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Un heredero bien alimentado (23 12 11)

Un heredero bien alimentado

por Nelson Gustavo Specchia

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La vida y la historia se encargan de recordárnoslo a cada paso: no hay dictadores eternos, y hasta el más férreo, aislado y cerrado sistema termina horadado por las mismas fuerzas centrípetas que intentaron hacerlo inmune al mundo exterior. Parecía eterno, pero, claro, Kim Jong-il no lo era. Y habrá que ver cuánto más puede resistir el régimen de Corea del Norte cerrado a cal y canto. Muerto el “amado líder” –como se hacía llamar con desparpajo oriental- presumiblemente de un ataque al corazón, tras los múltiples achaques y dolencias que la afición al cognac añejo le habían dejado, todos los símbolos de la dictadura se orientaron a minimizar el golpe y a intentar seguir creyendo que la burbuja norcoreana puede permanecer indeleble al tiempo y al espacio circundante.

Demoraron la noticia de la muerte del dictador durante horas, hasta que la camarilla en el vértice de la pirámide tuvo todas las seguridades; recién entonces vistieron al segundo Kim con el uniforme caqui que usó durante 17 años y lo cubrieron con una sábana roja dentro de un ataúd de cristal. Sin una distinción, una charretera, un bastón de mando ni ningún otro símbolo externo de poder: la fascinación de los autócratas de otras partes del mundo por los entorchados, como los coloridos uniformes de Khaddafi o del ugandés Idi Amín Dadá, o la colección maniática de ribetes, cintas y medallas que llegó a atesorar el dominicano Rafael Leonidas Trujillo, en Oriente mutan por el silencio indumentario. Mao impuso la tendencia: a mayor concentración de poder, la liturgia comunista impone un vestido escueto, amorfo, demodé.

Además del vestido, la élite norcoreana también cuidó el aposento final del “amado líder”. El catafalco transparente con su cadáver fue depositado en el palacio Kumsunsan, donde también reposa el otro féretro venerado: el que contiene la momia de su padre, Kim Il-sung, fundador de la nominalmente República Popular Democrática de Corea, y de la dinastía que la viene gobernando desde el fin de la segunda Guerra Mundial y la expulsión de los invasores japoneses.

Y el tercer símbolo de que el quiebre de la muerte del jefe no implicará ningún cambio en el sistema llegó con el heredero. Respaldado por la Comisión Militar Central; por los líderes del Partido del Trabajo; por su tío Jang Song-taek; por el mariscal jefe del Alto Estado Mayor de las fuerzas armadas, Ri Yong-ho; y por su tía Kim Kyong-hui (la hermana del difunto, y única mujer general del Ejército), el rollizo Kim Jong-un, de 29 años, llegó a los pies de la urna de cristal y rindió un tributo que fue, al mismo tiempo, la señal de la continuidad del régimen en su persona. Por cierto, el joven Kim no ha hecho ni el servicio militar, pero ante los achaques de su padre, también él este año ha sido rápidamente ascendido a general.

UN PAÍS, UNA PECERA

Mientras miraba por los canales internacionales los ceremoniosos símbolos con que la casta gobernante intenta fijar la perpetuación del régimen, pensaba que la urna de cristal en que pusieron a Kim Jong-il también podría funcionar como metáfora del país entero. Una metáfora de aislamiento enfermizo, que ha llevado a que todo un pueblo permanezca, generación a generación, encerrado en una pecera, como hoy el cadáver de su autócrata. En el terreno de las cuentas largas de la historia, la política coreana se ha desarrollado en una tradición inmovilista. El rey Silla unificó las diversas tribus de la península hacia el año 676, y le imprimió desde aquellos tiempos fundacionales una vocación de cierre, de claustro. Durante más de cinco siglos, la dinastía Joseon (1392-1910) mantuvo esa idea de pureza que vendría del aislamiento, que llevó a los viajeros europeos de los siglos XVIII y XIX hablar de Corea como el “reino ermitaño”. El Imperio del Japón invadió la península en su programa expansivo, y la dominación invasora mantuvo el aislamiento durante los 35 años que duró. Tras la derrota del Eje, en la división del nuevo mundo bipolar que aparecía y que dominaría toda la segunda mitad del siglo XX, Roosevelt acordó con Stalin la partición de la península en dos áreas de influencia, cortadas por el paralelo de 38º: en el norte los soviéticos y en el sur los estadounidenses.

En la mitad comunista, el primero de los Kim se fue haciendo fuerte desde 1945, generó un grupo de militares afines, y cinco años más tarde lanzó un ataque al sector sur, para terminar con la artificial partición en dos mitades y reunificar el país bajo su mando. La reacción norteamericana, con el apoyo de las Naciones Unidas, internacionalizó el conflicto. Y apareció China, como el gran valedor del régimen del norte, una posición que sigue manteniendo hasta hoy. La Guerra de Corea (aquella que popularizó la serie M.A.S.H., con Alan Alda) fue la primera gran experiencia de la tensión que generaba el mundo dividido en dos polos antagónicos: la Guerra Fría, que impedía el enfrentamiento directo entre soviéticos y norteamericanos, se calentaba en los bordes de la periferia. Más de dos millones de muertos y tres años después, se terminaban las hostilidades (aunque no la guerra, ya que nunca se ha firmado un armisticio), y todo volvía al paralelo de 38º. Y nuevamente los coreanos (sólo los del norte, esta vez) a aislarse más y más del mundo.

La pecera de los Kim ha mantenido a ese pueblo (se calculan unos 25 millones de personas) ignorantes de lo que haya más allá de la frontera, con la única excepción de las novedades provenientes de China, el gigante vecino y amigo. La filosofía del trabajo y de la resignación son la moneda corriente, sólo hay un canal de televisión, apenas algunas radios (que deben conectarse a una única estación central para pasar los noticieros), y aún menos diarios y revistas. Obviamente, no hay acceso a Internet, y los teléfonos celulares –además de estar estrictamente prohibidos- no tienen cobertura.

Pero esa pecera, ese territorio casi de ficción, además pasa hambre. Porque los terrenos ricos para la agricultura quedaron al sur del paralelo de 38º.

