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Londres en huelga (01 07 11)

Multitudinaria huelga contra el ajuste económico en Inglaterra

Los trabajadores ingleses se suman a la protesta griega, y vienen los italianos        

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LONDRES.- Desde los días de Margaret Thatcher, cuando la líder conservadora cerró las minas de carbón, Londres no vivía una protesta como la de ayer, que ocupó la City financiera, Whitehall –donde se ubican los ministerios- y la zona de la residencia del primer ministro, Downing Street.

Las columnas apoyaban la huelga general contra la reforma jubilatoria del premier David Cameron.

Los principales sindicatos de empleados públicos, y los gremios de maestros y profesores, estuvieron a la cabeza de la convocatoria, y lograron reunir a más de 700.000 personas. Las concentraciones en la capital fueron multitudinarias, pero también se replicaron en las principales ciudades del interior, como Cardiff y Liverpool. En Escocia el índice de acatamiento fue levemente menor.

La huelga intenta poner palos en la rueda del temerario plan de recortes al gasto público diseñado por el gobierno, donde uno de los principales capítulos apunta a las jubilaciones y los seguros de retiro. Cameron planea elevar la edad jubilatoria, y recalcular las asignaciones, que implicará mayores aportes y que los futuros jubilados cobrarán montos menores, a valores constantes, que la actual clase pasiva.

El premier conservador, que ya ha tenido que dar marcha atrás en otros planes liberalizantes que traía en cartera, como la reforma educativa y la del sistema judicial, declaró ayer que las negociaciones para adecuar las jubilaciones a las nuevas condiciones que impone la crisis económica no están cerradas, y que existe margen de maniobra; por lo que juzgó “precipitada” la medida de fuerza gremial.

Sin embargo, a renglón seguido sostuvo también, como lo vienen haciendo los dirigentes de los distintos países europeos, que “no hay alternativas” a un ajuste del gasto público, y que “el sistema de pensiones está en peligro de quebrar”.

Por su parte, el premier italiano Silvio Berlusconi intenta aprobar por decreto un ajuste de 47 millones de euros en el presupuesto, supuestamente para blindar a la península de un probable contagio de la crisis que vive Grecia.

Los líderes sindicales ya anticiparon su oposición al proyecto del mandatario, con lo cual las huelgas volverán a la ribera sur del Mediterráneo.

 

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Europa admite “sobrecarga de esfuerzo bélico” en Libia (15 06 11)

La OTAN comienza a tocar los límites de la guerra en Libia

Europa ya acusa una “sobrecarga de esfuerzo” en las operaciones contra Khaddafi     

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Los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) volvieron a elevar la campaña aérea contra objetivos puntuales en la capital libia, entre ellos el complejo de residencias de Bab al Aziziyah, un conjunto de edificios oficiales entre los cuales se contaría la residencia del coronel Muhammar el Khaddafi.

La ofensiva aliada dio cobertura a un nuevo avance rebelde; los voluntarios de las fuerzas insurgentes avanzaron unos doscientos kilómetros hacia el oeste, quebrando el cerco de la base de operaciones de Misrata. De esta manera, recuperaron una porción importante del escenario bélico que había sido ocupado por el ejército regular libio.

Por la paridad de fuerzas entre ambos bandos, la guerra parecía haber quedado estancada hasta la semana pasada, cuando la OTAN volvió a intensificar las acciones ofensivas. Sin embargo, varios países participantes de la campaña armada en Libia han comenzado a emitir señales de una “sobrecarga de esfuerzo” de guerra, al seguir sosteniendo durante períodos prolongados ataques que no han logrado, en el lapso de tres meses, quebrar las líneas de defensa que el régimen de Khaddafi mantiene sobre la porción occidental del país, especialmente sobre la capital, Trípoli.

Desde Londres, el jefe de la Armada británica declaró en la víspera que la flota inglesa, un actor clave en el apoyo de la aviación francesa y norteamericana, no podrá mantener el peso de las operaciones si éstas se prolongan hasta fin de año. El almirante Mark Stanhope afirmó que puede garantizar la participación de sus soldados hasta septiembre, según el plazo que acaba de fijar el alto mando de la OTAN, pero que más allá de esa fecha el gobierno de David Cameron debería replantear la continuidad de la participación británica, porque implicaría una “sobrecarga de esfuerzo bélico”.

En una línea similar, un oficial de alto rango de la OTAN sostuvo que la cuestión de los recursos de la alianza se volverá “crítica” si la intervención en Libia continúa.

