le dio la gota fría al mexicano con la reimplantación del visado para viajar a Canadá. Ante la falta de buenas nuevas de relevancia, el tema de las bases en Colombia fue tratado extensamente.

.

El mismo tema nucleaba la reunión de Quito. Evo Morales pedía, en nombre del bloque del Alba, una condena a Colombia. Y Hugo Chávez volvía a anunciar el supuesto riesgo de una confrontación armada en suelo sudamericano si las bases se vuelven operativas para los “marines” de los Estados Unidos. Uribe, en su mini gira de la semana pasada por varios países integrantes de la Unasur no cosechó grandes éxitos, pero, a la vista de lo sucedido en Quito, logró neutralizar en parte la andanada. No hubo condena, como pedía Evo, y se programó una nueva reunión de emergencia de la organización, esta vez con la presencia del presidente colombiano. En estas dos resoluciones, sorprendió el protagonismo y las posturas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

.

Tradicionalmente, la Presidenta se siente más cómoda cerca de las posiciones del grupo chavista, pero el lunes puso las notas moderadas de la reunión de Quito: se opuso a la condena solicitada por Morales, reprendió a Chávez por su belicosidad y tremendismo, y ofreció el suelo argentino para una nueva reunión, en la que estuviera Uribe. Cristina Fernández consultó con el presidente colombiano, éste no puso ningún reparo para asistir a una convocatoria liderada por ella, y la reunión de emergencia, según se supo ayer, se llevará a cabo en Bariloche, con el espectacular marco del lago Nahuel Huapi en invierno, y dentro de pocos días: se ha fijado para el próximo viernes 28 de agosto.

.

Estructuralmente, a pesar del llamado de atención de la presidenta argentina al venezolano, las cosas no han cambiado demasiado, y la alianza estratégica entre ambos no sólo se mantiene, sino que se profundiza: desde Quito, Cristina voló a Caracas, firmó con Hugo Chávez una nueva serie de acuerdos bilaterales de comercio por más de 1.000 millones de dólares, y reemplazó a Colombia como proveedora de productos de exportación hacia Venezuela, desde alimentos, pasando por automóviles, y hasta maquinaria pesada. Así, el empresariado argentino es, hasta el momento, el sector más favorecido por el conflicto de las discutidas bases colombianas.

.

Si todo hubiera ocurrido con el previsible guión con que se venía interpretando la partitura de la política exterior latinoamericana, ese rol le hubiera correspondido al presidente brasilero Luiz Inácio da Silva, Lula, que desde hace tiempo viene bregando para que la preeminencia natural de su personalidad, y el peso específico de su país en el contexto regional, supongan su papel de árbitro entre la “pro-yanqui” Colombia y los gobiernos progresistas que la rodean. Y desde ese papel de réferi, de “primus inter pares”, proponer al mundo un polo de poder latinoamericano, cuya titularidad, claro está, habría de ejercer el propio Lula.

.

Pero el lunes pasado, en Quito, todos se salieron del guión. La presidenta Cristina esta vez le ha arrebatado –y por sorpresa- el protagonismo y la iniciativa. Álvaro Uribe ha dejado claro que la única alianza estratégica que le interesa es la norteamericana. Y Barack Obama, a pesar de ser tan políticamente correcto, no puede rechazar –por mucho que truene Chávez- el ofrecimiento de siete puntos de defensa militar servidos en bandeja.

.

Quizá la primera baja en el conflicto de las bases colombianas sea, precisamente, el proyecto de liderazgo regional del carismático Lula da Silva.

.

(publicado en HOY DIA CORDOBA, suplemento Magazine, viernes 14 de agosto de 2009)

.

El termómetro político de los Andes (050809)

EL TERMÓMETRO POLÍTICO DE LOS ANDES

.

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

COLOMBIA-USA/

.

.

.

Toda la región andina no deja de levantar temperatura política en este invierno austral.

