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Libia, modelo para armar (01 09 11)

Francia reúne la cumbre mundial para la reconstrucción de Libia

Los líderes rebeldes rechazan el despliegue de cascos azules de la ONU

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TRÍPOLI.- A pesar de que la batalla por la toma de Sirte –donde se concentra un porcentaje de población afín al depuesto dictador Muhammar el Khaddafi- se prevé complicada, y de que una porción del ejército regular que respondía al antiguo régimen ha huido a los desiertos del Sur del país y podría estarse reagrupando, el liderazgo insurgente rechazó ayer el posible despliegue de “cascos azules”, las fuerzas militares que dispone el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para intervenir en aseguramiento de la paz.

El Consejo Nacional de Transición (CNT), que ha asumido las funciones de gobierno tras el derrocamiento de la dictadura y la toma de la capital libia, rechazó la posibilidad del “despliegue de cualquier fuerza militar extranjera”, afirmó en la víspera el enviado especial de la ONU en el país norafricano, Ian Martin.

Mientras las alternativas bélicas sobre el terreno siguen mostrando un horizonte sin definición clara –en especial porque el coronel Khaddafi sigue en paradero desconocido-, las gestiones de la diplomacia avanzan a un ritmo acelerado, y hoy se reunirán en París los delegados de sesenta países, convocados por el presidente francés Nicolas Sarkozy y el premier británico David Cameron, para aportar estrategias y recursos en la reconstrucción de Libia.

Frente a las versiones que señalaban que las primeras reuniones internacionales se concentrarían en la distribución de contratos entre las empresas occidentales, para hacerse cargo de la reconstrucción de infraestructuras y de servicios libios una vez reinstalada la paz, el presidente francés salió a decir ayer que la prioridad es política: la Cumbre de París se abocará a una agenda de coordinación de políticas exteriores de los Estados convocados, para apoyar un camino viable al nuevo gobierno de los rebeldes insurgentes, y “evitar errores como en Irak”, según se lee en un comunicado difundido en el mediodía de ayer por el Palacio del Elíseo.

Sarkozy fue uno de los líderes más involucrados en la intervención internacional para apoyar la insurgencia civil en Libia contra la dictadura de Muhammar el Khaddafi, y puso muchas reservas frente a la solicitud del presidente Barack Obama de delegar el control de las operaciones en el mando militar de la Alianza Atlántica (OTAN); ahora que ha quedado claro que la OTAN no continuará con operaciones sobre el terreno en la posguerra, Francia intenta recuperar el protagonismo mediante su diplomacia. La embajada francesa en Trípoli es la primera legación consular extranjera que ha reabierto sus puertas.

De esta manera, la conferencia que se inaugura hoy en la capital gala intentará unir a la comunidad internacional detrás de las nuevas autoridades libias y determinar los aportes económicos para la reconstrucción; y favorecer la reconciliación nacional, para lo cual Sarkozy propugna la inclusión de responsables moderados del khaddafismo en el gobierno de transición.

Una tierra yerma

Políticamente, Libia es una tierra vacía. Las cuatro décadas de la dictadura de Khaddafi vaciaron las débiles instituciones que habían quedado del período poscolonial, y también los lazos tribales primigenios.

No hay cultura republicana ni democrática. No hay órganos públicos ni partidos políticos. Tampoco ninguna maquinaria electoral ni tribunales de justicia independientes.

No hay legislación, ni hay funcionando ninguna instancia colegiada para crearla en un plazo breve.

La prensa que existía hasta ahora era mero apéndice de la casa de gobierno, y la sociedad civil recién comienza a emerger como colectivo social medianamente estructurado.

Ante este escenario interno tan yermo, la responsabilidad global y el derecho internacional humanitario se presentan como imperiosas necesidades.

Hay que evitar que el vacío institucional repita un modelo totalitario. O, aún peor, que abra el caos de enfrentamientos entre facciones (regionales, tribales o religiosas) como el que ha llevado a Irak y a Afganistán a acercarse a “Estados fallidos” tras las guerras internas.

No queda otra que apostar por la ONU y la Cumbre de París.

N. G. S.

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La OTAN no pega una, o pega mal (29 04 11)

El “fuego amigo” de la OTAN golpea a los rebeldes asediados en Misrata

Las tropas de Khaddafi recuperan un importante paso fronterizo con Túnez  

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TRÍPOLI.- Las criticadas operaciones de la Alianza Atlántica (OTAN) en Libia volvieron ayer a ser cuestionadas por los opositores a Khaddafi.

