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Cambio de tercio (28 12 11)

Cambio de tercio

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por Pedro I. de Quesada

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Las corridas de toros van desapareciendo; en este año que termina el gran José Tomás lidió por última vez en la plaza Monumental, de Barcelona. En esas lides, cada cambio de tercio se anuncia con cornetas y redoblantes.

La comparación vale, al escuchar por estos días el cada vez más nítido retumbo del cambio de tercio histórico que estamos viviendo, en la lid de los gobiernos contra el toro bravo de la crisis.

Un pase que, en muchos aspectos, cruza desde las viejas arenas europeas hacia las tierras montaraces del sur de América.

Entre los pífanos de este retumbo de cambio de ciclo, algunas perlas navideñas.

Después del discurso de investidura –previsible y anodino- del presidente conservador del gobierno español, Mariano Rajoy, esta semana comenzaron las definiciones del nuevo gabinete, y no han sido precisamente para alegrarse.

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, eligió un escenario especial para su primera comunicación pública: un acto con la presencia de José María Aznar, el antiguo jefe del Partido Popular, y guardián de su ortodoxia. Guindos dijo que la economía española volverá a entrar en recesión con la llegada del 2012, que se superarán los cinco millones de desocupados, y que no habrá crecimiento tampoco en el primer semestre del próximo año.

Guindos, el banquero elegido por Rajoy para gestionar la crisis, es un ex ejecutivo de Lehman Brothers, la firma cuya quiebra desencadenó, precisamente, esta crisis financiera.

Otro de los pitidos de la fanfarria que denota el movimiento del centro hacia estas costas lo dio el nuevo Canciller de Rajoy, José Manuel García Margallo.

Dijo que los países latinoamericanos deben “dejar de revisar la historia”, y reconocer en España la madre común. Un discurso que atrasa un par de años (o de siglos), inclusive para un ministro de Exteriores conservador.

A García Margallo le ha dolido el fracaso de la última cumbre iberoamericana, de este año en Paraguay, y quiere que la de Cádiz del año que viene vuelva a ser una reunión familiar. Todo bien. Pero creer que la vía para lograr ese objetivo es llamar al olvido a los hijos pequeños y convocarlos a la mesa del Rey, huele a naftalina.

Y como si todos estos pitidos de cambio fueran pocos, el diario El País, otrora la voz intelectual del progresismo socialista, no deja de ahondar en una línea reaccionaria para con todos los temas políticos latinoamericanos.

Desde que los propietarios del diario se hicieran con acciones del Grupo Clarín, los artículos y las editoriales del periódico madrileño sobre Argentina se han incorporado, como un actor especialmente dinámico, a la oposición al gobierno nacional.

La editorial de ayer, titulada “La ley de Fernández” (y vergonzante a mi criterio), se refiere a la Argentina como un país apenas “formalmente democrático”.

Pífanos, trompetas y redoblantes. Mientras tanto, Brasil desplaza a Gran Bretaña y se ubica como la sexta mayor economía del mundo. ¡Ah, las costas americanas!

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[Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 27 de diciembre de 2011]

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Twitter:   @nspecchia

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“Indignados” y globalizados (17 10 11)

El movimiento de “indignados” alcanza una escala mundial

En 82 países hubo marchas exigiendo cambios estructurales en la política

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MADRID.- Nuevamente fue la plaza de la Puerta del Sol, en la capital española, el epicentro del conjunto de movilizaciones que han recibido la poco precisa designación de “indignados”, en un nuevo aniversario del 15 de mayo, cuando por primera vez surgió esta espontánea manifestación de repudio a la manera en que los gobiernos –principalmente los europeos- estaban enfrentando la crisis.

La diferencia más notoria, además del aumento de caudal de gente que marchó hacia el centro de Madrid, fue la réplica de la marcha en diferentes conglomerados urbanos, desde las magalópolis japonesas y norteamericanas, hasta las ciudades medianas de Australia y Nueva Zelandia, cruzando por las principales capitales latinoamericanas y, por cierto, por prácticamente todas las grandes ciudades europeas, con el liderazgo de Madrid y Barcelona.

Con algunas concentraciones que rondaron el medio millón de personas, en 951 ciudades de 82 países el movimiento de protesta que reúne a diferentes colectivos sociales detrás de una búsqueda de espacios políticos más amplios y transparentes, ratificó este fin de semana que no quedará limitado a un fenómeno puntual de la juventud española, sino que hay un sentimiento generalizado de que el rumbo y la estrategia diseñada por la élite dirigente para afrontar la profunda crisis económica que golpea al sistema capitalista, está siendo cuestionado desde las bases en diferentes latitudes.

En la Puerta del Sol, y como en las dos concentraciones masivas anteriores, el centro de las críticas fue la clase política –sin distinciones de ideologías y partidos- y la gran banca concentrada, que ha logrado evitar los golpes más fuertes de la crisis merced a los salvatajes ordenados por los gobiernos y financiados con dinero público.

Las consignas coreadas por la multitud se mostraron durante esta tercera concentración muy enfocadas en un cambio de sistema; pero, a pesar de remarcar el hecho de que la democracia necesita de una imperiosa revisión, sigue sin haber en el planteo de los “indignados” propuestas alternativas de fondo.

Esta carencia ha llevado a algunos políticos a considerar despreciativamente al movimiento, como el ex presidente del gobierno español, José María Aznar. Aznar, del derechista Partido Popular, declaró ayer que los “indignados” sólo son una expresión de la “extrema izquierda marginal anti sistema”, sin mayores repercusiones, ya que “su representatividad no es importante en la vida española”.

Roma violenta

La capital italiana mostró una faz distinta del globalizado movimiento de los “indignados”, cuyas marchas multitudinarias transitaron en general de manera pacífica en casi todo el mundo.

