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Libia en la primavera árabe

Libia en la primavera árabe

por Nelson Gustavo Specchia

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Muhammar el Khaddafi ha sido destronado. Pero no ha caído. En alguna penumbra tribal, en algún túnel alfombrado, se oculta y espera, manteniendo el vilo que durante casi medio siglo convirtió en política. Pero la historia y las generaciones no pasan, indiferentes, sin dejar rastro en la memoria colectiva, y Khaddafi no podrá volver a usufructuar la satrapía petrolera en que convirtió a Libia. Afortunadamente.

Y escribo este “afortunadamente” después de la primera afirmación, con toda intencionalidad. Porque desde que comenzó el alzamiento popular, en febrero de este año, he venido defendiendo la posición de que la sociedad internacional debía involucrarse activamente en el apoyo a los insurgentes, y hacer cuanto estuviera al alcance de los medios de poder y de derecho que hemos llegado a darnos en nuestra generación, para colaborar en la caída del tirano. También lo dije –desde temprano, antes de que la guerra estuviera definida- desde esta columna; (ver “Un león en apuros”, del 18-02-11, donde anticipábamos: “La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.”) Esa postura me ha acarreado múltiples críticas, de colegas, de amigos, de lectores. Y ahora que el khaddafismo está terminado, creo que merece la pena remarcar algunos fundamentos de ese análisis que me llevó a apoyar la intervención en Libia, en contra de la opinión de un sector importante de intelectuales.

LECTURAS ANTI IMPERIALISTAS

Los argumentos de las posiciones que denuncian el rol de terceros Estados en apoyo de los insurgentes rebeldes y contra Muhammar el Khaddafi, reconocen un tronco común: el sentir anti imperialista. Es una lectura lineal y casi maniquea: si está la OTAN, es porque está el capitalismo occidental. Las Naciones Unidas serían sólo la justificación diplomática de la política exterior de la potencia hegemónica, y la OTAN el ropaje adecentado de los marines norteamericanos; en conjunto, serían la nueva expresión del viejo imperialismo. Y por otro lado: Khaddafi fue un joven militar que derribó a una monarquía colonial, que abrazó el panarabismo y el socialismo; su “Libro Verde” fue una de las biblias laicas del tercer mundo; fundó la Revolución Jamahiriya (de masas, informal y anti institucional); le plantó cara a Occidente y a las multinacionales; apoyó los movimientos de liberación; y ni siquiera los bombardeos de Ronald Reagan lograron moverle el pulso. Palabras más, palabras menos, y aunque aquí –por motivos didácticos- las presente en bruto y sin matices, esas son las consideraciones que llevan a buena parte de los pensadores, de aquí y de afuera, a censurar la participación internacional en el conflicto social libio. Un razonamiento, claro está, que termina empujándolos a tomar postura por el régimen recientemente desplazado y, en última instancia, por la persona del propio coronel.

Aún agregándole todos los matices del caso, esta forma de razonar ya es hoy indefendible, tanto desde la teoría política, de la historia contemporánea, como desde los resultados objetivos de los programas de Khaddafi. Nadie discutiría que la OTAN, en el contexto de un escenario bipolar, fue el brazo armado con que uno de los polos enfrentó –en táctica y en estrategia- al Pacto de Varsovia. Pero el Muro de Berlín cayó hace más de dos décadas; los condicionantes de la guerra fría han desaparecido; y el mundo, en su conjunto, se ha complejizado sobremanera. Seguir aplicando las categorías de análisis que tuvieron vigencia desde la segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética, deja en la boca un regusto a cosa rancia, a no haber advertido que la creciente complejidad también hizo posible que los colectivos sociales tomaran contacto con esas “otredades”, esas realidades diferentes y lejanas, que antes quedaban enclaustradas dentro del dibujo artificial de las fronteras, y ahora se acercan –a la velocidad de los megabytes de la sociedad de la información- al comedor de cualquier casa. Y que decidan tomar partido por ellas.

Cambio de paradigmas interpretativos que también distorsionan la mirada de los afectos y de las lealtades. Porque muchos de los que reniegan de la intervención de las fuerzas occidentales en el conflicto libio, sienten que el viejo coronel –más allá de sus excentricidades en la ropa, los uniformes entorchados, los lentes de colores y las guardaespaldas vírgenes- es uno de los últimos luchadores que siguen resistiendo el ímpetu homogeneizante e invasor del capitalismo occidental. Incluso esta mirada de antigua progresía, si no fuera porque induce a errores garrafales, sería querible y tierna en su visión naïf de la política internacional.

Pero el león de Libia no tiene un pelo de su abundante cabellera de naïf, revolucionario romántico o ferviente anticapitalista. Khaddafi ha sido un sanguinario tirano que utilizó el poder para sojuzgar a siete millones de personas durante cuatro décadas, convirtió un Estado (Libia nunca fue una nación) en una satrapía personal y familiar, y con los dividendos de la exportación de hidrocarburos generó una pequeña élite, vinculada directamente a su persona, que abusó de esos recursos de una manera patrimonialista, sin ningún tipo de límites sobre vidas y haciendas de sus congéneres.

“ES EL PETRÓLEO, ESTÚPIDO”

Así, desde estas lecturas se ha intentado explicar toda la operación internacional en Libia con el argumento del petróleo. La OTAN sería la avanzada de los países occidentales, que van a quedarse con el petróleo del subsuelo de los desiertos de la Tripolitania y la Cirenaica. He argumentado, contra eso, que el petróleo –su búsqueda, extracción, almacenamiento, transporte y exportación- ya estaba en manos de compañías extranjeras antes del levantamiento insurgente. Compañías a las que Khaddafi les aseguraba, con contratos que sólo se aprobaban por su mano, previsibilidad y máxima seguridad. Como sólo una tiranía puede ofrecer a sus socios selectos, y como jamás podrá ofrecer ningún sistema político democrático, cualquiera sea, que surja de la actual revolución libia.

¿Por qué, en todo caso, obviar burdamente otros elementos y razones, que impactan con fuerza en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, y que las sociedades civiles toman para presionar a sus respectivos gobiernos? Khaddafi no terminó siendo el heredero de Gamal Abdel Nasser y su socialismo panarabista como pretendía, más que en sus discursos. En la práctica, fue el banquero de más de medio centenar de grupúsculos terroristas en todo el mundo; cuando se le dio por pagar atentados aeronáuticos, tiró un avión cargado de pasajeros sobre Lockerbie, y otro –el vuelo UTA 772- en el Sahara; jugó a la guerra invadiendo Chad, adquiriendo armas de destrucción masiva (ADM), fabricando gas mostaza y atentando contra Faisal en Arabia Saudita, Hassan en Marruecos, y hasta contra Anwar el Sadat en Egipto, “culpable” de la paz con los israelíes; violó cualquier soberanía nacional para asesinar disidentes en el extranjero; puso precio (llegó a pagar hasta un millón de dólares) a las cabezas de sus enemigos huidos de Libia, mientras recibía en sus palacios a los terroristas más renombrados, como Abu Nidal. Y un currículum político tan frondoso y tan impropio de un líder libertario, es aún más vergonzante cuando se intentan reseñar los atropellos contra su propio pueblo. Desde la limpieza étnica de los bereberes; al estado paranoico establecido cuando convirtió a uno de cada cinco libios en informantes del gobierno; al morbo de la sangre cuando dirigía personalmente las ejecuciones de opositores (retrasmitidas en directo por la televisión oficial), la amputación de extremidades, las mil y una forma de persecución y acoso a cualquier minoría o disidencia.

“RESPONSABILIDAD DE PROTEGER”

Y de pronto, cuando una porción de esa sociedad sojuzgada, jugándose la piel se alza contra el tirano, ¿qué debía hacer la comunidad internacional? ¿Quedarse de brazos cruzados mientras observaba cómo el régimen reprimía a los civiles, amparado en los principios de soberanía nacional y de no injerencia de terceros en los asuntos internos de un país? No. Debía intervenir. Y es deber de un demócrata apoyar esa intervención. El derecho internacional humanitario ha avanzado, junto con los tiempos y las nuevas formas que adopta la estructura política mundial, tanto a nivel institucional como en el plano de la sociedad civil. El principio “responsabilidad de proteger”, uno de los basamentos de la decisión multilateral que dio pie a los bombardeos de la OTAN contra Khaddafi, es un avance en los deberes hacia los más débiles, sin importar dónde vivan.

