Archivo mensual: noviembre 2008

Sergio Orlando Acuña

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Sergio Orlando Acuña

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Iluminado en una inmensa sombra sin reparos,

como quien escoge entre los tantos ayeres

una memoria para acordarse.

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Así te siento, hermano,

abrasado por esa luz caliente,

como el pensamiento que se llora en silencio mitigado.

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Así te siento, hermano,

en cada copa de vino que barniza,

en cada choque de dos cuerdas bientempladas.

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Parece nada y sin embargo

es tu sangre el alimento

de la fuerza de mi aliento, hermano.

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Más Chávez y menos Chávez (26 nov 2008)

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Radio – 105.4 FM – Cielo

Programa “Sin prejuicios”, con la conducción de Ricardo Fonseca

Columna de política internacional

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MÁS CHÁVEZ Y MENOS CHÁVEZ

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Por Nelson Gustavo Specchia

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Buenos días.

Estos últimos meses han estado fuertemente marcados por sorpresivas noticias electorales. Hace un par de semanas, el largo año de campaña electoral norteamericana terminaba con el triunfo del primer negro que arribará a la Casa Blanca; y este domingo 23 de noviembre el presidente venezolano Hugo Chávez se enfrentó a un plebiscito cuyos resultados deben ser leídos muy cuidadosamente en las restantes latitudes latinoamericanas.

En realidad, las elecciones del domingo no tenían una relación directa con la autoridad presidencial y el gobierno de la República de Venezuela, sino que se planteaba la renovación de gobernadores, intendentes y diputados regionales. En total se ponían a consideración 22 de las 23 gobernaciones en que está dividido el país, y las ciudades más importantes, como la capital, Caracas. Pero en los últimos meses Chávez decidió concentrar en su persona la disputa electoral, de forma tal de que las elecciones fueran en realidad un plebiscito sobre su gestión, sobre su persona, sobre su gobierno, y sobre su partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que el Presidente fundó hace dos años, en 2006. Los candidatos oficialistas a gobernadores y alcaldes ocuparon, durante toda la campaña, lugares muy secundarios. La campaña fue él, el propio Chávez, quien se mostró como la encarnación de un nuevo modelo político, marcado por la igualdad y la equidad social.

Enfrentando a su persona y a su estilo de gobierno, un muy amplio y variopinto arco opositor intentó estructurar un discurso más cercano a la socialdemocracia, con defensa de derechos –tanto humanos como económicos- y mayores grados de democracia liberal. Pero lo que verdaderamente une a esa oposición tan variada, tan disímil, vuelve a ser Chávez: es contra él, contra su personalismo, contra el supuesto autoritarismo y los deseos de perpetuación es que esa heterogénea oposición logra aglutinarse.

Y el domingo, ambos ganaron.

Y según cómo se miren los resultados de la elección, puede decirse que tenemos “más Chávez” en Venezuela, pero también puede afirmarse que desde el domingo hay “menos Chávez”.

Objetivamente, a números concretos, la diferencia entre ambos sectores es de 1,5 millones de votos, sobre los 28 millones de venezolanos (el padrón electoral es de 17 millones, y la participación fue muy alta para unas elecciones regionales: el 65 por ciento). Como resultado de las elecciones del domingo, entonces, prácticamente la mitad de la población estará gobernada por el chavismo; y la otra mitad, por la oposición.

Chávez logró el mayor número de gobernaciones (17 de los 22 gobiernos regionales en disputa), pero en los 5 que ganó la oposición se concentra la mitad de la población venezolana, las grandes ciudades, y el petróleo, y la industria, y la producción estratégica. Pero, por sobre todo, la oposición ha conquistado la Alcaldía Mayor de la capital, el Gran Caracas, donde ahora gobernará el furioso antichavista Antonio Ledezma.

Las 17 provincias oficialistas, en cambio, son parte del interior rural, con una base agropecuaria poco tecnificada, muy baja densidad poblacional, y un peso económico secundario en la estructura productiva nacional; características que abonan el tradicional caciquismo político y la captación clientelar de votos. El escritor venezolano Ibsen Martínez lo dice de una manera brutal: “Caracas es Caracas; lo demás es monte y culebra.”

