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Cambio de tercio (28 12 11)

Cambio de tercio

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por Pedro I. de Quesada

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Las corridas de toros van desapareciendo; en este año que termina el gran José Tomás lidió por última vez en la plaza Monumental, de Barcelona. En esas lides, cada cambio de tercio se anuncia con cornetas y redoblantes.

La comparación vale, al escuchar por estos días el cada vez más nítido retumbo del cambio de tercio histórico que estamos viviendo, en la lid de los gobiernos contra el toro bravo de la crisis.

Un pase que, en muchos aspectos, cruza desde las viejas arenas europeas hacia las tierras montaraces del sur de América.

Entre los pífanos de este retumbo de cambio de ciclo, algunas perlas navideñas.

Después del discurso de investidura –previsible y anodino- del presidente conservador del gobierno español, Mariano Rajoy, esta semana comenzaron las definiciones del nuevo gabinete, y no han sido precisamente para alegrarse.

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, eligió un escenario especial para su primera comunicación pública: un acto con la presencia de José María Aznar, el antiguo jefe del Partido Popular, y guardián de su ortodoxia. Guindos dijo que la economía española volverá a entrar en recesión con la llegada del 2012, que se superarán los cinco millones de desocupados, y que no habrá crecimiento tampoco en el primer semestre del próximo año.

Guindos, el banquero elegido por Rajoy para gestionar la crisis, es un ex ejecutivo de Lehman Brothers, la firma cuya quiebra desencadenó, precisamente, esta crisis financiera.

Otro de los pitidos de la fanfarria que denota el movimiento del centro hacia estas costas lo dio el nuevo Canciller de Rajoy, José Manuel García Margallo.

Dijo que los países latinoamericanos deben “dejar de revisar la historia”, y reconocer en España la madre común. Un discurso que atrasa un par de años (o de siglos), inclusive para un ministro de Exteriores conservador.

A García Margallo le ha dolido el fracaso de la última cumbre iberoamericana, de este año en Paraguay, y quiere que la de Cádiz del año que viene vuelva a ser una reunión familiar. Todo bien. Pero creer que la vía para lograr ese objetivo es llamar al olvido a los hijos pequeños y convocarlos a la mesa del Rey, huele a naftalina.

Y como si todos estos pitidos de cambio fueran pocos, el diario El País, otrora la voz intelectual del progresismo socialista, no deja de ahondar en una línea reaccionaria para con todos los temas políticos latinoamericanos.

Desde que los propietarios del diario se hicieran con acciones del Grupo Clarín, los artículos y las editoriales del periódico madrileño sobre Argentina se han incorporado, como un actor especialmente dinámico, a la oposición al gobierno nacional.

La editorial de ayer, titulada “La ley de Fernández” (y vergonzante a mi criterio), se refiere a la Argentina como un país apenas “formalmente democrático”.

Pífanos, trompetas y redoblantes. Mientras tanto, Brasil desplaza a Gran Bretaña y se ubica como la sexta mayor economía del mundo. ¡Ah, las costas americanas!

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[Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 27 de diciembre de 2011]

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La cara oculta de la luna (20 12 11)

La cara oculta de la luna

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por Pedro I. de Quesada

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Y un día, la derecha española volvió a La Moncloa.

Los conservadores del Partido Popular siempre sostuvieron que los socialistas en 2004 les “robaron” unas elecciones que ya daban por ganadas, cuando los islamistas fanáticos hicieron volar por los aires los trenes en Atocha y José María Aznar no pudo endilgarle el atentado a los vascos de la ETA: estaba claro que el extremismo islámico había decidido responder con sangre a la más impopular de todas las medidas del “amigo íntimo” de George W. Bush, la participación de España –en soledad europea- en la invasión norteamericana a Irak.

Pero lo que les quitó la fallida política exterior, se los ha devuelto la crisis económica.

Rodríguez Zapatero sale por la puertita de atrás, olvidado aún antes que termine de juntar sus petates. Intentó primero ignorar la crisis, diciendo que no existía tal cosa; para después pegar un golpe de timón y, con la fe de los conversos, aplicar todos los ajustes que el liderazgo neoliberal de la Unión Europea le pidieran.

Silencioso, mientras tanto, el gallego líder de la oposición, don Mariano Rajoy, esperaba que cayeran las brevas. Y todas fueron cayendo en los últimos meses, mientras el crecimiento de la derecha en las encuestas trepaba sostenidamente.

En todo este tiempo, el secreto mejor guardado fue el programa de gobierno que tenía Rajoy en carpeta; de eso no se hablaba, y apenas se daban sutiles y polisémicas señales.

Es común el dicho en la península, que si encuentras a un gallego en la mitad de una escalera, nunca sabrás si está subiendo o si está bajando, y don Mariano hacía honor a esa característica de su pueblo. Durante los últimos meses trabajó casi en secreto, se reunió con líderes del Partido Popular, intendentes, expertos, asesores, ministeriables, economistas, sociólogos y politólogos, preparando el mensaje que develaría la salida a la crisis, la luz al final del túnel.

El secreto se mantuvo hasta ayer, cuando el ex titular del registro de la propiedad de Santa Pola –ya convertido en Presidente del Gobierno español- dio su discurso de investidura.

Y, para desazón de unos pocos y como muchos temíamos, la sorpresa no reveló nada nuevo: la luna también es redonda del otro lado.

Mariano Rajoy, previsible hasta el cansancio, seguirá línea a línea el libreto neoliberal de Ángela Merkel. Ajuste por arriba y ajuste por abajo: disminuirá los impuestos, acabará con las subvenciones sociales y los subsidios a los desocupados, eliminará los feriados, recortará en 16.500 millones de euros el gasto, bajará los sueldos de los empleados públicos, congelará las pensiones durante un año, cancelará las prejubilaciones, y “cumplirá con los compromisos de Europa” (esto es, con el recetario merkeliano).

Lo demás, sólo fueron buenas intenciones, aunque ni una palabra de cómo piensa lograrlas.

Previsible, y soporífero. La canciller alemana al menos pega un par de gritos, y golpea el atril con el puño cerrado de vez en cuando.

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 20 de diciembre de 2011 ]

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El portazo de Cameron (16 12 11)

El portazo de Cameron

por Nelson Gustavo Specchia

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Los ingleses lo han vuelto a hacer. Cuando la tensión de la crisis económica llevó al máximo estiramiento de la cuerda, y todo el proceso de integración de Europa tras un largo medio siglo se puso al borde del abismo, los británicos recurrieron a la flema de su singularidad y el premier conservador David Cameron le pegó un portazo al “Continente” en la última cumbre de emergencia reunida en Bruselas.