HERENCIA DE HAMBRE

El cierre a cal y canto del régimen no sólo es una ignominia jurídica. Además del derecho internacional, la situación humanitaria de Corea del Norte es crítica. Y ya que empecé esta columna hablando de símbolos contradictorios, lo bien alimentado que aparece el heredero de la dinastía Kim, con sus cachetes llenos y sus kilos de sobrepeso, es una cruel afrenta para un pueblo que pasa hambre, literalmente. Organizaciones no gubernamentales, como Amnistía Internacional, llevan años denunciando que a las torturas y a las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el régimen de Pyongyang, se les suman las hambrunas crónicas como la principal causa de muerte en el país.

A principios de este mes de diciembre, Amnistía lanzó una campaña denunciando la existencia de seis campos de concentración en Corea del Norte, que alojan a más de 200.000 presos políticos, incluyendo niños, ya que la represión alcanza a toda la familia de los acusados. Los campos (oficialmente denominados “de reeducación”) son inmensas tumbas abiertas, donde han perecido más de 400.000 norcoreanos en los últimos 30 años, según un informe firmado en 2006 por el ex presidente checo Václav Havel. De una autoridad moral indiscutible, el dossier de Havel es una sucesión de narraciones de horror: de cómo el régimen mata a los presos de hambre, de cómo los torturan a golpes hasta que se le saltan los globos de los ojos, de cómo los utilizan para experimentos químicos en cámaras de gas, y otros detalles de tortura que serían poco creíbles inclusive en una novela de ficción.

La FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, calcula que desde mediados de los años noventa las hambrunas van matando a dos millones de norcoreanos, y entre este año y el que viene, otros cinco millones estarían en riesgo de grave escasez de comida.

Ese régimen es el que ha escenificado su continuidad contra cualquier alternativa de modificación, por mínima que fuera, en el libreto del aislamiento y la cerrazón. El presidente chino, Hu Jintao, siguiendo la tradicional línea estratégica de aseguramiento de fronteras del gigante asiático, se apresuró a saludar la llegada del gordo heredero Kim Jong-un, y de manifestar su respaldo a un gobierno presidido por él. Los norteamericanos no se atreverían a ir más allá de su apoyo al gobierno de Corea del Sur, con sus 28.000 “marines” estacionados en Seúl; se conforman con que Pyongyang acepte frenar su peligroso programa de enriquecimiento de uranio.

No hay dictadores eternos, pero por el momento, mientras los grandes juegan al TEG con los misiles y las fronteras, por debajo los coreanos seguirán muriendo de hambre, liderados por el gordo Kim.

 

[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 23 de diciembre de 2011]

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“Indignados” en el ombligo del mundo (07 10 11)

“Indignados” en el ombligo del mundo

por Nelson Gustavo Specchia

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El movimiento espontáneo de protesta que tomó forma a partir de una sentada en la madrileña Puerta del Sol, hace pocos meses, ha pasado por las diversas facetas de una rebelión sin forma ni estructura que, entre otras cosas, tampoco pretende tenerlas. O sea, en la denuncia sobre la corrupción general del sistema, opta por no convertirse en un partido político, ya que éstos serían parte del problema. Pero al tomar esa opción el movimiento se ata las manos, porque los partidos políticos son la vía institucionalizada para canalizar, en un sistema representativo, las demandas populares. Ese círculo, que encierra una mecánica contradictoria entre fines y métodos, fue dándole las diversas caras a los “indignados” de la Puerta del Sol: desde pequeñas concentraciones de estudiantes; a guitarreadas en las tardecitas y noches veraniegas de Madrid; al acompañamiento cada vez más plural de colectivos sociales; a la creatividad irónica y punzante de las consignas y de las pancartas; al contagio hacia otras ciudades españolas; a marchas nacionales “de formación cívica y ciudadana”; hasta que el movimiento saltó las fronteras del reino, y comenzaron a replicarse concentraciones y sentadas en Francia, Italia, Gran Bretaña y otros países.

El fenómeno, así, sumaba una nueva faceta: se internacionalizaba, sin institucionalizarse. Seguía siendo la expresión colectiva de un sentimiento de frustración, que los sociólogos y politólogos veían muy relacionado a la clase media, urbana e intelectual, de las ciudades europeas. O sea, una derivación de esa generación de profesionales jóvenes, a quienes el mercado de trabajo ha limitado al acceso a puestos con remuneración baja (los “mileuristas”); sin demasiadas perspectivas de ascenso laboral ni económico; y a quienes la reducción del Estado de Bienestar y las políticas neoliberales (tanto del liberalismo puro, como de los nominalmente socialdemócratas) les recortan derechos que disfrutaron sus padres, y les presentan un horizonte de mediano plazo aún más negro: edades jubilatorias más largas; mayor carga impositiva; pensiones achicadas; seguros de retiro inexistentes; cobertura sanitaria, farmacéutica y de cuidados de la vejez en retirada.

Así, tanto por su surgimiento geográfico, como por su constitución sociológica y de estratos económicos, y por la índole de sus reivindicaciones, el movimiento de los “indignados” se presentaba, hasta ahora, como un fenómeno eminentemente europeo. Inclusive otras expresiones de descontento, también espontáneas, como la violencia que estalló en la barriada londinense de Tottenham, con incendios y saqueos que por un par de días se replicaron en otras ciudades del cordón suburbial de la capital británica, en ningún momento se la relacionó con los “indignados”.

El estallido de Londres estuvo poblado de hijos de inmigrantes africanos, árabes y caribeños, que tienen una autopercepción de estar siendo expulsados del entorno en el que viven. Jóvenes que aspiran a ingresar al sistema, no que se plantean reformarlo. Pero, como digo, el análisis ubicaba a los “indignados” claramente en el entorno europeo. Hasta los últimos días de septiembre, cuando unas concentraciones y movilizaciones que parecen abrevar en el mismo discurso de aquellas algaradas juveniles de la Puerta del Sol, han comenzado a cortar los puentes de acceso a Nueva York y a sentarse en los escalones de mármol de los grandes templos financieros de Wall Street. Los “indignados” han llegado al ombligo del mundo.

