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¡Addio, pagliaccio! (15 11 11)

¡Addio, pagliaccio!

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por Pedro I. de Quesada

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Silvio Berlusconi, finalmente, ha caído. Después de haber marcado el inicio del siglo XXI para la península italiana con un estilo pomposo, corrupto y de falso Duce de opereta, el primer ministro se quedó sin más ases en la manga.

Sortear adversidades se había convertido en él, en algo parecido a un arte de la impostura, con el cual consiguió mantenerse a flote por diecisiete años. Y de todo el arsenal de medidas, leyes ad hoc, intercambio de prebendas, artilugios legislativos, concesiones a los grupos xenófobos y puestas en escena de estas casi dos décadas en que retuvo los resortes del poder, la deuda más profunda que deja el berlusconismo es la degradación de la política.

El mismo Berlusconi, a quién tanto le gusta ese apodo –también operístico- de “Il Cavaliere”-, instaló la idea, sin ningún disimulo y con todas las letras, de que la política era “poca cosa”, era “salir al campo”; lo real eran los negocios, y la primera magistratura sólo era un instrumento para que esos negocios salgan bien, buenos y veloces.

Coincido con el semiólogo Umberto Eco: Italia tardará largos años en sacudirse del todo las rémoras del berlusconismo, fuertemente instaladas en el trapicheo de cargos por votos, de subsidios por apoyos, de prebendas por silencios o por fallos judiciales favorables.

Y estoy convencido de que esa limpieza pasa precisamente por la recuperación de lo que Berlusconi fue dejando despreciativamente en los márgenes del poder: pasa por la recuperación de la política, como construcción común del bienestar ciudadano. Algo de lo que Italia y el pueblo italiano no solamente tienen experiencia, sino que, además, durante períodos enteros sentaron escuela.

Y frente a esa certeza, la de la necesaria recuperación de la política tras el vacío berlusconiano, se bifurcan dos senderos: Que el presidente Giorgio Napolitano haya saltado a la palestra y se haya hecho cargo de defender la integridad de las instituciones, frente al postrimer intento de Berlusconi de postergar su renuncia hasta febrero o más allá, es una buena señal. Parece poner en evidencia que el vendaval de superficialidad de todos estos años no ha carcomido el fondo de seguridades y garantías del sistema republicano.

Pero el otro sendero es menos halagüeño: Atención, no fueron los excesos los que tiraron a Berlusconi, ni esconderse en la inmunidad parlamentaria para evitar juicios, ni sus orgías sexuales con menores, ni sus abusos de autoridad para beneficiar a prostitutas, ni nada en la larga y vergonzante lista de corruptelas. No, lo que tumbó al más grande de los Pagliacci de Leoncavallo fue su incapacidad para garantizar al neoliberalismo de Europa el ajuste que exige de la tercera economía continental, para seguir profundizando el salvataje del euro por la vía de las restricciones del gasto público.

No deja de alegrarme, claro. Pero, digo, no hay que perder de vista el fondo del asunto, bastante menos alegre.

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[ HOY DIA, pág. 2, martes 15 de noviembre de 2011 ]

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Yo no fui. Fue Rebekah…! (20 07 11)

Murdoch declaró en el Parlamento pero el escándalo no termina

Intentarán que la periodista Rebekah Brooks se responsabilice de todo    

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LONDRES.- El magnate Rupert Murdoch asistió finalmente ayer a declarar al Parlamento británico por la serie de ilícitos adjudicados a los periódicos sensacionalistas que integran su grupo empresario, y aunque eludió asumir cualquier tipo de responsabilidades, el escándalo de espionaje y corrupción que ha salpicado a las fuerzas policiales y al gobierno está lejos de agotarse.

En una estrategia armada para evitar que el caso judicial alcance a los demás medios del conglomerado News Corporation en Gran Bretaña, la que fue hasta hace unos días la mano derecha del empresario y ex directora del dominical News of the World, Rebekah Brooks, declaró a continuación de Murdoch y admitió haber utilizado detectives privados para conseguir primicias.

Brooks fue arrestada por el caso, y se encuentra en libertad bajo fianza. La defensa del millonario intenta concentrar las culpas en la periodista y así encapsular el caso. Rupert Murdoch, tras sostener que fue “engañado”, aseguró que la responsabilidad es de “las personas en las que confié y en las personas en que ellos confiaron”. Así, él y a su hijo James quedarían fuera del alcance de las acusaciones por ilícitos.

