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Assad, herido y acorralado (18 11 11)

Assad, herido y acorralado

por Nelson Gustavo Specchia

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Uno de los lugares comunes de la literatura de caza mayor, sostiene que pocas cosas encarnan más peligro que una gran bestia herida, a la que se le han bloqueado las vías de escape. En ese momento, un tigre, por ejemplo, se convierte en una perfecta máquina asesina. Es muy difícil en estos días no apelar a ese símil al analizar el callejón sin salida en el que, en un retroceso y en un asilamiento creciente, el régimen sirio de Bachar al Assad se ha ido encerrando.

Y la violencia de la represión gubernamental ya acusa esos golpes a la desesperada. La Unión Europea ha inmovilizado los dineros del clan gobernante colocados en los bancos de sus países miembros, y ha incluido en listas negras a casi todos los personajes relevantes del régimen. Menos explícitamente, pero con el mismo resultado, los países árabes de la región han cerrado las puertas a una posible salida del grupo hacia un exilio dorado. A pesar de que siguen colocando trabas a nuevas sanciones globales o a iniciativas de fuerza con participación multilateral, ni Rusia ni China admitirían tampoco a las principales cabezas del clan de los Al Assad para brindarles guarida. Al callejón del aislamiento sólo le quedan dos débiles ventanucos: Irán y Líbano; pero sería muy difícil que los gobernantes sirios optaran por alguno de estos dos países para establecer una nueva residencia tras el abandono del poder, porque en ninguno de los dos tendrían garantías suficientes de un futuro sin persecuciones. En el vecino del Sur, los largos años de subsidios de Al Assad al Hezbollah le aseguran la fidelidad del partido-milicia, pero el resto del mosaico libanés los odia visceralmente; y su laicismo modernista tampoco cuaja demasiado con la teocracia de los chiítas iraníes. Por lo demás, tanto Mahmmoud Ahmadinejad como los líderes del Hezbollah quedaron atrapados en sus contradicciones respecto de las revoluciones de la “primavera árabe”: apoyaron todos los alzamientos contra las tiranías en el Magreb y en Oriente Medio, mientras éstos se dirigían contra regímenes afines a Occidente (Túnez, Egipto, Marruecos, Bahrein e inclusive Libia), pero decretaron el inmediato fin de su apoyo cuando la “primavera árabe” llegó a las costas del acorralado tigre sirio.

El extremo aislamiento de los Al Assad, y las heridas ya insalvables que los alzamientos populares y la resistencia de la oposición política siria les han asestado, sólo habilitan la consideración de dos escenarios de corto plazo: una negociación que les permite abandonar el poder con las garantías suficientes, o la guerra. Y mientras esta alternativa termina de tomar forma, las calles de Damasco se siguen cubriendo de sangre, cada día más brutalmente.

ENTRE DOS FUEGOS

Como en todos los procesos políticos con resolución violenta, la principal víctima es la población civil; tanto de Damasco, Deráa, Hama, Homs y otras ciudades, como de las áreas rurales consideradas por el régimen como “focos de oposición”. La metodología represiva ordenada por Bachar el Assad, sin prácticamente ningún atenuante ni discriminación, fue horadando inclusive la obediencia al interior de las fuerzas armadas, que desde hace semanas viven un continuo desgranamiento y huída de efectivos, que comenzó cuando los uniformados se negaron a disparar a sangre fría a campesinos que huían de la represión oficial cruzando la frontera con Turquía. Estos soldados y oficiales desertores han sido cooptados por el liderazgo de la oposición política clandestina, y junto con voluntarios civiles, se han organizado en el denominado Ejército Libre de Siria, al que se le calculan ya varios centenares de efectivos y que –como se vivió con los rebeldes de Bengazi en Libia- constituye el germen de la oposición armada al hasta ahora incuestionado monopolio estatal.

Pero esta situación vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca sobre la seguridad de la población civil, que ahora no sólo sufre los embates de las fuerzas regulares, sino que se ve aprisionada entre dos fuegos, entre las fuerzas de seguridad oficiales y un ejército rebelde que en las últimas horas se ha armado de valor como para –inclusive- atacar a un cuartel del ejército sirio. La osadía de los rebeldes se acrecentó a partir de esta semana, cuando el lunes ultimaron en una emboscada a 34 militares gubernamentales en Deráa, el mismo día que entre los opositores se contaron más de cincuenta muertes por la represión oficial.

La Liga Árabe, una organización fundada por Siria –y que ha recibido una parte sustancial de su financiamiento de las prebendas de los Al Assad- decidió esta semana también despegarse de uno de sus miembro más conspicuos, y lo hizo alegando la fragilidad de la protección a los civiles y las mentiras de Bachar. El presidente se había comprometido el 2 de noviembre, frente a los embajadores de la Liga Árabe, a retirar las tropas de las ciudades y aflojar la represión. Sin embargo, desde principios de mes la violencia de las fuerzas del Estado no ha hecho sino aumentar, y se calculan más de tres centenares de muertes desde entonces; si así fuese, los muertos desde el inicio de la revuelta siria, hace nueve meses, ya serían cerca de 4.000. La Liga pide ahora que Damasco permita la entrada de una fuerza civil de 500 observadores, miembros de ONG’s de derechos humanos, para proteger a la población civil de los embates entre las fuerzas regulares y el Ejército Libre de Siria.

Pero es difícil que la organización regional, que –además- nunca se ha destacado por su eficiencia, obtenga la autorización del gobierno. La expulsión de Siria de su seno ha enfurecido a Bachar al Assad, que ha mandado a sus acólitos a asaltar las sedes diplomáticas de Marruecos, Qatar, y de los Emiratos Árabes Unidos, y no deberían descartarse otros ataques a las embajadas de más países miembros de la Liga. El clan es consciente de que el apoyo de la Liga Árabe en las Naciones Unidas fue decisivo para la aprobación de la resolución multilateral que habilitó el cierre del espacio aéreo de Libia, y la entrada de la OTAN en apoyo a los rebeldes, que finalmente terminó inclinando la balanza de la guerra contra Muhammar el Khaddafi. Bachar y sus hermanos se deben estar preguntando cuánto tiempo falta para que la Liga Árabe haga lo mismo con ellos.