Según informó en su edición electrónica el diario estadounidense The New York Times, un comandante de los insurgentes rebeldes de Misrata denunció que los bombardeos de la OTAN sobre esa castigada ciudad habían provocado la muerte de 12 combatientes opositores, mientras otros cinco quedaron gravemente heridos.

La noticia no pudo sin embargo ser contrastada con la versión de la organización aliada, ya que su portavoz, Eric Povel, manifestó no tener ninguna información en ese sentido.

El rol que la OTAN juega en la guerra no encuentra una estrategia ni una capacidad de fuego que deje satisfechos a los que se enfrentan a Khaddafi. Los ataques que, a partir de la habilitación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), habían iniciado las aviaciones de Francia y Gran Bretaña, tuvieron en un primer momento una mayor intensidad.

Pero a partir del establecimiento de una zona de exclusión aérea, el presidente norteamericano Barack Obama insistió que el mando de las operaciones debía pasar a la OTAN. Nicolás Sarkozy y David Cameron finalmente terminaron conviniendo en entregar la coordinación, pero las acciones de la OTAN no han sido eficaces en proteger a la población civil, afectada por el denominado “fuego amigo” de los bombardeos occidentales.

Tampoco para apoyar a los insurgentes, que han visto cómo el ejército regular recupera posiciones, o cómo Misrata es sometida a un cerco –incluyendo alimentos, medicinas y agua- y un bombardeo feroz desde hace cuatro semanas.

A esta falta de capacidad para torcer el pulso al régimen de Khaddafi, se suman fallos como el denunciado ayer, donde los objetivos directos de las bombas aliadas terminan siendo los civiles enrolados en las fuerzas opositoras.

En definitiva, las acciones de presión en que se apoya toda la estrategia de la Alianza Atlántica es la que se ha revelado como inconducente para modificar el curso de la guerra.

La OTAN apostó a que, con los bombardeos selectivos y limitados hacia las unidades de ataque más importantes de Khaddafi, sumado al embargo internacional de armas, y éste al bloqueo de las cuentas bancarias en las diversas instituciones financieras diseminadas por el mundo, serían condicionantes suficientes para empujar al régimen de Trípoli hacia una negociación para dejar el poder, y una transición del gobierno a los rebeldes.

Sin embargo, Muhammar el Khaddafi ha dado muestras de que dispone de más recursos de los que se calculaban, que posee divisas en metálico para seguir financiando la guerra, y que los bloqueos y las presiones internacionales no lo afectan. El líder libio se aferra al poder, y plantea una estrategia de desgaste con la cual, finalmente, lleva las de ganar.

Así, con una guerra empantanada entre dos frentes relativamente equilibrados, la situación humanitaria de la población civil no deja de debilitarse, con campamentos llenos de refugiados y con una emigración creciente de aquellos que alcanzan a llegar a un paso fronterizo.

En este sentido, las tropas de Khaddafi lograron ayer recuperar el paso hacia Túnez de Dehiba, cerrando también esta posibilidad de escapar a los que huyen del frente.

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Hambre en Libia (20 04 11)

 La guerra en Libia se dirige  hacia una crisis humanitaria

 La ONU abre un corredor de asistencia y alimentos a la población civil

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TRÍPOLI.- Los estancados frentes en la guerra libia están empujando a una situación de crisis humanitaria, con miles de personas atrapadas entre dos fuegos, atacadas con prohibidas bombas de racimo po la dictadura de Muhammar el Khaddafi, pero también víctimas de los poco precisos embates de la Alianza Atlántica (OTAN).

Además de las muertes y los heridos sin posibilidad de asistencia, la situación se torna dramática por la falta de alimentos e inclusive de provisión de agua.

Al no poder recuperar la ciudad oriental de Ajdabiya del control rebelde, los hombres de Khaddafi se han concentrado en el sitio a la población occidental de Misrata. Como en la Edad Media, el régimen ha cercado la ciudad.

Mientras los sitiados comienzan a perecer de hambre tras siete semanas de cerco, las unidades artilladas continúan atacando con obuses y bombas-racimo: ayer murieron otras 15 personas. En Roma, el delegado del Consejo Nacional rebelde de Bengasi, Mustafá abd el Jalil, aseguró ayer junto al canciller italiano Franco Frattini que la guerra ya ha causado unas 10.000 y más de 50.000 heridos, además de las cerca de 3.000 personas que escapan a diario por los puestos fronterizos con Túnez y con Egipto.

Muchos de estos refugiados terminan embarcándose en frágiles pateras y se lanzan al Mediterráneo, con la esperanza de alcanzar las costas europeas.