En Italia, en cambio, la jornada de protesta convirtió a Roma en escenario de una batalla campal, causando uno de los peores disturbios de los últimos años.

Mientras el premier Silvio Berlusconi se enfrentaba a un nuevo voto de censura en el Parlamento –que nuevamente logró sortear- el descontento social llevó a un sector a enfrentarse a la policía y a establecer barricadas, incendiando contenedores de basura y automóviles.

Con daños estimados en más de un millón de euros, el estallido de violencia fue contestado con represión, y Berlusconi sostuvo que los responsables “deben ser identificados y castigados”, sin hacer ni una sola referencia a los altos índices de desocupación, parálisis política y al severo plan de austeridad que genera cada día mayor controversia en el país.

América latina se suma

Después del revuelo mundial provocado por el movimiento Occupy Wall Street, en el corazón financiero norteamericano, la jornada del sábado también sumó a la protesta mundial de los “indignados” las marchas en diferentes ciudades latinoamericanas.

Además del discurso global de protesta contra la falta de calidad democrática y el desbalance en las maneras de enfrentar la crisis, en América del Sur las movilizaciones fueron aprovechadas para apuntar a reclamos locales.

Entre las que lograron mayor convocatoria estuvieron las mexicanas. México vivió marchas en 15 estados, además de una multitudinaria en la capital.

En Brasil, la mayor concentración se desarrolló en San Pablo, un distrito donde la oposición al gobierno federal es fuerte, pero también en Rio de Janeiro y Brasilia.

Otras marchas se agruparon en situaciones tan disímiles como República Dominicana, Puerto Rico, Guatemala, Honduras, Panamá, Santiago de Chile y Asunción del Paraguay.

En Argentina un festival

Aunque no alcanzó la dimensión de otras concentraciones en América latina, en la capital argentina también se replicaron las marchas de descontento anti sistema, con una agenda local marcada por un clima festivo y artístico.

Varios centenares de personas se concentraron frente al Congreso Nacional, con banderas de diferentes nacionalidades, a los que se agregó una bicicletada familiar y diferentes actividades artísticas, en una jornada que más que un reclamo duro de protesta tuvo un ambiente de festival.

Contribuyó a ese clima el que la movilización coincidiera con la concentración de la comunidad boliviana en Buenos Aires, que celebraba por las mismas calles la fiesta de la virgen de Copacabana, patrona del país vecino.

A menor escala, se convocaron marchas en La Plata, Rosario, Mar del Plata, Mendoza y Tucumán. La ciudad de Córdoba aportó también su propia columna.

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Grecia amenaza con la quiebra (16 06 11)

 Grecia amenaza con la quiebra ante la imposibilidad de pago

Papandreu reforma el gobierno sin la oposición y pide un segundo rescate a Europa     

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 Ángela Merkel, la vista fija en Giorgios Papandreu

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Después de la violenta jornada de huelga general –la tercera que vive Grecia este año- el primer ministro socialista Giorgios Papandreu impulsó ayer un cambio de gabinete, en un coletazo más de la grave situación económica y política que vive el país mediterráneo.

Los enfrentamientos entre los movilizados –entre 50.000 y 200.000 según la fuente- y la policia dejaron un tendal de heridos en Atenas y las principales ciudades, y llevaron al premier a presentar su renuncia para facilitar un gobierno de coalición con la centroderecha del partido Nueva Democracia.

La oposición puso como condición para integrarse a una coalición de emergencia que se abandonaran los planes de ajuste estructural que han estado en el origen de la protesta social, principalmente la reforma de la administración pública que prevé el despido de 170.000 empleados del Estado.

Pero estas reformas, dirigidas al drástico achicamiento del gasto público, son precisamente las condiciones ineludibles que los órganos financieros de la Unión Europea, en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), han puesto para acudir al rescate de la deuda griega, con el envío de remesas progresivas hasta totalizar un monto de 110.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de los empréstitos externos.

Ante la imposibilidad de constituir un gobierno de unidad frente a la crisis, el primer ministro ha reformulado el gabinete con dirigentes de su Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y ha ratificado que los compromisos asumidos con las agencias multilaterales de financimiento seguirán.

Una última remesa del crédito concedido el año pasado, de 12.000 millones de euros, debe llegar a Atenas antes del próximo día 20, en que vencen títulos de deuda soberana que, si no se cancelan, llevarían a la quiebra técnica del país, una situación inédita desde la constitución de la eurozona, en 1999.

Los voceros del FMI intentaron llevar calma a los mercados y a las bolsas, que reaccionaron negativamente, con fuertes pérdidas, al riesgo de debacle financiero heleno, y aseguraron que la entidad seguirá sosteniendo la asistencia a Atenas, siempre y cuando el proceso de ajustes y achicamiento del Estado se mantenga.

Indignados con los indignados

BARCELONA.- La deriva violenta del movimiento 15-M español, que el miércoles de esta semana intentó evitar una sesión del Parlamento regional catalán en Barcelona, ha recibido una serie de censuras desde diferentes puntos del arco político, inclusive desde los propios manifestantes “indignados” que ocuparon durante varios días la madrileña Plaza del Sol.

Con consignas del tipo “sin violencia somos más”, el atípico conjunto de protesta -básicamente juvenil- de la capital española se opuso a que sus colegas catalanes entorpecieran la vida institucional en un entorno democrático. “No sólo que están contra la ley, sino que los actos violentos son radicalmente antidemocráticos”, se definía ayer en las concentraciones en Madrid.

Por su parte, desde el gobierno autonómico de Cataluña, se acusó a un pequeño grupo de los manifestantes como responsables de los actos violentos, “profesionales del incidente que actuaban como una guerrilla urbana”, expresó un vocero del presidente Artur Mas.

Sin embargo, es probable que las protestas sigan radicalizándose.