La postura de los voceros militares europeos se contrapone con el discurso oficial de la Administración norteamericana.

Para Washington, la guerra en Libia debería seguir sin interrupciones hasta tanto el coronel Khaddafi abandone el poder, según la formulación reiterada por el presidente Barack Obama.

La semana pasada, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, inclusive reprochó a los europeos por este quiebre en la postura uniforme de los aliados, y sostuvo que la misión en Libia “enfrenta riesgo de fracaso” por el escaso aporte y compromiso de algunos miembros europeos de la OTAN.

Khaddafi ofrece la paz

Con un gesto distendido, el líder libio Muhammar el Khaddafi se dejó fotografiar jugando una partida de ajedrez con el presidente de la Federación Internacional, el ruso Kirsan Ilyumzhinov.

El ejedrecista declaró a su vuelta a Moscú que el coronel le había asegurado estar dispuesto a iniciar “de inmediato” conversaciones de paz con los rebeldes que ocupan la porción oriental del país, e inclusive con mandos militares de la OTAN.

La postura del mandatario, que ha elegido a la capital rusa para insistir en su buena predisposición a terminar la guerra que asota Libia desde hace cuatro meses mediante conversaciones de paz, aparece en un momento en que la Alianza Atlántica comienza una fuerte ofensiva para intentar quebrar el sistema de defensa de Trípoli.

Y mientras envía señales de paz, Khaddafi sigue impulsando a las tropas gubernamentales a reprimir a los insurgentes. Ayer, respondiendo al avance de los rebeldes hacia Trípoli, las fuerzas regulares dispararon con artillería contra el pazo de Dehiba, en la zona de al Ghazaya, fronteriza con Túnez; uno de los pasos utilizados por los que huyen del frente de batalla.

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La OTAN no pega una, o pega mal (29 04 11)

El “fuego amigo” de la OTAN golpea a los rebeldes asediados en Misrata

Las tropas de Khaddafi recuperan un importante paso fronterizo con Túnez  

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TRÍPOLI.- Las criticadas operaciones de la Alianza Atlántica (OTAN) en Libia volvieron ayer a ser cuestionadas por los opositores a Khaddafi.

Según informó en su edición electrónica el diario estadounidense The New York Times, un comandante de los insurgentes rebeldes de Misrata denunció que los bombardeos de la OTAN sobre esa castigada ciudad habían provocado la muerte de 12 combatientes opositores, mientras otros cinco quedaron gravemente heridos.

La noticia no pudo sin embargo ser contrastada con la versión de la organización aliada, ya que su portavoz, Eric Povel, manifestó no tener ninguna información en ese sentido.

El rol que la OTAN juega en la guerra no encuentra una estrategia ni una capacidad de fuego que deje satisfechos a los que se enfrentan a Khaddafi. Los ataques que, a partir de la habilitación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), habían iniciado las aviaciones de Francia y Gran Bretaña, tuvieron en un primer momento una mayor intensidad.

Pero a partir del establecimiento de una zona de exclusión aérea, el presidente norteamericano Barack Obama insistió que el mando de las operaciones debía pasar a la OTAN. Nicolás Sarkozy y David Cameron finalmente terminaron conviniendo en entregar la coordinación, pero las acciones de la OTAN no han sido eficaces en proteger a la población civil, afectada por el denominado “fuego amigo” de los bombardeos occidentales.

Tampoco para apoyar a los insurgentes, que han visto cómo el ejército regular recupera posiciones, o cómo Misrata es sometida a un cerco –incluyendo alimentos, medicinas y agua- y un bombardeo feroz desde hace cuatro semanas.

A esta falta de capacidad para torcer el pulso al régimen de Khaddafi, se suman fallos como el denunciado ayer, donde los objetivos directos de las bombas aliadas terminan siendo los civiles enrolados en las fuerzas opositoras.

En definitiva, las acciones de presión en que se apoya toda la estrategia de la Alianza Atlántica es la que se ha revelado como inconducente para modificar el curso de la guerra.

La OTAN apostó a que, con los bombardeos selectivos y limitados hacia las unidades de ataque más importantes de Khaddafi, sumado al embargo internacional de armas, y éste al bloqueo de las cuentas bancarias en las diversas instituciones financieras diseminadas por el mundo, serían condicionantes suficientes para empujar al régimen de Trípoli hacia una negociación para dejar el poder, y una transición del gobierno a los rebeldes.

