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Honduras en punto muerto (22 10 09)

HONDURAS EN PUNTO MUERTO

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por Nelson Gustavo Specchia

“Bipolares”, FM Shopping, jueves 22 de octubre de 2009

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Nelson G. Specchia - Zelaya - cartel

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Buen día, Daniel.

Hemos estado las últimas semanas recorriendo, desde esta tribuna de análisis internacional, distintas y distantes latitudes, donde la realidad mundial de repente saca a la superficie una punta de iceberg, una muestra –a veces violenta, a veces sorpresivamente feliz, siempre frágil y fugaz para los titulares de los diarios y de los periódicos del mundo-, una pequeña muestra, digo, de esas inmensas realidades enterradas que son las características culturales y sociales específicas de cada pueblo.

Y en este recorrido semanal de los jueves, no habíamos vuelto a poner los ojos en Honduras, en ese pequeño país hermano de centroamérica, de una importancia relativa tan marginal, tan asilada en el concierto internacional, y que se ha colocado en los últimos tiempos en el centro del candelero.

Recuerdo, hace algunos años, cuando estuve trabajando en Tegucigalpa, en Honduras, para unas misiones de consultoría del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el PNUD, y en aquellos días uno de nuestros temas recurrentes, sobre los que volvíamos una y otra vez con los colegas, discurrían sobre las estrategias para colocar a Honduras, de alguna manera, en la atención de las agencias internacionales. Quién me iba a decir que algunos años más tarde los hondureños encontrarían la manera, lamentablemente tan costosa, de estar en el centro de las noticias.

Y ¿cómo analizar este momento, este impasse hondureño que, como coinciden tantos analistas, tendrá efectos que no se limitarán a quedar encerrados dentro de las fronteras del pequeño país centroamericano, sino que de una manera o de otra impactarán en la marcha democrática del resto de la región?

Ayer, 21 de octubre, se cumplió un mes de la sorpresiva vuelta de “Mel” Zelaya y de su atrincheramiento en la embajada brasileña en Tegucigalpa. Dentro de un mes más, por su parte, están previstas las elecciones que supuestamente vendrían a destrabar el conflicto político, pero que toda la comunidad internacional ya ha advertido que no reconocerá si no está el presidente democrático sentado en su sitial al momento de realizarse el acto electoral.

El gobierno de facto de Roberto Micheletti, sacudido del statu quo en que había decidido esperar las elecciones, ha perdido la iniciativa política. A pesar de ello y de estar cada día más aislado internacionalmente, ha aceptado las formas del diálogo con los representantes de Zelaya. Pero sólo las formas, porque en las maratónicas reuniones entre ambas partes, que comenzaron el 7 de octubre, el gobierno de facto no se ha movido un ápice. Micheletti juega al gato y al ratón, mientras gana tiempo: aceptó derogar el estado de sitio que decretó cuando Zelaya volvió y lo tomó por sorpresa, pero aún no lo ha hecho; afirmó que castigaría al responsable militar de haber sacado al presidente constitucional en pijama y a punta de fusiles, pero el general Romeo Vásquez sigue siendo el comandante del Ejército; afirma que sus negociadores tienen plenos poderes para pactar con los de Zelaya, pero los desautoriza al final de cada reunión. Micheletti parece decidido a resistir, en soledad, hasta el 29 de noviembre y la instalación de un nuevo gobierno.

En este juego donde se muestran unas cartas pero las intenciones y los objetivos reales permanecen bien cubiertos y alejados de la mesa de negociaciones, hay que analizar dos elementos de fondo: la posibilidad cierta de una guerra civil, y la legalidad incierta de unas elecciones presidenciales.

En el primer caso, es evidente que un fracaso rotundo de la mesa de diálogo entre ambas partes podría conducir, sin demasiadas dilaciones, a que el conflicto político se asuma como un enfrentamiento civil violento, en las calles, con consecuencias desgarradoras. Y hay que evitar un derramamiento de sangre. Así como el liderazgo latinoamericano está poniendo su empeño en proteger la legitimidad del presidente Zelaya y su reinstalación en el poder, debe hacerse hincapié en evitar la posibilidad de revertir el golpe de Estado mediante la movilización violenta de los partidarios del presidente depuesto. En un movimiento en ese sentido, y dada la práctica ocupación militar del país, las mayores bajas estarán del lado del pueblo desarmado.

