Archivo mensual: febrero 2011

Khaddafi, entre la resistencia y la Corte Penal Internacional (28 02 11)

Khaddafi se atrinchera en Trípoli acusado de crímenes de guerra

Las Naciones Unidas declaran la alerta humanitaria en la región, tras la huída de 100.000 libios por las fronteras. La oposición forma un Consejo para reemplazar al dictador. Estados Unidos involucra a los europeos en la ayuda.

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Libia ha comenzado a dar los primeros pasos para organizar una transición desde el régimen autocrático y personalista del coronel Muhammar el Khaddafi hacia una nueva institucionalidad, aunque sus características están aún lejos de presentarse en forma clara y definida.

En las ciudades de la costa oriental, después de varios días de estar fuera del alcance del gobierno central, el desorden propio de la “liberación” empieza a dar lugar a instancias de regulación urbana, que siguiendo la estructura social y cultural más tradicional en Libia, pasa por las instancias tribales. De esta manera, los referentes de las diferentes tribus en la mitad oriental del país han comenzado a dar forma a una administración provisional, que ha adoptado la denominación de Consejo Nacional, y al que aspiran ir incorporando a representantes de todas las zonas ocupadas por la oposición al régimen.

El centro de esta “Coalición Revolucionaria 17 de febrero” se ubica en Bengasi, la segunda ciudad del país, y el primer centro urbano de importancia en quedar en manos de los rebeldes. Si bien aún no se sabe con precisión qué características tendrá este Consejo, quién será su presidente ni por cuántos miembros estará integrado, constituye la primera instancia formalizada de la oposición al régimen y “tendrá a su cargo monitorear la transición”, según declaró su portavoz en Bengasi, Abdelhafiz Hoga.

Así, el centro de los enfrentamientos armados entre los que se mantienen fieles a Khaddafi y la vanguardia rebelde se ha trasladado al oeste, y se ubicaba en la víspera en las propias periferias de la capital, convertida en la última trinchera del gobierno. Según trascendidos difundidos por la cadena Al Jazeera, y por testimonios de los miles de libios que huyen del conflicto por los pasos fronterizos hacia Egipto y Túnez, los rebeldes ya habrían tomado el control de Zawiya, distante sólo 50 kilómetros de Trípoli, y se habrían hecho con la ciudad de Misrata, la tercera del país, expulsando a las fuerzas gubernamentales, compuestas por parte del ejército regular y por milicianos mercenarios contratados en los países del África subsahariana, como también pudo verse en videos caseros subidos a Internet.

De esta manera, además de la capital, el clan Khaddafi sólo controlaría las ciudades de Gadames, Sebha y Sirte, menos de una quinta parte del Estado.

Mientras tanto, la presión internacional sobre Khaddafi se ha acentuado fuertemente en las últimas horas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se avino finalmente a aprobar duras sanciones contra el gobierno libio, quitando toda legitimidad al coronel Khaddafi y sentando las bases para que sea acusado por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional de La Haya, según una resolución impulsada por Francia y Gran Bretaña, con el respaldo de Estados Unidos, y votada por unanimidad.

Por su parte, y luego de unos días de indefinición, el presidente estadounidense, Barack Obama, sostuvo que “Khaddafi debe irse sin más derramamiento de sangre”, y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, reafirmó ayer que su país “está listo para ofrecer cualquier tipo de asistencia” a la oposición rebelde, y añadió que viajará hoy a Ginebra para reunirse con los cancilleres europeos y los aliados árabes, en orden a coordinar acciones conjuntas contra Trípoli.

Mientras trascendía un millonario depósito de casi 5.000 millones de dólares que los testaferros de Khaddafi realizaron en Londres, que fue interpretado como una preparación del dictador para abandonar el país, su hijo Saif el Islam afirmaba en Trípoli, por el contrario, que el mandatario se encuentra “de buen humor”, que el grupo dirigente se encuentra “con la moral alta”, y que el régimen está seguro de aplastar la insurgencia, a los que calificó de “terroristas”.

