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Merkozy contra todos (06 12 11)

Merkozy contra todos

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por Pedro I. de Quesada

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Un nuevo fantasma recorre Europa: Merkozy. Un animal con cabeza y medio cuerpo alemán, y el otro medio francés.

No está claro si lo soltaron las nunca claras fuerzas de los mercados, o si el mefisto estaba aguardando una oportunidad como esta para zafarse de las cadenas. Pero la cuestión es que ya campea a sus anchas por los caminos y los palacios de gobierno, y después de haber conseguido imponer su disciplina en Grecia, Italia, Portugal e Irlanda, se apresta a dar un golpe espectacular ante el pleno de la Cumbre Europea de esta semana.

La canciller demócrata-cristiana alemana, Ángela Merkel, y su aliadísimo partenaire, el presidente conservador francés Nicolás Sarkozy, han decidido que la Unión Europea orientada a la preservación de la paz y basada en la solidaridad y en el Estado de bienestar, está perimida.

Vienen a coincidir con Donald Rumsfeld, aquel secretario de Defensa de Bush que la tildó de “vieja Europa”, cuando se mostró remisa a secundar sus planes de guerra preventiva. Merkozy quiere refundar la Unión, pero con otras bases: achicamiento y control de los gastos públicos, junto a una férrea disciplina fiscal.

Para lograrlo, la señora Merkel prevé una nueva instancia: un superministro de Economía (todavía no acierta con el nombre del cargo, pero por ahí va) que supervise y apruebe los presupuestos de todos los países.

Y también imagina una nueva policía fiscal: los países que incumplan las normas de déficit y deuda serán acusados ante el Tribunal de Luxemburgo, y soportarán duras sanciones; quiere que se les niegue el derecho a voto, se le quiten las partidas, e inclusive que se los expulse de la organización.

Además, como ya le exigió a España, aspira a que el tope del control del gasto figure en la Constitución de cada Estado.

Las palabras, esas cambiantes servidoras, ponen, además, el plan de ajuste de Merkel-Sarkozy en titulares edulcorados.

Porque Merkozy afirma a diestra y siniestra que su intención es “salvar a Europa y al euro”. O sea, que la destrucción de aquel proyecto solidario de una Europa unida que fuera el marco para la realización de los proyectos de vida buena de cada cual, es en realidad la salvación de Europa, sostiene Merkozy.

Extraño salvataje, pensamos nosotros.

Con 23 millones de desocupados; las economías mediterráneas (incluyendo la italiana, la 3º del continente) al borde del default; los bancos sin depósitos por falta de circulante; las previsiones de crecimiento para 2012 rondando el cero absoluto; y el consumo cayendo en picada; una política draconiana de contención del gasto público no puede sino llevar al agravamiento del enfermo.

Y no sólo a él: el presidente Barack Obama acaba de enviar al secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geither, a Berlín y a París, porque la obcecación de Merkozy está dando los primeros coletazos de este lado del Atlántico.

Ojalá que alguien le acerque a la señora una traducción al alemán de aquel librito, tan ilustrativo, de Lord Keynes.

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 6 de diciembre de 2011 ]

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Ajustaremos sus cinturones, R.S.V.P. (17 08 11)

Sarkozy y Merkel exigen un ajuste común a toda Europa

Las principales economías de la Zona Euro plantean enfrentar la crisis con recortes generales  

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La canciller alemana, Ángela Merkel, llegó a París para mantener una minicumbre con el presidente Francés, Nicolás Sarkozy, y armar una estrategia común para hacer frente a la crisis que azota a Europa.

Luego del salvateje in extremis para evitar la quiebra técnica de Grecia, mediante giros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), en los últimos días la institución crediticia continental dirigida por el economista francés Jean-Claude Trichet, ha tenido que auxiliar de emergencia a España y a Italia.

El BCE destinó la semana pasada un total de 22.000 millones de euros para salvar a ambas economías del acoso de los mercados, cuya presión sobre los bonos de las deudas externas soberanas estaba empujando la cotización bajo mínimos.

La suma girada a Roma y a Madrid supera inclusive el monto destinado a los bonos griegos en la primera semana de rescate, y aun así no ha logrado sacar a los títulos públicos de ambos de la zona de riesgo.

Ante este panorama, y a pesar de que tanto el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, como el presidente del gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero han anunciado nuevas medidas internas para controlar las cuentas públicas y reducir las partidas destinadas al gasto social, Merkel y Sarkozy reclamaron ayer en París una coordinación continental para implementar los ajustes desde las instancias ejecutivas de la Unión Europea (UE).

La idea de un “gobierno económico” de la UE es una antigua iniciativa, que se viene discutiendo en el ámbito de las cumbres y del Consejo Europeo en forma reiterada, aunque la propuesta original apuntaba a una coordinación financiera que, junto a la aplicación de la moneda común, promoviera el crecimiento y el desarrollo de la complementación económica europea.

Ahora, los líderes conservadores de Alemania y Francia vuelven a traer la idea de un “gobierno económico”, pero para que supervise la aplicación estricta de los achiques al gasto público y la implementación de medidas de ajuste estructural a nivel continental.

Merkel inclusive llevó a París la moción de que los 17 países europeos que comparten la moneda (la Eurozona) modifiquen sus constituciones nacionales antes del verano (boreal) de 2012, para incluir en las cartas magnas un límite al déficit público y al gasto del gobierno, para conjurar posibles situaciones futuras como la experimentada en Grecia.

En el país heleno, la anterior administración de derecha falseó las cuentas oficiales y declaró un déficit cuatro veces inferior al que realmente soportaba, y que ha llevado a Grecia a la peor situación económica desde la posguerra.

Merkel y Sarkozy proponen que este nuevo “gobierno económico” esté integrado por los jefes de Estado de la Eurozona, con un presidente fijo y renovable cada dos años; e inclusive ya han pensado en el candidato al cargo: Herman von Rompuy, el democristiano belga.