Chávez se presentó ante la prensa en las primeras horas del lunes, y habló de “una gran victoria”, pero tanto sus palabras –siempre tan grandilocuentes- como sus gestos, parecían relativizar el impacto de ese supuesto gran triunfo. Porque después del referéndum del 2007 (donde el proyecto de reforma constitucional del Presidente fue derrotado, aunque nunca lleguemos a saber por qué porcentaje, con seguridad fue muy alto, mucho más del 51 por ciento oficialmente aceptado), después de aquel referéndum Chávez necesitaba de una victoria arrolladora, de una victoria clara y sin atenuantes, para seguir afirmando su proyecto político. Pero creo que éste no ha sido el caso.

En un contexto de crisis económica creciente, con fuertes caídas en los precios de petróleo –base del modelo redistribuidor del “socialismo del siglo XXI” venezolano-, y con las elecciones presidenciales de 2013 comenzando a rayar las canchas, los resultados del domingo dibujan un panorama complejo para el comandante Chávez.

Los gobiernos aliados de América latina, que han depositado en el presidente venezolano una porción sustantiva de sus estrategias de política exterior, deberían tener muy en cuenta los escenarios que plantean estos resultados.

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Juan Goytisolo y la crítica hacedora (26 nov 08)

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JUAN GOYTISOLO Y LA CRÍTICA HACEDORA

Por Nelson Gustavo Specchia

Córdoba, 26 de noviembre de 2008

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Estos días, entre el bombardeo de titulares financieros, de derrumbes y de salvatajes in extremis, entre las urgencias de importación y las incertidumbres de fin de época, un ramalazo de felicidad reorienta el sentido de las cosas: Juan Goytisolo, el hereje pacífico, el crítico despiadado de las beaterías en las letras y en las poses hispánicas, el heterodoxo consecuente, ha recibido el Premio Nacional de las Letras Españolas el lunes 24 de noviembre.

A los 77 años, a la vuelta de los días, tras una treintena de obras –alguna ya clásica, varias indispensables, todas rabiosamente hermanadas con los perdedores de la tierra- le llega su primer reconocimiento institucional, el primer premio público, por el conjunto de esa obra que nunca se ha callado ante el poder y los poderosos. Muy por el contrario, que se ha puesto siempre en la vereda de enfrente, pero con una delicadeza en los modos y una hondura en el argumento que logra arrastrarte con él, colocarte a su lado, y adoptar –así sea por unos instantes- su perspectiva, mirar con sus ojos prestados. No se sale inocente de sus libros.

Los Goytisolo son en España casi una marca literaria. De los tres hermanos (José Agustín, Juan, y Luis), Juan, el del medio, fue siempre el más rebelde. Y tratándose de los Goytisolo, eso ya es mucho decir. Su primer libro es de 1954, Juegos de manos, con el que se abre también la Obra completa, en siete volúmenes, que Galaxia Gutemberg – Círculo de Lectores, de Barcelona, está preparando. Y este año, en septiembre, apareció El exiliado de aquí y allá. Entre ambas fechas, veinticinco títulos donde se alternan el relato en prosa, los libros de viajes, las memorias poetizadas –con las que se analiza, se presenta, se asume y se refunda constantemente-, y el ensayo crítico, ese instrumento de mordaz destrucción de las pacaterías sociales y, al mismo tiempo, de disección profunda, hasta el hueso, hasta donde duele.

Lo conocí en Barcelona, hacia finales de los noventa. Hacía poco (en 1996) que había fallecido su compañera, la escritora Monique Lange, y Goytisolo había dejado París –su casa de tantos años, desde aquellos míticos sesenta- para mudarse a Marruecos. Estaba cansado y triste, y dijo sentirse viejo. Un par de años después, cuando leí las crónicas de Paisajes de guerra: Sarajevo, Argelia, Palestina, Chechenia (2001) comprobé que conservaba intactas tanto la lucidez de la mirada, como la ironía desencantada e interrogante, siempre interpelando desde el lugar del más pobre, del que sufre, de las minorías, de los excluidos.