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en Twitter:      @nspecchia

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“Al Qaeda no está detrás de la revuelta libia”, entrevista en Cadena 3

“Al Qaeda no está detrás de la revuelta libia”

Entrevista a Nelson G. Specchia en Cadena 3,

por Pablo Rossi

 

 

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Perú, “figuritas repetidas” (25 02 11)

La política peruana, tierra de oportunidades

Por Nelson Gustavo Specchia

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En Lima, una sutil y vaporosa capa de niebla cubre casi siempre la ciudad durante las mañanas, con una mezcla de salado aire marino y corrientes frescas que bajan de la sierra. Sin embargo Ramón, el chofer que mis anfitriones de la universidad Ruiz de Montoya han enviado a buscarme al aeropuerto, no habla del tiempo limeño, y aprovecha el largo camino hasta el hotel, en la barriada de Miraflores, para darme una completa lección de política peruana. Cuando llevamos casi una hora en el denso tráfico, Ramón arriesga una afirmación que luego, con otras palabras, también encontraré en las opiniones de los colegas, en la reunión universitaria a la que me han invitado. “En la política peruana”, afirma mi chofer, “nadie se termina de morir del todo. Se van con el rabo entre las piernas, pero al tiempo están tocando de nuevo las puertas de la presidencia.”

Esa percepción popular que escuché apenas descendido del avión que me había llevado hasta Lima, parece constatarse en estos tiempos finales de la gestión de Alan García: quienes se acomodan para disputar el espacio político en las próximas elecciones, el 9 de abril, son todas figuritas repetidas en la historia reciente del Perú.

Los muertos que vos matáis…

Además, la campaña electoral ha entrado en una fase de incertidumbre. En nuestro tiempo, ya es central el lugar que ocupan las mediciones de opinión ante la cercanía de cualquier acto comicial. Pero en las elecciones peruanas esta herramienta de testeo del clima político verá menguada su capacidad. La autoridad con competencia electoral, el Jurado Nacional de Elecciones, ha decidido exigir a las consultoras que consignen los datos personales completos (con DNI, dirección y teléfono) de todos y cada uno de los entrevistados en sus sondeos. En una sociedad donde la sensación de seguridad personal es muy endeble, es poco probable que las encuestadoras consigan voluntarios que se atrevan a responder dejando acreditados y archivados sus datos.

Ante ello, el conocimiento previo de los nombres y de las trayectorias de los dirigentes gravitará aún más en la definición de los primeros puestos de la contienda electoral. En el último sondeo publicado antes de que comenzara a regir la nueva disposición judicial, además, las “figuritas repetidas” están fijas en la primera línea. El presidente Alan García está constitucionalmente limitado para repetir mandato (aunque no ha descartado volver en 2016); pero el ex presidente Alejandro Toledo encabeza las preferencias populares. Y Keiko Fujimori, la hija del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), le sigue de cerca. En un tercer lugar, está el ex intendente de Lima, Luis Castañeda; y lejos, en un incómodo cuarto puesto, el nacionalista Ollanta Humala, aliado de Evo Morales y de Hugo Chávez.

La vuelta al ruedo de Alejandro Toledo no es la primera que viene a comprobar aquel aserto de mi chofer respecto de la buena salud de los muertos políticos peruanos. El propio Alan García ya había demostrado que el palacio presidencial limeño es una tierra que da segundas oportunidades. García había dejado el poder, en la década de los noventa, con su imagen destruida tras una gestión caótica, en el borde del precipicio social debido a los ataques de la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso, y con la economía agotada por los ensayos experimentales del presidente, que intentó seguir el guión antiimperialista teórico del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), escrito por su maestro, Víctor Raúl Haya de la Torre.

Los peruanos colocan motes muy llamativos a sus dirigentes. A Fujimori, a pesar de su obvia ascendencia japonesa, lo llaman “el Chino”; a Toledo, “el Indio”; a Ollanta Humala, sin embargo, cuyo nombre tiene connotaciones más indígenas, como fue capitán del ejército le dicen “el Milico”. Y a Alan García, desde aquellos corcoveos erráticos de su primera presidencia, las voces populares lo han designado como “Caballo Loco”. Unas marchas y contramarchas, en todo caso, que hundieron su popularidad bajo mínimos, y que lo llevaron inclusive a salir del país durante algunos años, hasta que los ánimos se asentaran.

