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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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El ejército sirio sigue un camino de aniquilación

Tercer día de bombardeos al puerto de Latakia. Progresivo aislamiento mundial

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Fuera ya de toda cordura, y quedándose más solo cada día, el régimen autocrático comandado por el presidente Bachar al Assad sigue adelante con la estrategia de reprimir a sangre y fuego cualquier manifestación opositora.

A pesar de la condena de los organismos multilaterales, la carta de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con acuerdo de Rusia y de China, las sanciones aplicadas por el gobierno norteamericano y por la Unión Europa, e inclusive las advertencias de gobiernos islámicos –como Arabia Saudita-, el régimen de los Al Assad persiste en enviar a los tanques y a la infantería a disparar contra la población civil, que se encuentra cautiva del gobierno en su propio país.

A los ejércitos de tierra, esta semana el presidente sirio sumó la Armada de Guerra, que bombardeaba ayer, por tercer día consecutivo, a la ciudad de Latakia, el principal puerto del país.

La ciudad, que además de ser la puerta marítima para las exportaciones e importaciones sirias es un importante enclave de la comunidad sunnita, ha experimentado un creciente malestar opositor al gobierno, a tono con el estado de ánimo que vive Siria desde que llegaran las expresiones aperturistas y democratizantes de la “primavera árabe”, especialmente desde el Norte de África.

El gran barrio sunnita de Latakia, Al Raml, alberga también un multitudinario campo de refugiados palestinos, y vivía anoche una tensa expectativa ante la posibilidad de una entrada militar represiva de las tropas gubernamentales.

La cabeza del clan familiar de los Al Assad y jefe del Ejecutivo sirio, en su postura de negar la realidad, dijo desconocer cualquier actividad anormal en el puerto de Latakia.

Pero videos enviados por telefonía celular y por las redes de internet mostraban una ciudad sitiada y bombardeada por mar; mientras que testimonios de pobladores narraban que los soldados habían ingresado al campo de refugiados y utilizaban escudos humanos para disparar sobre los manifestantes.

En una actitud que ya inclusive hace preguntarse por su equilibrio mental, el presidente recibió ayer al embajador del Líbano, Adnar Mansur, y le aseguró que el país “está en paz”, y que los “episodios aislados” de detener a los “bandidos y salteadores de caminos” era una obligación de las autoridades y de la policía.

Arabia Saudita, por el contrario, junto con los también Estados musulmanes de Bahreim y Kwait, retiraron a sus embajadores de Siria, sumándose a la presión internacional para que el régimen acabe con la matanza de civiles. El rey Abdullah envió una protesta formal a Damasco, exigiendo “que se detenga el derramamiento de sangre” y “acciones sabias antes de que sea demasiado tarde.”

Bachar al Assad, cuya familia pertenece a una facción minoritaria de la confesión chiíta del Islam, ha hecho caso omiso de la protesta de la primera potencia regional, como antes con la ONU y las sanciones de estadounidenses y europeos.

Junto a los buques que bombardean Latakia, los tanques se dirigían ayer a la región de Homs, en el centro del país, después de haber hostigado con fuego de artillería a la población de Deir al Zor, en el borde oriental. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos lleva contabilizadas 1.800 víctimas mortales en los cinco meses de los alzamientos; los desaparecidos suman más de 3.000 personas.

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Matanza en Hara, condena de la ONU (05 08 11)

La matanza de civiles en Siria provoca un drama humanitario

Las Naciones Unidas condenan la represión gubernamental en la ciudad de Hama

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DAMASCO.- El régimen autocrático sirio del presidente Bachar al Assad decidió dar la espalda al unánime reclamo de la comunidad internacional, en el sentido de que abriera los espacios de diálogos con la oposición que él mismo viene prometiendo desde hace semanas, y envió una columna de tanques del ejército a reprimir las movilizaciones populares en la ciudad de Hama.