Y no hay lugar para los equívocos: no se trata de un berrinche más, apoyado en esa singularidad cultural hipotéticamente alejada de las costumbres del resto de Europa, como la utilización del sombrero bombín por los elegantes hombres de negocios de la City, el manejar por la izquierda, el mantener un sistema de pesas y medidas medieval o hacer del té de las cinco de la tarde un rito pagano.

No, el portazo de Cameron va mucho más allá de las particularidades –ya medio hilarantes- del folk londinense, y se encuadra en una cosmovisión transgeneracional (e inclusive interpartidaria) de la clase política inglesa: aquella que sostiene que una Europa sólidamente unida –ya sea a nivel estructural de las organizaciones, o en el más líquido acuerdo de estrategias comunes- constituye un peligro potencial para las Islas Británicas. Esté abanderada esa ligazón continental por la dinastía de los Habsburgo, por Napoleón Bonaparte o por Adolf Hitler, como alguna vez en el pasado; o bajo la bandera azul con la corona de estrellas doradas de la Unión Europea de hoy.

Y si ese aumento en la integración, estructural o coyuntural, proviene de un plan conjunto franco-alemán, como el nuevo pacto fiscal negociado en la cumbre de Bruselas, el peligro que perciben los ingleses se exacerba.

El portazo de Cameron, al ser el único que queda afuera de los nuevos acuerdos de los países de la eurozona y todos los demás socios comunitarios, es considerado un extremo, ni siquiera la Dama de Hierro, con sus nítidas posturas anti europeas, se había animado a tanto. Pero esto se debe a que también las condiciones que transita el proceso de integración son inéditas.

Mal que les pese a los europeístas “progres”, la conclusión de Herman van Rompuy, el belga presidente permanente del Consejo Europeo, es una dura realidad: en la cumbre de la que Cameron retiró a su país se refundaba la Unión Europea sobre la base del pacto fiscal propuesto por la dupla Ángela Merkel-Nicolás Sarkozy, o se apagaba la luz y se bajaba la cortina.

No hay “plan B” desde el momento en que el liderazgo continental, ya homogéneamente dominado por los partidos y las administraciones conservadoras, decidió atender a las exigencias de los mercados financieros globales y de las agencias calificadoras de riesgo, y optó por políticas de restricción de los gastos públicos, contracción de las economías y achicamiento del Estado.

CABALLITO DE TROYA   

En aquellos tiempos primeros de la organización continental, cuando todavía no se hablaba de Unión Europea sino simplemente de Comunidades Económicas, el viejo general De Gaulle argumentaba que había que dejar afuera a los británicos.

Que siguieran usando sus sombreros bombín y conduciendo por la izquierda entre el humo de Londres (todavía había mucho smog en los años cincuenta, cuando el grueso de la calefacción de la capital británica funcionaba a carbón), decía el líder francés.

Y el peso de su argumento ha sido recordado periódicamente en el último medio siglo: si entran los ingleses, será para frenar la profundización del proceso de integración.

Los acusaba de ser el Caballo de Troya de Washington, ya que la alianza especial de los británicos con su ex colonia de este lado del Atlántico posibilitaría que los lineamientos estratégicos de los norteamericanos –en aquel contexto de división bipolar del mundo y en un clima de guerra fría- entraran a Europa por la puerta londinense.

Y algo de todo eso hubo durante estos años, a múltiples niveles.

De las dos grandes posibilidades de avance del proyecto de integración en el Viejo Continente (el avanzar hacia una confederación de países, o limitarse sólo a un mercado común), cuando los británicos ingresaron –tardíamente, en 1973- siempre empujaron las pesas para que no se llegara a hablar de cesiones de soberanía nacional y los acuerdos quedaran reducidos a la órbita económica.

En los tiempos ultraliberales de la señora Margaret Thatcher, Londres logró doblegar la voluntad integracionista inclusive dentro de estos parámetros puramente económicos, y condicionó la aprobación de los presupuestos de la organización a la devolución del “cheque británico” (el porcentaje de devolución de los aportes realizados por no participar de los beneficios proteccionistas de la Política Agrícola Común).

Como decía arriba, esta actitud hacia Europa atraviesa las generaciones, pero también las gestiones de los diferentes partidos: cuando llegó el turno de la “tercera vía” laborista de Tony Blair, que se declaraba “un europeísta apasionado”, no solo se mantuvo el “cheque británico” tharcheriano, sino que se siguió rechazando el euro para mantener la libra esterlina como moneda nacional. Europeísmo, ma non troppo.

David Cameron, a diferencia de su predecesor laborista, ni siquiera intentó nunca escenificar un amor por Europa que no siente. Además, sabe que al interior de su partido, entre los “tories”, el euroescepticismo es moneda corriente.

El argumento que el premier conservador utiliza para dar otra vez la espalda a Europa es fuerte: preservar a toda costa el poder financiero de la libra esterlina, en un momento en que la moneda común europea sufre el más despiadado ataque de los mercados externos. Además, Cameron dice que el sector financiero inglés (la tan mentada y sacrosanta City) representa un 30 por ciento del producto bruto nacional de las Islas; (esa City representa el 36 por ciento de la industria mayorista de la banca de la Unión Europea, y el 61 por ciento de las exportaciones netas de servicios financieros internacionales).

Cameron ni mencionó, en su defensa ante el pleno de los Comunes, las razones políticas de la antipatía hacia los mayores grados de integración continental, no las necesita: el peso de los argumentos económicos difícilmente encuentre muchos detractores entre los diputados, inclusive entre los de la oposición.

El único que amagó con un tímido gesto de protesta fue su socio en la coalición de gobierno, el liberal-demócrata Nick Clegg. Se retiró de los Comunes y dejó vacío su sitio en el banco verde del oficialismo; al día siguiente afirmó en la prensa que el Reino Unido salía debilitado de la jugada de Cameron en la cumbre europea.

Ya que el socio del primer ministro lo hacía desde el oficialismo, el líder de la oposición y del Partido Laborista, Ed Miliband, también saltó a la palestra y pidió que el gobierno volviera a negociar con los restantes socios de la Unión Europea.

Pero los periódicos del magnate Rupert Murdoch –adalides del euroescepticismo inglés- salieron a respaldar sin fisuras al premier, y a recordarles a sus críticos que el portazo a Bruselas es acorde al sentimiento popular mayoritario. Miliband no ha hecho más declaraciones, y Clegg volvió a su sitio en el banco verde de los Comunes, en Westminster.  

LOS BENEFICIOS DEL TÉ

Pero cuidado, porque la gravedad de la crisis y el estentóreo desplante de Cameron pueden llevar a un equívoco aún mayor: Europa sin Londres nunca estará completa.

