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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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El ejército sirio sigue un camino de aniquilación

Tercer día de bombardeos al puerto de Latakia. Progresivo aislamiento mundial

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Fuera ya de toda cordura, y quedándose más solo cada día, el régimen autocrático comandado por el presidente Bachar al Assad sigue adelante con la estrategia de reprimir a sangre y fuego cualquier manifestación opositora.

A pesar de la condena de los organismos multilaterales, la carta de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con acuerdo de Rusia y de China, las sanciones aplicadas por el gobierno norteamericano y por la Unión Europa, e inclusive las advertencias de gobiernos islámicos –como Arabia Saudita-, el régimen de los Al Assad persiste en enviar a los tanques y a la infantería a disparar contra la población civil, que se encuentra cautiva del gobierno en su propio país.

A los ejércitos de tierra, esta semana el presidente sirio sumó la Armada de Guerra, que bombardeaba ayer, por tercer día consecutivo, a la ciudad de Latakia, el principal puerto del país.

La ciudad, que además de ser la puerta marítima para las exportaciones e importaciones sirias es un importante enclave de la comunidad sunnita, ha experimentado un creciente malestar opositor al gobierno, a tono con el estado de ánimo que vive Siria desde que llegaran las expresiones aperturistas y democratizantes de la “primavera árabe”, especialmente desde el Norte de África.

El gran barrio sunnita de Latakia, Al Raml, alberga también un multitudinario campo de refugiados palestinos, y vivía anoche una tensa expectativa ante la posibilidad de una entrada militar represiva de las tropas gubernamentales.

La cabeza del clan familiar de los Al Assad y jefe del Ejecutivo sirio, en su postura de negar la realidad, dijo desconocer cualquier actividad anormal en el puerto de Latakia.

Pero videos enviados por telefonía celular y por las redes de internet mostraban una ciudad sitiada y bombardeada por mar; mientras que testimonios de pobladores narraban que los soldados habían ingresado al campo de refugiados y utilizaban escudos humanos para disparar sobre los manifestantes.

En una actitud que ya inclusive hace preguntarse por su equilibrio mental, el presidente recibió ayer al embajador del Líbano, Adnar Mansur, y le aseguró que el país “está en paz”, y que los “episodios aislados” de detener a los “bandidos y salteadores de caminos” era una obligación de las autoridades y de la policía.

Arabia Saudita, por el contrario, junto con los también Estados musulmanes de Bahreim y Kwait, retiraron a sus embajadores de Siria, sumándose a la presión internacional para que el régimen acabe con la matanza de civiles. El rey Abdullah envió una protesta formal a Damasco, exigiendo “que se detenga el derramamiento de sangre” y “acciones sabias antes de que sea demasiado tarde.”

Bachar al Assad, cuya familia pertenece a una facción minoritaria de la confesión chiíta del Islam, ha hecho caso omiso de la protesta de la primera potencia regional, como antes con la ONU y las sanciones de estadounidenses y europeos.

Junto a los buques que bombardean Latakia, los tanques se dirigían ayer a la región de Homs, en el centro del país, después de haber hostigado con fuego de artillería a la población de Deir al Zor, en el borde oriental. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos lleva contabilizadas 1.800 víctimas mortales en los cinco meses de los alzamientos; los desaparecidos suman más de 3.000 personas.

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Jornada trágica en los frentes de guerra de Asia Central (06 07 11)

La retirada del ejército norteamericano no disminuye la conflictividad        

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BAGDAD, KABUL.- Los frentes bélicos abiertos en Asia central no logran atenuar el nivel de violencia en la región, a pesar de las estrategias ensayadas por la Administración Obama y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los dos principales actores externos intervinientes.

Washington ha comenzado un retiro escalonado de los frentes asiáticos, entregando las funciones de seguridad a los nuevos escuadrones policiales internos, tanto en Irak como en Afganistán.

Sin embargo, la alta desestructuración social en que los invasores dejan a estos países, los enfrentamientos entre las ramas del Islam, y la capacidad ofensiva de los talibán en las zonas montañosas, siguen provocando cruentos episodios de violencia.

