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El portazo de Cameron (16 12 11)

El portazo de Cameron

por Nelson Gustavo Specchia

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Los ingleses lo han vuelto a hacer. Cuando la tensión de la crisis económica llevó al máximo estiramiento de la cuerda, y todo el proceso de integración de Europa tras un largo medio siglo se puso al borde del abismo, los británicos recurrieron a la flema de su singularidad y el premier conservador David Cameron le pegó un portazo al “Continente” en la última cumbre de emergencia reunida en Bruselas.

Y no hay lugar para los equívocos: no se trata de un berrinche más, apoyado en esa singularidad cultural hipotéticamente alejada de las costumbres del resto de Europa, como la utilización del sombrero bombín por los elegantes hombres de negocios de la City, el manejar por la izquierda, el mantener un sistema de pesas y medidas medieval o hacer del té de las cinco de la tarde un rito pagano.

No, el portazo de Cameron va mucho más allá de las particularidades –ya medio hilarantes- del folk londinense, y se encuadra en una cosmovisión transgeneracional (e inclusive interpartidaria) de la clase política inglesa: aquella que sostiene que una Europa sólidamente unida –ya sea a nivel estructural de las organizaciones, o en el más líquido acuerdo de estrategias comunes- constituye un peligro potencial para las Islas Británicas. Esté abanderada esa ligazón continental por la dinastía de los Habsburgo, por Napoleón Bonaparte o por Adolf Hitler, como alguna vez en el pasado; o bajo la bandera azul con la corona de estrellas doradas de la Unión Europea de hoy.

Y si ese aumento en la integración, estructural o coyuntural, proviene de un plan conjunto franco-alemán, como el nuevo pacto fiscal negociado en la cumbre de Bruselas, el peligro que perciben los ingleses se exacerba.

El portazo de Cameron, al ser el único que queda afuera de los nuevos acuerdos de los países de la eurozona y todos los demás socios comunitarios, es considerado un extremo, ni siquiera la Dama de Hierro, con sus nítidas posturas anti europeas, se había animado a tanto. Pero esto se debe a que también las condiciones que transita el proceso de integración son inéditas.

Mal que les pese a los europeístas “progres”, la conclusión de Herman van Rompuy, el belga presidente permanente del Consejo Europeo, es una dura realidad: en la cumbre de la que Cameron retiró a su país se refundaba la Unión Europea sobre la base del pacto fiscal propuesto por la dupla Ángela Merkel-Nicolás Sarkozy, o se apagaba la luz y se bajaba la cortina.

No hay “plan B” desde el momento en que el liderazgo continental, ya homogéneamente dominado por los partidos y las administraciones conservadoras, decidió atender a las exigencias de los mercados financieros globales y de las agencias calificadoras de riesgo, y optó por políticas de restricción de los gastos públicos, contracción de las economías y achicamiento del Estado.

CABALLITO DE TROYA   

En aquellos tiempos primeros de la organización continental, cuando todavía no se hablaba de Unión Europea sino simplemente de Comunidades Económicas, el viejo general De Gaulle argumentaba que había que dejar afuera a los británicos.

Que siguieran usando sus sombreros bombín y conduciendo por la izquierda entre el humo de Londres (todavía había mucho smog en los años cincuenta, cuando el grueso de la calefacción de la capital británica funcionaba a carbón), decía el líder francés.

Y el peso de su argumento ha sido recordado periódicamente en el último medio siglo: si entran los ingleses, será para frenar la profundización del proceso de integración.

Los acusaba de ser el Caballo de Troya de Washington, ya que la alianza especial de los británicos con su ex colonia de este lado del Atlántico posibilitaría que los lineamientos estratégicos de los norteamericanos –en aquel contexto de división bipolar del mundo y en un clima de guerra fría- entraran a Europa por la puerta londinense.

Y algo de todo eso hubo durante estos años, a múltiples niveles.

De las dos grandes posibilidades de avance del proyecto de integración en el Viejo Continente (el avanzar hacia una confederación de países, o limitarse sólo a un mercado común), cuando los británicos ingresaron –tardíamente, en 1973- siempre empujaron las pesas para que no se llegara a hablar de cesiones de soberanía nacional y los acuerdos quedaran reducidos a la órbita económica.

