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Obama manda al Pentágono a Tel Aviv (04 10 11)

Washington envía a Leon Panetta a presionar a Bibi Netanyahu

El jefe del Pentágono intenta evitar el aislamiento internacional de Israel

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Luego de la primera muestra de disidencia interna dentro de la élite gobernante en Israel durante la semana pasada, cuando el líder laborista Shimon Peres admitiera abiertamente que Mahmmoud Abbás es el mejor interlocutor con que ha contado nunca el Estado judío para negociar una paz realista, ayer se sumó a esa tendencia el ministro de Defensa del gabinete de Benjamín Netanyahu.

Ehud Barak tiene a su cargo el control de todas las fuerzas militares israelíes, e integra desde la socialdemocracia el gobierno de coalición de Netanyahu, mayoritariamente controlado por partidos conservadores, de derecha y del integrismo religioso.

En el pasado, el mismo Barak –ejerciendo de primer ministro- estuvo muy cerca de alcanzar un acuerdo con los palestinos, en un proceso negociador auspiciado por el entonces presidente norteamericano Bill Clinton, y ayer sostuvo que su país debe “mejorar las relaciones” con la comunidad árabe, para “encontrar una forma de relanzar las conversaciones”; una postura muy cercana a la expresada por Peres.

Las declaraciones del ministro de Defensa, en todo caso, aparecen un día después de que Estados Unidos hiciera público un comunicado, advirtiendo a su principal aliado en Medio Oriente sobre el creciente “aislamiento” hacia el que está derivando, como producto de su inconsulta y agresiva política exterior.

El Departamento de Estado norteamericano quedó descolocado tras apostar en las Naciones Unidas por la reanudación de conversaciones directas entre ambas partes, y de que unas horas después del discurso del presidente Barack Obama ante la Asamblea General, el ejecutivo de Netanyahu anunciara la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en la zona ocupada de Jerusalén Este.

Una decisión a todas luces orientada a torpedear cualquier tipo de acuerdo, ya que el retiro del ejército israelí de Jerusalén oriental es un punto no negociable para los palestinos. La presión de Washington se hizo sentir a máximo nivel, con el envío de jefe del Pentágono, Leon Panetta, a Tel Aviv.

Panetta, además de trasmitir el mensaje de Obama, volvió a remarcar que deben evitarse todo tipo de “acciones provocativas”, antes de trasladarse a dialogar con Mahmmoud Abbas en Ramallah.

Tensión en los territorios

A pesar de los múltiples llamados a la concordia y a no generar acciones de provocación, la revitalización de la cuestión palestina tras el petitorio de reconocimiento de su Estado ante la Asamblea General de la ONU tensa cada día la convivencia, especialmente en las áreas de contacto entre ambas comunidades.

En la víspera, una marcha en apoyo a huelgistas palestinos presos en Israel volvió a poner en alerta a las fuerzas de seguridad de la potencia ocupante.

Cientos de personas se manifestaron, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza, en solidaridad con presos árabes alojados en cárceles israelíes, que ayer cumplían el séptimo día de huelga de hambre.

La movilización fue convocada por el Comité Palestino en Defensa de los Prisioneros y otras organizaciones no gubernamentales, que pidieron al secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki Moon, que la organización multilateral intervenga, colocando a las cárceles judías bajo supervisión de una misión humanitaria.

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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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¿Cómo parar el Estado Palestino? (29 09 11)

Las Naciones Unidas comienzan a tratar el pedido palestino

Rusia y China se suman a las críticas a Israel por entorpecer el proceso de paz

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Mientras la iniciativa del premier palestino Mahmmoud Abbas frente a las Naciones Unidas sigue cosechando adherentes, la ampliación de 1.100 viviendas para judíos en la zona árabe de Jerusalén Este anunciada esta semana por el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu está poniendo en aprietos a su principal valedor, el presidente Barack Obama.

Desde Washington, Obama hizo saber, a través de su portavoz, que se sentía “profundamente decepcionado” por la decisión de la administración conservadora de Netanyahu; mientras que la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, tuveo ayer que improvisar un llamado a frenar la agresividad de los colonos israelíes, que podrían empeorar aún más el panorama, poniendo en evidencia que la vía apoyada por el Departamento de Estado no tiene demasiadas posibilidades de prosperar, debido a la inflexible postura de la derecha judía.

“Urgimos a evitar cualquier movimiento en las cercanías de Jerusalén que puedan considerase provocativos”, pidió Clinton en la víspera, dirigiéndose a ambas partes, aunque las excavadoras israelíes ya trabajan en el barrio de Gilo, en el corazón de la Jerusalén árabe.