En la víspera, un doble atentado con explosivos en las inmediaciones de la capital iraquí dejó un tendal de -al menos- 40 muertos, mientras tres ataques sucesivos en la región oriental de Afganistán provocaron la muerte de cuatro soldados de la OTAN, y otra baja en un militar de las fuerzas australianas desplegadas en esa zona.

Mientras el atentado iraquí fue adjudicado a la guerrilla insurgente sunnita, las bombas que mataron a los soldados de la OTAN forman parte de una nueva avanzada talibán en el Este afgano.

El atentado de las cercanías de Bagdad se produjo en Tayi, una barriada mixta de sunnitas y chiítas que fue hasta hace poco tiempo un campo de batalla de Al Qaeda, un escenario de fuertes enfrentamientos entre radicales de ambas confesiones musulmanas, y un asentamiento del Ejército de Al Mahdi, una facción chiíta.

El ataque se ejecutó con una mecánica ya usual en la insurgencia interna iraquí, estrellando un coche cargado con explosivos contra un edificio de oficinas públicas (un registro civil y la municipalidad de Tayi), en un horario donde ambas dependencias estaban llenas de civiles realizando trámites, y de autoridades locales.

Según los partes médicos del hospital bagdalí de Kadhimiya, hasta la tarde de ayer se contabilizaban 40 fallecidos y más de medio centenar de heridos.

Los cinco militares occidentales caídos en Afganistán, además, se suman a los 280 soldados extranjeros muertos en el frente afgano en lo que va del año.

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Siria, temas de familia (13 05 11)

Siria, temas de familia

Por Nelson Gustavo Specchia

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Hace apenas un par de semanas, en este mismo espacio, nos preguntábamos si las llamas que desde comienzo de año vienen incendiando el mundo árabe, llegarían a alterar el cerrado orden impuesto sobre la República Árabe Siria (“¿Prenderá en Damasco la mecha siria?”, HDC 01/04/11). La sucesión de alzamientos, movilizaciones callejeras y protestas desde entonces, y las idas y vueltas ensayadas por el gobierno del presidente Bachar el Assad sobre las maneras de enfrentar estas demandas, han respondido de múltiples maneras –pero todas ellas afirmativas- a aquella pregunta que nos hacíamos a principios de abril.

Siguiendo un molde que ya es común a los regímenes autocráticos, que depositan en la fuerza de la represión popular la posibilidad más inmediata de continuidad en el poder, el gobierno de Damasco prometió reformas y aperturas, pero en realidad sacó a la calle a sus cuerpos policiales de la Guardia Republicana, y a los tanques del ejército. Ahogar a fuego abierto la movilización popular ha sido finalmente la línea adoptada por la clase política, y las ciudades –especialmente en el sur del país- han visto una y otra vez cómo las movilizaciones de civiles desarmados eran disueltas a tiros, ensangrentando las calles.

Pero para mantener en el tiempo una metodología represiva dura, se requiere que al frente de la máxima instancia decisoria no haya ningún temblor de pulso. Y Bachar el Assad, el médico oftalmólogo que llegó a presidir el gobierno de ese Estado multireligioso y complejo sin quererlo y por las vueltas y recovecos de la vida, parece no tener el suficiente temple para las decisiones que el cargo le está exigiendo en estos momentos.

EL CLUB DEL CLAN

Bachar no es su padre, ni tiene el firme pulso represivo de aquel; esa parece haber sido siempre la sospecha de su familia. El fundador de la dinastía, Hafez el Assad, se hizo con el poder en Siria apenas los últimos soldados franceses abandonaron el territorio de la vieja posesión colonial. Francia se terminó de retirar en 1944, y su ocaso en la punta oriental del Mediterráneo coincidió con el surgimiento fuerte del Partido del Renacimiento Árabe Socialista, más conocido en todo el arco de Medio Oriente como el Baas. Hafez entendió que el Baas podría ser la herramienta política para gobernar un país mayoritariamente de confesión sunnita, a pesar de pertenecer él a la minoría (menos del 10 por ciento de la población) chiíta; inclusive a una confesión muy pequeña dentro del propio chiísmo: los alauítas.