En los tiempos ultraliberales de la señora Margaret Thatcher, Londres logró doblegar la voluntad integracionista inclusive dentro de estos parámetros puramente económicos, y condicionó la aprobación de los presupuestos de la organización a la devolución del “cheque británico” (el porcentaje de devolución de los aportes realizados por no participar de los beneficios proteccionistas de la Política Agrícola Común).

Como decía arriba, esta actitud hacia Europa atraviesa las generaciones, pero también las gestiones de los diferentes partidos: cuando llegó el turno de la “tercera vía” laborista de Tony Blair, que se declaraba “un europeísta apasionado”, no solo se mantuvo el “cheque británico” tharcheriano, sino que se siguió rechazando el euro para mantener la libra esterlina como moneda nacional. Europeísmo, ma non troppo.

David Cameron, a diferencia de su predecesor laborista, ni siquiera intentó nunca escenificar un amor por Europa que no siente. Además, sabe que al interior de su partido, entre los “tories”, el euroescepticismo es moneda corriente.

El argumento que el premier conservador utiliza para dar otra vez la espalda a Europa es fuerte: preservar a toda costa el poder financiero de la libra esterlina, en un momento en que la moneda común europea sufre el más despiadado ataque de los mercados externos. Además, Cameron dice que el sector financiero inglés (la tan mentada y sacrosanta City) representa un 30 por ciento del producto bruto nacional de las Islas; (esa City representa el 36 por ciento de la industria mayorista de la banca de la Unión Europea, y el 61 por ciento de las exportaciones netas de servicios financieros internacionales).

Cameron ni mencionó, en su defensa ante el pleno de los Comunes, las razones políticas de la antipatía hacia los mayores grados de integración continental, no las necesita: el peso de los argumentos económicos difícilmente encuentre muchos detractores entre los diputados, inclusive entre los de la oposición.

El único que amagó con un tímido gesto de protesta fue su socio en la coalición de gobierno, el liberal-demócrata Nick Clegg. Se retiró de los Comunes y dejó vacío su sitio en el banco verde del oficialismo; al día siguiente afirmó en la prensa que el Reino Unido salía debilitado de la jugada de Cameron en la cumbre europea.

Ya que el socio del primer ministro lo hacía desde el oficialismo, el líder de la oposición y del Partido Laborista, Ed Miliband, también saltó a la palestra y pidió que el gobierno volviera a negociar con los restantes socios de la Unión Europea.

Pero los periódicos del magnate Rupert Murdoch –adalides del euroescepticismo inglés- salieron a respaldar sin fisuras al premier, y a recordarles a sus críticos que el portazo a Bruselas es acorde al sentimiento popular mayoritario. Miliband no ha hecho más declaraciones, y Clegg volvió a su sitio en el banco verde de los Comunes, en Westminster.  

LOS BENEFICIOS DEL TÉ

Pero cuidado, porque la gravedad de la crisis y el estentóreo desplante de Cameron pueden llevar a un equívoco aún mayor: Europa sin Londres nunca estará completa.

El euroescepticismo es una grave enfermedad cultural, que en un pasado para nada remoto llevó a alejamientos y a tensiones para conseguir la supremacía continental. Sin excepciones, y durante siglos, esas tensiones terminaron resolviéndose a cañonazos.

La mayor conquista del proceso de integración ha sido conjurar la explosión guerrera de las rivalidades políticas europeas, que en dos oportunidades durante el siglo XX acarrearon detrás del ellas al resto del mundo.

Y para que ese equilibrio se siga manteniendo, Gran Bretaña no puede alejase definitivamente del centro del proceso de integración.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 16 de diciembre de 2011]

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“Dicen que en el reino del revés” (08 11 11)

Del revés

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por Pedro I. de Quesada

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El primer ministro griego, Giorgios Papandreu, ha terminado por sucumbir bajo la montaña de basura de la crisis, y con él uno de los últimos gobiernos socialdemócratas europeos (el de España, otro de esa rara clase en extinción, será barrido por la derecha del Partido Popular en las elecciones del mes que viene).

Decíamos hace un par de semanas, en esta columna de los martes, que la clase dirigente europea estaba desorientada, y la caída de Papandreu viene a mostrar la profundidad de esa desorientación, que varios dirigentes del mundo –la Presidenta argentina entre ellos- volvieron a enrostrar a sus pares del Viejo Continente en la reciente cumbre del G-20.