Sin embargo, Muhammar el Khaddafi ha dado muestras de que dispone de más recursos de los que se calculaban, que posee divisas en metálico para seguir financiando la guerra, y que los bloqueos y las presiones internacionales no lo afectan. El líder libio se aferra al poder, y plantea una estrategia de desgaste con la cual, finalmente, lleva las de ganar.

Así, con una guerra empantanada entre dos frentes relativamente equilibrados, la situación humanitaria de la población civil no deja de debilitarse, con campamentos llenos de refugiados y con una emigración creciente de aquellos que alcanzan a llegar a un paso fronterizo.

En este sentido, las tropas de Khaddafi lograron ayer recuperar el paso hacia Túnez de Dehiba, cerrando también esta posibilidad de escapar a los que huyen del frente.

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Soldados europeos rumbo a África (21 04 11)

Las potencias occidentales aumentan  su presencia en la guerra de Libia

Italia se suma a Francia y Gran Bretaña en el envío de oficiales para apoyar al bando rebelde. El canciller de Khaddafi promete elecciones libres si la OTAN se retira del conflicto  

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TRÍPOLI.- En un nuevo giro en la intervención que los Estados Unidos de Norteamérica, juntamente con países europeos y del Medio Oriente, mantienen contra el régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi, el gobierno italiano anunció que se suma a la medida adoptada por Francia e Inglaterra, consistente en enviar expertos militares a apoyar la organización de las fuerzas rebeldes con sede en Bengasi.

Con este nuevo paso adelante de los tres países europeos, las potencias occidentales intentan evitar el empantanamiento del conflicto en una guerra civil de larga duración, que termine deslegitimando ante la opinión pública toda la operación sobre el territorio libio.

Tal como señalan los críticos con la participación aliada, especialmente los voceros de los gobiernos de Rusia y China, este tipo de acciones ya sobrepasan el marco de actuación habilitado por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que permitía la intervención para resguardar a la población civil; en ningún momento daba lugar a tomar partido por uno de los dos contendientes.

Sin embargo, el reconocimiento oficial que el presidente francés Nicolás Sarkozy hizo luego del Consejo Nacional como “interlocutor legítimo” con el pueblo libio (ayer volvió a recibir en París al líder rebelde Mustafa abd el Khalil), mostró que el objetivo real de la intervención buscaba el derrocamiento del régimen y la salida de escena de la persona del coronel Khaddafi y de su círculo familiar.

En este mismo sentido se expresó el presidente norteamericano, Barack Obama, al sostener que Khaddafi debía “dar un paso al costado y abandonar el poder”.

Pero la capacidad ofensiva del régimen de Trípoli se mantiene, a pesar del acoso de los intentos de neutralización de la Alianza Atlántica (OTAN), y los ataques de las tropas de Khaddafi a la ciudad de Misrata están empujando la situación hacia una crisis humanitaria.

Los voluntarios irregulares que integran el ejército rebelde, mientras tanto, han dado muestras de deficiencias en la organización y en la logística de combate, que los llevan a no poder aprovechar su superioridad numérica frente a los efectivos profesionales del régimen.

Ante ello, los jefes de los gobiernos británico y francés dispusieron enviar a Bengasi a un número acotado de oficiales, muy seleccionados, para apoyar en estos temas a los comandantes militares rebeldes.

Al anunciar ayer que su gobierno se sumaba a esta estrategia, con el envío de 10 oficiales, el ministro italiano de Defensa, Ignazio La Russa, recalcó, tal como lo habían hecho sus colegas francés y británico, que los oficiales europeos no dirigirán tropas ni participarán en batallas en el frente, sino que se limitarán a “asesorar” a los oficiales libios.

Con los pasos fronterizos con Egipto abiertos, ya es seguro que en la zona oriental del país se mueven múltiples agentes de los servicios de inteligencia de varios países, y en la reciente reunión del Grupo de Contacto con Libia, que sesionó en la capital qatarí de Doha, las posturas favorables a financiar o enviar armas al bando rebelde estuvieron a punto de imponerse; finalmente Estados Unidos decidió enviar 25 millones de dólares a Bengasi, en concepto de “ayuda no letal”.

En este marco, la llegada de oficiales europeos hace prever un panorama de intensificación del conflicto militar en el país norafricano.

