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Un heredero bien alimentado (23 12 11)

Un heredero bien alimentado

por Nelson Gustavo Specchia

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La vida y la historia se encargan de recordárnoslo a cada paso: no hay dictadores eternos, y hasta el más férreo, aislado y cerrado sistema termina horadado por las mismas fuerzas centrípetas que intentaron hacerlo inmune al mundo exterior. Parecía eterno, pero, claro, Kim Jong-il no lo era. Y habrá que ver cuánto más puede resistir el régimen de Corea del Norte cerrado a cal y canto. Muerto el “amado líder” –como se hacía llamar con desparpajo oriental- presumiblemente de un ataque al corazón, tras los múltiples achaques y dolencias que la afición al cognac añejo le habían dejado, todos los símbolos de la dictadura se orientaron a minimizar el golpe y a intentar seguir creyendo que la burbuja norcoreana puede permanecer indeleble al tiempo y al espacio circundante.

Demoraron la noticia de la muerte del dictador durante horas, hasta que la camarilla en el vértice de la pirámide tuvo todas las seguridades; recién entonces vistieron al segundo Kim con el uniforme caqui que usó durante 17 años y lo cubrieron con una sábana roja dentro de un ataúd de cristal. Sin una distinción, una charretera, un bastón de mando ni ningún otro símbolo externo de poder: la fascinación de los autócratas de otras partes del mundo por los entorchados, como los coloridos uniformes de Khaddafi o del ugandés Idi Amín Dadá, o la colección maniática de ribetes, cintas y medallas que llegó a atesorar el dominicano Rafael Leonidas Trujillo, en Oriente mutan por el silencio indumentario. Mao impuso la tendencia: a mayor concentración de poder, la liturgia comunista impone un vestido escueto, amorfo, demodé.

Además del vestido, la élite norcoreana también cuidó el aposento final del “amado líder”. El catafalco transparente con su cadáver fue depositado en el palacio Kumsunsan, donde también reposa el otro féretro venerado: el que contiene la momia de su padre, Kim Il-sung, fundador de la nominalmente República Popular Democrática de Corea, y de la dinastía que la viene gobernando desde el fin de la segunda Guerra Mundial y la expulsión de los invasores japoneses.

Y el tercer símbolo de que el quiebre de la muerte del jefe no implicará ningún cambio en el sistema llegó con el heredero. Respaldado por la Comisión Militar Central; por los líderes del Partido del Trabajo; por su tío Jang Song-taek; por el mariscal jefe del Alto Estado Mayor de las fuerzas armadas, Ri Yong-ho; y por su tía Kim Kyong-hui (la hermana del difunto, y única mujer general del Ejército), el rollizo Kim Jong-un, de 29 años, llegó a los pies de la urna de cristal y rindió un tributo que fue, al mismo tiempo, la señal de la continuidad del régimen en su persona. Por cierto, el joven Kim no ha hecho ni el servicio militar, pero ante los achaques de su padre, también él este año ha sido rápidamente ascendido a general.

UN PAÍS, UNA PECERA

Mientras miraba por los canales internacionales los ceremoniosos símbolos con que la casta gobernante intenta fijar la perpetuación del régimen, pensaba que la urna de cristal en que pusieron a Kim Jong-il también podría funcionar como metáfora del país entero. Una metáfora de aislamiento enfermizo, que ha llevado a que todo un pueblo permanezca, generación a generación, encerrado en una pecera, como hoy el cadáver de su autócrata. En el terreno de las cuentas largas de la historia, la política coreana se ha desarrollado en una tradición inmovilista. El rey Silla unificó las diversas tribus de la península hacia el año 676, y le imprimió desde aquellos tiempos fundacionales una vocación de cierre, de claustro. Durante más de cinco siglos, la dinastía Joseon (1392-1910) mantuvo esa idea de pureza que vendría del aislamiento, que llevó a los viajeros europeos de los siglos XVIII y XIX hablar de Corea como el “reino ermitaño”. El Imperio del Japón invadió la península en su programa expansivo, y la dominación invasora mantuvo el aislamiento durante los 35 años que duró. Tras la derrota del Eje, en la división del nuevo mundo bipolar que aparecía y que dominaría toda la segunda mitad del siglo XX, Roosevelt acordó con Stalin la partición de la península en dos áreas de influencia, cortadas por el paralelo de 38º: en el norte los soviéticos y en el sur los estadounidenses.

En la mitad comunista, el primero de los Kim se fue haciendo fuerte desde 1945, generó un grupo de militares afines, y cinco años más tarde lanzó un ataque al sector sur, para terminar con la artificial partición en dos mitades y reunificar el país bajo su mando. La reacción norteamericana, con el apoyo de las Naciones Unidas, internacionalizó el conflicto. Y apareció China, como el gran valedor del régimen del norte, una posición que sigue manteniendo hasta hoy. La Guerra de Corea (aquella que popularizó la serie M.A.S.H., con Alan Alda) fue la primera gran experiencia de la tensión que generaba el mundo dividido en dos polos antagónicos: la Guerra Fría, que impedía el enfrentamiento directo entre soviéticos y norteamericanos, se calentaba en los bordes de la periferia. Más de dos millones de muertos y tres años después, se terminaban las hostilidades (aunque no la guerra, ya que nunca se ha firmado un armisticio), y todo volvía al paralelo de 38º. Y nuevamente los coreanos (sólo los del norte, esta vez) a aislarse más y más del mundo.

