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Más huelga en Grecia (20 10 11)

Huelga y batallas civiles vuelven a paralizar Grecia

El nuevo paro general activo provoca severos enfrentamientos con la policía  

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ATENAS.- Con una violencia social cada vez menos controlable, Grecia volvió a declarar ayer una huelga general, que durante dos días paralizará la menguada actividad productiva y comercial, al tiempo de frenará toda la administración pública en sus diferentes niveles.

La sociedad helena ha vivido durante todo este año una sucesión de movilizaciones populares, que se oponen a los crecientes recortes presupuestarios con que el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu intenta campear la grave crisis estructural de la economía de las islas. Los compromisos del gobierno con las agencias financiadoras, nucleadas en la misión conjunta del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), según lo dispuesto por el liderazgo continental a instancias de la canciller alemana Ángela Merkel, imponen una carga gravosa a toda la sociedad, muy especialmente a los asalariados.

El cierre de puestos de trabajo, los despidos masivos de empleados públicos, la quita de derechos sociales en salud y educación, la reducción de jubilaciones y pensiones, y el aumento de la presión impositiva, han llevado el descontento social a límites extremos, y han provocado la reacción de las organizaciones gremiales, que aseguran que esta huelga será la mayor vivida en Grecia en su historia moderna.

La nueva medida de fuerza general intenta frenar la votación del Parlamento prevista para esta tarde, mediante la cual el Legislativo facultaría al gobierno a aplicar toda una nueva serie de medidas restrictivas en el gasto público, para cumplir con las metas exigidas por el FMI para librar nuevos giros del “salvataje” de 110.000 millones de euros comprometidos para atender a los vencimientos de deuda pública.

Por otra parte, el quiebre de toda instancia de diálogo entre los gremios y la Administración de Papandreu, ha llevado a que cada nueva movilización dispare enfrentamientos más violentos. En la víspera, la primera jornada de la huelga concentró a cerca de 100.000 personas, que se congregaron en la céntrica plaza de Syntagma; allí un nutrido grupo de jóvenes comenzó a arrojar piedras y bombas incendiarias contra policías en las escalinatas del Parlamento, que obligaron a los cuerpos de seguridad a replegarse al interior de los edificios oficiales.

En la sede del Ejecutivo, inclusive llegaron a incendiar las garitas la Guardia Presidencial, mientras otras columnas arrancaban pedazos de mármol de los frentes de edificios, con martillos y barretas. Otros disturbios similares se repitieron en las principales ciudades del interior.

El gobierno, sin embargo, afirmó que seguirá adelante con los planes de ajuste, ya que si no recibe el siguiente tramo del giro del FMI, no podrá abonar los sueldos de noviembre.

Euros a salvo

Los sindicatos que han convocado a una nueva huelga general insisten en que el gobierno quiere hacer pagar el costo de la crisis a los asalariados.

Y la difusión de la noticia, en la tarde de ayer, de que los grandes capitales griegos han escapado de las islas hacia los seguros refugios de Suiza, enardeció aún más los ánimos.

Las clases helenas acomodadas han desviado más de 200.000 millones de euros a los bancos suizos desde el comienzo de la debacle financiera, según los cálculos del instituto alemán Berger, publicados en el diario germano Bild.

La fuga de capitales ante la posible quiebra del país y la instalación de algún tipo de “corralito”, no ha intentado ser frenada por ninguna medida del Ejecutivo de Giorgios Papandreu, del Partido Socialista Griego (Pasok).

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Londres bajo fuego: ¿reacción social o vandalismo juvenil? (08 08 11)

FUERA DE LIBRETO: Saqueos y violencia juvenil en Londres

Los enfrentamientos entre policías y jóvenes sacuden por cuarto día la capital británica. Los barrios de Hackney, Lewisham y Peckham cruzados de barricadas, coches y negocios quemados. Comienzan a movilizarse también en ciudades del norte.

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El primer ministro británico, David Cameron, ha interrumpido sus vacaciones de verano y ha vuelto a Londres, para intentar controlar el estallido social que crece desde hace cuatro días, con grupos de jóvenes que hacen frente a la policía con métodos cada vez más violentos.

Las fotos de la prensa londinense, con negocios ardiendo, frentes de edificios y mobiliario urbano destrozados, y barricadas construidas con vehículos incendiados, causan estupor en las tradicionalmente pacíficas barriadas de la capital inglesa.

