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Una nueva relación atómica mundial (09 04 10)

OBAMA Y MEDVEDEV ACUERDAN UNA NUEVA RELACIÓN ATÓMICA MUNDIAL

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El nuevo START se erige como certificado de defunción de la guerra fría

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En el simbólico entorno de la capital checa, los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y Rusia, Dmitri Medvédev, firmaron ayer los documentos del nuevo acuerdo START (Tratado de Reducción de Armas Nucleares Estratégicas, por sus siglas en inglés), que supone el comienzo de un capítulo superador de la era nuclear.

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En Praga, donde se diera en plena guerra fría uno de los más importantes levantamientos contra la dominación soviética, y donde el presidente George W. Bush proponía instalar un sistema de misiles a escasos kilómetros de la frontera rusa –una iniciativa que amenazó con retrotraer la confrontación entre ambas potencias a los peligrosos tiempos de la disuasión nuclear-, ayer los líderes de ambos países manifestaron la decisión política conjunta de avanzar hacia la reducción drástica de la cantidad de bombas atómicas en el mundo.

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El acuerdo alcanzado reemplaza al vigente desde 1991, y asegura una reducción del 30 por ciento de los arsenales nucleares de ambos países de aquí al 2017. De las 2.200 cabezas nucleares hoy existentes, el nuevo pacto estipula un descenso a 1.500. La estrategia de Obama, más allá de la reducción del stock ruso (remanente aún, en gran parte, de los poblados arsenales de la época soviética), que desde una perspectiva realista no representa una amenaza real a la seguridad norteamericana, apunta a limitar, con esta medida, la circulación general de armamento atómico, que podría facilitar su alcance por parte de grupos extremistas, o fundamentalistas religiosos que han planteado abiertamente una yihad (guerra santa) al poder de Washington.

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Al acuerdo de Praga se llegó dos días después que el presidente Obama hiciera pública la nueva estrategia nuclear de su gobierno, que incluye la seguridad de no usar armas atómicas contra países que hayan renunciado a ellas. Aún así, en esa postura militar explicitada, el Pentágono se reserva la posibilidad de la utilización de armamento atómico contra potenciales enemigos donde se sospeche que existen armas de estas características; los analistas interpretaron que este mensaje iba dirigido principalmente a Irán y a Corea del Norte, que se resisten a abandonar sus planes de desarrollo nuclear.

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El presidente Barack Obama recibirá, con la puesta en vigencia del nuevo START, a las delegaciones de 47 países en Washington, en la Cumbre de Seguridad Nuclear, a partir del lunes de la semana que viene, y a la que asistirá la presidenta Cristina Fernández. La Cumbre de la capital norteamericana se convoca con el objetivo de aumentar la cooperación internacional para la seguridad global.

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Hillary, de gira (05 03 10)

HILLARY DE GIRA

por Nelson Gustavo Specchia

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Son tantos los elementos de política internacional que han cambiado en los últimos tiempos en la relación entre los países sudamericanos y los Estados Unidos de Norteamérica (elementos pequeños, de detalle diplomático; y elementos grandes, de estructura de las relaciones), que sin la perspectiva de las cuentas largas, de una mirada que atraviese este momento y lo ponga en relación, la magnitud de estos cambios y su importancia en la construcción de una nueva relación entre el sur y el norte de América serían difíciles de percibir.

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Así, hasta la última década del siglo XX, el hecho de que un secretario de Estado norteamericano, el funcionario de mayor nivel en el gabinete del jefe político de la potencia hegemónica, viajara a los países del sur constituía, sin duda, el hecho más importante en las agendas de política exterior de cualquier país latinoamericano. La influencia determinante del Departamento de Estado se arrastra desde aquel “América para los americanos” de la decimonónica Doctrina Monroe, y se acentuó tras la concepción del territorio sudamericano como “área de influencia estratégica” de los Estados Unidos durante la mayor parte del siglo (con la sola excepción de Cuba), mientras el globo permanecía divido en dos zonas gravitacionales dominadas por Moscú y Washington.

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Leída con esos parámetros de referencia del pasado político reciente, la gira que la secretaria de Estado del presidente Barack Obama, Hillary Clinton, acaba de realizar por varios países del subcontinente, y las respuestas que cosechó en algunas de las capitales visitadas, tienen una nueva dimensión. Los modos en que este viaje se desarrolló, las motivaciones que llevaron a su realización, y los efectos cosechados en algunos de los encuentros con  los jefes de Estado anfitriones –especialmente el balde de agua fría con que la recibió Lula da Silva en Brasil-, marcan otra variante en los elementos de la nueva relación de América latina con el gobierno norteamericano.

