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Cambio de tercio (28 12 11)

Cambio de tercio

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por Pedro I. de Quesada

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Las corridas de toros van desapareciendo; en este año que termina el gran José Tomás lidió por última vez en la plaza Monumental, de Barcelona. En esas lides, cada cambio de tercio se anuncia con cornetas y redoblantes.

La comparación vale, al escuchar por estos días el cada vez más nítido retumbo del cambio de tercio histórico que estamos viviendo, en la lid de los gobiernos contra el toro bravo de la crisis.

Un pase que, en muchos aspectos, cruza desde las viejas arenas europeas hacia las tierras montaraces del sur de América.

Entre los pífanos de este retumbo de cambio de ciclo, algunas perlas navideñas.

Después del discurso de investidura –previsible y anodino- del presidente conservador del gobierno español, Mariano Rajoy, esta semana comenzaron las definiciones del nuevo gabinete, y no han sido precisamente para alegrarse.

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, eligió un escenario especial para su primera comunicación pública: un acto con la presencia de José María Aznar, el antiguo jefe del Partido Popular, y guardián de su ortodoxia. Guindos dijo que la economía española volverá a entrar en recesión con la llegada del 2012, que se superarán los cinco millones de desocupados, y que no habrá crecimiento tampoco en el primer semestre del próximo año.

Guindos, el banquero elegido por Rajoy para gestionar la crisis, es un ex ejecutivo de Lehman Brothers, la firma cuya quiebra desencadenó, precisamente, esta crisis financiera.

Otro de los pitidos de la fanfarria que denota el movimiento del centro hacia estas costas lo dio el nuevo Canciller de Rajoy, José Manuel García Margallo.

Dijo que los países latinoamericanos deben “dejar de revisar la historia”, y reconocer en España la madre común. Un discurso que atrasa un par de años (o de siglos), inclusive para un ministro de Exteriores conservador.

A García Margallo le ha dolido el fracaso de la última cumbre iberoamericana, de este año en Paraguay, y quiere que la de Cádiz del año que viene vuelva a ser una reunión familiar. Todo bien. Pero creer que la vía para lograr ese objetivo es llamar al olvido a los hijos pequeños y convocarlos a la mesa del Rey, huele a naftalina.

Y como si todos estos pitidos de cambio fueran pocos, el diario El País, otrora la voz intelectual del progresismo socialista, no deja de ahondar en una línea reaccionaria para con todos los temas políticos latinoamericanos.

Desde que los propietarios del diario se hicieran con acciones del Grupo Clarín, los artículos y las editoriales del periódico madrileño sobre Argentina se han incorporado, como un actor especialmente dinámico, a la oposición al gobierno nacional.

La editorial de ayer, titulada “La ley de Fernández” (y vergonzante a mi criterio), se refiere a la Argentina como un país apenas “formalmente democrático”.

Pífanos, trompetas y redoblantes. Mientras tanto, Brasil desplaza a Gran Bretaña y se ubica como la sexta mayor economía del mundo. ¡Ah, las costas americanas!

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[Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 27 de diciembre de 2011]

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“Ni un puto duro”

“Ni un puto duro”

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por Pedro I. de Quesada

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El desconcierto de la clase política europea es insólito.

En las tres últimas reuniones del G-20 se va escuchando que si no cambian de libreto, el abismo está asegurado; que dejen de restringir el gasto y, keynesianamente, amplíen la base de consumo, como en Brasil o Argentina.

Pero la señora Merkel se ha encaprichado, y al tiempo que no deja de repetir que salvar al euro es condición para salvar a Europa, empuja a Europa cada día un pasito más cerca de aquel precipicio anunciado.

Esta semana han vuelto a reunirse, de emergencia. Ya han comenzado a elevar el tono de los reproches: “Estamos hartos de que vengas a decirnos qué hacer, siempre odiaron al euro, nunca quisieron dejar la libra, y ahora te metes en nuestras reuniones a darnos órdenes”, le gritó el francés Sarkozy al inglés Cameron, hasta ayer tan amigos y tan de acuerdo en bombardear a Khaddafi.

Los británicos, que no forman parte de la Eurozona, insisten en participar en las decisiones de los 17 países del euro, porque si se cae la moneda común también ellos se verán afectados.

Sarkozy dejó Bruselas y se volvió a París, a ver a su hija recién nacida.

Y Cameron se volvió a Londres, donde ayer enfrentaba a un Parlamento que, en su orden del día, trata un pedido de referéndum para decidir si Gran Bretaña permanece o se retira de la Unión Europa. La votación no es vinculante, y es difícil que sea aprobada, pero da una idea –como el enfrentamiento verbal con el francés- de la temperatura que han alcanzado los ánimos.

Von Rumpuy ha llamado a una nueva cumbre, otra vez de emergencia. Y Merkel asistirá, pero sin dar el brazo a torcer. Ni un “duro” más en aportes: restrinjan los gastos. Y el borde del precipicio, cada vez más cerca.

