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Honduras: asesinatos de periodistas (22 04 10)

HONDURAS CADA VEZ MÁS PELIGROSA TRAS EL GOLPE CONTRA MEL ZELAYA

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Los periodistas se convierten en objetivos prioritarios de la violencia

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La transición hacia la reinstalación democrática en Honduras, tras el golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional del país, Manuel Zelaya, continúa pesando sobre la sociedad civil hondureña.

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Entre los sectores más castigados por la represión violenta, que desde el golpe de Estado no ha cesado de afectar a la población, el libre ejercicio de la opinión en los medios de prensa constituye cada día una actividad más crítica y riesgosa. Durante los cuatro meses que lleva este año 2010, seis trabajadores de prensa han muertos violentamente, en circunstancias que nunca terminan de aclararse.

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Ayer, la policía metropolitana informó que el periodista Georgino Orellana fue asesinado a tiros en San Pedro Sula, (la segunda ciudad del país, ubicada a unos 160 kilómetros al norte de la capital), al salir de su trabajo en el canal estatal de la Televisión Nacional tras cumplir su horario de rutina. San Pedro Sula concentra la actividad industrial de Honduras, y es una ciudad donde se registra una importante tasa de violencia asociada al narcotráfico.

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El presidente del Colegio de Periodistas del país centroamericano, Elán Reyes, tras conocerse el asesinato de Georgino Orellana manifestó a los medios de prensa acreditados en Tegucigalpa que “los periodistas estamos en una situación de indefensión, de muerte. Demandamos del gobierno y de los cuerpos de seguridad que investiguen estos crímenes”.

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Los ataques y asesinatos a periodistas de diferentes medios de comunicación comenzaron luego del golpe, durante el gobierno de facto de Roberto Micheletti, pero continuaron –e inclusive se han intensificado- desde que Porfirio Lobo asumiera la presidencia de un gobierno que no consigue aún el reconocimiento internacional, y en ningún caso han sido clarificados por el accionar policial ni investigados en las instancias judiciales. La Organización de los Estados Americanos (OEA) calificó a Honduras como uno de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión en toda América latina.

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En este clima de inestabilidad, Roberto Micheletti, el dirigente que asumió el poder ejecutivo tras el secuestro y expulsión del país del presidente legítimo, volvió ayer a justificar su accionar, y aseguró que “jamás se arrepentirá” de haber tomado el poder tras el golpe del 28 de junio de 2009. Micheletti contestaba de esta manera a la movilización civil del Frente Nacional de Resistencia Popular, que surgió tras el secuestro de Manuel Zelaya, y que este martes pasado inició una campaña de firmas para exigir la convocatoria a una nueva Convención Constituyente.

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http://www.hoydia.com.ar/

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nelson.specchia@gmail.com

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Honduras en punto muerto (22 10 09)

HONDURAS EN PUNTO MUERTO

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por Nelson Gustavo Specchia

“Bipolares”, FM Shopping, jueves 22 de octubre de 2009

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Nelson G. Specchia - Zelaya - cartel

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Buen día, Daniel.

Hemos estado las últimas semanas recorriendo, desde esta tribuna de análisis internacional, distintas y distantes latitudes, donde la realidad mundial de repente saca a la superficie una punta de iceberg, una muestra –a veces violenta, a veces sorpresivamente feliz, siempre frágil y fugaz para los titulares de los diarios y de los periódicos del mundo-, una pequeña muestra, digo, de esas inmensas realidades enterradas que son las características culturales y sociales específicas de cada pueblo.

Y en este recorrido semanal de los jueves, no habíamos vuelto a poner los ojos en Honduras, en ese pequeño país hermano de centroamérica, de una importancia relativa tan marginal, tan asilada en el concierto internacional, y que se ha colocado en los últimos tiempos en el centro del candelero.