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“Good by, my friends”

Michael Shifter, en una columna publicada el martes de esta semana en la revista Foreign Policy (“Adios, amigos”), da cuenta de la sorpresa –con una nota de desagrado y contrariedad- de Hillary ante la realidad americana que encontró en este viaje, en comparación con aquella –amena, obediente y homogénea- que había conocido en su recorrida como primera dama, en los años ’90 del siglo pasado. La señora Clinton comenzó este segundo periplo de cinco días con la intención de visitar cinco capitales del sur; a último momento incluyó también a Buenos Aires, que no estaba en agenda (prefirió dormir el domingo a la noche en la capital argentina, antes que en los inestables y movedizos hoteles de Santiago de Chile), lo que fue aprovechado por la presidenta Cristina Fernández para recibirla en la Casa Rosada, y plantearle la posible mediación norteamericana frente a Gran Bretaña, que Hillary Clinton no rechazó.

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Había llegado a Montevideo para asistir, en representación del presidente Obama, a la muy atípica asunción presidencial del ex guerrillero tupamaro Pepe Mujica, con quien se reunió durante una hora larga. Clinton le planteo a Mujica que con su antecesor, el también frenteamplista Tabaré Vázquez, tenían muy adelantadas las gestiones para negociar un tratado de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos. Y Hillary recibió el primer elemento de ruptura de este viaje relámpago. Pepe Mujica le dijo que él tiene otra idea, un TLC entre el pequeño Uruguay y el gigante norteamericano no le atrae, prefiere privilegiar la unidad de Mercosur, con sus vecinos argentinos, brasileros y paraguayos; (“hasta que la muerte nos separe”, dijo unos momentos después, en el discurso de asunción). Hillary tragó saliva.

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Pasó a Buenos Aires, y aceptó la invitación de Cristina Fernández para que quedara la imagen fotográfica de la secretaria de Estado sentada a la derecha de la Presidenta, en su despacho. Clinton, en todo caso, y más allá de la cuestión Malvinas, no podía desconocer que apenas unos días antes, la señora Kirchner había hecho pública su opinión sobre la Administración Obama, en el sentido de que “no había cumplido con las expectativas de América latina”. Y Hillary tragó saliva.

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Recuperó un poco el talante al llegar a Santiago. Allí pudo conversar en inglés con Michelle Bachelet, y le aseguró la ayuda de su país, en insumos de urgencia y en metálico, para hacer frente a la situación de las víctimas del cataclismo y en la reconstrucción del país. Bachelet había dicho, en los primeros momentos tras el terremoto, que Chile no necesitaría la ayuda internacional, pero para el lunes de esta semana, con las dimensiones de los destrozos a la vista, agradeció a la enviada del presidente demócrata la concesión de créditos blandos para la reconstrucción, “que demandará muchos años y mucho dinero”, dijo la chilena. “Nos quedaremos aquí, como socios y como amigos, cuando todos se hayan ido”, le aseguró la norteamericana.

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La negativa brasileña

Desde Santiago, y antes de terminar el periplo en Costa Rica, Hillary Clinton aterrizó en Brasilia. En realidad, la principal preocupación y objetivo de este viaje de la secretaria de Estado estuvo aquí, en la reunión con Lula da Silva. Obama quiere que la potencia latinoamericana abandone los titubeos y el cortejo equívoco con el régimen de los ayatollah, y se sume a las sanciones que los Estados Unidos impulsan contra Irán en las Naciones Unidas, en virtud del programa nuclear que Mahmud Ahmadineyad ha convertido en el centro de su programa de gobierno, de sus intenciones de autonomía y de liderazgo regional en oriente próximo, y de punta de lanza en el acoso (de momento, sólo discursivo) al Estado de Israel, el gran aliado norteamericano en la zona.