Porque es una lógica del Reino del Revés, como aquella que cantaba –con una crítica mordaz que no abandonaba la ternura- María Elena Walsh: Un reino donde “un ladrón es vigilante y otro es juez, y donde dos y dos son tres”.

Aquí también: Papandreu se termina yendo porque tuvo la desfachatez de plantear una consulta popular, para preguntar a los griegos sobre el plan de “salvataje” económico diseñado por los tecnócratas de Bruselas y del FMI, que acarrea un sinfín de costos que esa misma ciudadanía debe pagar, tanto con sus impuestos como con la renuncia a los derechos sociales que disfrutaba.

Y más allá de que haya sido un “manotazo de ahogado” de Papandreu, es innegable el principio democrático que sostenía al referéndum.

Sin embargo, la señora Merkel, quién no toma una sola decisión importante sin consultar antes al Bundestag alemán, puso el grito en el cielo; y rápidamente le hizo coro el presidente Nicolas Sarkozy, líder de la República donde se fundó la democracia moderna.

En el reino del revés, los demócratas censuraron una medida democrática, e impulsaron un golpe que tiró abajo a un gobierno: El Banco Central Europeo anunció que si había referéndum no habría crédito, y congeló la partida de 8.000 millones de euros que estaba lista para salir hacia Atenas.

El voluminoso ministro de economía, Evangelos Venizelos, del Pasok como Papandreu, salió a pedir su cabeza. Entonces ahí apareció el ubicuo Antonis Samaras, líder de la derecha de Nueva Democracia, como salvador de la patria.

Y otra vez el reino del revés: porque la crisis griega estalla con las cuentas fraudulentas con que los gobiernos de Nea Dimokratía –por entonces al mando de Kostas Karamanlis- mintieron a Europa sobre el déficit real; cuentas que, precisamente, sincera Papandreu y se propone rectificar.

El que transparentó la mentira cae, y los que dilapidaron y armaron la farsa vuelven al gobierno de Atenas.

Y otro ladrón es juez: esos mismos líderes acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo (BCE) al italiano Mario Draghi. Este banquero era uno de los jefes en Europa de Goldman Sachs en 2002, ese banco norteamericano que le ayudó a Karamanlis a fraguar las cuentas públicas para ocultar el déficit real.

Ah, “nada el pájaro y vuela el pez.”

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 8 de noviembre de 2011 ]
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“Ni un puto duro”

“Ni un puto duro”

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por Pedro I. de Quesada

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El desconcierto de la clase política europea es insólito.

En las tres últimas reuniones del G-20 se va escuchando que si no cambian de libreto, el abismo está asegurado; que dejen de restringir el gasto y, keynesianamente, amplíen la base de consumo, como en Brasil o Argentina.

Pero la señora Merkel se ha encaprichado, y al tiempo que no deja de repetir que salvar al euro es condición para salvar a Europa, empuja a Europa cada día un pasito más cerca de aquel precipicio anunciado.

Esta semana han vuelto a reunirse, de emergencia. Ya han comenzado a elevar el tono de los reproches: “Estamos hartos de que vengas a decirnos qué hacer, siempre odiaron al euro, nunca quisieron dejar la libra, y ahora te metes en nuestras reuniones a darnos órdenes”, le gritó el francés Sarkozy al inglés Cameron, hasta ayer tan amigos y tan de acuerdo en bombardear a Khaddafi.

Los británicos, que no forman parte de la Eurozona, insisten en participar en las decisiones de los 17 países del euro, porque si se cae la moneda común también ellos se verán afectados.

Sarkozy dejó Bruselas y se volvió a París, a ver a su hija recién nacida.

Y Cameron se volvió a Londres, donde ayer enfrentaba a un Parlamento que, en su orden del día, trata un pedido de referéndum para decidir si Gran Bretaña permanece o se retira de la Unión Europa. La votación no es vinculante, y es difícil que sea aprobada, pero da una idea –como el enfrentamiento verbal con el francés- de la temperatura que han alcanzado los ánimos.

Von Rumpuy ha llamado a una nueva cumbre, otra vez de emergencia. Y Merkel asistirá, pero sin dar el brazo a torcer. Ni un “duro” más en aportes: restrinjan los gastos. Y el borde del precipicio, cada vez más cerca.

