Archivo mensual: octubre 2009

Presentación de CAMINO AL BICENTENARIO en Alta Gracia

Museo Alta Gracia

– Museo de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia –

Actividades para todo público
“Los programas presidenciales en 25 años de Democracia”
El Museo de la Estancia Jesuítica
de Alta Gracia
invita a la presentación del libro:
Camino al Bicentenario
Los programas presidenciales

en 25 años de Democracia
Argentina

de Nelson Gustavo Specchia
y Emilio Graglia
los discursos presidenciales argentinos ante el Congreso Nacional, desde el retorno de la Democracia (1983) hasta 2008.

Jueves 29 de octubre

a las 19 hs

Salón Auditorio
Entrada libre

Nota: el presente es un mensaje de difusión cultural, no pretende ser Spam. Si no desea seguir recibiendo este tipo de invitaciones, por favor responda con el asunto “Remover”. Disculpe las molestias ocasionadas.

Mails de contacto: difusion@museoliniers.org.ar / info@museoliniers.org.ar
Teléfonos de contacto: 03547 421303 / 03547 428734
Avda. Padre Domingo Viera 41 esq. Paseo de la Estancia
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Honduras en punto muerto (22 10 09)

HONDURAS EN PUNTO MUERTO

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por Nelson Gustavo Specchia

“Bipolares”, FM Shopping, jueves 22 de octubre de 2009

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Nelson G. Specchia - Zelaya - cartel

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Buen día, Daniel.

Hemos estado las últimas semanas recorriendo, desde esta tribuna de análisis internacional, distintas y distantes latitudes, donde la realidad mundial de repente saca a la superficie una punta de iceberg, una muestra –a veces violenta, a veces sorpresivamente feliz, siempre frágil y fugaz para los titulares de los diarios y de los periódicos del mundo-, una pequeña muestra, digo, de esas inmensas realidades enterradas que son las características culturales y sociales específicas de cada pueblo.

Y en este recorrido semanal de los jueves, no habíamos vuelto a poner los ojos en Honduras, en ese pequeño país hermano de centroamérica, de una importancia relativa tan marginal, tan asilada en el concierto internacional, y que se ha colocado en los últimos tiempos en el centro del candelero.

Recuerdo, hace algunos años, cuando estuve trabajando en Tegucigalpa, en Honduras, para unas misiones de consultoría del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el PNUD, y en aquellos días uno de nuestros temas recurrentes, sobre los que volvíamos una y otra vez con los colegas, discurrían sobre las estrategias para colocar a Honduras, de alguna manera, en la atención de las agencias internacionales. Quién me iba a decir que algunos años más tarde los hondureños encontrarían la manera, lamentablemente tan costosa, de estar en el centro de las noticias.

Y ¿cómo analizar este momento, este impasse hondureño que, como coinciden tantos analistas, tendrá efectos que no se limitarán a quedar encerrados dentro de las fronteras del pequeño país centroamericano, sino que de una manera o de otra impactarán en la marcha democrática del resto de la región?

Ayer, 21 de octubre, se cumplió un mes de la sorpresiva vuelta de “Mel” Zelaya y de su atrincheramiento en la embajada brasileña en Tegucigalpa. Dentro de un mes más, por su parte, están previstas las elecciones que supuestamente vendrían a destrabar el conflicto político, pero que toda la comunidad internacional ya ha advertido que no reconocerá si no está el presidente democrático sentado en su sitial al momento de realizarse el acto electoral.

El gobierno de facto de Roberto Micheletti, sacudido del statu quo en que había decidido esperar las elecciones, ha perdido la iniciativa política. A pesar de ello y de estar cada día más aislado internacionalmente, ha aceptado las formas del diálogo con los representantes de Zelaya. Pero sólo las formas, porque en las maratónicas reuniones entre ambas partes, que comenzaron el 7 de octubre, el gobierno de facto no se ha movido un ápice. Micheletti juega al gato y al ratón, mientras gana tiempo: aceptó derogar el estado de sitio que decretó cuando Zelaya volvió y lo tomó por sorpresa, pero aún no lo ha hecho; afirmó que castigaría al responsable militar de haber sacado al presidente constitucional en pijama y a punta de fusiles, pero el general Romeo Vásquez sigue siendo el comandante del Ejército; afirma que sus negociadores tienen plenos poderes para pactar con los de Zelaya, pero los desautoriza al final de cada reunión. Micheletti parece decidido a resistir, en soledad, hasta el 29 de noviembre y la instalación de un nuevo gobierno.