La llegada de los cuerpos militares, con tanques artillados y con nidos de ametralladoras, se apostaron en las principales arterias de esta ciudad de 80.000 habitantes y en la jornada de ayer abrieron fuego contra la población civil, provocando un número aun indeterminado de muertes, aunque estiman que superarían las 300.

El ataque ha provocado una desbandada de ciudadanos, que intentan huir de cualquier manera de la ciudad, aunque el mismo ejército ha sellado las carreteras, manteniéndola sitiada –sin ningún tipo de servicios básicos- desde hace cinco días.

Los medios de la prensa internacional no han sido autorizados a acercarse a Hama, y la prensa local, completamente adicta al clan Assad, ni menciona el caso; pero los testimonios de quienes han logrado sortear los retenes, o enviar mensaje por teléfonos satelitales (ya que tampoco hay líneas de teléfonos ni Internet), ofrecen una imagen dantesca de la ciudad, a oscuras y donde escasean víveres y agua.

En la víspera, además, se informó que soldados sin uniforme disparaban al azar en las calles; las familias han comenzado a enterrar a sus muertos en las casas particulares, porque nadie se atreve a salir ni siquiera para llevar los cadáveres hasta el cementerio.

La violenta reacción gubernamental se desencadenó tras la visita a Hama de los embajadores francés y norteamericano, que llegaron para interiorizarse del estado de los movilizados, que ya habían sido reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Esta acción fue interpretada por el régimen de Damasco como una provocación, y el gobierno permitió que grupos violentos afines atacaran y saquearan las legaciones diplomáticas de ambos países.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, afirmó tras ese ataque que la situación en Siria se había descontrolado, y que el presidente Bachar al Assad “ha perdido toda legitimidad para permanecer en el cargo”.

Tras sus declaraciones, la Unión Europea elevó el nivel de sanciones bilaterales, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas presentó ayer una carta de censura, condenando la represión en Hama y pidiendo a Al Assad el fin del sitio sobre la ciudad, que está empujando la situación humanitaria a un nivel de desastre.

Se suman Rusia y China

Las estrategias de presión ensayadas hasta ahora por los organismos multilaterales sobre el gobierno del clan Al Assad en Siria habían tenido la oposición sistemática de Rusia y de China. Sin embargo, la sangrienta represión de Hama llevó a un cambio en las posturas internacionales de ambas potencias, que disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Así, el Consejo emitió ayer una declaración de condena de la represión y un nuevo llamado a que el gobierno de Damasco habilite canales de diálogo con la oposición.

El presidente Bachar al Assad respondió con un nuevo decreto, por el cual permite la existencia de partidos políticos, quebrando la exclusividad del Baas gubernamental.

Pero el presidente ruso Dmitri Medvédev sostuvo que no hay lugar ya para maniobras dilatorias, y aumentó la presión mundial al advertir a los Assad que se enfrentarán a un “triste futuro” si no emprenden reformas de fondo en el régimen, “instauran la paz y dan paso a un Estado moderno”.

El cambio de postura de rusos y chinos habilita una profundización de la intervención internacional en el conflicto sirio.

 

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Otra guerra civil en Oriente próximo: Yemen (02 06 11)

La violencia tribal empuja a Yemen hacia la guerra civil

Tribus opositoras a Saleh ocupan edificios. Huída masiva de la capital

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SANAA.- Finalmente, la intransigencia del presidente yemení Alí Abdullah Saleh ha terminado por empujar al país a una violenta guerra civil, con crecientes bajas entre la población desarmada –en la última semana el número de muertos trepó hasta las 115 víctimas confirmadas- y un horizonte político de caos y anarquía.

Saleh, un antiguo aliado de los Estados Unidos en Medio Oriente, rechazó los tres intentos de mediación que las potencias occidentales, con el apoyo del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG), realizaron para habilitar una salida pacífica a la crisis que lleva varios meses.