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Elogio del egoísmo (15 04 11)

Elogio del egoísmo

Por Nelson Gustavo Specchia

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Esta semana, en Doha, la capital del emirato árabe de Qatar, los países que han emprendido acciones bélicas contra la dictadura libia de Muhammar el Khaddafi se reunieron, para analizar diversos aspectos de la agenda de la guerra y los rumbos a adoptar frente a una evidencia: el autócrata no abandonará por motu proprio el poder, antes bien, clavará sus garras de león de África (como le gusta que lo apoden) en el búnker de Trípoli, y desde allí resistirá todo lo que pueda.

Las acciones armadas, que con tanto brío lanzaran el presidente francés Nicolás Sarkozy, junto al premier británico David Cameron, apenas el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la utilización de “cualquier medio” para proteger a los civiles de los devastadores ataques de Khaddafi, se han revelado insuficientes para empujar al régimen a una retirada. Mucho menos a una claudicación.

Y los más preocupados por estas relativas tablas son los líderes de la insurgencia rebelde, que desde Bengasi insisten en que si no les dan armas, o al menos les dan dinero para pagar a los traficantes que abundan con ofertas por todos los rincones de los enclaves rebeldes, el empantanamiento de ambos frentes podría derivar en una larga guerra civil de desgaste. Una guerra civil que podría instituir la partición de hecho del país en dos mitades, y que empujaría contingentes enteros desde y hacia la Tripolitania y la Cirenaica.

Y en ese momento, mientras las delegaciones de casi veinte países europeos y musulmanes discutían la conveniencia o no de entregar armas y fondos a los rebeldes, apareció sobre la mesa de negociación el drama de la población civil libia en toda su crudeza. Un actor central de la crisis política y una víctima cautiva de las acciones militares que, hasta el momento, sólo ha sido citado marginalmente en las consideraciones de los principales protagonistas de la guerra.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki Moon, intentó poner una nota de cordura en la reunión de todos los enemigos de Khaddafi, el Grupo de Contacto creado en Londres el 29 de marzo pasado, y presidido conjuntamente por un actor occidental –Gran Bretaña- y uno árabe –Qatar-, para que no parezca demasiado una coalición imperialista del Primer Mundo contra un Estado subdesarrollado que, además, es musulmán y africano.

ENTRE FUEGOS

En la mesa de Doha, donde los embajadores discutían si los fondos a los rebeldes deberían provenir de donaciones voluntarias o habría que liberar los millones de dólares producto de la exportación del petróleo libio que hoy se encuentran congelados en virtud del embargo a Khaddafi, Ban ki Moon se atrevió a recordar que, si se hace una colecta mundial, más que a los beligerantes rebeldes debería atenderse a la población civil, que en algunos rincones del frente de batalla –como la ciudad de Misrata- se acerca ya a la situación desesperada de crisis humanitaria por los muertos en bombardeos de ambos frentes, desplazamientos, emigración, falta de alimentos, medicinas, e incluso agua (en un contexto de desierto).

Y el secretario de la ONU dio la cifra que maneja la organización multilateral y que debería haber movilizado las conciencias de varios, especialmente de delegados de aquellos países que se presentan como fuertes defensores de los derechos humanos: hasta un horizonte de 3,6 millones de hombres y mujeres, más de la mitad de la población total del país norafricano, necesitará asistencia humanitaria por haber perdido sus hogares, sus fuentes de trabajo, sus posesiones, o haber tenido que migrar de sus lugares de residencia.

Según las estadísticas de la oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), dijo Ban, 490.000 personas han debido abandonar Libia desde el 15 de febrero pasado, cuando estalló la crisis. Este casi medio millón de emigrantes externos se suma a las más de 330.000 personas que, en grupos familiares enteros, han sido desplazados internamente desde su lugar de residencia, y hoy sobreviven en condiciones cada vez más precarias en campos de refugiados en otra región diferente a la de origen.

Los rebeldes sostienen que a Bengasi ya han llegado más de 35.000 libios que escapan de las balas del régimen en el oeste del país. Las fronteras con Túnez y Egipto, que en un principio se cerraron por precaución o por simple miedo a una estampida demográfica, registran el paso de unas 2.700 personas cada día, que huyen de las bombas de Khaddafi, del “fuego amigo” de los misiles de la OTAN, o de los alocados y anárquicos disparos de los milicianos rebeldes.

EGOÍSMO IMPOTENTE

A la advertencia de Ban ki Moon, el delegado del gobierno italiano de Silvio Berlusconi respondió que la reunión de Doha había sido convocada para estudiar alternativas de cómo terminar con Khaddafi, y que eso tenía que ver con decidir si a los rebeldes se les daba dinero –o incluso armas-: Qué hacer con los civiles debería discutirse en otros ámbitos.

