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Crecen los cachorros de la DEA (27 12 10)

VINCULAN A LA AGENCIA ANTIDROGRA CON LA INTELIGENCIA NORTEAMERICANA

La red de control de los agentes antinarcóticos invade las áreas políticas

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Un exhaustivo informe publicado por el influyente diario The New York Times pone de manifiesto que las actividades de espionaje exterior desarrolladas por la Administración estadounidense ya no se apoyan tanto en la tradicional CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés), sino que en los últimos años ésta ha ido cediendo espacios a la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas, por sus siglas en inglés).

Este corrimiento de funciones y estrategias puede haber obedecido a tres factores principales: la DEA dispone de tecnología de punta para la obtención secreta de datos, pero como su objetivo –la lucha contra el narcotráfico- es compartido por la mayoría de los gobiernos, su inserción en los sistemas legales y policiales de los diversos países puede realizarse públicamente y con el consentimiento de los gobiernos locales (a diferencia de la CIA, que debe mantener en secreto, y en la práctica ilegalidad, sus acciones de espionaje).

Además, la tecnología utilizada por la agencia antidrogas para perseguir a los carteles y al narcotráfico, también pueden resultar útiles para los objetivos políticos y sociales de los gobiernos con los que trabaja.

Pero estas características, además de haber alimentado el crecimiento interno de la DEA en el polifacético y expandido escenario de las reparticiones norteamericanas dedicadas a la seguridad y la defensa, especialmente desde el 11 de septiembre de 2001 y la declaración de “guerra al terrorismo”, también han despertado la ambición de los políticos y gobernantes locales, que han visto en sus herramientas (de manera especial su sistema de escuchas telefónicas, “Matador”) la posibilidad de obtener información para otros fines, más allá del campo específico de la lucha contra el narcotráfico.

Esto es lo que desprenden los periodistas Ginger Thompson y Scott Shane, del The New York Times, de los cables enviados por las oficinas de la DEA a la central en Washington, y que se han revelado en los paquetes difundidos por la web WikiLeaks en las últimas semanas.

En esta documentación oficial puede verse cómo la red de escuchas telefónicas desarrollada por el “Matador” es tan extendida, que incluso recibe demandas de políticos extranjeros que quieren usarla en contra de sus adversarios, e inclusive objetivos personales.

Además, el volumen del narcotráfico ha crecido tan fuertemente en los últimos años, que muchas organizaciones de la droga son mini-Estados en sí mismos, cuya riqueza y violencia les permiten llevarse por delante a los gobiernos. La DEA, creada en 1973, tiene ya 87 oficinas en 63 países.

FAVORES GUBERNAMENTALES

El hecho de que la DEA, dada la ubicuidad del crimen del narcotráfico, trabaje en estrecha colaboración con gobiernos, tanto los aliados de EE.UU. como los menos cercanos, como Venezuela y Nicaragua, ha terminado por contaminar la índole de sus actividades.

Por ejemplo, en Asunción el gobierno de Fernando Lugo solicitó a la DEA que lo ayudara a espiar al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), una organización de izquierda sospechada de mantener vínculos con las FARC de Colombia.

En Panamá, por su parte, el presidente conservador Ricardo Martinelli les exigió que le permitieran el uso del “Matador” para espiar a sus enemigos políticos.

Que los documentos filtrados por WikiLeaks sólo correspondan a una parte –y de ninguna manera la más importante- de la información clasificada del Departamento de Estado, permite proyectar la creciente importancia de la oficina antidrogas estadounidense en la política interna de los Estados.

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Chismoleaks (02 12 10)

WIKILEAKS CONTINUA LA DIFUSIÓN DE “CHISMES” INTERNACIONALES

La filtración, de menor importancia política, sigue movilizando a la prensa

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A pesar de haber decaído mucho la expectativa generada por la difusión de documentos secretos norteamericanos por parte del portal web Wikileaks, en concertación con seis de los principales medios de comunicación escrita del mundo, las nuevas revelaciones que, con cuentagotas, se conocen a diario siguen movilizando a la prensa internacional.

Luego de algunas evaluaciones serias sobre el material filtrado, los especialistas en política exterior comenzaron a relativizar el real impacto que podría tener en las relaciones entre los Estados Unidos y el resto del mundo.

En definitiva, y más allá de algunas afirmaciones polémicas sobre características y manías personales de algunos líderes, los papeles no pasan de ser comunicaciones de rutina de cualquier servicio exterior.

Aún así, y a pesar de que ya sea evidente que el promocionado punto de inflexión en la política internacional tras la filtración está lejos de producirse, algunas comunicaciones siguen provocando controversias.