Por su parte, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos comenzó ayer, siguiendo los procedimientos internos del órgano multilateral, a considera la petición de presentada por Mahmmoud Abbas ante la Asamblea General.

A pesar de los varios intentos de los enviados norteamericanos para que depusiera de su solicitud, la presentación formal de la carta al secretario general, Ban ki Moon, obliga a las comisiones de la organización internacional a abocarse a su tratamiento.

El Comité de Nuevas Admisiones, que incluye a los 15 miembros del Consejo, celebrará hoy su primera sesión con el petitorio palestino en el orden del día.

El proceso de revisión de una candidatura para lograr el estatus de Estado miembro suele extenderse por unos 35 días, pero diversos analistas aseguraron que, en este caso y dada la determinante presión estadounidense, ese periodo puede alargarse casi indefinidamente.

Aún así, el éxito diplomático para los palestinos ya se ha dado, especialmente por la abrumadora mayoría de países del mundo que respaldaron la solicitud.

Así, el jefe de la delegación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ante la ONU, Riyad Mansour, dijo ayer que los pasos formales están asegurados, y que si la decisión política de la potencia hegemónica presiona para que esos pasos no den resultados, deberá hacerse cargo también del costo político; “el proceso avanza paso a paso y esperamos que el Consejo de Seguridad cargue con su responsabilidad”, sostuvo Mansour.

Israel cada vez más solo

El claro respaldo norteamericano a Tel Aviv comienza a ser el único baluarte con que cuenta el Estado judío. Ayer, Rusia y China, dos potencias emergentes con una importancia determinante en la fijación de políticas globales (y ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad), criticaron abiertamente la expansión de asentamientos israelíes los territorios ocupados desde 1967.

El Departamento de Estado norteamericano no pudo dejar de expresar su “decepción” por la nueva medida, que afecta directamente la posibilidad de una reanudación de las conversaciones de paz entre ambas comunidades; y también la representante de la Unión Europea emitió un comunicado crítico.

“Es de especial preocupación que decisiones sobre un asunto tan delicado se tomen durante este período crucial”, sostuvo la Cancillería rusa, mientras sus homólogos chinos expresaron su “oposición” a la decisión de Israel.

Las condenas en los países árabes fueron homogéneas y contundentes.

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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Matanza en Hara, condena de la ONU (05 08 11)

La matanza de civiles en Siria provoca un drama humanitario

Las Naciones Unidas condenan la represión gubernamental en la ciudad de Hama

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DAMASCO.- El régimen autocrático sirio del presidente Bachar al Assad decidió dar la espalda al unánime reclamo de la comunidad internacional, en el sentido de que abriera los espacios de diálogos con la oposición que él mismo viene prometiendo desde hace semanas, y envió una columna de tanques del ejército a reprimir las movilizaciones populares en la ciudad de Hama.

La llegada de los cuerpos militares, con tanques artillados y con nidos de ametralladoras, se apostaron en las principales arterias de esta ciudad de 80.000 habitantes y en la jornada de ayer abrieron fuego contra la población civil, provocando un número aun indeterminado de muertes, aunque estiman que superarían las 300.

El ataque ha provocado una desbandada de ciudadanos, que intentan huir de cualquier manera de la ciudad, aunque el mismo ejército ha sellado las carreteras, manteniéndola sitiada –sin ningún tipo de servicios básicos- desde hace cinco días.

Los medios de la prensa internacional no han sido autorizados a acercarse a Hama, y la prensa local, completamente adicta al clan Assad, ni menciona el caso; pero los testimonios de quienes han logrado sortear los retenes, o enviar mensaje por teléfonos satelitales (ya que tampoco hay líneas de teléfonos ni Internet), ofrecen una imagen dantesca de la ciudad, a oscuras y donde escasean víveres y agua.

En la víspera, además, se informó que soldados sin uniforme disparaban al azar en las calles; las familias han comenzado a enterrar a sus muertos en las casas particulares, porque nadie se atreve a salir ni siquiera para llevar los cadáveres hasta el cementerio.

La violenta reacción gubernamental se desencadenó tras la visita a Hama de los embajadores francés y norteamericano, que llegaron para interiorizarse del estado de los movilizados, que ya habían sido reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Esta acción fue interpretada por el régimen de Damasco como una provocación, y el gobierno permitió que grupos violentos afines atacaran y saquearan las legaciones diplomáticas de ambos países.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, afirmó tras ese ataque que la situación en Siria se había descontrolado, y que el presidente Bachar al Assad “ha perdido toda legitimidad para permanecer en el cargo”.