Estancamiento europeo

Las cifras de la agencia estadística euroepa, Eurostat, confirman los peores presagios sobre la estrategia elegida por los líderes conservadores para enfrentar la crisis: Alemania y Francia se han estancado.

Los porcentajes de crecimiento trimestral en ambos países son nulos: la economía francesa está técnicamente estancada (cero por ciento de crecimiento), mientras la Alemana apenas crece un simbólico 0,1 por ciento. En total, la Eurozona registra un escueto 0,2 por ciento entre abril y junio.

Tomando la perspectiva ampliada, la agencia Eurostat afirma que en tasa internual, el Producto Bruto Interno (PBI) de la Eurozona cae desde el ya debil 2,5 por ciento registrado en el primer trimestre del año, a un raquítico 1,7 en el segundo.

En las reuniones ampliadas del Grupo de los 20 (G-20), los países menos desarrollados –con especial protagonismo de Argentina y Brasil- intentaron convencer a los europeos que la salida de la crisis pasaba por aplicar políticas de aumento del gasto, no de mayores restricciones.

Sin embargo los países centrales optaron por el ajuste, y los resultados están a la vista. Un “gobierno económico” europeo, además, profundizaría este camino.

 

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¿Seguirá el FMI en manos europeas? (19 05 11)

 Pelea por el sillón de DSK

El jefe del FMI rechaza las acusaciones de violación, pero renuncia al puesto. En Europa impulsan la candidatura de la francesa Lagarde para reemplazarlo. Los países emergentes reclaman una nueva distribución de poder que refleje el mapa geopolítico actual. 

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WASHINGTON.- Como era previsible, tras las declaraciones del secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó ayer su renuncia, desde la celda de la cárcel en que está alojado, acusado de agresión sexual y violación.

La rauda salida del máximo responsable del Fondo ha acelerado la disputa por su sucesión, poniendo sobre la mesa de negociaciones, además, la posibilidad de quebrar la norma consuetudinaria que reserva ese lugar de poder en el sistema mundial para un europeo.

Cuando se establecieron las bases de las instituciones reguladoras de la economía internacional, en los años ’40 del siglo pasado, los Estados Unidos consensuaron con sus aliados europeos la repartija de la conducción ejecutiva, habida cuenta de los porcentajes de aportes netos que cada quien realizaría al sistema.

De esta manera, el gobierno norteamericano se ha reservado la designación del máximo responsable del Banco Mundial, y esa norma no escrita ha ubicado a un europeo en el primer sillón del FMI desde entonces.

Sin embargo, los países emergentes –encabezados por Brasil y China- vienen sosteniendo hace tiempo que esa distribución de poder reflejaba un estado del globo propio de la finalización de la segunda Guerra Mundial, y que las condiciones estructurales han cambiado desde entonces.

Entre estas modificaciones, la participación de las economías emergentes debe tener un correlato en el reparto de porciones de poder en las instancias multilaterales, argumentan.

La Unión Europea (UE) es el primer aportante colectivo del FMI, y los Estados Unidos el principal aportante individual. Pero las participaciones de las economías emergentes –precisamente desde la renovación de los rumbos políticos que la gestión de Dominique Strauss Kahn le impuso a la institución desde 2007- han sido crecientes.

Para Brasil, la aspiración de liderar el Fondo está en la misma línea estratégica que sus reclamos por un sitial permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), tanto por su tamaño geográfico y poblacional, como por su relevancia regional en el liderazgo sudamericano.

China, por su parte, con las tasas de crecimiento interno en el orden del 10 por ciento del producto anual, y el yen cada día más fuerte en relación al dólar, acumula bonos de la deuda pública norteamericana, se ubica ya como la segunda economía mundial y llegará al primer lugar antes de mediado de siglo de mantener esta tendencia; condiciones éstas que le otorgan elementos suficientes para aspirar al sillón de DSK. Sudáfrica e India, con fuertes y sostenidos niveles de desarrollo, también están en la misma línea de disputa.

El argumento común de los emergentes es que son ellos quienes están aportando el mayor crecimiento a nivel mundial, mientras que son los europeos, precisamente, los que acumulan mayores problemas estructurales y de liquidez.

Sin embargo, en el Viejo Continente no están dispuestos a resignar la potestad de nombrar al jefe de la máxima instancia monetaria, muy especialmente en la presente coyuntura, con varias de sus economías pendientes de los créditos del FMI para no caer en bancarrota, y el Banco Central Europeo (BCE) debiendo negociar con el jefe del Fondo, prácticamente a diario, las condiciones de financiamiento de las situaciones estatales más críticas, encabezadas en estos momentos por Grecia, Portugal e Irlanda.

En este sentido, apenas difundida la carta de renuncia de Strauss Kahn desde la prisión estadounidense, se conoció la postura de Berlín y la de París, las dos potencias que traccionan la UE. La canciller alemana, Ángela Merkel, defendió que la gerencia crediticia mundial quede en Europa, aunque no utilizó el argumento del pacto histórico con los norteamericanos, sino que apeló a razones de “mérito, competencia, y experiencia económica y política”; y con ella coincidió rápidamente la ministra conservadora francesa de Finanzas, Christine Lagarde.

La candidatura de Lagarde para el sillón de DSK comenzó a movilizarse apenas estalló el escándalo, cuando la policía neoyorquina detuvo al político francés en el avión con el que se aprestaba a dejar el territorio norteamericano, después de la presunta agresión sexual a una mucama en el hotel Sofitel de Manhattan.