La pecera de los Kim ha mantenido a ese pueblo (se calculan unos 25 millones de personas) ignorantes de lo que haya más allá de la frontera, con la única excepción de las novedades provenientes de China, el gigante vecino y amigo. La filosofía del trabajo y de la resignación son la moneda corriente, sólo hay un canal de televisión, apenas algunas radios (que deben conectarse a una única estación central para pasar los noticieros), y aún menos diarios y revistas. Obviamente, no hay acceso a Internet, y los teléfonos celulares –además de estar estrictamente prohibidos- no tienen cobertura.

Pero esa pecera, ese territorio casi de ficción, además pasa hambre. Porque los terrenos ricos para la agricultura quedaron al sur del paralelo de 38º.

HERENCIA DE HAMBRE

El cierre a cal y canto del régimen no sólo es una ignominia jurídica. Además del derecho internacional, la situación humanitaria de Corea del Norte es crítica. Y ya que empecé esta columna hablando de símbolos contradictorios, lo bien alimentado que aparece el heredero de la dinastía Kim, con sus cachetes llenos y sus kilos de sobrepeso, es una cruel afrenta para un pueblo que pasa hambre, literalmente. Organizaciones no gubernamentales, como Amnistía Internacional, llevan años denunciando que a las torturas y a las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el régimen de Pyongyang, se les suman las hambrunas crónicas como la principal causa de muerte en el país.

A principios de este mes de diciembre, Amnistía lanzó una campaña denunciando la existencia de seis campos de concentración en Corea del Norte, que alojan a más de 200.000 presos políticos, incluyendo niños, ya que la represión alcanza a toda la familia de los acusados. Los campos (oficialmente denominados “de reeducación”) son inmensas tumbas abiertas, donde han perecido más de 400.000 norcoreanos en los últimos 30 años, según un informe firmado en 2006 por el ex presidente checo Václav Havel. De una autoridad moral indiscutible, el dossier de Havel es una sucesión de narraciones de horror: de cómo el régimen mata a los presos de hambre, de cómo los torturan a golpes hasta que se le saltan los globos de los ojos, de cómo los utilizan para experimentos químicos en cámaras de gas, y otros detalles de tortura que serían poco creíbles inclusive en una novela de ficción.

La FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, calcula que desde mediados de los años noventa las hambrunas van matando a dos millones de norcoreanos, y entre este año y el que viene, otros cinco millones estarían en riesgo de grave escasez de comida.

Ese régimen es el que ha escenificado su continuidad contra cualquier alternativa de modificación, por mínima que fuera, en el libreto del aislamiento y la cerrazón. El presidente chino, Hu Jintao, siguiendo la tradicional línea estratégica de aseguramiento de fronteras del gigante asiático, se apresuró a saludar la llegada del gordo heredero Kim Jong-un, y de manifestar su respaldo a un gobierno presidido por él. Los norteamericanos no se atreverían a ir más allá de su apoyo al gobierno de Corea del Sur, con sus 28.000 “marines” estacionados en Seúl; se conforman con que Pyongyang acepte frenar su peligroso programa de enriquecimiento de uranio.

No hay dictadores eternos, pero por el momento, mientras los grandes juegan al TEG con los misiles y las fronteras, por debajo los coreanos seguirán muriendo de hambre, liderados por el gordo Kim.

 

[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 23 de diciembre de 2011]

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Nuevo “error” de la OTAN: 12 niños muertos (30 05 11)

Un ataque de la OTAN mata a 12 niños en Afganistán

Un error en la localización hace caer las bombas sobre la población civil   

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KABUL.- Las dificultades para identificar claramente los grupos insurgentes del talibán en medio de la población civil volvieron a provocar ayer una matanza en la zona sur de Afganistán, cuando un ataque aéreo de la Alianza Atlántica cayó sobre dos viviendas repletas de civiles y mató a 12 niños y dos mujeres.

Otros tres pequeños fueron heridos de gravedad en el mismo ataque, según confirmaron fuentes gubernamentales de la provincia de Helmand. El ataque de los aviones de la ISAF, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (la denominación del conjunto de tropas internacionales que participan junto al ejército norteamericano en la guerra afgana), se lanzó a pedido de una base de los marines estadounidenses que estaba siendo atacada por comandos talibanes, informó el comando de la OTAN.

La muerte de civiles como consecuencia del “fuego amigo” de la Alianza Atlántico es uno de los principales puntos de tensión entre los ocupantes y el gobierno provisorio del presidente Hamid Karzai, que ha protestado formalmente en varias oportunidades.

En un comunicado oficial, Karzai, que se encuentra de visita en Turkmenistán, anunció que ha pedido a su ministerio de Defensa que ponga fin a las operaciones “no coordinadas” y que asuma el control de las acciones nocturnas, después de calificar la acción militar de ayer como un “homicidio” que viola “valores humanos y morales”.

Apenas un día antes, el sábado, el gobierno de Karzai había emitido otro comunicado, a raíz de la muerte de 20 civiles en un ataque de las fuerzas de la coalición en la provincia del Nuristán, en el que ya había expresado “preocupación” por las operaciones de las tropas occidentales lanzadas sin coordinación con el ejército local.

Esta preocupación del Ejecutivo de Karzai es de orden interno: la semana pasada se registraron movilizaciones de protesta contra las incursiones nocturnas de la OTAN, que se saldaron con doce muertos y más de 80 heridos en enfrentamientos entre manifestantes y la policía.

En realidad, y más allá de las declaraciones y de las explicaciones técnicas sobre los errores, el principal problema desde el inicio de la guerra ha sido la dificultad de identificar claramente a los talibán del resto de la población civil, lo que ha llevado a que las bajas entre civiles no combatientes haya sido un elemento recurrente en el combate. Esto ha terminado deslegitimado al gobierno de Kabul, instalado y mantenido por la presencia de la OTAN en el territorio afgano, y ha llevado a la alta impopularidad de las tropas occidentales.

