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¿Intelectuales domados? (suplemento Temas) 04 10 09

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Domingo 4 de octubre de 2009,  Suplemento Temas

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El rol de los argentinos

Por Nelson Specchia
Especial

intelectuales domados TEMAS

La relación de los intelectuales y el poder en nuestro país siempre ha corrido en paralelo con las lecturas que pueden hacerse de la propia historia política argentina.

El primer acto político del primer gobierno de este país que nacía, apuntó a la resolución del conflicto por la vía de la eliminación del “otro”. Ese acto fundó un antecedente, y también un estilo; instaló en la política argentina una perspectiva de amigo/enemigo que muy pocas veces se ha acercado a síntesis superadoras, a la búsqueda de proyectos comunes que movilicen tras de sí a las grandes mayorías nacionales. Al contrario, demasiadas veces se ha elegido el triunfo de la idea propia, la de un grupo, alcanzada sobre el silencio, o la eliminación física, de los otros.

Y detrás de la instalación de ese estilo político confrontativo y excluyente, siempre hubo ideas, y pensadores y escritores que tomaron para sí la función de darles cuerpo y forma. La intelectualidad argentina ha reflejado, de una manera recurrente, la tradicional división nacional en campos enfrentados.

Hacia los años ‘20, Borges, González Tuñón, Güiraldes, Spilimbergo, Berni, y Xul Solar rodeaban a Oliverio Girondo mientras éste leía el manifiesto que daría origen al grupo Florida, nacido para enfrentar a “la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca”, pero, en realidad, para enfrentar a los “otros”, a los escritores del grupo Boedo, donde estaban Yunque, César Tiempo, Leónidas Barletta o Arlt.

La disputa Florida-Boedo se presentaba como una discusión formal sobre la innovación estilística, pero la discusión de fondo era, nuevamente, política.

Borges, andando el tiempo, quitó hierro a esta diferenciación, e instaló la idea de que la verdadera responsabilidad del escritor era escribir bien. Esta postura caló hondo, y no sólo en nuestro país. En México, Octavio Paz profundizó la idea de que la primera opción del intelectual, en América latina, debía ser su tarea: escribir, pintar, pensar. Esa tarea es la que define su sentido crítico, realizado desde la soledad. Como Borges, creía que el escritor debe ser un francotirador. “Que los escritores seamos marginales “escribía” es una condenación que es una bendición. Ser marginales da validez a nuestra escritura”.

Pero esta lejanía, esta independencia, se la discutió fuertemente desde la perspectiva gramsciana del intelectual “comprometido”, Mario Benedetti enEl escritor latinoamericano y la revolución posibledonde se opone a esta concepción de excentricidad, preguntándose por qué este estar afuera de los procesos políticos va a ser exclusivo de un único sector de la sociedad, por qué el escritor y no el empleado, el obrero o el ama de casa.

En esta línea, y con un discurso muy cercano al de Benedetti, han aparecido en la Argentina de nuestros días los artistas y escritores de Carta Abierta, “comprometidos” en un claro apoyo al gobierno nacional del matrimonio Kirchner. A los pocos días el modelo que reseñábamos volvió a manifestarse, con la presentación pública de los intelectuales del grupo Aurora, independientes y críticos, según anuncian.

Pero hoy este modelo encontrará una diferencia importante respecto de otros momentos de nuestra historia. La relevancia social del intelectual, después de tantos vaivenes, de tantas idas y vueltas, se ha ido desdibujando progresivamente. Hoy son otros los referentes que la sociedad busca para mirarse.

Para volver a ocupar un rol protagónico en la política, los pensadores y escritores argentinos deben plantearse recuperar el valor de las ideas, y de su expresión más inmediata, la palabra. En un entorno donde el pensamiento y el debate se devalúan progresivamente, que sus cultores reclamen un espacio de atención es un despropósito. Es estar errando en el diagnóstico, algo imperdonable en un intelectual.

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nelson.specchia@gmail.com

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