Ante la comisión parlamentaria lamentaron “profundamente” lo ocurrido, y aseguraron “estar avergonzados” de que algunos gerentes periodísticos de sus medios hayan echado mano de métodos ilegales para vulnerar la vida privada y sobornado a funcionarios públicos.

En esa misma línea, el millonario australiano (que en fechas recientes tomó la ciudadanía estadounidense, por lo que no estaba obligado a concurrir a la citación de los parlamentarios) publicó una solicitada de disculpas a los ingleses a página entera en todos sus diarios, y concurrió a pedirle perdón a la familia de una adolescente asesinada, cuyo teléfono celular fue intervenido ilegalmente por los tabloides sensacionalistas para intentar obtener alguna primicia, vaciando la casilla de mensajes, lo que generó la falsa esperanza en sus padres de que la menor pudiera seguir con vida.

El escándalo sigue firme en el centro de atención político y económico en Gran Bretaña, aunque el poder de la comisión parlamentaria sea limitado y sólo pueda hacer recomendaciones sin fuerza legal.

Las acciones de las empresas de Murdoch se desploman a diario, y todavía se desconoce la profundidad de las consecuencias políticas que puede arrastrar.

Rupert, el amigo de Cameron

Las claras preferencias conservadoras de Rupert Murdoch le están jugando una mala pasada a los sectores de derecha, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, e inclusive en el resto de Europa.

En América, la cadena Fox, propiedad de News Corp. es una de las naves insignias de los políticos republicanos. También en Inglaterra la derecha suele hacer gala de ser la reserva moral del país. Que el escándalo de sus medios afines pase precisamente por violaciones a la vida privada, corrupción de policías y sobornos a funcionarios es duro de tragar.

Sir Paul Stephenson, el renunciado jefe de Scotland Yard también testificó ante el Parlamento, e intentó despegar al premier conservador David Cameron, cada vez más criticado por la deriva del caso.

El líder laborista, Ed Miliband, no deja de enrostrarle haber contratado como asesor a Andy Coulson, un periodista que fue director del dominical News of the World, y uno de los impulsores de las escuchas ilegales.

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Murdoch sigue en picada: arrestan a Rebekah Brooks (18 07 11)

Cae la prensa amarilla

Renuncia el jefe de la policía británica por los sobornos de los diarios sensacionalistas. Rupert Murdoch pide públicamente perdón, pero su imperio mediático se tambalea. Lo investigan también en Estados Unidos.    

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La señora de los titulares: En el casamiento de Rebekah Brooks estuvo toda la clase política británica, incluyendo a David Cameron y a Gordon Brown

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La crisis desatada por la corrupción a funcionarios por los medios amarillistas de Rupert Murdoch crece en Gran Bretaña, implicando cada vez más a policías y a miembros del gobierno.

En la tarde de ayer, sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard, la policía metropolitana de Londres, una fuerza que goza de una tradición de corrección y legalidad, renunció al estar relacionado con las escuchas ilegales para el periódico dominical News of the World.

Desde hace varios años que los medios del grupo de Murdoch son señalados por la prensa seria, especialmente por el diario de centroizquierda The Guardian, de falsear fuentes y violar la ley para conseguir noticias exclusivas de alto impacto.

Muchas de esas denuncias fueron realizadas ante la policía, pero, de manera sospechosa, las denuncias fueron descartadas y no prosperaron.

Ahora, además de esa falta de celo policial, se supo que el comisario Stephenson, que hace unos días admitió que algunos oficiales habían recibido “pagos inapropiados” por parte de los medios de Murdoch, mantuvo, durante el período de las escuchas ilegales, como consultor de Scotland Yard a Neil Wallis, ex subdirector del periódico sensacionalista.

Wallis acaba de ser detenido, en una seguidilla de arrestos que están haciendo tambalear todo el imperio mediático reunido en News Corporation.

Entre los diez arrestos importantes con que la operación –denominada “Weeting”- está alterando la política británica, ayer también fue detenida Rebekah Brooks, delegada del grupo en Inglaterra y mano derecha de Murdoch.

De hecho, cuando la semana pasada el magnate aterrizó en Londres, afirmó que no llegaba para salvar la compra del canal BSB (a la que finalmente tuvo que renunciar) sino para “respaldarla a ella”. Sin embargo, también tuvo que soltarle la mano, porque a estas alturas el propio Murdoch comienza a estar en peligro.