Juan Goytisolo ha sido un escritor valiente, tanto en lo personal como en la acción colectiva, social. La manera honesta y abierta con que habla de su homosexualidad en Coto vedado (1985), o de sus posiciones políticas e ideológicas (como En los reinos de Taifa, 1986), enlazan con su cosmovisión de la estructura cultural española.

Juan Goytisolo encuentra en la identificación histórica que el proyecto nacional español estableció con los sectores más ultramontanos del catolicismo peninsular la clave de bóveda, el sostén sobre el cual se han ido estructurando los diversos discursos antimodernos, desde el preciso momento en que la modernidad se abría al espacio intelectual europeo. Aquella expulsión de los moros y de los judíos con que España conforma su Estado nacional, permanece en el modo de concebir la polis, y así se rechaza la ilustración, se vuelve al absolutismo frente al liberalismo republicano, o se lanza una cruzada de medio siglo por la España “una, grande y libre” frente a la República “roja y atea”. En definitiva, un continuum de exclusión, de puertas adentro, parroquial y cerrado, expulsivo y miope.

Una construcción ideológica que repudia las diferencias, y que termina sacrificando a sus espíritus grandes –los Lorca, los Machado, los Hernández- para mantener la pureza, cada vez más forzada, del “ser nacional”. La isla (1961), la enorme Fin de fiesta (1962), Señas de identidad (1966), Disidencias (1977), o El lucernario, la pasión crítica de Manuel Azaña (2004), van dando cuenta, con una prosa afilada como sus ojos, de ese conjunto de intersecciones culturales.

En momentos como éstos, cuando la sociedad española en pleno vuelve a embarcarse en el debate de la “memoria histórica”, cuando los jueces ordenan la apertura de tumbas comunes en cunetas y acantilados, cuando la jerarquía eclesial de la península ha canonizado ya a 977 víctimas católicas de la guerra civil (y se apresta a presentar otros 500 procesos), la vuelta a Juan Goytisolo, la relectura de algunas estaciones de este largo monólogo crítico de más de medio siglo, profundo, hasta el hueso, hasta donde duele, se torna cada vez más urgente.

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(Publicado en el suplemento MAGAZINE, del diario Hoy Día Córdoba, el martes 2 de diciembre de 2008)

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ETA – Golpe a la violencia política (23 nov 2008)

GOLPE A LA VIOLENCIA POLÍTICA

apareció en La Voz del Interior de hoy:

Domingo 23 de noviembre de 2008

Golpe a la violencia política

Con la captura de “Txeroki” no sólo cayó el número uno de ETA, sino también un símbolo de la izquierda radical.

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por Nelson Specchia
Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba
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“Txeroki”, el asesino, fue arrestado. En unas acciones policiales limpias, precisas y en un todo acordes al derecho, el líder de los comandos militares de la guerrilla vasca de ETA fue capturado. Miguel Garaikoitz Aspiazu, más conocido con su nombre de guerra “Txeroki”, fue apresado en una acción conjunta franco-española en Cauterets, un pequeño y encantador pueblito del pirineo francés.

Con la captura de “Txeroki”, en medio de la madrugada y sin que ofreciera al parecer ninguna resistencia, no cae sólo el número uno de la banda terrorista, sino que cae también un símbolo de esa izquierda radical, abertzale, nutrida de las juventudes extremistas que se manifiestan de forma violenta en las calles del País Vasco, en la denominada kale borroka.

Son estos mismos jóvenes los que pasan luego a engrosar los comandos clandestinos que llevan esa violencia, en grados más sanguinarios y contundentes, a dinamitar de forma permanente cualquier posibilidad de pacificación de las provincias vascongadas. Una violencia que impide todo intento de normalizar la vida política y alcanzar la paz social.

El País Vasco, merced a la estrategia extremista personalizada en “Txeroki”, vive en un permanente estado de alerta, de indefensión, de la humillación de los violentos, de coacción en todos los órdenes, y de miedo en todos los rincones.

Fama ganada. “Txeroki” se labró su fama de duro a puro pulso. Desde hace cinco años dirige el aparato militar de la organización, y desde el 20 de mayo, cuando en Burdeos se capturó al máximo dirigente de la rama política, Francisco Javier López Peña (conocido como “Thierry”), “Txeroki” quedó a cargo de ETA entera.