Sin embargo “Caballo Loco” volvió, aunque mucho más calmado y reconvertido hacia la centroderecha, la apertura económica, la ortodoxia monetaria, la disciplina fiscal y la convocatoria a la inversión extranjera. Con este nuevo guión liberal, pasó de ser un cadáver político a un rozagante candidato que se hizo con las elecciones en 2006, y volvió al palacio presidencial.

… gozan de buena salud

Siguiendo su ejemplo, “el Indio” Toledo vuelve en estos días a mostrar su buena salud política al encabezar las preferencias para un nuevo mandato. Y también en su caso se trata de un repunte fuerte, porque el ex presidente, tras su gestión entre 2001 y 2006, dejó el poder entre abucheos, con un índice de aceptación que apenas rozaba el 8 por ciento, y con críticas profundas desde todo el arco político peruano.

Sin embargo, la apertura liberalizante que había propuesto durante su mandato, fue la que finalmente terminó de ejecutar Alan García al sucederlo en el gobierno. Y es la que, a la postre, los peruanos parecen reconocerle. Además, durante estos últimos cinco años con el APRA en el poder, Alejandro Toledo se ubicó en un discreto segundo plano de la vida política, concentró su actividad en la faz académica, y saltó sorpresivamente al ruedo recién a finales del año pasado.

Su campaña ha sido rauda, y muy eficiente, según el resultado que las cercenadas encuestas permiten entrever. Los carteles que inundan Lima, “con Toledo, al Perú no lo para nadie”, hacen hincapié en que la actual estabilidad comenzó con él: el ritmo del crecimiento peruano fue del orden del 8,8 por ciento en el 2010, y la inflación logró controlarse en un índice inferior al 2 por ciento. En este contexto de expansión, además, la brecha de desigualdad parece haberse achicado: en las cifras del Banco Mundial, las mediciones de pobreza en Perú han disminuido del 54 al 35 por ciento en los últimos diez años (o sea, durante los gobiernos de Toledo y García).

Y como si esto fuera poco, Toledo se ha permitido, dentro de su liberalismo, asegurar que en un nuevo gobierno impulsará medidas sociales de avanzada, como la regulación del matrimonio igualitario –teniendo como referencia la experiencia de Argentina-, la despenalización del aborto, y hasta discutir en el recinto legislativo una nueva postura frente a la legalización de las drogas, siguiendo las tendencias más innovadoras en ese espinoso tema.

Alejandro Toledo parece haber logrado nuevamente el apoyo mayoritario de los peruanos. En todo caso, la candidata que le sigue, Keiko Fujimori, siempre ha dejado claro que espera llegar al poder para reivindicar la figura de su padre, sacarlo de la cárcel (donde cumple condena de 25 años por ordenar asesinatos en masa), y permitirle ser nuevamente candidato. Si bien la política peruana se muestra como una tierra que da segundas oportunidades, algunas no se me antojan demasiado deseables, especialmente si implican un claro retroceso democrático.

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Khaddafi, acorralado, agita el fantasma del islamismo radical (25 02 11)

Khaddafi agita el fantasma del islamismo radical para reprimir

En la Corte Penal Internacional se cifra en 10.000 las víctimas del alzamiento

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Tras la censura de la sociedad internacional a la represión a las movilizaciones civiles de protesta, el líder libio Muhammar el Khaddafi acusó ayer a la red yihadista islámica de Al Qaeda, y a su cabeza visible, Osama bin Laden, de ser los autores intelectuales de la rebelión que vive Libia desde hace más de diez días.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se reunió de emergencia en Nueva York, así como el Consejo de la Unión Europea (UE) en Bruselas, luego de que el dirigente libio emitiera un largo discurso por la televisión oficial, el martes pasado, en el que llamaba a la población a “resistir hasta la última gota de sangre”, poniéndose incluso él mismo al frente, al afirmar que estaba dispuesto a “morir como un mártir”.

Estas posturas, y las filtraciones a la prensa internacional de que las ciudades orientales de Libia han sido ocupadas por los opositores, hacían probable una guerra civil, hicieron reaccionar a las organizaciones multilaterales y a las Cancillerías de diversos países.

