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La OTAN seguirá atacanda a Khaddafi (13 07 11)

El frente libio retrocede hasta Zintan sin soluciones políticas

La OTAN y los rebeldes acuerdan seguir la guerra hasta la caída de Khaddafi   

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TRÍPOLI.- A pesar del desgaste y el empantanamiento de la guerra entre las dos facciones combatientes en Libia, la esperada negociación política que condujera hacia un armisticio sigue lejos.

La avanzada insurgente había logrado tomar el control de la estratégica ciudad de Al Qawalish, ubicada apenas a 100 kilómetros al suroeste de la capital, y por donde pasa la autopista que vincula a Trípoli con los centros urbanos bajo dominio del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

Pero este avance, logrado con el apoyo de la OTAN, quedó neutralizado ayer cuando una contraofensiva del ejército regular recuperó Al Qawalish, haciendo retroceder el frente de guerra hasta la ciudad de Zintan.

La recuperación del enclave por parte de las fuerzas leales a Khaddafi pone de manifiesto la fragilidad militar de los rebeldes, que responden al mando –también precario- del Consejo Nacional de Transición (CNT), con sede en Bengasi.

Precisamente estas dificultades en el sostenimiento de una estrategia militar sólida, y el impacto en la población civil, es el que motiva los pedidos de que la comunidad internacional fuerce el inicio de negociaciones entre ambos bandos.

Sin embargo, los altos mandos de la OTAN se reunieron ayer en Bruselas con representantes del CTN libio, a quienes aseguraron que los ataques de la Alianza Atlántica contra objetivos militares del régimen seguirán adelante.

El secretario general aliado, el danés Anders Fogh Rasmussen, no descarta la apertura de negociaciones en el plano político, pero sigue haciendo hincapié en que “las operaciones de la OTAN deben continuar para proteger a los civiles”.

Los representantes del Consejo de Bengasi, por su parte, también siguen apoyando las acciones armadas como la “única vía” realista para terminar con el régimen, y calificaron en Bruselas la acción de la OTAN como “indispensable por su carácter humanitario”.

Hoy se reunirá en Estambul el Grupo de Contacto, el conjunto de países implicados en las operaciones en el país norafricano, y volverá a tratarse la posibilidad de plantear un armisticio con Trípoli; mientras los rebeldes preparan un nuevo ataque a Al Qawalish.

Los rebeldes, también acusados

Una de las justificaciones más sólidas de la insurgencia rebelde contra el coronel Khaddafi es la que se apoya en la sistemática violación de los derechos humanos, especialmente a las minorías, perpetradas por el régimen libio durante décadas.

Sin embargo, también los alzados en la mitad oriental de Libia han quedado atrapados en esa lógica, al conocerse ayer la denuncia de la organización Human Rights Watch, que afirma que los insurgentes han cometido saqueos y ataques a civiles, que incluyeron robos en comercios de las localidades que van ocupando, incendio de viviendas de partidarios de Khaddafi, e inclusive el saqueo de hospitales y puestos sanitarios.

El informe de la ONG estadounidense parte de testimonios y entrevistas a combatientes de ambos bandos, y provocó la airada respuesta de los voceros del CNT en Bengasi.

La guerra, empantada hace meses, sigue golpeando con la mayor fuerza a los civiles, para cuya protección fue originariamente declarada.

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Llegan los petrodólares a Bengasi (10 05 11)

LA OTAN RECUPERA EL RITMO DE  FUEGO EN LA GUERRA DE LIBIA

Los rebeldes comienzan a percibir los fondos bloqueados por la exportación de crudo  

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TRÍPOLI.- En el marco de la conmoción social y de seguridad que atraviesa todo el mundo árabe, como consecuencia de la intervención militar del grupo comando de los Marines estadounidenses que ultimaron a Osama ben Laden en su refugio secreto de Abbottabad, Pakistán, la semana pasada, los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) recuperaron ayer la ofensiva contra el régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi.

Las tropas gubernamentales fueron atacadas en sus posiciones del cerco de Misrata, la ciudad del oeste libio que lleva más de un mes de aislamiento y su situación interna, por la falta de alimentos, agua y medicinas, ha sido ya catalogada de “desastre humanitario”.

Los bombardeos de los aviones británicos y franceses, bajo la coordinación general de los mandos militares de la OTAN, intentaron quebrar el cerco de Misrata, y también atacaron posiciones de las defensas artilladas de las tropas de Khaddafi en la capital, Trípoli, una ciudad que sigue respondiendo al clan del dictador.

