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El portazo de Cameron (16 12 11)

El portazo de Cameron

por Nelson Gustavo Specchia

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Los ingleses lo han vuelto a hacer. Cuando la tensión de la crisis económica llevó al máximo estiramiento de la cuerda, y todo el proceso de integración de Europa tras un largo medio siglo se puso al borde del abismo, los británicos recurrieron a la flema de su singularidad y el premier conservador David Cameron le pegó un portazo al “Continente” en la última cumbre de emergencia reunida en Bruselas.

Y no hay lugar para los equívocos: no se trata de un berrinche más, apoyado en esa singularidad cultural hipotéticamente alejada de las costumbres del resto de Europa, como la utilización del sombrero bombín por los elegantes hombres de negocios de la City, el manejar por la izquierda, el mantener un sistema de pesas y medidas medieval o hacer del té de las cinco de la tarde un rito pagano.

No, el portazo de Cameron va mucho más allá de las particularidades –ya medio hilarantes- del folk londinense, y se encuadra en una cosmovisión transgeneracional (e inclusive interpartidaria) de la clase política inglesa: aquella que sostiene que una Europa sólidamente unida –ya sea a nivel estructural de las organizaciones, o en el más líquido acuerdo de estrategias comunes- constituye un peligro potencial para las Islas Británicas. Esté abanderada esa ligazón continental por la dinastía de los Habsburgo, por Napoleón Bonaparte o por Adolf Hitler, como alguna vez en el pasado; o bajo la bandera azul con la corona de estrellas doradas de la Unión Europea de hoy.

Y si ese aumento en la integración, estructural o coyuntural, proviene de un plan conjunto franco-alemán, como el nuevo pacto fiscal negociado en la cumbre de Bruselas, el peligro que perciben los ingleses se exacerba.

El portazo de Cameron, al ser el único que queda afuera de los nuevos acuerdos de los países de la eurozona y todos los demás socios comunitarios, es considerado un extremo, ni siquiera la Dama de Hierro, con sus nítidas posturas anti europeas, se había animado a tanto. Pero esto se debe a que también las condiciones que transita el proceso de integración son inéditas.

Mal que les pese a los europeístas “progres”, la conclusión de Herman van Rompuy, el belga presidente permanente del Consejo Europeo, es una dura realidad: en la cumbre de la que Cameron retiró a su país se refundaba la Unión Europea sobre la base del pacto fiscal propuesto por la dupla Ángela Merkel-Nicolás Sarkozy, o se apagaba la luz y se bajaba la cortina.

No hay “plan B” desde el momento en que el liderazgo continental, ya homogéneamente dominado por los partidos y las administraciones conservadoras, decidió atender a las exigencias de los mercados financieros globales y de las agencias calificadoras de riesgo, y optó por políticas de restricción de los gastos públicos, contracción de las economías y achicamiento del Estado.

CABALLITO DE TROYA   

En aquellos tiempos primeros de la organización continental, cuando todavía no se hablaba de Unión Europea sino simplemente de Comunidades Económicas, el viejo general De Gaulle argumentaba que había que dejar afuera a los británicos.

Que siguieran usando sus sombreros bombín y conduciendo por la izquierda entre el humo de Londres (todavía había mucho smog en los años cincuenta, cuando el grueso de la calefacción de la capital británica funcionaba a carbón), decía el líder francés.

Y el peso de su argumento ha sido recordado periódicamente en el último medio siglo: si entran los ingleses, será para frenar la profundización del proceso de integración.

Los acusaba de ser el Caballo de Troya de Washington, ya que la alianza especial de los británicos con su ex colonia de este lado del Atlántico posibilitaría que los lineamientos estratégicos de los norteamericanos –en aquel contexto de división bipolar del mundo y en un clima de guerra fría- entraran a Europa por la puerta londinense.

Y algo de todo eso hubo durante estos años, a múltiples niveles.

De las dos grandes posibilidades de avance del proyecto de integración en el Viejo Continente (el avanzar hacia una confederación de países, o limitarse sólo a un mercado común), cuando los británicos ingresaron –tardíamente, en 1973- siempre empujaron las pesas para que no se llegara a hablar de cesiones de soberanía nacional y los acuerdos quedaran reducidos a la órbita económica.

En los tiempos ultraliberales de la señora Margaret Thatcher, Londres logró doblegar la voluntad integracionista inclusive dentro de estos parámetros puramente económicos, y condicionó la aprobación de los presupuestos de la organización a la devolución del “cheque británico” (el porcentaje de devolución de los aportes realizados por no participar de los beneficios proteccionistas de la Política Agrícola Común).

Como decía arriba, esta actitud hacia Europa atraviesa las generaciones, pero también las gestiones de los diferentes partidos: cuando llegó el turno de la “tercera vía” laborista de Tony Blair, que se declaraba “un europeísta apasionado”, no solo se mantuvo el “cheque británico” tharcheriano, sino que se siguió rechazando el euro para mantener la libra esterlina como moneda nacional. Europeísmo, ma non troppo.

David Cameron, a diferencia de su predecesor laborista, ni siquiera intentó nunca escenificar un amor por Europa que no siente. Además, sabe que al interior de su partido, entre los “tories”, el euroescepticismo es moneda corriente.

El argumento que el premier conservador utiliza para dar otra vez la espalda a Europa es fuerte: preservar a toda costa el poder financiero de la libra esterlina, en un momento en que la moneda común europea sufre el más despiadado ataque de los mercados externos. Además, Cameron dice que el sector financiero inglés (la tan mentada y sacrosanta City) representa un 30 por ciento del producto bruto nacional de las Islas; (esa City representa el 36 por ciento de la industria mayorista de la banca de la Unión Europea, y el 61 por ciento de las exportaciones netas de servicios financieros internacionales).

Cameron ni mencionó, en su defensa ante el pleno de los Comunes, las razones políticas de la antipatía hacia los mayores grados de integración continental, no las necesita: el peso de los argumentos económicos difícilmente encuentre muchos detractores entre los diputados, inclusive entre los de la oposición.

