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En Chile van por más (15 08 11)

Los estudiantes afectan la gobernabilidad de Piñera

La posibilidad de convocatoria ciudadana a un referéndum aparece cada vez más clara

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A pesar de que las movilizaciones que vienen desarrollándose en la capital chilena desde hace diez semanas no dejan de mostrar una aceptación creciente, el gobierno conservador del presidente Sebastián Piñera volvió a ratificar durante el fin de semana que no dará nuevos pasos para abrir canales de diálogo.

En esa misma postura intransigente, el ministerio de Educación, a cargo de Felipe Bulnes, descartó la introducción de nuevos planes de reforma al sistema educativo trasandino, el centro de la disputa.

En un intento de zanjar dos posiciones que comienzan a no tener ningún punto de contacto, desde el Senado surgió la propuesta de establecer una mesa de diálogo en el ámbito del Poder Legislativo; sin embargo los representantes estudiantiles –en especial la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech)- rechazó la iniciativa de los senadores, al entender que la Cámara Alta no es el ámbito idóneo para tratar los temas que competen en exclusiva al Poder Ejecutivo, y que éste ha manifestado su voluntad de no transigir con sus demandas.

Camila Vallejo, la presidenta de la Confech, declaró tras una asamblea de alumnos que el gremio ha decidido no negociar con el gobierno de Piñera, hasta tanto éste no responda a sus reclamos de “instalar una educación pública, gratuita y de calidad”.

Las declaraciones de la dirigente muestran hasta qué punto la escalada de las reivindicaciones ha ido ascendiendo en los propios reclamos: hace dos meses, cuando comenzaron a surgir las primeras marchas, las peticiones de los colectivos juveniles estaban muy lejos de las aspiraciones maximalistas que a estas alturas reclaman.

La falta de reacción de la Administración Piñera, al negarse a ningún tipo de negociación con las organizaciones de estudiantes, fue empujando los reclamos al alza, y el apoyo social –con cacerolazos en las esquinas de los barrios de clase media prácticamente todas las noches- llevó a que los jóvenes ahora exijan un cambio radical de las estructuras educativas heredadas del período dictatorial chileno, o nada.

Los líderes de los jóvenes, tras la multitudinaria asamblea que realizaron a últimas horas de la tarde de ayer en la ciudad de Concepción, a unos 500 kilómetros al Sur de la capital, ratificaron que convocarán a un plebiscito, para que sea la ciudadanía chilena toda la que decida sobre el modelo educativo.

La convocatoria de firmas para llevar adelante la iniciativa civil, en los términos previstos por la Constitución, se motoriza por una página web habilitada especialmente para tal fin, y por las redes sociales; y la cantidad de apoyos recabados en los primeros días de implementado el sitio en Internet es muy sustantivo.

Un referéndum convocado de esta manera no sólo afectaría al tema de la educación, sino a la gestión entera del presidente Sebastián Piñera, que ve cómo el protagonismo juvenil pone límites cada vez más concretos a la gobernabilidad de su Administración.

Mano derecha, y dura

La emergencia de contestación social en Chile tiene pocos elementos en común con la vivida a fines de la semana pasada en Londres, pero sus gobierno –que coinciden en su orientación conservadora- están apelando a los mismos discursos y herramientas para hacer frente a un fenómeno que, en última instancia, sólo podría ser abordado considerando sus más profundas causas sociales.

Por el contrario, la Administración Piñera, como el gobierno “tory” de David Cameron, supone que dándole mayores atribuciones a las fuerzas policiales, y aumentando el grado de represión de las movilizaciones urbanas, podrán capear el temporal.

Los jóvenes chilenos ratificaron el paro nacional de este jueves, y se adherirán a la huelga convocada para el 24 y 25 de agosto.

Y como respuesta, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, anunció que remitirá al parlamento un proyecto destinado a endurecer la legislación sobre desórdenes públicos, y prohibir las “gorras, pañuelos o elementos que cubran el rostro”.

Sólo falta que se le ocurra suspender las redes sociales, como Cameron en Londres.

N. G. S.

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Oxígeno envenenado: Sin default pero sin programa (03 08 11)

Obama esquiva el default con el voto del Senado

El presidente cede ante los republicanos, dominados por el radicalismo del Tea Party  

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WASHINGTON.- Después de más de un mes de debate sobre la posibilidad de extender el endeudamiento del gobierno, y de unas negociaciones a contrareloj desde el fin de semana pasado, finalmente el presidente norteamericano Barack Obama logró en la tarde de ayer alejar el fantasma de la cesación de pagos, una situación inaudita en la historia de la primera potencia global.