El mandatario se niega de plano a abandonar el poder, que viene ejerciendo desde hace más de tres décadas, y utiliza la amenaza del extremismo islámico fundamentalista para mantener un régimen cerrado, autocrático y de libertades sociales y políticas restringidas.

Sin embargo, el sistema tribal que conforma el auténtico entramado social yemení, y con cuyo soporte Saleh ha conseguido mantenerse al frente del gobierno durante todos estos años, ha terminado quitando su apoyo al presidente.

Una de las confederaciones tribales numéricamente más importantes, los  Hashed, liderada por Sadeq al Ahmar, ha terminado por plantear un enfrentamiento abierto al mandatario, y al hacer frente a los grupos paramilitares armados desde el gobierno, han instalado en la capital un escenario de guerra civil.

Los combates entre ambos sectores se han intensificado en las últimas horas, al avanzar las movilizaciones tribales ocupando edificios públicos, algunos de los cuales han saqueado e incendiado.

Los efectivos militares y policiales que permanecen leales a Ali Abdullah Saleh, junto a las cuadrillas paramilitares de partidarios armados, también han tenido que enfrentarse a manifestantes islamistas, que han irrumpido como un nuevo actor de peso en el conflicto.

Según un informe oficial, el ejército yemení resistió un ataque en Zinjibar, junto al golfo de Adén, y mató a 44 guerrilleros, a quienes considera parte de la red de Al Qaeda en el país árabe.

El cruce de todas estas fuerzas causó 19 muertes ayer en Sanáa, que se sumaron a las 40 víctimas de las luchas del día anterior, mientras miles de personas huían de la capital y de los principales focos de lucha.

Siria: crímenes y torturas

DAMASCO.- El gesto ensayado por el régimen sirio del presidente Bachar el Assad esta semana, de declarar una amnistía general para los implicados en el alzamiento popular que ha puesto en crisis a su gobierno, ha terminado mostrándose inútil y tardío.

Las movilizaciones en contra del régimen no han disminuido, como tampoco la metodología del gobierno de El Assad de hacerles frente mediante una feroz represión.

En la víspera, las tropas regulares mataron a otros 33 civiles en bombardeos a enclaves urbanos donde la oposición se muestra más virulenta.

Según trascendidos de los activistas que logran enviar información hacia el extranjero, otras 25 personas fueron baleadas por el ejército en Rastan.

Los opositores denuncian, además, torturas y ejecuciones sumarias, especialmente contra los más jóvenes.

En las diez semanas que dura la protesta contra el régimen de los Al Assad, los organismos de derechos humanos ya han contabilizado 1.100 víctimas civiles.

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La primavera árabe, el otoño israelí (17 05 11)

Duelo y condena en Palestina por la represión en la “nakba”

La ONU condena la acción del ejército israelí por “desproporcionada y mortal”

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RAMALLAH; NUEVA YORK.- El baño de sangre desencadenado el último domingo por las tropas del Ejército judío, al provocar al menos 21 muertes al disparar contra los manifestantes palestinos que recordaban el 63 aniversario de la expulsión de la población árabe por la creación del Estado de Israel, ha levantado una serie de censuras a nivel mundial.

La primera condena surgió de la Autoridad Nacional Palestina. El jefe del Ejecutivo, Mahmmoud Abbas, decretó ayer tres días de duelo por los manifestantes muertos a tiros en las fronteras, y en los disturbios reprimidos con mano dura en Cisjordania y Gaza. “Su sangre no será derramada en vano, porque se derramó por la libertad y los derechos de nuestro pueblo”, señaló Abbas.

Junto a numerosas declaraciones diplomáticas en el mismo sentido, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban ki Moon, condenó la medida militar y afirmó estar “preocupado” por la violencia con que se ha reprimido las movilizaciones. “Estoy estupefacto por el número de muertes y el uso de la desproporcionada y mortal fuerza ejercida por el ejército israelí contra los manifestantes desarmados”, expresó el diplomático norteamericano Michael Williams, coordinador especial de la ONU para el Líbano.

