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Soldado de huye… (07 09 11)

El derrotado ejército libio cruza el desierto y huye hacia Níger

Burkina Faso ofrece asilo a la familia del coronel Muhammar el Khaddafi

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Después que se difundiera el arribo de la esposa del ex dictador libio Muhammar el Khaddafi a la capital de Argelia, junto a tres de sus hijos, ayer se conoció la salida de una parte de la alta oficialidad del vencido ejército regular del régimen por la frontera sudoeste, rumbo a Níger.

Más de doscientos tanques y vehículos artillados, que en la avanzada rebelde sobre Trípoli se habían replegado hacia el Sur, acantonándose en la ciudad de Sabha y en Bani Walid, cruzaron ayer la frontera con Níger y fueron escoltados por tropas nigerianas hasta Agadez, ubicada en el mismo desierto que comparte con Libia.

La presencia de las tropas nigerianas revela el acuerdo alcanzado con los desplazados dirigentes khaddafistas, y puede implicar un corrimiento del escenario del conflicto, ya que tanto por la cantidad de militares como por el alto grado de conducción (oficiales en su mayoría, incluyendo al jefe de la guardia pretoriana del coronel, Mansur Dhao) podría ser el germen de un reagrupamiento del régimen en el extranjero, para acosar en el futuro al nuevo gobierno libio del Consejo Nacional de Transición (CNT).

Inclusive la fuente que reveló la información sobre la huída concertada de la oficialidad libia –un militar francés cuyo nombre no fue dado a conocer, pero cuya versión fue confirmada por un portavoz nigeriano- aseguró que el mismo Muhammar el Khaddafi utilizará la misma vía para salir del territorio libio, y cruzará Níger rumbo a Burkina Faso, el Estado africano que explícitamente ha ofrecido asilo al ex dictador y a su entorno familiar.

El hijo del ex mandatario, y en su momento heredero del Poder Ejecutivo, Saif el Islam, se uniría al convoy militar, aunque en este caso no se sabe si para compartir el exilio con su padre o para ponerse a la cabeza de la reagrupación de leales en el extranjero.

Fuentes de los rebeldes del CNT agregaron que, junto a los vehículos militares, el convoy de los huidos también llevaba oro y dinero, aparentemente extraído de una sucursal del Banco Central de Libia en Sirte, la ciudad natal del derrocado líder que aún resiste el embate de las tropas insurgentes.

El puerto mediterráneo de Sirte, donde es mayoritaria la tribu de los khaddafa, junto a los oasis sureños de Sabha y Bani Walid, y las poblaciones de los alrededores de Jufra, son los últimos bastiones que resisten, y los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN) sostienen que el ex mandatario sigue teniendo capacidad de mando sobre estas poblaciones.

El portavoz de la OTAN en Libia, el coronel canadiense Roland Lavoie, sostuvo ayer que Khaddafi “sigue dando órdenes a los militares que le quedan”. Y aunque aclaró que es “imposible revertir” la victoria rebelde, sostuvo que la intervención de la Alianza es necesario mientras el ex dictador sea una amenaza para el nuevo régimen insurgente.

Sufrimiento civil

A las 50.000 muertes de civiles que las fuentes del caído régimen  adjudicaron a la toma de la capital por los rebeldes, se sumaron las ejecuciones de venganza contra los afines al coronel.

La Unión Africana denunció el asesinato en masa de inmigrantes africanos negros, confundidos con los mercenarios que el ejército regular contrataba en los países subsaharianos.

La presión internacional logró que el nuevo gobierno de transición del CNT impusiera un poco de orden y llamara a la concordia, pero las denuncias sobre asesinatos y desapariciones en Trípoli siguen a la orden del día.

Ahora, además, se suma el temor por las matanzas masivas de civiles en Bani Walid: su población es utilizada como “escudo humano” por parte de los khaddafistas atrincherados en el oasis sureño.

También en el otro reducto del Sur, en Sabha, la población civil es la primera carne de cañón. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) exhortó ayer a proteger a más de 1.200 inmigrantes atrapados en Sabha, en su mayoría de Chad, Níger y Nigeria, de piel negra, que pueden ser fusilados como presuntos mercenarios.

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Libia: Sitiar y esperar, la nueva estrategia rebelde (05 09 11)

La guerra libia se concentra en Sirte y los reductos del Sur

Los rebeldes sitian al puerto mediterráneo y Bani Walid. Negocian la rendición

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El alto mando de los insurgentes libios ha conseguido disciplinar a las tropas irregulares, y frenar los desmanes contra los seguidores del coronel Muhammar el Khaddafi que se sucedieron tras las primeras horas de la toma de la capital.

La presión internacional sobre el gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), que obtuvo un fuerte respaldo internacional en París la semana pasada, parece haber sido determinante en detener un baño de sangre, con fusilamientos y matanzas a los simpatizantes del desplazado régimen autocrático.

La Unión Africana (UA) había denunciado que las acciones de revancha de los milicianos rebeldes se dirigían hacia cualquier africano negro, porque una parte del ejército khaddafista estuvo integrado por mercenarios contratados en los países subsaharianos.

Pero también de estas regiones provienen grupos enteros de emigrantes económicos, que en la confusión de la toma de Trípoli han sido objeto de violencia por parte de rebeldes.

En un evidente cambio de actitud, las tropas insurgentes se han trasladado hacia las periferias de la ciudad portuaria de Sirte, en la costa mediterránea, y a la sureña población de Bani Walid.