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La hija de Osama: Lo capturaron vivo (05 05 11)

La Casa Blanca acumula críticas por el asesinato de Ben Laden

Una hija del terrorista afirma que fue apresado vivo y ejecutado a sangre fía

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WASHINGTON, LONDRES.- Al tercer día del anuncio de la muerte del fundador de la red yihadita de Al Qaeda, poco quedaba ayer del tono de victoria y festejo con que la noticia fue presentada por Barack Obama.

Por el contrario, las críticas a la actuación de una unidad comando de los Marines norteamericanos, y la decisión de ultimar al líder terrorista en lugar de apresarlo, han crecido en las últimas horas, tanto por las respetables figuras que han salido a condenar el accionar arbitrario de la potencia hegemónica global, como de la índole de las argumentaciones, que pasó del plano político para alcanzar también los niveles jurídicos, lo que puede terminar afectando las relaciones bilaterales con Washington.

En Europa se tildó de “ejecución sumaria extrajudicial” la muerte de Osama ben Laden; además de la opinión del ex canciller alemán Helmut Schmidt, que viene sosteniendo que se trató de una “clara violación de la ley internacional” al desconocer la soberanía paquistaní, asesinar a Ben Laden, tomar su cuerpo y arrojarlo al mar.

A esta postura se sumó también el jurista australiano experto de la ONU, Geoffrey Robertson. A la posición del presidente norteamericano, que había sostenido que la acción militar constituía un hecho de “justicia reparadora”, Robertson afirmó: “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”.

En el mismo sentido su colega, el reconocido jurista holandés Gert-Jan Knoops, sostuvo que no se trató de un acto de guerra, donde un enemigo puede ser eliminado, “este argumento no se sostiene”, añadió. Ben Laden “fue sometido a una ejecución sumaria, un asesinato a sangre fría”, concluyeron los expertos.

A las opiniones de los líderes políticos y de los juristas internacionales, comenzaron a sumarse también algunas voces de religiosos musulmanes.

El influyente imán hindú Syed Ahmed Bukhari dijo ayer que Ben Laden podría haber sido fácilmente apresado, pero que en lugar de eso, prefirieron asesinarlo. El religioso acusó al gobierno norteamericano de “promover la ley de la selva, ya sea en Afganistán, Irak, Pakistán o Libia”, y en una advertencia que sonó a reto sostuvo que la indignación de los musulmanes “ha cruzado el límite”.

Estas declaraciones se reavivaron luego de que una hija del líder de Al Qaeda, de 12 años de edad y detenida por la policía paquistaní tras el asalto del grupo comando norteamericano, relató a las autoridades que su padre fue capturado con vida por los Marines que asaltaron la casa, y luego fue ejecutado delante de su familia.

Posiblemente por ese mismo hecho, el presidente Obama, con rostro consternado, anunció ayer su decisión de no dar a conocer públicamente las fotografías y videos de la operación en los alrededores de Islamabad.

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Libia, una guerra que se va para arriba (14 04 11)

Los aliados se disponen a elevar la guerra en Libia

Rusia, India, China y Brasil mantienen su postura contra los bombardeos

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TRÍPOLI.- Las posiciones que sostienen que el conflicto político en Libia debe encararse por vías distintas al ataque bélico están siendo sobrepasadas por la tendencia contraria, y los responsables militares de la Alianza Atlántica (OTAN) planean aumentar la cantidad de armamentos y recursos para atacar con mayor precisión y contundencia las defensas del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

La petición de ampliar la ofensiva la realizó el máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización que participan en la intervención militar.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) habilitó las acciones contra Khaddafi, Francia y Gran Bretaña enviaron de inmediato a sus fuerzas aéreas, y la armada estadounidense se sumó con misiles disparados desde los buques norteamericanos estacionados en el mar Mediterráneo.

Pero una vez que la zona de exclusión aérea estuvo asegurada, el presidente Barack Obama logró que sus pares francés, Nicolás Sarkozy, y británico, David Cameron, entregaran el control y la coordinación total de la ofensiva a los mandos de la OTAN.

Sin embargo, la alianza militar occidental ha cometido varios fallos, ha bombardeado por error columnas de milicianos rebeldes; las víctimas civiles caratuladas como “daños colaterales” de sus bombardeos siguen aumentando; y la oposición armada del Consejo Nacional insurrecto ha reclamado un cambio de estrategia o bien el retiro de la organización del frente de batalla.

En la reunión del Grupo de Contacto con Libia, que preside conjuntamente Gran Bretaña y Qatar, que sesionó en Doha el miércoles de esta semana, los representantes de los rebeldes de Bengasi reclamaron mayor efectividad de la OTAN en la neutralización de las fuerzas de Khaddafi, especialmente de los efectivos que mantienen cercada a la ciudad de Misrata.

En esta ciudad ubicada en la mitad occidental de Libia, las fuerzas gubernamentales causaron ayer 23 muertes y más de 20 heridos de gravedad, y además de las víctimas civiles ya se ha denunciado hambre y otras carencias humanitarias.

Después de la reunión de Doha, los responsables de las relaciones exteriores de 34 países se encuentran reunidos desde ayer en Berlín, con la guerra en Libia en el centro de la agenda. Con la presencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la capital alemana los cancilleres han convenido en aumentar la presión sobre el régimen de Trípoli y, al mismo tiempo, “proporcionar los recursos necesarios y la máxima flexibilidad operativa” a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), luego de la exposición del almirante Stavridis en que solicitaba ampliación de recursos y armamentos.

Aunque el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, admitió que ningún país ha hecho aún “compromisos específicos” para aportar más medios, dijo ser “optimista” en que se llegará a un acuerdo para ampliar el rango de la guerra en Libia.