Desde Washington, sin embargo, se relativizó la mayoritaria condena internacional, al sostener que la Casa Blanca “lamentaba” la pérdida de vidas humanas pero al mismo tiempo subrayaba que Israel –el principal aliado estratégico de los Estados Unidos en todo Medio Oriente- tenía “el derecho a proteger sus fronteras”, y adjudicó a Siria el alentar las protestas para desviar la atención de su crisis interna.

La matanza se produjo al día siguiente en que el presidente estadounidense había manifestado su “total compromiso” con las movilizaciones populares en los países árabes, aunque nuevamente los palestinos serán una excepción en la política exterior norteamericana.

Al parecer, el ejército judío fue tomado por sorpresa en el borde norte. La alarma saltó cuando manifestantes palestinos, que coreaban consignas contra la expulsión de la población árabe tras la creación del Estado de Israel, que obligó a más de 750.000 palestinos a dejar sus hogares y salir hacia la diáspora (la “nakba”), ingresaron a los Altos del Golán. Esta porción de territorio pertenece a Siria, pero el Estado judío la ocupa de facto desde 1967. “No podíamos tolerar una invasión al Golán”, manifestó el domingo el vocero del Ejército, y se dio la orden de disparar.

Tras un nuevo fracaso de las conversaciones de paz y la renuncia del enviado especial del presidente Obama, George Mitchel, la Autoridad Palestina planea convocar una votación en la ONU para reconocer un Estado Palestino.

Las posibilidades de que la iniciativa prospere en la Asamblea General son altas, aunque el gobierno de Benjamín Natanyahu ya adelantó que apelará al Consejo de Seguridad –y al veto de los Estados Unidos dentro de él- para que la medida no se haga efectiva.

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Nakba sangrienta en Palestina (16 05 11)

 Represión en Palestina en el aniversario de la expulsión

Al menos 16 muertos a manos de soldados israelíes al reprimir las movilizaciones    

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RAMALLAH, EL CAIRO.- En un entorno regional de efervescencia política que los analistas ya denominan “primavera árabe”, las protestas en recuerdo de la “nakba” palestina han terminado teñidas de sangre.

Hace 63 años, al crearse el Estado de Israel, la imposición de las fronteras y la capacidad de las fuerzas militares sionistas obligaron a la reubicación de la población árabe en campamentos de refugiados, en un doloroso exilio que dura hasta hoy.

Los palestinos, una semana después que los israelíes celebran el aniversario de creación del país, conmemoran el día de la “Catástrofe” (nakba, en árabe).

Con el entorno de levantamientos en todo Medio Oriente, el ejecutivo de Benjamín Netanyahu desplegó 10.000 soldados para impedir que las manifestaciones derivaran en una pueblada.

Sin embargo, la orden de reprimir terminó convirtiendo la jornada en una matanza.

Durante la mañana de ayer, la entrada de palestinos por la frontera con Siria, provocó la alarma de las tropas israelíes, que ocupan el Golán desde 1967. Los soldados dispararon contra los que cruzaban la frontera, y también contra quienes traspasaban las demarcaciones israelíes en la Franja de Gaza y desde el Líbano.

La situación de Israel, rodeado de vecinos hostiles y sin el apoyo del régimen del ex presidente Hosni Mubarak en la frontera con Egipto, ha dado mayor espacio al ala dura dentro del gobierno de Netanyahu. El predominio de los “halcones” explica la fuerza de la represión, que hasta la tarde de ayer sumaba 16 víctimas fatales y más de 200 heridos.

Además de la represión interna, según la agencia noticiosa Al Arabiya, en los Altos del Golán los soldados dispararon indiscriminadamente, inclusive hacia el interior del territorio sirio, en las cercanías de la localidad drusa de Majdal Shams. El vocero del Ejército judío, coronel Yoav Mordechai, afirmó que Israel considera “muy grave” el intento de “incursión” palestina por el Golán, y sostuvo que se trató de una “provocación iraní” que aprovechó las protestas de la “nakba”.