Los tirones y las argumentaciones de las bancadas republicanas en ambas Cámaras del Capitolio al final consiguieron imponerse y obligar a que algunos puntos centrales del programa demócrata fueran resignados.

Ésto, junto a la llamada a la disciplina en el voto de los legisladores oficialistas, terminó inclinando la balanza y abriendo la posibilidad de que el gobierno extienda el límite legal de endeudamiento, y con ese margen ampliado de deuda pública atendiera ayer, in extremis, sus vencimientos.

Sin esa medida, y con las reservas de gasto discrecional del Ejecutivo agotadas en el Tesoro, el país hubiera entrado técnicamente en cesación de pagos, con las imprevisibles consecuencias que un default de estas proporciones podría haber causado en la confiabilidad del dólar como divisa de intercambio internacional, y en la capacidad de la Casa Blanca para asegurar los flujos financieros globales.

El principal beneficiario de la gran pulseada que tuvo en vilo a la sociedad política estadounidense durante los últimos días es el extremo más combativo de los republicanos, el Tea Party, que logró doblarle la mano al Ejecutivo, imponiéndole un cambio en la orientación de su estrategia económica a través de la reducción del gasto público (seguros de desempleo y salud pública, principalmente), y la renuncia a la suba de impuestos a los sectores de mayores ingresos, dos aspectos que el presidente había manifestado –en forma reiterada- que estaban “fuera de la negociación”.

El cambio en la postura de la presidencia levantó ampollas en los sectores más progresistas del oficialismo demócrata. Esos sectores rebeldes ya habían hecho escuchar sus protestas en la votación de la Cámara Baja el lunes, y mantuvieron en vilo la sesión del Senado en la tarde de ayer, ya que si sostenían su rechazo al pacto alcanzado por las primeras líneas de ambos partidos, y si esa postura se sumaba a algunos senadores del sector republicano más radical, toda la estrategia del acuerdo podría haber naufragado.

Sin embargo, terminó imponiéndose la disciplina partidaria, y el Congreso convirtió en ley la extensión del techo del endeudamiento, por una clara mayoría de 74 votos contra 26.

Si bien el acuerdo sigue de cerca el guión republicano, Obama al menos ha conseguido que la medida alcance hasta el fin de su período de gestión. Los grupos más reaccionarios apoyaban sólo un crédito de coyuntura, que hubiera sorteado el default pero habría complicado mucho el tramo final de la presidencia, con Barack Obama ya enteramente embarcado en la campaña por la reelección. Pero, por el contrario, la ley aprobada ayer le asegura que el techo del endeudamiento permanecerá flexible hasta 2013, lo que constituye un auténtico balón de oxígeno para la Admistración.

Desde hoy, el presidente dispone de 900.000 millones de dólares adicionales para financiar el funcionamiento del gobierno (por encima de los 14,29 billones consumidos), pero al mismo tiempo deberá recortar el gasto público por un monto idéntico en los próximos diez años.

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Obama se mueve (06 01 11)

BARACK OBAMA RECUPERA LA INICIATIVA POLÍTICA CON EL CONGRESO EN CONTRA

El presidente estadounidense cambia el gabinete para afrontar la nueva etapa

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En lo que constituye un anticipo de los intensos juegos de poder que se vivirán en los próximos dos años en la potencia mundial, el presidente Barack Obama demoró apenas unas horas tras su vuelta de las fiestas navideñas para retomar la iniciativa política, con remodelaciones en el gobierno.

La estrategia del líder demócrata intenta adelantarse a las acciones del nuevo Congreso norteamericano, cuyos integrantes elegidos en noviembre pasado configuran una nueva relación de fuerzas, donde la oposición republicana ha conseguido la mayoría de la Cámara de Representantes, y planea utilizar esos 49 escaños de diferencia con el oficialismo para intentar modificar el rumbo del programa político de la Casa Blanca.

Ante las amenazas de los conservadores, que han adelantado que desde la primer semana de trabajo en el Capitolio se abocarán a tumbar las leyes más conflictivas impulsadas por el oficialismo -como la polémica reforma sanitaria, el control del gasto público o la introducción de herramientas de supervisión financiera- el titular del Poder Ejecutivo declaró en el avión que lo traía de vuelta a la capital que estaba “esperanzado” en que la oposición se concentrará en este tiempo en la “recuperación del país”, en lugar de hacer campaña para las próximas elecciones presidenciales.