En este juego donde se muestran unas cartas pero las intenciones y los objetivos reales permanecen bien cubiertos y alejados de la mesa de negociaciones, hay que analizar dos elementos de fondo: la posibilidad cierta de una guerra civil, y la legalidad incierta de unas elecciones presidenciales.

En el primer caso, es evidente que un fracaso rotundo de la mesa de diálogo entre ambas partes podría conducir, sin demasiadas dilaciones, a que el conflicto político se asuma como un enfrentamiento civil violento, en las calles, con consecuencias desgarradoras. Y hay que evitar un derramamiento de sangre. Así como el liderazgo latinoamericano está poniendo su empeño en proteger la legitimidad del presidente Zelaya y su reinstalación en el poder, debe hacerse hincapié en evitar la posibilidad de revertir el golpe de Estado mediante la movilización violenta de los partidarios del presidente depuesto. En un movimiento en ese sentido, y dada la práctica ocupación militar del país, las mayores bajas estarán del lado del pueblo desarmado.

Por eso declaraciones como las de Daniel Ortega y Hugo Chávez, reunidos en la cumbre del ALBA en Cochabamba el 17 de octubre pasado, no aportan ninguna tranquilidad. Ortega anunció que la resistencia hondureña está buscando armas y campos de entrenamiento en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Y Chávez apoyó esta tesis: “que nadie se sorprenda –dijo- si surge un movimiento armado en Honduras.” Estas posturas deben ser descalificadas, por insensatas y alarmistas.

En segundo término, creo que hay que considerar más a fondo el tema de la legalidad política de las elecciones del mes que viene. La comunidad internacional se niega a reconocer de plano el resultado de estas elecciones, si el presidente Zelaya no ha sido repuesto en su cargo con anterioridad. Esta es la postura más lógica desde la legitimidad constitucional y democrática, pero puede que sea también el punto de negociación, si –abandonando las posturas maximalistas- todos estuvieran dispuestos a ceder algo.

En estos días, el ex canciller mexicano Jorge Castañeda recordaba que en los últimos tiempos todos los conflictos políticos que han encontrado una vía de salida democrática lo han hecho desde procesos electorales organizados por un gobierno de facto. Por definición, dice Castañeda, el proceso fundacional de un régimen democrático que sustituye a uno autoritario proviene de elecciones organizadas por una dictadura o su equivalente, con mayores o menores niveles de negociación, supervisión internacional o unilateralidad del régimen saliente. Y cita a la España posfranquista de 1977, la Argentina de 1983, el Chile de 1988, o la larga lista de países ex comunistas de Europa del Este, donde las elecciones que llevarían a las transiciones democráticas se organizaron gobernando los regímenes autoritarios salientes. Y este podría ser ahora el caso de Honduras.

Sería deseable, creo, que la comunidad internacional, y muy especialmente los líderes latinoamericanos, se avinieran a negociar un llamado a elecciones organizadas por el gobierno de facto pero fiscalizadas por veedores de la ONU, luego de las cuales el presidente Manuel Zelaya debería recuperar el ejercicio del Poder Ejecutivo, y traspasar el poder a un gobierno de transición, con legitimidad de origen, que ponga paños fríos y reconduzca el proceso político. De lo contrario, la guerra civil será algo más que una hipótesis de trabajo.

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nelson.specchia@gmail.com

El ajedrez entre Turquía y Armenia (18 10 09)

Resistencia, 18 de Octubre
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Nelson Gustavo Specchia

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El ajedrez entre Turquía y Armenia

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Entre los conflictos internacionales que se arrastran desde el siglo pasado, el que enfrenta a Turquía y Armenia es uno de los más constantes, que se renueva con un ritmo anual, intimando al gobierno turco a reconocer la matanza en masa de armenios durante la primera Guerra Mundial.

