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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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¿Cómo parar el Estado Palestino? (29 09 11)

Las Naciones Unidas comienzan a tratar el pedido palestino

Rusia y China se suman a las críticas a Israel por entorpecer el proceso de paz

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Mientras la iniciativa del premier palestino Mahmmoud Abbas frente a las Naciones Unidas sigue cosechando adherentes, la ampliación de 1.100 viviendas para judíos en la zona árabe de Jerusalén Este anunciada esta semana por el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu está poniendo en aprietos a su principal valedor, el presidente Barack Obama.

Desde Washington, Obama hizo saber, a través de su portavoz, que se sentía “profundamente decepcionado” por la decisión de la administración conservadora de Netanyahu; mientras que la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, tuveo ayer que improvisar un llamado a frenar la agresividad de los colonos israelíes, que podrían empeorar aún más el panorama, poniendo en evidencia que la vía apoyada por el Departamento de Estado no tiene demasiadas posibilidades de prosperar, debido a la inflexible postura de la derecha judía.

“Urgimos a evitar cualquier movimiento en las cercanías de Jerusalén que puedan considerase provocativos”, pidió Clinton en la víspera, dirigiéndose a ambas partes, aunque las excavadoras israelíes ya trabajan en el barrio de Gilo, en el corazón de la Jerusalén árabe.

Por su parte, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos comenzó ayer, siguiendo los procedimientos internos del órgano multilateral, a considera la petición de presentada por Mahmmoud Abbas ante la Asamblea General.

A pesar de los varios intentos de los enviados norteamericanos para que depusiera de su solicitud, la presentación formal de la carta al secretario general, Ban ki Moon, obliga a las comisiones de la organización internacional a abocarse a su tratamiento.

El Comité de Nuevas Admisiones, que incluye a los 15 miembros del Consejo, celebrará hoy su primera sesión con el petitorio palestino en el orden del día.

El proceso de revisión de una candidatura para lograr el estatus de Estado miembro suele extenderse por unos 35 días, pero diversos analistas aseguraron que, en este caso y dada la determinante presión estadounidense, ese periodo puede alargarse casi indefinidamente.

Aún así, el éxito diplomático para los palestinos ya se ha dado, especialmente por la abrumadora mayoría de países del mundo que respaldaron la solicitud.

Así, el jefe de la delegación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ante la ONU, Riyad Mansour, dijo ayer que los pasos formales están asegurados, y que si la decisión política de la potencia hegemónica presiona para que esos pasos no den resultados, deberá hacerse cargo también del costo político; “el proceso avanza paso a paso y esperamos que el Consejo de Seguridad cargue con su responsabilidad”, sostuvo Mansour.

Israel cada vez más solo

El claro respaldo norteamericano a Tel Aviv comienza a ser el único baluarte con que cuenta el Estado judío. Ayer, Rusia y China, dos potencias emergentes con una importancia determinante en la fijación de políticas globales (y ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad), criticaron abiertamente la expansión de asentamientos israelíes los territorios ocupados desde 1967.

El Departamento de Estado norteamericano no pudo dejar de expresar su “decepción” por la nueva medida, que afecta directamente la posibilidad de una reanudación de las conversaciones de paz entre ambas comunidades; y también la representante de la Unión Europea emitió un comunicado crítico.

“Es de especial preocupación que decisiones sobre un asunto tan delicado se tomen durante este período crucial”, sostuvo la Cancillería rusa, mientras sus homólogos chinos expresaron su “oposición” a la decisión de Israel.

Las condenas en los países árabes fueron homogéneas y contundentes.

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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Matanza en Hara, condena de la ONU (05 08 11)

La matanza de civiles en Siria provoca un drama humanitario

Las Naciones Unidas condenan la represión gubernamental en la ciudad de Hama

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DAMASCO.- El régimen autocrático sirio del presidente Bachar al Assad decidió dar la espalda al unánime reclamo de la comunidad internacional, en el sentido de que abriera los espacios de diálogos con la oposición que él mismo viene prometiendo desde hace semanas, y envió una columna de tanques del ejército a reprimir las movilizaciones populares en la ciudad de Hama.