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El (des)concierto europeo frente al Magreb

El (des)concierto europeo frente al Magreb

Por Nelson Gustavo Specchia

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Desde los primeros momentos de generación del proceso de integración europea, en la segunda posguerra mundial, los “padres fundadores” pusieron muchos esfuerzos en que se notara que la nueva organización que estaban creando tendría, en las relaciones entre los socios y entre éstos y los demás países, un basamento diferente al de la cosmovisión realista de las relaciones internacionales. El realismo, aquella escuela de teoría política que venía dando sustento a la política internacional desde la creación de los Estados Nacionales, con su lógica de poder y del interés supremo del Estado, tenía mucho que ver, decían los patriarcas europeos, con las debacles bélicas en que había terminado hundiéndose el siglo XX. Frente a aquellos teóricos “duros” del realismo, la nueva elite, acompañada con lecturas neofuncionalistas de pensadores como Ernst Haas y León Lindberg, propusieron un quiebre: en lugar de competencia, cooperación. El lugar de guerra, comercio. En vez de desangrarse tratando de dominar al vecino, proponer estructuras supranacionales con intereses que superen los límites –a veces tan estrechos- del puro interés nacional.

Así, los gestores de las Comunidades Europeas (primero del carbón y del acero, luego de la energía atómica, para decantar finalmente en la UE tal como la conocemos hoy) generaron la “buena vecindad”. Cuando cayó el Muro de Berlín, este concepto facilitó la incorporación de toda la Europa del Este al seno del proceso de integración. Otras latitudes, como el territorio latinoamericano, también recibieron un trato privilegiado por la misma concepción de la política internacional, desde la cooperación económica como desde los foros de encuentro al máximo nivel, especialmente por parte de la corona española, la vieja metrópoli.

Sin embargo, este programa político parece haber fracasado estrepitosamente respecto del primer cordón de vecindad, la tierra “otra” más próxima al Viejo Continente: la costa sur del mar Mediterráneo, la línea de Estados que conforman el Magreb africano y el Oriente Medio. Durante los 50 largos años que los europeos vienen amasando la integración continental, la cercanía de esos vecinos moros ó negros, árabes, musulmanes, pobres, subdesarrollados, con estructuras sociales y políticas desarticuladas por los procesos coloniales que los europeos mismos habían protagonizado, les causaron siempre un problema de difícil solución. Un problema frente al cual las teorías neofuncionalistas en boga, y el substrato idealista que exportaban al resto del mundo como “poder blando”, como ejemplo a imitar, se quebraba una y otra vez los dientes.

Felipe González, el ex presidente socialista del gobierno español, fue uno de los pocos que intentó seriamente tomar el toro por las astas. En 1995 auspició el Proceso de Barcelona, un proyecto geopolítico lanzado en la capital catalana con ocasión de la Cumbre Euromediterránea, que intentó sentar en la misma mesa a los líderes europeos, los del Magreb y los de Medio Oriente, en torno al desarrollo económico, la democracia, y la universalización del respeto por los derechos humanos. Pero tras el lanzamiento, pasaron años y no se avanzó nada. En una fecha tan cercana como 2008, Nicolás Sarkozy, en su turno al frente del Consejo Europeo, relanzo la iniciativa, ahora denominada Unión por el Mediterráneo: 43 países, más de 756 millones de ciudadanos, todos los Estados miembros de la Unión Europea, todo el Magreb, muchos de los árabes de Oriente Próximo, Turquía, Israel… y no pasó nada. Los europeos, tan imaginativos para crear fórmulas novedosas de intervención política, seguían sin saber qué hacer con los vecinos de la costa pobre del “mare nostrum”.

Por eso, cuando llegó la revuelta tunecina que tumbó a Zine el Abidine ben Ali, y contagió a las movilizaciones egipcias que acorralaron al hasta entonces estable y confiable régimen del “rais” Hosni Mubarak, la Unión Europea se encontró atónita, sin saber qué hacer ni qué partido tomar. Una de las experiencias políticas más interesantes de nuestros días le explotaba a pocas millas de sus costas meridionales, y las cancillerías no tenían un sólo libreto creíble para intervenir. Desde el estallido de la protesta en Túnez hasta la primera declaración de lady Catherine Ashton, la alta representante europea para la política exterior, pasó una semana entera de confusión y de silencio.

Responsabilidades personales

Las teorías neofuncionalistas, en todo caso, ya lo habían advertido: la plataforma idealista operaría en tanto y en cuanto la identificación de las elites con la integración y la buena vecindad fuera asumida como compromiso, o sea, como responsabilidad individual por parte de las personas que en ese momento estuvieran ejerciendo el rol dirigente. Durante los años que Javier Solana tuvo a su cargo la política exterior de la UE, no dejó foro sin intervenir ni espacio sin ocupar. Pero una cosa es Solana, y otra cosa es Ashton, una figura de segunda línea, sin experiencia en la gestión internacional, y que accedió al cargo porque en la repartija entre los Estados ese puesto le correspondía a Gran Bretaña, a los laboristas, y a una mujer.

Pero lady Ashton apenas si tiene preparada una esquelita, siempre con el mismo mensaje, en el que cambia el nombre del destinatario y la hace pública tarde y mal. Así, cuando la protesta ya incendiaba los cimientos del régimen de Mubarak, Ashton decidió sacar su esquelita, en la que manifestaba, como casi siempre, su “interés y preocupación” por la revolución que estallaba en África del Norte, al tiempo que repetía su “petición a las partes de actuar con control y calma”, cuando ya hasta Naciones Unidas admitía que los muertos por la represión sumaban centenas.

Mientras la Alta Representante mostraba, con la blandura y pusilanimidad de su esquelita la realidad de que la propia Unión Europea no tenía postura ninguna, la ministra de Exteriores de Nicolás Sarkozy, Michèle Alliot-Marie, ofrecía a Ben Ali enviarle más material antidisturbios 48 horas antes de que el autócrata huyese del país, mostrando la verdadera cara: ningún gobierno europeo miraba realmente con simpatía la revuelta en el Magreb.