El euroescepticismo es una grave enfermedad cultural, que en un pasado para nada remoto llevó a alejamientos y a tensiones para conseguir la supremacía continental. Sin excepciones, y durante siglos, esas tensiones terminaron resolviéndose a cañonazos.

La mayor conquista del proceso de integración ha sido conjurar la explosión guerrera de las rivalidades políticas europeas, que en dos oportunidades durante el siglo XX acarrearon detrás del ellas al resto del mundo.

Y para que ese equilibrio se siga manteniendo, Gran Bretaña no puede alejase definitivamente del centro del proceso de integración.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 16 de diciembre de 2011]

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Merkozy contra todos (06 12 11)

Merkozy contra todos

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por Pedro I. de Quesada

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Un nuevo fantasma recorre Europa: Merkozy. Un animal con cabeza y medio cuerpo alemán, y el otro medio francés.

No está claro si lo soltaron las nunca claras fuerzas de los mercados, o si el mefisto estaba aguardando una oportunidad como esta para zafarse de las cadenas. Pero la cuestión es que ya campea a sus anchas por los caminos y los palacios de gobierno, y después de haber conseguido imponer su disciplina en Grecia, Italia, Portugal e Irlanda, se apresta a dar un golpe espectacular ante el pleno de la Cumbre Europea de esta semana.

La canciller demócrata-cristiana alemana, Ángela Merkel, y su aliadísimo partenaire, el presidente conservador francés Nicolás Sarkozy, han decidido que la Unión Europea orientada a la preservación de la paz y basada en la solidaridad y en el Estado de bienestar, está perimida.

Vienen a coincidir con Donald Rumsfeld, aquel secretario de Defensa de Bush que la tildó de “vieja Europa”, cuando se mostró remisa a secundar sus planes de guerra preventiva. Merkozy quiere refundar la Unión, pero con otras bases: achicamiento y control de los gastos públicos, junto a una férrea disciplina fiscal.

Para lograrlo, la señora Merkel prevé una nueva instancia: un superministro de Economía (todavía no acierta con el nombre del cargo, pero por ahí va) que supervise y apruebe los presupuestos de todos los países.

Y también imagina una nueva policía fiscal: los países que incumplan las normas de déficit y deuda serán acusados ante el Tribunal de Luxemburgo, y soportarán duras sanciones; quiere que se les niegue el derecho a voto, se le quiten las partidas, e inclusive que se los expulse de la organización.

Además, como ya le exigió a España, aspira a que el tope del control del gasto figure en la Constitución de cada Estado.

Las palabras, esas cambiantes servidoras, ponen, además, el plan de ajuste de Merkel-Sarkozy en titulares edulcorados.

Porque Merkozy afirma a diestra y siniestra que su intención es “salvar a Europa y al euro”. O sea, que la destrucción de aquel proyecto solidario de una Europa unida que fuera el marco para la realización de los proyectos de vida buena de cada cual, es en realidad la salvación de Europa, sostiene Merkozy.

Extraño salvataje, pensamos nosotros.

Con 23 millones de desocupados; las economías mediterráneas (incluyendo la italiana, la 3º del continente) al borde del default; los bancos sin depósitos por falta de circulante; las previsiones de crecimiento para 2012 rondando el cero absoluto; y el consumo cayendo en picada; una política draconiana de contención del gasto público no puede sino llevar al agravamiento del enfermo.

Y no sólo a él: el presidente Barack Obama acaba de enviar al secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geither, a Berlín y a París, porque la obcecación de Merkozy está dando los primeros coletazos de este lado del Atlántico.

Ojalá que alguien le acerque a la señora una traducción al alemán de aquel librito, tan ilustrativo, de Lord Keynes.

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 6 de diciembre de 2011 ]

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Bienvenidos, gallegos (29 11 11)

Bienvenidos, gallegos

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por Pedro I. de Quesada

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Entre los coletazos más insólitos de la crisis del euro, está la posibilidad de una nueva emigración.

La salida de griegos y de irlandeses (especialmente hacia los Estados Unidos) ha hecho saltar algunas alarmas, y analistas demográficos sostienen que en los próximos meses llegará el turno de España.

El informe que la OCDE (la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, principal “think tank” europeo) hizo público ayer en París fue lapidario, y viene a abonar esta hipótesis.

Si se mantienen las tendencias históricas, la Argentina volverá a ser destino prioritario. Después de los peninsulares llegados a nuestras tierras en el período colonial, la segunda oleada, alrededor de los años ’40, trajo a más de dos millones de españoles, en un 70 por ciento gallegos: Buenos Aires es la segunda ciudad del mundo con mayor población de gentes de Galicia, después de La Coruña. Y en el último censo (2010) todavía se registraban más de cien mil españoles residentes en estas pampas.

Siempre fueron bienvenidos, aunque no supieron devolver la gentileza con el mismo trato cuando cambiaron las tornas y muchos compatriotas decidieron cruzar el “charco” en sentido contrario (por cierto, también una parte importantes de estos argentinos que en 2001 salieron a las disparadas, ya han regresado o están volviendo).

Ahora la OCDE anticipa las previsiones que pueden preparar una nueva corriente migratoria hacia América: la organización recorta todas las expectativas de crecimiento actuales, a pesar de que ya están bajo mínimos, y calcula que la tasa de desocupación seguirá aumentando en los próximos dos años. En el último recuento, España registró cinco millones de desempleados, y en 2012 serán muchos más.

La OCDE dice por primera vez, y sin empachos, que toda la eurozona está en recesión, y ante las difundidas versiones de la posibilidad de una vuelta a las antiguas monedas, sostiene en su informe de ayer que el abandono del euro convertiría la actual recesión en una depresión económica superior a la vivida en la crisis de 1929.

El cálculo menos pesimista es que la vuelta a la peseta implicaría una pérdida del 40 por ciento del valor de la moneda española, que –claro- sería cubierto por los pequeños ahorristas (corralito bancario mediante, al igual que aquella triste experiencia local) y los asalariados que aún tengan trabajo.

Para los técnicos de la OCDE, la media del “paro” español subirá al 23 por ciento de la población el año que viene, y el PBI se acercará al cero absoluto. Con Mariano Rajoy y el Partido Popular en el gobierno, además, el ajuste al gasto público será mayor que el contemplado hasta ahora, y el achicamiento del déficit para cumplir con la reciente reforma constitucional expulsará cientos de empleados públicos.

La combinación de estos factores llevará a un achicamiento del consumo; y remata el informe sosteniendo que también las exportaciones españolas sufrirán un frenazo.