En Sirte domina la tribu de los khaddafa y se supone que una parte importante de su población sigue siendo afín al ex dictador. Y en Bani Walid, una ciudad de 50.000 habitantes a 150 kilómetros al sudeste de Trípoli, es mayoritaria la tribu warfala, y se supone que dos hijos de Khadaffi –Saif al Islam y Mutasin- con grupos de seguidores y guardaespaldas se han refugiado en la ciudad.

En ambos casos, los delegados del CNT están intentando agotar las negociaciones con los jefes tribales locales, para evitar una toma militar directa, que conllevarían altos costos en vidas humanas, no solamente entre los combatientes, sino en los rehenes que los khaddafistas pueden tomar en Bani Walid para utilizarlos como escudos humanos.

Que el desplazado mandatario siga sin aparecer, y que mantenga una postura de enfrentamiento llamando a resistir, a la guerra santa, y a limpiar de “ratas, invasores y traidores” los territorios ocupados por la insurgencia, no facilita precisamente las negociaciones con los líderes tribales de las ciudades.

Ayer, el jefe del Estado Mayor del CNT, Abdul Hakim Beldhaj, declaró a la cadena Al Jazeera que ya se conoce el paradero de Khaddafi, pero que no se lo ha buscado porque también eso forma parte de las negociaciones en curso.

Por su parte, el ex portavoz del régimen, Musa Ibrahim, había informado a primera hora del domingo de que el coronel seguía en el país, “rodeado de gente preparada para protegerle”.

Trapos sucios

La precipitada salida del ex dictador libio de sus palacios no ha dejado al descubierto solamente las pruebas de los lujos y derroches de la élite dirigente.

También comienzan a aparecer documentos comprometedores, que arrojan luz sobre los métodos y la trama de relaciones urdidas por Khaddafi para mantener la dictadura.

Voluntarios de Human Rights Watch (HRW), una ONG que colabora con los rebeldes, afirmaron haber encontrado en Bab al Aziziya, el complejo oficial desde donde el coronel gobernó Libia, documentos probatorios de la asistencia de las agencias de inteligencia estadounidense y británica –la CIA y el MI6- al régimen autocrático, para reprimir a disidentes y opositores internos.

La relación parece haber sido especialmente intensa en el período 2002-2004, pero los británicos también habrían ayudado al dictador a encontrar opositores exiliados en territorio inglés.

Los documentos se habrían hallado en la oficina del ex jefe de la Inteligencia libia, Musa Kusa, y podrían complicar la actual alianza entre el nuevo gobierno del CNT con norteamericanos y británicos.

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Negro petroleo, verdes billetes (30 08 11)

Comienzan las disputas por la reconstrucción Libia

El cerco sobre Sirte alarga la guerra y Khaddafi sigue en paradero desconocido   

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TRÍPOLI.- Algunos focos de entrentamientos entre insurgentes y leales al coronel Muhammar el Khaddafi se mantienen aún en la capital, y el cerco a la ciudad de Sirte –cuna de la tribu de los khaddafa y posible lugar de refugio del ex dictador- alarga la guerra en Libia.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reunida en Qatar, sostuvo ayer que la campaña aérea debe continuar en apoyo a los rebeldes, porque la guerra no habrá terminado hasta que Khaddafi no entregue el poder.

Sin embargo, las empresas occidentales, especialmente las grandes firmas europeas, ya han comenzado a pujar por los contratos para la reconstrucción, que con seguridad serán financiados por los fondos emergentes de la exportación petrolera.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que pugnó con más énfasis insertar a su país en el conflicto libio en apoyo del Consejo Nacional de Transición (CNT) establecido en la mitad oriental de Libia, ya anunció la semana pasada que promoverá una conferencia internacional en París para apoyar el inicio de la reconstrucción del país tras la guerra.

Un proceso que implicará la remodelación de grandes obras públicas y edilicias, así como de infraestructura para recomponer la prestación de servicios; en todos los casos serán negocios millonarios, y no solo los empresarios, sino también los gobiernos europeos han comenzado una carrera por obtener porcentajes sustantivos de ellos con el nuevo gobierno.

Italia, uno de los países que mantenía lazos económicos muy estrechos con el régimen de Khaddafi, intentará mantener la posición dominante de su empresa petrolera, ENI, que con el coronel Muhammar el Khaddafi manejaba el 15 por ciento de la producción de crudo libio.

Francia, que tras el empuje de Sarkozy por entrar en la guerra fue también el primer país en reconocer la representación gubernamental de los rebeldes del CNT, ya ha reabierto su embajada en Trípoli, y seguramente París ofrecerá su industria armamentista para rearmar al nuevo país una vez reestablecida la paz.

Pero también están los chinos, británicos, rusos y norteamericanos, que pugnarán por las empresas de sus respectivos paíoses.

El gobierno provisional está abocado, además de negociar para que Occidente desbloquée los fondos retenidos en los bancos, en restablecer la producción petrolera, el único ingreso en concepto de exportaciones de Libia, y que con el conflicto civil de los últimos meses prácticamente se ha detenido.

Denuncia africana

La Unión Africana protestó ayer por las matanzas de castigo que los rebeldes que desde la medianoche del sábado pasado ocupan la capital de Libia estrían realizando sobre los milicianos leales al depuesto régimen del coronel Khaddafi.