Tras sus declaraciones, la Unión Europea elevó el nivel de sanciones bilaterales, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas presentó ayer una carta de censura, condenando la represión en Hama y pidiendo a Al Assad el fin del sitio sobre la ciudad, que está empujando la situación humanitaria a un nivel de desastre.

Se suman Rusia y China

Las estrategias de presión ensayadas hasta ahora por los organismos multilaterales sobre el gobierno del clan Al Assad en Siria habían tenido la oposición sistemática de Rusia y de China. Sin embargo, la sangrienta represión de Hama llevó a un cambio en las posturas internacionales de ambas potencias, que disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Así, el Consejo emitió ayer una declaración de condena de la represión y un nuevo llamado a que el gobierno de Damasco habilite canales de diálogo con la oposición.

El presidente Bachar al Assad respondió con un nuevo decreto, por el cual permite la existencia de partidos políticos, quebrando la exclusividad del Baas gubernamental.

Pero el presidente ruso Dmitri Medvédev sostuvo que no hay lugar ya para maniobras dilatorias, y aumentó la presión mundial al advertir a los Assad que se enfrentarán a un “triste futuro” si no emprenden reformas de fondo en el régimen, “instauran la paz y dan paso a un Estado moderno”.

El cambio de postura de rusos y chinos habilita una profundización de la intervención internacional en el conflicto sirio.

 

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Libia, el daño civil (04 07 11)

Libia acusa a la OTAN de atacar una escuela técnica en Trípoli

Las víctimas civiles siguen siendo la mayor debilidad en la estrategia aliada        

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TRÍPOLI.- La semana pasada, el anuncio de que el fiscal de la Corte Penal Internacional, el jurista argentino Luis Moreno Ocampo, había decidido librar ordenes de captura internacional para el coronel Muhammar el Khaddafi y sus principales colaboradores, fue presentado como un respaldo diplomático de la sociedad internacional a la ofensiva que la Alianza Atlántica (OTAN) despliega en Libia.

El accionar militar, sin embargo, cada día encuentra más dificultades para validarse, por el alto costo que la guerra tiene para la población civil. Diversos observadores, como el nuncio papal en Libia, han manifestado ya reiteradamente que las bombas aliadas, supuestamente dirigidas a neutralizar objetivos militares, causan ingentes daños a una población que, inerme, se encuentra entre dos fuegos.

En esta línea, el gobierno de Khaddafi denunció que en la noche del viernes último una misión de la Alianza Atlántica bombardeó una escuela técnica, causando un número indeterminado de víctimas entre los estudiantes, técnicos e ingenieros docentes.

La denuncia, realizada por los canales informativos oficiales de la televisión libia, coincide con un reporte de la cadena británica BBC, que informó sobre un ataque de esas características en la capital durante la noche del viernes.

La OTAN admitió la acción militar, pero como ya es de uso en los partes sobre la guerra de Libia, no se refirió a las posibles víctimas civiles sino que sostuvo que los objetivos habían sido lanzamisiles y varios tanques y vehículos militares.

El informe de los mandos militares conjuntos fue ratificado también por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de visita oficial en España. En Madrid, Clinton sostuvo que la guerra en el norte de África va en la dirección estratégica esperada, y que los aliados “mantendrán los ataques” hasta tanto Khaddafi abandone el poder.

Junto a ella, la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, ratificó que la Unión Europea respalda sin fisuras la posición estadounidense.

Rebeldía africana

El régimen de Muhammar el Khaddafi, que ha presentado una inédita resistencia a las acciones militares occidentales, está decidido a ignorar también la orden de arresto contra sus principales dirigentes, emitida por la Corte Penal Internacional (CPI).

Y ha utilizado para hacerlo público la tribuna de la Unión Africana (UA), una organización regional muy cercana a Trípoli, gobierno que aporta la porción sustancial de su presupuesto de funcionamiento. La UA exhortó ayer a sus miembros a ignorar la orden de captura, y recomendó a los países del continente, firmantes de la CPI, no arrestar a Khaddafi si éste los visita.

Esta decisión regional habilitaría al mandatario a moverse libremente por África, en el caso eventual que decidiera salir de Trípoli, lo que es altamente improbable.

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nelson.specchia@gmail.com

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Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte? (06 05 11)

Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte?