Así que ya saben: otra vez se vienen los gallegos.

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[  Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 29 de noviembre de 2011  ]

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“Dicen que en el reino del revés” (08 11 11)

Del revés

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por Pedro I. de Quesada

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El primer ministro griego, Giorgios Papandreu, ha terminado por sucumbir bajo la montaña de basura de la crisis, y con él uno de los últimos gobiernos socialdemócratas europeos (el de España, otro de esa rara clase en extinción, será barrido por la derecha del Partido Popular en las elecciones del mes que viene).

Decíamos hace un par de semanas, en esta columna de los martes, que la clase dirigente europea estaba desorientada, y la caída de Papandreu viene a mostrar la profundidad de esa desorientación, que varios dirigentes del mundo –la Presidenta argentina entre ellos- volvieron a enrostrar a sus pares del Viejo Continente en la reciente cumbre del G-20.

Porque es una lógica del Reino del Revés, como aquella que cantaba –con una crítica mordaz que no abandonaba la ternura- María Elena Walsh: Un reino donde “un ladrón es vigilante y otro es juez, y donde dos y dos son tres”.

Aquí también: Papandreu se termina yendo porque tuvo la desfachatez de plantear una consulta popular, para preguntar a los griegos sobre el plan de “salvataje” económico diseñado por los tecnócratas de Bruselas y del FMI, que acarrea un sinfín de costos que esa misma ciudadanía debe pagar, tanto con sus impuestos como con la renuncia a los derechos sociales que disfrutaba.

Y más allá de que haya sido un “manotazo de ahogado” de Papandreu, es innegable el principio democrático que sostenía al referéndum.

Sin embargo, la señora Merkel, quién no toma una sola decisión importante sin consultar antes al Bundestag alemán, puso el grito en el cielo; y rápidamente le hizo coro el presidente Nicolas Sarkozy, líder de la República donde se fundó la democracia moderna.

En el reino del revés, los demócratas censuraron una medida democrática, e impulsaron un golpe que tiró abajo a un gobierno: El Banco Central Europeo anunció que si había referéndum no habría crédito, y congeló la partida de 8.000 millones de euros que estaba lista para salir hacia Atenas.

El voluminoso ministro de economía, Evangelos Venizelos, del Pasok como Papandreu, salió a pedir su cabeza. Entonces ahí apareció el ubicuo Antonis Samaras, líder de la derecha de Nueva Democracia, como salvador de la patria.

Y otra vez el reino del revés: porque la crisis griega estalla con las cuentas fraudulentas con que los gobiernos de Nea Dimokratía –por entonces al mando de Kostas Karamanlis- mintieron a Europa sobre el déficit real; cuentas que, precisamente, sincera Papandreu y se propone rectificar.

El que transparentó la mentira cae, y los que dilapidaron y armaron la farsa vuelven al gobierno de Atenas.

Y otro ladrón es juez: esos mismos líderes acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo (BCE) al italiano Mario Draghi. Este banquero era uno de los jefes en Europa de Goldman Sachs en 2002, ese banco norteamericano que le ayudó a Karamanlis a fraguar las cuentas públicas para ocultar el déficit real.

Ah, “nada el pájaro y vuela el pez.”

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 8 de noviembre de 2011 ]
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Presentación de “Tierra y Libertad”, fundación Hillel (02 11 11)

Fundación Hillel Córdoba
La Metro, miércoles 2 de noviembre de 2011

Presentación de “Tierra y Libertad”,

de Ken Loach

por Nelson G. Specchia

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Buenas tardes.

Es un placer estar con ustedes aquí esta noche, disfrutando de buen cine, y seguramente de un buen diálogo, en esta iniciativa de la Fundación Hillel de Córdoba, este ciclo de películas que, además del placer estético, nos despiertan interrogantes sobre las condiciones de convivencia con los demás; este ciclo que sus organizadores han denominado muy ajustadamente “El exterminio del otro”, y aprovecho para agradecer la deferencia de Luciano Griboff al invitarme a sumarme a esta actividad.

Muy ajustadamente, digo, porque precisamente de eso se trata, ese es el contexto del tema en general, y a través de un relato que es al mismo tiempo social y heroico, sentimental y moral, intimista y comunitario, también el tema de la película que acabamos de ver: anular al otro, y con él, al radical cuestionamiento que ese “otro” me impone a mí mismo, ante la negativa de la comprensión y del entendimiento. Una negativa, además, que ciertamente tiene elementos externos que la apoyan, pero que básicamente parte de una decisión subjetiva, interna: la decisión de no entender al otro, de no aceptar su diferencia y de no hacer el intento de convivir con ella es, precisamente, eso, una decisión.

Por eso al buscar, al indagar las causas de esos desencuentros extremos que terminan disparando el exterminio del otro, no hay que perder de vista este elemento, esta carga de subjetividad, de voluntad, de decisión personal, grupal, comunitaria –social, en definitiva- que está en el origen de la acumulación de condiciones que van a terminar desencadenando las tragedias del exterminio. No hay que perderlas de vista, digo, porque al ser subjetivas, productos de la voluntad, se puede trabajar sobre ellas, para cambiarlas, para modificar ese rumbo que, de ninguna manera, es inexorable.

La convivencia y la tolerancia son productos de la cultura, son conquistas de la cultura. Su sostenimiento y manutención, también. Por lo tanto, no podemos caer en el simplismo de achacarle su pérdida, cuando ocurre, solamente a condicionamientos externos, imposibles de controlar mediante la acción volitiva, tanto personal como del colectivo social. No: si se disminuyen, o inclusive se llegan a perder, esos niveles de convivencia y de tolerancia de las diferentes “otredades” que integran un agregado social en un tiempo y en un espacio determinado, la mayor responsabilidad no será de imposiciones forzadas desde fuera del colectivo social, sino a rigideces e incapacidades de la propia cultura, de la propia utilización de las herramientas, de los usos y costumbres de ese colectivo que todos integramos, para haber sostenido y defendido la legítima existencia del “otro”, con su radical carga de cuestionamientos a nuestra segura, cómoda y tranquila identidad.