La UE informó ayer que ningún Estado miembro exportará armas a Khaddafi, y que ha acordado avanzar en otras sanciones hacia el régimen libio. Inclusive, fuentes diplomáticas europeas afirmaron que la organización continental no excluye una intervención militar humanitaria, en caso de que se generalice una guerra civil, aunque la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aseguró que “no hay ningún plan” que contemple una intervención militar en Libia.

A pesar de las protestas internacionales, Khaddafi volvió a aparecer en la televisión, esta vez mediante una comunicación telefónica, y relativizó las protestas, adjudicándolas a “una minoría de jóvenes drogados” por Al Qaeda. “Lo que está sucediendo es una comedia: los hombres de Ben Laden distribuyeron drogas en el agua, en el yogurth, en la comida”, afirmó.

La postura del mandatario, que lleva ocupando el poder los últimos 42 años, parece apuntar a aglutinar a los leales al régimen frente a una supuesta amenaza del islamismo radical, encarnada en Al Qaeda. Por ello acusó a esta facción de los musulmanes sunnitas de intentar “crear un emirato islámico en Libia”, y forzar con ello también una presunta invasión norteamericana.

Mientras tanto, la prensa occidental citó a testigos presenciales al informar que las fuerzas leales al gobierno atacaron a columnas opositoras que habían acampado dentro de una mezquita, que describieron como un “matadero” y una “masacre”, en la localidad de Al Zawiya, ubicada apenas a 50 kilómetros de Trípoli.

En la capital, el régimen ha convocado a milicias civiles, presumiblemente por la falta de confianza en el ejército regular, donde se han experimentado deserciones y cambios de bando, y se han atrincherado los principales accesos, en previsión de un avance de la revuelta procedente de la mitad oriental del país, a la que ya se considera en manos de la oposición.

Entre las deserciones masivas que soporta el régimen, sobresalió ayer la de uno de los colaboradores más cercanos de Khaddafi, su primo y ministro de Justicia del gobierno libio, Ahmed Khaddhaf al Dam, quien se asiló en Egipto.

Oficialmente se admitió que han fallecido unas 300 personas desde que comenzaron las manifestaciones de protesta, hace diez días, aunque en la Corte Penal Internacional (CPI), en La Haya, se estimó que podría haber hasta 10.000 muertos.

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Trípoli se prepara para resistir una invasión desde el Este (23 02 11)

El gobierno de Khaddafi intenta recuperar las ciudades del Este

Un sector de las fuerzas armadas libias se habría sumado a la revuelta popular

El alzamiento popular que azota el cerrado régimen autocrático del coronel Muammar el Khaddafi en Libia parece avanzar hacia una insurrección cívico-militar, con epicentro en las ciudades del este del país.

Si bien toda comunicación periodística directa sigue negada, las filtraciones que los ciudadanos particulares alcanzan a enviar por medio de los teléfonos celulares, los mensajes de texto y los videos caseros, parecen indicar que a las columnas de manifestantes opositores que se habían concentrado en Bengasi, la segunda ciudad del país, se sumaron elementos militares, con los cuales la relación de fuerzas habría cambiado hacia el sector opositor.

Además de los coroneles huidos con sus aviones hasta Malta, el diario libio Quryna afirmó que varios pilotos se tiraron en paracaídas y dejaron estrellar sus aviones en el desierto, para no cumplir la orden de Khaddafi de bombardear Bengasi.

En medios de prensa europeos, inclusive, en la tarde de ayer se difundían videos que mostraban ciudades enteras “liberadas” del control gubernamental. En la plaza central de Tobruc, en la costa mediterránea del oriente libio, una multitud celebraba la victoria sobre los militares leales al gobierno, en un entorno de edificios incendiados y en medio de un clima revolucionario.

El alzamiento, inclusive, ha adoptado una nueva bandera: negra, roja y verde con la media luna y la estrella, la primera enseña de la Libia independiente, antes de que el coronel Khaddafi se apropiara, prácticamente de una manera personal, de todos los mecanismos del Estado.