La isla italiana de Lampedusa ya está desbordada de refugiados en condiciones de extrema gravedad, y el tema de la oleada migratoria procedente del norte de África ha disparado conflictos entre los países europeos, que comienzan a cerrar sus fronteras frente al aluvión de indocumentados.

Francia e Italia han reconocido que sus relaciones bilaterales se han visto afectadas, después que el gobierno francés impidiera la entrada de un tren italiano con refugiados tunecinos a bordo.

Las Naciones Unidas comunicaron ayer que habían logrado finalmente abrir un corredor humanitario en el oeste de Libia, para llevar asistencia alimentaria a los civiles en peores condiciones.

A través de este corredor, autorizado por Trípoli, el Programa Mundial de Alimentos ingresará un convoy de 8 camiones con 240 toneladas de harina de trigo y 9 toneladas de barras energéticas, para atender a unas 50.000 personas en riesgo de morir de hambre.

Siria intenta frenar la revolución

DAMASCO.- El régimen familiar y sectario que rige Siria, presidido por Bachar el Assad, ha debido finalmente acceder a derogar una de las principales herramientas de todo el sistema político desde 1963, año en que el Baas se convirtió en partido único y apuntaló la dictadura.

Tras las manifestaciones populares que han ido creciendo durante este mes, el gobierno anunció ayer  que levantaba el estado de sitio que ha durado casi medio siglo, así como el Tribunal de Seguridad, la temida instancia de enjuiciamiento de los presos políticos.

Sin embargo, es poco probable que estas medidas logren detener la escalada de protestas, que en definitiva persiguen un cambio en el sistema representativo y la renuncia de Bachar el Assad, por lo que es esperable que nuevos casos de represión violenta se sucedan en las próximas horas.

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Retroceden las autocracias (18 04 11)

La revuelta árabe transforma todo el escenario regional

Inédito avance en derechos sociales y en apertura política en todo Medio Oriente

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SANAA, DAMASCO, ARGEL.- La revuelta popular que sacude el conjunto de países árabes está empujando a una reconfiguración general del escenario político.

En general, los países del norte de África y del Medio Oriente se habían estructurado en base al predominio de gobiernos fuertes que, a cambio de mantener a raya las tendencias extremistas de una interpretación combativa del Islam, avanzaban en la represión de derechos individuales y sociales.

La emergencia de una contestación popular en Túnez, el contagio en Egipto y como un reguero de pólvora por los demás países árabes, han debilitado aquel esquema elitista y han devuelto el protagonismo a las masas populares, que cada día redoblan los reclamos por derechos civiles y participación efectiva en la vida política.

Los ensayos de respuesta clásica de las autocracias, la represión, ha mostrado que ya no tiene los efectos de antaño y no logra hacer desaparecer las movilizaciones sociales, que vuelven una y otra vez a recuperar el espacio de los reclamos.

Inclusive donde la revuelta alcanzó los objetivos planteados –como en El Cairo- vuelve a organizarse para avanzar en una profundización de las transformaciones, que no podrá ser esquivada por retoques cosméticos.

Como resultado de ello, se evidencia un retroceso y una deslegitimación de las autocracias en toda la región.

La tensión social, en todo caso, se mantiene, y en diversas latitudes las movilizaciones populares siguen pagando con represión y sangre las demandas de transformación política.

En Damasco, después que el presidente Bachar el Assad intentará una continuidad gatopardista sin cambios de fondo, miles de sirios han vuelto a salir a las calles del país para protestar contra el inmovilismo del régimen.

Y ya ni siquiera el anuncio oficial de que la ley de emergencia que restringe las libertades en el país desde 1963 será derogada, ha alcanzado para frenar una espiral de protestas que parece estar arrinconando al gobierno sirio.

Este fin de semana, al grito de “el pueblo quiere libertad”, centenares de personas se concentraron ante la tumba del líder independentista de Siria, Ibrahim Hananu, en Aleppo; las protestas han comenzado a extenderse desde Damasco hacia el interior del país.

En Argelia, en la frontera de la guerra que azota la Libia del coronel Khaddafi, el presidente Abdelaziz Buteflika, de 74 años y en el poder desde 1999, anunció este sábado que iniciará el proceso para reformar la Constitución del país, un elemento jurídico que le ha garantizado su continuidad al frente de un gobierno con serias deficiencias representativas.

También en el vecino Marruecos, el rey Mohamed VI ha prometido una nueva Constitución, al tiempos que dejaba en libertad a docenas de disidentes políticos encarcelados, cediendo a la presión de los jóvenes que han tomado la calle.