Aunque previamente el presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, había descartado la importancia de las revelaciones, ayer se divulgaron cables que probarían que el gobierno de Obama no ve con buenos ojos el rearme de las fuerzas armadas de Brasil.

Afectando la credibilidad de otro de los aliados de Washington, los cables muestran cómo los británicos decidieron interferir en la investigación oficial sobre la guerra de Irak, a los efectos de proteger los intereses norteamericanos; esto prueba que el ex ministro laborista, Gordon Brown, falseó su testimonio al asegurar que las investigaciones serían “completamente independientes del gobierno, y tendrían un alcance sin precedentes”.

La Administración Obama, por su parte, volvió a ratificar ayer el rumbo de su política exterior y la condena a la filtración de los documentos de su diplomacia.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, se reunió en la víspera con algunos de los líderes mundiales descriptos desfavorablemente en los cables, y aseguró que las revelaciones de “ninguna manera” tendrán un efecto adverso en los vínculos entre Estados Unidos y sus aliados.

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Wiki, no eras para tanto (01 12 10)

EL ESCÁNDALO WIKILEAKS DEFRAUDA LAS ALTAS EXPECTATIVAS GENERADAS

Se relativiza la importancia de la filtración de información clasificada

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Luego del shock mediático que implicó el anuncio de la divulgación de documentos secretos norteamericanos, las primeras evaluaciones sobre el contenido del material han relativizado el impacto que los mismos podrían tener sobre los rumbos de la política internacional y de las relaciones de la potencia americana con sus principales socios.

La noticia de la mayor revelación de documentos clasificados de la historia fue presentada, por los diarios escogidos para divulgarla, como un punto de inflexión en la política exterior de los Estados Unidos.

Sin embargo, y más allá de la obvia espectacularidad de algunas afirmaciones polémicas contenidas en los documentos, un análisis más profundo permite comprobar que se trata de comunicaciones regulares entre personal de segunda línea del servicio diplomático estadounidense, que de una manera informal expresa opiniones personales y recoge posturas y comentarios de los medios políticos y periodísticos de los países donde las misiones consulares se asientan, pero que no comprometen –al menos en lo divulgado hasta la víspera- ningún punto realmente vital para los equilibrios globales ni para las relaciones bilaterales de la Casa Blanca.

El shock mediático pudo darse, además, por la divulgación a un nivel masivo, pero no podría afirmarse que en los documentos conocidos hubiera sorpresas para los funcionarios o analistas de la política internacional.

Por otra parte, el intercambio de cables entre el Departamento de Estado norteamericano y sus diplomáticos, según se desprende de los documentos difundidos por la ONG pro trasparencia en Internet, Wikileaks, no es diferente al que usualmente mantiene cualquier gobierno con sus cuerpos diplomáticos en el extranjero.

Ayer, los periódicos que se encuentran en posesión de la información filtrada, el diario madrileño El País entre ellos, seguían prometiendo jugosas revelaciones políticas para los próximos días.

Y el portal que dirige el australiano Julian Assange, que en el pasado difundió información secreta sobre prácticas militares norteamericanas en Irak y Afganistán, aseguró que a inicios del año próximo aparecerán nuevas revelaciones documentales, esta vez sobre transacciones y prácticas bancarias de las grandes firmas multinacionales durante la última crisis económica.

Es posible que el anunciado “escándalo” de los documentos secretos termine impactando en mayores controles sobre la información diplomática, e inclusive que tenga efectos restrictivos sobre las redes sociales, pero está lejos de constituir un nuevo “Watergate”, la filtración informativa que terminó con el gobierno del presidente Richard Nixon en los años setenta.

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Hillary: Gestión de daños y perjuicios (30 11 10)

El escándalo del “cablegate”

LA DIPLOMACIA NORTEAMERICANA INTENTA DISMINUIR LOS DAÑOS POLÍTICOS
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Tras el vendaval político que significó el inicio de la difusión de más de 205.000 documentos secretos norteamericanos, todo el cuerpo diplomático de la potencia continental, con la secretaria Hillary Clinton al frente, se ha abocado durante las últimas horas a atemperar los posibles daños políticos en las relaciones bilaterales, especialmente con los países aliados.

La noticia de la mayor revelación de documentos clasificados de la historia copó los titulares de la prensa de todo el mundo, y los periódicos escogidos por la web Wikileaks, que alienta la transparencia informativa a través de Internet, anotaron récords de visitas.