Por su parte, voceros del Consejo Nacional de Transición (CNT), el órgano de gobierno de la facción rebelde en Libia, anunció ayer que ha comenzado a cobrar los primeros pagos internacionales por la exportación de petróleo.

Los giros hacia Bengasi, la capital rebelde, se realizan vía Qatar, y son producto de una resolución del Grupo de Contacto con Libia, la reunión de países occidentales y árabes que apoyan la rebelión civil y militar de los insurgentes contra Khaddafi, que en la reunión en Qatar el mes pasado acordaron liberar los fondos libios congelados en bancos internacionales, calculados en 60.000 millones de dólares.

Las divisas provenientes de la exportación de crudo deberían aportar medios al bando insurgente, que a pesar de su supremacía numérica sigue siendo neutralizado por la abrumadora capacidad militar, tecnológica y logística de las tropas regulares que responden a Trípoli.

Los voceros de Khaddafi no hicieron referencia al hecho de que los insurgentes –que siguen denominándose “terroristas” en la jerga oficial- comenzaran a recibir las divisas producto de las exporaciones de petróleo, que en una primera remesa podrían haber superado los cien millones de dólares, un hecho que puede terminar sacando el conflicto interno de la situación de virtual empate en la que se encuentra.

Pero sí estos voceros destacaron que las bombas de la OTAN no sólo impactaron en posiciones militares, sino también en instalaciones civiles de Trípoli.

Aunque en esta oportunidad no se confirmaron víctimas humanas, un nuevo informe de las Naciones Unidas (ONU) asegura que, desde el inicio del conflicto interno, más de 750.000 personas ha tenido que abandonar el país.

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La OTAN mata a Saif el Arab Khaddafi (01 05 11)

La OTAN ataca las residencias de Khaddafi y mata a su hijo menor

Naciones Unidas cierra sus oficinas y la organización se retira de Libia   

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TRÍPOLI.- En un episodio que aún no termina de presentarse con total claridad, el gobierno libio anunció ayer que un bombardeo aéreo lanzado por la Alianza Atlántica (OTAN) contra el complejo residencial que ocupa el coronel Muhammar el Khaddafi, y su familia más cercana, ocasionó la muerte del hijo menor del mandatario, y de tres de sus nietos.

La operación se lanzó el sábado a la noche, al día siguiente que el líder libio propusiera un plan de paz, con la condición que los insurgentes que controlan la porción oriental del país respetaran su permanencia al frente del gobierno, y la OTAN se retirara del conflicto.

La propuesta de Khaddafi fue rechazada de inmediato, tanto por la OTAN como por el gobierno provisional de los rebeldes, en Bengasi. Unas horas después, al menos tres misiles de la organización aliada habrían alcanzado el complejo residencial de Bab al Aziziyah, en Trípoli.

En el momento del bombardeo, el propio Muhammar el Khaddafi y su mujer se encontraban en el edificio, según informó un vocero del régimen, pero lograron salir ilesos.

En cambio, su hijo menor, Saif el Arab, de 29 años, habría muerto como consecuencia del ataque, así como tres de sus nietos: Saif (dos años, hijo del primogénito del dictador), Cartago (de tres años, hija de Hanibal), y Mastura (cuatro meses, hija de Aisha). La noticia, sin embargo, fue muy difícil de confirmar, y desde el Consejo Nacional el dirigente Abdul Hafiz Ghoga la desmentía.

Para los rebeldes se trataba de un  “intento desesperado de lograr alguna simpatía internacional” por parte del régimen de Trípoli. Pero otras fuentes sostuvieron la versión, como el vicario apostólico en Libia. Monseñor Giovanni Martinelli afirmó a la televisión italiana que el cadáver corresponde a Saif el Arab Khaddafi, aunque el diplomático vaticano –que ha tenido un rol relevante en la denuncia de daños a la población civil por las acciones de guerra- no pudo confirmar también si los niños muertos pertenecen a la familia del dictador: “no puedo decir que efectivamente sean sus nietos, sólo vi tres niños”, afirmó.

La OTAN, por su parte, confirmó el ataque, aunque negó que se estuviera intentando acabar con la vida del dirigente libio. El general Charles Brochard volvió a ratificar que todos los objetivos de los bombardeos “son de naturaleza militar”; y entre ellos incluyó “ataques de precisión contra instalaciones de mando, como el complejo Bab al Aziziyah”.

La semana pasada, el embajador de Estados Unidos para Libia, Gene Cretz, negó que su gobierno estuviera buscando la muerte del dictador libio, e inclusive afirmó que las leyes norteamericanas condenarían cualquier intento de acabar con la vida de Khaddafi.