En Estados Unidos, el FBI anunció la apertura de una investigación en el mismo sentido que los ingleses: sospechan que los medios del magnate espiaron nada menos que a las víctimas de los atentados de 11 de Septiembre de 2001.

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Cameron y “el amigo” Murdoch (15 07 11)

Los métodos ilegales de Murdoch salpican al gobierno de Cameron

El magnate de los medios de comunicación comparecerá ante el Parlamento británico   

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LONDRES.- El multimillonario australiano-estadounidense Rupert Murdoch, en tanto cabeza ejecutiva del grupo de industrias News Corp., junto a su hijo James, han aceptado finalmente testificar ante la comisión parlamentaria inglesa que investiga el escándalo sobre los métodos ilegales que durante años practicaron sus medios.

Murdoch, cuyos lazos con el poder son sólidos y de vieja data, tenía avanzadas las gestiones para hacerse con la totalidad de acciones del canal BSB, una de las señales televisiva con mayor cobertura, y un negocio millonario que había logrado el visto bueno del Ejecutivo conservador de David Cameron.

Muchos han recordado, en estos días, que el propio Cameron recibió el respaldo de los medios de Murdoch en su campaña hacia Downing Street.

Sin embargo, al destaparse el escándalo sobre escuchas, pinchaduras de teléfonos, hackeo de mails y sobornos a policías para obtener datos privados –principalmente de famosos y políticos, pero también de altos funcionarios y hasta de la realeza- obligó a dar marcha atrás con la adquisición del canal, y a cerrar el periódico dominical News of the World, el tabloide sensacionalista que estaba en el centro de las acusaciones de obtención irregular de noticias.

Pero fueron las declaraciones del ex primer ministro laborista, Gordon Brown, las que complicaron aún más la situación. Brown aseguró haber sido “espiado” en sus comunicaciones privadas y sus finanzas mientras ejercía la titularidad del gobierno británico, y que se habían utilizado elementos “criminales” para ventilar la enfermedad de su hijo pequeño, que padece fibrosis quística, como una noticia exclusiva del diario The Sun, también propiedad del grupo.

El gobierno de Cameron rectificó la habilitación para la operación mediática, y se sumó a los otros partidos para pedir la comparecencia del empresario en la sede parlamentaria.

Los Murdoch se negaron en un primer momento, amparándose en su recientemente adquirida nacionalidad estadounidense.

Por la renuencia, los legisladores pidieron un interrogatorio formal, y ante la posibilidad de que el escándalo derive en una causa judicial con requisitoria policial, tanto Rupert Murdoch, de 80 años, como su hijo admitieron ayer que el martes próximo acudirán a testificar a la comisión investigadora.

Aún así, es poco probable que el cambio de estrategia del magnate vaya a frenar el escándalo, que aporta nuevos elementos –y todos complicados- a cada día.

La policía ya va deteniendo a nueve sospechosos por varios ilícitos relacionados al espionaje para los medios. Además, Andy Coulson, uno de los detenidos, fue jefe de prensa del premier David Cameron, con lo cual las implicancias políticas del escándalo siguen abiertas.

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Dilma, un paso más lejos de Lula (10 06 11)

Dilma, un paso más lejos de Lula

Por Nelson Gustavo Specchia

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Las implicancias de la expulsión del jefe de Gabinete del gobierno brasilero, Antonio Palocci, a mediados de esta semana, son múltiples y se irán haciendo evidentes en el mediano plazo. Porque la salida del defenestrado ministro de la principal cartera del Ejecutivo de Dilma Rousseff, implica un golpe a la recién instalada administración de la primera presidenta mujer del Brasil, pero también es un síntoma de que la mandataria ha decidido privilegiar su propio plan, aunque este rumbo la aleje algunos pasos del camino trazado por su antecesor, Luíz Inácio da Silva, Lula.

La imagen de Dilma como la continuidad “pura” de Lula, o como un interregno temporal de preparación para la vuelta del carismático líder metalúrgico a la primera magistratura, queda cuestionada –aunque de momento sólo sea en matices- por la decisión de Dilma de apartar a Palocci, acusado de tráfico de influencias y de enriquecimiento ilícito. Era Palocci, precisamente, la figura impuesta por Lula a su sucesora, y la principal garantía de una continuidad sin fisuras.