En Yemen, donde al menos 116 manifestantes han perdido la vida desde el inicio de las protestas, se han sumado ahora las mujeres. El presidente Ali Abdullah Saleh, aferrado al gobierno, en un intento más por frenar las movilizaciones ha declarado que es “anti islámico” que las mujeres hagan escuchar su voz en público.

Durante el fin de semana, otras protestas se registraron en Arabia Saudita, Bahrein, Jordania y Omán.

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Elogio del egoísmo (15 04 11)

Elogio del egoísmo

Por Nelson Gustavo Specchia

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Esta semana, en Doha, la capital del emirato árabe de Qatar, los países que han emprendido acciones bélicas contra la dictadura libia de Muhammar el Khaddafi se reunieron, para analizar diversos aspectos de la agenda de la guerra y los rumbos a adoptar frente a una evidencia: el autócrata no abandonará por motu proprio el poder, antes bien, clavará sus garras de león de África (como le gusta que lo apoden) en el búnker de Trípoli, y desde allí resistirá todo lo que pueda.

Las acciones armadas, que con tanto brío lanzaran el presidente francés Nicolás Sarkozy, junto al premier británico David Cameron, apenas el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la utilización de “cualquier medio” para proteger a los civiles de los devastadores ataques de Khaddafi, se han revelado insuficientes para empujar al régimen a una retirada. Mucho menos a una claudicación.

Y los más preocupados por estas relativas tablas son los líderes de la insurgencia rebelde, que desde Bengasi insisten en que si no les dan armas, o al menos les dan dinero para pagar a los traficantes que abundan con ofertas por todos los rincones de los enclaves rebeldes, el empantanamiento de ambos frentes podría derivar en una larga guerra civil de desgaste. Una guerra civil que podría instituir la partición de hecho del país en dos mitades, y que empujaría contingentes enteros desde y hacia la Tripolitania y la Cirenaica.

Y en ese momento, mientras las delegaciones de casi veinte países europeos y musulmanes discutían la conveniencia o no de entregar armas y fondos a los rebeldes, apareció sobre la mesa de negociación el drama de la población civil libia en toda su crudeza. Un actor central de la crisis política y una víctima cautiva de las acciones militares que, hasta el momento, sólo ha sido citado marginalmente en las consideraciones de los principales protagonistas de la guerra.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki Moon, intentó poner una nota de cordura en la reunión de todos los enemigos de Khaddafi, el Grupo de Contacto creado en Londres el 29 de marzo pasado, y presidido conjuntamente por un actor occidental –Gran Bretaña- y uno árabe –Qatar-, para que no parezca demasiado una coalición imperialista del Primer Mundo contra un Estado subdesarrollado que, además, es musulmán y africano.

ENTRE FUEGOS

En la mesa de Doha, donde los embajadores discutían si los fondos a los rebeldes deberían provenir de donaciones voluntarias o habría que liberar los millones de dólares producto de la exportación del petróleo libio que hoy se encuentran congelados en virtud del embargo a Khaddafi, Ban ki Moon se atrevió a recordar que, si se hace una colecta mundial, más que a los beligerantes rebeldes debería atenderse a la población civil, que en algunos rincones del frente de batalla –como la ciudad de Misrata- se acerca ya a la situación desesperada de crisis humanitaria por los muertos en bombardeos de ambos frentes, desplazamientos, emigración, falta de alimentos, medicinas, e incluso agua (en un contexto de desierto).

Y el secretario de la ONU dio la cifra que maneja la organización multilateral y que debería haber movilizado las conciencias de varios, especialmente de delegados de aquellos países que se presentan como fuertes defensores de los derechos humanos: hasta un horizonte de 3,6 millones de hombres y mujeres, más de la mitad de la población total del país norafricano, necesitará asistencia humanitaria por haber perdido sus hogares, sus fuentes de trabajo, sus posesiones, o haber tenido que migrar de sus lugares de residencia.

Según las estadísticas de la oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), dijo Ban, 490.000 personas han debido abandonar Libia desde el 15 de febrero pasado, cuando estalló la crisis. Este casi medio millón de emigrantes externos se suma a las más de 330.000 personas que, en grupos familiares enteros, han sido desplazados internamente desde su lugar de residencia, y hoy sobreviven en condiciones cada vez más precarias en campos de refugiados en otra región diferente a la de origen.