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La OTAN no pega una, o pega mal (29 04 11)

El “fuego amigo” de la OTAN golpea a los rebeldes asediados en Misrata

Las tropas de Khaddafi recuperan un importante paso fronterizo con Túnez  

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TRÍPOLI.- Las criticadas operaciones de la Alianza Atlántica (OTAN) en Libia volvieron ayer a ser cuestionadas por los opositores a Khaddafi.

Según informó en su edición electrónica el diario estadounidense The New York Times, un comandante de los insurgentes rebeldes de Misrata denunció que los bombardeos de la OTAN sobre esa castigada ciudad habían provocado la muerte de 12 combatientes opositores, mientras otros cinco quedaron gravemente heridos.

La noticia no pudo sin embargo ser contrastada con la versión de la organización aliada, ya que su portavoz, Eric Povel, manifestó no tener ninguna información en ese sentido.

El rol que la OTAN juega en la guerra no encuentra una estrategia ni una capacidad de fuego que deje satisfechos a los que se enfrentan a Khaddafi. Los ataques que, a partir de la habilitación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), habían iniciado las aviaciones de Francia y Gran Bretaña, tuvieron en un primer momento una mayor intensidad.

Pero a partir del establecimiento de una zona de exclusión aérea, el presidente norteamericano Barack Obama insistió que el mando de las operaciones debía pasar a la OTAN. Nicolás Sarkozy y David Cameron finalmente terminaron conviniendo en entregar la coordinación, pero las acciones de la OTAN no han sido eficaces en proteger a la población civil, afectada por el denominado “fuego amigo” de los bombardeos occidentales.

Tampoco para apoyar a los insurgentes, que han visto cómo el ejército regular recupera posiciones, o cómo Misrata es sometida a un cerco –incluyendo alimentos, medicinas y agua- y un bombardeo feroz desde hace cuatro semanas.

A esta falta de capacidad para torcer el pulso al régimen de Khaddafi, se suman fallos como el denunciado ayer, donde los objetivos directos de las bombas aliadas terminan siendo los civiles enrolados en las fuerzas opositoras.

En definitiva, las acciones de presión en que se apoya toda la estrategia de la Alianza Atlántica es la que se ha revelado como inconducente para modificar el curso de la guerra.

La OTAN apostó a que, con los bombardeos selectivos y limitados hacia las unidades de ataque más importantes de Khaddafi, sumado al embargo internacional de armas, y éste al bloqueo de las cuentas bancarias en las diversas instituciones financieras diseminadas por el mundo, serían condicionantes suficientes para empujar al régimen de Trípoli hacia una negociación para dejar el poder, y una transición del gobierno a los rebeldes.

Sin embargo, Muhammar el Khaddafi ha dado muestras de que dispone de más recursos de los que se calculaban, que posee divisas en metálico para seguir financiando la guerra, y que los bloqueos y las presiones internacionales no lo afectan. El líder libio se aferra al poder, y plantea una estrategia de desgaste con la cual, finalmente, lleva las de ganar.

Así, con una guerra empantanada entre dos frentes relativamente equilibrados, la situación humanitaria de la población civil no deja de debilitarse, con campamentos llenos de refugiados y con una emigración creciente de aquellos que alcanzan a llegar a un paso fronterizo.

En este sentido, las tropas de Khaddafi lograron ayer recuperar el paso hacia Túnez de Dehiba, cerrando también esta posibilidad de escapar a los que huyen del frente.

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Soldados europeos rumbo a África (21 04 11)

Las potencias occidentales aumentan  su presencia en la guerra de Libia

Italia se suma a Francia y Gran Bretaña en el envío de oficiales para apoyar al bando rebelde. El canciller de Khaddafi promete elecciones libres si la OTAN se retira del conflicto  

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TRÍPOLI.- En un nuevo giro en la intervención que los Estados Unidos de Norteamérica, juntamente con países europeos y del Medio Oriente, mantienen contra el régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi, el gobierno italiano anunció que se suma a la medida adoptada por Francia e Inglaterra, consistente en enviar expertos militares a apoyar la organización de las fuerzas rebeldes con sede en Bengasi.

Con este nuevo paso adelante de los tres países europeos, las potencias occidentales intentan evitar el empantanamiento del conflicto en una guerra civil de larga duración, que termine deslegitimando ante la opinión pública toda la operación sobre el territorio libio.