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[ columna En foco, diario HOY DÍA CÓRDOBA, 26 de octubre de 2011 ]

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Otra vez el fuego griego (06 10 11)

Las movilizaciones y huelgas vuelven a colapsar Grecia

La represión a las marchas contra los ajustes económicos es cada vez más dura

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Una vez más la sociedad griega se alzó contra la política de ajustes que el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu lleva adelante en cumplimiento de las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para liberar los préstamos que eviten el default.

Al tiempo que las movilizaciones y las jornadas de protesta van sumando adherentes y masificándose, la represión de los cuerpos de seguridad va aumentando la fuerza, y en la víspera ya comenzaron a producirse fricciones violentas entre manifestantes y brigadas antidisturbios, con heridos y docenas de detenidos tanto en Atenas como en las principales ciudades del interior.

El paro activo fue convocado por las centrales sindicales helenas, y las columnas de trabajadores en huelga marcharon desde diferentes puntos de la capital para converger en la plaza Sintagma, frente al Parlamento, que se ha convertido ya en el centro neurálgico de las protestas que comenzaron a principios de año.

Cuando la concentración de varios miles de personas llegó a Sintagma, algunos grupos comenzaron a desprender pedazos de mármol y adoquines, y a lanzarlos contra las ventanas del reciento parlamentario; en ese momento intervino la fuerza de los antidisturbios, que con gases lacrimógenos y bastones intentó desactivar el conato de violencia, pero que sólo sirvió para que se generalizara el enfrentamiento en una auténtica batalla campal, que se expandió desde la céntrica plaza a las calles aledañas.

Además de los heridos entre los huelguistas, la dirección de la Policía declaró que entre los agentes también hubo personal con lastimaduras, que hubo de ser hospitalizado por golpes de piedras.

La huelga de 24 horas es el quinto paro general que las centrales obreras le plantean al gobierno de Papandreu desde que comenzó la crisis, e intenta detener las nuevas medidas anunciadas para reducir aún más el gasto público, entre las que se cuentan despedir a otros 30.000 empleados públicos.

El desempleo ya es alarmante en toda Grecia, y los empleados despedidos tienen muy pocas posibilidades de ser absorbidos en trabajos alternativos.

El ministerio griego de Economía ha asegurado a la Unión Europea (UE) que con las nuevas medidas restrictivas logrará ahorrar otros 6.500 millones de euros en los próximos meses, con lo que cumpliría las condiciones impuestas por la organización continental para seguir recibiendo aportes para cubrir el hueco en el déficit público, que mantiene al país al borde de la quiebra.

Una sexta huelga general está convocada para el próximo 19 de octubre.

Dudas sobre el rescate

A una jornada de caos en la capital y las principales ciudades griegas, con los aeropuertos cerrados y noticias sobre una creciente violencia represiva, se añadieron las señales emitidas desde las agencias financiadoras, que estuvieron lejos de llevar tranquilidad.

El director europeo del FMI, Antonio Borges, declaró ayer en Bruselas, la capital administrativa de Europa, que el segundo plan de salvataje para Grecia, que en teoría ya había quedado fijo en julio pasado, deberá ser “revisado nuevamente” por los técnicos del organismo.

El severo ajuste exigido a Grecia está imponiendo un coste social y político gravísimo, pero las instituciones europeas insisten en que los planes de salvataje al país mediterráneo deben obligatoriamente pasar por el FMI. La canciller alemana, Ángela Merkel, que encabezó esa estrategia y se opuso a que la UE auxiliara directamente a Atenas, aseguró que esa vía ayudará a “mantener a Grecia dentro del euro”.

Merkel obtuvo una ajustada votación en el Bundestag la semana pasada, mediante la cual los diputados alemanes respaldaron su estrategia para enfrentar la crisis económica continental.

Gobierno acorralado

El ejecutivo de Giorgios Papandreu se encuentra cada día más cercado por los efectos de una crisis que no remite, las reticencias de sus socios europeos en respaldar desde las instituciones continentales un salvataje propio, y las crecientes protestas sociales que el ajuste exigido por el FMI provocan.

