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Berlusconi ahogado por una catarata de votos (13 06 11)

 Catarata de votos en contra

Contundente victoria de la oposición en el plebiscito italiano. Silvio Berlusconi admitió la derrota en la consulta nuclear aún antes de que cerrara la jornada electoral. El castigo de las urnas se suma a la debacle en las municipales, y anuncia un fin de ciclo de la derecha en el gobierno.     

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ROMA.- El primer ministro conservador italiano, Silvio Berlusconi, maniobró ante la justicia para tratar de impedir, hasta último momento, la celebración de la consulta plebiscitaria convocada por el partido opositor de Italia de los Valores, porque intuía que los resultados implicarían un nuevo voto de censura contra su Administración, que transita por una crisis en varios frentes.

Sin embargo, ni siquiera los analistas políticos cercanos al izquierdista Partido Democrático habían previsto una contundencia como la que teminaron registrando los resultados de la consulta, desarrollada en la península durante el domingo y lunes pasados, y por los italianos en el extranjero por vía postal la semana anterior.

El plebiscito planteó cuatro preguntas a la ciudadanía, acerca de la políca nuclear, la privatización de recursos hídricos, y la posibilidad extraordinaria de inmunidad penal para el presidente de Consejo de Ministros.

El padrón de votantes se integraba por más de 47 millones de italianos, y para que su resultado sea vinculante y obligue a la anulación de las leyes ya aprobadas por el Parlamento, requería un porcentaje de la mitad de ese padrón, más un voto. Por ello las asociaciones de ecologistas y ambientalistas, muy comprometidas con la cuestión nuclear, movilizaron porciones del electorado tradicionalmente reacias a asistir a las mesas de votación, y las dos jornadas plebiscitarias terminaron registrando un record de asistentes, un 57 por ciento, un número de votantes que no se alcanzaba desde 1995 y que, por cierto, supera el quorum requerido de la mitad de las listas de empadronados.

Y más del 95 por ciento de los electores se manifestaron a favor de derogar las cuatro leyes sobre las que versaba el plebiscito.

Después de su fracaso en el intento de frenar la consulta en los tribunales, el primer ministro intentó quitarle protagonismo; anunció que él no iría a votar, y lo mismo hizo su principal aliado, Umberto Bossi, líder de la secesionista Liga Norte padana. La presión de ambos dirigentes influyó en los sectores de derecha, pero el tema nuclear, uno de los puntos centrales del plebiscito, se ha mostrado como transversal a las posiciones ideológicas.

Italia ya rechazó, en un referéndum similar a este, la instalación de centrales atómicas en 1987, tras el accidente de la central ucraniana de Chernobil; pero a principios de este año Berlusconi volvió a poner el tema en agenda, y anunció que su gobierno impulsaría la energía nuclear.

Con el desastre japonés de Fukushima, dañada por el tsunami de marzo pasado, el gobierno emitió un decreto suspendiendo el programa de reinstalación de centrales atómicas por dos años, pero no logró detener la masiva participación popular en la consulta finalizada ayer.

A media tarde, antes aún de que cerraran los colegios electorales, Berlusconi –que estaba acompañado por el premier israelí, Benjamín Netanyahu, de visita en Italia- admitió que el resultado seguramente sería adverso, y sostuvo que la voluntad ciudadana “no puede ser ignorada”, en lo que fue considerado como un adelanto de la decisión de abandonar el plan nuclear italiano.

El contexto europeo, además, acompaña esta decisión popular. Italia es el único país grande de Europa que no dispone de usinas atómicas, y Alemania, que posee 17 reactores, anunció la semana pasada que los apagará todos en forma definitiva antes de 2022.

Un paso hacia la normalidad

Más allá de las lecturas optimistas realizadas por la izquierda italiana al calor de los resultados del plebiscito, la contundencia de los resultados parecen mostrar el hastío de los italianos por un tiempo político que, a pesar de su larga extensión de más de una década, siempre se ha presentado como excepcional.

Las leyes sancionadas “a medida” del premier, los escándalos sexuales, los juicios por abuso de autoridad, el tráfico descarado de influencias, las posturas antieuropeas respecto del Espacio Schengen, el trato a las minorías –como los gitanos y los inmigrantes norafricanos-, las relaciones con la mafia de la basura en Nápoles, el maltrato misógino y sexista a las mujeres, y la corruptela generalizada en los negocios con el gobierno, han terminado por hartar a una ciudadanía ávida de mayores grados de normalidad institucional.

Eso explicaría una inédita participación del 55,8 por ciento, y la abrumadora mayoría de más del 95 por ciento de votos por el “sí”, que se convirtieron en un enorme “no” a la persona y al partido de Silvio Berlusconi.

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Berlusconi con (menos) inmunidad (13 01 11)

Nuevo revés judicial en Italia para el premier Silvio Berlusconi

El enfrentamiento con los jueces recorta la inmunidad del primer ministro

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ROMA.- El Tribunal Constitucional, la máxima instancia judicial italiana, emitió ayer un fallo en el que decreta la invalidez parcial de una ley que daba inmunidad procesal al primer ministro conservador Silvio Berlusconi.

El decreto en cuestión, impulsado por el ministro de Justicia de Berlusconi, Angelino Alfano, es conocido como “legítimo impedimento” y fue sancionado a la medida del jefe del Ejecutivo, apelando a la mayoría que entonces gozaba en ambas cámaras del Parlamento, antes de la ruptura con su socio de gobierno, Gianfranco Fini.