La llegada de los cuerpos militares, con tanques artillados y con nidos de ametralladoras, se apostaron en las principales arterias de esta ciudad de 80.000 habitantes y en la jornada de ayer abrieron fuego contra la población civil, provocando un número aun indeterminado de muertes, aunque estiman que superarían las 300.

El ataque ha provocado una desbandada de ciudadanos, que intentan huir de cualquier manera de la ciudad, aunque el mismo ejército ha sellado las carreteras, manteniéndola sitiada –sin ningún tipo de servicios básicos- desde hace cinco días.

Los medios de la prensa internacional no han sido autorizados a acercarse a Hama, y la prensa local, completamente adicta al clan Assad, ni menciona el caso; pero los testimonios de quienes han logrado sortear los retenes, o enviar mensaje por teléfonos satelitales (ya que tampoco hay líneas de teléfonos ni Internet), ofrecen una imagen dantesca de la ciudad, a oscuras y donde escasean víveres y agua.

En la víspera, además, se informó que soldados sin uniforme disparaban al azar en las calles; las familias han comenzado a enterrar a sus muertos en las casas particulares, porque nadie se atreve a salir ni siquiera para llevar los cadáveres hasta el cementerio.

La violenta reacción gubernamental se desencadenó tras la visita a Hama de los embajadores francés y norteamericano, que llegaron para interiorizarse del estado de los movilizados, que ya habían sido reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Esta acción fue interpretada por el régimen de Damasco como una provocación, y el gobierno permitió que grupos violentos afines atacaran y saquearan las legaciones diplomáticas de ambos países.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, afirmó tras ese ataque que la situación en Siria se había descontrolado, y que el presidente Bachar al Assad “ha perdido toda legitimidad para permanecer en el cargo”.

Tras sus declaraciones, la Unión Europea elevó el nivel de sanciones bilaterales, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas presentó ayer una carta de censura, condenando la represión en Hama y pidiendo a Al Assad el fin del sitio sobre la ciudad, que está empujando la situación humanitaria a un nivel de desastre.

Se suman Rusia y China

Las estrategias de presión ensayadas hasta ahora por los organismos multilaterales sobre el gobierno del clan Al Assad en Siria habían tenido la oposición sistemática de Rusia y de China. Sin embargo, la sangrienta represión de Hama llevó a un cambio en las posturas internacionales de ambas potencias, que disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Así, el Consejo emitió ayer una declaración de condena de la represión y un nuevo llamado a que el gobierno de Damasco habilite canales de diálogo con la oposición.

El presidente Bachar al Assad respondió con un nuevo decreto, por el cual permite la existencia de partidos políticos, quebrando la exclusividad del Baas gubernamental.

Pero el presidente ruso Dmitri Medvédev sostuvo que no hay lugar ya para maniobras dilatorias, y aumentó la presión mundial al advertir a los Assad que se enfrentarán a un “triste futuro” si no emprenden reformas de fondo en el régimen, “instauran la paz y dan paso a un Estado moderno”.

El cambio de postura de rusos y chinos habilita una profundización de la intervención internacional en el conflicto sirio.

 

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Libia, el daño civil (04 07 11)

Libia acusa a la OTAN de atacar una escuela técnica en Trípoli

Las víctimas civiles siguen siendo la mayor debilidad en la estrategia aliada        

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TRÍPOLI.- La semana pasada, el anuncio de que el fiscal de la Corte Penal Internacional, el jurista argentino Luis Moreno Ocampo, había decidido librar ordenes de captura internacional para el coronel Muhammar el Khaddafi y sus principales colaboradores, fue presentado como un respaldo diplomático de la sociedad internacional a la ofensiva que la Alianza Atlántica (OTAN) despliega en Libia.

El accionar militar, sin embargo, cada día encuentra más dificultades para validarse, por el alto costo que la guerra tiene para la población civil. Diversos observadores, como el nuncio papal en Libia, han manifestado ya reiteradamente que las bombas aliadas, supuestamente dirigidas a neutralizar objetivos militares, causan ingentes daños a una población que, inerme, se encuentra entre dos fuegos.

En esta línea, el gobierno de Khaddafi denunció que en la noche del viernes último una misión de la Alianza Atlántica bombardeó una escuela técnica, causando un número indeterminado de víctimas entre los estudiantes, técnicos e ingenieros docentes.