Por eso declaraciones como las de Daniel Ortega y Hugo Chávez, reunidos en la cumbre del ALBA en Cochabamba el 17 de octubre pasado, no aportan ninguna tranquilidad. Ortega anunció que la resistencia hondureña está buscando armas y campos de entrenamiento en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Y Chávez apoyó esta tesis: “que nadie se sorprenda –dijo- si surge un movimiento armado en Honduras.” Estas posturas deben ser descalificadas, por insensatas y alarmistas.

En segundo término, creo que hay que considerar más a fondo el tema de la legalidad política de las elecciones del mes que viene. La comunidad internacional se niega a reconocer de plano el resultado de estas elecciones, si el presidente Zelaya no ha sido repuesto en su cargo con anterioridad. Esta es la postura más lógica desde la legitimidad constitucional y democrática, pero puede que sea también el punto de negociación, si –abandonando las posturas maximalistas- todos estuvieran dispuestos a ceder algo.

En estos días, el ex canciller mexicano Jorge Castañeda recordaba que en los últimos tiempos todos los conflictos políticos que han encontrado una vía de salida democrática lo han hecho desde procesos electorales organizados por un gobierno de facto. Por definición, dice Castañeda, el proceso fundacional de un régimen democrático que sustituye a uno autoritario proviene de elecciones organizadas por una dictadura o su equivalente, con mayores o menores niveles de negociación, supervisión internacional o unilateralidad del régimen saliente. Y cita a la España posfranquista de 1977, la Argentina de 1983, el Chile de 1988, o la larga lista de países ex comunistas de Europa del Este, donde las elecciones que llevarían a las transiciones democráticas se organizaron gobernando los regímenes autoritarios salientes. Y este podría ser ahora el caso de Honduras.

Sería deseable, creo, que la comunidad internacional, y muy especialmente los líderes latinoamericanos, se avinieran a negociar un llamado a elecciones organizadas por el gobierno de facto pero fiscalizadas por veedores de la ONU, luego de las cuales el presidente Manuel Zelaya debería recuperar el ejercicio del Poder Ejecutivo, y traspasar el poder a un gobierno de transición, con legitimidad de origen, que ponga paños fríos y reconduzca el proceso político. De lo contrario, la guerra civil será algo más que una hipótesis de trabajo.

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nelson.specchia@gmail.com

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Vuelta de página en El Salvador (19 03 09)

VUELTA DE PÁGINA EN EL SALVADOR

Por Nelson Gustavo Specchia

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Mauricio Funes ha triunfado en las elecciones presidenciales de El Salvador, ya es el presidente electo, y ya está en la historia.

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Realmente, junto a la remanida crisis de las bolsas que suben y que bajan, y a las que hay que cuidar -y hasta estimular- como si fueran unas ancianas señoritas llenas de caprichos, este tiempo político también nos ha deparado más de una novedad, de esas profundas, que marcan las estructuras de pensamiento y el devenir de los pueblos. Novedades que provienen, especialmente, de las conductas electorales, de cierta manera nueva y sorpresiva de expresar las opiniones populares en las urnas, como si fuera cada día más difícil prever el movimiento político de las mayorías, de la conformación de alianzas inéditas, de la reconversión de fuerzas en nuevas y ágiles combinaciones, que poco tienen que ver con las recetas políticas más tradicionales.

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Además del central y paradigmático “fenómeno Obama”, comentábamos también las recientes elecciones autonómicas en Galicia, por ejemplo, adonde volvieron los conservadores del Partido Popular, cuando ya nadie los esperaba; o las del País Vasco, donde las fuerzas nacionalistas –las de derecha y las de izquierda sumadas- perdieron la mayoría en la cámara, por primera vez en los treinta años que lleva la democracia española, y un socialista, Paxi López, muy seguramente logrará hacerse con el gobierno regional.

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Una de estas marcas novedosas en el juego político, novedosa y al mismo tiempo profunda, estructural, es la que el domingo anotó Mauricio Funes, al hacerse con la ajustadísima mayoría de apenas dos puntos (lo votó el 51 por ciento, y el 49 por ciento votó por la continuidad de la derecha). Una mayoría exigua, pero que le permitirá acceder legítimamente al gobierno de El Salvador, una de las tierras más fieramente castigadas y asoladas por la violencia política en toda la América latina. Que le permitirá acceder, decimos; otra cosa será que le permita gobernar, eso está aún por verse.

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Funes viene de la guerrilla, participó en su tiempo de la estrategia armada del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); y ahora, llega al poder desde una tribuna democrática, en unos comicios transparentes y –dentro de lo que cabe, para una realidad como la salvadoreña- ejemplarmente superadores de los violentos enfrentamientos que hasta ayer nomás han teñido de sangre la confrontación política. Un amigo nuestro, el jesuita Chema Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana, da cuenta desde la imparcialidad de la observación académica, de esa transparencia y limpieza en el recuperado juego democrático.