OCUPAR LA CALLE DEL MURO

Los primeros días, tal como había ocurrido en Madrid, fueron apenas un par de decenas de jóvenes, a quienes los “azules” del NYPD (los duros agentes del departamento de policía de Nueva York) controlaban de cerca y miraban con una expresión de extrañeza: en la variopinta jungla humana que llena a diario las veredas del mayor distrito financiero del mundo, unos jóvenes protestando contra el capitalismo pueden ser incluso una llamada para el asombro. Pero al día siguiente fueron más, y al siguiente, más aún. Siguiendo de cerca la mecánica de la protesta madrileña, a ese grupo inicial se le fue sumando gente de una extracción más diversa y plural, algunos profesores universitarios, intelectuales respetados por la opinión pública, algunos columnistas de la prensa seria, y líderes gremiales. Con el aumento de las concentraciones, comenzaron las marchas, y el movimiento se puso un nombre: Occupy Wall Street. No habían llegado para pasar, sino para quedarse, parecían decir.

Con el crecimiento de la protesta, también comenzaron las detenciones. Una cosa es que los “azules” del NYPD permitan una concentración exótica de jóvenes bohemios, y otra que el centro neurálgico del poder económico sea cuestionado por movilizaciones con presencia gremial. En las marchas de finales de septiembre los arrestos eran de 10 o de 20 personas, que eran retenidas durante algunas horas en los precintos de la ciudad. Pero para sábado 1 de octubre, cuando una multitudinaria marcha de varios miles de neoyorquinos ocupó el puente de Brooklyn, que conecta al populoso barrio con la zona baja de Manhattan, la policía realizó más de 700 arrestos.

Pero, tal como ocurrió en Madrid cuando la Guardia Civil expulsó a los “indignados” de Sol, la protesta social alcanzó un nivel de difusión y alcance que no había tenido hasta entonces. El discurso de los movilizados, las pancartas protestando contra la inyección de dinero público para salvar a los grandes tiburones de la banca, mientras la debilidad de la economía golpea a la gente común y la tasa de desempleo no afloja del 10 por ciento, saltó entonces desde el ombligo neoyorquino y comenzó a prender, como yesca, en las grandes ciudades norteamericanas. Al día siguiente de las detenciones sobre el puente de Brooklyn se realizaban marchas en puntos tan distantes como Boston, Chicago, San Francisco, y Los Ángeles; hoy, jueves 6, mientras escribo estas líneas, hay marchas cruzando esas ciudades, otras en Seattle, en el extremo del noroeste estadounidense, y otras más en Nueva Orleans, en la costa sureña. Ya es un movimiento nacional.

LAS CANAS DE OBAMA

El presidente Barack Obama, cada día más delgado, la mirada más cansada y la cabeza llena de canas, admitió ayer en Washington que los “indignados” neoyorquinos “expresan la frustración que vive el pueblo”. Y el vicepresidente Joe Biden fue más allá, al sostener que hay muchos puntos en común entre los simpatizantes de Occupy Wall Street, y el sector de extrema derecha del Tea Party, que también comenzó como un movimiento espontáneo de protesta de sectores conservadores y de cristianos tradicionalistas, y que ha terminado por cooptar a la dirigencia opositora del Partido Republicano. Quizás Biden también está pensando en Madrid, donde se acusó a los “indignados” de terminar haciéndole el juego a la derecha del Partido Popular, ya a estas alturas el más que probable recambio de la socialdemocracia del PSOE de José Luís Rodríguez Zapatero en La Moncloa.

Pero la pregunta, en todo caso, es qué hará Obama con este nuevo jugador que ha venido a ocuparle la cancha, en una coyuntura tan quebradiza, con la campaña para las próximas presidenciales a punto de lanzarse, una crisis económica que lleva dos años y que no remite, un crecimiento paupérrimo del producto bruto, y una desocupación a las grandes mayorías.

Hasta ahora, la estrategia de Obama, para la decepción de muchos, ha sido intentar consensuar con los dirigentes menos extremistas entre los republicanos, aunque eso le costara avalar medidas tan polémicas, como todas las políticas de apoyo y salvataje a la gran banca de Wall Street. El surgimiento imprevisto y fuera de toda fórmula de los “indignados”, su rapidísimo crecimiento numérico y su extensión geográfica a todo el territorio de la nación, puede ofrecerle al presidente una plataforma alternativa. Y quizás por eso sus palabras en Washington han mostrado su simpatía con las protestas y con los movilizados. Como una tabla  de salvación, posiblemente el movimiento Occupy Wall Street viene a darle al presidente una nueva base para plantear, desde una perspectiva de izquierdas, su candidatura a la reelección.

La mala performance que Barack Obama manifiesta en todas las encuentras de opinión realizadas hasta ahora le auguran una campaña complicada e incierta; y la fortaleza con que la derecha del Tea Party está cimentando el lanzamiento opositor, le han terminado por cerrar los caminos de diálogo y de consenso con las republicanos en el Congreso. Cuando esas estrategias aparecían agotadas, llegan los “indignados”. ¿Utilizará el presidente esta nueva expresión popular para reinventar un nuevo programa de corte progresista? Si lo logra, los movilizados en las protestas norteamericanas habrán conseguido algo que sus pares europeos no llegaron a hacer: renovar al oficialismo progresista, y darle la alternativa de una nueva oportunidad.

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Los palestinos llegan a la Asamblea General (16 09 11)

El pedido de reconocimiento del Estado Palestino llega a la ONU

Mayoritaria aceptación mundial. Estados Unidos adelantó que vetará la decisión

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La dirigencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) parece haber llegado a la conclusión de que las promesas de apoyo formuladas por el presidente estadounidense Barack Obama han sido postergadas en las listas de prioridades, y han decidido impulsar el reconocimiento de su Estado ante la Asamblea General de la Naciones Unidas.

En oportunidad de la última campaña electoral, el entonces candidato del Partido Demócrata aseguró que la paz en Medio Oriente se aseguraría permitiendo que el pueblo palestino estableciera su entidad soberana, en pie de igualdad con los países de la región, y que ese resultado sería consecuencia de las negociaciones de paz con Israel.

Luego, en los primeros tramos de su Administración, Barack Obama delineó los principales capítulos de su agenda exterior en el discurso en la Universidad Islámica de Al Azhar, el 4 de junio de 2009 en El Cairo. Allí remarcó que los Estados Unidos pretendían establecer un marco de cooperación con los países islámicos, donde se ubicó el apoyo a la soberanía de los palestinos, que se mantienen en un limbo jurídico desde la creación del Estado de Israel y la ocupación de su ejército de los territorios que las Naciones Unidas habían determinado para la comunidad árabe en las tierras entre el Mediterráneo y el río Jordán.