Desde ese arrinconamiento, el ministro del Interior de Papandreu, Haris Kastanidis, informó ayer que el gobierno socialista estudia convocar a un plebiscito, para preguntar a los ciudadanos griegos sobre las alternativas para salir de la crisis que ahoga a la economía y mantiene al país en riesgo de quiebra técnica.

El anuncio, en todo caso, parece una estrategia comunicacional más que una medida cierta, ya que a estas alturas es patente el rechazo de la sociedad griega a la vía escogida por el ejecutivo.

Y si llega efectivamente a realizarse, dado el actual humor social, es probable que la preferencia de los votantes se incline por sacar a Grecia de la Unión Europea, la organización que hace pocos años era vista como la solución al grave problema del desarrollo del país mediterráneo.

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La OTAN seguirá atacanda a Khaddafi (13 07 11)

El frente libio retrocede hasta Zintan sin soluciones políticas

La OTAN y los rebeldes acuerdan seguir la guerra hasta la caída de Khaddafi   

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TRÍPOLI.- A pesar del desgaste y el empantanamiento de la guerra entre las dos facciones combatientes en Libia, la esperada negociación política que condujera hacia un armisticio sigue lejos.

La avanzada insurgente había logrado tomar el control de la estratégica ciudad de Al Qawalish, ubicada apenas a 100 kilómetros al suroeste de la capital, y por donde pasa la autopista que vincula a Trípoli con los centros urbanos bajo dominio del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

Pero este avance, logrado con el apoyo de la OTAN, quedó neutralizado ayer cuando una contraofensiva del ejército regular recuperó Al Qawalish, haciendo retroceder el frente de guerra hasta la ciudad de Zintan.

La recuperación del enclave por parte de las fuerzas leales a Khaddafi pone de manifiesto la fragilidad militar de los rebeldes, que responden al mando –también precario- del Consejo Nacional de Transición (CNT), con sede en Bengasi.

Precisamente estas dificultades en el sostenimiento de una estrategia militar sólida, y el impacto en la población civil, es el que motiva los pedidos de que la comunidad internacional fuerce el inicio de negociaciones entre ambos bandos.

Sin embargo, los altos mandos de la OTAN se reunieron ayer en Bruselas con representantes del CTN libio, a quienes aseguraron que los ataques de la Alianza Atlántica contra objetivos militares del régimen seguirán adelante.

El secretario general aliado, el danés Anders Fogh Rasmussen, no descarta la apertura de negociaciones en el plano político, pero sigue haciendo hincapié en que “las operaciones de la OTAN deben continuar para proteger a los civiles”.

Los representantes del Consejo de Bengasi, por su parte, también siguen apoyando las acciones armadas como la “única vía” realista para terminar con el régimen, y calificaron en Bruselas la acción de la OTAN como “indispensable por su carácter humanitario”.

Hoy se reunirá en Estambul el Grupo de Contacto, el conjunto de países implicados en las operaciones en el país norafricano, y volverá a tratarse la posibilidad de plantear un armisticio con Trípoli; mientras los rebeldes preparan un nuevo ataque a Al Qawalish.

Los rebeldes, también acusados

Una de las justificaciones más sólidas de la insurgencia rebelde contra el coronel Khaddafi es la que se apoya en la sistemática violación de los derechos humanos, especialmente a las minorías, perpetradas por el régimen libio durante décadas.

Sin embargo, también los alzados en la mitad oriental de Libia han quedado atrapados en esa lógica, al conocerse ayer la denuncia de la organización Human Rights Watch, que afirma que los insurgentes han cometido saqueos y ataques a civiles, que incluyeron robos en comercios de las localidades que van ocupando, incendio de viviendas de partidarios de Khaddafi, e inclusive el saqueo de hospitales y puestos sanitarios.

El informe de la ONG estadounidense parte de testimonios y entrevistas a combatientes de ambos bandos, y provocó la airada respuesta de los voceros del CNT en Bengasi.

La guerra, empantada hace meses, sigue golpeando con la mayor fuerza a los civiles, para cuya protección fue originariamente declarada.

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Los ojos en Atenas (27 06 11)

Grecia define la continuidad de la vía del ajuste en Europa

El Parlamento vota el paquete restrictivo con todos los ojos puestos en Atenas       

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ATENAS.- Los diputados griegos se aprestaban en la tarde de ayer a poner a prueba el camino decidido por el Consejo Europeo para que las economías en crisis de la Zona Euro limpien sus cuentas públicas: restringir el gasto hasta el límite, dejando de lado políticas de contención social.

