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Campaña de Benetton, provocativo y original llamado a la tolerancia

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Presentación de “Tierra y Libertad”, fundación Hillel (02 11 11)

Fundación Hillel Córdoba
La Metro, miércoles 2 de noviembre de 2011

Presentación de “Tierra y Libertad”,

de Ken Loach

por Nelson G. Specchia

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Buenas tardes.

Es un placer estar con ustedes aquí esta noche, disfrutando de buen cine, y seguramente de un buen diálogo, en esta iniciativa de la Fundación Hillel de Córdoba, este ciclo de películas que, además del placer estético, nos despiertan interrogantes sobre las condiciones de convivencia con los demás; este ciclo que sus organizadores han denominado muy ajustadamente “El exterminio del otro”, y aprovecho para agradecer la deferencia de Luciano Griboff al invitarme a sumarme a esta actividad.

Muy ajustadamente, digo, porque precisamente de eso se trata, ese es el contexto del tema en general, y a través de un relato que es al mismo tiempo social y heroico, sentimental y moral, intimista y comunitario, también el tema de la película que acabamos de ver: anular al otro, y con él, al radical cuestionamiento que ese “otro” me impone a mí mismo, ante la negativa de la comprensión y del entendimiento. Una negativa, además, que ciertamente tiene elementos externos que la apoyan, pero que básicamente parte de una decisión subjetiva, interna: la decisión de no entender al otro, de no aceptar su diferencia y de no hacer el intento de convivir con ella es, precisamente, eso, una decisión.

Por eso al buscar, al indagar las causas de esos desencuentros extremos que terminan disparando el exterminio del otro, no hay que perder de vista este elemento, esta carga de subjetividad, de voluntad, de decisión personal, grupal, comunitaria –social, en definitiva- que está en el origen de la acumulación de condiciones que van a terminar desencadenando las tragedias del exterminio. No hay que perderlas de vista, digo, porque al ser subjetivas, productos de la voluntad, se puede trabajar sobre ellas, para cambiarlas, para modificar ese rumbo que, de ninguna manera, es inexorable.

La convivencia y la tolerancia son productos de la cultura, son conquistas de la cultura. Su sostenimiento y manutención, también. Por lo tanto, no podemos caer en el simplismo de achacarle su pérdida, cuando ocurre, solamente a condicionamientos externos, imposibles de controlar mediante la acción volitiva, tanto personal como del colectivo social. No: si se disminuyen, o inclusive se llegan a perder, esos niveles de convivencia y de tolerancia de las diferentes “otredades” que integran un agregado social en un tiempo y en un espacio determinado, la mayor responsabilidad no será de imposiciones forzadas desde fuera del colectivo social, sino a rigideces e incapacidades de la propia cultura, de la propia utilización de las herramientas, de los usos y costumbres de ese colectivo que todos integramos, para haber sostenido y defendido la legítima existencia del “otro”, con su radical carga de cuestionamientos a nuestra segura, cómoda y tranquila identidad.

Por esos solapamientos de la historia, esa partida de dados que a veces se juega en el tablero en el que vivimos, hoy los diarios traen la noticia del fallecimiento –ayer- de Fanny Jabcovsky, a sus jóvenes cien años. Fanny era cordobesa, había nacido en nuestra ciudad en febrero de 1911. De joven, dicen, era una belleza de mujer, inclusive seguía siendo una belleza arrugada y chiquita cuando ya soportaba un siglo sobre sus hombros. Fanny adoptó el apellido de su marido, Edelman, y con apenas 20 años se fue a España, a luchar por la República, en las Brigadas Internacionales contra el golpe de Estado encabezado por el general Francisco Franco, que había conducido a la Guerra Civil. Así que podemos ponerle su cara a uno de esos personajes ficticios que acabamos de ver en la película “Tierra y liberad” hace algunos minutos. Fanny fue una de esas jóvenes, bellas y llenas de vida, que lo dejaron todo y se cruzaron medio mundo para ir a jugarse la vida (y, en muchísimos casos, a perderla) en los páramos españoles, por un ideal político, por un ideal social, y por un ideal personal.