En estos últimos años, desde la ruptura de la tregua de 1999, ha expresado al sector más duro, opuesto a cualquier tipo de negociación o diálogo, ya que estas vías no violentas significarían “concesiones a la potencia ocupante” (esto es, al Estado español), y retrocesos en el camino hacia la independencia de Euskadi, la patria vasca.

Así, “Txeroki” dirigió a sus comandos desde Francia, y asesinó con su propia mano al juez José M. Lidón en Getxo, y a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero, en Capbreton (por cierto, disparándoles por la espalda).

También ordenó dinamitar la terminal 4 del aeropuerto madrileño de Barajas, el 30 de diciembre de 2006, que se llevó por los aires el proceso de paz iniciado por el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y terminó al mismo tiempo con la vida de dos inmigrantes ecuatorianos que dormían en el estacionamiento del aeropuerto, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estancio (le habían puesto ese nombre en homenaje a Maradona). En fin, los siete asesinatos políticos cometidos por ETA desde diciembre de 2003 llevan la firma de Garaikoitz Aspiazu, “Txeroki”.

Mano dura. Cuando el atentado de Barajas rompió la última tregua, el gobierno español, muy desacreditado internamente por haber intentado un nuevo proceso de paz con la banda sin que ésta abandonara las armas, se centró en la vía policial y militar antiterrorista, en consonancia con el gobierno francés.

Esta estrategia marcó un cerco de presión muy grande al aparato militar de ETA, lo debilitó por dentro y lo obligó a reformar sus estructuras y las normas de seguridad para sus máximos dirigentes.

La estructura de ETA ha sido muy particular, como tan particular es concebir una organización terrorista en un Estado de derecho que dispone de todas las herramientas democráticas, y las garantías constitucionales, para expresar las voluntades y las opiniones políticas.

La estructura se asentaba en una fuerte compartimentación entre las elites, los aparatos (el político, vinculado a la izquierda abertzale vasca, y el militar, integrado por los comandos) y los activistas (simpatizantes fichados por la policía; liberados, o sea, no fichados; y jóvenes vinculados a la kale borroka).

La estrategia antiterrorista minó esta compartimentación y disminuyó el énfasis en la seguridad de sus altos mandos. La captura de “Thierry”, en agosto, y de “Txeroki”, el lunes 17 de este mes, vendría a demostrar el éxito de esa estrategia.

Pero la victoria en esta batalla no significa la victoria en la guerra contra el terror en el País Vasco. Una masa minoritaria pero significativa de su población mantiene, con su simpatía hacia la organización, una complicidad ambigua con sus métodos terroristas.

Hay que acabar con la lógica perversa de que el fin justifica los medios. Sólo al comprender que los chicos que pasan de la kale borroka a los comandos no tienen nada de héroes, sino que son simples asesinos histéricos, solitarios y enamorados del odio y la violencia, la guerra que lleva décadas y docenas de muertos habrá comenzado a acabarse en el País Vasco.

Y el juego político en paz dará un paso más para el bien de todos los vascos, y de todos los que amamos aquella tierra de montañas, piedras y un verde húmedo casi infinito.

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Ariosto y los árabes (by JLB)

 

ARIOSTO Y LOS ÁRABES

 

 

 

 

Nadie puede escribir un libro. Para

Que un libro sea verdaderamente,

Se requieren la aurora y el poniente,

Siglos, armas y el mar que une y separa.

 

Así lo pensó Ariosto, que al agrado

Lento se dio, en el ocio de caminos

De claros mármoles y negros pinos,

De volver a soñar lo ya soñado.

 

El aire de su Italia estaba henchido

De sueños, que con formas de la guerra

Que en duros siglos fatigó la tierra

Urdieron la memoria y el olvido.

 

Una legión que se perdió en los valles

De Aquitania cayó en una emboscada;

Así nació aquel sueño de una espada

Y del cuerno que clama en Roncesvalles.

 

Sus ídolos y ejércitos el duro

Sajón sobre los huertos de Inglaterra

Dilapidó en apretada y torpe guerra

Y de esas cosas quedó un sueño: Arturo.

 

De las islas boreales donde un ciego

Sol dibuja el mar, llegó aquel sueño

De una virgen dormida que a su dueño

Aguarda, tras el círculo de fuego.