Los disturbios comenzaron el sábado en el barrio de Tottenham, cuando los cuerpos de policía intentaron impedir una marcha pacífica, en la que un grupo protestaba por la muerte de un joven. Mark Duggan, un chico de raza negra, murió el jueves de la semana pasada en un taxi, como consecuencia de heridas de bala, en medio de un tiroteo con la policía.

En ese mismo enfrentamiento un agente resultó herido, y las primeras versiones indicaban que Duggan habría disparado, y en respuesta a la agresión los agentes lo ultimaron. Sin embargo, el diario The Guardian indicaba ayer que de los exámenes periciales se desprende que la bala que hirió al agente fue disparada por otro policía.

Este incidente, y la represión de la marcha, terminó generando una espiral radicalizada que ha sumido a varios barrios en una batalla campal con las fuerzas policiales, y que en la tarde de ayer se propagaba también a otras ciudades del norte británico.

Un comunicado oficial, además, responsabilizó a las redes sociales de la propagación de los disturbios. El inspector de Scotland Yard Steve Kavanagh sostuvo en la emisora BBC, que las redes de Facebook y de Twitter, y el chat del teléfono BlackBerry, estaban “avivando la violencia y los saqueos” perpetrados por los jóvenes, que desde los barrios marginales y multiétnicos del conurbano, como Tottenham y Brixton, avanzan hacia el centro de la capital.

Ante la impotencia y el desconcierto de las autoridades urbanas y de los cuerpos de seguridad, en la tarde de ayer se registraban actos de vandalismo también en Hackney –una barriada ya cercana al centro comercial londinense- donde columnas de manifestantes encapuchados atacaron a policías y también a periodistas que cubrían la noticia de las manifestaciones; junto al incendio de comercios, además, algunas viviendas particulares del barrio fueron prendidas fuego.

En las primeras horas de la noche, las protestas habían llegado a la zona comercial de Bullring, en el centro de Birmingham. La velocidad y la profundidad de la crisis desatada por los sectores más postergados –jóvenes desocupados que se sienten discriminados por el sistema- ha empujado al gobierno central a tomar cartas en el asunto, y el premier Cameron, luego de interrumpir sus vacaciones en la Toscana italiana, ha convocado a una reunión urgente de su equipo de seguridad para hacer frente a una situación que aparece como completamente fuera de control.

¿Reacción o vandalismo?

Los disturbios que azotan la capital británica han dejado descolocados a todos: el gobierno no reacciona, la policía se presenta por completo desbordada, las autoridades locales no saber cómo hacer frente a estallidos espontáneos de violencia que surgen en cualquier esquina de un barrio tranquilo, y los analistas no se ponen de acuerdo en adjudicar las razones de la espiral a cuestiones de estructura social o a una mera conjugación de delincuencia juvenil aceitada por la comunicación instantánea de las redes sociales.

En todo caso, el origen de los disturbios ha sido claramente reivindicativo, con una protesta grupal contra el “gatillo facil” de Scotland Yard, que terminó con la vida de un joven de origen africano.

Pero después de este estallido, nadie sabe explicar bien por qué florecen a cada paso. Aunque los objetivos atacados (negocios de electrónica, telefonía celular y ropa deportiva, principalmente), indican que junto a la frustración de la desocupación y la falta de perspectivas de la marginación, también se mezcla el oportunismo y el vandalismo de grupos juveniles desencantados.

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La violencia inter étnica vuelve a Pakistán (11 07 11)

Los pashtunes se enfrentan a los urdús por el control del puerto de Karachi        

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ISLAMABAD.- A los atentados suicidas y a los ataques contra los cuarteles de la Alianza Atlántica (OTAN), en la región Af-Pak, el corredor de frentes bélicos abiertos entre Afganistán y Paquistán, ha vuelto a sumarse esta semana los actos violentos entre las distintas comunidades étnicas y religiosas.

Los enfrentamientos entre las diferentes facciones también está relacionado con la débil estructuración social que dejan las fuerzas occidentales en el inicio de su retirada, tras la invasión de 2001 a Afganistán y el derrocamiento del régimen de los talibanes; y de la difícil situación de debilidad interna en que ha quedado el gobierno paquistaní de Asif Ali Zardari tras la acción comando del ejército norteamericano que ultimó, en los alrededores de Islamabad, al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.