Esos ideales, como lo atestigua el arte (la poesía, las canciones republicanas, las decenas y decenas de novelas sobre esos trágicos años, o el cine, como la cinta de Ken Loach que acabamos de ver) estaban llenos de conceptos como igualdad, justicia, verdad, legalidad, lucha contra la opresión, oposición al fascismo, oposición a la concentración económica en pocas manos, fraternidad entre los hombres, comunitarismo, integración, respeto, horizontalidad… una larga, generosa y profunda lista de intenciones que, en su conjunto, prácticamente parecen reflejar la cara más amable del género humano. Lo mejor de lo que somos, o de lo que podríamos llega a ser.

Pero, paradojas de paradojas, esa gentil proposición de justicia y de verdad, se expresaba con un fusil en la mano, se expresaba matando. O sea, se articulaba exterminando al otro, no integrándolo.

Y aquí, a mi criterio, se encuentra uno de los hallazgos de la cinta de Loach. Porque utiliza, para mostrar esta paradoja, no el lugar más habitual y recurrido del enfrentamiento entre la resistencia –popular y anárquica- de los simpatizantes republicanos con las fuerzas –ordenadas y disciplinadas- del golpismo franquista, sino que se interna en un terreno mucho más pedregoso y antipático. Pero que por eso mismo también es más provocador para invitarnos a reflexionar sobre la voluntad de entendimiento y de aceptación del “otro”, como radical cuestionamiento de nosotros mismos. Ken Loach se mete con las intolerancias al interior de uno de los bandos. Del bando “bueno”, por lo demás. Y eso provoca una picazón tremenda, porque era el bando que esgrimía –y que encontraba su justificación- en aquella generosa y profunda lista de hermosas intenciones.

La Guerra Civil española debe ser uno de los acontecimientos bélicos, políticos y sociales más relevados y novelados de la historia contemporánea. Prácticamente no hay escritor peninsular (o, inclusive, entre los descendientes de aquella generación fuera de España) que no se vea impelido, en algún momento de su carrera, a escribir una página donde la Guerra Civil no se roce, aunque sea tangencialmente. Yo mismo lo he hecho en alguno de mis libros. Y cuando estuve viviendo allá, y tomé conciencia de este fenómeno, hice una pequeña investigación personal (nada rigurosa metodológicamente, por cierto, pero ilustrativa): intenté encontrar a alguien que no se viera a sí mismo ligado, de alguna manera, con la Guerra Civil. Y no lo encontré. Todos, independiente de su generación, condición social, procedencia geográfica, etcétera, pueden hacer alguna ligazón (directa, o familiar, o de amigos, o de conocidos cercanos) con algún evento relacionado con la Guerra Civil y con su consecuencia más rotunda: los cuarenta años de dictadura franquista, que se extendió hasta la muerte del generalísimo, en 1975.

En otra película (“Solos en la madrugada”, de José Luis Garci, de 1978), el personaje de locutor radiofónico que encarna José Sacristán se propone, y le propone a su audiencia, superar los debates que empantanaban en ese momento la Transición, y embarcarse de lleno en un nuevo proyecto de sociedad, en la España del futuro, porque, decía “no podemos perdernos los próximos 40 años hablando de los últimos 40 años”. Sin embargo, se equivocaba, o al menos su personaje era demasiado optimista. Porque la Guerra Civil ha sido tan tremenda, y su continuación en la Dictadura ha marcado tan en profundidad la cultura, que los españoles siguen hasta el día de hoy discutiendo y hablando de aquellos cuarenta años en que el “exterminio del otro” se hizo realidad, a pesar de los 36 años que lleva muerto Franco.

