Archivo mensual: marzo 2009

Vuelta de página en El Salvador (19 03 09)

VUELTA DE PÁGINA EN EL SALVADOR

Por Nelson Gustavo Specchia

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Mauricio Funes ha triunfado en las elecciones presidenciales de El Salvador, ya es el presidente electo, y ya está en la historia.

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Realmente, junto a la remanida crisis de las bolsas que suben y que bajan, y a las que hay que cuidar -y hasta estimular- como si fueran unas ancianas señoritas llenas de caprichos, este tiempo político también nos ha deparado más de una novedad, de esas profundas, que marcan las estructuras de pensamiento y el devenir de los pueblos. Novedades que provienen, especialmente, de las conductas electorales, de cierta manera nueva y sorpresiva de expresar las opiniones populares en las urnas, como si fuera cada día más difícil prever el movimiento político de las mayorías, de la conformación de alianzas inéditas, de la reconversión de fuerzas en nuevas y ágiles combinaciones, que poco tienen que ver con las recetas políticas más tradicionales.

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Además del central y paradigmático “fenómeno Obama”, comentábamos también las recientes elecciones autonómicas en Galicia, por ejemplo, adonde volvieron los conservadores del Partido Popular, cuando ya nadie los esperaba; o las del País Vasco, donde las fuerzas nacionalistas –las de derecha y las de izquierda sumadas- perdieron la mayoría en la cámara, por primera vez en los treinta años que lleva la democracia española, y un socialista, Paxi López, muy seguramente logrará hacerse con el gobierno regional.

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Una de estas marcas novedosas en el juego político, novedosa y al mismo tiempo profunda, estructural, es la que el domingo anotó Mauricio Funes, al hacerse con la ajustadísima mayoría de apenas dos puntos (lo votó el 51 por ciento, y el 49 por ciento votó por la continuidad de la derecha). Una mayoría exigua, pero que le permitirá acceder legítimamente al gobierno de El Salvador, una de las tierras más fieramente castigadas y asoladas por la violencia política en toda la América latina. Que le permitirá acceder, decimos; otra cosa será que le permita gobernar, eso está aún por verse.

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Funes viene de la guerrilla, participó en su tiempo de la estrategia armada del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); y ahora, llega al poder desde una tribuna democrática, en unos comicios transparentes y –dentro de lo que cabe, para una realidad como la salvadoreña- ejemplarmente superadores de los violentos enfrentamientos que hasta ayer nomás han teñido de sangre la confrontación política. Un amigo nuestro, el jesuita Chema Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana, da cuenta desde la imparcialidad de la observación académica, de esa transparencia y limpieza en el recuperado juego democrático.

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También demostraron estar a tono con estos tiempos, al menos de momento, los derrotados de la derechista coalición Arena, que ha ocupado el poder en El Salvador en las últimas dos décadas, y el propio presidente en ejercicio, Elías Antonio Saca, que reconoció inmediatamente la victoria del ex guerrillero Funes. Gestos como estos han estado ausentes en las tres elecciones presidenciales celebradas desde la firma de los acuerdos de paz de 1992, que pusieron fin a la guerra civil que venía desangrando a El Salvador desde 1980.

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¿Qué dice Funes? Ha ganado las elecciones repitiendo un discurso simple: “A la vuelta de 20 años, tenemos uno de los países más atrasados de América latina, una de las economías con mayor debilidad estructural para enfrentar la crisis, una de las sociedades más pobres y, sobre todo, con los mayores niveles de exclusión y marginalidad social, agobiada por la delincuencia, secuestrada por la delincuencia. Somos el país con la tasa de homicidios más alta del continente. Ése es el desafío que tengo por delante. El cambio que hoy estamos iniciando cierra un ciclo histórico y abre la oportunidad para iniciar un Gobierno auténticamente democrático, que construya una sociedad justa y democrática.”

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Esas son sus palabras y su expresión de intenciones. Pero, más allá de su discurso y de esa paz que es necesariamente precaria, ya que El Salvador sigue siendo un país peligroso y violento, con la tasa de homicidios más alta de toda América, sumamente desigual, y con más de la mitad de su población bajo la línea de pobreza, hay otro elemento a considerar. Y es quién ha ganado, detrás de la figura de Mauricio Funes.

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Los observadores internacionales marcan una diferencia sutil, pero muy importante: el Farabundo está integrado por un sector socialdemócrata, que intenta incorporarse efectivamente al juego electoral y republicano, que pretende tender puentes hacia América latina y hacia el resto del mundo, con la figura del brasileño Lula da Silva como referente político regional. Pero también dentro del mismo frente Farabundo está la vieja guardia de la guerrilla, los halcones, el grupo más duro. Y desde este sector podría venir la iniciativa de estrechar los lazos con la Venezuela del comandante Chávez, y –quizá- también con otro proyecto de izquierda para América latina.

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Como vemos, en el tablero regional las piezas vuelven a acomodarse en un orden no del todo desconocido, en una relación de fuerzas –y de referentes- que parecen seguir un guión, una melodía, ya escuchada.

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En este sentido, los primeros pasos de Mauricio Funes, del ex guerrillero hoy presidente democráticamente electo en El Salvador, serán sumamente interesantes de seguir, y desde muy cerca.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.
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Publicado en HOY DIA CORDOBA, jueves 19 de marzo de 2009.