Muchos de los soldados incorporados al ejército regular, y que han estado en la defensa de Trípoli, son mercenarios contratados en los países subsaharianos, de raza negra, y la Unión Africana sostiene que los insurgentes que ahora dominan la ciudad están “matando indiscriminadamente” a negros, al confundir a los inmigrantes con mercenarios.

En el caos de la capital ocupada es muy difícil contrastar la denuncia de la organización, antes muy cercana al gobierno de Khaddafi, pero imágenes de prensa mostraron a decenas de cadáveres abandonados en las calles y las plazas de Trípoli, generalmente hombres de raza negra, y muchos de ellos con las manos atadas en la espalda.

Cerco sobre Sirte

La fase final de la guerra libia se pelea en Sirte, hacia donde las tropas rebeldes siguen avanzando –desde Trípoli y desde Bengazi- mientras los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) continuó ayer con los bombardeos, por tercer día consecutivo.

Según las fuentes del CNT, siguen las negociaciones con los grupos leales al coronel Muhammar el Khaddafi –al que se supone oculto entre las familias de su tribu en la ciudad sitiada- para lograr una rendición pacífica del antiguo puerto pesquero, donde Khaddafi nació en 1942.

Otras versiones que circulaban en la víspera indicaban que el ex mandatario ya habría dejado Libia rumbo al exilio, en Argelia, donde ayer llegaron su esposa, junto a sus hijos Hannibal, Mohammed, y Aisha, según informó la Cancillería argelina.

Argelia es uno de los pocos países de la región que no ha reconocido al nuevo gobierno del CNT.

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Sangre y arena en el desierto libio (29 08 11)

La insurgencia rodea Sirte y negocia con los leales

La Liga Árabe reincorpora a Libia con la representación del Consejo rebelde    

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Cadáveres de combatientes, ultimados con las manos atadas en la espalda, abadonados en las plazas y en las calles de Trípoli

 

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Aunque persisten focos de enfrentamientos en la capital libia, el frente principal se han trasladado a Sirte, la ciudad natal del coronel Muhammar el Khaddafi. Sirte está dominada mayoritariamente por la tribu de los khaddafa, entre cuyas familias el Consejo Nacional de Transición (CNT) sospecha que puede haberse refugiado el desplazado líder.

Esa composición étnica, y la posibilidad de que entre sus familias haya encontrado refugio el ex mandatario, hacen prever un largo sitio al nuevo objetivo de la guerra, y una tenaz resistencia por parte de las tribus sitiadas.

En las declaraciones de la tarde de ayer, los jefes rebeldes calculaban que no les tomará menos de diez días controlar militarmente la ciudad.

El avance rebelde comenzó el sábado, una vez que los principales focos de resistencia en Trípoli fueron sofocados, y proseguía lentamente en la tarde de ayer.

Al parecer, los insurgentes no se están dando demasiadas prisas, para permitir que las negociaciones que se habrían comenzado a dar con algunos referentes de las tribus de Sirte ofrecieran una alternativa a una larga batalla entre los dos sectores.

Las camionetas con soldados rebeldes que partieron de Trípoli habían hecho fuerte en Misrata; pero también partieron tropas desde Bengazi, hasta el sábado pasado la sede de los sublevados, y en la víspera se habían acantonado en las inmediaciones de Ben Jawad, a unos cien kilómetros al este de Sirte.

En el caso de que las negociaciones iniciadas con referentes del bando khaddafista no prosperaran, la batalla puede llegar a ser inclusive más cruenta que la toma de la capital, donde el factor sorpresa jugó a favor de los rebeldes. En la cuna de Muhammar el Khaddafi hay fuertes instalaciones militares, y los lazos tribales y familiares pueden suponer una resistencia muy superior a la ofrecida por los militares gubernamentales en Trípoli, en su mayoría integrados por mercenarios contratados en los países del África subsahariana.

Mientras se prepara la batalla de Sirte, la ocupada capital de Libia sufre los efectos más cruentos de la guerra.

Los cadáveres de milicianos de ambos bandos se pudren en las calles, abandonados donde cayeron, donde fueron fusilados, o apilados en esquinas y plazas, bajo un sol terrible y una temperatura superior a los 40º.

En esas condiciones, también la población civil, encerrada en sus domicilios, sufre la falta de agua y de insumos básicos.

Una situación que, si no se revierte con medidas efectivas en el corto plazo, puede llevar a un nuevo escenario de crisis humanitaria.

Sin más negociación

Aunque en las últimas horas no se conocieron nuevos mensajes grabados por el coronel Khaddafi, el que fuera portavoz de su gobierno hasta la semana pasada, Musa Ibahim, anunció que el ex mandatario “está dispuesto a negociar” con el bando rebelde, para “formar un gobierno de transición”.

Las últimas declaraciones del coronel fueron órdenes terminantes de “limpiar de ratas y de traidores” la capital, e inclusive llamó a los imanes musulmanes a convocar a la guerra santa contra los rebeldes desde las mezquitas.

La versión del ofrecimiento de Ibrahim, en una llamada telefónica a una agencia noticiosa occidental, no pudo ser confirmada.

Aún así, el liderazgo insurgente, con Trípoli ocupada y a punto de tomar Sirte, y las tropas khaddafistas huídas hacia el desierto del sur del país, rechazaron cualquier tipo de negociación a estas alturas. “Ya ningún tipo de pacto puede ser considerado, y la única alternativa, si [Khaddafi] quiere detener la matanza entre los libios, es entregarse”, afirmó ayer el ministro provisional del CNT, Ahmed Darrat, y sostuvo que si el ex mandatario se entrega, será juzgado en Libia y con garantías legales.

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Libia, tiempo de ejecuciones (26 08 11)

Caos y ejecuciones en Trípoli

Las Naciones Unidas desbloquean más de mil quinientos millones de dólares para los rebeldes. El CNT se traslada desde Bengazi a la capital. Denuncian ejecuciones sumarias de ambos bandos. La Cruz Roja advierte del colapso hospitalario.    

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Rebeldes buscando francotiradores en el barrio de Abu Salin en Trípoli

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La batalla por el control de la capital libia no termina, y la ferocidad de la lucha entre las tropas insurgentes que penetraron en la noche del sábado en Trípoli, y los focos de soldados gubernamentales comienzan a provocar desmanes.

Además, la intensidad de las refriegas, así como la permanencia de francotiradores apostados en las azoteas, mantienen secuestrada a la población civil en el interior de los domicilios, en los que ha comenzado a escasear el agua y los aprovisionamientos al cumplirse la quinta jornada de la batalla.

Muhammar el Khaddafi difundió un mensaje grabado, en el cual incita a la población a hacer frente a los “invasores imperialistas”, y a utilizar inclusive “mujeres y niños” para “seguir combatiendo hasta purificar Trípoli de ratas y de traidores”, y pidiendo a los imanes musulmanes que en las mezquitas llamen a la “yihad” (guerra santa).

El mensaje del depuesto dictador ha exacerbado aún más los ánimos, tanto en los focos de militares progubernamentales como en las tropas insurgentes.

El lunes de esta semana, tras las primeras horas de la ocupación relámpago de la mayor parte de la capital, y visto la aceptación popular de sus habitantes al ingreso de las columnas de rebeldes, el jefe del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdeljalil, emitió desde Bengazi un mensaje de mesura a los ocupantes.

En el discurso, Abdeljalil pidió “no tomar venganza por mano propia”, sino ocupar militarmente las instalaciones del gobierno y “no saquear ni incendiar” las oficinas públicas; inclusive pidió, en esos primeros momentos de confusión, que se respetara a la familia y al entorno más cercano del coronel Khaddafi.

Es probable que, a pesar del alto grado de desorganización y espontaneidad que parece caracterizar a las tropas rebeldes (en realidad, grupos de civiles armados con poca o nula disciplina castrense), el mensaje de Abdeljalil pudiera haber sido obedecido si Muhammar el Khaddafi hubiese entregado el poder.

La llamada a la resistencia por parte del ex mandatario, y la extensión de las batallas, están sembrando el caos en la ciudad. El complejo de Bab al Aziziya, una vez que logró caer en manos rebeldes, fue saqueado hasta los sótanos.

Otro tanto podía verse en diferentes edificios de oficinas gubernamentales, en las fotografías difundidas por los reporteros internacionales, que finalmente fueron liberados del hotel Rixos donde los habían retenido soldados afines al coronel.

Y ayer comenzaron las denuncias de matanzas punitivas, en ambos bandos. El comando rebelde afirmó que los soldados khaddafistas habían fusilado a 30 milicianos en el barrio de Abu Salim, uno de los últimos reductos de los leales al antiguo régimen, y los habían enterrado en una fosa común. También se denunció que las fuerzas regulares fusilaron a 20 insurgentes en Bin Jawad, 560 kilómetros al sudeste de Trípoli, donde siguen los combates.

También se denunciaron fusilamientos de khaddafistas que se habían rendido a los rebeldes. Ayer, asimismo, se conoció la recompensa por la cabeza del coronel Khaddafi, vivo o muerto: 1,7 millones de dólares.

Hormigueros bajo tierra

Llegado al quinto día de la batalla, algunas cosas van quedando claras: El avance rebelde, tan efectivo y rápido, tomó por sorpresa al régimen.

La huida del clan Khaddafi fue precipitada y caótica, dejando atrás objetos personales y valiosos que jamás habrían abandonado de contar con algunos minutos de tiempo.

Otra, que el coronel Muhammar el Khaddafi tenía muy presente la posibilidad de que alguna vez tendría que escapar, y de emergencia. Porque se dedicó a una laboriosa construcción de túneles y salidas secretas que recién están apareciendo a la luz.

Los rebeldes se topan con ellos a cada paso, y con seguridad han sido utilizados para la huida del sátrapa y su entorno.

Se trata de unos complejos y ramificados túneles que perforan Trípoli y que, recorriendo más de treinta kilómetros, supuestamente desembocarían en el desierto.

En ese hormiguero a gran escala hay habitaciones climatizadas, máscaras de gas y provisiones de comida, con suficiente espacio para que transiten vehículos.

También los estarían utilizando los leales, para moverse por diferentes partes de la capital.

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Aún combaten en Trípoli (25 08 11)

Aún combaten en Trípoli

Khaddafi llama a resistir la “invasión”. Estados Unidos planea liberar los fondos retenidos en bancos occidentales. China se acerca a los rebeldes. Aumentan los focos puntuales de combate urbano en la capital

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Finalmente apareció el coronel Muhammar el Khaddafi, aunque no en persona, sino a través de un nuevo comunicado grabado, a través del cual volvió a convocar a las tropas leales al régimen, y a “todas las tribus libias” a resistir la avanzada insurgente y a “limpiar de demonios y traidores” la capital.