En Trípoli, ante el supuesto quiebre en la lealtad de las fuerzas armadas, el gobierno convocaba ayer a milicias civiles fieles, y las desplegaba en las principales entradas a la ciudad. La estrategia parecía preparar a la capital para una eventual resistencia ante sectores de la revuelta que vengan desde la mitad oriental de Libia.

Los opositores, en cualquier caso, estarían en las cercanías de la ciudad, ya que anunciaron que en la víspera habían tomado Misrata, ubicada solamente a 200 kilómetros al este de Trípoli.

El paradero del líder libio se desconoce (se habría atrincherado en la base militar Bab al Asisiya), y los miembros de su familia que intentaron escapar hacia Malta y Líbano, no obtuvieron permiso de aterrizaje y debieron volver a Trípoli.

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Khaddafi, aislado (23 02 11)

Reacción mundial

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Después del discurso del martes, en el que Muammar al Khaddafi llamó a sus partidarios a “resistir hasta el fin”, se declaró dispuesto a “morir como un mártir”, y trascendieran noticias sobre supuestos bombardeos de la aviación militar sobre la población civil, la reacción de la sociedad internacional, hasta entonces tímida, se aceleró.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) censuró la reacción oficial, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ratificaba la postura de la Administración Obama contra el uso de la violencia en la represión.

El peruano Alan García rompió relaciones diplomáticas; y Merkel y Sarkozy pidieron sanciones económicas urgentes.

La Unión Europea (UE) suspendió los envíos de armas a Libia, pero hasta anoche, reunida en Bruselas, no había decidido imponer otras sanciones restrictivas.

El aislamiento internacional de Muammar el Khaddafi se acentúa al máximo.

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Un discurso “a lo Mubarak” desde Trípoli (22 02 11)

Khaddafi anuncia su continuidad y llama a defender la revolución

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La ONU espera que miles de refugiados huyan por las fronteras.

Alemania amenaza con sanciones. Se reúne de emergencia el Consejo de Seguridad.

El barril de crudo Brent alcanza los 108 dólares y sigue en alza.

La Federación Mundial de Derechos Humanos cifra entre 300 y 400 las víctimas fatales.

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Los disturbios que sacuden a Libia en las últimas semanas tuvieron en la víspera un punto de inflexión, con el discurso televisado del líder del régimen, Muammar el Khaddafi.

Al día siguiente que la oposición en el exilio denunciara que el gobierno había bombardeado barrios enteros de las principales ciudades, incluida la capital, Khaddafi apareció en el balcón de las ruinas de la que fuera su residencia oficial en Trípoli, un edificio que sufrió el ataque de la aviación norteamericana en 1986, y que no se ha refaccionado para preservarlo como “memoria de la agresión extranjera”.

Durante más de una hora, en la que leyó largos trozos del código penal vigente, el dirigente descartó abandonar el gobierno, y fustigó a quienes protestan contra él, amenazándolos con la aplicación de la pena de muerte por traición, tal como establecen las leyes.

Khaddafi afirmó que no piensa moverse de Trípoli, desde donde resistirá y, si es preciso, morirá “como un mártir”. A renglón seguido, el mandatario exhortó a los jóvenes a seguir su ejemplo y a salir a la calle a defender este régimen sin preocuparse por sus vidas, “la revolución significa el sacrificio continuo hasta el final”, afirmó.

En su interpretación, las protestas en demanda de mayor apertura política que desde hace una semana toman cuerpo en Libia, el país más hermético y aislado internacionalmente de todo el norte de África, responden a intereses espurios, como el de favorecer la instalación de un régimen islámico que justificaría, a la postre, una intervención militar norteamericana; al tiempo que no ahorró calificativos para quienes salen a la calle a protestar, a los que llamó “ratas”, “bandidos”, “alucinados” y “terroristas”, insistiendo en que con ellos no habrá indulgencia y serán sometidos a la pena capital.

También hizo un lugar en su mensaje para referirse a los medios de comunicación. Toda la prensa extranjera está prohibida en Libia, y los servicios de Internet cortados desde el viernes pasado.

Sólo funciona, de una manera irregular, la cobertura de teléfonos celulares y desde ellos, miembros de la sociedad civil envían mensajes de texto, fotos y pequeños videos, que son retransmitidos por la agencia qatarí de noticias Al Jazeera.