Hafez terminó de armar la ecuación cuando se hizo cargo del ministerio del Ejército. Sumó entonces la filosofía nacionalista-panarabista del Baas, la concentración del poder heredado de la potencia colonial francesa en la secta alauí, y las tropas militares: en 1970 encabezó un golpe de Estado, y estableció a su familia como titular dinástica del gobierno sirio. La herramienta de control diseñada por Hafez, sobre la mayoría sunnita o sobre cualquier otro conato de rebeldía popular, fue el tristemente célebre “estado de excepción” –que permitía las detenciones arbitrarias, los encarcelamientos sin juicio, e inclusive las ejecuciones sumarias-, y que su hijo y heredero Bachar acaba de disolver el 19 de abril, presionado por las movilizaciones populares que comenzaron con la inmolación del joven Hasan Ali Akleh, el 26 de enero de este año, en la localidad de Al Hasakah.

El patriarca nunca hubiera derogado el “estado de excepción”, que se mantenía vigente desde 1963, porque sabía que sin ese instrumento de control discrecional sobre la población, mantenerse en el poder se complicaría. Decimos que para aplicar la mecánica represiva sin contemplaciones se requiere de moral fría y mano firme, y Hafez lo demostró de manera palmaria en 1982, cuando los sunnitas, dirigidos por los Hermanos Musulmanes, comenzaron una serie de movilizaciones en Hama peticionando mayor participación en el gobierno: El presidente mandó a su hermano, Rifaad, al mando de la Guardia Republicana, y la represión acabó con 20.000 muertos desparramados por las calles de Hama. Por eso Hafez preparó a su hijo mayor, Basil, para sucederlo. Basil tenía la personalidad necesaria, junto a la confianza del resto del clan. Pero los recovecos de la vida se cruzaron, y el primogénito se mató en una curva tomada a demasiada velocidad. Y el oculista alto y de ojos celestes, que hace chistes malos con los que sólo él se ríe, tuvo que hacerse cargo del poder Ejecutivo en julio de 2000, tras la muerte de su padre.

CERCO FAMILIAR

Si el clan de los Assad y sus parientes alauítas sabían que Bachar no tenía la disposición de ánimo suficiente para enfrentar coyunturas problemáticas, más se alarmaron cuando el nuevo presidente comenzó a prometer cambios democratizadores y una tibia apertura hacia los partidos políticos opositores. A nivel regional, cierto reblandecimiento en el apoyo al Hezbollah libanés y a Hamás en Palestina, y la entente militar con Israel (que sigue ocupando los Altos del Golán), también sumaron preocupación a la clase gobernante. Por precaución, colocaron a ambos costados de Bachar a dos hombres fuertes: a su hermano menor, Mahir, cuyo carácter violento e inclusive cruel es de dominio público, al comando de la temible Guardia Republicana; y a su cuñado, Asef Shawqat (casado con Bushra el Assad, la hermana mayor del presidente) como jefe efectivo del Ejército y de los servicios secretos de inteligencia, la muhabarat. Pero hasta este año no había aflorado ninguna crisis política ni social suficientemente grande como para poner en riesgo la continuidad del clan Assad y de la aristocracia alauíta en el centro del poder sirio.

Sin embargo, las movilizaciones que comenzaron el 20 de marzo, cuando una multitud prendió fuego a la sede del partido Baas y a los tribunales en Deraa, no han hecho otra cosa que crecer en intensidad y en número desde entonces. Y el clan familiar parece haber decidido esta semana que la actitud dubitativa del pariente oculista no puede ser la causa de perder ni la más pequeña porción de poder dentro del Estado. Los movimientos internos que han comenzado a hacerse notorios en la cúpula están dirigidos a asegurar la continuidad de la mano dura contra los intentos populares de democratizar las estructuras representativas y transparentar la vida política.