El comando de la ISAF admitió la muerte de los niños, y anunció el envío de una comisión de investigación a Helmand. En julio próximo comenzará la transferencia de responsabilidades de combate al ejército local, en el plan de retiro de las tropas internacionales, que debe cumplirse antes de fines de 2014.

Mientras tanto, la insurgencia talibán se ha fortalecido, tras la muerte de Osama ben Laden ha lanzado continuos ataque de venganza, y anunció este mes el inicio de una “ofensiva de primavera” contra las tropas de la ISAF y contra el gobierno de Kabul.

Según la misión de la ONU en Afganistán (UNAMA), 2.777 civiles murieron violentamente el año pasado, lo que supone un aumento del 15 respecto de 2009.

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China, el próximo ejército imperial

China, el próximo ejército imperial

Por Nelson Gustavo Specchia

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Desde los primeros momentos del alzamiento popular en el mundo árabe, a mediados de enero pasado, comenzó a advertirse que ese movimiento no se limitaría a Oriente Medio y el Magreb, sino que el envión aperturista podría llegar a otras latitudes. O, con más precisión, tendría capacidad para afectar a otros regímenes, que, como los árabes, han hecho de la cerrazón autocrática y del control la base de sustento y la lógica de permanencia en el poder. Y esto, independientemente de sus características culturales y de su ubicación geográfica. En otras palabras, se instaló la pregunta de cómo haría China para evitar el “efecto contagio” de las puebladas aperturistas provenientes de las riberas del Mediterráneo.

La clase dirigente china, que a pesar de denominarse hoy Comité Central del Partido Comunista de la República Popular de China, sigue manteniendo el carácter elitista del antiguo mandarinato imperial, reaccionó a estas versiones. Los altos burócratas de Pekín negaron enfáticamente que alzamientos como los que están resquebrajando las satrapías árabes pudieran llegar a sus ciudades. La situación interna china es diametralmente diferente, argumentan. El crecimiento del producto interior se mantiene en tasas muy altas; el mercado exportador continúa expandiéndose; el control sobre la economía logró esquivar con éxito los picos más problemáticos de la reciente crisis global; los juegos olímpicos mejoraron la vidriera internacional del régimen; y la tenencia de bonos públicos estadounidenses en las cajas fuertes de los bancos de Shangai y Hong Kong ha logrado acallar hasta las denuncias occidentales por las violaciones a los derechos humanos. Inclusive los conatos de protesta de la Administración Obama por la suave –pero permanente- devaluación del yuan, que mejora la competitividad de los productos chinos pero a costa de los equilibrios en las balanzas comerciales con sus socios en Occidente, quedaron en aguas de borraja.

Todos estos elementos, aducen los nuevos mandarines, abroquelan al sistema político contra posibles contagios. China no será una ficha más de las que tira este inquieto dominó. Pero, a pesar de esta muestra discursiva de seguridad, el gobierno chino ha tomado recientemente dos medidas críticas, que muestran que la confianza real en la posibilidad de que no surjan revueltas internas quizá no sea tan grande: acrecentar el control de la sociedad civil mediante la tecnología, e incrementar –en un auténtico salto cuantitativo- el gasto militar.

CONJURAR TIANANMEN

El actual escenario de alzamientos populares en demanda de más democracia, participación, apertura y transparencia no es la primera situación en que el régimen chino ve cuestionado su manejo cerrado y elitista del poder.

Entre abril y junio de 1989, en la enorme explanada de Tiananmen, en el centro de Pekín, la muerte del líder Hu Yaobang provocó una sorpresiva espiral de concentraciones y protestas, que fueron convocando cada vez a más gente, especialmente a jóvenes y estudiantes universitarios, hartos del control opresivo de la gerontocracia del Partido Comunista Chino. La movilización, que crecía en número pero también en rebeldía con cada día que pasaba, tuvo muchos puntos en común con las que se registraron en Túnez y en Egipto desde principios de este año. Y la forma en que el régimen respondió para sofocarla, no dista demasiado de las vías que el coronel Muhammar el Khaddafi está empleando en estos momentos para reprimir la protesta en Libia.

Los manifestantes de Tiananmen también conformaban un variopinto ejército del descontento, desde intelectuales y profesores universitarios que bregaban por mayor apertura y libertades civiles, pasando por jóvenes militantes de base críticos con el nepotismo corrupto de los “ancianos”, hasta obreros urbanos que se oponían a las nuevas modalidades del capitalismo férreamente controlado por el Estado, impuesto como filosofía política excluyente desde las reformas de Deng Xiaoping a los desmanes colectivistas de Mao Tse Tung.

La clase dirigente, que no había tenido que soportar una contestación opositora desde la constitución de la República Popular, se encontró con la guardia baja. Las divisiones de opiniones sobre cómo enfrentar la protesta llegaron al Comité Central del partido, pero finalmente se impuso la línea dura: se decidió no adoptar ni uno solo de los puntos reclamados por los movilizados, se decretó la ley marcial, y se mandaron los tanques a la plaza. La “masacre de Tiananmen” (cerca de 3.000 muertos, según la Cruz Roja, y más de 10.000 heridos) levantó una ola de condena en todo el mundo, y aisló nuevamente a China.