El único que amagó con un tímido gesto de protesta fue su socio en la coalición de gobierno, el liberal-demócrata Nick Clegg. Se retiró de los Comunes y dejó vacío su sitio en el banco verde del oficialismo; al día siguiente afirmó en la prensa que el Reino Unido salía debilitado de la jugada de Cameron en la cumbre europea.

Ya que el socio del primer ministro lo hacía desde el oficialismo, el líder de la oposición y del Partido Laborista, Ed Miliband, también saltó a la palestra y pidió que el gobierno volviera a negociar con los restantes socios de la Unión Europea.

Pero los periódicos del magnate Rupert Murdoch –adalides del euroescepticismo inglés- salieron a respaldar sin fisuras al premier, y a recordarles a sus críticos que el portazo a Bruselas es acorde al sentimiento popular mayoritario. Miliband no ha hecho más declaraciones, y Clegg volvió a su sitio en el banco verde de los Comunes, en Westminster.  

LOS BENEFICIOS DEL TÉ

Pero cuidado, porque la gravedad de la crisis y el estentóreo desplante de Cameron pueden llevar a un equívoco aún mayor: Europa sin Londres nunca estará completa.

El euroescepticismo es una grave enfermedad cultural, que en un pasado para nada remoto llevó a alejamientos y a tensiones para conseguir la supremacía continental. Sin excepciones, y durante siglos, esas tensiones terminaron resolviéndose a cañonazos.

La mayor conquista del proceso de integración ha sido conjurar la explosión guerrera de las rivalidades políticas europeas, que en dos oportunidades durante el siglo XX acarrearon detrás del ellas al resto del mundo.

Y para que ese equilibrio se siga manteniendo, Gran Bretaña no puede alejase definitivamente del centro del proceso de integración.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 16 de diciembre de 2011]

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Detrás de Rupert (22 07 11)

Detrás de Rupert

por Nelson Gustavo Specchia

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            En las últimas semanas Gran Bretaña se sacude con una de las mayores crisis desde la postguerra. El escándalo suscitado en torno a los periódicos del magnate Rupert Murdoch ha salpicado a periodistas, policías, funcionarios, diputados y miembros del gobierno. Hasta la intocable familia real inglesa se ha visto envuelta por el remolino. Lo que comenzó siendo un tema mediático saltó hacia la esfera política, y el ejecutivo conservador de David Cameron no encuentra la manera de despegarse, y –también él en el centro del remolino- corre incluso el riesgo de tener que dejar la jefatura del gobierno si no demuestra, en el transcurso de las próximas horas, que sus conexiones con los aspectos más negros del escándalo pueden haberse debido a errores, pero no a acciones deliberadas para favorecer a un holding empresario. Y los ingleses perciben que el pobre y atildado Cameron no tiene el trabajo fácil: en Londres, donde todo es objeto de apuestas, algunas casas de juego ya habilitaron la compulsa de cuánto falta para que caiga el gobierno conservador. El miércoles de esta semana, la célebre firma William Hill pagaba 16 a 1 las apuestas a que el primer ministro habrá renunciado antes del domingo a la noche.

Y la crisis, ya enteramente política, no se ha conformado con quedar adentro de los márgenes marítimos de las islas británicas, sino que ha saltado hacia los cuatro vientos, recalando en Europa y en Estados Unidos primero, en Australia y Rusia después, para terminar ocupando las portadas de la prensa de medio mundo, de manera sostenida, en las últimos dos semanas. El fenómeno de semejante mancha de aceite viajando a alta velocidad por el planeta obedece a dos factores: Las empresas y los intereses de News Corporation, la marca amasada por Murdoch durante sesenta años, toca una variedad de aristas en todo el mundo. Pero el segundo factor es aún más importante desde la política internacional: El interés levantado por el escándalo radica en una manera de hacer periodismo (que no es exclusiva de los tabloides londinenses), y a cómo esa manera de gestionar la función periodística termina relacionándose con el poder político, insertando a su propia gente en los gabinetes, forzando agendas de temas, e hasta influenciando en la designación de candidatos y de partidos. En otras palabras, la prensa sensacionalista llega a las grandes masas de audiencia, sin reparar en cómo lo hace o la legalidad o legitimidad de los medios empleados para ello, y luego, con la capacidad de influencia que esa multitudinaria plataforma de lectores le otorga, apunta a intervenir en el rumbo de la decisión política. En el fondo, un planteo sustantivamente antidemocrático, pero recubierto con la estela de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Esos son los fantasmas que caminan detrás de Rupert Murdoch, y cuando sus pasos espectrales salen a la luz y quedan en evidencia, retumban en todos lados, no sólo en los escalones que llevan a la puerta del número 10 en Downing Street.

Y una advertencia más: Cuando se habla de “prensa amarilla”, generalmente se arma la imagen mental de esos tabloides policiales truculentos, el chusmerío rosa de las revistas y los semanarios del corazón, los mensuarios con delirios místicos, las publicaciones ultramontanas, e inclusive esos misceláneos que mezclan sin demasiados pruritos de objetividad a los fenómenos paranormales, el Gauchito Gil, los extraterrestres, los curas sanadores y los platillos voladores del Uritorco. Pero el fenómeno no se limita a esta fauna variopinta. Por el contrario, los métodos de la prensa sensacionalista han terminado evidenciándose tan efectivos en sus fines políticos, que parte de la supuesta “prensa seria” no ha dudado en tomar algunos de esos elementos y hacerlos suyos. Así, el viejo oficio periodístico que entendía la profesión como un servicio a la sociedad, y que por eso tenía como regla no publicar una noticia hasta haberla contrastado suficientemente con fuentes directas, ha ido dejando lugar a titulares y a portadas que no ocultan –ni les interesa ocultar- su intencionalidad política. Antiguos periódicos de alta tirada, incluso alguno que anota en su insignia ser el gran diario nacional, no han dudado de echar mano de las herramientas sensacionalistas para intervenir en el juego político del Estado. Una participación, claro, para la cual ningún ciudadano de ese Estado los votó. De ahí la cuestión antidemocrática que arrastran.