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Europa, barbas en remojo (07 01 11)

Europa, barbas en remojo

por Nelson Gustavo Specchia

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Advertía el refranero de nuestras abuelas que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Cuando los tiempos de las afeitadoras eléctricas y de las cuchillas descartables dejaron obsoleta la advertencia, el refrán popular se mantuvo, para aplicárselo a aquellas situaciones donde la precaución prima sobre la valentía y el arrojo, e inclusive para cuando el exceso de cuidado se acerca peligrosamente a la cobardía. En este último sentido, las barbas políticas europeas llevan meses humedeciéndose en las tibias aguas del remojo, y la situación es aún más sorprendente cuando lo que a todas luces exige el momento son actos de valentía cívica, de decisiones arriesgadas por parte de las élites y de las primeras líneas de los partidos políticos. En cambio, la actitud de inmovilismo y de precavida expectación de la sociedad política frente a la crisis económica termina otorgándole las mejores condiciones para perpetuarse. Nadie se mueve para que la crisis no llegue, y la crisis llega porque nadie se mueve.

NAVAJAS PROPIAS Y AJENAS

El primer vecino a quién afeitaron sin anestesia en el conjunto de países de la unión monetaria (la “eurozona”) fue Grecia. A comienzos de 2010, la economía helena comenzó a dar señales de que necesitaría medidas valientes y solidarias de los demás socios europeos. El gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu, que había tomado las riendas de las islas en octubre del año anterior, anunció que las estadísticas oficiales estaban falseadas: el déficit público no era del 3,7 por ciento, como la administración anterior había informado a Bruselas (sede política y administrativa de la Unión Europa), sino del 13 por ciento. Y que Grecia no tenía recursos propios para hacer frente a ese agujero.

Y aquí apareció la sorpresa. En lugar del esperado rescate de la comunidad, que debería haber sido la respuesta natural, dados los objetivos fundacionales de la integración de Europa, cada país empezó a cerrarse en sí mismo y a poner las barbas en remojo. Desde los grandes –Alemania y Francia- salieron, inclusive, respuestas duras. Algunos diputados llegaron a sugerir que el gobierno griego vendiera alguna de las paradisíacas islas del Mediterráneo para juntar recursos y pagar sus deudas. Y entre los pequeños, los de economías intermedias que comparten algunas características estructurales con la griega –España, Irlanda y Portugal- cundió el pánico. Y sin esperar siquiera a los barberos del FMI, los gobiernos de estos países (a la sazón, también socialistas en la península ibérica) se largaron a la carrera de los ajustes, compitiendo a ver cuál es más liberal y ortodoxo, para alejarse cuanto fuera posible del “fantasma griego”: recesión, achicamiento del gasto social, ataque de los mercados que encarecen el endeudamiento público, y, por supuesto, las reacciones sociales a todo ello, que en Atenas ya llevaban varios muertos.

EL ESPÍRITU COMUNITARIO

La reacción de los Estados tomados individualmente, en todo caso, no es extraña. Tanto en los grandes como en los medianos el sentimiento “nacional” siempre prima sobre las concesiones parciales de soberanía que se hayan realizado al proceso de integración. En definitiva, como desde los albores de la modernidad occidental, la “raison d’Etat” sigue siendo la consideración principal de todo gobierno: los intereses del Estado sobre la moral individual y sobre cualquier instancia supranacional.

Pero si esta reacción cuidadosa y conservadora puede entenderse en el plano de actuación individual de los países que integran la Unión Europa, es más difícil explicarla en la actitud de los funcionarios y agentes superiores de la propia institución comunitaria.

La primitiva Comunidad del Carbón y del Acero, entre Francia y Alemania recién desmovilizadas después de la más grande y criminal guerra entre ambos ejércitos; la Declaración Schuman para impulsar la cooperación entre los antiguos enemigos; luego la Euratom en los inicios de la carrera nuclear y en plena Guerra Fría; la Comunidad Económica; los múltiples procesos de ampliación que fueron extendiendo las fronteras exteriores; la incorporación de la Europa del Este tras la disolución soviética; la constitución del Espacio Schengen con la eliminación de todos los controles fronterizos entre los países; y la propia instalación de la moneda única para la mayoría de los socios, fueron todos actos de gobierno de alto riesgo, impulsados y llevados adelante por una élite valiente y arrojada, que logró postergar los enconos históricos, nacionalistas, culturales, religiosos, regionales e ideológicos por la apuesta a un futuro común y superador.

La vieja foto de Konrad Adenauer, canciller de la Alemania derrotada, con medio país ocupado por la Unión Soviética y con Berlín saqueado, destruido y repartido entre las potencias vencedoras, y abrazando en aquel momento al general Charles de Gaulle, escribiendo la primera página de la nueva historia contemporánea de Europa, es de una generosidad y alcance de miras que las actuales conducciones políticas europeas no pueden ni aspirar.

Y, además, la construcción de la integración continental durante el último medio siglo no ha sido sólo discursiva y formalista, sino que se ha financiado mediante los fondos de compensación, donde los países ricos han solventado, con dinero de los impuestos de sus contribuyentes, el desarrollo de los Estados más pobres, para que éstos alcanzaran los estándares de homogeneización.

En síntesis: en el pasado los desafíos han sido sobradamente superiores a los que impone la actual crisis de los mercados financieros, y esos desafíos se han superado con valentía, asumiendo riesgos de largo plazo por parte de las élites gubernamentales. Y las herramientas de socorro económico y de redistribución de fondos entre los socios se han aplicado regularmente. Que no se apliquen ahora, o que nadie se atreva a tomar decisiones arriesgas y prefiera, en cambio, guardarse fronteras adentro poniendo las propias barbas en remojo, obedece a una crisis que supera lo económico, y alcanza la moral pública.

Y ENCIMA, HUNGRÍA

Dependiendo tanto los rumbos y las orientaciones del proceso de integración de las voluntades de los dirigentes, como acabamos de mostrar, el país que detente la presidencia rotatoria semestral del Consejo Europeo (la reunión de jefes de gobierno, donde reside efectivamente el poder decisional de la región) adquiere una importancia central.