Pero los mandarines han aprendido de aquella experiencia, y los pasos de estos días parecen querer conjurar una nueva Tiananmen que llegue con los aires mediterráneos desde el mundo árabe. El gobierno admitió que está probando un sistema informático, que comenzará a operar en los próximos meses, mediante el cual podrá localizar en cualquier momento a todos los poseedores de teléfonos celulares en Pekín (que son, por cierto, casi todos los habitantes). La experiencia comenzará con la prestadora China Mobile, que posee un 70 por ciento del mercado, pero seguirá luego con China Unicom y con China Telecom, con lo cual podría llegar a controlar a cerca del 95 por ciento de los 24 millones de ciudadanos que pueblan la capital china, durante las 24 horas del día. Se podrá saber en qué lugar está cada quien en cada momento: en el baño de su casa, en el comedor, o yendo a una concentración popular en una plaza de la ciudad. Y, claro está, en este último caso se podrá intervenir policialmente con el tiempo suficiente como para abortarla, antes de que pase a mayores.

LOS SOLDADOS IMPERIALES

Pero la noticia que mayores suspicacias ha despertado en los centros de análisis de política internacional no ha sido la del aumento del control social interno, sino el anuncio de que China pegará un salto en las partidas presupuestarias destinadas al gasto militar durante el presente ejercicio. A pesar de lo que el discurso oficial esté dispuesto a admitir, el aumento de la cuenta de defensa no está disociado del clima de revueltas que sacude a los regímenes autocráticos. Pero en este caso las implicancias regionales con unos vecinos (India, Taiwán, Corea) con quienes las relaciones no siempre han sido fáciles, y las lecturas globales en cuanto a balances de capacidad de fuego, adquieren otras dimensiones.

Pekín ha admitido esta semana que el gasto de defensa chino alcanzará los 601.100 millones de yuanes (unos 70.000 millones de dólares) en 2011, lo que implicaría un aumento de más de un 10 por ciento respecto del gasto del año anterior; un presupuesto militar que supone un 6 por ciento del total de las erogaciones del país.

Pero aquella cerrazón informativa y falta de transparencia que los jóvenes ya reclamaban en la plaza de Tiananmen hace más de veinte años, se agudiza en los temas militares. Observatorios externos, como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), calculan montos sustantivamente mayores; e inclusive la inteligencia norteamericana ha dejado trascender que el gasto militar chino es –cuando menos- el doble de lo que admite el gobierno.

En todo caso, los burócratas de Pekín relativizan estas suspicacias, comparando su partida con los 553.000 millones de dólares que el Pentágono norteamericano presentó en su previsión presupuestaria para 2012 (y ese monto record, sin incluir los costos de las guerras en Irak y Afganistán).

No hay manera de compararse con la potencia militar hegemónica del globo, claro está, pero China parece encaminada a reconstruir el viejo ejército imperial de Oriente, a tono con su creciente supremacía demográfica, política y económica.

Y eso no es una buena noticia.

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Rusia y el emirato del Cáucaso (28 01 11)

Rusia y el emirato del Cáucaso

por Nelson Gustavo Specchia

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El lunes 24 de enero, el aeropuerto ruso de Domodédovo fue blanco del terrorismo separatista islámico del Cáucaso Norte, la inestable franja meridional que viene generando una espiral de violencia que impacta en todos los capítulos de la agenda política de la dupla Putin-Medvédev, especialmente la imagen exterior de Rusia, que la élite dirigente está empeñada en reconstruir.

El presidente Dmitri Medvédev tenía lista las maletas para salir hacia Suiza, al Foro Económico Mundial de Davos, donde se sentará en civilizadas mesas de café con unos cien empresarios, a los que intentará mostrar que la transformación de la economía rusa la ha convertido en un buen negocio para ellos. Mostrarles, en suma, que esta modernización –junto a los ingentes recursos naturales y a la mano de obra capacitada y barata- es una oportunidad de oro para el gran capital.

La estrategia de Medvédev es convertir a Moscú en un centro financiero mundial. Para ello, debe mostrar que la modernización que él representa debe ser más importante al momento de decidirse a traer el dinero a la capital rusa, que las críticas a la poca independencia de sus jueces, como acaba de confirmarlo la segunda condena al opositor Mikhail Jodorkovski, el ex presidente de la petrolera Yukos enfrentado a Putin. O más importante que el asesinato de disidentes, como el balazo en la cabeza a la periodista Anna Politkóvskaya, o el que acabó con la integrante de la ONG “Memorial”, Natalia Estemírova, entre tantos otros. O más importante que el medievalismo represivo de sus cárceles, donde los desafectos del régimen siguen encontrando misteriosamente la muerte, como la empresaria Vera Trifónova en abril del año pasado. Y, por supuesto, asegurarles a los grandes inversores que el terrorismo de los fundamentalistas islámicos está controlado por el puño de hierro del Kremlin.

La bomba en Domodédovo viene a mostrar, con la objetiva y brutal evidencia de sus 35 muertos y sus más de 130 heridos, que el discurso modernizante del presidente Medvédev tiene muy claros y precisos límites. Y que el separatismo islamista del borde sur, que persigue cortar con la dominación del centralismo ruso e instaurar un emirato en el Cáucaso, permanece operativo y fuerte. Y que cumple con aquella promesa de hielo que le hicieran a Vladimir Putin cuando éste mandó al ejército a reprimir a las guerrillas musulmanas a sangre y fuego: llevar la guerra al corazón de Rusia.

Sin compasión

La guerra prometida a Putin por los milicianos caucásicos es devastadora. Barata en recursos, impredecible, y enormemente letal. Los daños físicos son relevantes, pero el impacto en la sensación de inseguridad y la imagen externa de todo el sistema, crecen exponencialmente.

El lunes pasado, en Domodédovo, dos personas, un hombre de aspecto árabe (su cabeza, separada del cuerpo por la explosión, fue encontrada por los policías) y una mujer cubierta de negro fueron quienes llevaron las maletas con los cinco kilos de trilita, un potente explosivo, y pedazos de metal que volaron en todas las direcciones, matando a discreción.