 

Quién sabe si de Persia o del Parnaso

Vino aquel sueño del corcel alado

Que por el aire el hechicero armado

Urge y que se hunde en el desierto ocaso.

 

Como desde el corcel del hechicero,

Ariosto vio los reinos de la tierra

Surcada por las fiestas de la guerra

Y del joven amor aventurero.

 

Como a través de tenue bruma de oro

Vio en el mundo un jardín que sus confines

Dilata en otros íntimos jardines

Para el amor de Angélica y Medoro.

 

Como los ilusorios esplendores

Que el Indostán deja entrever el opio,

Pasan por el Furioso los amores

En un desorden de calidoscopio.

 

Ni el amor ignoró ni la ironía

Y soñó así, de pudoroso modo,

El singular castillo en el que todo

Es (como en esta vida) una falsía.

 

Como a todo poeta la fortuna

O el destino le dio una suerte rara;

Iba por los caminos de Ferrara

Y al mismo tiempo andaba por la luna.

 

Escoria de los sueños, indistinto

Limo que el Nilo de los sueños deja,

Con ellos fue tejida la madeja

De ese resplandeciente laberinto.

 

De ese enorme diamante en el que un hombre

Puede perderse venturosamente

Por ámbitos de música indolente,

Más allá de su carne y de su nombre.

 

Europa entera se perdió. Por obra

De aquel ingenuo y malicioso arte,

Milton pudo llorar de Brandimarte

El fin y de Dalinda la zozobra.

 

Europa se perdió, pero otros dones

Dio el vasto sueño a la famosa gente

Que habita los desiertos del Oriente

Y la noche cargada de leones.

 

De un rey que entrega, al despuntar el día,

Su reina de una noche a la implacable

Cimitarra, nos cuente el deleitable

Libro que al tiempo hechiza, todavía.

 

Alas que son la brusca noche, crueles

Garras de las que pende un elefante,

Magnéticas montañas cuyo amante

Abrazo despedaza los bajeles.

 

La tierra sostenida por un toro

Y el toro por un pez; abracadabras,

Talismanes y místicas palabras

Que en el granito abren cavernas de oro;

 

Esto soñó la sarracena gente

Que sigue las banderas de Agramante;

Esto, que vagos rostros con turbante

Soñaron, se adueñó de Occidente.

 

Y el Orlando es ahora una risueña

Región que alarga inhabitadas millas

De indolentes y ociosas maravillas

Que son un sueño que ya nadie sueña.

 

Por islámicas artes reducido

A simple erudición, a mera historia,

Está solo, soñándose. (La gloria

Es una de las formas del olvido).

 

Por el cristal ya pálido la incierta

Luz de una tarde más toca el volumen

Y otra vez arden y otra se consumen

Los oros que envanecen la cubierta.

 

En la desierta sala el silencioso

Libro viaja en el tiempo. Las auroras

Quedan atrás y las nocturnas horas

Y mi vida, este sueño presuroso.

 

 

 

Jorge Luis Borges

 

(en El hacedor, 1960)

 

 

 

Tres miradas sobre “Che, el argentino”

“Tres miradas sobre Che, el argentino”, en La Voz del Interior de hoy (15 nov 2008)

http://www2.lavoz.com.ar/nota.asp?Inicio=1&Pagina=1&nota_id=463985

 

 

Tres miradas sobre

“Che, el argentino”

Reunidos por este diario, Luis Rodeiro, Nelson Specchia y María Teresa Andruetto vieron la película de Steven Soderbergh, y reflexionaron sobre cómo presenta al guerrillero argentino.

Celina Alberto
De nuestra Redacción
calberto@lavozdelinterior.com.ar
 la-voz-del-interior-15-11-08-2
Nelson G. Specchia, Tere Andruetto, y Luis Rodeiro

Nelson G. Specchia, Tere Andruetto, y Luis Rodeiro

La escala del afiche los ubica en una posición extraña. María Teresa Andruetto, Luis Rodeiro y Nelson Specchia posan para la foto y la imagen de Benicio Del Toro con traje de fajina y gestos del Che funciona como un fondo adecuado. La terna de intelectuales se reunió a pedido de La Voz del Interior para ver Che, el argentino, proyecto épico de Steven Soderbergh sobre la vida de Ernesto Che Guevara, el guerrillero argentino que se convirtió en símbolo de la revolución cubana y un ícono de todo lo que se asocia a la rebeldía juvenil en el mundo.

