Archivo mensual: mayo 2007

La neblina política turca (16 05 07)

ublicado en “Hoy Día Córdoba”, (16 de mayo de 2007)

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LA NEBLINA POLITICA TURCA

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La posibilidad de coexistencia entre Islam y democracia acaba de sufrir un duro golpe, al impedir el ejército turco la elección de un presidente islamista moderado, Abdulá Gül. La política en Turquía queda así en un paréntesis indefinido, que tendrá coletazos en la seguridad de Occidente

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por Nelson Gustavo Specchia

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Catedrático “Jean Monnet” de la Universidad Católica de Córdoba.

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Conocí a Abdulá Gül en Bruselas en octubre de 2005. La medianoche de aquel 3 de octubre se vencían todos los plazos establecidos por la Unión Europea para aceptar la candidatura de Turquía, y comenzar las negociaciones para su adhesión. Algunos socios de la Unión (especialmente Austria, Alemania, y también Francia) se mostraban renuentes a iniciar el proceso negociador para incorporar a un país atípico en el espacio europeo, gigante geográfico y demográfico, con una parte considerable de su territorio en Asia, y con el 99% de su población musulmana. Estos planteos hacían peligrar el proceso de acercamiento turco a Europa, y fue la habilidad de Gül, Canciller y hombre de confianza del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, con el apoyo de la diplomacia británica, quién logró destrabar los últimos obstáculos y dar el paso –importante y largamente esperado- hacia Europa.

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La fuerte apuesta turca por la integración con Europa significa una opción por el sistema republicano, por una separación de poderes clara dentro del Estado, por los equilibrios democráticos, y por los valores de libertad, respeto y tolerancia del bagaje cultural que Europa representa. Pero la originalidad del planteo turco radica en el intento de compatibilizar esta occidentalización, con las características islámicas de su sociedad. En un momento histórico de radicalización del Islam político, Occidente debería evaluar con mucho cuidado este intento.

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El laicismo es una obligación en Turquía desde su fundación. Cuando Mustafá Kemal –Atatürk- crea el Estado moderno sobre las ruinas del imperio otomano, le asigna al ejército la custodia de ese laicismo, que alcanza a todos los ámbitos de la vida social y política, al punto, por ejemplo, que las mujeres no pueden cubrirse la cabeza con el pañuelo en las escuelas, la universidad, o las oficinas públicas. Pero esta imposición forzosa, tras casi medio siglo de vida política, con dosis altas de autoritarismo y de status quo de la oligarquía atatürkista, comienza a agrietarse: las costumbres y las creencias de las grandes mayorías turcas, especialmente del otro lado del Bósforo, incorporan el elemento religioso en la vida cotidiana. El éxito electoral de la dupla Erdogan-Gül (cuyas esposas sí se cubren con el pañuelo, aunque de las casas Dior, Balenciaga, y Hermés de Paris) radica precisamente en proponer un talante europeísta y modernizador desde un islamismo moderado. Desde aquella noche de octubre de 2005 estoy convencido de que Gül y la mayoría parlamentaria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) pueden ser los aliados estratégicos que Europa –y Occidente- necesitan, para habilitar una necesaria nueva etapa internacional de diálogo y coexistencia con el Islam político.

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El partido AKP ha venido creciendo en las sucesivas elecciones, desde su acceso al poder en 2002, hasta llegar a una mayoría de 353 diputados sobre un total de 550 del Parlamento. En este mes de mayo estaba planteada la renovación de mandato (siete años) del Presidente de la República. El AKP anunció la candidatura del primer ministro Erdogan, el gobernante más votado de la historia reciente de Turquía. Pero el 24 de abril pasado, después de una movilización multitudinaria en contra de un presidente islámico, y de la declaración del Ejército, que recordó a través de Internet su rol de “garante del carácter laico del Estado”, Erdogan declinó su postulación en favor de Abdulá Gül.

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La estrategia de la dupla pareció ser que Gül, de un talante menos polémico, claramente prooccidental, formado en Londres, amable, y muy exitoso al frente del ministerio de Exteriores, generaría menos resistencias que la figura del primer ministro. Pero no fue suficiente. En la primera votación, el 27 de abril, Gül recibió 357 votos, apenas 10 por debajo de los dos tercios requeridos para ser electo en primera instancia. En la segunda y tercera vuelta, cuando sólo fuese necesaria la mayoría simple, su elección hubiese estado garantizada. Entonces estalló la crisis: los partidos de la oposición denunciaron el boicot a su candidatura, solicitaron la nulidad de la votación al Tribunal Constitucional –que se la concedió-, y los militares volvieron a anunciar que no permitirían que el laicismo de la República se viera alterado, amenazando claramente que el Ejército “expresará su actitud abiertamente cuando lo crea necesario”.

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La postura del Estado Mayor del Ejército no puede tomarse a la ligera, después de los cuatro golpes militares (1960, 1971, 1980, y 1997) que han pautado la historia reciente de Turquía. Y a pesar de las declaraciones internacionales –tanto de la Unión Europea, como de los EE. UU.- en el sentido de que los militares no deberían intervenir en los procesos democráticos, el primer ministro Erdogan se vio obligado a retirar la candidatura de Abdulá Gül, y convocar a comicios legislativos para el próximo 22 de julio, dejando de momento la vida política inmersa en una neblina que diluye los contornos.

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El laicismo forzado es también una manifestación de la intolerancia. Frente a los intentos declarados de ciertas franjas del Islam político de crear un “Estado islámico” (una especie de “califato” regido por la “Sharia” o ley religiosa), los programas modernizadores de estos sectores moderados, que pretenden avanzar desde un laicismo excluyente en lo religioso hacia un sistema más inclusivo, donde las manifestaciones de la fe y las creencias de las mayorías puedan convivir con la vida política democrática, deben contar con el apoyo internacional de Occidente.

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La estabilidad –regional y global-, el diálogo con el Oriente cercano, y la coexistencia internacional en la diversidad, dependerán del éxito de estos sectores moderados.

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