En Tel Aviv, el premier Netanyahu ratificó que está “dispuesto a proteger sus fronteras” y “resistir cualquier intento” de atacarlas.

Por otra parte, hoy se reunirán en El Cairo los dos partidos palestinos mayoritarios, Al Fatah –que gobierno en Cisjordania- y los islamistas de Hamás –que controlan la Franja de Gaza- para intentar poner fin a cuatro años de divisiones internas y negociar una administración de unidad de los territorios palestinos.

Es probable que la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se reunirá en Nueva York en septiembre, respalde la creación de un Estado Palestino; aunque ya Israel ha anunciado que, de darse, apelará al Consejo de Seguridad –donde Estados Unidos tiene poder de veto- para que impida su ejecución.

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Siria, temas de familia (13 05 11)

Siria, temas de familia

Por Nelson Gustavo Specchia

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Hace apenas un par de semanas, en este mismo espacio, nos preguntábamos si las llamas que desde comienzo de año vienen incendiando el mundo árabe, llegarían a alterar el cerrado orden impuesto sobre la República Árabe Siria (“¿Prenderá en Damasco la mecha siria?”, HDC 01/04/11). La sucesión de alzamientos, movilizaciones callejeras y protestas desde entonces, y las idas y vueltas ensayadas por el gobierno del presidente Bachar el Assad sobre las maneras de enfrentar estas demandas, han respondido de múltiples maneras –pero todas ellas afirmativas- a aquella pregunta que nos hacíamos a principios de abril.

Siguiendo un molde que ya es común a los regímenes autocráticos, que depositan en la fuerza de la represión popular la posibilidad más inmediata de continuidad en el poder, el gobierno de Damasco prometió reformas y aperturas, pero en realidad sacó a la calle a sus cuerpos policiales de la Guardia Republicana, y a los tanques del ejército. Ahogar a fuego abierto la movilización popular ha sido finalmente la línea adoptada por la clase política, y las ciudades –especialmente en el sur del país- han visto una y otra vez cómo las movilizaciones de civiles desarmados eran disueltas a tiros, ensangrentando las calles.

Pero para mantener en el tiempo una metodología represiva dura, se requiere que al frente de la máxima instancia decisoria no haya ningún temblor de pulso. Y Bachar el Assad, el médico oftalmólogo que llegó a presidir el gobierno de ese Estado multireligioso y complejo sin quererlo y por las vueltas y recovecos de la vida, parece no tener el suficiente temple para las decisiones que el cargo le está exigiendo en estos momentos.

EL CLUB DEL CLAN

Bachar no es su padre, ni tiene el firme pulso represivo de aquel; esa parece haber sido siempre la sospecha de su familia. El fundador de la dinastía, Hafez el Assad, se hizo con el poder en Siria apenas los últimos soldados franceses abandonaron el territorio de la vieja posesión colonial. Francia se terminó de retirar en 1944, y su ocaso en la punta oriental del Mediterráneo coincidió con el surgimiento fuerte del Partido del Renacimiento Árabe Socialista, más conocido en todo el arco de Medio Oriente como el Baas. Hafez entendió que el Baas podría ser la herramienta política para gobernar un país mayoritariamente de confesión sunnita, a pesar de pertenecer él a la minoría (menos del 10 por ciento de la población) chiíta; inclusive a una confesión muy pequeña dentro del propio chiísmo: los alauítas.