LA OPCIÓN TURCA

El asalto a las embajadas por parte de los partidarios del régimen, y el ataque al cuartel por parte de los insurgentes del Ejército Libre de Siria, ha llevado al canciller ruso, Seguei Lavrov, a calificar la situación interna como un escenario de “guerra civil”. Esta situación, sumada a las cada vez más sólidas posibilidades de una guerra con participación internacional, vuelve a colocar en el centro de atención la opción de una intervención de buenos oficios del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.

Turquía ha puesto de manifiesto reiteradamente sus anhelos de liderazgo regional, y desde el estallido de la “primavera árabe” las gestiones del líder del partido islamista moderado AKP han aumentado en su dinamismo. Erdogan ha roto con la ortodoxia inflexible de Benjamín Netanyahu en Israel, después de tantos años de alianza estratégica entre ambos; ha prestado especial atención a la situación de la Franja de Gaza (los barcos solidarios con los palestinos, interceptado por las tropas judías de élite, navegaron con bandera turca); ha estado presente en Túnez, en Egipto, y aterrizó en Trípoli para celebrar la victoria sobre Khaddafi, al mismo tiempo que Nicolas Sarkozy y David Cameron. Ante la posibilidad de que el caos de los acorralados tigres de Al Assad termine siendo aprovechado por el iraní Ahmadinejad –o el rey Abdullah de Arabia Saudita, la otra potencia regional- Erdogan vuelve a mostrar su predisposición de intervenir protagónicamente en una salida negociada a la crisis siria.

Mientras el régimen de Damasco fue una apuesta segura, el gobierno turco no tuvo problemas de hacer negocios con los Al Assad. Luego, cuando comenzaron a estallar las protestas, Erdogan intentó convencer al clan de introducir reformas urgentes. Pero ante su inflexibilidad, esta semana el turco escenificó su ruptura: dijo que ya no podía confiar en Bachar, porque es un mentiroso que pasará a la historia como uno de esos líderes que se alimentan de sangre, y anunció que aplicará sanciones unilaterales, especialmente un embargo de armas y de petróleo.

Si Erdogan lo logra, puede terminar forzando el cambio de postura de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentando la presión diplomática internacional, y abriendo, al mismo tiempo, una ventana de oportunidad –desde el interior del Islam- para que el tigre herido de los Al Assad pueda escapar. Esa es una alternativa, quizá la última. La otra, es la guerra.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 18 de noviembre de 2011]

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Túnez, el suave aterrizaje del Islam

Túnez, el suave aterrizaje del Islam

por Nelson Gustavo Specchia

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La pequeña república magrebí de Túnez vuelve a ponerse al frente de los procesos de cambio que vienen moviendo las estructuras políticas del Norte de África y de Oriente Medio, en lo que ya conocemos todos como la “primavera árabe”. En las recientes elecciones, convocadas para conformar una asamblea constituyente que provea al Estado, por primera vez desde su independencia de Francia en 1956, de una Constitución democrática, han vencido claramente las corrientes islamistas. El interrogante que abre este resultado es si con él también Túnez viene a marcar una tendencia en el rumbo de la región.

Porque en Túnez comenzó todo, y no porque la acumulación de corruptelas y equívocos que las dictaduras árabes del Magreb –apoyadas sustantivamente por Occidente- hubieran tenido en este pequeño país de la costa sur del Mediterráneo unas condiciones diferenciales. Quizás solamente la gota que rebalsó el vaso de la paciencia cayó en Túnez, y una vez que el derrame se inició ya fue imparable. Esa gota, dolorosa, fue la radical protesta del joven ingeniero informático –y eventual vendedor callejero de frutas- Mohammed Bouazizi, que el 17 de diciembre del año pasado, ante la brutalidad policial que había destrozado el carrito con que intentaba ganarse la vida después de haberlo intentado todo, en un mercado laboral cerrado a cal y canto y en una sociedad sin horizontes de cambio ninguno, se prendió fuego. Su rebeldía desesperada rebalsó los diques que contenían tantas situaciones similares, en el entorno de un sistema político feudalizado, donde a la “dictadura blanda” de los treinta años de Habib Bourguiba, le había sucedido la dictadura más extrema, familiar y cleptocrática de Zine el Abidine ben Ali y su mujer, Leila Trabelsi.

Las masas tomando las calles, románticamente designaron “revolución de los jazmines” a sus protestas, pero la fuerza real que manifestaban empujó a Ben Ali a subirse a un avión (su esposa Leila lo llenó, previsoramente, de una tonelada y media de oro) y partir hacia el exilio en Arabia Saudita. Entonces comenzó el contagio: Egipto, Yemen, Bahrein, los rebeldes de Libia, los opositores monárquicos de Marruecos. Túnez había marcado el comienzo, y nadie está seguro de marcar todavía el final.

EL FANTASMA RELIGIOSO

En el discurso de auto justificación de los dictadores que la “primavera árabe” está barriendo, siempre ocupó un lugar importante el considerarse a sí mismos como la última barrera frente al fundamentalismo islámico. Había corrupción, apenas unos barnices de democracia y violaciones a los derechos humanos en sus regímenes, pero todo eso era un precio módico que había que pagar para impedir el mayor de todos los males: que los partidos religiosos llegasen al poder, y con ellos la imposición de la “sharia” (la regulación de las conductas sociales mediante los preceptos coránicos) hacia el interior de las sociedades, y la más que probable enemistad con los países occidentales (con la consecuente suspensión de las exportaciones de hidrocarburos hacia ellos) como principal consecuencia externa.

El argumento de “freno del islamismo radical” comenzó a debilitarse hace ya tiempo, a medida que se conocían detalles sobre el complejo entramado de agrupaciones en que se dividía el Islam político, que el simplismo intencionado de las dictaduras había intentado meter en la misma bolsa. Y también con el resultado de algunas experiencias de partidos islámicos no radicales en el poder, principalmente con el AKP de Recep Tayyip Erdogan y Abdullah Gull en Turquía.

Ahora, en ese universo aparece el islamismo moderado del tunecino En Nahda (El Renacimiento), y arrasa en las elecciones a la convención constituyente, en lo que puede ser una nueva señal del rumbo de los sistemas políticos saneados tras las revueltas de la “primavera árabe”.

