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Horror Caribe: Wikileaks devela los papeles de Guantánamo (27 04 11)

Guantánamo al descubierto

ESTUPOR MUNDIAL POR LAS REVELACIONES SOBRE LA PRISIÓN ILEGAL ESTADOUNIDENSE EN CUBA. ADOLECENTES OBLIGADOS A ALISTARSE POR LOS TALIBANES ENCERRADOS DURANTE AÑOS, SIN CARGOS NI POSIBILIDAD DE DEFENSA. LOS PROPIOS MANDOS MILITARES HABÍAN INDICADO SU NULA PELIGROSIDAD

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En una nueva filtración del material clasificado y secreto que ha decidido divulgar a través de una selección de medios de prensa muy confiables, la organización no gubernamental Wikileaks ha puesto a disposición del público algunas fichas militares de los presos islamistas retenidos en la base estadounidense de Guantánamo, que por su tono y contenido han despertado la indignación mundial.

La prisión de Guantánamo, en la bahía del mismo nombre de la isla de Cuba que se encuentra ocupada por el ejército estadounidense, fue creada por el ex presidente George W. Bush para alojar presuntos terroristas islámicos, cuya peligrosidad fuese considerada tan alta que la seguridad norteamericana se viera en riesgo si se los introducía en el territorio nacional.

En realidad, la extraterritorialidad de la cárcel la ubicaba en un limbo jurídico, y daba lugar al tratamiento de los presos por fuera del sistema de equilibrios y derechos que establece el sistema jurídico estadounidense.

En un extremo de estas posibilidades, estaba el obtener información vital para la “guerra contra el terrorismo” que comenzaba la Administración Bush, inclusive mediante la aplicación de torturas físicas y psicológicas a los detenidos.

El secuestro de personas en diferentes partes del mundo, la ignorancia de la Convención de Ginebra por parte de los servicios secretos norteamericanos, el traslado de los presuntos terroristas a Guantánamo en vuelos secretos –que violaban las leyes humanitarias de los países por los que atravesaban o en los que aterrizaban para reabastecer combustible-, y la lógica del tratamiento extra legal a los presos, han concentrado la mayor crítica que la pasada Administración republicana recibió por este tema.

Ahora, además, los documentos revelados por Wikileaks ponen en cuestión la propia lógica interna del proceso, al demostrar que la supuesta peligrosidad de los presos no era tal, y que inclusive se encarceló durante años a niños y adolescentes menores de edad, aún cuando los propios jefes militares norteamericanos sostenían que no había razones para mantenerlos en ese estado, y que no serían de ningún provecho para los servicios de información.

Los documentos son demoledores, al sostener que de los 14 menores de edad que se encerró en Guantánamo, los interrogadores sólo creían que 4 podían ser de “riesgo probable”; sin embargo no se los liberó sino hasta años más tarde. En conjunto, los documentos concluyen que los militares descartaron el riesgo de amenaza de casi el 60 por ciento del total de los detenidos. Sin embargo y a pesar de estos informes, los responsables políticos mantuvieron la prisión en funcionamiento.

El presidente Barack Obama prometió, durante la campaña electoral que lo llevó al poder, que cerraría Guantánamo, pero la promesa aún sigue pendiente.

Los médicos, cómplices

El fiscal general de EE.UU., Eric Holder, sostiene que los juicios extraterritoriales en el penal de Guantánamo, criticados por la judicatura estadounidense, seguirán a pesar del golpe que han significado las revelaciones de Wikileaks.

Aunque admitió ayer que la filtración “afectará” las relaciones norteamericanas con sus aliados, volvió a criticar a la ONG.

Una parte muy sensible es la que hace referencia al papel jugado por los médicos en la cárcel que contuvo a menores de edad sin juicio ni defensor desde 2002 y hasta 2009.

Al mismo tiempo que Wikileaks revela que ni los propios militares creían que había motivos para retenerlos, la publicación científica Plos Medicine sostiene que los médicos y psicólogos a cargo de los presos ocultaron evidencia de abusos y torturas infligidas intencionalmente a los detenidos, incluidos a los menores.

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en Twitter:   @nspecchia

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Khaddafi, un león en apuros (18 02 11)

Khaddafi, un león en apuros

Por Nelson Gustavo Specchia

 

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Estudiar e indagar en los procesos políticos contemporáneos de África constituye un capítulo especialmente complejo de la política internacional. La intervención conjunta de factores (los étnicos; las relaciones tribales; las confesiones enfrentadas del Islam; la cercanía geográfica con Europa; el potencial de las reservas de petróleo; etc.) han hecho que, desde los procesos de descolonización, abordar la complejidad política del Magreb sea tarea difícil. En los últimos años, además, la introducción de células yihadistas afiliadas a la red de Al Qaeda en los países de la franja árabe del Mediterráneo (y en la segunda línea de Estados centro africanos, el Sahel), ha agregado todo un nuevo tipo de problemas a ese escenario tan disímil y plural: una auténtica “otredad” para cualquier occidental, sea europeo o americano.

En ese panorama, la colorida figura del coronel libio Muhammar el Khaddafi ha sido la nota exótica que, durante la segunda mitad del siglo XX y esta primera década del XXI, ha servido para ilustrar, de una forma muy especial, esa “otredad” con la que Occidente está obligado, de una manera indefectible, a dialogar, cada día en términos más simétricos.

La construcción del personaje

Khaddafi ha sido, por elección propia, la encarnación de la diferencia árabe y africana frente a Europa. El Viejo Continente sigue siendo, en el discurso populista y “revolucionario” del león libio, el lugar de la opresión y el colonialismo. En realidad, las potencias occidentales habían dejado de lado estas inmensas tierras agrestes, unas de las más inhóspitas del planeta, hasta que los italianos, que perseguían tardíamente la construcción de un imperio colonial, las invadieron en 1912. No les llevaron paz ni comercio a las tribus beduinas, que permanecían en los oasis del desierto libio casi con la misma rutina desde los tiempos del cartaginés Aníbal, pero sí les terminaron llevando la guerra.