Por Nelson Gustavo Specchia

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Transcurrida una semana desde el espectacular anuncio del presidente Barack Obama, en la medianoche del domingo, de que tras una larguísima década finalmente habían dado con el enemigo número uno de los Estados Unidos y lo habían ultimado, ya es claro a estas alturas que algo salió mal. El discurso del jefe de la Casa Blanca –corto, frontal, sereno y simple, pero de una contundencia operística- tenía, al menos, tres destinos: la sociedad civil estadounidense, los seguidores de su propio partido, y el auditorio mundial.

Respecto de la ciudadanía de a pie, el mensaje iba destinado a reencantar la vida política, tan debilitada y azarosa en los últimos tiempos, detrás de un logro patriótico y nacional: vencimos al gran enemigo, a aquel que osó atacar a Norteamérica por primera vez en su suelo, somos fuertes nuevamente, y nuestro país vuelve a ser un sitio seguro para vivir. Para este primer segmento estuvieron pensadas esas frases de que la captura de Osama ben Laden venía a demostrar que los Estados Unidos siguen siendo capaces de hacer lo que se propongan, y de que la muerte de Osama en una remota barriada de los alrededores de Islamabad era un acto de justicia reparadora para con los muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo colectivo de audiencia escogido por los redactores del mensaje eran los propios seguidores del presidente demócrata. A ellos venía a decirles: “lo hicimos nosotros, Bush no pudo encontrarlo y atraparlo durante dos períodos presidenciales, nosotros lo logramos.” Una de las facetas más problemáticas de la personalidad de Obama, al interior del Partido Demócrata, es su imagen de componedor y legalista, respetuoso de los sistemas de garantías, los cuidados procesales y los derechos humanos. Rasgos que contribuyeron en los considerandos del otorgamiento de ese premio Nobel de la paz, tan cuestionado en estas horas. Ese perfil de “blando” es el más atacado por los halcones de la política americana. Por ello, la ejecución de la operación y la decisión de tirar a matar, habrían tenido que devolverle una imagen de resolución y fortaleza frente a las adversidades. Inclusive algunos titulares de la prensa sostuvieron que el domingo a la noche Obama “se convirtió en comandante en jefe” del ejército norteamericano. Como si antes no lo hubiera sido de hecho, sino apenas de derecho. Para este auditorio estuvo pensada esa frase donde el presidente destacaba que había sido él, en persona, quien había dado la orden de ataque.

Y para el resto del mundo, el discurso quiso trasmitir un mensaje simple y fuerte: hemos ganado la guerra contra el terrorismo, y lo hemos hecho con el mínimo costo y sin una sola baja entre nuestros soldados. Y tras esta victoria, no sólo los Estados Unidos, sino el mundo todo, es un lugar más seguro.

El resultado inmediato que el mensaje del presidente norteamericano esperaba lograr era un cerrado y unánime apoyo, tanto interno como internacional. Sin embargo, a estas alturas, es claro que algo salió mal.

HIMNOS Y BRINDIS

Algunas centenas de personas se reunieron frente a la Casa Blanca, en Washington, y destaparon botellas de champagne, corearon consignas contra Al Qaeda, y cantaron reiteradamente el himno nacional. Otras docenas se reunieron también en el Ground Zero, el espacio neoyorquino que ocuparon en su día las Torres Gemelas que tumbó el atentado planificado por Osama en las cuevas de las montañas de Afganistán. Pero, en realidad, fueron muchas menos de las esperadas.

En la mañana del lunes, se conoció la felicitación expresada por el ex mandatario republicano George W. Bush, el presidente que declaró esa ubicua y sui generis guerra contra una entidad sin Estado. También llegaron otros mensajes de congratulación, como el del premier británico, y de algunos líderes cuya existencia y supervivencia política mucho depende de Washington. Aunque también aquí fueron muchos menos de los esperados.

En lugar de un cerrado apoyo, una serie de preguntas sobre la índole de la intervención militar, la brutalidad del ataque seguido de la muerte de Ben Laden, la violación de la soberanía paquistaní por un ejército de un país aliado, y la falta de pruebas materiales que apoyaran la versión de la Casa Blanca, fueron tomando forma, todavía en la manera de interrogantes. Las ediciones en Internet de los principales medios de prensa norteamericanos (dada la avanzada hora del anuncio, casi todos ya estaban impresos) fueron cambiando sutilmente con el transcurso de las horas, al igual que otros diarios del mundo. Y esos cuestionamientos, mientras se iban conociendo detalles, reflejaban un aumento del tono crítico. El jueves, después de tres días en que se difundieran las opiniones críticas de respetables líderes políticos mundiales, de juristas expertos del sistema de Naciones Unidas, y de analistas y columnistas internacionales, hasta la misma cadena televisiva CNN hablaba ya de un “asesinato a sangre fría”. Algo, efectivamente, había salido mal.

