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Dilma, un paso más lejos de Lula (10 06 11)

Dilma, un paso más lejos de Lula

Por Nelson Gustavo Specchia

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Las implicancias de la expulsión del jefe de Gabinete del gobierno brasilero, Antonio Palocci, a mediados de esta semana, son múltiples y se irán haciendo evidentes en el mediano plazo. Porque la salida del defenestrado ministro de la principal cartera del Ejecutivo de Dilma Rousseff, implica un golpe a la recién instalada administración de la primera presidenta mujer del Brasil, pero también es un síntoma de que la mandataria ha decidido privilegiar su propio plan, aunque este rumbo la aleje algunos pasos del camino trazado por su antecesor, Luíz Inácio da Silva, Lula.

La imagen de Dilma como la continuidad “pura” de Lula, o como un interregno temporal de preparación para la vuelta del carismático líder metalúrgico a la primera magistratura, queda cuestionada –aunque de momento sólo sea en matices- por la decisión de Dilma de apartar a Palocci, acusado de tráfico de influencias y de enriquecimiento ilícito. Era Palocci, precisamente, la figura impuesta por Lula a su sucesora, y la principal garantía de una continuidad sin fisuras.

La señora Rousseff se vio arrinconada esta semana por diversas líneas críticas, provenientes de distintos ángulos, pero todas con una terminación nerviosa en el Palacio del Planalto de Brasilia. En toda América latina se habla ya del “modelo Lula”, para referirse a esa estrategia política que conjuga estabilidad, crecimiento, democracia e inclusión social. Fue la buena sintonía entre Lula y Néstor Kirchner la que posibilitó establecer estos parámetros comunes entre los dos socios mayoritarios del Mercosur, y desde allí se ha irradiado hacia diversas latitudes, proponiéndose como una manera alternativa al crecimiento capitalista ortodoxo, así como a las tentaciones de transformación radical de las estructuras de desarrollo económico.

Como acaba de verse en el final de la campaña por el ballotage en las presidenciales peruanas, el “modelo Lula” también opera como un colchón amortiguador de las posturas más beligerantes de la izquierda nacionalista, tan resistidas por una parte cuantitativamente importante de las burguesías locales. Poner a Lula como inspirador, y a su política como ejemplo a seguir, le valió a Ollanta Humala acceder a una porción del electorado –principalmente de los colectivos urbanos de Lima y Callao-, que finalmente terminaron haciendo la diferencia con que derrotó a la candidata populista de derecha, Keiko Fujimori, y a su discurso neoliberal. Para ratificar sus dichos con actos, Humala no ha esperado apenas unas horas tras la victoria del domingo pasado, y ayer viajaba a Brasilia y era recibido por Dilma en el Planalto, su primer destino como presidente electo del Perú.

Además, en otras realidades latinoamericanas también embarcadas en un movimiento de cambio social progresista, el camino trazado por Lula se presenta como una alternativa real al impulso personalista del modelo planteado por el venezolano Hugo Chávez.

Pero para mantener esa estrategia que tanto atrae a la región, la Administración Rousseff debe demostrar que puede sostener el ritmo de la que es ya la séptima economía del globo. Su meta anunciada es lograr una tasa de crecimiento del producto del orden del 5,5 por ciento para este año, y una no inferior al 4,3 por ciento para el año que viene. Debe además controlar la inflación (actualmente en el 6,5 por ciento, dos puntos por arriba de lo previsto). Y, aún más difícil, utilizar más eficientemente el gasto público (y achicarlo), en un país que a pesar de la espectacularidad de su crecimiento, no ha logrado saldar la deuda de la equidad: son muchos millones de personas las que siguen viviendo por debajo de la línea de extrema pobreza; la sanidad pública tiene huecos de prestaciones que son insalvables; las políticas de calidad del sector educativo –especialmente en los niveles iniciales y medios- siguen sin dar resultados; y la carencia de infraestructuras a todo nivel puede convertirse a corto plazo en un obstáculo serio para la consecución de los planes de desarrollo.

Dilma es consciente de que la continuidad del “modelo Lula” pasa por atender a esta agenda de pendientes. Era de dominio público, hasta esta semana, que aquella continuidad también dependía de algunos personajes vinculados directamente a la persona del ex presidente. Como el jefe de Gabinete, Antonio Palocci.

Lula dejó instalados algunas figuras que garantizaran la permanencia de su imagen como defensor de los sectores más pobres, mientras se convertía, al mismo tiempo, en el gestor del desarrollo brasilero. La presencia de Palocci en la primera cartera ministerial del Ejecutivo era uno de esos enclaves de garantía. Pero Dilma, al parecer, tiene otra opinión, y ha decidido que puede sostener la línea política, en sus grandes trazos, sin necesidad de estar atada a todos los amigos que su mentor repartió por el nuevo gobierno antes de soltar las riendas. Siempre se dijo que la ex guerrillera era una mujer de carácter, esta semana vino a demostrarlo.

SOLTAR LASTRE

Porque la remoción de Palocci no era la única alternativa. En definitiva, a pesar de la contundencia de las denuncias, no hubo una acusación oficial, y la Fiscalía General de la República declaró que no había indicios suficientes para abrir una causa contra el ministro. Dilma podría haber cedido a las presiones del entorno más cercano a Lula, y mantener al cuestionado médico paulista al frente del Gabinete. Pero prefirió quitarlo del medio, soltar lastre, aunque eso la alejase unos pasos del ex mandatario, su padrino y mentor.