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Entre vascos, gallegos y porteños (05 03 2009)

Publicado en La Voz del Interior, el jueves 12 de marzo de 2009.
http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=497462

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ENTRE VASCOS, GALLEGOS, Y PORTEÑOS

Por Nelson G. Specchia

En este país nuestro, un país de aluvión, se ven cosas extrañas. Ver, por ejemplo, cómo se discutía, en estas últimas semanas, en el centro de la ciudad de Buenos Aires un escaño de diputados autonómicos en la cámara vasca, o las elecciones a la Xunta de Galicia, es, sin duda, un evento inusual para los observadores de la política internacional.

Efectivamente, el alto número de votantes habilitados para las elecciones españolas en la República Argentina, naturales de la península o descendientes de aquellos que han adquirido la ciudadanía, se han transformados en votos críticos en unas elecciones sorpresivas y tan ajustadas como las que han vivido el domingo último las legislaturas de aquellas dos regiones españolas, el País Vasco y Galicia.

Y este es el segundo elemento que hay que destacar en un análisis: la sorpresa que viene de las nuevas modalidades, de las nuevas conductas políticas que asumen los electorados, en una coyuntura de crisis e inestabilidad internacional, y ruptura de viejas fórmulas, que llevan a sospechar que ya nadie, ni allá ni aquí, tiene garantizado de antemano la victoria, y que las alianzas y las mayorías se hacen y se deshacen con mucha mayor rapidez y facilidad que hace poco tiempo atrás.

Veamos: en Galicia, una comunidad autónoma todavía predominantemente rural, de donde viene la buena carne, el queso de tetilla y las verduras frescas, ha sido tradicionalmente conservadora, y acostumbraba optar por el Partido Popular. Con ello, tuvo en la cabeza de su ejecutivo, durante años y años, a don Manuel Fraga Iribarne, que supo ser ministro de Franco en las postrimerías de la Dictadura, y que luego se reconvirtió hacia la democracia y fue una figura importante, tanto en la Transición, como en la redacción de la nueva Constitución, luego de la muerte del Generalísimo Dictador. Esta homogeneidad en la conducta electoral de los gallegos se quebró en la última legislatura, cuando una alianza entre los socialistas y los nacionalistas del Bloque Galego desplazó a don Manuel Fraga de su (casi) eterno sillón, y colocó al frente al socialista Emilio Pérez Touriño. Todos daban por supuesta que la hegemonía del conservadurismo del Partido Popular se había acabado en las tierras gallegas, sin embargo, en las elecciones del domingo los populares han vuelto, y has vuelto con fuerzas. Nadie tiene fórmulas permanentes.

Pero aún más sorpresivos han sido los resultados autonómicos en las elecciones vascas, especialmente por lo mucho que pueden tener de trasladables a otros análisis políticos. Por primera vez en treinta años, el Partido Nacionalista Vasco (la primera fuerza política de Euskadi, fundado por Sabino Arana hace un siglo), sumado a las fuerzas nacionalistas de izquierda, han perdido la mayoría en la cámara, y –si todo sale como parece- el País Vasco tendrá por primera vez un presidente autonómico, un “lehendakari”, socialista: el líder Patxi López.

Las elecciones vascas, como ya es habitual, se han desarrollado en un entorno crítico. ETA sigue activa, a pesar de la detención de algunos de sus máximos dirigentes en los últimos tiempos, y los golpes que ha sufrido la organización terrorista por partes de las policías española y francesa. Además, una persecución judicial de las formaciones partidarias afines a ETA (la izquierda “abertzale” que no condena la violencia terrorista), hizo que ese arco de opciones quedara, el domingo pasado, momentáneamente fuera de juego. ETA, al no contar con instrumentos para conseguir escaños desde donde bombardear al propio sistema, llamó a sus simpatizantes a impugnar el voto, colocando en las urnas las boletas de la ilegalizada agrupación D3M (“Democracia 3 millones”), pero éstas no llegaron al 9 por ciento, o sea, unos 100.000 votos impugnados. De esta manera, este sector del nacionalismo independentista se configura como el gran perdedor en las elecciones vascas del domingo.

En síntesis: el PNV (el Partido Nacionalista Vasco) sigue siendo el más votado en la comunidad autónoma, pero con 30 mil votos menos que hace cuatro años, lo que hará muy difícil que Ibarretxe, el actual “lehendakari”, consiga un nuevo período al frente del ejecutivo.

El Partido Socialista Vasco ha batido todos los récords, con un aumento de más del 30 por ciento de los votos; aunque no le alcanzarán para gobernar en soledad, es más que probable que cuente con el apoyo de las demás agrupaciones no nacionalistas para formar gobierno.

El Partido Popular, que enfrenta en estos momentos una grave crisis interna, con denuncias de corrupción en la comunidad de Madrid, ha visto retrocedido el apoyo de los conservadores vascos en casi un tercio respecto de hace 4 años, aunque sigue siendo el tercer partido político de Euskadi, y su intervención en apoyo del candidato a “lehendakari” será vital en la cámara.

Y entre todas estas conclusiones, la que me parece de una importancia relativa más destacada, es la aplastante derrota del nacionalismo violento, de los sectores afines al terrorismo de ETA, que retroceden en más de 50 mil votos respecto de las últimas elecciones, virando este electorado hacia un nacionalismo de izquierdas pacífico, un “abertzalismo” que, en definitiva, renuncie a matar como herramienta de lucha política.

Tengo la esperanza de que nuestros compatriotas, esos viejos vascos que pueblan la Argentina desde hace tantos años, y sus hijos y sus nietos, hayan contribuido con su voto a este cambio de tendencia, que será útil no sólo a los vascos y al resto de España, sino a todos los hombres de buena voluntad.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba