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Assad, herido y acorralado (18 11 11)

Assad, herido y acorralado

por Nelson Gustavo Specchia

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Uno de los lugares comunes de la literatura de caza mayor, sostiene que pocas cosas encarnan más peligro que una gran bestia herida, a la que se le han bloqueado las vías de escape. En ese momento, un tigre, por ejemplo, se convierte en una perfecta máquina asesina. Es muy difícil en estos días no apelar a ese símil al analizar el callejón sin salida en el que, en un retroceso y en un asilamiento creciente, el régimen sirio de Bachar al Assad se ha ido encerrando.

Y la violencia de la represión gubernamental ya acusa esos golpes a la desesperada. La Unión Europea ha inmovilizado los dineros del clan gobernante colocados en los bancos de sus países miembros, y ha incluido en listas negras a casi todos los personajes relevantes del régimen. Menos explícitamente, pero con el mismo resultado, los países árabes de la región han cerrado las puertas a una posible salida del grupo hacia un exilio dorado. A pesar de que siguen colocando trabas a nuevas sanciones globales o a iniciativas de fuerza con participación multilateral, ni Rusia ni China admitirían tampoco a las principales cabezas del clan de los Al Assad para brindarles guarida. Al callejón del aislamiento sólo le quedan dos débiles ventanucos: Irán y Líbano; pero sería muy difícil que los gobernantes sirios optaran por alguno de estos dos países para establecer una nueva residencia tras el abandono del poder, porque en ninguno de los dos tendrían garantías suficientes de un futuro sin persecuciones. En el vecino del Sur, los largos años de subsidios de Al Assad al Hezbollah le aseguran la fidelidad del partido-milicia, pero el resto del mosaico libanés los odia visceralmente; y su laicismo modernista tampoco cuaja demasiado con la teocracia de los chiítas iraníes. Por lo demás, tanto Mahmmoud Ahmadinejad como los líderes del Hezbollah quedaron atrapados en sus contradicciones respecto de las revoluciones de la “primavera árabe”: apoyaron todos los alzamientos contra las tiranías en el Magreb y en Oriente Medio, mientras éstos se dirigían contra regímenes afines a Occidente (Túnez, Egipto, Marruecos, Bahrein e inclusive Libia), pero decretaron el inmediato fin de su apoyo cuando la “primavera árabe” llegó a las costas del acorralado tigre sirio.

El extremo aislamiento de los Al Assad, y las heridas ya insalvables que los alzamientos populares y la resistencia de la oposición política siria les han asestado, sólo habilitan la consideración de dos escenarios de corto plazo: una negociación que les permite abandonar el poder con las garantías suficientes, o la guerra. Y mientras esta alternativa termina de tomar forma, las calles de Damasco se siguen cubriendo de sangre, cada día más brutalmente.

ENTRE DOS FUEGOS

Como en todos los procesos políticos con resolución violenta, la principal víctima es la población civil; tanto de Damasco, Deráa, Hama, Homs y otras ciudades, como de las áreas rurales consideradas por el régimen como “focos de oposición”. La metodología represiva ordenada por Bachar el Assad, sin prácticamente ningún atenuante ni discriminación, fue horadando inclusive la obediencia al interior de las fuerzas armadas, que desde hace semanas viven un continuo desgranamiento y huída de efectivos, que comenzó cuando los uniformados se negaron a disparar a sangre fría a campesinos que huían de la represión oficial cruzando la frontera con Turquía. Estos soldados y oficiales desertores han sido cooptados por el liderazgo de la oposición política clandestina, y junto con voluntarios civiles, se han organizado en el denominado Ejército Libre de Siria, al que se le calculan ya varios centenares de efectivos y que –como se vivió con los rebeldes de Bengazi en Libia- constituye el germen de la oposición armada al hasta ahora incuestionado monopolio estatal.

Pero esta situación vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca sobre la seguridad de la población civil, que ahora no sólo sufre los embates de las fuerzas regulares, sino que se ve aprisionada entre dos fuegos, entre las fuerzas de seguridad oficiales y un ejército rebelde que en las últimas horas se ha armado de valor como para –inclusive- atacar a un cuartel del ejército sirio. La osadía de los rebeldes se acrecentó a partir de esta semana, cuando el lunes ultimaron en una emboscada a 34 militares gubernamentales en Deráa, el mismo día que entre los opositores se contaron más de cincuenta muertes por la represión oficial.

La Liga Árabe, una organización fundada por Siria –y que ha recibido una parte sustancial de su financiamiento de las prebendas de los Al Assad- decidió esta semana también despegarse de uno de sus miembro más conspicuos, y lo hizo alegando la fragilidad de la protección a los civiles y las mentiras de Bachar. El presidente se había comprometido el 2 de noviembre, frente a los embajadores de la Liga Árabe, a retirar las tropas de las ciudades y aflojar la represión. Sin embargo, desde principios de mes la violencia de las fuerzas del Estado no ha hecho sino aumentar, y se calculan más de tres centenares de muertes desde entonces; si así fuese, los muertos desde el inicio de la revuelta siria, hace nueve meses, ya serían cerca de 4.000. La Liga pide ahora que Damasco permita la entrada de una fuerza civil de 500 observadores, miembros de ONG’s de derechos humanos, para proteger a la población civil de los embates entre las fuerzas regulares y el Ejército Libre de Siria.

Pero es difícil que la organización regional, que –además- nunca se ha destacado por su eficiencia, obtenga la autorización del gobierno. La expulsión de Siria de su seno ha enfurecido a Bachar al Assad, que ha mandado a sus acólitos a asaltar las sedes diplomáticas de Marruecos, Qatar, y de los Emiratos Árabes Unidos, y no deberían descartarse otros ataques a las embajadas de más países miembros de la Liga. El clan es consciente de que el apoyo de la Liga Árabe en las Naciones Unidas fue decisivo para la aprobación de la resolución multilateral que habilitó el cierre del espacio aéreo de Libia, y la entrada de la OTAN en apoyo a los rebeldes, que finalmente terminó inclinando la balanza de la guerra contra Muhammar el Khaddafi. Bachar y sus hermanos se deben estar preguntando cuánto tiempo falta para que la Liga Árabe haga lo mismo con ellos.

LA OPCIÓN TURCA

El asalto a las embajadas por parte de los partidarios del régimen, y el ataque al cuartel por parte de los insurgentes del Ejército Libre de Siria, ha llevado al canciller ruso, Seguei Lavrov, a calificar la situación interna como un escenario de “guerra civil”. Esta situación, sumada a las cada vez más sólidas posibilidades de una guerra con participación internacional, vuelve a colocar en el centro de atención la opción de una intervención de buenos oficios del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.

Turquía ha puesto de manifiesto reiteradamente sus anhelos de liderazgo regional, y desde el estallido de la “primavera árabe” las gestiones del líder del partido islamista moderado AKP han aumentado en su dinamismo. Erdogan ha roto con la ortodoxia inflexible de Benjamín Netanyahu en Israel, después de tantos años de alianza estratégica entre ambos; ha prestado especial atención a la situación de la Franja de Gaza (los barcos solidarios con los palestinos, interceptado por las tropas judías de élite, navegaron con bandera turca); ha estado presente en Túnez, en Egipto, y aterrizó en Trípoli para celebrar la victoria sobre Khaddafi, al mismo tiempo que Nicolas Sarkozy y David Cameron. Ante la posibilidad de que el caos de los acorralados tigres de Al Assad termine siendo aprovechado por el iraní Ahmadinejad –o el rey Abdullah de Arabia Saudita, la otra potencia regional- Erdogan vuelve a mostrar su predisposición de intervenir protagónicamente en una salida negociada a la crisis siria.

Mientras el régimen de Damasco fue una apuesta segura, el gobierno turco no tuvo problemas de hacer negocios con los Al Assad. Luego, cuando comenzaron a estallar las protestas, Erdogan intentó convencer al clan de introducir reformas urgentes. Pero ante su inflexibilidad, esta semana el turco escenificó su ruptura: dijo que ya no podía confiar en Bachar, porque es un mentiroso que pasará a la historia como uno de esos líderes que se alimentan de sangre, y anunció que aplicará sanciones unilaterales, especialmente un embargo de armas y de petróleo.

Si Erdogan lo logra, puede terminar forzando el cambio de postura de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentando la presión diplomática internacional, y abriendo, al mismo tiempo, una ventana de oportunidad –desde el interior del Islam- para que el tigre herido de los Al Assad pueda escapar. Esa es una alternativa, quizá la última. La otra, es la guerra.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 18 de noviembre de 2011]

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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El ejército sirio sigue un camino de aniquilación

Tercer día de bombardeos al puerto de Latakia. Progresivo aislamiento mundial

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Fuera ya de toda cordura, y quedándose más solo cada día, el régimen autocrático comandado por el presidente Bachar al Assad sigue adelante con la estrategia de reprimir a sangre y fuego cualquier manifestación opositora.

A pesar de la condena de los organismos multilaterales, la carta de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con acuerdo de Rusia y de China, las sanciones aplicadas por el gobierno norteamericano y por la Unión Europa, e inclusive las advertencias de gobiernos islámicos –como Arabia Saudita-, el régimen de los Al Assad persiste en enviar a los tanques y a la infantería a disparar contra la población civil, que se encuentra cautiva del gobierno en su propio país.

A los ejércitos de tierra, esta semana el presidente sirio sumó la Armada de Guerra, que bombardeaba ayer, por tercer día consecutivo, a la ciudad de Latakia, el principal puerto del país.

La ciudad, que además de ser la puerta marítima para las exportaciones e importaciones sirias es un importante enclave de la comunidad sunnita, ha experimentado un creciente malestar opositor al gobierno, a tono con el estado de ánimo que vive Siria desde que llegaran las expresiones aperturistas y democratizantes de la “primavera árabe”, especialmente desde el Norte de África.

El gran barrio sunnita de Latakia, Al Raml, alberga también un multitudinario campo de refugiados palestinos, y vivía anoche una tensa expectativa ante la posibilidad de una entrada militar represiva de las tropas gubernamentales.

La cabeza del clan familiar de los Al Assad y jefe del Ejecutivo sirio, en su postura de negar la realidad, dijo desconocer cualquier actividad anormal en el puerto de Latakia.

Pero videos enviados por telefonía celular y por las redes de internet mostraban una ciudad sitiada y bombardeada por mar; mientras que testimonios de pobladores narraban que los soldados habían ingresado al campo de refugiados y utilizaban escudos humanos para disparar sobre los manifestantes.

En una actitud que ya inclusive hace preguntarse por su equilibrio mental, el presidente recibió ayer al embajador del Líbano, Adnar Mansur, y le aseguró que el país “está en paz”, y que los “episodios aislados” de detener a los “bandidos y salteadores de caminos” era una obligación de las autoridades y de la policía.

Arabia Saudita, por el contrario, junto con los también Estados musulmanes de Bahreim y Kwait, retiraron a sus embajadores de Siria, sumándose a la presión internacional para que el régimen acabe con la matanza de civiles. El rey Abdullah envió una protesta formal a Damasco, exigiendo “que se detenga el derramamiento de sangre” y “acciones sabias antes de que sea demasiado tarde.”

Bachar al Assad, cuya familia pertenece a una facción minoritaria de la confesión chiíta del Islam, ha hecho caso omiso de la protesta de la primera potencia regional, como antes con la ONU y las sanciones de estadounidenses y europeos.

Junto a los buques que bombardean Latakia, los tanques se dirigían ayer a la región de Homs, en el centro del país, después de haber hostigado con fuego de artillería a la población de Deir al Zor, en el borde oriental. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos lleva contabilizadas 1.800 víctimas mortales en los cinco meses de los alzamientos; los desaparecidos suman más de 3.000 personas.

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Matanza en Hara, condena de la ONU (05 08 11)

La matanza de civiles en Siria provoca un drama humanitario

Las Naciones Unidas condenan la represión gubernamental en la ciudad de Hama

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DAMASCO.- El régimen autocrático sirio del presidente Bachar al Assad decidió dar la espalda al unánime reclamo de la comunidad internacional, en el sentido de que abriera los espacios de diálogos con la oposición que él mismo viene prometiendo desde hace semanas, y envió una columna de tanques del ejército a reprimir las movilizaciones populares en la ciudad de Hama.

La llegada de los cuerpos militares, con tanques artillados y con nidos de ametralladoras, se apostaron en las principales arterias de esta ciudad de 80.000 habitantes y en la jornada de ayer abrieron fuego contra la población civil, provocando un número aun indeterminado de muertes, aunque estiman que superarían las 300.

El ataque ha provocado una desbandada de ciudadanos, que intentan huir de cualquier manera de la ciudad, aunque el mismo ejército ha sellado las carreteras, manteniéndola sitiada –sin ningún tipo de servicios básicos- desde hace cinco días.

Los medios de la prensa internacional no han sido autorizados a acercarse a Hama, y la prensa local, completamente adicta al clan Assad, ni menciona el caso; pero los testimonios de quienes han logrado sortear los retenes, o enviar mensaje por teléfonos satelitales (ya que tampoco hay líneas de teléfonos ni Internet), ofrecen una imagen dantesca de la ciudad, a oscuras y donde escasean víveres y agua.

En la víspera, además, se informó que soldados sin uniforme disparaban al azar en las calles; las familias han comenzado a enterrar a sus muertos en las casas particulares, porque nadie se atreve a salir ni siquiera para llevar los cadáveres hasta el cementerio.

La violenta reacción gubernamental se desencadenó tras la visita a Hama de los embajadores francés y norteamericano, que llegaron para interiorizarse del estado de los movilizados, que ya habían sido reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Esta acción fue interpretada por el régimen de Damasco como una provocación, y el gobierno permitió que grupos violentos afines atacaran y saquearan las legaciones diplomáticas de ambos países.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, afirmó tras ese ataque que la situación en Siria se había descontrolado, y que el presidente Bachar al Assad “ha perdido toda legitimidad para permanecer en el cargo”.

Tras sus declaraciones, la Unión Europea elevó el nivel de sanciones bilaterales, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas presentó ayer una carta de censura, condenando la represión en Hama y pidiendo a Al Assad el fin del sitio sobre la ciudad, que está empujando la situación humanitaria a un nivel de desastre.

Se suman Rusia y China

Las estrategias de presión ensayadas hasta ahora por los organismos multilaterales sobre el gobierno del clan Al Assad en Siria habían tenido la oposición sistemática de Rusia y de China. Sin embargo, la sangrienta represión de Hama llevó a un cambio en las posturas internacionales de ambas potencias, que disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Así, el Consejo emitió ayer una declaración de condena de la represión y un nuevo llamado a que el gobierno de Damasco habilite canales de diálogo con la oposición.

El presidente Bachar al Assad respondió con un nuevo decreto, por el cual permite la existencia de partidos políticos, quebrando la exclusividad del Baas gubernamental.

Pero el presidente ruso Dmitri Medvédev sostuvo que no hay lugar ya para maniobras dilatorias, y aumentó la presión mundial al advertir a los Assad que se enfrentarán a un “triste futuro” si no emprenden reformas de fondo en el régimen, “instauran la paz y dan paso a un Estado moderno”.

El cambio de postura de rusos y chinos habilita una profundización de la intervención internacional en el conflicto sirio.

 

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Otra guerra civil en Oriente próximo: Yemen (02 06 11)

La violencia tribal empuja a Yemen hacia la guerra civil

Tribus opositoras a Saleh ocupan edificios. Huída masiva de la capital

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SANAA.- Finalmente, la intransigencia del presidente yemení Alí Abdullah Saleh ha terminado por empujar al país a una violenta guerra civil, con crecientes bajas entre la población desarmada –en la última semana el número de muertos trepó hasta las 115 víctimas confirmadas- y un horizonte político de caos y anarquía.

Saleh, un antiguo aliado de los Estados Unidos en Medio Oriente, rechazó los tres intentos de mediación que las potencias occidentales, con el apoyo del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG), realizaron para habilitar una salida pacífica a la crisis que lleva varios meses.

El mandatario se niega de plano a abandonar el poder, que viene ejerciendo desde hace más de tres décadas, y utiliza la amenaza del extremismo islámico fundamentalista para mantener un régimen cerrado, autocrático y de libertades sociales y políticas restringidas.

Sin embargo, el sistema tribal que conforma el auténtico entramado social yemení, y con cuyo soporte Saleh ha conseguido mantenerse al frente del gobierno durante todos estos años, ha terminado quitando su apoyo al presidente.

Una de las confederaciones tribales numéricamente más importantes, los  Hashed, liderada por Sadeq al Ahmar, ha terminado por plantear un enfrentamiento abierto al mandatario, y al hacer frente a los grupos paramilitares armados desde el gobierno, han instalado en la capital un escenario de guerra civil.

Los combates entre ambos sectores se han intensificado en las últimas horas, al avanzar las movilizaciones tribales ocupando edificios públicos, algunos de los cuales han saqueado e incendiado.

Los efectivos militares y policiales que permanecen leales a Ali Abdullah Saleh, junto a las cuadrillas paramilitares de partidarios armados, también han tenido que enfrentarse a manifestantes islamistas, que han irrumpido como un nuevo actor de peso en el conflicto.

Según un informe oficial, el ejército yemení resistió un ataque en Zinjibar, junto al golfo de Adén, y mató a 44 guerrilleros, a quienes considera parte de la red de Al Qaeda en el país árabe.

El cruce de todas estas fuerzas causó 19 muertes ayer en Sanáa, que se sumaron a las 40 víctimas de las luchas del día anterior, mientras miles de personas huían de la capital y de los principales focos de lucha.

Siria: crímenes y torturas

DAMASCO.- El gesto ensayado por el régimen sirio del presidente Bachar el Assad esta semana, de declarar una amnistía general para los implicados en el alzamiento popular que ha puesto en crisis a su gobierno, ha terminado mostrándose inútil y tardío.

Las movilizaciones en contra del régimen no han disminuido, como tampoco la metodología del gobierno de El Assad de hacerles frente mediante una feroz represión.

En la víspera, las tropas regulares mataron a otros 33 civiles en bombardeos a enclaves urbanos donde la oposición se muestra más virulenta.

Según trascendidos de los activistas que logran enviar información hacia el extranjero, otras 25 personas fueron baleadas por el ejército en Rastan.

Los opositores denuncian, además, torturas y ejecuciones sumarias, especialmente contra los más jóvenes.

En las diez semanas que dura la protesta contra el régimen de los Al Assad, los organismos de derechos humanos ya han contabilizado 1.100 víctimas civiles.

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Siria, temas de familia (13 05 11)

Siria, temas de familia

Por Nelson Gustavo Specchia

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Hace apenas un par de semanas, en este mismo espacio, nos preguntábamos si las llamas que desde comienzo de año vienen incendiando el mundo árabe, llegarían a alterar el cerrado orden impuesto sobre la República Árabe Siria (“¿Prenderá en Damasco la mecha siria?”, HDC 01/04/11). La sucesión de alzamientos, movilizaciones callejeras y protestas desde entonces, y las idas y vueltas ensayadas por el gobierno del presidente Bachar el Assad sobre las maneras de enfrentar estas demandas, han respondido de múltiples maneras –pero todas ellas afirmativas- a aquella pregunta que nos hacíamos a principios de abril.

Siguiendo un molde que ya es común a los regímenes autocráticos, que depositan en la fuerza de la represión popular la posibilidad más inmediata de continuidad en el poder, el gobierno de Damasco prometió reformas y aperturas, pero en realidad sacó a la calle a sus cuerpos policiales de la Guardia Republicana, y a los tanques del ejército. Ahogar a fuego abierto la movilización popular ha sido finalmente la línea adoptada por la clase política, y las ciudades –especialmente en el sur del país- han visto una y otra vez cómo las movilizaciones de civiles desarmados eran disueltas a tiros, ensangrentando las calles.

Pero para mantener en el tiempo una metodología represiva dura, se requiere que al frente de la máxima instancia decisoria no haya ningún temblor de pulso. Y Bachar el Assad, el médico oftalmólogo que llegó a presidir el gobierno de ese Estado multireligioso y complejo sin quererlo y por las vueltas y recovecos de la vida, parece no tener el suficiente temple para las decisiones que el cargo le está exigiendo en estos momentos.

EL CLUB DEL CLAN

Bachar no es su padre, ni tiene el firme pulso represivo de aquel; esa parece haber sido siempre la sospecha de su familia. El fundador de la dinastía, Hafez el Assad, se hizo con el poder en Siria apenas los últimos soldados franceses abandonaron el territorio de la vieja posesión colonial. Francia se terminó de retirar en 1944, y su ocaso en la punta oriental del Mediterráneo coincidió con el surgimiento fuerte del Partido del Renacimiento Árabe Socialista, más conocido en todo el arco de Medio Oriente como el Baas. Hafez entendió que el Baas podría ser la herramienta política para gobernar un país mayoritariamente de confesión sunnita, a pesar de pertenecer él a la minoría (menos del 10 por ciento de la población) chiíta; inclusive a una confesión muy pequeña dentro del propio chiísmo: los alauítas.

Hafez terminó de armar la ecuación cuando se hizo cargo del ministerio del Ejército. Sumó entonces la filosofía nacionalista-panarabista del Baas, la concentración del poder heredado de la potencia colonial francesa en la secta alauí, y las tropas militares: en 1970 encabezó un golpe de Estado, y estableció a su familia como titular dinástica del gobierno sirio. La herramienta de control diseñada por Hafez, sobre la mayoría sunnita o sobre cualquier otro conato de rebeldía popular, fue el tristemente célebre “estado de excepción” –que permitía las detenciones arbitrarias, los encarcelamientos sin juicio, e inclusive las ejecuciones sumarias-, y que su hijo y heredero Bachar acaba de disolver el 19 de abril, presionado por las movilizaciones populares que comenzaron con la inmolación del joven Hasan Ali Akleh, el 26 de enero de este año, en la localidad de Al Hasakah.

El patriarca nunca hubiera derogado el “estado de excepción”, que se mantenía vigente desde 1963, porque sabía que sin ese instrumento de control discrecional sobre la población, mantenerse en el poder se complicaría. Decimos que para aplicar la mecánica represiva sin contemplaciones se requiere de moral fría y mano firme, y Hafez lo demostró de manera palmaria en 1982, cuando los sunnitas, dirigidos por los Hermanos Musulmanes, comenzaron una serie de movilizaciones en Hama peticionando mayor participación en el gobierno: El presidente mandó a su hermano, Rifaad, al mando de la Guardia Republicana, y la represión acabó con 20.000 muertos desparramados por las calles de Hama. Por eso Hafez preparó a su hijo mayor, Basil, para sucederlo. Basil tenía la personalidad necesaria, junto a la confianza del resto del clan. Pero los recovecos de la vida se cruzaron, y el primogénito se mató en una curva tomada a demasiada velocidad. Y el oculista alto y de ojos celestes, que hace chistes malos con los que sólo él se ríe, tuvo que hacerse cargo del poder Ejecutivo en julio de 2000, tras la muerte de su padre.

CERCO FAMILIAR

Si el clan de los Assad y sus parientes alauítas sabían que Bachar no tenía la disposición de ánimo suficiente para enfrentar coyunturas problemáticas, más se alarmaron cuando el nuevo presidente comenzó a prometer cambios democratizadores y una tibia apertura hacia los partidos políticos opositores. A nivel regional, cierto reblandecimiento en el apoyo al Hezbollah libanés y a Hamás en Palestina, y la entente militar con Israel (que sigue ocupando los Altos del Golán), también sumaron preocupación a la clase gobernante. Por precaución, colocaron a ambos costados de Bachar a dos hombres fuertes: a su hermano menor, Mahir, cuyo carácter violento e inclusive cruel es de dominio público, al comando de la temible Guardia Republicana; y a su cuñado, Asef Shawqat (casado con Bushra el Assad, la hermana mayor del presidente) como jefe efectivo del Ejército y de los servicios secretos de inteligencia, la muhabarat. Pero hasta este año no había aflorado ninguna crisis política ni social suficientemente grande como para poner en riesgo la continuidad del clan Assad y de la aristocracia alauíta en el centro del poder sirio.

Sin embargo, las movilizaciones que comenzaron el 20 de marzo, cuando una multitud prendió fuego a la sede del partido Baas y a los tribunales en Deraa, no han hecho otra cosa que crecer en intensidad y en número desde entonces. Y el clan familiar parece haber decidido esta semana que la actitud dubitativa del pariente oculista no puede ser la causa de perder ni la más pequeña porción de poder dentro del Estado. Los movimientos internos que han comenzado a hacerse notorios en la cúpula están dirigidos a asegurar la continuidad de la mano dura contra los intentos populares de democratizar las estructuras representativas y transparentar la vida política.

Por primera vez desde el establecimiento de la dinastía, las revueltas populares han llevado a que la posibilidad de la caída del régimen sea una alternativa cierta. Para enfrentarla, el clan de los Assad está asumiendo poderes extraordinarios, aislando la figura de Bachar y convirtiendo la presidencia en un asunto familiar. La última vez que Bachar fue visto en público fue el pasado 30 de marzo, cuando pronunció el discurso frente al Parlamento en el que aseguró que aboliría el “estado de excepción”. Desde entonces ha desaparecido de la faz pública, mientras sus parientes más cercanos (el hermano Mahir, el cuñado Asef Shawqat, y el primo materno Rami Makhlouf) ocupan a diario los titulares de la prensa y encarnan la defensa del régimen.

Algunos tabloides británicos llegaron inclusive a afirmar esta semana que la esposa y los hijos del mandatario ya habrían huido de Damasco, y estarían en el Reino Unido, donde disponen de unas lujosas residencias, tanto en Londres como en la campiña. La noticia no pudo ser confirmada, dada la cerrazón periodística que se ha establecido en toda Siria, pero la versión viene a ratificar el cambio de ciclo en el complejo país: Los tiempos de tibias promesas de reforma de Bachar han terminado, y los “aulad al sultah”, los cachorros del poder, han decidido hacerle la guerra al alzamiento popular.

Las espadas están alzadas, y un nuevo frente de conflicto extendido golpea el mundo árabe.

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[publicado en el diario Hoy Día Córdoba, viernes 13 de mayo, 2011]

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Bachar saca los tanques (25 04 11)

El régimen sirio agudiza la fuerza represiva al sentirse acorralado

Barack Obama condenó la represión y congelaría cuentas de la clase dirigente siria 

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DAMASCO.- Las idas y vueltas del presidente sirio, Bachar el Assad, han terminado por decantarse hacia un aumento en la capacidad represiva de las fuerzas de seguridad del régimen contra la espiral creciente de movilizaciones demandando mayor libertad y democratización política.

La protesta popular que se inició el 18 de marzo pasado, tanto en la capital como en las principales ciudades del sur del país, tuvo una respuesta dura del gobierno en un primer momento, y el presidente se dirigió al Parlamento (una instancia colegiada nombrada por el Poder Ejecutivo, con nula capacidad representativa) y manifestó que no toleraría “desmanes” públicos, los que adjudicó a la “injerencia terrorista externa”.

Pero luego la cúpula gobernante que rodea a El Assad pareció cambiar de estrategia y conceder algunos puntos de las demandas populares, en un camino negociador. Así, el jueves pasado se procedió a derogar el “estado de emergencia” que llevaba vigente casi medio siglo, y que había sido la principal herramienta de la dictadura para sostenerse en el gobierno.

También se disolvió el tribunal especial encargado de juzgar a los presos políticos.

A pesar de estas medidas medianamente renovadoras, las movilizaciones no cesaron, por el contrario, parecieron aumentar en número y en el tenor de los reclamos, que ya apuntan directamente al recambio del régimen autocrático dominado por la familia Assad y sus parientes religiosos, la secta alauí, una confesión chiíta muy minoritaria en un país de mayoría saudita.

Frente a ello, en un nuevo cambio en la orientación de las medidas para administrar la protesta, y que refleja el grado de aislamiento del régimen, Bachar el Assad ha vuelto a la mano dura y ha enviado a reprimir, inclusive con unidades artilladas, las movilizaciones populares.

En la víspera, columnas enteras de soldados sirios hicieron frente en Damasco y en Deraa a las marchas multitudinarias, abriendo fuego con balas de plomo, apoyados por tanques, requisas casa por casa, y francotiradores apostados en los techos.

Al menos 11 muertos cayeron en la refriega de disparos indiscriminados contra la población civil. Es muy posible que el número de víctimas haya sido mayor, pero ante la difusión de imágenes atroces de la represión, el régimen sirio ha prohibido a los medios internacionales y locales cubrir las protestas e ingresar en las ciudades más convulsas.

Grupos de derechos humanos estiman que más de 350 personas han muerto desde que llegó la revuelta árabe a Siria.

Bombardeo aliado sobre Trípoli

TRÍPOLI.- En una acción ofensiva que traduce sobre el escenario bélico libio las últimas posiciones de los jefes de gobierno involucrados en la intervención, aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) atacaron instalaciones del complejo edilicio donde asienta su gobierno el coronel Muhammar el Khaddafi, en el centro de la capital, Trípoli.

Las acciones de protección de civiles parecen quedar relegadas, y el objetivo de la caída del dictador surge como una prioridad.

El complejo Bab al Azizia, una de las sedes de las oficinas del dictador libio, fue parcialmente destruido por dos misiles aliados, mientras las tropas oficiales volvieron a cargar sobre Misrata.

Los rebeldes, por su parte, denunciaron ayer que Khaddafi planea un ataque a la ciudad oriental de Bengasi desde Egipto. La guerra, en definitiva, sigue empantanada.

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Hambre en Libia (20 04 11)

 La guerra en Libia se dirige  hacia una crisis humanitaria

 La ONU abre un corredor de asistencia y alimentos a la población civil

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TRÍPOLI.- Los estancados frentes en la guerra libia están empujando a una situación de crisis humanitaria, con miles de personas atrapadas entre dos fuegos, atacadas con prohibidas bombas de racimo po la dictadura de Muhammar el Khaddafi, pero también víctimas de los poco precisos embates de la Alianza Atlántica (OTAN).

Además de las muertes y los heridos sin posibilidad de asistencia, la situación se torna dramática por la falta de alimentos e inclusive de provisión de agua.

Al no poder recuperar la ciudad oriental de Ajdabiya del control rebelde, los hombres de Khaddafi se han concentrado en el sitio a la población occidental de Misrata. Como en la Edad Media, el régimen ha cercado la ciudad.

Mientras los sitiados comienzan a perecer de hambre tras siete semanas de cerco, las unidades artilladas continúan atacando con obuses y bombas-racimo: ayer murieron otras 15 personas. En Roma, el delegado del Consejo Nacional rebelde de Bengasi, Mustafá abd el Jalil, aseguró ayer junto al canciller italiano Franco Frattini que la guerra ya ha causado unas 10.000 y más de 50.000 heridos, además de las cerca de 3.000 personas que escapan a diario por los puestos fronterizos con Túnez y con Egipto.

Muchos de estos refugiados terminan embarcándose en frágiles pateras y se lanzan al Mediterráneo, con la esperanza de alcanzar las costas europeas.

La isla italiana de Lampedusa ya está desbordada de refugiados en condiciones de extrema gravedad, y el tema de la oleada migratoria procedente del norte de África ha disparado conflictos entre los países europeos, que comienzan a cerrar sus fronteras frente al aluvión de indocumentados.

Francia e Italia han reconocido que sus relaciones bilaterales se han visto afectadas, después que el gobierno francés impidiera la entrada de un tren italiano con refugiados tunecinos a bordo.

Las Naciones Unidas comunicaron ayer que habían logrado finalmente abrir un corredor humanitario en el oeste de Libia, para llevar asistencia alimentaria a los civiles en peores condiciones.

A través de este corredor, autorizado por Trípoli, el Programa Mundial de Alimentos ingresará un convoy de 8 camiones con 240 toneladas de harina de trigo y 9 toneladas de barras energéticas, para atender a unas 50.000 personas en riesgo de morir de hambre.

Siria intenta frenar la revolución

DAMASCO.- El régimen familiar y sectario que rige Siria, presidido por Bachar el Assad, ha debido finalmente acceder a derogar una de las principales herramientas de todo el sistema político desde 1963, año en que el Baas se convirtió en partido único y apuntaló la dictadura.

Tras las manifestaciones populares que han ido creciendo durante este mes, el gobierno anunció ayer  que levantaba el estado de sitio que ha durado casi medio siglo, así como el Tribunal de Seguridad, la temida instancia de enjuiciamiento de los presos políticos.

Sin embargo, es poco probable que estas medidas logren detener la escalada de protestas, que en definitiva persiguen un cambio en el sistema representativo y la renuncia de Bachar el Assad, por lo que es esperable que nuevos casos de represión violenta se sucedan en las próximas horas.

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Retroceden las autocracias (18 04 11)

La revuelta árabe transforma todo el escenario regional

Inédito avance en derechos sociales y en apertura política en todo Medio Oriente

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SANAA, DAMASCO, ARGEL.- La revuelta popular que sacude el conjunto de países árabes está empujando a una reconfiguración general del escenario político.

En general, los países del norte de África y del Medio Oriente se habían estructurado en base al predominio de gobiernos fuertes que, a cambio de mantener a raya las tendencias extremistas de una interpretación combativa del Islam, avanzaban en la represión de derechos individuales y sociales.

La emergencia de una contestación popular en Túnez, el contagio en Egipto y como un reguero de pólvora por los demás países árabes, han debilitado aquel esquema elitista y han devuelto el protagonismo a las masas populares, que cada día redoblan los reclamos por derechos civiles y participación efectiva en la vida política.

Los ensayos de respuesta clásica de las autocracias, la represión, ha mostrado que ya no tiene los efectos de antaño y no logra hacer desaparecer las movilizaciones sociales, que vuelven una y otra vez a recuperar el espacio de los reclamos.

Inclusive donde la revuelta alcanzó los objetivos planteados –como en El Cairo- vuelve a organizarse para avanzar en una profundización de las transformaciones, que no podrá ser esquivada por retoques cosméticos.