Tal como señalan los críticos con la participación aliada, especialmente los voceros de los gobiernos de Rusia y China, este tipo de acciones ya sobrepasan el marco de actuación habilitado por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que permitía la intervención para resguardar a la población civil; en ningún momento daba lugar a tomar partido por uno de los dos contendientes.

Sin embargo, el reconocimiento oficial que el presidente francés Nicolás Sarkozy hizo luego del Consejo Nacional como “interlocutor legítimo” con el pueblo libio (ayer volvió a recibir en París al líder rebelde Mustafa abd el Khalil), mostró que el objetivo real de la intervención buscaba el derrocamiento del régimen y la salida de escena de la persona del coronel Khaddafi y de su círculo familiar.

En este mismo sentido se expresó el presidente norteamericano, Barack Obama, al sostener que Khaddafi debía “dar un paso al costado y abandonar el poder”.

Pero la capacidad ofensiva del régimen de Trípoli se mantiene, a pesar del acoso de los intentos de neutralización de la Alianza Atlántica (OTAN), y los ataques de las tropas de Khaddafi a la ciudad de Misrata están empujando la situación hacia una crisis humanitaria.

Los voluntarios irregulares que integran el ejército rebelde, mientras tanto, han dado muestras de deficiencias en la organización y en la logística de combate, que los llevan a no poder aprovechar su superioridad numérica frente a los efectivos profesionales del régimen.

Ante ello, los jefes de los gobiernos británico y francés dispusieron enviar a Bengasi a un número acotado de oficiales, muy seleccionados, para apoyar en estos temas a los comandantes militares rebeldes.

Al anunciar ayer que su gobierno se sumaba a esta estrategia, con el envío de 10 oficiales, el ministro italiano de Defensa, Ignazio La Russa, recalcó, tal como lo habían hecho sus colegas francés y británico, que los oficiales europeos no dirigirán tropas ni participarán en batallas en el frente, sino que se limitarán a “asesorar” a los oficiales libios.

Con los pasos fronterizos con Egipto abiertos, ya es seguro que en la zona oriental del país se mueven múltiples agentes de los servicios de inteligencia de varios países, y en la reciente reunión del Grupo de Contacto con Libia, que sesionó en la capital qatarí de Doha, las posturas favorables a financiar o enviar armas al bando rebelde estuvieron a punto de imponerse; finalmente Estados Unidos decidió enviar 25 millones de dólares a Bengasi, en concepto de “ayuda no letal”.

En este marco, la llegada de oficiales europeos hace prever un panorama de intensificación del conflicto militar en el país norafricano.

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Hambre en Libia (20 04 11)

 La guerra en Libia se dirige  hacia una crisis humanitaria

 La ONU abre un corredor de asistencia y alimentos a la población civil

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TRÍPOLI.- Los estancados frentes en la guerra libia están empujando a una situación de crisis humanitaria, con miles de personas atrapadas entre dos fuegos, atacadas con prohibidas bombas de racimo po la dictadura de Muhammar el Khaddafi, pero también víctimas de los poco precisos embates de la Alianza Atlántica (OTAN).

Además de las muertes y los heridos sin posibilidad de asistencia, la situación se torna dramática por la falta de alimentos e inclusive de provisión de agua.

Al no poder recuperar la ciudad oriental de Ajdabiya del control rebelde, los hombres de Khaddafi se han concentrado en el sitio a la población occidental de Misrata. Como en la Edad Media, el régimen ha cercado la ciudad.

Mientras los sitiados comienzan a perecer de hambre tras siete semanas de cerco, las unidades artilladas continúan atacando con obuses y bombas-racimo: ayer murieron otras 15 personas. En Roma, el delegado del Consejo Nacional rebelde de Bengasi, Mustafá abd el Jalil, aseguró ayer junto al canciller italiano Franco Frattini que la guerra ya ha causado unas 10.000 y más de 50.000 heridos, además de las cerca de 3.000 personas que escapan a diario por los puestos fronterizos con Túnez y con Egipto.

Muchos de estos refugiados terminan embarcándose en frágiles pateras y se lanzan al Mediterráneo, con la esperanza de alcanzar las costas europeas.

La isla italiana de Lampedusa ya está desbordada de refugiados en condiciones de extrema gravedad, y el tema de la oleada migratoria procedente del norte de África ha disparado conflictos entre los países europeos, que comienzan a cerrar sus fronteras frente al aluvión de indocumentados.

Francia e Italia han reconocido que sus relaciones bilaterales se han visto afectadas, después que el gobierno francés impidiera la entrada de un tren italiano con refugiados tunecinos a bordo.