Desde la aprobación del polémico decreto, Berlusconi ha logrado frenar en los tribunales tres importantes juicios por corrupción, los denominados “caso Mills”, por corrupción de acto judicial; y “Mediaset” y “Mediatrade” por fraude fiscal, impulsados todos por la Fiscalía de Milán. Tras la decisión del Tribunal Constitucional de la víspera, estos juicios ahora congelados podrían reactivarse.

El miércoles, cuando los titulares de la prensa anticipaban la segura publicación del fallo, Berlusconi afirmó desde Alemania, donde se encontraba de visita oficial, que la judicatura italiana “tiene un pacto” con los sectores de izquierda, y “hace oposición política” al gobierno, en lo que llamó la “patología de los jueces”.

Las declaraciones de Berlín constituyen un capítulo más del largo enfrentamiento que tiene con el Poder Judicial desde que ocupa la primera plana de la política italiana. Otras versiones de esta misma queja contra los tribunales por parte de los políticos se conocieron en las últimas semanas, a través de la divulgación de los documentos del Departamento de Estado norteamericano, filtrados por la web WikiLeaks.

En los cables diplomáticos estadounidenses, además de la versión de Berlusconi y su gente, también se divulgaron quejas de políticos de la oposición de centroizquierda, que habrían sostenido que los jueces intervienen con sus fallos en los rumbos políticos del Estado, según las informaciones elevadas por los cónsules norteamericanos a Washington.

En rigor, el decreto del Tribunal Constitucional, amparándose en la premisa de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, rechaza sólo un artículo del decreto de “legítimo impedimento”, el que obligaba a los jueces a postergar seis meses los juicios contra el premier o sus ministros, a solicitud de estos y por el lapso de tiempo que ocupen sus cargos en el Poder Ejecutivo.

En su lugar, la máxima instancia judicial deja en libertad a los propios jueces, quienes tendrán a su cargo decidir si prosiguen los juicios o los postergan. El fallo, de esta manera, deja abierta la posibilidad para que la inmunidad de Berlusconi se mantenga, si logra convencer al juzgado respectivo que congele las demandas contra su persona.

Diversos análisis europeos sostienen que de esta manera, al ampliar el rango de discrecionalidad, se agrega un aliciente más a las poco transparentes relaciones entre los funcionarios políticos y los magistrados en Italia.

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El “fénix” Berlusconi (24 12 10)

El “fénix” Berlusconi

por Nelson Gustavo Specchia

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El griego Heródoto recogió una tradición oral –seguramente egipcia- que luego, por las crónicas latinas de Plinio el Viejo, Ovidio y Séneca, ha llegado hasta nosotros: la de ese ave, de plumaje rojizo o anaranjado, que cuando está a punto de cumplir su ciclo vital se consume entre las llamas, y después, desde esas mismas cenizas, resurge y alza vuelo. En las culturas orientales, el mito del ave Fénix simbolizaba el renacimiento, el Nilo que volvía a prodigar los sembradíos, la primavera. A Occidente pasaron algunas versiones menos bucólicas, que acentúan la obstinación y los intentos de permanecer más allá de la natural decadencia y finitud de las cosas, los plazos, y los períodos de cualquier tipo.

La política italiana, y su estrella protagónica, el primer ministro Silvio Berlusconi, han ofrecido en este año que termina una versión remozada del Fénix obstinado. Todos los elementos han confluido para señalar el ocaso de un tiempo y la necesidad de un cambio en el estado de las cosas. Sin embargo, a pesar de ello, una y otra vez el político al que propios y extraños denominan, significativamente, “Il Cavaliere”, vuelve desde sus cenizas y se mantiene en vuelo, planeando sobre las críticas, los escándalos, las movilizaciones multitudinarias, las recomposiciones partidarias, la huida de sus antiguos aliados, la censura de la jerarquía eclesiástica, el desbande moral de su entorno, los millonarios juicios de divorcio, las admoniciones del Presidente de la República, los estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, las revelaciones de WikiLeaks que ventilan negociados con Vladimir Putin, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales, las fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años. Y, en general, el estupor internacional frente a ese “César de carnaval” (como cuentan que decía Hitler del Duce), conservador y cortado a la moda neoliberal.

HILOS DE ALAMBRE

¿Qué sostiene a Silvio Berlusconi, tras una década y media en el ojo de tormenta, al frente de la política peninsular? Sería simplista quitarle méritos propios: el premier entendió la política como una extensión lógica de su larga trayectoria empresarial en los medios de comunicación, y construyó metódicamente su personaje, durante años, en ese sentido. Pero dos elementos externos a su persona vinieron a servirle como marco propicio para que se convierta en el hombre fuerte de la política italiana: el propio modelo italiano, caracterizado por una atomización en pequeñas y múltiples agrupaciones; y la extrema debilidad institucional. En un sistema con esas características, la capacidad de maniobra de un gerente hábil, sin anclas ideológicas de peso y con un imperio de medios de comunicación a su absoluto arbitrio, encuentra un terreno fértil para la formación de mayorías coyunturales capaces de alcanzar el Ejecutivo y mantenerse en él.