LOS CABOS SUELTOS

          Barack Obama tuvo la posibilidad de apresar a Osama ben Laden. El hecho de ultimarlo en la residencia amurallada de Abbottabad fue una decisión estratégica. Quizás si hubiese defendido su decisión con detalles y fundamentos, hubiera impedido que las versiones y las interpretaciones ocuparan el escenario, embarrando, desinformando y soltando cabos a cada paso.

Pero, en cambio, la información desde Washington intentó relativizar aquella toma de posición entre dos alternativas: detenerlo o matarlo. El presidente, como dijimos arriba, quiso adjudicarse la orden de disparar, pero ante las críticas se cambio la versión: la orden la dio la CIA, y sobre el terreno. Cuando hubo que explicar la muerte del terrorista, se afirmó que había presentado resistencia, pero luego se admitió que Osama estaba desarmado. Se reconoció que su paradero estaba ubicado desde hacía meses, y que la confirmación de su identidad era firme; los comandos de Seal Navy tuvieron inclusive la posibilidad de ensayar con suficiente anticipación la operación; y sin embargo no lograron capturarlo vivo. No hay manera posible de sostener esta versión.

A la mañana de un día se afirmaba que Osama había puesto a una esposa como escudo, a la tarde de ese mismo día se decía que la muerte de la mujer había ocurrido cuando se interpuso para salvarlo. Que el cadáver había sido rechazado por Afganistán, que había sido cuidado por los ritos musulmanes para los muertos, pero que para evitar un santuario de terroristas había sido lanzado al mar. En fin: que tampoco había cadáver para mostrar. Pero se mostrarían las fotos. No, no se mostrarían tampoco las fotos, eran demasiado horribles (el acto de la muerte del terrorista no lo era tanto, las fotos sí).

El equipamiento de cada comando Seal Navy incorpora una cámara de video, por lo que toda la operación fue filmada y grabada (y seguida por Obama, Biden, Hillary Clinton y el resto del equipo de seguridad de la Casa Blanca en tiempo real, mientras el jefe de la CIA, Leon Panetta, les iba explicando cada paso), pero tampoco se mostrarían al público esas grabaciones.

La identidad de Osama ben Laden se había hecho por reconocimiento facial del cadáver, y un ADN hecho a las apuradas sobre el avión. Tampoco estos análisis se harían públicos. Y eso era todo. Había que confiar en la palabra del presidente estadounidense, sin más pruebas. En Europa comenzó a circular la versión de que habían matado a un doble de Osama, y que el verdadero estaba vivito y coleando donde siempre había estado: en una cueva de las montañas afganas de Waziristán.

En conjunto, tantos cabos sueltos han terminado por quitar legitimidad a la operación militar norteamericana. En lugar de una intervención victoriosa y definitiva para terminar con Al Qaeda, parece encaminarse a ser lo contrario: la excusa ideal para reflotar una organización que estaba en decadencia, con un mártir como guía, y un enemigo contra el que estaría justificado atentar, sin respetar ninguna legalidad internacional, ya que él tampoco la respeta.

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¿Y qué hará Khaddafi? (23 03 11)

MÁS MISILES EN EL ATAQUE LIBIO

La coalición aliada vuelve a atacar Trípoli por cuarto día. Las tropas de Khaddafi resisten en Trípoli y siguen avanzando en ciudades pequeñas. Rusia, China y Brasil exigen un alto el fuego.

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Al entrar en su cuarta jornada, la operación militar sobre Libia denominada “Amanecer de la Odisea” ha comenzado a mostrar divergencias en la conducción de las operaciones sobre el terreno, al tiempo que los analistas debaten sobre las posibilidades de salida de la operación.

Este último punto cobra relevancia frente a la resistencia evidenciada por el régimen del coronel Muhammar el Khaddafi ante el ataque aliado, y los límites de la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que llama a “tomar todas las medidas necesarias” para proteger a la población civil libia, pero deja explícitamente fuera de estas posibilidades la invasión terrestre del país.

Con este marco de legalidad internacional, el gobierno de Khaddafi podría resistir desde la ciudad de Trípoli, habilitando una larga contienda de horizontes imprevistos. En cuanto a la conducción de las operaciones, el presidente estadounidense Barack Obama, que ha tenido que asumir la máxima instancia de mando prácticamente a regañadientes, afirmó desde Santiago de Chile que la primera fase de la operación había concluido satisfactoriamente al neutralizar las defensas antiaéreas y, con ello, habilitar una zona de exclusión para la aviación militar del gobierno.