Las Naciones Unidas comunicaron ayer que habían logrado finalmente abrir un corredor humanitario en el oeste de Libia, para llevar asistencia alimentaria a los civiles en peores condiciones.

A través de este corredor, autorizado por Trípoli, el Programa Mundial de Alimentos ingresará un convoy de 8 camiones con 240 toneladas de harina de trigo y 9 toneladas de barras energéticas, para atender a unas 50.000 personas en riesgo de morir de hambre.

Siria intenta frenar la revolución

DAMASCO.- El régimen familiar y sectario que rige Siria, presidido por Bachar el Assad, ha debido finalmente acceder a derogar una de las principales herramientas de todo el sistema político desde 1963, año en que el Baas se convirtió en partido único y apuntaló la dictadura.

Tras las manifestaciones populares que han ido creciendo durante este mes, el gobierno anunció ayer  que levantaba el estado de sitio que ha durado casi medio siglo, así como el Tribunal de Seguridad, la temida instancia de enjuiciamiento de los presos políticos.

Sin embargo, es poco probable que estas medidas logren detener la escalada de protestas, que en definitiva persiguen un cambio en el sistema representativo y la renuncia de Bachar el Assad, por lo que es esperable que nuevos casos de represión violenta se sucedan en las próximas horas.

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Elogio del egoísmo (15 04 11)

Elogio del egoísmo

Por Nelson Gustavo Specchia

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Esta semana, en Doha, la capital del emirato árabe de Qatar, los países que han emprendido acciones bélicas contra la dictadura libia de Muhammar el Khaddafi se reunieron, para analizar diversos aspectos de la agenda de la guerra y los rumbos a adoptar frente a una evidencia: el autócrata no abandonará por motu proprio el poder, antes bien, clavará sus garras de león de África (como le gusta que lo apoden) en el búnker de Trípoli, y desde allí resistirá todo lo que pueda.

Las acciones armadas, que con tanto brío lanzaran el presidente francés Nicolás Sarkozy, junto al premier británico David Cameron, apenas el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la utilización de “cualquier medio” para proteger a los civiles de los devastadores ataques de Khaddafi, se han revelado insuficientes para empujar al régimen a una retirada. Mucho menos a una claudicación.

Y los más preocupados por estas relativas tablas son los líderes de la insurgencia rebelde, que desde Bengasi insisten en que si no les dan armas, o al menos les dan dinero para pagar a los traficantes que abundan con ofertas por todos los rincones de los enclaves rebeldes, el empantanamiento de ambos frentes podría derivar en una larga guerra civil de desgaste. Una guerra civil que podría instituir la partición de hecho del país en dos mitades, y que empujaría contingentes enteros desde y hacia la Tripolitania y la Cirenaica.

Y en ese momento, mientras las delegaciones de casi veinte países europeos y musulmanes discutían la conveniencia o no de entregar armas y fondos a los rebeldes, apareció sobre la mesa de negociación el drama de la población civil libia en toda su crudeza. Un actor central de la crisis política y una víctima cautiva de las acciones militares que, hasta el momento, sólo ha sido citado marginalmente en las consideraciones de los principales protagonistas de la guerra.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki Moon, intentó poner una nota de cordura en la reunión de todos los enemigos de Khaddafi, el Grupo de Contacto creado en Londres el 29 de marzo pasado, y presidido conjuntamente por un actor occidental –Gran Bretaña- y uno árabe –Qatar-, para que no parezca demasiado una coalición imperialista del Primer Mundo contra un Estado subdesarrollado que, además, es musulmán y africano.

ENTRE FUEGOS

En la mesa de Doha, donde los embajadores discutían si los fondos a los rebeldes deberían provenir de donaciones voluntarias o habría que liberar los millones de dólares producto de la exportación del petróleo libio que hoy se encuentran congelados en virtud del embargo a Khaddafi, Ban ki Moon se atrevió a recordar que, si se hace una colecta mundial, más que a los beligerantes rebeldes debería atenderse a la población civil, que en algunos rincones del frente de batalla –como la ciudad de Misrata- se acerca ya a la situación desesperada de crisis humanitaria por los muertos en bombardeos de ambos frentes, desplazamientos, emigración, falta de alimentos, medicinas, e incluso agua (en un contexto de desierto).

Y el secretario de la ONU dio la cifra que maneja la organización multilateral y que debería haber movilizado las conciencias de varios, especialmente de delegados de aquellos países que se presentan como fuertes defensores de los derechos humanos: hasta un horizonte de 3,6 millones de hombres y mujeres, más de la mitad de la población total del país norafricano, necesitará asistencia humanitaria por haber perdido sus hogares, sus fuentes de trabajo, sus posesiones, o haber tenido que migrar de sus lugares de residencia.