La denuncia, realizada por los canales informativos oficiales de la televisión libia, coincide con un reporte de la cadena británica BBC, que informó sobre un ataque de esas características en la capital durante la noche del viernes.

La OTAN admitió la acción militar, pero como ya es de uso en los partes sobre la guerra de Libia, no se refirió a las posibles víctimas civiles sino que sostuvo que los objetivos habían sido lanzamisiles y varios tanques y vehículos militares.

El informe de los mandos militares conjuntos fue ratificado también por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de visita oficial en España. En Madrid, Clinton sostuvo que la guerra en el norte de África va en la dirección estratégica esperada, y que los aliados “mantendrán los ataques” hasta tanto Khaddafi abandone el poder.

Junto a ella, la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, ratificó que la Unión Europea respalda sin fisuras la posición estadounidense.

Rebeldía africana

El régimen de Muhammar el Khaddafi, que ha presentado una inédita resistencia a las acciones militares occidentales, está decidido a ignorar también la orden de arresto contra sus principales dirigentes, emitida por la Corte Penal Internacional (CPI).

Y ha utilizado para hacerlo público la tribuna de la Unión Africana (UA), una organización regional muy cercana a Trípoli, gobierno que aporta la porción sustancial de su presupuesto de funcionamiento. La UA exhortó ayer a sus miembros a ignorar la orden de captura, y recomendó a los países del continente, firmantes de la CPI, no arrestar a Khaddafi si éste los visita.

Esta decisión regional habilitaría al mandatario a moverse libremente por África, en el caso eventual que decidiera salir de Trípoli, lo que es altamente improbable.

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Libia, una guerra que se va para arriba (14 04 11)

Los aliados se disponen a elevar la guerra en Libia

Rusia, India, China y Brasil mantienen su postura contra los bombardeos

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TRÍPOLI.- Las posiciones que sostienen que el conflicto político en Libia debe encararse por vías distintas al ataque bélico están siendo sobrepasadas por la tendencia contraria, y los responsables militares de la Alianza Atlántica (OTAN) planean aumentar la cantidad de armamentos y recursos para atacar con mayor precisión y contundencia las defensas del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

La petición de ampliar la ofensiva la realizó el máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización que participan en la intervención militar.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) habilitó las acciones contra Khaddafi, Francia y Gran Bretaña enviaron de inmediato a sus fuerzas aéreas, y la armada estadounidense se sumó con misiles disparados desde los buques norteamericanos estacionados en el mar Mediterráneo.

Pero una vez que la zona de exclusión aérea estuvo asegurada, el presidente Barack Obama logró que sus pares francés, Nicolás Sarkozy, y británico, David Cameron, entregaran el control y la coordinación total de la ofensiva a los mandos de la OTAN.

Sin embargo, la alianza militar occidental ha cometido varios fallos, ha bombardeado por error columnas de milicianos rebeldes; las víctimas civiles caratuladas como “daños colaterales” de sus bombardeos siguen aumentando; y la oposición armada del Consejo Nacional insurrecto ha reclamado un cambio de estrategia o bien el retiro de la organización del frente de batalla.

En la reunión del Grupo de Contacto con Libia, que preside conjuntamente Gran Bretaña y Qatar, que sesionó en Doha el miércoles de esta semana, los representantes de los rebeldes de Bengasi reclamaron mayor efectividad de la OTAN en la neutralización de las fuerzas de Khaddafi, especialmente de los efectivos que mantienen cercada a la ciudad de Misrata.

En esta ciudad ubicada en la mitad occidental de Libia, las fuerzas gubernamentales causaron ayer 23 muertes y más de 20 heridos de gravedad, y además de las víctimas civiles ya se ha denunciado hambre y otras carencias humanitarias.

Después de la reunión de Doha, los responsables de las relaciones exteriores de 34 países se encuentran reunidos desde ayer en Berlín, con la guerra en Libia en el centro de la agenda. Con la presencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la capital alemana los cancilleres han convenido en aumentar la presión sobre el régimen de Trípoli y, al mismo tiempo, “proporcionar los recursos necesarios y la máxima flexibilidad operativa” a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), luego de la exposición del almirante Stavridis en que solicitaba ampliación de recursos y armamentos.