Pero es que todos los días aparece una nueva fosa común, llena de huesos de hombres, mujeres, sacerdotes, niños; cadáveres arrojados en pozos; nuevas controversias sobre la ubicación de los restos del poeta Federico García Lorca; discusiones sobre qué hacer con el faraónico mausoleo que el dictador se construyó como tumba, el Valle de los Caídos, levantado con trabajo esclavo de republicanos represaliados por el régimen. Políticamente, ni siquiera han podido terminar de consensuar un proyecto unificado de Ley de Memoria Histórica. Temas y temas de una agenda que se niega a clausurar un dolor cultural y general, porque ni un sólo español puede desentender de una relación personal –directa o indirecta, más cercana o más lejana- con el relato de aquel proyecto de exterminio.

Termino recuperando aquella idea inicial: el exterminio del otro, la negación de la radical “otredad” que su presencia simultánea a la nuestra nos impone, no es un fact, no es un designio histórico predestinado, sino un rumbo que es posible torcer. La cultura de la paz es una construcción inter-generacional, y trans-generacional. Una construcción de pasos cortos, de sumatoria de acciones pequeñas, acotadas pero permanentes, que faciliten y mantengan lubricados los canales de diálogo. De todos los diálogos.

Como esta ocasión, de reunirnos esta noche a hablar de una película.

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Muchas gracias.

El exterminio del otro, según K. Loach

 

 

 

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Presentación del libro de Ramón J. Cárcano (16 09 11)

 Presentación del libro

“De los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos”

de Ramón J. Cárcano

por Nelson Gustavo Specchia

Feria del Libro de Córdoba, viernes 16 de septiembre de 2011

 
Buenas tardes.

Yo quisiera comenzar esta presentación del libro de don Ramón J. Cárcano, “De los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos”, su tesis de doctorado en derecho en la Universidad de Córdoba, con una referencia a los editores, a la feliz coincidencia de que la recuperación de un trabajo académico como este, pionero en su momento en el trazado de líneas igualitarias en el tratamiento civil normativo hacia las personas, un trabajo académico, además, que no quedó atrapado en los silenciosos pasillos del claustro y limitado a los muros de las bibliotecas y de los gabinetes de investigación de los expertos y de los profesores de la disciplina, sino que salió a la calle, alcanzó a la gente y a sus concretas situaciones de vida, sirvió de fundamento para debates de fondo sobre las maneras de concebir y de plantear la convivencia social desde ese particular lugar hermenéutico, desde esa perspectiva interpretativa de la aceptación de las diferencias, de las radicales otredades, en la igualación normativa propia de un Estado republicano y democrático de derecho.

Feliz coincidencia, digo, que el rescate de un documento académico que en su momento tuvo proyecciones sociales tan concretas venga de la mano de una coedición entre las empresas editoras de dos universidades grandes de nuestra ciudad, la editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, y la editorial de la Universidad Católica de Córdoba, y que sea este su primer trabajo, su primer aventura conjunta, de la que, seguramente –y así lo esperamos- será una larga y fructífera avenida de colaboración entre ambas.

Cuando fundamos la Educc, la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, en 2002 (pronto cumplirá sus primeros diez años), desde ese primer momento nos imaginamos la posibilidad de plantear líneas de cooperación interuniversitaria. Poco tiempo después, cuando una nueva gestión en el rectorado de ambas Universidades habilitó un diálogo más frecuente, una mayor cercanía, aquel esbozo de proyecto comenzó a hacerse más palpable. Recuerdo que la señora rectora de la Universidad Nacional de Córdoba nos contó de los avances en su idea de recrear la editorial de la UNC. Si no me falla la memoria, estábamos en el aeropuerto, esperando la llegada de don Ricardo Lagos, el ex presidente chileno al que ambas Casas habían acordado, en este tiempo de mayor cercanía al que aludo, concederle los respectivos doctorados honoris causa. Me alegró mucho lo avanzado que la profesora Scotto tenía aquel proyecto, y le dije que, de la misma manera que estábamos concretando juntos un acto académico tan importante desde lo simbólico, como el doctorado a don Ricardo Lagos, yo tenía la esperanza de que en breve también pudiéramos publicar libros juntos. Y Carolina Scotto me dijo “no tendrás que esperar mucho, lo haremos más temprano que tarde”.