Dirigiéndose al nuevo presidente republicano de la Cámara Baja, John Boehner, y al líder de la oposición en el senado, Mitch McConnell, el mandatario dijo esperar que “comprendan que hay mucho tiempo para hacer campaña para 2012”, invitándolos a que ambos partidos trabajen juntos en este momento en que la crisis económica global aún no ha remitido, para “estar seguros que construimos la recuperación”.

Sin embargo, y más allá de estas declaraciones de buena voluntad, los demócratas están convencidos de que la nueva mayoría republicana en el Congreso viene a librar una inmediata y agresiva confrontación con el gobierno en general y, de una manera específica, con la figura del presidente, al que apunta para reducir sus expectativas de un segundo mandato.

Frente a ello, Obama ha decidido no esperar estos seguros embates y adelantarse reformando el equipo de colaboradores más cercanos, de forma tal de mantener la iniciativa política en el Ejecutivo, aprovechar al máximo la pequeña diferencia de senadores que el oficialismo tiene en la Cámara Alta para defender las reformas ya aprobadas, y comenzar a tomar posiciones frente a las elecciones generales de 2012.

En este contexto, ayer se conocieron los primeros nombres de los funcionarios de primera línea que se moverán en el círculo más inmediato del presidente.

Robert Gibbs, quien ha sido hasta ahora su secretario de Prensa y uno de los rostros más visibles y mediáticos del gobierno, y el jefe de gabinete, Peter Rouse, dejarán la Casa Blanca para abocarse a preparar la futura campaña de reelección.

Y ha trascendido que Obama cambiará el equipo económico, agregará un nuevo asesor político, y reemplazará a dos vice jefes de gabinete, en una reestructuración del gobierno que se espera se complete la próxima semana, cuando comiencen a tomar forma los ataques opositores en el Congreso.

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nelson.specchia@gmail.com

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Obama post Massachusetts (28 01 10)

Obama post Massachusetts

por Nelson-Gustavo Specchia

[ HOY DÍA CÓRDOBA, 28 / 01 / 2010 ]
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Si el parámetro para medir el paso del tiempo fuera, por ejemplo, el color del pelo del presidente norteamericano, cualquier observador podría concluir que Barack Obama lleva un largo trecho al frente de la primera potencia mundial. Del renegrido azabache que lucía en la fría mañana de su asunción, a la cabeza poblada de canas grises con que se lo ve en estos días, sin embargo, sólo ha pasado un año. Es que los tiempos políticos no siempre obedecen a las exactitudes de los ritmos calendarios.

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Obama, en efecto, acaba de cumplir en enero su primer año al frente de la Casa Blanca, y ayer, miércoles 27, rindió por primera vez las cuentas de su gobierno frente al pleno de ambas cámaras del Congreso, en el discurso del Estado de la Unión. Más allá de los calendarios, el prematuro encanecimiento del Presidente refleja las inéditas circunstancias que ha tenido que enfrentar en este primer cuarto de su legislatura. Después de haber despertado un sinnúmero de expectativas –prácticamente de tiempos refundacionales, de cambio de era- con su llegada al poder, antes de que pudiera comenzar a gobernar tuvo que maniobrar la primera economía del mundo frente a la amenaza de una nueva Gran Depresión global. Luego, intentó aplicar las grandes líneas de transformaciones políticas dibujadas en la campaña electoral, y la realidad –la fría y dura realidad política- las fue licuando una a una. Entonces, apoyado en la mayoría demócrata en el Senado (60 sobre un total de 100 senadores), se aferró a la reforma del sistema sanitario. Y a punto estuvo de conseguirlo. La semana pasada, con la sorpresiva y extravagante victoria republicana en el tan simbólico estado de Massachusetts, Obama perdió la mayoría en el Senado, y tendrá que aparcar (o directamente abandonar) también la transformación de la sanidad estadounidense.

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Entonces: con una popularidad en franco declive (ya cruzó la línea del 50 por ciento, y sigue bajando); con Guantánamo abierto a pesar de todas las promesas; sin una sola de las grandes reformas estructurales que profundizarían el sistema democrático; sin una respuesta contundente a las manos tendidas (al islam, a Rusia, al mundo árabe, a China) que vendrían a reubicar a la potencia hegemónica en diálogo con un contexto multilateral; sin haber podido cerrar la guerra de Afganistán (al contrario, habiendo tenido que aumentar el número de soldados), con el horizonte del caos de Irak y la posibilidad de un nuevo frente perfilándose en Yemen; con un bochornoso cierre vacío de la cumbre del clima en Copenhague; con la gran banca causante de la crisis económica internacional obteniendo ingentes ganancias; con la tasa de desocupación norteamericana clavada en la barrera del 10 por ciento (o sea, una cantidad de hombres y mujeres cercana a toda la población de la República Argentina); y sin haber podido tan si quiera conjurar el fantasma del terrorismo en los vuelos de línea sobre el territorio del Estado; ¿a qué se reduce el primer año de Obama? A poco. A casi nada.