Europa tiene muchas más razones que los Estados Unidos para tomar en cuenta a sus vecinos del sur. No sólo por proximidad geográfica, sino también por ancianas deudas históricas, por relaciones culturales, por intercambio demográfico. Sin embargo, aunque al gobierno de Barack Obama también la protesta lo encontró un tanto descolocado, la reacción del Departamento de Estado fue rápida, y la decisión de acompañar las protestas se tomó en cuestión de horas:  Jeffrey Feltman, el secretario de Estado adjunto para Oriente Próximo, fue el primer diplomático extranjero que viajó a Túnez tras el derrocamiento de Ben Ali.

Estruendoso silencio

El proceso de transformaciones iniciado en los países árabes del Magreb no tiene retorno, y terminará impactando, más temprano que tarde, toda la arquitectura regional, fija desde la descolonización mediante la imposición de gobiernos autocráticos que reprimieran los alzamientos populares (y, entre ellos, supuestamente también los del fundamentalismo islámico) y aseguraran la provisión de petróleo y gas. Ese esquema ya es historia.

A pesar de todos los intentos de los “padres fundadores” de la Unión Europea, de mostrar una imagen alternativa de hacer política internacional basada en la cooperación y el respeto, en la integración y la buena vecindad en lugar de la pura y dura lógica del poder, los hombres y las mujeres –éstas cada vez más visibles y participativas- de los países africanos y árabes de las cercanías miran con escepticismo a la “vieja” Europa (como despreciativamente la denominaba Donald Runsfeld, el ministro de Defensa de George W. Bush durante la invasión a Irak).

Las sociedades y los gobiernos europeos, a pesar de su énfasis en la democracia y los derechos humanos, han preferido durante las últimas décadas apoyar el statu quo de las autocracias en el Magreb, como garantía de estabilidad y seguridad regional. Con esta postura, se alejaron de los ciudadanos concretos de esos países, apostando, en cambio, por sus intereses nacionales internos (qué contradicción: en la más cruda tradición realista…)

Si en esta ocasión vuelven a perder la oportunidad histórica, y con los silencios y las medias palabras inocuas a lo Ashton no se ubican claramente del lado de un pueblo que reclama su derecho a la libertad y a la democracia, que no se sorprendan luego si otras opciones, como la del radicalismo fundamentalista, va a llamar a sus puertas.

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nelson.specchia@gmail.com

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La vuelta al nacionalismo en Cataluña (03 12 10)

La vuelta al nacionalismo en Cataluña

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por Nelson Gustavo Specchia

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Hace algunas semanas, dedicábamos esta página del “Periscopio” a analizar la tendencia negativa en las preferencias de los electorados que viene soportando la socialdemocracia europea, como uno de los lastres de la crisis económica que golpea con fuerza las estructuras políticas del otrora vigoroso “Estado de bienestar” en el Viejo Continente.

Esta tendencia, el giro paulatino pero constante hacia la derecha del arco político, la ejemplificábamos con algunos de los más importantes procesos de los últimos años. Las políticas conservadoras del gobierno alemán de Ángela Merkel, por caso, donde al primer período de “gran coalición” entre demócrata cristianos y social demócratas (tras el gobierno en soledad de la centroizquierda con Gerhard Schroder) le sucedió una coalición entre el partido de Merkel con los Liberales, desplazando a los socialdemócratas del poder.

Se evidencia también, decimos, en el giro italiano hacia el populismo de Silvio Berlusconi, e inclusive al interior del ejecutivo berlusconiano, con la política de acercamiento que “Il Cavaliere” traza con sus socios para retener el poder: dejando en el camino a la centro derecha de Gianfranco Fini, para lograr una mayor cercanía con los xenófobos y separatistas de la Liga Norte de Umberto Bossi). También el descrédito de Tony Blair, con la consecuente caída del Laborismo británico, y la recuperación del gobierno por parte de los “tories” con David Cameron.

La lista podría seguir, desde el Mediterráneo al Báltico, con un denominador común: la carencia en las fuerzas socialdemócratas, que hace una década constituían prácticamente las dos terceras partes de los gobiernos de la Unión Europea, de estrategias para conservar el poder y hacer frente a los descalabros de la crisis económica. Ante esta debilidad, el evidente avance de las fuerzas nacionalistas o conservadoras (o una mezcla de ambas), con la uniformidad de recetas neoliberales –recortes de derechos sociales, control de los déficits públicos, achicamiento del gasto del Estado- en todas las dimensiones.

CATALUNYA COMO SÍNTOMA

En este escenario, Cataluña puede funcionar como un adelanto de aquella tendencia continental llegando a tierras españolas. Las cuatro regiones catalanas –Barcelona, Terragona, Girona y Lleida- siempre han sido la parte más “europea” de la península, donde antes que a ningún lado han arribado las tendencias del continente, y que por eso también puede funcionar como un termómetro para medir el estado de ánimo de la sociedad política española.

Si esta imagen es correcta, entonces “pintan bastos” para el gobierno de centroizquierda de José Luís Rodríguez Zapatero. El domingo pasado, el gobierno autonómico catalán, la Generalitat, volvió a ser conquistado por las fuerzas de centroderecha. Convergència i Unió (CiU), la coalición de liberales, demócrata cristianos y filo-independentistas, lograron en las elecciones al Parlament retornar con una fuerza inusitada, y, al mismo tiempo, enterrar de un golpe los siete años de la experiencia de un gobierno de alianza de izquierda, entre socialistas, ecologistas y republicanos.