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Nelson G. Specchia - Acuerdo entre Turquía y Armenia

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Entre 1915 y 1918, un Imperio Otomano deshilachándose se enfrentaba a las tropas zaristas, y Armenia, encerrada entre ambas fronteras, tomó partido por los rusos. Los turcos no tuvieron contemplaciones, y arrasaron. La diáspora Armenia, tan fuerte en países como los Estados Unidos o la Argentina, siempre dijo que aquellas matanzas rozaron el millón y medio de víctimas. Turquía sostiene que hubo unas 300.000 bajas, rechazando tajantemente las denuncias de genocidio, por lo que no está dispuesta a ofrecer ningún tipo de resarcimiento.
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Estas posturas diametralmente opuestas se han mantenido inalteradas durante casi un siglo, mientras que el peso geopolítico de la región no ha dejado de aumentar en el concierto regional, con los ductos del petróleo del Cáucaso, vías de aprovisionamiento energético de Europa, cruzando sus tierras.
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Esta semana algo parece haber comenzado a cambiar. La diplomacia suiza viene trabajando en silencio desde hace décadas, y en Zurich acaba de firmarse un acuerdo entre las cancillerías turca y armenia que, de llegar a ser confirmado por los parlamentos nacionales, constituirá un giro histórico en el viejo antagonismo. El ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, y su par armenio, Edward Nalbandian, rubricaron el documento que prevé el restablecimiento de las embajadas y la reapertura de la frontera.
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Junto a los suizos, varias diplomacias se han movilizado para apoyar el acercamiento entre turcos y armenios. En Zurich estuvieron también los ministros de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, y Bernard Kouchner en representación del presidente francés. Pero entre todos, fue decisiva la presión de Washington, a través de la secretaria de Estado Hillary Clinton. Se dice que en el coche que los llevaba a la cumbre, la señora Clinton logró que el canciller Nalbandian no renunciara a último momento. Otros obstáculos, en todo caso, aun aguardan en el camino de la ratificación en los parlamentos, donde las fuerzas políticas nacionalistas de ambos países mantienen la voz hegemónica.
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La pequeña Armenia, con tres millones de habitantes y rodeada por Azerbaiyán, Georgia y Turquía, mantiene varios pulsos políticos con esta última, un gigante de 72 millones de habitantes y casi 800.000 kilómetros cuadrados, en parte gracias al apoyo internacional de la diáspora armenia. Ejemplo de esta tensión diplomática entre entidades tan disímiles fue la guerra por el enclave azerbaiyano de Nagorno-Karabaj (de población armenia, y donde se mantiene un gobierno de facto), en los años noventa, que enfrentó a Armenia con Azerbaiyán, un histórico aliado turco. En 1993 Turquía cerró la frontera con Armenia en apoyo a los azerbaiyanos, y se mantiene en ese status.

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Enroque regional
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De llegar a prosperar la ratificación parlamentaria en ambos Estados, el camino que se inicia aquí será, sin duda, positivo, y no sólo para comenzar a cerrar las heridas que llevan abiertas un siglo, sino por el aumento de la previsibilidad regional, ya que despuntan algunos signos de cambio en las relaciones estratégicas.
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La pacificación de la región abriría otras posibilidades al tendido de nuevos ductos de gas y petróleo, esquivando zonas más inestables, y le daría a Armenia vías de integración internacional con salidas a los mares Negro y Mediterráneo, contribuyendo así a mitigar en parte su elevado aislamiento.
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En segundo término, aumentaría las posibilidades de la candidatura turca a la Unión Europea. Este camino se sigue percibiendo como largo y escabroso. Tanto Ángela Merkel como Nicolás Sarkozy no dejan de repetir, cada vez que pueden, que Turquía deberá seguir profundizando en las reformas políticas, legales, económicas y de derechos humanos (kurdos, minorías étnicas y religiosas, y derechos de las mujeres, especialmente), y revisar su permanencia militar en Chipre. No habrá grandes novedades desde la Unión Europea antes de avanzar en esa agenda.
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Pero también hay un tema emergente, que ocupará a los analistas internacionales cada vez más. Turquía ha sido uno de los principales aliados de Israel en la región y, por ello, un interlocutor privilegiado de los Estados Unidos. El rol de los turcos en la OTAN, durante toda la guerra fría, estuvo en línea con estas posturas. El Departamento de Estado norteamericano ha sido insistente en favorecer el ingreso de su socio turco a la organización continental europea, pero las permanentes dilaciones, el aumento de las exigencias, y la clara postura contraria de alemanes y franceses puede estar llevando a los turcos a considerar otras alternativas.
En los últimos meses, el gobierno islamista de Recep Tayyip Erdogan parece dispuesto a mover las piezas de esta partida, en un enroque estratégico. Turquía ha decidido no participar en maniobras militares con Israel, cada vez más lejos de Ankara, mientras que la otra ficha de peso en el tablero regional, la también nacionalista y musulmana República Islámica de Irán, se acerca cada vez más.
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De confirmarse estas tendencias, toda la región se enfrentaría a una alteración en los equilibrios geoestratégicos. No es, precisamente, una buena noticia para el presidente Barack Obama.