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Lula (que ha recibido al presidente iraní en Brasilia, y tiene previsto visitar Teherán en mayo próximo) ha dicho reiteradamente que Brasil alienta otro camino, e insiste en su postura de que el diálogo con Ahmadineyad no puede darse por concluido. “Es imprudente arrinconar a Irán”, dice el brasilero, argumentando que las mayores penurias de las sanciones económicas a Irán las sufrirán los sectores más humildes. China es de la misma opinión, y tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. En este período, Brasil tiene uno de los asientos transitorios; ya son dos votos. Hillary no estaba, en todo caso, dispuesta a volver a tragar saliva, no en este tema, y aumentó la presión: “El tiempo para la acción internacional ha llegado. Sólo cuando hayamos aprobado nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad, Irán negociará de buena fe”, le dijo al presidente brasilero. Pero no logró mover a Lula de sus trece: “Brasil mantiene su posición”, fue la respuesta.

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No hay mucho para celebrar en Washington, tras la gira de la señora Clinton. La relación de los países de América latina con el gran vecino del norte está en construcción, nuevamente. Pero los parámetros –tanto los pequeños, de detalle, como los grandes- ahora son otros.

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La inspiración de Fidel (23 02 10)

GRUPO DE RÍO: NUEVO PASO EN LA

INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA

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Crean una nueva organización regional sin participación de Estados Unidos

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Uno de los más viejos anhelos de los partidarios de la integración latinoamericana tuvo un espaldarazo determinante ayer, durante la reunión de los 32 Jefes de Estado de América del Sur, el Caribe, y México, en la balnearia ciudad de Cancún, en la Riviera Maya. La reunión del Grupo de Río, donde se respaldó sin fisuras la posición de la República Argentina en el nuevo contencioso con Gran Bretaña por las Islas Malvinas, aprobó por unanimidad la conformación de una nueva instancia multilateral que reunirá a todos los países del continente americano, con la excepción de los Estados Unidos y de Canadá.

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El nuevo ente político continental, que aún no tiene un nombre definido, y que se constituiría en la próxima reunión del Grupo de Río, en Caracas el año próximo, se regirá por el “respeto al derecho internacional, la igualdad soberana de los estados y el no uso ni la amenaza del uso de la fuerza”, según declaró el anfitrión de la cumbre, el mexicano Felipe Calderón. Referirse tan explícitamente y en primer término a la legalidad internacional, enlaza la iniciativa de creación de esta nueva entidad supranacional con el discurso de la presidenta Cristina Fernández, que centra su crítica a Gran Bretaña en que ésta viola sistemáticamente el derecho internacional emanado de las Naciones Unidas.

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Más allá del hecho puntual de este conflicto, la nueva organización atenderá los grandes temas del desarrollo latinoamericano en el largo plazo, “el respeto a los derechos humanos, el respeto al medio ambiente, la cooperación internacional para el desarrollo sustentable, la unidad e integración, la paz y la seguridad regionales”, según enumeró el presidente mexicano, al tiempo que afirmó que la nueva organización se ocupará de expresar una voz unificada de la región en foros globales. Esto mismo reclamó la presidenta chilena Michele Bachelet, al asumir la secretaría pro témpore del Grupo de Río.

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La iniciativa fue aprobada por aclamación de todos los líderes presentes, pero uno de los apoyos más decididos provino del presidente cubano Raúl Castro. Cuba fue expulsada de la OEA, por iniciativa de los Estados Unidos, en los años ´60, y no ha podido volver a la organización. Fidel Castro ha dicho en varias oportunidades, y lo volvió a repetir durante la crisis hondureña que expulsó del poder al presidente Manuel Zelaya con un golpe de Estado, que América latina necesitaba “una OEA sin los norteamericanos adentro”. La reunión de los líderes de la región en Cancún acaba de hacer lugar a su sugerencia.

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Camino al bicentenario – Presentación en la Legislatura 13 de octubre 2009

Presentación libro Graglia - Specchia en la Legislatura

Voces de muerte en Honduras (24 09 09)

VOCES DE MUERTE EN HONDURAS

Por Nelson Gustavo Specchia

“Bipolares”, FM Shopping,  24 09 2009

Nelson G. Specchia - Zelaya en Honduras

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En días como estos, Daniel, necesitaríamos quizá más de una columna internacional para dar cuenta del mundo. Quizá porque las distancias entre política externa y política, así, sin adjetivos, se va haciendo cada vez más corta, más pequeña.