Los ámbitos a que se refería el delegado italiano son, según insiste Berlusconi desde Roma, los de la Unión Europea. Durante la reunión de ministros del Interior de los Estados-Miembros de la UE, en Luxemburgo el lunes 11 de abril, el premier italiano intentó que la organización continental se haga cargo de los africanos que, huyendo de la guerra y del hambre, llegan a sus costas –geográficamente tan próximas- todos los días.

Francia y Alemania le contestaron que eso no sería posible: todo extracomunitario que quiera moverse por el Espacio Schengen (el espacio sin fronteras interiores de los países europeos) debe demostrar que dispone de los recursos económicos suficientes, una vivienda, y sus papeles de inmigración en regla. Requisitos que, por supuesto, no pueden aportar los libios y tunecinos que –habiendo tenido la suerte de no morir en alta mar: el miércoles se hundió un bote miserable y más de 200 africanos se ahogaron- logren llegar en sus paupérrimas pateras y botes inflables a la isla siciliana de Lampedusa.

Antes de intentar tirarle el fardo a la UE en Luxemburgo, Silvio Berlusconi había intentado la más directa y brutal: repatriar directamente a todo emigrante africano ilegal que arribara a las costas italianas, sin analizar motivos ni atenuantes. Desde comienzos de año estos refugiados ya suman 25.000, y nadie tiene ningún plan para gestionar su destino.

Pero si un gobierno tan poco considerado con los más desfavorecidos, como el conservadurismo italiano de Berlusconi, no logra hilvanar una idea sobre qué hacer frente a un fenómeno de crisis humanitaria que le explota en su territorio, tampoco en los pasillos de la desarrollada e idealista Unión Europea hay muchas más ideas. Ni hablar de una política exterior armónica y estructurada para hacer frente a la avalancha de hombres y mujeres desesperados provenientes del África del Norte.

Después de unos primeros momentos de desconcierto cuando las revueltas árabes comenzaron en Túnez y Egipto, el liderazgo europeo se manifestó públicamente a favor de la renovación de las estructuras políticas que traían los alzamientos populares en los países árabes. Pero frente a una de las primeras consecuencias de esas revueltas, la llegada de refugiados huyendo de los conflictos y solicitando asilo y ayuda, Europa vuelve a cerrar sus puertas a cal y canto y sólo atina a aumentar las patrullas policiales en el Mediterráneo y a enviar algunos euros a los países africanos para que sus gobernantes vigilen mejor los puertos desde donde parten los botes con emigrantes.

Ante tanta negligencia, los únicos que ganan son aquellos nacionalistas que hacen del egoísmo una virtud. Como dijo el propio Berlusconi, en su intento por presionar a Bruselas: En definitiva, si la Unión Europea no logra armar un acuerdo concreto sobre inmigración, es mejor separarse de ella y que nos volvamos cada uno a nuestro país.

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Libia, una guerra que se va para arriba (14 04 11)

Los aliados se disponen a elevar la guerra en Libia

Rusia, India, China y Brasil mantienen su postura contra los bombardeos

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TRÍPOLI.- Las posiciones que sostienen que el conflicto político en Libia debe encararse por vías distintas al ataque bélico están siendo sobrepasadas por la tendencia contraria, y los responsables militares de la Alianza Atlántica (OTAN) planean aumentar la cantidad de armamentos y recursos para atacar con mayor precisión y contundencia las defensas del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

La petición de ampliar la ofensiva la realizó el máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, a los ministros de Exteriores de los países miembros de la organización que participan en la intervención militar.

Cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) habilitó las acciones contra Khaddafi, Francia y Gran Bretaña enviaron de inmediato a sus fuerzas aéreas, y la armada estadounidense se sumó con misiles disparados desde los buques norteamericanos estacionados en el mar Mediterráneo.

Pero una vez que la zona de exclusión aérea estuvo asegurada, el presidente Barack Obama logró que sus pares francés, Nicolás Sarkozy, y británico, David Cameron, entregaran el control y la coordinación total de la ofensiva a los mandos de la OTAN.

Sin embargo, la alianza militar occidental ha cometido varios fallos, ha bombardeado por error columnas de milicianos rebeldes; las víctimas civiles caratuladas como “daños colaterales” de sus bombardeos siguen aumentando; y la oposición armada del Consejo Nacional insurrecto ha reclamado un cambio de estrategia o bien el retiro de la organización del frente de batalla.

En la reunión del Grupo de Contacto con Libia, que preside conjuntamente Gran Bretaña y Qatar, que sesionó en Doha el miércoles de esta semana, los representantes de los rebeldes de Bengasi reclamaron mayor efectividad de la OTAN en la neutralización de las fuerzas de Khaddafi, especialmente de los efectivos que mantienen cercada a la ciudad de Misrata.

En esta ciudad ubicada en la mitad occidental de Libia, las fuerzas gubernamentales causaron ayer 23 muertes y más de 20 heridos de gravedad, y además de las víctimas civiles ya se ha denunciado hambre y otras carencias humanitarias.

Después de la reunión de Doha, los responsables de las relaciones exteriores de 34 países se encuentran reunidos desde ayer en Berlín, con la guerra en Libia en el centro de la agenda. Con la presencia de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en la capital alemana los cancilleres han convenido en aumentar la presión sobre el régimen de Trípoli y, al mismo tiempo, “proporcionar los recursos necesarios y la máxima flexibilidad operativa” a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), luego de la exposición del almirante Stavridis en que solicitaba ampliación de recursos y armamentos.

Aunque el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, admitió que ningún país ha hecho aún “compromisos específicos” para aportar más medios, dijo ser “optimista” en que se llegará a un acuerdo para ampliar el rango de la guerra en Libia.

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Plata fresca para la insurgencia libia (14 04 11)

El Grupo de Contacto analiza financiar la insurgencia libia

La reunión en Qatar avanza hacia un incremento en la ofensiva de la OTAN

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La virtual parálisis del escenario bélico en Libia, producto de un estancamiento en la relación de fuerzas entre las unidades regulares del coronel Muhammar el Khaddafi y los milicianos rebeldes, fue el centro de las deliberaciones del Grupo de Contacto con Libia, que comenzaron ayer en la ciudad de Doha, capital del emirato árabe de Qatar.

El Grupo se formó el pasado 29 de marzo en Londres, después que Francia y Gran Bretaña, con el apoyo de la flota estadounidense estacionada en el mar Mediterráneo, comenzaran acciones de hostigamiento a la artillería de Khaddafi, en orden al establecimiento de una zona de exclusión aérea, tal como lo había definido la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), principalmente para resguardar a la población civil libia de los estragos de la aviación del régimen.

La acción armada fue luego confiada enteramente a los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN), pero su estrategia ha recibido múltiples críticas desde todos los actores involucrados en la crisis del país norafricano.

En especial, los rebeldes insisten que las acciones emprendidas por la organización aliada no son suficientes para detener la contraofensiva lanzada desde Trípoli por el coronel Khaddafi, cuyos hombres han estado a punto de recuperar los principales enclaves de la insurgencia, tanto en el sector occidental del país (con el cerco a la ciudad de Misrata, que la está empujando a una situación de crisis humanitaria por la falta de agua, alimentos y remedios), como a la oriental Ajdabiya, ya en las inmediaciones de Bengasi, donde se ubica el Consejo Nacional rebelde.

En la reunión de Doha estas posturas volvieron a tensarse en la mesa de negociaciones, y al mismo tiempo que se pide mayor contundencia a la OTAN (encabezada por las delegaciones inglesa y francesa), algunos participantes introdujeron la inciativa de financiar al sector insurrecto, ya sea con donaciones voluntarias por parte de los Estados, o bien liberando fondos de exportación del petroleo libio, que en razón del embargo a Khaddafi hoy se encuentran inmovilizados en diversos bancos del mundo.

Inclusive algunos embajadores –como el italiano- no descartaron la posibilidad de entregar armas al sector rebelde. La insuficiencia de material de guerra es señalada como la principal carencia de los insurrectos para lograr imponerse a las tropas de Khaddafi, muy inferiores en número.

La delegación belga, por el contrario, recordó que la ONU hace referencia a un “embargo total de armas” a Libia, y eso incluye a ambos bandos; Alemania, por su parte, insistió en que “no habrá solución militar”, por lo cual el incremento las armas constituiría un despropósito.

El secretario la ONU, Ban ki Moon, y los representantes de la Liga Árabe y la Confederación Islámica, hicieron hincapié en que los fondos deben destinarse a aliviar la situación de los 3,6 millones de civiles atrapados en el conflicto. Cerca de medio millón de personas han dejado el país desde el estallido de la crisis, según la oficina de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

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Los rebeldes quieren a Sarkozy (13 04 11)

La OTAN suma nuevas críticas por la intervención en Libia

El cerco sobre Misrata empuja la situación de la ciudad hacia una crisis humanitaria

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TRÍPOLI.- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar integrada por los ejércitos de los Estados Unidos de Norteamérica y sus socios europeos, que asumió la coordinación total de la intervención en el conflicto bélico libio, sigue sumando críticas desde los ángulos más diversos.

Después de que el coronel Muhammar el Khaddafi y sus hijos repitieran que los ataques aliados constituían una “intervención colonialista” en los asuntos internos del país norafricano, el liderazgo del bando insurgente, por boca de los máximos representantes del Consejo Nacional opositor, criticaron la actuación militar de la OTAN, tanto por el “fuego amigo” que causó bajas entre las propias filas rebeldes, como por la “poca contundencia” de sus acciones para detener a las tropas de Khaddafi.

A pesar de los varios centenares de misiones de ataque aliado contra objetivos artillados, defensas antiaéreas y tanques blindados del régimen, las fuerzas leales al dictador han seguido su ofensiva sobre los enclaves rebeldes, y durante el último fin de semana estuvieron a punto de recuperar las ciudades de Misrata y de Ajdabiya, la última localidad en poder de los alzados antes de llegar a Bengasi, el centro de la insurrección.

A estas críticas, además, en la víspera se sumaron voces de censura desde los gobiernos francés y británico, los más involucrados en el conflicto libio, y desde donde partió la iniciativa de bombardear las defensas de Khaddafi, junto a los misiles lanzados desde barcos norteamericanos, para establecer una zona de exclusión aérea el 19 de marzo, en la fase iniciar de la intervención armada externa.

Para los altos mandos de Francia y del Reino Unido, la estrategia de la Alianza Atlántica es insuficiente para frenar la contraofensiva lanzada desde Trípoli.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, tuvo a su cargo el mando de las acciones bélicas en un primer momento, hasta que, cediendo a una iniciativa del presidente Barack Obama, delegó junto a su par británico David Cameron la coordinación en la OTAN; desde Bengasi se pedía ayer que Francia recupere el liderazgo de los ataques.

El canciller de Sarkozy, Alain Juppé, se sumó a las críticas al admitir desde París que la OTAN “no hace lo suficiente”. El ministro británico de Exteriores, William Hague, también insistió en la misma línea, y llamó a otros países a sumarse a la intervención contra Khaddafi.

Cita en Qatar

DOHA.- Mientras los combates en Libia se suceden sin que ninguno de ambos bandos pueda imponerse y las muertes de civiles aumentan a diario, hoy se reunirá en la capital qatarí el Grupo de Contacto internacional sobre Libia, que se constituyera en Londres el 29 de marzo pasado, y que intenta formular posibles vías de salida a la crisis en la dictadura encabezada por Muhammar el Khaddafi y su entorno.

A la reunión que comienza hoy en el pequeño Estado árabe asistirán representantes de unos veinte países, que en Londres estuvieron de acuerdo con hostigar al régimen libio con acciones militares, junto a delegados de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Africana (UA), la Liga Árabe y la Conferencia Islámica.

Los esfuerzos diplomáticos para ofrecer una salida a Khaddafi y el inicio de una transición cobran mayor importancia cuando desde el propio mando aliado se ha admitido que no hay posibilidades de imponerse al aparato militar de Trípoli en el corto plazo.

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Libia, en camino hacia la guerra civil? (04 04 11)

Se mantiene la línea de batalla y aumentan las víctimas civiles

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Una de los temores expresados al inicio de la intervención occidental en Libia –la posibilidad de una guerra civil larga entre dos bandos relativamente equilibrados- ha dado indicios, en los últimos días, de que pueda ser el rumbo que adopte el conflicto entre la facción rebelde y el régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

En efecto, desde que a fines de la semana pasada la Alianza Atlántica (OTAN) asumiera la completa coordinación del establecimiento de la zona de exclusión aérea sobre el cielo libio, y las fuerzas gubernamentales lograran hacer retroceder a los insurrectos hasta los principales bastiones en el este del país, el frente de batalla se ha inmovilizado en las poblaciones del entorno de Bengasi, la capital rebelde.

Durante el fin de semana, los combates –difusos y aislados en las rutas, pero tomando cuerpo en los barrios de las ciudades- continuaron en Brega y Ajdabiya.

Al mismo tiempo, la reacción mundial contra las víctimas civiles caídas en los enfrentamientos, o como “daños colaterales” de los bombardeos de la OTAN a las instalaciones militares de Khaddafi, se convierte en una presión cada vez más considerable.