Por primera vez desde el establecimiento de la dinastía, las revueltas populares han llevado a que la posibilidad de la caída del régimen sea una alternativa cierta. Para enfrentarla, el clan de los Assad está asumiendo poderes extraordinarios, aislando la figura de Bachar y convirtiendo la presidencia en un asunto familiar. La última vez que Bachar fue visto en público fue el pasado 30 de marzo, cuando pronunció el discurso frente al Parlamento en el que aseguró que aboliría el “estado de excepción”. Desde entonces ha desaparecido de la faz pública, mientras sus parientes más cercanos (el hermano Mahir, el cuñado Asef Shawqat, y el primo materno Rami Makhlouf) ocupan a diario los titulares de la prensa y encarnan la defensa del régimen.

Algunos tabloides británicos llegaron inclusive a afirmar esta semana que la esposa y los hijos del mandatario ya habrían huido de Damasco, y estarían en el Reino Unido, donde disponen de unas lujosas residencias, tanto en Londres como en la campiña. La noticia no pudo ser confirmada, dada la cerrazón periodística que se ha establecido en toda Siria, pero la versión viene a ratificar el cambio de ciclo en el complejo país: Los tiempos de tibias promesas de reforma de Bachar han terminado, y los “aulad al sultah”, los cachorros del poder, han decidido hacerle la guerra al alzamiento popular.

Las espadas están alzadas, y un nuevo frente de conflicto extendido golpea el mundo árabe.

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[publicado en el diario Hoy Día Córdoba, viernes 13 de mayo, 2011]

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Khaddafi se dispone a tomar Bengasi (16 03 11)

Khaddafi se dispone a tomar Bengasi

 

Las fuerzas que responden a Muhammar el Khaddafi se disponen a cercar la ciudad de Bengasi, luego de haber ocupado el crítico enclave de Ajdabiya durante la tarde de ayer.

Los medios oficiales de Libia aseguraron en la víspera que el ejército “tomó el control total” de la ciudad que constituye el principal nudo vial de comunicación con la capital rebelde, y también con el corredor que une a Tobruk con la frontera egipcia.

Los alzados contra el líder libio se replegaron hacia la esquina oriental del país, luego de defender este último bastión del contraataque de las fuerzas oficialistas.

Del control de Ajdabiya depende la resistencia en Bengasi, apenas a 160 kilómetros de distancia. A pesar de estas informaciones oficiales, la cadena qatarí Al Jazeera afirmaba anoche que los combates seguían en la porción oeste de Ajdabiya, y citaba al representante del Consejo Nacional rebelde en la estratégica ciudad, Essam Gheriani, quien negó que la ciudad vaya a rendirse, así como cualquier otra posibilidad de salida negociada con el régimen de Khaddafi.

El representante de los insurrectos, asimismo, volvió a reclamar la intervención de la comunidad internacional en el conflicto libio. Sin embargo, la reunión de cancilleres del Grupo de los Ocho, que se desarrolló durante dos días en París, no alcanzó un consenso entre las grandes potencias para avanzar en una intervención efectiva sobre el terreno del país norafricano.

Francia, que la semana pasada reconoció formalmente al Consejo Nacional opositor como el “interlocutor legítimo” del pueblo libio, no convenció a los socios del grupo que reúne a las primeras economías del mundo, sobre la necesidad de una intervención militar a favor de los rebeldes.

Tampoco prosperó la iniciativa de imponer una zona de exclusión aérea, que al neutralizar los bombardeos de la aviación de Khaddafi proteja a la población civil; una hipótesis que había logrado recibir el respaldo de la Liga Árabe.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), por su parte, reclamó ayer a todas las partes involucradas en el conflicto que garanticen una salida segura a todos los civiles que huyen de la violencia, ante un escenario que amenaza con transformarse en un desastre humanitario.

La sombra de Irán

Bahrein declaró ayer el estado de sitio por tres meses, después de los enfrentamientos entre manifestantes y miembros del ejército saudita, tras el ingreso al país de un contingente de fuerzas de los países del Golfo Pérsico en auxilio de la monarquía bahrení.