Durante el agitado año 2010, la presidencia la ejerció España en el primer semestre, y Bélgica en la segunda mitad. José Luís Rodríguez Zapatero transitó su semestre tan mareado y confundido por la crisis, intentando por todos los medios que el “fantasma griego” no llegase a las costas catalanas, valencianas o andaluzas, que no tuvo tiempo de ocuparse de la Unión Europea; le dejó el trabajo a Herman Von Rumpuy, el conservador presidente permanente del Consejo. Luego, el segundo semestre le tocó a Bélgica, que pasa por un desgarrador momento de enfrentamiento entre las dos comunidades que integran el país, el norte flamenco y el sur francófono. Con los resultados electorales muy homogéneos, el jefe del Estado, el rey Alberto, no consigue desde hace meses que alguien se haga cargo de formar un gobierno que permanezca. ¿Quién, entonces, se ocuparía de dirigir los rumbos de la Unión Europea en un país que no logra ni siquiera definir su propio rumbo o formar su propio gobierno? Nadie, por supuesto. Y pasó otro medio año.

Desde el 1 de enero, las riendas de la Unión Europea han caído en manos del gobierno húngaro. En Budapest, el recién asumido gobierno de Viktor Orban, del partido de derecha Fidesz, ha asegurado que impulsará la prohibición del aborto, establecerá la definición del matrimonio como exclusiva unión entre hombre y mujer, reinstalará la censura sobre los medios de comunicación (con multas de más de 700.000 euros a diarios o webs que “ofendan la dignidad humana”), y aplicará un nuevo impuesto a las “empresas extranjeras” (esto es: europeas).

De un sólo golpe, Hungría –un socio reciente del proceso de integración, desde la ampliación de 2004- se carga el principio de igualdad de trato en el mercado interno de la Unión Europea, desconoce el acervo legislativo y judicial común, y se aparta de sus principales logros sociales y comunicacionales.

¿Podría esperarse de su semestre en la presidencia del Consejo Europeo decisiones valientes y arriesgadas para enfrentar la crisis que parece estancada en las tierras del Viejo Continente? Difícil.

Atentados, pánico y xenofobia (08 10 10)

EUROPA ESTABLECE UN INUSITADO ESTADO DE ALERTA POR ATENTADOS

Washington advierte del riesgo a sus ciudadanos que viajen a la Unión Europea

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Antes de que se apaguen los ecos de la polémica decisión del gobierno francés de Nicolás Sarkozy de expulsar colectivos de gitanos rumanos y búlgaros, argumentando la ilegalidad documental de su radicación en suelo francés, se abren nuevos frentes conflictivos que reconocen la misma raíz: el creciente movimiento de masas migratorias internas hacia los centros urbanos en los países desarrollados.

Inclusive los órganos administrativos de la Unión Europea emprendieron acciones contra el conservador ejecutivo francés, tras constatar que la expulsión de al menos 8.000 gitanos repatriados hacia Rumania y Hungría respondía a argumentos que podían considerarse discriminatorios, raciales, y que atentan contra el derecho de movilidad interna asegurado por la legislación comunitaria europea.

Pero el peso político de Francia dentro de las instituciones del proceso de integración continental, logró finalmente licuar una investigación en ese sentido.

Sin embargo, en la víspera un nuevo frente se abrió con el protagonismo de trabajadores extranjeros, que en el marco de una movilización de protesta contra Sarkozy ocuparon el parisino Museo para la Inmigración.

Los manifestantes reaccionaron contra la política migratoria francesa y reclaman al gobierno el cumplimiento de promesas, en un momento en que la popularidad del presidente francés, lastrada por una seguidilla de escándalos sociales y económicos, se encuentra bajo mínimos.

Tras varias huelgas sectoriales, los trabajadores que no logran obtener el derecho de permanencia en Francia, habían conseguido del gobierno, en junio pasado, el compromiso de establecer un proceso acelerado para documentarlos, que luego no se tradujo en los hechos. Esta situación ha motivado que un número creciente de trabajadores inmigrantes vivan en Francia con papeles falsos.

Estas movilizaciones sociales, además, se desarrollan en un inédito estado de alarme frente a la posibilidad de atentados terroristas en las grandes capitales europeas, especialmente en París, Londres y Berlín.

Aunque no se han conocido pruebas concretas que apoyen una alarma tan drástica, los ministros de Interior de la Unión Europea se reunieron ayer para coordinar acciones comunes frente a una posible ola de atentados de organizaciones islamistas en suelo europeo, después que el fin de semana el gobierno norteamericano alertara a sus ciudadanos del riesgo de viajar a Europa en estos momentos, debido a la posibilidad de acciones violentar por parte de extremistas relacionados con Al Qaeda en el viejo continente.

EXPULSIONES DE ILEGALES EN USA

En medio de un clima informativo adverso en los temas relativos a la inmigración en la Unión Europea, sorprendió en la víspera el anuncio del gobierno norteamericano, que afirmó haber logrado el “récord” de deportaciones de personas.

La administración de Barack Obama afirmó, además, que la política de auditar y penalizar a las empresas que contraten inmigrantes ilegales ha sido un “éxito”, ya que en estos últimos dos años el número de empresas sancionadas ha superado el total de actas labradas en el mismo sentido por el gobierno del republicano George W. Bush.

La secretaria de Seguridad Interna de Obama, Janet Napolitano, afirmó ayer que las políticas de aplicación de las leyes de inmigración de Washington son más firmes y efectivas que nunca, por las cuales durante el presente año se logró “remover” un total de 392 mil inmigrantes ilegales, lo que representa un incremento de más de 23 mil deportaciones, sobre las estadísticas de 2008.