Desde organizaciones no gubernamentales de defensa de derechos humanos se informó el pasado fin de semana que al menos 98 personas perdieron la vida, y más de 150 habían resultado heridas, en un fuerte rebrote de los enfrentamientos inter étnicos en la ciudad de Karachi, el centro urbano más densamente poblado de Paquistán.

La ciudad, de más de dieciocho millones de habitantes, soporta desde la semana pasada el violento choque entre sus dos principales comunidades, y las fuerzas policiales se han visto desbordadas en el intento de frenar la violencia civil.

El gobierno de Islamabad ha anunciado que tomará “medidas drásticas”, y el viernes la policía admitió que había recibido la orden de disparar para frenar los grupos de hombres armados en los barrios más conflictivos del puerto de Karachi.

Los enfrentamientos comenzaron el martes pasado, entre la comunidad mayoritaria –que se distingue por el origen y la utilización de la lengua urdu- y la colectividad pashtún, numéricamente minoritaria en la ciudad pero de gran relevancia a nivel de la élite gubernamental del Estado, como también de la integración de Al Qaeda.

El enfrentamiento entre ambas etnias, tanto por motivos de interpretación religiosa como de integración sectaria, es de antigua data, pero se ha agravado en los últimos tiempos, precisamente por la participación de miembros de ambos sectores en la red de Al Qaeda y en las milicias talibanes.

Los enfrentamientos de esta semana, que se desencadenaron, al parecer, por el asesinato de un líder pashtún, también apuntan a determinar qué grupo ejercerá mayor influencia en la ciudad, uno de los principales polos financieros del país.

En lo que va del año, se han registrado hasta 1.138 muertes en la ciudad, a causa de los enfrentamientos étnicos y religiosos.

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Esperando la caída del faraón

Esperando la caída del faraón

Cientos de miles acampan en la plaza Tahrir, Mubarak se queda solo

 

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Mujeres de Egipto (foto ® Leil-Zahra Mortada)

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Las versiones sobre el número de personas movilizadas hasta la céntrica plaza Tahrir de El Cairo fluctúan entre los cien mil y los dos millones, según quién respalde la noticia; pero más allá del exacto conteo de la concurrencia, Egipto vive desde ayer la más multitudinaria concentración popular de su historia reciente, reunida para pedir la renuncia del presidente, el general Hosni Mubarak, de 82 años, 30 de los cuales ha permanecido en el poder.

Desde muy temprano las calles cairotas comenzaron a poblarse de manifestantes en columnas que convergían en la enorme explanada, que se saltaban el toque de queda impuesto por las autoridades en el octavo día de una rebelión popular, que estalló al hilo de las protestas en el Magreb luego de que en Túnez se iniciara una insurrección que tumbó al presidente Zine el Abidine ben Ali.

La revuelta egipcia, que intentó ser reprimida por las secciones antimotines de la policía en un primer momento, tomó fuerza al ocupar el ejército las calles.

La cúpula de las fuerzas armadas, una institución que goza del respeto popular en Egipto, declaró que los motivos de los manifestantes eran “legítimos”, por lo cual los militares defenderían “la libertad de expresión”, esto es, no reprimirían violentamente a los ciudadanos movilizados.

Luego de este viraje en la postura de los uniformados, que provocaron escenas de solidaridad de hombres y mujeres en los tanques y camiones del ejército en medio de las protestas, comenzó a dibujarse un panorama real de cambio en la estructura de gobierno, ya que nadie puede suponer que Mubarak vaya a seguir aferrado al poder sin el respaldo crítico de las fuerzas armadas, auténticas valedoras y sostenedoras de todo el sistema, desde que el Movimiento de Oficiales Libres derrocara al rey Faruk y a la monarquía, en 1952.

A pesar de la contundencia de la marcha de la víspera, y de que algunos medios occidentales presentes en la capital egipcia informasen de que muchos manifestantes estaban instalando tiendas, para permanecer toda la noche en la explanada a pesar del toque de queda, el gobierno permanecía –hasta el cierre de esta edición- intentando algunas medidas para sortear el planteo multitudinario.