Los más de cuarenta años de tiranía también vaciaron de instituciones y de instrumentos republicanos a Libia. Por eso la sociedad internacional, a través de las organizaciones multilaterales que ha logrado darse hasta nuestro tiempo, debe permanecer allí, ayudando a la reconstrucción del país. Los libios se merecen una oportunidad de construir una sociedad en libertad; asegurar esa oportunidad no está en sus manos, sino en las nuestras.

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Glauce Baldovin, una voz púrpura (24 06 11)

Glauce Baldovin, una voz púrpura

por Nelson Gustavo Specchia

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En la segunda mitad de los años ochenta, en una Córdoba que se despertaba –tímidamente aún- de una noche larga de horror político, en la pequeña cantina del Paseo de las Artes conocí a una mujer suave, de piel tersa, ojos grandes y un cabello enmarañado. Unos rasgos más propios de una abuela poco delicada que los de una poeta potente y feroz, como la que apareció desde dentro de ella a continuación: una voz fuerte y clara que comenzó a desgranar poemas profundos, cáusticos. Letras de dolor y de ira, de denuncia, de arrebato. Pero también de una ternura insólita, versos quebradizos, de una frágil levedad. Era Glauce Baldovín, y ya comenzaba a ser un mito. Habíamos ido a conocerla, aquella noche, asaeteados por una amiga común, Eugenia Cabral, otra grave mujer de las letras cordobesas.

Eugenia nos había advertido: Glauce tiene problemas, el alcohol le juega malas pasadas a veces y tiene sus temporadas, pero su poesía logra bajar a los infiernos y subir indemne; alguna vez ella sola será un capítulo entero de la literatura hecha en Córdoba. Y Eugenia no se equivocaba. Glauce entró y salió de neuropsiquiátricos los años que siguieron, y el alcohol y el dolor le siguieron jugando malas pasadas hasta su muerte, en 1995. Pero dejó atrás una obra grande y sólida, y sólo en parte conocida. Desde ayer, por fortuna, una parte de ese caudal poético vuelve a salir a la calle y a las nuevas horneadas de lectores. Por fortuna, digo, porque además del hecho estético inherente a un nuevo libro de poesía, la producción literaria de Glauce Baldovin se mixtura permanentemente con la historia política y de las luchas sociales cordobesas.

Una historia que aún no se ha terminado de escribir, y a la cual aquella voz potente y feroz de Glauce tiene una nota propia para aportar. Ayer, en el renovado espacio céntrico del “panal” de Rivera Indarte 55, rebautizado ahora como “Museo de las Mujeres” y abocado a impulsar diversas actividades culturales y de políticas de promoción de género, se presentó el volumen Poesía Inédita Reunida, que rescata todas las hojas sueltas y los cuadernos manuscritos de poemas que el tiempo, el dolor y la locura no le permitieron a la poeta cordobesa publicar en vida.

 VERSOS Y MILITANCIA

Glauce Baldovin había nacido en Río Cuarto, en 1928, y desde temprano entendió la creación literaria indisolublemente asociada a la militancia social y política. Un compromiso y una actitud que le trasmitió también a su hijo y que, con la tormenta autoritaria que asoló nuestra tierra en la segunda mitad del siglo pasado, a la postre tanto contribuiría con su desgracia. Pero a pesar del dolor, nunca se arrepintió de aquellas elecciones tempranas. Al final de su vida, cuando ya había puesto en paz a los fantasmas, afirmaba con aquella voz, que yo siempre asocié con el color rojo escarlata: “Sigo odiando el miedo, la culpa –decía-, sigo amando la solidaridad, el asombro y la ternura. Y también sigo firme con mis ideas”. Esas ideas eran las de un socialismo visceral, comunitarista, igualitario, distribuidor. Formalmente, se enroló en el Partido Comunista, pero lo abandonó poco después. Para 1965 había renunciado al PC y se había acercado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), aunque la heterodoxia y la rebeldía –tan clara en sus poemas- siempre fueron más fuertes que las estructuras partidarias por las cuales intentó expresar su militancia. Así tituló, inclusive, uno de sus poemarios más conocidos, La militancia, que pone de manifiesto aquello que mencionaba arriba, sobre la permanente mixtura entre letras y expresión vital de ideas en la obra de Glauce.

La Casa de las Américas, en La Habana, le otorgó en 1972 su premio mayor, uno de los galardones más altos de las letras en nuestras tierras, precisamente por aquel libro de poemas que celebraba el compromiso y la participación política. Pero ya comenzaban a correr malos tiempos por estos lares: la poeta fue detenida durante diez días por esas ominosas “averiguaciones de antecedentes”, no se le permitió salir del país ni recoger el premio. Y unos años más tarde, en 1976, también se llevaron a su hijo, y le quebraron la vida. Poco antes de morir diría que con el secuestro y el asesinato de su hijo quedó menos de la mitad de ella misma, “fue más que el abismo, fue el infierno”. Pero siguió escribiendo, nunca dejó de escribir.

 “POESÍA INÉDITA REUNIDA”

El poeta Julio Castellanos fue uno de sus editores en Córdoba, y Baldovin publicó varios volúmenes después de los años de plomo: Poemas (1986), Libro de la soledad (1989), De los poetas (1991), Libro del amor (1993), Con los gatos el silencio (1994), Nuestra casa en el tercer mundo (1995). E inclusive Castellanos, albacea de su obra, siguió impulsando publicaciones tras su muerte. Aparecieron así Poemas crueles (1996), Libro de María – Libro de Isidro (1997), Yo Seclaud (1999), El rostro en la mano (2006), y Promesa postergada – Huésped en el Laberinto (2009). Pero aún quedaba mucho más, y el novel sello editorial “Las Nuestras”, que dirige Leandro Calle y que depende de la Secretaría de Inclusión Social y de Equidad de Género, del gobierno de Córdoba, recopiló todo ese material acabado y listo y que nunca había tenido oportunidad de llegar a los lectores. Esa es la Poesía inédita reunida que se presentó ayer en sociedad. Ahora sí tenemos a toda Glauce, una construcción literaria imprescindible para comprender cabalmente la historia local y nacional más reciente.

El proyecto tomó forma el año pasado, cuando el concurso de ensayos sobre las mujeres que hicieron historia en Córdoba, convocado por la misma secretaría provincial, puso de relevancia la obra de Glauce Baldovin en uno de los trabajos premiados. La editorial “Las Nuestras” se propuso entonces recuperar obras publicadas pero que ya no se consiguen en las librerías, y en esa búsqueda se toparon, en los archivos de Julio Castellanos y de Livia Hidalgo, con una voluminosa obra inédita, en manuscritos fechados y ordenados por la misma Baldovin antes de morir. Esos libros componen el volumen presentado ayer.

Junto con Romilio Ribero, la de Glauce Baldovin es una de las obras más originales de la poesía cordobesa contemporánea. Antes de ellos, las poéticas de Malvina Rosa Quiroga y de María Adela Domínguez habían logrado generar improntas personales, aunque sujetas a los movimientos literarios de la época. Hacia fines de los años sesenta aparece el primer poemario de Glauce, El libro de Lucía, con el que empieza a modelarse, a través de una larga –y desgarradora- carrera literaria, una de las voces más importantes de nuestra poesía. Aquel timbre escarlata que teñía los auditorios con imágenes como esta: Antes de morir / la mujer inca parida por la tierra con el don / de la tejeduría / la tejedora a quien piel y carne se le fueron / gastando / mientras más aparecían los huesecillos del dedo / falange / falangina / falangeta / más bello y perfecto / casi humano / tejía. // Antes de morir / repito para que esto quede bien prendido / en la memoria / se convirtió en esa araña gris perlado / que en las noches suele posarse en el centro / de la frente / penetrar en el cerebro / para tejer sueños con la palabra anhelada / buscada / reclamada / mendigada. // Anoche / locura / la araña tejió tu nombre en mis sesos.

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[ publicado en Hoy Día Córdoba, viernes, 24 de junio de 2011 ]

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nelson.specchia@gmail.com

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El ambiguo encanto de lo perdurable (06 03 11)

La monarquía, el encanto de lo perdurable

Por Nelson Gustavo Specchia

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La promocionada y recientemente galardonada película “El discurso del rey”, donde Colin Firth encarna al tartamudo Jorge VI de Inglaterra, entre sus múltiples lecturas permite una que empuja a reflexionar sobre algunos de los aspectos menos evidentes de la política contemporánea.