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¿Sería correcto, atendiendo a ello, hablar ya de “fracaso”? Son varios los columnistas y los medios de prensa que –tanto dentro como fuera de los Estados Unidos- se aprestan a calificar con tan duros términos al Presidente. Algunos de estos críticos y comentaristas son los mismos que hace un año, cuando la victoria de Barack Obama, exageraron las expectativas y las posibilidades que se abrían con su llegada al poder. Para una evaluación más ajustada, en mi opinión, la cuestión debe mirarse en su compleja dinámica interna.

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La derrota de Massachusetts tiene un efecto más psicológico que de aritmética política, a pesar del pánico que ha despertado en las filas gubernamentales. Es cierto que se pierde la mayoría automática y, con ello, la capacidad de neutralizar la oposición de la cámara alta a las iniciativas del Poder Ejecutivo. Pero los demócratas siguen teniendo 19 curules más que los republicanos, y ese número de senadores les sigue reservando una capacidad de maniobra muy alta. Massachusetts siempre fue un bastión eminentemente demócrata, una de las regiones más cultas y progresistas del país, y prácticamente un feudo familiar de los Kennedy. El sitial que se acaba de perder lo ocupó JFK desde 1953 hasta su acceso a la presidencia, y luego su hermano Ted, desde 1962 hasta su muerte, el año pasado. Por esas ironías de la historia, el viejo senador Ted Kennedy fue uno de los más importantes impulsores de la reforma sanitaria, esa que ahora, con el republicano Scott Brown en su escaño, el gobierno deberá sacar de la agenda.

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Pero más allá de las lecturas simbólicas, los resultados de Massachusetts tienen, a mi criterio, tres interpretaciones principales: en primer lugar, son una ratificación de la madurez del electorado norteamericano, que mantiene el control del tiempo político, premiando o castigando con su voto los rumbos del gobierno. En este sentido, son una clara y abierta crítica a las prioridades de la Administración Obama. Un segundo punto, es la bocanada de oxígeno que este resultado le otorga a los republicanos, que viven un momento de acelerada recuperación de fuerzas, y ya comienzan a diseñar estrategias frente a las futuras elecciones legislativas, en noviembre de este año.

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Y en tercer lugar, la capacidad de reacción del Presidente, que en cuestión de horas acusó el impacto y el mensaje de las urnas, y comenzó a dar algunos golpes de timón. Éstos pudieron advertirse en el discurso del Estado de la Unión de ayer, centrado en el trabajo, la economía interna, la educación, y las ayudas y subsidios gubernamentales a la población más vulnerable; todo ello –y a ver cómo lo logra- congelando el gasto público durante tres años para reducir el déficit fiscal. Con estas rectificaciones, deja de lado las grandes reformas de fondo, para atender a las urgencias y las demandas de la política local: a estos quehaceres cotidianos lo han empujado los votantes de Massachusetts.

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No esperemos escuchar al Presidente, en los tiempos que vienen, planes sobre cambios estructurales, energías alternativas y limpias, profundizaciones en el sistema democrático, ni seguro sanitario universal. Por el contrario, como se lo pudo ver el pasado viernes 22 en Ohio, sin corbata, dirigirse a los trabajadores y volver a lo local: más empleo, ayudas para las hipotecas y para las familias con menores recursos, más control a las ganancias de los grandes bancos, becas para estudios, subsidios para los ancianos, y menos presión impositiva. Todo eso puede resumirse en un término bastante poco usual en Washington: clase media. Y, paradójicamente, es un discurso no muy distinto del que se escucha a diario en esta otra América, al sur del Río Bravo.

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El Obama que viene, encanecido prematuramente, golpeado por la distancia grande que media entre los sueños de campaña y la dura realidad política, empujado a rectificar una y otra vez, gestionará ahora una estrategia bastante más modesta que la de sus inicios, buscando efectos visibles y concretos sobre el ciudadano norteamericano medio. Cuando menos, hasta el primer martes de noviembre, día de elecciones legislativas de mitad de período. En este tránsito, el Obama protagonista de una nueva y más pareja arquitectura internacional también pasará a un discreto segundo lugar, hasta que vuelvan a soplar mejores vientos.

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nelson.specchia@gmail.com

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