La señora Rousseff se vio arrinconada esta semana por diversas líneas críticas, provenientes de distintos ángulos, pero todas con una terminación nerviosa en el Palacio del Planalto de Brasilia. En toda América latina se habla ya del “modelo Lula”, para referirse a esa estrategia política que conjuga estabilidad, crecimiento, democracia e inclusión social. Fue la buena sintonía entre Lula y Néstor Kirchner la que posibilitó establecer estos parámetros comunes entre los dos socios mayoritarios del Mercosur, y desde allí se ha irradiado hacia diversas latitudes, proponiéndose como una manera alternativa al crecimiento capitalista ortodoxo, así como a las tentaciones de transformación radical de las estructuras de desarrollo económico.

Como acaba de verse en el final de la campaña por el ballotage en las presidenciales peruanas, el “modelo Lula” también opera como un colchón amortiguador de las posturas más beligerantes de la izquierda nacionalista, tan resistidas por una parte cuantitativamente importante de las burguesías locales. Poner a Lula como inspirador, y a su política como ejemplo a seguir, le valió a Ollanta Humala acceder a una porción del electorado –principalmente de los colectivos urbanos de Lima y Callao-, que finalmente terminaron haciendo la diferencia con que derrotó a la candidata populista de derecha, Keiko Fujimori, y a su discurso neoliberal. Para ratificar sus dichos con actos, Humala no ha esperado apenas unas horas tras la victoria del domingo pasado, y ayer viajaba a Brasilia y era recibido por Dilma en el Planalto, su primer destino como presidente electo del Perú.

Además, en otras realidades latinoamericanas también embarcadas en un movimiento de cambio social progresista, el camino trazado por Lula se presenta como una alternativa real al impulso personalista del modelo planteado por el venezolano Hugo Chávez.

Pero para mantener esa estrategia que tanto atrae a la región, la Administración Rousseff debe demostrar que puede sostener el ritmo de la que es ya la séptima economía del globo. Su meta anunciada es lograr una tasa de crecimiento del producto del orden del 5,5 por ciento para este año, y una no inferior al 4,3 por ciento para el año que viene. Debe además controlar la inflación (actualmente en el 6,5 por ciento, dos puntos por arriba de lo previsto). Y, aún más difícil, utilizar más eficientemente el gasto público (y achicarlo), en un país que a pesar de la espectacularidad de su crecimiento, no ha logrado saldar la deuda de la equidad: son muchos millones de personas las que siguen viviendo por debajo de la línea de extrema pobreza; la sanidad pública tiene huecos de prestaciones que son insalvables; las políticas de calidad del sector educativo –especialmente en los niveles iniciales y medios- siguen sin dar resultados; y la carencia de infraestructuras a todo nivel puede convertirse a corto plazo en un obstáculo serio para la consecución de los planes de desarrollo.

Dilma es consciente de que la continuidad del “modelo Lula” pasa por atender a esta agenda de pendientes. Era de dominio público, hasta esta semana, que aquella continuidad también dependía de algunos personajes vinculados directamente a la persona del ex presidente. Como el jefe de Gabinete, Antonio Palocci.

Lula dejó instalados algunas figuras que garantizaran la permanencia de su imagen como defensor de los sectores más pobres, mientras se convertía, al mismo tiempo, en el gestor del desarrollo brasilero. La presencia de Palocci en la primera cartera ministerial del Ejecutivo era uno de esos enclaves de garantía. Pero Dilma, al parecer, tiene otra opinión, y ha decidido que puede sostener la línea política, en sus grandes trazos, sin necesidad de estar atada a todos los amigos que su mentor repartió por el nuevo gobierno antes de soltar las riendas. Siempre se dijo que la ex guerrillera era una mujer de carácter, esta semana vino a demostrarlo.

SOLTAR LASTRE

Porque la remoción de Palocci no era la única alternativa. En definitiva, a pesar de la contundencia de las denuncias, no hubo una acusación oficial, y la Fiscalía General de la República declaró que no había indicios suficientes para abrir una causa contra el ministro. Dilma podría haber cedido a las presiones del entorno más cercano a Lula, y mantener al cuestionado médico paulista al frente del Gabinete. Pero prefirió quitarlo del medio, soltar lastre, aunque eso la alejase unos pasos del ex mandatario, su padrino y mentor.