La votación en el recinto legislativo heleno supone una prueba crítica para el conjunto europeo, porque su resolución pondrá en evidencia la capacidad de las Administraciones para adecuarse a lo resuelto en las instancias multilaterales de la Unión Europea (UE).

A fines de la semana pasada, la cumbre de jefes de gobierno reunidos en el Consejo Europeo, en Bruselas, decidió seguir la línea sostenida por la canciller conservadora alemana, Ángela Merkel, y no disponer de ninguna línea de ayuda a Grecia que no pasara por los “rescates” del FMI y del Banco Central Europeo (BCE) ya acordados.

En realidad, la organización continental no ha enviado hasta el momento ni un sólo euro en carácter de donación o de “crédito blando” a Atenas, a pesar de la situación terminal de su economía. Siguiendo la decisión de Merkel, lo que las agencias financieras han habilitado son líneas de créditos a intereses altos, “punitorios” para quienes no hicieron las cosas bien, al 5 o al 6 por ciento de interés.

De esta manera, el gobierno griego obtiene liquidez para pagar los vencimientos de su deuda externa sin acudir a más endeudamiento en los mercados, donde sus títulos públicos están depreciados por la posibilidad de impago.

Alemania, además de negarse a comprometer dinero de los impuestos de sus contribuyentes, insiste en que los bancos acreedores deben implicarse en la negociación.

Por ello recibió de buena manera el anuncio realizado por Nicolás Sarkozy, de que los bancos franceses –los más expuestos a la deuda griega, junto a los germanos- estarían de acuerdo en reinvertir el 70 por ciento del dinero que deberían cobrar a Atenas en concepto de intereses entre este año y 2014, comprando nuevos títulos de deuda a 30 años de plazo.

En todo caso, con 800.000 trabajadores desempleados (de una población activa de cinco millones), una deuda superior al 150 por ciento del PBI, y pagando hasta un 25 por ciento por sus títulos públicos, la posibilidad de un default griego es cada vez más cercana.

 

Un Plan B oculto

PARÍS.- Con la exigua mayoría de cinco bancas que dispone Giorgios Papandreu, y la afirmación del líder de la oposición, Antonis Samaras, de que no apyarán el paquete restrictivo del gobierno, el panorama de las votaciones en la Cámara helena es arriesgado.

A pesar de que la UE dejó claro que no hay “Plan B”, sería más una presión para los griegos que una decisión tomada.

El diario francés Le Monde publicó ayer que sí se prepara, aunque en secreto, una salida para el probable caso de que Papandreu no logre hacer aprobar el ajuste.

Aunque no da detalles, se trataría de un recurso al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera –la vía a la que se niega Merkel- para inyectar fondos públicos comunitarios de urgencia.

Por otra parte, comienzan a escucharse a economistas –como el premio Nobel Paul Krugman- que se preguntan si no sería más realista dejar de alargar la agonía de la economía helena, admitir el default, y reestructurar la deuda a partir de allí. Como hizo la Argentina en su momento.

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El Consejo Europeo enfrenta la incertidumbre de la crisis griega (24 06 11)

Evitar el default griego y sostener el euro constituyen la agenda de Europa       

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El Consejo Europeo –la reunión de jefes de Gobierno de los 27 Estados-miembros de la Unión Europea (UE)- culmina sus deliberaciones hoy en Bruselas, sin perspectivas de lograr un consenso sobre cómo enfrentar la cada vez más aguda crisis griega.

La resolución más probable es que extiendan nuevamente los plazos. Los gobiernos de la Eurozona (los países de la UE que comparten la moneda) ya aprobaron esperar hasta el 3 de julio para que el primer ministro Giogios Papandreu encare una nueva serie de medidas de control del gasto público, tras las cuales enviarían una segunda remesa de créditos para evitar que Grecia caiga en default.

Los últimos días han sido virulentos en la situación social y política del país mediterráneo. Una tercera huelga general paralizó completamente los servicios públicos y la actividad comercial, en protesta contra las medidas ya adoptadas por el gobierno del Pasok, que han provocado despidos masivos y recorte de sueldos, jubilaciones y diversas prestaciones sociales.

