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“shadow internet”, el nuevo frente de guerra (13 06 11)

Estados Unidos desarrolla en secreto una web alternativa

The New York Times publica una exclusiva sobre los intentos de controlar Internet  

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La incidencia creciente de Internet ha llevado a la Administración norteamericana a buscar modalidades para seguir ejerciendo control sobre la web, cuyas características de apertura y horizontalidad escapan a la posibilidad de regularla.

Las recientes revelaciones de documentos diplomáticos por parte de WikiLeaks dieron la alarma sobre las alteraciones que la Internet introduce en los modos clásicos de la política.

Luego, el rol de las redes sociales en las revueltas que vive en mundo árabe desde enero de este año, permitió descubrir una alternativa de la sociedad civil para traspasar los cercos de control, inclusive en regímenes autocráticos y dictatoriales.

Además de las convocatorias por Facebook y Twitter, los videos caseros obtenidas por teléfonos celulares y colgados en la web, fueron una manera de sortear las barreras informativas y la prohibición de entrada a corresponsales extranjeros.

Pero, así como la web habilita toda una escala de posibilidades de participación social horizontal, también escapa cada vez más a la capacidad de control de los gobiernos.

La Administración Obama ha decidido abrir un programa de investigaciones para encontrar maneras alternativas de control, según una información revelada por el diario The New York Times, y que la agencia Prensa Latina divulgó masivamente en la víspera.

Según el Times, las agencias de inteligencia norteamericanas experimentaron los nuevos sistemas de “Internet clandestina” (“shadow internet”) en Egipto, durante la revuelta que terminó con el gobierno autocrático de Hosni Mubarak.

Cuando desde El Cairo se intentó desconectar la web, los usuarios dispusieron de pronto de canales de conexión alternativos con los cuales seguir enviando mensajes de texto, colgar videos en YouTube y convocar a las manifestaciones mediante las redes sociales. Estas conexiones alternativas habrían sido puestas a disposición por la CIA, mediante las webs clandestinas que lograban sortear el control gubernamental.

El diario, uno de los medios estadounidenses más confiables, menciona también la existencia de proyectos en los que el Departamento de Estado y el Pentágono habrían invertido cerca de 50 millones de dólares, para crear una red independiente de telefonía móvil en Afganistán, usando torres de bases militares.

Del informe también se desprende que estos sistemas alternativos podrían ser utilizados con provecho por las propias oficinas de inteligencia norteamericana para acciones de desestabilización.

Ataque cibernético al FMI

Junto a la información sobre la búsqueda de mayor control de la web global por parte del gobierno estadounidense, el diario The New York Times publicó este fin de semana la noticia sobre el “complejo ataque cibernético” que había sufrido el Fondo Monetario Internacional (FMI) recientemente.

El matutino, en su edición del sábado, asegura que las oficinas centrales del organismo multilateral han sido objeto de un ataque de piratas informáticos “cuyas dimensiones aún se desconocen”.

Precisamente en un momento crítico para la institución monetaria, con su director gerente renunciado acusado de violación, y sin definiciones aún sobre la nueva conducción.

Los piratas habrían intentado “hackear” los servidores del FMI durante los últimos meses, mediante la instalación de un software que hiciera públicos los datos internos del organismo, y para que “diera a un Estado una mayor presencia interna” en la toma de decisiones.

Aunque el Times no revela a cuál país en concreto habría beneficiado el ataque, asegura que de momento la ciberseguridad del FMI ha logrado neutralizarlo.

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nelson.specchia@gmail.com

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Los “indignados” terminan favoreciendo a la derecha en España (23 05 11)

 La revuelta juvenil española decide ignorar las elecciones

Las asambleas se expanden a varias ciudades, aunque no se define su continuidad     

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MADRID.- El acontecimiento político más original que vive Europa en estos días, la movilización popular y espontánea de miles de personas –mayormente jóvenes- que comenzó el domingo 15 de mayo en la madrileña Puerta del Sol, ha ignorado la jornada electoral de ayer, que dirimió la mayoría de gobiernos autonómicos y la totalidad de los municipales en España.

Las concentraciones de jóvenes (a los que se sumaron desocupados, trabajadores precarios, profesores, empleados públicos, jubilados, y muchos ciudadanos descontentos con el manejo que el gobierno ha hecho de la crisis económica), comenzaron con consignas antisistema y por los ya usuales canales de las redes sociales por internet, y tuvieron una respuesta multitudinaria que se dio, además, en coincidencia con el último tramo de la campaña electoral.

Si bien todas las encuestas y mediciones previas anticipaban una victoria de la oposición del derechista Partido Popular, no estaban claras las consecuencias que podría traer la irrupción del movimiento de los “indignados”, que en la variedad de las demandas planteadas en las asambleas pedían “votar contra todos” mediante el voto en blanco o nulo. Las tendencias previstas en los sondeos preelectorales, sin embargo, se han confirmado, otorgando una victoria arrolladora a la oposición, por lo cual la incidencia de las concentraciones y las acampadas en las plazas céntricas de las principales ciudades españolas parece haber sido marginal en la tendencia de los votantes.