Y había también, en todo caso, motivos muy fuertes para mantenerlo en el cargo de Ministro de la Casa Civil (a todos los efectos el jefe de Gabinete de la presidencia de la República). Antonio Palocci es reconocido como uno de los cerebros del “modelo Lula”, y el gerente que ha logrado colocar a Brasil entre las primeras economías del mundo, con un crecimiento que tocó el 7,5 por ciento del Producto Bruto Interno, y un índice de desocupación controlado en el 7 por ciento.

Pero al exitoso gestor y al interlocutor privilegiado de los embajadores y los grandes empresarios, lo perdió el afán de riqueza. Ya sus manejos turbios de las cuentas personales lo habían obligado a dejar el ministerio de Hacienda, en 2006. Y a mediados del mes pasado, el diario O Globo lanzó la primicia del mágico salto en los ingresos del jefe de la Casa Civil. El matutino aportó pruebas de la velocidad en que Palocci ha amasado una fortuna millonaria, pasando de una declaración de rentas de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010. Ese año, cuando Lula lo colocó como jefe de campaña de Dilma para las presidenciales, el médico –convertido entonces en carísimo consultor de empresas- facturó la escandalosa suma de 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones. Aunque la Fiscalía no tenga todavía pruebas documentales de un desfalco a las cuentas oficiales, la opinión pública ha concluido en que semejante aumento patrimonial es inexplicable si no se perciben giros voluminosos de grandes empresas, precisamente aquellas que esperan obtener contratos con el Estado durante la nueva administración gubernamental. Eso se llama tráfico de influencias, y constituye delito.

Palocci, al no poder justificar semejantes ingresos, miró hacia el Congreso, y pidió a sus correligionarios del Partido de los Trabajadores que le dieran un voto de confianza que le permitiese mantenerse al frente de la Casa Civil. Y los diputados del PT, en lugar de mirar hacia Lula, miraron hacia Dilma. Y dijeron que no. Y Palocci presentó su renuncia.

Recién van seis meses de su presidencia, pero Dilma Rousseff sabe que con estas movidas se juega no sólo la partida de este mandato (de un mandato suyo, autónomo, sin la tutela de Lula), sino también su posible reelección.

El año 2014 está a la vuelta de la esquina, y Lula ya hizo saber que él tiene apuntada esa cita.

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Dilma trae a una mujer a la jefatura de gabinete (08 06 11)

Dilma hace frente al primer escándalo de su Administración

Desplazado el jefe de Gabinete brasileño acusado de enriquecimiento ilícito  

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Los denuncias de actuación irregular en miembros del círculo más cercano del Poder Ejecutivo, que ya afectaron la presidencia de Luíz Inácio Lula da Silva, siguen impactando en la gestión de su sucesora, Dilma Rousseff.

La presidenta de Brasil se ha visto obligada a desplazar a uno de sus colaboradores más cercanos, el jefe de Gabinete Antonio Palocci, cercado por las denuncias sobre enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias.

El oficialismo del Partido de los Trabajadores (PT) ha intentado minimizar el golpe, para que no afecte directamente a la persona de la presidenta, que transita recién los primeros estadios de su gestión, y han impulsado otra figura femenina para reemplazar al defenestrado ministro, la senadora Gleise Hoffman.

La crisis, el primer cuestionamiento institucional interno que ha tenido que hacer frente Dilma desde su llegada al gobierno el pasado 1 de enero, salió a la luz a mediados del mes pasado, cuando trascendieron las cuentas personales del ahora ex Jefe de Gabinete. Antonio Palocci, un médico que saltó a la política nacional desde una intendencia del interior de San Pablo, se ubicó en las primeras esferas de Brasilia junto a Lula. Pero un escándalo de similares características a este lo obligó a alejarse del gobierno ya en 2006, también acusado de tráfico de influencias.

En el recambio de administraciones, volvió a ubicarse en el centro de la escena, y obtuvo de Dilma la primera cartera del Ejecutivo. Sin embargo, el descubrimiento de la velocidad en que ha amasado una fortuna millonaria lo han dejado sin margen para seguir en la esfera pública.

Según los datos impositivos, Palocci habría pasado de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010.

El año pasado, cuando era jefe de campaña de Dilma, facturó como consultor de empresas 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones.

Dado el lugar que Palocci ocupaba en los altos cuadros del Partido de los Trabajadores, y los roles críticos que desempeñó en la transición del gobierno de Lula, no es difícil concluir que tan súbito crecimiento patrimonial está asociado a un amplio tráfico de influencias, en beneficio de las grandes empresas prestatarias de servicios a la gigante maquinaria gubernamental brasilera.

La elección de Gleise Hoffman para cubrir el bochorno vergonzante de la salida de Palocci también intenta cerrar filas con los cuadros más militantes del PT.

Esposa del ministro de Comunicaciones, Hoffman acaba de ingresar al Senado desde una de las provincias más pobres del Brasil, Paraná. En su breve paso por el recinto legislativo, se ha revelado como una parlamentaria activa, de genio duro y discurso fuerte.

Y Dilma posiblemente busque en ella la articuladora política del gobierno, que fue el rol que la propia presidenta ejerció en su día para su mentor, Lula.