Después del liderazgo histórico de Jordi Pujol, que encabezó la federación nacionalista de CiU desde la transición española y gobernó la Generalitat durante 23 años (1980-2003), la reunión de ambos partidos de la centroderecha se alinean detrás de la figura de Artur Mas. Mas quedó fuera del gobierno en las dos últimas elecciones, merced al pacto de gobernabilidad de las fuerzas progresistas, unidas en un gobierno “tripartito”. Ahora, Mas y CiU ganaron fuerte (lograron 62 escaños en el Parlament, quedando a sólo seis de la mayoría absoluta). La victoria conservadora dejó a los socialistas arrinconados con un mínimo porcentaje (28 escaños), tras los peores resultados del Partido de los Socialistas de Cataluña (Partit dels Socialistes de Catalunya, PSC, marca en la región del PSOE estatal) en una elección regional en toda la historia democrática.

El abandono del discurso de izquierda por parte de los electores también tiene su impacto en los relativamente buenos resultados cosechados por el Partido Popular (PP). La agrupación presidida por Mariano Rajoy, que en el contexto de fuerte reivindicación nacionalista catalana nunca tuvo demasiada inserción, el domingo pasado logró situarse como tercera fuerza política, inmediatamente detrás del PSC. El PP, con ello, alcanzaría a sentar a 18 diputados en el Parlament, lo que constituye los mejores resultados de los procesos electorales recientes en las provincias catalanas. Los hasta ahora socios de los socialistas en el gobierno “tripartito”, Iniciativa por Cataluña-Verdes (IC-V), y los independentistas de Izquierda Republicana (ERC), sólo pudieron juntar 10 escaños cada uno.

Con esta formación del Parlament, está claro el mensaje de los votantes catalanes: los partidos que han formado el “tripartito” han sido fuertemente castigados. En este castigo sobresale la caída del principal partido independentista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que –siguiendo la tradicional fragmentación de las fuerzas de izquierda- sufre también el desgrane de votos “anti-españoles” hacia las otras dos formaciones separatistas recién aparecidas, la de Joan Carretero (Reagrupament) y la del ex presidente del Barcelona Fútbol Club, Joan Laporta (Solidaritat Catalana per la Independència).

La fuerza del avance conservador, en estos territorios tan significativos para lo que termine luego pasando en el resto de España, ha sido incontestable. El triunfo de CiU ha sido total, un auténtico grito de censura al paso de los socialistas por el poder, no sólo en la capital sino en el interior. Han arrasado en todo, en número de votos, por circunscripciones, por comarcas, y en las principales ciudades. Los nacionalistas casi doblan en escaños a los socialistas en la provincia de Barcelona, obtienen más del doble en Tarragona y triplican la representación del PSC en las demarcaciones de Lleida y Girona.

EL GOLPE CATALÁN EN MADRID

Los socialistas españoles han salido, desde la misma medianoche del domingo, a intentar separar la tragedia de las elecciones catalanas del destino del gobierno nacional, esa caída libre en que vive el ejecutivo de José Luís Rodríguez Zapatero.

Desde La Moncloa, el jefe del gobierno español sufre a diario, asaeteado desde la izquierda de su partido por las medidas neoliberales que está adoptando para enfrentar la crisis, y desde la derecha de la oposición del Partido Popular para que adelante las elecciones y le deje paso a Mariano Rajoy, que de ajustes sabe más que él.

Los voceros del PSOE salieron rápidamente a decir que este descrédito del presidente del gobierno no había tenido nada que ver con la debacle de sus correligionarios en tierras catalanas. Y, a renglón seguido, afirman que tampoco habrá una relación en el otro sentido: que la izquierda del PSC haya caído con estrépito no es un adelanto de lo que vaya a pasar con el PSOE en las próximas elecciones generales.

No sería justo decir que el fuerte desgaste que el oficialismo está sufriendo en la mal barajada gestión de la crisis económica –que no despega a Madrid de Grecia, ni de la bancarrota reciente de Irlanda- ha sido la única causa del fracaso socialista catalán, pero es obvio que ha sido, al menos, una de ellas. Porque el gobierno “tripartito” de José Montilla al frente de la Generalitat también participó del desconcierto ideológico de los socios madrileños sobre cómo enfrentar el fantasma de la crisis y el “acoso de los mercados”, y terminaron finalmente sumándose al discurso de Merkel, Sarkozy, y con ello a la fuerte tendencia de la derechización general de Europa.

Los resultados de las elecciones para reemplazar a los socialistas del Palau de la Generalitat supondrán un vuelco en el mapa político catalán, pero también, de una manera significativa, constituyen la primera señal de que la decepción hacia Zapatero, y las tendencias que llegan desde Europa, bien pueden cambiar el mapa político de toda España.

 

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nelson.specchia@gmail.com

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Enseña, Sobrino. Enseña

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Enseña, Sobrino. Enseña.

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Conocí a Jon Sobrino en Barcelona. Él venía de Alemania, de paso a El Salvador. Yo participaba habitualmente de las actividades del centro “Cristianisme i Justícia”, un grupo plural de hombres y mujeres motivados a vivir su espiritualidad en diálogo con el mundo y la cultura. El impulso y la inspiración del centro se debe a los jesuitas catalanes, con quienes se alojaba Sobrino en la escala de su viaje. Le pedimos que nos dedicara algunos momentos. Organizamos una reunión para la tarde, donde escucharíamos a Sobrino su testimonio, los trabajos en San Salvador dirigiendo el centro “Monseñor Romero” en la Universidad Centro Americana, la vida de la pastoral universitaria posterior al martirio de sus compañeros jesuitas. Su predisposición fue inmediata. No hicimos apenas difusión, pero a la tarde casi quinientas personas rebalsaban la capilla de la calle Roger de Llúria. La mayoría, jóvenes deseosos de escuchar a ese teólogo español que a los 19 años –recién ingresado a la Compañía de Jesús- se mudó a San Salvador, y desde allí ha vivido intensamente su compromiso evangélico, y ha generado una construcción intelectual que es uno de los aportes más sólidos y profundos de la Iglesia latinoamericana al cristianismo contemporáneo.