Aunque el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, admitió que ningún país ha hecho aún “compromisos específicos” para aportar más medios, dijo ser “optimista” en que se llegará a un acuerdo para ampliar el rango de la guerra en Libia.

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Guerra sucia, negro petróleo

Guerra sucia, negro petróleo

Por Nelson Gustavo Specchia

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Durante dos días, en la luminosa París, las principales economías del mundo se reunieron, con la crisis política y humanitaria de Libia en el centro de sus agendas. De todas las opciones posibles, el Grupo de los Ocho eligió la peor de ellas: no hacer nada. No es la primera vez que las grandes potencias tienen en sus manos la ocasión de hacer realidad lo que pregonan, y la dejan pasar. La posibilidad de aunar el discurso de la solidaridad internacional con los pueblos oprimidos, la cooperación en el crecimiento de la libertad y en la profundización de la democracia, aunados a hechos concretos que demuestren que esos principios realmente configuran un embrión de comunidad internacional, en vez de ser una pantalla hueca que sólo sirve para adecentar la dura realidad del poder militar y los intereses económicos. Y también esta vez la dejaron pasar.

Los responsables de las políticas exteriores del Grupo de los Ocho (G-8), los cancilleres de los Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Canadá, Italia y Japón, no lograron consensuar ninguna medida para intervenir en el territorio libio, en apoyo a la insurgencia popular alzada contra la tiranía del coronel Muhammar el Khaddafi. A pesar de ciertas posturas que, en los primeros momentos de la revuelta, hicieron suponer que los rebeldes podrían llegar a tener el apoyo de alguno de los miembros del selecto club de los poderosos del mundo, el contundente contraataque del régimen libio para recuperar posiciones sobre el terreno ocupado, la obvia superioridad militar, el respaldo de millones de todas las monedas de curso legal acumulados por el coronel durante los 41 años que ocupa el poder en Trípoli, y un escenario de aumento de la demanda de recursos energéticos tras el colapso japonés, modificaron rápidamente aquellas primeras señales esperanzadoras.

La administración norteamericana de Barack Obama, que había planteado originalmente el cerco aéreo de una zona de exclusión para la aviación militar de Khaddafi, y que inclusive había llegado a reacomodar parte de su flota de guerra en el Mediterráneo para acercarla a las costas libias, retrocedió hacia una posición de claroscuros para evitar mayores definiciones. Tras los primeros discursos de Hillary Clinton, amenazando a Trípoli con fuertes sanciones o directamente con una intervención, se pasó a condicionar ésta al acuerdo con los socios europeos de la OTAN. Pero cuando el francés Nicolás Sarkozy –en conjunto con el premier británico David Cameron- se sumó a la hipótesis de cerrar el cielo libio a través del bombardeo de sus defensas antiaéreas, Hillary dijo que se requería para llegar a eso la anuencia de los demás Estados árabes.

Los largos e intrincados pasillos diplomáticos seguían cruzándose, pero aún así se logró, en un tiempo breve, que la Liga Árabe, reunida en El Cairo, separara al gobierno de Libia de su seno y diera su consentimiento para bloquear el espacio aéreo; una medida que colaboraría con la oposición rebelde, pero que fundamentalmente protegería a la población civil contra los estragos de los bombardeos de la aviación militar del régimen. Pero tampoco el consentimiento de la mayoría de los países árabes fue suficiente ya para la secretaria de Estado de Obama; la nueva postura era que la decisión surgiera del pleno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero mientas los laberintos diplomáticos se cruzaban y se enderezaban, el coronel no perdía ni un minuto, y ya había enviado mensajeros personales a El Cairo, para intentar quebrar la postura homogéneamente en su contra en el seno de la Liga Árabe; y otros emisarios a Bruselas, a hacer lobby en las diversas oficinas decisorias de la Unión Europea. Con la misma velocidad, había recibido en Trípoli a los embajadores de Rusia y de China. Todo el sistema informativo libio sigue cerrado a cal y canto desde que comenzó la insurrección rebelde, pero la cadena televisiva qatarí Al Jazeera publicó un trascendido que mostraba por dónde iría la estrategia del coronel: en las conversaciones con los embajadores, Khaddafi habría prometido a Rusia y a China sendos contratos de explotación petrolera en condiciones excepcionalmente ventajosas. Ambos países disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. O, como mínimo, si no utilizan el veto, al menos se abstendrán de apoyar el cierre del cielo libio.