Por esos solapamientos de la historia, esa partida de dados que a veces se juega en el tablero en el que vivimos, hoy los diarios traen la noticia del fallecimiento –ayer- de Fanny Jabcovsky, a sus jóvenes cien años. Fanny era cordobesa, había nacido en nuestra ciudad en febrero de 1911. De joven, dicen, era una belleza de mujer, inclusive seguía siendo una belleza arrugada y chiquita cuando ya soportaba un siglo sobre sus hombros. Fanny adoptó el apellido de su marido, Edelman, y con apenas 20 años se fue a España, a luchar por la República, en las Brigadas Internacionales contra el golpe de Estado encabezado por el general Francisco Franco, que había conducido a la Guerra Civil. Así que podemos ponerle su cara a uno de esos personajes ficticios que acabamos de ver en la película “Tierra y liberad” hace algunos minutos. Fanny fue una de esas jóvenes, bellas y llenas de vida, que lo dejaron todo y se cruzaron medio mundo para ir a jugarse la vida (y, en muchísimos casos, a perderla) en los páramos españoles, por un ideal político, por un ideal social, y por un ideal personal.

Esos ideales, como lo atestigua el arte (la poesía, las canciones republicanas, las decenas y decenas de novelas sobre esos trágicos años, o el cine, como la cinta de Ken Loach que acabamos de ver) estaban llenos de conceptos como igualdad, justicia, verdad, legalidad, lucha contra la opresión, oposición al fascismo, oposición a la concentración económica en pocas manos, fraternidad entre los hombres, comunitarismo, integración, respeto, horizontalidad… una larga, generosa y profunda lista de intenciones que, en su conjunto, prácticamente parecen reflejar la cara más amable del género humano. Lo mejor de lo que somos, o de lo que podríamos llega a ser.

Pero, paradojas de paradojas, esa gentil proposición de justicia y de verdad, se expresaba con un fusil en la mano, se expresaba matando. O sea, se articulaba exterminando al otro, no integrándolo.

Y aquí, a mi criterio, se encuentra uno de los hallazgos de la cinta de Loach. Porque utiliza, para mostrar esta paradoja, no el lugar más habitual y recurrido del enfrentamiento entre la resistencia –popular y anárquica- de los simpatizantes republicanos con las fuerzas –ordenadas y disciplinadas- del golpismo franquista, sino que se interna en un terreno mucho más pedregoso y antipático. Pero que por eso mismo también es más provocador para invitarnos a reflexionar sobre la voluntad de entendimiento y de aceptación del “otro”, como radical cuestionamiento de nosotros mismos. Ken Loach se mete con las intolerancias al interior de uno de los bandos. Del bando “bueno”, por lo demás. Y eso provoca una picazón tremenda, porque era el bando que esgrimía –y que encontraba su justificación- en aquella generosa y profunda lista de hermosas intenciones.

La Guerra Civil española debe ser uno de los acontecimientos bélicos, políticos y sociales más relevados y novelados de la historia contemporánea. Prácticamente no hay escritor peninsular (o, inclusive, entre los descendientes de aquella generación fuera de España) que no se vea impelido, en algún momento de su carrera, a escribir una página donde la Guerra Civil no se roce, aunque sea tangencialmente. Yo mismo lo he hecho en alguno de mis libros. Y cuando estuve viviendo allá, y tomé conciencia de este fenómeno, hice una pequeña investigación personal (nada rigurosa metodológicamente, por cierto, pero ilustrativa): intenté encontrar a alguien que no se viera a sí mismo ligado, de alguna manera, con la Guerra Civil. Y no lo encontré. Todos, independiente de su generación, condición social, procedencia geográfica, etcétera, pueden hacer alguna ligazón (directa, o familiar, o de amigos, o de conocidos cercanos) con algún evento relacionado con la Guerra Civil y con su consecuencia más rotunda: los cuarenta años de dictadura franquista, que se extendió hasta la muerte del generalísimo, en 1975.

En otra película (“Solos en la madrugada”, de José Luis Garci, de 1978), el personaje de locutor radiofónico que encarna José Sacristán se propone, y le propone a su audiencia, superar los debates que empantanaban en ese momento la Transición, y embarcarse de lleno en un nuevo proyecto de sociedad, en la España del futuro, porque, decía “no podemos perdernos los próximos 40 años hablando de los últimos 40 años”. Sin embargo, se equivocaba, o al menos su personaje era demasiado optimista. Porque la Guerra Civil ha sido tan tremenda, y su continuación en la Dictadura ha marcado tan en profundidad la cultura, que los españoles siguen hasta el día de hoy discutiendo y hablando de aquellos cuarenta años en que el “exterminio del otro” se hizo realidad, a pesar de los 36 años que lleva muerto Franco.

Pero es que todos los días aparece una nueva fosa común, llena de huesos de hombres, mujeres, sacerdotes, niños; cadáveres arrojados en pozos; nuevas controversias sobre la ubicación de los restos del poeta Federico García Lorca; discusiones sobre qué hacer con el faraónico mausoleo que el dictador se construyó como tumba, el Valle de los Caídos, levantado con trabajo esclavo de republicanos represaliados por el régimen. Políticamente, ni siquiera han podido terminar de consensuar un proyecto unificado de Ley de Memoria Histórica. Temas y temas de una agenda que se niega a clausurar un dolor cultural y general, porque ni un sólo español puede desentender de una relación personal –directa o indirecta, más cercana o más lejana- con el relato de aquel proyecto de exterminio.

Termino recuperando aquella idea inicial: el exterminio del otro, la negación de la radical “otredad” que su presencia simultánea a la nuestra nos impone, no es un fact, no es un designio histórico predestinado, sino un rumbo que es posible torcer. La cultura de la paz es una construcción inter-generacional, y trans-generacional. Una construcción de pasos cortos, de sumatoria de acciones pequeñas, acotadas pero permanentes, que faciliten y mantengan lubricados los canales de diálogo. De todos los diálogos.

Como esta ocasión, de reunirnos esta noche a hablar de una película.

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Muchas gracias.

ETA renuncia al tiro en la nuca (28 10 11)

ETA renuncia al tiro en la nuca

por Nelson Gustavo Specchia

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Acorralada por la historia, la organización guerrillera E.T.A. (Euskadi Ta Askatasuna, Patria Vasca y Libertad) escenificó el pasado 20 de octubre su abandono definitivo de la lucha armada, como vía para conquistar la independencia del País Vasco de las “potencias ocupantes” de España y Francia. Apelando a la iconografía y los escenarios que han marcado la tradición de las guerrillas en las últimas décadas, tres individuos cubiertos de negro, con una capucha de seda blanca en la cual dos diminutos orificios sólo permiten ver las pupilas de los ojos, y tocados con una txapela, la tradicional boina vasca, anunciaron –esta vez en idioma castellano, no en euskera, porque estaba dirigido al mundo entero- que tras casi 900 víctimas, el reinado del terror, de los atentados homicidas a supermercados, del balazo frio en la nuca de un concejal detenido, de las bombas lapa en los guardabarros de los coches y, en fin, de la tensión de miedo y sospecha que ETA consiguió imprimir en la apacible y generosa vida civil vasca, ha terminado.