Las tropas de los países árabes acudieron a sofocar la revuelta encabezada por la mayoría chiíta en reclamo de apertura política y mayor participación en el sistema.

La intervención regional intenta contener la espiral de protestas, que luego de la crisis en Túnez y en Egipto ha alcanzado a otros regímenes autocráticos, como los de  Omán y Bahrein, y amenaza con alcanzar a Arabia Saudita y Kuwait.

Los gobiernos de la región del Golfo, controlados por gobernantes que profesan la versión sunnita del Islam, recelan que la ola de levantamientos populares termine por aumentar la influencia iraní, el principal gobierno chiíta, en toda la región.

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Khaddafi, acorralado, agita el fantasma del islamismo radical (25 02 11)

Khaddafi agita el fantasma del islamismo radical para reprimir

En la Corte Penal Internacional se cifra en 10.000 las víctimas del alzamiento

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Tras la censura de la sociedad internacional a la represión a las movilizaciones civiles de protesta, el líder libio Muhammar el Khaddafi acusó ayer a la red yihadista islámica de Al Qaeda, y a su cabeza visible, Osama bin Laden, de ser los autores intelectuales de la rebelión que vive Libia desde hace más de diez días.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se reunió de emergencia en Nueva York, así como el Consejo de la Unión Europea (UE) en Bruselas, luego de que el dirigente libio emitiera un largo discurso por la televisión oficial, el martes pasado, en el que llamaba a la población a “resistir hasta la última gota de sangre”, poniéndose incluso él mismo al frente, al afirmar que estaba dispuesto a “morir como un mártir”.

Estas posturas, y las filtraciones a la prensa internacional de que las ciudades orientales de Libia han sido ocupadas por los opositores, hacían probable una guerra civil, hicieron reaccionar a las organizaciones multilaterales y a las Cancillerías de diversos países.

La UE informó ayer que ningún Estado miembro exportará armas a Khaddafi, y que ha acordado avanzar en otras sanciones hacia el régimen libio. Inclusive, fuentes diplomáticas europeas afirmaron que la organización continental no excluye una intervención militar humanitaria, en caso de que se generalice una guerra civil, aunque la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aseguró que “no hay ningún plan” que contemple una intervención militar en Libia.

A pesar de las protestas internacionales, Khaddafi volvió a aparecer en la televisión, esta vez mediante una comunicación telefónica, y relativizó las protestas, adjudicándolas a “una minoría de jóvenes drogados” por Al Qaeda. “Lo que está sucediendo es una comedia: los hombres de Ben Laden distribuyeron drogas en el agua, en el yogurth, en la comida”, afirmó.

La postura del mandatario, que lleva ocupando el poder los últimos 42 años, parece apuntar a aglutinar a los leales al régimen frente a una supuesta amenaza del islamismo radical, encarnada en Al Qaeda. Por ello acusó a esta facción de los musulmanes sunnitas de intentar “crear un emirato islámico en Libia”, y forzar con ello también una presunta invasión norteamericana.

Mientras tanto, la prensa occidental citó a testigos presenciales al informar que las fuerzas leales al gobierno atacaron a columnas opositoras que habían acampado dentro de una mezquita, que describieron como un “matadero” y una “masacre”, en la localidad de Al Zawiya, ubicada apenas a 50 kilómetros de Trípoli.

En la capital, el régimen ha convocado a milicias civiles, presumiblemente por la falta de confianza en el ejército regular, donde se han experimentado deserciones y cambios de bando, y se han atrincherado los principales accesos, en previsión de un avance de la revuelta procedente de la mitad oriental del país, a la que ya se considera en manos de la oposición.

Entre las deserciones masivas que soporta el régimen, sobresalió ayer la de uno de los colaboradores más cercanos de Khaddafi, su primo y ministro de Justicia del gobierno libio, Ahmed Khaddhaf al Dam, quien se asiló en Egipto.