Comenzó a subir la semana pasada, cuando salieron a la luz las aportaciones de las FARC, en un monto cercano al medio millón de dólares, a la última campaña presidencial ecuatoriana. Sin que esos aires se hayan calmado (Rafael Correa ya no niega los aportes, pero aduce que fueron realizados a sus espaldas), esta semana tomó estado público la tenencia de armas sofisticadas del ejército venezolano por parte de aquella misma guerrilla colombiana tan generosa en sus aportaciones a las campañas de los candidatos de los países vecinos.

Las FARC siempre se ha mostrado muy en consonancia con el discurso y los objetivos socialistas del presidente venezolano Hugo Chávez, y este entrecruzamiento de vínculos entre la guerrilla; Ecuador; las armas venezolanas; las negociaciones entre el presidente Álvaro Uribe para el uso de bases colombianas por parte del ejército norteamericano; los fracasos de la OEA como mediadora en los conflictos centroamericanos; Honduras con dos presidentes; y Evo Morales, en esta parte de los Andes, reconvirtiendo unos doscientos municipios en “autonomías indígenas”; levantan la temperatura a cotas de riesgo, al amenazar con el inicio de una situación crítica de múltiples aristas.

Las FARC, cada vez más debilitadas y sitiadas militarmente, han reforzado los vínculos con el liderazgo político más afín (especialmente Chávez y Correa), y han aumentado el financiamiento y la provisión de armamento con las redes de tráfico de cocaína. El haber encontrado lanzacohetes AT-4, suecos, en un campamento de las FARC, se combinó con cierta información de las computadoras incautadas en el ataque –en territorio ecuatoriano- al líder guerrillero “Raúl Reyes”: los suecos confirmaron que esas armas, por el número de serie, habían sido vendidas al ejército venezolano, y han demandado explicaciones a Chávez.

Al mismo tiempo, y como una respuesta al cierre de la base ecuatoriana de Manta, Álvaro Uribe ha iniciado negociaciones con la Administración Obama, para dar mayores facilidades de acceso a siete bases al ejército norteamericano (3 de la Fuerza Aérea, 2 de la Marina, y 2 del Ejército: Cartagena, Larandia, Tolemaida, Palanquero (Cundinamarca), Málaga (Pacífico), Apiay (Meta), y Malambo (Atlántico). No se prevé que el ejército norteamericano vaya a incrementar sus efectivos en Colombia, pero esta negociación sí repercutiría en más ayuda tecnológica y de inteligencia, dos elementos determinantes en la guerra contra las FARC y el narco. Los logros de los últimos tiempos reconocen su deuda con esta ayuda norteamericana, que asciende a unos 400 millones de dólares anuales desde 2001, fecha de la firma del “Plan Colombia”.

El próximo lunes, 10 de agosto, comenzará la reunión de la UNASUR – Unión de Naciones Sudamericanas, en Quito. Pero como Colombia ha roto relaciones diplomáticas con Ecuador desde marzo del año pasado, el presidente Álvaro Uribe se ha lanzado esta semana a una gira por América latina, incluyendo Perú; Chile; Bolivia; Argentina (este miércoles se reunió con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una reunión hermética, sin ningún tipo de declaraciones por ninguna de las partes); luego seguirá por Paraguay; Uruguay; y Brasil, para dar explicaciones a los mandatarios de estos países sobre las negociaciones militares con Obama.

Pero tanto Chávez como Correa han visto una excelente oportunidad para girar la atención sobre las acusaciones de financiamiento de campaña y de desvío de armas, y pasan al ataque, afirmando que la decisión de Uribe supone el desembarco del ejército norteamericano, como brazo militar de ocupación, en territorio latinoamericano. Venezuela ha vuelto a congelar las relaciones con Colombia, y Ecuador, que ya las tiene rotas, ha iniciado una guerra comercial contra su vecino, imponiendo aranceles a unos 1.300 productos de comercio internacional. Y las reclamaciones no terminan en el país fronterizo, Chávez arremetió directamente contra Barack Obama, con dos afirmaciones a cual más preocupante: por un lado, dijo que la instalación de esas bases norteamericanas puede suponer el inicio de una guerra en Sudamérica; y a renglón seguido comunicó que en septiembre de este año firmará con Putin un acuerdo de defensa y de adquisición de armamentos con Rusia.