El diario madrileño El País fue el encargado de difundir los documentos en castellano, junto a otros medios principales en inglés, francés y alemán. El matutino The New York Times declaró que “editaría” la información contenida en los documentos secretos, de forma tal que los datos que se difundieran no pusieran en riesgo a personas, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

El País anunció que respetaría el criterio del diario neoyorquino, aunque cada medio tiene sus propias pautas, y con ello crece la expectativa de las revelaciones que se seguirán produciendo en los próximos días.

El corresponsal de El País en Nueva York, Antonio Caño, anunció por la red Twitter que en los próximos días se publicarán documentos relativos a la Argentina, tanto actuales, donde el gobierno norteamericano requirió de sus agentes consulares datos sobre la presidenta Cristina Fernández, como históricos, donde se revela información clasificada de los roles que jugaron diplomáticos durante eventos centrales de la política nacional, como la guerra de Malvinas.

El presidente Barack Obama no ha hecho declaraciones públicas sobre el escándalo, aunque el portavoz presidencial anunció que el jefe de la Casa Blanca está “disgustado, cuando menos” por la relevancia que adquirió el tema.

Hillary Clinton, asumiendo la voz oficial de la Administración, volvió a condenar frente a la prensa las filtraciones, y sostuvo que “estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo”.

Los efectos del huracán mediático no se limitan a la política exterior, sino que están alcanzando las relaciones de fuerza al interior del gobierno demócrata, que acaba de sufrir un serio revés en las elecciones legislativas de mediados de mandato.

El diputado republicano Peter King, que integra el Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes, pidió que la web Wikileaks, responsable de la difusión de los documentos secretos, sea calificada como una “organización terrorista”.

VERSION OFICIAL DE EE.UU.

El contenido de los documentos hasta ahora ventilados tras la filtración de la diplomacia secreta estadounidense no implican una práctica inusual en los servicios exteriores: todos los diplomáticos envían a sus países opiniones y datos que consideran relevantes para la toma de decisiones en política internacional.

Pero, por una cuestión de imagen, este cruce de informaciones no puede tomar estado público, porque el daño simbólico que causan es enorme, como el que está padeciendo en estos momentos la Administración norteamericana.

El gobierno de Barack Obama ha decidido apoyarse en una línea estratégica: afirmar que sus diplomáticos “no son espías”. “Nuestros diplomáticos saben exactamente lo que son: diplomáticos”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

Pero aunque se admita que estas comunicaciones son usuales en el trabajo de un cuerpo diplomático, el efecto sobre las relaciones bilaterales entre la potencia americana y sus socios en el mundo podrían ser muy negativos, y duraderos.

PUNTOS ÁLGIDOS

En el volumen de la información que los periódicos van suministrando en cuotas medidas, resaltan opiniones controvertidas sobre los líderes del mundo.

Pero junto con este material polémico, aparece la valoración que hace el gobierno de los Estados Unidos de sus aliados internacionales en cuestiones altamente sensibles, y una agenda de prioridades que no siempre coincide con la manifestada públicamente por la Casa Blanca.

Entre estos elementos, de mayor peso específico para la relación de la potencia hegemónica en el concierto global, se conocieron planes de un ataque aéreo contra Irán, así como la orden de la secretaría de Estado de espiar a la conducción de la ONU.

Las relaciones con China, los lazos del gobierno ruso con las mafias, la crítica a los militares británicos en Pakistán, y detalles de las actividades clandestinas de la inteligencia norteamericana para combatir a Al Qaeda, configuran hasta ahora los principales puntos álgidos.

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Palabra de espía (29 11 10)

LA MAYOR FILTRACIÓN DE SECRETOS PONE EN APRIETOS A WASHINGTON

El gobierno estadounidense ordenó espiar a los líderes políticos y a la ONU

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Finalmente, los esfuerzos de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, fueron insuficientes para parar la mayor filtración de secretos de Estado de la Administración estadounidense por parte del portal Wikileaks, que brega por la transparencia informativa utilizando el escaparate global de Internet.

Con una filtración que necesariamente ha de tener un origen interno, en alguno de los vericuetos de la inmensa burocracia de los servicios secretos de los Estados Unidos, los documentos secretos de la diplomacia norteamericana llegaron a la ONG comandada por Julian Assange, y ayer comenzaron a tomar estado público mediante el envío a diversos medios de una primera remesa de los cerca de 250.000 documentos que se espera difundir.

En castellano se conocieron a través del diario madrileño El País, que le dedicó el grueso de su edición electrónica, con una portada de actualización permanente. Esta actualización del diario español fue crucial durante toda la jornada de ayer, ya que el servidor de la web Wikileaks, según ésta denunció a través de la red Twitter, sufrió un ataque masivo a pocas horas de comenzar a difundir los documentos, en un último intento de frenar la filtración de los papeles del gobierno de Estados Unidos.