El otro elemento externo que ha contribuido enormemente a sostener a Berlusconi a pesar de todos los indicadores en contra, ha sido sin duda el rol de la oposición de izquierda, que ha perdido sistemáticamente una oportunidad tras otra para ofrecerse a la sociedad civil como una alternativa creíble a los manejos gerenciales de “Il Cavaliere”. Hasta los años ochenta del siglo XX, el Partido Comunista Italiano (PCI) era la formación marxista más grande del mundo fuera de la Unión Soviética, y los socialdemócratas del Partido Socialista (PSI) apenas le iban a la zaga. Esa izquierda estructural, fuerte y ordenada, tenía enfrente a una centroderecha de equivalente peso específico, la Democracia Cristiana (DC) fundada por Alcide de Gasperi en 1942, y que ejerció el gobierno durante casi toda la segunda mitad del siglo.

Pero este sistema, que a la manera moderna y occidental se orientaba hacia el afianzamiento de un bipartidismo estructural, con claras opciones democráticas a ambos lados del arco ideológico, se quebró hacia fines del siglo pasado, por cuestiones externas y por crisis internas. El largo ejercicio del poder de los demócrata cristianos los acercaron a la mafia y los invadió la corrupción, y el PCI y PSI no soportaron la desaparición soviética y la división bipolar del mundo. Todo el sistema entró en crisis, y de ese incendio, nuevamente, volvió a surgir el ave Fénix del magnate de las comunicaciones, con un discurso alejado de las seguridades ideológicas, cercano a las prácticas populistas, a las alianzas de coyuntura, y con una inmensa capacidad operística para poner en escena la política en clave teatral.

Ninguna de las otras fuerzas tradicionales, una vez hundido el proyecto bipartidista, tuvo una capacidad de reacción comparable. Los democristianos se redujeron a un partido menor tras sus escándalos internos, y los ex comunistas y ex socialistas andan intentando reaglutinar fuerzas en el nuevo Partido Democrático. Pero mientras unos y otros avanzan a tientas y dando bandazos, Berlusconi los mira por sobre el hombro con triunfal sonrisa sobradora.

LA DEBACLE DEL 2010

Sin embargo, y a pesar de esa capacidad de aferrarse obstinadamente al poder con cualquier excusa, objetivo o alianza, tras una década y media en el centro del escenario, con el 2010 llegó el “annus horribilis” del premier.

A mediados de noviembre, y tras escenificar un divorcio progresivo desde principios de año, los dos líderes de la derecha italiana terminaron por separarse. Los ministros afines a Gianfranco Fini se retiraron del Ejecutivo de Silvio Berlusconi. La ruptura de la alianza que había logrado formar gobierno en 2008 generó una crisis que, según todos presagiaban, terminaría por hundir al primer ministro al dejar a su partido, Pueblo de la Libertad (PdL), en minoría en el Parlamento. Además, los disidentes de Fini –que, por cierto, ejerce la titularidad de la Cámara Baja- se aglutinaron en un nuevo partido, Futuro y Libertad (FyL), con el que Gianfranco Fini se propone alcanzar la primera magistratura y desplazar a Berlusconi de la conducción de la centroderecha peninsular.

El rompimiento de mediados de noviembre se venía anunciando desde el inicio del año legislativo, tanto por las permanentes menciones críticas entre ambos líderes, como a través de muy ajustadas votaciones legislativas, donde los diputados rebeldes le pusieron permanentemente palos en la rueda a los proyectos enviados por el Ejecutivo. A partir de la crisis de gabinete, con aquellos rebeldes ya abiertamente opositores, empezaron las quinielas para calcular cuánto tiempo resistiría Berlusconi con un gobierno en minoría. Al punto que el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani. Tras el encuentro, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se sometería al voto de confianza de los diputados y senadores el 14 de diciembre.

Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, también creyó que los tiempos finales de Berlusconi habían llegado, y entre todas las opciones que le otorga la Constitución, decidió aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tenía pendientes en el Congreso: una antigua de censura en Diputados (promovida originalmente por la oposición de izquierda, a la que se sumaron los nuevos rebeldes de Fini), y la de apoyo en el Senado. Tras esa votación, Napolitano preveía llamar a elecciones anticipadas.

Viendo cómo se preparaba el escenario, y atendiendo a los sondeos (que no le otorgan a su popularidad más que un 27 por ciento, uno de los mínimos históricos de su carrera), “Il Cavaliere” entró a remover las cenizas de la hoguera: se aseguró el respaldo del partido filofascista de la Liga Norte (LN), de Umberto Bossi. El dirigente del separatismo norteño, la región más rica e industrializada de la península, salió a pescar en el río revuelto, y respaldó al premier. Además, Berlusconi ofreció un nuevo pacto inmediatamente antes de la votación por la censura. A los diputados díscolos les ofreció cambiar todo lo que fuera necesario, especialmente los cargos ejecutivos. Incorporándolos a ellos, claro.

Y el Fénix llamó también a formar una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que se reconocen afines al Partido Popular Europeo. Y lo logró, alzó nuevamente el vuelo, contra todo pronóstico. Superó el voto de censura, aunque Fini y los demás líderes de la oposición contaban los votos hasta último momento y afirmaban que tenían las curules suficientes para enterrar de una vez por todas a este gobierno de “opera buffa” napolitana.