El viernes pasado, siete miembros de una misma familia –incluyendo niños y adolescentes- murieron en Brega, cuando la OTAN bombardeó a un convoy de las fuerzas leales al régimen que pasaba en ese momento por delante de la casa familiar.

Las tropas oficialistas han dejado de utilizar los tanques, fácilmente identificables por los radares de la Alianza Atlántica, y los han reemplazado por camionetas privadas a las que anexan armas y artillería, los mismos equipos que utilizan los insurrectos.

Esto ha llevado a que, en la confusión propia de un conflicto que tiende a mutar hacia una guerra civil, la diferenciación entre ambos bandos sea cada vez más difícil.

Los misiles de la OTAN, por ello, también han alcanzado camionetas de los milicianos voluntarios de la oposición rebelde, causando 13 bajas entre ellos.

El sábado, el presidente del Consejo Nacional rebelde, Mustafá Abdul Khalil, anunció que estaba “dispuesto a negociar un alto el fuego bajo condiciones” con el gobierno de Khaddafi, pero desde Trípoli rápidamente se rechazó la propuesta, que incluía una virtual división del territorio del Libia en dos partes.

Egipto mantiene el pulso

El alzamiento popular que estalló en Egipto a principios de año y que se llevó por delante al régimen autocrático de Hosni Mubarak no parece dispuesto a conformarse con una transición, tutelada por los militares, que sólo produzca modificaciones superficiales.

La céntrica plaza Tahir, en El Cairo, ha vuelto a ser escenario de marchas y movilizaciones que, al grito de “libertad o muerte”, reclaman la implementación de reformas aperturistas en la vida política egipcia.

Puntualmente, las manifestaciones piden la celebración de juicios a los personeros del antiguo régimen, a quienes identifican con la corrupción imperante en el país.

La Coalición de la Juventud de la Revolución, responsable de la convocatoria, demanda también la reducción de los poderes presidenciales, la disolución del Partido Nacional Democrático de Mubarak, el fin del estado de emergencia y la liberación de todos los presos políticos.

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Libia: Los rebeldes retroceden hasta Brega (30 03 11)

Las tropas de Khaddafi reconquistan el puerto petrolero de Ras Lanuf

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Después de haber llegado hasta los mismos muros de la ciudad de Sirte, los insurgentes libios fueron repelidos por las tropas oficialistas, que lograron hacerlos retroceder hacia el este, y recuperaron en el camino algunas de las posiciones de manos rebeldes, como el puerto de Ras Lanuf, desde donde sale parte del petróleo de exportación.

La imagen de los últimos días se asemejó a un juego de táctica y de estrategia de guerra, donde los dos bandos que se disputan el control del escenario bélico del país norafricano se alternan en la ocupación de porciones de territorio, con apenas enfrentamientos menores y la constante presencia de la aviación francesa y británica, que junto a los misiles estadounidenses mantienen neutralizada a la artillería pesada y a los aviones que responden al coronel Muhammar el Khaddafi.

La conferencia mundial sobre Libia, que se reunió en Londres el martes pasado, fue un espaldarazo para la posición de los rebeldes y su representación principal, el Consejo Nacional con sede en Bengasi.

Sin embargo, los líderes insurgentes repiten que además del reconocimiento necesitan armas para hacer frente al ejército de Khaddafi.

Esta solicitud, sin embargo, divide a los países y a las organizaciones multilaterales que apoyan la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU),  que habilitó la zona de exclusión aérea.

El ministro de exteriores francés, Alain Juppé, admitió en Londres que su gobierno estaba dispuesto a discutir una ayuda militar a los rebeldes; y en el mismo sentido se expresó ayer el premier británico, David Cameron, quien afirmó que “no descarta” proporcionar armas para que la insurgencia libia haga frente a la poderosa maquinaria militar del régimen.

Otras posturas, como la del presidente chino Hu Jintao, niegan esta posibilidad; Hu inclusive  advirtió al presidente francés Nicolás Sarkozy, ayer en Pekín, que los bombardeos coordinados por la OTAN son excesivos.

Por su parte, la embajadora de Barack Obama ante la ONU, Susan Rice, afirmó que “no hemos tomado la decisión, pero no la descartamos”, y dejó abierta la posibilidad de armar a los rebeldes en el caso de que la actual intervención no se muestre suficiente para obligar a Khaddafi a abandonar el poder.

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