Toda la legalidad internacional está del lado colombiano, de momento. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza (a quien Chávez llama “insulso”) se ha ofrecido a mediar, pero la OEA está en horas bajas y nadie confía demasiado en ella. La Unión Europea ha dado su respaldo a Uribe, y los Estados Unidos también, claro. Y en América latina: Evo Morales y Nicaragua se alinean con el venezolano, sin fisuras; Perú acepta de buen grado la decisión de Uribe; el paraguayo Lugo ha decidido permanecer neutral; la señora Bachelet ha mostrado su prevención; y otro tanto ha manifestado Lula da Silva, a quien no le simpatiza para nada tener siete bases norteamericanas en sus fronteras, y, para más datos, cerca de las reservas petrolíferas brasileras. La presidenta Cristina, por su parte, mantiene su postura muy en reserva, si es que la tiene.

Y este nuevo escenario, en pleno invierno austral, proyecta un termómetro en rápido ascenso.

.
.
.
.
.
.
.
Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.

(En HOY DÍA CÓRDOBA, viernes 7 de agosto de 2009, suplemento “Magazine”, portada)

.

.

USA, China, y un nuevo mundo bipolar (310709)

china-shangay

Estados Unidos, China, y un nuevo mundo bipolar

por Nelson Gustavo Specchia

Cuando el viejo mundo del siglo XX terminó –esa distribución del planeta en dos realidades políticas antagónicas que hoy percibimos ya como historia antigua, como si el Muro de Berlín hubiera caído hace siglos- los entusiastas del “mundo libre” anunciaron con bombos y platillos el nacimiento de un nuevo orden, en el cual los Estados Unidos de América serían la incontestable potencia hegemónica.

Recuerdo, en los primeros años ‘90, recorriendo una librería Barnes & Noble de Manhattan, la página con que un autor de libros de divulgación política abría su volumen: “Este libro está dedicado a Ronald Wilson Reagan, 40º Presidente de los Estados Unidos de América, triunfador de la Guerra Fría y fundador del nuevo orden internacional”. Pero los breves años transcurridos desde la disolución de la Unión Soviética y del polo socialista están demostrando que el sueño del mundo unipolar no era más que eso, un sueño. Y que nuevos actores con vocación de potencias están ocupando sus posiciones, preparándose para ejercer un rol de liderazgo internacional en breve. El primer lugar en estas candidaturas, claro, lo ocupa China.

La buena noticia, si acaso, es que este momento histórico, cuando el viejo gigante milenario está acomodando el cuerpo para jugar los roles que le tocarán en un futuro muy próximo, del otro lado del mundo, en el sillón de la Casa Blanca se sienta el negro Obama, que no se ve a sí mismo como un “triunfador de la Guerra Fría”, y que parece tener claro que el liderazgo norteamericano tiene que ser, necesariamente, compartido en algunas áreas vitales. Barack Obama entiende que la alternativa es la cooperación y la preeminencia parcialmente compartida, o bien una aceleración en el declive y en la soledad del poder.

Tanto la desastrosa intervención en Irak y los dolores de cabeza que está dando la salida de allí; ó la imposibilidad de cazar a un pastor de cabras escondido en unas montañas heladas por parte del ejército que insume la mitad del gasto militar de todo el planeta; ó el desbarajuste de un sistema financiero en caída libre y sin red, son algunos de los últimos ejemplos de que los Estados Unidos ya no pueden solos, y que en algunos capítulos de la agenda internacional han de abrir el juego y sentarse a la mesa, de igual a igual, con los otros grandes.

Esta semana, a esa mesa se sentó China, y su silla va a ser permanente. En Washington el lunes 27 se abrió una instancia de diálogo que va a sostenerse como herramienta de consulta estable, orientada a distribuirse y monitorear una remodelación del mundo según las prioridades estratégicas de ambos gigantes. En la apertura de las sesiones, el presidente Obama no dejó lugar a dudas: “Las relaciones entre Estados Unidos y China –dijo- determinarán el siglo XXI.” Así de claro.