Tras el fascismo, hacia el final de la segunda guerra mundial las arenas del gran desierto fueron el tablero donde los tanques del mariscal Rommel, al frente del Afrika Korps alemán, se batieron con las fuerzas aliadas, al mando del británico general Montgomery. Muy poco después de que los ruidos de los cañones se apagaran, hacía entrada en escena el coronel Muhammar el Khaddafi.

Con el leonado pelo revuelto, lentes oscuros y un uniforme militar que pronto cambiaría por las brillantes túnicas y bonetes del desierto (desciende de la tribu beduina de los Khaddafa), el coronel, que había realizado parte de sus estudios militares en Gran Bretaña, desplazó al rey Idris el 1 de septiembre de 1969, antes de cumplir los 30 años, y se puso al frente del Consejo de Mando de la Revolución, que establecería el nuevo Estado, con el largo y aparatoso nombre de Gran República Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista.

Khaddafi comandó la nueva entidad política norafricana, pero nunca asumió ningún puesto ni cargo. No es el jefe del Estado, ni el jefe del gobierno, ni nada. Sólo se da a sí mismo el título de “Líder y Guía Fraternal”. Y esa ambigüedad que comienza con su cargo es la misma que impregna todo su derrotero político. Cuando instauró la revolución se inclinó por el panarabismo y el socialismo (muy inspirado por el Egipto de Nasser), pero cuando vio que era una vía acotada, no tuvo problema de virar hacia el nacionalismo y el capitalismo, asentado en las buenas regalías de los pozos petroleros del subsuelo del desierto. Más tarde, una veta de misticismo islámico lo acercó al yihadismo fundamentalista, y apoyó acciones terroristas (como los atentados contra el avión de PanAm, que se estrelló en la ciudad escocesa de Lockerbie lleno de pasajeros, y el del vuelo francés de la aerolínea UTA).

Pero también terminó abandonando esos delirios políticos de base mística, y en los últimos años volvió a acercarse a Estados Unidos y a Europa, con la carta de presentación de sus pozos petroleros en la mano. Occidente, tan voluble en los temas de derechos humanos y respeto a las formas democráticas cuando hay recursos energéticos de por medio, le abrió los brazos, y hasta hoy el león libio era recibido tanto por el populista Berlusconi en Roma, por el conservador Sarkozy en París, o por el socialista Rodríguez Zapatero en Madrid. Eso sí: a todos lados va con su “jaima”, una inmensa tienda de beduinos del desierto, que los líderes occidentales deben instalar en parques y jardines de las ciudades europeas, para que coronel los reciba, sentados en el piso cubierto por alfombras.

Un colorido exotismo y una ambigüedad, en todo caso, que sólo lo es en las formas. Porque, independientemente que no haya asumido ningún cargo, el coronel es el titular de facto del poder en Libia, y de una manera concentrada, vertical, personalista y autocrática. Esta manera es la que está comenzando a ser contestada por las movilizaciones de protesta, al calor del nuevo tiempo político que ha traído la ola de cambio en el mundo árabe.

Vientos de revuelta

La revolución libia y sus mecanismos particulares (la “jamahiriya” hace referencia a una supuesta democracia de masas, organizada sin Constitución ni Parlamento ni instancias institucionales intermedias, canalizada por comités revolucionarios y negociaciones por sectores e intereses tribales), han permitido que Khaddafi sea, al día de hoy, el dictador africano más antiguo. A sus 68 años, lleva ocupando el poder en Trípoli la friolera de 42. Nadie, en todo el arco de países musulmanes, donde las permanencias en el poder suelen ser extensas, puede comparársele.

Y como acaban de revelar los cables de la diplomacia norteamericana, filtrados por la web Wikileaks, no hay contrato de más de 200 millones de dólares que no pase directamente por las manos de Khaddafi. Una “gran cleptocracia”, describen los papeles del Departamento de Estado, manejada por un hipocondriaco obsesionado por sus supuestas enfermedades, el control de sus cuentas bancarias, y su estética personal. A pesar de no haber sido físicamente muy agraciado, el coronel es un coqueto que se injerta cabellos en la calvicie y se inyecta bótox en el rostro. Al punto que el embajador estadounidense le escribía a su jefa, Hillary Clinton, que el león libio parecía haber tenido un derrame cerebral y había perdido parcialmente el control de los músculos de la cara, pero sólo era exceso de bótox.

A pesar de la originalidad de su persona y de su revolución, inclusive de la relativa prosperidad que ha acarreado la exportación de petróleo, Khaddafi ha caído, en las largas cuatro décadas que ocupa el poder, en el lugar común de las autocracias árabes. Una corrupción galopante, la limitación de la vida política a un sector (prácticamente familiar), la pauperización y el olvido de las grandes masas de habitantes del país, y el intento de perpetuación en el poder a través de la instalación de una dinastía. Como lo hizo en su momento el presidente sirio Hafez el Assad, al dejar en el cargo a su hijo Bashar; o como tenía en mente el egipcio Hosni Mubarak hacer con su hijo Gamal; Muhammar el Khaddafi les comunicó a los jefes tribales beduinos reunidos en Sebha, en 2009, que su sucesor sería su hijo Saif el Islam (su nombre significa “La Espada del Islam”, en árabe).

La caída de los regímenes de Zine el Abidine ben Ali en Túnez, y de Mubarak en Egipto (ambos defendidos hasta último minuto por Khaddafi), han puesto en problemas al león libio. Problemas inesperados, y para los que no tiene libreto. A los manotazos, anunció aumentos de salarios, subsidios a los productos básicos, y anuló impuestos al arroz, al aceite y al azúcar. Y, por las dudas, convocó a los jefes tribales y les dijo que si se identificaban entre los manifestantes miembros de sus comunidades, la que sufriría la reprimenda luego sería la tribu entera.

Pero no logró frenar la protesta. Ayer, 17 de febrero, miles de libios aparcaron el miedo a la represión y a los paramilitares Comités de Defensa de la Revolución, y salieron a la calle, convocados por Internet y por la Conferencia Nacional de la Oposición Libia (en el exilio, en Londres), para protestar contra la falta de libertades y el despotismo exótico y colorido –pero también asfixiante y opresivo- del León de Libia.

Fue el “día de la ira”. La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.