Pero, a pesar de estas posturas del jefe de la Casa Blanca, el fuerte lobby judío de Washington y la intransigencia del actual gobierno conservador israelí presidido por Benjamín Netanyahu fueron frustrando los sucesivos intentos de reanudación de las conversaciones entre ambas partes bajo el auspicio de los estadounidenses.

La coalición de partidos conservadores que ocupa el Poder Ejecutivo en Israel se permitió inclusive algún sonado desplante, como el de anunciar la construcción de nuevos asentamientos en los territorios ocupados el mismo día en que el vicepresidente norteamericano Joe Biden aterrizaba en Tel Aviv para respaldar el proceso de paz.

La compleja situación de la retirada de las guerras en Irak y en Afganistán también desplazó la cuestión palestina de la agenda del Departamento de Estado, y la “primavera árabe” iniciada en enero de este año en el Norte de África, junto a la participación de la OTAN en el derrocamiento del régimen libio de Muhammar el Khaddafi, terminaron dejando el contencioso fuera de trámite.

Ante este escenario, el jefe de la ANP, Mahmmoud Abbas, desde los cuarteles provisorios de Ramallah (la “Mukata”) lanzó una ofensiva diplomática, para presentar la solicitud directamente ante la Asamblea General del mayor organismo multilateral del mundo, que habilitará sus sesiones ordinarias la próxima semana.

La respuesta internacional al reclamo palestino encontró gran eco, y son muchos los países que comprometieron su voto positivo si la demanda de los árabes es presentada.

Esa reacción, a su vez, provocó la indignación del gobierno israelí, tanto en las declaraciones del primer ministro como del canciller Avigdor Lieberman. En un cambio de roles, Lieberman acusó a los palestinos de querer un Estado propio “limpio de judíos”, y advirtió sobre “consecuencias graves y difíciles” si los palestinos concretan su movimiento.

El importante lobby judío de Washington también reaccionó presionando a la Casa Blanca, y el presidente Obama declaró que la presentación ante la ONU, sin un acuerdo previo con el Estado de Israel, sería “extemporáneo”.

Estados Unidos no tiene capacidad para frenar una proposición de este tipo en el pleno de la Asamblea, pero Obama advirtió que, si llega a darse, Estados Unidos utilizará su poder de veto en el Consejo de Seguridad para frenar la aceptación del Estado Palestino como miembro pleno.

En todo caso, la diplomacia norteamericana estaba ayer realizando gestiones de última hora para intentar disuadir a los árabes: el emisario de Obama para Medio Oriente, David Hale, y el consejero especial del presidente, Dennis Ross, estaban en Ramallah para reunirse con Abbas.

Desde la Mukata, en todo caso, confirmaron que el pedido de membresía plena sigue adelante.

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Otra vez fuego en Palestina (19 08 11)

Vuelve a estallar el conflicto árabe-israelí

El desierto del Neguev convertido en zona de guerra. Advertencia de la ONU

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Un atentado de un grupo comando contra coches y colectivos en una ruta del desierto del Neguev, ha vuelto a encender la llama del más viejo y profundo conflicto político de Medio Oriente.

Según la prensa israelí, en la víspera un grupo numeroso de hombres provistos de armas pesadas, disparó contra vehículos con soldados y civiles en las inmediaciones de la ciudad de Eilat. Como fruto del ataque, murieron siete israelíes, y más de 30 sufrieron heridas de diferente gravedad.

En la reacción de los cuerpos de seguridad, también cayeron los agresores, en este caso no se informó del número de muertos.

El gobierno israelí, integrado por la coalición conservadora comandada por Benjamín Netanyahu, sí dio a conocer la filiación del grupo comando, que adjudicó a la facción islamista de Hamas, aunque no dio pruebas.

El premier Netanyahu, con el ministro de Defensa, Ehud Barak, declararon que los responsables “pagarían caro” la acción militar.

Hamas, una de los dos partidos en que se divide la Autoridad Nacional Palestina (ANP), fue desalojado del gobierno luego de haber resultado victorioso en comicios democráticos, y se ha refugiado en la Franja de Gaza, porción de terreno que gobierno de hecho. Israel, como la Unión Europa y los Estados Unidos, siguen manteniendo a Hamas en sus listas de organizaciones terroristas, lo que ha aumentado su asilamiento e impedido cualquier negociación multilateral.

Inmediatamente, la fuerza aérea israelí lanzó una acción de represalia, con nuevos bombardeos sobre la Gaza. Los primeros informes desde la estrecha lengua de tierra encerrada entre Egipto, el Mediterráneo y los controles policiales israelíes, mencionan al menos otras seis víctimas mortales de las bombas punitivas.

Ya entrada la madrugada de hoy, toda la zona del desierto del Neguev se había convertido en un escenario bélico, con vehículos artillados, helicópteros y fuerzas de infantería patrullando la zona.

Los canales televisivos de Tel Aviv sostenían en sus crónicas de la noche la hipótesis de que el grupo comando que perpetró el ataque no era menor a 20 hombres, y aunque no se ha informado de cuántos han sido ultimados, la súbita militarización del Neguev puede obedecer a la búsqueda de los guerrilleros sobrevivientes.

Los medios también especulaban que los comandos habrían entrado a Israel desde Egipto, y citaron declaraciones de altos funcionarios israelíes con críticas al actual gobierno de El Cairo por “no controlar suficientemente” sus fronteras con la Franja de Gaza.

Barak sostuvo que un atentado como el de la víspera viene a  “subrayar la debilidad del control egipcio sobre el Sinaí y el crecimiento de las actividades terroristas”.

Por su parte, Hamas dio a conocer un comunicado donde justifica el atentado, en el marco de “operaciones militares legítimas” contra soldados de una potencia ocupante, aunque oficialmente desde Gaza el gobierno islamista se haya despegado de los ataques, negando cualquier tipo de participación en la planificación o el desarrollo de los atentados.

En la sede de las Naciones Unidas, el secretario general, Ban ki Moon, advirtió anoche que el atentado puede reabrir una nueva escalada bélica entre las dos comunidades, que fácilmente podría contaminar a la inestable región de Oriente Medio.

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Oxígeno envenenado: Sin default pero sin programa (03 08 11)

Obama esquiva el default con el voto del Senado

El presidente cede ante los republicanos, dominados por el radicalismo del Tea Party  

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WASHINGTON.- Después de más de un mes de debate sobre la posibilidad de extender el endeudamiento del gobierno, y de unas negociaciones a contrareloj desde el fin de semana pasado, finalmente el presidente norteamericano Barack Obama logró en la tarde de ayer alejar el fantasma de la cesación de pagos, una situación inaudita en la historia de la primera potencia global.