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Tiempo después de aquella deliciosa tarde en España, volví a encontrarlo aquí, en nuestra ciudad. Y fue especialmente grato ver que era mi casa, la Universidad Católica de Córdoba, la que le prestaba la cátedra y lo invitaba a enseñar. También aquí, como en Barcelona, las palabras llanas y simples de Jon Sobrino, su testimonio de pastor comprometido con los destinos del pueblo, y sus reflexiones sobre el horizonte y la misión de la Iglesia, convocaron a una pequeña multitud en la sede académica de la calle Obispo Trejo.

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“No voy a decir nada nuevo, que otros –y yo mismo- no hayan dicho antes. Voy a hablar en términos sencillos, aunque a la base estén reflexiones más técnicas que, con muchos otros, me ha tocado hacer a lo largo de los años. Y me baso, también y sobre todo, en la realidad que me ha tocado vivir en estos treinta años. El Salvador, con su pobreza y opresión, con su generosidad y esperanza –simbolizado todo ello en una inmensa realidad martirial- da que pensar, y allí me ha tocado rumiar muchas de las cosas que les voy a decir…” Lo escuchamos hablar de un Cristo cercano a las realidades sociales más duras y difíciles, históricamente situado junto a los pobres y a los oprimidos; nos contó de su concepción de la misericordia como elemento integrador de su pensamiento; nos explicó cómo la teología no puede ser una especulación fria, no puede limitarse a una gimnasia intelectual distante de la vida humana, sino que ha de ser un intento de comprensión del dolor, de la miseria, de la pobreza, de la violencia, de la injusticia, de la opresión, la humillación, la tortura y la muerte de los hombres y las mujeres concretas. Y de las mujeres y hombres de esta tierra y de este tiempo concreto.

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Las enseñanzas de Sobrino permiten comprender cómo ejercitando ese pensamiento desde el amor y la misericordia, consecuentemente, la acción se orientará a ser parcial hacia el más débil: el pobre, el oprimido. Y siguiendo de cerca a Jesus y a sus actitudes con los hombres y mujeres concretas de su tiempo, orientar con el pensamiento la acción liberadora.

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Así enseña el teólogo, que es pastor y es maestro. Ésto le escuchamos en la UCC, en su visita de hace un par de años. Y ésto es lo que el Vaticano le ha ordenado dejar de enseñar. La máxima instancia de control de la ortodoxia católica, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la firma del papa Benedicto XVI, ha condenado a Jon Sobrino al silencio: desde ahora no debería poder enseñar, y la autorización para la publicación de sus libros le será retirada.

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Sería muy dificil entender esta condena del gobierno de la Iglesia, especialmente teniendo en cuenta la trayectoria personal y la importancia intelectual de Jon Sobrino, si no se la lee en su dimensión política, como relación de poder entre las líneas ideológicas del catolicismo, y si no se la ubica como símbolo y advertencia para todo un sector de pensamiento y acción dentro de la propia Iglesia.

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La disposición al martirio

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En los largos años de guerra civil en El Salvador, los “escuadrones de la muerte” de la extrema derecha humillaron, violaron, torturaron y asesinaron unas cien mil personas. En esa experiencia opresiva y deshumanizadora, un sector clave de la Iglesia salvadoreña asumió fuertemente la opción por los pobres, que había tenido su génesis en las deliberaciones conciliares, y se había desarrollado en nuestras latitudes en las reuniones de los obispos latinoamericanos de Medellín (1968), y de Puebla (1979). El arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, asumió personalmente la denuncia de los violentos y de la injusticia que desgarraba a la sociedad, especialmente a los más débiles. Junto al obispo, colaborando estrechamente con él, se encontraba Jon Sobrino y sus compañeros jesuitas. Esa cercanía a los que sufren y la denuncia de quienes provocan el sufrimiento conlleva, en contextos de violencia estructural, la disposición al martirio. Monseñor Romero es asesinado en 1980.

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Lejos de abandonar la lucha de liberación y el acompañamiento pastoral de los más pobres, el grupo que había acompañado al obispo asesinado sigue adelante. El 16 de noviembre de 1989 un “escuadrón de la muerte” ingresa en la noche a la Universidad Centro Americana y mata al rector, Ignacio Ellacuría, a cinco profesores jesuitas, a la señora de la limpieza y a su hija. Jon Sobrino estaba enseñando, como siempre, pero en esta oportunidad fuera del pais, y esa casualidad le evita el martirio. Pero vuelve inmediatamente a San Salvador, a la Universidad, y a seguir enseñando. Y ha seguido enseñando, hasta hoy. Esa fidelidad a la palabra, al compromiso, y a la misión, es la que la burocracia vaticana premia ahora con la condena y la orden de silencio.

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Juan Goytisolo y la crítica hacedora (26 nov 08)

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JUAN GOYTISOLO Y LA CRÍTICA HACEDORA

Por Nelson Gustavo Specchia

Córdoba, 26 de noviembre de 2008

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Estos días, entre el bombardeo de titulares financieros, de derrumbes y de salvatajes in extremis, entre las urgencias de importación y las incertidumbres de fin de época, un ramalazo de felicidad reorienta el sentido de las cosas: Juan Goytisolo, el hereje pacífico, el crítico despiadado de las beaterías en las letras y en las poses hispánicas, el heterodoxo consecuente, ha recibido el Premio Nacional de las Letras Españolas el lunes 24 de noviembre.