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Berlusconi con (menos) inmunidad (13 01 11)

Nuevo revés judicial en Italia para el premier Silvio Berlusconi

El enfrentamiento con los jueces recorta la inmunidad del primer ministro

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ROMA.- El Tribunal Constitucional, la máxima instancia judicial italiana, emitió ayer un fallo en el que decreta la invalidez parcial de una ley que daba inmunidad procesal al primer ministro conservador Silvio Berlusconi.

El decreto en cuestión, impulsado por el ministro de Justicia de Berlusconi, Angelino Alfano, es conocido como “legítimo impedimento” y fue sancionado a la medida del jefe del Ejecutivo, apelando a la mayoría que entonces gozaba en ambas cámaras del Parlamento, antes de la ruptura con su socio de gobierno, Gianfranco Fini.

Desde la aprobación del polémico decreto, Berlusconi ha logrado frenar en los tribunales tres importantes juicios por corrupción, los denominados “caso Mills”, por corrupción de acto judicial; y “Mediaset” y “Mediatrade” por fraude fiscal, impulsados todos por la Fiscalía de Milán. Tras la decisión del Tribunal Constitucional de la víspera, estos juicios ahora congelados podrían reactivarse.

El miércoles, cuando los titulares de la prensa anticipaban la segura publicación del fallo, Berlusconi afirmó desde Alemania, donde se encontraba de visita oficial, que la judicatura italiana “tiene un pacto” con los sectores de izquierda, y “hace oposición política” al gobierno, en lo que llamó la “patología de los jueces”.

Las declaraciones de Berlín constituyen un capítulo más del largo enfrentamiento que tiene con el Poder Judicial desde que ocupa la primera plana de la política italiana. Otras versiones de esta misma queja contra los tribunales por parte de los políticos se conocieron en las últimas semanas, a través de la divulgación de los documentos del Departamento de Estado norteamericano, filtrados por la web WikiLeaks.

En los cables diplomáticos estadounidenses, además de la versión de Berlusconi y su gente, también se divulgaron quejas de políticos de la oposición de centroizquierda, que habrían sostenido que los jueces intervienen con sus fallos en los rumbos políticos del Estado, según las informaciones elevadas por los cónsules norteamericanos a Washington.

En rigor, el decreto del Tribunal Constitucional, amparándose en la premisa de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, rechaza sólo un artículo del decreto de “legítimo impedimento”, el que obligaba a los jueces a postergar seis meses los juicios contra el premier o sus ministros, a solicitud de estos y por el lapso de tiempo que ocupen sus cargos en el Poder Ejecutivo.

En su lugar, la máxima instancia judicial deja en libertad a los propios jueces, quienes tendrán a su cargo decidir si prosiguen los juicios o los postergan. El fallo, de esta manera, deja abierta la posibilidad para que la inmunidad de Berlusconi se mantenga, si logra convencer al juzgado respectivo que congele las demandas contra su persona.

Diversos análisis europeos sostienen que de esta manera, al ampliar el rango de discrecionalidad, se agrega un aliciente más a las poco transparentes relaciones entre los funcionarios políticos y los magistrados en Italia.

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Crecen los cachorros de la DEA (27 12 10)

VINCULAN A LA AGENCIA ANTIDROGRA CON LA INTELIGENCIA NORTEAMERICANA

La red de control de los agentes antinarcóticos invade las áreas políticas

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Un exhaustivo informe publicado por el influyente diario The New York Times pone de manifiesto que las actividades de espionaje exterior desarrolladas por la Administración estadounidense ya no se apoyan tanto en la tradicional CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés), sino que en los últimos años ésta ha ido cediendo espacios a la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas, por sus siglas en inglés).

Este corrimiento de funciones y estrategias puede haber obedecido a tres factores principales: la DEA dispone de tecnología de punta para la obtención secreta de datos, pero como su objetivo –la lucha contra el narcotráfico- es compartido por la mayoría de los gobiernos, su inserción en los sistemas legales y policiales de los diversos países puede realizarse públicamente y con el consentimiento de los gobiernos locales (a diferencia de la CIA, que debe mantener en secreto, y en la práctica ilegalidad, sus acciones de espionaje).

Además, la tecnología utilizada por la agencia antidrogas para perseguir a los carteles y al narcotráfico, también pueden resultar útiles para los objetivos políticos y sociales de los gobiernos con los que trabaja.

Pero estas características, además de haber alimentado el crecimiento interno de la DEA en el polifacético y expandido escenario de las reparticiones norteamericanas dedicadas a la seguridad y la defensa, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001 y la declaración de “guerra al terrorismo”, también han despertado la ambición de los políticos y gobernantes locales, que han visto en sus herramientas (de manera especial su sistema de escuchas telefónicas, “Matador”) la posibilidad de obtener información para otros fines, más allá del campo específico de la lucha contra el narcotráfico.

Esto es lo que desprenden los periodistas Ginger Thompson y Scott Shane, del The New York Times, de los cables enviados por las oficinas de la DEA a la central en Washington, y que se han revelado en los paquetes difundidos por la web WikiLeaks en las últimas semanas.

En esta documentación oficial puede verse cómo la red de escuchas telefónicas desarrollada por el “Matador” es tan extendida, que incluso recibe demandas de políticos extranjeros que quieren usarla en contra de sus adversarios, e inclusive objetivos personales.

Además, el volumen del narcotráfico ha crecido tan fuertemente en los últimos años, que muchas organizaciones de la droga son mini-Estados en sí mismos, cuya riqueza y violencia les permiten llevarse por delante a los gobiernos. La DEA, creada en 1973, tiene ya 87 oficinas en 63 países.

FAVORES GUBERNAMENTALES

El hecho de que la DEA, dada la ubicuidad del crimen del narcotráfico, trabaje en estrecha colaboración con gobiernos, tanto los aliados de EE.UU. como los menos cercanos, como Venezuela y Nicaragua, ha terminado por contaminar la índole de sus actividades.

Por ejemplo, en Asunción el gobierno de Fernando Lugo solicitó a la DEA que lo ayudara a espiar al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), una organización de izquierda sospechada de mantener vínculos con las FARC de Colombia.

En Panamá, por su parte, el presidente conservador Ricardo Martinelli les exigió que le permitieran el uso del “Matador” para espiar a sus enemigos políticos.