Concluida esta fase, el mandatario norteamericano insiste en traspasar el mando de las operaciones a la plana mayor de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Los otros dos dirigentes que lideran la coalición contra Khaddafi, el presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron, después de una reticencia inicial que mostró las divergencias en el seno del mando aliado, habrían acordado mantener las riendas de la decisión política pero acceder a la iniciativa de Obama de dejar a la OTAN a cargo de la coordinación, según un comunicado del Elíseo.

En este sentido, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, anunció desde la sede de Bruselas que la organización ha acordado imponer un embargo de armas a Libia, y estudia la imposición de un cierre naval a lo largo de las costas del país norafricano.

Aún así, es discutible la posibilidad de que la Alianza Atlántica pueda ir más allá de acciones de apoyo a la zona de exclusión, dada la importante presencia de Turquía en su seno. El gobierno turco ya ha adelantado su oposición a incrementar las acciones consensuadas en la resolución de la ONU.

El otro componente asociado a la acción contra Khaddafi, la Liga Árabe, que volvió a ratificarle al secretario general Ban ki Moon, en El Cairo, su compromiso con las fuerzas aliadas para mantener la zona de exclusión aérea, también vería comprometido su apoyo si la OTAN queda a cargo del mando en la zona.

Las cancillerías de Brasil, Rusia y China, además, exigieron ayer un “alto el fuego inmediato”, y la apertura de negociaciones diplomáticas con el régimen de Trípoli.

El ministro de Defensa ruso, Anatoly Serdyukov, se reunió en Moscú con su par norteamericano, Robert Gates, ante quien protestó por las bajas civiles causadas por los bombardeos aliados.

Las muertes entre la población de las áreas bombardeadas no ha podido precisarse; fuentes británicas aseguran que los objetivos de los misiles lanzados desde aviones y buques próximos a la costa libia han sido exclusivamente instalaciones militares, pero desde la televisión oficial de Trípoli se ha difundido que al menos 90 personas han muerto, y más de 200 han resultado heridas como consecuencia del fuego occidental.

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Guerra sucia, negro petróleo

Guerra sucia, negro petróleo

Por Nelson Gustavo Specchia

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Durante dos días, en la luminosa París, las principales economías del mundo se reunieron, con la crisis política y humanitaria de Libia en el centro de sus agendas. De todas las opciones posibles, el Grupo de los Ocho eligió la peor de ellas: no hacer nada. No es la primera vez que las grandes potencias tienen en sus manos la ocasión de hacer realidad lo que pregonan, y la dejan pasar. La posibilidad de aunar el discurso de la solidaridad internacional con los pueblos oprimidos, la cooperación en el crecimiento de la libertad y en la profundización de la democracia, aunados a hechos concretos que demuestren que esos principios realmente configuran un embrión de comunidad internacional, en vez de ser una pantalla hueca que sólo sirve para adecentar la dura realidad del poder militar y los intereses económicos. Y también esta vez la dejaron pasar.

Los responsables de las políticas exteriores del Grupo de los Ocho (G-8), los cancilleres de los Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Canadá, Italia y Japón, no lograron consensuar ninguna medida para intervenir en el territorio libio, en apoyo a la insurgencia popular alzada contra la tiranía del coronel Muhammar el Khaddafi. A pesar de ciertas posturas que, en los primeros momentos de la revuelta, hicieron suponer que los rebeldes podrían llegar a tener el apoyo de alguno de los miembros del selecto club de los poderosos del mundo, el contundente contraataque del régimen libio para recuperar posiciones sobre el terreno ocupado, la obvia superioridad militar, el respaldo de millones de todas las monedas de curso legal acumulados por el coronel durante los 41 años que ocupa el poder en Trípoli, y un escenario de aumento de la demanda de recursos energéticos tras el colapso japonés, modificaron rápidamente aquellas primeras señales esperanzadoras.

La administración norteamericana de Barack Obama, que había planteado originalmente el cerco aéreo de una zona de exclusión para la aviación militar de Khaddafi, y que inclusive había llegado a reacomodar parte de su flota de guerra en el Mediterráneo para acercarla a las costas libias, retrocedió hacia una posición de claroscuros para evitar mayores definiciones. Tras los primeros discursos de Hillary Clinton, amenazando a Trípoli con fuertes sanciones o directamente con una intervención, se pasó a condicionar ésta al acuerdo con los socios europeos de la OTAN. Pero cuando el francés Nicolás Sarkozy –en conjunto con el premier británico David Cameron- se sumó a la hipótesis de cerrar el cielo libio a través del bombardeo de sus defensas antiaéreas, Hillary dijo que se requería para llegar a eso la anuencia de los demás Estados árabes.