La historia, casi una obra de teatro donde Tom Hooper dirige el duelo actoral entre Firth y el brillante Geoffrey Rush, ofrece otra muestra más de la simpatía que todavía despierta en vastos sectores populares una forma de administrar y representar los asuntos políticos, que acumula en su prosapia tanta historia como la que acumula la política en sí misma. Porque la monarquía es, en efecto, la más antigua forma de conducción de grupos humanos que encontramos en la arqueología social. En las diversas formas que ha ido asumiendo en el transcurso de los siglos, sus vestigios pueden rastrearse hasta las primeras y más elementales disposiciones organizadas de las cosas públicas. Al punto que no han sido pocos los filósofos que, durante épocas enteras, llegaron a considerarla consustancial al género humano, de la misma manera que Aristóteles consideraba a la política integrante de la definición de hombre: “zoon politikon”.

Y esa simpatía de los auditorios hacia obras que se internan en los detalles cotidianos y prosaicos de personajes vinculados a la institución monárquica, viene a ratificar que la propia institución sigue gozando de una excelente reputación simbólica y buena salud social, a pesar de los cambios de tiempo histórico, de las revoluciones, de las filosofías sobre la igualdad humana, de los procesos de laicización, de la homogeneización de las clases, de la racionalidad moderna y de todos aquellos elementos que han ido acompañando el paso de la concepción del poder como emanado de una divinidad hacia una persona escogida por su diferencia, al poder como construcción colectiva delegada en representantes electos y con mandato acotado.

Un largo camino

Y la atracción y simpatía que despiertan las figuras de los reyes, aunque ya se asuma como algo normal que casi ninguno de ellos gobierne, es aún más llamativa en sociedades con nula tradición monárquica, como las americanas. Si bien en estas tierras también la figura del conductor individual dominando el vértice de la clase política (monarca viene de la palabra griega mónos = uno) fue un fenómeno vigente en la organización previa a la conquista europea, las historias nacionales, ese imaginario común construido desde las revoluciones de independencia en adelante, tuvo una impronta fuertemente republicana y antimonárquica (los enemigos eran los súbditos de un rey, los “realistas”). Inclusive algunos intentos marginales en esa línea, como la hipótesis de implementación de una dinastía indígena en el Río de la Plata; o la introducción forzada de un rey francés en México; y hasta la aventura de construir un reino euro-mapuche en la Patagonia, no pasaron de ser proyectos quiméricos, descartados de plano por las elites y los sectores populares, precisamente en base a aquella determinante impronta republicana de los orígenes revolucionarios del Estado.

Pero ni siquiera esa ausencia de tradición en la genética política americana ha logrado opacar la encarnación de la autoridad que se expresa en la figura de un rey o de una reina. Pensamos que esa carga de auto validación de los tronos reales tiene que ver, como apuntábamos más arriba, con la perseverancia, a través de las sucesivas capas históricas, de un modo de concebir el poder al interior de un grupo humano. Dejando de lado los períodos anteriores a la historia documentada, los más ancianos registros sobre un pueblo lo constituyen las biografías de sus reyes. En los albores de la civilización occidental, en las riberas del mar Mediterráneo, la conocida como “dinastía cero”, que precedió a la unificación del Alto y el Bajo Egipto por parte del faraón Menes, se remonta al siglo XXXII a. C. Haber sobrevivido a más de cinco mil años de historia le dan a la institución monárquica, y a los hombres y mujeres que la encarnan, un aura simbólica que no deja de ser fascinante.

En paralelo a las culturas mediterráneas, las listas reales sumerias, en el Oriente próximo, y el formidable y tan longevo sistema imperial chino en el borde del este, acumulaban una carga temporal similar. Pero al corazón de Europa, donde a la postre la institución monárquica hereditaria se iba a revelar más perdurable, llega –como las lenguas- con las migraciones védicas desde el subcontinente indio, que permearon a los pueblos celtas, griegos, germanos y latinos.

El trono y el altar

Siguió luego la desarticulación del imperio romano, y los largos mil años del Medioevo tutelado por la iglesia católica, que volvió a generar otra interpretación sobre el origen metafísico del poder del monarca: una lectura similar a la antigua, pero filtrada de elementos paganos. Y entonces, con el advenimiento de la modernidad comienzan las discusiones de fondo sobre la validez de un derecho divino que avalase una autoridad humana.

Y en este período, que coincide también con los inicios de un proceso de desacralización política y de secularización en diversos órdenes sociales, es interesante ver cómo la monarquía comienza a apelar a otras dimensiones de mediación para mantener su capital simbólico. En primer lugar, se intensifica la distancia que separa al gobernante del conjunto del pueblo (tronos más altos, utilización de plataformas sobre las que se ubica el rey en las audiencias, aumento de importancia de la Corte como resorte de amortiguación con el resto del grupo).

El siguiente elemento que entra en el escenario de perpetuación de la institución es la continuidad dinástica. Para acentuar la diferencia entre la familia real y el resto de los mortales, surgen las leyendas de la “sangre azul”. La aristocracia era tan desemejante, que por pertenecer a uno de estos clanes hasta otra sangre corría por sus venas. Más tarde, ya que la sangre era especial, se le fueron agregando atributos, como las capacidades taumatúrgicas de los soberanos: curar enfermedades por el simple contacto físico con su persona (el “toque real”), ungir las frentes con aceite para traspasar poder, legislar y administrar justicia sólo con la emisión de la palabra, perdonar (la “gracia”), distribuir propiedades (“merced”), o condenar. Y todo ello rodeado de un ceremonial y un boato encargado de remarcar –y perpetuar- las especiales diferencias a cada paso.

El historiador March Bloch, en su estudio Los reyes taumaturgos (2006), profundiza en esta hipótesis que comentamos, y encuentra que este supuesto poder sanador de los monarcas, que se extiende en el imaginario popular desde fines de la edad media hasta fechas tan recientes como 1750, sirvió eficientemente para mantener un nivel de legitimación de la institución monárquica como forma de gobierno, y su perpetuación en el tiempo, sobreviviendo a los cambios de humor social y a las filosofías políticas que la cuestionaban. El profesor Bloch afirma que la persistencia de la capacidad taumatúrgica –y con ella el trono mismo- obedece a la funcionalidad social de una figura igual a todos pero al mismo tiempo diferente de todos (“primus inter pares”), que desde su capacidad de sanación termina emitiendo una señal de tranquilidad y de confianza al conjunto del pueblo. A la función sanitaria (la creencia popular era que efectivamente tocar al rey sanaba) se agrega, concluye Bloch, la serenidad que depara la lectura colectiva de que el soberano –ese ser distinto y especial- está al servicio del grupo.

La tradición británica

Y este elemento, que fue tan bien aprovechado por el reyes taumaturgos, es el que más fuertemente persiste en el sistema político inglés. La sociedad británica es una cuna permanente de tradiciones. Cualquier costumbre medianamente repetitiva salta con facilidad a la categoría de tradición, y una vez allí se mantiene y es defendida como si fuera parte inherente y estructural del estilo de vida de las Islas, como llaman a su tierra (Europa, por cierto, es “el Continente”). Y cuanto más original, en el sentido de apartarse de las prácticas comunes y estandarizados, más defendible. Desde el sombrero bombín al paraguas como bastón, desde manejar por la izquierda a utilizar un sistema de pesas y medidas diferente al decimal, desde la libra esterlina al té de las cinco en punto: casi todos los usos ingleses están avalados por el peso de la tradición.

En este marco, la monarquía es la pieza angular del andamiaje tradicional. Todo lo que rodea al trono, y a la familia Windsor que lo ocupa, es central y crítico en el Reino Unido. Y esta apreciación es, inclusive, independiente de las posturas ideológicas que se asuman en forma personal: Inglaterra es uno de los pocos sitios donde se puede ser, al mismo tiempo, un militante socialista y un fiel monárquico, sin contradicciones ni cargos de conciencia.

La historia política mediata, tanto como la más reciente, son en la sociedad británica objeto de atención destacada por el común de los ciudadanos, y en ellas el protagonismo de figuras del entorno real es inexcusable. Henrique VIII y sus seis esposas; el rompimiento del rey con el papa de Roma; el reinado virginal de Isabel I y los tablados shakesperianos; los Estuardos convertidos en Hannover, y éstos convertidos en la casa real de Sajonia-Coburgo-Gotha; los más de 60 años de la reina Victoria en el trono, con el dominio de los mares, el colonialismo, y Jack el Destripador recorriendo las calles de Londes; Jorge V y la Gran Guerra; Eduardo VIII y la pérdida del trono por amor a la divorciada norteamericana Wallis Simpson; Jorge VI, su tartamudez y la segunda Guerra Mundial; Isabel II y sus hijos díscolos; la muerte de Lady Di en una calle de París; el antipático Carlos, príncipe de Gales, casado con su amante de siempre; la futura boda del príncipe Guillermo… Los “royal”, sus biografías, características y peripecias pautan el transcurso de la vida social inglesa. Y esa centralidad en el imaginario popular se refleja tanto en la literatura, como en la televisión y en el cine.