Los tirones y las argumentaciones de las bancadas republicanas en ambas Cámaras del Capitolio al final consiguieron imponerse y obligar a que algunos puntos centrales del programa demócrata fueran resignados.

Ésto, junto a la llamada a la disciplina en el voto de los legisladores oficialistas, terminó inclinando la balanza y abriendo la posibilidad de que el gobierno extienda el límite legal de endeudamiento, y con ese margen ampliado de deuda pública atendiera ayer, in extremis, sus vencimientos.

Sin esa medida, y con las reservas de gasto discrecional del Ejecutivo agotadas en el Tesoro, el país hubiera entrado técnicamente en cesación de pagos, con las imprevisibles consecuencias que un default de estas proporciones podría haber causado en la confiabilidad del dólar como divisa de intercambio internacional, y en la capacidad de la Casa Blanca para asegurar los flujos financieros globales.

El principal beneficiario de la gran pulseada que tuvo en vilo a la sociedad política estadounidense durante los últimos días es el extremo más combativo de los republicanos, el Tea Party, que logró doblarle la mano al Ejecutivo, imponiéndole un cambio en la orientación de su estrategia económica a través de la reducción del gasto público (seguros de desempleo y salud pública, principalmente), y la renuncia a la suba de impuestos a los sectores de mayores ingresos, dos aspectos que el presidente había manifestado –en forma reiterada- que estaban “fuera de la negociación”.

El cambio en la postura de la presidencia levantó ampollas en los sectores más progresistas del oficialismo demócrata. Esos sectores rebeldes ya habían hecho escuchar sus protestas en la votación de la Cámara Baja el lunes, y mantuvieron en vilo la sesión del Senado en la tarde de ayer, ya que si sostenían su rechazo al pacto alcanzado por las primeras líneas de ambos partidos, y si esa postura se sumaba a algunos senadores del sector republicano más radical, toda la estrategia del acuerdo podría haber naufragado.

Sin embargo, terminó imponiéndose la disciplina partidaria, y el Congreso convirtió en ley la extensión del techo del endeudamiento, por una clara mayoría de 74 votos contra 26.

Si bien el acuerdo sigue de cerca el guión republicano, Obama al menos ha conseguido que la medida alcance hasta el fin de su período de gestión. Los grupos más reaccionarios apoyaban sólo un crédito de coyuntura, que hubiera sorteado el default pero habría complicado mucho el tramo final de la presidencia, con Barack Obama ya enteramente embarcado en la campaña por la reelección. Pero, por el contrario, la ley aprobada ayer le asegura que el techo del endeudamiento permanecerá flexible hasta 2013, lo que constituye un auténtico balón de oxígeno para la Admistración.

Desde hoy, el presidente dispone de 900.000 millones de dólares adicionales para financiar el funcionamiento del gobierno (por encima de los 14,29 billones consumidos), pero al mismo tiempo deberá recortar el gasto público por un monto idéntico en los próximos diez años.

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Las aseguradoras de riesgo, el nuevo poder (28 07 11)

Obama se acerca al default y se disparan los mercados

En el Tesoro norteamericano sólo quedan dólares para los pagos de una semana   

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El gran capital transnacional está demostrando en las últimas horas que el proceso de globalización emprendido a principios de siglo está concluido y firme, al someter a sus dictados a la primer potencia económica y política mundial, algo inconcebible hace apenas unos años.

Ahora, el presidente estadounidense Barack Obama ve cómo la falta de acuerdo entre los dos grandes partidos del sistema ha puesto en guardia a las agencias calificadoras de riesgo. Esas expresiones de las altas finanzas, que orientan el flujo de capitales por la confiabilidad que le otorgan a los pagos de las deudas públicas, se aprestan a bajarle el pulgar a la Casa Blanca.

La presión sobre los gobiernos por parte de esas oscuras agencias de calificación, que se están convirtiendo en agentes de un nuevo tipo de poder internacional, está en el origen de la crisis de la deuda en Europa, especialmente en la debacle de los bonos soberanos de Grecia, que ha obligado ya a dos rescates consecutivos por parte de las organizaciones multilaterales de crédito y del Banco Central Europeo.

También en los apuros de otras economías del continente, como Irlanda, España (donde la prima de riesgo superó ayer los 340 puntos básicos), o Portugal, cuyos títulos públicos acaban de ser calificados como “bonos basura”.

Ahora, esa misma presión se ha trasladado a Washington, donde el reclamo insistente del presidente Obama sigue sin tener un eco positivo en el liderazgo del Partido Republicano, que insiste en bloquear en el Congreso la habilitación de nuevas partidas del Tesoro destinadas a financiar el endeudamiento del gobierno y el pago de servicios por empréstitos contraídos.

La Casa Blanca ya agotó el límite de 14,29 billones de dólares que dispone legalmente para emitir deuda pública, y para gastar más allá de eso requiere de una autorización especial del Congreso. Ante la imposibilidad de obtenerla, la Administración demócrata se acerca a la situación de cesación de pagos.

Estados Unidos no se ha visto frente a la posibilidad de un default desde hace más de setenta años; la Directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), la francesa Christine Lagarde, sostuvo que “una declaración de moratoria o una rebaja significativa en la calificación asignada a Estados Unidos sería algo muy, muy, muy grave”, al alertar que los efectos de tamaño golpe se harían sentir en todos lados.

Acompañando la opinión de las calificadoras de riesgo, las principales bolsas del mundo cerraron ayer con pérdidas, comenzando por Wall Street. Y aunque todavía no se hayan dado corridas bancarias, la cotización del oro –típica reserva segura frente a las contingencias- aumentó en todas las plazas.

El 2 de agosto vence el plazo, o el gobierno paga aún sin acuerdo del Congreso, o enfrenta el default.