Por su parte, tampoco los integrantes de los campamentos han seguido con ningún interés los resultados parciales del escrutinio en la tarde de ayer, donde las asambleas seguían discutiendo unas agendas de temas abiertos (desocupación, precariedad laboral, jubilaciones, relación Estado-Iglesia, costos del ajuste económico estructural, etcétera), ignorando los resultados parciales que se difundían por los medios de comunicación; coherentes quizás con una de las consignas que pueden leerse en las originales pancartas de la plaza: “no estamos contra el sistema, pero el sistema está contra nosotros”.

De estas asambleas, también salió anoche la resolución de los “indignados” de permanecer en la ocupación de la Puerta del Sol, “como mínimo” por una semana más, en reclamo de “un cambio político y social” de raíz.

El principal problema que manifiesta el movimiento es que esta demanda de cambio no termina especificándose aún en una agenda de políticas específicas, que puedan presentarse a las instancias gubernamentales para su aplicación.

De momento, el nivel del discurso –que se autodenomina “revolucionario”- sigue estando en el reclamo principista. Reivindica una “sociedad nueva”, que dé prioridad a las personas por encima de los intereses económicos, un cambio en la conciencia social. Pero si no logra traducir este discurso hacia un plano más pragmático, el movimiento corre el riesgo de diluirse en su misma vaguedad.

Algo similar ya ocurrió en 2005, con la ola de protestas juveniles que recorrió los suburbios parisinos (la “banlieue”), protagonizadas por jóvenes desencantados, franceses descendientes de inmigrantes africanos recientes, que alcanzó cotas altas de movilización pero que ante la carencia de estructura o programa, terminó diluyéndose.

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en Twitter:   @nspecchia

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Siria, temas de familia (13 05 11)

Siria, temas de familia

Por Nelson Gustavo Specchia

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Hace apenas un par de semanas, en este mismo espacio, nos preguntábamos si las llamas que desde comienzo de año vienen incendiando el mundo árabe, llegarían a alterar el cerrado orden impuesto sobre la República Árabe Siria (“¿Prenderá en Damasco la mecha siria?”, HDC 01/04/11). La sucesión de alzamientos, movilizaciones callejeras y protestas desde entonces, y las idas y vueltas ensayadas por el gobierno del presidente Bachar el Assad sobre las maneras de enfrentar estas demandas, han respondido de múltiples maneras –pero todas ellas afirmativas- a aquella pregunta que nos hacíamos a principios de abril.

Siguiendo un molde que ya es común a los regímenes autocráticos, que depositan en la fuerza de la represión popular la posibilidad más inmediata de continuidad en el poder, el gobierno de Damasco prometió reformas y aperturas, pero en realidad sacó a la calle a sus cuerpos policiales de la Guardia Republicana, y a los tanques del ejército. Ahogar a fuego abierto la movilización popular ha sido finalmente la línea adoptada por la clase política, y las ciudades –especialmente en el sur del país- han visto una y otra vez cómo las movilizaciones de civiles desarmados eran disueltas a tiros, ensangrentando las calles.

Pero para mantener en el tiempo una metodología represiva dura, se requiere que al frente de la máxima instancia decisoria no haya ningún temblor de pulso. Y Bachar el Assad, el médico oftalmólogo que llegó a presidir el gobierno de ese Estado multireligioso y complejo sin quererlo y por las vueltas y recovecos de la vida, parece no tener el suficiente temple para las decisiones que el cargo le está exigiendo en estos momentos.

EL CLUB DEL CLAN

Bachar no es su padre, ni tiene el firme pulso represivo de aquel; esa parece haber sido siempre la sospecha de su familia. El fundador de la dinastía, Hafez el Assad, se hizo con el poder en Siria apenas los últimos soldados franceses abandonaron el territorio de la vieja posesión colonial. Francia se terminó de retirar en 1944, y su ocaso en la punta oriental del Mediterráneo coincidió con el surgimiento fuerte del Partido del Renacimiento Árabe Socialista, más conocido en todo el arco de Medio Oriente como el Baas. Hafez entendió que el Baas podría ser la herramienta política para gobernar un país mayoritariamente de confesión sunnita, a pesar de pertenecer él a la minoría (menos del 10 por ciento de la población) chiíta; inclusive a una confesión muy pequeña dentro del propio chiísmo: los alauítas.