APOSTAR ALTO

Superada –casi por milagro- la moción de censura, cualquiera podría haber afirmado que el primer ministro se llamaría a silencio, terminaría con perfil bajo el peor año de su carrera política. Sin embargo Berlusconi no descansa, y apuesta siempre más y más alto. Antes de que termine este diciembre, volvió a enviar al Senado el proyecto de reforma educativa que cambiará estructuralmente la añeja tradición académica italiana.

La polémica norma, que ha volcado a la calle a cientos de miles de estudiantes, no deja títere con cabeza: se mete con la educación elemental y llega hasta la universitaria; reduce la inversión pública en 8.000 millones de euros entre 2009 y 2013; expulsa más de 130.000 maestros; reduce la jornada escolar primaria sólo a las mañanas; recorta 1.500 millones de euros a la docencia e investigación; impone que de cada cinco jubilaciones sólo se renueve un profesor; y habilita a que agentes privados entren en los consejos de dirección de las universidades. El Senado, afín a Berlusconi, aprobó la ley esta semana.

Como Nerón, otro romano innovador, “Il Cavaliere” pretende no dejar nada en pie.

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Berlusconi respira con el agua al cuello (15 12 10)

BERLUSCONI CONSIGUE PERMANECER EN EL GOBIERNO CON VOTOS TRÁNSFUGAS

La pérdida de la mayoría hará muy difícil la gobernabilidad italiana

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Finalmente, la repartija de cargos y prebendas dio resultado, y el gobierno populista de Silvio Berlusconi salvó en la tarde de ayer la votación de la moción de censura que lo hubiera obligado a disolverse.

Desde los principales dirigentes del arco opositor se había asegurado, hasta minutos antes de la votación en el recinto de la Cámara Baja, que las diversas fuerzas contaban con la mayoría de 316 escaños. Pero Berlusconi terminó sacando de la manga una carta, fiel a un estilo donde el espectáculo y las sorpresas han ocupado una buena parte del espacio de debate de ideas.

Así, en la votación, tres diputados de la oposición, Bruno Cesario, Domenico Scilipoti y Massimo Calearo, anunciaron su pase a las filas del premier, y la censura se saldó con 314 votos en contra, 311 a favor y 2 abstenciones.

Los tránsfugas recibirán cargos en el gobierno, pero es difícil que el ejecutivo pueda a partir de ahora gestionar una gobernabilidad estable en los dos años que le restan de período. Así, no se aleja la posibilidad de que, frente a una parálisis legislativa, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, se vea en la obligación de adelantar las elecciones.

En un plano simbólico, además, la de por sí muy desgastada administración del líder populista ha salido debilitada de este trámite legislativo. Si bien haber logrado sortear el voto de censura vuelve a ratificar una vez más las habilidades de “Il Cavaliere” para mantenerse en el centro político y mediático de la vida italiana, el clima de tensión que durante toda la jornada de ayer se vivió fuera del Parlamento, y las reacciones populares al conocerse los datos finales de las votaciones, enardecieron la protesta social.

La policía tuvo que actuar para reprimir manifestaciones espontáneas de estudiantes y trabajadores, que arrojaron petardos, huevos y bombas de pintura al Senado y el Ministerio de Economía.

Este clima de violencia y de protesta por las turbias herramientas puestas de manifiesto durante la votación también se vivieron dentro del reciento legislativo, donde los diputados forcejearon en varias oportunidades entre las bancadas, y se agredieron frente a las traiciones de los tránsfugas; los intentos de golpes de algunos de ellos obligaron al personal de seguridad a intervenir para separa a los contendientes, algo muy pocas veces visto en las salas legislativas europeas.

Gianfranco Fini, el otrora principal aliado de Berlusconi y hoy su primer adversario, que esperaba sucederlo en un nuevo gobierno de derecha tras la victoria de la moción de censura, asumió el golpe y dijo que la jornada de ayer manifestaba “una victoria numérica”, pero de ninguna manera “una victoria política”, con lo que se anuncia la continuidad de tiempos conflictivos en el panorama político italiano.

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Berlusconi contra las cuerdas (14 12 10)

BERLUSCONI OFRECE UN PACTO PARA SALVARSE DEL VOTO DE CENSURA

La fiscalía italiana investiga la compra de votos de diputados opositores

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Apelando a lo que aparece como una medida desesperada, el primer ministro conservador Silvio Berlusconi se dirigió ayer al Senado, ofreciendo un “nuevo pacto de gobierno” para superar la crisis política italiana.

En la tarde de hoy, los diputados votarán finalmente la moción de censura contra el premier, y desde el arco opositor afirman que cuentan con los votos suficientes para imponer la medida.

En el caso de que la moción de censura prospere, Berlusconi debería renunciar y el presidente de la República, Giorgio Napolitano, adelantar las elecciones.

Frente al Senado, el primer ministro mantuvo un tono moderado inusual en sus intervenciones, se dirigió “a todos los moderados” y les pidió su apoyo para superar la crisis que empantana al gobierno desde que perdiera la mayoría, hace cinco meses, cuando se rompió la alianza de centroderecha en el poder y un grupo de diputados, comandados por Gianfranco Fini, se pasó a la oposición dejando a “Il Cavaliere” en minoría.

En la comparecencia de la víspera, Berlusconi apeló a la responsabilidad de los legisladores, quienes, les recordó, fueron electos en sus cargos como candidatos del actual gobierno.