Como resultado de ello, se evidencia un retroceso y una deslegitimación de las autocracias en toda la región.

La tensión social, en todo caso, se mantiene, y en diversas latitudes las movilizaciones populares siguen pagando con represión y sangre las demandas de transformación política.

En Damasco, después que el presidente Bachar el Assad intentará una continuidad gatopardista sin cambios de fondo, miles de sirios han vuelto a salir a las calles del país para protestar contra el inmovilismo del régimen.

Y ya ni siquiera el anuncio oficial de que la ley de emergencia que restringe las libertades en el país desde 1963 será derogada, ha alcanzado para frenar una espiral de protestas que parece estar arrinconando al gobierno sirio.

Este fin de semana, al grito de “el pueblo quiere libertad”, centenares de personas se concentraron ante la tumba del líder independentista de Siria, Ibrahim Hananu, en Aleppo; las protestas han comenzado a extenderse desde Damasco hacia el interior del país.

En Argelia, en la frontera de la guerra que azota la Libia del coronel Khaddafi, el presidente Abdelaziz Buteflika, de 74 años y en el poder desde 1999, anunció este sábado que iniciará el proceso para reformar la Constitución del país, un elemento jurídico que le ha garantizado su continuidad al frente de un gobierno con serias deficiencias representativas.

También en el vecino Marruecos, el rey Mohamed VI ha prometido una nueva Constitución, al tiempos que dejaba en libertad a docenas de disidentes políticos encarcelados, cediendo a la presión de los jóvenes que han tomado la calle.

En Yemen, donde al menos 116 manifestantes han perdido la vida desde el inicio de las protestas, se han sumado ahora las mujeres. El presidente Ali Abdullah Saleh, aferrado al gobierno, en un intento más por frenar las movilizaciones ha declarado que es “anti islámico” que las mujeres hagan escuchar su voz en público.

Durante el fin de semana, otras protestas se registraron en Arabia Saudita, Bahrein, Jordania y Omán.

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Nuevo freno a Khadafi frente a Ajdabiya (11 04 11)

 

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La OTAN frena otra ofensiva de Khaddafi frente a Ajdabiya La Unión Africana anuncia que el régimen dialogará con los insurrectos en Libia

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TRÍPOLI.- El papel de la Alianza Atlántica (OTAN) sobre el escenario bélico libio, que fue blanco de múltiples críticas del bando rebelde la semana pasada debido a su supuesta ineficacia para detener la contraofensiva, volvió en la tarde de ayer al centro de la escena.

Los ataques aliados contra los leales al coronel Muhammar el Khaddafi lograron detener la ocupación de Ajdabiya en el último momento, cuando algunos medios ya habían filtrado la noticia de que los soldados oficialistas controlaban el enclave rebelde.

Pero a pesar de estos cables, que durante unas horas dieron por recuperada la ciudad para Khaddafi, diferentes testimonios desde el frente de batalla, a últimas horas de ayer, sostenían que el centro de Ajdabiya se mantenía bajo control rebelde, después que durante la mayor parte del día los bombardeos de la OTAN hicieran mella en los carros blindados y en las unidades artilladas de las tropas leales a Trípoli.

Los aviones británicos y franceses, bajo la coordinación unificada de la Alianza Atlántica, también tuvieron un papel activo durante el fin de semana bombardeando columnas y tanques en los alrededores de Misrata, en el oeste, uno de los escenarios de combates más violentos de toda la guerra libia, y donde sigue sin una definición clara cuál de los dos bandos controla la ciudad, una de las más importantes de la mitad occidental.

Por su parte, el coronel Khaddafi recibió en Trípoli a una delegación de la Unión Africana (UA), encabezada por el presidente sudafricano, Jacob Zuma. La UA ha sido históricamente uno de los foros regionales financiados por Khaddafi, y utilizados para su proyección en África.

Zuma, en todo caso, aseguró que el líder libio estuvo dispuesto a aceptar un alto el fuego y el inicio de un proceso de diálogo con la insurgencia. La noticia toma relevancia luego de que la propia OTAN admitiera que el conflicto no tiene posibilidades de ser resuelto por la vía armada.

Dura represión en Siria

DAMASCO.- Las policías y cuerpos parapoliciales leales al partido Baas y al presidente sirio Bachar el Assad volvieron a abrir fuego contra los movilizados en Damasco y en Banias, causando un número indeterminado de muertes.

Las bajas se suman a la cincuentena de fallecidos por acción policial desde que comenzaran las protestas, hace un mes.

Las movilizaciones, que se convocan por mayor democracia y libertad, evidencian los límites de un modelo político dictatorial cooptado por una minoría religiosa, al frente del cual se ubican los Assad y sus familiares.

Las protestas árabes se mantienen también en los otros frentes abiertos: en Bahrein se denunció la muerte de manifestantes detenidos vivos por la policía; mientras en Yemen, la inflexibilidad del presidente Ali Abdullah Saleh está empujando la crisis a una situación de guerra civil.

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