WHO IS WHO Fox, MGM, Sun,

Murdoch ha sido llamado con los más originales apodos por la prensa del mundo, devolviéndole con la misma moneda con que sus diarios han pagado. Le llaman “el león de la Fox” (porque también es dueño de la productora cinematográfica 20th. Century Fox, la competidora de la MGM, al principio de cuyos filmes rugía ese descomunal león africano); el “zar de la prensa”; el “hacedor de gobiernos”. Más allá de la espectacularidad de esos apodos, todos encierran una parte de verdad. Keith Rupert Murdoch ha demostrado ser un auténtico león en la selva de los medios de comunicación, y casi desde la nada. Llegó a Londres, desde su Melbourne natal, con 20 años y un puñado de libras en el bolsillo. Después de un tiempo compró el periódico The Sun, lo pasó a formato tabloide, y adquirió asimismo el dominical News of the World. Con base en esos dos medios, y la paulatina introducción de contenido sensacionalista y fotos de mujeres desnudas, fue armando una arquitectura mediática que hoy en la más grande del mundo. El año pasado, el holding empresario fundado –y dirigido en persona- por Murdoch, a sus 80 años, facturó un total cercano a los 30.000 millones de dólares. Además de la 20th. Century Fox en cine y entretenimientos, el grupo es el dueño de la cadena televisiva Fox, prácticamente la vocera del Partido Republicano en los Estados Unidos. Murdoch llegó a norteamérica en los primeros años ’70, y se lanzó a una carrera de adquisiciones de grandes medios, entre los cuales sumó al diario New York Post; el periódico financiero The Wall Street Journal; y la casa editorial Harper Collins, también presente en Canadá, Nueva Zelandia, y la India. Además del original The Sun, en Inglaterra tuvo la cabecera más vendida durante décadas, News of the World, que debió cerrar la semana pasada por ser la piedra de toque del escándalo. También en las islas tiene un porcentaje del mayor canal televisivo, BSkyB, y a punto estuvo de quedarse como único dueño –David Cameron ya había aprobado la adquisición- pero el affaire lo ha hecho desistir de esa millonaria compra, de momento. Sky, una señal televisiva hermana, también está en Alemania e Italia; a China ha llegado con el canal Fox, la señal National Geographic Channel; y en su Australia natal mantiene la propiedad de más de 146 publicaciones.

Con este universo empresarial de directa y diaria incidencia en millones de lectores, Murdoch y sus gerentes locales han estado paulatinamente insertándose en las instancias de gobierno. En estos días, especialmente en la escenificación de arrepentimiento y vergüenza que protagonizó frente a la comisión investigadora de la Cámara de los Comunes en Londres, el anciano león dijo no haber estado al tanto de que la gente en la que él había confiado cometía ilícitos contra la vida privada, engañaba a sus lectores, coimeaba a funcionarios públicos y agentes del orden, y sobornaba –por miedo- a todos. Sin embargo, los testimonios de varios de esos mismos gerentes sostienen que siempre fue el viejo en persona quién marcó los rumbos editoriales, los contenidos, y las formas de hacerse con la información para ellos.

CHAU, PRENSA AMARILLA

El escándalo seguirá todavía por un tiempo, y tal como apuestan los jugadores londinenses, las implicancias políticas del caso están lejos de agotarse, tanto dentro como fuera de Gran Bretaña. Las acusaciones y las investigaciones sobre espionaje en los Estados Unidos ya han comenzado, y eso abrirá todo un nuevo capítulo, especialmente si se confirma que los periódicos del grupo espiaron a los familiares de los atentados del 11 de septiembre, el acontecimiento de mayor impacto social en la historia contemporánea norteamericana. No puedo calcular todavía los alcances de semejante patada al tablero, que ya se compara con Watergate, aquel caso que le costó la presidencia a Richard Nixon. Pero sí estoy seguro de que con el affaire Murdoch termina una manera de relación entre la gran prensa concentrada y el poder político. Rupert Murdoch ha sido, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Inglaterra en las últimas tres décadas, más que los primeros ministros, quienes, en definitiva, le debían en parte a él haber llegado a ese cargo. Murdoch era el poder real, y nadie lo había votado para que estuviera allí. Sólo eran sus millones, y el miedo que despertaba –en los funcionarios, en las personalidades, en los intelectuales, en la policía y en los propios miembros del gobierno- caer bajo la despiadada e inescrupulosa zarpa de los titulares de sus periódicos.

Y quien reveló que el rey era apenas un pirata, y que además estaba desnudo, fue la prensa seria, la de verdad. The Guardian, el viejo diario que sigue confrontando las noticias con las fuentes y donde los periodistas siguen entendiendo que con su oficio cumplen una función social, puso en jaque al imperio construido sobre el miedo y la infamia.

Ni siquiera la sacrosanta libertad de prensa puede ser utilizada como una vía para burlar la voluntad popular y corromper las instituciones democráticas. Deberíamos tenerlo presente. También en la Argentina.

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[ publicado en la columna “Periscopio”, del suplemento Magazine del diario

Hoy Día Córdoba, viernes 22 de julio de 2011 ]

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Yo no fui. Fue Rebekah…! (20 07 11)

Murdoch declaró en el Parlamento pero el escándalo no termina

Intentarán que la periodista Rebekah Brooks se responsabilice de todo    

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LONDRES.- El magnate Rupert Murdoch asistió finalmente ayer a declarar al Parlamento británico por la serie de ilícitos adjudicados a los periódicos sensacionalistas que integran su grupo empresario, y aunque eludió asumir cualquier tipo de responsabilidades, el escándalo de espionaje y corrupción que ha salpicado a las fuerzas policiales y al gobierno está lejos de agotarse.