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[ columna En foco, diario HOY DÍA CÓRDOBA, 26 de octubre de 2011 ]

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La larga sombra de Lula (16 10 11)

La larga sombra de Lula

El libro “Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula” analiza la influencia del ex presidente como transformador de la realidad política y social de su país.

Por Nelson Gustavo Specchia

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Brasil ha logrado una posición relativa de incidencia internacional que no deja de sorprender en el análisis global. La apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia del máximo órga­no multilateral a cargo de una mujer, 
con el discurso de la presidenta Dil­ma Rousseff, viene a expresar esa posi­ción de preeminencia en el concierto mundial.

Ese nuevo estatus del gigante suda­mericano tiene una marca de fábrica: las transformaciones diseñadas por Luiz Inácio Lula da Silva.

La experiencia política de Lula, y su impronta personal en la transformación brasilera, constituyen un evento sui generis para la historia y los modos políticos de América latina. Desde la revolucionaria llegada al poder de un obrero metalúrgico apenas alfabetizado; pasando por la reconversión del movimiento gremial del Partido de los Trabajadores en oficialismo de masas; hasta las reformas estructurales que consiguieron sacar de la miseria a 28 millones de personas, ampliar la clase media con 36 millones de nuevos miembros, y extender el mercado de trabajo con la creación de más de 15 millones de nuevos puestos laborales, fueron elementos constitutivos de una metodología novedosa, arriesgada y tremendamente eficaz.

Presencia global. En simultáneo, esa acción desarrollista y distributiva en el ámbito interno, se acompañaba con una presencia cada vez más importante en el ámbito internacional.

El protagonismo del Bric (con Rusia, India y China); el Ibsa (con India y Sudáfrica); el relanzamiento del Mercosur a partir de una nueva relación con Néstor Kirchner, con quien también ideó la Unasur; la incidencia en el G-20; el nuevo marco de las relaciones Sur-Sur; o las intenciones mediadoras junto al turco Recep Tayyip Erdogan ante al contencioso nuclear iraní de Mahmud Ahmadinejad, mostraron las intenciones de Lula de colocar a Brasil entre quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de intervenir activamente en las nuevas concepciones del regionalismo abierto y del derecho internacional humanitario de nuestra generación.

Estas dimensiones, en un conjunto variado de temas, integran el libro Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula , que la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) acaba de sacar a las librerías de la ciudad esta semana.

En los ensayos que integran el volumen, producto de las investigaciones del Observatorio de la Sociedad Internacional (Ovasi) que dirigimos en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, intentamos dar cuenta de los condicionantes que hubieron de modificarse para permitir la llegada de Lula a la cúspide del poder en Brasilia; de las maneras en que fue armando –y ensayando– una estrategia de cambio que mantuviera los consensos, provocaran auténticas modificaciones en la arquitectura social, pero no desequilibrara el juego institucional y representativo.

Árbitro regional. Asimismo, intentamos alguna proyección de esa experiencia tanto en el ámbito regional latinoamericano como 
en el propio futuro del líder brasileño. Porque la relevancia de Brasil no estará limitada, en América latina, al papel de locomotora económica del Mercosur, como muchos suponen.

Como quedó evidenciado en la reu­nión cumbre de Bariloche, convocada por Cristina Fernández para poner paños fríos a la cuestionada iniciativa colombiana de facilitar el uso exclusivo de sus bases militares a Estados Unidos; o en la intervención ante las regiones separatistas del Beni boliviano, Brasil asume progresivamente el rol de árbitro regional.

Un árbitro pacífico, claro. Pero no por ello Lula dejó de adquirir el mayor poder de armamento provisto a sus fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial. Armas, helicópteros, aviones de última generación y hasta submarinos nucleares, porque una potencia política y económica está obligada a respaldar con capacidad disuasoria sus intenciones de liderazgo y de arbitraje regional.

Dedicamos también algunos capítulos de nuestro libro a la proyección de la persona del propio Lula, porque el ex presidente ha tenido demasiado cuidado al elegir la ubicación desde la que vive este nuevo período: ni en el primer plano, que obstaculizaría el normal desempeño del ejecutivo de “Dilminha”, su discípula y heredera; pero tampoco en el ostracismo.

Está ahí. Lula está ahí, rondando. No aparecen fotos suyas en las portadas de los diarios, pero es consultado tanto por los funcionarios superiores del gobierno como por los líderes del Partido de los Trabajadores.

A Dilma Rousseff no le tiembla el pulso para echar a “lulistas” importantes de su gobierno, como los ya ex ministros Antonio Palocci, por pre­sunto enriquecimiento ilícito; Alfredo Nascimento, por corrupción; y hasta al mismísimo Nelson Jobin, por contradecirla en público. Los tres, dirigentes del riñón de Lula.

Pero la independencia de criterio de la presidenta respecto de su mentor no parece ser un obstáculo para que la presencia de Lula siga allí, plenamente vigente, mostrando su capacidad y predisposición para volver al centro de la escena en cualquier momento.

No creo que falte mucho tiempo antes de que volvamos a escuchar análisis sobre una eventual nueva candidatura presidencial de Luiz Inácio da Silva, ese Midas que logró convertir en popularidad casi todo lo que tocaba.