CLAVES DE UN RENACIMIENTO

Bajo el régimen de Ben Ali, y como parte de aquel discurso de auto justificación al que acabo de aludir, todo lo que oliese a islamismo estaba proscripto y prohibido. Los principales dirigentes de esos sectores, por lo tanto, llevaban décadas en el exilio, y no había ninguna estructura –no sólo ningún partido político, tampoco ninguna organización no gubernamental- sobre la cual apoyarse para plantear una alternativa. O sea que el nombre del partido tunecino hace referencia concreta a un volver a nacer, a un surgimiento desde la nada, tras casi sesenta años de laicismo obligatorio. Sin embargo, en apenas nueve meses, el movimiento En Nahda ha conseguido estructurar un nuevo discurso, que combina dosis de tradicionalismo con otras de modernidad, y lo ha articulado en una clave de mesura –sin convocatorias a revanchismos ni venganzas- que ha dado en la tecla y empujado a un apoyo social mayoritario.

En las elecciones a la constituyente del pasado 23 de octubre, En Nahda se alzó con el 41,47 por ciento de los votos totales, prácticamente la mitad del padrón, y a casi un 30 por ciento de distancia de la segunda fuerza, el partido Congreso para la República, de centro izquierda. Así, en la futura Asamblea Constituyente, que tendrá 217 escaños, los islamistas de En Nahda ocuparán 90 lugares; el Congreso para la República tendrá 30 asientos; y Ettakatol, la tercera fuerza más votada, 21 escaños.

Y aquí parece haber otro elemento que da una pauta del nuevo comportamiento del electorado: además de la sorpresa de la clara mayoría de En Nahda, las principales fuerzas de oposición son partidos que no hicieron campaña contra el islamismo. En cambio, la oposición tradicional, que sigue repitiendo el viejo argumento de que no hay islamismo moderado posible, y que hay que parar a los religiosos de cualquier manera, porque detrás de ellos vendrán los barbudos a lo talibán y la imposición de la “sharia”, fueron censurados por el voto popular. Las dos principales agrupaciones del frentismo anti islamista, el Partido Democrático Progresista (17 escaños), y el Polo Democrático (5 escaños), han sufrido un castigo en las urnas.

Además de la contundente victoria en las opciones políticas generales –esto es, sobre el rumbo y las formas que debería adoptar el Estado a partir de ahora- los islamistas de En Nahda han demostrado su inserción en todos los estratos sociales, y su llegada a los diferentes agregados geográficos, lo que también termina con el preconcepto de que las ciudades –donde se concentran los sectores más educados de la población- eran laicistas, y que la adhesión a opciones políticas vinculadas a la religión estaba relegada a las zonas rurales, más pobres, tradicionalistas y conservadoras. En Nahda, por el contrario, fue el partido más votado en todas las circunscripciones electorales, incluyendo algunas de la ciudad de Túnez, la cosmopolita capital, que se consideraba el terreno político de la oposición socialdemócrata laica.

Que un partido que proclama claramente su adscripción islámica haya sido la opción elegida por los sectores progresistas, en detrimento de las fuerzas usuales de la centro izquierda, tiene mucho que ver con las maneras en que En Nahda articuló su discurso, en el espacio de poco más de medio año. El hecho de que haya aceptado sin restricciones la imposición de paridad de género en las listas electorales, las referencias permanentes al “modelo turco”; las posturas conciliadoras con los sectores que estuvieron más cerca del régimen de Ben Ali; la seguridad de que el modelo de desarrollo y de que la economía de mercado no serán cuestionados; y una manifiesta relación de cooperación con Occidente; han terminado por alejar el fantasma de los barbudos a lo talibán, y de convencer a la mayoría de tunecinos que la coexistencia entre régimen democrático y republicano moderno, con preceptos religiosos y usos y costumbres que hacen a su identidad, es factible.

Las elecciones de fines de octubre cierran la “revolución de los jazmines”, y abren una nueva etapa, la de transición hacia un sistema democrático en el marco de un Estado de derecho. Si los islamistas moderados tunecinos consiguen conducir ese tránsito, estaremos ante un fenómeno realmente novedoso de la política internacional, y ante todo un nuevo escenario de posibilidades para Medio Oriente y el Magreb.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 4 de noviembre de 2011]

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Proclaman a Libia “liberada” (24 10 11)

Los insurgentes dan por terminada la revuelta y el régimen de Khaddafi. Las Naciones Unidas reclaman una investigación sobre la muerte del ex mandatario. Saif al Islam, el hijo del dictador, permanece prófugo. Dudas sobre la institucionalización del nuevo Estado.  

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A pesar de las atroces imágenes de fotografías y videos capturados con teléfonos celulares, que registran los últimos momentos de vida del ex mandatario libio Muhammar el Khaddafi, su desaparición física ha provocado la instalación de un auténtico clima festivo en la capital del país, y la declaración de la “liberación” por parte de los sublevados del Consejo Nacional de Transición (CNT), que dieron por definitivamente concluido el régimen político instalado por el coronel Khaddafi y vigente durante 42 años en el país norafricano.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reclamó al gobierno provisional del CNT la apertura de una investigación para deslindar responsabilidades en la muerte del ex mandatario, ya que a partir de las imágenes suministradas por la cadena noticiosa qatarí Al Jazeera, se difundieron por el mundo entero los videos donde puede verse la captura de Muhammar el Khaddafi, luego de que un bombardeo de la Alianza Atlántica (OTAN) desarticulara el convoy militar con el que intentaba huir de Sirte, y fuera apresado por milicianos rebeldes.

En ellas el depuesto autócrata se ve confundido y tironeado por su captores, pero vivo y sin heridas. Pocos minutos después, otras imágenes muestran su cadáver, con agujeros de bala en la cabeza y en las piernas.

El primer ministro saliente del CNT, Mahmmoud Yibril, sostuvo ayer que tras la autopsia realizada al cuerpo del ex mandatario –que está depositado en un frigorífico comercial en Misrata- se constató el fallecimiento por un disparo a quemarropa en el cráneo, aunque aseguró desconocer la procedencia de la bala, y aventuró que “pudo haber sido disparada por sus propios simpatizantes” cuando era trasladado a un hospital.