El abanico de temas de las delegaciones presididas por funcionarios de máximo nivel (la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el primer viceministro chino, Wang Qishán) comprende muy diferentes puntos, desde el terrorismo fundamentalista como amenaza de primer orden, a la cuestión atómica (el Tratado de No Proliferación se renegocia el año que viene); desde el calentamiento del planeta (tanto los Estados Unidos como China son los principales contaminantes del mundo, cada uno libera a la atmósfera 5 mil millones de toneladas de CO2 por año), a la crisis económica global.

Pero no todo será cooperación y entendimiento. Los dos son adversarios comerciales crecientes, y se disputan cuotas y parcelas de mercado a lo largo y a lo ancho del globo. La política de expansión china hacia zonas de reservas energéticas es arrolladora, tanto hacia África como hacia América latina. Y Estados Unidos no puede desentenderse de la seguridad de sus aliados en Asia, inclusive en las propias fronteras chinas. Tampoco de su prédica por la democracia, las libertades individuales, y el respeto por los derechos humanos, capítulos en los que China acumula deudas y carencias insalvables. Ahí está la reciente matanza de uigures en la región de Xinjian para ratificarlas.

Y, por último, en esta primera mesa vís-a-vís, también estuvo presente el tema de Corea del Norte. Estados Unidos insiste que las provocaciones nucleares del régimen de Pyongyang son un riesgo de desequilibrio para todos, y que la llave de ese asunto la tiene China en sus manos.

Para complicar aún más este juego de poderes, China se ha convertido ya en el primer financista de la deuda externa norteamericana. Más de 800 mil millones de dólares en títulos del Tesoro norteamericano se encuentran en manos del gobierno chino. Además, China exporta hacia EE.UU. productos por un monto anual de 340 mil millones de dólares, es su principal cliente en el mundo. Y estas compras norteamericanas son las que financian, en buena medida, el sostenido crecimiento del producto bruto chino. Pero de este gran comprador, el viejo imperio celeste sólo recibe importaciones por unos 70 mil millones, una balanza muy desequilibrada.

Hoy China es la tercera economía del mundo, pero de mantenerse los actuales índices de crecimiento y expansión, será la primera antes de mediar el siglo. Y su modelo político, con un capitalismo fuertemente exportador y férreamente controlado por el Estado y el partido único, el que habrá conducido al país al primer lugar. Interesante: éticamente objetable, pero objetivamente exitoso.

Muchos temas, muchas aristas. Demasiadas como para no darse cuenta de que el foro inaugurado en Washington no ha sido un evento diplomático más, sino el síntoma de un cambio en las condiciones del liderazgo internacional.

Posiblemente, también haya sido la partida de nacimiento de una nueva bipolaridad. Si así fuera, la esperanza pasa por que esta relación entre las superpotencias permanezca en un marco de pacífica racionalidad. Sería una cláusula de garantía de estabilidad mundial, lo que, en estos tiempos, no es poco decir.

En La Voz del Interior:
http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=538449

.

Honduras, ¿últimas horas de paz? 230709

Honduras, ¿últimas horas de paz?

.

.

por Nelson Gustavo Specchia

.

.

zelaya honduras 2

.

.

.

A algunas cosas nos hemos habituado rápidamente en América latina. Después de esos años terribles que cruzaron en horizontal el calendario político del siglo XX, donde el terror llegó inclusive a ser una política de Estado, la lenta y progresiva recuperación democrática de los últimos treinta años nos ha dejado en un punto donde damos por seguros algunos elementos del sistema político, como si fueran naturales, sólidos y permanentes; cuando en realidad su presencia entre nosotros ha sido excepcional en la historia, y sólo muy recientemente se han agregado como constitutivos del quehacer sociopolítico cotidiano.

La permanencia de las instituciones y de la estabilidad democrática es uno de esos elementos. Y la paz social, indisociablemente unida a él, es el otro elemento.

Honduras, en estas horas críticas, vuelve a poner en el tapete regional latinoamericano esta cuestión central. En Honduras no se juega solamente la vuelta de Mel Zelaya al ejercicio del poder ejecutivo, legal y legítimamente obtenido en elecciones democráticas. Se juega la permanencia de esos dos elementos: la continuidad de la consolidación del juego democrático en América latina, y –además- la terrible posibilidad del resurgimiento de la violencia social en un país de la región.