Y había también, en todo caso, motivos muy fuertes para mantenerlo en el cargo de Ministro de la Casa Civil (a todos los efectos el jefe de Gabinete de la presidencia de la República). Antonio Palocci es reconocido como uno de los cerebros del “modelo Lula”, y el gerente que ha logrado colocar a Brasil entre las primeras economías del mundo, con un crecimiento que tocó el 7,5 por ciento del Producto Bruto Interno, y un índice de desocupación controlado en el 7 por ciento.

Pero al exitoso gestor y al interlocutor privilegiado de los embajadores y los grandes empresarios, lo perdió el afán de riqueza. Ya sus manejos turbios de las cuentas personales lo habían obligado a dejar el ministerio de Hacienda, en 2006. Y a mediados del mes pasado, el diario O Globo lanzó la primicia del mágico salto en los ingresos del jefe de la Casa Civil. El matutino aportó pruebas de la velocidad en que Palocci ha amasado una fortuna millonaria, pasando de una declaración de rentas de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010. Ese año, cuando Lula lo colocó como jefe de campaña de Dilma para las presidenciales, el médico –convertido entonces en carísimo consultor de empresas- facturó la escandalosa suma de 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones. Aunque la Fiscalía no tenga todavía pruebas documentales de un desfalco a las cuentas oficiales, la opinión pública ha concluido en que semejante aumento patrimonial es inexplicable si no se perciben giros voluminosos de grandes empresas, precisamente aquellas que esperan obtener contratos con el Estado durante la nueva administración gubernamental. Eso se llama tráfico de influencias, y constituye delito.

Palocci, al no poder justificar semejantes ingresos, miró hacia el Congreso, y pidió a sus correligionarios del Partido de los Trabajadores que le dieran un voto de confianza que le permitiese mantenerse al frente de la Casa Civil. Y los diputados del PT, en lugar de mirar hacia Lula, miraron hacia Dilma. Y dijeron que no. Y Palocci presentó su renuncia.

Recién van seis meses de su presidencia, pero Dilma Rousseff sabe que con estas movidas se juega no sólo la partida de este mandato (de un mandato suyo, autónomo, sin la tutela de Lula), sino también su posible reelección.

El año 2014 está a la vuelta de la esquina, y Lula ya hizo saber que él tiene apuntada esa cita.

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Dilma trae a una mujer a la jefatura de gabinete (08 06 11)

Dilma hace frente al primer escándalo de su Administración

Desplazado el jefe de Gabinete brasileño acusado de enriquecimiento ilícito  

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Los denuncias de actuación irregular en miembros del círculo más cercano del Poder Ejecutivo, que ya afectaron la presidencia de Luíz Inácio Lula da Silva, siguen impactando en la gestión de su sucesora, Dilma Rousseff.

La presidenta de Brasil se ha visto obligada a desplazar a uno de sus colaboradores más cercanos, el jefe de Gabinete Antonio Palocci, cercado por las denuncias sobre enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias.

El oficialismo del Partido de los Trabajadores (PT) ha intentado minimizar el golpe, para que no afecte directamente a la persona de la presidenta, que transita recién los primeros estadios de su gestión, y han impulsado otra figura femenina para reemplazar al defenestrado ministro, la senadora Gleise Hoffman.

La crisis, el primer cuestionamiento institucional interno que ha tenido que hacer frente Dilma desde su llegada al gobierno el pasado 1 de enero, salió a la luz a mediados del mes pasado, cuando trascendieron las cuentas personales del ahora ex Jefe de Gabinete. Antonio Palocci, un médico que saltó a la política nacional desde una intendencia del interior de San Pablo, se ubicó en las primeras esferas de Brasilia junto a Lula. Pero un escándalo de similares características a este lo obligó a alejarse del gobierno ya en 2006, también acusado de tráfico de influencias.

En el recambio de administraciones, volvió a ubicarse en el centro de la escena, y obtuvo de Dilma la primera cartera del Ejecutivo. Sin embargo, el descubrimiento de la velocidad en que ha amasado una fortuna millonaria lo han dejado sin margen para seguir en la esfera pública.

Según los datos impositivos, Palocci habría pasado de unos 220 mil dólares en 2006, a más de 5,5 millones en 2010.

El año pasado, cuando era jefe de campaña de Dilma, facturó como consultor de empresas 13 millones de dólares, y compró inmuebles por otros seis millones.