Según las estadísticas de la oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), dijo Ban, 490.000 personas han debido abandonar Libia desde el 15 de febrero pasado, cuando estalló la crisis. Este casi medio millón de emigrantes externos se suma a las más de 330.000 personas que, en grupos familiares enteros, han sido desplazados internamente desde su lugar de residencia, y hoy sobreviven en condiciones cada vez más precarias en campos de refugiados en otra región diferente a la de origen.

Los rebeldes sostienen que a Bengasi ya han llegado más de 35.000 libios que escapan de las balas del régimen en el oeste del país. Las fronteras con Túnez y Egipto, que en un principio se cerraron por precaución o por simple miedo a una estampida demográfica, registran el paso de unas 2.700 personas cada día, que huyen de las bombas de Khaddafi, del “fuego amigo” de los misiles de la OTAN, o de los alocados y anárquicos disparos de los milicianos rebeldes.

EGOÍSMO IMPOTENTE

A la advertencia de Ban ki Moon, el delegado del gobierno italiano de Silvio Berlusconi respondió que la reunión de Doha había sido convocada para estudiar alternativas de cómo terminar con Khaddafi, y que eso tenía que ver con decidir si a los rebeldes se les daba dinero –o incluso armas-: Qué hacer con los civiles debería discutirse en otros ámbitos.

Los ámbitos a que se refería el delegado italiano son, según insiste Berlusconi desde Roma, los de la Unión Europea. Durante la reunión de ministros del Interior de los Estados-Miembros de la UE, en Luxemburgo el lunes 11 de abril, el premier italiano intentó que la organización continental se haga cargo de los africanos que, huyendo de la guerra y del hambre, llegan a sus costas –geográficamente tan próximas- todos los días.

Francia y Alemania le contestaron que eso no sería posible: todo extracomunitario que quiera moverse por el Espacio Schengen (el espacio sin fronteras interiores de los países europeos) debe demostrar que dispone de los recursos económicos suficientes, una vivienda, y sus papeles de inmigración en regla. Requisitos que, por supuesto, no pueden aportar los libios y tunecinos que –habiendo tenido la suerte de no morir en alta mar: el miércoles se hundió un bote miserable y más de 200 africanos se ahogaron- logren llegar en sus paupérrimas pateras y botes inflables a la isla siciliana de Lampedusa.

Antes de intentar tirarle el fardo a la UE en Luxemburgo, Silvio Berlusconi había intentado la más directa y brutal: repatriar directamente a todo emigrante africano ilegal que arribara a las costas italianas, sin analizar motivos ni atenuantes. Desde comienzos de año estos refugiados ya suman 25.000, y nadie tiene ningún plan para gestionar su destino.

Pero si un gobierno tan poco considerado con los más desfavorecidos, como el conservadurismo italiano de Berlusconi, no logra hilvanar una idea sobre qué hacer frente a un fenómeno de crisis humanitaria que le explota en su territorio, tampoco en los pasillos de la desarrollada e idealista Unión Europea hay muchas más ideas. Ni hablar de una política exterior armónica y estructurada para hacer frente a la avalancha de hombres y mujeres desesperados provenientes del África del Norte.

Después de unos primeros momentos de desconcierto cuando las revueltas árabes comenzaron en Túnez y Egipto, el liderazgo europeo se manifestó públicamente a favor de la renovación de las estructuras políticas que traían los alzamientos populares en los países árabes. Pero frente a una de las primeras consecuencias de esas revueltas, la llegada de refugiados huyendo de los conflictos y solicitando asilo y ayuda, Europa vuelve a cerrar sus puertas a cal y canto y sólo atina a aumentar las patrullas policiales en el Mediterráneo y a enviar algunos euros a los países africanos para que sus gobernantes vigilen mejor los puertos desde donde parten los botes con emigrantes.

Ante tanta negligencia, los únicos que ganan son aquellos nacionalistas que hacen del egoísmo una virtud. Como dijo el propio Berlusconi, en su intento por presionar a Bruselas: En definitiva, si la Unión Europea no logra armar un acuerdo concreto sobre inmigración, es mejor separarse de ella y que nos volvamos cada uno a nuestro país.