Apenas un par de semanas atrás, el 31 de diciembre, una mujer murió al explotarle el paquete de explosivos que preparaba para hacerlo estallar en un club moscovita. La banda de chechenos que se descubrió a raíz de este fallido atentado, estaría también implicada en el ataque al aeropuerto.

También fueron mujeres musulmanas, esposas o madres o hijas de guerrilleros del Daguestán caucásico (las ya conocidas como “viudas negras”), las que el 29 de marzo de 2010 hicieron estallar sus cuerpos en el atestado metro de Moscú. Entonces las víctimas fueron 40, civiles que hacían el trayecto entre sus casas y el trabajo por el transporte público, un medio utilizado por unos cinco millones de rusos todos los días. Doku Umárov, “el emir del Cáucaso”, reivindicó el atentado y prometió más sangre. Esta semana volvió para cumplir con su palabra.

El sueño del Emirato

¿Podría, realmente, instalarse una teocracia islamista, regida por la “sharia”, en el borde meridional de Rusia, que Moscú siempre ha considerado una zona vital para su seguridad interna? La respuesta, por donde se la mire, ha sido rechazada contundentemente por la élite dirigente rusa. Y desde los tiempos de los zares.

La reacción a los alardes independentistas del Cáucaso desde el centralismo administrativo de la “Madre Rusia” ha sido, a lo largo de la historia, brutal. La última etapa se abrió con la colonización de Chechenia, Ingushetia y Daguestán, en sucesivas guerras de expansión durante el siglo XIX. La mano dura con el sur se mantuvo durante la crisis imperial, la Revolución, y la instauración de la Unión Soviética, pero comenzó a resquebrajarse con el fin del comunismo, en la última década del siglo pasado.

El desmembramiento soviético, junto a la tradicional postergación económica y la corrupción endémica de los delegados de Moscú en el sur, terminó por reavivar la llama latente del radicalismo islamista, y volvió el sueño del Emirato. La chispa se prendió en Chechenia, y el Kremlin –a la sazón ocupado por Boris Yeltsin- apeló a la receta tradicional: envió a los soldados. Estalló así una guerra desigual y con final inesperado, el otrora imponente ejército ruso fue derrotado, en 1996, por los campesinos musulmanes de la remota y paupérrima Chechenia. Envalentonados, los islamistas comandados por Shamil Basáyev invadieron Daguestán, y Basáyev proclamó el califato, que abarcaba a Kabardino-Balkaria y Karachayevo-Cherkesia, prácticamente todo el Cáucaso.

Cuando Vladimir Putin reemplazó a Yeltsin y a sus vahos de vodka, volvió a desplegar la teoría del control de los bordes como garantía de la seguridad interna de Rusia, organizó el ejército y lo lanzó, en 1999, sin clemencia contra el califato proclamado por Basáyev. La  segunda guerra de Chechenia terminó –de momento- con el sueño del Emirato, e impuso en toda la zona una administración afín a Moscú, encabezada por Ramzán Kadírov.

Con Kadírov y su pandilla de ladrones la corrupción ha vuelto a hacer estragos en el Cáucaso Norte, con unos índices de desempleo alarmantes, y sin prácticamente ninguna salida aceptable en el mediano plazo.

El reemplazo de Putin por su delfín, Dmitri Medvédev, en la presidencia rusa, sólo ha profundizado el modelo. Moscú envía enormes sumas de dinero público para financiar al gobierno títere (casi no hay alternativas a un empleo oficial), pero estas remesas se distribuyen, en un porcentaje alto, al interior del clan de Kadírov.

En este marco, el renacimiento, una vez más, del sueño del Emirato toma más fuerza cada día que pasa. Los desempleados –especialmente los jóvenes, y quienes tuvieron la experiencia en carne propia de la represión rusa- se unen al movimiento independentista, que ya es indisoluble de la causa religiosa. Todos son guerrilleros islamistas, inflamados por la retórica salvífica de los imanes, y prestos a ofrecerse como voluntarios para los atentados suicidas que lleven la guerra “al corazón de Rusia”.

El heredero de Shamil Basáyev, Doku Umárov, ha asegurado que los atentados continuarán hasta que Moscú acepte el califato.

Dmitri Medvédev quiere ofrecer una imagen moderada, actual y occidentalizada del gigante ruso. Cada vez más integrado a Europa, y en diálogo vís-a-vís con Washington. Vladimir Putin, que instaló a Medvédev en el cargo, pero al que seguramente intentará volver en las elecciones de 2012, quiere que su poder se sienta, alto y claro, sin disputas internas. Y que Rusia vuelva a ser la potencia hegemónica que fue durante casi todo el siglo XX.

Habrá que ver si los sueños premodernos de una paupérrima guerrilla étnica y teocrática, no frustran los planes de ambos.

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Irak, bajo la violencia sunnita (20 01 11)

La violencia arrecia contra los musulmanes chiítas en Irak

Las fiestas religiosas son el blanco privilegiado de los atacantes suicidas

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BAGDAD.- En el año en que el ejército de los Estados Unidos planea retirarse definitivamente de Irak tras la invasión que derrocó al régimen de Saddam Hussein y al gobierno de la minoría sunnita, los ataques adjudicados a esta confesión religiosa causan estragos entre la población civil iraquí.

La administración estadounidense afirma que la violencia entre ambas comunidades musulmanas ha disminuido significativamente desde los meses más álgidos de la guerra, hace tres años, pero los ataques esporádicos generan una sensación de incertidumbre e inseguridad que impacta directamente en la capacidad de las fuerzas de seguridad locales para mantener la paz.