Entonces yo quiero hacer un reconocimiento a ese camino proyectado y que aquí comienza su andadura, mucho más temprano que tarde. La realización de esa idea común, de esa expectativa común, que con este trabajo –también tan simbólico desde su génesis académica, desde su perspectiva igualitaria y desde esa intervención social en el debate cordobés de su tiempo- se ve concretada. Por eso mis felicitaciones, en las personas de Diego Tatián, director de la editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, y Carla Slek, directora de la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, por este producto, indispensable para la recuperación de una porción sustantiva de la construcción de la memoria histórica de los procesos políticos locales, y al mismo tiempo un libro que viene a probar que la cooperación interuniversitaria entre nuestras instituciones sólo puede generar contribuciones de calidad, para el aprovechamiento de las respectivas comunidades académicas, pero no solamente, sino también para el entorno social y cultural donde ellas se ubican y al que responsablemente deben atender.

Del libro de Cárcano, con ese título que lo ubica tan claramente en su tiempo (aunque no lo ancla en él), la tesis doctoral defendida en 1884, quisiera remarcar el cuidado de la presentación de esta edición. No solamente es un libro necesario para nuestra contemporaneidad, como acabo de decir, sino que también es un libro bello. Y un libro muy bien armado, pensado –desde la edición- en lectores plurales.

El ensayo introductorio de la profesora Marcela B. González, de unas cuarenta páginas, logra en su brevedad contextualizar pormenorizadamente la situación política y social en la que se dio la lectura y defensa de la tesis de Cárcano, cuya dimensión simbólica –por aquella perspectiva que mencionaba antes desde la cual se presentan los argumentos del contenido- fue determinante para comprender las fuerzas que pugnaban y que resistían el proceso de modernización de las instituciones y de las instancias decisorias de aquella Córdoba de fines del siglo XIX.

El ensayo de Marcela González logra mostrar cómo este documento académico vino a contribuir con la definición de la contienda ideológica que el liberalismo, comprometido en ese momento con el proceso de modernización del Estado y de la vida política, chocaba con un “catolicismo reticente a ese proceso, amparado en la línea política adoptada por las máximas autoridades de la iglesia” a través del magisterio papal.

Aquella vieja y tan tradicional incidencia del clero en la determinación de las líneas directrices de la política cordobesa, una rémora cuasi colonial, que de pronto vio en los postulados argumentativos del jurista Cárcano sobre el tratamiento y las taxonomías civiles a los hijos, el frente donde había que batallar para frenar esas tendencias modernizadoras y mantener, al mismo tiempo, una situación de control y de privilegios que se asumían como derechos adquiridos.

No hay que aguzar demasiado la imaginación para tender líneas comparativas con algunos procesos que nos toca vivir en nuestros días, como el relativamente reciente debate en torno a la aprobación del matrimonio igualitario en el Congreso de la Nación, y las cartas y comunicaciones giradas a parte de la grey católica por los más altos dignatarios de la iglesia; o también las posiciones que se tensan en estos momentos en relación a una normativa que atienda, en forma particular, a la identidad de género.

Ramón J. Cárcano era un hombre de ideas mesuradas y de una práctica religiosa habitual; pero también era consciente que el escrito que había elucubrado traería cola, lo admite en esta cita: “La cuestión académica se convierte en una lucha política y religiosa, intelectual y social, vigorosa y apasionada, que en el fondo encierra una renovación de ideas y valores personales.”

No se equivocaba. Los postulados de su tesis, este libro, motivó una furibunda pastoral del vicario, monseñor Jerónimo Emiliano Clara. Carta pastoral que, tanto por su tono como por la manifiesta intención de introducir una participación corporativa por fuera de los canales institucionales del funcionamiento político constitucional, terminó empujando un conflicto con el gobierno nacional, que se saldó con el retiro del representante apostólico, y que la representación de la iglesia católica quedara vacante por más de una década. Los pormenores de este contencioso están claramente presentados en la contextualización de Marcela González, que permiten adentrarse en el texto de Cárcano con una luz que ilumina mucho más allá del hecho histórico, y permite trazar –como acabo de decir- líneas comparativas de urgente actualidad con nuestros días.