A diferencia de anuncios anteriores, esta vez parecían tres hombres los sentados a la corta mesa, frente a la insignia del hacha y la serpiente verde que ha sido el escudo de la banda; también era masculina la voz que leyó el comunicado. La contundencia del anuncio, y la tremenda importancia para la construcción cívica española, quedó en cierta manera opacada por la noticia, en simultáneo, del prendimiento y muerte del coronel Muhammar el Khaddafi, en la orilla sur del Mediterráneo, con su morbosa carga de fotografías y de videos ensangrentados. Pero, amén de su desplazamiento a los titulares menos destacados de las portadas, el paso dado por la organización terrorista debe ser leído como uno de los acontecimientos más importantes de la democracia peninsular desde el derrocamiento de la dictadura franquista, cuya transición ahora sí está cerrada. Al mismo tiempo, abre todo un nuevo capítulo en la política española, donde ETA ya no constituirá un obstáculo, pero tampoco podrá ser utilizada como excusa para no plantear las cuestiones de fondo, con que las comunidades autónomas (no sólo los vascos) interpelan al gobierno central de Madrid, desde las diversas áreas de competencias de gobierno local, hasta la distribución presupuestaria global del Estado.

LOS MUERTOS QUE VOS MATÁIS

Pero, antes de que el fin de la guerrilla separatista abra los nuevos capítulos del debate político, hay todo un conjunto de cuestiones que deben asumirse, para comenzar a cerrar las heridas que estas décadas de terror han dejado abiertas y engangrenadas. Esta semana ha sido la primera en la que los políticos y funcionarios, tanto del gubernamental Partido Socialista de Euskadi (PSE, la marca vasca del estatal PSOE), como de la oposición del conservador Partido Popular (PP), pudieron salir a la calle sin escoltas. Algunos de ellos pudieron volver a visitar los barrios viejos del centro histórico de San Sebastián o de Bilbao, tradicionales feudos de los proetarras, que se habían convertido en terreno vedado para toda una parte de la población. Habrá, también, que hablar de los presos políticos, que la estrategia antiterrorista del gobierno central ha mantenido dispersos por diversas cárceles españolas, en general alejadas del País Vasco. Habrá que abrir un debate amplio, donde sectores del tradicional partido regional, el Partido Nacionalista Vasco (PNV), habrán de reconocer también su parte de responsabilidad en el mantenimiento, durante tantos años, de la amenaza del tiro en la nuca en un contexto democrático y de libertades civiles y políticas aseguradas. Otros colectivos gravitantes en la composición social de Euskadi, como la jerarquía y el clero de la Iglesia católica –una de las más nacionalistas de Europa- deberán hacer lo propio. Un grupo de sacerdotes dio el primer paso esta semana, al proponer un pedido de perdón, desde la Iglesia, a esa mayoría de la sociedad vasca que el terrorismo mantuvo de rehén; aunque sugirieron asimismo que “España también debería pedir perdón” a ese sector que ha aspirado históricamente a su independencia.

En esta reapertura de la discusión, donde las condiciones para el restablecimiento democrático de la paz deben estar necesariamente en el centro –y con prioridad ante cualquier discusión política, aunque falte menos de un mes para la celebración de las elecciones generales- debe comenzarse, considero yo, por el reconocimiento a la paciencia y a la tenacidad de las mayorías de Euskadi, que a pesar del peligro que suponía la banda, no se amilanaron y salieron a la calle una, dos, tres, cientos de veces, con las manos pintadas de blanco, en columnas silenciosas y pacíficas, multitudinarias marchas del silencio que fueron horadando el terror y arrinconando a los violentos.

En la escenificación donde los encapuchados anunciaron “el cese definitivo de la actividad armada”, ETA dijo que lo hacía obedeciendo al pedido de un grupo de “facilitadores internacionales”, entre los cuales se contaron al ex secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan; a la ex primer ministra noruega, Gro Harlem Brundtland; y al ex jefe de las guerrillas del IRA irlandés, Gerry Adams.  Los voceros de ETA, que se siguen considerando a sí mismos la “organización socialista revolucionaria vasca de liberación universal” y siguen saludando con el puño izquierdo en alto, comenzaron en ese mismo momento con la reescritura de su historia, de cara al futuro. Será muy difícil asumir que han sido unos asesinos que mataron a sangre fría a civiles desarmados; que plantaron la “kale borroka” (la violencia juvenil callejera) para amedrentar al ciudadano de a pie; y que extorsionaron con secuestros y con la amenaza del terror a cientos de comerciantes y pequeños empresarios. En su lugar, la parafernalia “socialista” del puño en alto, las rimbombantes apelaciones a la libertad y a la opresión de los pueblos, presagia el inicio de la construcción discursiva del mito de los héroes patrióticos. Por eso el “cese de las armas” se hace ante los intermediarios internacionales, para no admitir que ha sido el tesón y la resistencia social vasca la que terminó acorralándolos y quitándoles los últimos rastros de legitimidad, aquella que habían acumulado al oponerse con la fuerza a la dictadura del general Franco, y que se negaron a abandonar cuando las condiciones políticas cambiaron y el período dictatorial fue reemplazado por una democracia plena, con todas las libertades aseguradas.

“DE PIEDRA BLINDADA”

Abriendo ese debate amplio sobre la plena vigencia de los derechos humanos en Euskadi tras la desaparición final de ETA, habrá que reconocer que esta victoria de la sociedad civil (esos “vascos de piedra blindada” a los que cantó Miguel Hernández) sobre los violentos, contó también con el apoyo de un sector de la izquierda “abertzale”, que progresivamente se fue separando del apoyo a los etarras y adoptando un camino de inclusión en las instancias democráticas autonómicas y estatales.

Sería inconducente negar que ETA sobrevivió tantas décadas sin un respaldo social; minoritario tal vez, pero real. Entonces el rol de esos “abertzales” de la izquierda independentista será a partir de ahora conciliar el núcleo duro de su discurso separatista, con el respeto a las conductas y las vías representativas y democráticas. No alcanzará con apoyar el fin del tiro en la nuca, deberán también garantizar el pluralismo electoral y, cuando sea el caso, resignarse a la voluntad decidida por las mayorías. Y este compromiso de los sectores independentistas con las reglas del juego democrático será especialmente crítico a partir del mes que viene, con el más que probable regreso del derechista Partido Popular al Palacio de la Moncloa.