Recuerdo, hace algunos años, cuando estuve trabajando en Tegucigalpa, en Honduras, para unas misiones de consultoría del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el PNUD, y en aquellos días uno de nuestros temas recurrentes, sobre los que volvíamos una y otra vez con los colegas, discurrían sobre las estrategias para colocar a Honduras, de alguna manera, en la atención de las agencias internacionales. Quién me iba a decir que algunos años más tarde los hondureños encontrarían la manera, lamentablemente tan costosa, de estar en el centro de las noticias.

Y ¿cómo analizar este momento, este impasse hondureño que, como coinciden tantos analistas, tendrá efectos que no se limitarán a quedar encerrados dentro de las fronteras del pequeño país centroamericano, sino que de una manera o de otra impactarán en la marcha democrática del resto de la región?

Ayer, 21 de octubre, se cumplió un mes de la sorpresiva vuelta de “Mel” Zelaya y de su atrincheramiento en la embajada brasileña en Tegucigalpa. Dentro de un mes más, por su parte, están previstas las elecciones que supuestamente vendrían a destrabar el conflicto político, pero que toda la comunidad internacional ya ha advertido que no reconocerá si no está el presidente democrático sentado en su sitial al momento de realizarse el acto electoral.

El gobierno de facto de Roberto Micheletti, sacudido del statu quo en que había decidido esperar las elecciones, ha perdido la iniciativa política. A pesar de ello y de estar cada día más aislado internacionalmente, ha aceptado las formas del diálogo con los representantes de Zelaya. Pero sólo las formas, porque en las maratónicas reuniones entre ambas partes, que comenzaron el 7 de octubre, el gobierno de facto no se ha movido un ápice. Micheletti juega al gato y al ratón, mientras gana tiempo: aceptó derogar el estado de sitio que decretó cuando Zelaya volvió y lo tomó por sorpresa, pero aún no lo ha hecho; afirmó que castigaría al responsable militar de haber sacado al presidente constitucional en pijama y a punta de fusiles, pero el general Romeo Vásquez sigue siendo el comandante del Ejército; afirma que sus negociadores tienen plenos poderes para pactar con los de Zelaya, pero los desautoriza al final de cada reunión. Micheletti parece decidido a resistir, en soledad, hasta el 29 de noviembre y la instalación de un nuevo gobierno.

En este juego donde se muestran unas cartas pero las intenciones y los objetivos reales permanecen bien cubiertos y alejados de la mesa de negociaciones, hay que analizar dos elementos de fondo: la posibilidad cierta de una guerra civil, y la legalidad incierta de unas elecciones presidenciales.

En el primer caso, es evidente que un fracaso rotundo de la mesa de diálogo entre ambas partes podría conducir, sin demasiadas dilaciones, a que el conflicto político se asuma como un enfrentamiento civil violento, en las calles, con consecuencias desgarradoras. Y hay que evitar un derramamiento de sangre. Así como el liderazgo latinoamericano está poniendo su empeño en proteger la legitimidad del presidente Zelaya y su reinstalación en el poder, debe hacerse hincapié en evitar la posibilidad de revertir el golpe de Estado mediante la movilización violenta de los partidarios del presidente depuesto. En un movimiento en ese sentido, y dada la práctica ocupación militar del país, las mayores bajas estarán del lado del pueblo desarmado.

Por eso declaraciones como las de Daniel Ortega y Hugo Chávez, reunidos en la cumbre del ALBA en Cochabamba el 17 de octubre pasado, no aportan ninguna tranquilidad. Ortega anunció que la resistencia hondureña está buscando armas y campos de entrenamiento en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Y Chávez apoyó esta tesis: “que nadie se sorprenda –dijo- si surge un movimiento armado en Honduras.” Estas posturas deben ser descalificadas, por insensatas y alarmistas.

En segundo término, creo que hay que considerar más a fondo el tema de la legalidad política de las elecciones del mes que viene. La comunidad internacional se niega a reconocer de plano el resultado de estas elecciones, si el presidente Zelaya no ha sido repuesto en su cargo con anterioridad. Esta es la postura más lógica desde la legitimidad constitucional y democrática, pero puede que sea también el punto de negociación, si –abandonando las posturas maximalistas- todos estuvieran dispuestos a ceder algo.