Hafez terminó de armar la ecuación cuando se hizo cargo del ministerio del Ejército. Sumó entonces la filosofía nacionalista-panarabista del Baas, la concentración del poder heredado de la potencia colonial francesa en la secta alauí, y las tropas militares: en 1970 encabezó un golpe de Estado, y estableció a su familia como titular dinástica del gobierno sirio. La herramienta de control diseñada por Hafez, sobre la mayoría sunnita o sobre cualquier otro conato de rebeldía popular, fue el tristemente célebre “estado de excepción” –que permitía las detenciones arbitrarias, los encarcelamientos sin juicio, e inclusive las ejecuciones sumarias-, y que su hijo y heredero Bachar acaba de disolver el 19 de abril, presionado por las movilizaciones populares que comenzaron con la inmolación del joven Hasan Ali Akleh, el 26 de enero de este año, en la localidad de Al Hasakah.

El patriarca nunca hubiera derogado el “estado de excepción”, que se mantenía vigente desde 1963, porque sabía que sin ese instrumento de control discrecional sobre la población, mantenerse en el poder se complicaría. Decimos que para aplicar la mecánica represiva sin contemplaciones se requiere de moral fría y mano firme, y Hafez lo demostró de manera palmaria en 1982, cuando los sunnitas, dirigidos por los Hermanos Musulmanes, comenzaron una serie de movilizaciones en Hama peticionando mayor participación en el gobierno: El presidente mandó a su hermano, Rifaad, al mando de la Guardia Republicana, y la represión acabó con 20.000 muertos desparramados por las calles de Hama. Por eso Hafez preparó a su hijo mayor, Basil, para sucederlo. Basil tenía la personalidad necesaria, junto a la confianza del resto del clan. Pero los recovecos de la vida se cruzaron, y el primogénito se mató en una curva tomada a demasiada velocidad. Y el oculista alto y de ojos celestes, que hace chistes malos con los que sólo él se ríe, tuvo que hacerse cargo del poder Ejecutivo en julio de 2000, tras la muerte de su padre.

CERCO FAMILIAR

Si el clan de los Assad y sus parientes alauítas sabían que Bachar no tenía la disposición de ánimo suficiente para enfrentar coyunturas problemáticas, más se alarmaron cuando el nuevo presidente comenzó a prometer cambios democratizadores y una tibia apertura hacia los partidos políticos opositores. A nivel regional, cierto reblandecimiento en el apoyo al Hezbollah libanés y a Hamás en Palestina, y la entente militar con Israel (que sigue ocupando los Altos del Golán), también sumaron preocupación a la clase gobernante. Por precaución, colocaron a ambos costados de Bachar a dos hombres fuertes: a su hermano menor, Mahir, cuyo carácter violento e inclusive cruel es de dominio público, al comando de la temible Guardia Republicana; y a su cuñado, Asef Shawqat (casado con Bushra el Assad, la hermana mayor del presidente) como jefe efectivo del Ejército y de los servicios secretos de inteligencia, la muhabarat. Pero hasta este año no había aflorado ninguna crisis política ni social suficientemente grande como para poner en riesgo la continuidad del clan Assad y de la aristocracia alauíta en el centro del poder sirio.

Sin embargo, las movilizaciones que comenzaron el 20 de marzo, cuando una multitud prendió fuego a la sede del partido Baas y a los tribunales en Deraa, no han hecho otra cosa que crecer en intensidad y en número desde entonces. Y el clan familiar parece haber decidido esta semana que la actitud dubitativa del pariente oculista no puede ser la causa de perder ni la más pequeña porción de poder dentro del Estado. Los movimientos internos que han comenzado a hacerse notorios en la cúpula están dirigidos a asegurar la continuidad de la mano dura contra los intentos populares de democratizar las estructuras representativas y transparentar la vida política.

Por primera vez desde el establecimiento de la dinastía, las revueltas populares han llevado a que la posibilidad de la caída del régimen sea una alternativa cierta. Para enfrentarla, el clan de los Assad está asumiendo poderes extraordinarios, aislando la figura de Bachar y convirtiendo la presidencia en un asunto familiar. La última vez que Bachar fue visto en público fue el pasado 30 de marzo, cuando pronunció el discurso frente al Parlamento en el que aseguró que aboliría el “estado de excepción”. Desde entonces ha desaparecido de la faz pública, mientras sus parientes más cercanos (el hermano Mahir, el cuñado Asef Shawqat, y el primo materno Rami Makhlouf) ocupan a diario los titulares de la prensa y encarnan la defensa del régimen.

Algunos tabloides británicos llegaron inclusive a afirmar esta semana que la esposa y los hijos del mandatario ya habrían huido de Damasco, y estarían en el Reino Unido, donde disponen de unas lujosas residencias, tanto en Londres como en la campiña. La noticia no pudo ser confirmada, dada la cerrazón periodística que se ha establecido en toda Siria, pero la versión viene a ratificar el cambio de ciclo en el complejo país: Los tiempos de tibias promesas de reforma de Bachar han terminado, y los “aulad al sultah”, los cachorros del poder, han decidido hacerle la guerra al alzamiento popular.