En una estrategia armada para evitar que el caso judicial alcance a los demás medios del conglomerado News Corporation en Gran Bretaña, la que fue hasta hace unos días la mano derecha del empresario y ex directora del dominical News of the World, Rebekah Brooks, declaró a continuación de Murdoch y admitió haber utilizado detectives privados para conseguir primicias.

Brooks fue arrestada por el caso, y se encuentra en libertad bajo fianza. La defensa del millonario intenta concentrar las culpas en la periodista y así encapsular el caso. Rupert Murdoch, tras sostener que fue “engañado”, aseguró que la responsabilidad es de “las personas en las que confié y en las personas en que ellos confiaron”. Así, él y a su hijo James quedarían fuera del alcance de las acusaciones por ilícitos.

Ante la comisión parlamentaria lamentaron “profundamente” lo ocurrido, y aseguraron “estar avergonzados” de que algunos gerentes periodísticos de sus medios hayan echado mano de métodos ilegales para vulnerar la vida privada y sobornado a funcionarios públicos.

En esa misma línea, el millonario australiano (que en fechas recientes tomó la ciudadanía estadounidense, por lo que no estaba obligado a concurrir a la citación de los parlamentarios) publicó una solicitada de disculpas a los ingleses a página entera en todos sus diarios, y concurrió a pedirle perdón a la familia de una adolescente asesinada, cuyo teléfono celular fue intervenido ilegalmente por los tabloides sensacionalistas para intentar obtener alguna primicia, vaciando la casilla de mensajes, lo que generó la falsa esperanza en sus padres de que la menor pudiera seguir con vida.

El escándalo sigue firme en el centro de atención político y económico en Gran Bretaña, aunque el poder de la comisión parlamentaria sea limitado y sólo pueda hacer recomendaciones sin fuerza legal.

Las acciones de las empresas de Murdoch se desploman a diario, y todavía se desconoce la profundidad de las consecuencias políticas que puede arrastrar.

Rupert, el amigo de Cameron

Las claras preferencias conservadoras de Rupert Murdoch le están jugando una mala pasada a los sectores de derecha, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, e inclusive en el resto de Europa.

En América, la cadena Fox, propiedad de News Corp. es una de las naves insignias de los políticos republicanos. También en Inglaterra la derecha suele hacer gala de ser la reserva moral del país. Que el escándalo de sus medios afines pase precisamente por violaciones a la vida privada, corrupción de policías y sobornos a funcionarios es duro de tragar.

Sir Paul Stephenson, el renunciado jefe de Scotland Yard también testificó ante el Parlamento, e intentó despegar al premier conservador David Cameron, cada vez más criticado por la deriva del caso.

El líder laborista, Ed Miliband, no deja de enrostrarle haber contratado como asesor a Andy Coulson, un periodista que fue director del dominical News of the World, y uno de los impulsores de las escuchas ilegales.

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Aznar, en el directorio de Murdoch, el affaire se extiende por Europa (19 07 11)

El affaire Murdoch comienza a extenderse al resto de Europa

Hallan muerto al periodista que destapó el escándalo de las escuchas telefónicas    

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Aznar y la famosa foto de su dedo medio respondiendo a los estudiantes. Es delegado-supervisor de las empresas de Murdoch, con sueldo de 220.000 dólares al año: no podría haber desconocido el tema de las escuchas telefónicas

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El impacto político de la crisis que conmueve a Gran Bretaña comienza a ser un asunto de la agenda europea. En la víspera, la renuncia del segundo hombre fuerte de la policía londinense, John Yates, siguió a la presentada el fin de semana por sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard.

La tradición legalista de la policía de la capital británica se ha visto gravemente tocada, no sólo se sospecha que por interés no hizo lugar a las denuncias de ilícitos por parte de la prensa sensacionalista, sino que cada día aparecen más pruebas de que sus agentes y directivos admitieron dinero a cambio de entregar datos e información clasificada a los periódicos amarillistas del grupo News Corp., propiedad del magnate Rupert Murdoch.

Por esta metodología ilegal, como por otros delitos contra la privacidad, el empresario, junto a su hijo James y a la ex delegada de la empresa en Inglaterra, Rebekah Brooks, comparecerán hoy frente a la comisión investigadora del Parlamento británico, reunido en sesión extraordinaria.

Los Murdoch se habían negado en un primer momento, y el magnate había respaldado “sin fisuras” a Brooks, su mano derecha y ex directora del periódico News of the World, el polémico dominical. Sin embargo, ante la deriva judicial del caso, Murdoch renunció a adquirir el canal BSB, cerró el problemático periódico, y obligó a renunciar a Rebekah Brooks unas horas antes de que la detuviera la policía.

Además del plano mediático, el escándalo ya contaminó todo el escenario político, y no solo en Inglaterra.

El premier conservador David Cameron, un viejo amigo de Murdoch, tuvo que despegarse del millonario pero sigue muy complicado, lo que ha vuelvo a aupar la popularidad del líder laborista, Ed Milliband.

Además, se difundió que el ex presidente español, José María Aznar, del derechista Partido Popular, integra el directorio de la corporación de Murdoch y podría estar asociado también a los ilícitos que se ventilan ya en sede judicial.

Los Murdoch podrían enfrentarse a cargos penales si las acusaciones se confirman.

Una muerte dudosa

The Guardian, el periódico de centroizquierda que ha sostenido la larga batalla contra los medios sensacionalistas de Murdoch, y que ve en estos días ratificadas con un sinnúmero de pruebas sus denuncias sobre los métodos poco limpios utilizados por los tabloides, dedicó su portada de ayer a una foto de Sean Hoare, el periodista del semanario News of the World que hace menos de un mes denunció los métodos de escuchas ilegales, pinchaduras de teléfonos y sobornos a policías que derivó en el escándalo que ha puesto en jaque a la política inglesa.

Hoare fue encontrado muerto ayer en su departamento del londinense barrio de Watford.

Las implicancias políticas se agravan con esta muerte, de la cual aún no se han dado razones, ya que fue Hoare quien declaró que Andy Coulson, el ex jefe de prensa del premier Cameron, conocía e impulsó la trama de escuchas telefónicas de los medios de Murdoch.