Puro teatro

“Lo tuyo es puro teatro / falsedad bien ensayada / esmerado simulacro”, reza el bolero que canta la Lupe en una película de Almodóvar. Y a ese rol ha marginado a la monarquía el avance de la modernidad occidental. El establecimiento de sistemas republicanos, desde la Revolución Francesa de 1789, marcó la tendencia política de la contemporaneidad moderna. Las casas reales con funciones de gobierno desaparecieron paulatinamente del escenario europeo, y hoy apenas subsisten algunos casos aislados en el mundo árabe (la dinastía alauíta de Mohamed VI en Marruecos, ó la casa de Saúd en la Península Arabiga). Los Estados europeos que no expulsaron (o guillotinaron) a sus reyes, los limitaron a funciones representativas, con estrechos márgenes de actuación marcados por Constituciones democráticas.

En el Reino Unido, donde la tradición parlamentaria se había desarrollado con mucha fuerza desde tiempo atrás, el rol político reservado al monarca es mínimo: la reina “encarga” al primer ministro que forme un Ejecutivo, abre formalmente las sesiones del Parlamento con un discurso escrito por el partido mayoritario, y nombra a los Lores que ha designado el gobierno con tres golpes de una larga espada sobre los hombros del beneficiario. Y poco más. Como enseña la teoría política británica, la reina no es la “parte eficiente” del gobierno, sino la “parte digna” del sistema. O sea, no es. Pero es.

Y es una figura central porque sus súbditos, independientemente de las ideas políticas que cultiven, parecen ver en su persona la continuidad de una institución que se mantiene idéntica a sí misma, en un entorno en el que todo cambia de manera incesante. Los tronos reales, en su ficcional realidad, quizás sean el último punto fijo, la última certeza política, cuando alrededor “todo lo sólido se desvanece en el aire”, según la definición de Marshall Berman.

En “El discurso del rey”, la película desde la que partimos para estas reflexiones, el monarca británico, Jorge V, ve venir nuevamente la guerra. En la Conferencia de Múnich, en 1938, Hitler se había salido con la suya, había ocupado los Sudetes, y la invasión de Europa era sólo cuestión de tiempo. La guerra volvería a cambiarlo todo, radicalmente, y el rey sabe que en ese contexto la estabilidad y la seguridad que simboliza el trono será un elemento crítico para atravesar la tormenta. Pero no se engaña: lo nuestro es puro teatro, le dice a su tartamudo hijo. No gobernamos, no intervenimos, nadie nos pregunta nuestra opinión. Somos actores, apenas. Y ni siquiera escribimos el guión que nos toca actuar. Pero esfuérzate por hablar bien y llevarles serenidad, porque todos, todos, estarán pendientes de la obra.

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Corea, “comunismo monárquico” (15 10 10)

Corea, “comunismo monárquico”

por Nelson Gustavo Specchia

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Corea del Norte es, en más de un sentido, un país a contramano de este tiempo y espacio histórico. Mientras el vector de la globalización política y económica achica la “aldea global”, el sector Norte de la península coreana se retrae en sí mismo y se cierra herméticamente a casi ningún contacto.

Cuando la revolución de las comunicaciones y de la información pone en tiempo real y a disposición de prácticamente cualquier usuario los detalles mínimos de la locación más remota, el régimen norcoreano cierra a cal y canto el acceso o la salida de cualquier tipo de información, desde las cifras demográficas hasta los indicadores más básicos para conocer la estructura y el desarrollo interno del país; de una manera tan obtusa que las únicas fotografías que circulan por la prensa internacional son las obtenidas por teleobjetivos potentes desde largas distancias (o desde el borde sur de la frontera que la separa del resto de la península), o los escuetos partes noticiosos gubernamentales –redactados en un léxico rimbombante y acartonado- que sólo dejan lugar a conjeturas.

También a contramano de la historia en lo que se refiere a las tendencias participativas. Cuando a nivel global se amplían la delegación de poderes concentrados, aumenta la participación de la sociedad civil en los asuntos públicos, y se observan mayores grados de democratización y horizontalidad en los procesos de toma de decisiones, el sistema norcoreano da un paso más en su tendencia hacia la concentración y establece, como los analistas internacionales han podido deducir estos días de una serie de indicios y sospechas, una sucesión dinástica del poder, retenido por la familia Kim desde hace más de medio siglo.

Corea del Norte, así, termina por plantear la difícil paradoja de ser el último Estado de ortodoxia comunista estalinista y, al mismo tiempo, una monarquía absoluta que reserva el ejercicio del poder a los miembros de una única familia, que lo trasmite de generación en generación por vía sanguínea.

EL MURO DEL PARALELO 38

Kim Jong-il, el actual líder, está gravemente enfermo, y el sistema ha dado en las últimas semanas señales de que la sucesión dinástica ha comenzado.

El actual mandatario recibió el poder de manos de su padre, Kim Il-sung, el jefe comunista que encabezó la revolución coreana tras la independencia de la península del dominio japonés, en 1945, y fundó el actual Estado, formalmente denominado República Popular Democrática de Corea. Kim Il-sung sigue siendo hoy presidente, aunque murió en 1994; la Constitución y las leyes lo designan como “Presidente Eterno”. La enfermedad de su hijo –que desde la desaparición física del “Presidente Eterno” ejerce autocráticamente el mando- ha llevado al régimen a presentar a su posible sucesor.

La elección ha recaído en Kim Jong-un, el tercero de los hijos del mandatario, un joven regordete (se estima que puede tener entre 25 y 27 años) que ha sido designado en pocos días como general de cuatro estrellas y colocado en los puestos clave para ocupar el lugar de su padre en cualquier momento. Dada su juventud y su falta de experiencia, la élite dirigente, en el mejor estilo de las monarquías absolutas del pasado, también ha elevado al generalato de cuatro estrellas a la hermana del presidente, la señora Kim Kyong-hui, que será la virtual regente e instructora del muchacho Jong-un ante una desaparición repentina de su padre, el dirigente socialista a quien la ley obliga a llamar “querido líder”.

La anomalía coreana arraiga en la lógica bipolar surgida de las cenizas de la segunda Guerra Mundial. Cuando el Imperio del Sol Naciente cayó bajo las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el ejército japonés abandonó la vecina península coreana, a la que había ocupado en 1910, como a la Manchuria china, en su avance expansionista hacia el Oeste. Retirados los japoneses, las tropas aliadas se encontraron frente a frente, en una situación similar a la de Berlín, a un lado y al otro del Paralelo de 38º de latitud Norte; y ninguno de los dos se movió un palmo hacia atrás.

El Ejército Rojo, con el apoyo de los “voluntarios chinos”, apoyó la creación de un nuevo Estado, con capital en Pyongyang y soberanía sobre toda la península, en 1948. Simultáneamente, el ejército estadounidense respaldó la creación de un nuevo país, con capital en Seúl y también pretensiones soberanistas sobre todo el territorio. Kim Il-sung, como secretario general del Partido de los Trabajadores Coreanos –con el pleno apoyo logístico de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas- se hizo con el puesto de presidente de la Comisión Nacional de Defensa, el cargo más alto de la nueva formación institucional. Desde su puesto de mando, el primer Kim ordenó la invasión de la parte Sur y la recuperación de la soberanía sobre todo el territorio de la península.

La invasión del Norte generó la Guerra de Corea, en 1950, que en Occidente se conoció y se popularizó a través de la serie televisiva M.A.S.H., con Alan Alda en el protagónico. Las Naciones Unidas lograron imponer un armisticio en 1953, que consagró al Paralelo 38 como la frontera entre ambos Estados, y disparó el proceso de clausura del régimen del Norte sobre sí mismo y el aislamiento internacional.

CAPARAZÓN CONTRA EL OTRO

Mientras el Sur caminaba a pasos largos para convertirse en la expresión ideal de un país capitalista, desarrollado y democrático (que los Juegos Olímpicos de 1988, y el campeonato mundial de futbol de 2002, mostraron como un gran escaparate al mundo), el Norte se cerraba, refugiándose en la filosofía denominada Juche.