Los rebeldes sostienen que a Bengasi ya han llegado más de 35.000 libios que escapan de las balas del régimen en el oeste del país. Las fronteras con Túnez y Egipto, que en un principio se cerraron por precaución o por simple miedo a una estampida demográfica, registran el paso de unas 2.700 personas cada día, que huyen de las bombas de Khaddafi, del “fuego amigo” de los misiles de la OTAN, o de los alocados y anárquicos disparos de los milicianos rebeldes.

EGOÍSMO IMPOTENTE

A la advertencia de Ban ki Moon, el delegado del gobierno italiano de Silvio Berlusconi respondió que la reunión de Doha había sido convocada para estudiar alternativas de cómo terminar con Khaddafi, y que eso tenía que ver con decidir si a los rebeldes se les daba dinero –o incluso armas-: Qué hacer con los civiles debería discutirse en otros ámbitos.

Los ámbitos a que se refería el delegado italiano son, según insiste Berlusconi desde Roma, los de la Unión Europea. Durante la reunión de ministros del Interior de los Estados-Miembros de la UE, en Luxemburgo el lunes 11 de abril, el premier italiano intentó que la organización continental se haga cargo de los africanos que, huyendo de la guerra y del hambre, llegan a sus costas –geográficamente tan próximas- todos los días.

Francia y Alemania le contestaron que eso no sería posible: todo extracomunitario que quiera moverse por el Espacio Schengen (el espacio sin fronteras interiores de los países europeos) debe demostrar que dispone de los recursos económicos suficientes, una vivienda, y sus papeles de inmigración en regla. Requisitos que, por supuesto, no pueden aportar los libios y tunecinos que –habiendo tenido la suerte de no morir en alta mar: el miércoles se hundió un bote miserable y más de 200 africanos se ahogaron- logren llegar en sus paupérrimas pateras y botes inflables a la isla siciliana de Lampedusa.

Antes de intentar tirarle el fardo a la UE en Luxemburgo, Silvio Berlusconi había intentado la más directa y brutal: repatriar directamente a todo emigrante africano ilegal que arribara a las costas italianas, sin analizar motivos ni atenuantes. Desde comienzos de año estos refugiados ya suman 25.000, y nadie tiene ningún plan para gestionar su destino.

Pero si un gobierno tan poco considerado con los más desfavorecidos, como el conservadurismo italiano de Berlusconi, no logra hilvanar una idea sobre qué hacer frente a un fenómeno de crisis humanitaria que le explota en su territorio, tampoco en los pasillos de la desarrollada e idealista Unión Europea hay muchas más ideas. Ni hablar de una política exterior armónica y estructurada para hacer frente a la avalancha de hombres y mujeres desesperados provenientes del África del Norte.

Después de unos primeros momentos de desconcierto cuando las revueltas árabes comenzaron en Túnez y Egipto, el liderazgo europeo se manifestó públicamente a favor de la renovación de las estructuras políticas que traían los alzamientos populares en los países árabes. Pero frente a una de las primeras consecuencias de esas revueltas, la llegada de refugiados huyendo de los conflictos y solicitando asilo y ayuda, Europa vuelve a cerrar sus puertas a cal y canto y sólo atina a aumentar las patrullas policiales en el Mediterráneo y a enviar algunos euros a los países africanos para que sus gobernantes vigilen mejor los puertos desde donde parten los botes con emigrantes.

Ante tanta negligencia, los únicos que ganan son aquellos nacionalistas que hacen del egoísmo una virtud. Como dijo el propio Berlusconi, en su intento por presionar a Bruselas: En definitiva, si la Unión Europea no logra armar un acuerdo concreto sobre inmigración, es mejor separarse de ella y que nos volvamos cada uno a nuestro país.

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Libia, una guerra que se va para arriba (14 04 11)

Los aliados se disponen a elevar la guerra en Libia

Rusia, India, China y Brasil mantienen su postura contra los bombardeos

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TRÍPOLI.- Las posiciones que sostienen que el conflicto político en Libia debe encararse por vías distintas al ataque bélico están siendo sobrepasadas por la tendencia contraria, y los responsables militares de la Alianza Atlántica (OTAN) planean aumentar la cantidad de armamentos y recursos para atacar con mayor precisión y contundencia las defensas del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

La petición de ampliar la ofensiva la realizó el máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización que participan en la intervención militar.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) habilitó las acciones contra Khaddafi, Francia y Gran Bretaña enviaron de inmediato a sus fuerzas aéreas, y la armada estadounidense se sumó con misiles disparados desde los buques norteamericanos estacionados en el mar Mediterráneo.