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Murdoch sigue en picada: arrestan a Rebekah Brooks (18 07 11)

Cae la prensa amarilla

Renuncia el jefe de la policía británica por los sobornos de los diarios sensacionalistas. Rupert Murdoch pide públicamente perdón, pero su imperio mediático se tambalea. Lo investigan también en Estados Unidos.    

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La señora de los titulares: En el casamiento de Rebekah Brooks estuvo toda la clase política británica, incluyendo a David Cameron y a Gordon Brown

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La crisis desatada por la corrupción a funcionarios por los medios amarillistas de Rupert Murdoch crece en Gran Bretaña, implicando cada vez más a policías y a miembros del gobierno.

En la tarde de ayer, sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard, la policía metropolitana de Londres, una fuerza que goza de una tradición de corrección y legalidad, renunció al estar relacionado con las escuchas ilegales para el periódico dominical News of the World.

Desde hace varios años que los medios del grupo de Murdoch son señalados por la prensa seria, especialmente por el diario de centroizquierda The Guardian, de falsear fuentes y violar la ley para conseguir noticias exclusivas de alto impacto.

Muchas de esas denuncias fueron realizadas ante la policía, pero, de manera sospechosa, las denuncias fueron descartadas y no prosperaron.

Ahora, además de esa falta de celo policial, se supo que el comisario Stephenson, que hace unos días admitió que algunos oficiales habían recibido “pagos inapropiados” por parte de los medios de Murdoch, mantuvo, durante el período de las escuchas ilegales, como consultor de Scotland Yard a Neil Wallis, ex subdirector del periódico sensacionalista.

Wallis acaba de ser detenido, en una seguidilla de arrestos que están haciendo tambalear todo el imperio mediático reunido en News Corporation.

Entre los diez arrestos importantes con que la operación –denominada “Weeting”- está alterando la política británica, ayer también fue detenida Rebekah Brooks, delegada del grupo en Inglaterra y mano derecha de Murdoch.

De hecho, cuando la semana pasada el magnate aterrizó en Londres, afirmó que no llegaba para salvar la compra del canal BSB (a la que finalmente tuvo que renunciar) sino para “respaldarla a ella”. Sin embargo, también tuvo que soltarle la mano, porque a estas alturas el propio Murdoch comienza a estar en peligro.

En Estados Unidos, el FBI anunció la apertura de una investigación en el mismo sentido que los ingleses: sospechan que los medios del magnate espiaron nada menos que a las víctimas de los atentados de 11 de Septiembre de 2001.

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Sudán del Sur: un país, una esperanza (15 07 11)

Sudán del Sur: un país, una esperanza

por Nelson Gustavo Specchia

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En la mañana de ayer, la Asamblea General de las Naciones Unidas admitió, por aclamación, el ingreso de Sudán del Sur. El trámite, cargado de simbolismo, completa los procedimientos formales del nacimiento de un nuevo país, el número 193 del mundo, por la única vía que permanece y es admitida en estos días nuestros, tan modernos, racionales y felizmente alejados de bendiciones divinas en los asuntos políticos: la aceptación de los pares.

Como no me canso de decir cada vez que tengo oportunidad, las secesiones de partes de unidades territoriales y el advenimiento de nuevos Estados fundados en diferencias étnicas, religiosas, lingüísticas o de cualquier otro tipo de particularidad cultural, no son buenas noticias. Las pretensiones de formación de países cuyos límites coincidan con los del grupo dominante y excluyan a los demás, son rémoras de los viejos discursos nacionalistas que se fraguaron durante los siglos XVIII y XIX, al calor del nacimiento de los “estados-nación” sobre las ruinas de los proyectos imperiales. Discursos que terminaron eclosionando hacia mediados del siglo XX en la mayor locura genocida y totalitaria conocida por el hombre. El colapso europeo fue la consecuencia del nacionalismo llevado a su extremo, y no terminó con la derrota hitleriana, sino que, por el contrario, permeó toda la guerra fría, el maccarthismo estadounidense, e inclusive las dictaduras latinoamericanas que se extendieron hasta entrados los años ochenta. No son fenómenos de la historia distante, digo, sino un condicionamiento de nuestra contemporaneidad, contra el cual hay que estar muy alerta siempre, apoyando acciones que tiendan a fortalecer sociedades inclusivas e igualitarias, donde a los “otros” –la radical otredad de todos los diferentes- no se los expulse sino se los integre, y los Estados sean ámbitos de realización de los proyectos de vida buena de cada uno, en un entorno de diversidad y tolerancia.

LA PAZ COMO LÍMITE

Pero, teniendo lo recién anotado como parámetro general, se impone la pregunta de qué postura asumir frente a dos comunidades que fueron forzadas a vivir dentro de la misma circunscripción, y entre las cuales –por su historia y carácter- la coexistencia sólo se presenta como problema. Un problema que, cuando además se agrega la repartición desigual de materias primas y recursos energéticos, no tarda en derivar en violencia a gran escala. Y éste, pensamos, ha sido el caso de Sudán. Por eso aquellos principios generales pierden capacidad explicativa en este caso, y debe admitirse que la partición del Estado sudanés –el más grande de África- en dos países, ha sido la mejor solución a un viejo y triste problema. Un problema, además, de cuyas causas los sudaneses –tanto los del Norte como los del Sur- no fueron responsables, porque le fue impuesto por agentes externos.

Cuando la potencia colonial británica se retiró en 1956, la ex metrópoli impuso la convivencia en un único Estado de las dos entidades sociales distintas que habían estado bajo su dominio imperial. Las poblaciones nómadas del desierto de la mitad Norte, trigueños de raíz árabo-egipcia y religión islámica; junto a los pueblos (más de 500 tribus, con unos 100 grupos lingüísticos diferentes) de la mitad Sur, un territorio selvático y tropical, de gentes de piel negra que conservaba la fe cristiana desde los bíblicos tiempos de Nubia (evangelizados hacia el año 300 de nuestra era). La forzada convivencia entre esas dos entidades sociales sin prácticamente ningún punto de contacto –salvo la común dependencia del río Nilo- terminó decantando en una sangrienta guerra civil, que estalló apenas los ingleses abandonaron Khartum y no se detuvo hasta el año 2005.