Papandreu reorganizó su gobierno para calmar un tanto los ánimos, y a pesar de la huelga y las movilizaciones logró superar una moción de censura en el Parlamento, después que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Duráo Barroso, instara a la oposición de derechas a apoyar al premier socialdemócrata y a su plan de ajustes.

Con el voto de confianza del Parlamento, Papandreu accedió a la última remesa de los 110.000 millones de euros acordados por el FMI y el Banco Central Europeo en 2010; y ahora dispone hasta el 3 de julio para profundizar aún más ese draconiano recorte en las cuentas públicas para que la UE esté dispuesta a enviarle un “segundo rescate”, de al menos 12.000 millones de euros.

No será un camino fácil, el líder opositor, Antoni Samarás, declaró ayer a su llegada a Bruselas que no seguirá apoyando las medidas del gobierno. Samarás, cuya agrupación integra la alianza continental de derechas, el Partido Popular Europeo (PPE), sostiene que los ajustes a la economía helena no deberían incluir aumentos de impuestos.

Se observa así la paradoja de que el partido conservador causante de la crisis, Nueva Democracia, se oponga ahora a las medidas neoliberales aplicadas por una administración socialdemócrata.

En Atenas, los dos sindicatos mayoritarios han vuelto a convocar a otra jornada de huelga para el lunes y martes próximos, mientras el Parlamento trate el nuevo plan de ajuste de Papandreu.

En Bruselas, mientras tanto, se discute que si las agencias declaran a Grecia en cesación de pagos, aunque sea parcial, un rápido efecto dominó se extendería por toda la Eurozona, golpeando a los bancos y poniendo en riesgo a otras economías con deudas comprometedoras, como España, Portugal e Irlanda. Y, en última instancia, terminaría golpeando también al euro y a la política monetaria común.

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La OTAN pierde terreno ante la resistencia de Khaddafi (23 06 11)

Europa comienza a perder frente a la resistencia de Khaddafi

Italia propondrá un alto el fuego en el Consejo Europeo que comienza hoy en Bruselas     

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ROMA, TRÍPOLI.- Las diversas estrategias ofensivas ensayadas por la Alianza Atlántica (OTAN) para empujar al abandono del poder del coronel Muhammar el Khaddafi en Libia, se han estrellado contra la tenacidad del régimen, que resiste los ataques occidentales y las avanzadas de los rebeldes atrincherado en la capital.

Ya a mediados de este mes comenzaron a alzarse algunas voces críticas con el rumbo de la guerra en el norte de África, tanto de mandos militares británicos como franceses, aunque fueron acalladas por una fuerte afirmación del secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, en el sentido de que las acciones militares continuarían hasta que el dictador libio dejase el poder.

En ese contexto, la semana pasada la OTAN volvió a intensificar los ataques aéreos contra supuestas instalaciones militares en Trípoli.

El recrudecimiento de la ofensiva permitió un nuevo avance de las fuerzas irregulares de los rebeldes, desde la zona oriental que controlan hacia la capital.

Al mismo tiempo, diversos observadores neutrales –como el nuncio papal en Libia- volvieron a insistir en que los bombardeos aliados causan sangrías entre la población civil. Giovanni Martinelli, embajador del Vaticano, afirmó además que la población en general está hastiada de los ataques aéreos de la Alianza Atlántica.

En el mismo sentido, el canciller italiano Franco Frattini lanzó un llamado al “cese inmediato de hostilidades”, que permita la “apertura de corredores humanitarios” para facilitar la salida de civiles del frente de guerra. El jefe de la diplomacia italiana coincidió con el nuncio Martinelli en que la situación humanitaria, especialmente en Misrata y en los alrededores de Trípoli, es “desesperada y dramática”.

La postura del ministro italiano está relacionada también, además de los aspectos humanitarios, con consideraciones económicas y estratégicas entre los aliados europeos.

La guerra se ha extendido considerablemente más allá, en objetivos y en plazos, de lo previsto hace tres meses, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) autorizó acciones armadas para proteger a la población civil de las acciones represivas del régimen de Khaddafi.