Los largos e intrincados pasillos diplomáticos seguían cruzándose, pero aún así se logró, en un tiempo breve, que la Liga Árabe, reunida en El Cairo, separara al gobierno de Libia de su seno y diera su consentimiento para bloquear el espacio aéreo; una medida que colaboraría con la oposición rebelde, pero que fundamentalmente protegería a la población civil contra los estragos de los bombardeos de la aviación militar del régimen. Pero tampoco el consentimiento de la mayoría de los países árabes fue suficiente ya para la secretaria de Estado de Obama; la nueva postura era que la decisión surgiera del pleno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero mientas los laberintos diplomáticos se cruzaban y se enderezaban, el coronel no perdía ni un minuto, y ya había enviado mensajeros personales a El Cairo, para intentar quebrar la postura homogéneamente en su contra en el seno de la Liga Árabe; y otros emisarios a Bruselas, a hacer lobby en las diversas oficinas decisorias de la Unión Europea. Con la misma velocidad, había recibido en Trípoli a los embajadores de Rusia y de China. Todo el sistema informativo libio sigue cerrado a cal y canto desde que comenzó la insurrección rebelde, pero la cadena televisiva qatarí Al Jazeera publicó un trascendido que mostraba por dónde iría la estrategia del coronel: en las conversaciones con los embajadores, Khaddafi habría prometido a Rusia y a China sendos contratos de explotación petrolera en condiciones excepcionalmente ventajosas. Ambos países disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. O, como mínimo, si no utilizan el veto, al menos se abstendrán de apoyar el cierre del cielo libio.

A PASO CAMBIADO

Cada vez más distante y distraída, Hillary Clinton llegó a la reunión del G-8 en París, y antes de ir a las sesiones se reunió con el presidente Nicolás Sarkozy. El francés es el que ha quedado peor parado en el veloz cambio de actitud de las potencias en la crisis Libia. Se jugó a apoyar la insurrección, rompió relaciones con Khaddafi, reconoció al Consejo Nacional opositor como su interlocutor legítimo, y mandó un nuevo embajador a Bengasi para que lo represente ante los insurgentes. Después de la entrevista con Hillary, el duro rostro del inquilino del Elíseo se mostraba preocupado; y al término de la reunión de cancilleres, cuando ya se sabía que nadie haría nada, y las tropas del régimen ya cercaban la capital de los rebeldes, Sarkozy mandó que su fútil y breve embajada vuelva a París, antes de que Bengasi termine de caer en las manos del sátrapa libio nuevamente.

El resto, por supuesto, fueron declaraciones y grandes discursos, como siempre. Todos los cancilleres coincidieron en pedir a Khaddafi que respete las legítimas reivindicaciones y aspiraciones del pueblo libio. Palabras que el coronel, seguramente, habrá recibido con una sonrisa irónica en Trípoli.

IMPUNIDAD ASEGURADA

Porque las declaraciones del G-8 en París dejan claro que los grandes principios sostenidos como valores morales universales por los poderosos de la tierra tienen, al menos al día de hoy, ese límite objetivo: su enunciación discursiva, pero no necesariamente su consecución material.

Y los primeros en tomar nota de esta situación, además del propio Muhammar el Khaddafi, han sido las petrocracias del Golfo Pérsico, comenzando por el jefe de la casa reinante en Arabia Saudita, Abdallah bin Abdelaziz, y por el monarca del Estado insular de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa.

Porque la inacción de las potencias, además de dejar pasar otra oportunidad para hacer realidad lo que pregonan sobre la libertad y la apertura democrática, está fijando el nivel de represión que las autocracias árabes pueden seguir ejerciendo contra sus pueblos, sin correr el riesgo de que los grandes poderes del globo vayan a impedirlo.

Así, el alzamiento popular en Bahrein, que desde mediados de febrero ocupaba las calles y la céntrica Plaza de la Perla del pequeño país, en demanda de una apertura democrática concreta, con elecciones para la constitución de un Ejecutivo y la integración de un Parlamento (instancias a las que hasta hoy nominan de manera feudal los Al Khalifa), fue aplastado por las tropas de Arabia Saudita. Al ver el modo en que las principales potencias trataban a Khaddafi, el sunnita rey Abdallah puso manos a la obra y mandó su gente a reprimir a los chiítas de las islas bahreníes, no vaya a ser que el proceso democratizador avance en el país vecino, y que desde allí luego se trasladase a las costas del gran reino petrolero.