Oficialmente se admitió que han fallecido unas 300 personas desde que comenzaron las manifestaciones de protesta, hace diez días, aunque en la Corte Penal Internacional (CPI), en La Haya, se estimó que podría haber hasta 10.000 muertos.

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Líbano: gana el Hezbollah (26 01 11)

Tensión en Líbano por el acceso de un gobierno cercano a Irán

La milicia chiíta de Hezbollah impone su candidato al frente del Ejecutivo

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La complejísima vida institucional libanesa vuelve a tensarse con el acceso de Najib Mikati a la conducción del gobierno.

La elección de Mikati debería cerrar la crisis de gobernabilidad abierta el pasado 12 de enero, cuando renunciaron todos los ministros del bloque opositor, que responden al partido-milicia chiíta Hezbollah, de fuertes nexos con el gobierno iraní de Mahmmoud Ahmadinejad.

La retirada opositora obedeció, según las declaraciones del máximo jefe de la milicia, el jeque Hassan Nasrallah, al rechazo al Tribunal Especial de Naciones Unidas que investiga la muerte de Rafik Hariri, padre del hasta ahora cabeza del Ejecutivo.

Nasrallah y el Hezbollah aducen que el ya ex primer ministro sunnita Saad Hariri ha armado el proceso judicial en connivencia con los servicios secretos israelíes y la anuencia del gobierno norteamericano, para culpar a los chiítas del asesinato en 2005 de su padre, Rafik, un sunnita amigo de Estados Unidos, que empujó a las tropas sirias a que abandonen el suelo libanés.

Ante la crisis de gabinete forzada por el retiro de los ministros de la oposición, el presidente del Líbano, el cristiano maronita Michel Suleiman nombró a Najib Mikati y le encargó que forme gobierno.

Mikati también es sunnita –como los Hariri- pero llega al poder con el apoyo del Hezbollah, lo que implica un éxito para la facción más dura de la sociedad política libanesa, que enfrenta con mayor fuerza la vecindad con Israel (a quien ha vencido en la última contienda bélica) y acerca más al inestable país de Oriente Medio a las políticas regionales de Teherán.

Najib Mikati, un millonario dueño de empresas de telecomunicaciones que afirma querer “mediar entre los enemistados bandos políticos libaneses”, apenas recibió el nombramiento de parte del presidente Suleiman afirmó que su mano “está tendida a todo el mundo”, en una clara referencia a los sunnitas, que habían comenzado ayer con marchas de repudio al nuevo gobierno en Beirut y en Trípoli.

La reacción del gobierno estadounidense fue cauta, pero refleja el aumento de tensión; la secretaria de Estado, Hillary Clinton, admitió que el cambio afectará a las relaciones con Líbano. El gobierno de Obama mantiene al Hezbollah en la lista de organizaciones calificadas como “terroristas”.

La inestabilidad libanesa viene a sumarse a un estado conflictivo a nivel regional, donde la revuelta tunecina no amaina, y el contagio de las protestas hacia Egipto ya se hace sentir con fuerza.

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Irak, bajo la violencia sunnita (20 01 11)

La violencia arrecia contra los musulmanes chiítas en Irak

Las fiestas religiosas son el blanco privilegiado de los atacantes suicidas

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BAGDAD.- En el año en que el ejército de los Estados Unidos planea retirarse definitivamente de Irak tras la invasión que derrocó al régimen de Saddam Hussein y al gobierno de la minoría sunnita, los ataques adjudicados a esta confesión religiosa causan estragos entre la población civil iraquí.

La administración estadounidense afirma que la violencia entre ambas comunidades musulmanas ha disminuido significativamente desde los meses más álgidos de la guerra, hace tres años, pero los ataques esporádicos generan una sensación de incertidumbre e inseguridad que impacta directamente en la capacidad de las fuerzas de seguridad locales para mantener la paz.