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Detrás de Rupert (22 07 11)

Detrás de Rupert

por Nelson Gustavo Specchia

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            En las últimas semanas Gran Bretaña se sacude con una de las mayores crisis desde la postguerra. El escándalo suscitado en torno a los periódicos del magnate Rupert Murdoch ha salpicado a periodistas, policías, funcionarios, diputados y miembros del gobierno. Hasta la intocable familia real inglesa se ha visto envuelta por el remolino. Lo que comenzó siendo un tema mediático saltó hacia la esfera política, y el ejecutivo conservador de David Cameron no encuentra la manera de despegarse, y –también él en el centro del remolino- corre incluso el riesgo de tener que dejar la jefatura del gobierno si no demuestra, en el transcurso de las próximas horas, que sus conexiones con los aspectos más negros del escándalo pueden haberse debido a errores, pero no a acciones deliberadas para favorecer a un holding empresario. Y los ingleses perciben que el pobre y atildado Cameron no tiene el trabajo fácil: en Londres, donde todo es objeto de apuestas, algunas casas de juego ya habilitaron la compulsa de cuánto falta para que caiga el gobierno conservador. El miércoles de esta semana, la célebre firma William Hill pagaba 16 a 1 las apuestas a que el primer ministro habrá renunciado antes del domingo a la noche.

Y la crisis, ya enteramente política, no se ha conformado con quedar adentro de los márgenes marítimos de las islas británicas, sino que ha saltado hacia los cuatro vientos, recalando en Europa y en Estados Unidos primero, en Australia y Rusia después, para terminar ocupando las portadas de la prensa de medio mundo, de manera sostenida, en las últimos dos semanas. El fenómeno de semejante mancha de aceite viajando a alta velocidad por el planeta obedece a dos factores: Las empresas y los intereses de News Corporation, la marca amasada por Murdoch durante sesenta años, toca una variedad de aristas en todo el mundo. Pero el segundo factor es aún más importante desde la política internacional: El interés levantado por el escándalo radica en una manera de hacer periodismo (que no es exclusiva de los tabloides londinenses), y a cómo esa manera de gestionar la función periodística termina relacionándose con el poder político, insertando a su propia gente en los gabinetes, forzando agendas de temas, e hasta influenciando en la designación de candidatos y de partidos. En otras palabras, la prensa sensacionalista llega a las grandes masas de audiencia, sin reparar en cómo lo hace o la legalidad o legitimidad de los medios empleados para ello, y luego, con la capacidad de influencia que esa multitudinaria plataforma de lectores le otorga, apunta a intervenir en el rumbo de la decisión política. En el fondo, un planteo sustantivamente antidemocrático, pero recubierto con la estela de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Esos son los fantasmas que caminan detrás de Rupert Murdoch, y cuando sus pasos espectrales salen a la luz y quedan en evidencia, retumban en todos lados, no sólo en los escalones que llevan a la puerta del número 10 en Downing Street.

Y una advertencia más: Cuando se habla de “prensa amarilla”, generalmente se arma la imagen mental de esos tabloides policiales truculentos, el chusmerío rosa de las revistas y los semanarios del corazón, los mensuarios con delirios místicos, las publicaciones ultramontanas, e inclusive esos misceláneos que mezclan sin demasiados pruritos de objetividad a los fenómenos paranormales, el Gauchito Gil, los extraterrestres, los curas sanadores y los platillos voladores del Uritorco. Pero el fenómeno no se limita a esta fauna variopinta. Por el contrario, los métodos de la prensa sensacionalista han terminado evidenciándose tan efectivos en sus fines políticos, que parte de la supuesta “prensa seria” no ha dudado en tomar algunos de esos elementos y hacerlos suyos. Así, el viejo oficio periodístico que entendía la profesión como un servicio a la sociedad, y que por eso tenía como regla no publicar una noticia hasta haberla contrastado suficientemente con fuentes directas, ha ido dejando lugar a titulares y a portadas que no ocultan –ni les interesa ocultar- su intencionalidad política. Antiguos periódicos de alta tirada, incluso alguno que anota en su insignia ser el gran diario nacional, no han dudado de echar mano de las herramientas sensacionalistas para intervenir en el juego político del Estado. Una participación, claro, para la cual ningún ciudadano de ese Estado los votó. De ahí la cuestión antidemocrática que arrastran.

WHO IS WHO Fox, MGM, Sun,

Murdoch ha sido llamado con los más originales apodos por la prensa del mundo, devolviéndole con la misma moneda con que sus diarios han pagado. Le llaman “el león de la Fox” (porque también es dueño de la productora cinematográfica 20th. Century Fox, la competidora de la MGM, al principio de cuyos filmes rugía ese descomunal león africano); el “zar de la prensa”; el “hacedor de gobiernos”. Más allá de la espectacularidad de esos apodos, todos encierran una parte de verdad. Keith Rupert Murdoch ha demostrado ser un auténtico león en la selva de los medios de comunicación, y casi desde la nada. Llegó a Londres, desde su Melbourne natal, con 20 años y un puñado de libras en el bolsillo. Después de un tiempo compró el periódico The Sun, lo pasó a formato tabloide, y adquirió asimismo el dominical News of the World. Con base en esos dos medios, y la paulatina introducción de contenido sensacionalista y fotos de mujeres desnudas, fue armando una arquitectura mediática que hoy en la más grande del mundo. El año pasado, el holding empresario fundado –y dirigido en persona- por Murdoch, a sus 80 años, facturó un total cercano a los 30.000 millones de dólares. Además de la 20th. Century Fox en cine y entretenimientos, el grupo es el dueño de la cadena televisiva Fox, prácticamente la vocera del Partido Republicano en los Estados Unidos. Murdoch llegó a norteamérica en los primeros años ’70, y se lanzó a una carrera de adquisiciones de grandes medios, entre los cuales sumó al diario New York Post; el periódico financiero The Wall Street Journal; y la casa editorial Harper Collins, también presente en Canadá, Nueva Zelandia, y la India. Además del original The Sun, en Inglaterra tuvo la cabecera más vendida durante décadas, News of the World, que debió cerrar la semana pasada por ser la piedra de toque del escándalo. También en las islas tiene un porcentaje del mayor canal televisivo, BSkyB, y a punto estuvo de quedarse como único dueño –David Cameron ya había aprobado la adquisición- pero el affaire lo ha hecho desistir de esa millonaria compra, de momento. Sky, una señal televisiva hermana, también está en Alemania e Italia; a China ha llegado con el canal Fox, la señal National Geographic Channel; y en su Australia natal mantiene la propiedad de más de 146 publicaciones.