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Libia, una guerra que se va para arriba (14 04 11)

Los aliados se disponen a elevar la guerra en Libia

Rusia, India, China y Brasil mantienen su postura contra los bombardeos

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TRÍPOLI.- Las posiciones que sostienen que el conflicto político en Libia debe encararse por vías distintas al ataque bélico están siendo sobrepasadas por la tendencia contraria, y los responsables militares de la Alianza Atlántica (OTAN) planean aumentar la cantidad de armamentos y recursos para atacar con mayor precisión y contundencia las defensas del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

La petición de ampliar la ofensiva la realizó el máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización que participan en la intervención militar.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) habilitó las acciones contra Khaddafi, Francia y Gran Bretaña enviaron de inmediato a sus fuerzas aéreas, y la armada estadounidense se sumó con misiles disparados desde los buques norteamericanos estacionados en el mar Mediterráneo.

Pero una vez que la zona de exclusión aérea estuvo asegurada, el presidente Barack Obama logró que sus pares francés, Nicolás Sarkozy, y británico, David Cameron, entregaran el control y la coordinación total de la ofensiva a los mandos de la OTAN.

Sin embargo, la alianza militar occidental ha cometido varios fallos, ha bombardeado por error columnas de milicianos rebeldes; las víctimas civiles caratuladas como “daños colaterales” de sus bombardeos siguen aumentando; y la oposición armada del Consejo Nacional insurrecto ha reclamado un cambio de estrategia o bien el retiro de la organización del frente de batalla.

En la reunión del Grupo de Contacto con Libia, que preside conjuntamente Gran Bretaña y Qatar, que sesionó en Doha el miércoles de esta semana, los representantes de los rebeldes de Bengasi reclamaron mayor efectividad de la OTAN en la neutralización de las fuerzas de Khaddafi, especialmente de los efectivos que mantienen cercada a la ciudad de Misrata.

En esta ciudad ubicada en la mitad occidental de Libia, las fuerzas gubernamentales causaron ayer 23 muertes y más de 20 heridos de gravedad, y además de las víctimas civiles ya se ha denunciado hambre y otras carencias humanitarias.

Después de la reunión de Doha, los responsables de las relaciones exteriores de 34 países se encuentran reunidos desde ayer en Berlín, con la guerra en Libia en el centro de la agenda. Con la presencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la capital alemana los cancilleres han convenido en aumentar la presión sobre el régimen de Trípoli y, al mismo tiempo, “proporcionar los recursos necesarios y la máxima flexibilidad operativa” a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), luego de la exposición del almirante Stavridis en que solicitaba ampliación de recursos y armamentos.

Aunque el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, admitió que ningún país ha hecho aún “compromisos específicos” para aportar más medios, dijo ser “optimista” en que se llegará a un acuerdo para ampliar el rango de la guerra en Libia.

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Plata fresca para la insurgencia libia (14 04 11)

El Grupo de Contacto analiza financiar la insurgencia libia

La reunión en Qatar avanza hacia un incremento en la ofensiva de la OTAN

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La virtual parálisis del escenario bélico en Libia, producto de un estancamiento en la relación de fuerzas entre las unidades regulares del coronel Muhammar el Khaddafi y los milicianos rebeldes, fue el centro de las deliberaciones del Grupo de Contacto con Libia, que comenzaron ayer en la ciudad de Doha, capital del emirato árabe de Qatar.

El Grupo se formó el pasado 29 de marzo en Londres, después que Francia y Gran Bretaña, con el apoyo de la flota estadounidense estacionada en el mar Mediterráneo, comenzaran acciones de hostigamiento a la artillería de Khaddafi, en orden al establecimiento de una zona de exclusión aérea, tal como lo había definido la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), principalmente para resguardar a la población civil libia de los estragos de la aviación del régimen.

La acción armada fue luego confiada enteramente a los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN), pero su estrategia ha recibido múltiples críticas desde todos los actores involucrados en la crisis del país norafricano.

En especial, los rebeldes insisten que las acciones emprendidas por la organización aliada no son suficientes para detener la contraofensiva lanzada desde Trípoli por el coronel Khaddafi, cuyos hombres han estado a punto de recuperar los principales enclaves de la insurgencia, tanto en el sector occidental del país (con el cerco a la ciudad de Misrata, que la está empujando a una situación de crisis humanitaria por la falta de agua, alimentos y remedios), como a la oriental Ajdabiya, ya en las inmediaciones de Bengasi, donde se ubica el Consejo Nacional rebelde.

En la reunión de Doha estas posturas volvieron a tensarse en la mesa de negociaciones, y al mismo tiempo que se pide mayor contundencia a la OTAN (encabezada por las delegaciones inglesa y francesa), algunos participantes introdujeron la inciativa de financiar al sector insurrecto, ya sea con donaciones voluntarias por parte de los Estados, o bien liberando fondos de exportación del petroleo libio, que en razón del embargo a Khaddafi hoy se encuentran inmovilizados en diversos bancos del mundo.