A la salida de la sala de proyección hay coincidencias, algunas distancias y versiones complementarias para leer una película que para este lado del mundo no propone demasiadas asperezas, dado que se centra en la versión más conocida de la figura del Che.

Rodeiro identifica las trazas del mapa del director y rescata la reconstrucción de circunstancias: el filme gira sobre instancias de pre revolución, “el momento de la conciencia, la mística”, lo que Specchia define como el momento en que “escribieron el manual de uso” de lo que terminaría siendo el gobierno revolucionario de Cuba.

En ese escenario, el Che asoma con rasgos seleccionados. Andruetto dice que es un perfil heroico, un recorte que lo eleva y en cierta forma le hace perder humanidad al personaje. “El Che está siempre muy alto en el relato. No me conmoví en toda la película, no hay emoción. Es como si hubiera leído un informe. Me parece que se trabaja muy poco con los claroscuros. Más allá de que me parece un personaje fascinante, debió tener sus sus dudas, y eso no está. Parece que nunca tiene conflictos con lo que hace, está siempre en el espacio de prócer y eso le quita humanidad”.

Un hombre inabarcable. Los tres coinciden con el punto y Specchia agrega que el detalle del asma es el único factor que le devuelve carnalidad al Che de Soderbergh, su respiración agitada y tortuosa en la humedad del monte cubano. Y subraya otra dificultad del proyecto: la ambición de reconstruir la gesta revolucionaria y al mismo tiempo retratar a uno de sus mitos. “Intenta hacer una película sobre el Che pero hace una sobre la Revolución. Entonces hay cosas que quedan cortas y otras que no se entienden”.

Andruetto refiere algunas de esas dificultades a las dimensiones inabarcables del sujeto a retratar. “Una película sobre un ser humano de estas características, a lo sumo puede ser correcta. La epopeya es demasiado grande para una película. Yo tomaría un encuadre más pequeños y trataría de concentrarme ahí. En la dimensión mítica, el Che es tan grande que si alguien no tiene un conocimiento de la persona y la revolución, tal vez el personaje en la ficción esté condenado a quedar siempre pequeño en relación a la magnitud del hombre que está detrás” dice y agrega que el rigor histórico con el que el director intentó impregnar del filme hace que se pierdan algunos velos más sutiles en el relato de las anécdotas.

Rodeiro propone una alternativa: antes de ver la de Soderbergh, empezar con Diarios de motocicleta, de Walter Salles, o incorporar algo de información para ingresar al filme mejor pertrechado. “Pasa que si no sabés nada, el peligro es mayor, porque si no conocés algo de esa historia, lo convertís en otra remera. (José Pablo) Feinmann decía el otro día que el peligro con esta película es que la próxima cara en las remeras del Che sea la de Del Toro”.

Génesis del mito. En términos cinematográficos, el planteo de un personaje va ligado al entorno, a los otros y al juego de fuerzas que lo activan. En el caso del Che, Soderbergh eligió que uno de los contrapuntos más definitorios se jugara con Fidel. Guevara es entonces el idealista y Castro el político. Rodeiro resume ese rol en la representatividad que gano el argentino a partir de su opción radical por las convicciones. “Una de las características de las guerrillas latinoamericanas es que muchos acceden por los valores y el Che representa a muchas personas que se comprometen, más que por un hecho político inmediato, por un sentido de la vida, por una ética. A su vez, en la película empezás a notar una diferencia entre el que es político y tiene que decidir desde ahí, y el que está definido por otras convicciones”.

Specchia anota al margen que el movimiento del personaje involucra sin embargo su posterior perfil político, que asoma en el discurso que presenta en las Naciones Unidas en 1964. “Acá hay un Che con una dimensión mítica, una mística más enraizada en el contacto del pueblo, en una forma diferente de hacer república”.

Las distancias aparecen en la valoración final. Specchia salva cierta independencia de criterio por parte del director a la hora de contar una historia espinosa para Estados Unidos y a Andruetto le parece una película “de manual, con muchas cosas más explicadas que creadas”.