Esa larga guerra dejó más de dos millones de muertos y cerca de cuatro millones de desplazados, según los cómputos de la ONU, y un odio en la sangre que parecía difícil de conjurar alguna vez. Sin embargo, los acontecimientos de estos días parecen contener elementos para la esperanza. Los acuerdos del armisticio de 2005 preveían la convocatoria a un referendum, para que la población negra del Sur manifestara su voluntad de secesión. El plebiscito, que se llevó a cabo en enero de este año, arrojó más del 99 por ciento de votos por el SI. Omar al Bachir, el temible presidente sudanés al que la Corte Penal Internacional tiene pedido de búsqueda y captura por el genocidio perpetrado en Darfur, declaró que respetaría el referendum (aunque se reservó la decisión sobre qué hacer con los campos petrolíferos de Abyei y con los rebeldes del Kordofán). Y el nuevo país avanzó hacia su independencia, que declaró formalmente el 9 de julio (compartirá, por ello, la celebración de su día nacional con la República Argentina).

En esta sucesión de pasos y de símbolos, sólo faltaba el ingreso a las Naciones Unidas, ese club que, a falta de un gobierno mundial, funciona como la instancia legitimadora del planeta. En un trámite acelerado, el provisional gobierno sursudanés solicitó el sillón número 193 de la organización el lunes 11, en la primer jornada hábil después de los festejos por el nacimiento; el Consejo de Seguridad recomendó positivamente la admisión el miércoles 13; y ayer la Asamblea General aceptaba (por aclamación, o sea sin ningún voto en contra) el ingreso del nuevo miembro, denominado República de Sudán del Sur.

CONSTRUIR LA ESPERANZA

Todo lo que ha podido verse en los canales de noticias, en las declaraciones de testigos presenciales, en el testimonio de los emigrados que volvían a Juba para unirse a los festejos, en los improvisados funcionarios y hasta en los soldados curtidos por tantos años de guerra, era la manifestación de una fiesta social, de una alegría indisimulable, expresada además con esa capacidad musical para los cantos y los bailes grupales tan propia de los africanos. La independencia que festejan no sólo es la que corta los lazos con el Norte, sino también la que termina el proceso colonialista tras el paréntesis de 1956, e inclusive con la opresión que Occidente –Gran Bretaña en este caso- impuso a las tribus de la selva desde la expansión imperial, el expolio de recursos naturales y el drama de la esclavitud.

Pero tamaña empresa está lejos de ser sencilla. Todo está por hacerse, y desde una perspectiva minimalista y naïf, los detalles ocuparán parte de este tiempo fundacional. Han diseñado una bandera con tres franjas: negra, como la piel de sus gentes; roja, por la sangre derramada por cientos de miles en la larga guerra; y verde, como la selva que los rodea; las tres cruzadas por un triángulo azul, como las vitales aguas que aporta el Nilo; y en el centro del triángulo una estrella, que dibuja la unidad de las tribus que se unen en la nueva república. Tienen un nuevo himno; un nuevo prefijo telefónico; una nueva moneda (que posiblemente se llame “libra sursudanesa”); nuevos documentos; nuevos nombres para las calles y las plazas.

Cuando pasen los festejos y los detalles del parto, habrá, además de éstos, que ocuparse de cuestiones estructurales que hagan sostenible a la nueva entidad política, y esas ya no están tan claras. El nuevo Estado, que se ubicará en los últimos lugares de todas las listas de desarrollo humano, comprende una superficie de 640 mil kilómetros cuadrados (unas cuatro veces Uruguay, por ejemplo), y aloja a unos 9 millones de habitantes. De ellos, desperdigados por esas vastas planicies, más del 90 por ciento sobrevive por debajo de la línea de pobreza, con apenas $ 2 al día, en promedio. Su índice de mortalidad materna es el peor del mundo, y un niño de cada 10 no alcanza a cumplir el año de vida. Juba, la capital y única ciudad del nuevo país, tiene apenas una docena de calles asfaltadas, no tiene agua corriente ni cloacas, la luz eléctrica se reduce a un número muy limitado de edificios, y las chozas con cabras y vacas ocupan buena parte de los espacios públicos.

Y estas condiciones tan precarias coexisten con los pozos de petróleo que alojan más del 75 por ciento de los 500.000 barriles de crudo diario que exportaba el Sudán unificado hasta esta semana. Los pozos están en el Sur, pero las refinerías, los oleoductos y los puertos de salida, en el Norte. Ese “otro” país, hermano y enemigo, con el que a partir de ahora comparte la frontera más larga de África.

Hará falta mucha imaginación, paciencia y cintura política para construir este camino iniciado con tanta esperanza.

 

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[ publicada en la columna “Periscopio”, suplemento Magazine del diario HOY DÍA CÓRDOBA, viernes 15 de julio de 2011 ]

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Cameron y “el amigo” Murdoch (15 07 11)

Los métodos ilegales de Murdoch salpican al gobierno de Cameron

El magnate de los medios de comunicación comparecerá ante el Parlamento británico   

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LONDRES.- El multimillonario australiano-estadounidense Rupert Murdoch, en tanto cabeza ejecutiva del grupo de industrias News Corp., junto a su hijo James, han aceptado finalmente testificar ante la comisión parlamentaria inglesa que investiga el escándalo sobre los métodos ilegales que durante años practicaron sus medios.

Murdoch, cuyos lazos con el poder son sólidos y de vieja data, tenía avanzadas las gestiones para hacerse con la totalidad de acciones del canal BSB, una de las señales televisiva con mayor cobertura, y un negocio millonario que había logrado el visto bueno del Ejecutivo conservador de David Cameron.

Muchos han recordado, en estos días, que el propio Cameron recibió el respaldo de los medios de Murdoch en su campaña hacia Downing Street.