Las espadas están alzadas, y un nuevo frente de conflicto extendido golpea el mundo árabe.

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en Twitter:   @nspecchia

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[publicado en el diario Hoy Día Córdoba, viernes 13 de mayo, 2011]

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Retroceden las autocracias (18 04 11)

La revuelta árabe transforma todo el escenario regional

Inédito avance en derechos sociales y en apertura política en todo Medio Oriente

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SANAA, DAMASCO, ARGEL.- La revuelta popular que sacude el conjunto de países árabes está empujando a una reconfiguración general del escenario político.

En general, los países del norte de África y del Medio Oriente se habían estructurado en base al predominio de gobiernos fuertes que, a cambio de mantener a raya las tendencias extremistas de una interpretación combativa del Islam, avanzaban en la represión de derechos individuales y sociales.

La emergencia de una contestación popular en Túnez, el contagio en Egipto y como un reguero de pólvora por los demás países árabes, han debilitado aquel esquema elitista y han devuelto el protagonismo a las masas populares, que cada día redoblan los reclamos por derechos civiles y participación efectiva en la vida política.

Los ensayos de respuesta clásica de las autocracias, la represión, ha mostrado que ya no tiene los efectos de antaño y no logra hacer desaparecer las movilizaciones sociales, que vuelven una y otra vez a recuperar el espacio de los reclamos.

Inclusive donde la revuelta alcanzó los objetivos planteados –como en El Cairo- vuelve a organizarse para avanzar en una profundización de las transformaciones, que no podrá ser esquivada por retoques cosméticos.

Como resultado de ello, se evidencia un retroceso y una deslegitimación de las autocracias en toda la región.

La tensión social, en todo caso, se mantiene, y en diversas latitudes las movilizaciones populares siguen pagando con represión y sangre las demandas de transformación política.

En Damasco, después que el presidente Bachar el Assad intentará una continuidad gatopardista sin cambios de fondo, miles de sirios han vuelto a salir a las calles del país para protestar contra el inmovilismo del régimen.

Y ya ni siquiera el anuncio oficial de que la ley de emergencia que restringe las libertades en el país desde 1963 será derogada, ha alcanzado para frenar una espiral de protestas que parece estar arrinconando al gobierno sirio.

Este fin de semana, al grito de “el pueblo quiere libertad”, centenares de personas se concentraron ante la tumba del líder independentista de Siria, Ibrahim Hananu, en Aleppo; las protestas han comenzado a extenderse desde Damasco hacia el interior del país.

En Argelia, en la frontera de la guerra que azota la Libia del coronel Khaddafi, el presidente Abdelaziz Buteflika, de 74 años y en el poder desde 1999, anunció este sábado que iniciará el proceso para reformar la Constitución del país, un elemento jurídico que le ha garantizado su continuidad al frente de un gobierno con serias deficiencias representativas.

También en el vecino Marruecos, el rey Mohamed VI ha prometido una nueva Constitución, al tiempos que dejaba en libertad a docenas de disidentes políticos encarcelados, cediendo a la presión de los jóvenes que han tomado la calle.

En Yemen, donde al menos 116 manifestantes han perdido la vida desde el inicio de las protestas, se han sumado ahora las mujeres. El presidente Ali Abdullah Saleh, aferrado al gobierno, en un intento más por frenar las movilizaciones ha declarado que es “anti islámico” que las mujeres hagan escuchar su voz en público.

Durante el fin de semana, otras protestas se registraron en Arabia Saudita, Bahrein, Jordania y Omán.

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Trípoli se prepara para resistir una invasión desde el Este (23 02 11)

El gobierno de Khaddafi intenta recuperar las ciudades del Este

Un sector de las fuerzas armadas libias se habría sumado a la revuelta popular

El alzamiento popular que azota el cerrado régimen autocrático del coronel Muammar el Khaddafi en Libia parece avanzar hacia una insurrección cívico-militar, con epicentro en las ciudades del este del país.

Si bien toda comunicación periodística directa sigue negada, las filtraciones que los ciudadanos particulares alcanzan a enviar por medio de los teléfonos celulares, los mensajes de texto y los videos caseros, parecen indicar que a las columnas de manifestantes opositores que se habían concentrado en Bengasi, la segunda ciudad del país, se sumaron elementos militares, con los cuales la relación de fuerzas habría cambiado hacia el sector opositor.

Además de los coroneles huidos con sus aviones hasta Malta, el diario libio Quryna afirmó que varios pilotos se tiraron en paracaídas y dejaron estrellar sus aviones en el desierto, para no cumplir la orden de Khaddafi de bombardear Bengasi.