A PASO CAMBIADO

Cada vez más distante y distraída, Hillary Clinton llegó a la reunión del G-8 en París, y antes de ir a las sesiones se reunió con el presidente Nicolás Sarkozy. El francés es el que ha quedado peor parado en el veloz cambio de actitud de las potencias en la crisis Libia. Se jugó a apoyar la insurrección, rompió relaciones con Khaddafi, reconoció al Consejo Nacional opositor como su interlocutor legítimo, y mandó un nuevo embajador a Bengasi para que lo represente ante los insurgentes. Después de la entrevista con Hillary, el duro rostro del inquilino del Elíseo se mostraba preocupado; y al término de la reunión de cancilleres, cuando ya se sabía que nadie haría nada, y las tropas del régimen ya cercaban la capital de los rebeldes, Sarkozy mandó que su fútil y breve embajada vuelva a París, antes de que Bengasi termine de caer en las manos del sátrapa libio nuevamente.

El resto, por supuesto, fueron declaraciones y grandes discursos, como siempre. Todos los cancilleres coincidieron en pedir a Khaddafi que respete las legítimas reivindicaciones y aspiraciones del pueblo libio. Palabras que el coronel, seguramente, habrá recibido con una sonrisa irónica en Trípoli.

IMPUNIDAD ASEGURADA

Porque las declaraciones del G-8 en París dejan claro que los grandes principios sostenidos como valores morales universales por los poderosos de la tierra tienen, al menos al día de hoy, ese límite objetivo: su enunciación discursiva, pero no necesariamente su consecución material.

Y los primeros en tomar nota de esta situación, además del propio Muhammar el Khaddafi, han sido las petrocracias del Golfo Pérsico, comenzando por el jefe de la casa reinante en Arabia Saudita, Abdallah bin Abdelaziz, y por el monarca del Estado insular de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa.

Porque la inacción de las potencias, además de dejar pasar otra oportunidad para hacer realidad lo que pregonan sobre la libertad y la apertura democrática, está fijando el nivel de represión que las autocracias árabes pueden seguir ejerciendo contra sus pueblos, sin correr el riesgo de que los grandes poderes del globo vayan a impedirlo.

Así, el alzamiento popular en Bahrein, que desde mediados de febrero ocupaba las calles y la céntrica Plaza de la Perla del pequeño país, en demanda de una apertura democrática concreta, con elecciones para la constitución de un Ejecutivo y la integración de un Parlamento (instancias a las que hasta hoy nominan de manera feudal los Al Khalifa), fue aplastado por las tropas de Arabia Saudita. Al ver el modo en que las principales potencias trataban a Khaddafi, el sunnita rey Abdallah puso manos a la obra y mandó su gente a reprimir a los chiítas de las islas bahreníes, no vaya a ser que el proceso democratizador avance en el país vecino, y que desde allí luego se trasladase a las costas del gran reino petrolero.

En todo caso, debe ser la obvia lectura de Abdallah y de los Al Khalifa, si a Khaddafi le han permitido machacar sin piedad a los opositores rebeldes, reprimiendo el alzamiento con todo el peso de su aviación y artillería, la impunidad de los países del Golfo, donde las reservas del negro petróleo son sustantivamente más vastas, está garantizada.

Si Khaddafi termina finalmente tomando Bengasi este fin de semana, y desencadenando la persecución y represión sobre los civiles rebeldes que se vaticina, el idealismo diplomático europeo y los bellos discursos internacionales del gobierno demócrata estadounidense, habrán sufrido una profunda herida de credibilidad. Un descenso muy difícil de remontar.

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Khaddafi amenaza con sangre (03 03 11)

La OTAN evalúa cerrar el espacio aéreo libio para proteger a civiles

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El cuestionado líder libio Muhammar el Khaddafi volvió a aparecer en público ayer, y utilizó las cadenas de comunicación que aún controla para advertir sobre las consecuencias de una intervención de fuerzas militares extranjeras.