Que los documentos filtrados por WikiLeaks sólo correspondan a una parte –y de ninguna manera la más importante- de la información clasificada del Departamento de Estado, permite proyectar la creciente importancia de la oficina antidrogas estadounidense en la política interna de los Estados.

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El “fénix” Berlusconi (24 12 10)

El “fénix” Berlusconi

por Nelson Gustavo Specchia

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El griego Heródoto recogió una tradición oral –seguramente egipcia- que luego, por las crónicas latinas de Plinio el Viejo, Ovidio y Séneca, ha llegado hasta nosotros: la de ese ave, de plumaje rojizo o anaranjado, que cuando está a punto de cumplir su ciclo vital se consume entre las llamas, y después, desde esas mismas cenizas, resurge y alza vuelo. En las culturas orientales, el mito del ave Fénix simbolizaba el renacimiento, el Nilo que volvía a prodigar los sembradíos, la primavera. A Occidente pasaron algunas versiones menos bucólicas, que acentúan la obstinación y los intentos de permanecer más allá de la natural decadencia y finitud de las cosas, los plazos, y los períodos de cualquier tipo.

La política italiana, y su estrella protagónica, el primer ministro Silvio Berlusconi, han ofrecido en este año que termina una versión remozada del Fénix obstinado. Todos los elementos han confluido para señalar el ocaso de un tiempo y la necesidad de un cambio en el estado de las cosas. Sin embargo, a pesar de ello, una y otra vez el político al que propios y extraños denominan, significativamente, “Il Cavaliere”, vuelve desde sus cenizas y se mantiene en vuelo, planeando sobre las críticas, los escándalos, las movilizaciones multitudinarias, las recomposiciones partidarias, la huida de sus antiguos aliados, la censura de la jerarquía eclesiástica, el desbande moral de su entorno, los millonarios juicios de divorcio, las admoniciones del Presidente de la República, los estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, las revelaciones de WikiLeaks que ventilan negociados con Vladimir Putin, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales, las fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años. Y, en general, el estupor internacional frente a ese “César de carnaval” (como cuentan que decía Hitler del Duce), conservador y cortado a la moda neoliberal.

HILOS DE ALAMBRE

¿Qué sostiene a Silvio Berlusconi, tras una década y media en el ojo de tormenta, al frente de la política peninsular? Sería simplista quitarle méritos propios: el premier entendió la política como una extensión lógica de su larga trayectoria empresarial en los medios de comunicación, y construyó metódicamente su personaje, durante años, en ese sentido. Pero dos elementos externos a su persona vinieron a servirle como marco propicio para que se convierta en el hombre fuerte de la política italiana: el propio modelo italiano, caracterizado por una atomización en pequeñas y múltiples agrupaciones; y la extrema debilidad institucional. En un sistema con esas características, la capacidad de maniobra de un gerente hábil, sin anclas ideológicas de peso y con un imperio de medios de comunicación a su absoluto arbitrio, encuentra un terreno fértil para la formación de mayorías coyunturales capaces de alcanzar el Ejecutivo y mantenerse en él.

El otro elemento externo que ha contribuido enormemente a sostener a Berlusconi a pesar de todos los indicadores en contra, ha sido sin duda el rol de la oposición de izquierda, que ha perdido sistemáticamente una oportunidad tras otra para ofrecerse a la sociedad civil como una alternativa creíble a los manejos gerenciales de “Il Cavaliere”. Hasta los años ochenta del siglo XX, el Partido Comunista Italiano (PCI) era la formación marxista más grande del mundo fuera de la Unión Soviética, y los socialdemócratas del Partido Socialista (PSI) apenas le iban a la zaga. Esa izquierda estructural, fuerte y ordenada, tenía enfrente a una centroderecha de equivalente peso específico, la Democracia Cristiana (DC) fundada por Alcide de Gasperi en 1942, y que ejerció el gobierno durante casi toda la segunda mitad del siglo.

Pero este sistema, que a la manera moderna y occidental se orientaba hacia el afianzamiento de un bipartidismo estructural, con claras opciones democráticas a ambos lados del arco ideológico, se quebró hacia fines del siglo pasado, por cuestiones externas y por crisis internas. El largo ejercicio del poder de los demócrata cristianos los acercaron a la mafia y los invadió la corrupción, y el PCI y PSI no soportaron la desaparición soviética y la división bipolar del mundo. Todo el sistema entró en crisis, y de ese incendio, nuevamente, volvió a surgir el ave Fénix del magnate de las comunicaciones, con un discurso alejado de las seguridades ideológicas, cercano a las prácticas populistas, a las alianzas de coyuntura, y con una inmensa capacidad operística para poner en escena la política en clave teatral.

Ninguna de las otras fuerzas tradicionales, una vez hundido el proyecto bipartidista, tuvo una capacidad de reacción comparable. Los democristianos se redujeron a un partido menor tras sus escándalos internos, y los ex comunistas y ex socialistas andan intentando reaglutinar fuerzas en el nuevo Partido Democrático. Pero mientras unos y otros avanzan a tientas y dando bandazos, Berlusconi los mira por sobre el hombro con triunfal sonrisa sobradora.

LA DEBACLE DEL 2010

Sin embargo, y a pesar de esa capacidad de aferrarse obstinadamente al poder con cualquier excusa, objetivo o alianza, tras una década y media en el centro del escenario, con el 2010 llegó el “annus horribilis” del premier.

A mediados de noviembre, y tras escenificar un divorcio progresivo desde principios de año, los dos líderes de la derecha italiana terminaron por separarse. Los ministros afines a Gianfranco Fini se retiraron del Ejecutivo de Silvio Berlusconi. La ruptura de la alianza que había logrado formar gobierno en 2008 generó una crisis que, según todos presagiaban, terminaría por hundir al primer ministro al dejar a su partido, Pueblo de la Libertad (PdL), en minoría en el Parlamento. Además, los disidentes de Fini –que, por cierto, ejerce la titularidad de la Cámara Baja- se aglutinaron en un nuevo partido, Futuro y Libertad (FyL), con el que Gianfranco Fini se propone alcanzar la primera magistratura y desplazar a Berlusconi de la conducción de la centroderecha peninsular.