La Juche es un sistema de ideas muy simples y terriblemente efectivas. Su autoría se le atribuye al “Presidente Eterno”, y ha sido ampliamente desarrollada por su hijo, Kim Jong-il, desde que ocupa el trono (asumió en 1997). La idea central de la Juche es que el hombre es responsable de su vida y destino individual, y por ello responsable de la revolución y del destino de la patria. De alguna manera, explican los profesores en Occidente, la Juche intenta enlazar marxismo teórico, estrategia leninista, capitalismo de Estado, y todo ello con notas propias de la cultura oriental. Esta intersección de fuerzas lleva a otorgar mucha importancia al proceder independiente, tanto a nivel individual como colectivo, y a adaptar las soluciones a las capacidades, sin depender de nadie.

La Juche ha sido el respaldo discursivo del régimen norcoreano para defender su independencia frente al mundo (aunque soslaye la central dependencia del apoyo chino, único valedor regional e internacional de Pyongyang); la centralidad de lo militar en la vida política (denominado “songun”: “los militares primero”); la exaltación nacionalista; y el voluntarismo frente a las adversidades.

En la práctica, este conjunto de ideas-fuerza ha conducido a Corea del Norte al aislamiento, a la provocación permanente a los vecinos, a la histeria de la seguridad (la frontera del Paralelo 38 es la más custodiada del planeta), a iniciativas agresivas (como las pruebas nucleares subterráneas, o el misil que hundió una corbeta surcoreana en marzo de este año), a un sobredimensionamiento de las fuerzas armadas (su ejército de cinco millones es el cuarto del mundo, se estima que tiene unos 45 soldados por cada 1.000 habitantes, la mayor tasa relativa del globo). Y a unos desequilibrios internos de desarrollo que han conducido a la pauperización de la sociedad, e inclusive a hambrunas, como la de 1995-1998, en la que se estima que entre 600.000 y un millón de coreanos murieron de hambre.

QUEDA EN FAMILIA

Pero a la familia Kim nada de esto parece afectarla demasiado, y el rumbo del régimen no se ha alterado ni en el menor detalle. En estos días, inclusive, el hijo mayor del “querido líder”, Kim Jong-nam, ha mostrado su malhumor en una entrevista para una radio japonesa. El primogénito habría perdido el favor del mandatario cuando, en 2001, fue detenido en el aeropuerto de Tokio con un pasaporte falso: el muchacho quería visitar Disneylandia. Su simpatía por ese símbolo del imperialismo capitalista le costó el trono, donde su hermano menor, Kim Jong-un, está presto a sentarse.

Estos enredos familiares de telenovela deberían estar destinados a las páginas de la prensa rosa y a los programas de chismes de la televisión de mediodía. Pero Corea del Norte es clave para la estabilidad en Oriente: su potencial nuclear, el aislamiento internacional, la histeria securatista, la economía desestabilizada y una población (quizá de unos 25 millones) en crónico estado de escases, conforman un abanico de factores que pueden poner en serio riesgo aquella estabilidad regional.

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nelson.specchia@gmail.com

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Al final, ¿ganó Chávez? (28 09 10)

DISPARES INTERPRETACIONES DE LAS LEGISLATIVAS VENEZOLANAS

Tanto el gobierno como la oposición festejan y se arrogan la victoria

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La incertidumbre sobre la lectura política de los resultados en las elecciones de ayer se sucedió tras una jornada electoral celebrada por su transparencia, orden y tranquilidad. También por la alta participación, ya que un porcentaje sustantivo del padrón de más de 17 millones de venezolanos se acercaron a votar este domingo en las elecciones legislativas que deben renovar la totalidad de la integración de la unicameral Asamblea Nacional.

Sin embargo, y ya con los porcentajes publicados, tanto el oficialismo del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) como el arco opositor reunido en torno al frente Mesa de Unidad Democrática (MUD) reclamaron la victoria para sus respectivas agrupaciones, y se espera que en las próximas horas un mayor detalle en el cómputo de las mesas, según la circunscripción (el Consejo Nacional Electoral sólo ha difundido datos parciales por circuitos, no totalizados) pueda arrojar mayor claridad sobre el alcance de los resultados entre ambos contendientes.

Objetivamente, los seguidores del presidente Hugo Chávez obtuvieron una cantidad de escaños parlamentarios como para seguir manteniendo una cómoda mayoría en la constitución del nuevo Parlamento, y reafirma su condición de primera fuerza política a nivel nacional.

Pero este dato debe balancearse con el hecho de que el partido oficialista, que -tanto por la forma de gobernar del ejecutivo como por la manera en que se planteó la consulta electoral en la campaña- se identifica con la figura del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

En este sentido es que el frente de partidos opositores nucleados en la MUD considera los resultados una victoria contra Chávez, porque todos sus votos sumados han quebrado con la hegemonía de los dos tercios de la cámara, con lo cual el chavismo pierde la mayoría calificada automática de legisladores, el objetivo a lograr sobre el que transcurrió toda la campaña electoral, y porcentaje que durante los últimos cinco años le ha permitido a Hugo Chávez gobernar sin prácticamente ninguna oposición en los órganos colegiados del Poder Legislativo.

UNA ELECCIÓN PLEBISCITARIA

Preocupaba anoche la dilación del Consejo Nacional Electoral (CNE) en entregar los resultados totalizados, donde se podrán apreciar las cantidades finales de papeletas acumuladas, por separado, por el PSUV y por la oposición.

La cantidad de legisladores resultante no está directamente relacionada con la cantidad final de votos, ya que los porcentajes de escaños tienen diversas ponderaciones según la circunscripción.

Pero con los totales podrán hacerse también otras lecturas, especialmente aquello que el mismo Hugo Chávez instaló en todo el curso de la campaña: que estas elecciones constituían un plebiscito sobre su propia persona y sobre su gestión de gobierno al frente del Palacio de Miraflores.

La participación rondó el 70 por ciento, lo que la transforma en altamente representativa, y aunque el presidente –mediante mensajes en la red Twitter- juzgó que el domingo se vivió de “una sólida victoria”, la oposición, que asegura haber logrado el 52 por ciento del total, afirma que más allá del número de legisladores, en el plebiscito planteado por Chávez, la mayoría de los venezolanos votó en contra.

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El “candanga” Chávez se somete a las urnas (27 09 10)

VENEZUELA VIVIÓ UNA CRÍTICA Y TRANQUILA JORNADA ELECTORAL

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Inédita utilización de las redes sociales por Internet durante las elecciones

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Para un país con los estándares de violencia social y criminalidad tan altos como los que históricamente registra Venezuela, la jornada electoral de esto domingo constituyó una tranquila y controlada cita democrática sin elementos destacables para la crónica policial.

Desde el sábado a la noche, se informó de normalidad en los procesos de instalación de 12 mil centros de votación, despliegue militar y orden público. La frontera con Colombia fue cerrada por razones de seguridad, una medida que se ha tomado en el pasado en coyunturas electorales.

En este contexto de normalidad, la posibilidad de chaparrones que desalentaran la asistencia de los más de 17 millones de venezolanos convocados a las urnas constituyó uno de los comentarios más recurridos por los analistas locales y los observadores internacionales.

Las mesas y los centros de votación abrieron sus puertas a las 06:00 de la mañana, y anoche, al cierre de esta edición, muchos colegios electorales aún permanecían abiertos. Las votaciones pueden prolongarse inclusive hasta horarios nocturnos, ya que la ley venezolana establece que las recepciones de votos deben permanecen abiertas mientras haya electores en las colas de espera para ingresar al cuarto oscuro.

Por ello, en esta crítica cita electoral convocada para elegir a los 165 miembros de la Asamblea Nacional para el período 2011-2016, así como una representación al Parlamento Latinoamericano, no está del todo claro cuándo se conocerán los resultados. Técnicamente, el Consejo Nacional Electoral ha dicho que está en capacidad de tenerlos dos horas después de concluido el proceso de votación, debido a que éste es totalmente automatizado, pero no se fija una hora límite para cerrar los colegios.

Según la mayoría de los analistas de medios internacionales acreditados en Caracas este domingo, y también de las diversas encuestas de boca de urna que al final del día se fueron conociendo, los porcentajes entre el bloque oficialista comandado por el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y el arco opositor, que por primera vez logró concretar acuerdos para presentar candidaturas únicas en todo el país, serán muy ajustados.

Chávez se levantó muy temprano y comenzó a convocar a la militancia socialista desde las redes sociales, aunque él fue a depositar su voto recién después del mediodía, en el liceo Manuel Palacio de Caracas, a donde llegó acompañado de algunos familiares y miembros del PSUV. También desde Twitter fue adelantando durante el día porcentajes estimados, y cuando las mesas comenzaron a cerrar, el presidente emitió un último mensaje corto por la red: “Bueno mis Candangueros y Candangueras, ahora a mantenerse alertas! Estamos en plena Fase de Consolidación! Venceremos!”.