Pero una vez que la zona de exclusión aérea estuvo asegurada, el presidente Barack Obama logró que sus pares francés, Nicolás Sarkozy, y británico, David Cameron, entregaran el control y la coordinación total de la ofensiva a los mandos de la OTAN.

Sin embargo, la alianza militar occidental ha cometido varios fallos, ha bombardeado por error columnas de milicianos rebeldes; las víctimas civiles caratuladas como “daños colaterales” de sus bombardeos siguen aumentando; y la oposición armada del Consejo Nacional insurrecto ha reclamado un cambio de estrategia o bien el retiro de la organización del frente de batalla.

En la reunión del Grupo de Contacto con Libia, que preside conjuntamente Gran Bretaña y Qatar, que sesionó en Doha el miércoles de esta semana, los representantes de los rebeldes de Bengasi reclamaron mayor efectividad de la OTAN en la neutralización de las fuerzas de Khaddafi, especialmente de los efectivos que mantienen cercada a la ciudad de Misrata.

En esta ciudad ubicada en la mitad occidental de Libia, las fuerzas gubernamentales causaron ayer 23 muertes y más de 20 heridos de gravedad, y además de las víctimas civiles ya se ha denunciado hambre y otras carencias humanitarias.

Después de la reunión de Doha, los responsables de las relaciones exteriores de 34 países se encuentran reunidos desde ayer en Berlín, con la guerra en Libia en el centro de la agenda. Con la presencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la capital alemana los cancilleres han convenido en aumentar la presión sobre el régimen de Trípoli y, al mismo tiempo, “proporcionar los recursos necesarios y la máxima flexibilidad operativa” a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), luego de la exposición del almirante Stavridis en que solicitaba ampliación de recursos y armamentos.

Aunque el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, admitió que ningún país ha hecho aún “compromisos específicos” para aportar más medios, dijo ser “optimista” en que se llegará a un acuerdo para ampliar el rango de la guerra en Libia.

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Los rebeldes quieren a Sarkozy (13 04 11)

La OTAN suma nuevas críticas por la intervención en Libia

El cerco sobre Misrata empuja la situación de la ciudad hacia una crisis humanitaria

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TRÍPOLI.- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar integrada por los ejércitos de los Estados Unidos de Norteamérica y sus socios europeos, que asumió la coordinación total de la intervención en el conflicto bélico libio, sigue sumando críticas desde los ángulos más diversos.

Después de que el coronel Muhammar el Khaddafi y sus hijos repitieran que los ataques aliados constituían una “intervención colonialista” en los asuntos internos del país norafricano, el liderazgo del bando insurgente, por boca de los máximos representantes del Consejo Nacional opositor, criticaron la actuación militar de la OTAN, tanto por el “fuego amigo” que causó bajas entre las propias filas rebeldes, como por la “poca contundencia” de sus acciones para detener a las tropas de Khaddafi.

A pesar de los varios centenares de misiones de ataque aliado contra objetivos artillados, defensas antiaéreas y tanques blindados del régimen, las fuerzas leales al dictador han seguido su ofensiva sobre los enclaves rebeldes, y durante el último fin de semana estuvieron a punto de recuperar las ciudades de Misrata y de Ajdabiya, la última localidad en poder de los alzados antes de llegar a Bengasi, el centro de la insurrección.

A estas críticas, además, en la víspera se sumaron voces de censura desde los gobiernos francés y británico, los más involucrados en el conflicto libio, y desde donde partió la iniciativa de bombardear las defensas de Khaddafi, junto a los misiles lanzados desde barcos norteamericanos, para establecer una zona de exclusión aérea el 19 de marzo, en la fase iniciar de la intervención armada externa.

Para los altos mandos de Francia y del Reino Unido, la estrategia de la Alianza Atlántica es insuficiente para frenar la contraofensiva lanzada desde Trípoli.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, tuvo a su cargo el mando de las acciones bélicas en un primer momento, hasta que, cediendo a una iniciativa del presidente Barack Obama, delegó junto a su par británico David Cameron la coordinación en la OTAN; desde Bengasi se pedía ayer que Francia recupere el liderazgo de los ataques.

El canciller de Sarkozy, Alain Juppé, se sumó a las críticas al admitir desde París que la OTAN “no hace lo suficiente”. El ministro británico de Exteriores, William Hague, también insistió en la misma línea, y llamó a otros países a sumarse a la intervención contra Khaddafi.