La gran cita internacional está en Nueva York, en la 64º Asamblea General de las Naciones Unidas, ese foro donde todos tienen un lugar y unos minutos de micrófono. También estuvo nuestra Presidenta, y usó de ellos. A pesar del extremo aislamiento internacional que vive la Argentina en estos días, Cristina Fernández logró ratificar los puntos más fuertes de la agenda externa del Gobierno: volvió sobre Malvinas, dejó sentada su protesta contra Irán por el tema de los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel, y se unió a la larga seguidilla de líderes latinoamericanos que han vuelto a condenar al gobierno golpista de Honduras y reclaman el cumplimiento del Acuerdo de San José, redactado en hace tres meses por el presidente costarricense Oscar Arias, y que implica la reubicación de Manuel Zelaya en el sillón presidencial.

Y esta, la Asamblea General de las Naciones Unidas hubiera sido el titular internacional de la semana, si el imprevisible Mel Zelaya no hubiera dado la sorpresa, cumpliendo su palabra, y volviendo a Tegucigalpa entre gallos y medianoche.

Con este golpe de mano, Zelaya ha atrapado para sí algunos reflectores del globo, en un momento propicio (con los líderes reunidos en la ONU), y quitándole la iniciativa al régimen golpista, que ya había apostado a que la relativamente larga ausencia de Zelaya era –día a día- un paso hacia la consolidación de un statu quo, y con ello llegar a las elecciones presidenciales de fines de noviembre.

Ahora, el golpe de mano de Zelaya no sólo le ha quitado la iniciativa, sino que, a raíz de los disturbios provocados por la presencia física del presidente legítimo en la capital hondureña, hasta la ONU ha quitado a sus observadores, lo que hará prácticamente inviable mantener la convocatoria a las elecciones generales.

Mientras tanto, una Honduras sellada a cal y canto, por tierra, mar y aire, tomado por la policía y el ejército, con los aeropuertos cerrados y cientos de controles en las fronteras terrestres, es prácticamente un país tomado, donde el toque de queda se renueva cada seis horas paralizando toda actividad, hasta los intercambios comerciales más elementales, y la posibilidad cierta de un baño de sangre crece a cada minuto.

Con la prolongación del toque de queda, Honduras presentaba un aspecto fantasmal, propio de una mala novela de realismo mágico, cerrada y a oscuras. En la Embajada de Brasil, sin luz eléctrica y sin agua corriente (cosa que también pasa, según denunció la presidenta, en la Embajada de Argentina) Zelaya resiste –hoy ya por tercer día consecutivo- con un grupo de allegados, y asediado tras los muros diplomáticos por un fuerte contingente militar. Además de vigilar estrechamente la embajada brasilera, el régimen de facto desplegó fuerzas militares en cada rincón de los accesos de entrada a la ciudad, en las avenidas y en los principales edificios gubernamentales. No quedó ni un cadete dentro de los cuarteles, todo el Ejército parece estar en las calles.

Con este panorama, sólo queda esperar un gesto de último momento, para que la mecha no se prenda. Los resultados de una confrontación, dada esta disposición de fuerzas, tendrían un costo humano terrible.

Junto a Cristina Fernández, un conjunto importante de líderes regionales abogaron en la ONU por la restitución de Manuel Zelaya. El primero de ellos fue Lula da Silva, que brinda asilo político a Zelaya, y que reafirma con ello su vocación de poder regional. Lula llegó a proyectar una sombra hacia adelante: “A menos de que exista voluntad política, vamos a presenciar otros golpes como este”, advirtió el brasilero. Y en esa línea siguieron Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, y –profundizándola en adjetivos, según su costumbre- el venezolano Hugo Chávez a su llegada a Nueva York.

De lo que se trata en esta hora, creemos, es de evitar el derramamiento de sangre. Así como los líderes latinoamericanos están poniendo su empeño en proteger la legitimidad del presidente Zelaya, y la legalidad de su reinstalación en el poder, deben, en este mismo momento, condenar y evitar por todos los medios que se revierta el golpe de Estado de Micheletti con la violencia civil de los partidarios del presidente depuesto, porque allí las muertes y las mayores bajas no estarán del lado del Ejército sino, precisamente, del lado del pueblo desarmado.

En Honduras no hay alternativa realista a la vuelta, por los canales que sean, a las negociaciones y a la mediación internacional. La coincidencia de posturas de los presidentes en la ONU podría dar ese marco. Micheletti debe dejar el gobierno, Zelaya debe recuperarlo, llamar a elecciones fiscalizadas por veedores de la ONU, no presentarse en ellas como candidato, y habilitar a un gobierno de transición, con legitimidad de origen, que vuelva a poner paños fríos y reconduzca el proceso político en el castigado país centroamericano.

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