Con la reubicación de parte de la flota estadounidense frente a las costas de Trípoli, y las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que en Ginebra afirmó que el gobierno del presidente Barack Obama no descarta “ninguna acción” directa para intervenir en la crisis del país norafricano, el discurso de Khaddafi en la víspera fue leído como una respuesta a la posibilidad de una injerencia militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde confluyen los efectivos norteamericanos y sus aliados de la Unión Europea (UE).

En este sentido, y teniendo presente las recientes sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y la creciente presión internacional, el mandatario afirmó que una acción militar directa se respondería con una “guerra sangrienta”, en la que “miles de personas morirán” si la OTAN acude finalmente en ayuda de la insurrección que ha alzado a una parte del país en reclamo del fin del régimen.

Además de estos mensajes hacia el exterior, en esta nueva aparición pública, la tercera desde que comenzó la insurrección, el coronel Khaddafi alentó a sus partidarios a sumarse a la defensa nacional, sosteniendo que “vamos a luchar hasta el último hombre y la última mujer, hasta la última gota de sangre contra el terrorismo en Libia, pulgada a pulgada”, y realizó claras advertencias internas, al sostener que cualquier libio que abra la puerta o acepte asistencia humanitaria extranjera será acusado y condenado por “alta traición”.

El discurso del dirigente coincidió con una contraofensiva de las fuerzas armadas que le siguen siendo fieles, hacia la mitad oriental del país, donde los alzados se han hecho fuertes.

La cadena televisiva qatarí Al Jazeera informó de sucesivos ataques sobre las posiciones tomadas por los rebeldes, y la respuesta de éstos. Los rebeldes habrían logrado en las últimas horas repeler el intento del gobierno de volver a controlar las ciudades del este, donde se acumulan los principales pozos petroleros y los oleoductos hacia la costa mediterránea. Según los reportes filtrados a la prensa internacional, durante la madrugada de ayer los efectivos militares leales a Khaddafi, junto a los cuerpos de mercenarios contratados en los países subsaharianos, lanzaron un contundente ataque sobre la ciudad de Brega, uno de los más importante enclaves petrolíferos, a 800 kilómetros al este de Trípoli. Sin embargo, los rebeldes, que desde esta semana están coordinados militarmente por un Consejo creado a tal efecto, lograron contestar el ataque –que incluyó artillería pesada y bombardeos de la aviación- y mantener el control de la ciudad.

Al tiempo de mostrar la paridad de fuerzas entre ambos sectores, y la importante porción de militares profesionales que se cuentan entre los alzados, la batalla de Brega constituyó una fuerte señal hacia todos los rebeldes al mostrar que una victoria sobre las fuerzas regulares del régimen es posible.

En este sentido, el Consejo Nacional –la organización creada por los insurrectos en Bengasi- ha comenzado a apelar a la ayuda militar internacional, sin la cual la guerra entre ambos bandos podría enquistarse durante largos períodos, dada la paridad de fuerzas.

Sin embargo, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, advirtió ayer que crear una zona de exclusión aérea sobre Libia requeriría bombardear posiciones antiaéreas, lo que supondría una declaración formal de guerra a Khaddafi, algo que aún no está decidido en Washington.

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Libia frente a una posible guerra larga (01 03 11)

La revuelta libia podría caer en una guerra civil prolongada

El gobierno norteamericano advierte sobre la posibilidad de un conflicto largo

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Cuando el alzamiento opositor al coronel Muhammar el Khaddafi en Libia entra ya en su tercer semana, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, afirmó ayer que el conflicto pude estancarse en una larga guerra civil entre las dos mitades del país.

El sector oriental está ocupado por los insurrector, que inclusive han constituido esta semana un Consejo Nacional en el que se van integrando los diferentes grupos que confluyen en la oposición al régimen de Khaddafi, y han asentado en la segunda ciudad libia, Bengasi, el centro de control del alzamiento.

Junto a esta instancia, organiada para tutelar una posible transición tras la caída del régimen, ayer fuentes de la oposición informaron de la creación de un Consejo Militar, con el objetivo de coordinar las fuerzas de la insurgencia en un nuevo ejército regular.

Por otro lado, el clan familiar del coronel, que ha ocupado el poder durante las últimas cuatro décadas, se ha atrincherado en la mitad occidental del país, con centro en Trípoli, y junto a los sectores del ejército que le siguen siendo fieles y grupos de mercenarios subsaharianos contratados, con la perspectiva de resistir desde la capital.