Cita en Qatar

DOHA.- Mientras los combates en Libia se suceden sin que ninguno de ambos bandos pueda imponerse y las muertes de civiles aumentan a diario, hoy se reunirá en la capital qatarí el Grupo de Contacto internacional sobre Libia, que se constituyera en Londres el 29 de marzo pasado, y que intenta formular posibles vías de salida a la crisis en la dictadura encabezada por Muhammar el Khaddafi y su entorno.

A la reunión que comienza hoy en el pequeño Estado árabe asistirán representantes de unos veinte países, que en Londres estuvieron de acuerdo con hostigar al régimen libio con acciones militares, junto a delegados de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Africana (UA), la Liga Árabe y la Conferencia Islámica.

Los esfuerzos diplomáticos para ofrecer una salida a Khaddafi y el inicio de una transición cobran mayor importancia cuando desde el propio mando aliado se ha admitido que no hay posibilidades de imponerse al aparato militar de Trípoli en el corto plazo.

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Nuevo freno a Khadafi frente a Ajdabiya (11 04 11)

 

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La OTAN frena otra ofensiva de Khaddafi frente a Ajdabiya La Unión Africana anuncia que el régimen dialogará con los insurrectos en Libia

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TRÍPOLI.- El papel de la Alianza Atlántica (OTAN) sobre el escenario bélico libio, que fue blanco de múltiples críticas del bando rebelde la semana pasada debido a su supuesta ineficacia para detener la contraofensiva, volvió en la tarde de ayer al centro de la escena.

Los ataques aliados contra los leales al coronel Muhammar el Khaddafi lograron detener la ocupación de Ajdabiya en el último momento, cuando algunos medios ya habían filtrado la noticia de que los soldados oficialistas controlaban el enclave rebelde.

Pero a pesar de estos cables, que durante unas horas dieron por recuperada la ciudad para Khaddafi, diferentes testimonios desde el frente de batalla, a últimas horas de ayer, sostenían que el centro de Ajdabiya se mantenía bajo control rebelde, después que durante la mayor parte del día los bombardeos de la OTAN hicieran mella en los carros blindados y en las unidades artilladas de las tropas leales a Trípoli.

Los aviones británicos y franceses, bajo la coordinación unificada de la Alianza Atlántica, también tuvieron un papel activo durante el fin de semana bombardeando columnas y tanques en los alrededores de Misrata, en el oeste, uno de los escenarios de combates más violentos de toda la guerra libia, y donde sigue sin una definición clara cuál de los dos bandos controla la ciudad, una de las más importantes de la mitad occidental.

Por su parte, el coronel Khaddafi recibió en Trípoli a una delegación de la Unión Africana (UA), encabezada por el presidente sudafricano, Jacob Zuma. La UA ha sido históricamente uno de los foros regionales financiados por Khaddafi, y utilizados para su proyección en África.

Zuma, en todo caso, aseguró que el líder libio estuvo dispuesto a aceptar un alto el fuego y el inicio de un proceso de diálogo con la insurgencia. La noticia toma relevancia luego de que la propia OTAN admitiera que el conflicto no tiene posibilidades de ser resuelto por la vía armada.

Dura represión en Siria

DAMASCO.- Las policías y cuerpos parapoliciales leales al partido Baas y al presidente sirio Bachar el Assad volvieron a abrir fuego contra los movilizados en Damasco y en Banias, causando un número indeterminado de muertes.

Las bajas se suman a la cincuentena de fallecidos por acción policial desde que comenzaran las protestas, hace un mes.

Las movilizaciones, que se convocan por mayor democracia y libertad, evidencian los límites de un modelo político dictatorial cooptado por una minoría religiosa, al frente del cual se ubican los Assad y sus familiares.

Las protestas árabes se mantienen también en los otros frentes abiertos: en Bahrein se denunció la muerte de manifestantes detenidos vivos por la policía; mientras en Yemen, la inflexibilidad del presidente Ali Abdullah Saleh está empujando la crisis a una situación de guerra civil.

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La OTAN, ¿un problema para los rebeldes libios? (06 04 11)

La insurgencia libia critica el mando de la OTAN en la guerra

Las fuerzas de Khaddafi recuperan Brega y los rebeldes resisten en Ajdabiya

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En un nuevo revés del frente de batalla entre los dos bandos que se disputan el poder en Libia, las tropas gubernamentales del coronel Muhammar el Khaddafi lograron, en las primeras horas de ayer, desplazar a los rebeldes del control del puerto de Brega; quienes se reagruparon en el camino que comunica Brega con Ajdabiya, 80 kilómetros más hacia el Este.

Que el frente de combate se aproxime tanto a Bengasi, la capital rebelde y sede del Consejo Nacional de los insurrectos, ha producido una movilización en las anárquicas tropas, que se preparaban a resistir el nuevo avance.