Si bien lentamente los rebeldes ocupan los núcleos estratégicos de Trípoli, ayer, en la cuarta jornada de la batalla por el control de la ciudad, pudieron verificarse nuevos focos de combate, apoyados por grupos aislados de soldados regulares y por francotiradores afines al depuesto régimen autocrático.

Junto al contraataque oficialista en diversos barrios de la periferia, el complejo presidencial de Bab al Aziziya, residencia del propio mandatario que fuera tomada por los rebeldes en la víspera, sufrió el bombardeo de piezas de mortero lanzadas por secciones del ejército regular.

En un combate discursivo que no mengua, el coronel Khaddafi había hecho circular que su salida del bunker, donde se sospecha que estuvo durante las primera horas del avance rebelde sobre la ciudad, había sido “una retirada táctica”, y que la ordenada estrategia militar insurgente, que copó la capital en el breve lapso de 48 horas, en realidad había respondido a una “emboscada” para terminar de una vez con el alzamiento opositor.

Sin embargo, en la víspera pudo constatarse que la fuerza del contraataque gubernamental, si bien puede prolongar durante un tiempo difícil de calcular el fin efectivo del régimen, no es suficiente para retrotraer la situación a cómo estaba antes de la noche del sábado, donde cada facción controlaba una porción del territorio libio.

Además, y a pesar de los mensajes grabados en los que manifiesta estar controlando el rumbo de las acciones militares, el coronel Khaddafi se encuentra cada hora que pasa más aislado regional e internacionalmente.

La participación de la Liga Árabe ha sido determinante en el control de Trípoli, y las cancillerías de los principales países occidentales ya han reconocido la “legítima representación” de Libia en el Consejo Nacional de Transición (CNT); ayer, además, se sumó la postura de China.

El vocero de la cancillería de la República Popular China, Ma Zhaoxu, expresó el apoyo de su país al CNT y al “nuevo gobierno”, asegurando que Pekín “respeta la elección del pueblo libio y confía en que se produzca una transición de poder estable. Siempre hemos dado relevancia al importante papel del Consejo Nacional de Transición, y esperamos que el nuevo gobierno restablezca el orden social tan pronto como sea posible”, concluyó.

China, que se abstuvo de votar la resolución que habilitó la intervención internacional en Libia, y que había criticado el rol de la OTAN en el apoyo a la insurgencia asentada en Bengazi, era la última potencia de importancia sin fijar una postura sobre la caída del régimen de Khaddafi. Ahora sólo resta Túnez –que por cercanía geográfica duda de tomar partido- y Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez volvió a ratificar ayer que su país “solo reconoce un gobierno libio, el del coronel Khaddafi”.

La OTAN, por su parte, comenzó a trabajar en Bruselas, sede de la Unión Europea (UE), en las hipótesis de reconstrucción nacional del país norafricano una vez agotada la guerra, tras la cual la organización de defensa “no tendrá ninguna presencia militar sostenida en el tiempo”, aseguraron voceros de la Alianza Atlántica en Europa.

El día después

Dando muestras de que el conflicto en Libia ha puesto a prueba una nueva manera de reaccionar de la comunidad internacional frente a conflictos internos con riesgo humanitario, las potencias, junto a los países centrales, las organizaciones regionales y las Naciones Unidas se involucran cada día más en sostener al país norafricano, para que la salida de la guerra civil no implique la caída en un “Estado fallido”.

El presidente Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que apoyó más resueltamente la inclusión de Francia en apoyo a los rebeldes (fue el primero en reconocer al CNT), confirmó que convocará en París a una conferencia mundial para apoyar la reconstrucción, bajo la coordinación de los líderes rebeldes.

El británico David Cameron está aunando posturas con el premier canadiense, Stephen Harper, y el presidente Barack Obama anunció que liberarán los fondos de Khaddafi retenidos en los bancos de Occidente, postura compartida también por Alemania e Italia.

El secretario de la ONU, Ban ki Moon, iniciará las consultas de la organización para legitimar en conjunto al nuevo gobierno libio.

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Trípoli: cae el bastión de Bab al Aziziya (24 08 11)

Avanza la toma rebelde de Trípoli

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Los insurgentes entran en el complejo Bab al Aziziya. El líder libio sigue en paradero desconocido. Inquietud por la posibilidad de una violenta agonía del régimen. La comunidad internacional reconoce la representación del Consejo Nacional de Transición (CNT)  

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Uno de los escenarios más temidos pareció instalarse ayer en la capital de Libia, cuando el tercer día de batallas tras el ingreso de las columnas de insurgentes rebeldes dejaba paso a la recuperación de algunos espacios por parte de leales al régimen.

Además de frentes urbanos “calientes” (especialmente en el complejo presidencial de Bab al Aziziya y el hotel Rixos, en el centro, pero también en barriadas de la periferia), se registraban combates liderados por las fuerzas regulares en algunas poblaciones que rodean a Trípoli.

En la ciudad vieja, las fuerzas progubernamentales llegaron inclusive a disparar fuego de morteros contra las multitudes que habían llenado la Plaza Verde, el que fuera el epicentro de las concentraciones políticas de apoyo al líder libio, y donde se registraban sus habituales arengas militantes.

La Plaza Verde fue el punto donde terminaron convergiendo las ordenadas columnas de milicianos rebeldes en su ingreso a la ciudad, que se vieron incrementadas por enormes grupos de libios que los recibían con aplausos y muestras de adhesión.

Sin embargo, en la tarde de ayer muchos de estos grupos que permanecían en la explanada debieron desocuparla, ante el contrataque de las tropas oficialistas.

Los leales al coronel Muhammar el Khaddafi también cuentan con francotiradores apostados en las alturas de edificios, que disparaban contra los rebeldes.

El caos revolucionario que envolvió ayer la tercer jornada de la toma de Trípoli hacía muy complejo el conteo de víctimas, aunque todos los reportes coincidías en marcar el hecho de que los hospitales y las dependencias sanitarias estaban colapsadas por la atención de heridos.

El hotel Rixos, por su parte, se convirtió en las últimas horas en otro de los centros de atención de la capital. En sus habitaciones se alojan prácticamente todos los corresponsales de prensa extranjeros que cubren la batalla de Trípoli, y allí había ido ayer el hijo del mandatario, Saif al Islam Khaddafi, a desmentir que hubiera sido capturado por los rebeldes (una especie que circuló durante toda la víspera, y que inclusive tuvo el apoyo del fiscal del Tribunal Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo), y de que en realidad eran las tropas khaddafistas las que tenían el control de la situación.

A pesar de la espectacularidad de la aparición de Saif al Islam, segundo personaje de importancia en el gobierno tras su padre, muy pocas agencias se hicieron eco de sus palabras; y por la noche guardias afines a los Khaddafi, fuertemente armados, ocuparon el hotel.Los reporteros se habían encerrado anoche en el sótano del edificio, a la espera que los hombres del régimen se retiraran.

Hacia el final de la tarde, por último, la televisión independiente –en especial la señal de la cadena qatarí Al Jazeera- trasmitía imágenes del comienzo de la toma del complejo presidencial de Bab al Aziziya por parte de los rebeldes. Aunque para entonces ya se descartaba que el coronel Muhammar el Khaddafi estuviera atrincherado en alguna de sus dependencias.

Oculto pero presente

Aunque nadie duda de que el régimen autocrático que durante 42 años comandó el coronel Muhammar el Khaddafi, que no aparezca personalmente extenderá la guerra durante plazos imprevisibles.

Así como la figura omnipresente del líder libio definió la vida del régimen, es su ausencia la que en estos momentos impide concluirlo.

La jornada de ayer develó, al menos, que no estaba oculto en su complejo residencial, personal e institucional, de Bab al Aziziya.

Los rebeldes lograron tumbar los altos muros e ingresar a los jardines de múltiples edificios, y comenzaron un sistemático saqueo, llevándose el lujoso mobiliario y una innumerable cantidad de armas (algunas incluso revestidas de oro).

La televisión Al Jazeera mostraba a los insurgentes destruyendo los vidrios y las puertas para entrar a los inmuebles, y buscar en cada rincón, sótano o altillo, pero Khaddafi no apareció.

Al mismo tiempo, la OTAN detectó un misil disparado desde Sirte, núcleo de la tribu de los Khaddafa, en cuyo seno podría haberse ocultado el mandatario. Y encontrarlo allí será una ardua tarea.
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Fin del ciclo Khaddafi en Libia (23 08 11)

Fin del ciclo Khaddafi en Libia  

Tras 42 años en el poder los rebeldes cercan al coronel Khaddafi, que sigue en paradero desconocido. Algunos focos gubernamentales siguen resistiendo, y el complejo de Bab al Aziziya, sede del gobierno y residencia del dictador, no ha sido tomado. La comunidad internacional reconoce al Consejo de Transición. Baja el precio del petroleo y suben las bolsas.

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Finalmente, los rebeldes libios entraron en Trípoli, alcanzando el último bastión donde el régimen autocrático del coronel Muhammar el Khaddafi se había atrincherado para resistir el alzamiento popular desencadenado en la mitad oriental del país.

Desmintiendo los análisis que le adjudicaban anarquía y desorganización, las tropas que responden al Consejo Nacional de Transición (CNT) con sede en Bengazi, confluyeron ordenadamente sobre la capital desde sus enclaves de Misrata y Slitan, y tomaron prácticamente toda la ciudad en pocas horas.

La huída de altos funcionarios del gobierno hacia Egipto y Túnez, así como la detención de los hijos del mandatario (entre ellos, y en una situación aún confusa, su hijo Saif al Islam, heredero y segunda personalidad del sistema), demuestran que el ataque de los rebeldes, tanto en su estrategia como en la contundencia de la fuerza, tomó por sorpresa al régimen.

También fue sorpresiva la receptividad de la población tripolitana, que salió espontáneamente a recibir, con aplausos y muestran de adhesión, la entrada de las columnas rebeldes.

Rápidamente se instaló un clima festivo cuando, en el avance hacia el centro de la ciudad, a las columnas de soldados irregulares se iban agregando grupos de civiles; y se pudieron ver imágenes ya recurrentes en la “primavera árabe” instalada desde principios de año en los países del Magreb y de Oriente Medio: como en Túnez y en El Cairo –también antes en Bagdad, con la caída de Saddam Hussein- la gente iba arrancando los grandes carteles y las fotos con que Muhammar el Khaddafi incentivó el culto a su persona durante las cuatro décadas por las que se extendió su régimen, pisoteándolas y prendiéndoles fuego.

En la medianoche del domingo, las columnas arribaron finalmente a la Plaza Verde, el epicentro político de Trípoli y donde se concentraban las movilizaciones oficialistas en apoyo al gobierno.