Con este universo empresarial de directa y diaria incidencia en millones de lectores, Murdoch y sus gerentes locales han estado paulatinamente insertándose en las instancias de gobierno. En estos días, especialmente en la escenificación de arrepentimiento y vergüenza que protagonizó frente a la comisión investigadora de la Cámara de los Comunes en Londres, el anciano león dijo no haber estado al tanto de que la gente en la que él había confiado cometía ilícitos contra la vida privada, engañaba a sus lectores, coimeaba a funcionarios públicos y agentes del orden, y sobornaba –por miedo- a todos. Sin embargo, los testimonios de varios de esos mismos gerentes sostienen que siempre fue el viejo en persona quién marcó los rumbos editoriales, los contenidos, y las formas de hacerse con la información para ellos.

CHAU, PRENSA AMARILLA

El escándalo seguirá todavía por un tiempo, y tal como apuestan los jugadores londinenses, las implicancias políticas del caso están lejos de agotarse, tanto dentro como fuera de Gran Bretaña. Las acusaciones y las investigaciones sobre espionaje en los Estados Unidos ya han comenzado, y eso abrirá todo un nuevo capítulo, especialmente si se confirma que los periódicos del grupo espiaron a los familiares de los atentados del 11 de septiembre, el acontecimiento de mayor impacto social en la historia contemporánea norteamericana. No puedo calcular todavía los alcances de semejante patada al tablero, que ya se compara con Watergate, aquel caso que le costó la presidencia a Richard Nixon. Pero sí estoy seguro de que con el affaire Murdoch termina una manera de relación entre la gran prensa concentrada y el poder político. Rupert Murdoch ha sido, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Inglaterra en las últimas tres décadas, más que los primeros ministros, quienes, en definitiva, le debían en parte a él haber llegado a ese cargo. Murdoch era el poder real, y nadie lo había votado para que estuviera allí. Sólo eran sus millones, y el miedo que despertaba –en los funcionarios, en las personalidades, en los intelectuales, en la policía y en los propios miembros del gobierno- caer bajo la despiadada e inescrupulosa zarpa de los titulares de sus periódicos.

Y quien reveló que el rey era apenas un pirata, y que además estaba desnudo, fue la prensa seria, la de verdad. The Guardian, el viejo diario que sigue confrontando las noticias con las fuentes y donde los periodistas siguen entendiendo que con su oficio cumplen una función social, puso en jaque al imperio construido sobre el miedo y la infamia.

Ni siquiera la sacrosanta libertad de prensa puede ser utilizada como una vía para burlar la voluntad popular y corromper las instituciones democráticas. Deberíamos tenerlo presente. También en la Argentina.

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[ publicado en la columna “Periscopio”, del suplemento Magazine del diario

Hoy Día Córdoba, viernes 22 de julio de 2011 ]

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La OTAN pierde terreno ante la resistencia de Khaddafi (23 06 11)

Europa comienza a perder frente a la resistencia de Khaddafi

Italia propondrá un alto el fuego en el Consejo Europeo que comienza hoy en Bruselas     

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ROMA, TRÍPOLI.- Las diversas estrategias ofensivas ensayadas por la Alianza Atlántica (OTAN) para empujar al abandono del poder del coronel Muhammar el Khaddafi en Libia, se han estrellado contra la tenacidad del régimen, que resiste los ataques occidentales y las avanzadas de los rebeldes atrincherado en la capital.

Ya a mediados de este mes comenzaron a alzarse algunas voces críticas con el rumbo de la guerra en el norte de África, tanto de mandos militares británicos como franceses, aunque fueron acalladas por una fuerte afirmación del secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, en el sentido de que las acciones militares continuarían hasta que el dictador libio dejase el poder.

En ese contexto, la semana pasada la OTAN volvió a intensificar los ataques aéreos contra supuestas instalaciones militares en Trípoli.

El recrudecimiento de la ofensiva permitió un nuevo avance de las fuerzas irregulares de los rebeldes, desde la zona oriental que controlan hacia la capital.

Al mismo tiempo, diversos observadores neutrales –como el nuncio papal en Libia- volvieron a insistir en que los bombardeos aliados causan sangrías entre la población civil. Giovanni Martinelli, embajador del Vaticano, afirmó además que la población en general está hastiada de los ataques aéreos de la Alianza Atlántica.

En el mismo sentido, el canciller italiano Franco Frattini lanzó un llamado al “cese inmediato de hostilidades”, que permita la “apertura de corredores humanitarios” para facilitar la salida de civiles del frente de guerra. El jefe de la diplomacia italiana coincidió con el nuncio Martinelli en que la situación humanitaria, especialmente en Misrata y en los alrededores de Trípoli, es “desesperada y dramática”.

La postura del ministro italiano está relacionada también, además de los aspectos humanitarios, con consideraciones económicas y estratégicas entre los aliados europeos.

La guerra se ha extendido considerablemente más allá, en objetivos y en plazos, de lo previsto hace tres meses, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) autorizó acciones armadas para proteger a la población civil de las acciones represivas del régimen de Khaddafi.

En todo caso, el alto mando de la OTAN, a través de su secretario general Anders Fogh Rasmussen, se distanció de Italia al subrayar que morirían más civiles si se suspendiesen los ataques, “la OTAN continuará su misión”, concluyó.

Por último, China, que había sido muy crítica con la intervención desde el inicio, cambió su postura y expresó ayer su respaldo al Consejo Nacional rebelde, a quien reconoció como interlocutor legítimo.

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Europa admite “sobrecarga de esfuerzo bélico” en Libia (15 06 11)

La OTAN comienza a tocar los límites de la guerra en Libia

Europa ya acusa una “sobrecarga de esfuerzo” en las operaciones contra Khaddafi     

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Los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) volvieron a elevar la campaña aérea contra objetivos puntuales en la capital libia, entre ellos el complejo de residencias de Bab al Aziziyah, un conjunto de edificios oficiales entre los cuales se contaría la residencia del coronel Muhammar el Khaddafi.

La ofensiva aliada dio cobertura a un nuevo avance rebelde; los voluntarios de las fuerzas insurgentes avanzaron unos doscientos kilómetros hacia el oeste, quebrando el cerco de la base de operaciones de Misrata. De esta manera, recuperaron una porción importante del escenario bélico que había sido ocupado por el ejército regular libio.