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Brasil sin Lula (31 12 10)

Brasil sin Lula

por Nelson Gustavo Specchia

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Mañana, con el primer día del nuevo año, el presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva –ya para siempre conocido con la familiar designación de “Lula”- entregará el bastón de mando a la señora Dilma Rousseff, su discípula y amiga, a quién él eligió para sucederlo. Con el traspaso de la banda verde y amarilla comenzará a cerrarse uno de los períodos más interesantes de la contemporaneidad de América latina: estos ocho años de la presidencia de un obrero metalúrgico, apenas alfabetizado, procedente de una de las regiones históricamente más pauperizadas –la zona rural de Caetés, en el Nordeste- y de los estratos sociales más bajos de su país, acreditando experiencia laboral en un torno fabril y en las luchas gremiales de la izquierda clasista, que se formó a sí mismo como una figura política, se escolarizó en el aprendizaje de múltiples y sucesivas derrotas electorales, logró amoldar y atemperar el discurso ideológico radical hasta hacerlo atractivo no sólo a la militancia activa sino a los grandes colectivos, y puso sobre el escenario su encanto de orador llano que habla al pueblo en su mismo lenguaje.

Lula deja el Palacio del Planalto, se va el hombre que transformó esa biografía suya, tan alejada de las tradicionales figuras que han ocupado los primeros lugares del poder en nuestras tierras, en un carisma a prueba de balas, que le permitió conectar permanentemente con el electorado y afrontar las iniciativas políticas más osadas sabiendo que el respaldo popular lo sostenía.

MANEJAR EL CARISMA

En estos ocho años Lula utilizó todo el capital político acumulado durante esa transformación personal, en volcarlo en la transformación de Brasil. Y lo logró. Un sólo dato, entra la maraña de cifras que en estos días se utilizarán para evaluar su gestión: en el lapso de sus dos períodos presidenciales logró sacar de la pobreza a unos cuarenta millones de hombres y mujeres, que vivían por debajo de esa línea imaginaria que marca el borde de la vida digna en una sociedad. Cuarenta millones, una cantidad equivalente a toda la población argentina. Una tarea inmensa lograda merced a iniciativas arriesgadas, de las que el presidente ha salido, una y otra vez, fortalecido. Al punto tal que deja el poder con un índice de aprobación popular que supera el ochenta por ciento, una aceptación multitudinaria que, si hubiese estado en su ánimo, le hubiera permitido permanecer en el poder.

Pero aquí aflora otro rasgo personal del líder, producto de aquel aprendizaje hecho en la calle: Lula nunca ha utilizado su inmensa cuota de poder en provecho propio. Parece increíble, mirando alrededor los ejemplos en sentido contrario. Pero en la actual relación de fuerzas, al presidente le hubiera sido relativamente simple proponer una reforma constitucional que lo habilitara para un tercer mandato consecutivo, una re-reelección, como las que estuvieron (y están aún) de moda en Latinoamérica. Sin embargo, Da Silva cortó ese rumor desde el primer momento, y fue consecuente con su palabra. Terminados los dos períodos, se volvería a su casa, no forzaría la legalidad constitucional y permitiría la normal renovación de la conducción gubernamental.

En estos días de despedidas, saludando a los periodistas acreditados en Brasilia, inclusive reveló algunas intimidades que permiten comprobar la honestidad de su decisión de abandonar (aunque sea momentáneamente) el poder. Tampoco es que me interesen los beneficios personales del cargo, vino a decirles Lula a los periodistas, ni el avión presidencial ni la piscina del palacio: a la pileta casi no me metí nunca, y el avión me marea. Y otro detalle que completa esta postal: en todos estos años, reveló Lula, no me he reunido con mis amigos, ni los he invitado a comer a la residencia oficial, porque no quería alentar celos y envidias; volver al llano será también recuperar las cervezas y las cenas compartidas con los amigos de siempre, por las noches, hasta que nos den las tantas…

ORDENAR LA CASA

El éxito de Lula en la gestión gubernamental ha tenido dos grandes capítulos: la reubicación de la presencia y de la palabra brasilera en el plano exterior y las políticas públicas de justicia distributiva, equidad e inclusión social en el orden interno.

En el plano global, Da Silva logró capitalizar el peso específico de su país para encabezar las iniciativas regionales, especialmente la Unasur, y para proyectar el protagonismo de Brasilia en algunas zonas calientes –Irán, Turquía, Medio Oriente, Siria, África-; en los acuerdos de grupo con los otros emergentes (como el BRIC, con Rusia, India y China, y el IBSA, con India y Sudáfrica); y un rol creciente en las instancias multilaterales, como el Grupo de los Veinte (G-20) y la recurrente aspiración de ingreso permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero este crecimiento en el rol de jugador de las primeras ligas mundiales estuvo asentado, permanentemente, en la estrategia de alcanzar una ordenación en la política interna que justificara aquel mayor protagonismo global. Y la misma línea de pensamiento estuvo aplicada a los grandes temas de la defensa (como la adquisición de armamento nuclear con tecnología francesa); como a los más domésticos de afianzar la imagen de Brasil en el concierto de naciones (como esos grandes escaparates que son los juegos olímpicos, a celebrarse en Río de Janeiro en 2016, o los mundiales de fútbol, en 2014).

Por estas razones –que podríamos llamar “de Estado”- como por auténtica vocación popular, democrática y progresista, Luiz Inácio da Silva orientó las direcciones de su gobierno a la aplicación novedosa de políticas inclusivas y de ampliación agresiva del mercado interior, con el complemento de una permanente evaluación y monitoreo, que ha transformado la experiencia brasileña en una referencia mundial de estudio en las facultades de ciencias políticas y sociales.