De igual manera, las “Notas a la reedición de la tesis de Cárcano”, del profesor Juan Marco Vaggione, con que se cierra el volumen, permiten ponderar y visualizar más claramente estas continuidades con dinámicas sociopolíticas contemporáneas. Vaggione se interna, en su breve ensayo, en mostrar las maneras en que el texto de Cárcano puede ser reapropiado por debates actuales en torno a las formas de regular los vínculos afectivos y sexuales, y los pone en evidencia.

Así como González nos ayudaba en las páginas introductorias a entender el contexto histórico en que aparece el texto, Vaggione, al final del mismo nos propone su utilización para echar nuevas luces sobre nuestras actuales discusiones sobre las líneas que cruzan las necesidades y capacidades normativas, los nuevos modos de vivir la sexualidad, y sus relaciones con los imperativos éticos y morales que se deducen de la práctica y prescripción religiosa, concretamente del magisterio de la iglesia católica y de sus dignatarios.

Dice Vaggione que “la distinción entre lo religioso y lo secular, entre la Iglesia y el Estado, es parte del proyecto político de la tesis” de Cárcano, y que “el tema de la relación entre derecho y religión continúa siendo un eje problemático y paradójico en la Argentina contemporánea, desde la restauración democrática.” Coincidimos con él. Y por eso, y por las razone que esgrimía al comienzo, saludamos esta edición, e invitamos a su lectura.

Muchas gracias.

 

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De los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos, de Ramón J. Cárcano

La EDITORIAL de la UNC y la Editorial de la UCC invitan a la presentación del libro

De los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos, de Ramón J. Cárcano

El próximo viernes 16 de septiembre de 2011 a las 18 horas, en la Sala de Conciertos Maestro Diehl  del Cabildo [Córdoba].
La presentación estará a cargo de Nelson Specchia, Alejandro Agüero y Eduardo Mattio; esta actividad se desarrolla en el marco de la Feria del Libro Córdoba 2011

Agradecemos la difusión de esta actividad.
Editorial de la UNC
editorial@editorial.unc.edu.ar  | info@editorial.unc.edu.ar
Pabellón Argentina. Haya de la Torre (s/n). Ciudad Universitaria
CP X5000GYA • Córdoba

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NGS en la Feria de Frankfurt

El director de la revista DICCIONARIO, Nelson-Gustavo Specchia, publicado en la antología “Thirteen Stories by Writers in Córdoba”, preparada por Carlos Alberto Schilling y editada por la Secretaría de Cultura de Córdoba para la Feria de Frankfurt.

Leé más en el blog de la revista:

http://www.revistadiccionario.com/blog
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nelson.specchia@gmail.com

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Glauce Baldovin, una voz púrpura (24 06 11)

Glauce Baldovin, una voz púrpura

por Nelson Gustavo Specchia

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En la segunda mitad de los años ochenta, en una Córdoba que se despertaba –tímidamente aún- de una noche larga de horror político, en la pequeña cantina del Paseo de las Artes conocí a una mujer suave, de piel tersa, ojos grandes y un cabello enmarañado. Unos rasgos más propios de una abuela poco delicada que los de una poeta potente y feroz, como la que apareció desde dentro de ella a continuación: una voz fuerte y clara que comenzó a desgranar poemas profundos, cáusticos. Letras de dolor y de ira, de denuncia, de arrebato. Pero también de una ternura insólita, versos quebradizos, de una frágil levedad. Era Glauce Baldovín, y ya comenzaba a ser un mito. Habíamos ido a conocerla, aquella noche, asaeteados por una amiga común, Eugenia Cabral, otra grave mujer de las letras cordobesas.