Los usuarios de las redes sociales de Facebook y Twitter ofrecen canales alternativos para que los egipcios puedan acceder a la Internet, ya que el servicio de la web, así como el de los teléfonos celulares, sigue restringido. La televisión estatal, muy controlada, apenas si ha mostrado alguna imagen de las protestas. Y algunas versiones sostenían que se estarían preparando contra-manifestaciones de apoyo a Mubarak, lo que podría provocar enfrentamientos con la multitud acampada.

Hasta el momento, y a pesar de que las organizaciones humanitarias cifran en cerca de 300 las víctimas mortales de los disturbios, la violencia masiva no ha estallado en la revuelta; ayer, eran los propios manifestantes los que controlaban el ingreso a la plaza, para que no se introdujesen armas u objetos que alteraran ese clima pacífico.

Si bien la revuelta sigue sin un liderazgo claro, los diversos sectores opositores (incluidos los islamistas de los Hermanos Musulmanes) han coincidido en nombrar al científico Mohammed el Baradei como el interlocutor ante el gobierno.

El Baradei, sin embargo, ha dicho que no dialogará mientras Mubarak no renuncie. Frente a la muchedumbre agolpada en la plaza, El Baradei dijo ayer que Mubarak debería dejar el gobierno y abandonar el país antes del viernes, para permitir una transición ordenada.

Un comunicado oficial anunció que el presidente se dirigirá a la Nación en algún momento del final de la jornada.

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Irak, bajo la violencia sunnita (20 01 11)

La violencia arrecia contra los musulmanes chiítas en Irak

Las fiestas religiosas son el blanco privilegiado de los atacantes suicidas

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BAGDAD.- En el año en que el ejército de los Estados Unidos planea retirarse definitivamente de Irak tras la invasión que derrocó al régimen de Saddam Hussein y al gobierno de la minoría sunnita, los ataques adjudicados a esta confesión religiosa causan estragos entre la población civil iraquí.

La administración estadounidense afirma que la violencia entre ambas comunidades musulmanas ha disminuido significativamente desde los meses más álgidos de la guerra, hace tres años, pero los ataques esporádicos generan una sensación de incertidumbre e inseguridad que impacta directamente en la capacidad de las fuerzas de seguridad locales para mantener la paz.

Ayer, unos 50 peregrinos chiítas murieron, y más de 110 resultaron heridos, en una serie de atentados suicidas perpetrados en la ciudad sagrada de Kerbala, a unos 100 kilómetros al sur de Bagdad. Kerbala es una ciudad de 570.000 habitantes, que alberga el mausoleo del reverenciado imán Alí, un nieto de Mahoma que es una de las figuras centrales del chiísmo, lo que la convierte en uno de los lugares más sagrados de la tierra, junto con La Meca y Medina, en Arabia Saudita, y en un centro importante del peregrinaje de esta confesión.

En los últimos tres días, unas 116 personas han muerto en distintos atentados. El martes al menos 60 personas murieran y 150 resultaran heridas en un ataque contra un centro de reclutamiento de la policía iraquí en la ciudad de Tikrit, la ciudad de Saddam Hussein; y el miércoles otras 15 fallecieron en dos atentados con coche bomba.

El sangriento ataque de la víspera se dio cuando un par de suicidas, que portaban cinturones repletos de explosivos, detonaron sus cargas en las entradas de la ciudad santa de Kerbala, que por estas fechas recibe cientos de peregrinos chiítas para una de las máximas festividades religiosas de este colectivo, la de Arbainiya.

Las autoridades regionales, como el presidente de la Legislatura provincial de Kerbala, Mohammed Hamid al-Mussawi, adjudicaron los atentados a grupos afines a la red de Al Qaeda, principal manifestación de las facciones rebeldes sunnitas en Irak. Al Qaeda ya ha utilizado las movilizaciones masivas que se dan en las festividades religiosas para atacar a chiítas en años anteriores.

La violencia sectaria en 2006 y 2007 estuvo al borde de hacer estallar una guerra civil en el país árabe, que fue detenida principalmente por la presencia de las tropas norteamericanas en suelo iraquí.

Esta seguidilla de ataques coinciden con las negociaciones políticas para la distribución de los ministerios de Defensa e Interior en el nuevo gobierno de coalición que preside el primer ministro, Nuri al Maliki.