Sin embargo, al destaparse el escándalo sobre escuchas, pinchaduras de teléfonos, hackeo de mails y sobornos a policías para obtener datos privados –principalmente de famosos y políticos, pero también de altos funcionarios y hasta de la realeza- obligó a dar marcha atrás con la adquisición del canal, y a cerrar el periódico dominical News of the World, el tabloide sensacionalista que estaba en el centro de las acusaciones de obtención irregular de noticias.

Pero fueron las declaraciones del ex primer ministro laborista, Gordon Brown, las que complicaron aún más la situación. Brown aseguró haber sido “espiado” en sus comunicaciones privadas y sus finanzas mientras ejercía la titularidad del gobierno británico, y que se habían utilizado elementos “criminales” para ventilar la enfermedad de su hijo pequeño, que padece fibrosis quística, como una noticia exclusiva del diario The Sun, también propiedad del grupo.

El gobierno de Cameron rectificó la habilitación para la operación mediática, y se sumó a los otros partidos para pedir la comparecencia del empresario en la sede parlamentaria.

Los Murdoch se negaron en un primer momento, amparándose en su recientemente adquirida nacionalidad estadounidense.

Por la renuencia, los legisladores pidieron un interrogatorio formal, y ante la posibilidad de que el escándalo derive en una causa judicial con requisitoria policial, tanto Rupert Murdoch, de 80 años, como su hijo admitieron ayer que el martes próximo acudirán a testificar a la comisión investigadora.

Aún así, es poco probable que el cambio de estrategia del magnate vaya a frenar el escándalo, que aporta nuevos elementos –y todos complicados- a cada día.

La policía ya va deteniendo a nueve sospechosos por varios ilícitos relacionados al espionaje para los medios. Además, Andy Coulson, uno de los detenidos, fue jefe de prensa del premier David Cameron, con lo cual las implicancias políticas del escándalo siguen abiertas.

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“Murdoch es pirata” (y no es de Belgrano, eh) (13 07 11)

El escándalo por espionaje complica al gobierno inglés

Cameron rectifica y limitará la expansión de los medios de Rupert Murdoch. El ex premier Gordon Brown sostiene que los diarios del grupo utilizaron “criminales” y “piratas”

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El paulatino conocimiento de la pinchadura de teléfonos, hackers de correos electrónicos, contratación de espías y sobornos de funcionarios que practicaron habitualmente los medios de prensa del magnate australiano-estadounidense Rupert Murdoch, está haciendo temblar la vida política británica.

Esta semana, la coalición de gobierno se partió, al separarse los liberal-demócratas socios del primer ministro conservador David Cameron, y votar junto a la oposición laborista una demanda al gobierno para que agilice una investigación a fondo sobre la operatoria de los medios de Murdoch para conseguir datos privados –e inclusive información calificada de gobierno-, y para que frene la adquisición de la principal señal de cable inglesa, BSkyB, un negocio que contó con la aprobación preliminar de Downing Street.

Murdoch, a quien se conoce en Inglaterra como el “gran elector”, por su capacidad de influir mediante las líneas de opinión de sus periódicos y su relacionamiento personal con el poder, en los candidatos a jefes de gobierno desde hace décadas, había reaccionado al escándalo cerrando el semanario News of the World, una de las cabeceras de su grupo con mayor tirada, pero donde se habían centrado las denuncias de espionajes y sobornos.

El cierre del tabloide, sin embargo, no había frenado sus intenciones de adquirir el canal de cable británico; pero en la víspera el ex premier laborista Gordon Brown se sumó a las acusaciones, afirmando que estos medios de prensa habían contratado “criminales” para sustraer información confidencial sobre su familia y sus finanzas cuando estaba al frente del Ejecutivo. El hijo de Brown, Frazer, tiene una enfermedad compleja (fibrosis quística), y uno de los diarios del grupo –The Sun- publicó la noticia en exclusiva en 2006. El dato se había obtenido por contratación de espías.

Muchos otros personajes famosos, funcionarios, soldados y hasta miembros de la familia real británica fueron espiados de igual manera.

El gobierno de David Cameron decidió ceder a la presión social, y apoyará el freno de la operación de compra del canal satelital BSkyB en la sesión de la Cámara de los Comunes de hoy.

¿Espías en América?

La política de globalización de negocios ha sido una de las claves del éxito empresario de Rupert Murdoch. Sus medios de prensa, televisión, cine, edición de libros y publicidad, están prácticamente en todo el mundo.

Pero esa ventaja puede convertirse ahora en una amenaza, porque el escándalo surgido en Inglaterra podría cruzar el Atlántico.

Ya hay presentaciones ante la justicia norteamericana, donde asociaciones de ciudadanos solicitan se investigue si las prácticas de espionaje y soborno puestas en práctica por los medios del grupo en Gran Bretaña, también se dieron en América.

En los Estados Unidos se concentra la mayor cantidad de medios de Murdoch, entre ellos algunas de las principales cabeceras internacionales, como el canal televisivo Fox News, los diarios Wall Street Journal y The New York Post, y la productora cinematográfica 20th. Century Fox.

El espionaje practicado en Inglaterra, inclusive, podría ser un grave delito en Estados Unidos.

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¿Quién le pone el cascabel a Murdoch? (12 07 11)

La política inglesa escandalizada por las escuchas de la prensa

El gobierno creará un nuevo órgano independiente para que regule los medios        

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Una inédita crisis política se ha desatado en Gran Bretaña por la revelación de los métodos ilegales de obtención de información de los medios del millonario Rupert Murdoch.

Lo que comenzó la semana pasada como un nuevo escándalo habitual en la prensa sensacionalista, ha terminado por impactar en el gobierno e inclusive en el Palacio de Westminster, donde hasta el príncipe Guillermo, sucesor del trono, y su esposa, Kate Middleton, fueron espiados.