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El retroceso socialdemócrata (24 09 10)

El retroceso socialdemócrata

por Nelson Gustavo Specchia

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El domingo pasado, 19 de septiembre, una coalición de derechas ganó las elecciones en Suecia, un país que es símbolo de dos de los principales logros de la modernidad occidental: la convivencia entre socialismo y democracia, y el sostenimiento de un Estado de Bienestar de amplio alcance. La renuncia al marxismo revolucionario y su reemplazo por la gradualidad de instalar el socialismo por la vía representativa, llevó a que Suecia se identificara con la socialdemocracia: de las últimas ocho décadas, 65 años el Poder Ejecutivo ha sido ocupado por socialdemócratas.

Esos períodos tan extensos en el ejercicio del poder por parte de los progresistas, fueron extendiendo a las políticas sociales diversas estrategias de protección, primero a los sectores más vulnerables, luego a capas cada vez mayores de población. Esas políticas proteccionistas, claro está, debían financiarse con dinero público, por lo que la presión fiscal subió paulatinamente al tiempo que el Estado daba cobertura sanitaria, educación de calidad, ayudas para vivienda, para transportes y demás. Este crecimiento en los impuestos de los ciudadanos llegó en Suecia a significar el 52 por ciento del Producto Bruto Interno, un porcentaje sólo superado por los dinamarqueses. Así, durante años, la clase media y los trabajadores suecos asumieron que más de la mitad de sus ingresos fueran destinados a pagar impuestos al Estado, ya que éste, con una adecuada y transparente gestión gubernamental, los devolvía en servicios y en protección pública.

El éxito de la fórmula “socialdemocracia-bienestar” fue tan considerable, que el modelo comenzó a generar réplicas a lo largo del continente. Todos encontraban en ella una receta ajustada a ese tiempo histórico definido por la posguerra que había ensangrentado hasta la locura al Viejo Continente, y la nueva idea-fuerza de la integración tras los Tratados de Roma, de 1957, mediante los cuales la Comunidad del Carbón y del Acero (CECA) y la Euratom, junto a la Comunidad Económica Europea (CEE), dibujaban la arquitectura política que terminaría desembocando en la actual Unión Europea.

LA EUROPA DEL BIENESTAR

Independientemente de la forma de Estado que hubiera sobrevivido en cada país tras las dos guerras, tanto los electorados de las monarquías parlamentarias como los de las repúblicas de antiguo o nuevo cuño, se acercaron esperanzados a la socialdemocracia durante la segunda mitad del siglo XX, quitando la iniciativa política a los tradicionales partidos conservadores o nacionalistas. Supuestamente arrancada de raíz la extrema derecha filofascista y nazi, la nueva socialdemocracia se planteaba como una alternativa racional y moderna a la centroderecha populista o demócrata-cristiana.

La extensión de la socialdemocracia fue tan grande, que en la práctica cotidiana se la llegó a identificar con el propio modelo del Estado de Bienestar con el que había triunfado en la península escandinava. Y este impulso ideológico tiñó de rojo (aunque no del rojo revolucionario con la hoz y el martillo, que Europa terminó definitivamente de enterrar en 1989 con la caída del Muro de Berlín, pero rojo al fin y al cabo) el mapa político europeo. Cuando el siglo dio vuelta la página, casi tres cuartas partes de los Estados-Miembros de la Unión Europea estaban gobernados por partidos socialdemócratas.

EL MIEDO Y EL MORO

Pero entre las profundas transformaciones que ha vivido la política internacional durante esta primera década del siglo XXI, dos fenómenos han impactado en el corazón del modelo del Estado de Bienestar y, como se ha confirmado nuevamente este domingo en Suecia, en la propia concepción socialdemócrata. Me refiero al deseo de seguir profundizando en una sociedad abierta, tolerante, plural e integradora –características éstas que definieron a las ciudadanías escandinavas-, y el crecimiento exponencial de los colectivos de migrantes que terminan arribando a las proteccionistas sociedades nórdicas, empujados tanto por estos beneficios que encuentran en la nueva tierra de acogida como por los estropicios de la inseguridad y la inequidad de los lugares de origen de los que han decidido desarraigarse.

En un primer momento, y por la misma lógica de temperamento acogedor y tolerante –esa calidez humana que tanto en Suecia, Dinamarca, Finlandia o Noruega contrasta tan fuertemente con la rigidez helada de su clima- estos países abrieron los brazos a la inmigración de cualquier tipo, tanto la motivada por razones ideológicas (nuestro país tiene una deuda histórica con ellos, que recibieron a centenas de compatriotas que tuvieron que exiliarse durante los años del terror), como aquellos empujados por el hambre y la miseria, especialmente provenientes del grueso cordón norafricano y del borde oriental europeo. Pero estos colectivos siguieron llegando durante años, y en este momento, de los casi diez millones de residentes en Suecia, dos millones son extranjeros o lo son sus padres.

La avalancha inmigratoria ha terminado por poner en cuestión la justicia de la inmensa presión impositiva, superior a la mitad del PBI. Porque los recién llegados gozan de la totalidad de los beneficios del Estado de Bienestar, pero no han aportado suficientemente a él. Y también, con la expansión de la base poblacional a atender, se resiente la calidad de los servicios prestados desde la órbita pública.

Con estos condicionantes haciendo su ingreso por las esquinas del sistema, están servidos los condimentos para la reaparición del discurso de derechas, agitando las banderas xenófobas del miedo al otro, de la inseguridad, de los riesgos de la inmigración para la tranquilidad ciudadana, de la disrupción cultural del Islam para las iglesias cristianas reformadas nórdicas, y de la disminución de los impuestos para no financiar con el esfuerzo de algunos la buena vida de todos.