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Colombia: un futuro del color del café

Colombia: un futuro del color del café

por Nelson Gustavo Specchia

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Para la derecha colombiana, el futuro pinta negro. Y esto es una sorpresa en un escenario que auguraba, con los altos índices de aceptación de las postrimerías del gobierno de Álvaro Uribe, una continuidad sin mayores tropiezos. Pero la línea continuista ha recibido diversos golpes, y los analistas ya descartan una victoria clara en la primera vuelta, el 30 de mayo. Cuanto menos, habrá que esperar al ballotage del 20 de junio, y tampoco para entonces se vislumbra ninguna ficha segura.

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El ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, largó montado en el caballo del comisario. Pero entre la reaparición de algunos cabecillas de las fuerzas paramilitares; la divulgación de la utilización de los grupos paramilitares por parte del gobierno; las pruebas de la connivencia entre militares, fuerzas de seguridad, y paramilitares en una red mafiosa orientada hacia objetivos políticos; y el hecho de que informes internacionales muy confiables afirmen que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) siguen activas y hasta hayan incrementado su poder en los últimos años, ha colmado el vaso. La sumatoria de escándalos ha descabalgado al candidato elegido por Uribe para sucederlo, y ha hecho ascender a otros personajes, como Antanas Mockus, que de golpe aparece como favorito en las encuestas. Una patada al tablero del poder conservador en Colombia, y la apertura de una campaña con final incierto.

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La construcción del “uribismo”

La transformación de un futuro promisorio en un frente negro para la derecha comenzó cuando el propio presidente Álvaro Uribe Vélez fue derrotado por los jueces. Uribe pretendía utilizar la alta tasa de aceptación popular para forzar un tercer mandato; había llegado incluso a apelaciones místicas, se refería a la posibilidad de presentarse nuevamente como candidato como la “encrucijada de su alma”, que confiaba Dios le ayudaría a resolver. Si Dios lo ayudó, fue negándole tal posibilidad, a través de un dictamen judicial. Por 7 votos contra 2, la Corte Constitucional cerró el último viernes de febrero un año de incertidumbre y medias tintas. Uribe no podría llamar a una consulta popular para presentarse a un tercer mandato. La derrota impuesta por los tribunales obligó al uribismo a definir rápidamente un candidato de sucesión.

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Álvaro Uribe, hijo de un dirigente conservador presuntamente asesinado por las FARC, concentrado en un discurso fuerte en la seguridad ciudadana y contra la insurgencia revolucionaria, se convirtió en presidente de Colombia en 2002. No era un improvisado en la vida política nacional: desde la municipalidad de Medellín, a comienzos de los años ochenta, hizo un largo cursus honorum (dos veces alcalde, concejal, senador y gobernador de Antioquía) hasta llegar a Bogotá. Y uno de sus primeros actos de gobierno fue reformar la Constitución, en 2004, para abrir las puertas a la reelección. Pero en aquel momento se conformó con una.

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Así, Uribe obtuvo un segundo período en 2006, ganando en primera vuelta, e incluso aumentando su caudal de apoyo al 62 por ciento. Los colombianos estaban hartos de violencia e inseguridad, y el presidente les aseguró que terminaría con las FARC, como había terminado con los paramilitares de extrema derecha de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

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Mantuvo ese alto nivel de aceptación, e incluso por momentos se superó a sí mismo, como cuando las FARC liberaron a Ingrid Betancourt, hace dos años. Los colombianos parecían aceptar su estrategia de mano dura, denominada “seguridad democrática”. Apoyado en esos altos índices de popularidad, Uribe confió hasta último momento que la encrucijada del alma terminaría, naturalmente, decantándose por el camino corto de una nueva reelección. El fallo del Tribunal Constitucional le cerró esa alternativa. Y, además, comenzaron los escándalos.

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Una historia poco clara

En el convencimiento de que la lucha contra las FARC justificaba los métodos, inclusive los arriesgados, Uribe ordenó a su entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, el bombardeo de un campamento guerrillero ubicado en suelo ecuatoriano. La violación de la soberanía enardeció al gobierno –nada amigable con Uribe, por otra parte- de Rafael Correa, y el venezolano Hugo Chávez vio la posibilidad de alimentar con hechos justificados su discurso belicista contra el colombiano. En su programa televisivo “Aló, presidente”, Chávez ordenó en cámara la movilización de tanques a la frontera con Colombia. Para completar el distanciamiento con sus pares latinoamericanos, Uribe puso a disposición del ejército norteamericano la utilización de bases en territorio colombiano. Además, dejó de ir a las cumbres regionales; concurrió a Bariloche –por la solicitud expresa de la presidenta argentina Cristina Fernández- sólo para escenificar en directo, por la televisión, su fría relación con los demás jefes de Estado.