En medios de prensa europeos, inclusive, en la tarde de ayer se difundían videos que mostraban ciudades enteras “liberadas” del control gubernamental. En la plaza central de Tobruc, en la costa mediterránea del oriente libio, una multitud celebraba la victoria sobre los militares leales al gobierno, en un entorno de edificios incendiados y en medio de un clima revolucionario.

El alzamiento, inclusive, ha adoptado una nueva bandera: negra, roja y verde con la media luna y la estrella, la primera enseña de la Libia independiente, antes de que el coronel Khaddafi se apropiara, prácticamente de una manera personal, de todos los mecanismos del Estado.

En Trípoli, ante el supuesto quiebre en la lealtad de las fuerzas armadas, el gobierno convocaba ayer a milicias civiles fieles, y las desplegaba en las principales entradas a la ciudad. La estrategia parecía preparar a la capital para una eventual resistencia ante sectores de la revuelta que vengan desde la mitad oriental de Libia.

Los opositores, en cualquier caso, estarían en las cercanías de la ciudad, ya que anunciaron que en la víspera habían tomado Misrata, ubicada solamente a 200 kilómetros al este de Trípoli.

El paradero del líder libio se desconoce (se habría atrincherado en la base militar Bab al Asisiya), y los miembros de su familia que intentaron escapar hacia Malta y Líbano, no obtuvieron permiso de aterrizaje y debieron volver a Trípoli.

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Marruecos se sube a la ola de protestas (21 02 11)

África: se suma Marruecos

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A pesar de que la diplomacia europea –especialmente la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez- aseguraba hasta ayer que la revuelta árabe no alcanzaría a la monarquía alauíta de Mohamed VI, Marruecos comenzó en la víspera a vivir el contagio de la protesta regional, y el panorama gira hacia una escalada de la movilización popular.

Las manifestaciones, que se convocaron por Facebook y se desarrollaron en 12 ciudades del reino (Tánger, Alhucemas y Marraquech, principalmente) terminaban anoche con brotes de violencia, saqueos, incendio de coches y ataques a comisarías.

Las columnas, que han llegado a sumar quince mil personas, fueron dispersadas con gases por los agentes antidisturbios, aunque tras la reacción internacional por la violencia en la vecina Libia, la policía marroquí parece tener orden de morigerar la contundencia de la represión.

De momento, las consignas de los movilizados apuntan a una reforma en la Constitución y a mayor libertad en la vida política, controlada personal y autocráticamente por el rey.

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La revuelta llega a Bahrein (18 02 11)

La movilización árabe levanta el emirato petrolero de Bahrein

Estados Unidos debe rectificar sobre la marcha su estrategia en la región

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De una manera inédita y veloz, las reivindicaciones por apertura democrática que recorre Medio Oriente continúa imparable, haciendo foco ahora en el Golfo Pérsico y en Libia. Se informaba que la respuesta de las fuerzas de seguridad a las movilizaciones espontáneas, levantadas en la región tras la caída de los regímenes autoritarios de Túnez y Egipto, iban causando 19 muertos por la violenta represión; 4 en Yemen, 6 en Bahrein, y al menos 9 fallecidos en los enfrentamientos entre manifestantes y los paramilitares de los Comité de Defensa de la Revolución, en Libia.

En Manama, capital del emirato de Bahrein, las fuerzas de seguridad que responden a la dinastía sunnita de los Al Khalifa, cargaron contra más de dos mil manifestantes chiítas, que marchaban por las calles por cuarto día consecutivo y habían acampado en la plaza Perla, del centro de la ciudad. Más de 200 heridos, según los datos aportados por el presidente de la Asociación de la Juventud Bahreiní para los Derechos Humanos, Mohamed al Maskati, fue el saldo de la batalla campal en este pequeño reino árabe, de apenas 600 kilómetros cuadrados.

A pesar de su exiguo tamaño, este emirato insular de alrededor de un millón de habitantes posee una importancia estratégica alta, y constituye una de las bases de actuación privilegiada para los Estados Unidos en toda la región del Golfo Pérsico. Además de sus propias reservas de petróleo, su ubicación permite controlar el paso de la ruta del Golfo, por donde cruza un tercio del tráfico mundial de petróleo.

En sus puertos, además, se estaciona la Quinta Flota norteamericana, con capacidad de acción sobre 19 Estados, entre ellos algunos de los más conflictivos de toda la región: Irán, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Irak, Afganistán y Pakistán. De hecho, desde Bahrein partieron los efectivos norteamericanos que participaron en las dos guerras contra Irak.

Al igual que con Túnez y Egipto, la política exterior del Departamento de Estado hacia Bahrein ha sido, hasta ahora, la de ignorar los reclamos democráticos de los ciudadanos en nombre de la estabilidad regional, el freno del islamismo radical, y la protección de sus intereses estratégicos en el área.