Sin embargo, otros videos que circularon por Internet muestran al coronel agonizando, con la cabeza sangrante, arrastrado por milicianos rebeldes que le quitan la ropa y el calzado.

Uno de los hijos del ex mandatario, Mustassin, también fue apresado vivo, según puede verse en fotografías publicadas en la prensa internacional, y ejecutado posteriormente.

El otro hijo del coronel, Saif al Islam, que había sido escogido como heredero del régimen, puede estar herido pero sigue prófugo, escondido en algún lugar, desde donde llamó en la víspera a continuar resistiendo. “Váyanse al infierno, las ratas y la OTAN”, dijo en un mensaje de audio difundido por el canal Al Arabiya. Todos los demás miembros de la familia del ex mandatario han partido hacia el exilio.

El presidente norteamericano, Barack Obama, saludó la “proclama histórica de liberación”, e instó a una “transición política hacia elecciones libres y justas”.

Aunque las palabras de ministro saliente del CNT abrieron algunas dudas sobre el posible rumbo teocrático del nuevo Estado.

Yalil aseguró que el Islam será el pilar de Libia, “el derecho islámico será la base del orden legal, una ley que contradiga el derecho islámico será absolutamente nula”, ratificó.

El ocaso de los Khaddafa

El depuesto y ajusticiado ex mandatario libio, Muhammar el Khaddafi, siempre mantuvo a su familia implicada en el rumbo político del régimen que fundó y comandó durante más de 40 años.

En sentido amplio, la familia a la que pertenecía, los Khaddafa, era su respaldo en el sistema tribal beduino todavía preponderante en la región.

Y en su núcleo cercano, sus hijos compartieron el poder y también han compartido su suerte.

Algunos de los vástagos y nietos murieron en bombardeos, al inicio de la sublevación rebelde, y otros –como Mutassin- fueron acribillados junto con el ex mandatario.

Ahora, los Khaddafa han nombrado al primogénito, Saif al Islam, el último que permanece en Libia, como nuevo jefe de la tribu y sucesor de Muhammar, según informó ayer el sitio web del diario árabe Al Sharq al Awsat.

Por su parte, Interpol pidió al hijo de Khaddafi que se entregue, a fin de poder ser procesado por la Corte Penal Internacional de La Haya.

La OTAN se retira el 31

La reunión de embajadores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el conjunto de defensa de los ejércitos occidentales que ha sido clave en el derrocamiento del régimen libio, confirmó este fin de semana que la misión en el país norafricano concluirá el próximo 31 de octubre.

La cumbre de representantes de la Alianza, en la capital administrativa de la Unión Europea, evaluó el informe del mando militar y la situación de los civiles, tras la caída de Sirte y la muerte del ex dictador, y sostuvo que no existen más motivos para prolongar la operación “Protector Unificado”, que comenzó hace siete meses por mandato de la ONU.

El secretario de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, sostuvo al final de la cumbre que será “un cierre nítido de la operación, porque no tenemos intención de mantener fuerzas en la región”.

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Los rebeldes matan a Khaddafi (21 10 11)

El ex dictador es apresado al intentar huir de Sirte. Imágenes de celulares lo muestran vivo y luego con dos disparos en la cabeza. El joven de 18 años que lo ultimó es entronizado como héroe. Uno de los hijos del coronel también acribillado.  

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Finalmente, la guerra civil que se había instalado en Libia tras el alzamiento insurgente de Misrata, a principios de año, comenzó ayer a terminar, con el apresamiento y la muerte del coronel Muhammar el Khaddafi.

El ex gobernante, que instaló en el país norafricano un régimen político sui generis, originariamente con pretensiones de revolución socialista pero que terminó decantándose en una autocracia personalista asociada a su figura, se mantenía como prófugo en escondites secretos desde que las tropas rebeldes, con apoyo aéreo y táctico de la Alianza Atlántica (OTAN) se hizo con el control de la mayor parte del territorio.

En ese escenario, se especuló sobre las posibles salidas de Khaddafi hacia el exilio –como efectivamente lo hizo parte de su familia y de su Estado Mayor- o sobre las posibilidades de que hubiera encontrado refugio entre su propia tribu, los Khaddafa, que tiene presencia mayoritaria en la ciudad de Sirte.

La resistencia que mostraba este enclave ante la avanzada rebelde fue apoyando esta posibilidad durante las últimas semanas, y quedó demostrada en la víspera.

El coronel, como había manifestado en algunos comunicados que logró filtrar hacia emisoras árabes extranjeras, permanecía en territorio libio y alentaba una reacción contra la insurgencia rebelde.

En la mañana del jueves, ante el estrecho cerco que los rebeldes mantenían sobre Sirte, el núcleo más cercano al ex mandatario decidió abandonar la ciudad y preparó una caravana de automóviles fuertemente pertrechada, para intentar romper el cerco rebelde y, se presume, que con la intención de tomar la ruta del desierto hacia los oasis del sur del país, desde donde podrían haber pasado a Níger, como lo hiciera un convoy con el alto mando militar khaddafista hace poco.

Sin embargo, a escasos tres kilómetros del borde de la ciudad, la caravana fue atacada por el aire (la OTAN confirmó que un “drone” no tripulado atacó a un convoy que abandonaba Sirte), que la desarticuló.

Muhammar el Khaddafi y algunos de sus allegados más cercanos, como el ex ministro de Defensa, Abu Bakr Yunis, huyeron a pie y se ocultaron en unas cañerías de desagües cercanas. Las tropas rebeldes, que habían presenciado el ataque aéreo, comenzaron a perseguirlos, y lograron dar con el grupo cuando de las tuberías salió un combatiente khaddafista denunciando a los gritos que el coronel se encontraba oculto allí. Las imágenes difundidas por la cadena Al Jazeera muestra al ex mandatario vivo, apresado por los rebeldes, cubierto por unas ropas marrones.

Las imágenes siguientes ya mostraban el cadáver del coronel, con impactos de bala en la cabeza, el cuerpo y las piernas. Otras imágenes de la misma cadena mostraron el cadáver de su hijo Mutassim, que supuestamente integraba el mismo convoy y fue ultimado por los rebeldes en las afueras de Sirte.

Los líderes del Consejo Nacional de Transición (CNT) confirmaron la muerte del ex mandatario, de 69 años, y el definitivo derrocamiento de su régimen autocrático, que se extendió por 42 años en Libia.