En estos días, el ex canciller mexicano Jorge Castañeda recordaba que en los últimos tiempos todos los conflictos políticos que han encontrado una vía de salida democrática lo han hecho desde procesos electorales organizados por un gobierno de facto. Por definición, dice Castañeda, el proceso fundacional de un régimen democrático que sustituye a uno autoritario proviene de elecciones organizadas por una dictadura o su equivalente, con mayores o menores niveles de negociación, supervisión internacional o unilateralidad del régimen saliente. Y cita a la España posfranquista de 1977, la Argentina de 1983, el Chile de 1988, o la larga lista de países ex comunistas de Europa del Este, donde las elecciones que llevarían a las transiciones democráticas se organizaron gobernando los regímenes autoritarios salientes. Y este podría ser ahora el caso de Honduras.

Sería deseable, creo, que la comunidad internacional, y muy especialmente los líderes latinoamericanos, se avinieran a negociar un llamado a elecciones organizadas por el gobierno de facto pero fiscalizadas por veedores de la ONU, luego de las cuales el presidente Manuel Zelaya debería recuperar el ejercicio del Poder Ejecutivo, y traspasar el poder a un gobierno de transición, con legitimidad de origen, que ponga paños fríos y reconduzca el proceso político. De lo contrario, la guerra civil será algo más que una hipótesis de trabajo.

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nelson.specchia@gmail.com

Voces de muerte en Honduras (24 09 09)

VOCES DE MUERTE EN HONDURAS

Por Nelson Gustavo Specchia

“Bipolares”, FM Shopping,  24 09 2009

Nelson G. Specchia - Zelaya en Honduras

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En días como estos, Daniel, necesitaríamos quizá más de una columna internacional para dar cuenta del mundo. Quizá porque las distancias entre política externa y política, así, sin adjetivos, se va haciendo cada vez más corta, más pequeña.

La gran cita internacional está en Nueva York, en la 64º Asamblea General de las Naciones Unidas, ese foro donde todos tienen un lugar y unos minutos de micrófono. También estuvo nuestra Presidenta, y usó de ellos. A pesar del extremo aislamiento internacional que vive la Argentina en estos días, Cristina Fernández logró ratificar los puntos más fuertes de la agenda externa del Gobierno: volvió sobre Malvinas, dejó sentada su protesta contra Irán por el tema de los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel, y se unió a la larga seguidilla de líderes latinoamericanos que han vuelto a condenar al gobierno golpista de Honduras y reclaman el cumplimiento del Acuerdo de San José, redactado en hace tres meses por el presidente costarricense Oscar Arias, y que implica la reubicación de Manuel Zelaya en el sillón presidencial.

Y esta, la Asamblea General de las Naciones Unidas hubiera sido el titular internacional de la semana, si el imprevisible Mel Zelaya no hubiera dado la sorpresa, cumpliendo su palabra, y volviendo a Tegucigalpa entre gallos y medianoche.

Con este golpe de mano, Zelaya ha atrapado para sí algunos reflectores del globo, en un momento propicio (con los líderes reunidos en la ONU), y quitándole la iniciativa al régimen golpista, que ya había apostado a que la relativamente larga ausencia de Zelaya era –día a día- un paso hacia la consolidación de un statu quo, y con ello llegar a las elecciones presidenciales de fines de noviembre.

Ahora, el golpe de mano de Zelaya no sólo le ha quitado la iniciativa, sino que, a raíz de los disturbios provocados por la presencia física del presidente legítimo en la capital hondureña, hasta la ONU ha quitado a sus observadores, lo que hará prácticamente inviable mantener la convocatoria a las elecciones generales.

Mientras tanto, una Honduras sellada a cal y canto, por tierra, mar y aire, tomado por la policía y el ejército, con los aeropuertos cerrados y cientos de controles en las fronteras terrestres, es prácticamente un país tomado, donde el toque de queda se renueva cada seis horas paralizando toda actividad, hasta los intercambios comerciales más elementales, y la posibilidad cierta de un baño de sangre crece a cada minuto.