Asimismo, hizo referencia al especial momento de crisis económica y financiera por el que atraviesan los países europeos (la deuda italiana figura entre las más comprometidas), afirmando que la “estabilidad” es esencial en estos momentos y que ahondar en la disolución de su gobierno constituiría una “locura política”. Los principales destinatarios de sus palabras eran sus ex socios en el partido Pueblo de la Libertad (PdL), que ahora forman bancada propia tras la denominación Futuro y Libertad (FyL); a ellos les ofreció renovar el gabinete de la presidencia del Consejo de Ministros en un nuevo pacto, cambiar todo “lo que sea necesario”, tanto las políticas como los cargos ejecutivos designados para implementarlas.

Además de los ex socios, llamó también a integrarse a los pequeños partidos de derecha en una nueva mayoría conservadora, a todos aquellos que a nivel de la Unión Europea se reconocen afines al “seno del Partido Popular Europeo”.

Sin embargo, y más allá de este nuevo tono conciliador y moderado, los escándalos sexuales y económicos del premier, y los largos años de Berlusconi en el centro del poder en Italia, han desgastado fuertemente su figura.

Todos tejen apuestas sobre la votación de esta tarde, especialmente desde que se conocieron los ofrecimientos de cargos y prebendas que han recibido diputados de la oposición para que cambien su voto, y que investiga la Fiscalía.

Pero la sensación general, como la resumió Fini, es que Berlusconi no está tan interesado en seguir gobernando como en quedarse en la inmunidad que le otorga el cargo: “solo quiere quedarse en el palacio Chigi hasta que se apruebe la ley del legítimo impedimento, vital para impedir que se celebren” los juicios en su contra, concluyó su ex delfín.

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La vuelta al nacionalismo en Cataluña (03 12 10)

La vuelta al nacionalismo en Cataluña

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por Nelson Gustavo Specchia

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Hace algunas semanas, dedicábamos esta página del “Periscopio” a analizar la tendencia negativa en las preferencias de los electorados que viene soportando la socialdemocracia europea, como uno de los lastres de la crisis económica que golpea con fuerza las estructuras políticas del otrora vigoroso “Estado de bienestar” en el Viejo Continente.

Esta tendencia, el giro paulatino pero constante hacia la derecha del arco político, la ejemplificábamos con algunos de los más importantes procesos de los últimos años. Las políticas conservadoras del gobierno alemán de Ángela Merkel, por caso, donde al primer período de “gran coalición” entre demócrata cristianos y social demócratas (tras el gobierno en soledad de la centroizquierda con Gerhard Schroder) le sucedió una coalición entre el partido de Merkel con los Liberales, desplazando a los socialdemócratas del poder.

Se evidencia también, decimos, en el giro italiano hacia el populismo de Silvio Berlusconi, e inclusive al interior del ejecutivo berlusconiano, con la política de acercamiento que “Il Cavaliere” traza con sus socios para retener el poder: dejando en el camino a la centro derecha de Gianfranco Fini, para lograr una mayor cercanía con los xenófobos y separatistas de la Liga Norte de Umberto Bossi). También el descrédito de Tony Blair, con la consecuente caída del Laborismo británico, y la recuperación del gobierno por parte de los “tories” con David Cameron.

La lista podría seguir, desde el Mediterráneo al Báltico, con un denominador común: la carencia en las fuerzas socialdemócratas, que hace una década constituían prácticamente las dos terceras partes de los gobiernos de la Unión Europea, de estrategias para conservar el poder y hacer frente a los descalabros de la crisis económica. Ante esta debilidad, el evidente avance de las fuerzas nacionalistas o conservadoras (o una mezcla de ambas), con la uniformidad de recetas neoliberales –recortes de derechos sociales, control de los déficits públicos, achicamiento del gasto del Estado- en todas las dimensiones.

CATALUNYA COMO SÍNTOMA

En este escenario, Cataluña puede funcionar como un adelanto de aquella tendencia continental llegando a tierras españolas. Las cuatro regiones catalanas –Barcelona, Terragona, Girona y Lleida- siempre han sido la parte más “europea” de la península, donde antes que a ningún lado han arribado las tendencias del continente, y que por eso también puede funcionar como un termómetro para medir el estado de ánimo de la sociedad política española.

Si esta imagen es correcta, entonces “pintan bastos” para el gobierno de centroizquierda de José Luís Rodríguez Zapatero. El domingo pasado, el gobierno autonómico catalán, la Generalitat, volvió a ser conquistado por las fuerzas de centroderecha. Convergència i Unió (CiU), la coalición de liberales, demócrata cristianos y filo-independentistas, lograron en las elecciones al Parlament retornar con una fuerza inusitada, y, al mismo tiempo, enterrar de un golpe los siete años de la experiencia de un gobierno de alianza de izquierda, entre socialistas, ecologistas y republicanos.

Después del liderazgo histórico de Jordi Pujol, que encabezó la federación nacionalista de CiU desde la transición española y gobernó la Generalitat durante 23 años (1980-2003), la reunión de ambos partidos de la centroderecha se alinean detrás de la figura de Artur Mas. Mas quedó fuera del gobierno en las dos últimas elecciones, merced al pacto de gobernabilidad de las fuerzas progresistas, unidas en un gobierno “tripartito”. Ahora, Mas y CiU ganaron fuerte (lograron 62 escaños en el Parlament, quedando a sólo seis de la mayoría absoluta). La victoria conservadora dejó a los socialistas arrinconados con un mínimo porcentaje (28 escaños), tras los peores resultados del Partido de los Socialistas de Cataluña (Partit dels Socialistes de Catalunya, PSC, marca en la región del PSOE estatal) en una elección regional en toda la historia democrática.