Cuando la noticia de la muerte del ex dictador fue confirmada, diversos líderes salieron a expresar el deseo de la comunidad internacional de que este hecho aporte a la pacificación de Libia, y al inicio de un auténtico proceso de institucionalización y democratización del país.

Obama ofrece “cooperación”

A media tarde de ayer, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, convocó a una corta conferencia de prensa en los jardines de la Casa Blanca, para confirmar la muerte del coronel Khaddafi y para anunciar que la reconstrucción del país norafricano, tras el fin de lo que calificó como “un largo y doloroso capítulo”, contará con la cooperación de su gobierno.

Obama insistió en que los libios tienen ahora la oportunidad y la responsabilidad de construir un país “inclusivo, tolerante y democrático”, y pidió llevar adelante una “transición estable”.

El líder demócrata concluyó sosteniendo que los libios “ganaron su revolución, ahora nosotros seremos sus socios en la reconstrucción”, dijo.

Por su parte, la Alianza Atlántica (OTAN), que ha jugado un papel determinante en la caída del régimen de Khaddafi, ha convocado para hoy una reunión de embajadores, en la que tratará la nueva situación en el país tras la muerte del ex mandatario.

Algunas fuentes diplomáticas aseguran que el presidente Obama no quiere extender la operación “Protector Unificado”, que dio cobertura militar y logística a los rebeldes del CNT, más allá de la desaparición del régimen y de la persona del coronel.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, llamó ayer a la reconstrucción nacional libia y a la protección de la población civil, sin dar detalles sobre los plazos y fechas de culminación de la operación.

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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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Khaddafi: de rey de reyes a vecino incómodo (08 09 11)

El conflicto de Libia contamina a los países del oeste africano

Los Estados vecinos fluctúan entre el apoyo a Khaddafi y la legalidad internacional  

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La huida de la alta oficialidad khaddafista a través del desierto ha trasladado una parte de la atención global a los países del oeste de África.

La incógnita, ahora, pasa por si el coronel Muhammar el Khaddafi se unirá a los mandos de su depuesto régimen, que salieron por la frontera sudoeste del desierto libio, por pasos argelinos rumbo a Níger y a Burkina Faso.

Pero las versiones se suceden, generando trascendidos que sólo opacan más el conflictivo escenario. Lo extenso de la formación militar –entre 150 y 200 vehículos artillados- y la integración del convoy –oficiales superiores y miembros de la guardia personal del ex dictador- hacen suponer que podría haber sido el respaldo para proteger la salida de Muhammar el Khaddafi.

El ex mandatario ha repetido que permanecerá en territorio libio, pero el curso de la guerra y el avance rebelde le han dejado muy pocos sitios donde guarecerse.

Sin embargo, el Departamento de Estado norteamericano descartó la posibilidad de que el coronel haya integrado el convoy.

Aunque los vuelos de la Alianza Atlántica (OTAN), que patrullan constantemente las escasas e identificables carreteras que cruzan el desierto libio, no atacaron la caravana, tan numerosa que no podrían no haber detectado.

Por último, la dirigencia insurgente del Consejo Nacional de Transición (CNT) afirmó al comienzo de esta semana saber fehacientemente dónde se oculta el depuesto mandatario, pero no ha tomado ninguna iniciativa militar para apresarlo.

En el plano regional, a su vez, la situación se complica cada vez más para los vecinos, muchos de ellos acreedores de la “cooperación africana” con que Khaddafi financiaba a las castas dirigentes en el pasado.

Argelia recibió a la esposa del ex dictador y a algunos de sus hijos, aunque el presidente Abdelaziz Bouteflika aclaró que sólo lo permitió por “motivos humanitarios y por la tradición de hospedaje del desierto”, que no aplicaría a la persona de Muhammar el Khaddafi si la solicitara. Pero su Ejército no detuvo al convoy de oficiales huidos que habría cruzado por pasos fronterizos argelinos.

Los soldados de Níger fueron más allá, y escoltaron a la caravana cuando esta penetró en su territorio, hasta la ciudad de Agadez.

Y Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo, no rechazaría al convoy, donde se supone que también viajan varias toneladas de oro, aunque esa hospitalidad le traiga nuevos problemas a niveles multilaterales.

Vecino incómodo

A partir de la toma de Trípoli y del reconocimiento internacional, en la Cumbre de París, al gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), el coronel Muhammar el Khaddafi se ha convertido en un fugitivo con pedido de búsqueda y captura del Tribunal Penal Internacional (TPI).

Todos los países del Norte de África son miembros del TPI, o sea que las resoluciones de éste los obligan con fuerza de ley.

Argelia, el único de los vecinos que no ha reconocido al CNT aún, afirmó que capturará a Khaddafi y lo entregará al fiscal Moreno Ocampo, del TPI, en el caso que aparezca por su territorio. Pero recibió a una parte de su familia y la ha alojado en palacios a cargo del Estado.

En el paupérrimo Níger (ocupa el puesto 167 del índice de desarrollo humano, sobre 193), los petrodólares libios fueron la única fuente de financiamiento externo de las últimas dos décadas.

Y en Burkina Faso (casi igual de pobre, ocupa el puesto 161) la poca infraestructura que existe se construyó con “donaciones” de Libia.

Esas remesas de dádiva le aseguraron al coronel simpatías y seguidores en ambos países, quizás los últimos que le quedan.

N. G. S.

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Libia en la primavera árabe

Libia en la primavera árabe

por Nelson Gustavo Specchia

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Muhammar el Khaddafi ha sido destronado. Pero no ha caído. En alguna penumbra tribal, en algún túnel alfombrado, se oculta y espera, manteniendo el vilo que durante casi medio siglo convirtió en política. Pero la historia y las generaciones no pasan, indiferentes, sin dejar rastro en la memoria colectiva, y Khaddafi no podrá volver a usufructuar la satrapía petrolera en que convirtió a Libia. Afortunadamente.