La rectora del Consejo Nacional Electoral (CNE), Socorro Hernández, calificó la jornada de “excelente”, por la celeridad de los comicios y la conducta democrática de los venezolanos.

ANTE UN MOMENTO CRÍTICO

El presidente Hugo Chávez comenzó a arengar a sus militantes desde la red Twitter muy a primera hora, diciendo que él iría a votar “bien tempranito”, e invitando a las bases a hacer lo propio.

El PSUV, además, preparó un amplio operativo de vigilancia en los centros de votación, con el fin de “asegurar la transparencia y el respeto” de los resultados.

Estos gestos evidencian la crítica importancia que el gobierno les ha otorgado a estas elecciones legislativas, y también que prevén que la pelea será voto a voto.

Chávez no anduvo con medias tintas: “acá está en juego el futuro de Venezuela”, repitió en la televisión oficial VTV una hora antes del inicio de las votaciones.

Además del virtual plebiscito a la figura de Chávez y a su forma de ejercer el poder, los resultados ratificarán u obligarán a cambios en el “socialismo del siglo XXI” impulsado por el presidente.

REAPARECE LA OPOSICIÓN

La estrategia del arco opositor en las anteriores elecciones ha implicado la ausencia de control al gobierno, y que el oficialismo tuviera las manos libres para avanzar con las leyes fundamentales de la transformación del Estado, a pesar de que la Constitución le exige la mayoría calificada de dos tercios de la Asamblea Nacional para este tipo de leyes.

Pero el denominado “boicot” de los opositores a Chávez en 2005 –aduciendo falta de garantías pero en realidad por no poder ponerse de acuerdo entre ellos- le dejó la mayoría calificada servida en bandeja al oficialismo.

Cualquiera sea finalmente el resultado de las elecciones de ayer, es altamente probable que la oposición rearmada consiga obtener más de un tercio de los diputados, esto es, 56 de 165. Ello acabaría con la mayoría automática del chavismo en la legislatura, y necesariamente deberá inaugurar una nueva manera de gobernar.

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nelson.specchia@gmail.com

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Vacas flacas y agresivas (18 06 10)

Vacas flacas y agresivas

por Nelson Gustavo Specchia

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En los tiempos de vacas gordas, todo es optimismo. Pero cuando sobreviene una tormenta crítica que descalabra las certezas y esos objetivos de largo plazo que parecían atados y seguros, aparecen en escena actos de arrojo y valentía; pero también surge el costado más oscuro del egoísmo, la cerrazón, el miedo al otro, la expulsión del diferente, la cobardía.

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Y estamos hablando de política.

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Desde diferentes puntos del globo recibimos en estos días señales de tensión, de endurecimiento, de efectos inesperados de esta depresión global que lleva ya dos años adelgazando vacas y no tiene visos de remitir. Desde el incendio del odio étnico en los lejanos valles del centro de Asia, pasando por picos de intolerancia en el sempiterno conflicto árabe-israelí en Oriente próximo, y hasta los buenos resultados electorales obtenidos por partidos separatistas y xenófobos en el corazón de Europa, las estrategias para enfrentar estas incertidumbres están lejos de aportar grados de solidaridad humanística a nuestro tiempo.

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Viejas recetas, nuevos ajustes

Cuando explotó la crisis por las hipotecas y los endeudamientos baratos, las censuras hacia las recetas neoliberales y neoconservadoras ocuparon la mayor parte de los espacios de análisis y de opinión, así como la indicación de la responsabilidad de los grandes bancos de inversión y de las oscuras empresas calificadoras del riesgo de las cuentas públicas de los países. Sin embargo, a tan poco andar y sin haber logrado que los coletazos más duros de ese golpe económico se despejen del horizonte, las viejas y fracasadas recetas que convierten al libre mercado prácticamente en deidad de culto político vuelven a insertarse lentamente en las decisiones de las máximas instancias ejecutivas. No son los pobres y los sectores más desfavorecidos los se protegen prioritariamente, como se anunciaba a los cuatro vientos al explotar la crisis, sino aquellos mismos bancos de inversión y empresas tan denostadas. Los sectores vulnerables, si acaso, vuelven a estar en las variables del ajuste: despidos para flexibilizar el mercado de trabajo, indemnizaciones más baratas, jubilaciones menores y en plazos más largos. Esta parece ser la ruta elegida por los países miembros de la Unión Europea, la región que hace apenas medio siglo redescubrió el Estado de Bienestar y el desarrollo basado en el aumento de los derechos y beneficios de las grandes mayorías.

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Hace apenas dos años, cuando Alemania ocupaba su turno de presidencia rotatoria en el Consejo (la reunión de los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea, el verdadero lugar del poder, más allá de los funcionarios y los comisarios que ocupan las jerarquías de los órganos burocráticos), el consenso mayoritario era que los problemas se enfrentarían con estrategias puntuales, sin tocar los derechos sociales construido laboriosamente por la sociedad política europea desde la segunda posguerra. Esa postura, sin embargo, se ha disuelto en el aire a una velocidad insospechada, y el Consejo Europeo reunido en Bruselas esta semana, bajo presidencia española, enterró aquellos principios e instaló –también como postura común y hegemónica del liderazgo continental, independientemente del color político del partido en el gobierno- la austeridad, el achicamiento del gasto, el enfriamiento de la economía, el freno al crecimiento, y el ahorro por vía de la restricción de derechos sociales, desde el sueldo de los empleados públicos a la jubilación de los mayores.

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Esperanzas frustradas

Estos planes de ahorro, drásticos y en la mejor tradición neoliberal, implican un salto hacia atrás en la propia concepción de Europa como “soft power”, como ejemplo de experimento político a ser imitado, no sólo por terceros países de otras latitudes, sino por los propios socios menores de la organización continental, recién llegados al proceso de integración (y en algunos casos, como los países ex comunistas de la Europa del Este, llegados no hace tanto a la propia democratización interna). Pero éstos son impelidos por las grandes locomotoras de Europa –Alemania y Francia, principalmente- a seguir la misma vía. Letonia ha puesto su economía en manos del Fondo Monetario Internacional. Y la República de Irlanda ha sido empujada a crear nuevos impuestos y aumentar la edad jubilatoria. (Hace muy poco tiempo, un gobernador cordobés organizó una misión de empresarios y académicos locales para visitar el “milagro irlandés”, del que, a este paso, en breve quedará poco).

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Los ex Estados comunistas de Hungría, Rumania y Bulgaria, deberán ajustar el cinturón o enfrentarse a la bancarrota, el Banco Central Europeo sólo les da esas dos posibilidades. En los tres países los sueldos públicos sufrirán un recorte, en promedio, del 15 por ciento (siendo, como son, ya bajos respecto del promedio continental), y exponer sus cuentas públicas a la auditoría y fiscalización del FMI. La República Checa, Polonia y Eslovaquia, relativamente más estables, están a la expectativa de tener que lanzarse a la vía del ajuste.

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La que abrió esta vía fue la economía griega, y a costo de sangre. A principios de mayo, en una movilización contra la restricción de derechos sociales, murieron tres manifestantes en Atenas, pero el gobierno siguió adelante y merced a las medidas restrictivas impuestas, accedió a créditos del FMI y del fondo europeo (donde los alemanes son los principales aportantes) luego de un largo período de dudas de la canciller Ángela Merkel. Varios diputados alemanes sugirieron que Grecia vendiera el Partenón, o que privatizara las Cícladas, pero que no le pidieran la plata a ellos. La solidaridad con la que se construyó la Unión Europea empezó a hacer agua por todos lados, y el gobierno heleno de Georgios Papandreu cargó el costo del achicamiento del déficit en los empleados públicos, en los jubilados, y en los consumidores (aumentó el IVA al 23 por ciento).

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Tú también, España

Tras la crisis griega, a la dirigencia europea la ganó el espanto. Cualquier cosa, menos parecerse a Grecia, o que alguien diga, en algún periódico financiero, que nos parecemos a Grecia. Sin embargo, las aseguradoras de riesgo –que a pesar de lo dicho por todos a principios de la crisis, siguen sin control estatal o supranacional ninguno- comenzaron a deslizar que los siguientes candidatos en la lista serían España y Portugal, con cuentas sin sanear, déficits pronunciados, grandes endeudamientos de sus sectores privados, y una desocupación alarmantemente alta.