Dado el lugar que Palocci ocupaba en los altos cuadros del Partido de los Trabajadores, y los roles críticos que desempeñó en la transición del gobierno de Lula, no es difícil concluir que tan súbito crecimiento patrimonial está asociado a un amplio tráfico de influencias, en beneficio de las grandes empresas prestatarias de servicios a la gigante maquinaria gubernamental brasilera.

La elección de Gleise Hoffman para cubrir el bochorno vergonzante de la salida de Palocci también intenta cerrar filas con los cuadros más militantes del PT.

Esposa del ministro de Comunicaciones, Hoffman acaba de ingresar al Senado desde una de las provincias más pobres del Brasil, Paraná. En su breve paso por el recinto legislativo, se ha revelado como una parlamentaria activa, de genio duro y discurso fuerte.

Y Dilma posiblemente busque en ella la articuladora política del gobierno, que fue el rol que la propia presidenta ejerció en su día para su mentor, Lula.

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Berlusconi ante los jueces (08 10 09)

BERLUSCONI  ANTE  LOS  JUECES

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por Nelson Gustavo Specchia

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“Bipolares”, FM Shopping, 8 de octubre, 2009

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Nelson Gustavo Specchia - Berlusconi ante los jueces

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La semana pasada, en una reunión académica en Buenos Aires, en la FLACSO – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, discutíamos sobre la imagen pública de la Argentina de nuestros días, y qué tan cierto es eso de que hoy “no es noticia” para el mundo. Uno de los ejemplos que ilustraban estas conversaciones, era –recurrentemente- el de Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia. Y a raíz de eso, nos preguntábamos hasta qué punto es interesante que un país esté en la primera plana de las noticias internacionales todos los días, cuando los contenidos de esas noticias, como en el caso de la Italia de Berlusconi, son los que son.

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En estos días Berlusconi ha vuelto a los titulares, aunque esta vez con un poco más de dignidad, especialmente para el sistema judicial italiano. Aunque el multimillonario mediático y primer ministro ha sido investigado e imputado en numerosas causas judiciales, el hombre más rico de Italia siempre se las ha apañado para salir inmune. Esta semana algo, al menos, ha cambiado. El Tribunal Constitucional ha derogado la Ley Alfano, con la que Silvio Berlusconi confiaba sellar su inmunidad frente a las leyes, y escapar a la acción de la justicia.

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En un Estado democrático, en un Estado de derecho (es lamentable tener que estar recordándolo), los funcionarios superiores, inclusive el Jefe del Estado, no están por encima de las leyes. Tampoco los jueces, como bien lo remarcaba el doctor Armando Andruet, vocal del Superior Tribunal de Justicia de Córdoba, en una nota de opinión en La Voz del Interior, esta misma semana.

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La Ley Alfano permitía excluir del alcance del sistema judicial, e inclusive de las instancias de averiguación policial, a cuatro funcionarios: al presidente de la República, a los titulares de las cámaras legislativas, y al primer ministro, de forma que no se podía emprender ninguna acción en su contra mientras ocuparan sus respectivos cargos. Pero aunque mencionaba a los cuatro, en realidad fue elaborada a la medida de Berlusconi, que es el único de estos funcionarios que tiene causas pendientes, y una sarta de investigaciones a la espera de iniciarse por supuestas actividades irregulares.

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Así como la Ley Alfano, Berlusconi ya ha logrado un conjunto de leyes específicas para evitar su procesamiento judicial, todas violentando el principio de la igualdad de los ciudadanos ante la ley: ha hecho aprobar normas para impedir las comisiones rogatorias en el extranjero destinadas a investigar sus actividades, aprobó la amnistía para las construcciones ilegales de las “mafias del ladrillo”, despenalizó las falsedades contables y la limitación de las escuchas telefónicas para casos de corrupción. Llegó inclusive a hacer aprobar una ley ad hoc que consagra su monopolio televisivo.

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Ahora, la sentencia del Tribunal Constitucional permite la reapertura de dos de los cuatro procesos en su contra, que estaban frenados por la Ley Alfano, uno por soborno y otro por irregularidades financieras en la corporación televisiva que maneja y controla.

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Por eso, la decisión del Tribunal Constitucional constituye una derrota política para Silvio Berlusconi pero, fundamentalmente, una victoria jurídica para la solidez del Estado de derecho.

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