“Hay una búsqueda de equilibrios en el relato, de deconstrucción del mito fácil de la remera”, agrega Specchia y sigue: “hay una búsqueda documental importante, pero también está puntos medios bastante conformistas, para quedar bien con todas las partes”.

 

 

 

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Y llegó Obama (“Bipolares”, 13 nov 2008)

Radio Shopping Classics – 96.1 FM

Programa “Bipolares”, con la conducción de Daniel Alonso

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Nelson-Gustavo Specchia

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columna de política internacional

jueves 13 de noviembre de 2008

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Y  LLEGÓ  OBAMA

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Buen día, Daniel.

Y pasó lo que parecía imposible que pasara: luego de tan sólo 143 años de que la esclavitud negra fuera abolida, luego de tan sólo 43 años desde que los negros conquistaran el derecho a voto en los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, de color negro, como aquellos esclavos, hijo de un inmigrante keniano, de 47 años, es el Presidente Electo de los Estados Unidos.

Han corrido ríos de tintas desde el martes de la semana pasada, en todo el mundo. Ríos de tinta analizando los múltiples significados de esta elección, y comentando esos ríos, también caudalosos, de apoyo al Presidente Electo, en las diversas partes del mundo.

Hay aquí un riesgo: que la enorme simpatía y que esta corriente tan grande de apoyos, termine generando unas expectativas irreales sobre las posibilidades, los límites de acción de Obama dentro del sistema político norteamericano, y sus propias limitaciones personales, partidarias, e institucionales, conjugadas con las de un entorno espacial y temporal muy complejo. Este conjunto de realidades –como digo: no solamente las objetivas, externas, como las que hacen al sistema político y a los juegos de alianza que lo han llevado al poder, sino también las propias de su partido, de su entorno, y las suyas personales- terminarán por dibujar un listado de temas de agenda que, si no se los pone en situación, en perspectiva, pueden llevar a una especie de frustración frente a las expectativas de tan gran tamaño que estas corrientes de apoyo a Obama están despertando.

En otras palabras, por ejemplo, si esperamos que el traspaso de poderes desde el presidente George W. Bush a Barack Obama el próximo mes de enero significan, automáticamente, que la crisis financiera ha comenzado a terminar, o que al día siguiente las tropas norteamericanas comenzarán la evacuación de Irak, o que el programa de enriquecimiento de uranio en Irán podrá seguir adelante, claramente estamos forzando las expectativas. Obama no tocará ni corregirá estos desfases de la agenda norteamericana en el corto plazo.

El hecho de que Barack Obama haya llegado a la Presidencia es revolucionario. Pero Obama no es un revolucionario.

Claro que tampoco todo es negativo, y sería incorrecto no esperar nada de los primeros momentos de ese recambio presidencial: seguramente respecto de la base de Guantánamo, por ejemplo, donde a diario se atropellan los derechos humanos y la legalidad internacional, sí podemos esperar alguna noticia en plazos más cortos.

La agenda del nuevo Presidente, entonces, estará caracterizada por la complejidad. Una buena señal es que Obama parece muy conciente de esta complejidad, y desde su discurso de la victoria, en el Parque Grant de Chicago pareció anunciarlo: “habrá contratiempos –dijo- y sabemos que el gobierno no puede resolver todos los problemas…”

Otra buena señal es que se plantea encarar esa complejidad desde la unidad: “no hay estados rojos y estados azules”, dijo también en ese primer discurso. O sea, trabajará con los republicanos, la otra mitad del país. En definitiva, y más allá de la alta diferencia de delegados que le dio la forma en que se reparte el colegio electoral, la diferencia de votos entre ambos partidos, en el conteo general, fue de un 6 por ciento solamente.

Aún así, el principal mensaje del Presidente Electo, durante el año largo de lo que fue una de las campañas más emocionantes que se tenga memoria en los Estados Unidos, fue el cambio. ¿De qué cambio, del cambio de qué? ahora que la fiesta ha pasado, llega el momento de revisar el programa del entonces candidato, para vislumbrar cuáles podrían ser esos primeros temas de agenda compleja que veremos en los primeros tiempos:

Yo diferenciaría dos frentes: el interno, y el externo.