A los 77 años, a la vuelta de los días, tras una treintena de obras –alguna ya clásica, varias indispensables, todas rabiosamente hermanadas con los perdedores de la tierra- le llega su primer reconocimiento institucional, el primer premio público, por el conjunto de esa obra que nunca se ha callado ante el poder y los poderosos. Muy por el contrario, que se ha puesto siempre en la vereda de enfrente, pero con una delicadeza en los modos y una hondura en el argumento que logra arrastrarte con él, colocarte a su lado, y adoptar –así sea por unos instantes- su perspectiva, mirar con sus ojos prestados. No se sale inocente de sus libros.

Los Goytisolo son en España casi una marca literaria. De los tres hermanos (José Agustín, Juan, y Luis), Juan, el del medio, fue siempre el más rebelde. Y tratándose de los Goytisolo, eso ya es mucho decir. Su primer libro es de 1954, Juegos de manos, con el que se abre también la Obra completa, en siete volúmenes, que Galaxia Gutemberg – Círculo de Lectores, de Barcelona, está preparando. Y este año, en septiembre, apareció El exiliado de aquí y allá. Entre ambas fechas, veinticinco títulos donde se alternan el relato en prosa, los libros de viajes, las memorias poetizadas –con las que se analiza, se presenta, se asume y se refunda constantemente-, y el ensayo crítico, ese instrumento de mordaz destrucción de las pacaterías sociales y, al mismo tiempo, de disección profunda, hasta el hueso, hasta donde duele.

Lo conocí en Barcelona, hacia finales de los noventa. Hacía poco (en 1996) que había fallecido su compañera, la escritora Monique Lange, y Goytisolo había dejado París –su casa de tantos años, desde aquellos míticos sesenta- para mudarse a Marruecos. Estaba cansado y triste, y dijo sentirse viejo. Un par de años después, cuando leí las crónicas de Paisajes de guerra: Sarajevo, Argelia, Palestina, Chechenia (2001) comprobé que conservaba intactas tanto la lucidez de la mirada, como la ironía desencantada e interrogante, siempre interpelando desde el lugar del más pobre, del que sufre, de las minorías, de los excluidos.

Juan Goytisolo ha sido un escritor valiente, tanto en lo personal como en la acción colectiva, social. La manera honesta y abierta con que habla de su homosexualidad en Coto vedado (1985), o de sus posiciones políticas e ideológicas (como En los reinos de Taifa, 1986), enlazan con su cosmovisión de la estructura cultural española.

Juan Goytisolo encuentra en la identificación histórica que el proyecto nacional español estableció con los sectores más ultramontanos del catolicismo peninsular la clave de bóveda, el sostén sobre el cual se han ido estructurando los diversos discursos antimodernos, desde el preciso momento en que la modernidad se abría al espacio intelectual europeo. Aquella expulsión de los moros y de los judíos con que España conforma su Estado nacional, permanece en el modo de concebir la polis, y así se rechaza la ilustración, se vuelve al absolutismo frente al liberalismo republicano, o se lanza una cruzada de medio siglo por la España “una, grande y libre” frente a la República “roja y atea”. En definitiva, un continuum de exclusión, de puertas adentro, parroquial y cerrado, expulsivo y miope.

Una construcción ideológica que repudia las diferencias, y que termina sacrificando a sus espíritus grandes –los Lorca, los Machado, los Hernández- para mantener la pureza, cada vez más forzada, del “ser nacional”. La isla (1961), la enorme Fin de fiesta (1962), Señas de identidad (1966), Disidencias (1977), o El lucernario, la pasión crítica de Manuel Azaña (2004), van dando cuenta, con una prosa afilada como sus ojos, de ese conjunto de intersecciones culturales.

En momentos como éstos, cuando la sociedad española en pleno vuelve a embarcarse en el debate de la “memoria histórica”, cuando los jueces ordenan la apertura de tumbas comunes en cunetas y acantilados, cuando la jerarquía eclesial de la península ha canonizado ya a 977 víctimas católicas de la guerra civil (y se apresta a presentar otros 500 procesos), la vuelta a Juan Goytisolo, la relectura de algunas estaciones de este largo monólogo crítico de más de medio siglo, profundo, hasta el hueso, hasta donde duele, se torna cada vez más urgente.

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(Publicado en el suplemento MAGAZINE, del diario Hoy Día Córdoba, el martes 2 de diciembre de 2008)

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Cuaderno de bitácora / Cecilia en fotograma

Cecilia en fotograma

 

para Julio César Díaz

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Desde el más blanco de los silencios
 
(blanco de paredes de sanatorios
 
y hospicios de ancianos)
 
el retrato en grises
 
que preside toda la geografía de mi alma:
 
tres tablas, un campo insinuado
 
en el largo fuera de foco
 
a tus espaldas,
 
y el cuerpecito defendiéndose
 
(¿de quién, del mundo, de mí,
 
o tan sólo de la cámara?)
 
y en el centro de las sombras
 
los ojos que ya ven por entre los años,
 
huella más personal que
 
cualquier dactilar policíaca
 
(aquellos ojos de tiempo, la
 
metáfora esencial)
 
elevándose apenas por sobre la línea
 
que marca la distancia,
 
ojos llorando mi mismo llanto:
 
hoy sólo puedo verlos
 
en la geografía escasa de mi alma,
 
hoy que sólo apelo
 
a contemplarlos en la pobre policromía fotográfica,
 
hoy,
 
ya cubiertos por otras tablas.
 

 
 
 

West Palm Beach, 1990
 
 
 
 
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Incendios forestales (y otros poemas) (1998)

 

Incendios forestales

y otros poemas

(Buenos Aires, Ediciones del Caminante, 1998)

 

 

01.

