Archivo mensual: junio 2008

Europa en horas bajas (26 06 08)

Publicado en Diario Norte, suplemento dominical, Año XXXIX, 29 de junio de 2008; y en Hoy Día Córdoba, suplemento Magazine, pág. 3, Año XI, Nº 2.714, 26 de junio de 2008.

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Europa en horas bajas

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Por Nelson-Gustavo Specchia

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Los síntomas de cierta relajación y contramarchas en el avance del proceso de integración del Viejo Continente comenzaron hace un par de años, en 2005, cuando los franceses y los holandeses, dos pueblos que habían estado en el pequeño club de los seis países fundadores de la primera Comunidad Europea, votaron NO en los plebiscitos para refrendar una constitución, que parecía redactada a la medida de los gobiernos, pero que juzgaron alejada de los sentimientos y de los problemas de los ciudadanos. A aquellos síntomas, en los últimos días han venido a sumarse una seguidilla de decisiones desacertadas de los órganos de decisión comunitarios, que han llenado de estupor y de escepticismo los análisis de ese modelo de referencia para la política internacional que es la Unión Europea.

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Un modelo de referencia no solamente a nivel de la integración geográfica entre los países del continente, sino a nivel del ideario de esa comunidad de naciones como vía de transmisión de la paz entre los Estados y los pueblos, de una ética humanista, de un equilibrio muy respetable entre libertades civiles y prácticas públicas de contención social.

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Que Europa, luego de largos siglos de luchas fratricidas y de dos guerras mundiales haya logrado, mediante la creación de un espacio común, dejar de matarse mutuamente, afirmar la paz, aumentar de manera sostenida su producto bruto, instalarse como un interlocutor internacional de peso, eliminar las fronteras interiores, y proteger los derechos civiles, sociales y políticos de su población, ha convertido al proyecto plasmado en la Unión Europa en una referencia ineludible para el análisis y la proyección política de otras latitudes.

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Sin embargo, tres eventos de máxima resonancia, en el transcurso de pocos días, vienen a echar un manto de sombras sobre la continuación exitosa de ese proceso en la actual coyuntura: la Constitución frustrada por holandeses y franceses es 2005 fue reconstituida por los líderes europeos en un nuevo tratado, en el Consejo de Lisboa, que institucionalmente fija las pautas para poder administrar la organización continental con los 27 miembros que suma luego de la gran ampliación hacia los países del Este. Pero en la única votación popular prevista en todo el continente para la ratificación del Tratado de Lisboa, en Irlanda  (en los restantes 26 miembros de la UE la ratificación sólo será parlamentaria), se impuso el NO, frenando todo el proceso institucional, ya que el tratado requiere de la unánime aceptación de los Estados miembros para entrar en vigor el próximo 1 de enero de 2009. Nadie tiene la más peregrina idea de cómo salir de este impasse, aunque todos coinciden que la organización ampliada no podrá seguir administrando sus órganos con las herramientas previstas por el Tratado de Niza, pensado para sólo 12 miembros.

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Por su parte, el Consejo Europeo (la reunión periódica de jefes de Estado y de gobierno), aprobó mayoritariamente el 9 de junio la revisión de los límites de los tiempos laborales, extendiéndolos hasta un hipotético techo de 65 horas semanales, lo que permite suponer jornadas de trabajo de unas 11 horas diarias, incluyendo los sábados: de un plumazo se cambia un paradigma, que ha integrado –de una manera central- ese “modelo social europeo” que ha sido referente desde la posguerra, aumentando la discrecionalidad empresaria en desmedro de los derechos de los trabajadores.

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Y la guinda del postre, que viene a ratificar que estas decisiones legislativas y ejecutivas no son eventos aislados y excepcionales, sino que forman parte de una tendencia política de esta Europa en horas bajas, que implican modificaciones estructurales en la idea que las elites europeas de estos días tienen sobre la continuidad del proceso de integración continental, esa guinda, digo, la ha puesto el Parlamento Europeo con la adopción –por una mayoría abrumadora de eurodiputados, tanto de la derecha como de la izquierda- de la “Directiva de Retorno”, dirigida a penalizar burocráticamente al inmigrante que no haya conseguido obtener visados de residencia, recluyéndolos en “instalaciones especiales” y por períodos de tiempo desmesurados, en un atentado odioso a los derechos humanos.

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La que ha sido denominada “Directiva de la Vergüenza” por líderes políticos y sociales (latinoamericanos, pero también por profesores y analistas europeos), transforma un conflicto social en un problema policial, permite la retención extra judicial de los inmigrantes indocumentados por períodos de hasta un año y medio (cuando el trámite de expulsión puede realizarse en apenas unos días), inclusive si son parte de sectores vulnerables, como los menores de edad.

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La política de inmigración que esta decisión del Parlamento Europeo dibuja es humillante, y no sólo para los hombres y mujeres que llegan a las costas del Viejo Continente, aunque no dispongan de los formularios de inmigración debidamente cumplimentados, sino que es humillante para la propia dirigencia comunitaria, que asiste pasivamente a la erosión acelerada de ese modelo social que puso a Europa en el centro del candelero en apenas medio siglo.

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Las tendencias conservadoras –que parecen declinar en la América del Norte- han encontrado nuevos retoños en las clases dirigentes europeas; el cambio de ciclo afectará profundamente la cultura política, y el rol de la Unión Europea en el concierto internacional.

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Profesor Titular de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.

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