– En primer lugar, afrontar de lleno la economía doméstica, y la economía internacional. En el frente interno, Barack Obama prometió bajar los impuestos en el orden del 95% de los asalariados estadounidenses, y gravar con mayores impuestos a los ingresos que sobrepasen los 250.000 dólares anuales. Propuso una reducción de 500 dólares por asalariado, y de 1.000 dólares por familia, al tiempo que quiere aumentar el impuesto sobre la renta de los capitales, llevándolo del 15 al 28 por ciento, y gravar los beneficios excepcionales de las compañías petroleras, para rebajar la factura energética de los contribuyentes. Y meterá 50.000 millones de dólares en infraestructura.

– En segundo lugar, en el frente externo, seguramente participará en la reunión del grupo ampliado de los 20, que se reunirán los próximos días en Washington.

Porque el Presidente Electo tendrá que hacerse cargo de la “agenda externa” desde antes de asumir, inclusive.

Pero cuidado: cualquiera sea la modificación en las formas, como decía al comienzo de esta columna, no creo que podamos esperar que haya modificaciones sustanciales en el fondo, en la defensa de los intereses estratégicos que han preocupado hasta hoy a los Estados Unidos en tanto potencia hegemónica.

Respecto de esta “agenda externa”, a mí me parece que estará integrada por los siguientes grandes capítulos:

– En primer lugar, la ONU. La Organización de las Naciones Unidas por uno de sus momentos más bajos y críticos, con la figura de su Secretario general, Ban Ki-moon, muy desdibujada. Es posible que Obama amplíe el multilateralismo, respecto del unilateralismo de Bush, pero eso no necesariamente indica que se aboque a la refundación de la ONU, quizá adopte una ampliación de las relaciones país a país;

– La OTAN. Seguirá siendo la pieza clave de la estructura de seguridad a nivel global. Es posible que se revisen los criterios de ampliación, para no desmejorar las relaciones con Rusia.

– Rusia, efectivamente, será el tercer capítulo de esta “agenda externa”. Rusia vive un momento de plena recuperación de la personalidad internacional, como potencia. Será muy interesante ver de qué manera maneja Obama este “renacimiento” ruso.

– La Unión Europea. Las relaciones Estados Unidos – UE, hoy por hoy, son pésimas. Obama las mejorará, seguramente, pero nuevamente aquí, creo que se estrategia será más país a país que a toda la UE como bloque, que, en el fondo, es un competidor a futuro.

– Afganistán. Obama ha señalado que esta es una de sus prioridades, y aquí sí la estrategia será claramente multilateral, o sea, habrá un llamado concreto a aliarse a los Estados Unidos para enfrentar a los talibanes, que también están viviendo una etapa de clara recuperación.

– Irak. Este es uno de los meollos de la política internacional de Estados Unidos. Obama ha prometido acelerar la retirada, aunque habrá que ver la estrategia de esa retirada.

– China: la consolidación del gigante asiático como actor internacional de primer orden será el principal reto estratégico global de Obama en su administración.

– Irán: que –con altas probabilidades- conseguirá tener el arma atómica durante los próximos cuatro años; y donde su papel en el equilibrio de toda la zona de Oriente Medio es vital.-

– Oriente Medio: Obama volverá sobre el conflicto Israel-Palestina, completamente abandonado por las administraciones de Bush, y posiblemente el ex Presidente Clinton, que estuvo a punto de conseguir una resolución definitiva de este diferendo entre ambos pueblos, pueda volver a la escena.

– América latina: y por último –aunque no fuera de la lista- nuestra región, con el papel fundamental de las relaciones de Brasil, como interlocutor privilegiado. América latina no está, claramente, entre las prioridades de política exterior de la administración norteamericana, pero al menos no estamos del todo fuera de la lista.

Estos son, a mi criterio, los temas que estarán en el centro de atención en estos primeros momentos, del gabinete de transición del primer presidente negro de los Estados Unidos.

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Al fin y al cabo (04 nov 2008)

En la mesa de “Al fin y al cabo”, con la conducción de Ricardo Fonseca

4 de noviembre, 2008