Quiero decir de esa nada tan temida

 

 

Quiero decir de esa nada tan temida

de esa noche frenada de oídos por rincones abiertos

en un alarido burlar la mansa palabra

con aquella risa de antorcha

hasta que pueda

enajenar el canto recuperarlo en un giro

sin mochila ni lastres echarlo a correr

 

y llamar a aquellos que estarán conmigo

atentos y cercanos

desobedientes a ese luto cobarde de falsa comparsa

que dejarán rozar mi piel de pétalo marchito

por las arterias de sus palmas

serán quienes en última instancia

reirán sin mí cuando mi risa no pueda

se acodarán en la pupila yerta

celebrando esa victoria menor de habernos parado

a gastar el tiempo de todas las esquinas

 

quiero de la muerte decir en voz alta

su frustrado tránsito de sol apagado

y ocupar con garganta mayúscula

aquellos espacios insinuados a su espalda.

 

 

02.

 

Mi casa ha quedado lejos

 

 

Mi casa ha quedado lejos.

Los recovecos de la humedad, las grietas en la pintura.

Lejos.

 

Se fue desplazando precisa, en línea recta y a la luz del día.

Todos festejaron los pasos del inicio

sus avances permanentes,

esa gracia particular en ir sobornando lo árido del suelo.

Pasó pendientes y pasó barrancas, y cada invierno estuvo más lejos

la puerta de hierro de la salamandra.

Y el palto estiró los primeros años las ramas

(comí de ese palto estando en la Cordillera,

más tarde en la Malasia)

pero después -ya en los tiempos de Trafalgar Square-

hasta el palto aceptó que la huerta, naturalmente, también se desplazara.

 

En el rincón de los libros y en el chiffonier de los zapatos

fueron abriéndose claros a cada paso

por préstamos olvidados o por aumentar la talla;

(otras pérdidas seguras,

como la vajilla de loza o el satén de las frazadas

no son aplicables al aumento de la distancia)

sí, por cierto, la soledad de la Nana

que vive el trayecto aferrada para siempre a las ventanas,

o el desquicio de las hormigas,

o el vacío de las salas,

o el silencio de ollas en la cocina,

o el frío viejo inseparable de las camas.

 

Cada tanto la persigo,

voy en pos de esos alféizares con malvones rojos,

de los edredones,

de la mesa para veinticuatro,

de la galería soleada;

 

pero siempre, irremediablemente

algo me distrae en una esquina impensada

me detiene en mitad del regreso

mientras mi casa sigue camino, sin extrañarme,

viajando hacia la nada.

 

 

03.

 

El Soñador (Pantaleón y las máscaras)

 

 

                        Congregó los ardientes documentos de su memoria

                        para fraguar su sueño.

                                                                                  Borges

 

 

Lo ví partir sin máscara, a cara limpia

caminando en una lenta madrugada.

 

Sabía de antemano los malabares:

cada estoque,

cada palabra.

 

En este mismo sitio y bajo esta lámpara

dejó decir las noches

(sentía los días de arena como murallas).

 

Frente a la clara carpeta de lino

sentado en la mesa amplia

intuyo que revisó -los brazos en jarra-

cada abrazo ciego,

cada mano entornada.

 

Estuve en ese sueño calmo y desesperado,

(escenario de artificio creado bajo la lámpara).

 

De paciencia o de tedio

la espera,

prefiero imaginar una causa:

sentado en la mesa amplia

recorrer de nuevo cada palmo

del silencio escuchar cada centímetro

deletreando el finito número de las gargantas.

 

Hasta que rehizo el conjunto de la esfera trizada

 

Y sólo entonces partió,

archivando hasta nunca las máscaras.

 

 

04.

 

Incendios Forestales  

 

 

Los modos en que te enciendes en mí a cada tanto:

 

en el ombligo remoto

en el talón descascarado

en la mata rala del hueco bajo el brazo

en la pupila móvil del sueño

en el lóbulo la rótula la tetilla izquierda

en el humo claro del cigarro

te desvaneces en diciembre con un viento manso

y la laguna de la saliva se aquieta después de hartarse

en la espuma de evocar tu canto

y desapareces con el morral de hilos de luz

se borran de cada célula

el grueso aliento de las mañanas

la estera al borde de tus piernas

el aleteo de pájaro del pelo

 

es mentira la amenaza del frío circular y repitente

en la fragua

volverás con una chispa

 

hoy pensaba en eso:

un calor aislado estuvo tomando forma en el vello superfluo.

 

 

05.

 

Colofón

 

Y hasta aquí.

 

¿y a qué más?

a desdecirse de cuanto hemos hasta aquí callado

a abrir de escalofríos sin culpas

las borrachas moradas de la mentira

y las compuertas de sol liso en el deseo.

Desbarrancar una a una las osamentas,

buscar el lugar, buscar la agonía si es preciso.

Y la Gracia. A pie firme

buscar.

 

Y hasta aquí,

hasta el silencio.

 

¿y a qué más?

intentar este tránsito,

probar en agosto las alacenas cargadas de aliento,

mi tráfico peatonal de tinta verde,

la súbita ronda de cuatro contornos

y esta manía casi voraz de andar recogiendo fragmentos sagrados.

 

Y hasta aquí.

 

Todo lo demás será razón del delirio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

de la Gaby, tu peor amiga (15 Apr 1999)

 

 

 

Querido:

No sé qué extraños pensamientos me llevaron hoy a tenerte todo el tiempo rondando en mi cabeza. Transcurrió mi jornada con nostalgia y al final decidí escribirte. ¿Qué estarás haciendo? Mi amiga Andrea andará en este momento por tus pagos…

Se llevaron todo y me dejaron
un casette de sevillanas en la mano
se llevaron todo y me dejaron
huellas difusas, rostros oscuros, palabras cálidas
un adión
y una presencia
absoluta
y para siempre
que no se borra, ni se va
ni se diluye, ni se extingue una presencia
que se hizo de momentos,
difíciles momentos
en que estuvo tu voz
tus manos
y tus ojos, también estuvieron.

 

Un millón de gracias.

 

Siempre te quiere

tu peor amiga

La Gabyota

 

 

 

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