Camino al bicentenario – Presentación en la Legislatura 13 de octubre 2009

Presentación libro Graglia - Specchia en la Legislatura

Berlusconi ante los jueces (08 10 09)

BERLUSCONI  ANTE  LOS  JUECES

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por Nelson Gustavo Specchia

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“Bipolares”, FM Shopping, 8 de octubre, 2009

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Nelson Gustavo Specchia - Berlusconi ante los jueces

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La semana pasada, en una reunión académica en Buenos Aires, en la FLACSO – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, discutíamos sobre la imagen pública de la Argentina de nuestros días, y qué tan cierto es eso de que hoy “no es noticia” para el mundo. Uno de los ejemplos que ilustraban estas conversaciones, era –recurrentemente- el de Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia. Y a raíz de eso, nos preguntábamos hasta qué punto es interesante que un país esté en la primera plana de las noticias internacionales todos los días, cuando los contenidos de esas noticias, como en el caso de la Italia de Berlusconi, son los que son.

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En estos días Berlusconi ha vuelto a los titulares, aunque esta vez con un poco más de dignidad, especialmente para el sistema judicial italiano. Aunque el multimillonario mediático y primer ministro ha sido investigado e imputado en numerosas causas judiciales, el hombre más rico de Italia siempre se las ha apañado para salir inmune. Esta semana algo, al menos, ha cambiado. El Tribunal Constitucional ha derogado la Ley Alfano, con la que Silvio Berlusconi confiaba sellar su inmunidad frente a las leyes, y escapar a la acción de la justicia.

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En un Estado democrático, en un Estado de derecho (es lamentable tener que estar recordándolo), los funcionarios superiores, inclusive el Jefe del Estado, no están por encima de las leyes. Tampoco los jueces, como bien lo remarcaba el doctor Armando Andruet, vocal del Superior Tribunal de Justicia de Córdoba, en una nota de opinión en La Voz del Interior, esta misma semana.

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La Ley Alfano permitía excluir del alcance del sistema judicial, e inclusive de las instancias de averiguación policial, a cuatro funcionarios: al presidente de la República, a los titulares de las cámaras legislativas, y al primer ministro, de forma que no se podía emprender ninguna acción en su contra mientras ocuparan sus respectivos cargos. Pero aunque mencionaba a los cuatro, en realidad fue elaborada a la medida de Berlusconi, que es el único de estos funcionarios que tiene causas pendientes, y una sarta de investigaciones a la espera de iniciarse por supuestas actividades irregulares.

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Así como la Ley Alfano, Berlusconi ya ha logrado un conjunto de leyes específicas para evitar su procesamiento judicial, todas violentando el principio de la igualdad de los ciudadanos ante la ley: ha hecho aprobar normas para impedir las comisiones rogatorias en el extranjero destinadas a investigar sus actividades, aprobó la amnistía para las construcciones ilegales de las “mafias del ladrillo”, despenalizó las falsedades contables y la limitación de las escuchas telefónicas para casos de corrupción. Llegó inclusive a hacer aprobar una ley ad hoc que consagra su monopolio televisivo.

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Ahora, la sentencia del Tribunal Constitucional permite la reapertura de dos de los cuatro procesos en su contra, que estaban frenados por la Ley Alfano, uno por soborno y otro por irregularidades financieras en la corporación televisiva que maneja y controla.