Al mismo tiempo, los líderes de la rebelión acusaban a la Alianza Atlántica (OTAN), que desde el 31 de marzo ha asumido la coordinación general de las acciones militares, de no ser lo suficientemente contundente para detener a los hombres de Khaddafi.

Abdelfatah Yunes, uno de los líderes rebeldes, acusó a la OTAN de “dejar morir” a los civiles en Misrata, donde los bombardeos de la artillería del régimen han sido permanentes durante los últimos días, y pidió a la organización multilateral que “trabaje adecuadamente, o solicitaremos al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) que suspenda la misión”.

Los rebeldes consideran que la estrategia de la OTAN en realidad está permitiendo el avance del ejército de Khaddafi y, en lugar de ayudar, “se están convirtiendo en un problema”, concluyó Yunes.

Esta posición contrasta con el anuncio del jefe de operaciones de la OTAN, el general canadiense Charles Bouchar, quien afirmó el martes en Bruselas, sede administrativa de la Unión Europea (UE), que los ataques aliados habían logrado neutralizar a un tercio del poderío militar de la dictadura libia.

Francia, que ha tenido un rol preponderante en la intervención en el país norafricano, respaldó el informe de Bouchar y sostuvo que las limitaciones de la OTAN están dadas por la nueva táctica del régimen, que ubica sus tropas entre la población civil, a la que utiliza de “escudos humanos”.

El canciller francés, Alain Juppe, advirtió que la Alianza Atlántica podría “empantanarse” en Libia debido a esta metodología adoptada por Muhammar el Khaddafi en su sitio y ofensiva sobre Misurata, la última ciudad rebelde del Oeste.

 

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Khadafi propone que su hijo ocupe su lugar (05 04 11)

La insurrección rechaza un plan armado por los hijos de Khaddafi

El premier turco Erdogán aparece como el principal impulsor de un proceso que detenga la guerra en Libia

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Con una guerra estancada, los dos bandos que se disputan el poder en Libia multiplican las gestiones para alcanzar un acuerdo por fuera del enfrentamiento armado.

Después que voceros del coronel Muhammar el Khaddafi negaran que el régimen fuera a aceptar las condiciones de un alto el fuego propuesto por los rebeldes, que incluía una virtual división del país, ayer el diario estadounidense The New York Times confirmó que una nueva propuesta había sido elaborada por el entorno del dictador libio.

El plan contemplaría la salida de Khaddafi, y su reemplazo por su hijo Saif el-Islam, la figura que antes del estallido de la revuelta popular se mencionaba como más probable para reemplazarlo.

Esta vez, fue el Consejo Nacional rebelde el que rechazó la propuesta que se habría preparado desde Trípoli, y que puede darse como cierta al no haber sido desmentida por ningún funcionario del gobierno. Uno de los portavoces de los alzados, Shamseddin Abdulmelah, dijo que hay consenso entre los diferentes grupos que componen el Consejo Nacional en rechazar cualquier hipótesis donde se mantenga al actual entorno del dictador, “Khaddafi y sus hijos deben irse antes de cualquier negociación diplomática”, dijo.

Sin embargo, son precisamente las gestiones a nivel de las cancillerías las que se han activado, especialmente después que las críticas internacionales por las bajas entre la población civil hicieran menguar los bombardeos coordinados por la Alianza Atlántica (OTAN) sobre posiciones militares gubernamentales; un cambio de táctica en el apoyo externo que redujo las posibilidades de los insurrectos de desplazar a Khaddafi por la fuerza.

Mientras los combates siguen en la ciudad de Brega, un enviado de Trípoli recorre varios gobiernos mediterráneos, explorando alternativas de negociación.

Como el canciller de Khaddafi, Musa Kusa, defeccionó y se asiló en Londres, Trípoli ha enviado al segundo del ministerio de Exteriores, Abdelati el Obeidi, a Grecia, Turquía y Malta.

Por lo que trascendió, de la entrevista con el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, el enviado libio no obtuvo un gran apoyo, al contrario, el mandatario socialdemócrata heleno le habría reclamado que el régimen de Khaddafi acate “plenamente las resoluciones de las Naciones Unidas (ONU), el alto el fuego inmediato, y el fin de la violencia, en especial contra la población”.

Mayores esperanzas de la gira se cifran en Turquía, el único miembro musulmán de la OTAN, cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogán, ha manifestado reiteradamente que los bombardeos deben ser reemplazados por un acuerdo que posibilite una transición pacífica.

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