Hafez terminó de armar la ecuación cuando se hizo cargo del ministerio del Ejército. Sumó entonces la filosofía nacionalista-panarabista del Baas, la concentración del poder heredado de la potencia colonial francesa en la secta alauí, y las tropas militares: en 1970 encabezó un golpe de Estado, y estableció a su familia como titular dinástica del gobierno sirio. La herramienta de control diseñada por Hafez, sobre la mayoría sunnita o sobre cualquier otro conato de rebeldía popular, fue el tristemente célebre “estado de excepción” –que permitía las detenciones arbitrarias, los encarcelamientos sin juicio, e inclusive las ejecuciones sumarias-, y que su hijo y heredero Bachar acaba de disolver el 19 de abril, presionado por las movilizaciones populares que comenzaron con la inmolación del joven Hasan Ali Akleh, el 26 de enero de este año, en la localidad de Al Hasakah.

El patriarca nunca hubiera derogado el “estado de excepción”, que se mantenía vigente desde 1963, porque sabía que sin ese instrumento de control discrecional sobre la población, mantenerse en el poder se complicaría. Decimos que para aplicar la mecánica represiva sin contemplaciones se requiere de moral fría y mano firme, y Hafez lo demostró de manera palmaria en 1982, cuando los sunnitas, dirigidos por los Hermanos Musulmanes, comenzaron una serie de movilizaciones en Hama peticionando mayor participación en el gobierno: El presidente mandó a su hermano, Rifaad, al mando de la Guardia Republicana, y la represión acabó con 20.000 muertos desparramados por las calles de Hama. Por eso Hafez preparó a su hijo mayor, Basil, para sucederlo. Basil tenía la personalidad necesaria, junto a la confianza del resto del clan. Pero los recovecos de la vida se cruzaron, y el primogénito se mató en una curva tomada a demasiada velocidad. Y el oculista alto y de ojos celestes, que hace chistes malos con los que sólo él se ríe, tuvo que hacerse cargo del poder Ejecutivo en julio de 2000, tras la muerte de su padre.

CERCO FAMILIAR

Si el clan de los Assad y sus parientes alauítas sabían que Bachar no tenía la disposición de ánimo suficiente para enfrentar coyunturas problemáticas, más se alarmaron cuando el nuevo presidente comenzó a prometer cambios democratizadores y una tibia apertura hacia los partidos políticos opositores. A nivel regional, cierto reblandecimiento en el apoyo al Hezbollah libanés y a Hamás en Palestina, y la entente militar con Israel (que sigue ocupando los Altos del Golán), también sumaron preocupación a la clase gobernante. Por precaución, colocaron a ambos costados de Bachar a dos hombres fuertes: a su hermano menor, Mahir, cuyo carácter violento e inclusive cruel es de dominio público, al comando de la temible Guardia Republicana; y a su cuñado, Asef Shawqat (casado con Bushra el Assad, la hermana mayor del presidente) como jefe efectivo del Ejército y de los servicios secretos de inteligencia, la muhabarat. Pero hasta este año no había aflorado ninguna crisis política ni social suficientemente grande como para poner en riesgo la continuidad del clan Assad y de la aristocracia alauíta en el centro del poder sirio.

Sin embargo, las movilizaciones que comenzaron el 20 de marzo, cuando una multitud prendió fuego a la sede del partido Baas y a los tribunales en Deraa, no han hecho otra cosa que crecer en intensidad y en número desde entonces. Y el clan familiar parece haber decidido esta semana que la actitud dubitativa del pariente oculista no puede ser la causa de perder ni la más pequeña porción de poder dentro del Estado. Los movimientos internos que han comenzado a hacerse notorios en la cúpula están dirigidos a asegurar la continuidad de la mano dura contra los intentos populares de democratizar las estructuras representativas y transparentar la vida política.

Por primera vez desde el establecimiento de la dinastía, las revueltas populares han llevado a que la posibilidad de la caída del régimen sea una alternativa cierta. Para enfrentarla, el clan de los Assad está asumiendo poderes extraordinarios, aislando la figura de Bachar y convirtiendo la presidencia en un asunto familiar. La última vez que Bachar fue visto en público fue el pasado 30 de marzo, cuando pronunció el discurso frente al Parlamento en el que aseguró que aboliría el “estado de excepción”. Desde entonces ha desaparecido de la faz pública, mientras sus parientes más cercanos (el hermano Mahir, el cuñado Asef Shawqat, y el primo materno Rami Makhlouf) ocupan a diario los titulares de la prensa y encarnan la defensa del régimen.