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Merkel sugirió que el gobierno socialista español podría recurrir al fondo de ayuda europeo (con lo cual, además, le daba una ayuda a sus correligionarios del Partido Popular español, que esperan ansiosos que la crisis se lleve puesto al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero) y ardió Madrid. A pesar de la certeza de tener que enfrentar una huelga general, Zapatero se plantó frente a las Cortes y dijo que ajustaría las cuentas, sin dejar de salvar a varios bancos, endeudados por aquellos famosos y criticados créditos irresponsables de la burbuja inmobiliaria. Pero, si se salvan los bancos, ¿quién cargará el ajuste? Los trabajadores y los jubilados: se reformó por decreto todo el sector laboral, se eliminó el aporte a los padres y madres de recién nacidos, se abarató el despido, se disminuyeron las indemnizaciones y en breve se alargará la edad jubilatoria. Para el año que viene, como si esto fuera poco, el ajuste deberá profundizarse.

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Los dos años largos que lleva la crisis financiera y económica no dejan de poner de relieve la inexactitud y fracaso de las recetas neoliberales y conservadoras. Sin embargo, los partidos socialdemócratas han quedado descolocados con la crisis que no vieron venir (y que incluso negaron durante buen tiempo, como el caso del propio Zapatero en España), lo que ha impactado en sus apoyos electorales. Porque asistimos a la paradoja de que las políticas liberales que están destruyendo el Estado de Bienestar creado y alimentado por los socialdemócratas, son apoyadas por éstos, para gran confusión de sus electores. La izquierda pierde peso aceleradamente en los gobiernos –los pocos gobiernos socialistas que van quedando- y sus apoyos migran hacia partidos ecologistas y hacia organizaciones no gubernamentales (ONG).

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La centroderecha conservadora, por el contrario, no para de crecer. Y los gobiernos capitaneados por ella no han dudado en afirmar que se sumarán a la tendencia general del ajuste. El presidente francés Nicolás Sarkozy ya anunció que aumentará progresivamente la edad jubilatoria, a pesar de la resistencia social que encontrará en el camino. El italiano Silvio Berlusconi y el recientemente asumido gobierno “tory” de David Cameron harán lo propio.

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La curva de tormenta, en todo caso, no parece que vaya a detenerse en los ajustes económicos. Está alcanzando niveles más profundos, donde los grados de convivencia social y apertura al otro, al distinto, a la radical pregunta y cuestionamiento que plantea el diferente a nosotros mismos en el seno del cuerpo social, comienzan a ponerse en entredicho. Y ese sí que era el gran aporte de Europa a Occidente y al mundo. Pero en la semana pasada, las elecciones holandesas mostraron el aumento sorprendente de un partido xenófobo, que se acaba de convertir en la tercera fuerza política nacional, y cuyo principal punto programático es la expulsión de los musulmanes de Holanda. En Bélgica, por los mismos días, el partido nacionalista y separatista NVA se convirtió en la fuerza más votada de la mitad flamenca del país; la meta del NVA es romper Bélgica en dos partes y expulsar a los valones francófonos del sur.

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Las vacas flacas, a veces, se vuelven agresivas.

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Periscopio – Magazine – Hoy Día Córdoba – viernes, 17 de junio de 2010

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Evo se afianza tras las elecciones bolivianas (06 04 10)

EVO MORALES RATIFICA EN LAS URNAS EL PROYECTO DE CAMBIO EN BOLIVIA

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Se consolida la presencia del Movimiento al Socialismo a nivel nacional

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Con los primeros datos provisionales, el Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente Evo Morales habría conseguido el control sobre las suficientes provincias y alcaldías que le permitirán al líder aymara afianzar su proyecto de transformación nacional.

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Al momento de votar el domingo en El Chapare, Evo Morales subrayó que Bolivia “deja atrás la democracia pactada, y por primera vez todas las autoridades van a ser elegidas con el voto del pueblo, en un Estado plurinacional con autonomías”, y definió como “históricas” estas elecciones.

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Los resultados del escrutinio serán entregados por la Corte Nacional Electoral (CNE) en la última semana de abril, por lo que es necesario atender a las proyecciones y a las encuestas de boca de urna. Con un ausentismo calculado en el orden del 14%, de las 9 provincias en que se divide Bolivia el partido del presidente Morales habría conseguido ganar en seis, y la oposición habría retenido tres.

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Santa Cruz y el Beni, gobernaciones de la media luna fértil y férreas contrincantes del gobierno de Evo desde 1996, seguirán en manos de la oposición; y Tarija, en el sur. Mientras que el MAS obtiene el gobierno de las provincias del centro y del Altiplano: La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, y Chuquisaca; y le arranca el control de Pando –en la media luna fértil- a la oposición.

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Y tan importante como estas gobernaciones, el MAS obtuvo la victoria en cerca de 200 alcaldías (intendencias), que fue uno de los logros destacados por el presidente Morales: “Estamos avanzando, porque después de las elecciones municipales de 2004 no teníamos ninguna alcaldía de las diez principales de Bolivia, y en las elecciones prefecturales de 2005 ganamos en Oruro, Potosí y Chuquisaca. Ahora tenemos seis (provincias) y casi 200 alcaldías. El MAS se convierte en el partido más grande de toda la historia de Bolivia desde 1825”, agregó.

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Los socialistas obtuvieron la gobernación de La Paz, donde el candidato César Cocarico ganó por cerca del 50% de los votos, pero no pudo obtener la alcaldía de la ciudad capital, que queda en manos opositoras.

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En las gobernaciones del oeste, tradicionales feudos electorales de Evo, se impuso en Oruro con el 56%, y en Potosí con el 62% de los votos. Por su parte, en Cochabamba (donde en 2005 había ganado el derechista Manfred Reyes Villa) se impuso el MAS con Edmundo Novillo, con un 62%.

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En Chuquisaca, el socialista Esteban Urquizu logró un 49%. La oposición, por su parte, obtuvo un 51% en Santa Cruz, con la candidatura de Rubén Costas, 20 puntos por encima del candidato del MAS. Sin tanta diferencia, en Beni el opositor Ernesto Suárez obtuvo un 42% (Jessica Jordan, del Movimiento al socialismo, cosechó 39%, lo que implica un crecimiento importante en una zona donde el partido del gobierno nunca había superado el 10%).

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Evo Morales, en todo caso, ha ubicado a su partido en el primer o segundo lugar en el 95 por ciernto de municipios y gobernaciones, lo que ratifica su poder de convocatoria, y consolida la presencia de su formación política sobre el terreno, para secundar las iniciativas de transformación impulsadas desde el gobierno central.

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nelson.specchia@gmail.com

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Chávez ahora va por todas (19 02 2009)

CHÁVEZ, AHORA VA POR TODAS

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Por Nelson Gustavo Specchia

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El comandante Hugo Chávez, jefe del Partido Socialista Unificado de Venezuela, líder de la Revolución Bolivariana (a través de la cual, dice él, se expresa el “socialismo del siglo XXI en América latina), y presidente de la República Bolivariana de Venezuela, este domingo ha conquistado la baza que perseguía desde hacía tiempo, poniendo tras este objetivo todo el aparato político, económico y mediático que el petróleo venezolano pudiera pagar: estar autorizado por la legalidad constitucional a gobernar sin ningún tipo de restricción o límite temporal.

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En este mismo lugar, hace sólo algunos meses, en una columna que titulamos “Más Chávez y menos Chávez”, analizábamos los resultados de las elecciones regionales y legislativas de noviembre del año pasado. Advertíamos entonces que el férreo cerco de poder que el presidente venezolano había logrado construir a su alrededor comenzaba a mostrar fisuras, pero que en esa prueba legislativa no podía afirmarse que nadie hubiera ganado claramente.

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En realidad, parecía que ambos –tanto Chávez, como la variopinta oposición a su persona- habían ganado, según como se miraran los resultados. A números concretos, la diferencia entre ambos sectores era de apenas 1,5 millones de votos, sobre los 28 millones de venezolanos. O sea que prácticamente la mitad de la población estaría gobernada por el chavismo, y la otra mitad, por la oposición. Fue la gran oportunidad que tuvo ese arco opositor que no termina de encontrar el rumbo, y que sigue dejando la iniciativa política en manos de los estudiantes universitarios, para encarar su reorganización y plantearse como alternativa real al líder bolivariano.

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Chávez lleva diez años en el poder, y la oposición política en Venezuela sigue sin encontrar un rumbo común. Como dirían nuestras abuelas, no los une el amor, sino el espanto. Y por eso su lugar lo ocupan los jóvenes y los estudiantes universitarios.