Y escribo este “afortunadamente” después de la primera afirmación, con toda intencionalidad. Porque desde que comenzó el alzamiento popular, en febrero de este año, he venido defendiendo la posición de que la sociedad internacional debía involucrarse activamente en el apoyo a los insurgentes, y hacer cuanto estuviera al alcance de los medios de poder y de derecho que hemos llegado a darnos en nuestra generación, para colaborar en la caída del tirano. También lo dije –desde temprano, antes de que la guerra estuviera definida- desde esta columna; (ver “Un león en apuros”, del 18-02-11, donde anticipábamos: “La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.”) Esa postura me ha acarreado múltiples críticas, de colegas, de amigos, de lectores. Y ahora que el khaddafismo está terminado, creo que merece la pena remarcar algunos fundamentos de ese análisis que me llevó a apoyar la intervención en Libia, en contra de la opinión de un sector importante de intelectuales.

LECTURAS ANTI IMPERIALISTAS

Los argumentos de las posiciones que denuncian el rol de terceros Estados en apoyo de los insurgentes rebeldes y contra Muhammar el Khaddafi, reconocen un tronco común: el sentir anti imperialista. Es una lectura lineal y casi maniquea: si está la OTAN, es porque está el capitalismo occidental. Las Naciones Unidas serían sólo la justificación diplomática de la política exterior de la potencia hegemónica, y la OTAN el ropaje adecentado de los marines norteamericanos; en conjunto, serían la nueva expresión del viejo imperialismo. Y por otro lado: Khaddafi fue un joven militar que derribó a una monarquía colonial, que abrazó el panarabismo y el socialismo; su “Libro Verde” fue una de las biblias laicas del tercer mundo; fundó la Revolución Jamahiriya (de masas, informal y anti institucional); le plantó cara a Occidente y a las multinacionales; apoyó los movimientos de liberación; y ni siquiera los bombardeos de Ronald Reagan lograron moverle el pulso. Palabras más, palabras menos, y aunque aquí –por motivos didácticos- las presente en bruto y sin matices, esas son las consideraciones que llevan a buena parte de los pensadores, de aquí y de afuera, a censurar la participación internacional en el conflicto social libio. Un razonamiento, claro está, que termina empujándolos a tomar postura por el régimen recientemente desplazado y, en última instancia, por la persona del propio coronel.

Aún agregándole todos los matices del caso, esta forma de razonar ya es hoy indefendible, tanto desde la teoría política, de la historia contemporánea, como desde los resultados objetivos de los programas de Khaddafi. Nadie discutiría que la OTAN, en el contexto de un escenario bipolar, fue el brazo armado con que uno de los polos enfrentó –en táctica y en estrategia- al Pacto de Varsovia. Pero el Muro de Berlín cayó hace más de dos décadas; los condicionantes de la guerra fría han desaparecido; y el mundo, en su conjunto, se ha complejizado sobremanera. Seguir aplicando las categorías de análisis que tuvieron vigencia desde la segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética, deja en la boca un regusto a cosa rancia, a no haber advertido que la creciente complejidad también hizo posible que los colectivos sociales tomaran contacto con esas “otredades”, esas realidades diferentes y lejanas, que antes quedaban enclaustradas dentro del dibujo artificial de las fronteras, y ahora se acercan –a la velocidad de los megabytes de la sociedad de la información- al comedor de cualquier casa. Y que decidan tomar partido por ellas.

Cambio de paradigmas interpretativos que también distorsionan la mirada de los afectos y de las lealtades. Porque muchos de los que reniegan de la intervención de las fuerzas occidentales en el conflicto libio, sienten que el viejo coronel –más allá de sus excentricidades en la ropa, los uniformes entorchados, los lentes de colores y las guardaespaldas vírgenes- es uno de los últimos luchadores que siguen resistiendo el ímpetu homogeneizante e invasor del capitalismo occidental. Incluso esta mirada de antigua progresía, si no fuera porque induce a errores garrafales, sería querible y tierna en su visión naïf de la política internacional.

Pero el león de Libia no tiene un pelo de su abundante cabellera de naïf, revolucionario romántico o ferviente anticapitalista. Khaddafi ha sido un sanguinario tirano que utilizó el poder para sojuzgar a siete millones de personas durante cuatro décadas, convirtió un Estado (Libia nunca fue una nación) en una satrapía personal y familiar, y con los dividendos de la exportación de hidrocarburos generó una pequeña élite, vinculada directamente a su persona, que abusó de esos recursos de una manera patrimonialista, sin ningún tipo de límites sobre vidas y haciendas de sus congéneres.

“ES EL PETRÓLEO, ESTÚPIDO”

Así, desde estas lecturas se ha intentado explicar toda la operación internacional en Libia con el argumento del petróleo. La OTAN sería la avanzada de los países occidentales, que van a quedarse con el petróleo del subsuelo de los desiertos de la Tripolitania y la Cirenaica. He argumentado, contra eso, que el petróleo –su búsqueda, extracción, almacenamiento, transporte y exportación- ya estaba en manos de compañías extranjeras antes del levantamiento insurgente. Compañías a las que Khaddafi les aseguraba, con contratos que sólo se aprobaban por su mano, previsibilidad y máxima seguridad. Como sólo una tiranía puede ofrecer a sus socios selectos, y como jamás podrá ofrecer ningún sistema político democrático, cualquiera sea, que surja de la actual revolución libia.

¿Por qué, en todo caso, obviar burdamente otros elementos y razones, que impactan con fuerza en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, y que las sociedades civiles toman para presionar a sus respectivos gobiernos? Khaddafi no terminó siendo el heredero de Gamal Abdel Nasser y su socialismo panarabista como pretendía, más que en sus discursos. En la práctica, fue el banquero de más de medio centenar de grupúsculos terroristas en todo el mundo; cuando se le dio por pagar atentados aeronáuticos, tiró un avión cargado de pasajeros sobre Lockerbie, y otro –el vuelo UTA 772- en el Sahara; jugó a la guerra invadiendo Chad, adquiriendo armas de destrucción masiva (ADM), fabricando gas mostaza y atentando contra Faisal en Arabia Saudita, Hassan en Marruecos, y hasta contra Anwar el Sadat en Egipto, “culpable” de la paz con los israelíes; violó cualquier soberanía nacional para asesinar disidentes en el extranjero; puso precio (llegó a pagar hasta un millón de dólares) a las cabezas de sus enemigos huidos de Libia, mientras recibía en sus palacios a los terroristas más renombrados, como Abu Nidal. Y un currículum político tan frondoso y tan impropio de un líder libertario, es aún más vergonzante cuando se intentan reseñar los atropellos contra su propio pueblo. Desde la limpieza étnica de los bereberes; al estado paranoico establecido cuando convirtió a uno de cada cinco libios en informantes del gobierno; al morbo de la sangre cuando dirigía personalmente las ejecuciones de opositores (retrasmitidas en directo por la televisión oficial), la amputación de extremidades, las mil y una forma de persecución y acoso a cualquier minoría o disidencia.