Algunos tabloides británicos llegaron inclusive a afirmar esta semana que la esposa y los hijos del mandatario ya habrían huido de Damasco, y estarían en el Reino Unido, donde disponen de unas lujosas residencias, tanto en Londres como en la campiña. La noticia no pudo ser confirmada, dada la cerrazón periodística que se ha establecido en toda Siria, pero la versión viene a ratificar el cambio de ciclo en el complejo país: Los tiempos de tibias promesas de reforma de Bachar han terminado, y los “aulad al sultah”, los cachorros del poder, han decidido hacerle la guerra al alzamiento popular.

Las espadas están alzadas, y un nuevo frente de conflicto extendido golpea el mundo árabe.

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[publicado en el diario Hoy Día Córdoba, viernes 13 de mayo, 2011]

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Bachar saca los tanques (25 04 11)

El régimen sirio agudiza la fuerza represiva al sentirse acorralado

Barack Obama condenó la represión y congelaría cuentas de la clase dirigente siria 

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DAMASCO.- Las idas y vueltas del presidente sirio, Bachar el Assad, han terminado por decantarse hacia un aumento en la capacidad represiva de las fuerzas de seguridad del régimen contra la espiral creciente de movilizaciones demandando mayor libertad y democratización política.

La protesta popular que se inició el 18 de marzo pasado, tanto en la capital como en las principales ciudades del sur del país, tuvo una respuesta dura del gobierno en un primer momento, y el presidente se dirigió al Parlamento (una instancia colegiada nombrada por el Poder Ejecutivo, con nula capacidad representativa) y manifestó que no toleraría “desmanes” públicos, los que adjudicó a la “injerencia terrorista externa”.

Pero luego la cúpula gobernante que rodea a El Assad pareció cambiar de estrategia y conceder algunos puntos de las demandas populares, en un camino negociador. Así, el jueves pasado se procedió a derogar el “estado de emergencia” que llevaba vigente casi medio siglo, y que había sido la principal herramienta de la dictadura para sostenerse en el gobierno.

También se disolvió el tribunal especial encargado de juzgar a los presos políticos.

A pesar de estas medidas medianamente renovadoras, las movilizaciones no cesaron, por el contrario, parecieron aumentar en número y en el tenor de los reclamos, que ya apuntan directamente al recambio del régimen autocrático dominado por la familia Assad y sus parientes religiosos, la secta alauí, una confesión chiíta muy minoritaria en un país de mayoría saudita.

Frente a ello, en un nuevo cambio en la orientación de las medidas para administrar la protesta, y que refleja el grado de aislamiento del régimen, Bachar el Assad ha vuelto a la mano dura y ha enviado a reprimir, inclusive con unidades artilladas, las movilizaciones populares.

En la víspera, columnas enteras de soldados sirios hicieron frente en Damasco y en Deraa a las marchas multitudinarias, abriendo fuego con balas de plomo, apoyados por tanques, requisas casa por casa, y francotiradores apostados en los techos.

Al menos 11 muertos cayeron en la refriega de disparos indiscriminados contra la población civil. Es muy posible que el número de víctimas haya sido mayor, pero ante la difusión de imágenes atroces de la represión, el régimen sirio ha prohibido a los medios internacionales y locales cubrir las protestas e ingresar en las ciudades más convulsas.

Grupos de derechos humanos estiman que más de 350 personas han muerto desde que llegó la revuelta árabe a Siria.

Bombardeo aliado sobre Trípoli

TRÍPOLI.- En una acción ofensiva que traduce sobre el escenario bélico libio las últimas posiciones de los jefes de gobierno involucrados en la intervención, aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) atacaron instalaciones del complejo edilicio donde asienta su gobierno el coronel Muhammar el Khaddafi, en el centro de la capital, Trípoli.