La performance electoral de las agrupaciones de la izquierda “abertzale” (las coaliciones de Bildu y de Amaiur) que se desmarcaron de ETA en las últimas elecciones municipales, tanto en el País Vasco como en Navarra, siguen mostrando que hay una quinta parte de la población vasca que continúa apoyando la histórica reivindicación del país propio. Pero la Constitución española de 1978 reconoce la posibilidad de plantear cualquier reforma legal, incluyendo las mociones de independencia de una parte del territorio, si se tienen los votos suficientes.

ETA había perdido todas las batallas. El cese final de la violencia no ha sido una concesión graciosa de su parte, sino una victoria democrática de los grandes colectivos sociales. Si los vascos quieren realmente independizarse de España, sólo tienen que plantearlo, en un entorno de libertad de expresión y participación, y decidirlo por mayoría.

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Twitter:  @nspecchia

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[ Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 28 de octubre de 2011 ] 

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La vuelta de Shalit

La vuelta de Shalit

por Nelson Gustavo Specchia

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Entre la poblada agenda internacional que llenó esta semana, la noticia del intercambio de prisioneros entre el Estado de Israel y las milicias islamistas palestinas de Hamas consiguió un fugaz protagonismo, hasta que apenas unas horas más tarde la captura y muerte del ex dictador libio –con su carga morbosa de fotos y videos ensangrentados- y la claudicación final de las guerrillas separatistas vascas de ETA renunciando definitivamente a las armas, empujaran la novedad de la vuelta a casa del soldado Gilad Shalit, a cambio de la salida de las prisiones israelíes de más de 1.000 presos políticos, de las letras grandes de los titulares de prensa hacia las páginas interiores. Pero esa pieza de relojería diplomática articulada en Oriente Medio merece una mirada atenta, y un análisis un tanto más cauteloso que la pasada rápida sobre las portadas de los periódicos, en medio de la vorágine internacional. Por varias razones: porque Shalit era –lo sigue siendo- un símbolo gravitacional para ambas partes del más viejo contencioso político de Oriente próximo; porque aún no queda claro si se ha tratado de un episodio más, como otros tantos, en ese antiguo tira y afloje de presiones y concesiones entre enemigos obligados a la vecindad; o porque, en una lectura más optimista, puede estar mostrando un cambio en la disposición de las piezas para encauzar una salida al laberinto árabe-israelí.

CÁMARA DETENIDA

En esa estrecha lengua de tierra bañada por las últimas aguas orientales del Mediterráneo, nadie baja los brazos ni la mirada. Todo es tensión, permanentemente. Cuando el viajero llega a Tel Aviv, se encuentra con una ciudad occidental, casi europea, donde es difícil encontrar huellas del más profundo conflicto ideológico, comunitario, político, religioso y estratégico de la región. Sin embargo, apenas se deja la ciudad capital, la tensión comienza a palparse en las expresiones, en las actitudes, y en todos los rostros, se cubran la cabeza con el pañuelo de la “kafiya” o el gorrito de la “kipá”. El martes de esta semana se vivió, a uno y otro lado de esa frontera imaginaria y brutalmente real que separa a árabes de israelíes un día de fiesta, y este dato no es, para nada, una cuestión menor. Generar actos que descompriman la tensión permanente con que se afronta la cotidianidad puede ser una de las políticas públicas más inteligentes, en aras de la creación de condiciones anímicas de entendimiento.

Y fue una fiesta aprovechada por todo el gobierno conservador de Benjamín –Bibi- Netanyahu, la prensa israelí, los colonos, el Ejército –la institución básica de la supervivencia judía- y las familias de los soldados. En Israel el servicio militar es obligatorio para todo ciudadano, independientemente de su sexo o condición, y dura tres largos años (en el caso de las mujeres, dos); y para el Ejército es innegociable el principio de no dejar a un solo soldado atrás: lo necesita para garantizar ese largo servicio militar y la lealtad de los conscriptos, que saben que serán rescatados a cualquier precio. Inclusive las familias que tienen un solo hijo, deben firmar un documento que autoriza a la fuerza armada a trasladar a su vástago a zonas de combate. En ese entorno, el abrazo del soldado Gilad Shalit con su padre, Noam, fue la primera imagen de la atípica jornada. La cámara volvería a detenerse para retratar, del otro lado del muro, la llegada de los colectivos con los presos liberados (477 en esta primera etapa, a los que seguirán otros 550 en unas semanas) a tierra palestina.

Han sido tantos los años de luchas y de negociaciones, de progresos y retrocesos, que aquel clima de tirantez y sospecha al que me refería recién, también ha teñido todo proceso de diálogo entre ambas partes. Por eso nadie informó de que se estaban desarrollando tratativas para el canje, toda la negociación se mantuvo en una estricta reserva de secreto de Estado, y los buenos oficios desplegados por las diplomacias de Alemania y de Egipto –terceras partes involucradas en el intercambio- respetaron ese modus operandi. Por eso el anuncio fue sorpresivo, y contribuyó a la fiesta. Con las primeras luces del alba del martes 18 de octubre, desde algún lugar de Gaza salió un coche 4×4, rodeado de docenas de milicianos armados hasta los dientes y cubiertos de pasamontañas y pañuelos, que sólo dejaban al descubierto las pupilas negras. Ese contingente se acercó al paso fronterizo de Rafah, y del 4×4 salió un delgadísimo muchacho de 25 años, tras pasar una quinta parte de su vida como rehén de las guerrillas islamistas palestinas. Ojeroso y con aspecto de cansado, los mediadores egipcios sin embargo lo encontraron bien, sano y cuidado, y hasta lo expusieron a las cámaras de televisión para un primer reportaje, antes de que los servicios de inteligencia israelí, el Mossad, lo entrevistaran. Shalit dijo a las cámaras de la TV Nilo que lo habían tratado bien, y manifestó su confianza en que el canje de prisioneros (deseó inclusive que todos los presos palestinos fueran liberados) ayudara a alcanzar la paz. Después, el joven fue conducido por los mediadores egipcios al paso fronterizo de Kerem Shalom y entregado al Ejército israelí, quién se apresuró a volver a vestirlo con el uniforme marrón y a colgarle sus novísimas charreteras de sargento. Luego de la entrevista, ahora sí, con el Mossad, lo embarcaron en un helicóptero, y en la base militar de Tel Hof, cerca de Tel Aviv, lo recibió el primer ministro, y la cámara se detuvo con el esperado abrazo a su padre. Desde ahí todo fue fiesta, aunque discreta.