El centro del escándalo gira en torno News of the World, uno de los medios de mayor tirada del imperio informativo de Murdoch, que factura, en conjunto, más de 23.000 millones de dólares por año. El grupo (que integran medios como Fox News, National Geographic Channel, The Wall Street Journal, The Times, The New York Post, y el gigante editorial Harper Collins, entre otros) estaba realizando gestiones para adquirir también el canal británico BSkyB.

La revelación de que el periódico The News of the World pinchó teléfonos y realizó escuchas ilegales violando la privacidad de unos 4.000 famosos, políticos, víctimas de atentados y delitos, así como familiares de soldados muertos en Afganistán e Irak, ha paralizado la operación de compra del nuevo canal por parte del magnate, y ha terminado salpicando al gobierno de David Cameron. Sus socios liberal-demócratas se unieron a la oposición laborista para exigir límites a la injerencia de la prensa y una investigación del espionaje.

Murdoch, desde su residencia en Estados Unidos, decidió cerrar el semanario para frenar la censura social, pero no renuncia a comprar el BSkyB.

Para frenar el golpe contra su Administración, el primer ministro ha anunciado la creación de un nuevo ente, formado por técnicos independientes, que se encargará de iniciar una investigación para conocer los reales alcances de los métodos de espionaje, y que luego permanecerá como organismo encargado de regular el funcionamiento de los medios de prensa y sus intenciones monopólicas. Una medida insólita en el contexto político británico, y más aun impulsada por un gobierno conservador.

El cerco político al multimillonario, en todo caso, deberá probar su eficacia, ya que Rupert Murdoch ha sido en las últimas décadas uno de los más influyentes decisores en la política inglesa, tanto por el poder de su imperio mediático para imponer opiniones, como por su afinidad personal con la primera plana del poder: apoyó a Margaret Thatcher; cortó la carrera del laborista Neil Kinnock; más tarde decidió apoyar a Tony Blair; y luego ayudó a encumbrar al actual premier Cameron.

Habrá que ver de qué manera el gobierno logra ponerle límites a semejante lobby.

 

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La vuelta de los talibán (07 07 11)

Los talibán recuperan fuerza y niegan conversaciones de paz

En Europa admiten que la guerra necesita una “solución política” que le ponga fin        

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ISLAMABAD, KABUL.- Después de la violenta jornada del lunes, cruzada por atentados suicidas en Pakistán y una nueva avanzada de los talibán contra las tropas de la Alianza Atlántica en Afganistán, las acusaciones cruzadas entre las dirigencias locales y nuevas desavenencias con los altos mandos de las potencias ocupantes agravan los frentes bélicos de Asia Central.

A esta complicación interna se suma, además, una reconsideración política de algunos de los países aliados que integran las fuerzas militares de ocupación, que podrían adelantar los plazos anunciados de repliegue y terminar con su presencia en la región.

En la frontera entre ambos países, en la región montañosa semiautónoma de Waziristán, la lealtad las autoridades impuestas por las potencias occidentales y al tradicional sistema tribal vuelve a tensarse, ocupando éste otra vez el lugar de preeminencia en la distribución del poder local que tenía antes de la invasión de 2001.

En la víspera, grupos de milicianos –en un número de 600 según las autoridades regionales paquistaníes- lanzaron un ataque desde el lado afgano de la frontera, en Waziristán del Norte, contra poblaciones ubicadas en territorio de Pakistán y administradas por dirigentes fieles al gobierno de Islamabad, sostenido aún por las fuerzas estadounidenses de ocupación.

Los guerrilleros talibán atacaron los municipios fronterizos de Nusrat Dra y Jaro, en la región de Alto Dir, y se enfrentaron al ejército regular paquistaní y a las milicias progubernamentales.

Ante el ataque desde el lado afgano de la frontera, grupos de simpatizantes de los talibán residentes en Pakistán se sumaron al enfrentamiento al ejército regular, poniendo en evidencia que las lealtades de los diferentes grupos obedecen a criterios diferentes a los que sostienen a las administraciones estatales.

Las autoridades admitieron que han muerto, sólo en el último mes, 55 soldados paquistaníes en enfrentamientos con la insurgencia en la frontera, y acusan al gobierno de Kabul de dar refugio a estos milicianos, o de no hacer suficientes esfuerzos en perseguirlos.

En realidad, la administración afgana del presidente Hamid Karzai dispone de muy limitados recursos para enfrentar a la guerrilla fundamentalista islámica, y éstos se concentran en los aportes militares de las tropas de la OTAN y de los demás ejércitos aliados que se dividen la geografía del país.

Pero tampoco Karzai ha tenido una buena relación con los ocupantes en los últimos meses, las muertes civiles por el “fuego amigo” de la OTAN lo empujaron a criticar abiertamente la metodología de ataques selectivos de la aviación aliada, que forzó la disminución de operaciones nocturnas contra los supuestos refugios de los talibán.

Pero este cambio táctico llevó, a su vez, a una renovación de las actividades de la guerrilla, que esta misma semana causó la muerte de cuatro soldados de la Alianza Atlántica y de un militar australiano.

Los fortalecidos talibán, además, han asegurado que no mantendrán ningún diálogo con las potencias ocupantes.

Vuelta a casa

El anuncio del presidente estadounidense, Barack Obama, de que el ejército de su país iniciaba un “retiro escalonado” de Afganistán, ha acelerado también los cronogramas de vuelta a casa de los demás aliados que participaron en la invasión de 2001 y el derrocamiento del régimen talibán.

El martes, Canadá anunció que esta semana concluye su misión de combate, y deja la responsabilidad de seguridad en el distrito afgano de Kandahar, hasta ahora a cargo de su Regimiento XXII; y hoy transferirá el control de los distritos de Panjwai y Dand.

Canadá ha perdido más de 157 efectivos en la guerra afgana, el tercer país con un balance de bajas más elevado, detrás de EE.UU. y Reino Unido.

Precisamente, Londres confirmó ayer que también retirará 500 soldados del frente afgano antes de fines de 2012. Reino Unido, el principal aliado de Washington en Asia Central, tiene 9.000 militares en la región.

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