El abandono del discurso de izquierda por parte de los electores también tiene su impacto en los relativamente buenos resultados cosechados por el Partido Popular (PP). La agrupación presidida por Mariano Rajoy, que en el contexto de fuerte reivindicación nacionalista catalana nunca tuvo demasiada inserción, el domingo pasado logró situarse como tercera fuerza política, inmediatamente detrás del PSC. El PP, con ello, alcanzaría a sentar a 18 diputados en el Parlament, lo que constituye los mejores resultados de los procesos electorales recientes en las provincias catalanas. Los hasta ahora socios de los socialistas en el gobierno “tripartito”, Iniciativa por Cataluña-Verdes (IC-V), y los independentistas de Izquierda Republicana (ERC), sólo pudieron juntar 10 escaños cada uno.

Con esta formación del Parlament, está claro el mensaje de los votantes catalanes: los partidos que han formado el “tripartito” han sido fuertemente castigados. En este castigo sobresale la caída del principal partido independentista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que –siguiendo la tradicional fragmentación de las fuerzas de izquierda- sufre también el desgrane de votos “anti-españoles” hacia las otras dos formaciones separatistas recién aparecidas, la de Joan Carretero (Reagrupament) y la del ex presidente del Barcelona Fútbol Club, Joan Laporta (Solidaritat Catalana per la Independència).

La fuerza del avance conservador, en estos territorios tan significativos para lo que termine luego pasando en el resto de España, ha sido incontestable. El triunfo de CiU ha sido total, un auténtico grito de censura al paso de los socialistas por el poder, no sólo en la capital sino en el interior. Han arrasado en todo, en número de votos, por circunscripciones, por comarcas, y en las principales ciudades. Los nacionalistas casi doblan en escaños a los socialistas en la provincia de Barcelona, obtienen más del doble en Tarragona y triplican la representación del PSC en las demarcaciones de Lleida y Girona.

EL GOLPE CATALÁN EN MADRID

Los socialistas españoles han salido, desde la misma medianoche del domingo, a intentar separar la tragedia de las elecciones catalanas del destino del gobierno nacional, esa caída libre en que vive el ejecutivo de José Luís Rodríguez Zapatero.

Desde La Moncloa, el jefe del gobierno español sufre a diario, asaeteado desde la izquierda de su partido por las medidas neoliberales que está adoptando para enfrentar la crisis, y desde la derecha de la oposición del Partido Popular para que adelante las elecciones y le deje paso a Mariano Rajoy, que de ajustes sabe más que él.

Los voceros del PSOE salieron rápidamente a decir que este descrédito del presidente del gobierno no había tenido nada que ver con la debacle de sus correligionarios en tierras catalanas. Y, a renglón seguido, afirman que tampoco habrá una relación en el otro sentido: que la izquierda del PSC haya caído con estrépito no es un adelanto de lo que vaya a pasar con el PSOE en las próximas elecciones generales.

No sería justo decir que el fuerte desgaste que el oficialismo está sufriendo en la mal barajada gestión de la crisis económica –que no despega a Madrid de Grecia, ni de la bancarrota reciente de Irlanda- ha sido la única causa del fracaso socialista catalán, pero es obvio que ha sido, al menos, una de ellas. Porque el gobierno “tripartito” de José Montilla al frente de la Generalitat también participó del desconcierto ideológico de los socios madrileños sobre cómo enfrentar el fantasma de la crisis y el “acoso de los mercados”, y terminaron finalmente sumándose al discurso de Merkel, Sarkozy, y con ello a la fuerte tendencia de la derechización general de Europa.

Los resultados de las elecciones para reemplazar a los socialistas del Palau de la Generalitat supondrán un vuelco en el mapa político catalán, pero también, de una manera significativa, constituyen la primera señal de que la decepción hacia Zapatero, y las tendencias que llegan desde Europa, bien pueden cambiar el mapa político de toda España.

 

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Italia, al norte y a la derecha (19 11 10)

BOSSI SE SUMA A BERLUSCONI PARA ADELANTAR LAS ELECCIONES

La derecha italiana se organiza para enfrentar el voto de censura al gobierno

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La confianza del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, al asegurar que si prospera el voto de censura que la izquierda promueve en la Cámara de Diputados adelantará las elecciones, fue ratificada ayer por el líder de la Liga Norte.
Umberto Bossi, el dirigente del separatista partido de la región Norte, la más rica e industrializada de la península, afirmó en la víspera que la celebración de elecciones anticipadas volverían a traer claridad al gobierno, tras la crisis en que se ha hundido el Ejecutivo por el abandono de los ministros leales a Gianfranco Fini, hasta ayer aliado del primer ministro y hoy uno de sus máximos opositores.

Aunque Bossi aliente la realización de nuevas elecciones antes de que Berlusconi agote su mandato, en 2012, el dirigente de la Liga Norte se manifestó confiado en que el gobierno sorteará la moción de censura en el reciento de los Diputados, “saldrá adelante, pero yo preferiría ir a elecciones, así son los ciudadanos los que piensan en enderezar al Gobierno”, dijo.