No es caprichoso caracterizar de osadas las iniciativas de transformación implementadas durante los dos períodos presidenciales de Lula, si se tienen en cuenta las condiciones estructurales del país al momento de su acceso al poder, y el tamaño de la sociedad brasilera. Según el censo general de 2010, la población del país vecino alcanza a 190,7 millones de personas. Este gigante demográfico y geográfico fue fortalecido durante estos ocho años en su modelo federativo y descentralizado, con diferentes niveles de gestión autónoma en los estados federados (provincias) y municipios. Por ello deben ser osadas, necesariamente, las políticas que intenten lograr transformaciones sustanciales en un país con una de las mayores estructuras de gestión pública del mundo.

Lula se imaginó una estrategia centrada en la fuerte presencia del Estado Federal, y ordenó la planificación de la prestación de los servicios públicos, que tendrían la función de incluir en el sistema a los grandes colectivos pauperizados, desde la esfera pública nacional. Así, hoy todos los niveles gubernamentales (federal, estadual y municipal) están comprometidos en la prestación de servicios sociales, con un cercano monitoreo sobre su efectividad, alcance y calidad.

Junto a la extensión en la prestación de servicios hasta las regiones y los colectivos más lejanos, el rol del Estado también ha sido muy fuente en el impulso a las políticas de soporte a la industria básica y a las manufacturas. Esta promoción industrial y productiva estuvo, además, cruzada con las diferentes herramientas para apuntalar el aliciente al consumo interno.

La conjunción de estrategias de asistencia primaria a las necesidades crónicas de los estratos más pauperizados, que progresivamente van dejando lugar a planes de incorporación al mercado productivo formal, y una participación activa del sector público en el crecimiento del producto interno, han sido acompañadas con el monitoreo permanente y transparente de resultados, de forma de contar en todo momento con indicadores fiables para ajustar esas mismas políticas y acciones públicas.

A PARTIR DE MAÑANA

Lo que acabo de reseñar, y que quizá se denomine “modelo brasilero” dentro de algún tiempo, constituye el legado político de Luiz Inácio da Silva: rol activo del sector público en la esfera económica (productiva y financiera); prioridad en la atención social; transparencia y honestidad gubernamental; apoyo oficial al crecimiento del mercado interno; búsqueda de la equidad y de la inclusión de los más pobres; liderazgo en la integración regional; protagonismo heterodoxo en el plano global.

En Foz do Iguazú, a mediados de este mes de diciembre, en la 40º cumbre del Mercosur, Luiz Inácio da Silva se despidió de sus colegas presidentes del Cono Sur de América, en lo que era también su despedida de los escenarios internacionales. En Foz traspasó la conducción pro témpore de la organización regional (cuyo resurgimiento tanto le debe a él y al ex presidente argentino Néstor Kirchner) al presidente paraguayo Fernando Lugo. Todos tuvieron palabras de elogio y agradecimiento para Lula, a quien el uruguayo Pepe Mujica consideró nuestro “embajador plenipotenciario en el concierto del mundo”.

Este tipo de adjetivos se repetirán en estos días. Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire es cómo tomará la sociedad política la ausencia de Lula en el palacio del Planalto a partir de mañana, una ausencia gigante, “o mais grande do mundo”, como casi todo en Brasil.

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Ley de medios: en Brasilia como en Buenos Aires (10 11 10)

LULA PROPONE UNA NUEVA LEY DE MEDIOS EN LA FASE FINAL DE SU GOBIERNO

El proyecto se asemeja a la iniciativa argentina de reforma en trámite

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El presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, parece decidido a no dejar demasiados cabos sueltos en herencia a la próxima gestión gubernamental de Dilma Roussef, y anunció en la víspera la elaboración de una ley nueva sobre medios de comunicación.

La regulación de la participación de las empresas de telecomunicaciones ha sido uno de los grandes temas de la política nacional, que Lula ha venido sorteando con altibajos durante sus dos períodos al frente del Ejecutivo.

El ministro de Comunicación Social, Franklin Martins, anunció ayer que está elaborando un proyecto que deberá constituirse en el nuevo “marco regulatorio” de los medios de prensa, y que contemplará la presencia creciente de las empresas de telefonía en la difusión y producción de contenidos de televisión.

El tema del control sobre los aspectos monopólicos de los grandes medios de comunicación fue central en la última campaña presidencial, con fuertes debates sobre los equilibrios entre libertad de expresión e incidencia de los monopolios en los rumbos de la política.

En una línea muy cercana a la evolución del enfrentamiento entre el gobierno argentino y las grandes empresas de prensa, Martins aseguró que la Administración Lula está “en contra de la censura”, pero que esa libertad “no quiere decir que la prensa no pueda ser criticada.”

La embestida del gobierno busca poner equilibrar el actual escenario, donde media docena de grandes empresas, todas ellas de matiz conservadora, monopolizan la generación de contenidos noticiosos, la divulgación y la distribución de los diarios y revistas.

El propio Lula admitió, en su momento, que si hubiera sido por la prensa brasileña él “jamás hubiera llegado a ser presidente”. A pesar de que el lobby de la prensa se opuso radicalmente al Partido de los Trabajadores (PT) desde la primera elección de Lula, los diferentes intentos del gobierno por quebrar ese monopolio han tenido pocos frutos hasta el presente, salvo la derogación de la antigua ley de medios: en mayo de 2009 el Tribunal Supremo Federal decidió abolir la Ley de 1967, aprobada en tiempos de la dictadura.