Inclusive algunos embajadores –como el italiano- no descartaron la posibilidad de entregar armas al sector rebelde. La insuficiencia de material de guerra es señalada como la principal carencia de los insurrectos para lograr imponerse a las tropas de Khaddafi, muy inferiores en número.

La delegación belga, por el contrario, recordó que la ONU hace referencia a un “embargo total de armas” a Libia, y eso incluye a ambos bandos; Alemania, por su parte, insistió en que “no habrá solución militar”, por lo cual el incremento las armas constituiría un despropósito.

El secretario la ONU, Ban ki Moon, y los representantes de la Liga Árabe y la Confederación Islámica, hicieron hincapié en que los fondos deben destinarse a aliviar la situación de los 3,6 millones de civiles atrapados en el conflicto. Cerca de medio millón de personas han dejado el país desde el estallido de la crisis, según la oficina de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

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Los rebeldes quieren a Sarkozy (13 04 11)

La OTAN suma nuevas críticas por la intervención en Libia

El cerco sobre Misrata empuja la situación de la ciudad hacia una crisis humanitaria

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TRÍPOLI.- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar integrada por los ejércitos de los Estados Unidos de Norteamérica y sus socios europeos, que asumió la coordinación total de la intervención en el conflicto bélico libio, sigue sumando críticas desde los ángulos más diversos.

Después de que el coronel Muhammar el Khaddafi y sus hijos repitieran que los ataques aliados constituían una “intervención colonialista” en los asuntos internos del país norafricano, el liderazgo del bando insurgente, por boca de los máximos representantes del Consejo Nacional opositor, criticaron la actuación militar de la OTAN, tanto por el “fuego amigo” que causó bajas entre las propias filas rebeldes, como por la “poca contundencia” de sus acciones para detener a las tropas de Khaddafi.

A pesar de los varios centenares de misiones de ataque aliado contra objetivos artillados, defensas antiaéreas y tanques blindados del régimen, las fuerzas leales al dictador han seguido su ofensiva sobre los enclaves rebeldes, y durante el último fin de semana estuvieron a punto de recuperar las ciudades de Misrata y de Ajdabiya, la última localidad en poder de los alzados antes de llegar a Bengasi, el centro de la insurrección.

A estas críticas, además, en la víspera se sumaron voces de censura desde los gobiernos francés y británico, los más involucrados en el conflicto libio, y desde donde partió la iniciativa de bombardear las defensas de Khaddafi, junto a los misiles lanzados desde barcos norteamericanos, para establecer una zona de exclusión aérea el 19 de marzo, en la fase iniciar de la intervención armada externa.

Para los altos mandos de Francia y del Reino Unido, la estrategia de la Alianza Atlántica es insuficiente para frenar la contraofensiva lanzada desde Trípoli.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, tuvo a su cargo el mando de las acciones bélicas en un primer momento, hasta que, cediendo a una iniciativa del presidente Barack Obama, delegó junto a su par británico David Cameron la coordinación en la OTAN; desde Bengasi se pedía ayer que Francia recupere el liderazgo de los ataques.

El canciller de Sarkozy, Alain Juppé, se sumó a las críticas al admitir desde París que la OTAN “no hace lo suficiente”. El ministro británico de Exteriores, William Hague, también insistió en la misma línea, y llamó a otros países a sumarse a la intervención contra Khaddafi.

Cita en Qatar

DOHA.- Mientras los combates en Libia se suceden sin que ninguno de ambos bandos pueda imponerse y las muertes de civiles aumentan a diario, hoy se reunirá en la capital qatarí el Grupo de Contacto internacional sobre Libia, que se constituyera en Londres el 29 de marzo pasado, y que intenta formular posibles vías de salida a la crisis en la dictadura encabezada por Muhammar el Khaddafi y su entorno.

A la reunión que comienza hoy en el pequeño Estado árabe asistirán representantes de unos veinte países, que en Londres estuvieron de acuerdo con hostigar al régimen libio con acciones militares, junto a delegados de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Africana (UA), la Liga Árabe y la Conferencia Islámica.

Los esfuerzos diplomáticos para ofrecer una salida a Khaddafi y el inicio de una transición cobran mayor importancia cuando desde el propio mando aliado se ha admitido que no hay posibilidades de imponerse al aparato militar de Trípoli en el corto plazo.

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