Las protestas que se viven estos días, al calor de la ola de cambios en todo el mundo árabe, ponen en cuestión las alianzas de Washington y también su estrategia de defensa en la inestable región. Sin embargo, anoche la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, manifestó el apoyo del gobierno de Barack Obama a un “cambio real y significativo” en el emirato; recordando que Bahrein es “un país amigo y aliado”, pidió públicamente al gobierno que respete a los que “protestan pacíficamente en favor de demandas razonables”, lo que sugiere un giro de la política estadounidense sostenida hasta ahora.

13 muertos en Yemen y Libia

Las movilizaciones de oposición al presidente yemení Ali Abdullah Saleh, que lleva más de 30 años en el cargo, se cobraron ayer nuevas víctimas fatales. 4 muertos por disparo de balas, y 17 heridos, fueron atendidos en dos hospitales de Adén.

Las refriegas se dieron entre los manifestantes, que recorren las calles de la capital por quinto día consecutivo, y la policía, a la que luego se agregaron columnas de leales al régimen de Saleh, un aliado clave de Washington en la lucha contra el fundamentalismo islámico de Al Qaeda.

En Libia, donde la dictadura personalista de Muhammar el Khaddafi se extiende desde hace 42 años, al menos 9 personas perdieron la vida, y se registraron 35 heridos en la capital, Trípoli, y en las ciudades de Bengasi y Al Baida, en el denominado “día de la ira”, que la oposición en el exilio de Londres, y activistas convocados por la red social de Facebook, llamaron para protestar contra la dictadura.

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Revuelta árabe: entre la represión y las concesiones (17 02 11)

Revuelta en el mundo árabe

Prosiguen los alzamientos, entre la represión y las concesiones

Se multiplican las protestas en Yemen, Libia y Bahrein. Vuelven las manifestaciones contra el régimen en Irán.

En Túnez y Egipto los gobiernos provisionales enfrentan ahora reclamos sociales y económicos.

 

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La caída del régimen egipcio de Hosni Mubarak está generando una ola de movimientos en todo el mundo árabe y sus principales vecinos, que ya parece difícil de detener.

La chispa encendida en Túnez, que forzó la huída de Zine el Abidine ben Ali, no presagiaba un contagio de esta naturaleza, debido al limitado poder regional del pequeño país del Magreb. El cambio de régimen en Egipto, en cambio, está implicando una alteración en el norte de África, Medio Oriente y Asia Central.

Además, también es evidente que el clamor popular no está dispuesto a agotarse con el nuevo tiempo político, sino, por el contrario, que se está alimentando de ese envión popular para reclamar viejas demandas sociales y económicas, en torno a situaciones muy postergadas en la distribución de la renta, nivel de compra de los salarios, precios de los productos de primera necesidad, los alarmantes índices de desocupación y la reconquista de derechos gremiales, entre las principales demandas que comienzan a tomar cuerpo en las calles tunecinas y egipcias.

El contagio de la metodología de alzamiento social contra los gobiernos fuertes que han caracterizado toda la región, sigue la línea del mar Mediterráneo hacia la dictadura libia del coronel Muhammar el Khaddafi; hacia el régimen autocrático de Abdelaziz Buteflika en Argelia; y alcanza la monarquía alauíta de Mohamed VI en Marruecos.

Hacia el este, por su parte, la onda de la movilización egipcia ya ha alcanzado a los territorios de la Autoridad Nacional Palestina; al emirato de Bahrein en el Golfo Pérsico; y a la larga permanencia del presidente Ali Abdallah Saleh en el poder de Yemen. Inclusive el clima de malestar generalizado ha vuelto a alimentar la protesta persa, donde el movimiento de la “ola verde”, opositor al gobierno populista chiíta de Mahmmoud Ahmadinejad, volvió a intentar manifestarse en forma masiva contra el régimen.

La revuelta ha llegado también al ya de por sí inestable escenario iraquí, donde el débil gobierno de Nuri al Maliki ha tenido que salir a reprimir manifestaciones de protesta por la nula prestación de servicios públicos en Bagdad, cuando el grueso de la seguridad nacional sigue ocupada en sofocar la insurgencia sunnita.

En este complejo escenario, los gobernantes intentan responder a los alzamientos con una mezcla de concesiones y un aumento de la represión policial. El primer ministro argelino, Ahmed Uyahia, intentó calmar a las masas anunciando el fin del estado de excepción, vigente en Argelia desde hace 19 años. Khaddafi aumentó los salarios y los subsidios a los alimentos; Saleh anunció que no se presentará a la reelección ni cambiará la Constitución para perpetuarse en el poder.

Y todos han aumentado la presencia de los antidisturbios y de sus fieles en las calles, queda por ver si esto será suficiente para apagar la revuelta.

Protesta kurda en Turquía

El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, que fue puesto como modelo a seguir por los movilizados en Túnez y Egipto, sufrió ayer el embate de cientos de manifestantes de la minoría kurda, tanto en la capital como en las ciudades de Estambul y Esmirna.