El presidente ha abogado por elaborar un marco legal “más democrático”, con un nuevo sistema de distribución de licencias que garantice el “pluralismo” y evite una situación en la que “unos pocos grupos empresariales ejercen el control casi absoluto sobre la producción y divulgación de los contenidos informativos y culturales”.

Frente a estas iniciativas, los grandes diarios acusaron a Lula de “querer maniatar a los medios independientes y nacionalizar las comunicaciones”.

El ex presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso secundó esta opinión y alertó contra las “tendencias autoritarias” en materia de medios que, en su opinión, “ganan fuerza en Sudamérica”. Desde Brasilia, sin embargo, el gobierno insiste en que para democratizar la prensa debe romperse un monopolio empresarial que ha tendido demasiados lazos con el poder desde los tiempos de la dictadura militar.

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Las primeras medidas de Dilma marcan la cancha (08 11 10)

Brasil

LAS PRIMERAS MEDIDAS DE DILMA COMIENZAN A MARCAR EL ESCENARIO

La presidenta electa lanzará su gobierno con reformas económicas y fiscales

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El anuncio de lo que serán las primeras acciones de gobierno de la recientemente electa presidenta brasilera, Dilma Rousseff, comienzan a delimitar el escenario político del gigante sudamericano tras los ocho años de liderazgo de Luiz Inácio da Silva, Lula.

En la víspera, Dilma anunció que intentará reimplantar un impuesto federal para financiar el ambicioso programa de salud que incluyó en las promesas de su programa electoral. Aunque la presidenta electa dijo que la introducción del nuevo gravamen sería un proceso de negociación con los gobernadores provinciales, la oposición ya se manifestó en contra de las primeras propuestas de la jefa del ejecutivo, planteando así la primera disidencia postelectoral de lo que se anuncia como un período confrontativo.

Las principales críticas hacia Dilma durante la larga campaña electoral, tanto para la primera vuelta como durante el mes que separó a esta del ballotage, hicieron hincapié en su formación de economista con tendencias tecnócratas, y en las dificultades que su presunta falta de carisma tendría para la negociación de las políticas con el arco opositor.

A tono con estas apreciaciones, la nueva mandataria comenzó manifestándose a favor de reimplementar la Contribución Provisoria sobre los Movimientos Financieros (CPMF) para financiar los planes de salud. La CPMF fue un impuesto establecido por Lula, y que tuvo vigencia hasta fines de 2007, cuando la oposición logró voltearlo en el Congreso en una de las derrotas legislativas más duras para el oficialismo.

Dilma, que a diferencia de Lula contará con mayoría propia en ambas cámaras del Congreso cuando asuma el próximo 1 de enero, piensa aprovechar esta coyuntura para retomar la política de financiamiento diseñada por el presidente saliente. Frente a ello, el Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB), que apoyó la candidatura de José Serra y que según las cifras del ballotage representa prácticamente a la mitad del país, afirmó que luchará contra la propuesta y rechazó la posibilidad de discutir el tema fuera de una amplia reforma tributaria.

El movimiento obrero, en cambio, ha adelantado su postura favorable al plan de financiamiento de la salud de la presidenta electa, como parte de las políticas sociales que ha llevado adelante el Partido de los Trabajadores durante la última década. El presidente de la Central Unica de Trabajadores (CUT), Artur Henrique da Silva, aseguró que los gremios esperan que el gobierno de Dilma Rousseff profundice las políticas sociales actuales y avance en una reforma tributaria y en una regulación del mercado de trabajo que permita más y mejor empleo.

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El aborto se mete en la campaña brasilera (12 10 10)

EL DEBATE SOBRE EL ABORTO COPA LA CAMPAÑA PARA EL BALLOTTAGE

El cambio estratégico de postura debilita a la oficialista Dilma Rousseff

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En un momento donde las cuestiones valorativas y éticas crecen en la decisión de los electorados, la legalización del aborto se ha insertado como una variable numéricamente condicionante en la campaña brasilera.

La candidata oficialista, Dilma Rousseff, siempre hizo pública su postura personal favorable a una despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Se calcula que en Brasil abortan cada año tres millones de mujeres, y el país soporta una altísima tasa de muertes de madres durante la realización clandestina de intervenciones quirúrgicas abortivas.

Sin embargo, dado que en la primera vuelta electoral Dilma no consiguió la mayoría absoluta (llegó al 46,9 por ciento), en esta nueva campaña para llegar al ballottage del 31 de octubre, a la candidata oficialista le resulta determinante captar un porcentaje de los electores de Marina Silva, que rondó el 20 por ciento del total del padrón en la primera vuelta y obtuvo con ello la llave para la formación de un gobierno de mayorías en la nueva jornada electoral.

Marina, que ocupó la cartera de Medio Ambiente durante la presidencia de Lula, además de sus posturas de militante ecologista, es una creyente evangélica que ha hecho pública su oposición terminante a legalizar el aborto.

Según algunos cálculos de consultoras sociopolíticas, aproximadamente la mitad de los electores del Partido Verde (PV) de Marina son votantes evangelistas que la secundan en esa postura.

En ese marco, los dos principales candidatos para la segunda vuelta, Dilma y el socialdemócrata José Serra, se trenzaron en una dura polémica en un nuevo debate frente a las cámaras de televisión.