Por la paridad de fuerzas entre ambos bandos, la guerra parecía haber quedado estancada hasta la semana pasada, cuando la OTAN volvió a intensificar las acciones ofensivas. Sin embargo, varios países participantes de la campaña armada en Libia han comenzado a emitir señales de una “sobrecarga de esfuerzo” de guerra, al seguir sosteniendo durante períodos prolongados ataques que no han logrado, en el lapso de tres meses, quebrar las líneas de defensa que el régimen de Khaddafi mantiene sobre la porción occidental del país, especialmente sobre la capital, Trípoli.

Desde Londres, el jefe de la Armada británica declaró en la víspera que la flota inglesa, un actor clave en el apoyo de la aviación francesa y norteamericana, no podrá mantener el peso de las operaciones si éstas se prolongan hasta fin de año. El almirante Mark Stanhope afirmó que puede garantizar la participación de sus soldados hasta septiembre, según el plazo que acaba de fijar el alto mando de la OTAN, pero que más allá de esa fecha el gobierno de David Cameron debería replantear la continuidad de la participación británica, porque implicaría una “sobrecarga de esfuerzo bélico”.

En una línea similar, un oficial de alto rango de la OTAN sostuvo que la cuestión de los recursos de la alianza se volverá “crítica” si la intervención en Libia continúa.

La postura de los voceros militares europeos se contrapone con el discurso oficial de la Administración norteamericana.

Para Washington, la guerra en Libia debería seguir sin interrupciones hasta tanto el coronel Khaddafi abandone el poder, según la formulación reiterada por el presidente Barack Obama.

La semana pasada, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, inclusive reprochó a los europeos por este quiebre en la postura uniforme de los aliados, y sostuvo que la misión en Libia “enfrenta riesgo de fracaso” por el escaso aporte y compromiso de algunos miembros europeos de la OTAN.

Khaddafi ofrece la paz

Con un gesto distendido, el líder libio Muhammar el Khaddafi se dejó fotografiar jugando una partida de ajedrez con el presidente de la Federación Internacional, el ruso Kirsan Ilyumzhinov.

El ejedrecista declaró a su vuelta a Moscú que el coronel le había asegurado estar dispuesto a iniciar “de inmediato” conversaciones de paz con los rebeldes que ocupan la porción oriental del país, e inclusive con mandos militares de la OTAN.

La postura del mandatario, que ha elegido a la capital rusa para insistir en su buena predisposición a terminar la guerra que asota Libia desde hace cuatro meses mediante conversaciones de paz, aparece en un momento en que la Alianza Atlántica comienza una fuerte ofensiva para intentar quebrar el sistema de defensa de Trípoli.

Y mientras envía señales de paz, Khaddafi sigue impulsando a las tropas gubernamentales a reprimir a los insurgentes. Ayer, respondiendo al avance de los rebeldes hacia Trípoli, las fuerzas regulares dispararon con artillería contra el pazo de Dehiba, en la zona de al Ghazaya, fronteriza con Túnez; uno de los pasos utilizados por los que huyen del frente de batalla.

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“shadow internet”, el nuevo frente de guerra (13 06 11)

Estados Unidos desarrolla en secreto una web alternativa

The New York Times publica una exclusiva sobre los intentos de controlar Internet  

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La incidencia creciente de Internet ha llevado a la Administración norteamericana a buscar modalidades para seguir ejerciendo control sobre la web, cuyas características de apertura y horizontalidad escapan a la posibilidad de regularla.

Las recientes revelaciones de documentos diplomáticos por parte de WikiLeaks dieron la alarma sobre las alteraciones que la Internet introduce en los modos clásicos de la política.

Luego, el rol de las redes sociales en las revueltas que vive en mundo árabe desde enero de este año, permitió descubrir una alternativa de la sociedad civil para traspasar los cercos de control, inclusive en regímenes autocráticos y dictatoriales.

Además de las convocatorias por Facebook y Twitter, los videos caseros obtenidas por teléfonos celulares y colgados en la web, fueron una manera de sortear las barreras informativas y la prohibición de entrada a corresponsales extranjeros.

Pero, así como la web habilita toda una escala de posibilidades de participación social horizontal, también escapa cada vez más a la capacidad de control de los gobiernos.

La Administración Obama ha decidido abrir un programa de investigaciones para encontrar maneras alternativas de control, según una información revelada por el diario The New York Times, y que la agencia Prensa Latina divulgó masivamente en la víspera.

Según el Times, las agencias de inteligencia norteamericanas experimentaron los nuevos sistemas de “Internet clandestina” (“shadow internet”) en Egipto, durante la revuelta que terminó con el gobierno autocrático de Hosni Mubarak.

Cuando desde El Cairo se intentó desconectar la web, los usuarios dispusieron de pronto de canales de conexión alternativos con los cuales seguir enviando mensajes de texto, colgar videos en YouTube y convocar a las manifestaciones mediante las redes sociales. Estas conexiones alternativas habrían sido puestas a disposición por la CIA, mediante las webs clandestinas que lograban sortear el control gubernamental.

El diario, uno de los medios estadounidenses más confiables, menciona también la existencia de proyectos en los que el Departamento de Estado y el Pentágono habrían invertido cerca de 50 millones de dólares, para crear una red independiente de telefonía móvil en Afganistán, usando torres de bases militares.

Del informe también se desprende que estos sistemas alternativos podrían ser utilizados con provecho por las propias oficinas de inteligencia norteamericana para acciones de desestabilización.

Ataque cibernético al FMI

Junto a la información sobre la búsqueda de mayor control de la web global por parte del gobierno estadounidense, el diario The New York Times publicó este fin de semana la noticia sobre el “complejo ataque cibernético” que había sufrido el Fondo Monetario Internacional (FMI) recientemente.

El matutino, en su edición del sábado, asegura que las oficinas centrales del organismo multilateral han sido objeto de un ataque de piratas informáticos “cuyas dimensiones aún se desconocen”.

Precisamente en un momento crítico para la institución monetaria, con su director gerente renunciado acusado de violación, y sin definiciones aún sobre la nueva conducción.

Los piratas habrían intentado “hackear” los servidores del FMI durante los últimos meses, mediante la instalación de un software que hiciera públicos los datos internos del organismo, y para que “diera a un Estado una mayor presencia interna” en la toma de decisiones.

Aunque el Times no revela a cuál país en concreto habría beneficiado el ataque, asegura que de momento la ciberseguridad del FMI ha logrado neutralizarlo.

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