Ayer, unos 50 peregrinos chiítas murieron, y más de 110 resultaron heridos, en una serie de atentados suicidas perpetrados en la ciudad sagrada de Kerbala, a unos 100 kilómetros al sur de Bagdad. Kerbala es una ciudad de 570.000 habitantes, que alberga el mausoleo del reverenciado imán Alí, un nieto de Mahoma que es una de las figuras centrales del chiísmo, lo que la convierte en uno de los lugares más sagrados de la tierra, junto con La Meca y Medina, en Arabia Saudita, y en un centro importante del peregrinaje de esta confesión.

En los últimos tres días, unas 116 personas han muerto en distintos atentados. El martes al menos 60 personas murieran y 150 resultaran heridas en un ataque contra un centro de reclutamiento de la policía iraquí en la ciudad de Tikrit, la ciudad de Saddam Hussein; y el miércoles otras 15 fallecieron en dos atentados con coche bomba.

El sangriento ataque de la víspera se dio cuando un par de suicidas, que portaban cinturones repletos de explosivos, detonaron sus cargas en las entradas de la ciudad santa de Kerbala, que por estas fechas recibe cientos de peregrinos chiítas para una de las máximas festividades religiosas de este colectivo, la de Arbainiya.

Las autoridades regionales, como el presidente de la Legislatura provincial de Kerbala, Mohammed Hamid al-Mussawi, adjudicaron los atentados a grupos afines a la red de Al Qaeda, principal manifestación de las facciones rebeldes sunnitas en Irak. Al Qaeda ya ha utilizado las movilizaciones masivas que se dan en las festividades religiosas para atacar a chiítas en años anteriores.

La violencia sectaria en 2006 y 2007 estuvo al borde de hacer estallar una guerra civil en el país árabe, que fue detenida principalmente por la presencia de las tropas norteamericanas en suelo iraquí.

Esta seguidilla de ataques coinciden con las negociaciones políticas para la distribución de los ministerios de Defensa e Interior en el nuevo gobierno de coalición que preside el primer ministro, Nuri al Maliki.

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Obama: “nos vamos pero la responsabilidad sigue” (01 09 10)

OBAMA ANUNCIA EL FIN DE LA GUERRA EN IRAK TRAS OCHO AÑOS

Tras la ocupación queda una sociedad desarticulada y en riesgo de guerra civil

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En un escenario diferente a aquella proclama victoriosa del ex presidente George W. Bush, Barack Obama anunció ayer formalmente el fin de la guerra de Irak, luego de casi ocho años de ocupación militar.

El fin de la misión de combate ha caldeado el debate en Estados Unidos, ya que son muchas las voces que denuncian la situación de indefensión y precariedad en que los ocupantes dejan a Irak, inclusive con riesgos ciertos de guerra civil entre la mayoría chiíta que ha accedido a los puestos de gobierno, y la minoría sunnita que los ocupara durante el régimen de Saddam Hussein y que hoy se ve relegada.

Las divisiones de opiniones y posturas son tales que el vocero presidencial, Robert Gibbs, admitió ayer que el fin de la guerra de Irak permitirá “dejar atrás uno de los períodos de mayor división y polarización” en la historia reciente del país.

Obama se opuso desde el principio a la invasión iraquí ordenada por el entonces presidente republicano, y se comprometió a retirar a los marines apenas estuvieran dadas las condiciones de pacificación y normalidad política interna como para delegar en los iraquíes su propia seguridad y gobierno, pero son precisamente estas condiciones las que se discuten ahora, ya que, a nivel general, es obvio que los norteamericanos abandonan Irak dejando tras de sí una situación caótica e inestable respecto de la situación precedente, amén de que nunca se encontraron las supuestas armas de destrucción masiva que habría poseído Saddam y que fueron el argumento de la invasión y la guerra.

Esta situación es reconocida por la propia Administración demócrata, ayer uno de los principales asesores de Obama, el secretario de Defensa Robert Gates, admitió que el fin de la misión de combate “no significa que todo anda bien” en Irak, y que la falta de un gobierno y los enfrentamientos étnicos ensombrecen el futuro de la nación árabe. Inclusive Gates afirmó que “este no es un momento para desfiles de victoria”, sino que la intención del presidente Obama es “honrar a los soldados” que pelearon en Irak (la ocupación costó más de 4.400 soldados muertos y miles de heridos), y cumplir un compromiso de campaña.