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Al enfrentamiento internacional con los vecinos, que puso a la región peligrosamente cerca de un nuevo conflicto armado, comenzaron a sumársele noticias de un derrotero poco claro en el ámbito interno. Escandalizó la publicación de las relaciones entre funcionarios gubernamentales con los paramilitares supuestamente desmovilizados, conocida como la “parapolítica”, que mostraban un lado para nada transparente de la totalidad de la gestión de Álvaro Uribe.

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Y en los últimos días, ya nominado Juan Manuel Santos como el hombre designado por el presidente para sucederlo en el Palacio de Nariño, esta espiral de escándalos no ha hecho sino extenderse en todos los sentidos. Los espías del servicio secreto dependiente de la presidencia (el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS) fueron descubiertos pinchando teléfono (“chuzando”, dicen en Bogotá) de políticos opositores, de periodistas y hasta de jueces. Las escuchas telefónicas, que hoy investiga la Fiscalía, habrían servido para filtrar datos hacia los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia, que, según parece, permanecen en activo y al servicio del poder. El vínculo estrecho entre fuerzas de seguridad y paramilitares irregulares fue confirmado por el ex dirigente de las AUC Salvatore Mancuso, desde una cárcel norteamericana. Mancuso, además de lanzar una nueva bomba contra el candidato de Uribe (dijo que Santos le había propuesto encabezar un golpe de Estado contra el ex presidente Ernesto Samper), afirmó que la alianza entre las AUC, el ejército y los espías del DAS es estrecha y continua.

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Las palabras de Mancuso tienen, lamentablemente, asidero: el gobierno de Uribe afirma que ha desmovilizado a las AUC a través de las negociaciones de paz, sin embargo la OEA sostiene que de los 31.000 paramilitares desmovilizados, más de 7.000 han regresado a las armas, al narcotráfico, a la extorsión, y otras buenas ocupaciones relacionadas. El Comité Internacional de la Cruz Roja, por su parte, acaba de publicar que la guerrilla insurgente de las FARC tampoco ha sido desactivada, como repite Uribe en cada tribuna, sino que sigue siendo un polo activo orientado a la lucha política, e inclusive que se habría fortalecido en el último año.

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Y llega Mockus

Y cuando esta confluencia de escándalos arrincona al gobierno y a su principal candidato, aparece Antanas Mockus y se convierte en personaje y en suceso. Un “tsunami verde”, dice la prensa. Académico, profesor, pensador, filósofo y matemático, con sus lentes de estudiar mucho, su pelo blanco y su andar descuidado, Mockus aparece como la antítesis de los envarados y conservadores dirigentes de la derecha gubernamental. Esta semana, tras los primeros debates televisivos, el cruce entre los escándalos del oficialismo y la novedad de su imagen lo han catapultado al primer lugar en las encuestas de preferencia de voto, un sitial de donde nadie esperaba que fuera a moverse Juan Manuel Santos.

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Ex rector de la Universidad de Colombia, Antanas Mockus, descendiente de lituanos, acumuló experiencia política en sus dos períodos como intendente de Bogotá. Su discurso, sin embargo, no es el del político tradicional, sino una mezcla de profesor que explica todo y activista de organizaciones de base. Y no tiene demasiados complejos, ya es una anécdota recurrida su respuesta a una protesta estudiantil que no le permitía dictar una conferencia: se bajó los pantalones y les mostró su retaguardia. Logró callarlos, aunque le costó el puesto de rector.

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Más allá de estas notas de exotismo, Mockus parece haber sido un buen gobernante en la ciudad capital de Colombia. Su postura es la del respeto por las reglas de juego, la transparencia, y el fin de la mano dura. Con el Partido Verde por fuera de las tradicionales divisiones del escenario político colombiano, su propuesta de un gobierno de legalidad democrática, con fuerza ética y diálogo, podría ser el bálsamo que Colombia, uno de los países históricamente más violentos de toda América latina, esté necesitando.

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