La moción de censura, que fue presentada originariamente por los partidos de izquierda de Italia por los Valores, y del Partido Democrático, tiene posibilidades de prosperar con la incorporación de los 33 parlamentarios que suma Fini al arco opositor. Sin embargo, Berlusconi mantiene una leve diferencia favorable en el Senado, donde se votará también una moción, pero de confianza al gobierno.

El miércoles por la tarde, el presidente Giorgio Napolitano acordó con los presidentes de ambas Cámaras que las votaciones a favor y en contra del primer ministro se realicen el mismo día, el próximo 14 de diciembre.

Mientras tanto, la oposición de izquierda se encuentra en una encrucijada, porque ve que la moción de censura puede prosperar con los diputados que aportan los finianos, pero es consciente que se enfrenta a una segura derrota si se adelantan las elecciones.

El líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, aseguró ayer que la posibilidad de un nuevo gobierno con Berlusconi a la cabeza “sería un doble delirio”, y subrayó la necesidad de comenzar “una fase nueva, un gobierno de responsabilidad institucional para cambiar el ritmo de las políticas económicas y sociales”.

Sin embargo, la centroizquierda está lejos de acumular votos suficientes para poder plantearse como alternativa a “Il Cavaliere”: según los últimos sondeos, la alianza entre el partido de Berlusconi y la Liga Norte de Bossi acumularían más del 40 por ciento de los sufragios, mientras que la centroizquierda quedaría en un rezagado segundo lugar, con el 26 por ciento de los votos.

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Berlusconi: “O voto de confianza o elecciones” (18 11 10)

SI PIERDE EL VOTO DE CONFIANZA ITALIA ADELANTARÁ LAS ELECCIONES

Berlusconi se resiste a dejar el gobierno en plena crisis de su partido

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El primer ministro italiano, el conservador Silvio Berlusconi, manifestó en la víspera que dará batalla para conservar el poder en Italia tras la crisis de gobierno abierta por su ex socio en el partido derechista Pueblo de la Libertad, Gianfranco Fini.

Los ministros aliados a Fini en el gabinete dejaron sus carteras en el Ejectuvo, y pasaron a formar parte del nuevo partido con que Fini ha dividido a la derecha, Futuro y Libertad.

Con la nueva agrupación sumándose al arco opositor, Berlusconi se queda en minoría en el Congreso, lo que implicó que el presidente de la República, el comunista Giorgio Napolitano, interviniera para establecer los mecanismos que permitan sortear la crisis.

En la tarde de ayer, Napolitano se reunió con los dos dirigentes de las cámaras legislativas, Gianfranco Fini de Diputados, y el presidente del Senado, Renato Schifani.

Con ambos consensuó que el Parlamento no demoraría la tramitación de los presupuestos generales del país, una ley que tiene carácter urgente en el contexto de crisis económica internacional, dado el riesgoso endeudamiento italiano, y, al mismo tiempo, que se realizarían las votaciones para las sendas mociones que el gobierno de Berlusconi tiene pendiente en el Congreso: la moción de censura presentada por la izquierda de Italia de los Valores y del Partido Demócrata en Diputados, y el voto de confianza que promueven sus senadores leales en la Cámara Alta.

Ambas votaciones se llevarían adelante el próximo 14 de diciembre.

Tras conocer el acuerdo alcanzado por el presidente Napolitano con los líderes del recinto legislativo, Silvio Berlusconi aseguró ayer que convocará elecciones anticipadas si su administración no supera la moción de confianza en ambas votaciones.

Aunque la disolución del actual gobierno y la convocatoria a elecciones es una competencia del Jefe de Estado, Berlusconi declaró que “si hay confianza seguiremos adelante, si no hay confianza iremos al voto”, confiando en que unas elecciones anticipadas pueden volver a darle una nueva mayoría y formar un nuevo gobierno, sin la participación del grupo de Fini, pero con el seguro respaldo del partido filofascista de la Liga Norte de Umberto Bossi.

A pesar de que su popularidad registra uno de los mínimos históricos de su carrera política (ninguna consultora le otorga más de un 27 por ciento en los sondeos), Berlusconi juega con la carta de que la oposición no está mejor: el principal partido del arco opositor, el izquierdista Partido Democrático apenas suma un 26 por ciento de intenciones de voto.

RÍO REVUELTO

Que Silvio Berlusconi haya logrado mantenerse en el gobierno tras los escándalos en que se ha visto envuelto se explica por la extrema dispersión partidaria en que se divide el sistema político italiano, y la paridad en las cuotas de votos que cada agrupación logra convocar.

Por ello, los dos principales partidos de derecha italiana, el PDL del primer ministro y la independentista y xenófoba Liga Norte de Bossi, sumados, tienen posibilidades reales de conservar el poder en un escenario de elecciones anticipadas.

Los últimos sondeos revelan que el PDL encabeza las intenciones de voto, con un 28,5 por ciento. La izquierda del Partido Democrático sólo alcanza a un 26 por ciento, y en tercer lugar se ubica la Liga Norte, con el 12,5 por ciento.