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* Profesor Titular de Política Internacional, Universidad Católica de Córdoba.

El libro

Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después
de Lula.

Nelson Gustavo Specchia (Ed.), et. al.
278 páginas.
Editorial de la Universidad Católica de Córdoba – Educc
Córdoba
2011.

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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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Y llegó Ollanta (29 07 11)

Y llegó Ollanta

por Nelson Gustavo Specchia

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Ayer Perú comenzó a transitar un nuevo ciclo, que está llamado a impactar –suavemente pero con fuerza- en el contexto regional latinoamericano. Finalmente Ollanta Humala asumió la presidencia, luego de una de las más controvertidas, accidentadas y cuestionadas escaleras hacia el poder. El flamante presidente sorteó una verdadera carrera de obstáculos, en la cual se interpusieron elementos de su biografía, del polarizado entorno político peruano, y de los referentes ideológicos y metodológicos de la vecindad regional. Además, una seguidilla de variables externas permearon toda la campaña que terminó abriéndole las puertas del Palacio Presidencial de Lima: El aun vigente debate social sobre la década fujimorista; las desinteligencias en el oficialismo, que terminó sin poder presentar un candidato propio a la sucesión de Alan García; la caída abrupta en las preferencias electorales del ex mandatario Alejandro Toledo (que pasó de ocupar el primer lugar en las encuestas durante la mayor parte de la campaña, para descender raudamente hasta un lejano tercer lugar); y hasta el impacto mediático de la renuncia del escritor Mario Vargas Llosa a seguir colaborando con el diario El Comercio, y el inédito apoyo del premio Nobel, un ícono del liberalismo peruano, al candidato de pasado militar y escorado hacia el nacionalismo de izquierda. Y acompañando a estas insólitas variables externas, también una sutil metamorfosis del propio candidato: su sorpresivo pragmatismo; la moderación de los extremos más ríspidos de su discurso ideológico; la seguridad prometida a los sectores conservadores de la banca y la gran empresa limeña; la publicitada profesión de fe en los métodos aplicados por Lula da Silva en Brasil; el distanciamiento del venezolano Hugo Chávez (que ni siquiera asistió ayer a la toma de posesión); la moderación del lenguaje de barricada; las diversas garantías de mantenimiento del modelo económico y de parte del funcionariado técnico que lo ha llevado adelante; y hasta un cambio en la vestimenta, archivando el raído pullover rojo y adoptando los trajes cortados a medida y las corbatas de Hermes; fueron todos elementos misceláneos que jalonaron un acceso atípico al poder de un atípico personaje. Un “outsider” de la clase política peruana que ha demostrado imaginación y cintura para ir esquivando uno a uno los obstáculos de la carrera hacia la presidencia. Y resta ver, a partir de hoy, si esos elementos también le son útiles para encarar la tarea ejecutiva.

PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

              Pero fue precisamente esta confluencia de elementos externos y la sutil refundación de la personalidad de Ollanta Humala, desde aquellos discursos nacionalistas teñidos de revolución y de tono militar (que hacían juego con el corte de pelo “a cero” y su pasado castrense: no olvidar que intentó dar un golpe de Estado contra Alberto Fujimori en el año 2000), los motivos que empujaron a esa ajustada mayoría que le dio la presidencia, a exigir pruebas de que el nuevo gobierno realmente optará por caminar más por el centro del espectro político que por su margen izquierda. En el tramo final de la campaña por el ballotage, tanto Vargas Llosa como –con algo más de renuencia- Alejandro Toledo, apoyaron a Ollanta, dándole la presunción de moderación. Pero estos mismos sectores exigieron que esa moderación se hiciera evidente, y aun antes de la asunción formal de la primera magistratura.

Humala no puso reparos en entregar pruebas de esa moderación que ha escogido como directriz de su gobierno. Y por dos motivos principales: en primer lugar, porque requiere que sus primeros días en la presidencia del gobierno sean de paz, ningún escenario sería peor en el Perú de hoy que una llegada rupturista, cuando ha quedado palmariamente claro que la mayoría del país apuesta por una estrategia de continuidad. El segundo motivo, además, hace a la gobernabilidad de mediano plazo de la nueva Administración: el margen de la victoria frente al populismo de Keiko fue tan ajustado, que tanto para asegurarse las mayorías parlamentarias como la conducción de las Cámaras, a Ollanta le es imprescindible contar con el apoyo estratégico de Perú Posible, el partido de Alejandro Toledo, minoritario pero bisagra en la conformación de las mayorías legislativas que necesitará para hacer prosperar sus iniciativas de gobierno.

Así las cosas, a principios de la semana pasada Ollanta Humala decidió despejar las incógnitas, mostrar las pruebas de la sinceridad de sus propósitos de moderación política, asegurarse el apoyo de los hombres de Toledo, y quitar imprevisibilidad, para que el acto de asunción de ayer fuera sólo una instancia simbólica de traspaso de las insignias del poder, y una fiesta pacífica y sin altercados. El camino más seguro para lograrlo era anticipando la conformación de su gabinete. Hizo público la nómina de personalidades que integrarán su equipo de gobierno, y nuevamente acertó, dejando contento a (casi) todo el mundo.