GIRAR A LA DERECHA

Así como a principios de siglo tres cuartas partes de la Unión Europea estaba gobernada por coaliciones socialdemócratas, en el fulminante retroceso de una década hoy apenas el cinturón mediterráneo (los últimos en ingresar al club europeo, y también los más pobres y menos desarrollados) conserva gobiernos socialistas: España, Grecia, Portugal y Chipre, con el agregado de Austria y Eslovenia. Apenas un veinte y algo por ciento del total de los Estados-Miembros del proceso de integración continental.

En los grandes países europeos, la sangría de votos desde la socialdemocracia a las diversas opciones de la derecha política parece ser una ruta homogénea y sin fisuras. La socialdemocracia alemana le entregó el bastón de mando a la demócrata-cristiana Ángela Merkel; las temporadas rojas del mitterrandismo francés dieron paso a la populista UMP de Jacques Chirac y de Nicolás Sarkozy; las grandes coaliciones de la centroizquierda italiana de Sandro Pertini, Bettino Craxi o Romano Prodi, terminaron en el circo conservador y mediático de Silvio Berlusconi.

Una lectura superficial de este fenómeno podría concluir que la alternancia entre fases históricas aglutinadas por el arco progresista, a las que se suceden otras fases más escoradas hacia un pensamiento conservador o económicamente liberal, harían a la normalidad democrática y a la buena salud del sistema. Pero hay, además, otros elementos que no abonan una lectura tan inocente y formalista: el retroceso de la socialdemocracia no está implicando sólo la vuelta conservadora en los gobiernos europeos, sino también la irrupción –ésta sí inesperada y contracultural- de partidos de extrema derecha, que tras el horror de la segunda posguerra se creía desterrados del escenario político continental para siempre. Pero los partidos xenófobos, anti-inmigración, anti-musulmanes, cercanos a tendencias neonazis, con discursos reivindicadores de la supremacía cultural y de la identidad nacional, han logrado acceder a los recintos parlamentarios en las últimas elecciones de Holanda y de Bélgica.

Desde el domingo pasado, la extrema derecha xenófoba también ocupará veinte escaños en el Riksdag, el parlamento de Estocolmo que fuera un ejemplo de hospitalidad y tolerancia, y de donde saliera el modelo del Estado de Bienestar. Ese que parece encaminarse, a pasos rápidos, a ocupar un lugar en el museo de las experiencias políticas terminadas.

El cambio de escenario de una crisis global (10 09 10)

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El cambio de escenario de una crisis global

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por Nelson Gustavo Specchia

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La última década de la política internacional ha sido testigo de un conjunto de modificaciones estructurales profundas, que conforman en su interacción y en sus implicancias una mutación del escenario global.

En una visión panorámica, tomada desde una distancia que habilite cierta perspectiva, podemos advertir que el mundo se ha “achicado” (al punto de que hoy es posible visualizarlo prácticamente en su totalidad, y en tiempo real) y se ha convertido en la última década en un lugar más impredecible.

Nuestra contemporaneidad parece ser un lugar de paso, una nueva transición desde el mundo ordenado por el “equilibrio del terror” que marcó la mayor parte del siglo XX, hacia una realidad internacional más interconectada y dispar, donde las relaciones ya no se explican por medio de un conjunto acotado de variables relativamente simples, sino que una serie de nuevas y complejas consideraciones de diverso cuño –étnicas, regionales, religiosas, subnacionales, culturales- impactan diariamente en la definición de los rumbos de la política.

La realidad internacional se muestra en un escenario cuyas principales características son la heterogeneidad y la inseguridad.

Mientras que la tradición política reciente había generado un análisis mundial asentado en columnas densas, en las sólidas definiciones ideológicas que otorgaban garantías y ofrecían una cierta previsibilidad a la acción política en las relaciones entre los Estados, este tiempo de transición ha desvanecido esas cosmovisiones; como el título de aquel libro donde Daniel Bell describía cómo los parámetros más tradicionalmente confiables de la modernidad desaparecían uno tras otro, “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

La imagen del Muro de Berlín, esa vena estriada de piedra y alambre de púa frente a la Puerta de Brandemburgo que no sólo seccionaba la gran ciudad alemana sino que durante más de medio siglo dividió simbólicamente a todo el globo, ilustra esta mutación de escenarios. Porque aquella división, en su brutal dicotomía, era la imagen de un mundo equilibrado, de un mundo previsible, asentado sobre las columnas sólidas de la disuasión nuclear y de la “destrucción mutua asegurada”. Se podía teorizar en base a esa previsibilidad de la “lógica del terror” y, en definitiva, la paz internacional –en el nivel macro- se mantuvo. El conflicto permaneció “localizado”, en los márgenes, no en la línea de los países centrales, que hubiera afectado el equilibrio. La “Tercera Guerra Mundial”, a pesar de tener todas las posibilidades y las herramientas a mano (y más de un militar entusiasta deseoso de comandarla, tanto a un lado como a otro del Muro), finalmente no estalló.

El fin de la guerra fría, la caída del Muro, el desvanecimiento de la bipolaridad internacional, y el cambio de tercio hacia el siglo XXI terminaron también con aquella previsibilidad en los relacionamientos.

Y lo que hemos vivido en estos últimos años, en esta huidiza e imprevisible cotidianidad, es un conjunto dispar y complejo de elementos que podríamos denominar la emergencia de las “otredades”.

“Otredades” porque, cuando en los años finales del siglo pasado la post guerra fría comenzó a quitar las losas pesadas de la doble hegemonía, tanto en la órbita capitalista como en el antiguo mundo comunista comenzaron a emerger realidades “otras”, diferentes sentimientos y vivencias sociales que habían permanecido subterráneas, invisibles, durante los años del equilibrio bipolar. Esta emergencia de realidades nuevas y “otras”, que aparecen con fuerza e intención de ocupar un lugar reivindicativo, viene acompañada de sentimientos negativos hacia quienes se considera responsables de sus años de sujeción, aislamiento, invisibilidad, sometimiento y vida subterránea.