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Berlusconi: Llega la moción de censura (17 11 10)

BERLUSCONI SE SOMETERÁ A UN VOTO DE CONFIANZA EN DICIEMBRE

El presidente de la República interviene en la crisis del gobierno italiano

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La crisis por la ruptura del partido en el gobierno de Italia, el “Pueblo de la Libertad”, que tomó cuerpo el lunes con la retirada de los ministros cercanos al presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, del gabinete del primer ministro, Silvio Berlusconi, comenzó a definirse ayer por la tarde.

Cuando se anunció el retiro de los ministros y la consecuente pérdida de la mayoría parlamentaria del jefe del Ejecutivo, el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani.

Tras un encuentro de poco más de una hora, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se someta al voto de confianza de los diputados y senadores el próximo 14 de diciembre.

En el régimen político italiano, la figura del presidente de la República tiene fundamentalmente funciones de representación, pero en los momentos de crisis y de cambios en las relaciones de mayorías parlamentarias, su rol se vuelve crítico.

La Constitución lo habilita para tomar una decisión entre un conjunto de posibilidades, como llamar a elecciones anticipadas (para una o para ambas cámaras), otorgar un período excepcional a un primer ministro de transición o prorrogar excepcionalmente la vigencia de un Ejecutivo en minoría, entre otras. Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, ha optado por aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tiene pendientes en el Congreso: la de censura en Diputados, y la de apoyo en el Senado.

Tras esa votación, que medirá el espacio de maniobra que todavía puede disponer el agonizante período del jefe de la derecha italiana, el presidente decidirá sobre el modo de salir de la crisis de gobierno.

En todo caso, Napolitano se ha asegurado con los líderes del Congreso que sus agrupaciones apoyarán la sanción de los presupuestos, una urgencia que requiere saltarse, aunque sea por unos momentos, las incógnitas e incertidumbres de un proceso político que se asemeja demasiado al libreto de una “opera buffa”.

EL COSTO DEL ESCÁNDALO

Cualquiera sea el resultado de la moción de censura contra Berlusconi prevista para mediados de diciembre, ya quedan pocas dudas que el primer ministro conservador, de 74 años, pueda extender su gobierno más allá de este año.

Y su caída tiene una responsabilidad clara: a pesar de haber ganado las elecciones con una cómoda mayoría, sus estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales y, finalmente, fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años, fueron demasiado hasta para una sociedad como la italiana, acostumbrada a los escándalos. Berlusconi terminó divorciado de su esposa y, tal como lo había anunciado, lo abandonó también su socio político en la derecha.

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Berlusconi se queda solo (16 11 10)

BERLUSCONI QUEDA SOLO: SE QUIEBRA EL GOBIERNO EN ITALIA

El presidente Giogio Napolitano convoca hoy a los líderes parlamentarios

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Finalmente, tras escenificar un divorcio progresivo, los dos líderes de la derecha italiana terminaron por separarse. Ayer se retiraron los ministros afines a Gianfranco Fini del Ejecutivo de Silvio Berlusconi. La ruptura de la alianza que llevó al gobierno a la derecha italiana en 2008 genera una crisis que hunde al primer ministro y deja a su partido, el “Pueblo de la Libertad”, en minoría. Los disidentes se aglutinarán a partir de julio próximo en el nuevo partido fundado por Fini, denominado “Futuro y Libertad”.

El rompimiento que se hizo efectivo ayer se venía anunciando desde hace cuatro meses, mediante declaraciones críticas por parte de ambos líderes y a través de muy ajustadas votaciones legislativas, donde los diputados rebeldes le pusieron permanentemente palos en la rueda a los proyectos enviados por el Ejecutivo de “il cavaliere”, como todo el mundo designa al primer ministro. Con la crisis de gabinete, ahora Berlusconi ya puede considerar a aquellos rebeldes como abiertamente opositores, con lo cual queda en minoría en la Cámara Baja, donde, además, está pendiente una moción de censura en su contra, presentada por la oposición de izquierdas y que con la nueva composición de fuerzas a partir de ayer puede prosperar positivamente.

Sin embargo, se abre un período de incertidumbre, aún mayor a la habitual inestabilidad que es propia de la estructura institucional italiana. Pero es que el primer ministro mantiene una pequeña diferencia a su favor en el Senado. Y sus senadores incondicionales acaban de presentar, precisamente para equilibrar el embate en Diputados, una moción de confianza al Ejecutivo. Por eso, sabiendo que se venía el divorcio con Fini y su grupo, el domingo pasado Berlusconi sostuvo que se podría llegar a disolver la Cámara de Diputados, convocando unas elecciones sólo para elegir representantes a los 630 escaños de la Cámara Baja, manteniendo a los senadores en sus asientos sin incluirlos en las papeletas de voto. Una movida al más puro estilo berlusconiano.

Además, Italia es el país con la mayor deuda de los Estados de la zona euro, y necesita urgentemente aprobar la Ley de Presupuestos, esta necesidad puede darle unos días más de oxígeno al gobierno de Silvio Berlusconi. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, que como Jefe de Estado tiene competencias representativas y muy poca incidencia en las decisiones políticas, convocó para hoy a los presidentes de ambas cámaras del Congreso, Gianfranco Fini y Renato Schifani, para asegurar el trámite de aprobación de los presupuestos en medio de la crisis de gobierno. La “era Berlusconi”, en todo caso, parece llegar a su fin.

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