En todo caso, el alto mando de la OTAN, a través de su secretario general Anders Fogh Rasmussen, se distanció de Italia al subrayar que morirían más civiles si se suspendiesen los ataques, “la OTAN continuará su misión”, concluyó.

Por último, China, que había sido muy crítica con la intervención desde el inicio, cambió su postura y expresó ayer su respaldo al Consejo Nacional rebelde, a quien reconoció como interlocutor legítimo.

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Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea (22 06 11)

 Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea

Europa presiona a Grecia con librarla a su suerte si no ajusta las cuentas      

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Apenas diez minutos antes de la medianoche (18:50 hora argentina), el primer ministro griego Giorgios Papandreu logró superar el voto de confianza en el Parlamento de Atenas, para imponer todo un nuevo conjunto de medidas restrictivas del gasto público y de achicamiento del Estado, que era exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para liberar el rescate de fondos que evite el default griego.

En una coyuntura extremadamente frágil, después de haber sufrido la semana pasada la tercera huelga general en lo que va del año, el mandatario socialdemócrata debió someterse en la tarde de ayer a una moción de censura en el recinto legislativo que, si hubiera prosperado, debería haber forzado a un cambio en la Administración.

Tras la huelga general, Papandreu ofreció su renuncia al cargo y la formación de un gobierno de concertación nacional, pero fue rechazado por la oposición conservadora del Nueva Democracia.

Frente a un enorme agujero en el déficit público, con una deuda externa que alcanza los 490 mil millones (un 150 por ciento del PBI), y unos títulos públicos completamente depreciados por el riesgo de default, el gobierno griego necesita con urgencia el salvataje de la Unión Europea.

Pero el liderazgo continental, especialmente motorizado por la canciller alemana Ángela Merkel, se resiste a seguir entregando fondos públicos para cubrir los “deberes mal hechos” de la economía helena. Han exigido al gobierno de Papandreu, por ello, un draconiano ajuste en el gasto, y una completa reestructuración de la administración financiera, con recortes de sueldos, jubilaciones, salud y educación.

Esta vía es la que ha llevado a las tres huelgas generales en el primer semestre de este año, y a la enorme concentración de la víspera frente al Parlamento, en la ateniense plaza Sintagma.

Los movilizados expresaban una “moción de censura popular”, que contrastaba con el apoyo que Papandreu finalmente lograba en el interior del recinto.

El partido del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) del primer ministro cuenta con mayoría en el Poder Legislativo, aunque el rumbo neoliberal que ha asumido el gobierno ha llevado en los últimos días a la desafectación de varios diputados. Pero, para asegurar el apoyo, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Duráo Barroso exigió en la tarde de ayer que todas las fuerzas políticas griegas respaldaran a Papandreu, especialmente la oposición conservadora.

“No hay plan B”, resumió desde Bruselas, “no hay alternativa. Si alguien piensa que sin el programa de UE y el FMI se podrá encontrar otra cosa, es falso.” Para que no queden dudas, el jefe del ejecutivo comunitario sostuvo que una solución basada en el aumento del gasto público, como reclaman los movilizados teniendo como ejemplo los modelos de países emergentes –la Argentina entre ellos-, sería una “receta para el desastre”, concluyó Duráo Barroso.

Papandreu tiene ahora plazo hasta el 3 de julio para hacer las operaciones de cirugía mayor que habilitarán un segundo rescate por parte de la UE.

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Khaddafi, aislado (23 02 11)

Reacción mundial

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Después del discurso del martes, en el que Muammar al Khaddafi llamó a sus partidarios a “resistir hasta el fin”, se declaró dispuesto a “morir como un mártir”, y trascendieran noticias sobre supuestos bombardeos de la aviación militar sobre la población civil, la reacción de la sociedad internacional, hasta entonces tímida, se aceleró.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) censuró la reacción oficial, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, ratificaba la postura de la Administración Obama contra el uso de la violencia en la represión.

El peruano Alan García rompió relaciones diplomáticas; y Merkel y Sarkozy pidieron sanciones económicas urgentes.

La Unión Europea (UE) suspendió los envíos de armas a Libia, pero hasta anoche, reunida en Bruselas, no había decidido imponer otras sanciones restrictivas.

El aislamiento internacional de Muammar el Khaddafi se acentúa al máximo.

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nelson.specchia@gmail.com

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