El rompimiento de mediados de noviembre se venía anunciando desde el inicio del año legislativo, tanto por las permanentes menciones críticas entre ambos líderes, como a través de muy ajustadas votaciones legislativas, donde los diputados rebeldes le pusieron permanentemente palos en la rueda a los proyectos enviados por el Ejecutivo. A partir de la crisis de gabinete, con aquellos rebeldes ya abiertamente opositores, empezaron las quinielas para calcular cuánto tiempo resistiría Berlusconi con un gobierno en minoría. Al punto que el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani. Tras el encuentro, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se sometería al voto de confianza de los diputados y senadores el 14 de diciembre.

Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, también creyó que los tiempos finales de Berlusconi habían llegado, y entre todas las opciones que le otorga la Constitución, decidió aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tenía pendientes en el Congreso: una antigua de censura en Diputados (promovida originalmente por la oposición de izquierda, a la que se sumaron los nuevos rebeldes de Fini), y la de apoyo en el Senado. Tras esa votación, Napolitano preveía llamar a elecciones anticipadas.

Viendo cómo se preparaba el escenario, y atendiendo a los sondeos (que no le otorgan a su popularidad más que un 27 por ciento, uno de los mínimos históricos de su carrera), “Il Cavaliere” entró a remover las cenizas de la hoguera: se aseguró el respaldo del partido filofascista de la Liga Norte (LN), de Umberto Bossi. El dirigente del separatismo norteño, la región más rica e industrializada de la península, salió a pescar en el río revuelto, y respaldó al premier. Además, Berlusconi ofreció un nuevo pacto inmediatamente antes de la votación por la censura. A los diputados díscolos les ofreció cambiar todo lo que fuera necesario, especialmente los cargos ejecutivos. Incorporándolos a ellos, claro.

Y el Fénix llamó también a formar una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que se reconocen afines al Partido Popular Europeo. Y lo logró, alzó nuevamente el vuelo, contra todo pronóstico. Superó el voto de censura, aunque Fini y los demás líderes de la oposición contaban los votos hasta último momento y afirmaban que tenían las curules suficientes para enterrar de una vez por todas a este gobierno de “opera buffa” napolitana.

APOSTAR ALTO

Superada –casi por milagro- la moción de censura, cualquiera podría haber afirmado que el primer ministro se llamaría a silencio, terminaría con perfil bajo el peor año de su carrera política. Sin embargo Berlusconi no descansa, y apuesta siempre más y más alto. Antes de que termine este diciembre, volvió a enviar al Senado el proyecto de reforma educativa que cambiará estructuralmente la añeja tradición académica italiana.

La polémica norma, que ha volcado a la calle a cientos de miles de estudiantes, no deja títere con cabeza: se mete con la educación elemental y llega hasta la universitaria; reduce la inversión pública en 8.000 millones de euros entre 2009 y 2013; expulsa más de 130.000 maestros; reduce la jornada escolar primaria sólo a las mañanas; recorta 1.500 millones de euros a la docencia e investigación; impone que de cada cinco jubilaciones sólo se renueve un profesor; y habilita a que agentes privados entren en los consejos de dirección de las universidades. El Senado, afín a Berlusconi, aprobó la ley esta semana.

Como Nerón, otro romano innovador, “Il Cavaliere” pretende no dejar nada en pie.

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nelson.specchia@gmail.com

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Assange y WikiLeaks, ¿héroes o villanos? (10 12 10)

Assange y WikiLeaks, ¿héroes o villanos?

por Nelson Gustavo Specchia

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El discurso de WikiLeaks hasta hace un par de semanas afirmaba que el principal objetivo de su existencia era contribuir a la transparencia, utilizando para ello las formidables posibilidades que Internet ofrece –cada día con mayores prestaciones y herramientas- en la nueva sociedad global interconectada. Con esta filosofía, expresada por boca de Julian Assange, un matemático australiano de 39 años militante de los movimientos anti globalización, la ONG comenzó a distribuir información que había llegado procedente de “gargantas profundas” del propio aparato industrial-militar de la potencia hegemónica, los Estados Unidos de América.

Los norteamericanos, desde que en 1989 cayera el Muro de Berlín y el proceso de desintegración soviéticos los dejara solos, vencedores de la guerra fría, comenzaron un proceso inédito de reproducción de agencias dedicadas a la gestión de información clasificada. El ataque de 2001 disparó ese proceso hasta extremos insólitos, creando y subdividiendo oficinas civiles y militares de información.

LOS PAPELES DE LAS GUERRAS

En julio de este año, The Washington Post, tras una exhaustiva investigación de más de dos años, publicó que la multiplicación de los servicios de seguridad ha terminado escapando al control oficial. La conclusión del diario fue lapidaria: “nadie sabe bien cuántos son, para qué sirven, cuánto cuestan ni qué hacen”. La guerra contra el terrorismo, declarada por el presidente republicano George W. Bush, es la lábil justificación de este aumento cancerígeno de agentes secretos, que le va costando a los contribuyentes 1,15 billones de dólares, convirtiéndose en la intervención norteamericana más cara de su historia, sólo superada por los costos de la segunda Guerra Mundial.

El anarco crecimiento de dependencias secretas ha venido a sumarse y solaparse con la tradicional Agencia Nacional de Inteligencia (CIA), sin que se sepa siquiera de quién dependen. Según el reporte de The Washington Post, de cada 400 ciudadanos estadounidenses, uno es un agente secreto. Esta población de espías desarrolla su actividad de inteligencia –es un decir- en 1.271 oficinas oficiales, a las que se suman otras 1.931 oficinas privadas con las cuales las primeras interactúan, comparten información y se pasan secretos. Esta maquinaria superpoblada y semi anárquica necesariamente ha de albergar de todo, también personal de formación dudosa, gente psicológicamente inestable, o un variopinto etcétera, de donde habrían salido las “gargantas profundas” que comenzaron a filtrar información clasificada a la ONG de Julian Assange.

Sólo en el año 2010 WikiLeaks publicó unos 400.000 documentos secretos sobre la guerra en Irán, y más de 76.000 sobre la invasión aliada comandada por el ejército norteamericano en Afganistán. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ya afirmó entonces que la publicación de esa información constituía un ataque contra los Estados Unidos, diversas violaciones a los marcos legales, y que las instituciones policiales se dedicarían a buscar a los responsables de las filtraciones. Cosa difícil si se asume que, además del caos organizativo que acabamos de reseñar, tales reparticiones se caracterizan por el secreto. Y lo peor, además, estaba por caer.