Ayer, unos 50 peregrinos chiítas murieron, y más de 110 resultaron heridos, en una serie de atentados suicidas perpetrados en la ciudad sagrada de Kerbala, a unos 100 kilómetros al sur de Bagdad. Kerbala es una ciudad de 570.000 habitantes, que alberga el mausoleo del reverenciado imán Alí, un nieto de Mahoma que es una de las figuras centrales del chiísmo, lo que la convierte en uno de los lugares más sagrados de la tierra, junto con La Meca y Medina, en Arabia Saudita, y en un centro importante del peregrinaje de esta confesión.

En los últimos tres días, unas 116 personas han muerto en distintos atentados. El martes al menos 60 personas murieran y 150 resultaran heridas en un ataque contra un centro de reclutamiento de la policía iraquí en la ciudad de Tikrit, la ciudad de Saddam Hussein; y el miércoles otras 15 fallecieron en dos atentados con coche bomba.

El sangriento ataque de la víspera se dio cuando un par de suicidas, que portaban cinturones repletos de explosivos, detonaron sus cargas en las entradas de la ciudad santa de Kerbala, que por estas fechas recibe cientos de peregrinos chiítas para una de las máximas festividades religiosas de este colectivo, la de Arbainiya.

Las autoridades regionales, como el presidente de la Legislatura provincial de Kerbala, Mohammed Hamid al-Mussawi, adjudicaron los atentados a grupos afines a la red de Al Qaeda, principal manifestación de las facciones rebeldes sunnitas en Irak. Al Qaeda ya ha utilizado las movilizaciones masivas que se dan en las festividades religiosas para atacar a chiítas en años anteriores.

La violencia sectaria en 2006 y 2007 estuvo al borde de hacer estallar una guerra civil en el país árabe, que fue detenida principalmente por la presencia de las tropas norteamericanas en suelo iraquí.

Esta seguidilla de ataques coinciden con las negociaciones políticas para la distribución de los ministerios de Defensa e Interior en el nuevo gobierno de coalición que preside el primer ministro, Nuri al Maliki.

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Túnez, un gobierno de 24 horas (18 01 11)

El gobierno de transición se cae en Túnez empujado por la protesta

La movilización popular exige que los cambios políticos sean reales

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TÚNEZ.- La clase política tunecina ha intentado una cierta continuidad al interior de ella misma, después de que la semana pasada huyera el ex presidente Zine al Abidine ben Ali, pero estos cambios de maquillaje han sido rechazados.

El primer ministro del régimen de Ben Ali desde 1999, Mohammed Ghannuchi, se hizo cargo del Ejecutivo inmediatamente, pero no pudo jurar como nuevo jede de Estado, se impuso el presidente del Parlamento, Fued Mebaaza.

De esta manera, se preservaban las formas de la sucesión, pero en el fondo el partido político Ben Ali, que ha retenido el poder los últimos 23 años, seguía manejando las riendas del gobierno: a ese partido –la Asamblea Constitucional Democrática, ACD- pertenecen tanto Mebaaza como Ghannuchi.

Además, cuando se formó el gobierno “de unidad nacional” para la transición, los ministerios principales fueron ocupados por políticos pertenecientes a este mismo partido.

El presidente Mebaza, junto al primer ministro Ghannuchi anunciaron de inmediato que todos los partidos proscriptos serían legalizados, los presos políticos liberados, y se convocaría a elecciones en seis meses.

Pero la movilización popular no les cree, y considera que debe disolverse el “partido del régimen” para que los cambios no sean sólo cosméticos y alcancen transformaciones reales.

Ayer, apenas constituido el nuevo Ejecutivo, cayó por la presión de las protestas. Tres ministros relacionados con la central obrera UGTT renunciaron (Anuar Ben Geddur, de Transporte; Hussine Dimassi, de Trabajo; y Abdeljelil Bedoui) y también el ministro de Salud, Mustapha Ben Jaafar.

Para frenar la crisis, Mubaaza y Gannuchi anunciaron que abandonarán su afiliación al partido de Ben Ali, en medio de nuevas protestas contra la permanencia de hombres de confianza del presidente derrocado, “se ha ido Alí Babá, ahora deben irse los 40 ladrones”, coreaban ayer en las movilizaciones.

Por otra parte, la expansión regional de la crisis de Túnez se agrava, y sectores opositores están intentando introducir una movilización similar en Egipto, para terminar con los 30 años de autocracia de Hosni Mubarak, que con 82 años ha anunciado que se presentará nuevamente en las próximas “elecciones” de septiembre.

Los hombres que se prenden fuego, emulando el sacrificio de Mohammed Buazizi en Túnez, son la punta de lanza de la protesta social. Ayer un joven abogado desocupado, Ahmad Hashem, murió en Alejandría, tras rociarse de gasolina y prenderse fuego.

Otros dos bonzos se incendiaron en El Cairo y un cuarto en Ismailiya. Las cuatro inmolaciones, y los casos similares de Mauritania y Argelia, mantienen un estado de crispación popular que puede cambiar toda la estructura política de los países de África del Norte.

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Túnez, la novedad africana (16 01 11)

El Norte de África se convulsiona tras la revuelta popular en Túnez

No cesan los disturbios luego de la huída del presidente Ben Ali a Arabia

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TÚNEZ.- La primera revuelta social espontánea que vive un país árabe desde los procesos de independencia ya impacta en la región del Magreb, el conjunto de países apenas formalmente democráticos de la costa sur del Mediterráneo.