La candidata del PT sorprendió al abandonar el tono mesurado y acusar a Serra de ser responsable de una campaña de “calumnias” contra ella, adjudicándole una posición proabortista, en la que también estaría implicada la mujer del candidato, la chilena Mónica Serra. “Su esposa dijo que yo iba a matar niñitos”, señaló Rousseff. Pastores evangélicos y obispos católicos invitaron a sus fieles a no votar a Rousseff, quien además de despenalizar el aborto siempre ha manifestado su posición favorable al “matrimonio gay”, la unión civil de homosexuales.

Serra contratacó a la candidata de Lula poniendo en duda su coherencia: “Usted dijo que estaba a favor del aborto, y luego lo negó, usted debe tratar de ser coherente, yo nunca defendí el aborto, usted sí”, sostuvo Serra.

Lula, por su parte, volvió a respaldar a su elegida, y dijo ayer que “parte del éxito” de su gobierno se debe a Dilma, y que sólo ella es garantía de la continuidad de sus políticas.

 

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¿Y si fuera Serra…? (06 10 10)

EN BRASIL SE DEFINE LA NUEVA COMPOSICIÓN DEL CONGRESO NACIONAL

Continúan las negociaciones en miras a la segunda vuelta del 31 de octubre

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Mientras las planas mayores de los grandes partidos brasileros afinan las estrategias para captar porciones del electorado de los adversarios, la composición del nuevo Congreso resultante de las elecciones generales del domingo pasado le otorga a la candidata oficialista, Dilma Rousseff, una cómoda mayoría de escaños.

El Partido de los Trabajadores (PT) logró arrebatarle a la oposición de centroderecha varias bancas, con las cuales el oficialismo sumará finalmente 402 diputados de un total de 513 de la cámara baja, según las proyecciones conocidas ayer. En el Senado, por su parte, el PT tendrá 55 curules sobre un total de 81.

Si las alianzas entre la primera minoría y los sectores más afines a Lula en el Partido Verde, tercera fuerza a nivel nacional, terminan confirmando a Dilma en la Presidencia, que es la hipótesis más factible tras la primera vuelta electoral, la heredera de Lula tendrá un Parlamento mayoritariamente afín, algo que su mentor no contó durante los ocho años de sus dos mandatos consecutivos.

Luiz Inácio da Silva, Lula, gobernó el gigante brasileño con el colegio legislativo dominado por el arco opositor, mayoritariamente integrado por los socialdemócratas del PSDB. El escenario que le tocó al actual presidente sería idéntico al que tendría que enfrentar el “tucano” José Serra, si los negociadores del oficialismo no tienen la capacidad suficiente para trasladar hacia Dilma los votos de Mariana Silva, y éstos terminan apoyando al candidato opositor; en este caso Serra debería asumir la Presidencia con el Poder Legislativo controlado por el PT.

Esta segunda alternativa –el trasvase de votos “verdes” a los socialdemócratas- es una de las más recurridas en los análisis políticos desde el domingo a la noche, cuando se conocieron los cómputos oficiales y quedó demostrado que la gran sorpresa de esta primera vuelta era el casi 20 por ciento nucleado alrededor de Marina Silva, ecologista, ex ministra de Lula, y que supo captar a una franja importante del voto joven y de los colectivos cristianos evangelistas, estos últimos con peso numérico creciente en Brasil.

La dirigencia del Partido Verde (PV) sigue deliberando sobre la postura que la agrupación tendrá frente al ballottage. Se espera una “neutralidad” (que, en definitiva, terminaría beneficiando al PT), aunque en las últimas horas varios dirigentes importantes han manifestado su preferencia por la alternativa de apoyar a Serra.

El presidente del PV, José Luis Penna, afirmó que dada la mayor “afinidad” de los verdes con los socialdemócratas, en segunda vuelta la opción es apoyar a Serra. En el mismo sentido se expresó ayer el diputado Fernando Gabeira, derrotado el domingo como candidato a gobernador de Río de Janeiro por el PV, “mi posición es apoyar a Serra, no sólo porque me apoyó en Rio de Janeiro sino porque lo considero el mejor candidato”, dijo en la víspera en la ciudad carioca. Gabeira, ex guerrillero como la propia Dilma Rousseff, afirmó que entre los “verdes” es mayoritario el respaldo a la oposición socialdemócrata.

Marina Silva, frente a estas posturas, se ha convertido en la “gran electora” en la segunda vuelta, y para definir la función de árbitro de su agrupación, ha convocado a una convención partidaria para fijar una posición común.

Los principales candidatos, por su parte, han comenzado con movimientos estratégicos: Dilma anunció un cambio respecto de su postura sobre el aborto, que la acercaría a los evangélicos de Marina; mientras que Serra pidió a la justicia electoral cambiar a su candidato a vicepresidente, con lo cual atraería al sector disidentes de los socialdemócratas.

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Todos miran a Marina (05 10 10)

TRAS LAS ELECCIONES DEL DOMINGO BRASIL PREPARA LA SEGUNDA VUELTA

Los negociadores buscan definir el rol de la tercera fuerza del Partido Verde

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Tras la jornada electoral del domingo, en la que un padrón de 135.804.433 electores del gigante brasilero fueron convocados a las urnas, los partidos políticos comenzaron de inmediato a trazar las estrategias de alianzas para enfrentar la segunda vuelta electoral, que definirá al reemplazante del presidente Luiz Inácio da Silva, Lula, en el palacio del Planalto de Brasilia a partir del 1 de enero próximo.