Con estas intenciones, Khaddafi lanzó en las últimas horas una ofensiva contra las fuerzas rebeldes que controlan la cercana ciudad de Zawiya, a apenas 50 kilómetros de Trípoli, para asegurar las periferias de la capital.

Sin embargo, la avanzada fue repelida durante la madrugada de ayer, en un combate que se extendió durante más de seis horas, según filtraron testigos a la cadena Al Jazeera, en el que los rebeldes pudieron imponerse dado que cuentan con tanques de guerra, armas pesada y soldados profesionales, parte del sector de las fuerzas armadas que se unió al alzamiento.

Frente a esta supuesta paridad de fuerzas, la posibilidad de que el coflicto se estaciones durante períodos prolongados ha comenzado a tomarse como una hipótesis fuerte, según las declaraciones de la secretaria Clinton, que informó en la víspera a la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense.

El actual escenario, dijo la responsable de la política exterior de la Administración Obama, podría hacer que “en los próximos años Libia se convierta en una democracia pacífica, o podría enfrentarse a una prolongada guerra civil.”

El informe de Clinton vino luego de la reunión de la comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra; en ella, junto a los aliados de la Unión Europea (UE) y de países árabes de la región, la secretaria aseguró que su país manejaba “diversas alternativas” para intervenir en el conflicto libio, y a renglón seguido el ejército norteamericano reposicionó parte de sus efectivos en el Mediterráneo, ubicando naves de guerra frente a Trípoli.

Sin embargo, a pesar de que las víctimas pueden ascender ya a varios miles, y que los desplazados por las fronteras alcancen los cien mil, los voceros del levantamiento siguen rechazando la posibilidad de una intervención militar externa.

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La flota americana se ubica frente a Libia

Estados Unidos reubica sus soldados en el Mediterráneo frente a Libia

La oposición rodea la capital mientras aumenta la presión internacional

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Después de que la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, mantuviera en Ginebra una reunión con los socios europeos y árabes de la potencia hegemónica, anunció que su gobierno reorganizará los efectivos y las fuerzas militares que dispone en la región del mar Mediterráneo, para que las mismas estén disponibles para “dar apoyo logístico a misiones humanitarias”.

Las palabras de la responsable de la política exterior estadounidense, que también afirmó que “ninguna opción está descartada mientras Khaddafi siga matando a su gente”, han sido leídas en el contexto de un aumento de la presión internacional al régimen libio, que se encuentra prácticamente acorralado por las facciones opositoras que se han levantado contra su gobierno, y que ya controlan la mitad oriental del país (donde se encuentra cerca del 80 por ciento de las reservas de petróleo de Libia), y  avanzan hacia la capital, Trípoli, para obligar al cambio de régimen.

Luego del anuncio de Clinton, desde el Pentágono, sede de la administración central de las fuerzas armadas estadounidenses, se anunció que el reposicionamiento de los efectivos militares en la región obedece a la escalada de tensión entre las diferentes facciones que disputan el poder en Libia, y estar preparados para responder lo más rápidamente en “acciones de rescate”, frente a una posible crisis humanitaria.

La oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha calculado que cerca de cien mil personas han huido del escenario de enfrentamiento bélico entre los alzados –a los que se sumó un sector rebelde de las fuerzas armadas libias- y la parte del ejército regular que sigue fiel a Khaddafi, a quienes se agregaron milicianos contratados en los países del África subsahariana.

Además de este movimiento estratégico del primer ejército del mundo, con gran impacto simbólico en el desarrollo de la crisis en el país magrebí, la Administración Obama, junto a aliados de la Unión Europea (UE), propugnan imponer una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio, fundamentada en la intención de evitar nuevos bombardeos de la aviación militar todavía leal a Khaddafi sobre la población civil, según afirmó el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney.

El bombardeo de civiles es vía de represión del alzamiento, comprobada por la difusión de videos caseros subidos a la Internet, que se ha evaluado como desproporcionada, y que ha llevado al Consejo de Seguridad de la ONU a habilitar el probable juzgamiento del coronel Khadaffi por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional (CPI).

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