Esta cadena parecía estar en la mente del dirigente libio al condenar a los “medios de comunicación retrógrados y traidores” que tergiversan los hechos de la movilización en las calles.

Aunque Muammar el Khaddafi lleva 42 años al frente del poder en Libia, desde que siendo un joven capitán de 29 años participara en el derrocamiento del rey Idris e instalara la Gran República Jamahiriya, en el discurso de ayer prometió a los jóvenes que transformará el país: prensa libre, Internet y acceso a las redes sociales, y promoverá la redacción de una Constitución para el Estado.

Desde su creación, toda la mecánica institucional del país pasa por un equilibrio de pactos tribales supervisado vertical y personalmente por Khaddafi. A partir de mañana “crearemos una nueva ‘Jamahiriya’”, les prometió al final de su discurso.

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Khaddafi, bombardero (21 02 11)

Khaddafi bombardea la protesta y causa una matanza en Libia

Estupor y condena mundial por la desmesurada reacción de la dictadura libia

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Demostrando que sus palabras tienen la fuerza de la ley absoluta, Muhammar el Khaddafi hizo realidad sus advertencias a quienes osaran desafiar su autoridad con demandas de apertura, y envió ayer a sofocar las protestas a la aviación militar, que bombardeó las movilizaciones y aplastó a sangre y fuego el incipiente brote rebelde.

Mientras otros regímenes de Medio Oriente balancean con cuidado la represión policial, respondiendo a una presión internacional cada vez más contundente, el gobierno libio ha decidido aislarse aún más, y acallar la revuelta con una fuerza inédita.

En tanto que nuevas manifestaciones comenzaban a organizarse en Argelia, Marrueco, Yemen e Irán, el rey de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa, ha seguido las recomendaciones del príncipe heredero, Salman ben Hamad, y ha ordenado la liberación de los prisioneros chiítas encarcelados en las últimas jornadas, y postergará los juicios contra ellos.

Pero el tiempo que el monarca bahreiní accedía con estas decisiones a las exigencias de la oposición interna, y a las presiones de la secretaría de Estado norteamericana, el régimen de Trípoli aumentaba la represión hasta extremos difíciles de explicar.

Dada la cerrazón informativa imperante en Libia, era imposible precisar el número de víctimas de los bombardeos de la aviación, pero la ONG Human Rigths Watch difundía un cálculo de más de tres centenares de muertos hasta anoche.

La violencia oficial ha generado grietas en el propio entramado de poder del régimen, al tiempo que se asegura que 9 ciudades del este libio (incluyendo Bengasi) se encuentran en manos de los alzados.

El ministro de Justicia de Khaddafi, Mustafah Abul Jalil, anunció su renuncia al cargo, en desacuerdo con la represión de los manifestantes; dos aviones cazas libios aterrizaron en la isla de Malta, y sus pilotos, coroneles del ejército, pidieron asilo político aduciendo que habían recibido órdenes de disparar a las multitudes, y huyeron para no obedecerla.

El personal diplomático de Libia en las Naciones Unidas (ONU) comunicó que dejaba de obedecer al dictador de Trípoli, y lo instó a renunciar.

Otras informaciones reseñaban que varios grupos de oficiales del ejército se alineaban con los manifestantes, y llamaban a los soldados a que “se unan a la gente”, según la cadena qatarí Al Jazeera.

Como ya pudo constatarse en otros escenarios del alzado mundo árabe, la violenta represión ha exacerbado el tono de los reclamos de los manifestantes, y si durante el “dia de la ira”, el viernes de la semana pasada, se coreaban consignas pidiendo mayor apertura y libertades civiles, las columnas de ayer ya pedían “derrocar a Khaddafi”; un alzamiento completamente fuera de los cálculos políticos hasta hace sólo un par de semanas.

Encabezando la censura mundial, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, reclamaba anoche el cese del baño de sangre en Libia.

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Khaddafi hunde la protesta en un baño de sangre (21 02 11)

La revuelta incendia el mundo árabe

Libia sofoca la rebelión popular en un baño de sangre, preocupación mundial

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El alzamiento que recorre Medio Oriente, ya de una manera imparable, está siendo contestado con violencia, aunque en forma diferente según la incidencia que la presión internacional pueda ejercer.