El gabinete es una cuidada mixtura de viejos y leales amigos, toledistas liberales, cristianos de centroderecha, tecnócratas de la saliente administración de Alan García, y sociólogos reformistas de centroizquierda “a lo Lula”. Salomón Lerner Ghitis, de 65 años, un millonario de orígenes humildes y uno de los amigos personales más cercanos del nuevo presidente, será el jefe del Consejo de Ministros. Ollanta, así, se muestra fiel a la columna central de su programa, ubicando a un gestor de izquierda como la principal figura funcional del Ejecutivo. Pero también, cumpliendo con la palabra otorgada a los sectores bancarios y al influyente lobby de la bolsa limeña, nombró al frente del Ministerio de Economía y Finanzas a Luis Miguel Castilla, de 42 años, tecnócrata y de perfil ortodoxo, que hasta esta semana ocupaba la secretaría de Hacienda del gobierno de Alan García. En la misma línea continuista, ratificó a Julio Velarde, del Partido Popular Cristiano, al frente del Banco Central. Velarde es un político conservador muy respetado por la comunidad académica –es profesor universitario en Lima- y por los inversores internacionales, que le adjudican la responsabilidad del mantenimiento de los índices de crecimiento sostenidos por el país en los últimos años (Velarde ocupa la presidencia de la máxima institución financiera desde 2006). Los mercados –que se desplomaron el día que ganó el ballotage frente a Keiko Fujimori- aplaudieron estas designaciones con una suba de casi el cinco por ciento en la Bolsa de Valores, que no se retrajo ni un sólo punto durante el recambio presidencial: Ollante se aseguró la fiesta. Los toledistas ocuparán el ministerio de Defensa, y colocarán a Kurt Burneo, uno de los principales economistas liberales del partido del ex presidente, en el ministerio de Producción.

ALEGRÍAS Y DECEPCIONES

Claro que, como no podía ser de otra manera, la composición de un gabinete de estas características (que ha sido denominado “de arco iris”, con una punta de sorna en la caracterización), y las pruebas de manifiesta vocación de orientar el gobierno por canales centristas, deja más lejos a sectores que esperaban estar más cerca. Si se han conjurado los temores de los altos empresarios, los inversores externos y la banca privada, también es cierto que los movimientos sociales y gremiales más progresistas, que lo apoyaron desde un primer momento, atraídos por su programa de cambio del modelo neoliberal, una mayor redistribución de las riquezas y una sociedad más igualitaria, llegan a la toma de posesión del nuevo presidente con más interrogantes que entusiasmo. Y se preguntan si aquella sutil refundación de la imagen del candidato, de la que hablábamos al inicio de esta columna, ha sido un paso táctico para asegurarse la gobernabilidad de su gestión, o si el pragmatismo –que siempre termina siendo funcional al statu quo dominante- será la auténtica marca del período que ahora comienza.

Por eso, el principal reto de Ollanta Humala, según él mismo lo ha expresado y según lo esperan sus aliados de antes y de último momento, es que consiga sostener el buen ritmo de crecimiento económico alcanzado por Perú, que en promedio orilla el ocho por ciento de aumento anual del producto, con baja inflación, exportaciones por 35.000 millones de dólares anuales, y acumulando más de 47.000 millones en las reservas del Banco Central. Y que, al mismo tiempo, consiga utilizar esa riqueza para disminuir la ancha brecha de la desigualdad, invirtiendo en programas de asistencia coyuntural inmediata y en planes de redistribución estructural en el largo plazo. Porque, en definitiva y a pesar de dos décadas de crecimiento a esas tasas tan altas y sostenidas, el Perú sigue siendo una de las sociedades menos equitativas del mundo, y un tercio de su población sigue sobreviviendo por debajo de la línea de pobreza. Todo un desafío.

 

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[ Periscopio – Magazine – Hoy Día Córdoba – viernes, 29 de julio de 2011  ]

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Dilma, un paso más lejos de Lula (10 06 11)

Dilma, un paso más lejos de Lula

Por Nelson Gustavo Specchia

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Las implicancias de la expulsión del jefe de Gabinete del gobierno brasilero, Antonio Palocci, a mediados de esta semana, son múltiples y se irán haciendo evidentes en el mediano plazo. Porque la salida del defenestrado ministro de la principal cartera del Ejecutivo de Dilma Rousseff, implica un golpe a la recién instalada administración de la primera presidenta mujer del Brasil, pero también es un síntoma de que la mandataria ha decidido privilegiar su propio plan, aunque este rumbo la aleje algunos pasos del camino trazado por su antecesor, Luíz Inácio da Silva, Lula.

La imagen de Dilma como la continuidad “pura” de Lula, o como un interregno temporal de preparación para la vuelta del carismático líder metalúrgico a la primera magistratura, queda cuestionada –aunque de momento sólo sea en matices- por la decisión de Dilma de apartar a Palocci, acusado de tráfico de influencias y de enriquecimiento ilícito. Era Palocci, precisamente, la figura impuesta por Lula a su sucesora, y la principal garantía de una continuidad sin fisuras.