LA PAZ SIGUE LEJOS

Se ha querido escenificar una salida honrosa de lo que nunca debió haber ocurrido.

Obama se opuso, como legislador y como candidato, a la aventura bélica de Bush junior, pero como presidente tuvo que salir de Bagdad tan rápido como le fuera posible, intentando que el polvorín no le explote cuando las huellas aún estuvieran frescas.

Pero está por verse si lo ha logrado.

Envió al vicepresidente Joe Biden, para que el “traspaso de mando” tuviera todos los símbolos que la escenografía necesita: Los Estados Unidos devuelven a los iraquíes su gobierno, su libertad y su autodeterminación.

El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, siguió el libreto, y dijo que desde ayer Irak vuelve a ser “soberano e independiente”.

Pero si las bombas suicidas y los atentados en los mercados y en las comisarías siguen haciendo volar pedazos humanos por el aire, será difícil mantener el discurso de la estabilidad y la paz, por muy discreto que haya sido Barack Obama al anunciarlo.

N. G. S.

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Ola de coches bombas en Bagdad (26 08 10)

SANGRIENTA DESPEDIDA DE IRAK A LAS TROPAS NORTEAMERICANAS

La insurgencia sunnita vinculada a Al Qaeda intenta ocupar el vacío de poder

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Como lo habían advertido algunas voces, el repliegue estadounidense que da fin de hecho a la guerra en Irak está provocando una reacción terrorista, asociados por las autoridades a la minoría sunnita relacionada con Al Qaeda.

Los guerrilleros aprovechan el vacío de poder que deja el ejército invasor para lanzar ataques contra el débil orden institucional de un gobierno que no se termina de definir.

La jornada de ayer fue sangrienta, con el estallido de una docena de coches bomba que se cobraron al menos 64 muertes y dejaron un tendal de más de 220 heridos. Los objetivos de los ataques fueron oficinas gubernamentales y cuerpos de seguridad, los lugares y las tropas en que los norteamericanos han delegado su poder tras el abandono del suelo iraquí por la frontera con el emirato de Kuwait, el mismo borde por el que habían iniciado la invasión persiguiendo el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein casi ocho años atrás.

Tras el repliegue, el número de efectivos estadounidenses bajó a menos de 50.000 marines, que se mantendrán en Bagdad para cuidar de la legación americana, los intereses de algunas de las empresas involucradas en la reconstrucción iraquí, y para capacitar a las nuevas fuerzas locales de seguridad, antes de retirarse definitivamente a fines del presente año.

Los ataques de la víspera ponen nuevamente sobre la mesa la capacidad de estas nuevas policías para garantizar la seguridad interna, en un escenario, además, de extrema debilidad institucional. Ayer, el ataque más letal ocurrió en Kut, al sur de la capital, donde un suicida hizo estallar el coche cargado con explosivos que conducía cerca de una comisaría y mató a 19 personas, 15 de ellas policías. En el norte de Bagdad, otro coche bomba más estalló en un local policial, y un tercer atentado casi simultáneo hirió a otras 58 personas en el barrio bagdalí de Qahira. Unas horas después, al norte de la capital, en Muqdadiyah, al menos tres civiles murieron y 18 personas resultaron heridas por la explosión de otro coche bomba frente al Concejo Municipal local.

Fuera de la ciudad capital, en Fallujah, un guerrillero suicida estrelló un quinto coche bomba contra varias patrullas de policías iraquíes, mientras cuatro coches bomba más estallaron en las ciudades norteñas de Kirkuk, Mosul y Dujail. También en Iskandariyah, en el sur, en Mosul y en otras ciudades más pequeñas del interior, se registraron ataques con la misma modalidad de terroristas suicidas.

La violencia insurgente e intercomunitaria entre chiítas y sunnitas pone en serio riesgo la posibilidad del establecimiento de un gobierno en el corto plazo.

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