Con los papeles de la guerra (que habían sido tratados con respeto, evitando anuncios espectaculares y cruzando y contrastando datos) divulgados por Internet, la ONG ganó mucho prestigio social, y se convirtió en una referencia para las nuevas generaciones de “cybermilitantes”. Entonces Assange anunció el gran golpe: revelaría los cables confidenciales de la diplomacia estadounidense, en un volumen nunca visto antes. Unos documentos que, en conjunto, ofrecen una panorámica de la visión que tiene la gestión de la primera potencia de sus colegas del resto del mundo.

APUNTAR MÁS Y MÁS ALTO

Con los 250.000 cables de comunicaciones entre la Secretaría de Estado y sus delegaciones diplomáticas, comenzó un proceso mediático y político que lleva quince días y cuyos efectos finales siguen siendo inciertos. En todo caso, y a diferencia de la actitud y el discurso que la ONG había mantenido hasta ahora, su editor principal subió la apuesta, y la subió fuerte. Si hasta ahora WikiLeaks era una herramienta para conseguir mayor transparencia en los flujos de información, Julian Assange revela que su verdadero objetivo es aumentar la justicia global. Nada menos.

Desde la clandestinidad, donde estaba oculto como un viejo jefe guerrillero a la antigua usanza, Assange concedió una entrevista a la revista Time, allí afirmó: “No es nuestro objetivo lograr una sociedad más transparente, sino una sociedad más justa.” El cambio es sutil, pero al mismo tiempo constituye un salto enorme. El australiano dejó de ser un Robin Wood de la transparencia informativa, que confrontaba a un enemigo difuso, para pasar a ser un actor concreto de las relaciones internacionales, poniéndose en la vereda de en frente de los grandes poderes constituidos.

Inesperadamente, con el cambio de mira del jefe de la ONG, aparecieron sendas denuncias contra su persona, por presuntos delitos de índole privada. Dos mujeres lo acusan de haberlas agredido en su honor y en su seguridad. La denuncia no es por violación, en sentido estricto, ya que las relaciones sexuales objeto de la disputa fueron consentidas, sino que avanzaron aun cuando la denunciante solicitó que se detuviera. Assange negó todos los cargos, pero se entregó voluntariamente a la justicia inglesa. Luego de escuchar su descargo, el juez británico, en una decisión claramente desproporcionada, no le concedió una libertad bajo fianza, sino que lo mantuvo retenido en presión. Suecia, de donde provienen las denuncias, reclama su traslado. Suecia y los Estados Unidos mantienen un amplio convenio de extradición. Tal como lo reafirmó Hillary Clinton, Assange puede ser reclamado por Estados Unidos para ser juzgado allá por alta traición.

SE MUEVEN LOS CYBERMILITANTES

Uno de los temas conocidos a través de la filtración de los cables se centra, precisamente, en las diversas maneras de presionar a los jueces que tienen los diplomáticos bajo órdenes de Washington. La impropia presión de los embajadores –e inclusive de la anterior secretaria de Estado, Condoleezza Rice- sobre las máximas instancias judiciales españolas para defender intereses y empresas norteamericanas, por caso, dan buen ejemplo de ello. En este marco, la coincidencia entre las denuncian contra Assange, la decisión del juez británico de dejarlo encarcelado en la prisión de Wandsworth, la petición sueca, y la posible extradición final a los Estados Unidos, suena demasiado a un andamiaje montado por espías vengativos.

Al mismo tiempo, la presión del gobierno norteamericano sobre las empresas alojadoras de los sitios de internet, y las grandes firmas especializadas en transferencias económicas, comenzaron deliberadamente a ahogar a la ONG, con el declarado objetivo de silenciarla y asfixiarla económicamente.

Entonces reaccionó la sociedad civil, en esa nueva variante de los militantes del cyberespacio, desde los teclados individuales de las computadoras hogareñas. La red de microbloging Twitter fue el canal de convocatoria, y a través de ella una alianza de usuarios (“hackers”) de todo el mundo, agrupados en una instancia espontánea muy simbólicamente denominada Anónimo (“Anonymous”), contraatacaron con la fuerza de las multitudes, colapsando las operaciones electrónicas de empresas como Amazon, MasterCard, PayPal y Visa.

Amazon dio de baja la cuenta de la ONG y la retiró de sus servidores, con lo cual ya no fue posible consultar los cables diplomáticos filtrados. PayPal había dejado de aceptar remesas de dinero en concepto de donaciones para WikiLeaks, admitiendo que lo hacía por sugerencia del Departamento de Estado norteamericano; Visa y MasterCard la imitaron.

Los cybermilitantes de Anonymous primero rescataron la página de la ONG, generando docenas de sitios “espejos” de WikiLeaks como el que había desactivado Amazon. A los hackers individuales auto convocados se unieron inclusive algunas asociaciones inesperadas, como el Estado boliviano. El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (en ejercicio del Poder Ejecutivo por ausencia del presidente Evo Morales), anunció que el gobierno abría un sitio web temporal para facilitar el acceso a WikiLeaks, y burlar de esa manera el cerco informativo propiciado desde Washington.

Después de haber puesto a WikiLeaks nuevamente a disposición del cyberespacio, Anonymous comenzó con un ataque cibernético contra las grandes tarjetas de crédito, colapsando sus webs con solicitudes automatizadas en masa, hasta que los servidores dejaron de funcionar. Inclusive Anonymous amenazó a las redes sociales, las páginas de Facebook y Twitter, a quienes acusan de marginar toda la información relativa a WikiLeaks y a Assange.

Cualquiera sea el resultado final de la puja de poder abierta hace dos semanas, la presión política norteamericana y la respuesta –caótica pero efectiva- de los usuarios de una herramienta poderosa, abierta y descentralizada, vienen a introducir nuevas modalidades de actuación en el escenario internacional.