Con la prolongación del toque de queda, Honduras presentaba un aspecto fantasmal, propio de una mala novela de realismo mágico, cerrada y a oscuras. En la Embajada de Brasil, sin luz eléctrica y sin agua corriente (cosa que también pasa, según denunció la presidenta, en la Embajada de Argentina) Zelaya resiste –hoy ya por tercer día consecutivo- con un grupo de allegados, y asediado tras los muros diplomáticos por un fuerte contingente militar. Además de vigilar estrechamente la embajada brasilera, el régimen de facto desplegó fuerzas militares en cada rincón de los accesos de entrada a la ciudad, en las avenidas y en los principales edificios gubernamentales. No quedó ni un cadete dentro de los cuarteles, todo el Ejército parece estar en las calles.

Con este panorama, sólo queda esperar un gesto de último momento, para que la mecha no se prenda. Los resultados de una confrontación, dada esta disposición de fuerzas, tendrían un costo humano terrible.

Junto a Cristina Fernández, un conjunto importante de líderes regionales abogaron en la ONU por la restitución de Manuel Zelaya. El primero de ellos fue Lula da Silva, que brinda asilo político a Zelaya, y que reafirma con ello su vocación de poder regional. Lula llegó a proyectar una sombra hacia adelante: “A menos de que exista voluntad política, vamos a presenciar otros golpes como este”, advirtió el brasilero. Y en esa línea siguieron Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, y –profundizándola en adjetivos, según su costumbre- el venezolano Hugo Chávez a su llegada a Nueva York.

De lo que se trata en esta hora, creemos, es de evitar el derramamiento de sangre. Así como los líderes latinoamericanos están poniendo su empeño en proteger la legitimidad del presidente Zelaya, y la legalidad de su reinstalación en el poder, deben, en este mismo momento, condenar y evitar por todos los medios que se revierta el golpe de Estado de Micheletti con la violencia civil de los partidarios del presidente depuesto, porque allí las muertes y las mayores bajas no estarán del lado del Ejército sino, precisamente, del lado del pueblo desarmado.

En Honduras no hay alternativa realista a la vuelta, por los canales que sean, a las negociaciones y a la mediación internacional. La coincidencia de posturas de los presidentes en la ONU podría dar ese marco. Micheletti debe dejar el gobierno, Zelaya debe recuperarlo, llamar a elecciones fiscalizadas por veedores de la ONU, no presentarse en ellas como candidato, y habilitar a un gobierno de transición, con legitimidad de origen, que vuelva a poner paños fríos y reconduzca el proceso político en el castigado país centroamericano.

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nelson.specchia@gmail.com

La noticia del día: Zelaya: “Patria, muerte o restitución” (22 09 09)

EL HERALDO – HONDURAS

http://www.elheraldo.hn

“Patria, muerte o restitución”, dice “Mel”

Su arribo fue intempestivo, supuestamente en horas de la madrugada. Sus simpatizantes se lanzaron a las calles en su apoyo. Zelaya se encuentra refugiado en la embajada de Brasil
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21.09.09 . Tegucigalpa.
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Nelson G. Specchia - Zelaya regresa a Honduras

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El ex presidente Manuel Zelaya afirmó ayer que regresó al país para “buscar el diálogo” para que “regrese la paz a Honduras”. El ex mandatario manifestó a la cadena CNN que está listo para someterse “a cualquier juicio de la historia o juicio que quieran con supuestas acusaciones”, no sin antes sostener que regresó “con la frente en alto”. Consideró que solo con el diálogo que lo restituya en el poder podrá dejar atrás “el mal recuerdo, nada más, en nuestra historia del golpe de estado”.