Precisamente, la televisión pública emitía videos grabados de concentraciones de apoyo a Khaddafi, en los mismos momentos que una multitud tomaba la explanada para celebrar su caída. La televisión aún intentó la transmisión de un mensaje grabado del mandatario, en el que llamaba a los libios a la resistencia, y convocaba “a todas las tribus” a defender a la ciudad capital de la “agresión imperialista”; “volverá el colonialismo británico”, se le escuchó decir, pero la señal se cortó y el mensaje no se reanudó luego. Los edificios de la TV libia quedaron vacíos, y sólo fue posible seguir el desarrollo de los acontecimientos a través de la señal de la cadena qatarí Al Jazeera.

Mustafá Abdeljalil, máximo dirigente del CNT, dio por caído al gobierno y pidió a los rebeldes que “no tomen la justicia por su mano”, apelando a un mensaje de calma ante la posibilidad de desbordes y matanzas.

La gran incógnita, a últimas horas de ayer, era la ubicación de la persona del coronel Khaddafi, cuyo paradero sigue desconocido. Los principales líderes internacionales, así como el secretario general de la ONU, pidieron públicamente que renuncie y entregue el poder, para no hundir más el enfrentamiento civil en un baño de sangre.

En su última aparición pública, el vocero del gobierno afirmó que había cerca de 2.000 muertos y más de 5.000 heridos.

¿Dónde está?  

Ya nadie, ni dentro ni fuera de Libia, albergaba dudas de que el poder había dejado de estar en las manos de Muhammar el Khaddafi, y había pasado a los rebeldes del CNT.

Pero todos, también, dan por sentado que hasta que no aparezca Khaddafi en persona la victoria no habrá sido tal, y que si su ausencia se prolonga, también puede dar lugar a un complicado –e inclusive sanguinario- período de desgaste. El líder libio repitió durante los últimos tiempos que él no se entregará ni se rendirá ni saldrá del país, y las hipótesis anoche eran múltiples.

El Departamento de Estado sostiene que sigue estando en algún lugar del complejo presidencial de Bab al Aziziya, y que intentará posiblemente reunificar a los elementos militares aun leales para resistir. También se barajaba la posibilidad de que se hubiere recluido en su tribu, los Khaddafas, en el desierto de Sirte. O asilado en Argelia o en Sudáfrica. Incluso se especulaba con que podría haber sido recibido en Caracas.

Sólo una cosa es segura: sin la entrega del coronel, la guerra en Libia no habrá terminado.

Primeros pasos  

La hipótesis más favorable a la población civil libia es la de una transición rápida y ordenada.

Las declaraciones del jefe del CNT desde Bengazi, Mustafá Abdeljalil, van en esa dirección: llamó a la calma, a no agredir al entorno más próximo al ex dictador, y a no destruir edificios públicos en Trípoli.

Resta ver si las masas rebeldes, después de siete meses de combates, y recibidas con aplausos y muestras de adhesión por la población de la capital, obedecerá esas llamadas a la mesura. Luego, y suponiendo que Muhammar el Khaddafi aparezca pronto, el CNT debe organizar una transición que institucionalice el levantamiento social.

Ya ha dictado una Declaración Constitucional para gobernar los primeros ocho meses, durante los cuales una Asamblea republicana convocará a elecciones democráticas –que se desarrollarán bajo supervisión de la ONU- en un plazo de medio año, para elegir diputados a una convención nacional constituyente que redactará una Carta Magna.

Lo más probable es que termine surgiendo un Estado musulmán moderado. Turquía, también para los libios, es un fuerte ejemplo.

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La OTAN seguirá atacanda a Khaddafi (13 07 11)

El frente libio retrocede hasta Zintan sin soluciones políticas

La OTAN y los rebeldes acuerdan seguir la guerra hasta la caída de Khaddafi   

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TRÍPOLI.- A pesar del desgaste y el empantanamiento de la guerra entre las dos facciones combatientes en Libia, la esperada negociación política que condujera hacia un armisticio sigue lejos.

La avanzada insurgente había logrado tomar el control de la estratégica ciudad de Al Qawalish, ubicada apenas a 100 kilómetros al suroeste de la capital, y por donde pasa la autopista que vincula a Trípoli con los centros urbanos bajo dominio del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

Pero este avance, logrado con el apoyo de la OTAN, quedó neutralizado ayer cuando una contraofensiva del ejército regular recuperó Al Qawalish, haciendo retroceder el frente de guerra hasta la ciudad de Zintan.

La recuperación del enclave por parte de las fuerzas leales a Khaddafi pone de manifiesto la fragilidad militar de los rebeldes, que responden al mando –también precario- del Consejo Nacional de Transición (CNT), con sede en Bengasi.

Precisamente estas dificultades en el sostenimiento de una estrategia militar sólida, y el impacto en la población civil, es el que motiva los pedidos de que la comunidad internacional fuerce el inicio de negociaciones entre ambos bandos.

Sin embargo, los altos mandos de la OTAN se reunieron ayer en Bruselas con representantes del CTN libio, a quienes aseguraron que los ataques de la Alianza Atlántica contra objetivos militares del régimen seguirán adelante.

El secretario general aliado, el danés Anders Fogh Rasmussen, no descarta la apertura de negociaciones en el plano político, pero sigue haciendo hincapié en que “las operaciones de la OTAN deben continuar para proteger a los civiles”.