El viernes, acorralado por las protestas, el presidente de Túnez, Zine al Abidine ben Ali, y su esposa Leila, del influyente clan Trabulsi, huyeron en un avión. Francia e Italia les negaron asilo, tampoco encontraron aceptación en Qatar, y finalmente lograron aterrizar en Arabia, donde Ben Ali conserva buenas relaciones con la familia Saud, propietaria del país.

Su huída, sin embargo, no ha frenado las movilizaciones y protestas. La revuelta estalló hace un mes, el 17 de diciembre pasado, cuando un joven informático, Mohammed Buazizi, se prendió fuego en protesta por la brutalidad policial, que le había derribado su carrito de verduras, a lo que se dedicaba empujado por la desocupación.

La inmolación de Mohammed prendió la mecha social, tras lo cual el colectivo de “hackers” de la red Anonymous hizo colapsar las webs del régimen, aumentando su aislamiento.

El presidente, que ocupó el poder durante 23 años, había dado una imagen internacional de equilibrio y bienestar, por lo que la revuelta dejó descolocados a los organismos multilaterales, especialmente a la Unión Europa (UE), que lo apoyaba sin fisuras, y al Fondo Monetario Internacional (FMI), que ofrecía el ejemplo de Túnez como un modelo a seguir en los países del Magreb.

La movilización ha develado otra realidad, un país sometido y empobrecido, controlado por un aparato de policía ideológica, con un gobernante autocrático y cooptado por el entorno megalómano del clan familiar de su esposa.

Las características de esta revolución democrática, inédita en todo el mundo árabe, pueden derivar en una ampliación democrática real.

En la región, donde los vecinos de Túnez comparten muchos de los elementos que terminaron desencadenando la movilización social que tumbó al régimen, ha comenzado una serie de protestas similares.

En la vecina Argelia un hombre desempleado se prendió fuego, siguiendo el extremo recurso del joven Mohammed Buazizi, y las manifestaciones que siguieron han sido sofocadas por la policía, de momento.

El gobierno libio de Muhammar el Khadaffi cerró los accesos a internet, especialmente a los videos de YouTube donde pueden verse imágenes de la revuelta tunecina.

En Yemen y en Jordania también hubo movilizaciones de estudiantes y sindicalistas, mientras el gobierno de Egipto indicó, significativamente, que no hay “temores de contagio” de la protesta social procedente de Túnez.

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Se enfría el Mar Amarillo: no habrá guerra, por ahora (21 12 10)

SE DESCOMPRIME LA TENSIÓN MILITAR ENTRE COREA DEL NORTE Y DEL SUR

La amenaza norcoreana de represalias por las maniobras del Sur no se concreta

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La espiral de tensión creciente entre las dos Coreas parece haber frenado, luego de que Rusia y China convocaran a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), ayer en Nueva York. Si bien la sesión del alto cuerpo no se saldó con un documento de consenso entre las potencias globales, tal como pretendían los convocantes, la iniciativa de Moscú y Pekín –que en el fondo evidenciaba un respaldo tácito al régimen comunista del sector Norte de la península coreana- sirvió para descomprimir la situación.

Luego de la reunión del Consejo de Seguridad, China pidió públicamente que las partes implicadas en la cuestión de la península coreana (esto es, no solamente las dos Coreas, sino también los países aliados) “mantengan la máxima contención para evitar una escalada”, ya que “la paz y la estabilidad corresponden a los intereses de todas las partes concernientes”, según sostuvo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Jiang Yu.

Así, el ejército norcoreano no cumplió con su amenaza de utilizar fuerza de artillería contra las maniobras militares de Corea del Sur, en las que participaban también naves de guerra estadounidenses.

Tal como había adelantado el gobierno de Seúl, una acción de ese tipo hubiera significado el reinicio de las hostilidades, frágilmente suspendidas por el armisticio de 1953, con el bombardeo aéreo de Pyongyang.

Desde esta capital, el régimen comandado por Kim Sung-il y su familia anunció que “no valía la pena reaccionar a las provocaciones” del Sur, en declaraciones a la agencia estatal de prensa. Detrás de esta decisión militar puede apreciarse claramente la influencia de la diplomacia china, principal aliado y sostenedor económico del régimen norcoreano.

Los norteamericanos, por su parte, pueden haber alentado la finalización de las maniobras, que se habían anunciado de largo alcance pero Corea del Sur decidió concluirlas ayer mismo, tras una hora y media de pruebas con fuego real en la isla de Yeonpyeong, bombardeada el 23 de noviembre por los norcoreanos que reivindican su soberanía.

Las maniobras militares en la imprecisa frontera marítima entre ambos países se desarrollan, además, en las inmediaciones de las costas chinas del Mar Amarillo, lo que supone un riego adicional para el gigante asiático.

El ejército de los Estados Unidos de América posee una dotación de 28.500 soldados, en forma permanente, estacionados en Corea del Sur en carácter de “fuerza disuasoria”.

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G-20: monedas más, monedas menos… (12 11 10)

EL G-20 DE CIERRA SIN AVANCES EN LA ARMONIZACIÓN DE POLÍTICAS MONETARIAS

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Finalmente, las esperadas medidas para frenar la tan mentada “guerra de monedas”, que en la reunión del Grupo de los 20 (G-20) en Corea del Sur se indicaba como el principal objetivo a alcanzar, no formará parte del documento de clausura de la cumbre, que se prevé firmar hoy.

Las delegaciones gubernamentales no han logrado un acuerdo sobre la necesidad de evitar los desequilibrios en las balanzas comerciales. Ni siquiera una extensa reunión personal entre las dos principales figuras presentes en Seúl, el presidente estadounidense, Barack Obama, y el líder de la República Popular China, Hu Jintao, logró destrabar los obstáculos a un acuerdo; tras más de 80 minutos de reunión privada, los voceros de ambos gobiernos admitieron que de momento no se rubricarán acuerdos globales sobre cómo alentar el crecimiento económico y mejorar las balanzas comerciales entre grandes exportadores e importadores netos.