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También demostraron estar a tono con estos tiempos, al menos de momento, los derrotados de la derechista coalición Arena, que ha ocupado el poder en El Salvador en las últimas dos décadas, y el propio presidente en ejercicio, Elías Antonio Saca, que reconoció inmediatamente la victoria del ex guerrillero Funes. Gestos como estos han estado ausentes en las tres elecciones presidenciales celebradas desde la firma de los acuerdos de paz de 1992, que pusieron fin a la guerra civil que venía desangrando a El Salvador desde 1980.

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¿Qué dice Funes? Ha ganado las elecciones repitiendo un discurso simple: “A la vuelta de 20 años, tenemos uno de los países más atrasados de América latina, una de las economías con mayor debilidad estructural para enfrentar la crisis, una de las sociedades más pobres y, sobre todo, con los mayores niveles de exclusión y marginalidad social, agobiada por la delincuencia, secuestrada por la delincuencia. Somos el país con la tasa de homicidios más alta del continente. Ése es el desafío que tengo por delante. El cambio que hoy estamos iniciando cierra un ciclo histórico y abre la oportunidad para iniciar un Gobierno auténticamente democrático, que construya una sociedad justa y democrática.”

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Esas son sus palabras y su expresión de intenciones. Pero, más allá de su discurso y de esa paz que es necesariamente precaria, ya que El Salvador sigue siendo un país peligroso y violento, con la tasa de homicidios más alta de toda América, sumamente desigual, y con más de la mitad de su población bajo la línea de pobreza, hay otro elemento a considerar. Y es quién ha ganado, detrás de la figura de Mauricio Funes.

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Los observadores internacionales marcan una diferencia sutil, pero muy importante: el Farabundo está integrado por un sector socialdemócrata, que intenta incorporarse efectivamente al juego electoral y republicano, que pretende tender puentes hacia América latina y hacia el resto del mundo, con la figura del brasileño Lula da Silva como referente político regional. Pero también dentro del mismo frente Farabundo está la vieja guardia de la guerrilla, los halcones, el grupo más duro. Y desde este sector podría venir la iniciativa de estrechar los lazos con la Venezuela del comandante Chávez, y –quizá- también con otro proyecto de izquierda para América latina.

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Como vemos, en el tablero regional las piezas vuelven a acomodarse en un orden no del todo desconocido, en una relación de fuerzas –y de referentes- que parecen seguir un guión, una melodía, ya escuchada.

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En este sentido, los primeros pasos de Mauricio Funes, del ex guerrillero hoy presidente democráticamente electo en El Salvador, serán sumamente interesantes de seguir, y desde muy cerca.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.
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Publicado en HOY DIA CORDOBA, jueves 19 de marzo de 2009.

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Enseña, Sobrino. Enseña

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Enseña, Sobrino. Enseña.

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Conocí a Jon Sobrino en Barcelona. Él venía de Alemania, de paso a El Salvador. Yo participaba habitualmente de las actividades del centro “Cristianisme i Justícia”, un grupo plural de hombres y mujeres motivados a vivir su espiritualidad en diálogo con el mundo y la cultura. El impulso y la inspiración del centro se debe a los jesuitas catalanes, con quienes se alojaba Sobrino en la escala de su viaje. Le pedimos que nos dedicara algunos momentos. Organizamos una reunión para la tarde, donde escucharíamos a Sobrino su testimonio, los trabajos en San Salvador dirigiendo el centro “Monseñor Romero” en la Universidad Centro Americana, la vida de la pastoral universitaria posterior al martirio de sus compañeros jesuitas. Su predisposición fue inmediata. No hicimos apenas difusión, pero a la tarde casi quinientas personas rebalsaban la capilla de la calle Roger de Llúria. La mayoría, jóvenes deseosos de escuchar a ese teólogo español que a los 19 años –recién ingresado a la Compañía de Jesús- se mudó a San Salvador, y desde allí ha vivido intensamente su compromiso evangélico, y ha generado una construcción intelectual que es uno de los aportes más sólidos y profundos de la Iglesia latinoamericana al cristianismo contemporáneo.