Los representantes del Consejo de Bengasi, por su parte, también siguen apoyando las acciones armadas como la “única vía” realista para terminar con el régimen, y calificaron en Bruselas la acción de la OTAN como “indispensable por su carácter humanitario”.

Hoy se reunirá en Estambul el Grupo de Contacto, el conjunto de países implicados en las operaciones en el país norafricano, y volverá a tratarse la posibilidad de plantear un armisticio con Trípoli; mientras los rebeldes preparan un nuevo ataque a Al Qawalish.

Los rebeldes, también acusados

Una de las justificaciones más sólidas de la insurgencia rebelde contra el coronel Khaddafi es la que se apoya en la sistemática violación de los derechos humanos, especialmente a las minorías, perpetradas por el régimen libio durante décadas.

Sin embargo, también los alzados en la mitad oriental de Libia han quedado atrapados en esa lógica, al conocerse ayer la denuncia de la organización Human Rights Watch, que afirma que los insurgentes han cometido saqueos y ataques a civiles, que incluyeron robos en comercios de las localidades que van ocupando, incendio de viviendas de partidarios de Khaddafi, e inclusive el saqueo de hospitales y puestos sanitarios.

El informe de la ONG estadounidense parte de testimonios y entrevistas a combatientes de ambos bandos, y provocó la airada respuesta de los voceros del CNT en Bengasi.

La guerra, empantada hace meses, sigue golpeando con la mayor fuerza a los civiles, para cuya protección fue originariamente declarada.

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Europa admite “sobrecarga de esfuerzo bélico” en Libia (15 06 11)

La OTAN comienza a tocar los límites de la guerra en Libia

Europa ya acusa una “sobrecarga de esfuerzo” en las operaciones contra Khaddafi     

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Los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) volvieron a elevar la campaña aérea contra objetivos puntuales en la capital libia, entre ellos el complejo de residencias de Bab al Aziziyah, un conjunto de edificios oficiales entre los cuales se contaría la residencia del coronel Muhammar el Khaddafi.

La ofensiva aliada dio cobertura a un nuevo avance rebelde; los voluntarios de las fuerzas insurgentes avanzaron unos doscientos kilómetros hacia el oeste, quebrando el cerco de la base de operaciones de Misrata. De esta manera, recuperaron una porción importante del escenario bélico que había sido ocupado por el ejército regular libio.

Por la paridad de fuerzas entre ambos bandos, la guerra parecía haber quedado estancada hasta la semana pasada, cuando la OTAN volvió a intensificar las acciones ofensivas. Sin embargo, varios países participantes de la campaña armada en Libia han comenzado a emitir señales de una “sobrecarga de esfuerzo” de guerra, al seguir sosteniendo durante períodos prolongados ataques que no han logrado, en el lapso de tres meses, quebrar las líneas de defensa que el régimen de Khaddafi mantiene sobre la porción occidental del país, especialmente sobre la capital, Trípoli.

Desde Londres, el jefe de la Armada británica declaró en la víspera que la flota inglesa, un actor clave en el apoyo de la aviación francesa y norteamericana, no podrá mantener el peso de las operaciones si éstas se prolongan hasta fin de año. El almirante Mark Stanhope afirmó que puede garantizar la participación de sus soldados hasta septiembre, según el plazo que acaba de fijar el alto mando de la OTAN, pero que más allá de esa fecha el gobierno de David Cameron debería replantear la continuidad de la participación británica, porque implicaría una “sobrecarga de esfuerzo bélico”.

En una línea similar, un oficial de alto rango de la OTAN sostuvo que la cuestión de los recursos de la alianza se volverá “crítica” si la intervención en Libia continúa.

La postura de los voceros militares europeos se contrapone con el discurso oficial de la Administración norteamericana.

Para Washington, la guerra en Libia debería seguir sin interrupciones hasta tanto el coronel Khaddafi abandone el poder, según la formulación reiterada por el presidente Barack Obama.

La semana pasada, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, inclusive reprochó a los europeos por este quiebre en la postura uniforme de los aliados, y sostuvo que la misión en Libia “enfrenta riesgo de fracaso” por el escaso aporte y compromiso de algunos miembros europeos de la OTAN.

Khaddafi ofrece la paz

Con un gesto distendido, el líder libio Muhammar el Khaddafi se dejó fotografiar jugando una partida de ajedrez con el presidente de la Federación Internacional, el ruso Kirsan Ilyumzhinov.

El ejedrecista declaró a su vuelta a Moscú que el coronel le había asegurado estar dispuesto a iniciar “de inmediato” conversaciones de paz con los rebeldes que ocupan la porción oriental del país, e inclusive con mandos militares de la OTAN.

La postura del mandatario, que ha elegido a la capital rusa para insistir en su buena predisposición a terminar la guerra que asota Libia desde hace cuatro meses mediante conversaciones de paz, aparece en un momento en que la Alianza Atlántica comienza una fuerte ofensiva para intentar quebrar el sistema de defensa de Trípoli.

Y mientras envía señales de paz, Khaddafi sigue impulsando a las tropas gubernamentales a reprimir a los insurgentes. Ayer, respondiendo al avance de los rebeldes hacia Trípoli, las fuerzas regulares dispararon con artillería contra el pazo de Dehiba, en la zona de al Ghazaya, fronteriza con Túnez; uno de los pasos utilizados por los que huyen del frente de batalla.

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