Eugenia nos había advertido: Glauce tiene problemas, el alcohol le juega malas pasadas a veces y tiene sus temporadas, pero su poesía logra bajar a los infiernos y subir indemne; alguna vez ella sola será un capítulo entero de la literatura hecha en Córdoba. Y Eugenia no se equivocaba. Glauce entró y salió de neuropsiquiátricos los años que siguieron, y el alcohol y el dolor le siguieron jugando malas pasadas hasta su muerte, en 1995. Pero dejó atrás una obra grande y sólida, y sólo en parte conocida. Desde ayer, por fortuna, una parte de ese caudal poético vuelve a salir a la calle y a las nuevas horneadas de lectores. Por fortuna, digo, porque además del hecho estético inherente a un nuevo libro de poesía, la producción literaria de Glauce Baldovin se mixtura permanentemente con la historia política y de las luchas sociales cordobesas.

Una historia que aún no se ha terminado de escribir, y a la cual aquella voz potente y feroz de Glauce tiene una nota propia para aportar. Ayer, en el renovado espacio céntrico del “panal” de Rivera Indarte 55, rebautizado ahora como “Museo de las Mujeres” y abocado a impulsar diversas actividades culturales y de políticas de promoción de género, se presentó el volumen Poesía Inédita Reunida, que rescata todas las hojas sueltas y los cuadernos manuscritos de poemas que el tiempo, el dolor y la locura no le permitieron a la poeta cordobesa publicar en vida.

 VERSOS Y MILITANCIA

Glauce Baldovin había nacido en Río Cuarto, en 1928, y desde temprano entendió la creación literaria indisolublemente asociada a la militancia social y política. Un compromiso y una actitud que le trasmitió también a su hijo y que, con la tormenta autoritaria que asoló nuestra tierra en la segunda mitad del siglo pasado, a la postre tanto contribuiría con su desgracia. Pero a pesar del dolor, nunca se arrepintió de aquellas elecciones tempranas. Al final de su vida, cuando ya había puesto en paz a los fantasmas, afirmaba con aquella voz, que yo siempre asocié con el color rojo escarlata: “Sigo odiando el miedo, la culpa –decía-, sigo amando la solidaridad, el asombro y la ternura. Y también sigo firme con mis ideas”. Esas ideas eran las de un socialismo visceral, comunitarista, igualitario, distribuidor. Formalmente, se enroló en el Partido Comunista, pero lo abandonó poco después. Para 1965 había renunciado al PC y se había acercado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), aunque la heterodoxia y la rebeldía –tan clara en sus poemas- siempre fueron más fuertes que las estructuras partidarias por las cuales intentó expresar su militancia. Así tituló, inclusive, uno de sus poemarios más conocidos, La militancia, que pone de manifiesto aquello que mencionaba arriba, sobre la permanente mixtura entre letras y expresión vital de ideas en la obra de Glauce.

La Casa de las Américas, en La Habana, le otorgó en 1972 su premio mayor, uno de los galardones más altos de las letras en nuestras tierras, precisamente por aquel libro de poemas que celebraba el compromiso y la participación política. Pero ya comenzaban a correr malos tiempos por estos lares: la poeta fue detenida durante diez días por esas ominosas “averiguaciones de antecedentes”, no se le permitió salir del país ni recoger el premio. Y unos años más tarde, en 1976, también se llevaron a su hijo, y le quebraron la vida. Poco antes de morir diría que con el secuestro y el asesinato de su hijo quedó menos de la mitad de ella misma, “fue más que el abismo, fue el infierno”. Pero siguió escribiendo, nunca dejó de escribir.