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Chismoleaks (02 12 10)

WIKILEAKS CONTINUA LA DIFUSIÓN DE “CHISMES” INTERNACIONALES

La filtración, de menor importancia política, sigue movilizando a la prensa

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A pesar de haber decaído mucho la expectativa generada por la difusión de documentos secretos norteamericanos por parte del portal web Wikileaks, en concertación con seis de los principales medios de comunicación escrita del mundo, las nuevas revelaciones que, con cuentagotas, se conocen a diario siguen movilizando a la prensa internacional.

Luego de algunas evaluaciones serias sobre el material filtrado, los especialistas en política exterior comenzaron a relativizar el real impacto que podría tener en las relaciones entre los Estados Unidos y el resto del mundo.

En definitiva, y más allá de algunas afirmaciones polémicas sobre características y manías personales de algunos líderes, los papeles no pasan de ser comunicaciones de rutina de cualquier servicio exterior.

Aún así, y a pesar de que ya sea evidente que el promocionado punto de inflexión en la política internacional tras la filtración está lejos de producirse, algunas comunicaciones siguen provocando controversias.

Aunque previamente el presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, había descartado la importancia de las revelaciones, ayer se divulgaron cables que probarían que el gobierno de Obama no ve con buenos ojos el rearme de las fuerzas armadas de Brasil.

Afectando la credibilidad de otro de los aliados de Washington, los cables muestran cómo los británicos decidieron interferir en la investigación oficial sobre la guerra de Irak, a los efectos de proteger los intereses norteamericanos; esto prueba que el ex ministro laborista, Gordon Brown, falseó su testimonio al asegurar que las investigaciones serían “completamente independientes del gobierno, y tendrían un alcance sin precedentes”.

La Administración Obama, por su parte, volvió a ratificar ayer el rumbo de su política exterior y la condena a la filtración de los documentos de su diplomacia.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, se reunió en la víspera con algunos de los líderes mundiales descriptos desfavorablemente en los cables, y aseguró que las revelaciones de “ninguna manera” tendrán un efecto adverso en los vínculos entre Estados Unidos y sus aliados.

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Wiki, no eras para tanto (01 12 10)

EL ESCÁNDALO WIKILEAKS DEFRAUDA LAS ALTAS EXPECTATIVAS GENERADAS

Se relativiza la importancia de la filtración de información clasificada

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Luego del shock mediático que implicó el anuncio de la divulgación de documentos secretos norteamericanos, las primeras evaluaciones sobre el contenido del material han relativizado el impacto que los mismos podrían tener sobre los rumbos de la política internacional y de las relaciones de la potencia americana con sus principales socios.

La noticia de la mayor revelación de documentos clasificados de la historia fue presentada, por los diarios escogidos para divulgarla, como un punto de inflexión en la política exterior de los Estados Unidos.

Sin embargo, y más allá de la obvia espectacularidad de algunas afirmaciones polémicas contenidas en los documentos, un análisis más profundo permite comprobar que se trata de comunicaciones regulares entre personal de segunda línea del servicio diplomático estadounidense, que de una manera informal expresa opiniones personales y recoge posturas y comentarios de los medios políticos y periodísticos de los países donde las misiones consulares se asientan, pero que no comprometen –al menos en lo divulgado hasta la víspera- ningún punto realmente vital para los equilibrios globales ni para las relaciones bilaterales de la Casa Blanca.

El shock mediático pudo darse, además, por la divulgación a un nivel masivo, pero no podría afirmarse que en los documentos conocidos hubiera sorpresas para los funcionarios o analistas de la política internacional.

Por otra parte, el intercambio de cables entre el Departamento de Estado norteamericano y sus diplomáticos, según se desprende de los documentos difundidos por la ONG pro trasparencia en Internet, Wikileaks, no es diferente al que usualmente mantiene cualquier gobierno con sus cuerpos diplomáticos en el extranjero.

Ayer, los periódicos que se encuentran en posesión de la información filtrada, el diario madrileño El País entre ellos, seguían prometiendo jugosas revelaciones políticas para los próximos días.

Y el portal que dirige el australiano Julian Assange, que en el pasado difundió información secreta sobre prácticas militares norteamericanas en Irak y Afganistán, aseguró que a inicios del año próximo aparecerán nuevas revelaciones documentales, esta vez sobre transacciones y prácticas bancarias de las grandes firmas multinacionales durante la última crisis económica.

Es posible que el anunciado “escándalo” de los documentos secretos termine impactando en mayores controles sobre la información diplomática, e inclusive que tenga efectos restrictivos sobre las redes sociales, pero está lejos de constituir un nuevo “Watergate”, la filtración informativa que terminó con el gobierno del presidente Richard Nixon en los años setenta.

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Hillary: Gestión de daños y perjuicios (30 11 10)

El escándalo del “cablegate”

LA DIPLOMACIA NORTEAMERICANA INTENTA DISMINUIR LOS DAÑOS POLÍTICOS
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Tras el vendaval político que significó el inicio de la difusión de más de 205.000 documentos secretos norteamericanos, todo el cuerpo diplomático de la potencia continental, con la secretaria Hillary Clinton al frente, se ha abocado durante las últimas horas a atemperar los posibles daños políticos en las relaciones bilaterales, especialmente con los países aliados.

La noticia de la mayor revelación de documentos clasificados de la historia copó los titulares de la prensa de todo el mundo, y los periódicos escogidos por la web Wikileaks, que alienta la transparencia informativa a través de Internet, anotaron récords de visitas.

El diario madrileño El País fue el encargado de difundir los documentos en castellano, junto a otros medios principales en inglés, francés y alemán. El matutino The New York Times declaró que “editaría” la información contenida en los documentos secretos, de forma tal que los datos que se difundieran no pusieran en riesgo a personas, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

El País anunció que respetaría el criterio del diario neoyorquino, aunque cada medio tiene sus propias pautas, y con ello crece la expectativa de las revelaciones que se seguirán produciendo en los próximos días.

El corresponsal de El País en Nueva York, Antonio Caño, anunció por la red Twitter que en los próximos días se publicarán documentos relativos a la Argentina, tanto actuales, donde el gobierno norteamericano requirió de sus agentes consulares datos sobre la presidenta Cristina Fernández, como históricos, donde se revela información clasificada de los roles que jugaron diplomáticos durante eventos centrales de la política nacional, como la guerra de Malvinas.