Luego de los cómputos definitivos entregados por el Tribunal Superior Electoral de Brasil, la candidata oficialista del Partido de los Trabajadores (PT) –y elegida personalmente por Lula para sucederlo-, Dilma Rousseff, obtuvo 47.651.434 votos, esto es, el 46,91 por ciento del padrón, quedando apenas a tres puntos de la mayoría absoluta que la hubiera consagrado Presidenta en la primera vuelta, algo que no ha logrado ni el propio Lula en sus dos períodos que ahora culminan.

El principal candidato opositor, el ex gobernador del estado de San Pablo, José Serra, postulante del Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB) obtuvo 33.132.283 votos, o sea el 32,61 por ciento.

Y la gran sorpresa de la jornada fue Marina Silva, del Partido Verde, que con 19.636.359 votos sumó el 19,33 por ciento del padrón, y puede constituir la llave de formación de un futuro gobierno, si los oficialistas del PT no logran articular con ella una coalición para que los votos del Partido Verde se trasladen a Dilma.

Aunque la posibilidad de un apoyo de Marina Silva a Serra fue mencionado en numerosos análisis desde que se conocieron los cómputos, el domingo a la noche, la alternativa es poco probable: la candidata ecologista formó parte de los gabinetes de Lula, y el perfil de sus votantes –jóvenes y urbanos, principalmente- está muy cerca de los apoyos con los que cuenta el oficialismo.

El ballottage, previsto por la ley electoral para el próximo 31 de octubre, concentra a partir de hoy las diversas reuniones en las ciudades de Brasilia, San Pablo y Belo Horizonte. Las reuniones se limitan a las tres formaciones mayoritarias -PT, PSDB y los Verdes-, ya que de los seis candidatos presidenciales restantes, ninguno llegó al 1 por ciento del padrón, por lo que la definición de la segunda vuelta será por movimientos internos en los apoyos a los tres primeros.

TODOS MIRAN A MARINA

Aunque es una hipótesis poco probable, algunos opositores se entusiasman con la posibilidad de sumar los votos de Marina Silva, del Partido Verde, a los de José Serra, con los que el “tucano” superaría a la oficialista Dilma Rousseff.

El Partido Verde de Marina se reunía anoche en San Pablo para plantear las dos opciones que se le abren a la agrupación frente al ballottage.

Los más cercanos a Lula –de cuyos gabinetes Marina formó parte- esperan la neutralidad, lo que favorecería al PT, mientras que otra parte remarca la mayor afinidad de los Verdes con los socialdemócratas del PSDB.

De hecho, el PV fue en alianza con el PSDB en San Pablo, Minas Gerais y Río de Janeiro, e incluso su presidente, José Luis Penna, afirmó en el tramo final de la campaña que en una eventual segunda vuelta la opción Verde era apoyar a Serra.

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Dilma, sin mayoría absoluta en primera vuelta (04 10 10)

DILMA GANA LAS PRESIDENCIALES PERO HABRÁ BALLOTTAGE EN BRASIL

La candidata de Lula se imponía anoche por el 45 por ciento de los votos

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A pesar del enorme predicamento popular del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, y del arrastre de votos que su persona supuso para la candidata elegida por él para sucederlo, escrutados el 90 por ciento de los votos totales tras la jornada electoral de ayer, la postulante por el oficialista Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, acumulaba un 45,96 por ciento de los 135.804.433 electores que componen el inmenso padrón de las elecciones nacionales.

El porcentaje que restaba de escrutar al cierre de esta edición, según los analistas de los datos suministrados por el Tribunal Superior Electoral, no serían suficientes para cambiar la tendencia, lo que implica que el esperado 50 + 1 que las últimas encuestas otorgaban a Dilma no se cumplirá en esta primera vuelta, y será necesario el ballottage previsto por la ley electoral para el próximo 31 de octubre para definir el reemplazo de Lula en la presidencia.

Al no haber obtenido la mayoría absoluta de votos emitidos, la ex guerrillera, a la que la prensa brasilera le ha adjudicado un perfil demasiado técnico y un carisma insuficiente, deberá medirse nuevamente con el ex gobernador de Sao Paulo, José Serra, líder del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Anoche, con el último reporte del Tribunal Superior Electoral, Serra acumulaba un 33,04 por ciento, una medición superior a la prevista por las encuestas de los últimos días, lo que mejora sus expectativas frente a la segunda vuelta electoral.

Y la tercera candidata mayoritaria, Marina Silva, postulante por el Partido Verde y receptora del “voto joven”, registraba un muy buen desempeño al arañar el 20 por ciento del total del padrón.

El cierre de campaña para este domingo estuvo dado por el tradicional debate entre los principales candidatos presidenciales, coordinado por la cadena O Globo, y que tuvo una audiencia record este año; pero, según los comentarios posteriores, Dilma trasmitió una imagen de poca seguridad, sin comprometerse con ningún tema espinoso que pudiera quitarle votos a último momento.

Esta postura, sumada a que tuvo que enfrentar en el último tramo de la campaña un sonado escándalo de corrupción que afectó a una de sus principales colaboradoras, parecen haber incidido en el hecho de arrebatarle la mayoría absoluta en la primera vuelta, el gran objetivo del oficialismo para este domingo.

El presidente Lula mantuvo permanentemente su respaldo a Dilma, a la que eligió personalmente y presionó para que la respaldara el Partido de los Trabajadores. En el último spot publicitario, durante la semana pasada, Lula afirmaba que votar por Dilma era lo mismo que votar por él, y anoche el presidente recordaba que tampoco él había logrado nunca ganar a la primera. Restará ver si el largo mes que comienza ahora hasta el ballottage, no depara nuevas sorpresas para el oficialismo.

SERRA ASEGURA QAUE COMPETIRÁ CON DILMA DE NUEVO

El candidato opositor, José Serra, votó en la capital paulista, principal bastión de los socialdemócratas del PSDB en el mediodía de ayer.

Al igual que Lula, Serra asistió al colegio electoral en compañía de su esposa, la chilena Mónica Allende; y estuvo rodeado de la plana mayor del partido. Sera se dirigió a los medios de comunicación que lo esperaban a la salida del colegio, y volvió a afirmar que a pesar de las encuestas difundidas en los últimos días, él llegaría a la segunda vuelta electoral, prevista para fines de este mes, y le disputaría seriamente la presidencia a la candidata oficialista.

Anoche, con el 80 por ciento de las mesas escrutadas, Serra rondaba el 35 por ciento de los votos, y los pronósticos del Instituto Brasilero de Opinión Pública y Estadística, Ibope, le otorgan cerca de un 40 por ciento de preferencia si llega al ballottage, como él asegura que lo hará.

SIN MAYORES SORPRESAS EN LOS GOBERNADORES

Además de definir las presidenciales, en la jornada de ayer se votaba en Brasil diferentes gobernaciones estaduales y renovaciones parlamentarias.

Según los primeros datos conocidos al cierre de esta edición, los grandes estados federales, que tienen una incidencia importante en la definición de los rumbos políticos del país, mantenían el color político de los ejecutivos.

Tanto Sérgio Cabral, aliado de Lula, como Antonio Anastasia, hombre de José Serra, fueron reelectos como gobernadores en Río de Janeiro y en Minas Gerais, respectivamente.

También el socialdemócrata Geraldo Alckmin resultaba electo en San Pablo, feudo del Partido de la Social Democracia Brasilera, PSDB. La circunscripción paulista es el principal distrito electoral del país, y Alckmin –que acompañó al candidato José Serra a votar a su colegio- obtenía anoche el 54 por ciento, sobre el 33 por ciento de Aloízio Mercadante, del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula.

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Brasil, cierre de campañas (30 09 10)

LA FIGURA DE LULA CONCENTRA LA ATENCIÓN PARA ESTE DOMINGO

“Votar a Dilma es como votarme a mí”, dice Lula en el último mensaje de campaña

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El predicamento popular del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva es tan grande (los últimos sondeos le otorgan un 80 por ciento de imagen positiva), que ninguno de los candidatos a sucederle en las elecciones presidenciales del próximo domingo ha podido despegar sus propuestas de la figura del actual mandatario.

El Partido de los Trabajadores (PT), la formación oficialista que se cuadró ante la iniciativa presidencial y proclamó, en el congreso nacional de la agrupación, la candidatura de la economista Dilma Rousseff, desde el primer momento basó la campaña en presentar a la antigua guerrillera y ex jefa de gabinete de Lula, como la seguridad de su continuación.

Pero, además de esta lógica estrategia del oficialismo, el principal candidato de la oposición, el “tucano” José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), difundió su mensaje de captación de electores también articulando su imagen con la del actual presidente: “Serra y Lula, dos hombres de historia, dos líderes con experiencia”, podía leerse en el lema electoral del PSDB utilizado en el grueso de la campaña, en un intento de mostrar que el ex gobernador del estado de Sao Paulo también podía plantearse como “heredero” de los gobiernos de Lula.

En los últimos días, sin embargo, el líder del PT dejó claro que para una línea continuista no hay más opción que su candidata, Dilma, y en el último spot publicitario difundido ayer afirmaba que votar por ella el próximo domingo es igual que hacerlo por él.

Los socialdemócratas también quisieron a último momento poner mayor distancia con el actual gobierno. Sergio Guerra, senador y presidente del PSDB, afirmó que “Dilma Rousseff no tiene una imagen propia ni ha demostrado su capacidad de gobierno. Su campaña está centrada en la gestión pasada. En principio eso ayudó a Dilma, pero que Lula eclipse a la candidata está siendo negativo para ella.”

Aunque para diversos analistas, especialmente de la prensa paulista, este cambio de discurso llega tarde, ya que los socialdemócratas no fueron capaces, desde el primer momento, de presentarse como una alternativa atractiva y diferenciada del PT y de la gestión de Lula.

Los últimos sondeos conocidos antes de que comience la veda electoral coinciden en otorgarle a Dilma un porcentaje de preferencia de votos cercano al 55 por ciento, una cantidad que la convertiría en presidenta electa en la primera vuelta, sin necesidad de esperar al ballottage previsto para el 31 de octubre.

Ayer, en el cierre de campaña del PSDB en Sao Paulo, sin embargo, Jose Serra –a quien los sondeos le otorgan un 30 por ciento- dijo que confía en llegar a disputar una segunda vuelta electoral.

Visiblemente cansado, y sin la presencia de grandes personalidades del partido, como el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, Serra cerró la campaña en el paulista barrio obrero de Mooca, donde nació, y culminará hoy las actividades, junto a Dilma y los demás candidatos presidenciales, en el último debate pre electoral, que se celebrará en Río de Janeiro y será transmitido por la red O Globo.

Por su parte, mientras transcurre el debate, Lula encabezará el acto de cierre de la campaña del Partido de los Trabajadores.

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