El anuncio del “fracaso” del diálogo por las partes hondureñas involucradas, y de la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, han disparado una posibilidad que venía vislumbrándose durante los últimos días, pero de la que nadie quería dar crédito: el muy posible enfrentamiento entre el Ejército leal al gobierno de facto de Roberto Micheletti, y los colectivos sociales que insisten en su apoyo al presidente depuesto, Manuel Zelaya.

A estas alturas, luego de la lectura de la última propuesta de Oscar Arias, y las actitudes de rechazo de ambas partes, puede objetivamente estallar una guerra civil en Honduras. Si ello finalmente ocurriera, se habría comenzado a saldar con violencia y sangre un conflicto que tuvo todas las herramientas democráticas en la mano para canalizarse

Pero esas herramientas se han ido dejando paulatinamente de lado, al tiempo que la tensión no ha dejado de crecer con cada momento. Los hondureños han vivido estas semanas entre las manifestaciones permanentes durante las horas de luz, tanto las organizadas por el gobierno de facto como por los seguidores del gobierno depuesto, y la calma impuesta por el toque de queda durante las noches.

La paciencia que pide Arias, casi en el borde de las posibilidades de su intervención, se contesta con el entusiasmo en aumento que convoca la llamada a la “insurrección” realizada por Mel Zelaya.

Y, si se da el caso, hay armas para alimentar esa insurrección: los datos oficiales reconocen que un tercio de los casi ocho millones de hondureños tienen armas en sus casas; y las que no se registran serían muchas más. Cuando estuve trabajando en el interior de Honduras, en misiones de cooperación internacional, nunca dejaban de sorprenderme algunos carteles en los bares y restaurants de provincia: “Prohibido ingresar con armas a la vista”. Y luego están las Fuerzas Armadas, armadas literalmente. Y los grupos y bandas mafiosas, tan crecidas últimamente, que aportarían un porcentaje considerable de armas modernas y de alto poder de fuego en manos de civiles. Por lo que podemos considerar, en cuanto a capacidades, que Honduras es un Estado armado.

Oscar Arias ha trabajado intensamente en las últimas horas para intentar desbloquear la crisis, pero su margen de maniobra se achica ante la negativa rotunda de la delegación del gobierno de facto de reponer a Zelaya, que es el punto central de desencuentro. El gobierno interino de Micheletti ha anunciado que no aceptará ningún documento que incluya la restitución del depuesto presidente, y la segunda ronda de negociaciones en Costa Rica finalizó el domingo sin acuerdos.

Mientras tanto, la administración de facto de Honduras dio el martes 21 un plazo de 72 horas a los diplomáticos venezolanos para abandonar el país, basando su decisión en la supuesta intervención de funcionarios de esa legación en la actual crisis. También llegó a afirmar que el trabajo del mediador Arias constituía una intromisión impropia en los asuntos internos de Honduras. Y una actitud similar se perfila en las respuestas a las presiones que están ejerciendo las diplomacias norteamericanas y de la Unión Europea, con las declaraciones de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y de la comisaria europea de política exterior, Benita Ferrero-Walder. Con estas posturas y decisiones de política internacional, el gobierno interino hondureño está dando elementos para la regionalización del conflicto.

Tras el rechazo de la delegación de Roberto Micheletti, Arias hizo un último intento, y presentó en la noche del miércoles 22 la Declaración de San José, en la que plantea la instauración de un gobierno “de reconciliación” liderado por Zelaya (inclusive propone una fecha concreta para su retorno al país: el viernes 24 de julio), una amnistía general, y la renuncia a cualquier consulta popular para reformar la constitución.

Es el último intento para evitar que la presión acumulada en Honduras entre ambos grupos sociales se desborde por la propia radicalización.

La convivencia política y la paz social son el telón de este escenario. La proyección de ambos hacia el resto de América latina, el horizonte de futuro.

.

.

.

(En HOY DÍA CÓRDOBA, viernes 24 de julio de 2009, Suplemento “Magazine”, portada)

.

.