El presidente Barack Obama no ha hecho declaraciones públicas sobre el escándalo, aunque el portavoz presidencial anunció que el jefe de la Casa Blanca está “disgustado, cuando menos” por la relevancia que adquirió el tema.

Hillary Clinton, asumiendo la voz oficial de la Administración, volvió a condenar frente a la prensa las filtraciones, y sostuvo que “estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo”.

Los efectos del huracán mediático no se limitan a la política exterior, sino que están alcanzando las relaciones de fuerza al interior del gobierno demócrata, que acaba de sufrir un serio revés en las elecciones legislativas de mediados de mandato.

El diputado republicano Peter King, que integra el Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes, pidió que la web Wikileaks, responsable de la difusión de los documentos secretos, sea calificada como una “organización terrorista”.

VERSION OFICIAL DE EE.UU.

El contenido de los documentos hasta ahora ventilados tras la filtración de la diplomacia secreta estadounidense no implican una práctica inusual en los servicios exteriores: todos los diplomáticos envían a sus países opiniones y datos que consideran relevantes para la toma de decisiones en política internacional.

Pero, por una cuestión de imagen, este cruce de informaciones no puede tomar estado público, porque el daño simbólico que causan es enorme, como el que está padeciendo en estos momentos la Administración norteamericana.

El gobierno de Barack Obama ha decidido apoyarse en una línea estratégica: afirmar que sus diplomáticos “no son espías”. “Nuestros diplomáticos saben exactamente lo que son: diplomáticos”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

Pero aunque se admita que estas comunicaciones son usuales en el trabajo de un cuerpo diplomático, el efecto sobre las relaciones bilaterales entre la potencia americana y sus socios en el mundo podrían ser muy negativos, y duraderos.

PUNTOS ÁLGIDOS

En el volumen de la información que los periódicos van suministrando en cuotas medidas, resaltan opiniones controvertidas sobre los líderes del mundo.

Pero junto con este material polémico, aparece la valoración que hace el gobierno de los Estados Unidos de sus aliados internacionales en cuestiones altamente sensibles, y una agenda de prioridades que no siempre coincide con la manifestada públicamente por la Casa Blanca.

Entre estos elementos, de mayor peso específico para la relación de la potencia hegemónica en el concierto global, se conocieron planes de un ataque aéreo contra Irán, así como la orden de la secretaría de Estado de espiar a la conducción de la ONU.

Las relaciones con China, los lazos del gobierno ruso con las mafias, la crítica a los militares británicos en Pakistán, y detalles de las actividades clandestinas de la inteligencia norteamericana para combatir a Al Qaeda, configuran hasta ahora los principales puntos álgidos.

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Palabra de espía (29 11 10)

LA MAYOR FILTRACIÓN DE SECRETOS PONE EN APRIETOS A WASHINGTON

El gobierno estadounidense ordenó espiar a los líderes políticos y a la ONU

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Finalmente, los esfuerzos de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, fueron insuficientes para parar la mayor filtración de secretos de Estado de la Administración estadounidense por parte del portal Wikileaks, que brega por la transparencia informativa utilizando el escaparate global de Internet.

Con una filtración que necesariamente ha de tener un origen interno, en alguno de los vericuetos de la inmensa burocracia de los servicios secretos de los Estados Unidos, los documentos secretos de la diplomacia norteamericana llegaron a la ONG comandada por Julian Assange, y ayer comenzaron a tomar estado público mediante el envío a diversos medios de una primera remesa de los cerca de 250.000 documentos que se espera difundir.

En castellano se conocieron a través del diario madrileño El País, que le dedicó el grueso de su edición electrónica, con una portada de actualización permanente. Esta actualización del diario español fue crucial durante toda la jornada de ayer, ya que el servidor de la web Wikileaks, según ésta denunció a través de la red Twitter, sufrió un ataque masivo a pocas horas de comenzar a difundir los documentos, en un último intento de frenar la filtración de los papeles del gobierno de Estados Unidos.

Junto a El País, un medio de comunicación de enorme predicamento en hispanoamérica, también difundieron el contenido de los cables secretos el diario británico The Guardian, el francés Le Monde y la revista alemana Der Spiegel. Dentro del territorio estadounidense, el medio elegido por Wikileaks para difundir la primicia de los documentos secretos –como ya lo había hecho con información clasificada referida a la guerra de Irak- fue The New York Times.

La ONG por la transparencia se ha ganado el respeto de los grandes medios de comunicación, por someter a un riguroso contraste sus fuentes, que le da una alta credibilidad al material que decide difundir.

Por eso mismo la publicación de este tipo de documentos, que muestran datos obtenidos por funcionario políticos sin autorización oficial, pueden tener “consecuencias graves”, según admitió el propio Assange.

La secretaria Clinton, sin embargo, decidió remarcar la “vulnerabilidad” en que la difusión de la información clasificada deja a “docenas de personas”, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

Clinton telefoneaba anoche a los gobiernos de los países más importante afectados por esta fuga de información, entre otros los de China, Alemania, Francia y Arabia Saudí, para alertarles de lo sucedido y ofrecer la versión oficial de su Administración.

Aunque a juzgar por el tenor de algunas afirmaciones contenidas en los documentos, el departamento de Estado norteamericano deberá realizar un ingente esfuerzo para justificarlas.

AFIRMACIONES COMPROMETEDORAS

En el intento de frenar una escalada informativa que ya tiene carácter de escándalo, Washington emitió un comunicado donde condena la filtración socializada por la web Wikileaks.

El Pentágono, además, afirmó que debe detenerse la divulgación ya que los documentos han sido “ilegalmente obtenidos”, aunque no considera el hecho de que también ha sido ilegal la manera en que los agentes norteamericanos se hicieron con la información.

En ella se leen afirmaciones sumamente comprometedoras, no solamente de dirigentes opuestos a Washington, sino de algunos de los líderes más afines con la Casa Blanca. Las “salvajes” fiestas sexuales de Berlusconi, el machismo autoritario de Putin, la hipocondría de Gadafi, o la poca imaginación de Ángela Merkel, se mezclan con pruebas de la participación de la CIA en los intentos de aislamiento de Chávez y en el golpe contra Manuel Zelaya.

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