Sin ningún tipo de contención, en cambio, hacia el mediodía el parque central de Gaza rebosaba de gritos, música, las banderas verdes de Hamas, y unas 200.000 personas que habían llegado desde los rincones más remotos de la Franja, para recibir a los liberados, como auténticos héroes. Ismail Haniya, líder de los islamistas y gobernante de facto de Gaza, abrazó uno a uno a los liberados. Faltaban algunos: los que fueron conducidos a Cisjordania directamente, y aquellos a los que se obligó al exilio. Pero nada detuvo la fiesta, porque aquí era fiesta y era victoria.

Porque, si bien los líderes de Hamas –incluyendo al propio Haniya- sostuvieron que la alegría era la de todos los palestinos, objetivamente hay que acordar que la victoria de los islamistas conlleva el relativo fracaso de la vía negociadora impulsada por Al Fatah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y, en última instancia, por el primer ministro Mahmmoud Abbas. Inclusive tiendo a pensar que la ocasión elegida por Netanyahu para acceder al canje tiene que ver con el gambito diplomático de Abbas, de presentar el pedido del reconocimiento del Estado Palestino a las Naciones Unidas. El canje de 1 por 1.000 puede venir a reforzar la apreciación, entre los árabes, de que la burocracia de la Autoridad Palestina, con sus planes de negociación que nunca llegan a ningún puerto y que ni siquiera logran detener la colonización judía en los territorios ocupados, en menos eficiente que las vías que propugna Hamas, aunque éstas impliquen violencia y rotundo desconocimiento a la potencia ocupante.

LOS DILEMAS DE BIBI

Netanyahu ha tomado esta decisión en un entorno crítico. Una parte de su gobierno (el canciller Avigdor Lieberman; la derecha del Likud; y los partidos religiosos ortodoxos) se negaba rotundamente a ningún acuerdo con el enemigo. Pero, como ex soldado, conoce la ley no escrita de que el Ejército no deja a nadie atrás, ni siquiera a los cadáveres; y que un golpe militar de comandos judíos en Gaza para rescatar a Gilad estaba fuera de las posibilidades actuales (Bibi tiene, por cierto, un hermano muerto en una operación de rescate en Entebbe, Uganda, en 1976).

Además, el abrumador respaldo de países del mundo a la solicitud palestina de reconocimiento por la ONU ha extremado la soledad de Israel. Bibi dice públicamente que está dispuesto a retomar las negociaciones con Mahmmoud Abbas, pero al mismo tiempo le quita legitimidad al sostener que no representa a todos los palestinos. En este sentido, el fortalecimiento de Hamas termina beneficiando indirectamente al gobierno de Tel Aviv, porque aumenta la debilidad de Al Fatah en la interna árabe.

Por otra parte, en los más de mil liberados, se sueltan presos políticos pero también terroristas, con varias condenas en firme por sangrientos atentados contra civiles, que podrían volver a las armas.

Finalmente, ha terminado accediendo al canje, porque la ausencia del soldado Gilad Shalit era un símbolo más gravoso para la conciencia colectiva israelí que la liberación de los prisioneros palestinos. Pero esa decisión puede convertirse en un aliento a nuevos secuestros de soldados: ya el martes se pedía, en Gaza, “queremos más Shalits”. A lo que Bibi respondía: “seguiremos luchando contra el terrorismo”.

En definitiva, una jornada de relajación de tensiones y de fiesta, pero nada que ver con la verdadera búsqueda de la paz.

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Más huelga en Grecia (20 10 11)

Huelga y batallas civiles vuelven a paralizar Grecia

El nuevo paro general activo provoca severos enfrentamientos con la policía  

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ATENAS.- Con una violencia social cada vez menos controlable, Grecia volvió a declarar ayer una huelga general, que durante dos días paralizará la menguada actividad productiva y comercial, al tiempo de frenará toda la administración pública en sus diferentes niveles.

La sociedad helena ha vivido durante todo este año una sucesión de movilizaciones populares, que se oponen a los crecientes recortes presupuestarios con que el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu intenta campear la grave crisis estructural de la economía de las islas. Los compromisos del gobierno con las agencias financiadoras, nucleadas en la misión conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), según lo dispuesto por el liderazgo continental a instancias de la canciller alemana Ángela Merkel, imponen una carga gravosa a toda la sociedad, muy especialmente a los asalariados.

El cierre de puestos de trabajo, los despidos masivos de empleados públicos, la quita de derechos sociales en salud y educación, la reducción de jubilaciones y pensiones, y el aumento de la presión impositiva, han llevado el descontento social a límites extremos, y han provocado la reacción de las organizaciones gremiales, que aseguran que esta huelga será la mayor vivida en Grecia en su historia moderna.

La nueva medida de fuerza general intenta frenar la votación del Parlamento prevista para esta tarde, mediante la cual el Legislativo facultaría al gobierno a aplicar toda una nueva serie de medidas restrictivas en el gasto público, para cumplir con las metas exigidas por el FMI para librar nuevos giros del “salvataje” de 110.000 millones de euros comprometidos para atender a los vencimientos de deuda pública.

Por otra parte, el quiebre de toda instancia de diálogo entre los gremios y la Administración de Papandreu, ha llevado a que cada nueva movilización dispare enfrentamientos más violentos. En la víspera, la primera jornada de la huelga concentró a cerca de 100.000 personas, que se congregaron en la céntrica plaza de Syntagma; allí un nutrido grupo de jóvenes comenzó a arrojar piedras y bombas incendiarias contra policías en las escalinatas del Parlamento, que obligaron a los cuerpos de seguridad a replegarse al interior de los edificios oficiales.

En la sede del Ejecutivo, inclusive llegaron a incendiar las garitas la Guardia Presidencial, mientras otras columnas arrancaban pedazos de mármol de los frentes de edificios, con martillos y barretas. Otros disturbios similares se repitieron en las principales ciudades del interior.

El gobierno, sin embargo, afirmó que seguirá adelante con los planes de ajuste, ya que si no recibe el siguiente tramo del giro del FMI, no podrá abonar los sueldos de noviembre.

Euros a salvo

Los sindicatos que han convocado a una nueva huelga general insisten en que el gobierno quiere hacer pagar el costo de la crisis a los asalariados.

Y la difusión de la noticia, en la tarde de ayer, de que los grandes capitales griegos han escapado de las islas hacia los seguros refugios de Suiza, enardeció aún más los ánimos.

Las clases helenas acomodadas han desviado más de 200.000 millones de euros a los bancos suizos desde el comienzo de la debacle financiera, según los cálculos del instituto alemán Berger, publicados en el diario germano Bild.

La fuga de capitales ante la posible quiebra del país y la instalación de algún tipo de “corralito”, no ha intentado ser frenada por ninguna medida del Ejecutivo de Giorgios Papandreu, del Partido Socialista Griego (Pasok).

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