“RESPONSABILIDAD DE PROTEGER”

Y de pronto, cuando una porción de esa sociedad sojuzgada, jugándose la piel se alza contra el tirano, ¿qué debía hacer la comunidad internacional? ¿Quedarse de brazos cruzados mientras observaba cómo el régimen reprimía a los civiles, amparado en los principios de soberanía nacional y de no injerencia de terceros en los asuntos internos de un país? No. Debía intervenir. Y es deber de un demócrata apoyar esa intervención. El derecho internacional humanitario ha avanzado, junto con los tiempos y las nuevas formas que adopta la estructura política mundial, tanto a nivel institucional como en el plano de la sociedad civil. El principio “responsabilidad de proteger”, uno de los basamentos de la decisión multilateral que dio pie a los bombardeos de la OTAN contra Khaddafi, es un avance en los deberes hacia los más débiles, sin importar dónde vivan.

Los más de cuarenta años de tiranía también vaciaron de instituciones y de instrumentos republicanos a Libia. Por eso la sociedad internacional, a través de las organizaciones multilaterales que ha logrado darse hasta nuestro tiempo, debe permanecer allí, ayudando a la reconstrucción del país. Los libios se merecen una oportunidad de construir una sociedad en libertad; asegurar esa oportunidad no está en sus manos, sino en las nuestras.

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Soldado de huye… (07 09 11)

El derrotado ejército libio cruza el desierto y huye hacia Níger

Burkina Faso ofrece asilo a la familia del coronel Muhammar el Khaddafi

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Después que se difundiera el arribo de la esposa del ex dictador libio Muhammar el Khaddafi a la capital de Argelia, junto a tres de sus hijos, ayer se conoció la salida de una parte de la alta oficialidad del vencido ejército regular del régimen por la frontera sudoeste, rumbo a Níger.

Más de doscientos tanques y vehículos artillados, que en la avanzada rebelde sobre Trípoli se habían replegado hacia el Sur, acantonándose en la ciudad de Sabha y en Bani Walid, cruzaron ayer la frontera con Níger y fueron escoltados por tropas nigerianas hasta Agadez, ubicada en el mismo desierto que comparte con Libia.

La presencia de las tropas nigerianas revela el acuerdo alcanzado con los desplazados dirigentes khaddafistas, y puede implicar un corrimiento del escenario del conflicto, ya que tanto por la cantidad de militares como por el alto grado de conducción (oficiales en su mayoría, incluyendo al jefe de la guardia pretoriana del coronel, Mansur Dhao) podría ser el germen de un reagrupamiento del régimen en el extranjero, para acosar en el futuro al nuevo gobierno libio del Consejo Nacional de Transición (CNT).

Inclusive la fuente que reveló la información sobre la huída concertada de la oficialidad libia –un militar francés cuyo nombre no fue dado a conocer, pero cuya versión fue confirmada por un portavoz nigeriano- aseguró que el mismo Muhammar el Khaddafi utilizará la misma vía para salir del territorio libio, y cruzará Níger rumbo a Burkina Faso, el Estado africano que explícitamente ha ofrecido asilo al ex dictador y a su entorno familiar.

El hijo del ex mandatario, y en su momento heredero del Poder Ejecutivo, Saif el Islam, se uniría al convoy militar, aunque en este caso no se sabe si para compartir el exilio con su padre o para ponerse a la cabeza de la reagrupación de leales en el extranjero.

Fuentes de los rebeldes del CNT agregaron que, junto a los vehículos militares, el convoy de los huidos también llevaba oro y dinero, aparentemente extraído de una sucursal del Banco Central de Libia en Sirte, la ciudad natal del derrocado líder que aún resiste el embate de las tropas insurgentes.

El puerto mediterráneo de Sirte, donde es mayoritaria la tribu de los khaddafa, junto a los oasis sureños de Sabha y Bani Walid, y las poblaciones de los alrededores de Jufra, son los últimos bastiones que resisten, y los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN) sostienen que el ex mandatario sigue teniendo capacidad de mando sobre estas poblaciones.

El portavoz de la OTAN en Libia, el coronel canadiense Roland Lavoie, sostuvo ayer que Khaddafi “sigue dando órdenes a los militares que le quedan”. Y aunque aclaró que es “imposible revertir” la victoria rebelde, sostuvo que la intervención de la Alianza es necesario mientras el ex dictador sea una amenaza para el nuevo régimen insurgente.

Sufrimiento civil

A las 50.000 muertes de civiles que las fuentes del caído régimen  adjudicaron a la toma de la capital por los rebeldes, se sumaron las ejecuciones de venganza contra los afines al coronel.

La Unión Africana denunció el asesinato en masa de inmigrantes africanos negros, confundidos con los mercenarios que el ejército regular contrataba en los países subsaharianos.

La presión internacional logró que el nuevo gobierno de transición del CNT impusiera un poco de orden y llamara a la concordia, pero las denuncias sobre asesinatos y desapariciones en Trípoli siguen a la orden del día.

Ahora, además, se suma el temor por las matanzas masivas de civiles en Bani Walid: su población es utilizada como “escudo humano” por parte de los khaddafistas atrincherados en el oasis sureño.

También en el otro reducto del Sur, en Sabha, la población civil es la primera carne de cañón. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) exhortó ayer a proteger a más de 1.200 inmigrantes atrapados en Sabha, en su mayoría de Chad, Níger y Nigeria, de piel negra, que pueden ser fusilados como presuntos mercenarios.

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Libia: Sitiar y esperar, la nueva estrategia rebelde (05 09 11)

La guerra libia se concentra en Sirte y los reductos del Sur

Los rebeldes sitian al puerto mediterráneo y Bani Walid. Negocian la rendición

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El alto mando de los insurgentes libios ha conseguido disciplinar a las tropas irregulares, y frenar los desmanes contra los seguidores del coronel Muhammar el Khaddafi que se sucedieron tras las primeras horas de la toma de la capital.