Junto a El País, un medio de comunicación de enorme predicamento en hispanoamérica, también difundieron el contenido de los cables secretos el diario británico The Guardian, el francés Le Monde y la revista alemana Der Spiegel. Dentro del territorio estadounidense, el medio elegido por Wikileaks para difundir la primicia de los documentos secretos –como ya lo había hecho con información clasificada referida a la guerra de Irak- fue The New York Times.

La ONG por la transparencia se ha ganado el respeto de los grandes medios de comunicación, por someter a un riguroso contraste sus fuentes, que le da una alta credibilidad al material que decide difundir.

Por eso mismo la publicación de este tipo de documentos, que muestran datos obtenidos por funcionario políticos sin autorización oficial, pueden tener “consecuencias graves”, según admitió el propio Assange.

La secretaria Clinton, sin embargo, decidió remarcar la “vulnerabilidad” en que la difusión de la información clasificada deja a “docenas de personas”, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

Clinton telefoneaba anoche a los gobiernos de los países más importante afectados por esta fuga de información, entre otros los de China, Alemania, Francia y Arabia Saudí, para alertarles de lo sucedido y ofrecer la versión oficial de su Administración.

Aunque a juzgar por el tenor de algunas afirmaciones contenidas en los documentos, el departamento de Estado norteamericano deberá realizar un ingente esfuerzo para justificarlas.

AFIRMACIONES COMPROMETEDORAS

En el intento de frenar una escalada informativa que ya tiene carácter de escándalo, Washington emitió un comunicado donde condena la filtración socializada por la web Wikileaks.

El Pentágono, además, afirmó que debe detenerse la divulgación ya que los documentos han sido “ilegalmente obtenidos”, aunque no considera el hecho de que también ha sido ilegal la manera en que los agentes norteamericanos se hicieron con la información.

En ella se leen afirmaciones sumamente comprometedoras, no solamente de dirigentes opuestos a Washington, sino de algunos de los líderes más afines con la Casa Blanca. Las “salvajes” fiestas sexuales de Berlusconi, el machismo autoritario de Putin, la hipocondría de Gadafi, o la poca imaginación de Ángela Merkel, se mezclan con pruebas de la participación de la CIA en los intentos de aislamiento de Chávez y en el golpe contra Manuel Zelaya.

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Explosiva filtración de datos de espías (27 07 10)

EXPLOSIVA FILTRACIÓN DE DATOS SECRETOS SOBRE LA GUERRA AFGANA

Crudas revelaciones sobre los servicios de inteligencia en el conflicto con los talibán

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Una masiva filtración de comunicaciones entre mandos militares y espías ha dado un nuevo giro a la guerra que Washington sostiene con los fundamentalistas afganos, a quienes relaciona con Al Qaeda. Los documentos clasificados descubren brutales impactos en civiles y el escaso apoyo que los habitantes dan a los invasores.

Aún más, revelan la cooperación que los agentes secretos militares del vecino Pakistán mantendrían con los talibanes, étnica y religiosamente próximos.

La masiva filtración de documentos –cerca de 91.000 informes militares secretos- fueron enviados a tres medios líderes de la prensa escrita, en Nueva York, Londres y Berlín, y puestos a disposición por el sitio web Wikileaks, una página de internet que promueve la transparencia. Tanto The New York Times, como el londinense The Guardian, y la revista alemana Der Spiegel, recogieron la información como auténtica y le brindaron una amplia cobertura.

Dado el impacto mediático, el gobierno norteamericano no pudo desconocer la autenticidad de los documentos, aunque se apresuró a condenar su difusión aduciendo que la información contenida en ellos aumenta el riesgo de las tropas involucradas en la guerra.

Este extremo fue descartado por los británicos, principales aliados de los americanos en Afganistán: el canciller del Reino Unido, William Hague, negó que los documentos secretos publicados pongan en peligro a las tropas. En cambio, la información revelada puede impactar gravemente en el respaldo internacional a la acción bélica de los aliados, ya que muestra que para la propia inteligencia norteamericana el conflicto es un fracaso.

Además, que los servicios secretos paquistaníes apoyan a los talibames al tiempo que reciben más de mil millones de dólares anuales para combatirlos; y que los costos para la población civil son de una envergadura muy superior a la admitida hasta hoy por Washington.

Esta faceta es la que ocupa mayor espacio en los medios que difundieron la filtración. El londinense The Guardian tituló que los documentos revelan “la verdad de la ocupación”, y afirma que “cientos de civiles fueron asesinados por las tropas de la coalición”, al tiempo que acusa a los Estados Unidos de “esconder las pruebas”.