La señora Rousseff se vio arrinconada esta semana por diversas líneas críticas, provenientes de distintos ángulos, pero todas con una terminación nerviosa en el Palacio del Planalto de Brasilia. En toda América latina se habla ya del “modelo Lula”, para referirse a esa estrategia política que conjuga estabilidad, crecimiento, democracia e inclusión social. Fue la buena sintonía entre Lula y Néstor Kirchner la que posibilitó establecer estos parámetros comunes entre los dos socios mayoritarios del Mercosur, y desde allí se ha irradiado hacia diversas latitudes, proponiéndose como una manera alternativa al crecimiento capitalista ortodoxo, así como a las tentaciones de transformación radical de las estructuras de desarrollo económico.

Como acaba de verse en el final de la campaña por el ballotage en las presidenciales peruanas, el “modelo Lula” también opera como un colchón amortiguador de las posturas más beligerantes de la izquierda nacionalista, tan resistidas por una parte cuantitativamente importante de las burguesías locales. Poner a Lula como inspirador, y a su política como ejemplo a seguir, le valió a Ollanta Humala acceder a una porción del electorado –principalmente de los colectivos urbanos de Lima y Callao-, que finalmente terminaron haciendo la diferencia con que derrotó a la candidata populista de derecha, Keiko Fujimori, y a su discurso neoliberal. Para ratificar sus dichos con actos, Humala no ha esperado apenas unas horas tras la victoria del domingo pasado, y ayer viajaba a Brasilia y era recibido por Dilma en el Planalto, su primer destino como presidente electo del Perú.

Además, en otras realidades latinoamericanas también embarcadas en un movimiento de cambio social progresista, el camino trazado por Lula se presenta como una alternativa real al impulso personalista del modelo planteado por el venezolano Hugo Chávez.

Pero para mantener esa estrategia que tanto atrae a la región, la Administración Rousseff debe demostrar que puede sostener el ritmo de la que es ya la séptima economía del globo. Su meta anunciada es lograr una tasa de crecimiento del producto del orden del 5,5 por ciento para este año, y una no inferior al 4,3 por ciento para el año que viene. Debe además controlar la inflación (actualmente en el 6,5 por ciento, dos puntos por arriba de lo previsto). Y, aún más difícil, utilizar más eficientemente el gasto público (y achicarlo), en un país que a pesar de la espectacularidad de su crecimiento, no ha logrado saldar la deuda de la equidad: son muchos millones de personas las que siguen viviendo por debajo de la línea de extrema pobreza; la sanidad pública tiene huecos de prestaciones que son insalvables; las políticas de calidad del sector educativo –especialmente en los niveles iniciales y medios- siguen sin dar resultados; y la carencia de infraestructuras a todo nivel puede convertirse a corto plazo en un obstáculo serio para la consecución de los planes de desarrollo.

Dilma es consciente de que la continuidad del “modelo Lula” pasa por atender a esta agenda de pendientes. Era de dominio público, hasta esta semana, que aquella continuidad también dependía de algunos personajes vinculados directamente a la persona del ex presidente. Como el jefe de Gabinete, Antonio Palocci.

Lula dejó instalados algunas figuras que garantizaran la permanencia de su imagen como defensor de los sectores más pobres, mientras se convertía, al mismo tiempo, en el gestor del desarrollo brasilero. La presencia de Palocci en la primera cartera ministerial del Ejecutivo era uno de esos enclaves de garantía. Pero Dilma, al parecer, tiene otra opinión, y ha decidido que puede sostener la línea política, en sus grandes trazos, sin necesidad de estar atada a todos los amigos que su mentor repartió por el nuevo gobierno antes de soltar las riendas. Siempre se dijo que la ex guerrillera era una mujer de carácter, esta semana vino a demostrarlo.

SOLTAR LASTRE

Porque la remoción de Palocci no era la única alternativa. En definitiva, a pesar de la contundencia de las denuncias, no hubo una acusación oficial, y la Fiscalía General de la República declaró que no había indicios suficientes para abrir una causa contra el ministro. Dilma podría haber cedido a las presiones del entorno más cercano a Lula, y mantener al cuestionado médico paulista al frente del Gabinete. Pero prefirió quitarlo del medio, soltar lastre, aunque eso la alejase unos pasos del ex mandatario, su padrino y mentor.

Y había también, en todo caso, motivos muy fuertes para mantenerlo en el cargo de Ministro de la Casa Civil (a todos los efectos el jefe de Gabinete de la presidencia de la República). Antonio Palocci es reconocido como uno de los cerebros del “modelo Lula”, y el gerente que ha logrado colocar a Brasil entre las primeras economías del mundo, con un crecimiento que tocó el 7,5 por ciento del Producto Bruto Interno, y un índice de desocupación controlado en el 7 por ciento.

Pero al exitoso gestor y al interlocutor privilegiado de los embajadores y los grandes empresarios, lo perdió el afán de riqueza. Ya sus manejos turbios de las cuentas personales lo habían obligado a dejar el ministerio de Hacienda, en 2006. Y a mediados del mes pasado, el diario O Globo lanzó la primicia del mágico salto en los ingresos del jefe de la Casa Civil. El matutino aportó pruebas de la velocidad en que Palocci ha amasado una fortuna millonaria, pasando de una declaración de rentas de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010. Ese año, cuando Lula lo colocó como jefe de campaña de Dilma para las presidenciales, el médico –convertido entonces en carísimo consultor de empresas- facturó la escandalosa suma de 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones. Aunque la Fiscalía no tenga todavía pruebas documentales de un desfalco a las cuentas oficiales, la opinión pública ha concluido en que semejante aumento patrimonial es inexplicable si no se perciben giros voluminosos de grandes empresas, precisamente aquellas que esperan obtener contratos con el Estado durante la nueva administración gubernamental. Eso se llama tráfico de influencias, y constituye delito.

Palocci, al no poder justificar semejantes ingresos, miró hacia el Congreso, y pidió a sus correligionarios del Partido de los Trabajadores que le dieran un voto de confianza que le permitiese mantenerse al frente de la Casa Civil. Y los diputados del PT, en lugar de mirar hacia Lula, miraron hacia Dilma. Y dijeron que no. Y Palocci presentó su renuncia.

Recién van seis meses de su presidencia, pero Dilma Rousseff sabe que con estas movidas se juega no sólo la partida de este mandato (de un mandato suyo, autónomo, sin la tutela de Lula), sino también su posible reelección.

El año 2014 está a la vuelta de la esquina, y Lula ya hizo saber que él tiene apuntada esa cita.

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Dilma trae a una mujer a la jefatura de gabinete (08 06 11)

Dilma hace frente al primer escándalo de su Administración

Desplazado el jefe de Gabinete brasileño acusado de enriquecimiento ilícito  

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Los denuncias de actuación irregular en miembros del círculo más cercano del Poder Ejecutivo, que ya afectaron la presidencia de Luíz Inácio Lula da Silva, siguen impactando en la gestión de su sucesora, Dilma Rousseff.

La presidenta de Brasil se ha visto obligada a desplazar a uno de sus colaboradores más cercanos, el jefe de Gabinete Antonio Palocci, cercado por las denuncias sobre enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias.

El oficialismo del Partido de los Trabajadores (PT) ha intentado minimizar el golpe, para que no afecte directamente a la persona de la presidenta, que transita recién los primeros estadios de su gestión, y han impulsado otra figura femenina para reemplazar al defenestrado ministro, la senadora Gleise Hoffman.

La crisis, el primer cuestionamiento institucional interno que ha tenido que hacer frente Dilma desde su llegada al gobierno el pasado 1 de enero, salió a la luz a mediados del mes pasado, cuando trascendieron las cuentas personales del ahora ex Jefe de Gabinete. Antonio Palocci, un médico que saltó a la política nacional desde una intendencia del interior de San Pablo, se ubicó en las primeras esferas de Brasilia junto a Lula. Pero un escándalo de similares características a este lo obligó a alejarse del gobierno ya en 2006, también acusado de tráfico de influencias.

En el recambio de administraciones, volvió a ubicarse en el centro de la escena, y obtuvo de Dilma la primera cartera del Ejecutivo. Sin embargo, el descubrimiento de la velocidad en que ha amasado una fortuna millonaria lo han dejado sin margen para seguir en la esfera pública.

Según los datos impositivos, Palocci habría pasado de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010.

El año pasado, cuando era jefe de campaña de Dilma, facturó como consultor de empresas 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones.

Dado el lugar que Palocci ocupaba en los altos cuadros del Partido de los Trabajadores, y los roles críticos que desempeñó en la transición del gobierno de Lula, no es difícil concluir que tan súbito crecimiento patrimonial está asociado a un amplio tráfico de influencias, en beneficio de las grandes empresas prestatarias de servicios a la gigante maquinaria gubernamental brasilera.

La elección de Gleise Hoffman para cubrir el bochorno vergonzante de la salida de Palocci también intenta cerrar filas con los cuadros más militantes del PT.

Esposa del ministro de Comunicaciones, Hoffman acaba de ingresar al Senado desde una de las provincias más pobres del Brasil, Paraná. En su breve paso por el recinto legislativo, se ha revelado como una parlamentaria activa, de genio duro y discurso fuerte.

Y Dilma posiblemente busque en ella la articuladora política del gobierno, que fue el rol que la propia presidenta ejerció en su día para su mentor, Lula.

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“Todo por un beso”: poder y agresión sexual (19 05 11)

El mundo aisla a Strauss-Khan

En Francia la prisión del dirigente socialista es vista como un agresión “humillante”     

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NUEVA YORK, PARÍS.- El escándalo que envuelve desde el domingo la figura del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, impacta sobre las finanzas y amenaza inclusive las normas que rigen la organización multilateral.

El secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, sostuvo públicamente ayer que el FMI debería designar un reemplazante del máximo responsable de la institución monetaria.

Estados Unidos es su principal contribuyente, por lo que las palabras de Geithner, que vienen además a sumarse a las que impulsan el reemplazo del francés desde diversas partes del mundo, pueden llegar a ser determinantes para sellar su suerte.

A pesar de las presiones diplomáticas de los países miembros, el FMI emitió un comunicado oficial donde anuncia que el número dos del organismo, el economista estadounidense John Lipsky, asumirá la dirección interina, aunque luego de hacerse pública la postura del gobierno de Barack Obama se descuenta que el Consejo Directivo procederá a renovar al director gerente en breve.

Strauss-Khan se encuentra encarcelado y sin fianza, en una celda de tres metros por cinco, en una prisión junto a delincuentes comunes y peligrosos, tras haber sido denunciado por una empleada del hotel Sofitel por agresión sexual. La mujer, de 32 años y originaria de Guinea, desconocía el relevante cargo que ejerce Strauss-Kahn, y denunció que el sábado entró a la habitación creyendo que estaba vacía, cuando el director gerente del FMI salió desnudo del baño y, tras retenerla, abusó de ella sexualmente.

La policía procedió a detener al político cuando ya estaba embarcado en un avión con destino a Francia, y lo condujo esposado ante el juez, que le denegó la libertad bajo fianza.

Tanto la noticia de la detención con cargos por violación, como la imagen de Strauss-Kahn esposado, impactaron fuertemente en la opinión pública francesa, donde hasta la semana pasada los sondeos lo ubicaban como el político mejor posicionado para disputar la presidencia de la República al conservador Nicolás Sarkozy en las próximas elecciones.

Así, a la crisis en la cúpula del socialismo francés, que de golpe se encuentra con su candidato estrella hundido moral y socialmente, se suma la del propio organismo multilateral, donde se ha desatado la competencia por su sucesión. En esta puja, el debate impulsado por los países emergentes, especialmente Brasil y China, ha vuelto a poner en cuestión la norma no escrita que estipula que el director gerente del Fondo debe ser un europeo.

Una encuesta divulgada por la prensa parisina, sin embargo, muestra que más del 50 por ciento de los entrevistados no cree en la culpabilidad del dirigente socialista.

En el mismo sentido se expresaron relevantes personalidades de la política francesa. El sistema legal norteamericano es fuertemente criticado en Europa: el ex ministro francés de Justicia, Robert Badinter, tachó de “asesinato mediático” el trato dado a Strauss-Kahn.

Y aunque el presidente Sarkozy dijo que con este escándalo los socialistas “han perdido la batalla de la moral”, inclusive desde el gobierno conservador se teme por el daño a la imagen nacional que puede conllevar todo el asunto. La ministra de Ambiente, Nathalie Kosciusco-Morizet, afirmó que además de la “presunta” víctima de agresión sexual, “hay ya una víctima confirmada: Francia.”

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¿Y qué hará Khaddafi? (23 03 11)

MÁS MISILES EN EL ATAQUE LIBIO

La coalición aliada vuelve a atacar Trípoli por cuarto día. Las tropas de Khaddafi resisten en Trípoli y siguen avanzando en ciudades pequeñas. Rusia, China y Brasil exigen un alto el fuego.

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Al entrar en su cuarta jornada, la operación militar sobre Libia denominada “Amanecer de la Odisea” ha comenzado a mostrar divergencias en la conducción de las operaciones sobre el terreno, al tiempo que los analistas debaten sobre las posibilidades de salida de la operación.

Este último punto cobra relevancia frente a la resistencia evidenciada por el régimen del coronel Muhammar el Khaddafi ante el ataque aliado, y los límites de la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que llama a “tomar todas las medidas necesarias” para proteger a la población civil libia, pero deja explícitamente fuera de estas posibilidades la invasión terrestre del país.

Con este marco de legalidad internacional, el gobierno de Khaddafi podría resistir desde la ciudad de Trípoli, habilitando una larga contienda de horizontes imprevistos. En cuanto a la conducción de las operaciones, el presidente estadounidense Barack Obama, que ha tenido que asumir la máxima instancia de mando prácticamente a regañadientes, afirmó desde Santiago de Chile que la primera fase de la operación había concluido satisfactoriamente al neutralizar las defensas antiaéreas y, con ello, habilitar una zona de exclusión para la aviación militar del gobierno.

Concluida esta fase, el mandatario norteamericano insiste en traspasar el mando de las operaciones a la plana mayor de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Los otros dos dirigentes que lideran la coalición contra Khaddafi, el presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron, después de una reticencia inicial que mostró las divergencias en el seno del mando aliado, habrían acordado mantener las riendas de la decisión política pero acceder a la iniciativa de Obama de dejar a la OTAN a cargo de la coordinación, según un comunicado del Elíseo.

En este sentido, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, anunció desde la sede de Bruselas que la organización ha acordado imponer un embargo de armas a Libia, y estudia la imposición de un cierre naval a lo largo de las costas del país norafricano.