La presión internacional sobre el gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), que obtuvo un fuerte respaldo internacional en París la semana pasada, parece haber sido determinante en detener un baño de sangre, con fusilamientos y matanzas a los simpatizantes del desplazado régimen autocrático.

La Unión Africana (UA) había denunciado que las acciones de revancha de los milicianos rebeldes se dirigían hacia cualquier africano negro, porque una parte del ejército khaddafista estuvo integrado por mercenarios contratados en los países subsaharianos.

Pero también de estas regiones provienen grupos enteros de emigrantes económicos, que en la confusión de la toma de Trípoli han sido objeto de violencia por parte de rebeldes.

En un evidente cambio de actitud, las tropas insurgentes se han trasladado hacia las periferias de la ciudad portuaria de Sirte, en la costa mediterránea, y a la sureña población de Bani Walid.

En Sirte domina la tribu de los khaddafa y se supone que una parte importante de su población sigue siendo afín al ex dictador. Y en Bani Walid, una ciudad de 50.000 habitantes a 150 kilómetros al sudeste de Trípoli, es mayoritaria la tribu warfala, y se supone que dos hijos de Khadaffi –Saif al Islam y Mutasin- con grupos de seguidores y guardaespaldas se han refugiado en la ciudad.

En ambos casos, los delegados del CNT están intentando agotar las negociaciones con los jefes tribales locales, para evitar una toma militar directa, que conllevarían altos costos en vidas humanas, no solamente entre los combatientes, sino en los rehenes que los khaddafistas pueden tomar en Bani Walid para utilizarlos como escudos humanos.

Que el desplazado mandatario siga sin aparecer, y que mantenga una postura de enfrentamiento llamando a resistir, a la guerra santa, y a limpiar de “ratas, invasores y traidores” los territorios ocupados por la insurgencia, no facilita precisamente las negociaciones con los líderes tribales de las ciudades.

Ayer, el jefe del Estado Mayor del CNT, Abdul Hakim Beldhaj, declaró a la cadena Al Jazeera que ya se conoce el paradero de Khaddafi, pero que no se lo ha buscado porque también eso forma parte de las negociaciones en curso.

Por su parte, el ex portavoz del régimen, Musa Ibrahim, había informado a primera hora del domingo de que el coronel seguía en el país, “rodeado de gente preparada para protegerle”.

Trapos sucios

La precipitada salida del ex dictador libio de sus palacios no ha dejado al descubierto solamente las pruebas de los lujos y derroches de la élite dirigente.

También comienzan a aparecer documentos comprometedores, que arrojan luz sobre los métodos y la trama de relaciones urdidas por Khaddafi para mantener la dictadura.

Voluntarios de Human Rights Watch (HRW), una ONG que colabora con los rebeldes, afirmaron haber encontrado en Bab al Aziziya, el complejo oficial desde donde el coronel gobernó Libia, documentos probatorios de la asistencia de las agencias de inteligencia estadounidense y británica –la CIA y el MI6- al régimen autocrático, para reprimir a disidentes y opositores internos.

La relación parece haber sido especialmente intensa en el período 2002-2004, pero los británicos también habrían ayudado al dictador a encontrar opositores exiliados en territorio inglés.

Los documentos se habrían hallado en la oficina del ex jefe de la Inteligencia libia, Musa Kusa, y podrían complicar la actual alianza entre el nuevo gobierno del CNT con norteamericanos y británicos.

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“Y que arda Libia (02 09 11)

Khaddafi amenaza con una larga guerra de guerrillas en Libia

La Cumbre de París formaliza el reconocimiento al gobierno de los insurgentes

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Cerca de los mismos salones donde el presidente francés, Nicolás Sarkozy, anunciaba hace medio año el comienzo de la intervención militar contra Muhammar el Khaddafi, ayer se reunió la Cumbre de jefes de Estado y de cancilleres, que formalizó el reconocimiento internacional al nuevo gobierno libio y terminó de enterrar al régimen que rigió en Trípoli durante 42 años.

Sin embargo, el ex dictador volvió a lanzar un mensaje de resistencia, mediante una alocución grabada y trasmitida por un canal de televisión sirio.

En el nuevo mensaje, el coronel anuncia que la guerra no ha terminado y que las tribus que le son leales están armadas. “No nos rendiremos, no somos mujeres”, se le escucha, antes de amenazar con que “la batalla será larga, y que arda Libia.”

Las palabras del ex mandatario pueden mover el escenario hacia una prolongada guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT), que necesita instalar la paz para restablecer los servicios mínimos –luz, agua, suministros, policía- que le darían legitimidad ante la sufrida población.

Por el contrario, de no encontrar estas condiciones en breve, el caos y los enfrentamientos sectarios pueden acabar con el nuevo gobierno del CNT aún antes de empezar.

En esa línea, los mandos rebeldes difundieron ayer que extenderán durante una semana más el ultimátum -que habían dado hasta el sábado- para la rendición de la ciudad de Sirte, población natal del ex dictador y donde se supone que pueden agruparse un porcentaje importante de sus seguidores.

Las tropas irregulares de los rebeldes han avanzado lentamente, desde Trípoli y desde Bengazi, y se encuentran apostadas a unos 100 kilómetros de la ciudad portuaria.

Uno de los portavoces del CNT, Mohammed Zawawi, sostuvo que la prórroga obedece a “dar tiempo para que progresen las negociaciones.” Los mandos insurgentes parecen querer evitar un baño de sangre, ya que un enfrentamiento directo provocaría una batalla mucho más cruenta que la propia toma de la capital.

A pesar de las declaraciones belicosas del ex dictador, el diario argelino El Watan difundió otra versión, al publicar en su edición de ayer que Muhammar el Khaddafi habría telefoneado al presidente Abdelaziz Buteflika, para negociar su exilio en Argelia. Buteflika, siempre en la versión del periódico, ni siquiera le habría atendido el teléfono.

En París, mientras tanto, los sesenta representantes de países acordaron que la OTAN no cerrará la operación en Libia hasta tanto Khaddafi no deje de ser una amenaza.

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