Por las múltiples violaciones a la Constitución de la República, Zelaya fue depuesto de su cargo el pasado 28 de junio. Quería perpetuarse en el poder con la conformación de una Asamblea Constituyente. Su puesto lo ocupó el presidente del Congreso Nacional Roberto Micheletti, por la falta de un vicepresidente.

Zelaya ingresó, según sus informaciones, en horas de la madrugada de ayer.

“Tuve que viajar por más de 15 horas… por diferentes tipos de transportes, diferentes regiones, viajando con obstáculos porque habían retenes policiales”, amplió sin precisar qué medios usó.

Confesó que recibió ayuda para lograr su propósito de entrar a territorio hondureño. “Tuve colaboración, que no puedo mencionarla porque temo que le puedan hacer un daño… en Honduras hay mucha persecución, hay mucho temor en nuestro país”, apuntó. Destacó el apoyo que ha recibido de la comunidad internacional, que ha presionado al gobierno de Micheletti para que restituya a Zelaya. Se le preguntó qué papel había jugado Estados Unidos en su regreso a Honduras, pero prefirió no referirse sobre quiénes le ayudaron a entrar al territorio.

Luego reiteró que su regreso responde “a una estrategia pacífica para buscar un arreglo de frente”. El mandatario permanece en la embajada que Brasil tiene acreditada en el país, hasta donde llegaron cientos de manifestantes a expresarle su apoyo, lo que obligó a cerrar las calles cercanas a esa oficina. Zelaya agradeció al presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva, por ofrecerle protección en su embajada acreditada en Honduras, desde donde “vamos a iniciar nuestras actividades”. Pidió a las Fuerzas Armadas que no intervengan en la crisis.

Un desafiante Zelaya

“A partir de ahora nadie nos vuelve a sacar de aquí, por eso nuestra posición es patria, restitución o muerte”, dijo un desafiante Zelaya ante sus seguidores subido en la terraza de la embajada de Brasil. Aunque dice que viene en son de diálogo y de paz, el depuesto presidente pidió a sus simpatizantes que levantaran las manos “los que quieren que se vaya la dictadura de Casa Presidencial”. Y luego dijo: Quiero decirles que estoy comprometido con el pueblo hondureño y que no voy a descansar ni un día, ni un minuto, hasta bajar a la dictadura del poder, que no les corresponde”.

Además expresó: No nos vamos de aquí, del bulevar Morazán, en estas calles hasta que caiga la dictadura. Fuera los tiranos. Fuera los tiranos. Voy a visitar a cada uno de los dirigentes y de los líderes que han mantenido la resistencia 86 días. Si ustedes quieren irse a vivir a mi casa, a Olancho, se van todos conmigo. No hay problema. Por eso yo tengo muchas manzanas de tierra en Olancho, así es que los que quieran irse a Olancho conmigo, aceiten su máquina y nos vamos”.

Manifestó que “espero que en las próximas horas podamos comunicarnos también con los miembros del régimen golpista… espero que el diálogo sea de frente, en mi propia tierra y en mi propio pueblo”.

Cuando el mediador Óscar Arias, presidente de Costa Rica, convocó a Zelaya y a Micheletti para que se encontraran por primera vez en San José. El ex presidente Zelaya aceptó, pero por instrucciones de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, abandonó la capital tica porque alegó una trampa de Estados Unidos.

Zelaya amplió que también planea reunirse con “prominentes ciudadanos de Honduras”, que no identificó. Con estos diálogos espera que los planteamientos hechos por la comunidad internacional logren concretarse. Dijo que procederá a integrar comisiones de diálogo, con sus cercanos colaboradores. El presidente de Costa Rica, apoyado por Estados Unidos y otras naciones del mundo, propuso un plan denominado Acuerdo de San José que contiene 12 puntos, entre ellos la restitución de Zelaya y amnistía para sus funcionarios.

El ex canciller de la república y actual asesor de la Cancillería, Mario Fortín, es de la opinión que el Acuerdo de San José debe replantearse para darle de nuevo vigencia. Zelaya dijo que hoy llegaba al país el secretario de la OEA, José Insulza.

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