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Por eso, la decisión del Tribunal Constitucional constituye una derrota política para Silvio Berlusconi pero, fundamentalmente, una victoria jurídica para la solidez del Estado de derecho.

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nelson.specchia@gmail.com

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¿Intelectuales domados? (suplemento Temas) 04 10 09

LaVoz.com.ar

http://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/09/10/04/nota.asp?nota_id=556315

Domingo 4 de octubre de 2009,  Suplemento Temas

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El rol de los argentinos

Por Nelson Specchia
Especial

intelectuales domados TEMAS

La relación de los intelectuales y el poder en nuestro país siempre ha corrido en paralelo con las lecturas que pueden hacerse de la propia historia política argentina.

El primer acto político del primer gobierno de este país que nacía, apuntó a la resolución del conflicto por la vía de la eliminación del “otro”. Ese acto fundó un antecedente, y también un estilo; instaló en la política argentina una perspectiva de amigo/enemigo que muy pocas veces se ha acercado a síntesis superadoras, a la búsqueda de proyectos comunes que movilicen tras de sí a las grandes mayorías nacionales. Al contrario, demasiadas veces se ha elegido el triunfo de la idea propia, la de un grupo, alcanzada sobre el silencio, o la eliminación física, de los otros.

Y detrás de la instalación de ese estilo político confrontativo y excluyente, siempre hubo ideas, y pensadores y escritores que tomaron para sí la función de darles cuerpo y forma. La intelectualidad argentina ha reflejado, de una manera recurrente, la tradicional división nacional en campos enfrentados.

Hacia los años ‘20, Borges, González Tuñón, Güiraldes, Spilimbergo, Berni, y Xul Solar rodeaban a Oliverio Girondo mientras éste leía el manifiesto que daría origen al grupo Florida, nacido para enfrentar a “la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca”, pero, en realidad, para enfrentar a los “otros”, a los escritores del grupo Boedo, donde estaban Yunque, César Tiempo, Leónidas Barletta o Arlt.

La disputa Florida-Boedo se presentaba como una discusión formal sobre la innovación estilística, pero la discusión de fondo era, nuevamente, política.

Borges, andando el tiempo, quitó hierro a esta diferenciación, e instaló la idea de que la verdadera responsabilidad del escritor era escribir bien. Esta postura caló hondo, y no sólo en nuestro país. En México, Octavio Paz profundizó la idea de que la primera opción del intelectual, en América latina, debía ser su tarea: escribir, pintar, pensar. Esa tarea es la que define su sentido crítico, realizado desde la soledad. Como Borges, creía que el escritor debe ser un francotirador. “Que los escritores seamos marginales “escribía” es una condenación que es una bendición. Ser marginales da validez a nuestra escritura”.

Pero esta lejanía, esta independencia, se la discutió fuertemente desde la perspectiva gramsciana del intelectual “comprometido”, Mario Benedetti enEl escritor latinoamericano y la revolución posibledonde se opone a esta concepción de excentricidad, preguntándose por qué este estar afuera de los procesos políticos va a ser exclusivo de un único sector de la sociedad, por qué el escritor y no el empleado, el obrero o el ama de casa.

En esta línea, y con un discurso muy cercano al de Benedetti, han aparecido en la Argentina de nuestros días los artistas y escritores de Carta Abierta, “comprometidos” en un claro apoyo al gobierno nacional del matrimonio Kirchner. A los pocos días el modelo que reseñábamos volvió a manifestarse, con la presentación pública de los intelectuales del grupo Aurora, independientes y críticos, según anuncian.

Pero hoy este modelo encontrará una diferencia importante respecto de otros momentos de nuestra historia. La relevancia social del intelectual, después de tantos vaivenes, de tantas idas y vueltas, se ha ido desdibujando progresivamente. Hoy son otros los referentes que la sociedad busca para mirarse.

Para volver a ocupar un rol protagónico en la política, los pensadores y escritores argentinos deben plantearse recuperar el valor de las ideas, y de su expresión más inmediata, la palabra. En un entorno donde el pensamiento y el debate se devalúan progresivamente, que sus cultores reclamen un espacio de atención es un despropósito. Es estar errando en el diagnóstico, algo imperdonable en un intelectual.

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nelson.specchia@gmail.com

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