El jefe de la Casa Blanca venía anunciando en los últimos días que China, principal proveedor de productos manufacturados al mercado norteamericano, debía controlar su política monetaria mediante una aceleración de la apreciación cambiaria, ya que las sutiles pero persistentes devaluaciones del yuan, dado el inmenso volumen de los intercambios, provoca un desbalance comercial importante en perjuicio de la economía estadounidense.

Como prueba, el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, afirmó que la Administración Obama nunca buscará “debilitar nuestra moneda como herramienta para ganar ventaja competitiva”, aunque los funcionarios chinos critican la decisión de la Reserva Federal de salir a inundar el mercado monetario con más de 600.000 millones de dólares durante los próximos ocho meses a través de la compra de deuda.

Ambos extremos constituyen una abierta “guerra de monedas” que sólo puede amortizarse por la vía del entendimiento conjunto de las grandes potencias, y se esperaba que la cita del G-20 en la capital coreana pudiera ser el escenario de un acuerdo de esas características.

El dirigente chino ofreció, en cambio, otra perspectiva, Hu dijo que su gobierno considera que el G-20 debería centrar su atención en la solución de los desequilibrios entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo, al tiempo que volvía a ratificar la discrecionalidad interna de China para regular el valor de su moneda.

Según las principales bolsas del mundo, el yuan alcanzó ayer su máximo en 17 años frente al dólar, y acumula una suba de 3 por ciento desde junio pasado.

El presidente saliente de Brasil, por su parte, sostuvo que la “guerra de divisas” entre los grandes terminará afectando necesariamente a las economías emergentes, por lo que propuso abandonar el monopolio del dólar estadounidense como divisa de referencia de la economía mundial, como ya lo están haciendo los socios del BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

Las posturas y las tendencias divulgadas en Seúl abren un serio debate en torno a cambios estructurales en el sistema financiero internacional.

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Gestos hacia el Islam (11 11 10)

OBAMA CRITICA A ISRAEL EN EL MAYOR PAÍS MUSULMÁN DEL MUNDO

Las construcciones israelíes en Jerusalén en el centro del cuestionamiento

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En su gira por Oriente, el presidente estadounidense Barack Obama relacionó las nuevas modalidades de diálogo con el mundo musulmán, con una alusión crítica a la predisposición israelí al diálogo con la Autoridad Nacional Palestina, en el proceso de paz que la Administración norteamericana alienta desde agosto pasado.

Tras visitar la gran mezquita Istqlal, junto a su mujer, Michelle Obama, cubierta por un velo, el jefe de la Casa Blanca utilizó la cátedra de la Universidad de Indonesia para enviar un mensaje de alto contenido simbólico al mundo musulmán desde la capital del país que acoge el mayor número de habitantes de esa confesión religiosa en el mundo.

Obama, como hizo en el histórico discurso de El Cairo de junio de 2009, al inicio de su período presidencial, volvió a insistir en que su país “no está en guerra con el Islam”, sino con la banda terrorista de Al Qaeda, e inclusive instó a los musulmanes de bien a unirse a los norteamericanos en esta lucha. “Aquellos que quieren construir no pueden ceder terreno a los terroristas que sólo buscan destruir. Esta no es una tarea únicamente de Estados Unidos”, manifestó.

A pesar de que el líder demócrata no ha conseguido grandes progresos en esta línea de política exterior, afirmó que está dispuesto a insistir en ella, aunque no genere demasiadas adhesiones ni dentro de su propio país –como lo demostró la reciente derrota en las elecciones legislativas de mediados de mandato- ni en los principales países islámicos cuyas relaciones intenta mejorar.

Obama afirma, sin embargo, que el camino debe profundizarse: “nuestros esfuerzos han sido honestos y continuos, no hemos derribado todos los prejuicios, pero estamos en el camino correcto”, manifestó.

Y en este punto aprovechó para referirse a la reciente decisión del gobierno israelí, de permitir 1.300 nuevas construcciones en el sector oriental de la ciudad de Jerusalén, el barrio árabe que los palestinos reivindican como la capital de su país.

Entre esos obstáculos que quedan, Obama reconoció que algunos son “enormes”, precisamente como los de Oriente Medio. Obama afirmó que en esta región “nos encontramos frente a partidas y retrasos, pero hemos perseverado en nuestra búsqueda de la paz. Israelíes y palestinos reanudaron conversaciones directas”, aunque “no debemos hacernos ilusiones sobre el hecho de que la paz y seguridad llegarán fácilmente. Pero no existen dudas: hacemos lo mejor para obtener un resultado que sea equilibrado y que satisfaga a las partes comprometidas de modo que dos Estados, Israel y Palestina, vivan próximos en paz y seguridad”, agregó Obama.

APELACIÓN EN LA ONU

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmmoud Abbás, declaró ayer que su gobierno pedirá una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), tras conocerse la decisión israelí de otorgar 1.300 autorizaciones de construcción de viviendas en la zona de Jerusalén Este.

Aunque desde Washington la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sostuvo que el proceso de paz entre palestinos e israelíes todavía puede salvarse, el portavoz de la ANP descartó cualquier posibilidad de continuación de las negociaciones directas si no hay una retractación de la decisión de Tel Aviv.

La política colonial de Israel, que el presidente Barack Obama criticó desde Indonesia, puede volver todo el proceso de paz a foja cero.

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