Y esta emergencia de realidades “otras”, se imbrica con el salto que da el proceso de estatalización del planeta. Hasta mediados del siglo pasado, el número de Estados había permanecido estable y limitado. El proceso de descolonización primero, y el desmembramiento soviético después, provocaron que la cantidad de Estados soberanos prácticamente se quintuplicara: Cuando se reunió en Congreso de la Haya, en 1907, a la asamblea la integraron 42 países; en 1945, los Estados fundadores de las Naciones Unidas fueron 51. Y cuando el último Estado reconocido, Timor Oriental, en 2002 solicitó su ingreso a la ONU, le fue concedido el escaño número 192. De 42 a 192 Estados en menos de cien años, ese es el salto estatalizador que, aunado a la emergencia de realidades culturales históricamente sumergidas, perfila un mundo sustantivamente más complejo.

Toda transición es, necesariamente, un tiempo de definiciones. La gran apuesta de los años que vienen, de este futuro cercano que ya estamos viviendo, será la articulación entre paz, seguridad, y convivencia entre “otredades”.

Ya no hay más lugar para intentar imponer modelos hegemónicos y estilos de vida predominantes. La diversidad y la pluralidad también deberán teñir el nuevo tiempo político global.

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nelson.specchia@gmail.com

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Enfrentamientos en una conmemoración de 1 de mayo diferente (03 05 10)

Día del Trabajador, en plena crisis

ENFRENTAMIENTOS SOCIALES SIGNAN

LA CONMEMORACIÓN DEL 1 DE MAYO

Las calles de Atenas se convierten en la primera línea de resistencia

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gre

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En un mundo que se debate entre las vías de salida de la crisis económica estructural que lo sacude y las posibilidades de caer a niveles aún más profundos de esa crisis en el futuro próximo, cobró una significación especial la celebración, este sábado, del Día del Trabajador.

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Con niveles de desocupación rondando los 20 puntos porcentuales en las primeras economías, el 1 de mayo tuvo picos de enfrentamientos violentos en aquellas sociedades que deberán soportar la aplicación de recetas de ajustes para hacer frente a la debacle de las cuentas públicas.

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El 1 de mayo fue establecido por la Segunda Internacional Socialista en 1889; originalmente fue asumida como una jornada reivindicativa en memoria de los sindicalistas ejecutados en Estados Unidos por su lucha por la jornada de ocho horas. Con el tiempo, el día de los trabajadores ha devenido en un feriado festivo, pero los crecientes golpes de reducción en los derechos de los asalariados ha vuelto a colocar la fecha en una perspectiva de resistencia y reivindicación.

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Uno de los enfrentamientos más graves fue el que sostuvieron manifestantes y policías en las ciudades griegas. En Atenas y Tesalónica se convirtió en la antesala de la gran huelga general con que esperan parar Grecia el miércoles 5. Las movilizaciones del sábado en Atenas –mayoritariamente protagonizadas por jóvenes, el sector más castigado por el desempleo en todos los países europeos- fueron duramente reprimidas por la policía frente al Parlamento.

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Grecia vive un tiempo decisivo, que fue calificado por el primer ministro Giorgios Papandreu como de “supervivencia nacional”. Papandreu tiene la difícil tarea de convencer a los griegos que los sacrificios que tendrán que soportar es la única posibilidad para salir del ahogo del país, al borde del default.

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En la primera prueba seria que soporta la moneda común europea, la canciller alemana Ángela Merkel ha dilatado hasta el extremo el rescate de la economía griega, y finalmente Papandreu ha tenido que apelar al Fondo Monetario Internacional. El FMI exige a Grecia un ajuste social gravísimo, para alcanzar un ahorro de 25.000 millones de euros en dos años, entre reducción de gastos sociales y aumentos de impuestos. Sólo así el FMI entregaría las ayudas de 120.000 millones de euros que Grecia necesita para enfrentar sus obligaciones financieras en los próximos tres años.

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MOVILIZADOS EN EUROPA

Además de las multitudinarias protestas griegas, en las principales capitales europeas el 1 de mayo se vivió nuevamente en clave de lucha reivindicativa de masas. La crisis como telón de fondo, y las estrategias de ajuste de los gobiernos, fueron los principales objetivos de los manifestantes.

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En Berlín las demandas de reivindicaciones laborales se sumaron a las próximas elecciones en varias regiones, donde el gobierno de Ángela Merkel se juega sus mayorías parlamentarias.

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En España, donde el desempleo ya supera la quinta parte de la población (la más alta de toda Europa), los manifestantes pidieron al ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero una reforma laboral pactada que genere más puestos de trabajo.

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El gobierno francés de Nicolás Sarkozy, por su parte, afrontó la protesta de más de 200.000 manifestantes, que se oponen a su proyecto de reforma del sistema jubilatorio.

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EN LA REGIÓN

En América, el Día del Trabajador tuvo diferentes expresiones, muy asociadas a cada contexto político.

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En el estado norteamericano de Arizona, la jornada era utilizada para canalizar el rechazo social a la recién sancionada ley que criminaliza la inmigración indocumentada, principalmente procedente de México, Honduras y Guatemala. Las movilizaciones con este objetivo se repitieron en más de 70 ciudades norteamericanas.

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En América del Sur, por su parte, sobresalieron las protestas de los trabajadores colombianos. Colombia, que cuenta con unos 10 millones de desocupados, y un estimado de 20 millones de habitantes por debajo de la línea de pobreza, se manifestó demandando  mayores acciones públicas en salud y en seguridad social por parte del gobierno de Álvaro Uribe. Durante la actual administración, han sido asesinados más de 527 sindicalistas, según las organizaciones de derechos humanos.

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http://www.hoydia.com.ar/

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nelson.specchia@gmail.com

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