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Tiempo después de aquella deliciosa tarde en España, volví a encontrarlo aquí, en nuestra ciudad. Y fue especialmente grato ver que era mi casa, la Universidad Católica de Córdoba, la que le prestaba la cátedra y lo invitaba a enseñar. También aquí, como en Barcelona, las palabras llanas y simples de Jon Sobrino, su testimonio de pastor comprometido con los destinos del pueblo, y sus reflexiones sobre el horizonte y la misión de la Iglesia, convocaron a una pequeña multitud en la sede académica de la calle Obispo Trejo.

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“No voy a decir nada nuevo, que otros –y yo mismo- no hayan dicho antes. Voy a hablar en términos sencillos, aunque a la base estén reflexiones más técnicas que, con muchos otros, me ha tocado hacer a lo largo de los años. Y me baso, también y sobre todo, en la realidad que me ha tocado vivir en estos treinta años. El Salvador, con su pobreza y opresión, con su generosidad y esperanza –simbolizado todo ello en una inmensa realidad martirial- da que pensar, y allí me ha tocado rumiar muchas de las cosas que les voy a decir…” Lo escuchamos hablar de un Cristo cercano a las realidades sociales más duras y difíciles, históricamente situado junto a los pobres y a los oprimidos; nos contó de su concepción de la misericordia como elemento integrador de su pensamiento; nos explicó cómo la teología no puede ser una especulación fria, no puede limitarse a una gimnasia intelectual distante de la vida humana, sino que ha de ser un intento de comprensión del dolor, de la miseria, de la pobreza, de la violencia, de la injusticia, de la opresión, la humillación, la tortura y la muerte de los hombres y las mujeres concretas. Y de las mujeres y hombres de esta tierra y de este tiempo concreto.

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Las enseñanzas de Sobrino permiten comprender cómo ejercitando ese pensamiento desde el amor y la misericordia, consecuentemente, la acción se orientará a ser parcial hacia el más débil: el pobre, el oprimido. Y siguiendo de cerca a Jesus y a sus actitudes con los hombres y mujeres concretas de su tiempo, orientar con el pensamiento la acción liberadora.

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Así enseña el teólogo, que es pastor y es maestro. Ésto le escuchamos en la UCC, en su visita de hace un par de años. Y ésto es lo que el Vaticano le ha ordenado dejar de enseñar. La máxima instancia de control de la ortodoxia católica, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la firma del papa Benedicto XVI, ha condenado a Jon Sobrino al silencio: desde ahora no debería poder enseñar, y la autorización para la publicación de sus libros le será retirada.

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Sería muy dificil entender esta condena del gobierno de la Iglesia, especialmente teniendo en cuenta la trayectoria personal y la importancia intelectual de Jon Sobrino, si no se la lee en su dimensión política, como relación de poder entre las líneas ideológicas del catolicismo, y si no se la ubica como símbolo y advertencia para todo un sector de pensamiento y acción dentro de la propia Iglesia.

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La disposición al martirio

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En los largos años de guerra civil en El Salvador, los “escuadrones de la muerte” de la extrema derecha humillaron, violaron, torturaron y asesinaron unas cien mil personas. En esa experiencia opresiva y deshumanizadora, un sector clave de la Iglesia salvadoreña asumió fuertemente la opción por los pobres, que había tenido su génesis en las deliberaciones conciliares, y se había desarrollado en nuestras latitudes en las reuniones de los obispos latinoamericanos de Medellín (1968), y de Puebla (1979). El arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, asumió personalmente la denuncia de los violentos y de la injusticia que desgarraba a la sociedad, especialmente a los más débiles. Junto al obispo, colaborando estrechamente con él, se encontraba Jon Sobrino y sus compañeros jesuitas. Esa cercanía a los que sufren y la denuncia de quienes provocan el sufrimiento conlleva, en contextos de violencia estructural, la disposición al martirio. Monseñor Romero es asesinado en 1980.

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Lejos de abandonar la lucha de liberación y el acompañamiento pastoral de los más pobres, el grupo que había acompañado al obispo asesinado sigue adelante. El 16 de noviembre de 1989 un “escuadrón de la muerte” ingresa en la noche a la Universidad Centro Americana y mata al rector, Ignacio Ellacuría, a cinco profesores jesuitas, a la señora de la limpieza y a su hija. Jon Sobrino estaba enseñando, como siempre, pero en esta oportunidad fuera del pais, y esa casualidad le evita el martirio. Pero vuelve inmediatamente a San Salvador, a la Universidad, y a seguir enseñando. Y ha seguido enseñando, hasta hoy. Esa fidelidad a la palabra, al compromiso, y a la misión, es la que la burocracia vaticana premia ahora con la condena y la orden de silencio.

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