 “POESÍA INÉDITA REUNIDA”

El poeta Julio Castellanos fue uno de sus editores en Córdoba, y Baldovin publicó varios volúmenes después de los años de plomo: Poemas (1986), Libro de la soledad (1989), De los poetas (1991), Libro del amor (1993), Con los gatos el silencio (1994), Nuestra casa en el tercer mundo (1995). E inclusive Castellanos, albacea de su obra, siguió impulsando publicaciones tras su muerte. Aparecieron así Poemas crueles (1996), Libro de María – Libro de Isidro (1997), Yo Seclaud (1999), El rostro en la mano (2006), y Promesa postergada – Huésped en el Laberinto (2009). Pero aún quedaba mucho más, y el novel sello editorial “Las Nuestras”, que dirige Leandro Calle y que depende de la Secretaría de Inclusión Social y de Equidad de Género, del gobierno de Córdoba, recopiló todo ese material acabado y listo y que nunca había tenido oportunidad de llegar a los lectores. Esa es la Poesía inédita reunida que se presentó ayer en sociedad. Ahora sí tenemos a toda Glauce, una construcción literaria imprescindible para comprender cabalmente la historia local y nacional más reciente.

El proyecto tomó forma el año pasado, cuando el concurso de ensayos sobre las mujeres que hicieron historia en Córdoba, convocado por la misma secretaría provincial, puso de relevancia la obra de Glauce Baldovin en uno de los trabajos premiados. La editorial “Las Nuestras” se propuso entonces recuperar obras publicadas pero que ya no se consiguen en las librerías, y en esa búsqueda se toparon, en los archivos de Julio Castellanos y de Livia Hidalgo, con una voluminosa obra inédita, en manuscritos fechados y ordenados por la misma Baldovin antes de morir. Esos libros componen el volumen presentado ayer.

Junto con Romilio Ribero, la de Glauce Baldovin es una de las obras más originales de la poesía cordobesa contemporánea. Antes de ellos, las poéticas de Malvina Rosa Quiroga y de María Adela Domínguez habían logrado generar improntas personales, aunque sujetas a los movimientos literarios de la época. Hacia fines de los años sesenta aparece el primer poemario de Glauce, El libro de Lucía, con el que empieza a modelarse, a través de una larga –y desgarradora- carrera literaria, una de las voces más importantes de nuestra poesía. Aquel timbre escarlata que teñía los auditorios con imágenes como esta: Antes de morir / la mujer inca parida por la tierra con el don / de la tejeduría / la tejedora a quien piel y carne se le fueron / gastando / mientras más aparecían los huesecillos del dedo / falange / falangina / falangeta / más bello y perfecto / casi humano / tejía. // Antes de morir / repito para que esto quede bien prendido / en la memoria / se convirtió en esa araña gris perlado / que en las noches suele posarse en el centro / de la frente / penetrar en el cerebro / para tejer sueños con la palabra anhelada / buscada / reclamada / mendigada. // Anoche / locura / la araña tejió tu nombre en mis sesos.

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[ publicado en Hoy Día Córdoba, viernes, 24 de junio de 2011 ]

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nelson.specchia@gmail.com

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The DICCIONARIO 2011 team

 

 

Julieta Colazo, María de la Cruz Mosso, Gabriel Disiot, Celina Alberto, Celina López Seco, Emanuel Rodriguez, Tamara Villoslada, Nelson-Gustavo Specchia, Damian Carnero, Demian Orosz, Juan Francisco Uriarte, Leonardo Moscardó. El equipo 2011 de DICCIONARIO (con algunas ausencias)

http://www.revistadiccionario.com/


Nelson Gustavo Specchia
Codirector – Diccionario revista de letras, arte e ideas
54 | 351 | 152 008719
https://indianadequesada.wordpress.com

 

 

 

 

Boleta Única: Qué es la Boleta Única de Sufragio

 

Campaña Boleta Única
Historieta: Guión de Emanuel Rodríguez, Viñetas de Luis Paredes
Coordinación general de la campaña: Nelson G. Specchia
Producción del Instituto Provincial de Capacitación Municipal – Incam, para la Legislatura de Córdoba, (c) 2011.

 

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Boleta Única: por primera vez no habrá sumatoria de votos

 

Campaña Boleta Única
Historieta: Guión de Emanuel Rodríguez, Viñetas de Luis Paredes
Coordinación general de la campaña: Nelson G. Specchia
Producción del Instituto Provincial de Capacitación Municipal – Incam, para la Legislatura de Córdoba, (c) 2011.

 

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