Las Naciones Unidas (ONU) computan en 2.412 los civiles muertos en Afganistán en 2009, y organizaciones humanitarias cifran en 1.074 las víctimas en el primer semestre de este año.

Las muertes de civiles causadas por las tropas internacionales son motivo de gran fricción con el gobierno provisional afgano de Hamid Karzai, que ayer volvió a acusar a la OTAN de “asesinar a 52 civiles inocentes” mediante un misil que estalló en el poblado de Rigi, en el sur de Afganistán.

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ADIOS JAMES BOND, ADIOS

En la era de la información, James Bond es un anacronismo.

La guerra afgana, un pantano de arena donde Occidente está entrampado hace una década, y que ha insumido el presupuesto militar más voluminoso de la historia (sólo superado por la segunda guerra mundial), ha venido a confirmarlo.

La mayor filtración de datos secretos nunca vista ocurre al mismo tiempo que se difunde la esquizofrénica multiplicación de agencias de seguridad dentro de los Estados Unidos: de cada 400 norteamericanos, uno es un espía.

Pero en la era de internet, cuando todo es comunicación y todos estamos hiperconectados, mantener un secreto se hace cada vez más difícil.

Las estrategias militares están a la vista del público consumidor: o las trasmite CNN en directo, o Wikileaks las encuentra y se las muestra a todo el mundo. Los agentes secretos, como los dinosaurios, se convertirán en palomas. Y en gallinas.

N. G. S.

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The Washington Post: “nadie sabe cuántos espías hay” (21 07 10)

Estados Unidos

LA PRENSA NORTEAMERICANA DESTAPA EL TEMA DE LA SEGURIDAD INTERNA

Inmensas repercusiones políticas del informe sobre los servicios secretos

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El influyente diario estadounidense The Washington Post lo volvió a hacer, como en 1979 -cuando una investigación surgida de su sala de redacción se convirtió en el caso “Watergate” y le costó la renuncia al presidente Richard Nixon- una nueva revelación esta semana ha conmocionado la vida política.

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Luego de reunir datos durante dos años, el diario concluye que la multiplicación de los servicios de seguridad ha terminado escapando al propio control oficial, al punto que hoy “nadie sabe bien cuántos son, para qué sirven, cuánto cuestan ni qué hacen”.

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El informe es lapidario, especialmente cuando se cruza con los datos económicos sobre el presunto coste de esta superposición de reparticiones secretas en un momento de pico de crisis económica y, aún más inaudito, cuando se hace evidente que el crecimiento exponencial de agentes secretos desde 2001 no ha se ha traducido en un aumento efectivo de la seguridad interna de los Estados Unidos.

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Inmediatamente el informe presentado por el “Post” ha provocado diversas reacciones en todo el arco político nacional, y ha sido citado por los principales medios de comunicación del mundo.

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En la víspera, además, se hizo público un informe parlamentario, donde el Congreso de los Estados Unidos admite que la “guerra contra el terrorismo” –declarada por el presidente republicano George W. Bush y que ha permanecido sin cambios desde entonces- le va costando a los contribuyentes 1.15 billones de dólares, convirtiéndose en la intervención norteamericana más cara de su historia, sólo superada por los costos de la Segunda Guerra Mundial.

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En este marco, la investigación del gran diario independiente logra traducir la sensación de descontrol que el miedo gubernamental ha provocado en la estrategia de defensa interior.

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Los Estados Unidos, a pesar de haber intervenido en prácticamente todos los conflictos bélicos importantes en la segunda mitad del siglo XX, nunca habían sido atacados en su propio territorio continental hasta los atentados de 2001, y la reacción frente a esta novedad puede estar en el anarco crecimiento de dependencias secretas, que han venido a sumarse y solaparse a la tradicional Agencia Nacional de Inteligencia (CIA, por sus siglas en Inglés), con sede en Langley, sin que se sepa siquiera de quién dependen.

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Hoy, según el reporte difundido, de cada 400 ciudadanos estadounidenses uno es un agente secreto. Más allá de la dudosa eficacia de esta proliferación, como quedó en evidencia por los errores ante el intento de hacer estallar un avión a fines del año pasado (que falló por culpa del terrorista pero no por los controles de seguridad), lo que en realidad se evidencia es que el gobierno ha logrado trasmitir hacia la sociedad un sentimiento de “obsesión” con el tema, se afirma en las conclusiones de la investigación.

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Según el diario, hoy existirían 1271 oficinas oficiales encargadas de luchar contra el terrorismo, a las que se suman otras 1931 oficinas privadas. Aún están por verse las consecuencias de tamaña revelación.

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