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A diferencia de ellos, el comandante Chávez se echó inmediatamente, con todo el peso del aparato del Estado, a una nueva campaña plebiscitaria –ciudad a ciudad, barrio a barrio, e inclusive casa a casa- para sacarse de encima las restricciones temporales al ejercicio repetido del mandato presidencial.

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Y esta vez, le funcionó. La victoria del referéndum del domingo pasado ha sido clara, (nuevamente con 1,5 millones de votos de diferencia, pero esta vez todo a su favor), y con ella ha eliminado las trabas constitucionales para su reelección indefinida. Y para qué perder tiempo, inmediatamente se ha proclamado candidato a la presidencia en 2012, en un rapto casi místico, parafraseando al apóstol Pablo: “Me consumiré gustosamente al servicio del pueblo sufriente.”

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Pero el proceso electoral ha sido limpio. Venezuela no es hoy una dictadura, ni Chávez un dictador, sino un caudillo que opera dentro de una legalidad que, si bien es cierto que él mismo la ha construido a su medida, también lo es que el electorado venezolano se la consiente. De ahora hasta que termine su actual mandato constitucional, el comandante Chávez tiene tiempo sobrado para consolidar un sistema que, manteniendo las formas, sea funcional a sus aspiraciones. Mantendrá los partidos, porque le dan un cierto toque de pluralismo, y no le quitan el sueño, como se ha visto. Un modelo que Teodoro Petkoff, el intelectual de la oposición, ha designado como “totalitarismo light”.

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Pero en la faz económica, en cambio, “pintan bastos”, como dirían en España. Chávez ha financiado su modelo de crecimiento y redistribución en la exportación de petróleo, que llegó a estar a 140 dólares el barril; pero es que ahora está a 40, y no hay expectativas cercanas de cambios en la tendencia. Y por dentro, además, lo empuja una inflación del orden del 30 por ciento (40 por ciento en los alimentos). Esta combinación obligará a Chávez a adoptar una política fiscal más estricta, y, seguramente, a reducir los cheques dirigidos a los programas sociales, que son la base de la “revolución socialista” bolivariana.

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Y eso dibujará otro escenario, porque la Constitución ahora le permite mantenerse en el poder… siempre y cuando gane las elecciones.

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Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba

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Cuba, ¿una tansición “silenciosa”? (06 09 07)

Publicado en “Hoy Día Córdoba” – (6 de septiembre, 2007)

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CUBA: ¿UNA TRANSICIÓN “SILENCIOSA”?

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por Nelson Gustavo Specchia

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Profesor Titular de Política Internacional

Universidad Católica de Córdoba

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En abril pasado, me decía en La Habana una respetable y estimada poeta, símbolo de la cultura cubana contemporánea, en la minúscula habitación atiborrada que le sirve de domicilio: “No es tan importante que Fidel no aparezca en público para su cumpleaños. Pero para el aniversario de la revolución sí, ahí lo veremos. Si no aparece, no tengas duda: la transición habrá comenzado.”

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El 26 de julio se cumplieron cincuenta y cuatro años del asalto al Cuartel Moncada, cuando el propio Fidel y un grupo de jóvenes iniciaron la lucha armada que terminaría derrocando a la dictadura de Fulgencio Batista, e instalando la revolución socialista en la isla. El 26 de julio es un símbolo de la vida política cubana, el más importante, donde se expresa la capacidad de autonomía y la capacidad de resistencia del sistema, esos dos pilares de su independencia.

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Independencia no solamente de la antigua dictadura de los años ´50, sino, de manera especial, de la amenaza potencial y permanente de la intervención norteamericana. Por eso la liturgia política del régimen renueva su compromiso de mantener la revolución, cada 26 de julio, con la figura de Fidel presidiendo la escena y despachando esas andanadas verborrágicas de varias horas frente a un auditorio adoctrinado y militante. Hasta este año.

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Para estas fechas, en 2006, al terminar su discurso ritual de conmemoración del asalto al Cuartel Moncada, Fidel se sintió mal. Acababa de regresar a Cuba desde Argentina, donde había asistido a la Cumbre del Mercosur, con discursos maratónicos (uno en Córdoba) y visitas a la casa del Che Guevara, en Alta Gracia, entre un sinnúmero de actos de una agenda demasiado ajetreada para un hombre de ochenta años. Esa misma noche sufrió una hemorragia intestinal, fue trasladado en helicóptero desde Holguín –donde había presidido la liturgia del aniversario revolucionario- hasta La Habana, y operado de urgencia el día 27. No ha vuelto a aparecer en público hasta hoy. Tres días más tarde delegaba, con carácter “provisional”, el gobierno y el poder en el Jefe de las Fuerzas Armadas, su hermano Raúl.

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En los primeros tiempos, se remarcaban las características de provisionalidad de esta delegación de facultades, que sigue la línea de sucesión prevista en la constitución cubana, pero a medida que los períodos de tiempo se han ido estirando, aunque el carácter “provisional” no ha sido revocado, va quedando paulatinamente desplazado por la misma mecánica de los acontecimientos históricos. A pesar del hermético secretismo que rodea la enfermedad del Comandante, se ha sabido que las primeras intervenciones no tuvieron éxito, que durante meses fue alimentado por vía intravenosa, que hubo que realizar nuevas operaciones, un especialista español de renombre mundial fue llamado a la isla para que emitiera opinión, y hasta el propio Castro admitió que el proceso de su recuperación estaba resultando complejo.

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A pesar de las declaraciones optimistas del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que durante algún tiempo pareció asumir el rol de vocero oficioso del líder cubano, fue extendiéndose la sensación general de que Fidel no volvería a asumir las funciones de gobierno. Quedaba saber si, a nivel simbólico, se mantendría como la figura tutelar de la revolución, permaneciendo como guía, como orientador, de la administración. En este caso, las posibilidades de acometer algún tipo de reformas estructurales hubieran sido minúsculas. Pero su ausencia en los actos de aniversario de la revolución, así como las palabras del presidente interino en esa fecha cargada de simbolismo, parecen confirmar aquellas palabras de mi apreciada poeta en su piso del barrio de Habana Centro: alguna transición ha comenzado. Lo que habría que analizar, entonces, es la profundidad y los alcances de esta transición sin ruido.

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El mensaje de Raúl Castro ese día podría dar material para varias investigaciones en ciencia política. Ratificó la revolución, esto es, la continuidad del Partido Comunista de Cuba como administrador excluyente de la vida política de la isla, para advertir, inmediatamente después, que esa ratificación del rumbo implicará asumir con valentía y creatividad los cambios económicos que sean necesarios.

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Seguramente con un ojo puesto en las transformaciones llevadas adelante por el Partido Comunista Chino, dijo que introducirá “cambios estructurales y de concepto” en la planificación nacional, especialmente en el sector industrial. Pero con otro ojo puesto en las penurias cotidianas de la escasez y del racionamiento, de las carencias en alimentación, en vivienda, en oportunidades laborales, en transporte y en elementales niveles de bienestar de la sociedad cubana, afirmó que los cambios en la producción de bienes, especialmente del sector agropecuario, serán profundos: se estimulará la productividad de los campesinos, muchos de los cuales trabajan las fincas de su propiedad. Estos cambios deberían conducir a aumentar la cantidad de productos destinados al mercado interno. Aunque Raúl Castro espera transformaciones integrales, también anuncia que serán graduales, “sin soluciones espectaculares.”

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Adoptando una postura realista, que ya se menciona como uno de sus rasgos de conducción diferenciadores, el presidente interino esbozó un plan de gobierno que se aleja de la ruptura con la conducción de su hermano Fidel (que algunos esperaban en los primeros momentos de alejamiento del líder histórico), pero que también reacomoda las modalidades del proceso, abriendo la perspectiva del cambio: “tenemos el deber –dijo- de transformar concepciones y métodos que fueron los apropiados en su momento, pero que han sido ya superados por la vida.”

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Estas transformaciones serán acompañadas de nuevos modos de relacionarse a nivel internacional. En este campo, Raúl Castro admitió que el gobierno planea incrementar la inversión extranjera en la isla, para terminar ofreciendo un “ramo de olivo” a la administración norteamericana. No a la actual, claro, que lo desecharía sin miramientos, sino a la que surja de las elecciones del año próximo, en que los demócratas se muestran tan confiados de volver a ocupar la Casa Blanca.

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Una transformación económica, de aumento de producción y mejora en la distribución, gradual y escalonada, con mayores márgenes de participación privada y de inversión extranjera. Pero manteniendo el timón estatal, el partido único, y el control. De apertura política y juego democrático, nada todavía. Una transición silenciosa, demasiado silenciosa.

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Universidad Católica de Córdoba.