En Bahrein, un muy estrecho aliado de la Administración norteamericana, la postura de Barack Obama solicitando a la dinastía sunnita de los Al Khalifa que contuviese la represión, hizo que el ejército se retirara de la céntrica plaza de la Perla, en Manama.

El cambio de la táctica represiva, que había provocado 6 muertos, provocó que la plaza (rebautizada “de los Mártires” por los movilizados) volviera a ser ocupada por miles de manifestantes.

Al mismo tiempo, los entierros de las víctimas aumentaron el tenor de los reclamos, que han pasado de reformistas de mayor apertura, a consignas por el cambio total del régimen político.

La oposición bahreiní anunció ayer que, con reservas, acepta el llamado al diálogo formulado por el príncipe heredero, jeque Salman ben Hamad Al Khalifa, pero es posible que a estas alturas sea un gesto tardío.

En Libia, por el contrario, donde la presión de la comunidad internacional y de las principales potencias es mucho más relativo (de hecho, el régimen autocrático del coronel Muhammar el Khaddafi es uno de los más cerrados e impenetrables de todo el Magreb), la marcha convocada el viernes de la semana pasada, el “día de la ira”, fue disuelta sin piedad por las fuerzas antidisturbios, tanto en la capital, Trípoli, como en las ciudades del este libio, Bengasi (la segunda ciudad del país, en un virtual estado de caos), Misurata y Al Bayda; la emisora qatarí Al Jazeera habla de “guerra civil”.

El régimen de Khaddafi no permite la presencia de prensa extranjera en el país, y el viernes suspendió el servicio de Internet, por lo que el reporte de las movilizaciones y la cantidad de víctimas no ha podido precisarse.

Los grupos de oposición en el exilio en Londres y en Ginebra, en todo caso, aseguran que los muertos por la represión suman 208 personas, y más de 1.000 los heridos.

El recuento, que detalla también que frente a cierta confraternidad entre la policía y los manifestantes el régimen sacó al Ejército y comenzó a disparar con ametralladoras y morteros, fue difundido por la web Liby al Youm.

En el mismo lugar se da cuenta que algunas ciudades del interior fueron tomados por las columnas de protesta, y durante horas permanecieron “liberadas” del control del Estado; así como algunas emisoras de radio.

La televisión oficial libia, Jana, ha ignorado todas las protestas, y en su lugar sólo ha emitido unas imágenes del coronel Khaddafi junto a fieles del gobierno, que lo vitoreaban en la Plaza Verde de Trípoli; la única mención en los medios oficiales a las protestas denuncia la actuación de “conspiradores extranjeros”, haciendo referencia a los servicios secretos israelíes.

Como podía preverse, dado el hermetismo y el puño de hierro con que Khaddafi maneja Libia desde hace 42 años, la respuesta de su gobierno ha sido la más letal de los numerosos levantamientos que sacuden el mundo árabe.

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Irán: Vuelve la oposición (21 02 11)

Irán: vuelve la oposición

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Al calor de la ola generalizada de inestabilidad en que se ha alzado todo el Medio Oriente, el gobierno populista iraní de Mahmmoud Ahmadinejad ha visto durante este fin de semana la reaparición de las movilizaciones opositoras.

Las manifestaciones, con el crucial protagonismo de jóvenes y de mujeres, y claramente inspiradas en los levantamientos de Túnez y Egipto, han vuelto a salir a la calle 14 meses después que la represión gubernamental acallara las protestas por las irregularidades en la reelección de Ahmadinejad.

El régimen de los ayatollahs, que en un primer momento saludó con entusiasmo la revuelta tunecina y egipcia, interpretando que era la continuación de la revolución islámica iraní de 1979, tuvo que salir a reprimir a su propia gente.

La prensa internacional continúa prohibida, pero según la agencia oficial Fars, el fin de semana arrojó el saldo de un muerto y docenas de heridos.

Y se han convocado nuevas concentraciones en reclamo de mayor libertad y apertura en Teherán, con el respaldo de Washington.

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