Aún así, es discutible la posibilidad de que la Alianza Atlántica pueda ir más allá de acciones de apoyo a la zona de exclusión, dada la importante presencia de Turquía en su seno. El gobierno turco ya ha adelantado su oposición a incrementar las acciones consensuadas en la resolución de la ONU.

El otro componente asociado a la acción contra Khaddafi, la Liga Árabe, que volvió a ratificarle al secretario general Ban ki Moon, en El Cairo, su compromiso con las fuerzas aliadas para mantener la zona de exclusión aérea, también vería comprometido su apoyo si la OTAN queda a cargo del mando en la zona.

Las cancillerías de Brasil, Rusia y China, además, exigieron ayer un “alto el fuego inmediato”, y la apertura de negociaciones diplomáticas con el régimen de Trípoli.

El ministro de Defensa ruso, Anatoly Serdyukov, se reunió en Moscú con su par norteamericano, Robert Gates, ante quien protestó por las bajas civiles causadas por los bombardeos aliados.

Las muertes entre la población de las áreas bombardeadas no ha podido precisarse; fuentes británicas aseguran que los objetivos de los misiles lanzados desde aviones y buques próximos a la costa libia han sido exclusivamente instalaciones militares, pero desde la televisión oficial de Trípoli se ha difundido que al menos 90 personas han muerto, y más de 200 han resultado heridas como consecuencia del fuego occidental.

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La OTAN frena a Khaddafi. Europa apoya en bloque

La OTAN cierra el cielo libio y detiene la toma de Bengasi

Khaddafi asegura que resistirá y promete convertir al Mediterráneo en una zona de guerra

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Las fuerzas militares de la coalición occidental liderada por Francia, bombardeaban anoche por segundo día consecutivo las defensas antiaéreas del régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi, con el objetivo de establecer una zona cerrada a los vuelos de la aviación militar de Trípoli.

El ataque aliado, amparado en la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), comenzó a las pocas horas de que el organismo multilateral aprobara acciones ofensivas para proteger a la población civil de los bombardeos de Khaddafi, cuando fuentes oficiales libias aseguraban estar a las puertas de Bengasi, la ciudad oriental libia donde se ha asentado la coordinación de las fuerzas insurgentes y el Consejo Nacional, el órgano provisorio de gobierno de los alzados.

Los objetivos de la ofensiva occidental, que se basa principalmente en los caza bombarderos franceses con el apoyo de misiles norteamericanos lanzados desde las naves próximas a la costa libia, han vuelto a apuntar ayer a la capital, Trípoli, por segundo día consecutivo.

Según han informado fuentes castrenses occidentales, la acción ofensiva intenta desactivas las defensas antiaéreas, que dejarían desprotegida a la aviación libia, lo que permitiría, a su vez, el establecimiento de una zona de exclusión aérea.

Sin embargo, el jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, reconoció que al menos 90 personas murieron, mientras otras 200 resultaron heridas, como consecuencia de los bombardeos de la coalición, señalaron fuentes informativas en América latina.

La cadena árabe Al Jazeera, por su parte, trasmitió el comunicado oficial del gobierno de Khaddafi, que momentos después de iniciado el ataque aliado, el sábado pasado, anunció que había ordenado a todas las unidades gubernamentales “un alto el fuego inmediato”. La medida militar se tomaba, seguía el parte, para preservar las posibles bajas civiles y “la destrucción de edificios civiles y militares”.

Sin embargo, la misma cadena informaba poco después que las defensas antiaéreas habían empezado a disparar, y el ataque del régimen sobre Bengasi seguía adelante, así como la ofensiva de las tropas de Khaddafi en otras ciudades tomadas por los insurrectos.

El presidente estadounidense Barack Obama, de visita oficial en Brasil, ha afirmado que su país no invadirá Libia ni se involucrará en combates cuerpo a cuerpo sobre el terreno, sino que se limitará a cumplir con la resolución de la ONU en coordinación con los demás miembros de la Alianza Atlántica (OTAN). El director del Pentágono, William Gortney, ratificó que el objetivo no es alcanzar militarmente al líder libio.

Apoyo europeo

Finalmente, y tras unos primeros momentos de falta evidente de coordinación, las cancillerías europeas se han alineado detrás de la iniciativa del presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron, cuyos efectivos militares lideran junto a Estados Unidos la ofensiva contra las posiciones antiaéreas del régimen libio.

Italia y España se han sumado con recursos militares, y hasta la remisa Ángela Merkel, que había planteado objeciones a la intervención y se abstuvo de votar la resolución 1.973 en la ONU, se sumará al accionar conjunto permitiendo la utilización de sus bases por los ejércitos de la OTAN, señaló el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle.

Las voces opositoras a la acción militar fueron encabezadas por el presidente venezolano Hugo Chávez, que pidió el cese de la “agresión del imperialismo” contra Khaddafi; también expresaron su protesta los gobiernos de Uruguay, Ecuador y Nicaragua.

Rusia, China, India y Brasil, si bien se abstuvieron en la ONU, no han condenado el ataque militar.

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