En todo caso, debe ser la obvia lectura de Abdallah y de los Al Khalifa, si a Khaddafi le han permitido machacar sin piedad a los opositores rebeldes, reprimiendo el alzamiento con todo el peso de su aviación y artillería, la impunidad de los países del Golfo, donde las reservas del negro petróleo son sustantivamente más vastas, está garantizada.

Si Khaddafi termina finalmente tomando Bengasi este fin de semana, y desencadenando la persecución y represión sobre los civiles rebeldes que se vaticina, el idealismo diplomático europeo y los bellos discursos internacionales del gobierno demócrata estadounidense, habrán sufrido una profunda herida de credibilidad. Un descenso muy difícil de remontar.

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Khaddafi amenaza con sangre (03 03 11)

La OTAN evalúa cerrar el espacio aéreo libio para proteger a civiles

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El cuestionado líder libio Muhammar el Khaddafi volvió a aparecer en público ayer, y utilizó las cadenas de comunicación que aún controla para advertir sobre las consecuencias de una intervención de fuerzas militares extranjeras.

Con la reubicación de parte de la flota estadounidense frente a las costas de Trípoli, y las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que en Ginebra afirmó que el gobierno del presidente Barack Obama no descarta “ninguna acción” directa para intervenir en la crisis del país norafricano, el discurso de Khaddafi en la víspera fue leído como una respuesta a la posibilidad de una injerencia militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde confluyen los efectivos norteamericanos y sus aliados de la Unión Europea (UE).

En este sentido, y teniendo presente las recientes sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y la creciente presión internacional, el mandatario afirmó que una acción militar directa se respondería con una “guerra sangrienta”, en la que “miles de personas morirán” si la OTAN acude finalmente en ayuda de la insurrección que ha alzado a una parte del país en reclamo del fin del régimen.

Además de estos mensajes hacia el exterior, en esta nueva aparición pública, la tercera desde que comenzó la insurrección, el coronel Khaddafi alentó a sus partidarios a sumarse a la defensa nacional, sosteniendo que “vamos a luchar hasta el último hombre y la última mujer, hasta la última gota de sangre contra el terrorismo en Libia, pulgada a pulgada”, y realizó claras advertencias internas, al sostener que cualquier libio que abra la puerta o acepte asistencia humanitaria extranjera será acusado y condenado por “alta traición”.

El discurso del dirigente coincidió con una contraofensiva de las fuerzas armadas que le siguen siendo fieles, hacia la mitad oriental del país, donde los alzados se han hecho fuertes.

La cadena televisiva qatarí Al Jazeera informó de sucesivos ataques sobre las posiciones tomadas por los rebeldes, y la respuesta de éstos. Los rebeldes habrían logrado en las últimas horas repeler el intento del gobierno de volver a controlar las ciudades del este, donde se acumulan los principales pozos petroleros y los oleoductos hacia la costa mediterránea. Según los reportes filtrados a la prensa internacional, durante la madrugada de ayer los efectivos militares leales a Khaddafi, junto a los cuerpos de mercenarios contratados en los países subsaharianos, lanzaron un contundente ataque sobre la ciudad de Brega, uno de los más importante enclaves petrolíferos, a 800 kilómetros al este de Trípoli. Sin embargo, los rebeldes, que desde esta semana están coordinados militarmente por un Consejo creado a tal efecto, lograron contestar el ataque –que incluyó artillería pesada y bombardeos de la aviación- y mantener el control de la ciudad.

Al tiempo de mostrar la paridad de fuerzas entre ambos sectores, y la importante porción de militares profesionales que se cuentan entre los alzados, la batalla de Brega constituyó una fuerte señal hacia todos los rebeldes al mostrar que una victoria sobre las fuerzas regulares del régimen es posible.

En este sentido, el Consejo Nacional –la organización creada por los insurrectos en Bengasi- ha comenzado a apelar a la ayuda militar internacional, sin la cual la guerra entre ambos bandos podría enquistarse durante largos períodos, dada la paridad de fuerzas.

Sin embargo, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, advirtió ayer que crear una zona de exclusión aérea sobre Libia requeriría bombardear posiciones antiaéreas, lo que supondría una declaración formal de guerra a Khaddafi, algo que aún no está decidido en Washington.

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