En un clima regional muy alterado, los kurdos de Turquía se movilizaron durante toda la noche del martes, incendiando autos y edificios, en marchas convocadas en el aniversario de la detención del histórico líder de esta minoría racial de unos 12 millones de habitantes, Abdullah Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ocalan intentó organizar una resistencia armada contra Ankara para separar el territorio de mayoría kurda del sur de Turquía, fronterizo con Irán e Irak, y permanece preso desde 1999 en la isla de Imrali. Los enfrentamientos con la policía dejaron heridos y unos 40 manifestantes detenidos.

La represión de las fuerzas de seguridad turcas ha causado la muerte de unos 45.000 kurdos desde el alzamiento de Ocaran.

Internet vuelve a convocar nuevas marchas en Libia

El coronel Muhammar el Khaddafi pondrá a prueba hoy la resistencia del régimen frente a las protestas convocadas por Facebook.

Los organizadores esperan reunir en Trípoli grupos numerosos, en recuerdo del 17 de febrero de 2006, cuando una manifestación en Bengazi –que el gobierno había permitido porque supuestamente era contra unas caricaturas de Mahoma- terminó siendo la primera protesta multitudinaria contra el propio Khaddafi y su dictadura de partido único.

En la víspera, además, unas columnas espontáneas de opositores se enfrentaron a los leales al gobierno, los temibles Comités de la Revolución, cuerpos paramilitares fieles al régimen de Trípoli.

Si bien los comunicados oficiales y la prensa gubernamental relativizaron el enfrentamiento, adjudicando la responsabilidad a “saboteadores” y delincuentes comunes, en videos colgados en la página de Internet de YouTube puede verse una importante movilización popular, de cientos de hombres y mujeres que marchan coreando consignas contra el régimen y el líder libio, mientras la policía utiliza camiones hidrantes para dispersarlos.

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Egipto en transición militar (13 02 11)

Egipto en transición militar

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Finalmente, tras haberse conocido que la cúpula del ejército no había avalado el discurso del ex presidente egipcio Hosni Mubarak, en el que éste anunciaba que permanecería al frente del gobierno, un comunicado militar anunció el viernes pasado que asumía la conducción provisional de la república.

El golpe militar sorprendió a los propios generales retirados que integran el gobierno provisional nombrado por Mubarak (el primer ministro, el general Ahmed Shafiz, daba una conferencia de prensa al momento de difundirse la proclama del golpe), y a los dirigentes opositores, que esperaban ser convocados a integrarse a una transición civil.

En su lugar, los generales anunciaron que convocarán a un “comité de especialistas” para analizar algunas reformas constitucionales –aunque no especificaron qué artículos en particular- que luego someterán a referéndum, y que ocuparán el Poder Ejecutivo y la representación de Egipto en el exterior hasta que unas nuevas elecciones presidenciales –que no se llamarían antes de seis meses- vuelvan a constituir gobierno.

En el interín, el Congreso permanecerá suspendido, lo mismo que la vigencia de la Carta Magna, aunque el comunicado castrense lleva tranquilidad a los mercados (nada cambiará en la política económica y monetaria), y a los países vecinos, afirmando que el tratado de paz con Israel, firmado en Camp David, sigue vigente.

Si bien las últimas elecciones legislativas tuvieron múltiples denuncias de fraude generalizado (que habían llevado al propio Mubarak a decidir que serían revisadas), la suspensión de la vigencia constitucional es menos comprensible que la disolución del cuerpo parlamentario, que coloca a Egipto en manos de una dictadura militar.

Tampoco se anunció el fin a la polémica Ley de Emergencia, vigente desde 1981 y uno de los principales puntos de reclamo por parte de las protestas. Esta disposición, supuestamente extraordinaria, permite detenciones arbitrarias, imposición de toques de queda y suspensión de derechos civiles, en aras de la seguridad interna del Estado.

Por todas estas razones, un grupo de unas 2.000 personas permanecían en la emblemática plaza Tahrir, tras la algarabía y los festejos populares por la caída del “rais” durante todo el fin de semana. Los manifestantes seguían pidiendo claridad en el nuevo tiempo político, la inclusión de la oposición en la transición, y la derogación inmediata de la Ley de Emergencia.

Aunque en la céntrica explanada cairota permanecía este grupo de activistas, la capital egipcia se preparaba para recuperar lentamente una normalidad que ha estado ausente de la vida social en las últimas tres semanas, el Canal de Suez volvió a operar normalmente y estaba previsto que hoy abriesen las oficinas públicas así como los comercios, aunque no estaba claro si los establecimientos escolares harían lo propio.

Después de la escalada espontánea que tomó fuerza, de una manera inédita para todo el mundo árabe, a partir del 25 de enero en El Cairo, la alegría popular del fin de semana comenzaba a dar paso a una esperada rutina ciudadana.