Las acciones de protección de civiles parecen quedar relegadas, y el objetivo de la caída del dictador surge como una prioridad.

El complejo Bab al Azizia, una de las sedes de las oficinas del dictador libio, fue parcialmente destruido por dos misiles aliados, mientras las tropas oficiales volvieron a cargar sobre Misrata.

Los rebeldes, por su parte, denunciaron ayer que Khaddafi planea un ataque a la ciudad oriental de Bengasi desde Egipto. La guerra, en definitiva, sigue empantanada.

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Hambre en Libia (20 04 11)

 La guerra en Libia se dirige  hacia una crisis humanitaria

 La ONU abre un corredor de asistencia y alimentos a la población civil

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TRÍPOLI.- Los estancados frentes en la guerra libia están empujando a una situación de crisis humanitaria, con miles de personas atrapadas entre dos fuegos, atacadas con prohibidas bombas de racimo po la dictadura de Muhammar el Khaddafi, pero también víctimas de los poco precisos embates de la Alianza Atlántica (OTAN).

Además de las muertes y los heridos sin posibilidad de asistencia, la situación se torna dramática por la falta de alimentos e inclusive de provisión de agua.

Al no poder recuperar la ciudad oriental de Ajdabiya del control rebelde, los hombres de Khaddafi se han concentrado en el sitio a la población occidental de Misrata. Como en la Edad Media, el régimen ha cercado la ciudad.

Mientras los sitiados comienzan a perecer de hambre tras siete semanas de cerco, las unidades artilladas continúan atacando con obuses y bombas-racimo: ayer murieron otras 15 personas. En Roma, el delegado del Consejo Nacional rebelde de Bengasi, Mustafá abd el Jalil, aseguró ayer junto al canciller italiano Franco Frattini que la guerra ya ha causado unas 10.000 y más de 50.000 heridos, además de las cerca de 3.000 personas que escapan a diario por los puestos fronterizos con Túnez y con Egipto.

Muchos de estos refugiados terminan embarcándose en frágiles pateras y se lanzan al Mediterráneo, con la esperanza de alcanzar las costas europeas.

La isla italiana de Lampedusa ya está desbordada de refugiados en condiciones de extrema gravedad, y el tema de la oleada migratoria procedente del norte de África ha disparado conflictos entre los países europeos, que comienzan a cerrar sus fronteras frente al aluvión de indocumentados.

Francia e Italia han reconocido que sus relaciones bilaterales se han visto afectadas, después que el gobierno francés impidiera la entrada de un tren italiano con refugiados tunecinos a bordo.

Las Naciones Unidas comunicaron ayer que habían logrado finalmente abrir un corredor humanitario en el oeste de Libia, para llevar asistencia alimentaria a los civiles en peores condiciones.

A través de este corredor, autorizado por Trípoli, el Programa Mundial de Alimentos ingresará un convoy de 8 camiones con 240 toneladas de harina de trigo y 9 toneladas de barras energéticas, para atender a unas 50.000 personas en riesgo de morir de hambre.

Siria intenta frenar la revolución

DAMASCO.- El régimen familiar y sectario que rige Siria, presidido por Bachar el Assad, ha debido finalmente acceder a derogar una de las principales herramientas de todo el sistema político desde 1963, año en que el Baas se convirtió en partido único y apuntaló la dictadura.

Tras las manifestaciones populares que han ido creciendo durante este mes, el gobierno anunció ayer  que levantaba el estado de sitio que ha durado casi medio siglo, así como el Tribunal de Seguridad, la temida instancia de enjuiciamiento de los presos políticos.

Sin embargo, es poco probable que estas medidas logren detener la escalada de protestas, que en definitiva persiguen un cambio en el sistema representativo y la renuncia de Bachar el Assad, por lo que es esperable que nuevos casos de represión violenta se sucedan en las próximas horas.

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