Grupos de ciudadanos se organizaron para barrer las calles y quitar los escombros de la plaza Tahrir que habían servido para las barricadas; algunos llevaban carteles con la inscripción “Perdone las molestias. Estamos construyendo un nuevo Egipto”.

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Egipto, la protesta vuelve con fuerza (10 02 11)

Egipto recupera la movilización

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La protesta egipcia, finalmente, ha desbordado los límites de la amplísima explanada de la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, y se expandía ayer por otros puntos neurálgicos de la capital –como la sede del Congreso-, mientras que los levantamientos populares en ciudades y puertos del interior del país seguían creciendo en número.

El intento del régimen autocrático presidido por el general Hosni Mubarak, de mostrar que con el inicio de la semana las protestas opositoras habían agotado su fuerza y el país comenzaba a recuperar la senda de la normalidad, se estrellaron unas pocas horas más tarde con una nueva concentración multitudinaria en la plaza Tahrir, ya convertida en el símbolo referencial de las columnas de manifestantes antigubernamentales, y con brotes de huelgas en ciudades del interior en solidaridad con las protestas de la capital.

A pesar de que las masas de ciudadanos movilizados siguen sin responder a una dirección unificada (e inclusive pareciera que por momentos los propios dirigentes políticos de la oposición se ven sobrepasados por las bases), en la víspera una parte de los concentrados en Tahrir decidió espontáneamente dirigirse a la sede del Parlamento (dominado en sus cuatro quintas partes por la bancada oficialista del Partido Nacional Demócrata – PND), donde el ejército amenazaba con desalojar a los grupos de protesta que acampan en las calles aledañas desde el estallido de la crisis.

En el interior del país, luego de que la huelga de unos 6.000 trabajadores portuarios prácticamente paralizara el movimiento de la ruta marítima a través del Canal de Suez, las redes sociales por Internet volvieron a ser un instrumento prioritario, y a través de ellas se pedía a otros sindicatos que se sumaran a los portuarios de Suez.

El vicepresidente, Omar Suleiman, que ve cómo el aumento de la presión opositora diluye su plan de “transición ordenada” surgido tras el encuentro con algunos dirigentes opositores el domingo pasado, afirmó que Egipto “no está preparado para la democracia”, y que la petición por parte de las multitudes movilizadas de un alejamiento inmediato del presidente Hosni Mubarak es “una falta de respeto”; declaraciones que enardecieron aún más las protestas.

Y a renglón seguido, el nuevo hombre fuerte del régimen salió a advertir sobre el “riesgo” de un “golpe [de Estado] precipitado e irracional” si el estado de desorden social no amaina, situación de quiebre institucional que sería aprovechado por el fundamentalismo islamista para hacerse con el poder; el antiguo lugar común utilizado por Mubarak para aferrarse a la jefatura del gobierno durante las últimas tres décadas.

En respuesta a las ya poco creíbles advertencias de Suleiman, los Hermanos Musulmanes, la principal agrupación islámica de Egipto, volvió a reiterar que no tiene intenciones de plantear su acceso al poder en el futuro inmediato, e inclusive aseguró que no presentará candidato propio a la presidencia en unas eventuales elecciones.

Al mismo tiempo, y frente a las afirmaciones del vicepresidente, Saad el Katatni, el dirigente islamista de la agrupación hasta ahora proscripta que participó en la reunión con la oposición, dijo que los Hermanos Musulmanes se retiran de la mesa de diálogo.

Las declaraciones de Suleiman también fueron censuradas por el gobierno estadounidense –el principal sostén externo de la estrategia del vicepresidente-, que las consideró “particularmente inútiles”.

Presión del Gran Hermano

Con el correr de las horas, la posición de la Administración norteamericana sobre Egipto va cambiando.

Desde algún desconcierto inicial (los analistas afirmaban que Barack Obama estaba intentando no “perder” al aliado egipcio en una revuelta popular, como había “perdido” el ex presidente demócrata Jimmy Carter a Irán en manos de los ayatollahs en 1979), la Casa Blanca ejerce ahora una presión clara para que el régimen de Mubarak ceda ante las protestas.

Que el gobierno se empeñe en aferrarse al statu quo, afirman en Washington, puede terminar desencadenando una rebelión sangrienta, y ahí sí que el final sería incierto.

El vicepresidente Joe Biden reclamó ayer a Omar Suleiman que deje de hacer declaraciones alarmistas, acelere los cambios, y que levante de inmediato el estado de excepción, con el que se justifican las detenciones y las agresiones a periodistas y opositores.

Mientras aumenta la presión externa, los movilizados preparan la jornada del próximo 11 de febrero, ya bautizado como “Viernes de los Mártires”, donde rendirán homenaje a los más de 300 muertos desde que estalló la rebelión, el 25 de enero.

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nelson.specchia@gmail.com

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